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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

Trastornos de la pigmentación: lentigos, nevus y melanoma. Fotoprotección

G.M. Garnacho Saucedo
Temas de FC


G.M. Garnacho Saucedo

Servicio Dermatología. Unidad Dermatología Pediátrica. Hospital Universitario Reina Sofía, Córdoba

 

Resumen

Los nevus melanocíticos son las neoplasias más comunes en el ser humano y cada vez son más frecuentes las consultas relacionadas con su benignidad o malignidad, así como sobre la necesidad o no de su extirpación. De forma general, atendiendo al momento de aparición, los nevus melanocíticos se dividen en nevus melanocíticos adquiridos (NMA) y nevus melanocíticos congénitos (NMC). Los NMA habitualmente comienzan a aparecer después de la primera infancia (a partir de los 2 años). Posteriormente, aumentan en tamaño y número durante el resto de la infancia y la adolescencia, con un pico máximo en la tercera-cuarta década de la vida. Los NMC son aquellos presentes en el momento del nacimiento o que aparecen antes de los dos años de vida. La incidencia del melanoma, el tipo de cáncer cutáneo de mayor mortalidad, continúa aumentando, aunque en la infancia sigue siendo raro. Los melanomas en menores de 20 años constituyen solo 1-3% de todos los melanomas, y en la etapa prepuberal el 0,3-0,4% del total. Se ha demostrado que la fotoprotección adecuada, sobre todo, durante la infancia y la auto-observación son las principales medidas para luchar contra el melanoma.

 

Abstract

Melanocytic nevi are the most common tumors in humans and the reasons for consultation on their malignancy or benignity are becoming more frequent. In general, considering the time of onset, melanocytic nevi are divided into acquired melanocytic nevi (AMN) and congenital melanocytic nevi (CMN). The AMN usually appear in early childhood (from 2 years old). Then they increase in size and number during the rest of childhood and adolescence with a peak incidence in the third to fourth decade of life. CMN are those present at birth or appear before two years of life. The incidence of melanoma, the skin cancer with the highest mortality, continues to increase day by day although still rare in childhood. Melanomas under 20 account for only 1-3% of all melanomas, and in the prepubertal the 0.3-0.4% of the total. It has been shown that adequate sun protection especially during childhood and self-observation are the main measures to fight melanoma.

 

Palabras clave: Nevus melanocítico; Melanoma; Nevogénesis; Fotoprotección

Key words: Melanocytic nevi; Melanoma; Nevogenesis; Photoprotection

 

Pediatr Integral 2016; XX (4): 262-273


Trastornos de la pigmentación: lentigos, nevus y melanoma. Fotoprotección

Introducción

Las lesiones pigmentadas y, en especial, los nevus melanocíticos son las neoplasias más comunes en el ser humano.

La importancia de estas tumoraciones radica en los problemas estéticos que pueden originar (sobre todo, nevus melanocíticos congénitos gigantes que ocasionan una gran alteración estética), la posible asociación con otras malformaciones y, sobre todo, que pueden ser marcadores y, en ocasiones, precursores potenciales de melanoma. De forma general, atendiendo al momento de aparición, los nevus melanocíticos se dividen en: nevus melanocíticos adquiridos (NMA) y congénitos (NMC). Los NMA habitualmente comienzan a aparecer después de la primera infancia (a partir de los 2 años). Posteriormente, aumentan en tamaño y número durante el resto de la infancia y adolescencia, con un pico máximo en la tercera-cuarta década de la vida. A partir de este momento, comienza una lenta y progresiva involución; de tal forma que, en la vejez son escasos los nevus que podemos encontrar. Los NMC son aquellos presentes en el momento del nacimiento o que aparecen antes de los dos años de vida.

Epidemiología

Los nevus melanocíticos son muy frecuentes y la gran mayoría benignos. Entre un 0,2 y un 2,1% de los recién nacidos presenta un nevus melanocítico y, en la mayoría de los casos, de pequeño o mediano tamaño. La incidencia del melanoma, el tipo de cáncer cutáneo de mayor mortalidad, continúa aumentando, aunque en la infancia sigue siendo raro. Los melanomas en menores de 20 años constituyen solo un 1-3% de todos los melanomas, y en la etapa prepuberal el 0,3-0,4% del total. La predisposición de un individuo al desarrollo de nevus melanocíticos adquiridos parece estar relacionada con diferentes factores, entre los que se incluyen: el fototipo, la raza, la carga genética y la exposición a la luz ultravioleta. En los niños, tres factores se han visto claramente implicados en su desarrollo: la exposición solar intermitente, las quemaduras solares y la piel blanca escasamente protegida (fototipos I y II). Se ha publicado también la asociación de muchos nevus melanocíticos en niños con historia de leucemia y/o quimioterapia y, en estos casos, las lesiones suelen aparecer con más frecuencia en localizaciones acrales.

Etiopatogenia

Los nevus melanocíticos adquiridos son neoplasias benignas producidas por la proliferación de células névicas o nevocitos, melanocitos modificados que pierden su forma dendrítica y tienden a retener pigmento. Estas células se originan en la cresta neural y en la etapa fetal intraútero, migran desde allí a la piel. Existen diferentes teorías de la nevogénesis que tratan de establecer la exacta evolución de las células névicas en el proceso de formación de los nevus, sin existir ninguna definitiva. Según la actual teoría dual de la nevogénesis(1), surgida en el 2009, existiría dos vías complementarias: una endógena o constitucional y otra exógena. Tras su origen en la cresta neural, los melanocitos migrarían a la piel pudiendo llegar a la unión epidermodérmica o quedar “atrapados” en la dermis. Aquellos que quedan “atrapados” en la dermis dan lugar a nevus intradérmicos (clínicamente verrucosos) que permanecerán constantes a lo largo de la vida sin experimentar cambios y constituirían el componente endógeno. Sin embargo, aquellos que alcancen el compartimento epidérmico (más superficial) podrán multiplicarse y organizarse de dos maneras, formando nidos en la unión epidermodérmica y dermis papilar dando lugar a los nevus compuestos, o sin formar nidos distribuyéndose aisladamente por toda la unión epidermodérmica con un crecimiento lentiginoso (células aisladas en hilera) dando lugar a los nevus de la unión. Estos nevus con componente epidérmico constituirían la vía exógena, ya que representan verdaderos nevus adquiridos que se desarrollan en respuesta a factores externos como la exposición solar intermitente o los traumatismos. Se ha comprobado que la exposición solar intermitente provoca mutaciones BRAF en las células madres melanocíticas de la unión epidermodérmica, dando lugar a los nevus cuando estas células mutadas proliferan. A lo largo de su desarrollo podrán experimentar cambios e incluso malignizar.

Nuevas tecnologías

Estos nuevos conceptos han sido posibles gracias al desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas al estudio de las lesiones melanocíticas, como la dermatoscopia o la microscopía confocal. La dermatoscopia o microscopía de epiluminiscencia es una técnica diagnóstica no invasiva que amplía la piel, de manera que hace visibles el color y la estructura de la epidermis, la unión dermoepidérmica y la dermis papilar. Con formación y experiencia, se ha demostrado que la dermatoscopia aumenta significativamente el diagnóstico clínico de las lesiones melanocíticas benignas y malignas de la piel, con una mejoría en el diagnóstico del melanoma del 10% al 27%, en comparación con los resultados obtenidos solo con la exploración clínica. De una forma resumida y breve, podemos decir que se establecen fundamentalmente 5 diferentes patrones dermatoscópicos, en los que podemos englobar las lesiones melanocíticas no acrales: reticular, globular, empedrado, homogéneo y estallido de estrellas (Fig. 1).

Figura 1. Patrones dermatoscópicos en lesiones melanocíticas no acrales: reticular, globular, empedrado, homogéneo y estallido de estrellas.

Todos estos patrones se correlacionan con una clínica y una histopatología determinada que iremos detallando.

Nevus melanocíticos adquiridos

Características clínicas y clasificación

La morfología(2) de los nevus es amplia y variada, existiendo: lesiones delgadas, parcialmente elevadas, cupuliformes, verrugosos, papilomatosos…, que pueden distribuirse ampliamente en cualquier localización de la superficie cutánea, mucosa y semimucosa.

Clásicamente(3), atendiendo a la distribución de las células névicas a nivel histológico, según la teoría de la nevogénesis de Unna, se establecen tres categorías de nevus bien definidas (Fig. 2):

Figura 2. Nevus junturales o de la unión (lesiones planas, máculas), nevus compuestos (sobreelevadas) y nevus intradérmicos. Patrones dermatoscópicos correspondientes.

1. Nevus juntural o de la unión: clínicamente, se caracteriza por ser una mácula hiperpigmentada no palpable de tamaño y color variable. La superficie es lisa conservando las líneas habituales de la piel. La forma suele ser redondeada o elíptica, simétrica, de límites regulares y bordes netos. Histológicamente, están constituidos por células névicas agrupadas en nidos pequeños o melanocitos aislados en la unión epidermodérmica. Estos nevus son los más frecuentes en las etapas medias(4) de la vida. Son las lesiones más sometidas a estímulos externos (traumatismos, radiación ultravioleta, infecciones…) y, por tanto, pueden experimentar variaciones a lo largo del tiempo, dentro de las cuales se encuentra la transformación maligna. Dermatoscópicamente, se caracterizan por un patrón reticular y, en ocasiones, homogéneo que posteriormente evoluciona a reticular. Este retículo es la expresión de la importante actividad de la unión epidermodérmica en estas lesiones.

2. Nevus compuesto: puede variar clínicamente desde una pápula ligeramente elevada a una lesión verrugosa, existiendo casos con diferentes volúmenes dentro de una misma lesión. Suelen tener folículos pilosos, en ocasiones, prominentes. Son los más frecuentes en los niños(5). Es muy característico, que durante los últimos años de la infancia y principio de la adolescencia sufran un aumento en su grosor y pigmentación llamando la atención a los padres y motivando la visita médica para su evaluación. Histológicamente, están constituidas por células névicas agrupadas en nidos de mayor tamaño localizados en la unión epidermodérmica y, en ocasiones, en la dermis papilar. Dermatoscópicamente, el patrón predominante es el patrón globular con glóbulos de mayor o menor tamaño, expresión de los diferentes nidos o tecas a distintos niveles de profundidad. En ocasiones, podemos encontrar patrones mixtos globular-reticular y globular-homogéneo dependiendo de la localización de las tecas y su tamaño.

3. Nevus intradérmico: lesión cupuliforme, sésil, escasamente pigmentada con telangiectasias superficiales, especialmente las lesiones localizadas en la cara. Pueden presentar pelos terminales prominentes en la superficie. Histológicamente, se caracteriza por estar constituido por células que han perdido la agrupación y han disminuido su capacidad de producir pigmento. Se distribuyen en la dermis papilar y reticular formando regueros de células con tendencia a la maduración neuroide. Son nevus estables que suelen permanecer sin variaciones a lo largo de la vida. Son los más frecuentes en los últimos años de la vida. Dermatoscópicamente, suelen tener un patrón en empedrado, constituido por: glóbulos muy grandes, angulados, densos de diferentes formas y tamaños.

Además de los NMA comunes o vulgares comentados anteriormente, existen nevus con identidad propia (Fig. 3), con características especiales que los hacen diferentes al resto y constituyen una verdadera entidad independiente.

Figura 3. Figura resumen de los diferentes tipos de nevus especiales.

Entre ellos, encontramos los siguientes:

Nevus de Spitz-Reed. Podría considerarse(6) un tipo de nevus compuesto que aparece con mayor frecuencia en los niños y adultos jóvenes, sobre todo, en las dos primeras décadas de la vida. Clínicamente, puede manifestarse de diferentes formas, siendo quizás la variedad más común, aquella caracterizada por una pápula o nódulo tumoral solitario, firme, redondeada, sin pelo, de superficie lisa y de color rojo o marrón rojizo. El color blanquea a la vitropresión, por la gran vascularización que posee, y muestra una pigmentación melánica residual que permite el diagnóstico diferencial con otras lesiones rojas como el granuloma piogénico o el xantogranuloma juvenil. Algunas lesiones, particularmente aquellas localizadas en las extremidades, son de color marrón oscuro intenso o incluso negro y son estas lesiones las que más alarman a médicos y pacientes por su diagnóstico diferencial con el melanoma. En ocasiones, adoptan una morfología atípica con diferentes tonos de color dentro de la misma lesión, superficie cutánea erosionada y bordes irregulares. Es de crecimiento rápido durante 3-6 meses, lo cual suele resultar bastante alarmante, y durante este tiempo puede sangrar debido al adelgazamiento de la epidermis, y causar prurito o dolor que suele ser transitorio, permaneciendo estable posteriormente. Se localiza preferentemente en: cara, sobre todo en mejillas, y en piernas, respetando siempre palmas, plantas y mucosas. La dermatoscopia es una técnica que ha mejorado mucho el diagnóstico de los nevus de Spitz, en concreto la variante pigmentada, recogiéndose cifras en la literatura que van de un 56% a un 93% de exactitud diagnóstica. Se han descrito dos principales patrones dermatoscópicos: globular y estallido de estrellas que suelen ser estadios evolutivos de una lesión en crecimiento. Su manejo es aún motivo de debate entre diferentes expertos. Muchos recomiendan su extirpación sistemática basándose en su comportamiento biológico incierto, existiendo casos de potencial agresivo con afectación de ganglios linfáticos regionales. Otros, sin embargo, abogan por “esperar y ver”, reservando la escisión quirúrgica para lesiones de formas muy atípicas o que experimenten cambios bruscos. En nuestra práctica clínica habitual, solemos extirpar todos los nevus de Spitz palpables (pápulas y nódulos), los que aparecen en niños mayores de 13 años peri puberales y los que son clínicamente atípicos. En cuanto a las lesiones planas de morfología típica en niños prepuberales, podría contemplarse la posibilidad de observación sin que este sea un hecho carente de discusión o polémica (Fig. 4).

Figura 4. Algoritmo de toma de decisiones en los nevus de Spitz. Gerardo Ferrara, Iris Zalaudek, Imma Savarese, Massimiliano Scalvenzi, Giuseppe Argenziano. “Pediatric Atypical Spitzoid Neoplasms: A Review with Emphasis on ‘Red’ (‘Spitz’) Tumors and ‘Blue’ (‘Blitz’) Tumors”. Dermatology 2010; 220:306–310.

Halo nevus de Sutton. Se caracteriza por ser un nevus rodeado de un halo simétrico y regular de piel despigmentada. Son lesiones muy frecuentes, sobre todo, en niños mayores y adolescentes con una media de edad de 15 años y sin diferencias entre sexos. Suelen localizarse en la parte alta de la espalda y hasta en un 25-50% de los pacientes son lesiones múltiples. El halo puede progresar hasta despigmentar por completo al nevus y hacerlo desaparecer en un periodo que oscila entre unos pocos meses a varios años. El área despigmentada residual tiende a recuperar el color normal con el paso del tiempo. En otras ocasiones, el nevus persiste. La causa de la pérdida espontánea de la pigmentación es desconocida, pero parece estar relacionada con una destrucción inmunológica de los melanocitos. Apoyando esta hipótesis, está el hecho de que algunos pacientes pueden desarrollar vitíligo. También, se ha demostrado su relación con el melanoma y los nevus atípicos, apareciendo abundantes halo nevus en pacientes con melanoma oculto, pero este hecho es propio de adultos y excepcional durante la infancia.

Nevus de Meyerson. Consiste en un fenómeno benigno, por el cual una reacción inflamatoria eczematosa se desarrolla sobre y alrededor de un nevus melanocítico. Como todo eczema, se acompaña de prurito y descamación superficial. Es una lesión muy frecuente en niños con dermatitis atópica o psoriasis y el tratamiento consiste en tratar el eczema sin que exista la necesidad de extirpar el nevus.

Nevus en diana o escarapela. Es un tipo morfológico de nevus típico de pacientes jóvenes y caracterizado por la existencia, dentro de la lesión, de tres zonas bien delimitadas: una zona central pigmentada, otra zona que la rodea más clara y otra externa nuevamente hiperpigmentada, siempre simétrica y de distribución regular del color. Por lo demás, es una lesión benigna sin mayor riesgo de malignización, por lo que únicamente requiere observación sin necesidad de extirpación.

Nevus lentiginoso o moteado de Spilus. Se trata de la asociación de un acúmulo de nevus junturales lentiginosos o compuestos, agrupados sobre una mancha café con leche. En ocasiones, en fototipos altos puede no apreciarse el componente macular de base, y en otras circunstancias ser la única lesión existente. La lesión en su conjunto puede mostrar una forma redondeada y pequeña de escasos centímetros o ser muy extensa pudiendo alcanzar hasta los 20 cm de diámetro distribuyéndose en forma de cuadrantes. Suele ser adquirido, manifestándose por primera vez en las últimas etapas de la lactancia o primera infancia, pero en algunos casos son congénitos. En ocasiones, aparece primeramente la lesión macular de fondo, confundiéndose con una mancha café con leche y, posteriormente, se va cubriendo de lesiones melanocíticas superpuestas de escaso tamaño. Se presenta en poco menos que el 0,2% de los recién nacidos, en el 1 al 2% de los niños de edad escolar y en el 2% de los adultos, afectando por igual a ambos sexos y a todas las razas. Pueden aparecer en cualquier zona anatómica de la cara, tronco y extremidades, sin relación con la exposición solar. Persiste de forma indefinida. Existen varios casos asociados a melanoma, por lo que es importante su estrecho seguimiento y si aparecen cambios o atipias, proceder a su biopsia o extirpación.

Nevus acrómico o despigmentado. Consiste en un área bien circunscrita y localizada de hipopigmentación de diferentes morfologías. Existe una forma segmentaria de distribución unilateral en cuadrantes o por las líneas de Blaschko, sin cruzar nunca de forma característica la línea media que denominamos mosaicismo hipopigmentado. El pelo dentro del nevus acrómico puede estar también despigmentado y los márgenes de la lesión pueden ser irregulares o serrados. Puede aparecer al nacimiento o en los primeros años de la vida, localizándose en cualquier región de la superficie corporal, siendo las más afectadas tronco y extremidades, sobre todo, espalda y nalgas, seguidas de tórax y abdomen, respetando: palmas, plantas y mucosas. Es importante destacar, que nunca van precedidas de un componente inflamatorio o lesión cutánea previa, pues de lo contrario estaríamos ante una lesión hipopigmentada residual y no de un nevus acrómico. Son más evidentes en verano y en los pacientes de piel oscura, siendo muy poco llamativos en los de piel clara durante el invierno. De la misma manera, pero en el sentido opuesto, podemos encontrar nevos hipercrómicos o hiperpigmentados. Aunque, en ocasiones, plantea difíciles diagnósticos diferenciales, se suele distinguir fácilmente de la esclerosis tuberosa segmentaria (asociada con frecuencia con otras máculas hipomelanóticas, con diferentes manifestaciones cutáneas y con un compromiso neurológico), del vitíligo (amelanótico y adquirido) y del nevus anémico (presentan enrojecimiento periférico frente a estímulos mecánicos como el frotado de la lesión).

Manejo clínico y signos de alarma

La mayoría de los motivos(7) de consulta de nuestra práctica diaria en relación a la patología melanocítica están relacionados con su apariencia cosmética, sintomatología reiterada (foliculitis subnévicas, irritaciones, prurito…) o dudas sobre su potencial de malignización. La mayoría de los nevus melanocíticos no precisan tratamiento y un buen seguimiento es más que suficiente para estar tranquilos y convencidos de su benignidad. En el pasado, muchos autores abogaban por la eliminación profiláctica sistemática de todas las lesiones pigmentadas de determinadas localizaciones: palmas, plantas y genitales, suponiendo un mayor riesgo de transformación maligna en estas zonas. Hoy día, se sabe que este hecho estaría injustificado y que la histología más atípica de estas lesiones es propia de su localización (continuamente sometida a traumatismos) sin que ello suponga un mayor poder de degeneración maligna. Podríamos realizar la extirpación profiláctica de lesiones únicas en las anteriores localizaciones, si se distribuyen en zonas de difícil acceso o visualización, que dificulten su control y seguimiento (sobre todo, en genitales) o lesiones aisladas en pacientes no colaboradores ni concienciados que incluso no acuden a las visitas, por su seguridad.

Aunque la posibilidad de malignización de un nevus adquirido es muy baja (tasa de transformación anual de un nevus en melanoma es de un 0,0005% para individuos menores de 40 años), ante cualquier duda o cambio brusco y sospechoso observado debe procederse a su extirpación y consiguiente estudio histológico. Existen una serie de cambios, en ocasiones, súbitos, que pueden sufrir los nevus sin que ello suponga malignización y que son importantes de conocer. En general, estos cambios no malignos suelen afectar a todos los nevus de un individuo o al conjunto de ellos que se hallan expuestos al mismo agente responsable de un cambio y al cabo de un tiempo (7 o 10 días) suelen volver a su situación basal. Un nevus puede cambiar en el color, en el tamaño y superficie, puede aparecer dolor, prurito, ulceración o sangrado y ser debido a causas fisiológicas o por agentes concretos, como es muy frecuente en la administración sistémica de glucocorticoides, o factores locales como: la exposición solar, los traumatismos, enfermedades ampollosas, foliculitis, traumatismos, trombosis en los pediculados, quistes epidérmicos…

A la hora de evaluar las lesiones pigmentadas de nuestros pacientes sería útil aplicar la conocida regla del ABCD(8), que habitualmente solemos ampliar a EFGHI como queda resumido en la Tabla I.

Hemos de considerar también, el número de lesiones o carga melanocitaria. Aunque un paciente tenga todos los nevus de morfología típica (ABCD) si posee un alto número (más de 50 o 100 nevus) tiene mayor riesgo de desarrollar melanoma por el simple hecho de que tiene más probabilidades por tener mayor número de lesiones. Estos pacientes deberán seguirse estrechamente en una unidad de lesiones pigmentadas de un servicio de dermatología, con dermatoscopia digital, ya que es muy difícil detectar cambios simplemente con la exploración física.

Es importante recoger en la historia clínica, los antecedentes familiares de cáncer, ya sea cutáneo o extracutáneo, (páncreas, vejiga, neoplasias hematológicas…) y, dentro de los cutáneos, melanoma o no melanoma, así como antecedentes personales y familiares de nevus displásicos confirmados histológicamente.

Teniendo en cuenta todos los factores expuestos con anterioridad, se consideran dos fenotipos de nevus melanocíticos, recogidos en la tabla II.

Diagnóstico diferencial

Los nevus deben diferenciarse de otras lesiones englobadas bajo los términos de hiperplasias melanocíticas epidérmicas y melanosis dérmicas circunscritas. En el primer grupo, el número de melanocitos es normal, pero estos son más grandes o contienen mayor cantidad de melanina y no existe riesgo de malignización. En el segundo grupo, los melanocitos se hayan profundos en la dermis, por lo que son de color azul característico. Sus características clínicas se resumen en la tabla III.

Nevus melanocíticos congénitos

Características clínicas y clasificación

Clínicamente, se manifiestan como máculas de color marrón claro o rosado en el recién nacido. Durante los años siguientes, aumentan su tamaño, proporcionalmente al crecimiento del niño, se oscurecen y desarrollan pelos terminales. Tienden a engrosarse y arrugarse con el tiempo y pueden aparecer nódulos proliferativos generalmente benignos. En las lesiones grandes y gigantes, pueden ocurrir ulceraciones y erosiones sin que este hecho indique malignidad. Son frecuentes las variaciones en el color, lo que supone una dificultad adicional para su seguimiento y para apreciar cambios sugestivos de malignidad. Suelen localizarse, por orden decreciente, en: tronco, extremidades y cabeza, adoptando, en ocasiones, una morfología curiosa («en bañador», «en capelina», etc.). Además, presentan con frecuencia nevus melanocíticos «satélites» más pequeños en su vecindad. Se dividen clásicamente(9) en tres grupos, según el tamaño (Fig. 5) que alcanzarán en la edad adulta: pequeños (<1,5 cm de diámetro), medianos (1,5-20 cm de diámetro, son el grupo más numeroso, constituyendo el 70% de los nevus melanocíticos congénitos), grandes (>20 cm de diámetro o que midan la medida de la palma de la mano del paciente en la cara y cuero cabelludo o el doble de la palma de la mano en abdomen y tórax; son infrecuentes, presentándose en 1 de cada 20.000 nacidos vivos) y gigantes (>40-50 cm de diámetro. Nevus vestimentarios que, por su extensión, cubren toda una parte del cuerpo. Son los más raros, detectándose en 1 de cada 500.000 recién nacidos). Según la última clasificación(10) de consenso, también deben registrarse las siguientes características morfológicas de los NMC: coloración heterogénea, rugosidad en la superficie, nódulos dérmicos o subcutáneos e hipertricosis asociada.

Figura 5. Nevus melanocíticos congénitos mediano y gigante vestimentario en capellina.

Manejo clínico y signos de alarma

Los nevus melanocíticos congénitos, especialmente los gigantes, pueden asociarse a otras anomalías extracutáneas resumidas en la tabla IV(11).

Los dos problemas que generan los nevus melanocíticos congénitos, además de las asociaciones anteriores, son su potencial de malignización (directamente proporcional al tamaño) y la alteración estética, especialmente los gigantes. Los pacientes con nevus melanocíticos poseen un mayor número de melanocitos de lo normal y, por ello, presentan una probabilidad mayor de que alguno de ellos malignice. Se desconoce(12) la verdadera incidencia de la malignización y, aunque son muchos los trabajos que han intentado cuantificarla, los resultados no son homogéneos y tampoco aclaran la actitud terapéutica más adecuada que debemos seguir(13). Los últimos estudios sugieren que el riesgo de malignización es mucho más bajo del que se pensaba, en torno a un 0,7%-5%, y que afecta principalmente a lesiones de gran tamaño, nevus gigantes y los localizados en la línea media. La aparición de melanoma no siempre ocurre sobre el nevus congénito, sino que, en ocasiones, pueden aparecer sobre lesiones parcial o totalmente extirpadas e incluso alejadas de la lesión névica (músculos, peritoneo, fascia o SNC), y la extirpación radical de la lesión no elimina el riesgo de malignización. Por todo ello, la cirugía profiláctica está cada vez más en duda. Tras los últimos estudios y publicaciones, sobre todo, a partir del 2006, se observa que las etapas críticas de la malignización son: la edad escolar y la adolescencia, no los primeros años de la vida.

Como se deduce, no está todavía todo dicho sobre los nevus melanocíticos congénitos, ni se puede establecer aún un protocolo de seguimiento y tratamiento universal, sino que debemos enfrentarnos a cada paciente de forma individualizada, no olvidando que un buen seguimiento es imprescindible en todos los casos y considerando el riesgo de malignización, el resultado estético o funcional y simultáneamente el riesgo quirúrgico. En general, la actitud debería ser conservadora sin la extirpación rutinaria de todas las lesiones salvo que existan criterios clínicos o dermatoscópicos que así lo indiquen. Existen una serie de situaciones que podrían apoyar de forma relativa una extirpación profiláctica sin estar exenta de críticas y opiniones (Tabla V).

En los nevus de pequeño y mediano tamaño, la situación es más controvertida aún. Aunque algunos estudios sugieren que existe un mayor riesgo de degeneración, otros no lo indican. En cualquier caso, un abordaje multidisciplinar (pediatra, dermatólogo, radiólogo y cirujano plástico) y hacer a los padres partícipes de la toma de decisiones, mostrando los pros y contras de cada opción, facilitaría el manejo de estos pacientes y debe ser la actitud que hemos de perseguir.

Melanoma

El melanoma en la infancia(14) es raro, sobre todo, en la etapa anterior a la pubertad. La incidencia en niños y adolescentes menores de 15 años es de 1/millón. El melanoma supone el 15% de todos los cánceres entre los 15 y los 19 años y solo el 1,2% en los menores de 15 años.

Es un tema controvertido y del que aún queda mucho que aclarar, ya que no hay grandes series de casos. No se sabe mucho de sus factores pronósticos(15) ni comportamiento biológico. Puede aparecer de “novo” o sobre un nevus preexistente (más frecuente que en adultos), sobre todo, en los nevus melanocíticos congénitos grandes y gigantes. Los niños afectos de melanoma tienen un riesgo de desarrollar una segunda neoplasia que se estima en un 15%. Los factores de riesgo quedan recogidos en la tabla VI(16-18).

El melanoma infantil puede dividirse en cuatro grupos de edad:

1. Congénito (desde la fase intraútero hasta el nacimiento): cerca del 60% se desarrollan a partir de nevus melanocíticos congénitos medianos o gigantes. Un porcentaje pequeño lo constituyen casos de transmisión transplacentaria de un melanoma materno.

2. Infantil 1ª infancia (desde el nacimiento hasta el primer año de vida).

3. Infantil 2ª infancia (desde el primer año de vida a la pubertad).

4. Adolescente (tras la pubertad).

Habitualmente, el melanoma se presenta como una pápula o nódulo de rápido crecimiento, marrón oscuro o negro, aunque se pueden ver otros colores como rojo, azul o blanco. También existe la posibilidad de melanoma amelanótico, de color eritematoso y sin pigmento. Suelen ser lesiones asimétricas (Fig. 6), de bordes irregulares, coloración no homogénea en toda la lesión y grandes >10mm (criterios ABCD). Sangrado, prurito, ulceración, erosión y dolor pueden estar presentes y son cambios relevantes a tener en cuenta, sobre todo, si son recientes (en varias semanas o meses).

Figura 6. Melanoma de extensión superficial sobre nevus atípico en paciente de 13 años. Lesión asimétrica, de bordes irregulares con entrantes y salientes, coloración no homogénea y diámetro mayor de 6 mm.

Las localizaciones más frecuentes, al igual que en adultos, son: tronco y extremidades. Existen varias formas clínico-histológicas: melanoma de extensión superficial (forma más frecuente en la infancia. Suele tener lesión precursora o nevus previo), lentigo maligno melanoma (no existe en la edad infantil), melanoma nodular (forma más peligrosa, ya que su crecimiento es más rápido y se diagnostica tarde), melanoma lentiginoso acral (palmas, plantas o aparato ungueal) y otros (mucosas, amelanótico, desmoplásico, spitzoide, nevoide…).

El pronóstico del melanoma en niños, es superponible al melanoma que aparece en los adultos. El factor pronóstico más importante es el espesor tumoral o índice de Breslow, por lo que el único factor que aumenta la supervivencia hoy día es el diagnóstico precoz. El tratamiento es la cirugía del tumor primario con posterior ampliación de márgenes. En función del estadio el paciente, se podrá beneficiar de tratamiento adyuvante o paliativo con interferón alfa-2B y algunos regímenes de mono o poliquimioterapia. Actualmente, se están llevando a cabo diferentes ensayos clínicos con nuevas moléculas biológicas selectivas para el tratamiento del melanoma metastásico, que probablemente serán el futuro.

Fotoprotección

En los niños, tres factores se han visto claramente implicados en el desarrollo de nevus melanocíticos: exposición solar intermitente, quemaduras solares y piel blanca escasamente protegida (fototipos I y II).

Es por ello, de gran importancia, la educación a la población infantil en hábitos de exposición solar saludable (campañas) y su modificación de actitudes con respecto al sol, el bronceado y la fotoprotección(19) (tanto en lo que se refiere al uso de ropas y otras medidas físicas como la utilización de cremas protectoras).

Los fotoprotecores son aquellas sustancias que absorben y filtran la radiación UV. En la actualidad, también hay sustancias (vitamina C y E, carotenoides, polifenoles del té verde, flavonoides…) que actúan previniendo o reparando los daños inducidos por las radiaciones solares, lo que inactiva los radicales libres que se producen y que están involucrados en el envejecimiento, el cáncer de piel y la nevogénesis. Su uso correcto es fundamental para que sea efectivo. La mayor efectividad del fotoprotector se consigue aplicándolo de 15 a 30 minutos antes de la exposición solar y reaplicándolo cada 2 horas en las zonas fotoexpuestas o tras actividades físicas intensas que puedan eliminarlo de la piel (un secado enérgico puede eliminar hasta un 85% del producto). La reaplicación tras la inmersión en agua es necesaria siempre. El número del filtro solar (FPS) es un índice que significa el grado de protección que aporta una pantalla solar en el espectro entre 290 y 340 nm. Indica el tiempo durante el cual el producto nos protege en la exposición solar sin riesgo de tener quemaduras. Como depende de la cantidad de producto que se utilice, en muchas ocasiones, el valor del FPS verdadero o real no llega al 50 o incluso al 20% del indicado en la etiqueta del producto, por eso es tan importante insistir en que la cantidad de producto a aplicar sea la adecuada (regla del dedo). El FPS mide, sobre todo, la protección frente a UVB. En la Unión Europea, el método más usado para la medición del mismo es COLIPA.

Los fotoprotectores ante todo deben ser seguros, sobre todo, en la infancia. Los fotoprotectores químicos u orgánicos son muy variados. Lo ideal es utilizar aquellos que absorben radiación UVB y UVA como el Tinosorb M o Tinosorb S. Son filtros en general incoloros y cosméticamente muy aceptables, aunque presentan un mayor riesgo de reacciones alérgicas de contacto que las pantallas minerales o físicas.

Los fotoprotectores físicos, inorgánicos o minerales actúan como una barrera física. Se consideran muy seguros. Contienen pequeñas partículas de: dióxido de titanio, óxido de zinc, óxido de hierro, óxido de magnesio, mica, talco, caolín, ictamol o calamina. No son irritantes ni sensibilizantes, sin embargo, cosméticamente son algo peores, ya que la piel puede tornarse blanquecina al aplicarlos. Con las nuevas formulaciones micronizadas se ha mejorado enormemente este último aspecto y se ha eliminado la apariencia de “pasta blanca”. Se suelen usar combinaciones de varios para proporcionar estabilidad, seguridad y efectividad. Existen también fotoprotectores orales que podrían complementar a los tópicos como son: los betacarotenos, el polipodium leucotomos, las combinaciones de antioxidantes orales…, sin embargo, no hay estudios de eficacia en niños.

La FDA no recomienda la aplicación de fotoprotectores en niños menores de 6 meses, para evitar hipotéticos problemas de toxicidad secundarios a la mayor absorción de la piel del neonato. En mayores de 6 meses, los fotoprotectores que deben usarse deben tener un factor de protector mayor o igual a 25, deben proteger frente a las radiaciones UVA y UVB y, si fuese posible, infrarrojos y luz visible, deben ser lo más resistentes al agua posibles, al sudor, frotamiento y deben tener texturas lo más hidratantes y cosméticas posibles. No deben contener PABA (ácido paraaminobenzóico) ni benzofenonas, como la oxibenzona. Hay que aplicarlos generosamente, de 15 a 30 minutos antes de la exposición solar y reaplicarlos en las zonas fotoexpuestas de 15 a 30 minutos después de comenzada la exposición solar y, posteriormente, cada 2 horas o al bañarse, al frotarse con la toalla o al sudar excesivamente.

También es importante, entrenar a los pacientes y sus familias en la autovigilancia (detectar lesiones nuevas, cambios de lesiones preexistentes, signos de alarma…) y derivar a aquellos pacientes de especial riesgo a un servicio de dermatología(20), donde se pueda realizar un seguimiento más estrecho y controlado gracias a los nuevos avances en dermatoscopia y seguimiento digital dermatoscópico.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

Antonio Torrelo. Nevus y trastornos del desarrollo. En: Antonio Torrelo. Dermatología en Pediatría General. Aula Médica. 2007. Madrid. Pág: 39-58.
Estupendo capítulo de libro, con conceptos claros y concisos sobre esta patología.

Hernández A, Torrelo A. Recent data on the risk of malignancy in congenital melanocytic nevi: the continuing debate on treatment. Actas Dermosifiliogr. 2008; 99: 185-9.
Magnífica revisión y puesta al día de dos de nuestros más expertos dermatólogos pediátricos españoles.

Cutaneous tumors and tumor syndromes. En: Amy Paller and Anthony Mancini. Hurwitz. Clinical pediatric dermatology. A textbook of skin disorders of childhood and adolescence. 3ª Edición. Elsevier. 2006.
Capítulo de monografía en lengua inglesa muy concisa, pero con buenos esquemas y guías de diagnóstico diferencial.

Schaffer J. Update on melanocytic nevi in children. Clinics in Dermatology. 2015; 33: 368-86.
Maravillosa puesta al día en nevus melanocíticos congénitos y adquiridos, así como en melanoma.

Valdivielso M, Herránz JM. Actualización en fotoprotección infantil. An Pediatr (Barc.). 2010; 72: 282.e1-e9.
Actualización completa y detallada y en español sobre fotoprotección en la infancia.

 

Caso clínico

 

Paciente de 10 años de edad, sin antecedentes personales ni familiares de interés, que consultaba por la aparición súbita de lesión pigmentada en la zona del talón de la planta del pie derecho de 24-48 horas de evolución. El paciente refería molestias en esa zona e incluso sangrado. A la exploración, el paciente, de fototipo III, presentaba escasos nevus en tronco y extremidades (<20) de características clínicas típicas: simétricos, bordes regulares, coloración homogénea y marrón uniforme (acorde con el fototipo) y diámetro escaso. Destacaban 3 lesiones en la planta del pie derecho. Dos de ellas (superior e inferior) las tenía desde hacía años, eran lesiones simétricas, de bordes regulares, coloración homogénea marrón en toda su superficie y diámetro 0,6 mm. La lesión nueva y por la que consultaba el paciente estaba cercana a la inferior, era algo asimétrica, bordes regulares y diferentes colores (marrón claro, oscuro y rojo).

 

 

Micosis cutáneas

M.E. Hernández Ruiz
Temas de FC


M.E. Hernández Ruiz

Servicio de Dermatología. Hospital Universitario Vall d´Hebron, Barcelona

 

Resumen

Las micosis superficiales son infecciones producidas por diferentes hongos patógenos capaces de invadir estructuras queratinizadas, como: piel, pelo y uñas. La forma de presentación clínica puede ser muy variable: desde placas anulares eritematosas en el tronco, placas alopécicas, en el caso de las tiñas capitis, o maceración de los espacios interdigitales en la tiñas pedis.
Dado que constituyen un motivo de consulta frecuente, para el pediatra y para el dermatólogo, es importante saber reconocerlas, orientar el diagnóstico y realizar un correcto tratamiento. En este artículo, hablaremos de los aspectos semiológicos y terapéuticos de las micosis superficiales.

 

Abstract

Superficial mycoses are a group of infections caused by different types of fungus that are capable of invading keratinyzed structures such as hair, skin or nails.
Superficial mycoses can present as annular erythematous patches on trunk, alopecic patches in the case of tinea capitis or maceration of interdigital spaces in the case of tinea pedis, with or without nail involvement. They are frequent in childhood that ́s why it is important for pediatricians and dermatologist to identify these infections, make a correct diagnosis and treat properly. In this article, we will review the clinical and therapeutical aspects of superficial mycoses in childhood.

 

Palabras clave: Tiña; Infección fúngica; Micosis

Key words: Tinea; Fungal infections; Mycoses

 

Pediatr Integral 2016; XX (3): 189-193


Micosis cutáneas

Introducción

Las infecciones fúngicas o tiñas son un motivo de consulta frecuente en la infancia. Es importante conocer las diferentes formas de presentación clínica y los métodos diagnósticos, con el fin de instaurar el correcto tratamiento y evitar el contagio.

Las micosis superficiales son un motivo frecuente de consulta para pediatras y dermatólogos. Existen factores predisponentes que pueden ser exógenos, como: los climas húmedos y cálidos, malas condiciones higiénicas, el hacinamiento, ropa y/o calzado que no permita una correcta transpiración y endógenos, como diabetes mellitus y fármacos o enfermedades que condicionen un estado de inmunosupresión.

Métodos diagnósticos

Examen con luz de Wood

La luz de Wood es una lámpara de mercurio que emite luz ultravioleta a una ?:320-400 nm, lo que le permite penetrar hasta dermis; aunque su principal utilidad es para el diagnóstico de trastornos de la pigmentación, puede emplearse también en infecciones fúngicas, ya que determinados hongos son capaces de emitir fluorescencia(1): verde brillante, en las infecciones por M. audouini y M. canis, verde grisácea, en el caso de T. schoenleinii, y ausente en infecciones por T. tonsurans y T. violaceum.

Examen directo al microscopio con KOH

Las escamas obtenidas por rascado de las lesiones, tallos pilosos o lámina ungueal, se colocan sobre un portaobjetos de vidrio y se extienden para formar una única capa. Se aplican unas gotas de solución de KOH (10-20%) y después se examina con la ayuda de un microscopio de contraste de fases o uno convencional diafragmado(2). En el caso de un examen positivo, observaremos: levaduras, estructuras filamentosas, que corresponden a hifas, o la clásica imagen en “albóndigas y espaguetis” en la pitiriasis versicolor. No permite realizar estudios de sensibilidad a antifúngicos y es necesario el entrenamiento del observador.

Cultivo fúngico

Es el test diagnóstico gold standard. Permite el estudio etiológico y de sensibilidad a antifúngicos. Hay varios, siendo el agar Saboureaud uno de los más empleados.

Tipos de micosis superficiales

Las tiñas pueden ser muy variables en cuanto a su presentación clínica y, a veces, constituyen un reto diagnóstico. Los bordes anulares de las lesiones y la presencia de descamación, en las lesiones del cuerpo, y la presencia de placas alopécicas en cuero cabelludo suelen ser signos muy característicos.

 

Dermatofitosis

Las dermatofitosis o tiñas son infecciones causadas por dermatofitos, unos hongos que parasitan tejidos queratinizados; por lo que no afectan mucosas ni semimucosas. Se clasifican en tres géneros: trichophyton, microsporum y epidermophyton, y en función de su hábitat natural, en tres grupos: antropofílicos, zoofílicos y geofílicos (Tabla I). La transmisión, en el caso de los antropofílicos, puede ser por contacto directo o a través de fómites.

 

Dermatofitosis según su topografía

Tinea capitis

Es la dermatofitosis más frecuente en la infancia, sobre todo en niños prepúberes, varones, entre 3 y 7 años de edad; la incidencia disminuye en niños postpúberes, se cree que es debido a una mayor concentración de ácidos grasos funguistáticos en el sebo.

El periodo de incubación es de 1 a 3 semanas. Puede estar causado por: T. tonsurans o T. violaceum (antropofílicos) y M. canis y M. audouinii (zoofílicos). Existen portadores asintomáticos de T. tonsurans o T. violaceum en pacientes americanos, afro-caribeños o de raza negra; pero no existe un tratamiento de elección aprobado para estos casos.

Desde el punto de vista clínico existen diferentes tipos de tinea capitis(2):

Tipo mycrosporum: infección ectothrix causada por: M. audouinii, M. canis, M. equinaceum y M. ferrugineum y M. audouinii. Producen placas alopécicas descamativas, bien definidas, con numerosos folículos rotos, grisáceos y mínima inflamación (excepto M. Canis que puede producir lesiones más inflamatorias). Este tipo es más frecuente en niños, produciendo auténticos brotes epidémicos en centros escolares.

Querion(3): es el tipo más severo, causado por T. verrucosum o T. mentagrophytes var. Mentagrophytes (zoofílicos). Se presenta como una masa inflamatoria formada por pústulas perifoliculares, dolorosa. En ocasiones, puede añadirse una sobreinfección bacteriana.

Tipo tricofítica: infección endothrix, causada por T. violaceum y T. tonsurans, que se presenta en forma de placas alopécicas, no inflamatorias con “puntos negros”(4) (Figs. 1 y 2), que corresponden a los folículos infectados rotos a su salida por la superficie cutánea. Un 2-3% de los pacientes presentan lesiones faciales u onicomicosis asociada.

Figura 1. Placa alopécica con fina descamación blanquecina, en la que se aprecian unos “puntos negros” correspondientes a folículos pilosos

Figura 2. Imagen dermatoscópica de los folículos rotos a su salida por la superficie del cuero cabelludo, dando esta imagen de puntos negros.

Favus: infección muy infrecuente, excepto en algunos países de Suráfrica, donde es endémico, causada por T. schoenleinii. Cursa con eritema y costras amarillentas perifoliculares que dejan alopecia cicatricial.

Tinea corporis

Tiña localizada en el cuerpo, causada más frecuentemente por M. Canis; no obstante, si existen lesiones de tinea capitis, hay que pensar en T. Tonsurans y T. mentagrophytes.

Clásicamente, se presenta en forma de placas anulares de crecimiento centrífugo con borde activo con pústulas (Fig. 3), aunque existen otras variantes, como: la tinea imbricata, con lesiones policíclicas; la forma ampollosa causada por T. rubrum; el granuloma de Majocchi que es una tinea más profunda con pústulas perifoliculares y está causada por T. rubrum, T. violaceum y T. tonsurans y, por último, la tinea incognito, que se produce cuando las lesiones de tinea han sido tratadas con corticoides tópicos.

Figura 3. Placa eritematosa, descamativa con bordes anulares más activos, muy característico de tiña corporis.

Tinea pedis y tinea manuum

La tinea pedis es una dermatofitosis que afecta a las plantas y espacios interdigitales de los pies. Entre los agentes etiológicos se encuentran: T. rubrum, T. mentagrophytes var. Interdigitale y E. floccosum. Existe una variante crónica hiperqueratósica o tipo “mocasín”, causada por T. rubrum, que se presenta con eritema y descamación fina y otra, ampollosa, muy pruriginosa en zona anterior de la planta. A veces, los pacientes pueden presentar placas eccematosas a distancia, sin elementos fúngicos, lo que se conoce como “reacción ide”(5). La tinea manuum se presenta en forma de placas eritemato-descamativas y suele estar causada por T. rubrum.

Onicomicosis

Aunque puede afectar a las uñas de las manos o de los pies, es más frecuente en pies. Puede presentarse con cambios de coloración de la lámina ungueal o hiperqueratosis subungueal distal. Se puede tratar con amorolfina tópica y, en casos muy extremos, con tratamiento sistémico.

Pitiriasis versicolor

Es importante transmitir al paciente que se trata de una infección crónica y puede presentar algún rebrote en su vida, especialmente en las épocas más calurosas del año.

Infección crónica causada por Malassezia furfur que se presenta en forma de placas del color de la piel o levemente pigmentadas, en tronco y zona proximal de extremidades, con una descamación fina o furfurácea, que se hace más evidente con el rascado (signo de la uñada). Los niños pequeños pueden presentar lesiones en la línea de implantación del pelo. Tras la curación dejan hipopigmentación residual que puede durar meses.

Las lesiones emiten una fluorescencia amarilla débil (examen con luz de Wood) y cuando se examinan con KOH al microscopio, se observa la típica imagen en “albóndigas y espaguetis” que corresponde a las formas en levaduras e hifas, mezcladas.

Candidiasis

La cándida es un género de hongos unicelulares también llamados levaduras. La especie más significativa por su importancia clínica es Candida albicans, que es un comensal de las mucosas humanas, sobre todo oral, digestiva y genital.

La infección por Candida spp puede dar lugar a un abanico amplio de formas clínicas:

• Candidiasis oral o muguet: placas blanquecinas cremosas, en la lengua y mucosa oral, que se desprenden fácilmente con el depresor.

• Queilitis angular: placas eritematosas que se pueden fisurizar en comisuras bucales.

• Vulvovaginitis candidiásica: los factores predisponentes son la inmunosupresión y la antibioticoterapia, entre otros.

• Dermatitis del pañal: el uso de emolientes y la oclusión con el pañal, añadido a la humedad de la zona, puede favorecer que la dermatitis del pañal se sobreinfecte por cándida. Es muy característico la presencia de una placa eritematosa central con pústulas satélite en los bordes de la placa, que es clave diagnóstica.

• Candidiasis congénita: la infección se adquiere en el paso a través del canal del parto y, frecuentemente, afecta a recién nacidos pretérminos, con mayor riesgo de infección diseminada, lo que hace necesario el tratamiento sistémico. La presencia de pústulas acrales, palmoplantares, es muy característica.

Tratamiento

La elección del tratamiento va a depender del tipo de infección, localización y extensión de las lesiones. En lesiones extensas, con afectación de folículos pilosos o ungueal, se requiere tratamiento sistémico.

Tratamientos sistémicos

La griseofulvina y la terbinafina son los antifúngicos sistémicos más comúnmente empleados; estudios recientes demuestran una eficacia superior de terbinafina en el tratamiento de infecciones tricofíticas.

Entre los antifúngicos sistémicos empleados para el tratamiento de micosis superficiales, encontramos griseofulvina y terbinafina(6,7), principalmente; aunque también se pueden emplear azoles (Tabla II).

Tratamientos tópicos

Azoles tópicos: son fármacos baratos, activos frente dermatofitos, mohos y levaduras. Existen varios comercializados: tioconazol, miconazol, econazol, bifonazol…, en forma de cremas, polvos y spray, con concentraciones entre 1-2% y se deben aplicar 1-2 veces al día, durante 1 o 2 semanas, aunque se aconseja mantener una semana tras resolución de las lesiones.

Terbinafina tópica: existe en forma de crema al 1%. Aunque es más eficaz que los azoles tópicos (p. ej.: en tinea pedis) es más cara; por lo que se usa en caso de resistencias.

Morfolinas: Amorolfina. Se emplea en forma de laca de uñas (concentración: 5%).

Ciclopirox: es un antifúngico de gran espectro, útil en piel glabra y en uñas, por eso se emplea en el tratamiento de onicomicosis blanca superficial, pie de atleta y otras micosis cutáneas (tinea pedis, cruris, corporis). Existe en forma de crema y polvos al 1%. Aprobada en niños >10 años, 1 aplicación/día (1-2 semanas); en solución al 8% para onicomicosis en niños > 12 años; y en champú al 1,5%, aprobado para adolescentes >16 años, para usar 2-3 veces a la semana, dejándolo actuar 3 minutos unas 4 semanas.

Polienos: Nistatina. Se emplea en el tratamiento de candidiasis. No se absorbe por vía oral, y es bien tolerada y segura, lo que permite tratamientos prolongados.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de los autores.

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Caso clínico

 

Varón de 2 años de edad, procedente del norte de África, sin antecedentes patológicos de interés, que presenta unas placas grisáceas, descamativas en cuero cabelludo sin apenas inflamación acompañante (Fig. 4). El niño presenta buen estado general y no presentaba otros signos de dermatitis atópica.

Antecedentes personales: sin interés.

Exploraciones complementarias: ante la sospecha de tinea capitis, se realizó un examen con luz de Wood que resultó negativo. El examen con KOH de las escamas obtenidas por el rascado de una de la lesiones resultó positivo. Se remitieron escamas para cultivo micológico que fue positivo. Se instauró tratamiento con buena evolución del paciente.

Figura 4. Placas alopécicas con descamación blanco-grisácea sin signos inflamatorios en el cuero cabelludo de un niño de 2 años.

 

 

 

 

Enfermedades bacterianas de la piel

J.M. Casanovas Gordó
Temas de FC


A.J. Conejo-Fernández*, F.A. Moraga-Llop**

*Hospital Regional Universitario Materno-Infantil, Málaga; Hospital Vithas Xanit Internacional, Benalmádena, Málaga. **Pediatra, Societat Catalana de Pediatria, Barcelona

 

Resumen

Las infecciones cutáneas bacterianas constituyen un motivo de consulta frecuente en dermatología pediátrica. La mayoría de las veces son procesos superficiales banales, aunque pueden darse casos de infección profunda con afectación sistémica y riesgo vital. Los microorganismos más frecuentes son: Staphylococcus aureus y Streptococcus pyogenes. Además del mecanismo de invasión directa, estas bacterias pueden producir síndromes sistémicos por producción de toxinas. S. aureus resistente a la meticilina adquirido en la comunidad, no representa actualmente en España un problema de salud pública en la población pediátrica. El diagnóstico de las infecciones cutáneas bacterianas es generalmente clínico y, solo en casos concretos, se recomienda la confirmación microbiológica. El tratamiento es casi siempre empírico. En las infecciones superficiales, suele bastar el tratamiento tópico. En las infecciones complicadas o con afectación del estado general, se recomienda tratamiento antibiótico sistémico. El drenaje quirúrgico puede ser necesario en los casos en que se objetive la formación de abscesos.

 

Abstract

Bacterial skin infections are a frequent presenting complaint in paediatric dermatology. Mostly they are mild superficial infections, although deep tissue involvement with systemic symptoms and life- threatening events may occur. The most common germs involved are Staphylococcus aureus and Streptococcus pyogenes. In their pathogenesis, they mainly produce local invasion, but can also cause systemic syndromes via the secretion of toxins into the blood. Community – acquired methicillin – resistant S. aureus is not currently a public health concern in the paediatric population in Spain.
The diagnosis of bacterial skin infections is made by clinical examination. Only in specific cases is microbiological confirmation recommended. In general empirical treatment is chosen. In mild superficial infections local treatment usually suffices. In complicated infections or infections with systemic involvement, oral or parenteral antibiotics are recommended. Incision and surgical drainage may also be needed in cases with abscess formation.

 

Palabras clave: Infección cutánea; Staphylococcus aureus; Streptococcus pyogenes; Antibióticos

Key words: Skin infection; Staphylococcus aureus; Streptococcus pyogenes; Antibiotics

 

Pediatr Integral 2016; XX (3): 179-188


Enfermedades bacterianas de la piel

Introducción

La mayoría de las infecciones cutáneas bacterianas son procesos leves, aunque pueden darse casos con afectación cutánea profunda y sistémica.

Las infecciones bacterianas cutáneas constituyen el motivo más frecuente de consulta en dermatología pediátrica. En la mayoría de casos, son infecciones leves, como el impétigo o la foliculitis. A veces, son infecciones con capacidad invasora local y repercusión sistémica, pudiendo poner en peligro la vida del paciente (fascitis necrotizante). Los principales factores de riesgo son: el deterioro de la integridad de la piel, la falta de higiene, el hacinamiento, la humedad y las inmunodeficiencias.

Se pueden clasificar en: primarias, cuando suceden sobre una piel previamente sana; secundarias o sobreinfecciones, cuando se producen sobre lesiones cutáneas preexistentes; y las infecciones mediadas por toxinas. También, se pueden dividir según la localización anatómica de las lesiones o de la estructura de la piel o los anejos afectados (Tabla I).

 

Figura 1. Adenoflemón.

 

Etiopatogenia

Los microorganismos más frecuentes son: Staphylococcus aureus y Streptococcus pyogenes, que pueden producir invasión local directa y síndromes sistémicos mediados por toxinas.

Las bacterias más frecuentes son: S. aureus y S. pyogenes. Pueden producir infecciones cutáneas por: inoculación directa, invadiendo territorios de piel sana; por diseminación hematógena; y mediante la producción de toxinas que se liberan al torrente sanguíneo desde el foco de infección(1), como en el síndrome estafilocócico de la piel escaldada por S. aureus y en el síndrome del shock tóxico estafilocócico o estreptocócico (Tabla II).

 

El S. aureus resistente a la meticilina adquirido en la comunidad (SAMR-AC), pese a ser un microorganismo emergente en los últimos años, es todavía infrecuente en España y no constituye, por el momento, un problema sanitario.

Principales infecciones cutáneas bacterianas

En general, el diagnóstico es fundamentalmente clínico. En los casos con afectación sistémica, factores de riesgo del huésped y en algunas infecciones concretas, sí se recomienda la realización de pruebas complementarias.

Impétigo

Puede aparecer a cualquier edad y se contagia por autoinoculación, contacto directo o a través de objetos contaminados. Se trata de lesiones epidérmicas no cicatriciales, bien delimitadas, generalmente en zonas expuestas. Puede ser bulloso o no bulloso. En la forma no bullosa, causada por S. pyogenes, S. aureus (solo o como coinfección) y, ocasionalmente, por estreptococos de los grupos C y G, las lesiones evolucionan de mácula a pápula, vesícula, pústula y terminan en costras melicéricas gruesas (Fig. 2).

Figura 2. Impétigo contagioso no bulloso: costras melicéricas (A y B).

En la forma bullosa, causada por S. aureus productor de toxina exfoliativa, las lesiones evolucionan a vesículas y estas, a bullas de contenido amarillento, más o menos turbio e incluso purulento, y con una costra fina (Fig. 3).

Figura 3. Impétigo bulloso estafilocócico (A y B).

La principal complicación es la propagación local (celulitis, linfadenitis) o, excepcionalmente, sistémica (neumonía, osteoartritis, sepsis)(1).

El diagnóstico es fundamentalmente clínico, aunque puede confirmarse con el cultivo del exudado de las lesiones en casos de afectación extensa o mala evolución clínica con los tratamientos habituales.

Dermatitis perianal bacteriana

Cursa con un eritema alrededor del ano y está causada por S. pyogenes o, con menos frecuencia, por S. aureus, solo o asociado al anterior(2). Presenta un pico de incidencia a los 3-5 años de edad y predomina en los varones (70%)(3).

Se manifiesta como un eritema perianal no elevado de unos 2-3 cm, de bordes bien delimitados, que puede asociar: prurito, defecación dolorosa, estreñimiento, incontinencia por rebosamiento, hematoquecia y fisuras(4). En los niños, puede asociarse a balanopostitis, y en las niñas, a vulvovaginitis (la llamada enfermedad perineal bacteriana). No suele producir síntomas generales. En la fase aguda (menos de 6 semanas de evolución), la lesión es roja, brillante, húmeda, dolorosa y puede presentar una pseudomembrana blanquecina. Sin tratamiento, las lesiones se cronifican, con fisuras dolorosas, secreción mucosa o placas psoriasiformes con costra periférica amarillenta.

El mecanismo de transmisión es por contacto, ya sea por autoinoculación (infección o portador asintomático faríngeo o cutáneo) o por contagio intrafamiliar, en especial, si se comparte el agua de la bañera o si algún familiar ha padecido faringoamigdalitis aguda o dermatitis perianal(3).

El diagnóstico se establece por la clínica y la confirmación es bacteriológica. Deben recogerse muestras de la zona perianal en todos los pacientes y muestras faríngeas para realizar un test de diagnóstico rápido (TDR) antigénico de S. pyogenes (valor predictivo positivo del 100%)(3) o un cultivo. Deben investigarse posibles casos en convivientes y realizar un TDR o un cultivo a los pacientes sintomáticos, ya que constituyen una causa frecuente de recurrencias dentro del núcleo familiar.

Se recomienda el uso de antibióticos sistémicos en todos los casos (Algoritmo 1). La duración del tratamiento debe ser de entre 14 y 21 días, siendo recomendable confirmar la erradicación de la infección tanto clínica como microbiológica, mediante el cultivo o el TDR. Las recurrencias tras el tratamiento con penicilina o amoxicilina son frecuentes (hasta el 37%)(5), sobre todo, si hay casos familiares no diagnosticados. En estas recurrencias se recomienda cefuroxima(5) durante 7-10 días. La asociación de tratamiento oral y tópico parece disminuir las recurrencias(2).

Infecciones de los folículos pilosos: foliculitis, forúnculo y ántrax

El principal agente causante de las infecciones de los folículos pilosos es S. aureus, seguido de los bacilos gramnegativos. Son factores predisponentes: la obesidad, la diabetes, la hiperhidrosis, la inmunosupresión y la dermatitis atópica.

Se trata de lesiones centradas por pelos en la cara, el cuello, las axilas o los glúteos, que evolucionan desde una pápula-vesícula con base eritematosa (foliculitis, que afecta al folículo piloso superficial), pasando por nódulos eritematosos pustulosos dolorosos (forúnculo, que se extiende a la dermis profunda), hasta placas eritematosas calientes y dolorosas (ántrax, que afecta al tejido celular subcutáneo circundante).

El diagnóstico es clínico y solo se recomienda el estudio microbiológico en lesiones de mala evolución o atípicas(6).

Además del tratamiento antibiótico tópico o sistémico, se recomienda aplicar calor local en los forúnculos y ántrax, y valorar la realización de drenaje quirúrgico.

Linfangitis aguda bacteriana

Se define como la inflamación de los vasos linfáticos del tejido celular subcutáneo. Los microorganismos más frecuentemente implicados son: S. pyogenes, S. aureus y Pasteurella multocida (esta última tras la mordedura animal). Suele haber afectación sistémica, incluso antes de que sean evidentes el característico cordón lineal inflamatorio, desde su origen hasta los linfáticos regionales, y el edema distal.

Erisipela

Es una infección superficial que afecta a la dermis superior, el tejido celular subcutáneo y, a veces, al sistema linfático, causada en la mayoría de los casos por S. pyogenes o, también, por estreptococos de los grupos B, C o G (1,7-11).

Son factores desencadenantes: las abrasiones, las úlceras, las infecciones fúngicas intertriginosas de los pies, la obstrucción venosa o linfática y el edema crónico. En el recién nacido, la infección puede originarse en el cordón umbilical y extenderse a la pared abdominal.

El comienzo es agudo, con una placa eritematosa de bordes bien definidos y ligeramente elevados. Ocurre con mayor frecuencia en los miembros inferiores y en la cara y puede asociarse con linfadenitis regional. Suele haber síntomas generales (fiebre, escalofríos, malestar), a veces, precediendo a los signos cutáneos. También, pueden ocurrir complicaciones sistémicas (sepsis, síndrome del shock tóxico estreptocócico, endocarditis, etc.), aunque son raras en los pacientes por lo demás sanos. Cuando la infección se resuelve, produce descamación e hiperpigmentación.

El diagnóstico es clínico. Los pacientes con lesiones mayores de 5 cm o con afectación del estado general, los lactantes y los inmunodeprimidos pueden requerir hospitalización y antibioticoterapia parenteral.

Celulitis

Se trata de una infección aguda que afecta a la dermis y al tejido celular subcutáneo. Son factores predisponentes: los traumatismos, las heridas y las infecciones preexistentes. Aparece como una placa eritematosa, caliente y dolorosa, con límites mal definidos; que, en ocasiones, presenta flictenas, petequias o necrosis local y puede acompañarse de linfadenitis y síntomas sistémicos(10).

Está causada principalmente por S. aureus y S. pyogenes. Otros microorganismos menos frecuentes que se observan en pacientes inmunodeprimidos son: Streptococcus agalactiae y bacilos gramnegativos en neonatos y enterobacterias en pacientes inmunodeprimidos.

La localización puede proporcionar una orientación etiológica: en la región periauricular y la planta del pie con heridas punzantes es más frecuente Pseudomonas aeruginosa y en mordeduras es habitual P. multocida. Las celulitis orbitaria o periorbitaria suelen ser secundarias a una puerta de entrada cutaneomucosa (herida, conjuntivitis) o a una sinusitis y suelen estar causadas por S. aureus, S. pyogenes, S. pneumoniae o H. influenzae.

El diagnóstico es clínico, pero se recomienda estudio microbiológico en los casos de mala evolución clínica o que presenten factores de riesgo. La ecografía puede ser útil para diferenciar la celulitis de los abscesos aún no fluctuantes. En el caso de la celulitis orbitaria (Fig. 4), se recomienda confirmar el diagnóstico mediante una prueba de imagen (tomografía computarizada), en la cual se defina la profundidad de la afectación.

Figura 4. Celulitis orbitaria.

Debe recomendarse siempre el tratamiento antibiótico sistémico con cobertura frente a S. aureus y S. pyogenes. En casos leves y bajo estricta vigilancia, puede considerarse la vía oral con amoxicilina-ácido clavulánico, cloxacilina, cefadroxilo, cefalexina, cefuroxima o clindamicina.

Fascitis necrotizante

Se trata de una infección de las partes blandas rápidamente progresiva que afecta: la piel, el tejido celular subcutáneo, la fascia superficial y, en ocasiones, la profunda. Estas lesiones producen una importante necrosis hística, con grave toxicidad sistémica. La mortalidad es alta, y debe sospecharse y tratarse de forma precoz para mejorar el pronóstico.

La localización más frecuente es en los miembros, y su causa puede ser: polimicrobiana (70-80%), por micro­organismos aerobios y anaerobios, o monomicrobiana (20-30%), con S. pyogenes como patógeno más frecuente. En el niño suele presentarse en el curso de la varicela o en pacientes que se han sometido a cirugía abdominal(1,8).

Se presenta con eritema, edema, calor, piel brillante e inflamación, con o sin bullas o ampollas, y márgenes mal definidos. En ocasiones, la piel adquiere el aspecto de “piel de naranja”. La presencia de fiebre, de un dolor intenso, desproporcionado a los signos clínicos, así como el aspecto tóxico del niño, debe hacer sospechar una fascitis necrotizante. Cursa con leucocitosis con desviación izquierda y aumento de los valores de los reactantes de fase aguda, con trombocitopenia, anemia y aumento de las enzimas musculares.

La gravedad de la fascitis necrotizante hace que se recomiende siempre la derivación al hospital de referencia para iniciar antibioticoterapia parenteral y valorar el desbridamiento quirúrgico de forma precoz.

En la tabla III se resumen otros cuadros infecciosos con importancia clínica.

Staphylococcus aureus resistente a la meticilina adquirido en la comunidad (SAMR-AC)

El SAMR-AC es poco frecuente en España en la población pediátrica; por lo que, actualmente, no se recomienda modificar las pautas de antibioticoterapia empírica en las infecciones estafilocócicas.

Epidemiología

El porcentaje de SAMR-AC en la población pediátrica de España oscila entre el 9% y el 14,8%(12-14). Las principales diferencias entre los SARM de adquisición hospitalaria y los SARM-AC se recogen en la tabla IV(13,15,16).

La baja incidencia actual de SARM-AC en nuestro medio, no justifica el cambio de las pautas de antibioticoterapia empírica. Sin embargo, hay circunstancias en las que debe considerarse, como: una celulitis extensa, abscesificada o necrotizante, abscesos recurrentes en el niño o sus convivientes, mala respuesta al tratamiento convencional, procedencia de zonas de alta endemia (Asia, América o Europa del Este) o convivencia con portadores conocidos.

Clínica y diagnóstico

La mayoría de infecciones por SARM-AC se limitan a la piel y los tejidos blandos, aunque pueden causar neumonía, meningitis, sepsis y osteoartritis. No existen criterios clínicos que ayuden a diferenciar las infecciones cutáneas producidas por S. aureus meticilín-sensible de las causadas por SARM(17); si bien, en estas últimas son más frecuentes el fracaso terapéutico y la formación de abscesos y necrosis con costra superficial negruzca, similar a una picadura de araña(18). Si es posible, se recomienda tomar muestras para cultivo, determinación de la leucocidina de Panton-Valentine y caracterización genética de la cepa.

Estudio y tratamiento de los portadores

No se recomienda el estudio sistemático de convivientes, reservándose para brotes en comunidades definidas (familias, instituciones, etc.) y para infecciones recurrentes(18). El tratamiento para la descolonización del niño y sus convivientes portadores se realizará con mupirocina nasal cada 12 horas, y lavados corporales y del cuero cabelludo con jabón de clorhexidina al 4% durante 5-10 días. En caso de fracaso terapéutico con mupirocina, se empleará ácido fusídico tópico cada 12 horas, asociado a trimetoprima-sulfametoxazol oral durante 7 días(18,19).

Tratamiento antibiótico de las infecciones cutáneas

En general, el tratamiento antibiótico de las infecciones cutáneas es empírico. Solo en algunas circunstancias (quimioterapia, neutropenia, inmunodeficiencia grave, heridas por inmersión, mordeduras de animales, afectación del estado general, sospecha de complicaciones, afectación extensa, sospecha de ectima gangrenoso, fascitis necrotizante y pacientes ingresados) o ante una mala evolución, es recomendable realizar hemocultivos o cultivos de aspirados, biopsias o exudados. Para elegir el tratamiento deben considerarse: la clínica, los microorganismos posiblemente implicados, la localización, extensión y profundidad de la infección, y los antecedentes personales(1,19). En la tabla V, se detalla la posología de los antiinfecciosos más empleados.

Las infecciones cutáneas sin síntomas sistémicos que afectan las capas superficiales de la piel (impétigo, foliculitis, etc.) se tratan habitualmente con antisépticos o antibióticos tópicos. Los de mejor cobertura frente a los patógenos habituales son la pomada de mupirocina y la crema o pomada de ácido fusídico. El SARM-AC es generalmente sensible a estos antibióticos tópicos. En infecciones con mala respuesta clínica a la mupirocina, la pomada de retapamulina constituye una alternativa válida a partir de los 9 meses de edad(20).

La antibioticoterapia sistémica se reserva para determinadas formas clínicas (celulitis), formas extensas, de rápida progresión o diseminadas, casos graves o con afectación del estado general (fascitis necrotizante), en recién nacidos, celulitis-adenitis en lactantes menores de 3 meses e inmunodeprimidos. En algunas ocasiones, como en la infección por SAMR-AC, es fundamental el drenaje quirúrgico precoz. El desbridamiento precoz también es uno de los pilares del tratamiento de la fascitis necrotizante.

Si se sospecha S. aureus, el antibiótico de elección es la cloxacilina, si bien, sus características farmacológicas (administración cada 6 horas, baja biodisponibilidad y mal sabor) hacen que sean preferibles la amoxicilina-ácido clavulánico y las cefalosporinas de primera generación (cefadroxilo o cefalexina). En caso de contraindicación para los betalactámicos o infección por SAMR-AC, los fármacos de elección son la clindamicina (aunque en España solo se comercializa en cápsulas de 150 y 300 mg) y la trimetoprima-sulfametoxazol.

Ante la sospecha de infección por S. pyogenes, el antibiótico de elección es la penicilina o la amoxicilina. En los alérgicos a los betalactámicos, pueden usarse macrólidos de 16 átomos (josamicina o midecamicina), clindamicina o, en caso de reacción no anafiláctica, cefalosporinas de primera generación.

En las infecciones en que pueda existir coinfección por S. aureus sensible a la meticilina y S. pyogenes, está indicado el tratamiento con amoxicilina-ácido clavulánico o una cefalosporina de primera generación.

El tratamiento de la fascitis necrotizante debe incluir antibióticos frente a microorganismos aerobios y anaerobios. Una opción es la administración de una cefalosporina de tercera generación y metronidazol o clindamicina. Puede ser útil la administración de inmunoglobulina hiperinmune o el uso de la cámara hiperbárica.

En el momento de la redacción de este documento, ni el cefadroxilo ni la cefalexina, únicas cefalosporinas de primera generación con presentación oral, se comercializan en España en forma de suspensión y solo se dispone de cápsulas de 500 mg. Debido a esta circunstancia, las cefalosporinas de segunda generación (cefuroxima, cefaclor), pese a ser algo menos activas frente a los cocos Gram positivos que las de primera, pueden considerarse alternativas válidas.

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria es el facultativo clave para el diagnóstico de las infecciones cutáneas. Tras considerar los posibles diagnósticos diferenciales, debe establecer una orientación diagnóstica. Probablemente, no siempre dispondrá de medios para estudiar la etiología, pero en las formas más superficiales esto no supone ningún problema para instaurar un tratamiento. En las formas profundas y en las que, por asociarse a alguna enfermedad de base, crea necesario realizar antibioticoterapia por vía intravenosa, deberá derivar el caso con celeridad al centro hospitalario de referencia, en especial si sospecha una fascitis necrotizante.

Agradecimientos

A los coautores del “Documento de consenso SEIP-AEPAP-SEPEAP sobre la etiología, el diagnóstico y el tratamiento de las infecciones cutáneas bacterianas de manejo ambulatorio” (último apartado de la Bibliografía recomendada), publicado en Anales de Pediatría, por su aportación en esta publicación de Pediatría Integral.

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Estudio retrospectivo realizado en los EE.UU. sobre población adulta, en el que se objetiva la prescripción innecesaria de antibioticoterapia sistémica en casos de abscesos de bajo riesgo sometidos a drenaje quirúrgico o el uso innecesario de tratamiento antibiótico combinado.

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Revisión retrospectiva de pacientes pediátricos con dermatitis perianal estreptocócica, en la que se describe una tasa de recurrencias de tan solo el 12,4% tras el tratamiento con amoxicilina.

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Estudio prospectivo observacional español en el que se describen los casos de infección neonatal por Staphylococcus aureus en el servicio de urgencias pediátricas de un hospital terciario y se evidencia su todavía baja incidencia en este grupo de edad, con solo 30 casos registrados en 3 años. Únicamente uno de los aislamientos fue resistente a la meticilina.

– Miller LG, Daum RS, Creech CB, et al. Clindamycin versus trimethoprim-sulfamethoxazole for uncomplicated skin infections. N Engl J Med. 2015; 372: 1093-103.

Estudio multicéntrico prospectivo aleatorizado y doble ciego realizado en los EE.UU. en población adulta y pediátrica, en el que no se encuentran diferencias en la eficacia de ambos antibióticos en casos de celulitis o abscesos cutáneos.

– Conejo-Fernández AJ, Martínez-Chamorro MJ, Couceiro JA, et al. Documento de consenso SEIP-AEPAP-SEPEAP sobre la etiología, el diagnóstico y el tratamiento de las infecciones cutáneas bacterianas de manejo ambulatorio. An Pediatr (Barc). 2016; 84: 121.e1-121.e10.

Documento de consenso de tres sociedades científicas pediátricas (una de infectología y dos de Atención Primaria), sobre las infecciones cutáneas bacterianas desde la perspectiva de la Atención Primaria.

 

Caso clínico

 

Paciente varón de 4 años de edad, previamente sano y sin antecedentes de interés, que acude a la consulta por presentar desde hace 48 horas una lesión, en el antebrazo derecho, eritematosa, dolorosa, caliente, de bordes discretamente difusos y con aparición de una flictena central durante las últimas 12 horas (Fig. 5). A la exploración, además de evidenciar los hallazgos referidos, se constata una zona de induración central.

Se inicia tratamiento empírico con amoxicilina-clavulánico y se cita de nuevo al paciente en 48 horas para comprobar la evolución. En la segunda visita, se objetiva la no mejoría de los signos inflamatorios locales, con aumento de tamaño de la zona de induración central, en la que han aparecido signos de flogosis incipiente. Además, ha iniciado febrícula de hasta 37,5ºC axilar. El cumplimiento terapéutico y la tolerancia oral al antibiótico han sido correctos según nos refiere la familia.

El paciente acude a Urgencias hospitalarias, donde se le realiza el drenaje del absceso y, al haber sido este incompleto, se le inicia tratamiento antibiótico con clindamicina.

Dos días después de la realización del drenaje y el inicio del tratamiento antibiótico, acude nuevamente a su consulta para una revisión clínica. Los signos locales han mejorado sensiblemente y la febrícula ha desparecido.

Algunos días después, usted recibe la confirmación microbiológica de que se trataba de un SAMR-AC. La evolución posterior del caso sigue siendo positiva hasta su resolución y no hay nuevas incidencias al respecto en las sucesivas visitas de control.

Figura 5.

 

 

 

 

 

Enfermedades víricas de la piel

R. Jiménez Alés*, I.M. Coronel Pérez**, I.C. Sánchez Fuentes***
Temas de FC


R. Jiménez Alés*, I.M. Coronel Pérez**, I.C. Sánchez Fuentes***

* Pediatra EBAP. Consultorio de La Roda de Andalucía. UGC Estepa. Área de Gestión Sanitaria Osuna. Sevilla. **Especialista en Dermatología. Hospital Nuestra Señora de la Merced. Área de Gestión Sanitaria de Osuna. Sevilla. ***Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Consultorio de La Roda de Andalucía. UGC Estepa. Área de Gestión Sanitaria Osuna. Sevilla

 

Resumen

Las enfermedades provocadas por virus son el grupo de enfermedades infecciosas más frecuentes en la infancia, siendo usual la afectación cutánea. Son más habituales en los primeros años de vida, en relación a la inmadurez inmunológica, tanto de tipo humoral como celular, existente en esa etapa. Las lesiones cutáneas pueden ser el resultado de una reacción inmune a distancia, sin que pueda aislarse el virus de las lesiones, como sería el caso de las enfermedades virales exantemáticas, o estar producidas por el propio virus, siendo posible aislarlo en la piel. En este último caso, las lesiones suelen ser de tipo nodular o vesicular y son potencialmente contagiosas. En este artículo de revisión, nos ocuparemos de este tipo de enfermedades.

 

Abstract

The diseases caused by viruses are the most common group of infectious diseases in childhood, being very common skin disease. They are more common in the early years of life in relation to the immunological immaturity, both humoral and cell existing at that stage. Skin lesions can be the result of an immune reaction at a distance, in which the viruses can’t be isolated from the lesions, as in the case of exanthematous viral diseases, or be produced by the virus itself, being possible to isolate them from the skin. In the latter case the lesions are usually nodular or vesicular type and are potentially contagious. In this review article we will deal with these diseases.

 

Palabras clave: Enfermedades víricas de la piel; Infancia; Herpes simple; Molluscum contagiosum; Verrugas

Key words: Viral skin diseases; Childhood; Herpes simplex; Molluscum contagiosum; Warts

 

Pediatr Integral 2016; XX (3): 169-178


Enfermedades víricas de la piel

Introducción(1,2)

Los virus son organismos ultramicroscópicos que crecen dentro de células vivas. Su cápside, compuesta de proteínas es responsable de la respuesta inmune. El núcleo contiene nucleoproteínas: ácido desoxirribonucleico (ADN) o ácido ribonucleico (ARN). Al carecer de ribosomas, dependen del sistema enzimático de las células huésped. Mezclado con el material metabólico de la célula huésped, permanecen sin detectar hasta que algún estímulo incita la producción de nuevas partículas virales.

La afectación cutánea, provoca pápulas, lesiones vesículo-ampollosas, úlceras y tumores.

Aunque hay múltiples virus que causan lesiones cutáneas, solo nos ocuparemos de los más frecuentes en el ámbito de la Atención Primaria: herpesvirus (virus del herpes simple,VHS y virus varicela zoster, VVZ), virus del papiloma humano (VPH) y poxvirus.

La infección de la célula causa: citolisis (VHS y VVZ), infecciones crónicas activas (VPH y poxvirus), transformación neoplásica (VPH) o infección latente y recidivante (VHS y VVZ).

Las lesiones pueden producirse por inoculación directa, como en verrugas, moluscos o primoinfección por VHS, por invasión de la piel a partir de una infección sistémica, como en la varicela, o por reactivación del virus latente, como en el herpes zóster y en las recidivas de VHS.

Enfermedades cutáneas por virus del herpes simple(2-5)

Podemos encontrar dos formas principales de presentación: el herpes oral y el herpes genital. Ninguna de ellas es patognomónica de un tipo concreto de VHS.

Etiología

El VHS es el virus que más frecuentemente afecta la piel. Es ubicuo, adaptado al huésped y causa múltiples manifestaciones. Existen dos tipos: VHS tipo 1 (VHS1) y tipo 2 (VHS2). Son virus DNA de la familia Herpesviridae y reservorio exclusivo humano. El herpes labial es la patología más común causada por VHS1, siendo la primoinfección más frecuente durante la infancia, mientras que el herpes genital suele ser causado por el VHS2 y es rara la primoinfección antes de la pubertad, debiéndonos alertar de un posible abuso sexual, salvo en los casos de infección connatal. Otras manifestaciones son menos frecuentes. El 95% de las infecciones por VHS en la infancia son causadas por el tipo 1.

Epidemiología

Aunque los VHS están íntimamente relacionados, el VHS1 suele asociarse a enfermedad orofacial y el VHS2 a enfermedad genital. La mayoría de infecciones son recurrentes. Rara vez causan cuadros graves, siendo la complicación más frecuente las sobreinfecciones bacterianas.

Puede transmitirse al recién nacido, aunque su madre esté asintomática. El riesgo es del 30-50% en primoinfecciones cerca del parto. Antes del tercer trimestre, el riesgo es menos del 1%. Las infecciones neonatales suelen deberse al VHS2 por exposición a lesiones en el canal del parto, aunque intraútero y en el postparto la transmisión también es posible.

El 90% de los adultos son seropositivos frente al VHS1, y un 30% frente al VHS2, pero solo el 30% habrá tenido manifestaciones clínicas. Esta seroprevalencia es mayor en países en desarrollo.

Fisiopatología

La transmisión requiere el contacto de mucosa o piel lesionada, con lesiones activas o fluidos corporales contaminados. El periodo de incubación va de 1 a 6 días y el intervalo de serie de 2 a 12. Desde piel o mucosa, migra a los ganglios de las raíces sensoriales dorsales, donde permanece latente. La replicación viral conduce a brotes clínicos recurrentes que se pueden inducir por: traumas, radiación UV, temperaturas extremas, estrés, inmunosupresión o fluctuaciones hormonales. La transmisión puede ocurrir cuando hay replicación viral, aunque sea asintomática. El VHS1 se reactiva más eficientemente en el ganglio del trigémino (afectando cara, orofarínge y mucosa ocular), mientras que el VHS2 lo hace en los ganglios sacrolumbares (afectando caderas, nalgas, órganos genitales y extremidades inferiores).

Formas clínicas

La primoinfección sintomática es más severa que las recurrencias, aunque la mayoría son subclínicas. Aparecen vesículas arracimadas con base eritematosa que progresan a lesiones pustulosas, ulceradas y costrosas. Pueden aparecer adenopatías satélites. Tiende a recurrir cerca de la misma localización dentro de la distribución de un nervio sensitivo. Puede haber fiebre, malestar y aspecto tóxico, sobre todo en las primoinfecciones. Aunque pueden afectar cualquier lugar, el 70-90% de las infecciones por VHS1 se localizan encima de la cintura, mientras que el 70-90% de las infecciones por VHS2 se localizan debajo.

Herpes orolabial

Se suele asociar al VHS1, aunque también puede ser causado por el VHS2 por contacto orogenital. La primoinfección o gingivoestomatitis herpética suele afectar a niños entre 10 meses y 5 años. A menudo, severa y acompañada de fiebre, artromialgias y malestar general. Al pródromo con fiebre, le sigue dolor de boca y garganta y adenopatías submandibulares o cervicales. Vesículas dolorosas aparecen en labios, encías, paladar y lengua, asociadas a eritema y edema. En ocasiones, aparece sangrado de encías. Posteriormente, se ulceran y curan en el plazo de 2-3 semanas (Fig. 1).

Figura 1. Lengua con múltiples lesiones en una gingivoestomatitis herpética.

Tras permanecer latente por tiempo variable en el núcleo del trigémino, la reactivación afecta cara y mucosas oral, labial (Fig. 2) y ocular.

Figura 2. Herpes simple labial.

Dolor, quemazón, prurito o parestesias preceden la aparición de vesículas que pueden ulcerarse o formar costras. Suelen aparecer en el borde del bermellón y durar 1 semana. La contagiosidad dura una media de 48-60 horas, no aislándose virus tras 96 horas de iniciados los síntomas.

Herpes genital

El VHS2 es la causa más común, aunque el VHS1 se identifica en un 30% de las primoinfecciones. Las infecciones recurrentes casi en exclusiva son por el VHS2.

La primoinfección tiene un periodo de incubación de 2 a 14 días y manifestaciones clínicas más severas, durando entre 2 y 3 semanas, aunque también puede ser asintomática. En varones, aparecen lesiones, vesiculares, eritematosas y dolorosas, que se ulceran, habitualmente en pene, pero también pueden aparecer en ano y periné. En mujeres, aparecen lesiones vesiculares y ulcerativas en el cérvix y vesículas dolorosas en genitales externos de forma bilateral. También, pueden afectar vagina, periné, nalgas y, a veces, las piernas, siguiendo la distribución de un nervio sacro. Los síntomas asociados incluyen: fiebre, malestar general, edema, linfadenopatías inguinales, disuria y leucorrea o blenorrea. Las mujeres pueden presentar una radiculapatía lumbosacra y, sobre un 25%, pueden presentar una meningitis aséptica.

Tras la primoinfección, puede permanecer latente meses o años hasta reactivarse. La clínica es más leve y precedida por un pródromo de dolor, picor, quemazón o parestesia.

Más de la mitad no presentan recurrencias evidentes. Sin embargo, pueden tener episodios de replicación viral, durante los que pueden transmitir el virus a sus contactos sexuales.

Otras infecciones por VHS

El eczema variceliforme de Kaposi puede desarrollarse en pacientes con dermatitis atópica, quemaduras, enfermedad de Darier y otras enfermedades inflamatorias de la piel. Los niños son los más comúnmente afectados. Se trata de una infección diseminada cutánea, con afectación del estado general, y posible afectación visceral (pulmonar, hepática y del SNC) potencialmente letal.

El panadizo herpético es una primoinfección caracterizada por la aparición de lesiones vesiculosas que afectan al pulpejo y región periungueal de un dedo, muy dolorosas, con fiebre y adenopatías satélites. Habitualmente, la etiología es el VHS1 en niños que se succionan el pulgar. El VHS2 va en aumento.

El herpes ocular es también una forma de primoinfección, uni o bilateral, generalmente por VHS1, que puede causar conjuntivitis purulenta severa, con edema, eritema y vesiculación, erosiones superficiales o úlceras corneales (queratitis epitelial). La afectación puede ser más profunda causando una queratitis estromal o una uveítis anterior (iritis), asociándose a mayor riesgo de pérdida visual, siendo el pronóstico peor que en el adulto. Puede también afectar párpados. Puede dar lugar a queratoconjuntivitis recurrentes asociadas a opacificación corneal y es una de las principales causas de ceguera corneal en EE.UU.

El herpes gladiatorum está causado por el VHS1 y se presenta como pápulas o vesículas en el tronco de atletas que practican deportes de contacto.

La infección diseminada puede ocurrir en embarazadas y en individuos inmunocomprometidos. Las lesiones suelen ser más amplias e intensas (úlceras necróticas) que en inmunocompetentes, o presentan síntomas y signos atípicos que dificultan el diagnóstico.

El VHS2 puede afectar severamente al feto. La infección neonatal suele manifestarse en las dos primeras semanas de vida y varía desde formas localizadas en piel, mucosas u ojos, hasta encefalitis, neumonitis, infección diseminada y éxitus. Puede ser difícil de diagnosticar, pues, a menudo, no aparecen lesiones mucocutáneas en el examen físico, debutando con distress respiratorio, ictericia o crisis convulsivas. La mayoría de las mujeres cuyos hijos desarrollan la infección no tienen historia previa de infecciones por VHS. El riesgo de transmisión es mayor en embarazadas que sufren una primoinfección en el tercer trimestre de la gestación. Incrementa el riesgo de transmisión: la afectación genital en el momento del parto, las primoinfecciones, las lesiones activas, la ruptura prolongada de membranas, la leucorrea y la ausencia de anticuerpos transplacentarios. La mortalidad sin tratamiento es muy elevada (>80%).

La sicosis herpética es una infección de los folículos pilosebáceos que puede presentarse como una erupción en el área de la barba. Puede producirse como consecuencia de la autoinoculación del virus durante el afeitado en el transcurso de un brote de herpes simple. Clásicamente, es causado por el VHS1, pero hay algunos casos descritos causados por VHS2.

Diagnóstico

Las primoinfecciones suelen ser fáciles de diagnosticar por la aparatosidad del cuadro clínico. En Atención Primaria, no suele estar indicado el uso de pruebas de laboratorio. Estas incluyen: cultivo viral, serología, inmunofluorescencia o reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Si bien, el cultivo viral sigue siendo el método de diagnóstico estándar para el aislamiento de VHS, la PCR es más sensible, aunque más cara. En los pacientes con afectación neurológica o con lesiones genitales activas, la PCR es de elección. La serología se emplea en pacientes sin lesiones activas. El citodiagnóstico de Tzanck es una prueba rápida en la que pueden evidenciarse las clásicas células en degeneración baloniforme, aunque es un método poco sensible (50%) y no específico para el tipo de virus herpético.

Diagnóstico diferencial

Debe realizarse con: estomatitis aftosa, chancroide, varicela, eritema multiforme, enfermedad mano-pie-boca, herpes zóster y sífilis. Otras patologías a considerar son: el exantema fijo medicamentoso y la herpangina. Miembros de la familia Herpesviridae, como: el virus varicela-zóster, el virus de Epstein-Barr, el citomegalovirus y los herpesvirus humanos tipos 6, 7 y 8, pueden causar erupciones similares.

Tratamiento(6)

Al dar cuadros autolimitados, rara vez se justifica el tratamiento farmacológico, ya que no se evita el acantonamiento del virus ni futuras recidivas. Por otra parte, el tratamiento antiviral acorta el curso de los síntomas y puede prevenir la difusión y transmisión del virus, siendo tanto más eficaces cuanto más precozmente se utilizan. Se puede usar tratamiento oral para episodios agudos y para suprimir la replicación viral. Los antivirales disponibles son: aciclovir, famciclovir y valaciclovir, no estando autorizado el uso en niños menores de 12 años en los dos últimos.

Para el herpes labial y genital, se dan cursos cortos durante los brotes. El tratamiento tópico es menos eficaz. El tratamiento intravenoso se usa en infecciones complicadas: diseminación cutánea o visceral, herpes neonatal y en inmunodeprimidos. En este tipo de pacientes, con infecciones recurrentes, se han aislado cepas de VHS resistentes al aciclovir. En ellos, puede usarse foscarnet intravenoso.

El tratamiento de las primoinfecciones es más eficaz cuando se establece en las primeras 72 horas. La afectación ocular debe ser tratada en colaboración con oftalmología.

En investigación, se encuentra Pritelivir, antiviral específico para VHS2 y amenamevir, específico para VHS-1. Ambos son inhibidores de la enzima helicasa-primasa.

Prevención

El aislamiento de niños con primoinfección herpética puede evitar contagios. De todos modos, el VHS causa infecciones persistentes y el portador asintomático puede ser infectante. No está contraindicada, en general, la asistencia a centros escolares o guarderías de los niños con lesiones recidivantes. Solo habrá que excluir a los menores con gingivoestomatitis herpética que presenten sialorrea.

La prevención del herpes genital en adolescentes sexualmente activos, pasa por una adecuada educación para el uso de preservativo, ya que el virus puede ser transmitido durante periodos asintomáticos.

Las potenciales vacunas estudiadas hasta la fecha no han mostrado suficiente eficacia en los ensayos.

No debería aconsejarse ningún fármaco para la prevención de recurrencias del herpes labial por el mínimo efecto demostrado. Otras medidas, como las cremas protectoras solares, solo han demostrado eficacia ante la exposición de luz ultravioleta, pero no ante la exposición a la luz solar(7).

Herpes zóster(2,8,9)

La incidencia de herpes zóster, en contra de lo postulado, parece disminuir en aquellos que reciben la vacuna de la varicela.

Etiología

El herpes zóster (HZ) es una erupción vesicular aguda de distribución metamérica, causada por la reactivación de una infección latente del virus varicela-zóster (VVZ) en los ganglios sensitivos. Es un virus DNA de 90 Kd cuya primoinfección causa la varicela.

Epidemiología

La frecuencia del HZ se estima en 2-3 casos por 1.000 personas y año. En rara ocasión, puede ocasionar la muerte, aunque en personas seriamente debilitadas puede considerarse un factor contribuyente. La morbilidad suele quedar reducida al dolor que puede persistir más allá del periodo de enfermedad activa (neuralgia postherpética). La afectación ocular puede causar pérdida temporal o permanente de la agudeza visual, llegando en casos extremos a la ceguera. Las complicaciones, como la infección secundaria de las lesiones, la implicación meníngea o visceral pueden provocar morbilidad adicional y dejar secuelas. Alrededor del 50% de las personas que viven más allá de 80 años, presentarán en alguna ocasión un HZ. El zóster es raro en niños y adultos jóvenes, con la excepción de pacientes con SIDA, linfoma, otros cánceres e inmunodeficiencias, como las inducidas en trasplantes de médula o de riñón. En estos pacientes, el riesgo es independiente de la edad. También, se ha señalado una mayor frecuencia en niños que adquirieron el virus intraútero o durante el primer año de vida.

Fisiopatología

Durante la varicela, desde piel o mucosas, el virus llega vía neuronal ascendente hasta los ganglios sensitivos cráneo-espinales, donde se integra en el DNA celular escapando del control inmunitario. Allí se produciría una continua replicación viral, contenida por el sistema inmune del huésped. Cuando el sistema inmune falla, la replicación viral se convierte en eficaz provocando la aparición del HZ. No está claro si factores como radiación, trauma, ciertos fármacos, otras infecciones o estrés, también pueden facilitarlo. No está claro por qué la inmunidad humoral y celular no evita las recurrencias. Parece existir una correlación inversa entre la capacidad de respuesta inmune celular del huésped y la incidencia del HZ; sin embargo, la mayoría de pacientes aparentan una inmunidad normal. Se postula que el HZ aparece cuando los títulos de anticuerpos y la inmunidad celular descienden por debajo de ciertos niveles que prevendrían la invasión viral. A favor de esta hipótesis está la observación de que los pediatras, que presumiblemente se reexponen rutinariamente al VVZ y, por tanto, mantienen niveles altos de inmunidad, rara vez desarrollan un HZ. También, se ha podido comprobar que el herpes zóster puede aparecer como consecuencia de la reactivación del virus vacunal latente en niños correctamente inmunizados, aunque en estos, es un 79% más infrecuente que en los que han presentado una varicela(10).

Clínica

El HZ comúnmente se manifiesta en las regiones inervadas por 1 o más ganglios espinales o ganglios sensoriales craneales. Las metámeras más frecuentemente afectadas van desde la C2 a la L2, junto con los pares craneales V y VII. Más rara, es la afectación de las astas anteriores y posteriores de la médula, las leptomeninges y los nervios periféricos, apareciendo debilidad muscular o parálisis, pleocitosis del LCR o pérdida sensitiva. En raras ocasiones, da lugar a mielitis, meningitis, encefalitis o afectación visceral.

Se manifiesta con dolor y parestesias en el territorio de inervación de un ganglio sensitivo, habitualmente acompañado de una hiperestesia cutánea y, a veces, de cefalea, malestar general y/o fiebre. Días más tarde, empiezan a aparecer placas eritematoedematosas, inicialmente en zonas proximales y posteriormente más distales del dermatoma afecto, encima de las cuales se agrupan las típicas vesículas arracimadas. En la mayoría de casos, es posible apreciar una adenopatía regional y en un 30% existen lesiones vesiculares a distancia de la zona afecta, lo que no necesariamente constituye un HZ diseminado.

La intensidad del dolor en el HZ aumenta con la edad, siendo raro en niños pequeños,y más habitual cuando superan la adolescencia. Dependiendo de la localización, pueden aparecer aspectos clínicos particulares e incluso algunas complicaciones.

En el HZ oftálmico pueden verse queratoconjuntivitis e iridociclitis por la afectación de la rama oftálmica del V par. La afectación de la rama nasociliar provoca lesiones en la punta de la nariz (signo de Hutchinson) lo que constituye un signo de alerta que debe conducir a un rápido diagnóstico y tratamiento.

En el HZ bucofaríngeo pueden verse halitosis y dificultad en la deglución.

En el síndrome de Ramsay-Hunt, cuando el HZ afecta el conducto auditivo externo, pueden asociarse también vértigos y parálisis del nervio facial.

La enfermedad se resuelve sin tratamiento en 2-4 semanas, aunque en los niños tiende a resolverse en menos de una semana. En un 10% de los sujetos adultos, y sobre todo en ancianos, puede quedar una neuralgia postherpética residual. También, es más frecuente en caso de afectación oftálmica. Las recidivas aparecen en un 4% de sujetos. Cuando afectan más de un dermatoma o hay una distribución muy extensa, debemos pensar en inmunodeficiencias. En estos casos, puede aparecer viremia con afectación visceral diseminada con: neumonía, encefalitis, hepatitis y coagulación intravascular diseminada, adoptando las lesiones cutáneas el aspecto de una varicela.

Diagnóstico

El HZ sine herpete puede resultar muy difícil de diagnosticar al no existir las clásicas vesículas en la zona dolorosa. Los estudios de laboratorio no están indicados generalmente. Cuando lo están, la detección mediante PCR, muy sensible y específica, se puede realizar en LCR y raspados corneales, así como en sangre en casos diseminados con afectación visceral. La detección del virus se puede realizar también con inmunofluorescencia directa en el raspado de las vesículas, aunque es menos sensible que la PCR. También es posible cultivar el virus, aunque los cambios citopáticos en los cultivos pueden tardar más de una semana en aparecer. El citodiagnóstico de Tzankc es inespecífico. Los estudios serológicos generalmente no son útiles en este contexto. En general, el resto de formas clínicas son de fácil diagnóstico por la distribución metamérica de las lesiones que resulta muy sugestiva.

Diagnóstico diferencial

Se realizará con neuralgias y neuropatías de otras causas, así como con: herpes simple, erupciones acneiformes, estomatitis aftosa, candidiasis de mucosas, celulitis, dermatitis de contacto alérgica y por irritantes, erisipela, foliculitis, picaduras de insectos, etc.

Tratamiento

Existe controversia sobre la necesidad de tratar los HZ. El precio de los antivirales no parece justificar su modesta eficacia. Aunque aceleran la curación, no influyen en la aparición de la neuralgia postherpética en niños, que es muy rara. En caso de usarse, deben instaurarse en las primeras 72 horas. Se emplean aciclovir, valaciclovir y famciclovir, estos últimos no autorizados en niños. No está indicado el aciclovir tópico y debiera restringirse a la vía sistémica en inmunodeprimidos o cuando se afecta un par craneal. La afectación oftálmica requiere derivación a oftalmología. Lo único realmente importante es tratar el dolor. La neuralgia postherpética en adultos se trata con antidepresivos tricíclicos, opiáceos o anticomiciales.

Prevención

Aislar niños con varicela no evita la aparición de HZ en los adultos. Parece salvada la controversia sobre el hipotético aumento del HZ en adultos cuando se vacuna de varicela a los niños. Por otra parte, existen datos que avalan que una vacuna de alta potencia (contiene 14 veces más partículas virales que la vacuna de la varicela), introducida en EE.UU. en 2005, podría disminuir la incidencia de herpes zóster en el adulto. Esta vacuna ayudaría a mantener la inmunidad en niveles que impiden la reactivación del virus.

Enfermedades cutáneas por virus del papiloma humano(2,11-14)

Los VPH son los principales virus causantes de tumores benignos y malignos en el ser humano. Se espera la próxima comercialización de una vacuna contra 9 genotipos.

Etiología

Los virus del papiloma humano (VPH) infectan de forma selectiva piel y mucosas, ocasionando neoformaciones benignas (verrugas) y, algunas de ellas, también malignas.

Los papilomavirus afectan a múltiples animales siendo especie-específicos. Causan mutaciones del ADN provocando tumores en: humanos, monos, ciervos, caballos, bóvidos, perros, pájaros y conejos. Hasta el momento, se han identificado más de 130 tipos. El actual sistema de clasificación se basa en las semejanzas de su secuencia genética, que se correlaciona con las tres categorías que se usan para describir las enfermedades por VPH: anogenital y/o mucosa, cutánea no genital y epidermodisplasia verruciforme.

Epidemiología

Entre el 7 y 10% de la población presentará verrugas vulgares, llegando al 33%(15) en niños de primaria, al 20% en escolares, con un pico entre los 12 y 16 años. Aumenta en inmunodeprimidos. Más raro en niños, son los condilomas acuminados, que siempre nos deben hacer sospechar abuso sexual.

Fisiopatología

Los VPH son altamente especie-específicos, siendo los humanos su único reservorio. Se replican de forma estable en las células basales o permanecen en estado vegetativo, en células más diferenciadas, replicándose de forma episódica. Aunque todas las células de una lesión contienen el genoma viral, su expresión está ligada a la diferenciación celular, no activándose hasta que el queratinocito sale de la capa basal, por lo que la producción de nuevos virus solo ocurre en el núcleo de queratinocitos altamente diferenciados, para ser liberados con la descamación al medio ambiente, no siendo un virus citolítico. La infección ocurre cuando las células basales quedan expuestas al virus por rotura de la barrera epitelial, como puede ocurrir durante las relaciones sexuales o por abrasiones menores de la epidermis. El VPH puede sobrevivir muchos meses y a bajas temperaturas sin un anfitrión. Las células infectadas exhiben un alto grado de atipia nuclear. La coilocitosis (del griego koilos: vacío), hace referencia a células con un núcleo picnótico y un halo perinuclear, y es característica de la infección por VPH. El DNA viral existe como un episoma al margen del DNA del núcleo celular en las lesiones benignas o de bajo riesgo. Los genomas se integran en el DNA celular en las lesiones malignas. Esta integración se considera un marcador de transformación maligna y se produce por supresión de la proteína p53 del huésped que regula la proliferación celular.

Clínica

Las verrugas comunes (VC) se presentan como lesiones abultadas (pápulas, nódulos o vegetaciones epidérmicas) de superficie rugosa, en zonas traumatizables. Suelen ser autolimitadas. En niños, la zona periungueal es característica, así como rodillas, manos (Fig. 3), barbilla en atópicos y plantas de los pies (verrugas plantares).

Figura 3. Verrugas múltiples en dedos de la mano. Obsérvese la superficie rugosa.

Estas últimas son lesiones hiperqueratósicas no excrecentes y dolorosas a la palpación, sobre todo al pellizcamiento. Las verrugas planas (Fig. 4) son lesiones papulosas de pocos milímetros de diámetro, de superficie plana y poco queratósica, de color amarillento, aisladas o reunidas en pequeños grupos y que afectan, sobre todo, la cara en los niños.

Figura 4. Verrugas planas. Localización típica en región frontal.

Suelen desaparecer tras varios años, apareciendo eritema y prurito en la zona varias semanas antes. Las verrugas filiformes afectan de manera casi exclusiva las zonas periorificiales de la cara como lesiones afiladas con un extremo queratósico.

Los papilomas genitales o condilomas surgen como lesiones excrecentes, con márgenes recortados (crestas de gallo) totalmente asintomáticos.

La epidermodisplasia verruciforme es una genodermatosis autosómica recesiva con una sensibilidad de la epidermis a la infección, por unos tipos concretos de VPH. Las lesiones tienden a transformarse en carcinomas espinocelulares cuando actúan cocarcinógenos como la radiación ultravioleta. Se presentan como una serie de elementos papulosos, similares a las verrugas planas, en cara y dorso de manos.

Diagnóstico diferencial

Solo el diagnóstico diferencial de las verrugas plantares (VP) merece atención. El callo o heloma puede ser indistinguible a simple vista de una VP. El callo siempre se localiza en zonas de presión, la VP puede o no hacerlo. El callo es doloroso a la presión, mientras que la VP lo es a la presión lateral o pellizcamiento. El callo mantiene intactos los dermatoglifos, mientras la VP no. Una maniobra que puede resultar de gran utilidad para diferenciar uno de otro consiste en el rascado mediante bisturí de la lesión. Si aparecen zonas puntiformes negruzcas (capilares trombosados) se trata de una VP. Si aparece la imagen de una cebolla partida por la mitad, en anillos concéntricos, se trata de un callo.

Tratamiento(16,17)

Las verrugas son en general benignas y autorregresivas, resolviéndose la mayoría en un plazo de 2 años en inmunocompetentes, por lo que en gran número de ocasiones, lo adecuado es el tratamiento expectante.

Cuando se decide tratar, la selección dependerá del tipo, número de lesiones y localización. No existe ningún antiviral específico. Los tratamientos buscan destruir las células infectadas y algunos, estimular el sistema inmune: cáusticos, citostáticos, crioterapia, electrocoagulación, láser y extirpación quirúrgica. La crioterapia, la electrofulguración, y el láser CO2 pueden destruir parte de las lesiones, pero no modificar el curso de la enfermedad, son dolorosas y pueden dejar cicatrices permanentes. En los condilomas, se puede usar además, podofilotoxina, imiquimod, 5-fluoruracilo y extracto de té verde, en mayores de 18 años.

En caso de detectar condilomas de aparición reciente en mayores de 4 años, debemos descartar siempre la presencia de abuso, salvo adolescentes que relaten un contacto sexual con un igual consentido, o en niños con inmunosupresión importante que tengan múltiples verrugas en otras localizaciones sin signos de abuso. Por debajo de esta edad, se debe sospechar cuando: los padres sospechan un posible abuso; cuando el niño entre 3 y 4 años refiere el abuso; cuando el desarrollo del niño hace sospecharlo (pesadillas, actitudes sexuales hacia compañeros o tiene un conocimiento sobre sexo inadecuado a su edad); cuando existen signos sugestivos en la exploración de lesiones traumáticas agudas o crónicas (petequias, contusiones en el himen, desgarros anales, himen ausente, cicatrices anogenitales); o hallazgos de otras enfermedades de transmisión sexual (gonorrea, Chlamydia, Trichomonas, VIH, hepatitis B, C o sífilis).

El tratamiento de elección de las verrugas vulgares son: el ácido salicílico y la crioterapia con limado o pelado de la verruga entre las distintas sesiones de tratamiento. La oclusión con cinta adhesiva se ha ensayado, con resultados diversos según los estudios, cuando no se tolera el ácido salicílico o la crioterapia, o bien como complemento a ellas. Puede usarse también la electrocoagulación, pero nunca en las de localización periungueal. Las planas se tratan con crioterapia, queratolíticos o tretinoína al 0,4%.

Prevención(18)

Existen dos vacunas frente al VPH registradas en España: la bivalente Cervarix®, que contiene los tipos 16 y 18 y la tetravalente Gardasil®, que además contiene los tipos 6 y 11. En 2016, se espera la comercialización de la vacuna Gardasil 9®, a la que se le han añadido 5 tipos (31, 33, 45, 52 y 58).

Además de la vacunación, como medidas generales de prevención, se citan: el cubrir las verrugas durante la natación, evitar compartir toallas, calcetines o zapatos, y evitar usar descalzos las duchas comunales. Además, el riesgo de autoinoculación disminuye evitando el rascado, morderse las uñas y cutículas, y no usando los instrumentos para limar o pelar la verruga para otro propósito. Los pies deben permanecer secos y cambiar diariamente calcetines o medias. No se recomienda la exclusión escolar o de actividades deportivas por este motivo, ya que la transmisión puede tener lugar desde pacientes asintomáticos.

Enfermedades cutáneas por poxvirus(2,19)

El Molluscum contagiosum es una enfermedad autolimitada. Los tratamientos no modifican la historia natural de la infección.

El molluscum contagiosum (MC) es una infección viral cutánea común en los niños causada por el virus del molusco contagioso (VMC). Aunque es a menudo una enfermedad de transmisión sexual en adolescentes y adultos, o aparece asociado a cuadros de inmunodeficiencia (especialmente la infección por VIH), en el caso de la enfermedad infantil tiende a carecer de estas asociaciones. Es cada vez más frecuente, ya que su propagación a través del contacto piel a piel o a través de fómites es rápida y fácil.

No nos ocuparemos de las zoonosis por poxvirus (ectima contagioso u orf, y nódulo de los ordeñadores), pues su aparición en niños es excepcional. Nos centraremos en el MC.

Etiología

El VMC es miembro del género mollucipoxvirus, del que existen cuatro subtipos (1-4), siendo el más frecuente el tipo 1 y estando asociado el tipo 2 a inmunodeprimidos, incluyendo SIDA. Son virus DNA de doble cadena y los mayores virus conocidos, alcanzando su genoma un peso de 120-200 megadaltons.

Epidemiología

El MC afecta con mayor frecuencia a escolares, especialmente menores de 8 años. La epidemiología sugiere que puede transmitirse en piscinas o salones de belleza, por contacto directo o por fómites. La autoinoculación podría explicar la mayor afectación en atópicos debido al rascado.

De distribución mundial, aunque más frecuente en regiones tropicales y subtropicales, probablemente en relación con malas condiciones higiénicas y factores climáticos, como el calor y la humedad. Produce en niños pequeñas epidemias: 5,6% de los que asisten a guarderías, 7,4% de los escolares, o entre los que hacen natación en la misma piscina. Su incidencia aumenta en: infectados por VIH, en pacientes en terapia esteroidea, en afectados por dermatitis atópica o por trastornos linfoproliferativos. Tiene una distribución etaria bimodal. El primer pico ocurre en la infancia, sobre todo, entre 2 y 5 años, con transmisión piel a piel sin contacto sexual. El segundo pico aparece entre los 15 y 29 años como enfermedad de transmisión sexual. También, es posible la transmisión vertical desde madres con lesiones en el área genital.

Fisiopatología

La célula diana del VMC es el queratinocito. La replicación ocurre en el citoplasma, generando los característicos cuerpos de inclusión, más evidentes en el estrato granuloso y córneo de la epidermis. Aparece una hiperproliferación epidérmica al doblarse el índice de división celular en la capa basal. El VMC causa tres patrones de enfermedad en tres poblaciones distintas: niños, adultos inmunocompetentes y pacientes inmunodeprimidos. Los niños se contagian por contacto piel a piel o vía fómites, tales como equipamiento de gimnasio, piscinas o baños públicos. El periodo de incubación es de 2 a 7 semanas, aunque puede llegar a superar los 3 meses. El riesgo de transmisión es en general bajo (<10%), aumentando algo en el entorno familiar. Las lesiones aparecen típicamente en: tronco, brazos, piernas y cara. En adultos, se considera una enfermedad de transmisión sexual y las lesiones suelen circunscribirse a la región ano-genital y por debajo de la cintura. Generalmente, en inmunocompetentes se autolimita. En caso de inmunodeficiencia severa, el curso es más largo con lesiones más extensas y atípicas, afectando frecuentemente la cara y pueden contarse por centenares.

El virus posee mecanismos de evasión del sistema inmune, lo que explica la duración de la infección aún en inmunocompetentes. Sintetiza proteínas que bloquean la necrosis celular inducida por el factor de necrosis tumoral, que bloquean el proceso inflamatorio, que impiden la diferenciación de los queratinocitos o bloquean el daño oxidativo inducido por leucocitos.

Clínica

La afectación suele limitarse a la piel, aunque se han comunicado casos en conjuntivas. Aparecen pápulas cupuliformes de pequeño tamaño (2-6 mm, variando de 1 a 15), del color de la piel normal, blancas, traslúcidas o amarillentas, centradas por un orificio del que se expulsa material córneo, blanquecino, con multitud de partículas virales. Por autoinoculación aparecen nuevas lesiones en la periferia y en otras zonas de la superficie corporal. En número de 1 a 20, aunque pueden llegar a cientos (Figs. 5 y 6).

Figura 5. Molluscum contagiosum. Lesiones múltiples en niño con piel atópica.

Figura 6. Molluscum contagiosum. Detalle. Una lesión translúcida que deja ver contenido córneo y otra en la que se aprecia umbilicación.

Pueden también confluir formando placas. En el 10% de los pacientes, aparecen alrededor lesiones de eccema muy pruriginosas al superar el mes de evolución. Las lesiones suelen desaparecer totalmente en un año, pero antes el enfermo ha podido presentar multitud de ellas.

Diagnóstico diferencial

El principal diagnóstico diferencial hay que establecerlo con las verrugas vulgares. La histología es característica: la epidermis crece hacia la dermis en forma de lóbulos cuyos queratinocitos tienen en el citoplasma grandes cuerpos de inclusión que contienen gran cantidad de virus. Las manifestaciones cutáneas de otras infecciones oportunistas, como: criptococosis cutánea, histoplasmosis y aspergilosis, pueden imitar las lesiones de MC y deben descartarse en pacientes inmunodeprimidos.

Tratamiento(20)

Existe controversia en cuanto a la necesidad de tratar los MC. Parece que ningún tratamiento modifica el curso de la enfermedad ni la posibilidad de recidivas. Más que recidivas, los nuevos MC corresponden a la aparición de elementos que debían estar en periodo de incubación autoinoculados. Los efectos estéticos o psicoterapéuticos del curetaje de los MC pueden ser en algunas ocasiones útiles. Los tratamientos agresivos, (curetaje, electrofulguración, crioterapia, pellizcamiento con pinza, ácido tricloracético, potasa cáustica, ácido retinoico) pueden dejar cicatrices dermatológicas y psicológicas. Los inmunomoduladores como el imiquimod pueden ayudar a resolver la infección vírica. Dentro de los fármacos más usados, la cimetidina a altas dosis, 40 mg/kg/día durante 3 meses, se ha demostrado eficaz en algunos ensayos clínicos. Trata el escozor, enrojecimiento, prurito, urticaria y dermatitis de contacto que pueden aparecer.

Prevención

Aislar niños con MC puede evitar contagios; pero, en la mayoría de ocasiones, los niños predispuestos (atópicos) padecerán de MC, y los no atópicos no se contagiarán con ellos. Los pacientes deben conocer la forma en que pueden autoinocularse (evitar rascado) y contagiar el virus (evitar compartir instrumentos de higiene, como: maquinillas de afeitar, toallas de baño, calzado, gorros y gafas de natación, así como otros posibles fómites).

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de los autores.

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20. Basdag H, Rainer BM, Cohen B A. Molluscum Contagiosum: To Treat or Not to Treat? Experience with 170 Children in an Outpatient Clinic Setting in the Northeastern United States. Pediatric Dermatology. 2015; 32: 353-57.

Bibliografía recomendada

– Pickering LK, Baker CJ, Kimberlin DW, Long SS, eds. Red Book: 2012 Report of the Committee on Infectious Diseases. Elk Grove Village, IL: American Academy of Pediatrics. 2012: 524-30.

Es el libro de referencia mundial en infecciones pediátricas. Se trata de una revisión trienal de la American Academy of Pediatrics, en la que se brinda una información completa desde la epidemiologia al tratamiento. Imprescindible en Pediatría.

– Diepgen TL, Yihune G et al. Atlas Dermatológico Online. Disponible en: http://www.dermis.net/doia/.

Posiblemente el atlas dermatológico más completo en Internet de acceso libre.

– DynaMed Plus [Internet]. Ipswich (MA): EBSCO Information Services. 1995. Disponible en: http://www.dynamed.com.

Se trata de un recurso de referencia de EBSCO para la toma de decisiones clínicas en el punto de atención. Proporciona acceso sintetizado a información de 22 especialidades médicas con recomendaciones basadas en la evidencia, utilizando el sistema GRADE.

– Paller AS, Mancini AJ. Hurwitz Clinical Pediatric Dermatology (eBook). Toronto: Elsevier. 2015.

Libro de dermatología pediátrica de referencia, tanto para pediatras como para dermatólogos. Proporciona orientación práctica para el diagnóstico y tratamiento de los trastornos de la piel desde el recién nacido al adolescente.

 

Caso clínico

 

Varón de 13 años de edad, sin antecedentes patológicos de interés. Consulta porque le han salido unas durezas en la planta del pie que le dificultan la práctica deportiva. Refiere que juega al fútbol y suele ducharse en los vestuarios del campo de entrenamiento.

Refiere que ha sido atendido por un podólogo que le ha prescrito una cataplasma con cáscara de plátano para reblandecerlas y poderlas limar. Refiere que no terminan de ir bien, aunque “parece que ya está echando los puntos negros hacia afuera” y acuden para pedir consejo sobre el tratamiento que se le está aplicando.

Exploración

Peso: 50 kg. Talla: 158. Buen estado general, bien nutrido, hidratado y perfundido. Presenta en la planta del pie derecho las lesiones que se observan en la foto, realizada para poder apreciar mejor los detalles de la lesión, tales como posible afectación de dermatoglifos o existencia de puntos negros. Al comprimirlas lateralmente presenta dolor.

 

 

Anomalías vasculares

M.T. Alonso San Pablo, X. Calderón-Castrat
Temas de FC


M.T. Alonso San Pablo, X. Calderón-Castrat

Servicio de Dermatología. Hospital Universitario de Salamanca

 

Resumen

En los últimos años, se han hecho grandes avances en el estudio de las anomalías vasculares, en un intento de unificar los criterios, tanto en la nomenclatura y clasificación, como en el abordaje terapéutico. Las anomalías vasculares están constituidas por dos grandes grupos bien diferenciados: los tumores vasculares y las malformaciones vasculares. Los hemangiomas infantiles representan el grupo más importante de los tumores vasculares y es el tumor benigno más frecuente en la infancia. Aunque la mayoría presentan un curso indolente y una resolución espontánea, es importante tener en cuenta que algunos hemangiomas pueden conllevar, fundamentalmente por su localización, un riesgo vital para el paciente, así como complicaciones médicas y estéticas. En el grupo de las malformaciones vasculares, la Mancha en Vino de Oporto es la más frecuente. A diferencia de los hemangiomas, las malformaciones vasculares no involucionan, persistiendo durante toda la vida. Es fundamental, por tanto, para el pediatra, diferenciar entre ambos grupos para poder establecer un diagnóstico correcto y ofrecer un abordaje terapéutico adecuado en cada paciente.

 

Abstract

In the past few years, great advances concerning the study of vascular anomalies have been made in the hopes of unifying criteria in terms of classification and terminology, as well as on the therapeutic approach. Two large groups constitute vascular anomalies: vascular tumors and vascular malformations. Infantile hemangiomas represent the most important group within vascular tumors and are the most frequent benign childhood tumor. Even though, the majority have an indolent behaviour and spontaneous resolution, it is important to keep in mind that some hemangiomas, fundamentally due to their location, may cause vital risk to the patient as well as medical and aesthetic complications. On the other hand, within the vascular malformation group, the Port wine stain is the most frequent.
In contrast to hemangioma behaviour, vascular malformations do not involute and persist a lifetime. Therefore, it is crucial for the paediatrician to differentiate between these two groups, in order to establish a correct diagnosis and offer an ideal treatment for the patient.

 

Palabras clave: Anomalías vasculares; Hemangiomas infantiles; Malformaciones vasculares; Mancha en Vino de Oporto; Propranolol

Key words: Vascular anomalies; Infantile hemangioma; Vascular malformations; Port Wine Stain; Propranolol

 

Pediatr Integral 2016; XX (3): 159-168


Anomalías vasculares

Introducción

Las anomalías vasculares (AV), en la actualidad, se clasifican en dos grandes grupos: los tumores vasculares (TV) y las malformaciones vasculares (MV).

La presencia o no de lesiones en el recién nacido, nos ayudará a distinguir entre ambas, orientando el diagnóstico. Los hemangiomas infantiles (HI) son los TV más frecuentes, en general, no están presentes en el momento del nacimiento y suelen desarrollarse o hacerse evidentes en las primeras semanas de vida (existen otros hemangiomas denominados congénitos, mucho menos frecuentes que comentaremos brevemente). Por otro lado, la mancha en vino de Oporto (MVO) es la MV más prevalente y, en la mayoría de los casos, está presente en el momento del nacimiento. La introducción de nuevos fármacos, como el propanolol, en los últimos años, ha supuesto importantes cambios en el abordaje terapéutico de los hemangiomas. Es fundamental reconocer los rasgos que distinguen los TV de las MV, para ofrecer una terapéutica correcta y establecer un pronóstico adecuado en cada paciente (Tabla I).

 

Clasificación de las anomalías vasculares

En 1982, Mulliken & Glowacki clasificaron las AV, según su comportamiento clínico y biológico, en TV y MV. En 1996, la International Society for the Study o Vascular Anomalies (ISSVA)(1) modificó esta propuesta debido a la confusión generada sobre la nomenclatura y, recientemente, en el 2014, se ha vuelto a modificar, con el fin de esclarecer dudas al respecto (Tabla II y VI)(1).

El objetivo de la nueva clasificación es establecer un mismo lenguaje entre los distintos profesionales que tratan estos procesos para la correcta comprensión de pautas diagnósticas y terapéuticas. Los siguientes apartados se dedicarán, por tanto, al desarrollo fundamental de las AV más frecuentes: los HI y la MVO y las asociaciones de mayor interés en la práctica clínica. La versión on-line de la clasificación está disponible en: www.issva.org.

Tumores vasculares: hemangiomas infantiles

Los hemangiomas infantiles (HI) son los tumores benignos más frecuentes en la infancia(2).

Su incidencia es del 1-3% y se estima que hasta el 10% de menores de 1 año presentan un HI(2).Tienen una predilección por el sexo femenino de 3:1. Son más frecuentes en la raza blanca, en los recién nacidos pretérmino, en los de bajo peso al nacer, en recién nacidos de madres con edad materna avanzada y se estima que, en un 21% de los HI, existiría asociación con la exposición a biopsias coriónicas diagnósticas(3). La mayoría son esporádicos, pero hasta un 38% pueden tener un antecedente familiar. La fisiopatogenia de los HI no está del todo esclarecida, sin embargo, se postulan distintas hipótesis, dentro de las cuales destacamos: las mutaciones somáticas de las células progenitoras de los hemangiomas y la regulación aberrante del VEGF (factor de crecimiento vascular endotelial); la teoría placentaria, que hace referencia a un origen placentario por compartir en común el marcador inmunohistoquímico GLUT-1; y la proliferación tumoral inducida por la hipoxia(4). Existe otro grupo de hemangiomas que están presentes desde el nacimiento y son los denominados hemangiomas congénitos. Estos, a su vez, se distinguen por el curso de involución en: rápidamente involutivos (RICH), no involutivos (NICH) y parcialmente involutivos (PICH). Los RICH, por lo general, involucionan antes del año de vida, mientras que los NICH permanecen estables de por vida. Estos hemangiomas son menos frecuentes que los HI y se diferencian por no presentar una fase proliferativa y un GLUT-1 negativo.

Manifestaciones clínicas

Los HI generalmente aparecen como lesiones asintomáticas y solitarias a las 2-3 semanas de vida, sin embargo, entre un 30-65% se encuentra una lesión precursora(4,5).

Esta lesión puede presentarse como un área de telangiectasias con halo blanquecino alrededor, más llamativo con el llanto, una mácula pálida o rojiza o simulando un hematoma (Fig. 1A).

Figura 1. Hemangiomas Infantiles. A) Mancha precursora: mácula hipocrómica y telangiectasias en el interior, en tronco de un neonato. B) HI superficial indeterminado facial. C) HI mixto focal preauricular. D) HI profundo en espalda.

La historia natural de la mayoría es muy característica y cursa en tres etapas (Fig. 2).

Figura 2. Evolución natural de un HI segmentario (sin tratamiento).

La fase proliferativa se caracteriza por un rápido crecimiento dentro del primer año de vida, habiendo alcanzado en la mayoría de los casos, a los 4 meses, el 80% de su tamaño final(5). Es importante el seguimiento en los primeros meses de vida, debido a que es la etapa en donde ocurren la mayoría de complicaciones, desde ulceraciones hasta la deformidad de estructuras anatómicas, especialmente de aquellos HI localizados en la cara. La fase de estabilización dura algunos meses sin cambios en el HI, para luego dar paso a la fase involutiva, que se inicia a partir del primer año de vida y puede durar varios años. Esta fase se caracteriza por el reemplazo de la lesión tumoral por tejido fibroadiposo (Fig. 3C).

Figura 3. HI zonas de riesgo. A) Párpado superior. B) Labio. Secuelas de los HI. C) Tejido fibroadiposo. D) Telangiectasias.

El término involución no quiere decir desaparición completa del HI, como generalmente se piensa. Los signos tempranos que sugieren el inicio de esta fase son: el cambio de coloración a un rojo más apagado y aparición de tonalidades grisáceas o blanquecinas, así como una disminución del tamaño. Existe una regla práctica a recordar que consiste, en que los HI involucionan el 30% a los 3 años de vida, el 50% a los 5 años, el 70% a los 7 años y el 90% entre los 9 y los 12 años. A pesar de esta historia natural característica que facilita el diagnóstico de los HI, algunos presentan gran heterogeneidad en cuanto a su evolución sin conocerse en el momento actual los factores que lo determinan. Aunque la mayoría de HI son asintomáticos, hasta un 10% pueden presentar riesgo de complicaciones y un 1% riesgo vital dependiendo fundamentalmente de su localización(2). Las localizaciones más frecuentes son cabeza y cuello, hasta en un 60%, aunque pueden afectar cualquier parte de la superficie corporal (Fig. 1A-D). La mayoría de los pacientes presentan una sola lesión (80%), mientras que un 20% presentan múltiples lesiones. Los HI han sido clasificados según su aspecto clínico, su distribución y fase evolutiva. Desde un punto de vista clínico, se subdividen, dependiendo de la profundidad en la cual se encuentren los vasos, en: superficiales, profundos y mixtos. Los hemangiomas superficiales son más del 60% de los casos y se caracterizan por ser de color rojo intenso, poseer una superficie brillante y una consistencia suave (Fig. 1B). Los hemangiomas profundos constituyen el 15%, son tumoraciones de consistencia blanda, no compresibles y de límites imprecisos a la palpación, cubiertos por piel normal con un discreto tinte azulado (Fig. 1D). Por último, los hemangiomas mixtos (Fig. 1C), que representan el 25%, presentan ambos componentes, superficial y profundo. Según su distribución, se clasifican en: focales, segmentarios, indeterminados y multifocales (Fig. 1B-D). Los HI focales son los más frecuentes y emergen de un punto en concreto, adquiriendo una forma redondeada (Fig. 1C). Los HI segmentarios abarcan un territorio cutáneo siguiendo un patrón geográfico, coincidiendo con un segmento del desarrollo embrionario (Fig. 2). Estas lesiones ocupan superficies cutáneas más extensas y presentan un crecimiento más agresivo y prolongando. Suelen asociarse a anomalías estructurales, síndromes o a hemangiomas viscerales. Los HI indeterminados no cumplen criterios de focal ni segmentario (Fig. 1B) y los HI multifocales están constituidos por múltiples lesiones. Este término ha sustituido a la antiguamente denominada hemangiomatosis neonatal difusa.

Asociaciones

Los hemangiomas faciales segmentarios pueden presentar anomalías asociadas en un 20-30%(1,6). El síndrome PHACES es una asociación rara, pero bien conocida, que consiste en la presencia de: malformaciones de fosa posterior y cerebrales, hemangioma facial segmentario, anomalías arteriales de los vasos de las ramas aórticas, defectos cardíacos y coartación de aorta, anomalías oculares y defectos del rafe supraumbilical y esternales (Tabla III)(6).

El 90% afecta a mujeres y debemos descartarlo siempre que haya un HI facial segmentario. No es necesario presentar todas las manifestaciones para ser catalogado como un síndrome de PHACES y se estima que el 70% de los casos presentaría únicamente una de las manifestaciones extracutáneas(6,7). Con los acrónimos PELVIS/SACRAL/LUMBAR se hace referencia a alteraciones asociadas a los hemangiomas de la región lumbo-sacra. Las asociaciones más frecuentes son: disrafismo medular, ano imperforado y malformaciones genito-urinarias (Tabla III). Es característico, el hallazgo clínico de desviación y prolongación superior del pliegue interglúteo, dato que debe alertar al pediatra.

Complicaciones

Aunque la mayoría de los HI tiene un curso benigno, algunos pueden presentar complicaciones (Tabla IV).

La más frecuente es la ulceración del tumor. Se estima que entre el 5-13% de los HI, durante su evolución, pueden presentar ulceración, generalmente en la fase proliferativa, causando sangrado y dolor. Las localizaciones de los HI que con mayor frecuencia se ulceran son: labio, región perianal, zona de flexuras y, en general, zonas de roce. Además, los HI por su localización pueden también comprometer funciones vitales, como los labiales o periorales, que dificultan la alimentación (Fig. 3B), y aquellos localizados en la zona periocular, que ocasionan complicaciones visuales, siendo la más frecuente la ambliopía permanente (Fig. 2 y 3A).

Los HI segmentarios faciales, en especial los de la región de la barba o cuello, pueden asociarse a hemangiomas subglóticos, que ponen en riesgo la vida del paciente al producir obstrucciones respiratorias y sangrados. Por otra parte, los hemangiomas de gran tamaño, pueden desencadenar una insuficiencia cardiaca congestiva por alto gasto o asociar trastornos endocrinos, como hipotiroidismo(8).

Diagnóstico y pruebas complementarias

La mayoría de los hemangiomas pueden diagnosticarse sobre la base de la historia y la apariencia clínica.

El diagnóstico diferencial se debe establecer con las MV u otros TV menos frecuentes. En caso de dudas, la biopsia y el análisis inmunohistoquímico de las lesiones puede ayudar a establecer el diagnóstico correcto. El marcador inmunohistoquímico de la proteína transportadora de glucosa (GLUT-1) es positivo para los HI, mientras que el resto de TV y las MV son GLUT-1 negativas. La eco-doppler puede ayudar en caso de duda diagnóstica entre TV y MV.

Los hemangiomas segmentarios faciales y los que afecten la zona lumbosacra o pélvica van a requerir un estudio de imagen por su asociación a manifestaciones extracutáneas. En los hemangiomas segmentarios faciales, debe realizarse: un examen oftalmológico, un ecocardiograma y/o resonancia o angiorresonancia magnética. Además, los hemangiomas segmentarios que afecten la barba, por su riesgo de asociar un hemangioma subglótico, van a requerir una exploración adicional para descartar afectación de la vía aérea. En los de localización lumbosacra, se realizará estudio ecográfico o resonancia magnética de columna y abdomen, así como el correspondiente examen anogenital. Se considera que con 5 o más hemangiomas cutáneos se tiene un mayor riesgo de presentar hemangiomas viscerales, en especial los hemangiomas hepáticos, por lo que en estos pacientes será necesaria una ecografía abdominal(9).

Tratamiento

En el momento actual, el propranolol se considera el tratamiento de primera línea para aquellos hemangiomas que precisen un abordaje terapéutico(10).

Aunque la mayoría de HI presenta un curso benigno y una resolución espontánea sin necesidad de tratamiento, alrededor de un 10% de los HI, como hemos visto anteriormente, dependiendo de su localización, presentan complicaciones(2,10). Existe, por tanto, consenso para el tratamiento de estos casos de forma temprana para evitar dichas complicaciones. Además, en un 50% de los HI no tratados, la involución no es siempre completa, pudiendo quedar áreas de piel redundante o atrófica, la presencia de telangiectasias o de tejido fibroadiposo, que en ocasiones requieren corrección posterior (Fig. 3C-D). Se debe considerar establecer un tratamiento de forma precoz, para disminuir el riesgo de estas secuelas (Tabla V).

El propranolol ha revolucionado el manejo de los HI y hay múltiples publicaciones que así lo confirman(7,10,11). Hasta el descubrimiento casual, en el 2008, de los efectos beneficiosos del propanolol, los corticoides sistémicos habían sido el tratamiento de elección(11). El tratamiento clásico con corticoides sistémicos ha caído en desuso por sus efectos adversos, reservándolos para aquellos hemangiomas resistentes a la terapia con propranolol o en casos de contraindicación o mala tolerancia al mismo. El propranolol es un beta-bloqueante, del que no se conoce con exactitud el mecanismo de acción. No obstante, se postula que genera vasoconstricción, disminución del VEGF y apoptosis de células endoteliales a nivel del hemangioma. Es un tratamiento bien tolerado y que ya no será necesario su uso compasivo, porque recientemente ha sido aprobado por la FDA(10). Antes de iniciar el tratamiento con propranolol, se recomienda un examen cardiológico que incluya un electrocardiograma y ecocardiograma en aquellos casos que lo precisen, además de controles de tensión arterial, frecuencia cardiaca y glucemia(7,9). Se recomienda el inicio de la terapia con propranolol de forma temprana, al primer o segundo mes de vida, aunque su efectividad está comprobada durante sus distintas fases evolutivas, siendo mayor en la fase proliferativa(10). En muchos casos, se observa ya a las 24 horas de iniciar el tratamiento, una reducción importante del tamaño del tumor. La dosis óptima y el tiempo de duración del tratamiento con propranolol varía según las series; no obstante, se ha establecido entre 1-3 ml/kg/día dividido en 3 dosis durante 6-9 meses o el tiempo que dure la fase proliferativa. Cabe resaltar que, tras la suspensión del propranolol, puede haber recrecimiento del hemangioma, en cuyo caso se puede reintroducir de nuevo y habitualmente se vuelve a producir una mejoría clínica(7,10). Los efectos secundarios más importantes son: hipotensión, bradicardia, broncoespasmo, hipoglucemia e hipercalemia(10). Son necesarios más estudios para valorar los efectos del tratamiento a largo plazo. El único beta-bloqueante comercializado y aprobado para uso pediátrico es el propranolol oral. Sin embargo, el timolol y propranolol en formulación tópica, aunque no se encuentran comercializados de momento, son terapias útiles para el tratamiento de hemangiomas pequeños y superficiales localizados en zonas problemáticas, como nariz o labio (Fig. 3A-B)(12). De momento, la recomendación de estos tratamientos tópicos no se puede establecer, ya que aún faltan estudios que respalden su uso(12,13). El tratamiento con distintos láseres es efectivo en la corrección del componente superficial y de las telangiectasias que pueden persistir al involucionar los HI (Fig. 3D), así como en el tratamiento de los hemangiomas ulcerados, ya que aceleran la cicatrización en pocas sesiones evitando el sangrado y el dolor(11). El tratamiento quirúrgico, por su parte, está indicado en aquellos hemangiomas que no respondan al tratamiento médico, los que involucionan parcialmente y aquellos que dejen secuelas inestéticas. Es importante para decidir tratamiento, valorar de forma individual, no solo las características clínicas y posibles complicaciones de los HI, sino el impacto psicológico de estas lesiones en el niño y en la familia, sobre todo, en la edad escolar.

Evolución y pronóstico

Es imprescindible la correcta información a los padres de la evolución y posibles complicaciones para tomar decisiones de forma consensuada. Muchos de estos pacientes van a precisar un abordaje multidisciplinar. La mayoría de los HI regresa espontáneamente, pero hasta un 25% pueden requerir un tratamiento activo, con el fin de evitar complicaciones. El pronóstico estará en función del tamaño y la localización, que marcarán la posibilidad de complicaciones o deformidades estéticas.

Malformaciones vasculares

Las malformaciones vasculares (MV) son anomalías presentes desde el nacimiento, aunque pueden hacerse evidentes en la vida adulta.

La mayoría son esporádicas, aunque en los últimos años, el conocimiento sobre las causas genéticas ha aumentado considerablemente(15). Su incidencia es del 1,5% afectando por igual a ambos sexos(15). Presentan un comportamiento distinto a los hemangiomas, no involucionan y van aumentando de tamaño durante toda la vida como consecuencia de una expansión vascular y del crecimiento fisiológico corporal (Tabla I).

Clasificación

Las MV se dividen en 4 grupos: simples, combinadas, de grandes vasos, antiguamente conocidas como tronculares, y asociadas a otras anomalías(1).

Se subdividen, además, en función del tipo de vaso afectado, pudiendo existir múltiples combinaciones (Tabla VI)(1).

A pesar de los recientes intentos de clasificar las MV (ISSVA 2014), existen una serie de procesos que aún no han podido ser clasificados. Así mismo, el rápido avance en los conocimientos, harán necesarias nuevas revisiones en el futuro. Dado el gran número y complejidad de las MV, haremos referencia en esta revisión a las patologías más frecuentes y de mayor interés para la práctica clínica en Pediatría(16).

Manifestaciones clínicas

Las MV simples se subdividen en: capilares, linfáticas venosas y arteriovenosas.

Las MV simples capilares están clásicamente representadas por la mancha salmón y la mancha en vino de Oporto (MVO).

La mancha salmón, también conocida como nevus simple o, dependiendo de la localización, “mordedura de cigüeña” (occipital) y “beso del ángel” (frontal) (Fig. 4C), están presentes hasta en un 40% de los recién nacidos, afectando por igual a ambos sexos. Se localizan fundamentalmente en la línea media, glabela, nariz, párpados, labio superior y nuca. Desaparecen a la digitopresión y aumentan con el llanto. La mayoría desaparece antes de los 5 años, pero pueden persistir toda la vida, sobre todo las de la nuca.

Figura 4. Malformaciones vasculares capilares. A) Mancha en vino de Oporto facial. B) Mancha en vino Oporto en extremidad superior. C) Mancha salmón.

La MVO, mal llamada Angioma plano, es la MV más frecuente, con una incidencia del 0,1-0,3% de los recién nacidos y sin predilección por sexos(16). Se manifiesta inicialmente como una mácula de coloración rosada–rojiza, de bordes bien definidos, de tamaño variable, que va creciendo proporcionalmente al desarrollo corporal del niño. La localización más frecuente es la región facial, seguida de extremidades y del tronco (Fig. 4A-B). A nivel facial, suele abarcar la superficie cutánea correspondiente a una o varias ramas del trigémino, aunque ocasionalmente pueden traspasar la línea media. La mejilla (V2) es la localización más frecuente, seguida de la mandíbula (V3) y la zona oftálmica (V1). En ocasiones, se acompaña de hipertrofia de tejidos blandos e, incluso, ósea, sobre todo en V2, con afectación de la mucosa gingival y maxilar, que favorece la separación de los dientes y un aumento de volumen del labio muy importante. A lo largo de la vida, adquieren una tonalidad violácea con la aparición, en ocasiones, de lesiones nodulares, que le dan un aspecto en empedrado. Las MV simples linfáticas se clasifican tradicionalmente en: macroquísticas, microquísticas y mixtas. Las macroquísticas son masas de gran tamaño, no pulsátiles, recubiertas por piel de coloración normal, excepto cuando presentan hemorragias intralesionales. Se localizan fundamentalmente en región cervicofacial y axilar. Las microquísticas están mal delimitadas, se localizan con frecuencia en la mucosa oral y se caracterizan por la presencia de múltiples vesículas traslúcidas, a nivel cutáneo o mucoso con aspecto de “huevos de rana”. Algunos pacientes presentan ambos tipos de lesiones.

Las MV venosas simples son las más frecuentes y son lesiones de bajo flujo y crecimiento lento. Existe una gran variabilidad en su presentación clínica. Son lesiones blandas y compresibles a la palpación, de coloración azulada las lesiones más superficiales, y un color de piel normal las lesiones más profundas. La localización más frecuente es la cérvico-facial, especialmente la cavidad oral, lengua y región oro-faríngea, pudiendo ocasionar complicaciones, como: dificultad para la alimentación o la dicción, sangrado y dolor por episodios de trombosis. La presencia de calcificaciones (flebolitos) es considerado un hallazgo patognomónico y se observan claramente en el estudio radiológico y, en ocasiones, también a la palpación. En general, infiltran estructuras adyacentes, como: músculo, glándulas salivares, etc. Las malformaciones venosas, cuando se localizan en extremidades, además de la piel, pueden afectar a músculos, articulaciones y huesos, causando diferencia de tamaño o longitud de la extremidad. Es característico, el dolor matutino y las exacerbaciones con el ejercicio, los cambios hormonales, etc. La realización de la maniobra de Valsalva muestra claramente un aumento del volumen de las lesiones localizadas en cabeza y cuello. Las localizadas en miembros inferiores aumentan en bipedestación, siendo este dato clínico de gran valor para el diagnóstico. Por último, las malformaciones arteriovenosas (MAV) son potencialmente las más agresivas y están compuestas por arterias, venas y capilares malformados, con comunicaciones directas formando los llamados “shunts” o fístulas. Clínicamente, pueden presentarse como lesiones pulsátiles, calientes, rojas y, en ocasiones, dolorosas. Son firmes y a diferencia de las MV no se vacían al presionar sobre ellas. Además, debido a los cambios tróficos cutáneos, pueden presentar ulceración y sangrado. Las localizaciones más frecuentes son: intracraneal, cabeza, cuello, pabellón auricular y frente. Su diagnóstico suele ser tardío y, a veces, se manifiesta tras un traumatismo o por cambios hormonales en la pubertad o embarazo. Las malformaciones vasculares combinadas asocian 2 o más malformaciones vasculares en una sola lesión. Existen múltiples combinaciones entre vasos venosos, arteriales y linfáticos. En ocasiones, pueden asociar otras malformaciones no vasculares (Tabla VI)(1). Las malformaciones de grandes vasos afectan venas, arterias o vasos linfáticos generalmente de un mayor calibre. En este grupo, se incluyen las fístulas arteriovenosas congénitas (Tabla VI)(1). Las MV asociadas a otras anomalías, se relacionan con el sobrecrecimiento óseo, visceral o de partes blandas. Existen múltiples asociaciones que dan lugar a varios síndromes que formarían parte de un mismo espectro, según el momento del desarrollo embrionario en el que se produzca la mutación genética.

Algunos de los más conocidos son: el síndrome de Sturge-Weber en el que se combina la MVO y la afectación vascular de estructuras del ectodermo (meninges y coroides). Presentan complicaciones, como: glaucoma, convulsiones, degeneración cerebral y hemorragias, entre otras(16). El síndrome de Klippel-Trenaunay se relaciona con la hipertrofia de partes blandas o del esqueleto óseo subyacente, ocasionando un aumento del tamaño de las extremidades (Tabla VI)(1).

Diagnóstico

El diagnóstico de las MV es esencialmente clínico. Una correcta historia clínica, en la mayoría de casos, nos ayuda a establecer el diagnóstico de certeza. El principal diagnóstico diferencial se presenta entre la MVO y los HI, sobre todo en las fases precoces. La MVO permanece estable, mientras que la historia natural de los HI es hacia la involución espontánea. El estudio histológico puede ayudar en el diagnóstico diferencial, ya que en las MV, la inmunohistoquímica resulta negativa para GLUT-1. Este estudio es útil para distinguir entre la MVO y los HI; sin embargo, en el resto de las MV, aunque haya datos clínicos que pueden apoyar determinados diagnósticos, dada su complejidad, van a ser necesarios estudios complementarios de imagen para caracterizar el origen vascular y así poder establecer un tratamiento.

Pruebas complementarias

La resonancia magnética es la prueba que más datos aporta en cuanto a la extensión de las lesiones, mientras que, la ecografía-doppler sirve para definir el tipo de flujo y caracterizar el tipo de vaso involucrado en las distintas MV. Otras pruebas útiles, en algunos casos, son: radiografías, arteriografía, flebografía y linfografía.

Complicaciones

Son múltiples las complicaciones que pueden presentarse y van a depender del tipo de MV. En la MVO que afecta las ramas del trigémino V1-V2, la ceguera o glaucoma son complicaciones frecuentes. La hipertrofia de tejidos blandos y mucosos puede provocar distorsiones anatómicas, fundamentalmente en zonas, como labio y mucosa oral, que pueden verse severamente afectados. Las malformaciones linfáticas, dependiendo de la localización y del tamaño, pueden presentar síndromes obstructivos. En general, cualquier MV puede presentar dolor, ulceración y sangrado.

Evolución y pronóstico

Las MV no tienen una involución espontánea, sino que permanecen toda la vida y, en general, van aumentando de tamaño con el paso de los años.

En un 10%, la MVO desarrolla de forma progresiva lesiones nodulares, generando el típico aspecto de empedrado. En general, el pronóstico dependerá del tipo de malformación vascular y sus posibles asociaciones.

Tratamiento

Debido a que las MV no tienen un carácter resolutivo como la mayoría de los HI, en la mayoría de casos, es necesario tomar decisiones terapéuticas. El tratamiento de elección de la MVO es el láser de colorante pulsado(14). Son necesarias varias sesiones para conseguir buenos resultados, aunque hasta en un 30% de casos no se obtiene mejoría. Sigue siendo controvertido el momento de iniciar el tratamiento, aunque en general, se admite que debe ser lo antes posible. Cuando existen lesiones nodulares, deben ser tratadas con láser ND-YAG. En muchos casos, es preciso combinar estas técnicas con cirugía correctora. En el resto de MV, existen diversas terapias dentro de las cuales destacamos la escleroterapia, láser endovascular y la cirugía correctora. Recientemente, se están consiguiendo buenas respuestas con rapamicina(17). Dado que estas enfermedades presentan muchos problemas diagnósticos y terapéuticos que alcanzan a distintas especialidades, tanto médicas como quirúrgicas, es preciso que se haga un abordaje multidisciplinar y los pacientes con procesos complejos sean remitidos a Unidades Especializadas para un tratamiento adecuado.

Función del pediatra en Atención Primaria

El pediatra tiene un papel fundamental en el reconocimiento y seguimiento de las anomalías vasculares del recién nacido, que debe ser sometido a una vigilancia estrecha en las primeras semanas de vida, ya que en el caso de los hemangiomas infantiles que requieran tratamiento, este debe realizarse lo antes posible (primer mes de vida).

• Enviar el paciente a un servicio de Dermatología.

• Detectar localizaciones de riesgo.

• Conocer controles que deben realizarse en pacientes en tratamiento con propanolol oral (Hemangiol).

• Valorar el impacto psicológico en paciente y padres.

Es necesaria una información correcta a los padres, pero teniendo en cuenta que, en determinadas malformaciones vasculares, hay que esperar un tiempo para ir realizando una serie de exploraciones complementarias que nos ayuden a hacer un diagnóstico de certeza.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de los autores.

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Clasificación actual de las anomalías vasculares y recomendaciones de la Sociedad Internacional de Anomalías Vasculares (ISSVA). Fundamental, seguir las actualizaciones que se hacen por grupos de expertos para la utilización de una misma nomenclatura entre todos los profesionales.

Hoeger PH, Harper JI, Baselga E, B, et al. Treatment of infantile haemangiomas: recommendations of a European expert group. Eur J Pediatr. 2015; 174: 855-65.

Revisión completa y actualizada sobre las recomendaciones del tratamiento de los hemangiomas infantiles del Grupo Europeo de Expertos.

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Estudio realizado en 456 lactantes con hemangiomas infantiles, sobre la eficacia del uso del propranolol oral durante 6 meses.

 

Caso clínico

 

Niña de mes y medio, remitida al Servicio de Dermatología por su pediatra, por presentar lesión de aspecto vascular en la mitad derecha de la cara desde la tercera semana de vida. Desde su aparición, los padres observan aumento en la intensidad del color y en el tamaño. Por lo demás, la niña se encuentra sana.

Antecedentes personales: recién nacida a término, con un Apgar 9/9 y bajo peso al nacer.

Antecedentes familiares: padres sanos. Embarazo y parto normal. No antecedentes dermatológicos de interés.

Exploración física: se observa en la mitad derecha de la cara una mácula rojiza que se extiende a lo largo de V1-V2 respetando la línea media. No presenta aumento de temperatura ni latido. No se objetiva ningún otro tipo de lesión cutánea en el resto de la superficie corporal.

Pruebas complementarias: la exploración oftalmológica y el electrocardiograma realizados se encuentran dentro de la normalidad. A continuación, el ecocardiograma descarta defectos cardiacos y en la angiorresonancia cerebral no se objetivan malformaciones en fosa posterior, ni alteraciones en las arterias cerebrales.

Evolución: se inicia tratamiento objetivándose un apagamiento del color rojizo de la mácula y una disminución progresiva del tamaño en las semanas siguientes y sin presentar ninguna complicación.

 

 

 

 

Dermatitis del pañal y trastornos relacionados

J.M. Casanovas Gordó
Temas de FC


T. Pozo Román

Médico Especialista de Dermatología. Jefe de Sección y de la Unidad de Dermatología del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid

 

Resumen

La dermatitis del pañal es un trastorno que ocurre en más del 35% de los niños, sin diferencias de género o raza, como consecuencia generalmente de un mal cuidado de la piel de esa zona y, más excepcionalmente, por enfermedades que alteran de forma importante la función barrera de la piel.
Clínicamente, se manifiesta como un eritema inicialmente en las zonas de roce del pañal. El eritema progresivamente aumenta su intensidad y extensión, pudiendo llegar a producir erosiones y lesiones seudoverrucosas. Se sobreinfecta con facilidad, requiriendo entonces de tratamiento médico.
Es importante considerar siempre la posibilidad de otras enfermedades que se pueden localizar en esa zona, algunas graves, como la enfermedad de Kawasaki o la histiocitosis de células de Langerhans, y otras relativamente frecuentes, como: la miliaria, la dermatitis alérgica de contacto, la dermatitis seborreica, el psoriasis o la dermatitis estreptocócica perianal.
Las medidas preventivas son también el aspecto más importante del tratamiento. En la mayoría de los casos, suele ser suficiente con “airear” la zona y cambiar el pañal con frecuencia, además de limpiar y secar cuidadosamente la zona, sin irritarla. El uso de pañales ultra absorbentes y transpirables ayuda mucho a solucionar el problema. Son también muy útiles las cremas barrera con óxido de zinc.

 

Abstract

Diaper dermatitis is a disorder that occurs in more than 35% of children, no differences in gender or race, usually as a result of a poor care of the skin in that area and exceptionally by diseases that alter significantly the barrier function of the skin.
Clinically it manifests as erythema, initially in the friction areas with the diaper, which gradually increases its intensity and extent, being able to produce erosions and pseudoverrucous papules and nodules. Lesions are infected easily, thus requiring medical treatment.
It is always important to consider other diseases that can be located in that area, some serious as Kawasaki disease or Langerhans Cell Histiocytosis and other more common, as heat rash, allergic contact dermatitis, seborrheic dermatitis, psoriasis or perianal streptococcal dermatitis.
Preventive measures are also the most important aspect of treatment. In most cases it’s enough to aerate the area and change the diaper frequently, in addition to clean and dry the area without irritating. Using ultra absorbent and breathable diapers helps a lot to solve the problem. Barrier creams with zinc oxide are very useful too.

 

Palabras clave: Dermatitis del pañal; Dermatitis irritativa de contacto; Cremas barrera

Key words: Diaper dermatitis; Irritant contact dermatitis; Barrier creams

 

Pediatr Integral 2016; XX (3): 151-158


Dermatitis del pañal y trastornos relacionados

Introducción

La dermatitis del pañal es un trastorno que ocurre en más del 35% de los niños, sin diferencias de género o raza, como consecuencia generalmente de un mal cuidado de la piel de esa zona y, más excepcionalmente, por enfermedades que alteran de forma importante la función barrera de la piel.

Se entiende por dermatitis del pañal, en sentido estricto, a la dermatitis irritativa que aparece en la zona cubierta por el pañal.

Los bebés tienen una piel más delgada que la de los adultos, que produce menos secreciones y que es más susceptible a la irritación y a la infección(1), pero el punto crítico en el desarrollo de la dermatitis del pañal es la oclusión de la piel por el pañal(2).

Si no se cambia el pañal con frecuencia, se produce sobrehidratación y maceración en el estrato córneo, que hace a la piel más sensible a la fricción, alterando la función barrera y permitiendo la exposición de las capas más inferiores de la epidermis a los irritantes. Las enzimas digestivas de las heces (triptasa y lipasa) pueden jugar también un papel en el desarrollo de la dermatitis del pañal, junto con la sobrehidratación y el pH alcalino, que incrementan la actividad de estas enzimas(3,4).

Otros factores que agravarían la dermatitis serían: el mal cuidado de la piel, los microorganismos, las alteraciones de la orina, la diarrea y el uso de antibióticos de amplio espectro(3).

Su prevalencia se estima en más del 35% y ocurre, sobre todo, en neonatos y entre los 8 y 12 meses de edad(5), sin diferencias de género o raza(6). Los bebés alimentados con leche materna parecen tener un riesgo más reducido(1,7).

Clinica

La historia clínica y la exploración son esenciales, ya que no hay ninguna prueba de laboratorio diagnóstica (Figs. 1-9).

El diagnóstico de la dermatitis del pañal es clínico y no hay ninguna prueba de laboratorio que lo confirme. Las lesiones aparecen inicialmente en las zonas convexas(2), que tienen un contacto más directo con el pañal, como son: los genitales externos, las nalgas, los muslos y el periné, respetando característicamente los pliegues. Inicialmente, la lesión es un eritema rosado que si no se controla, se va haciendo cada vez más intenso y confluente hasta afectar también a los pliegues, con exudación (Figs. 1, 2 y 3), y en las formas más severas erosiones y ulceraciones (sifiloide posterosivo de Sevestre-Jacquet [Fig. 4]). Cuando la dermatitis del pañal además de grave, es crónica, da lugar a lesiones seudoverrucosas (Fig. 5).

 

Figura 1. Dermatitis irritativa moderada.

Figura 2. Dermatitis irritativa severa.

Figura 3. Dermatitis irritativa severa + candidiasis.

Figura 4. Sifiloide posterosivo.

Figura 5. Dermatitis irritativa crónica.

Con relativa frecuencia aparece también un área de eritema más o menos lineal, en la raíz de los muslos, que se corresponde con los elásticos del pañal, que carecen de material absorbente, y en la que se produce la irritación por el contacto prolongado de la piel con el material plástico(8).

Las complicaciones más habituales son las infecciones, sobre todo la candidiasis por Candida albicans, con la que hay una correlación significativa(4,9,10). Clínicamente, la candidiasis del pañal cursa con un eritema intenso de tinte rojo violáceo, localizado inicialmente en los pliegues, con formación de pápulas y pápulo-pústulas satélites, alrededor de la lesión inicial (Fig. 6).

Figura 6. Candidiasis.

Las infecciones por estafilococos o estreptococos son también complicaciones de la dermatitis del pañal, que ocurren, sobre todo en las zonas convexas y, clínicamente, son similares a los que aparecen en otras zonas del tegumento. En el caso del impétigo estreptocócico o estafilocócico (Fig. 7), son lesiones erosivas, cubiertas por costras amarillentas y, a veces, ampollas, aunque en este caso suelen asentar sobre una piel eritematosa.

Figura 7. Impétigo.
Fuente: Pediatr Integral 2012; XVI(3): 252.e1-252.e19.

La foliculitis estafilocócica (Fig. 8) se manifiesta por pápulas o pápulo-pústulas en las zonas de más roce(11).

Figura 8. Foliculitis.

La hipopigmentación e incluso la presencia de cicatrices atróficas son también complicaciones de las dermatitis del pañal moderadas o severas.

El granuloma glúteo infantil (Fig. 9) es otra complicación asociada en este caso a la utilización de corticoides tópicos de alta potencia, caracterizada por la aparición de lesiones pápulo-nodulares violáceas o purpúricas de hasta 2 o 3 cm de diámetro, sobre las superficies convexas, que pueden tardar en curar varios meses después de la supresión de los corticoides tópicos, a veces, con cicatriz(12).

Figura 9. Granuloma glúteo infantil.

Diagnóstico diferencial

Es importante considerar siempre la posibilidad de otras enfermedades, que pueden ser graves (Figs. 10-17).

Para el diagnóstico diferencial de las erupciones cutáneas de la zona del pañal, me sigue pareciendo útil la clasificación de Koblenzer de 1973(13):

Causadas por el pañal y que, por tanto, curan cuando ya no hay pañal.

Exacerbadas por el pañal, es decir, que pueden aparecer cuando no hay pañal, pero generalmente con menor gravedad y con características clínicas diferentes.

Independientes del pañal, por lo que pueden aparecer en cualquier otro momento.

Enfermedades relacionadas directamente con el pañal

Dermatitis alérgica de contacto

La dermatitis alérgica de contacto puede asociase a una dermatitis del pañal o aparecer directamente como tal. La causa más frecuente es la alergia a alguno de los componentes de las cremas o toallitas utilizadas para el cuidado de la piel o para el tratamiento de la dermatitis del pañal, pero también a la goma de los pañales(14,15). Las lesiones son áreas eritematosas de contornos bien definidos y que afectan a cualquier parte de la zona cubierta por el pañal. El diagnóstico se puede confirmar con la realización de pruebas alérgicas de contacto(16), pero ante la sospecha, hay que reducir al mínimo los productos empleados en la zona y asociar un corticoide de baja potencia, 2 veces al día.

Miliaria

La miliaria ocurre por el aumento de calor y humedad en la piel cubierta por el pañal y se debe a la retención de sudor ecrino en los ductos. Típicamente (Fig. 10), son pápulas o pequeñas pústulas, en los pliegues, generalmente pruriginosas(14,15). El tratamiento consiste en disminuir la temperatura de la zona “aireándola”. Se puede añadir una pasta grasa o “al agua” en cada cambio de pañal.

Figura 10. Miliaria. Fuente: Pediatr Integral 2012; XVI(3): 252.e1-252.e19.

Enfermedades agravadas por el pañal

Dermatitis seborreica

En la zona del pañal, la dermatitis seborreica se manifiesta como placas eritematosas, bien delimitadas en las ingles, pero sin el componente descamativo habitual en las lesiones del cuero cabelludo. Generalmente, en pocos días, aparecen también lesiones típicas en cuero cabelludo (Fig. 11), detrás de las orejas, etc., que son las que permiten hacer el diagnóstico(14,15). La enfermedad es autorresolutiva en 3-6 meses, pero se pueden usar para su control, corticoides de muy baja potencia, además del lavado de la zona con jabones antifúngicos (ketoconazol 2%).

Figura 11. Dermatitis seborreica.

Psoriasis

Las lesiones de psoriasis en la zona del pañal son placas simétricas, muy bien definidas, eritematosas sin la descamación habitual en otras localizaciones (Fig. 12). Suele haber una historia familiar de psoriasis, que junto con la falta de respuesta a corticoides tópicos de baja potencia, permiten el diagnóstico(14,15). El tratamiento consiste en corticoides de potencia media-alta o inhibidores de la calcineurina.

Figura 12. Psoriasis.

Enfermedades localizadas en la zona del pañal, pero independientes del mismo

Deficiencia de zinc. Acrodermatitis enteropática

La deficiencia de zinc afecta, sobre todo, a niños prematuros, porque sus necesidades de zinc pueden ser superiores a las que les proporciona la leche materna. También ocurre: en situaciones de malabsorción, en el curso de una diarrea prolongada, por una alergia a las proteínas de la leche o en pacientes con fibrosis quística. Son lesiones eritematosas, maculopapulosas, a menudo brillantes, con bordes delimitados y descamación periférica(14,15) (Fig. 13). Ocurren también, alrededor de la boca y ojos y en los pliegues del cuello y se pueden acompañar de: irritabilidad, diarrea, retraso en el crecimiento y alopecia.

Figura 13. Deficiencia de zinc. Acrodermatits enteropática.

La acrodermatitis enteropatica es una alteración autosómica recesiva del metabolismo del zinc, en la que faltan los transportadores del zinc en el intestino que ayudan en la absorción gastrointestinal(14,15). Suele manifestarse cuando los niños cambian de la lactancia materna a la artificial o cuando sus demandas de zinc son mayores que las que la leche de su madre puede proporcionar. El tratamiento consiste en incrementar los aportes de zinc.

Deficiencia de biotina

La biotina está en muchos alimentos y es sintetizada por las enterobacterias, por lo que su déficit es excepcional, apareciendo solo en pacientes con dieta parenteral sin biotina o en tratamiento con antibióticos de amplio espectro durante mucho tiempo. También puede ocurrir en pacientes con déficit congénito de carboxilasas, la holocarboxilasa sintetasa y la biotinidasa. En el primer caso, los síntomas aparecen ya en el recién nacido y en el segundo, después de los 3 meses de edad.

Las manifestaciones cutáneas son similares a las de la acrodermatitis enteropática: lesiones eritemato-descamativas periorificiales. Se asocia también con alopecia, conjuntivitis y glositis, y si la deficiencia persiste, alteraciones neurológicas (irritabilidad, letargia, parestesias, etc.)(15,17). El tratamiento consiste en aumentar el aporte de biotina.

Dermatitis atópica

La dermatitis atópica suele respetar el área del pañal, pero en ocasiones, generalmente en el contexto de lesiones generalizadas, también afecta a esa zona. Son lesiones eritematosas de bordes mal definidos. El diagnóstico se establece por el resto de lesiones en localizaciones típicas(15,18). El tratamiento incluye cremas de corticoides e inhibidores de la calcineurina, además de las medidas de prevención (baños cortos, emolientes, etc.). Es importante también eliminar todos los productos de limpieza y cosméticos que puedan ser irritantes y/o causar sequedad.

Hemangiomas

Cuando se presentan en el área del pañal, los hemangiomas infantiles (Fig. 14) pueden confundirse con eritema y con frecuencia se ulceran (más del 50%). Cuando las lesiones son extensas, es preciso tener en cuenta su asociación con anomalías extracutáneas (urogenitales, renales, etc.)(19).

Figura 14. Hemangioma.

Vitíligo

El vitíligo plantea el diagnóstico diferencial con las lesiones hipocrómicas, postinflamatorias que pueden ocurrir en la dermatitis del pañal cuando curan las lesiones agudas. El vitíligo, sin embargo, habitualmente aparece también en otras localizaciones (alrededor de ojos y labios, dorso de manos, codos, rodillas, axilas, ingles, ombligo, etc.) y presenta antecedentes familiares. Las lesiones típicas son: máculas blancas, asintomáticas de tamaño variable (desde mm hasta cm), que se encuentran rodeadas de piel normal.

Aunque las lesiones de vitíligo pueden curar espontáneamente, es más habitual que persistan; mientras que, las hipocromías que ocurren en la dermatitis del pañal se suelen solucionar espontáneamente, en unos pocos meses.

Enfermedad ampollosa crónica benigna infantil

Se caracteriza por la aparición de ampollas tensas, a menudo agrupadas sobre una piel inflamada, en periné (Fig. 15) y, también, en otras localizaciones (periorales e intraorales sobre todo, pero también en cualquier otra localización).

Figura 15. Enfermedad ampollosa crónica benigna infantil. Fuente: Pediatr Integral 2012; XVI(3): 252.e1-252.e19.

Las lesiones nuevas van apareciendo alrededor de las antiguas formando un collarete. Es rara la presencia de síntomas generales. El diagnóstico se establece por la biopsia y la inmunofluorescencia (depósitos de IgA en la membrana basal)(20). La mayoría responde rápidamente a sulfona o sulfapiridina y solo unos pocos precisan de ciclos cortos de corticoides orales.

Histiocitosis de células de Langerhans

La afectación de las ingles puede ser la primera manifestación de esta rara enfermedad (Fig. 16).

Figura 16. Histiocitosis de células de Langerhans.

Son pápulas hemorrágicas y petequias junto con erosiones y ulceraciones y suele haber también afectación del cuero cabelludo, orejas y mucosa oral. A veces, hay también lesiones en el tronco(14,15). La biopsia de las lesiones nos da el diagnóstico. El tratamiento tópico suele ser ineficaz y es necesario recurrir al sistémico (corticoides orales, ciclosporina, etc.).

Enfermedad de Kawasaki

Es otra enfermedad importante, potencialmente peligrosa para la vida, en la que la erupción perineal puede ser clave para el diagnóstico(14,15). La mayoría de los pacientes tienen un eritema importante y, a veces, pápulas en ingles, que se descaman rápidamente. Se acompañan de: fiebre alta mantenida, adenopatías cervicales, inyección conjuntival, labios rojos, secos y fisurados, lengua aframbuesada, eritema y/o edema de manos y pies con descamación posterior de los dedos en los días siguientes. El tratamiento con inmunoglobulinas IV y aspirina en los primeros días, reduce la prevalencia de alteración de las arterias coronarias.

Infección por virus coxsackie, especialmente A6

La enfermedad boca-mano-pie (Fig. 17), cursa en un porcentaje importante de casos con un exantema vesículo ampolloso y erosivo en otras localizaciones y especialmente en áreas donde hay una dermatitis previa, como es la dermatitis del pañal. La erupción causada por Coxsackie A6 es más exuberante que la causada por otros virus y puede plantear problemas de diagnóstico diferencial(21).

Figura 17. Infección por virus coxsackie.

Sífilis congénita

La sífilis congénita es aquella adquirida en el útero a través de la placenta(14,15,22). La erupción cutánea, que aparece inmediatamente después del nacimiento, suele ser ampollosa (pénfigo sifilítico), además de muy infecciosa, pero si lo hace unas semanas más tarde ya es máculopapulosa, con lesiones rojo-cobrizas pequeñas y que suelen acompañarse de condilomas planos o fisuras perianales, además de síntomas de afectación general (piel seca y arrugada, fiebre, hepatoesplenomegalia y rinitis persistente). El tratamiento es penicilina G acuosa.

Herpes simple

El herpes simple neonatal (perinatal) aparece en los primeros días o semanas después del parto en forma de vesículas o ampollas que progresan a erosiones, a veces, en sacabocados. Puede haber otros síntomas generales asociados, pero el diagnóstico se establece por: la clínica, una tinción de Tzanck o cultivos virales(15). El tratamiento debe hacerse con aciclovir IV por el alto riesgo de diseminación.

Dermatitis perianal estreptocócica

La infección estreptocócica perianal por estreptococos del grupo A beta hemolítico, se caracteriza por un eritema brillante, perianal, sin lesiones satélite, aunque puede extenderse hacia el periné. Hay dolor y puede haber fiebre(15,23). El tratamiento incluye antibioterapia oral y tópica..

Conducta a seguir

Las medidas preventivas, son también la primera medida a tomar cuando ya se ha producido la enfermedad.

Prevención

• “Airear” la zona todo lo posible, al menos, 5-10 minutos en cada cambio de pañal, y cambiar el pañal frecuentemente, aproximadamente cada hora en neonatos y cada 3-4 h en los demás(5,15).

• Limpiar cuidadosamente con agua tibia y una esponja suave y secar también cuidadosamente. Reservar las toallitas (sin alcohol) solo para cuando no se pueda utilizar el agua(24).

• Utilizar pañales ultra absorbentes y transpirables(25,26).

Tratamiento de la dermatitis irritativa del pañal(15,27)

• Corregir las causa si es que la hay (diarrea, características de las heces, etc.).

En cualquiera de las formas clínicas, “airear” la zona todo lo posible y hacer cambios de pañal frecuentes.

En las formas leves (eritema leve y localizado)(15,27): suele ser suficiente con “airear” la zona y cambiar el pañal más frecuentemente, pero se puede añadir una pasta grasa o “al agua” (con óxido de zinc) en cada cambio de pañal(1,5).

En las formas moderadas (eritema intenso y generalizado)(15,27): añadir una pasta grasa o “al agua” (con óxido de zinc) en cada cambio de pañal y si no es suficiente, un corticoide de baja potencia 2 veces al día.

En las formas complicadas (+ cándidas o bacterias)(15,27): si hay una candidiasis, lavado cuidadoso con jabones antifúngicos (ketoconazol 2%) y, si no es suficiente, aplicar una crema con corticoides de baja potencia + antifúngicos (imidazoles o ciclopirox olamina), habitualmente 4-5 días.

En las foliculitis: aplicar una crema antibiótica (ácido fusídico o mupirocina) 2 veces al día, habitualmente 4-5 días.

En el impétigo: fomentos secantes y antisépticos con permanganato potásico 1:10.000 o sulfato de cobre/zinc al 1:1.000, 2-3 veces al día, seguidos de la aplicación de una crema antibiótica (ácido fusídico o mupirocina) o si la inflamación es importante, con corticoides de baja potencia + antibiótico, 2 veces al día, habitualmente 8-9 días. Cuando las lesiones son extensas puede ser conveniente asociar un antibiótico oral (amoxicilina).

En las formas graves (sifiloide posterosivo de Sevestre-Jacquet)(15,27): fomentos secantes y antisépticos con permanganato potásico 1:10.000 o sulfato de cobre o zinc al 1:1.000, seguidos de crema con corticoides de media potencia y antibióticos, 2 veces al día (habitualmente 8-9 días).

En el granuloma glúteo infantil(15,27): suspender los corticoides tópicos y añadir una pasta grasa o “al agua” (con óxido de zinc) en cada cambio de pañal. Puede tardar algunos meses en resolverse.

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24. Ehretsmann C, Schaefer P, Adam R. Cutaneous tolerance of baby wipes by infants with atopic dermatitis, and comparison of the mildness of baby wipe and water in infant skin. J Eur Acad Dermatol Venereol. 2001; 15: 16- 21.

25. Odio M, Friedlander SF. Diaper dermatitis and advances in diaper technology. Dermatology. 2000; 12: 342-6.

26. Akin F, Spraker M, Aly R, et al. Effects of breathable disposable diapers: reduced prevalence of Candida and common diaper dermatitis. Pediatr Dermatol. 2001; 18: 282-90.

27. Gupta AK & Skinner AR. Management of diaper dermatitis. International Journal of Dermatology. 2004; 43: 830-4.

Bibliografía recomendada

Gupta AK, Skinner AR. Management of diaper dermatitis. International Journal of Dermatology. 2004; 43: 830–4.

En cuatro páginas, resume perfectamente los conceptos básicos de lo que es la dermatitis del pañal, su etiología y su manejo.

Coughlin CC, Eichenfield LF, Frieden IJ. Diaper Dermatitis: Clinical Characteristics and Differential Diagnosis. Pediatric Dermatology. 2014; 31 (Suppl.1): 19–24

Este artículo, además de incluir una buena iconografía, explica claramente desde un punto de vista clínico, los principales diagnósticos diferenciales que hay que considerar ante una dermatitis en el área del pañal.

Shin HT. Diaper dermatitis that does not quit. Dermatologic Therapy. 2005; 18: 124–35.

Es el artículo más completo, porque repasa todos los aspectos de la dermatitis del pañal, haciendo especial hincapié en la prevención y tratamiento, y explicando detalladamente los aspectos más importantes de los mismos.

 

Caso clínico

 

Paciente de 8 días de edad, sin antecedentes personales ni familiares de interés. Es remitida a consulta por lesiones en el área del pañal que en pocos días se han ulcerado (Fig. 18). No ha hecho ningún tratamiento.

A la exploración, se aprecia un eritema intenso y difuso en todo el área cubierta por el pañal y lesiones ulceradas en pliegue inguinal derecho con ulceraciones satélite alrededor, cubiertas con esfacelos amarillentos. La paciente tenía buen estado general, aunque lloraba mucho.

 

Figura 18.

 

 

 

Fibrosis quística y sus manifestaciones respiratorias

M. Ruiz de Valbuena Maiz
Temas de FC


M. Ruiz de Valbuena Maiz

Sección de Neumología Infantil. Hospital Infantil Universitario La Paz. Madrid

 

Resumen

La Fibrosis Quística es la enfermedad genética grave con patrón de herencia autosómica recesiva más frecuente en la población caucásica. Es debida a la aparición de mutaciones en el gen regulador de la conductancia transmembrana de la fibrosis quística, que codifica una proteína alterada, la proteína CFTR. Su mal funcionamiento da lugar a que las secreciones del moco habitual que cubre los epitelios sean más espesas, existiendo manifestaciones clínicas relevantes en el aparato respiratorio, el sistema digestivo, los conductos deferentes y las glándulas sudoríparas. La importante morbimortalidad de esta enfermedad está relacionada con esta afectación pulmonar y sus complicaciones, que son responsables del 95% de los fallecimientos de los pacientes. El espectro clínico de la enfermedad pulmonar es extremadamente amplio. Las piedras angulares del tratamiento siguen siendo: conseguir una nutrición óptima y disminuir la obstrucción pulmonar mediante fisioterapia respiratoria y ejercicio, junto al tratamiento precoz de la infección pulmonar. Pero también, se dispone de un nuevo arsenal terapéutico dirigido en su gran mayoría a corregir el defecto básico de la proteína, que está revolucionando en los últimos años el mundo de la FQ. En las últimas décadas, ha pasado de ser una enfermedad infantil a ser una enfermedad de adultos, compleja y multisistémica.

 

Abstract

Cystic fibrosis is a serious autosomal recessive genetic most common in the Caucasian population. It is due to mutations in the cystic fibrosis trasnmebrane conductance regulator gene, encoding an altered protein, the CFTR protein. Malfunction results in thicker mucus secretions usual covering epithelia, having relevant clinical manifestations in the respiratory system, the digestive system, the vas deferens and sweat glands. The significant morbidity and mortality of this disease is related to this lung disease and its complications are responsible for 95% of deaths of patients. The clinical spectrum of pulmonary disease is extremely broad. The cornerstones of treatment remain optimal nutrition, decrease pulmonary obstruction by respiratory physiotherapy and exercise plus the early treatment of lung infection.
But we also have a new therapeutic arsenal directed mostly to correct the basic defect of the protein, which is revolutionizing in recent years the world of CF. In recent decades it has become a childhood illness to a complex and multisystemic disease of adults.

 

Palabras clave: Fibrosis quística; Cribado neonatal; Pseudomonas aeruginosa

Key words: Cystic fibrosis; Newborn screening; Pseudomonas aeruginosa

 

Pediatr Integral 2016; XX (2): 119-127


Fibrosis quística y sus manifestaciones respiratorias

La FQ es la enfermedad genética autosómica recesiva más frecuente de la raza caucásica. Se produce por mutaciones en el gen CFTR que codifica una proteína anómala que regula el transporte de iones en las células epiteliales. Este transporte anormal de iones ocasiona un espesamiento de las secreciones, lo que da lugar a la aparición de manifestaciones clínicas, fundamentalmente a nivel respiratorio y digestivo.

La Fibrosis Quística (FQ) es la enfermedad genética grave con patrón de herencia autosómica recesiva más frecuente en la población de origen caucásico, con una incidencia de 1 de cada 1.800-25.000 recién nacidos vivos, dependiendo de la región y/o etnia de origen. Los resultados obtenidos de los estudios epidemiológicos y de detección precoz neonatal demuestran gran variabilidad en la incidencia de la FQ entre diferentes países y razas. En España, como consecuencia de la implantación desde el año 1999 de los programas de Cribado Neonatal de FQ en las distintas Comunidades Autónomas, se está reconociendo una incidencia inferior a la estimada con anterioridad. En el año 2015, se ha expandido a todas las comunidades y se ha aplicado globalmente a casi 3.000.000 de recién nacidos, detectando 460 pacientes con FQ. Ejemplos de incidencia son: Cataluña, 1/6.631; Castilla y León, 1/5.007; Islas Baleares, 1/5.853; Madrid, 1/6.160; y País Vasco, 1/7.700(1). El porcentaje de portadores sanos también varía, aproximadamente 1 de cada 20-37 personas caucásicas es portadora de una mutación de FQ.

En al año 1989, fue identificado y clonado el gen de la FQ(2). Esta alteración genética es debida a la aparición de mutaciones en el gen regulador de la conductancia transmembrana de la fibrosis quística (CFTR), localizado en el brazo largo del cromosoma 7, consta de 250 Kb, distribuidos en 27 exones, y codifica una glicoproteína de 1.480 aminoácidos, la proteína CFTR(3). Esta proteína está situada en la membrana apical de las células epiteliales de diferentes sistemas y órganos, regulando los canales de transporte de cloro y sodio y la activación de otros canales secundarios que participan en el transporte de electrolitos(4). Este transporte anormal de iones ocasiona un espesamiento de las secreciones, lo que da lugar a la aparición de manifestaciones clínicas a nivel respiratorio (afectación pulmonar progresiva) y digestivo (insuficiencia pancreática y hepatopatía), sin olvidar otras, como la deshidratación por pérdida de iones en sudor o la azoospermia obstructiva por agenesia de los conductos deferentes, que ocasiona infertilidad en los varones.

A fecha de hoy, se han descrito 2.007 mutaciones del gen CFTR, siendo la mayoría de ellas, mutaciones puntuales mínimas en las que solo se ve afectado un nucleótido que causa diferentes efectos. Las mutaciones se encuentran disponibles para consulta en la Cystic Fibrosis Mutation Database (http://www.genet.sickkids.on.ca/app). La primera mutación descrita, y la más frecuente a nivel mundial, es la Phe508del, pero existen otras mutaciones específicas cuya frecuencia varía entre los distintos grupos étnicos. En España se ha descrito una frecuencia media de la Phe508del de entre 50-60% del total de los cromosomas estudiados, siendo la segunda en frecuencia la Gly542X, con un 4-8%, seguida por la Asn1303Lys con un 2-4%. Dependiendo del efecto a nivel de la proteína, las mutaciones del gen CFTR pueden agruparse en seis clases funcionales (Fig. 1).

Figura 1. Clases de mutaciones de CFTR. Tomado de Rowe SM, Miller S, Sorscher EJ. Cystic Fibrosis. N Engl J Med. 2005; 352:1992-2001.

Las mutaciones de clase I conducen a un codón de parada prematuro en el ARN mensajero que impide que la proteína se traduzca al completo. Por tanto, la proteína producida es corta y no funcionante. Las mutaciones de la clase II codifican una proteína mal plegada, estructuralmente anormal, y que se elimina por el retículo endoplásmico antes de llegar a la superficie de la célula. A este grupo pertenece la Phe508del. En las mutaciones de las clases III a VI las proteínas llegan a la superficie de la célula, pero no funcionan adecuadamente. En el caso de las mutaciones de clase III, tienen disminuida la activación del canal y permanecen cerradas. Las mutaciones de clase IV provocan una disminución de la conductabilidad de iones a través del canal. Las mutaciones de clase V codifican proteínas en menor cuantía, que resulta en una cantidad reducida de CFTR en la superficie celular, por lo que se produce una cierta función, pero a un nivel disminuido. Finalmente, las mutaciones de la clase VI conducen a una vida media acortada, debido a la inestabilidad de la proteína y también pueden dañar la regulación de los canales vecinos a la CFTR en la superficie celular. Algunas mutaciones pueden tener propiedades de más de una clase. Las mutaciones de clase I, II y III se conocen como “mutaciones graves”, ya que se asocian con formas clínicas más graves, mientras que las mutaciones de clase IV y V son “mutaciones leves”, asociadas con formas clínicas menos severas.

La importante morbimortalidad de esta enfermedad está relacionada con la afectación pulmonar y sus complicaciones, que son responsables del 95% de los fallecimientos de los pacientes. En la década de los 50, los pacientes fallecían antes de los 2 años, en la década de los 70, la mediana de supervivencia se incrementó hasta los 15 años. En el año 2013, la Cystic Fibrosis Foundation (CFF) publicó en su registro anual una mediana de supervivencia de 40,7 años. El aumento tan importante de la supervivencia de estos pacientes, en los últimos años, es debido a una serie de factores, entre los que ha contribuido de forma determinante la implantación de los programas de cribado neonatal. En los países o comunidades donde se realiza, la norma de actuación va dirigida al diagnóstico precoz de la enfermedad, que puede llevarse a cabo mediante un seguimiento clínico estricto, estudios de imagen y funcionales seriados, evaluación de marcadores serológicos e inflamatorios y detección rápida de la adquisición de microorganismos, con el fin de permitir la instauración racional de una terapia precoz y agresiva.

Diagnóstico

La prueba del sudor sigue siendo la herramienta fundamental para el diagnóstico de la FQ.

Actualmente, en la mayoría de países desarrollados, el diagnóstico se realiza en recién nacidos mediante cribado neonatal(5). La prueba del sudor continúa siendo hoy la herramienta fundamental para la confirmación del diagnóstico. Los recientes Consensos de la Sociedad Europea de FQ (ECFS)(6) y el americano de la CFF(7) basan el diagnóstico en esta prueba, al reconocer las limitaciones del conocimiento sobre la repercusión clínica real de algunas de las mutaciones asociadas a la FQ. Por tanto, la calidad en su realización por personal especializado es fundamental.

De acuerdo con el Consenso Europeo, se establece el diagnóstico de FQ con una concentración de Cl en sudor >59 mmol/l y/o 2 mutaciones CFTR causantes de FQ en trans al nacimiento, o a cualquier edad asociado a manifestaciones clínicas características, entre las se incluyen, pero no son exclusivas: bronquiectasias difusas, cultivos de esputo positivos para patógenos asociados a FQ (en especial, Pseudomonas aeruginosa [Pa]), insuficiencia pancreática exocrina, síndrome pierde-sal y azoospermia obstructiva en varones (Tabla I).

Se establece el diagnóstico de “Fibrosis Quística no Clásica o Atípica”, si existen, al menos, una de las características fenotípicas citadas, y la prueba del sudor “borderline” (Cl 30-60 mmol/l), junto con la detección de 2 mutaciones y/o una diferencia de potencial nasal (DPN) alterado. Estos pacientes tienen, generalmente, suficiencia pancreática y enfermedad pulmonar más leve, y la afectación clínica puede ser de uno o varios órganos.

Fisiopatología de la enfermedad pulmonar

El insuficiente o nulo funcionamiento de la proteína CFTR provoca alteraciones en el transporte de los iones, a nivel de todas las células donde se expresa esta proteína, existiendo manifestaciones clínicas relevantes en el aparato respiratorio, el sistema digestivo (páncreas, hígado), los conductos deferentes y las glándulas sudoríparas, dando lugar a que las secreciones del moco habitual que cubre los epitelios sean más espesas.

La enfermedad pulmonar en la FQ afecta fundamentalmente a las vías aéreas, en tanto que los alvéolos y el intersticio pulmonar no son afectados hasta etapas muy tardías. La expresión del CFTR se da en las células epiteliales de las vías aéreas, sobre todo en las células serosas de las glándulas submucosas bronquiales. La alteración del transporte iónico produce una deshidratación del líquido periciliar de la superficie de la vía aérea, transformando el moco en una secreción espesa y deshidratada. Este aumento de la viscosidad del moco impide un correcto aclaramiento mucociliar(8). Todo ello favorece la colonización bacteriana crónica asociada a una respuesta inflamatoria neutrofílica alterada y mal regulada. Ambos procesos, la infección y la inflamación crónica, producen un círculo vicioso de destrucción tisular, obstrucción del flujo aéreo, aparición de bronquiectasias y otras complicaciones, que determinan una destrucción del tejido pulmonar y, finalmente, conducen a un fallo respiratorio que produce la mayor parte de los casos de morbimortalidad por esta enfermedad(9) (Fig. 2).

Figura 2. Fisiopatología de la afectación respiratoria en FQ.

Manifestaciones clínicas de la enfermedad pulmonar

En las últimas décadas, la FQ ha pasado de ser una enfermedad infantil, con afectación digestivo-nutricional y respiratoria, a ser una enfermedad de adultos, compleja y multisistémica. En la actualidad, la población de pacientes mayores de 18 años ronda el 50%(10). Por otra parte, tras la instauración de los programas de cribado neonatal, estamos asistiendo a un gran cambio en las características clínicas de los niños diagnosticados de FQ, en los que no existen signos evidentes de enfermedad, produciendo un cambio sustancial en la forma de actuación de todos los grupos relacionados con la enfermedad. De todas formas, y a pesar de la instauración del cribado neonatal, continúa siendo fundamental conocer las manifestaciones respiratorias de la FQ para realizar una prevención y tratamiento adecuados, con el fin de enlentecer su progresión y su ineludible deterioro. Esta enfermedad condiciona graves problemas físicos y psicosociales que alteran la calidad de vida de los enfermos, de sus familiares y de todo su entorno social. Debido a la complejidad de la enfermedad, se aconseja que los pacientes sean tratados en unidades especializadas con equipos multidisciplinares, pues esta circunstancia ha mejorado la calidad de vida y la supervivencia de los pacientes.

El espectro clínico de la enfermedad pulmonar es extremadamente amplio y abarca desde lactantes asintomáticos, diagnosticados mediante cribado neonatal o por síntomas clínicos extrapulmonares (gastrointestinales, deshidratación), a niños mayores e incluso adultos con síntomas respiratorios crónicos de larga evolución y enfermedad pulmonar avanzada. Algunos pacientes pueden debutar en los primeros meses de vida con síntomas respiratorios precoces, a menudo, en forma de bronquiolitis de tórpida evolución. Con el paso del tiempo, en la adolescencia o tercera década, las manifestaciones respiratorias se van haciendo más llamativas, especialmente cuando se desarrollan bronquiectasias y aparece tos productiva con esputo amarillento, verdoso y viscoso, y se aíslan los microorganismos característicos de esta enfermedad. Algunos pacientes presentan neumonías de repetición acompañadas en muchas ocasiones de signos de hiperinsuflación pulmonar, y otros son etiquetados de asmáticos de mala evolución.

Esta cronología puede verse alterada en los pacientes diagnosticados por cribado neonatal debido al diagnóstico precoz de la enfermedad y al tratamiento precoz y agresivo de la misma. La evolución clínica va a ser muy variable de un paciente a otro. La gravedad de la enfermedad podría estar modulada genéticamente, en probable relación con la acción de CFTR y otros factores genéticos (genes modificadores), e influenciada por factores ambientales, situación psicosocial del enfermo y asistencia médica prestada. La relación fenotipo-genotipo está bien establecida para la insuficiencia pancreática, pero no para la gravedad de la afectación pulmonar(11).

La exploración física torácica es, a menudo, normal durante años. En casos con enfermedad pulmonar avanzada, se aprecia taquipnea y anomalías auscultatorias, en forma de crepitantes, roncus y, ocasionalmente, sibilancias e hipoventilación alveolar. La configuración del tórax puede estar alterada con tórax en quilla y cifosis. A nivel de la vía aérea superior, puede existir obstrucción nasal, poliposis y otitis media. La presencia de acropaquias puede aparecer con la progresión de la enfermedad y en relación muchas veces con la gravedad de esta.

El comienzo de los síntomas clínicos persistentes se asocia a otros cambios, como la evidencia radiológica de bronquiectasias y el empeoramiento de la función respiratoria. Se afecta inicialmente la vía aérea pequeña por la obstrucción, lo que origina alteración parcheada de la ventilación/perfusión, atrapamiento aéreo y atelectasias. El patrón en la espirometría forzada es obstructivo, con un descenso del FEV1 (volumen espiratorio forzado en el primer segundo) y de la relación FEV1/CVF (capacidad vital forzada). En fases más avanzadas, se observa un patrón mixto obstructivo y restrictivo, con atrapamiento aéreo. Un 25-50% de enfermos pueden cursar con hiperreactividad bronquial con prueba broncodilatadora positiva.

La mayoría de los pacientes pueden presentar radiografía de tórax normal durante años. Los cambios iniciales consisten en hiperinsuflación con aplanamiento de las cúpulas diafragmáticas y engrosamientos peribronquiales. A medida que la enfermedad progresa, se pueden hacer evidentes otras alteraciones, como: imágenes nodulares y micronodulares de impactación mucosa en los bronquios, imágenes de bronquiectasias, bullas subpleurales y, en fases más avanzadas, condensaciones multifocales e imágenes cavitadas que representan grandes bronquiectasias quísticas con niveles hidroaéreos. Las bronquiectasias suelen ser más acusadas en los lóbulos superiores. Los cambios en la TC torácica son mucho más precoces y se pueden encontrar alteraciones incluso en lactantes y niños pequeños, aunque estén asintomáticos y con función pulmonar normal(12). Existen distintos sistemas de puntuación o escalas para cuantificar los cambios apreciados en la Rx de tórax, las más utilizadas: las de Bransfield y la de Crispin-Norman. La escala de Bhalla es la más difundida para cuantificar las lesiones encontradas en la TC.

Colonización patogénica broncopulmonar

El árbol bronquial del paciente con FQ constituye un nicho ecológico favorable al sobrecrecimiento de los microorganismos. El proceso de inflamación inicial, mediado en parte como consecuencia de las mutaciones en el gen CFTR, tiende a exacerbarse por la presencia de los microorganismos que terminan por colonizar de forma crónica la superficie mucosa, ejerciendo un claro deterioro de la función pulmonar.

En FQ, se suelen utilizar indistintamente los términos “colonización” e “infección”, cuando se hace referencia a la presencia de los microorganismos en la mucosa respiratoria. En general, un estado de “infección” suele indicar un efecto patogénico derivado de la invasión de un tejido, situación que es excepcional para los microorganismos en la FQ, incluido Pa. Por el contrario, la “colonización” se produce por el sobrecrecimiento de microorganismos sobre una superficie mucosa y la patogénesis se desencadena de manera pasiva por liberación de exoproductos y el efecto inflamatorio local. Por ello, en FQ se ha acuñado el término de “colonización patogénica”, que define un estado de colonización con efectos patogénicos(13). También, se asocian a determinadas características de su crecimiento y adaptación al medio, como la formación de biopelículas (biofilms) y el carácter hipermutador.

Los microorganismos que colonizan la vía aérea de los pacientes con FQ presentan una secuencia temporal relativamente establecida y asociada a la edad del paciente (Fig. 3).

Figura 3.

Evolución de los microorganismos que colonizan la vía aérea en el paciente con FQ en función de la edad. BGNNF: bacilos Gram negativos no fermentadores.

Tomado de Cantón R, Fernández Olmos A. Colonización patogénica broncopulmonar. En: Salcedo A, Gartner S, Girón RM, García MD, ed. Tratado de Fibrosis Quística. Ed: Justim S.L. 2012; p. 97-107.

Durante las primeras etapas de la vida, las infecciones víricas propias de la infancia (también en el individuo no afecto de FQ) pueden provocar la denudación del epitelio pulmonar, favoreciendo la colonización bacteriana recurrente y el estado local de inflamación crónica. Se ha demostrado que algunos virus (Adenovirus y Coronavirus) y también determinadas bacterias (Mycoplasma pneumoniae y Chlamydophila pneumoniae) estimulan el sistema fagocítico, favoreciendo la descamación del epitelio y la atracción de los neutrófilos. Con ello se favorece la respuesta inflamatoria presente en el tracto respiratorio, que puede evidenciarse incluso antes de que se aíslen los patógenos clásicos y característicos de la FQ.

Tras este período inicial, la colonización más frecuente es la causada por Staphylococcus aureus (Sa) y Haemophilus influenzae. Streptococcus pneumoniae coloniza también la mucosa respiratoria en las primeras etapas, pero su presencia no es más frecuente que en los niños de igual edad sin FQ; no obstante, presentan unos perfiles de resistencia mayores que en estos. Sa es a menudo el patógeno que inicia el proceso de colonización crónica que caracteriza a los pacientes con FQ. Recientemente, han aumentado las descripciones de aislados de Sa resistentes a la meticilina (SAMR). Conforme avanza la edad del paciente y la progresión de la enfermedad, decrece la colonización por Sa y aumenta el aislamiento de Pa, que se incrementa de forma gradual hasta convertirse en el patógeno más frecuente en la edad adulta, la cual se ha asociado al deterioro progresivo e irreversible de la función pulmonar, siendo la infección endobronquial crónica por este microorganismo, la causa más importante de morbimortalidad en estos pacientes. Haemophilus influenzae aparece con menor frecuencia, junto con otras especies, como: Burkholderia cepacia, Achromobacter xylosoxydans o Stenotrophomonas maltophilia(14).

Además, en los pacientes adultos o multitratados con antimicrobianos, no es raro encontrar en el tracto respiratorio Aspergillus fumigatus y diversas especies de Candida. Mientras que estas últimas suelen considerarse microorganismos saprofitos sin interés clínico, Aspergillus fumigatus se asocia con la aspergilosis broncopulmonar alérgica (ABPA). Por último, no es infrecuente en los pacientes también multitratados, el aislamiento de micobacterias atípicas, sobre todo, Mycobacterium avium, siendo excepcional el aislamiento de Mycobacterium tuberculosis. En la mayoría de los pacientes, hasta en el 70%, el patrón de colonización bronquial no siempre es monomicrobiano y pueden coexistir diferentes patógenos.

La vigilancia microbiológica, mediante el cultivo de esputo, se realizará cada 1-3 meses y en las reagudizaciones respiratorias. En los pacientes incapaces de expectorar, se recogerá una muestra mediante frotis faríngeo, aspirado nasofaríngeo o esputo inducido. Aunque el lavado broncoalveolar sería el método ideal, este solo se practicará en situaciones especiales. Se aconseja tratar de forma individualizada las muestras de estos pacientes en laboratorios de microbiología especializados para poder identificar microorganismos no habituales.

Tratamiento de la enfermedad pulmonar

El tratamiento se basa en tres pilares fundamentales: la nutrición, la rehabilitación respiratoria y el tratamiento de la infección-inflamación respiratoria.

Las posibilidades terapéuticas actuales y de futuro inmediato están en relación con los diferentes niveles del proceso fisiopatológico. Los pilares básicos del tratamiento del paciente con FQ son: el soporte nutricional adecuado, la terapia de reemplazo con enzimas pancreáticos en aquellos pacientes con insuficiencia pancreática; la rehabilitación respiratoria junto con otros tratamientos que mejoran el aclaramiento mucociliar; y el tratamiento de la infección e inflamación crónica de la vía respiratoria. Además de estos tres pilares básicos, estaría la detección precoz y tratamiento de las enfermedades asociadas a la FQ, como: diabetes, osteopenia y/o hepatopatía.

Rehabilitación respiratoria y ejercicio físico

La fisioterapia respiratoria es uno de los pilares básicos del tratamiento, con el objetivo de movilizar y drenar las secreciones, disminuyendo el riesgo de infección y la mejoría de la función pulmonar. Debe iniciarse lo más precoz posible, incluso en aquellos pacientes con afectación pulmonar leve o en los lactantes diagnosticados por cribado neonatal. Se aconseja realizarla 2 veces al día, intensificándola en las reagudizaciones y adaptándola a la edad del paciente con diferentes técnicas que se pueden combinar entre ellas(15). El ejercicio físico tiene también un papel central, dado que favorece la eliminación de secreciones, mejora la capacidad aeróbica y la resistencia cardiovascular y, cuando la duración del programa es suficientemente larga en el tiempo, hay evidencias de que mejora la función pulmonar y la calidad de vida del paciente.

Tratamientos que mejoran el aclaramiento mucociliar

• Agentes mucolíticos: la enzima DNAsa recombinante (Pulmozyme®) destruye el ADN liberado por los neutrófilos, que es el causante del aumento de la viscosidad de las secreciones. Se recomienda en pacientes mayores de 6 años de edad con afectación moderada-grave. Su utilización en casos leves es más limitada. La dosis habitual es una ampolla de 2,5 mg nebulizada sin diluir una vez al día(16).

• Agentes osmóticos: el suero salino hipertónico (6-7%) nebulizado actúa como agente osmótico, restaurando la superficie líquida de la vía aérea y mejorando de este modo el aclaramiento mucociliar. A largo plazo, ha demostrado beneficios sobre la función pulmonar y la disminución de las exacerbaciones respiratorias(17). El beneficio de la inhalación en pacientes con FQ con una afectación pulmonar importante está bien establecido, pero el efecto en los pacientes con enfermedad pulmonar más leve aún no es tan claro. Las directrices actuales recomiendan el tratamiento mantenido dos veces al día en pacientes mayores de 6 años de edad.

Terapia antiinflamatoria

• Los corticoides orales solo se utilizan en ocasiones muy concretas. No se recomienda su uso crónico. Actualmente, solo está probada una buena relación beneficio/riesgo en: ABPA, broncoespasmo grave intratable, enfermedad grave de la pequeña vía aérea y enfermedad terminal, siendo preferible utilizar preparados sin recubrimiento entérico. En cuanto a los corticoides inhalados, la evidencia es insuficiente para establecer si los corticoides inhalados son beneficiosos en la FQ, por lo que este tratamiento solo podría ser recomendado en pacientes con hiperreactividad bronquial documentada.

• El ibuprofeno se ha empleado en algunos estudios con resultados variables. Diferentes estudios han mostrado que la administración de ibuprofeno a dosis elevadas consigue una mejoría radiológica y nutricional, una reducción del número de hospitalizaciones y una recuperación significativa del FEV1. Sin embargo, su uso está ligado a importantes efectos secundarios, aunque los beneficios podrían superar a las complicaciones. Según la CFF, este tratamiento estaría indicado en niños mayores de 6 años con buena función pulmonar (FEV1>60%) y sin empleo de otros medicamentos nefrotóxicos y con la necesidad de monitorización farmacocinética.

• Los macrólidos son fármacos capaces de modular la producción de citoquinas y la respuesta inmune, inhibir la síntesis de proteínas bacterianas, reducir la formación de biofilms y atenuar los factores de virulencia. Se recomienda su uso en pacientes mayores de 6 años crónicamente colonizados por Pa. Se aconseja utilizar azitromicina oral, 3 días/semana, en una sola dosis diaria (10 mg/kg, en pacientes con peso <40 kg, o 250-500 mg, en los >40 kg). Se requiere un periodo mínimo de 4-6 meses de tratamiento, no debiendo iniciarse si existe infección bronquial por micobacterias no tuberculosas, ya que los macrólidos son parte del régimen terapéutico frente a ellas.

Tratamiento de las infecciones respiratorias

La terapia antibiótica en pacientes con FQ está dirigida a la prevención, erradicación y control de la infección respiratoria. El tratamiento precoz e intensivo de las primeras colonizaciones, como la de Pa, la mejoría en las estrategias del tratamiento de las reagudizaciones, así como de la infección crónica, han logrado disminuir la morbilidad de estos pacientes y un aumento en la supervivencia durante los últimos años. El uso de antibióticos en FQ difiere de su uso en pacientes no afectos de la enfermedad, ya que la indicación del tratamiento antibiótico es menos restrictiva, tratándose, por lo general, los patógenos bacterianos aislados en las muestras respiratorias. Los pacientes con FQ, además, presentan particularidades farmacocinéticas diferentes a los individuos sanos, especialmente con los aminoglucósidos y los betalactámicos. El volumen de distribución de estos fármacos está aumentado, existe un mayor aclaramiento por vía renal y, en consecuencia, su vida media está disminuida. Por tanto, se deben establecer medidas destinadas a salvar estas diferencias, como son: el uso de dosis más elevadas y su administración durante períodos de tiempo más prolongados. En cuanto a la vía de administración, los antibióticos se pueden administrar por vía oral, inhalada o intravenosa, en función de la situación clínica del paciente, del patógeno aislado y de su antibiograma. El empleo de antibioterapia inhalada permite obtener un mayor depósito del fármaco a nivel local, en la vía aérea, a la vez que disminuye la exposición y el efecto tóxico en el resto del organismo.

Pa es el patógeno más importante en la infección broncopulmonar en FQ. La colonización-infección crónica por este microorganismo se relaciona claramente con una mayor morbilidad y mortalidad, por lo que en la actualidad se recomienda, de forma global, un tratamiento precoz e intensivo ante su primer aislamiento como medida eficaz para evitar el deterioro en la función pulmonar, derivado de la colonización crónica por este patógeno. La reducción de su carga bacteriana es el objetivo terapéutico en la infección crónica y en las exacerbaciones. Recientemente, se ha publicado una actualización del “Grupo Español de Consenso del Tratamiento Antimicrobiano en el Paciente con FQ para la prevención y el tratamiento de la infección bronquial por Pa(18). El tratamiento antibiótico, por tanto, va a estar indicado en las siguientes situaciones:

• Tratamiento precoz y agresivo de la primoinfección por Pa. Han sido muchos y variados los tratamientos antibióticos que se han ensayado para el tratamiento de la primoinfección por Pa, pero la mejor estrategia terapéutica y la duración de la misma están aún por definir. El consenso español, en la infección inicial, recomienda tratamiento inhalado con colistina (0,5-2 MU/12 h, 1 mes), tobramicina (300 mg/12 h, 28 días) o aztreonam (75 mg/8 h, 28 días) con o sin ciprofloxacino oral (15-20 mg/kg/12 h, 2-3 semanas). Si el paciente presenta clínica de exacerbación, en el caso de síntomas leves, se recomienda siempre tratamiento oral con ciprofloxacino y, en las graves, tratamiento intravenoso (beta-lactámico asociado a un aminoglicósido o una fluoroquinolona) durante 2-3 semanas.

• Tratamiento crónico de mantenimiento de la infección crónica por Pa. En la infección crónica, se recomienda solo vía inhalada en tratamiento continuo con colistina o en ciclos on-off de 28 días con tobramicina o aztreonam.

• Tratamiento de las exacerbaciones. Los pacientes con FQ en el curso de su enfermedad presentan reagudizaciones o exacerbaciones de la infección pulmonar, no necesariamente manifestadas mediante síntomas respiratorios (Tabla II), por lo que pueden ser difíciles de reconocer, si bien, suelen acompañarse de un deterioro funcional.

En estas circunstancias, es necesario iniciar un tratamiento antibiótico, más o menos agresivo, con el fin de restablecer la situación clínica y funcional previa del paciente. La cepa causante de las reagudizaciones suele ser, en la mayoría de los casos, la misma que en la fase estable, por lo que se puede iniciar un tratamiento empírico basado en los cultivos previos. En el caso de Pa, durante las exacerbaciones leves-moderadas, se recomienda tratamiento oral con ciprofloxacino y, en las graves, tratamiento intravenoso (beta-lactámico asociado a un aminoglicósido o una fluoroquinolona) durante 2-3 semanas. En el tratamiento endovenoso, se recomienda el empleo combinado de diferentes antibióticos, con la finalidad de reducir la aparición de resistencias que podría, por el contrario, verse favorecida con la monoterapia. Se deben emplear fármacos con diferentes mecanismos de acción para aprovechar el efecto sinérgico. El régimen del tratamiento antibiótico puede ser hospitalario o domiciliario en función de la situación clínica del paciente, la gravedad de la exacerbación y el ambiente sociofamiliar.

Los intentos por validar nuevos antibióticos inhalados y nuevos sistemas de administración para su uso son una constante. En un futuro cercano, se dispondrá en España de nuevos antimicrobianos, como la colistina en polvo seco, y otros antibióticos inhalados en fase avanzada de desarrollo clínico con resultados prometedores, como: amikacina liposomal, fosfomicina/tobramicina, levofloxacino solución y ciprofloxacino en polvo seco. Estudios futuros sustentarán la rotación y nuevas combinaciones de antimicrobianos. Se deben establecer también medidas epidemiológicas que eviten nuevas infecciones y la transmisión de Pa.

Tratamiento de las complicaciones respiratorias no infecciosas

Atelectasia: si la causa es un tapón de moco intrabronquial, se tratará con: antibióticos intravenosos, broncodilatadores, mucolíticos y fisioterapia respiratoria intensiva. Si no hay respuesta al tratamiento, se puede realizar una fibrobroncoscopia para aspirar las secreciones espesas e instilar localmente DNasa o suero salino hipertónico.

Neumotórax: se produce por rotura de bullas en la pleura visceral y aparece en un 4% de los pacientes, en general, con enfermedad avanzada. Los síntomas de dolor torácico agudo y disnea nos deben hacer sospechar. El paciente debe ser siempre enviado al hospital ante la sospecha. En caso de neumotórax pequeño (<20% del volumen del hemitórax), se trata con medidas conservadoras (ingreso, reposo y oxigenoterapia). Si es de tamaño superior y/o existe inestabilidad clínica, se tratará con tubo torácico de drenaje y oxigenoterapia y, si no se resuelve o es de repetición, se recomienda pleurodesis quirúrgica.

Hemoptisis: se produce por la erosión de las arterias bronquiales hipertrofiadas, dilatadas y tortuosas que vascularizan las bronquiectasias. Habitualmente, suele ser un signo de infección pulmonar o bien por el uso de fármacos antiinflamatorios no esteroideos o déficit de vitamina K. El tratamiento será corregir la causa precipitante y administrar antibióticos. En caso de hemoptisis masiva (240 ml en 24 h), se realizará ingreso hospitalario, preservar la vía aérea, la estabilidad hemodinámica y se iniciará tratamiento antibiótico. Algunos pacientes precisan embolización de las arterias bronquiales, que debe realizarse en centros con experiencia.

ABPA: se produce como resultado de una reacción de hipersensibilidad al hongo A. fumigatus. Afecta al 6-11% de los pacientes. Su diagnóstico se dificulta por la similitud de los síntomas y signos con una exacerbación respiratoria, y se manifiesta por un deterioro clínico y funcional que no responde al tratamiento habitual. Hay unos criterios diagnósticos basados en el deterioro clínico, respuesta inmunitaria al hongo y cambios radiológicos y/o funcionales. El tratamiento de elección son los corticoides sistémicos y antifúngicos (itraconazol o voriconazol). En casos resistentes a corticoides, se puede ensayar omalizumab.

Otros tratamientos

Oxigenoterapia y apoyo ventilatorio: cuando el paciente está hipoxémico, solo durante el sueño, se puede indicar oxigenoterapia nocturna para mantener SatO2 en rango normal, siempre y cuando no retenga CO2. Si el paciente tiene hipoxia o disnea diurna, se debe indicar oxigenoterapia continua (o el mayor número de horas que tolere) para evitar o retrasar la situación de cor pulmonale. La ventilación no invasiva ha demostrado su eficacia en pacientes con insuficiencia respiratoria crónica y en el tratamiento de las reagudizaciones en algunos pacientes.

Trasplante pulmonar: se considera una importante opción terapéutica cuando la función pulmonar está muy afectada y la calidad de vida muy deteriorada, por lo que se indica en pacientes menores de 65 años, con enfermedad pulmonar avanzada sintomática, con una esperanza de vida menor de 2 años y con ausencia de contraindicaciones.

Terapia génica: los ensayos clínicos iniciales se desarrollaron en vectores virales (adenovirus o lentivirus) con poco éxito y con problemas de toxicidad e inmunológicos y, posteriormente, en vectores liposomales y nanopartículas, con respuestas pobres. Las aproximaciones para sustituir el gen CFTR mutado con terapia génica continúan avanzando y se han publicado trabajos con células madre para repoblar la vía aérea con resultados prometedores. En la actualidad, existen varios ensayos clínicos en marcha.

Terapia proteica: terapia con moléculas que tiene como objetivo corregir el defecto funcional a nivel de la proteína CFTR. Se han identificado 3 grupos principales. En primer lugar, los supresores del codón de parada prematuro (mutación de clase I). Estos fármacos consiguen que no se identifique este codón de parada prematuro, por lo que la proteína puede seguir su síntesis al completo, entre ellos el Ataluren (PTC124), con el que están en curso ensayos clínicos en fase III(19). En segundo lugar, los denominados fármacos correctores del CFTR. Estos fármacos están diseñados para corregir el tráfico de la proteína con defectos en el plegamiento (mutación de clase II) hasta la membrana celular, donde podría hacer su función casi con normalidad. En tercer lugar, los denominados potenciadores del CFTR. Estos fármacos tienen por diana la proteína CFTR que está en la superficie celular, con objeto de mejorar su función. Los fármacos potenciadores pueden actuar, por tanto, sobre las mutaciones de clases III, IV, V y VI. Actualmente, están en investigación numerosas moléculas con uno u otro mecanismo, habiendo llegado ya a comercializarse dos de ellas. Ivacaftor (Kalydeco®) es un fármaco potenciador autorizado para el tratamiento de pacientes con FQ, de edad igual o superior a 6 años y que presentan alguna de las siguientes mutaciones: G551D, G1244E, G1349D, G178R, G551S, S1251N, S1255P, S549N o S549R en, al menos, un alelo del gen CFTR(20). Orkambi®, combinación del potenciador Ivacaftor más el corrector Lumacaftor, está indicado para el tratamiento de pacientes con FQ de 12 años de edad y mayores, homocigotos para la mutación F508del, aprobado por la Agencia Europea del Medicamento, está pendiente de autorización por la Agencia Española del Medicamento.

Hoy en día, la supervivencia de los pacientes con FQ se ha incrementado notablemente gracias a un mejor conocimiento de la fisiopatología de esta enfermedad, al tratamiento multidisciplinario de estos enfermos y a los programas de cribado neonatal. Las piedras angulares del tratamiento siguen siendo: conseguir una nutrición óptima, disminuir la obstrucción pulmonar mediante fisioterapia respiratoria y ejercicio, junto al tratamiento precoz de la infección pulmonar. Pero, también, se dispone de un nuevo arsenal terapéutico dirigido en su gran mayoría a corregir el defecto básico pulmonar que está revolucionando en los últimos años el mundo de la FQ. Ha pasado de ser una enfermedad de la infancia a una enfermedad de adultos, y quizás algún día podamos decir que disponemos de tratamiento para curar esta enfermedad.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de los autores.

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18.*** Cantón R, Máiz L, Escribano A, et al: Consenso español para la prevención y el tratamiento de la infección bronquial por Pseudomonas aeruginosa en el paciente con fibrosis quística. Arch Bronconeumol. 2015; 51: 140-50.

19. Shoseyov D, Cohen-Cymberknoh M, Wilschanski M. Ataluren for the treatment of cystic fibrosis. Expert Rev Respir Med. 2016. [Epub ahead of print].

20. Kalydeco. Información de Producto disponible en: http://www.ema.europa.eu/docs/es_ES/document_library/EPAR_-_Product_Information/human/002494/WC500130696.pdf.

Bibliografía recomendada

- Castellani C, Southern KW, Brownlee K et al. European best practice guidelines for cystic fibrosis neonatal screening. J Cyst Fibros. 2009; 8: 153-73.

Guía de práctica clínica europea para el cribado neonatal. Documento fundamental sobre las prácticas de cribado neonatal con algoritmos diagnósticos.

- De Boeck K, Wilschanski M, Castellani C, et al. Cystic fibrosis: terminology and diagnostic algorithms. Thorax. 2006; 61: 627-35.

Interesante documento de consenso europeo sobre los criterios diagnósticos en FQ.

- Cantón R, Máiz L, Escribano A, et al: Consenso español para la prevención y el tratamiento de la infección bronquial por Pseudomonas aeruginosa en el paciente con fibrosis quística. Arch Bronconeumol. 2015; 51: 140-50.

Artículo fundamental, recientemente publicado, del manejo de la primoinfección e infección crónica por Pa, muy útil para todo el que trabaje con estos pacientes. Hace un excelente resumen de la fisiopatología de la infección por Pa en el paciente de FQ y de todos los tratamientos disponibles hasta la fecha.

 

Caso clínico

 

Anamnesis

Lactante de sexo femenino, de 6 meses de edad, con diagnóstico de fibrosis quística por cribado neonatal, que acude a la Unidad de Fibrosis Quística por empeoramiento respiratorio en los últimos 3 días. Refieren aumento de tos y rinorrea desde hace 3 días junto con dificultad respiratoria en las últimas horas. Afebril. Decaída y apetito escaso.

Antecedentes personales

Embarazo controlado sin incidencias. Parto eutócico. PAEG. Lactancia mixta. Diagnóstico de FQ por cribado neonatal (TIR: 145 ng/ml, estudio de mutaciones: homozigoto F508del/F508del. Clorimetrías: 71 mEq/l). Colonización crónica por S. aureus. No cultivos positivos para Pseudomonas aeruginosa. Insuficiencia pancreática.

Tratamiento habitual: enzimas pancreáticos en las tomas, complejo polivitamínico + vitamina D oral, nebulizaciones con suero salino hipertónico 7% cada 12 horas y fisioterapia respiratoria 2 veces al día.

Exploración física

P: 6,5 kg. Tra: 36,4ºC. FC: 105 lpm. FR: 55 rpm. Sat O2: 92%.

Buen estado general. Bien nutrida y perfundida. Algo ojerosa. No alteraciones cutáneas. Polipnea con tiraje subcostal e intercostal leve, no tiraje supraesternal. Auscultación cardiaca: rítmica sin soplos. Auscultación pulmonar: discreta hipoventilación en ápex derecho, crepitantes húmedos bilaterales generalizados. Abdomen algo distendido, blando y depresible, sin masas ni visceromegalias palpables. ORL: rinorrea anterior espesa, hiperemia faríngea, otoscopia normal bilateral, no se palpan adenopatías. Exploración neurológica dentro de la normalidad.

Exámenes complementarios

Rx tórax AP: imagen sugestiva de atelectasia en LSD, infiltrados peribronquiales bilaterales.

Aspirado nasofaríngeo: VRS positivo. Se aísla Pseudomonas aeruginosa morfotipo no mucoide.

 

 

Tuberculosis pulmonar

A. Méndez Echevarría, F. Baquero-Artigao
Temas de FC


A. Méndez Echevarría, F. Baquero-Artigao

Servicio de Pediatría General, Enfermedades Infecciosas y Tropicales. Hospital La Paz. Madrid

 

Resumen

La tuberculosis representa actualmente un importante problema de salud pública, con alta mortalidad en niños en países en vías en desarrollo, fundamentalmente en infectados por el VIH. En la última década, se ha observado en nuestro país una disminución de casos de enfermedad tuberculosa en niños, pero el fenómeno de la inmigración y el aumento de viajes internacionales han dado lugar al aumento de casos, así como a la aparición de cepas resistentes y multirresistentes. Los niños son una población especialmente susceptible, ya que tienen mayor riesgo de desarrollar la enfermedad tras la primoinfección y de presentar formas graves. Además, aquellos niños con infección latente serán los adultos que presentarán enfermedad en el futuro, manteniendo así la epidemia.
El diagnóstico de tuberculosis en la edad pediátrica es difícil, porque el aislamiento de M. tuberculosis en cultivos es menor en niños que en adultos y, en ocasiones, debemos realizar un diagnóstico de sospecha sin conseguir confirmación microbiológica. En los últimos años, se han desarrollado técnicas de diagnóstico molecular (PCRs) con mayor sensibilidad que el cultivo e incorporan también la detección de genes que confieren resistencias.
Los pediatras debemos realizar un esfuerzo para comprender y conocer esta enfermedad, ya que el control de la tuberculosis en niños ayuda y facilita el control epidemiológico de la enfermedad.

 

Abstract

Globally tuberculosis continues to exact an unacceptably high toll of disease and death among children proceeded from developed countries, especially HIV infected cases. In our country, immigration and increased international travel threaten to facilitate the emergence of drug resistant and multi-drug cases in pediatric cases. Children are particularly vulnerable to severe disease following infection, and those with latent infection become the reservoir of disease reactivation in adulthood, fueling the future epidemic.
The diagnosis of tuberculosis in children is a challenge, because rates of M. tubeculosis isolation in children are lower than in adults, so in many cases we will establish the diagnosis without microbiological confirmation. Recently, more sensitive diagnostic tools, like polimerase chain reaction assays (PCRs) have been developed. Some of them also incorporate testing for the presence of drug resistance genes.
Advances in our understanding of tuberculosis in children would provide wider insights and opportunities to facilitate efforts to control this disease.

 

Palabras clave: Mycobacterium tuberculosis; Mantoux; IGRAS; Quimioprofilaxis; Resistencia

Key words: Mycobacterium tuberculosis; Mantoux; IGRAs; Chemoprophylaxis; Resistance

 

Pediatr Integral 2016; XX (2): 109-118


Tuberculosis pulmonar

Introducción

El estudio de la tuberculosis (TB) infantil es de gran valor epidemiológico, debido a que cualquier niño infectado representa un evento centinela de transmisión reciente de Mycobacterium tuberculosis (MTB) en la comunidad, siendo la fuente de contagio generalmente un familiar bacilífero próximo(1). Por tanto, el número de niños enfermos o infectados es un fiel indicador de la situación epidemiológica en la comunidad.

Realizar un diagnóstico precoz de la primoinfección tuberculosa en población pediátrica es muy importante, ya que permite instaurar una quimioprofilaxis que evite la progresión a enfermedad y la aparición de formas graves diseminadas, así como detectar focos de contagio en el entorno familiar próximo. Para el diagnóstico de la infección tuberculosa latente (ITBL), hasta el año 2002 solo disponíamos de la prueba de tuberculina (PT). Recientemente, se han desarrollado pruebas de inmunodiagnóstico denominadas test de liberación de interferón gamma (interferon gamma release assay o IGRA), basadas en la estimulación de linfocitos con antígenos específicos de MTB, que no presentan falsos positivos por BCG o reacción cruzada con la mayoría de las micobacterias ambientales. Sin embargo, son poco útiles en inmunodeprimidos, y aún no se recomienda su uso en niños pequeños. No diferencian entre ITBL y enfermedad tuberculosa (ETB).

La actuación de pediatras expertos es clave en el control de la TB. Se debe extremar el rigor al encasillar al niño en el estadio correspondiente (expuesto no infectado, ITBL o ETB), ya que el enfoque terapéutico es distinto en cada uno de ellos. En caso de enfermedad, el pediatra debe valorar adecuada y estrechamente el seguimiento y tratamiento del niño.

Por otro lado, el diagnóstico de la ETB en niños es una tarea compleja. La confirmación microbiológica con aislamiento de MTB por cultivo se consigue en menos del 50% de los niños y en un 75% de los lactantes con ETB pulmonar(2). En un porcentaje no despreciable de casos, estableceremos un diagnóstico basado en criterios clínicos y epidemiológicos. Recientemente, el desarrollo de técnicas para la recogida de muestras, como el esputo inducido(3), y de técnicas de biología molecular, como la reacción en cadena de la polimerasa (PCR)(2,4) están permitiendo aumentar los casos con confirmación microbiológica.

La presentación clínica de la ETB en Pediatría muestra una gran variabilidad, con formas, en ocasiones, oligosintomáticas que debutan de manera larvada. Algunos lactantes con ETB pulmonar pueden no mostrar inicialmente alteraciones significativas en la radiografía de tórax, porque las adenopatías mediastínicas pequeñas próximas al hilio y al timo pueden pasar desapercibidas.

Con todo ello, concluimos que, a pesar de la importancia de establecer un diagnóstico precoz y correcto de la ETB en niños, los pediatras nos seguimos encontrando actualmente con innumerables dificultades a la hora de realizar esta importante tarea.

Epidemiología

La TB se transmite al niño por contacto con un adulto enfermo, siendo un centinela de transmisión reciente en la comunidad. En la última década, se ha observado en nuestro país una disminución de casos de ETB en niños, pero el porcentaje de niños con tuberculosis resistente a isoniacida (H) ha aumentado por encima del 4%, sobre todo, entre hijos de inmigrantes.

La tasa de nuevos casos de TB ha disminuido en la última década, aunque en 2012 todavía se diagnosticaron en el mundo 8,6 millones de nuevos casos, falleciendo 1,3 millones de personas por esta enfermedad. En niños, en 2012, se diagnosticaron 530.000 nuevos casos, falleciendo 74.000(5). Un tema preocupante es la creciente aparición de formas multirresistentes (MR), diagnosticándose 450.000 nuevos casos de ETB-MR en 2012 en todo el mundo(5). En España, los últimos datos de incidencia son de 14 casos/100.000 habitantes, diagnosticándose el 8% de estos en menores de 14 años(6).

En las últimas décadas, se ha producido en nuestro país un aumento del fenómeno de la inmigración y, además, esta población procede de áreas con mayores tasas de resistencia a H(7,8). En España, se han documentado porcentajes de resistencias a H en población pediátrica superiores al 4%, especialmente en población inmigrante(8). Los niños de mayor riesgo son aquellos que provienen de zonas endémicas, los que están infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y los que conviven en condiciones precarias sociosanitarias con poblaciones de riesgo. En ellos debe realizarse periódicamente una PT, permitiéndonos detectar precozmente la infección y buscar posibles fuentes de contagio(9).

Además, los lactantes y niños representan una población especialmente susceptible por presentar un riesgo muy superior al de los adultos de evolucionar de infectado a enfermo, sobre todo si se asocia malnutrición, inmunodepresión, primoinfección reciente o es un niño de corta edad, estimándose que hasta el 50% de los menores de un año desarrollarán enfermedad activa tras la primoinfección(1). Debemos considerar también que el riesgo de padecer formas graves, como la TB miliar o la meningoencefalitis, es mucho mayor en niños pequeños que en escolares o adolescentes.

Fisiopatología

La TB se transmite por contacto persona-persona. Los enfermos eliminan la bacteria a través de las secreciones respiratorias. En la mayor parte de los casos, la infección se controla. En otros, especialmente en lactantes e inmunodeprimidos, la infección progresa, dando lugar a la enfermedad pulmonar o extrapulmonar. Otra vía de infección es la transplacentaria, que da lugar a la ETB congénita. La ETB pulmonar en niños es paucibacilar, eliminando escasos bacilos a través de secreciones, siendo los niños poco contagiosos.

La TB es una enfermedad que precisa una convivencia estrecha y mantenida para su transmisión, habitualmente más de 4 horas diarias en el mismo habitáculo con un enfermo “bacilífero” o infectante por inhalación respiratoria de secreciones contaminadas. Los enfermos bacilíferos son aquellos que eliminan la micobacteria a través de la tos, los estornudos y las secreciones respiratorias, y esto se evidencia por presentar una baciloscopia de esputo positiva.

MTB es un patógeno intracelular y, por tanto, la inmunidad celular tiene un papel fundamental. Por ello, los niños con defectos de inmunidad celular (VIH, inmunodeficiencias congénitas, tratamiento corticoideo prolongado o con terapias biológicas…) tienen un riesgo aumentado de desarrollar tuberculosis.

Tras la primoinfección, el MTB llega a los alvéolos pulmonares donde se produce la fagocitosis del mismo por los macrófagos. Los macrófagos infectados son transportados hasta los ganglios linfáticos regionales, hiliares y mediastínicos habitualmente. En la mayor parte de los casos, la infección se controla. Sin embargo, en algunos casos, especialmente en lactantes, niños pequeños e inmunodeprimidos, la infección progresa dando lugar a la enfermedad pulmonar o diseminándose produciendo enfermedad extrapulmonar(10).

Tras la primoinfección inicial, los niños eliminan escasos bacilos a través de secreciones respiratorias y, por tanto, estos pacientes muy excepcionalmente serán bacilíferos y, por tanto, son escasamente contagiosos. Sin embargo, las reactivaciones tuberculosas en adolescentes y adultos jóvenes que se infectaron en la primera infancia, especialmente si presentan formas pulmonares cavitadas, suelen ser formas bacilíferas y, por tanto, altamente contagiosas. Por ello, los niños suelen contagiarse tras contacto con adultos bacilíferos, y no por contacto con otro niño con tuberculosis, que rara vez será bacilífero.

Clínica

Es obligado incluir al niño en uno de los estadios de la enfermedad, exposición, infección latente o enfermedad, ya que comporta un manejo diferente. Para ello, tendremos en cuenta la presencia de síntomas, el resultado de la PT o de un IGRA y la radiografía de tórax. La ETB pulmonar es la forma más frecuente de enfermedad.

Todos los niños en contacto con el bacilo tuberculoso deberán ser estudiados y clasificados en: expuestos, infectados o enfermos (Tabla I)(1,11).

Cada estadio comporta una actitud terapéutica diferente. En los casos de exposición, debemos suspender contacto con el adulto enfermo e instaurar profilaxis primaria para evitar el contagio del niño que todavía no se ha infectado. En caso de ITBL (niño asintomático con PT y/o IGRA positivo), debemos descartar la ETB activa e instaurar profilaxis 2ª para evitar que desarrolle enfermedad(1,11).

Diagnosticaremos ETB cuando aparezca clínica compatible y hallazgos radiológicos, analíticos, anatomopatológicos y/o microbiológicos sugestivos(1,11).

El diagnóstico de certeza lo proporciona un cultivo o una PCR positiva para MTB, aunque con frecuencia en niños no obtenemos confirmación microbiológica (formas paucibacilares), realizando habitualmente un diagnóstico de sospecha(1,11). La presentación clínica de la ETB es muy variable, desde formas oligosintomáticas (presencia de síntomas constitucionales inespecíficos, síntomas respiratorios) hasta síntomas de afectación grave(1,11). La localización más frecuente es la pulmonar, con mayor predominio de formas ganglionares, siendo los síntomas respiratorios (tos crónica, dificultad respiratoria, dolor torácico) y constitucionales (fiebre, sudoración, pérdida de peso) los que observamos con mayor frecuencia. En ocasiones, puede debutar de manera similar a una neumonía bacteriana, presentando consolidación lobar y/o derrame pleural (Fig. 1).

Figura 1. Tuberculosis pulmonar. Imágenes de condensación parenquimatosa simulando una neumonía bacteriana.

Las adenopatías de gran tamaño pueden producir una obstrucción bronquial (Fig. 2), con atelectasias o enfisema, o erosionar hacia el interior, produciéndose una TB endobronquial, presentándose dificultad respiratoria con estridor o sibilancias.

Figura 2. Tuberculosis pulmonar. TC torácico donde se aprecian adenopatías con centro hipodenso hiliares y mediastínicas con compresión bronquial izquierda.

En las formas miliares, aparece hipoxemia(1). Sin embargo, la enfermedad puede afectar a cualquier órgano o sistema y presentarse con síntomas neurológicos, digestivos u osteoarticulares. En algunos casos, durante la infección primaria, se produce una diseminación miliar del bacilo, ocurriendo esta diseminación con mayor frecuencia en lactantes e inmunodeprimidos(1,11). El cuadro clínico se manifiesta con un comienzo insidioso, con: febrícula, malestar, anorexia y pérdida de peso, adenopatías generalizadas, hepatoesplenomegalia y sintomatología respiratoria. En la radiografía de tórax, se evidencian infiltrados diseminados, como en “granos de mijo”(1,11)(Fig. 3).

Figura 3. Tuberculosis miliar con patrón pulmonar bilateral micronodular en “granos de mijo”.

Otra forma grave es la meningitis, que tiene la máxima frecuencia entre los 6 meses y los 4 años. El debut es subagudo, con: cefalea, irritabilidad, vómitos y, más tarde, afectación de pares craneales, alteración de conciencia, signos meníngeos y convulsiones(1,11). La hidrocefalia es la complicación más frecuente (Fig. 4).

Figura 4. Meningitis tuberculosa. RM cerebral que muestra hidrocefalia comunicante y realce meníngeo de predominio basal.

El líquido cefalorraquídeo (LCR) presenta pleocitosis con linfocitosis, hipoglucorraquia e hiperproteinorraquia(1,11). Más de la mitad de los casos de infección diseminada o meningitis pueden presentar PT negativa(1,11).

La ETB ganglionar es la forma más frecuente de enfermedad extrapulmonar en niños mayores. Suponen un reto diagnóstico, debiéndose hacer el diagnóstico diferencial con las adenitis por micobacterias ambientales, siendo el enfoque terapéutico radicalmente distinto. Las principales diferencias entre ETB ganglionar y adenitis por otras micobacterias, se relata en el apartado de diagnóstico diferencial.

Una mención especial requieren los lactantes pequeños con ETB. En ellos, suele existir retraso en el diagnóstico por presentar clínica inespecífica y atípica, y frecuentes falsos negativos en la PT y los IGRAS(12). Sin embargo, en ausencia de tratamiento, su mortalidad es cercana al 100%. Por ello, debemos considerar la TB en el diagnóstico diferencial de lactantes pequeños con sepsis y/o neumonía con mala evolución clínica, en especial ante la presencia de factores de riesgo epidemiológicos(12).

Diagnóstico

El diagnóstico definitivo se realiza mediante el cultivo o la PCR. La positividad de la PT o de un IGRA solo indica infección, siendo necesaria la realización de otras pruebas para descartar enfermedad. El diagnóstico de certeza con confirmación microbiológica es difícil en niños y con frecuencia es de sospecha: PT o IGRA positivo, radiología, epidemiología y/o clínica compatibles. La ausencia de confirmación microbiológica, una PT o un IGRA negativo, o la ausencia de identificación del caso índice no excluyen el diagnóstico en casos sospechosos.

Historia clínica(1,11)

Se debe buscar el caso índice en el entorno habitual del niño. Documentar contacto con inmigrantes, viaje a áreas endémicas y convivencia en situaciones o poblaciones de riesgo. Si existe, detallar el tiempo de exposición y asegurar un contacto estrecho con el médico que controla el caso índice, averiguando la situación del paciente bacilífero, el tratamiento que recibe, el cumplimiento y, sobre todo, conocer la sensibilidad de la cepa. Es importante documentar la vacunación BCG (fecha, numero de dosis, cicatriz postvacunal) y PT previa (fecha de realización y resultado). Debemos preguntar por la existencia previa de cuadros febriles, adenopatías, síntomas constitucionales o respiratorios.

PT, su interpretación, y nuevos métodos de inmunodiagnóstico
(IGRAs)
(1,2,13)

Los objetivos al realizar la PT en niños son: apoyar el diagnóstico de ETB, detectar precozmente la ITBL y controlar a los niños expuestos(1,13). Se necesita un periodo de tiempo, entre 8-12 semanas después de la infección, para que el Mantoux se haga positivo. Consiste en administrar intradérmicamente componentes antigénicos del bacilo (PPD o derivado proteico purificado). Si el niño ha tenido contacto previamente con el bacilo, se producirá una reacción de induración (intradermorreacción de Mantoux). Su positividad solo indica infección, siendo necesaria la realización de pruebas complementarias para descartar enfermedad activa(1,13). Se realiza mediante la inyección intradérmica de 0,1 ml del PPD, que contiene 2U de PPD-RT23 (5 UI de PPD-S), utilizando una aguja de calibre 26, con bisel corto girado hacia arriba. La inyección se debe realizar en la cara anterior del antebrazo, produciéndose una pápula detectable. Debe leerse a las 72 h, cuando se consigue la máxima induración, midiendo solo la induración del diámetro máximo transversal al eje mayor del brazo, anotándola en milímetros con la fecha de lectura(1).

La PT puede presentar resultados falsos negativos especialmente en recién nacidos y lactantes, en niños con ETB diseminada o inmunodeprimidos, VIH u otro tipo de inmunosupresión, así como falsos positivos por infecciones por micobacterias atípicas y tras vacunación con BCG(1,2,13). Recientemente, se han desarrollado pruebas inmunodiagnósticas (IGRAs), que consisten en realizar una extracción de sangre y estimular los linfocitos T con antígenos específicos de MTB. Si el paciente está infectado, sus linfocitos reconocen los antígenos y se activan produciendo interferón-g. Son más específicos que la PT, no presentando falsos positivos por BCG o por infección por la mayor parte de micobacterias ambientales(1,2,13). Sin embargo, no sustituyen a la PT en la práctica diaria(1,2,13-15), utilizándose, sobre todo, en casos de interferencia con BCG y problemas diagnósticos (casos de PT positiva en niños bajo riesgo de TB, vacunados de BCG o sospecha de infección por micobacteria atípica y en casos de PT negativa, pero sospecha de ETB y/o inmunodeprimidos)(2,13-15). La interpretación de la PT y las indicaciones de realizar IGRAs se describen en la figura 5.

Figura 5. Interpretación de la PT (prueba de tuberculina) y la indicación de realizar IGRA (interferon gamma release assay: test de liberación de interferón gamma) de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica(1,13).

Estudios radiológicos(1,11,13)

No existe un patrón característico. Lo más frecuente es el engrosamiento mediastínico por adenopatías, aislado o asociado a lesión parenquimatosa y/o atelectasia. Las lesiones cavitadas son formas post-primarias o del adulto, infrecuentes en la infancia (Fig. 6).

Figura 6. Tuberculosis post-primaria. Lesión cavitada en lóbulo superior derecho.

La evolución radiológica es mucho más lenta que la clínica, observándose, en ocasiones, empeoramiento radiológico al iniciar el tratamiento y pudiendo quedar lesiones residuales después de completarlo correctamente. La tomografía computerizada (TC) torácica es más sensible que la radiografía para detectar adenopatías, principalmente subcarinales. Sin embargo, estudios que realizan TC sistemática a niños asintomáticos con contacto bacilífero, PT positiva y radiografía normal, evidencian adenopatías hiliares o mediastínicas en >50% de los casos, por lo que el aumento leve-moderado de ganglios torácicos puede formar parte natural de la primoinfección y no implica, necesariamente, enfermedad activa(13). Por ello, no está indicada la realización sistemática de TC. Sin embargo, en niños menores de 2 años con síntomas inespecíficos, con contacto bacilífero y PT positiva con radiografía normal, podría considerarse la realización de una TC torácica, para conocer si estos síntomas están en relación con la TB(13).

Muestras para estudio microbiológico, baciloscopia y cultivos(1,11,13)

En el niño, dada la dificultad para expectorar, se realiza el estudio en el jugo gástrico, recogiendo 3 muestras en ayunas mediante sonda nasogástrica en días consecutivos. Una nueva técnica es la obtención de esputo inducido, tras administrar salbutamol inhalado y, posteriormente, ClNa hipertónico nebulizado(3). El suero salino por efecto osmótico atrae líquido intersticial a la luz de las vías respiratorias, aumentando las secreciones, y provoca expectoración espontánea. En niños que no hayan expectorado, se aspiran las secreciones de nasofaringe a través de un catéter estéril. Las ventajas frente al aspirado gástrico son: no requerir ingreso, ser menos invasiva y de más fácil realización, y es especialmente útil en pacientes que no expectoran. La recogida de esputos inducidos junto con aspirados gástricos puede favorecer mayores tasas de aislamiento microbiológico(3). Otras muestras: esputo (adolescentes), LCR, líquido sinovial y biopsia.

Tinciones y cultivo

Baciloscopia o visión directa de bacilos ácido-alcohol resistentes (BAAR) mediante fluorescencia con auramina o tinción de Ziehl-Neelsen. Los cultivos se realizan en medios sólidos (tipo Lowenstein, 4-6 semanas) o líquidos (tipo Middlebrook, 15 días-1 mes)(1,11,13).

Reacción en cadena de la polimerasa (PCR)(1,4,13)

Es la amplificación de material genético específico de MTB. Presenta alta especificidad y sensibilidad algo mayor que los cultivos. Permite resultados en poco tiempo y se puede realizar en líquidos orgánicos y muestras de tejidos. Desde 2010, se dispone de una PCR que permite la detección en tan solo 2 horas de material genético de MTB y de resistencias a rifampicina (Xpert MTB/RIF® assay)(4). Esta técnica es mucho más sensible que la baciloscopia y más rápida que las técnicas convencionales de cultivo. Se recomienda en sospecha de ETB resistente, en pacientes infectados por el VIH y en casos con alta sospecha y baciloscopia negativa(1,4). Recientemente, se han desarrollado también PCRs que permiten la detección simultánea de genes de resistencia a isoniazida, rifampicina y fármacos de segunda línea, aunque no están disponibles en la mayor parte de los Centros.

Anatomía patológica(1,11)

Granulomas caseificantes y necrotizantes con células gigantes. Se puede realizar en biopsias de ganglios, sinovial, pleural, pericárdica, etc.

Determinación de adenosindeaminasa (ADA)(1,11)

Enzima cuya principal actividad se detecta en los linfocitos T. Su elevación es orientativa de ETB, aunque no especifica. Su estudio se realiza en LCR (normal: 1-4 U/L) y líquido pleural (normal: <40 U/L).

Diagnóstico diferencial

La ETB puede debutar con diversas presentaciones y afectar a prácticamente cualquier sistema, requiriendo establecer un diagnóstico diferencial amplio.

El diagnóstico diferencial en la ETB pulmonar lo realizaremos con procesos neumónicos (neumonía bacteriana típica, atípica o viral). En casos de compresión bronquial por adenitis mediastínica y enfisema, debemos realizar diagnóstico diferencial con cuerpo extraño en la vía aérea. En inmunodeprimidos e infectados por el VIH, debemos descartar una infección pulmonar por micobacterias no tuberculosas, fundamentalmente por MAC (Mycobacterium avium complex)(16). Otras entidades que pueden simular una ETB pulmonar son: linfomas, procesos tumorales intratorácicos, sarcoidosis o fiebre Q. La ETB diseminada puede afectar a multitud de órganos y presentarse con síntomas inespecíficos, lo cual obliga a establecer un diagnóstico diferencial con procesos infecciosos, inflamatorios o tumorales. Es fundamental mantener la sospecha ante determinados antecedentes epidemiológicos (contacto con enfermo TB, procedencia o viaje a zona endémica o infección VIH). En sospecha de meningitis TB, el diagnóstico diferencial lo realizaremos con otras causas de meningoencefalitis (bacterianas, virales u oportunistas en inmunodeprimidos), siendo igualmente necesario mantener la sospecha diagnóstica en determinados contextos epidemiológicos. Los casos de adenitis subagudas con granulomas caseificantes suponen un reto diagnóstico, dado que también pueden deberse a infección por otras micobacterias, siendo el enfoque terapéutico radicalmente distinto(1,13). Las adenitis tuberculosas se diferencian de estas otras adenitis por micobacterias atípicas en que se observan en niños mayores y adolescentes, suelen ser bilaterales, de localización axilar, supraclavicular o cervical posterior y se acompañan de síntomas constitucionales. Las adenitis por otras micobacterias se presentan en menores de 5 años, sin clínica constitucional, y suelen ser más frecuentemente unilaterales, submaxilares, preauriculares o cervicales anteriores. En estas formas, la radiografía de tórax nunca debe presentar alteraciones. La presencia de adenitis por micobacterias atípicas en niños mayores de 6 años es excepcional, debiendo, por tanto, sospecharse siempre una ETB, sobre todo, ante determinados antecedentes epidemiológicos(1,13). Los nuevos test IGRA son especialmente útiles en el diagnóstico diferencial entre adenitis tuberculosas y adenitis por otras micobacterias. En casos de infección por la mayor parte de micobacterias ambientales, el resultado del IGRA será negativo. Tan solo algunas micobacterias atípicas pueden dar resultados positivos del test IGRA (M. szulgai, M. marinum, M. kansasii y M. favescens), aunque su papel etiológico en adenitis en niños es excepcional.

Tratamiento

Todo niño expuesto y no infectado (asintomático, con contacto con adulto enfermo, PT/IGRA negativo, con prueba de imagen normal) debe recibir 2 meses de H y repetir PT/IGRA antes de suspenderla. Si estas pruebas se positivizan, el paciente se ha infectado y habrá que continuar tratamiento de ITBL hasta cumplir 6 meses y descartar enfermedad activa. Un niño asintomático con PT/IGRA positiva y una prueba de imagen normal, se diagnosticará de ITBL y debe recibir 6 meses de H. En la ITBL debe descartarse ETB antes de iniciar monoterapia. Los niños con enfermedad tuberculosa deben ser remitidos a una Unidad de referencia para su tratamiento, dada la complejidad del mismo, la necesidad de asegurar el cumplimiento terapéutico y controlar la toxicidad farmacológica. La duración del tratamiento dependerá de la forma clínica y de la presencia de inmunosupresión.

Pauta de profilaxis 1ª o post-exposición(1,11)

En todos los niños expuestos a enfermo tuberculoso, se instaurara una profilaxis primaria para evitar que se infecten (Tabla II).

Pautas recomendadas para el tratamiento (profilaxis 2ª) de la ITBL(1,11)

En todos los niños con ITBL se instaurara una profilaxis 2ª o tratamiento de ITBL para evitar que desarrollen enfermedad (Tabla III).

Tratamiento de la ETB(1,11,17)

El tratamiento de la ETB consta de una fase de inducción o bactericida, con rápida disminución del número de bacilos, mejoría clínica y disminución de la capacidad de contagio (2 meses), y una fase de mantenimiento, para eliminar los bacilos quiescentes (duración mínima 4 meses). En países con tasas de resistencia primera a H superiores al 4%, como el nuestro, se iniciará tratamiento con 4 fármacos hasta conocer la sensibilidad de la cepa. Si la cepa del caso índice es sensible, se recomienda iniciar la pauta clásica con 3 fármacos: isoniacida, rifampicina y pirazinamida (HRZ). En la tabla IV, se recogen las principales recomendaciones para el tratamiento farmacológico y quirúrgico de las diversas formas de ETB. Los corticoides pueden ser beneficiosos y están indicados en algunas formas de ETB, generalmente durante las fases iniciales (primeras 4-6 semanas) (Tabla IV).

En niños, la toxicidad de los fármacos usados es escasa y puede solventarse con pequeñas modificaciones. El efecto adverso más importante es la toxicidad hepática, principalmente por H. No es necesaria la realización rutinaria de analítica, salvo sospecha clínica. Si hay hepatotoxicidad leve, se debe ajustar la dosis de H a 5 mg/kg/día o instaurar una pauta intermitente. Si el paciente presenta sintomatología con cifras de transaminasas superiores a 3 veces el límite de la normalidad o 5 veces el límite, aunque no tenga síntomas, debemos suspender el fármaco y valorar cambio a otro no hepatotóxico, principalmente etambutol (E) o estreptomicina (S), alargando el tiempo de tratamiento. Es importante considerar la posibilidad de rash y reacción de hipersensibilidad a estos compuestos y deberá intentarse, cuando la situación no sea de gravedad, una desensibilización, para utilizar prioritariamente fármacos de primera línea (Tabla V).

Tratamiento en situaciones especiales. TB resistente y TB en el niño inmunodeprimido(16,18,19)

Son escasos los datos encontrados en la literatura sobre tratamiento de formas resistentes y MR en la edad pediátrica(18,19). En casos de tuberculosis resistentes y MR (al menos, H y R), el tratamiento es complejo, precisa una monitorización cuidadosa de los efectos secundarios farmacológicos y del cumplimiento terapéutico. Las series publicadas muestran mayor morbi-mortalidad, con mayor tasa de efectos adversos y menor tolerancia a fármacos de segunda línea(18,19). Por ello, el niño con tuberculosis resistente debe ser siempre derivado a una unidad de referencia.

En pacientes inmunodeprimidos y en infectados por el VIH, debemos realizar tratamientos prolongados, nunca inferiores a 9 meses(1). Debemos recordar que la R interacciona con algunos fármacos, como los inhibidores de proteasas, disminuyendo sus niveles y aumentando la toxicidad de la R(1,16).

Prevención

En todos los niños de riesgo, debe realizarse periódicamente una PT para detectar precozmente la infección.

Los niños de mayor riesgo son los que viven con adultos infectados por el VIH e inmigrantes procedentes de zonas de alta endemia de TB o socialmente desfavorecidos. Los niños inmigrantes con TB con frecuencia han viajado con un núcleo familiar de alto riesgo y conviven en condiciones precarias socio-sanitarias. El niño adoptado del tercer mundo es también de alto riesgo para desarrollar la enfermedad, pues ha vivido en orfanatos de países de alta endemia de TB. En estos niños, debe realizarse periódicamente una PT, si presenta PT negativas previas, para detectar precozmente la infección y buscar posibles fuentes de contagio(9,13).

Función del pediatra de Atención Primaria

La responsabilidad del diagnóstico, del estudio de contactos y del cumplimiento terapéutico recae directamente en el sistema sanitario. El pediatra de Atención Primaria (AP) tiene, por tanto, un papel fundamental en este sentido, especialmente en el control de la población inmigrante, que es una población de riesgo por no acudir, en ocasiones, a revisiones de salud o consultar con poca frecuencia. El papel del pediatra es de gran importancia principalmente a tres niveles:

1. Detección de casos: la TB es más difícil de diagnosticar en niños que en adultos, pues cuanto menor es el niño los síntomas son más inespecíficos, aunque la enfermedad esté avanzada. Es importante mantener la sospecha en niños con: astenia, decaimiento, disminución del apetito, palidez, artralgias, febrícula, tos, etc., siendo necesario realizar precozmente PT, si procede radiografía de tórax y búsqueda exhaustiva de contactos en la familia y en el entorno (cuidadores, abuelos, otros familiares…). El pediatra de AP debe derivar con carácter urgente al hospital cada caso de sospecha de enfermedad.

2. Profilaxis de contactos: el pediatra debe implicarse activamente en la búsqueda de contactos en cada caso de TB detectado en una familia, realizar la PT a todos los individuos expuestos y realizar profilaxis y seguimiento cuidadoso tanto de los contactos expuestos como de las ITBL, siempre que se sospeche una cepa sensible a H. En niños inmigrantes o de adopción internacional, debe realizarse una PT, deseablemente en la 1ª visita al pediatra de AP.

3. Ayuda en el seguimiento del paciente en tratamiento: el tratamiento de la ITBL y la enfermedad es largo y exige un estricto cumplimiento. En ocasiones, son necesarios medios sofisticados para llegar al diagnóstico y la aparición de resistencias, en ocasiones, dificulta encontrar regímenes terapéuticos eficaces. Por tanto, esta enfermedad, tanto en sus formas extrapulmonares más graves, como en sus formas pulmonares, es conveniente que se trate en el ámbito hospitalario. El pediatra de AP debe apoyar cada uno de los pasos del diagnóstico y del tratamiento, insistiendo en su cumplimiento y en el valor real de medidas coadyuvantes, como: el reposo, correcta alimentación, medidas higiénicas, etc. La comunicación entre el pediatra de AP y el especialista hospitalario es, en este caso, de especial relevancia para lograr un óptimo control y la curación de la enfermedad.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de los autores.

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15. Mazurek M, Jereb J, Vernon A, LoBue P, Goldberg S, Castro K; IGRA Expert Committee; Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Updated guidelines for using Interferon Gamma Release Assays to detect Mycobacterium tuberculosis infection-United States, 2010. MMWRRecomm Rep. 2010; 59: 1-25.

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19. Mellado Peña MJ, Baquero-Artigao F, Moreno-Pérez D. Recommendations of the Spanish Society for Pediatric Infectious Diseases (SEIP) on the management of drug-resistant tuberculosis. Grupo de Trabajo de Tuberculosis de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica. An Pediatr (Barc). 2009; 71: 447-58.

20.* Pérez-Vélez C, Marais BJ. Tuberculosis in children. N Engl J Med. 2012; 367: 348-61.

Bibliografía recomendada

- Pérez-Vélez C, Marais BJ. Tuberculosis in children. N Engl J Med. 2012; 367: 348-61.

Este artículo de revisión reciente, realizado por reconocidos expertos, revisa la práctica totalidad de los aspectos de la enfermedad en niños (fisiopatología, diagnóstico, tratamiento, prevención y control de la enfermedad…).

- Jones C, Whittaker E, Bamford A, Kampmann B. Immunology and pathogenesis of childhood TB. Paediatr Respir Rev. 2011; 12: 3-8.

Interesante artículo que constituye una actualización sobre la patogénesis de la enfermedad en niños, facilitando al pediatra una mejor compresión y conocimiento de la tuberculosis.

- Machingaidze S et al. The utility of an interferon gamma release assay for diagnosis of latent tuberculosis infection and disease in children: a systematic review and meta-analysis. Pediatr Infect Dis J. 2011; 30: 694-700.

Este artículo constituye una revisión y meta-análisis reciente sobre las luces y sobras de la utilización de los nuevos test IGRAs en niños.

- Pérez-Vélez C. Pediatric tuberculosis: new guidelines and recommendations. Curr Opin Pediatr. 2012; 24: 319-28.

Este artículo revisa los avances en el diagnóstico de la tuberculosis, en especial la utilización de IGRAs, en Pediatría, junto con la revisión de la utilidad del Xpert MTB/RIF®. Igualmente, realiza una actualización del tratamiento de ETB en niños.

- Moreno-Pérez D, Andrés-Martin A, Altet Gómez N, et al. Diagnóstico de la tuberculosis en la edad pediátrica. An Pediatr (Barc). 2010; 72: 283.e1-e14.

Documento de consenso de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica (SEIP) y de la Sociedad Española de Neumología Pediátrica (SENP), donde se encuentra toda la documentación necesaria sobre diagnóstico de infección y enfermedad tuberculosa.

Caso clínico

 

Acuden a consulta para estudio 3 hermanos de origen marroquí, porque su madre acaba de ser diagnosticada de tuberculosis pulmonar bacilífera. El hermano mayor tiene 5 años, nació en Marruecos y está vacunado con BCG. Está asintomático y tiene un Mantoux de 5 mm. La hermana mediana tiene 2 años, nació en España, no está vacunada con BCG y tiene un Mantoux de 0 mm, aunque refiere que tose intermitentemente en las últimas 2 semanas. El hermano pequeño es un lactante de 4 meses que tiene un Mantoux de 0 mm.

 

 

 

 

Factores ambientales y patología respiratoria del niño

M. Praena Crespo
Temas de FC


M. Praena Crespo

Centro de Salud La Candelaria. Sevilla

 

Resumen

La patología respiratoria es la más prevalente de la infancia sobre todas las demás. Las infecciones son la causa más importante, pero también influyen los factores ambientales y otros relacionados con la genética del individuo. Hay una interacción de gran complejidad, porque los factores ambientales influyen también alterando el funcionamiento del genoma a través de modificaciones epigenéticas que, a su vez, pueden ser heredadas por la siguiente generación. Los factores ambientales pueden producir efectos a corto plazo que son fácilmente reconocibles y a largo plazo influyendo en el desarrollo de enfermedades respiratorias crónicas. El punto de partida de enfermedades como el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) pueden iniciarse durante la gestación y la primera infancia y presentar exacerbaciones con la re-exposición a los mismos factores ambientales. En este documento, presentamos los factores ambientales y su relación con las enfermedades respiratorias de los niños, mostrando los mecanismos que intervienen en su desarrollo, que deben ser tenidos en cuenta para poder establecer estrategias de control y prevención adecuadas.

 

Abstract

Respiratory disease is the most prevalent illness childhood above all others. Infections are the most important cause but it is also influenced by other factors such us environment and those related to individual genetics. There exists a very complex interaction because environmental factors influence altering genome functioning through epigenetic modifications that are at the same time inherited by the next generation. Environmental factors can produce short time effects that are easily recognised and long time effects influencing in the development of chronic respiratory diseases.
The starting point of diseases such as asthma and Chronic Obstructive Pulmonary Disease (COPD) can be initiated during gestation and first childhood and present exacerbations with the re-exposure to the same environmental factors. In this document we present the environmental factors and their relation to children respiratory diseases showing the mechanisms that intervene in their development; these should be taken into account in order to establish adequate control and prevention strategies.

 

Palabras clave: Contaminación ambiental; Enfermedades respiratorias; Asma; Función pulmonar

Key words: Ambient pollution; Respiratory disease; Asthma; Lung function

 

Pediatr Integral 2016; XX (2): 103-108


Factores ambientales y patología respiratoria del niño

Introducción

Los factores ambientales influyen en el desarrollo de las enfermedades respiratorias del niño desde la gestación y a lo largo de toda la infancia.

Se ha investigado mucho en los últimos años sobre la participación de los factores ambientales en las enfermedades respiratorias. El estudio ISAAC (The International Study of Asthma and Allergies in Childhood)(1) sugiere que los factores ambientales pueden ser una de las causas del desarrollo de enfermedades respiratorias, como el asma y la rinitis. Otros estudios de diseño longitudinal, cuyo punto de partida es el embarazo, han demostrado dicha relación, cuantificando los riesgos de la exposición a diferentes contaminantes ambientales(2). La exposición a la contaminación del aire tanto del interior de las casas como del exterior interviene en el desarrollo y aumento de la gravedad de las infecciones respiratorias. La exposición a contaminantes de la madre durante la gestación y del niño durante la infancia se asocia a deficiencias en el crecimiento y la función pulmonar, lo que puede desempeñar un papel importante en el desarrollo del asma en la infancia e incluso en la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) del adulto sin contar la posible relación con el cáncer del aparato respiratorio que se manifiesta en la adultez(3). Sumando sujetos de diferentes estudios de cohortes desde el nacimiento, se han realizado estudios de genoma completo buscando genes y polimorfismos de nucleótido único para explicar el porqué de las diferencias en la susceptibilidad de unas personas frente a otras ante las mismas exposiciones(4). Es propósito de nuestra revisión presentar una visión general de las sustancias tóxicas que pueden afectar a los niños, las fuentes de emisión, las vías de entrada al organismo, las medidas de monitorización para controlarlas y, sobre todo, la relación que tienen con las enfermedades respiratorias en la infancia y adolescencia. El tabaco y su influencia en la el desarrollo de enfermedades no forma parte del propósito de este documento, por necesitar un abordaje diferenciado.

Contaminación del aire

La contaminación del aire procede tanto de la polución del tráfico y la industria, como la derivada de productos utilizados en el interior de las casas.

La contaminación del aire es una cuestión social y del medio ambiente de gran importancia. Los contaminantes proceden tanto de fuentes antropogénicas (tráfico, industrias, etc.), como naturales (incendios forestales, erupciones volcánicas, etc.). Estos contaminantes pueden estar presentes en la atmósfera, tal cual salieron de las fuentes de emisión, o bien producirse de manera secundaria por interacción entre diferentes compuestos, como por ejemplo el ozono (O3) troposférico, que se produce por interacción de los rayos ultravioletas con el óxido nitroso y los compuestos orgánicos volátiles (COV), estos últimos procedentes de la naturaleza o debidos a la actividad humana(5).

Además del nivel de emisión, que es la concentración de contaminantes en la fuente de producción, hay que conocer el nivel de inmisión, que es la concentración que alcanzan los contaminantes en el ambiente al nivel del suelo a la que se expone la población. Estos valores deberán ser medidos en distintos puntos receptores, que deben situarse lo más cerca posible del lugar donde viven las personas. Hay que tener en cuenta que diversos factores climáticos, como el viento, la presión atmosférica o la presencia de lluvias, pueden modificar la contaminación presente en los puntos de inmisión, aunque no se haya modificado el nivel de contaminantes en la fuente de emisión(3).

La sociedad está muy preocupada por la contaminación ambiental generada por industrias y tráfico de automóviles, pero no es consciente de que hay numerosas fuentes de contaminación ambiental en el interior de las casas, que incluyen: la biomasa, gas y otros combustibles usados para cocinar y la calefacción, el humo del tabaco, muebles de plástico, material compuesto de productos de madera, textiles, materiales de construcción, aislamiento, alfombras, pintura, productos de limpieza, el polvo, el moho, los ácaros y los virus cuya transmisión es mayor en ambientes cerrados. Otras fuentes de contaminación que son comúnmente menos tenidas en cuenta son: velas, incienso, productos en aerosol usados para el cuidado personal, ambientadores e insecticidas. El polvo de la casa contiene muchos productos químicos, como los retardadores de llama usados en los materiales de construcción, plastificantes, ftalatos y otros productos químicos que son disruptores endocrinos(5).

Los ftalatos son compuestos que están presente de forma universal en los materiales con los que convivimos cotidianamente, son importantes factores de riesgo para originar síntomas de alergia respiratoria (rinitis y asma) en prescolares(6).

La contaminación del aire relacionada con el tráfico (por sus siglas en inglés TRAP) es una mezcla de las emisiones de los escapes de motores diésel y gasolina que constituyen una fuente importante de la contaminación del ambiente(3).

La Organización Mundial de la Salud(7) propone unos niveles de contaminación “tolerables” para la salud humana (Tabla I), pero posiblemente incluso por debajo de dichos niveles se producen efectos perjudiciales para las vías respiratorias de las personas y especialmente de los niños que son los más vulnerables por ser organismos en crecimiento y maduración.

Susceptibilidad de los niños a la exposición ambiental

Los niños son más susceptibles que los adultos a la exposición ambiental por sus características anatómicas, actividad física e inmadurez fisiológica.

Los niños son más susceptibles que los adultos a los efectos de la contaminación del aire del medio ambiente debido a su comportamiento y factores fisiológicos. Los niños pasan más tiempo al aire libre dedicados a la actividad física y se exponen a una mayor dosis de polución. Los niños tienen un menor tamaño que los adultos y respiran más cerca del suelo, exponiéndose a concentraciones más altas de la mayoría de los contaminantes del aire, ya que estas sustancias tóxicas se asientan en el suelo. Un estudio realizado en Barcelona mostró que al pasear por avenidas de mucho tráfico se produce una mayor afectación de los niños, en comparación con los adultos(8). La frecuencia respiratoria de los niños es mayor y de tipo bucal, lo que empeora la entrada de contaminantes a sus vías respiratorias. El volumen de aire por unidad de peso corporal que respiran los niños es mayor que en los adultos. Por otra parte, los sistemas de desintoxicación en el niño están poco desarrollados y pueden causar un daño mayor al no poder metabolizar compuestos dañinos en metabolitos menos tóxicos(3).

Durante el crecimiento y desarrollo del sistema respiratorio, hay períodos específicos durante los cuales, exposiciones tóxicas pueden interrumpir el desarrollo normal, causando daños a largo plazo (Tabla II).

Está bien establecido que los efectos de la exposición de un tóxico depende del momento y la dosis absorbida, pero el tiempo exacto y los efectos de las exposiciones durante estas ventanas no se han definido de manera concluyente(3). Muchas suposiciones acerca del momento de la exposición en ventanas críticas se basan en el calendario de desarrollo de los órganos y sistemas durante el periodo prenatal. Así, por ejemplo, la exposición a ciertas sustancias tóxicas antes de la 18 semana de gestación podrían afectar el crecimiento del árbol traqueobronquial y los grandes vasos sanguíneos, mientras que el desarrollo de capilares pulmonares y capacidad pulmonar pueden verse afectados por exposiciones prenatales más tardías. Las exposiciones durante la lactancia y la niñez podrían alterar el desarrollo alveolar y el crecimiento pulmonar. Estudios longitudinales han demostrado pequeñas reducciones en el crecimiento del feto en función del tiempo y cantidad de contaminantes individuales recibidos. Aunque estos estudios no prueban la causalidad, sugieren exposiciones durante ventanas particulares del desarrollo que tendrán efectos diferentes sobre el desarrollo prenatal de los órganos.

Los factores ambientales pueden originar más repercusiones cuando coinciden con variantes genéticas o polimorfismos genéticos para desarrollar asma, como se ha puesto en evidencia en estudios de genoma completo(4,9).

Vías de exposición

La puerta de entrada más importante de los tóxicos en la infancia es la vía respiratoria y, en menor medida, la vía oral en los primeros meses.

Los niños están expuestos a los contaminantes a través de varias vías de exposición. Durante la gestación, la placenta permite el paso de algunos compuestos y expone al feto a concentraciones de sustancias tóxicas similares a los de la madre. Hay evidencia de que, al igual que ocurre con el humo del tabaco, alcohol, los medicamentos recetados y drogas tomadas por la madre, la exposición materna a la contaminación del aire provoca diferentes efectos en el feto(2). Tras el nacimiento, sigue absorbiendo contaminantes procedentes de la leche materna y por la ingestión de material de polvo depositado en las superficies que toca el niño durante la fase oral de los primeros meses de vida(3). Más tarde, es la vía aérea la que tiene mayor importancia, dado que la contaminación del aire ambiental es actualmente uno de los problemas más graves de salud que tiene planteada nuestra sociedad(5).

Efectos sobre la salud

Los efectos sobre la salud son a corto plazo y fáciles de identificar y a largo plazo pasan inadvertidos.

En la tabla III se exponen los efectos sobre la salud respiratoria de diferentes contaminantes que hay en el ambiente donde vive el niño.

Efectos a corto plazo

Los efectos respiratorios a corto plazo de la contaminación del aire están bien establecidos. El ozono origina dificultad para respirar, tos y sibilancias, la PM provoca molestias en nariz y garganta, el SO2 puede causar dificultad respiratoria y tos, y el NO2 y otros NOx producen irritación de la garganta y de la mucosa nasal. El benceno en dosis altas irrita la mucosa de la nariz y la garganta y el 1, 3-butadieno causa tos e irritación de los pulmones y de las vías nasales. Las esporas de hongos y los contaminantes procedentes de fuentes biológicas pueden causar rinitis y neumonitis por hipersensibilidad. La exposición prenatal a HAP (Hidrocarburos Aromáticos Policíclicos) durante el segundo trimestre de gestación aumenta el riesgo de infección, tos, dificultad para respirar, y “síntomas nasales” en los niños.

Crecimiento

La contaminación del aire que respira la madre durante la gestación por humo de tabaco y del tráfico, origina retraso del crecimiento intrauterino (RCIU), bajo peso al nacer, y prematuridad, que es dosis dependiente. Aunque hay pruebas de que el momento del desarrollo (o ventanas de susceptibilidad) en el que impacta la contaminación influye en estos efectos respiratorios negativos, potencialmente puede afectar a cualquier etapa de la gestación. El retraso del crecimiento fetal se relaciona directamente con una función pulmonar más baja y más problemas respiratorios en niños y adultos.

La contaminación de interiores por utilización de combustibles de biomasa parece influir en un menor crecimiento de los niños de hasta 1,5 cm de altura, según un estudio polaco(11).

Es biológicamente posible que la contaminación del aire afecte negativamente el crecimiento de la niñez a través varios factores:

• La genotoxicidad de los contaminantes químicos del aire.

El efecto sobre el bajo peso al nacer o RCIU que altera el desarrollo posterior.

• Los efectos negativos sobre el déficit de la función pulmonar y las infecciones respiratorias frecuentes.

Infecciones del tracto respiratorio

Vivir cerca de una carretera de tráfico intenso durante el embarazo puede predisponer al desarrollo de infecciones pulmonares en los primeros años de vida(12). La contaminación atmosférica aumenta la gravedad de las infecciones respiratorias, especialmente en los niños con asma o bronquiolitis, aumentando el número de ingresos(13).

Un meta-análisis de 10 estudios que participan en el Estudio Europeo de cohortes para Efectos de la Contaminación del Aire (ESCAPE) informó una fuerte asociación entre PM10 y padecer neumonía. El mismo meta-análisis no encontró asociación significativa entre la PM2.5 y las infecciones respiratorias en el niño(14). Sin embargo, otro contaminante que mostró una relación significativa de mayor riesgo para padecer neumonía fue el NO2. La otitis media y otras enfermedades respiratorias se han relacionado con la exposición a la contaminación del aire procedente del tráfico(15).

Función pulmonar

La exposición materna a la contaminación atmosférica o el humo del tabaco se ha asociado consistentemente con deficiencias respiratorias desde la infancia a adolescencia. Los jóvenes tienen una capacidad aeróbica inferior si sus madres fumaron durante el embarazo(12).

Un estudio de cohorte encontró grandes reducciones en la CVF y en el FEV1 de los niños que tuvieron una mayor exposición de PM2.5(3). En España, un estudio prospectivo encontró una asociación entre la exposición a benceno y el NO2 procedente del tráfico en mujeres gestantes y el déficit de función pulmonar en sus hijos en la edad preescolar(16).

Una prueba concluyente del efecto de la contaminación ambiental sobre la función pulmonar la proporciona un estudio realizado en California, donde la reducción progresiva de la contaminación por el tráfico en tres cohortes sucesivas, se acompañó de una mejora progresiva de la función pulmonar en el parámetro FEV1 en un periodo de 13 años(17).

Asma

La contaminación del aire puede desencadenar síntomas del asma, pero el papel de la contaminación atmosférica en el desarrollo del asma, aún está muy debatida. Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) concluyó que los síntomas del asma se agravan por la exposición a TRAP(7). A pesar de la heterogeneidad de los tipos de estudio, una revisión de 2011 sobre el papel de la contaminación del aire ambiente en la exacerbación de asma, encontró que los 27 estudios analizados mostraron una asociación positiva. Los autores llegaron a la conclusión, a pesar de las limitaciones del estudio, de que la contaminación del aire aumenta los síntomas de asma en los niños con un diagnóstico previo(18). La exposición a la contaminación ambiental por PM2.5 en el segundo trimestre de embarazo se asoció a un mayor riesgo en el niño de padecer asma a los 6 años de edad(19).

También, influye la exposición posnatal; un estudio(20) realizado en tres países en más de 14.000 sujetos seguidos desde el nacimiento, muestra que la exposición a la contaminación del aire en los primeros años de la vida contribuye al desarrollo del asma durante la infancia y la adolescencia, sobre todo después de los 4 años de edad, cuando el asma puede ser diagnosticada con mayor fiabilidad. Encuentra un riesgo mayor de tener un diagnóstico de asma en relación a la exposición al NO2 y PM2.5 en su lugar de nacimiento. Según este estudio, la reducción en los niveles de contaminación del aire podría ayudar a prevenir el desarrollo de asma en los niños.

Es biológicamente posible que el asma, en asociación con factores genéticos y epigenéticos, se inicie a través de cambios estructurales en el sistema respiratorio, o por aumento de la sensibilización a alérgenos, o por una respuesta inmune provocada por la inflamación. La combinación de varios factores puede contribuir al desarrollo de asma. El estudio PIAF(21) muestra que la hiperreactividad de las vías respiratorias en los primeros años de vida refleja más bien el tamaño de la vía aérea y más tarde en la infancia y adolescencia está más en relación con la respuesta inmunológica a influencias ambientales. La inhalación de gases de escape diesel en concentraciones de relevancia ambiental aumenta la inflamación alérgica inducida por alérgenos en las vías respiratorias inferiores de individuos atópicos (el genotipo GSTT1 aumenta aún más esta respuesta)(22).

Hay informes contradictorios sobre la relación entre la exposición al ozono y la prevalencia del asma infantil. Algunos estudios han informado una asociación positiva, pero otros, ninguna asociación. Estas diferencias pueden haber sido causadas por la edad y las respuestas fisiológicas sexo-específicas a la exposición al ozono. Un estudio reciente en niños de Nueva York encontró que los efectos de la exposición a O3 diferían dependiendo de la edad y el sexo de los niños, sugiriendo una curva dosis-respuesta en forma de U para el ozono o explicarse en parte por un efecto adyuvante de hidrocarburos y otros contaminantes del aire a niveles bajos de ozono(3).

Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)

Esta patología es propia de adultos, pero hay estudios que la vinculan a fenómenos que se inician ya en la infancia e incluso durante el periodo gestacional y que se continúan en los primeros años de vida. La mayoría de los estudios sobre el desarrollo de la EPOC son de adultos, dado que la EPOC no suele presentar síntomas clínicos hasta la edad adulta. La mala función pulmonar en los primeros años de vida y las enfermedades respiratorias pueden aumentar el riesgo de desarrollar EPOC posteriormente. Un estudio de cohorte iniciado en el año 1964, proporciona información valiosa en la actualidad tras 50 años de seguimiento. El riesgo de la EPOC aumenta con padecer asma en la infancia, y la bronquitis con sibilancias se asoció con una reducción del FEV1 que ya era evidente en la quinta década de la vida, sin que se produjera un ritmo acelerado de disminución del FEV1. Por el contrario, las sibilancias de aparición en la vida adulta se asociaron con una disminución acelerada del FEV1.

Los mecanismos por los que las infecciones respiratorias en la vida temprana, el asma y la bronquitis silbante originan el desarrollo de la EPOC en el adulto son debatidos, pero la evidencia sugiere una exposición prenatal y en la infancia a los tóxicos ambientales, en combinación con la predisposición genética, contribuyendo a la enfermedad respiratoria del adulto y la EPOC.

No solo la exposición al humo de tabaco parece influir en esta enfermedad, sino también la exposición al humo de biomasa que influye sobre las infecciones respiratorias en los niños, sugiriendo que la exposición en los primeros años de vida es probable que aumente el riesgo de por vida de la EPOC.

Conclusiones

Si bien hay datos considerables que vinculan la exposición temprana a la contaminación del aire tanto a corto como a largo plazo, a efectos adversos para la salud, todavía existen importantes lagunas de conocimiento. Un componente importante de la carga mundial de morbilidad es atribuible directa o indirectamente a la exposición a la contaminación del aire. La calidad del aire ambiente se puede mejorar a través de la regulación de las administraciones públicas y a la tecnología para reducir las emisiones industriales y de los vehículos de transporte. El pediatra de Atención Primaria debe poner en conocimiento de las familias la importancia de controlar el ambiente del interior de las casas, evitando la exposición a humos y productos irritantes para las vías respiratorias de sus moradores.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de los autores.

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13. Pablo-Romero M, Román R, Limón JM, Praena-Crespo M. Effects of fine particles on children’s hospital admissions for respiratory health in Seville, Spain. J Air Waste Manag Assoc. 2015; 65: 436-44.

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21.** Cox DW, Mullane D, Zhang GC, et al. ongitudinal assessment of airway responsiveness from 1 month to 18 years in the PIAF birth cohort. Eur Respir J. 2015; 46: 1654-61.

22. Carlsten C, Blomberg A, Pui M, et al. Diesel exhaust augments allergen-induced lower airway inflammation in allergic individuals: a controlled human exposure study. Thorax. 2016; 71: 35-44.

Bibliografía y webs de interés recomendadas

- Dick S, Friend A, Dynes K, et al. A systematic review of associations between environmental exposures and development of asthma in children aged up to 9 years. BMJ Open. 2014; 4: e006554.

Revisión sistemática que describe asociaciones entre las exposiciones ambientales y el desarrollo de asma en niños, y pone de manifiesto las complejas interacciones entre las exposiciones que pueden aumentar aún más el riesgo.

- Agencia europea del medio ambiente. Disponible en: http://www.eea.europa.eu/es.

La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) es un organismo de la Unión Europea. Facilita informes sobre el estado del medio ambiente, informes temáticos, técnicos y productos multimedia e interactivos sobre educación basados en la Web.

- Proyecto INMA (INfancia y Medio Ambiente) Disponible en: http://www.proyectoinma.org/.

Es una red de investigación de grupos españoles. Su objetivo es estudiar el papel de los contaminantes ambientales más importantes en el aire, agua y en la dieta durante el embarazo e inicio de la vida, y sus efectos sobre el crecimiento y desarrollo infantil.

- Turner S. Respiratory Group. Environmental exposures and respiratory outcomes in children. Paediatr Respir Rev. 2012; 13: 252-7.

Revisión que plantea el papel de las exposiciones ambientales como causa de asma. Resume una serie de consejos a proporcionar a los padres y los gobiernos interesados en la reducción del riesgo de asma.

Caso clínico

 

En una ciudad, se ha producido en diferentes momentos brotes de crisis asmáticas en niños y adultos al mismo tiempo, agregándose los casos en un corto periodo de tiempo en cada uno de esos brotes. La ciudad tiene una población de unos 3 millones de habitantes, dispone de industria pesada, puerto de mar y un nivel de tráfico importante. Las crisis se han presentado en todas las estaciones del año, en diferentes condiciones meteorológicas de temperatura, presión atmosférica e incidencia gripal variable.

 

 

Tratamiento del niño asmático

 

S. de Arriba Méndez*, J. Pellegrini Belinchón**, C. Ortega Casanueva***
Temas de FC


S. de Arriba Méndez*, J. Pellegrini Belinchón**, C. Ortega Casanueva***

Grupo de Trabajo de Asma y Alergia de la SEPEAP.
*Pediatra. Hospital Clínico Universitario. Salamanca.**Pediatra. Centro de Salud de Pizarrales, Salamanca.***Pediatra y Alergóloga. Unidad de Neumología y Alergia Infantil. Hospital Quirón San José. Madrid

 

Resumen

El asma es la enfermedad crónica más frecuente en la edad infantil.
Por ello es necesaria la optimización de los recursos frente a esta enfermedad e imprescindible la educación de los pacientes y sus familiares.
En este capítulo se abordará, en primer lugar, el tratamiento de las crisis; posteriormente, las indicaciones de un tratamiento de mantenimiento, las medicaciones que se utilizan con este fin y, por último, la educación del paciente con asma.
Los consensos nacionales e internacionales, guías de práctica clínica y manuales coinciden en que el fin fundamental del tratamiento es lograr y mantener el control total del asma. Conseguir la ausencia de limitaciones en la actividad normal del niño, ausencia de síntomas, exacerbaciones y una función pulmonar normal debe ser la meta. No siempre es posible conseguirlo, pero los esfuerzos de todos deben ir encaminados a este fin.

 

Abstract

Asthma is the most common chronic disease among children.
Therefore, it is necessary to optimize the use of the resources available to fight this disease, where the education of the patients and his/her relatives plays a key role.
This chapter reviews the current pharmacological treatment of the crisis, the maintenance treatment of the disease and the education of the patient.
The national and international consensus, the clinical practice guidelines and manuals agree that the ultimate goal of treatment is to achieve and maintain total control of asthma. This means no limitations on the child’s normal activity and absence of symptoms, exacerbations, and normal lung function. It is not always possible to fully achieve it but all efforts must be aimed at this purpose.

 

Palabras clave: Asma infantil; Crisis; Tratamiento; Fármacos antiasmáticos

Key words: Childhood asthma; Crisis; Treatment; Anti-asthma drugs

 

Pediatr Integral 2016; XX (2): 94-102


Tratamiento del niño asmático

Introducción

El asma es la enfermedad crónica más prevalente en la edad infantil(1) y constituye un problema de salud pública(2-4), induce una gran carga asistencial en las consultas de Pediatría y un frecuente motivo de atención en los servicios de urgencias, sobre todo en los últimos años, debido al aumento de la prevalencia del asma(5).

Según datos de Blasco Bravo y colaboradores, en España, considerando la prevalencia media, la utilización de recursos fue de unos 532 millones de euros en 2008. En este estudio, el coste medio anual se estima en 1.149 euros por cada niño asmático, variando en función de la gravedad desde 403 euros, para los niños con asma episódica ocasional, hasta 5.380 euros para los niños con asma persistente grave. Los costes directos suponen el 60,1% de los costes totales, de los que el más elevado fue el de asistencia en Atención Primaria (30%) y el siguiente, el producido por el consumo de medicamentos(6).

En los países desarrollados, el asma y los problemas derivados de la misma, suponen un 1-2% del gasto sanitario total(7). Esta magnitud del problema hace necesaria la optimización de los recursos frente a esta enfermedad y que, asimismo, la educación de los pacientes y sus familiares sea imprescindible.

En Mayo de 2015, se publicó la nueva actualización de la Guía Española para el Manejo del Asma(8) (GEMA4.0). Al igual que las versiones anteriores, se trata de una guía muy práctica, independiente y consensuada, en esta ocasión por catorce sociedades y grupos científicos, entre las que se encuentra la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria (SEPEAP). Esta guía multidisciplinar permite un abordaje y tratamiento consensuado del asma y se ha convertido en el principal referente para el manejo de esta enfermedad por parte de los pediatras en los diferentes niveles asistenciales.

Otra guía fundamental para el manejo del asma, es la que nos aporta la Global Initiative for asthma (GINA), revisada de forma profunda en 2014, cuyas directrices en tratamiento se diferencian según la edad del niño, si tiene cinco años o menos, o bien, si tiene seis o más, igualándose las recomendaciones en este último grupo, a las de los adultos(9).

Abordaremos aquí, primero, el tratamiento farmacológico de las crisis, para después centrarnos en las indicaciones de un tratamiento de mantenimiento, medicaciones que se utilizan con este fin y, por último, la educación del paciente con asma.

Tratamiento de las crisis

Los objetivos al tratar una crisis de asma son: tratar la hipoxemia, revertir la obstrucción y evitar las recaídas.

Ante un niño con síntomas de presentar una crisis asmática, en primer lugar, hay que realizar una valoración rápida de la gravedad de la crisis para determinar si es necesaria una actuación inmediata y aplicar el tratamiento. En caso de que no se disponga de pulsioxímetro, la valoración inicial de la crisis asmática se basa, fundamentalmente, en patrones clínicos y necesariamente ha de hacerse de la forma más sencilla y rápida posible. En la tabla I, se recoge el Pulmonary Score, aplicable a todas las edades(10). En esta tabla, se puntúa de 0 a 3 puntos cada uno de los tres apartados, a más puntuación, mayor gravedad.

Prácticamente en todos los Centros de Salud en el momento actual se dispone de un pulsioxímetro para medir la saturación de oxígeno (SaO2); ya que, contribuye de forma fundamental para valorar la gravedad de la crisis. En la tabla II, se recoge de forma combinada el cálculo de la gravedad de la crisis asmática combinando el Pulmonary Score y la SaO2.

En la figura 1, se detalla el tratamiento propuesto por el consenso pediátrico español y la Guía GEMA4.0 para tratar la crisis asmática según la gravedad(8,11).

Figura 1. Tratamiento de la crisis asmática en niños.

Se aconseja individualizar la dosis de los fármacos de acuerdo con la gravedad de la crisis y con su respuesta al tratamiento.

En general, para crisis leves y moderadas, se prefiere utilizar MDI (inhalador de dosis medida) con cámara de inhalación antes que la nebulización por lo que, para evitar problemas de logística, en centros de salud y hospitales, se debe recomendar a los niños y a sus familias que, cuando acudan a urgencias, lo hagan con su cámara y su inhalador.

En crisis graves, si se dispone de sistema de nebulización con oxígeno, utilizarlo asociando, a los β2 adrenérgicos de acción corta, el bromuro de ipratropio.

β2 adrenérgicos de acción corta

Son los fármacos broncodilatadores más eficaces y con mayor rapidez de acción, por lo que constituyen la primera línea de tratamiento de cualquier crisis asmática(12).

En los niños se utiliza el salbutamol en las urgencias de los centros de salud y de hospitales, pero el paciente puede utilizar la terbutalina si la tiene prescrita, salvo que la crisis sea tan importante que le impida realizar bien la inhalación mediante el sistema turbuhaler, que es como está comercializado este último fármaco en España.

Anticolinérgicos

Los anticolinérgicos son antagonistas competitivos de la acetilcolina. El más utilizado es el bromuro de ipratropio. Están indicados junto a los β2 agonistas de rescate durante las primeras 48 horas de una crisis asmática grave. Utilizado de forma precoz se ha asociado a una disminución del número de hospitalizaciones(13). Su inicio de acción es más lento, entre 30 y 60 minutos. La dosis nebulizada es de 250 µg/4-6 horas en pacientes de menos de 30 kg y 500 µg/4-6 horas en pacientes de más de 30 kg.

Corticoides sistémicos

En pautas cortas (3-5 días o hasta la resolución) para el tratamiento de crisis moderadas o graves. Se utilizan en este caso a dosis de 1-2 mg/kg/día de prednisona o equivalente, con un máximo de 50 mg/día, en dosis única matutina. Es de elección la vía oral frente a la parenteral, reservándose esta última para cuando existen vómitos, la disnea es intensa e impide la deglución o para cuando el niño se encuentra en ventilación mecánica(9). Las pautas cortas se pueden retirar de forma brusca, ya que no parecen afectar al eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal.

Recientemente, algunos grupos proponen el uso de la dexametasona en una o dos dosis únicas, como tratamiento de las crisis, encontrando similares resultados a pautas más largas con prednisona(14).

Tratamiento de mantenimiento, ¿cuándo? ¿cuál?

Solo en caso de que el niño tenga síntomas diurnos leves y poco frecuentes, que no tenga síntomas en intercrisis, tolere bien el ejercicio y no presente síntomas nocturnos, se permitirá que solo reciba broncodilatadores β2 adrenérgicos de corta acción a demanda. En los demás casos, iniciaremos un tratamiento de mantenimiento antiinflamatorio.

En las figuras 2 y 3 se refleja el tratamiento escalonado en menores de tres años y en mayores de esa edad, en base a los recomendados en el consenso pediátrico español(12), en la GEMA4.0 y modificado en la anterior revisión de Pediatría Integral(14) relacionándolo con el cuestionario del control del asma.

Figura 2. Tratamiento de mantenimiento escalonado del asma en menores de 3 años.

Figura 3. Tratamiento de mantenimiento escalonado del asma en mayores de 3 años

Se indica que a los 2-3 meses de iniciado el tratamiento, se pase un cuestionario para intentar objetivar la respuesta a este tratamiento inicial. Propone el Cuestionario Control del Asma en Niños (CAN), tabla III, que consta de 9 preguntas, con 5 posibles respuestas, que se puntúan cada una de 0 a 4 puntos. La puntuación máxima es de 36 puntos y la mínima de 0 puntos. A más puntuación, peor control. Se considera deficientemente controlado un niño a partir de 8 puntos(8,16). También se puede utilizar el C-ACT(18), validado recientemente al español(19).

La GINA en su revisión más reciente recomienda un cuestionario más reducido para el control del asma(9) (Tabla IV).

Si tras la revisión cada poco tiempo para asegurar su adherencia al tratamiento, el correcto uso de los inhaladores, y si tras dos o tres meses su asma no está controlada, valoraremos subir un escalón en el tratamiento, tras confirmar que está bien realizado el diagnóstico y tras abordar los factores de riesgo que puedan ser modificables.

Se plantea reducir tratamiento después de tres meses de control total del asma. El descenso será gradual, por ejemplo, en sentido inverso a como lo fuimos ascendiendo, aunque lo individualizaremos en función de la respuesta que hubiéramos obtenido a los diferentes fármacos, por ejemplo, en aquellos pacientes que no fueran respondedores a antileucotrienos en monoterapia, ahora no tendrá sentido dejarles con ellos de nuevo.

Corticoides inhalados (CI)

Son el tratamiento recomendado como primera línea de tratamiento en el asma persistente(8,9).

Dada su alta afinidad y selectividad por el receptor, permiten un potente efecto antiinflamatorio local, acciones terapéuticas mantenidas, prolongada permanencia en el pulmón y una baja biodisponibilidad oral. Reducen los síntomas de asma y el número de exacerbaciones. Los CI disponibles en España son: dipropionato de beclometasona, budesonida, propionato de fluticasona, furoato de fluticasona y ciclesonida (estos 2 últimos autorizados en España en mayores de 12 años). La budesonida y la fluticasona son los más recomendados por los consensos actuales. Se debe utilizar siempre la mínima dosis eficaz de CI.

En la tabla V, se recogen las dosis equipotentes de propionato de fluticasona y budesonida.

Antileucotrienos

Los leucotrienos cisteinílicos, a través de su receptor de tipo 1, producen broncoconstricción, hiperreactividad bronquial, aumento de la secreción mucosa y de la permeabilidad vascular, aumento del tono muscular y proliferación del músculo liso bronquial, teniendo por ello un papel importante en la fisiopatología del asma. El único fármaco de este grupo autorizado en España que se utiliza en niños (a partir de los seis meses de edad) es el montelukast. Se utiliza por vía oral y en dosis única nocturna. Su metabolismo no parece influirse por las comidas copiosas o grasas. Parecen mejorar el asma inducida por ejercicio físico y por alérgenos. En niños pequeños, según algunos estudios, podrían mejorar las exacerbaciones inducidas por virus, aunque otros no lo confirman. Añadido a corticoides inhalados, parece mejorar la función pulmonar y disminuir el número de crisis. Cuando se ha evaluado la utilidad de los antileucotrienos asociados a los corticoides inhalados, se ha observado un efecto antiinflamatorio complementario, lo cual permite la reducción de la dosis de corticoide. Este efecto parece menor que con la asociación de un broncodilatador β2 adrenérgico de acción prolongada al corticoide. En monoterapia, también parece tener efecto beneficioso, pero menor que los corticoides inhalados(8,9).

Broncodilatadores de acción prolongada

Deben asociarse siempre a un corticoide inhalado. La dosis recomendada en niños es de 4,5- 9 μg dos veces al día, para el formoterol en mayores de seis años, y de 50 μg, dos veces al día, para el salmeterol, en mayores de cuatro años. En el momento actual, no se recomiendan como medicación de rescate. En España, hay preparados para administrar por vía inhalada en el mismo dispositivo salmeterol/fluticasona y formoterol/budesonida.

Teofilinas

Su única indicación actual es en caso de asma persistente grave, asociadas a los GCI. Se precisan más estudios para definir la relación riesgo-beneficio.

Cromonas

Las revisiones actuales no las consideran mejores que el placebo, por lo que, los consensos actuales ya no las incluyen.

Tratamiento del broncoespasmo inducido por ejercicio físico

Ante un niño con broncoespasmos inducidos por el ejercicio físico, debemos tener en cuenta la posibilidad más frecuente, que es que se trate de un niño con asma no del todo controlada, debiendo entonces aumentar su tratamiento de base.

Cuando el niño o adolescente únicamente presente de forma exclusiva síntomas con el ejercicio físico, debemos indicar un tratamiento preventivo.

Es fundamental que transmitamos al niño y a sus padres el hecho de que con medidas generales y tratamiento va a poder, y debe, seguir realizando ejercicio físico.

Es muy importante evitar el sedentarismo y explicar al adolescente que un tratamiento adecuado evitará la aparición de los síntomas. Es necesario, también, mejorar la forma física y capacidad aeróbica. La práctica de deportes será beneficiosa para la evolución de su asma si se realiza de forma adecuada. Algunos deportes, como la natación, suelen ser mejor tolerados. Además, no debemos olvidar los beneficios que el deporte tiene en general; así, por ejemplo, una revisión Cochrane concluye que la natación mejora la función pulmonar en adolescentes y niños(20). Se debe realizar un correcto y progresivo calentamiento previo, la progresión del ejercicio, el uso de bufandas si el ambiente es frío y seco, evitando en lo posible la respiración bucal.

Como fármacos, se recomiendan β2 de acción rápida, 10-15 minutos previos a la realización del ejercicio. Cuando el uso es muy frecuente se puede dar lo que se conoce como taquifilaxia, es decir, una pérdida de la efectividad progresiva, debida al uso tan continuado, por lo cual, se recomienda en estos casos, asociar corticoides inhalados de mantenimiento. Asimismo, en niños en los que resulte impredecible el momento de realización del ejercicio físico, se recomienda también un tratamiento de base. Los antileucotrienos resultan beneficiosos en un porcentaje no despreciable de estos pacientes, viéndose en algunos estudios cómo aumenta la excreción de LTE4 en orina tras el ejercicio y cómo esto se atenúa con el tratamiento, por lo cual puede realizarse una prueba terapéutica(21).

Asma alérgica

El asma que se desencadena por un mecanismo alérgico se tratará del mismo modo que la desencadenada por otras causas, pero tendremos en cuenta, además de la evitación de los alérgenos implicados, las siguientes dos opciones terapéuticas:

Inmunoterapia:

La inmunoterapia por vía subcutánea, o sublingual, con vacunas de alérgenos es un tratamiento eficaz para el asma alérgica bien controlada, siempre que se haya demostrado una sensibilización mediada por IgE frente a aeroalérgenos comunes que sea clínicamente relevante, se utilicen extractos bien caracterizados y estandarizados biológicamente.

Está indicada cuando no es posible evitar la exposición al alérgeno. La inmunoterapia no debe prescribirse a pacientes con asma grave o no controlada, por el elevado riesgo de reacciones adversas graves. La inmunoterapia subcutánea solo debe administrarse por personal entrenado y en centros donde se disponga de los medios necesarios para tratar una posible anafilaxia. El paciente debe permanecer 30 minutos en observación después de la inyección subcutánea; ya que es, en ese tiempo, cuando se han descrito las raras, aunque posibles, reacciones graves. La inmunoterapia aporta una mejoría en la evolución natural de la enfermedad y suelen mantenerse los beneficios clínicos obtenidos hasta varios años después de la retirada del tratamiento(8,22).

Omalizumab:

Es un anticuerpo monoclonal humanizado, con acciones bloqueantes de la inmunoglobulina E (IgE). Está indicado en el asma alérgica mediada por IgE, persistente grave. Se sabe que la IgE juega un papel primordial desde el inicio y durante la evolución del asma alérgica. Con el omalizumab se consigue además del bloqueo de la IgE, unos efectos añadidos debidos a la detención de la liberación de citocinas y otros mediadores importantes en la fisiopatología del asma. Es un tratamiento admitido para niños mayores de 6 años. Ha demostrado disminuir el número de crisis, los síntomas diarios, la necesidad de medicación de rescate y de corticoides inhalados de mantenimiento y mejorar la calidad de vida de los pacientes(23).

Sistemas de inhalación

En la tabla VI, de forma orientativa, se recomiendan los dispositivos de inhalación dependiendo de la edad. Como norma general, se recomienda utilizar en lactantes y niños pequeños las cámaras espaciadoras con mascarilla; en cuanto el niño sea capaz de colaborar, se intenta sustituir la mascarilla por una boquilla. Se debe mantener la cámara espaciadora hasta que el niño domine la técnica de inhalación del polvo seco. Entre nebulización o inhalación con cámara, se prefiere este último sistema, dejando la nebulización para casos muy concretos de niños pequeños no colaboradores.

Es necesaria la revisión periódica de la técnica de la inhalación y se debe plantear el cambio de un sistema a otro, dependiendo de la edad, de la preferencia del niño mayor o cuando el asma no evolucione correctamente.

Educación en asma

La finalidad de un proceso educativo no es informar. La educación en el asma bronquial intenta generar en el paciente pediátrico y su familia los conocimientos, habilidades y actitudes que le permitan adecuar su estilo de vida y costumbres al estado de salud que presenta, intentando que asuman un papel activo en el proceso. Se debe realizar a través de un programa estructurado(24).

Es precisa una Guía metodológica que prepare al profesional para educar en asma. Este proceso requiere preparación y motivación, así como conocer y dominar estrategias que faciliten la implantación del programa educativo.

El abordaje educativo compete a todos los profesionales sanitarios: pediatras, alergólogos y neumólogos pediátricos, enfermeras, fisioterapeutas y farmacéuticos. Ahora bien, el pediatra de Atención Primaria y la enfermera de centro de salud, por su cercanía, accesibilidad y confianza, tienen un papel fundamental(11). Tampoco se puede obviar en el momento actual, el papel de las nuevas tecnologías, profesores y entrenadores formados en asma y el llamado “paciente experto”, que a través de grupos o asociaciones de pacientes puede ser útil en la educación de niños y sus familias, aunque requiera supervisión por profesionales de la salud(24).

Los puntos clave sobre los que educar se especifican en la tabla VII(11,25).

Objetivos y secuencia educativa

Desde hace años, la educación de estos niños se viene realizando en nuestras consultas pero, a veces, sin haber fijado unos objetivos previos y sin seguir una organización concreta. La educación en el paciente asmático debe ser organizada y planificada con el mismo rigor que la investigación diagnóstica o los planteamientos terapéuticos(26).

Después del diagnóstico educativo y de la identificación de las necesidades y, en función de las mismas y de los recursos disponibles, se deben establecer los objetivos que, necesariamente, deben ser fruto del acuerdo entre el niño, su familia y el educador(26).

El objetivo general de la educación es aumentar la calidad de vida del niño o adolescente y de sus familias. Entre los objetivos específicos, se encuentran, además de la formación adecuada del personal sanitario implicado en el programa, mejorar la comunicación entre los pacientes y el personal sanitario, reducir la ansiedad, aclarar dudas, superar falsas creencias y expectativas. Con el aumento de los conocimientos del niño y de su familia, se pretende inducir los cambios y habilidades conductuales que precisan para disminuir el número de visitas al servicio de urgencias, evitar la hospitalización, mejorar los síntomas clínicos, desarrollar comportamientos de prevención ayudando a identificar factores precipitantes y desencadenantes, gestionar su enfermedad de acuerdo con sus necesidades y proyectos de futuro y en definitiva mejorar la calidad de vida a corto y largo plazo(24,25).

Por lo tanto, mediante una metodología estructurada que llamamos “secuencia educativa”, se irán aplicando y desarrollando los contenidos, en las siguientes etapas:

• Diagnóstico educativo.

• Concienciación de su enfermedad y de los posibles riesgos.

• Adhesión a la información. La forma de presentación de la información y la empatía son fundamentales en esta etapa.

• Búsqueda de soluciones.

Dado que el asma es una enfermedad crónica, en esta etapa es fundamental que el pediatra abandone el papel de experto, para pasar a un modelo más horizontal, donde se buscan soluciones de común acuerdo, pactando cambios de hábitos y modificaciones de conducta que promuevan la autonomía del niño o adolescente.

• Cumplimiento. Se inicia el tratamiento y se mantiene mediante la repetición de actos.

• Evaluación de resultados.

• Cambios dependiendo de la evaluación de los resultados obtenidos.

En cada visita se recordará el tratamiento de mantenimiento, la técnica inhalatoria y actuación ante una posible crisis, pasando por el reconocimiento previo de los síntomas. Es fundamental que el programa educativo se desarrolle en los primeros 6 meses después del diagnóstico y se considera necesario un mínimo de tres sesiones educativas para entrenar y capacitar al niño en un programa personalizado de autocontrol(l1,26).

Es importante hacer un plan escalonado de información, se debe usar un lenguaje claro y comprensible adaptado a cada familia, utilizando información escrita personalizada y basándose en materiales gráficos o instrumentos, como: cámaras, placebos, anillos explicativos sobre la inflamación o la broncoconstricción, que puedan ser útiles(11,24-26).

Adhesión al tratamiento

Uno de los aspectos fundamentales de la educación del niño asmático y su familia y que los autores piensan que es necesario especificar, es el referido a la adhesión del tratamiento.

El asma, como otras enfermedades crónicas con grandes periodos asintomáticos, presenta una alta tasa de incumplimientos terapéuticos.

Se puede definir el grado de adherencia al tratamiento en asma pediátrica, como la medida en que el niño y/o su familia siguen realmente los consejos y utilizan la medicación que indica y ha consensuado con el personal sanitario, y lo hace correctamente, utilizando las técnicas adecuadas. En el momento actual, no se dispone de medidas efectivas para la valoración del cumplimiento farmacológico del asma en Pediatría.

No conocemos ningún parámetro bioquímico, que nos indique con seguridad el grado de cumplimiento habitual del tratamiento y un correcto control de la enfermedad. Se puede intentar de forma indirecta con la medición de la medicación consumida y recetas realizadas, utilización del diario de síntomas y entrevista con el paciente y su familia, test de Morinsky-Green(27), basado en preguntas abiertas, aunque son precisos más estudios al respecto. La medición del óxido nítrico exhalado (FeNO) puede llegar a ser un buen sistema para valorar la utilización de la medicación de mantenimiento.

El pediatra en la educación para el asma

El Centro de Salud es el escenario idóneo para dar respuesta a las necesidades educativas y de control que se plantea la familia del niño asmático, puesto que el pediatra de Atención Primaria es de fácil acceso, presta una atención continuada al niño desde que nace y conoce mejor su entorno socio-familiar(26) y debe ser el responsable del seguimiento integral y promotor de la educación en autocuidados, configurándose así como el responsable principal del niño y del adolescente asmático(28).

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de los autores.

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Bibliografía comentada

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Imprescindible para el manejo de esta patología tanto en adultos como en niños. Guía realizada con el consenso de 14 sociedades científicas y grupos españoles, pero de alcance internacional. Actualizada en mayo de 2015, aporta las últimas evidencias disponibles y consensos de expertos. Las actualizaciones se realizaran fundamentalmente por vía telemática, hasta que nuevas investigaciones y publicaciones aconsejen actualizarla de forma más completa con una nueva versión.

– Global Initiative for asthma (GINA). Disponible en: http://www.ginasthma.org/ Consultado el 15 octubre 2015.

Consenso internacional sobre el diagnóstico y tratamiento del asma elaborado por el National Heart, Lung and Blood Institute de los EE.UU., con la colaboración de especialistas representantes de la mayor parte del mundo. La última revisión completa realizada en 2014, pero con aportaciones constantes. Entre otros objetivos, pretende mejorar el manejo del asma y la disponibilidad y accesibilidad a tratamientos efectivos.

– GEMA educadores. Manual del educador en asma. Madrid: Luzan. 5; 2010.

Pendiente de publicarse, actualizada, la nueva GEMA educadores de la GEMA 4.0, es una guía imprescindible para tratar la educación del asma.

– Ortega Casanueva C, Pellegrini Belinchón J. Asma: educación sanitaria, autocontrol y medidas preventivas. Pediatr Integral. 2012; XVI: 141-8.

Educación en asma infantil orientada desde, por y para los centros de salud por pediatras y personal de enfermería que trabajan en el primer nivel sanitario.

Caso clínico
 

Lactante de 15 meses que acude por tos y sibilancias coincidiendo con sus procesos infecciosos respiratorios.

Antecedentes familiares: madre con rinoconjuntivitis alérgica por pólenes de gramíneas, sin asma. Resto: sin interés.

Antecedentes personales: bien vacunado, screening metabólico neonatal (incluyendo fibrosis quística) negativo. Bronquiolitis VRS positiva a los 2 meses que precisó ingreso para oxigenoterapia durante 72 horas. Alergia a huevo (tolera trazas), sensibilización a hongo Alternaria y dermatitis atópica desde los 10 meses de vida.

Tras la bronquiolitis, el primer año presentó sibilancias y recibió salbutamol en otros tres procesos catarrales. Pasó el verano sin síntomas, pero al inicio del otoño ha tenido una reagudización coincidente con síntomas catarrales y febrícula, que ha tardado 12 días en resolverse y para la que le han tratado con salbutamol y metilprednisolona. De nuevo, ahora acude por reagudización leve, pero nos refiere la madre que le nota tos con la risa y el llanto de forma habitual. Le tratan, exclusivamente, con salbutamol a demanda.

 

 

Asma: concepto, fisiopatología, diagnóstico y clasificación

 

S. García de la Rubia, S. Pérez Sánchez
Temas de FC


S. García de la Rubia, S. Pérez Sánchez

Pediatras de Atención Primaria. CS Infante. Murcia

 

Resumen

El asma es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en la infancia. Supone un problema de salud grave a nivel mundial, dado el aumento de su prevalencia, de los costes para el tratamiento y la carga cada vez mayor a nivel asistencial y social.
Cada vez tenemos más claros los factores que inciden en el desarrollo del asma y cuales actúan como desencadenantes de los episodios. Para el diagnóstico, utilizamos fundamentalmente la espirometría en niños de más de 6 años; siendo en los más pequeños, la presencia de una clínica sugestiva con una buena respuesta al tratamiento, los datos que nos van a insinuar el diagnóstico.
La clasificación inicial del niño nos permite instaurar el tratamiento precoz, siendo la posterior valoración del control del asma lo que nos irá indicando las necesidades de ajuste terapéutico. Un buen manejo del asma pasa por una buena formación del personal sanitario (pediatras y enfermería pediátrica) que favorezca un proceso educativo de los padres y del niño, una organización interdisciplinaria y la concienciación de la importancia de la enfermedad como problema de salud.

 

Abstract

Asthma is one of the most common chronic diseases in childhood. It implies a serious global health problem due to its prevalence increment, costs for treatment and the magnification level of care and social burden.
We have increasingly clear the factors that influence the development of asthma and which act as triggers of episodes. Essentially we used spirometry for diagnostic in children over 6 years; being the smallest, the presence of a suggestive clinic with a good response to treatment, the data to us to suggest the diagnosis.
The initial placement of the child allows us to establish early treatment; with subsequent measurement of asthma control we will indicate what needs therapeutic setting. Good asthma management depends on good training of health personnel (both pediatricians, and pediatric nurses) promoting an educational process parent and child, an interdisciplinary organization and awareness of the importance of the disease as a health problem.

 

Palabras clave: Asma; Diagnóstico; Infancia

Key words: Asthma; Diagnosis; Childhood

 

Pediatr Integral 2016; XX (2): 80-93


Asma: concepto, fisiopatología, diagnóstico y clasificación

Definición de asma

Encontrar una definición exacta de asma no es tarea fácil, la dificultad proviene de tratarse de un cuadro clínico provocado por distintas causas, aun presentando una clínica similar. Una definición general podría ser:

“Asma es la enfermedad heterogénea crónica de vías respiratorias inferiores más común en Pediatría. Se trata de una inflamación crónica de las vías respiratorias, en cuya patogenia intervienen diversas células y mediadores de la inflamación, condicionada en parte por factores genéticos y que cursa con episodios recurrentes de hiperrespuesta bronquial y una obstrucción variable al flujo aéreo, total o parcialmente reversible, ya sea por la acción medicamentosa o espontáneamente”(1).

Las dificultades en su definición aumentan cuando tenemos en cuenta la edad del niño, pues en el niño pequeño, es donde el asma presenta unas peculiaridades que van a afectar más al diagnóstico, a la gravedad, al grado de control, a la evolución y al tratamiento. En este grupo de niños, recurrimos a la definición establecida en el III Consenso Internacional Pediátrico(2), que lo define como:

“Sibilancias recurrentes y/o tos persistente en una situación en la que el asma es probable y se han descartado otras enfermedades más frecuentes”.

Una vez que sospechamos el diagnóstico de asma, realizamos una confirmación diagnóstica, establecemos la clasificación de su asma, prescribimos el tratamiento indicado e iniciamos un programa educativo del niño y su familia. Todo esto, nos llevará a un adecuado control de la enfermedad.

Fenotipos

A pesar de los importantes estudios puestos en marcha en numerosos campos (biología, genética, epidemiología…) sobre el asma, sus causas siguen siendo desconocidas. Se sabe que existen diversos condicionantes para su aparición, tanto factores hereditarios como factores ambientales. El asma está considerada como una enfermedad de transmisión poligénica.

Actualmente, carecemos en la práctica de pruebas que nos indiquen con exactitud qué niños van a ser asmáticos, aunque ciertos datos nos pueden orientar(3).

En los lactantes, tiene un buen pronóstico: la ausencia de antecedentes personales y familiares de atopia, el debut antes de los dos años de vida, la ausencia de sensibilización a neumoalergenos, la tasa normal de IgE sérica y hospitalizaciones limitadas.

En el pasado, en niños de edad preescolar se han empleado diferentes clasificaciones atendiendo al fenotipo descrito de sibilancias y se relacionaba con carácter pronóstico a una mayor o menor probabilidad de desarrollar asma en un futuro. Actualmente, estas clasificaciones nos ofrecen un uso limitado e incierto en la práctica clínica, pues no hay evidencia de que esta presentación fenotípica sea estable(4).

El “índice de predicción de asma” (IPA) nos ayudará a seleccionar con más probabilidad a los niños con asma atópica y, por tanto, persistente en el tiempo. Para ello se utilizan una serie de criterios descritos inicialmente por Castro(5) y posteriormente modificados (Tabla I).

Por lo tanto, niños con sibilantes recurrentes por debajo de los tres años, que cumplen con un criterio mayor o dos menores, tendrán una elevada probabilidad de padecer en el futuro un asma persistente atópico (IPA+). La presencia de IPA+ aumenta de 4 a 10 veces el riesgo de desarrollar la enfermedad entre los 6 y 13 años de edad, mientras que no tendrán asma a esta edad el 95% de los que tienen IPA-.

La presencia de IgE específica frente al huevo durante el primer año de vida es un indicador de enfermedad atópica, un marcador serológico precoz de una posterior sensibilización a alérgenos inhalantes y de desarrollo de patología alérgica respiratoria. No obstante, persiste la dificultad para predecir qué niños con sibilancias desarrollarán asma en un futuro. Pensemos que los fenotipos de cada niño pueden cambiar y, con ello, los consejos que deben recibir los padres.

Prevalencia y factores de riesgo

Los estudios epidemiológicos internacionales han mostrado un aumento a nivel mundial de la prevalencia del asma en las últimas décadas, pero con variaciones geográficas.

La causa de estas variaciones se encuentra todavía por establecer, pero su análisis permite generar hipótesis en relación con los factores responsables de la distribución de la enfermedad(4).

En España se han publicado múltiples estudios, en los que se intenta identificar la prevalencia de asma en la edad pediátrica, pero la falta de protocolos estandarizados aplicables a este grupo de edad, así como la dificultad de definir el asma por métodos objetivos útiles para los estudios poblacionales, hace que los diferentes criterios y métodos empleados para su cálculo impidan la comparación de los resultados. La prevalencia de asma por diagnóstico médico en España estimada por el Instituto Nacional de Estadística (INE)(6) es del 4,08% para los niños de edades entre 0 y 4 años, del 7,39% en los de cinco a nueve años y del 7,99% si tienen entre 10 y 15 años.

La enfermedad crónica más prevalente en niños españoles (0-14 años) es la alergia, que afecta a uno de cada 10 menores, seguida del asma, que afecta a uno de cada 20.

Fisiopatogenia

El asma es un proceso inflamatorio crónico que condiciona la resistencia al flujo aéreo de las vías respiratorias. Intervienen varios tipos de células inflamatorias y múltiples mediadores que producen los mecanismos fisiopatológicos característicos de inflamación, obstrucción, hiperrespuesta bronquial y remodelado de la vía aérea.

Inflamación crónica, células y mediadores inflamatorios

Los efectos de la inflamación de las vías respiratorias se extienden en la mayoría de enfermos al tracto respiratorio superior y a la nariz, pero los efectos fisiopatológicos son más pronunciados en bronquios de mediano calibre.

En este proceso inflamatorio, se describen dos tipos de mecanismos, con participación de mastocitos, eosinófilos y linfocitos. Los neutrófilos parecen estar implicados de forma importante en niños pequeños(7).

El mecanismo inmunológico puede estar mediado o no por IgE, observable frecuentemente en el niño mayor (implicado en procesos de asma alérgico y atopia). Inicialmente, las células presentadoras de antígeno presentan al alérgeno a los linfocitos Th2. Luego los linfocitos Th2 activados inducen la formación de interleucinas (IL 4, 5 y 13) y de moléculas de adhesión, y también activan a los linfocitos B que producen IgE específica. Finalmente, la IgE se une a los receptores de mastocitos, eosinófilos y basófilos que producen la sensibilización del sujeto. En exposiciones posteriores al alérgeno, este se une a la IgE específica presente en las células diana y provoca la liberación de mediadores que contribuyen a la inflamación y aparición de los síntomas(8).

Por tanto, la inflamación crónica es el resultado de una compleja interacción de múltiples células, donde destacan los procesos mediados por los eosinófilos en la patogenia de asma alérgica. Recientemente, se ha descrito en niños pequeños la importante implicación de los neutrófilos, capaces de liberar numerosos mediadores y compuestos citotóxicos en asma y cuadros de sibilancias exacerbados por infecciones virales.

En el mecanismo no inmunológico, se describe la participación principalmente de las células de la pared de la vía aérea, entre ellas las células epiteliales, que producen citocinas, así como las células endoteliales y fibroblastos, que producen neuropéptidos cuando las fibras nerviosas son estimuladas por irritantes. Todo ello contribuye así a la persistencia y al aumento de la respuesta inflamatoria.

Se han descrito diferentes mediadores que están involucrados en el asma y median en la respuesta inflamatoria de las vías respiratorias (Tabla II).

Elementos estructurales de la vía aérea y mecanismo de obstrucción

El hecho fisiológico principal de la exacerbación asmática es el estrechamiento de la vía aérea y la subsiguiente obstrucción al flujo aéreo, que de forma característica es reversible.

La broncoconstricción de la musculatura lisa bronquial, que sucede en respuesta a múltiples mediadores y neurotransmisores, es reversible mediante fármacos broncodilatadores. En su mecanismo ocurre:

Edema de las vías aéreas, debido al aumento de la extravasación microvascular en respuesta a los mediadores de la inflamación. Puede ser especialmente importante durante un episodio agudo.

El engrosamiento de las paredes de los bronquios, que acontece por los cambios estructurales que denominamos “remodelamiento”, importante cuando la enfermedad es más grave y no regresa totalmente mediante el tratamiento habitual.

Hipersecreción mucosa, que ocasiona obstrucción de la luz bronquial debido al aumento de la secreción y a exudados inflamatorios.

Hiperrespuesta bronquial

Una circunstancia característica de la enfermedad, aunque no exclusiva, es el fenómeno de la hiperrespuesta bronquial (HRB). Definiríamos la HRB, como: el estrechamiento de la vía aérea que ocurre en pacientes con asma en respuesta a estímulos que resultan inocuos en niños normales.

La HRB está ligada a la inflamación, a la reparación de la vía aérea, a la disfunción neurorreguladora y a factores hereditarios. Será parcialmente reversible con tratamiento. En el proceso intervienen:

• Una contracción excesiva de la musculatura lisa bronquial, como resultado de un aumento del volumen y/o de la contractilidad de las células del músculo liso bronquial.

• El desacoplamiento de la contracción en la vía respiratoria, como resultado de la inflamación bronquial, que puede conducir a un excesivo estrechamiento y a una pérdida del umbral máximo de la contracción cuando se inhalan sustancias broncoconstrictoras.

• El engrosamiento de la pared en la vía respiratoria, que ocurre por edema y cambios estructurales, ocasionando el aumento del estrechamiento debido a la contracción del músculo liso bronquial por razones geométricas.

• Los nervios sensoriales, que pueden estar más reactivos por la inflamación, lo que puede llevar a una broncoconstricción exagerada en respuesta a los estímulos sensoriales.

Factores que influyen en el desarrollo y expresión del asma

El asma es una enfermedad multifactorial. Se diferencian los factores causantes del desarrollo de asma y los desencadenantes de los síntomas de asma. Los primeros incluyen los factores dependientes del huésped (que son principalmente genéticos) y más tarde son habitualmente factores ambientales (Tabla III).

No obstante, los mecanismos que influyen en el desarrollo y expresión del asma son complejos e interactivos. Aspectos del desarrollo, tales como la maduración de la respuesta inmune y el tiempo de exposición a infecciones durante los primeros años de vida, se han mostrado como importantes factores que modifican el riesgo de asma en la persona susceptible genéticamente. Algunas características se han vinculado a un aumento del riesgo de asma, pero no son verdaderos factores causales por ellos solos.

Factores dependientes del huésped

Genéticos y epigenética

El asma tiene un componente hereditario complejo, en el que múltiples genes están implicados e interactúan entre ellos y con fenómenos ambientales. La influencia del asma familiar está reconocida. Si los padres padecen asma, es un factor de riesgo importante para su desarrollo, así como la mayor concordancia en gemelos idénticos, con una probabilidad hasta del 60%. La presencia o historia de atopia se considera que incrementa entre 10 y 20 veces el riesgo de asma. Según la epidemiología por el patrón hereditario, se considera una enfermedad poligénica.

Los datos actuales muestran que múltiples genes pueden encontrarse implicados en la patogénesis del asma, y diferentes genes pueden estar implicados en diferentes grupos étnicos. Existen diferentes sistemas para identificar los genes implicados del asma, como: la selección de regiones candidatas, la búsqueda amplia del genoma o el estudio de los polimorfismos de un determinado gen(9).

La epigenética se basa en el estudio de los factores no genéticos, fundamentalmente ambientales, que intervienen en la expresión o no de un determinado gen, considerando mecanismos de metilación del ADN y acetilación, metilación o fosforilación de histonas y otros procesos(10). Por lo que, se considera que estas modificaciones son heredables y pueden aparecer diferentes fenotipos dependientes del medio al que se ha expuesto el individuo.

Los grandes progresos que se han hecho en el campo de la epigenética nos muestran cómo se puede alterar la expresión de genes (más relevante a nivel fetal) y contribuir a un aumento de prevalencia del asma. Pues las infecciones, cambios dietéticos, humo del tabaco, contaminantes… pueden inducir cambios epigenéticos y aumentar el riesgo de desarrollar asma en lactantes y niños pequeños, no siendo únicamente por la relación lineal de exposición a neumoalergenos(11).

La búsqueda de genes implicados en el desarrollo del asma se ha centrado en cuatro áreas mayores: producción de Ac-IgE específicos (atopia), expresión de la hiperrespuesta bronquial, generación de mediadores de la inflamación (citocinas, quimiocinas y factores de crecimiento) y determinación del nivel de respuesta inmune.

Los genes que predisponen al asma son genes que también se han asociado con la respuesta al tratamiento del asma, por ejemplo, variaciones en el gen codificador del receptor beta adrenérgico han sido vinculadas a diferencias en la respuesta de los beta agonistas. Otros genes de interés modifican la respuesta a los glucocorticoides y leucotrienos.

Por tanto, estos marcadores genéticos tienen gran interés, tanto como factores de riesgo en la patogénesis del asma, como determinantes de la respuesta al tratamiento. Y abre la posibilidad de diseñar en un futuro, un tratamiento específico para cada paciente según su perfil genético.

Obesidad

Se ha demostrado la obesidad como un factor de riesgo de asma. Ciertos mediadores, como la leptina, pueden afectar a la función pulmonar e incrementar la probabilidad del desarrollo del asma(12).

Sexo

El sexo masculino es un factor de riesgo para desarrollar asma en el niño. Antes de los 14 años, la prevalencia de asma es aproximadamente dos veces mayor en niños que en niñas. Durante la adolescencia, esta diferencia se iguala y, en el adulto, el asma es más frecuente en la mujer(13).

Factores desencadenantes ambientales

Existe un solapamiento entre los factores ambientales, que influyen en el riesgo de desarrollar asma, y los factores que originan los síntomas de asma.

Algunas causas importantes de síntomas de asma (como polución y algunos alérgenos) no se han ligado claramente a su desarrollo.

Alérgenos

A pesar de que los alérgenos son conocidos como causa de exacerbación asmática, su papel específico en el desarrollo del asma no está enteramente resuelto. Los ácaros son la causa más importante de alergia respiratoria. Pero algunos estudios sobre grupos de edad similares, muestran que la sensibilización a los alérgenos de los ácaros del polvo, epitelio del gato, epitelio del perro y aspergillo, son factores independientes de riesgo para los síntomas del asma en el niño de más de 3 años de edad. No obstante, la relación entre exposición a alérgenos y sensibilización en niños no es sencilla.

Para algunos alérgenos, tales como los derivados del polvo de la casa y de las cucarachas, la prevalencia de sensibilización parece estar correlacionada directamente con la exposición.

No obstante, la exposición a los alérgenos de ácaros del polvo puede ser un factor causante del desarrollo del asma. La infestación por cucarachas parece ser un factor importante de causa de sensibilización alérgica en núcleos urbanos. La prevalencia de asma es menor en niños criados en el medio rural, lo cual puede estar relacionado con la presencia de endotoxinas en este medio ambiente.

La asociación entre la exposición temprana a los animales y el asma infantil actualmente es controvertida(14).

Infecciones

Los virus respiratorio sincitial (VRS) y virus parainfluenza ocasionan una variedad de síntomas muy similar al fenotipo asmático. Estudios prospectivos a largo plazo en niños hospitalizados con diagnóstico de VRS han mostrado que, aproximadamente, el 40% continuará con sibilantes o tendrán asma en el futuro. Por otro lado, la evidencia también indica que ciertas infecciones respiratorias tempranas, como el sarampión, pueden proteger del desarrollo posterior de asma. Respecto a las infecciones parasitarias, aunque en general no protegen contra el asma, la infección por anquilostoma puede reducir el riesgo.

La hipótesis higiénica del asma sugiere que la exposición temprana a infecciones virales protege del desarrollo de asma estimulando el sistema inmunitario del niño hacia la vía “no alérgica” con un perfil Th1. Aunque la hipótesis higiénica continúa siendo investigada.

Exposición al tabaco

Tanto a nivel prenatal (exposición intraútero), como postnatal, la exposición al tabaco se asocia con peor función pulmonar y mayor incidencia de síntomas asmáticos. Existe evidencia de que la exposición pasiva al humo del tabaco aumenta el riesgo de enfermedad respiratoria del tracto inferior. El humo de tabaco contiene unos 4.000 componentes tóxicos, los cuales “favorecen” la elevación de los niveles de IgE. De hecho, numerosos estudios epidemiológicos ponen de manifiesto un incremento de los niveles de la IgE entre los fumadores (activos o pasivos). Se estima que, una vez desarrollada la alergia o el asma bronquial, el contacto del paciente con el tabaco puede desencadenar agudizaciones, aumentar la gravedad, el número de atenciones urgentes u hospitalizaciones, así como dar lugar a una peor respuesta al tratamiento.

Contaminación ambiental y doméstica

Las condiciones ambientales son importantes para determinar el impacto y posible desarrollo de asma. Factores, como: la temperatura, la humedad y la presión atmosférica, así como los contaminantes del aire, interactúan para influir en la presentación de asma. En los últimos años, los contaminantes del aire más estudiados han sido material de partículas, como: dióxido de nitrógeno (NO2), dióxido de azufre (SO2) y ozono (O3), mostrando la asociación entre su presencia en el aire y la incidencia de asma.

Los contaminantes están suspendidos en el aire de las ciudades procedentes sobre todo del tráfico de los coches y de algunas industrias locales. Existe una peor función pulmonar y una mayor prevalencia de asma en la población que vive junto a vías de alta densidad de tráfico.

Clima

El clima puede actuar como un desencadenante de los síntomas de asma y alergia. En condiciones de mucha humedad o mientras se produce una tormenta, los granos de polen pueden sufrir una ruptura osmótica y liberar parte de su contenido, en forma de partículas respirables 0,5-2,5 mm. Por tanto, las personas afectadas de alergia al polen deberían tomar precauciones durante una tormenta en la estación polínica. La humedad relativa es un factor de riesgo de asma agudo, inducido probablemente a través de las esporas de hongos. El viento –que puede transportar partículas irritantes y alergénicas– supone también un factor a tener en cuenta y que se ha asociado a brotes de asma agudo.

Según la opinión de la Organización Mundial de Alergia(15) se espera, por una parte, que el calentamiento global afectará el comienzo, la duración y la intensidad de la temporada de polen y, por otra parte, la tasa de exacerbaciones de asma debido a la contaminación del aire, las infecciones respiratorias, y/o la inhalación de aire frío.

Dieta

Los niños alimentados con fórmula artificial a base de leche de vaca o proteínas de soja tienen una mayor incidencia de sibilantes y síntomas de alergia en el periodo de lactancia comparado con los alimentados con lactancia materna.

Algún dato sugiere que ciertas características de la dieta occidental, tales como el aumento de consumo de alimentos procesados y la reducción de antioxidantes (en forma de frutas y verduras), el incremento de ácidos grasos omega-6 poliinsaturados (que se encuentran en la margarina y el aceite vegetal), y la disminución de ácidos grasos omega-3 poliinsaturados (presentes en el pescado) de la ingesta ha contribuido al aumento de asma y enfermedades atópicas observadas en algunos países.

Factores implicados en las exacerbaciones

Las crisis asmáticas están provocadas con mayor frecuencia por los alérgenos. También influyen el ejercicio físico, infecciones víricas, aire frío, gases irritantes…

Diagnóstico de asma en niños

El diagnóstico de asma se basa en la clínica, de donde parte la sospecha, junto con la demostración de obstrucción reversible, hiperreactividad bronquial o variabilidad de la función pulmonar.

Diagnóstico clínico

Un correcto diagnóstico de asma es fundamental para el establecimiento de un plan de tratamiento eficaz.

El diagnóstico de asma en niños está basado en el reconocimiento de las características particulares de los síntomas: tos, sibilancias, dificultad respiratoria y opresión torácica, que provocan los episodios respiratorios en ausencia de una explicación alternativa de los mismos.

Se han de evitar confundir términos utilizados por los padres con frecuencia, como: “fatiga”, “ahogo” o “bronquitis”, confirmando que los síntomas son de disnea espiratoria con sibilantes.

Un paciente que haya presentado tres o más crisis de broncoespasmo, independientemente de la edad, debe ser sometido a estudio. También, se debe considerar una única crisis de características graves, o dos crisis que precisan ingreso.

Los niños que tienen síntomas persistentes o intercurrentes, tienen más probabilidades de beneficiarse de intervenciones terapéuticas(16).

La historia clínica debe ser minuciosa. Valoramos durante la anamnesis los antecedentes personales y familiares, el entorno en el que se desenvuelve habitualmente el niño, los factores desencadenantes del episodio y los síntomas que presenta. También nos ayuda tener presentes ciertos indicadores que apoyan o no, la posibilidad del diagnóstico de asma (Tabla IV).

 

La exploración física debe ser concienzuda y que contribuya a un buen diagnóstico diferencial (Tabla V y VI) en las fases iniciales del estudio. Se tendrá especial atención en el sistema respiratorio (rinitis crónica), en la caja torácica (deformidades) y en la piel (dermatitis atópica).

En el niño menor de 6 años, el diagnóstico está fundamentado en una completa historia clínica con síntomas y signos de asma; facilitando el diagnóstico diferencial de asma, siendo infrecuente la necesidad de realización de exploraciones complementarias.

Más de la mitad de los niños con asma comienzan sus síntomas durante los primeros años de vida. La asociación más fuerte es con la atopia materna, que es un importante factor de riesgo para la aparición de asma durante la infancia y de sibilancias recurrentes que persisten durante toda la infancia. La atopia se encuentra presente en la mayoría de niños con asma de más de 3 años de edad y una elevada inmunoglobulina E específica (IgE) para trigo, clara de huevo, o alérgenos inhalantes, como los ácaros del polvo y la caspa de gato, son predictores de asma en la infancia tardía, sin embargo, ninguna intervención se ha mostrado eficaz hasta el momento para prevenir el desarrollo de asma o modificar su curso a largo plazo.

Una gran proporción de niños por debajo de los 5 años van a padecer de episodios de sibilantes recurrentes. Estos están habitualmente asociados a la infección del tracto respiratorio superior, ocurriendo en esta edad alrededor de 6 a 8 veces por año.

Los episodios frecuentes o severos de sibilancias en la infancia se asocian con sibilancias recurrentes que persisten en la adolescencia(16).

En el niño mayor de 6 años, las exploraciones diagnósticas de función pulmonar están recomendadas, siendo prácticamente las mismas que para el estudio de asma en el adulto.

El diagnóstico de asma es sencillo cuando se detectan sibilancias en el niño y responden al tratamiento broncodilatador, pero a menudo el diagnóstico es incierto cuando recurrimos exclusivamente a los síntomas. En niños de edad escolar, una prueba de broncodilatación, el estudio de la variabilidad en el FEM o una prueba de provocación bronquial se pueden utilizar para confirmar el diagnóstico.

Espirometría

La espirometría es una herramienta simple y fácilmente disponible para la valoración de la función pulmonar. Es útil para el diagnóstico y seguimiento del asma en niños de más de 6 años. Las pruebas de función pulmonar en el niño de menos de 6 años necesitan por lo menos de la cooperación pasiva del paciente, aunque no exista coordinación. No obstante, a pesar de que estas pruebas tienen un valor en investigación clínica y epidemiológica, su valor para contribuir a la gestión clínica del niño en estas edades resulta, cuando menos, incierta.

La espirometría mide el volumen de aire espirado durante un esfuerzo espiratorio máximo (Tabla VII).

Para obtener resultados precisos, la inhalación máxima debe estar cerca de la capacidad pulmonar total, seguida por un rápido aumento del flujo máximo en la exhalación. La mayoría de niños de seis o más años pueden realizar bien una prueba espirométrica siguiendo unos estándares establecidos (Tabla VIII). Algunos autores(17) también coinciden en que si se cambiaran las normas de aceptabilidad y reproductibilidad de estas pruebas, actualmente vigentes para adultos, adaptándolas a niños, el 70-85% de niños de 3 a 5 años también serían capaces de realizar pruebas válidas.

Así, se sugiere que en el niño, el FEV1 debería ser sustituido por el FEV0,5 (volumen espiratorio forzado a los 0,5 segundos) como valor más útil que el FEV1, ya que en ocasiones el FET (tiempo de espiración forzada) de estos niños puede ser tan corto como de un segundo, y la diferencia en la reproductibilidad de las pruebas podría ser de 150 ml o el 10% para la CVF y el FEV1, en lugar de 100 ml y el 5% que exigen algunos autores(18).

Se ha demostrado que un sistema de incentivo, como por ejemplo, un sistema animado por ordenador mejora el rendimiento al realizar las espirometrías en niños de 3 a 6 años.

Los valores de referencia, deben ser generados a partir de otros pacientes pediátricos, en lugar de generarlos a través de ecuaciones derivadas de los grupos de mayor edad. La variabilidad en los resultados del FEM25-75 es mucho mayor que la del FEV1, por lo que disminuye su utilidad en la práctica clínica.

El éxito de la espirometría en el niño, no solamente se va a ver favorecido por la utilización de software adecuado, sino por el trabajo de personas altamente capacitadas que puedan mantener la paciencia, la tenacidad y el entusiasmo necesarios para tal fin.

La utilidad de la espirometría vendrá dada a corto plazo por su interés diagnóstico (Tabla VIII y Fig. 1) y su repetición a largo plazo como seguimiento evolutivo de la enfermedad.

Consideramos una espirometría normal: CVF ≥ 80%; FEV1 ≥ 80%; y FEV1/CVF ≥ 80%. La utilización del FEM nos puede servir de ayuda para la confirmación del diagnóstico y monitorización del asma. Siempre la espirometría tendrá preferencia a la medida del FEM, pero en niños que nos crean dudas diagnósticas o en los cuales la enfermedad no está bien controlada, puede resultarnos de ayuda. Consideramos positiva una variabilidad ≥20%.

Figura 1. Patrones ventilatorios y su representación gráfica en la espirometría.

Evaluación de una prueba broncodilatadora

No existen normas internacionales para la interpretación de la prueba de broncodilatación. Las pautas de realización las recogemos en la Tabla IX.

La respuesta a una prueba broncodilatadora reflejaría un aumento del FEV1, FEM y CVF, y un cambio en la forma de la curva flujo-volumen en la espirometría.

La prueba de broncodilatación se considera positiva cuando: FEV1 post BD – FEV1 preBD/FEV1 preBD x 100: ≥12% respecto al valor basal o ≥9% respecto al valor teórico. Una prueba negativa no excluye el diagnóstico de asma.

Prueba de provocación

Cuando tras la realización de una espirometría con prueba broncodilatadora el diagnóstico de asma no se puede confirmar, se pueden utilizar pruebas de provocación bronquial para demostrar la existencia de hiperrespuesta bronquial. La prueba de provocación con el ejercicio sería de elección(19), por ser sencilla de realizar y presentar una alta especificidad. Se calcularía mediante la fórmula:

FEV1 basal – FEV1 postejercicio/FEV1 basal x 100.

Una caída igual o mayor del 15% en el FEV1, se considera como una respuesta positiva.

En el laboratorio se pueden utilizar las pruebas de provocación mediante metacolina, por tener una sensibilidad que llega al 95% y porque implica menos efectos secundarios que con otras sustancias.

La interpretación de las respuestas a estas pruebas se debe hacer junto a la clínica sugestiva de asma, ya que en otras enfermedades se puede presentar también una hiperrespuesta bronquial (p. ej., fibrosis quística). También, tendremos en cuenta que el 10-15% de la población sana puede presentar respuesta positiva a estos test.

Alternativas a la espirometría

Se ha utilizado como alternativa a la espirometría en el niño pequeño con asma la oscilometría forzada por impulsos (IOS), la medida de la resistencia por oclusión (Rint), el análisis de la curva flujo volumen a volumen corriente o la medida de las resistencias por pletismografía. En el lactante, la técnica más utilizada es la compresión tóraco-abdominal rápida. Aunque estas pruebas suelen realizarse en consultas especializadas en Neumología Pediátrica.

La inflamación eosinofílica en niños se puede evaluar de forma no invasiva utilizando el recuento diferencial de eosinófilos en el esputo o la medición de las concentraciones de óxido nítrico exhalado (FeNO).

La inducción del esputo para el recuento de eosinófilos es factible en niños de edad escolar. Recuentos elevados de eosinófilos en el esputo se asocian con una mayor obstrucción de las vías respiratorias, la gravedad del asma y de la atopia. La inducción del esputo es posible en aproximadamente el 75% de los niños, pero es técnicamente difícil de aprender y requiere bastante tiempo. En la actualidad, sigue siendo una herramienta de investigación(16).

Respecto a la medición de la FeNO, la inflamación que tiene lugar en el asma es heterogénea y no siempre se asocia con el aumento de la FeNO (p. ej: inflamación neutrofílica). Además, en pacientes ya tratados con glucocorticoides inhalados, puede ser falsamente negativa(20). Algunos autores, han correlacionado mejor los valores de la FeNO con la dermatitis atópica y la rinitis alérgica que con el asma(16).

Por lo tanto, dado que no se ha validado un índice predictivo que incluya esta prueba, así como las dificultades técnicas que conlleva, el precio y la falta de suficiente evidencia para apoyar su papel en el diagnóstico de asma en el niño, no consideramos adecuado su generalización, quedando de momento para estudios de investigación y áreas especializadas. Además, determinar FeNO en niños preescolares es muy complicado y solo se puede realizar en centros de referencia, por lo que a día de hoy no se puede utilizar en niños preescolares de forma rutinaria. En los niños de más de cinco años tampoco se recomienda utilizar de forma generalizada la medición de la FeNO para el apoyo en el diagnóstico de asma(20).

Diagnóstico alergológico

Otra ayuda para el diagnóstico será la valoración del estado atópico. La presencia de sensibilización alérgica incrementa el riesgo de asma y de persistencia de asma, y tiene utilidad pronóstica.

Debe realizarse en todo paciente con síntomas sospechosos o asma confirmada, independientemente de la edad, que no supone una limitación para su realización. En menores de 4 años, tiene interés detectar la sensibilización a alérgenos inhalados y alimentarios (leche, huevo, pescado, frutos secos). La presencia de sensibilización y síntomas concordantes permiten realizar el diagnóstico de asma.

Método de estudio de la alergia

Prick test: se considera la prueba de elección por su elevada sensibilidad, especificidad, sencillez de realización y coste. Los test cutáneos pueden realizarse desde los primeros meses de vida; el problema radica en la interpretación, dado que nos hallamos con el inconveniente de una piel hiporreactiva. Se utiliza histamina al 1% para el control. Una pápula de 2 mm de tamaño puede considerarse positiva a esta edad. Se debe evitar la administración de antihistamínicos, como mínimo, 72 horas antes.

La IgE específica: es una prueba cuantitativa, muy sensible y específica, de elevado coste. Para reducirlo, algunos laboratorios disponen de una prueba de cribado previa: Phadiatop (mezcla de alérgenos inhalantes) y Phadiatop infant (mezcla de alérgenos inhalantes y alimentarios).

Inmuno Cap Rapid: Prueba diseñada para la consulta de AP, cualitativa y semicuantitativa, detecta IgE específica frente a un panel de 10 alérgenos alimentarios e inhalantes.

Cuando todos los test son negativos, pero persiste la sospecha hacia uno o varios alérgenos, se puede recurrir a los test de provocación específicos. Estas son más pruebas de consulta de alergología pediátrica.

Otros estudios complementarios

Los estudios complementarios no son la base del diagnóstico del asma, aunque permiten aclarar algunos aspectos en el diagnóstico diferencial de la enfermedad.

Hemograma completo. La eosinofilia es un hallazgo habitual en los niños alérgicos, aunque es un parámetro poco sensible y puede estar elevado en otras patologías, como las parasitosis.

Inmunoglobulinas y subclases. Se realizará principalmente para descartar inmunodeficiencias.

Test del sudor. Es de realización hospitalaria para descartar fibrosis quística.

Rx de tórax. No es una prueba de rutina en la evaluación del paciente con asma, salvo en pacientes con síntomas atípicos o cuando sea necesario excluir otros diagnósticos. Es normal en los periodos intercríticos de asma y, durante la crisis, puede ser normal o mostrar signos de atrapamiento aéreo, atelectasias o infiltrados difusos ocasionados por tapones de moco.

Clasificación de asma

El infradiagnóstico del asma y, por tanto, su infratratamiento, suele ser un problema habitual. Subestimar la gravedad del asma es una de las causas principales del infratratamiento. Clasificar a un niño erróneamente, tendrá un impacto significativo según se le prescriba o no un fármaco de control.

Se han realizado múltiples intentos para clasificar el asma de acuerdo a la etiología, particularmente en lo que respecta a la sensibilización a agentes medioambientales. No obstante, tales clasificaciones son limitadas por la existencia de pacientes a quienes no se les encuentra causa identificable. A pesar de esto, un esfuerzo por identificar una causa medioambiental de asma debe formar parte de la valoración inicial para permitir la utilización de estrategias en el manejo del asma.

Mayor interés tiene la clasificación del asma atendiendo a la gravedad que valora la frecuencia de los síntomas, junto con las mediciones espirométricas en niños con edad suficiente para poder realizar la espirometría (Tabla X).

 

En niños de menos de 5 años de edad, las clasificaciones anteriores de fenotipos de sibilancias no se han comprobado que sean estables a lo largo del tiempo, y ya no se recomiendan. En todos los niños en los que no es posible realizar un estudio de la función pulmonar, se clasifica la gravedad de acuerdo a la frecuencia y gravedad de la sintomatología.

Se debe hacer un ensayo terapéutico: si el patrón de los síntomas sugiere asma, si los síntomas respiratorios no están controlados y/o si los episodios de sibilancias son frecuentes o graves(16).

En el niño mayor de 5 años, se definen dos patrones principales: asma episódica y asma persistente (Tabla X). El asma episódica puede ser ocasional o frecuente, dependiendo del número de crisis presentes. El asma persistente en el niño no puede considerarse como leve, sino que, al menos, es moderada o grave.

El asma infantil es una enfermedad muy variable en el tiempo, incluso puede variar a lo largo del año, lo que dificulta su clasificación.

Para tipificar correctamente un asma es necesario especificar además de la gravedad, los factores desencadenantes en el paciente y el grado de control de los mismos.

La clasificación se realiza cuando el paciente está sin tratamiento. Así pues, la medicación necesaria para mantener al niño asintomático, indica mejor que los síntomas el grado de gravedad.

Esta clasificación, nos permite establecer un tratamiento inicial, que se podrá ir modificando según la necesidad para mantener el adecuado control del asma.

Control del asma

Existe un interés considerable para controlar no solamente las manifestaciones clínicas del asma, sino también la inflamación y la patofisiología de la enfermedad. Se trata de evaluar la presencia y frecuencia de los síntomas, tanto diurnos como nocturnos, la necesidad de medicación de rescate y la existencia de alguna limitación de la actividad física.

El objetivo del tratamiento debe ser lograr y mantener el control durante periodos prolongados de tiempo.

Por lo tanto, la valoración del control del asma debería incluir no solamente el control de las manifestaciones clínicas (síntomas diurnos y/o nocturnos, despertares nocturnos, mantenimiento de la función pulmonar, uso de medicación de rescate, limitación de la actividad) sino también el control del riesgo previsto en el futuro de los pacientes (Tabla XI).

El riesgo futuro evalúa la presencia de factores de riesgo para padecer exacerbaciones, para desarrollar una limitación fija del flujo aéreo (infratratamiento con glucocorticoides inhalados (GCI), exposición ambiental a humo del tabaco, contaminantes, alérgenos etc., FEV1 bajo, asma grave y haber requerido varios ingresos) y para padecer los efectos secundarios de la medicación (ciclos frecuentes de glucocorticoides orales, dosis elevadas de GCI)(4).

Existen evidencias de que el control de la inflamación logra un buen control clínico y una reducción en el riesgo de exacerbaciones. Por tanto, los marcadores de la inflamación pueden tener un valor predictivo en un futuro sobre el riesgo de exacerbaciones y la disminución de la función pulmonar, independientemente del nivel clínico que tengan los pacientes.

Teniendo en cuenta el control actual y el riesgo futuro, el asma puede clasificarse, como: bien controlado, parcialmente controlado o no controlado. Los criterios establecidos para definir el control varían de unas guías a otras.

Existen diversos cuestionarios que valoran el grado de control del asma en el niño, Uno de ellos es el cuestionario CAN (Control del Asma en Niños). Dispone de una versión para niños de 9 a 14 años y otra para padres (niños de 2 a 8 años), que evalúa nueve preguntas sobre la clínica en las últimas cuatro semanas y se puntúa entre 0 (buen control) y 36 (mal control). Se considera que un paciente está mal controlado cuando tiene una puntuación igual o mayor a 8(21).

También, se ha validado al castellano el Chilhood Asthma Control Test (C-ACT)(22). Además del control clínico que se valora con el cuestionario CAN o el c-ACT, es importante evaluar la función pulmonar mediante espirometría y probablemente el control de la inflamación mediante la medición de la FeNO.

El control del asma significa el grado en el que los efectos del asma pueden observarse en el paciente o han sido reducidos o eliminados por el tratamiento. El mal control de los síntomas es una carga para los pacientes y un factor de riesgo para las exacerbaciones (Tabla XII).

La función pulmonar desempeña un papel muy importante en la vigilancia del asma. Una vez establecido el diagnóstico de asma, la función pulmonar es de la máxima utilidad como indicador del riesgo futuro. Debe registrase en el momento del diagnóstico, a los 3-6 meses de iniciado el tratamiento y de forma periódica a partir de entonces. Los pacientes que presentan pocos o muchos síntomas en relación con su función pulmonar requieren ser estudiados de forma más detallada.

En niños con el asma mal controlada, el tratamiento de mantenimiento nos suele llevar al control del asma. Algunos pacientes, no alcanzan este buen control, por lo que requieren exámenes diagnósticos adicionales (Tabla XIII) e incluso la derivación a neumología infantil o a alergia infantil (Tabla XIV).

Función del Pediatra de Atención Primaria

Será función del Pediatra de AP la detección de niños con síntomas que nos hagan sospechar que estamos ante un posible episodio de asma. Para esto, una concienzuda historia cínica y la exploración física serán primordiales, y más en niños menores de 5 años, en donde las pruebas complementarias tienen un valor muy limitado.

Establecido un diagnóstico de sospecha de asma, nos plantearemos la realización de un estudio funcional mediante una espirometría, siempre que el niño por su edad pueda colaborar en su ejecución y completaremos este estudio con una prueba de broncodilatación. No obstante, debemos ser conscientes de que una espirometría normal y una prueba de broncodilatación negativa no anulan por completo el diagnóstico de asma. Otras pruebas diagnósticas que nos pueden ayudar, serán:

• La medición del PEF. Una variabilidad diaria en el PEF mayor del 20% en niños que no se les ha administrado corticoides inhalados y presentan una disminución en el FEV1, pueden ayudarnos al diagnóstico de asma.

• Si tenemos posibilidades en nuestro centro de trabajo, en niños con espirometría normal, podemos realizarles una prueba de provocación por el ejercicio.

• En niños que presentan episodios de asma, con o sin antecedentes de atopia, y sospechamos la implicación de aeroalérgenos, estarán indicadas la realización de pruebas alérgicas o ante la imposibilidad de realizarlas, se derivará al alergólogo infantil.

Realizaremos una evaluación del control del asma en el niño mediante consultas periódicas, en las que la utilización de cuestionarios como el CAN o el c-ACT son recomendables, así como, de los factores de riesgo de cada paciente para exacerbaciones futuras, las limitaciones del flujo aéreo y los efectos secundarios, también deben ser evaluados. Estableceremos una regularidad en las visitas, según la gravedad y el buen control del niño. En estas revisiones, se debe realizar una estimación funcional mediante espirometría, independientemente de la valoración clínica del niño. Una actuación educativa dirigida, tanto al niño como a la familia, será imprescindible en cada visita.

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Documento que actualiza las recomendaciones en la prevención, predicción, tratamiento y educación del asma en el niño, basándose en la evidencia científica. Es un documento de referencia en nuestro idioma.

Caso clínico
 

Motivo de consulta: varón de 7 años que sus padres lo traen al Centro de Salud de forma urgente por tos intensa, dificultad respiratoria y fatiga.

Antecedentes familiares: primer hijo de padres no consanguíneos. Madre: alergia a pólenes desde la infancia con rinoconjuntivitis y asma en su infancia. Padre: dermatitis de contacto, fumador activo.

Antecedentes personales: embarazo controlado, sin incidencias. Parto eutócico a las 39 semanas. Antropometría al nacimiento normal. No patología en periodo neonatal. Lactancia materna hasta los 16 meses. Introducción de alimentación complementaria sin incidencias, actualmente variada y sin intolerancias. Desarrollo ponderoestatural adecuado (peso y talla en P 75). Vacunación reglada, incluidas antineumococo y antirotavirus. Desarrollo psicomotor adecuado. Buen rendimiento escolar. Varicela a los 30 meses. Varios episodios de dermatitis atópica autolimitados con buena respuesta a tratamiento tópico. Refieren, desde hace 6 meses, tres episodios de broncoespasmo, sin fiebre ni cuadro catarral acompañante, que se trataron ambulatoriamente con broncodilatadores. Buena tolerancia al ejercicio. No intervenciones quirúrgicas.

Enfermedad actual: escolar que desde hace 4 horas presenta tos, sibilantes y dificultad respiratoria de aparición brusca que ha ido en aumento. Afebril. No cuadro catarral acompañante. Esta mañana muy temprano le han llevado a montar a caballo. “Hacía mucho viento, ha cogido bronquitis”, afirma la madre.

Exploración física: regular estado general. Consciente, orientado, decaimiento y colaborador. Palidez de piel, no de mucosas. Adecuada nutrición e hidratación. Saturación de oxígeno de 94% (sin oxígeno adicional). FR: 42 rpm. FC: 115 lpm. TA: 110/73 mmHg. Tórax con tiraje intercostal. AP: sibilantes diseminados con espiración alargada. Auscultación cardíaca: taquicardia, no soplos. Pulsos periféricos simétricos. Enrojecimiento en flexuras de miembros con lesiones de rascado. Resto de exploración completa sin alteraciones. Peak-flow: al 75% del valor teórico para su edad.

Evolución: a su llegada, teniendo en cuenta los antecedentes, historia clínica y clasificando la crisis de asma como moderada, se pauta nebulización con salbutamol. Al reevaluar al paciente a los 20 minutos, se objetiva buena respuesta al tratamiento con mejoría clínica: ha desaparecido la dificultad respiratoria, mejora la ventilación persistiendo algún sibilante aislado y la oxigenación (Sat. O2: 98 %) y se obtiene un resultado del 85% en el Peak-Flow. Se concreta tratamiento para domicilio y se cita al paciente a revisión en consulta.

El paciente presenta varios factores que favorecen el desarrollo de asma: antecedentes familiares, humo de la exposición pasiva y activa al tabaco, exposición a epitelios de animales, humedad, ambiente ventoso. Además, es un niño mayor de 6 años, ha presentado los síntomas y signos característicos y ha tenido 4 episodios de broncoespasmo en los últimos 6 meses.

 

 

 

Malformaciones congénitas de las vías respiratorias inferiores

C. Martín de Vicente
Temas de FC


C. Martín de Vicente

Unidad de Neumología Pediátrica y Fibrosis Quística. Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza

 

Resumen

Las malformaciones congénitas de las vías respiratorias inferiores (MCVRIs) son un grupo heterogéneo de enfermedades producidas por una alteración en algún momento del desarrollo embrionario de los pulmones y de la vía aérea. El pronóstico de todas estas malformaciones dependerá fundamentalmente de la precocidad del diagnóstico y del tamaño de la anomalía. Los avances en los métodos diagnósticos de imagen y la mayor experiencia de los especialistas que las realizan hacen que sea una patología de detección principalmente prenatal o intraútero, lo que va a permitir realizar un seguimiento más estrecho del paciente. Los tipos de MCVRIs son: agenesia-aplasia pulmonar, hipoplasia pulmonar (HP), atresia bronquial (AB), enfisema lobar congénito (ELC) o hiperinsuflación lobar congénita (HLC), secuestro pulmonar (SP), malformación congénita de la vía aérea pulmonar (MCVAP) y quiste broncogénico (QB). La mayoría de pacientes diagnosticados prenatalmente van a estar asintomáticos al nacimiento, aunque es posible la aparición postnatal de síntomas como distrés respiratorio, sobre todo en aquellas malformaciones más grandes. El tratamiento será conservador o quirúrgico y, aunque a día de hoy hay todavía posturas a favor y en contra de la actitud a tomar en según qué MCVRIs, en las de mayor tamaño, con mayor riesgo de complicaciones posteriores o que estén dando síntomas, la opción terapéutica más clara va a ser la cirugía.

 

Abstract

Congenital airway malformations are a heterogeneous group of diseases due to an alteration of the embryonic development of the lungs at any time. The prognosis of these defects will depend mainly on early diagnosis and the size of the anomaly. Today, thanks to major advances in diagnostic imaging and increased experience of the specialists who perform them, they are primarily detected prenatally, which clearly improves the possibilities for a closer monitoring of the anomaly.
Main congenital bronchopulmonary malformations are: pulmonary agenesis- aplasia, pulmonary hypoplasia, bronchial atresia, congenital lobar emphysema, pulmonary sequestration, congenital pulmonary malformations of the airway and bronchogenic cyst. Most of patients will be assimptomatic at birth, but it is possible symptoms like distress, mainly in large malformations. Treatment could be conservative or surgical, it depends on size, risk of complications and symptomatology.

 

Palabras clave: Malformaciones congénitas pulmonares; Secuestro pulmonar; Malformación congénita pulmonar de la vía aérea; Hiperinsuflación lobar; Quiste broncogénico; Aplasia/agenesia/hipoplasia pulmonar

Key words: Congenital lung malformations; Pulmonary secuestration; Congenital pulmonary airway malformation; Congenital lobar overinflation; Bronchogenic cyst; Pulmonary agenesis/aplasia/hypoplasia

 

Pediatr Integral 2016; XX (1): 51-61


Malformaciones congénitas de las vías respiratorias inferiores

Introducción

Las MCVRIs son un grupo de patologías raras en las que el diagnóstico es fundamentalmente prenatal.

Las malformaciones congénitas pulmonares representan entre el 7,5 y el 18,7% de todas las malformaciones de los diferentes órganos. A pesar de ser una patología rara, en la que la incidencia anual se estima que es de 30 a 42 casos por 100.000 habitantes(1), los avances y la mayor experiencia en las técnicas de imagen prenatal han permitido que cada vez se detecten con más frecuencia y que el manejo pueda ser mucho más precoz, incluso antes de que den complicaciones clínicas. Aun así, algunos casos pasan desapercibidos en el embarazo y se diagnostican al nacimiento por la aparición de distrés respiratorio, en la infancia como consecuencia de sobreinfecciones respiratorias, o como un hallazgo casual al realizar una radiografía simple de tórax.

El origen de estas malformaciones es desconocido, aunque se plantean cuatro mecanismos patogénicos. De forma aislada o combinada, se pueden producir por: 1) defectos en la separación y diferenciación del intestino primitivo anterior entre los 24-36 días de gestación(1,2); 2) obstrucción durante la gestación de algún punto de la vía aérea respiratoria que conduce al tejido distal a cambios displásicos(3); 3) alteraciones en la angiogénesis(4); o 4) alteraciones genéticas que se ocupan del desarrollo de las vías respiratorias(5). La hipótesis más aceptada es sobre la existencia de un mecanismo patogénico común, en concreto de una obstrucción de la vía aérea intraútero que, dependiendo de la semana de gestación y del grado o localización de la misma, dará lugar a una u otra MCVRI(4).

En fetos con complicaciones graves intrauterinas secundarias a la malformación es posible cirugía fetal como toracocentesis, shunt toracoamniótico y ablación con láser o inyección de un agente esclerosante en los vasos que irrigan la lesión. La mayoría de recién nacidos con MCVRIs van a estar asintomáticos al nacimiento, lo que va a permitir en los meses siguientes establecer una estrategia diagnóstica y terapéutica concreta en cada caso. En los pacientes asintomáticos y según qué lesiones, todavía está en controversia cuál es el tratamiento más adecuado, ya que hay autores que defienden una actitud más conservadora sin cirugía. En los pacientes con síntomas o complicaciones postnatales, no hay duda que el tratamiento quirúrgico va a ser el de elección.

Este capítulo pretende mostrar al pediatra las características propias de las diferentes MCVRIs y los aspectos clínicos, diagnósticos, terapéuticos y pronósticos más importantes de todas ellas. A su vez, se expondrán las controversias que existen actualmente en el manejo de estas patologías, en especial en lo que respecta al tratamiento.

Métodos diagnósticos

Los métodos diagnósticos más empleados son la ecografía y la resonancia magnética (RM) en el periodo prenatal, y la tomografía computerizada (TC) y/o la angiografíaTC (angioTC) en el postnatal.

Prenatales

Ecografía

La ecografía prenatal, como parte del estudio de screening del embarazo, es la prueba más sensible para el diagnóstico de las MCVRIs, detectando en más de un 80% de ocasiones la mayoría de estas lesiones. El parénquima pulmonar fetal normal tiene una apariencia por ultrasonidos homogénea y con una ecogenicidad ligeramente mayor que el hígado fetal, lo que permitirá distinguir posibles lesiones a ese nivel (Fig. 1).

Figura 1. A) Ecografía prenatal del tercer trimestre, donde se detecta una imagen hiperecogénica redondeada y vascularizada de unos 20 x 10 mm en pulmón izquierdo. B) RM prenatal apreciándose lesión pulmonar izquierda hiperintensa en T2, en tercio medio, próxima a la región del hilio.

Con esta prueba resulta difícil establecer un diagnóstico exacto del tipo de malformación, siendo importante describir adecuadamente sus características con los términos hiperecogénico, hipoecogénico, anecóico o quístico, o lesiones mixtas. Es capaz también de detectar complicaciones relacionadas con la malformación, como hidrops fetal, derrame pleural o desplazamiento mediastínico por efecto masa por lesiones grandes. Para evidenciar la existencia de vasos aberrantes sistémicos propios de los SPs se utiliza la modalidad Doppler color (Eco-Doppler).

La ecografía es una herramienta muy valiosa también para el seguimiento y control evolutivo de la malformación hasta el momento del parto, siendo importante realizarlas de forma seriada cada 2-3 semanas desde que se detectó la imagen, para comprobar si existe crecimiento, estabilidad o involución de la misma.

Resonancia magnética (RM)(6)

A pesar de que la ecografía prenatal sigue siendo la técnica de elección para el diagnóstico y manejo del feto con MCVRIs, la RM está jugando un gran papel en el abordaje de estas lesiones. Entre sus ventajas, es capaz de realizar secuencias ultrarrápidas poco sensibles al movimiento, así como localizar y describir con más precisión la lesión pulmonar a estudio, además de no emitir radiación ionizante (Fig. 1).

Las indicaciones de esta técnica van a ser para el estudio de lesiones grandes asociadas a HP, con el fin de valorar el pronóstico y la actitud terapéutica más adecuada.

Postnatales

Radiografía de tórax

Es la primera prueba de imagen a realizar tras el nacimiento. Es posible que puedan haber signos radiológicos que confirmen la existencia de la lesión o encontrarnos con una radiografía normal (en el 61% de ocasiones), en cuyo caso no descartaría totalmente su presencia. Ésta debería de hacerse en las primeras 24-48 horas de vida, que sumado a la clínica del paciente debería ser orientativa en cuanto a la actitud a seguir. Cada una de las MCVRIs puede presentar unos signos guías en la radiografía simple que nos ayudarán a enfocar el tipo de malformación, como aumento de densidad focal, zona quística (Fig. 2) y/o sólida pulmonar o mediastínica, aireación anormal, alteración vascular o asimetría torácica aunque, como ya se ha advertido previamente, en muchas ocasiones ésta puede ser normal.

Figura 2. A) Radiografía de tórax a los 2 días de vida en recién nacido con distrés respiratorio. Se aprecian en el pulmón derecho, múltiples quistes con uno de mayor tamaño que desplazaba las estructuras mediastínicas hacia el lado izquierdo. B) TC pulmonar de la lesión.

Ecografía torácica

Puede ser de utilidad en las malformaciones con vascularización sistémica como los SPs.

Tomografía computerizada (TC)

Es la prueba de imagen más útil para el diagnóstico postnatal de las MCVRIs. En los últimos años, con el desarrollo de nuevas modalidades, como la TC multidetector con capacidad de reconstrucciones 2D/3D del pulmón, de la vía aérea y de estructuras vasculares, hacen de esta prueba la herramienta ideal para la evaluación de las MCVRIs. En pacientes asintomáticos al nacimiento se debería hacer un estudio de TC torácico con contraste intravenoso (angioTC) en los primeros 4-6 meses de vida, incluso en aquellos con posible involución de la malformación por datos ecográficos prenatales o radiográficos postnatales. Hay centros que previamente realizan una TC pulmonar de alta resolución con poca radiación para confirmar la presencia o ausencia de la lesión, y si ésta está presente, se realiza una angioTC a los 12-18 meses de vida(7).

RM y angiografía-RM (angioRM)

Útil para malformaciones vasculares mediastínicas, pulmonares o de la pared torácica, pero con los inconvenientes que no define con tanta claridad las lesiones pulmonares parenquimatosas como lo hace la TC.

Tipos de malformaciones congénitas de las vías respiratorias inferiores

Agenesia y aplasia pulmonar

En la agenesia no existe pulmón ni arteria pulmonar, y en la aplasia existe un bronquio principal rudimentario.

Ambas reúnen características muy similares en cuanto a patogenia, clínica, diagnóstico y actitud terapéutica. La agenesia se define como la ausencia total de pulmón, bronquios y arteria pulmonar, y la diferencia con la aplasia es que esta última tiene un bronquio principal rudimentario. Pueden ser unilaterales o bilaterales (incompatible con la vida), sin predominio de género ni predilección por un pulmón u otro. El origen de esta malformación es desconocido (infección vírica, factores genéticos, déficit de vitamina A…) y su patogenia es secundaria a una alteración vascular en el desarrollo pulmonar fetal. En la mitad de los casos, se asocia a otras alteraciones congénitas, como cardiopatías, alteraciones vertebrales, atresia de esófago, etc. El pronóstico en las unilaterales dependerá de las malformaciones concomitantes asociadas a la agenesia pulmonar, sobre todo las cardiacas. El diagnóstico prenatal se hará mediante ecografía y Eco-Doppler, en la que se detectará un desplazamiento mediastínico en ausencia de hernia diafragmática congénita y de vasos pulmonares. La clínica puede variar desde un paciente asintomático hasta síntomas de disnea neonatal o la muerte por compresión de estructuras vasculares con el desplazamiento de corazón y mediastino. Para el diagnóstico postnatal, la radiografía simple de tórax nos mostrará una opacidad de uno de los hemitórax con desplazamiento mediastínico hacia el mismo lado que podrá ser posteriormente confirmado con una TC o RM pulmonar.

La actitud médica es conservadora, aunque en aquellos casos sintomáticos, en que el desplazamiento mediastínico motive situaciones de distrés respiratorio o compromiso vascular, se debería plantear la colocación de una prótesis rellena de silicona y/o suero (utilizadas en expansiones tisulares) en el hemitórax sin pulmón para recolocar las estructuras torácicas en su lugar natural(8).

Hipoplasia pulmonar

Es un pulmón de menor tamaño en el que puede no existir causa subyacente (hipoplasia primaria) o estar producido por otras patologías, como la hernia diafragmática, oligoamnios… (hipoplasia secundaria).

Se define como el desarrollo incompleto del pulmón, con formación de menos bronquios y alveolos, pero histológicamente igual al pulmón normal o con características de un pulmón de 16-20 semanas de desarrollo gestacional. Puede ser bilateral o unilateral, de causa primaria en el que no existe causa conocida, o de causa secundaria a diferentes alteraciones. En las secundarias los mecanismos pueden ser por: 1) disminución del espacio torácico que no permite el desarrollo normal del pulmón (hernia diafragmática, cardiomegalia, hidrotórax, masas intratorácicas…); 2) malformaciones congénitas graves asociadas (anencefalia, raquisquisis…); 3) oligoamnios con un defecto en la producción de prolina por el riñón fetal; 4) alteraciones en la vascularización broncopulmonar; y 5) asociado a trisomías (13, 18 y 21).

Al nacimiento pueden presentar distrés respiratorio o estar asintomáticos, todo dependerá de la funcionalidad del pulmón afecto y de las malformaciones asociadas. Meses después también pueden tener sibilantes recurrentes o infecciones de repetición. El diagnóstico prenatal en la forma primaria es más evidente con la RM, ya que la ecografía presenta dificultades diagnósticas. En las formas secundarias, la ecografía evidenciará frecuentemente la causa de la anomalía (hernia diafragmática, malformación asociada, oligoamnios…). En la HP bilateral, la radiografía de tórax al nacimiento muestra unos pulmones pequeños y poco aireados, y en la unilateral se observa en el lado afecto una pérdida de definición del borde cardíaco con poca aireación del hemitórax, pero con presencia de vasos sanguíneos (Fig. 3). El pulmón contralateral puede estar hiperinsuflado y desplazado hacia el hemitórax opuesto.

Figura 3. Hipoplasia pulmonar derecha. A) Radiografía de tórax con disminución de volumen del pulmón derecho y desplazamiento de mediastino hacia lado afecto. B) La TC confirma dichos hallazgos.

Especial mención tienen dos síndromes asociados a HP unilateral, la hernia diafragmática congénita y el síndrome de retorno venoso anómalo o síndrome de la cimitarra. En la hernia diafragmática congénita existe un defecto o ausencia de la formación/muscularización de una zona del diafragma, que deriva a una herniación del contenido abdominal a la cavidad torácica. Como resultado de la compresión de las estructuras abdominales sobre el pulmón se produce una hipoplasia del mismo. La más frecuente es la hernia posterolateral izquierda o de Bochdalek, que representa el 80-90% de todas las hernias, y es la que se asociará a la HP. El diagnóstico mayoritariamente es neonatal mediante ecografía y al nacimiento la radiografía nos mostrará una ocupación de gas intestinal en el hemitórax afecto, con desplazamiento del mediastino al lado contralateral. Clínicamente se manifiesta como distrés respiratorio neonatal grave que obliga a la reparación quirúrgica del defecto de forma urgente. En algunos centros se está realizando, en los casos más graves, cirugía fetal con la colocación endoscópica a la 22-27 semana gestacional de un balón intratraqueal (fetal endoscopic tracheal occlusion o FETO). Esto permite que se acelere el crecimiento pulmonar por distensión alveolar y falta de drenaje de los líquidos intrapulmonares que contienen sustancias como los factores de crecimiento de transferencia (TGF). En los centros especializados que realizan esta técnica describen un riesgo aumentado de parto prematuro, pero con mayores tasas de supervivencia comparado con los centros que toman una actitud expectante(9).

El síndrome venolobar congénito o síndrome de la cimitarra se define como la asociación de: drenaje venoso anómalo parcial de las venas pulmonares derechas a la vena cava inferior o aurícula derecha; HP derecha; irrigación sistémica arterial anómala del lóbulo inferior derecho directamente desde la aorta o de sus ramas principales; y dextroposición cardíaca. También se asocia a otras malformaciones cardíacas congénitas (comunicaciones auriculares o ventriculares, coartación de aorta…) y a pulmón en herradura (fusión de ambos pulmones por sus bases). Habitualmente, los pacientes están asintomáticos y solo cuando el mínimo shunt izquierda a derecha se hace más importante, se puede sobrecargar el corazón derecho produciendo hipertrofia ventricular con hipertensión pulmonar. La radiografía de tórax muestra un pulmón derecho hipoplásico, con dextrocardia y una imagen típica paracardíaca derecha que desciende encorvándose y agrandándose cerca del ángulo cardiofrénico, que sería lo correspondiente a la vena pulmonar única y que se asemeja a una espada turca o cimitarra, dando así nombre al síndrome. El diagnóstico se confirmará con Eco-Doppler, angioTC o angioRM (Fig. 4).

Figura 4. Síndrome de la Cimitarra. A) Radiografía de tórax con hipoplasia de pulmón derecho e imagen de la “cimitarra”. B) Detalle de la “cimitarra” por angioRM. C) Vascularización sistémica aberrante hacia lóbulo inferior derecho.

El tratamiento dependerá de la aparición de sintomatología. En los casos asintomáticos deberá seguirse al paciente toda su vida para despistaje de la hipertensión pulmonar, y en los sintomáticos se corregirá quirúrgicamente mediante la implantación de la vena cimitarra en la aurícula izquierda.

Existen 4 tipos de MCVRIs que se cree están originadas por una misma alteración(10,11), la obstrucción de una zona de la vía aérea inferior por un bronquio atrésico, es lo que viene a denominarse “secuencia atresia bronquial”(3) y son: AB segmenteria, ELC o HLC, SP intralobar y MCVAP, antes llamada malformación adenomatoidea quística (MAQ). Se cree que el tipo de malformación dependerá de la localización y del momento del desarrollo embrionario en el que se produce el daño. Aproximadamente en el 100% de los secuestros extralobares, el 82% de los intralobares, el 70% de las MCVAPs y el 50% de los ELCs se halla una AB asociada(3). Es posible que en una misma lesión coexistan varias de estas malformaciones con origen común, siendo la más frecuente la asociación MCVAP-SP, también llamada “lesión híbrida”(12,13).

Atresia bronquial

La AB se debe a una obstrucción de un bronquio lobar, segmentario o subsegmentario que da imágenes de atrapamiento aéreo localizado en la TC.

Se trata de una anomalía del desarrollo de un bronquio lobar, segmentario (más frecuente) o subsegmentario, en la que se produce una obliteración del mismo entre las semanas 6 y 16 de la gestación y, consecuentemente, una hiperdistensión alveolar, disminución de vasos y de vías aéreas distalmente al bronquio atrésico. Es característica la presencia de un mucocele o broncocele, por acúmulo de moco en la zona estenosada. Existen varias teorías etiopatogénicas para esta anomalía, una de las más consideradas es la existencia de una lesión vascular focal hacia la 4ª-15ª semana de gestación. La localización más habitual es en segmentos posteriores de lóbulos superiores, la mayoría en pulmón izquierdo.

Generalmente no produce síntomas, aunque existe la posibilidad de sobreinfección de la malformación. En la actualidad el diagnóstico suele hacerse intraútero por medio de ecografía prenatal, en la que se observa un aumento de ecogenicidad focal y con la RM fetal, mostrando una hiperrefringencia en T2. Al nacimiento la radiografía de tórax puede ser normal o mostrar una densidad correspondiente al mucocele, con discreta hiperinsuflación de segmento o lóbulo subsidiario. La TC de tórax muestra aumento de densidad tubular (mucocele), hiperclaridad (atrapamiento aéreo) localizada y disminución en la vascularización del parénquima.

El tratamiento es conservador, salvo en pacientes que presenten sobreinfecciones respiratorias de repetición de la zona atrésica, en cuyo caso se haría resección del segmento o lóbulo afecto(14).

Enfisema lobar congénito o hiperinsuflación lobar congénita

En esta malformación, se observa una hiperinsuflación del lóbulo pulmonar afecto, con posible herniación del mismo hacia el lado contralateral y compresión extrínseca de las estructuras torácicas adyacentes.

Es una lesión del parénquima pulmonar caracterizada por hiperinsuflación y atrapamiento aéreo en uno o más lóbulos pulmonares. Pueden diferenciarse dos tipos según su etiopatogenia: intrínseco, por debilidad o ausencia de cartílago bronquial, que conlleva hiperinsuflación y efecto válvula con entrada de aire por vías colaterales, pero dificultad en la salida del mismo; o extrínseco, por masas mediastínicas, anillos vasculares, etc., que comprimen el bronquio. La localización más frecuente es en lóbulo superior izquierdo (45%) y en lóbulo medio (35%). Ocasionalmente puede ser multilobar.

Los pacientes generalmente están asintomáticos, pero pueden presentar distrés respiratorio neonatal por la compresión de otras estructuras torácicas por el lóbulo hiperinsuflado. En la ecografía prenatal puede no detectarse o verse como si fuera un área hiper o hipodensa. La radiografía de tórax postnatal, si es muy precoz, mostrará una condensación por retención de líquido amniótico. Tras la reabsorción del mismo es típico observar hiperinsuflación del lóbulo afecto y herniación hacia el pulmón sano, con o sin compresión de estructuras vecinas. La angioTC de tórax confirma la hiperinsuflación lobar con disminución de su vascularización y, además, aporta información sobre la presencia de posibles masas mediastínicas.

El tratamiento, en general, requiere cirugía con resección del lóbulo afecto en pacientes con distrés respiratorio o con comprensión importante de estructuras mediastínicas. En pacientes asintomáticos, que es la situación más frecuente, se prefiere una actitud conservadora.

Malformación congénita de la vía aérea pulmonar(15)

Es la denominada antiguamente como MAQ y, aunque todavía está discutido, la actitud terapéutica más aceptada es la quirúrgica(16,17).

Engloba, con algunas variaciones, la antiguamente denominada MAQ. Es la MCVRI más frecuente, representando el 30-40% de todas ellas. Se trata de un grupo de lesiones sólidas, quísticas o mixtas, en comunicación con el árbol bronquial, y derivadas de la dilatación y sobrecrecimiento de los bronquiolos primarios. Como ya se ha comentado con anterioridad, la teoría etiopatogénica de una obstrucción en el periodo intrauterino es muy aceptada, basándose entre otras cosas en la fuerte asociación con la AB.

La antigua clasificación de Stocker et al. del año 1977 contaba con 3 tipos, pero en la actualidad esta clasificación está en desuso, porque no todas las lesiones presentan quistes ni todas ellas se basan en una proliferación adenomatoidea a nivel histológico. En el año 2002, el mismo Stocker(15) reclasifica todas las lesiones en 5, basándose en el número y tamaño de los quistes, así como en el origen histopatológico de los mismos (Tabla 1).

Alguna de las peculiaridades de cada tipo son: la tipo 0 es la más rara e incompatible con la vida; la tipo 1 es la más frecuente y la de quistes más grandes; la tipo 2 tiene quistes pequeños y se asocia a malformaciones cardiovasculares, secuestro extralobar o agenesia renal; la tipo 3 es una lesión sólida y más frecuente en varones; y la tipo 4 puede dar neumotórax a tensión por la presencia de numerosos quistes de origen acinar. Como en la mayoría de las malformaciones, al nacimiento no suelen presentar síntomas, aunque en algunas ocasiones pueden debutar con distrés respiratorio neonatal dependiendo del tamaño de la malformación, sobre todo la tipo 4. El riesgo principal de estas anomalías es que se sobreinfecten por acúmulo de secreciones y mucosidad en su interior, siendo en los casos no detectados prenatalmente el motivo más frecuente de diagnóstico (Fig. 5).

Figura 5. Neumonía basal derecha secundaria a sobreinfección de MCVAP.

Otras complicaciones de las MCVAPs son el neumotórax, la hemoptisis y, aunque infrecuente, la malignización de la malformación (blastomas, carcinomas broncoalveolares o rabdomiosarcomas), sobre todo en las de tipo 1 y 4.

Estas lesiones se detectan principalmente en la ecografía prenatal, dando imágenes hiperecogénicas, difíciles de distinguir de otras malformaciones, sobre todo en aquellas que son quísticas. En las radiografías y la TC de tórax postnatales pueden apreciarse uno o varios quistes con efecto masa sobre tejido sano, pero también mostrarse como masa sólida con o sin microquistes que, a veces, dificulta clasificarlo en un tipo u otro de MCVAP.

Todavía, a día de hoy, existe discusión sobre cuál es la actitud terapéutica más adecuada en este tipo de malformaciones, si la conservadora o la quirúrgica, aunque la tendencia habitual es a la extirpación de la lesión, aun en pacientes asintomáticos, por las posibles complicaciones ya comentadas. Se han reportado casos de lesiones quísticas graves diagnosticadas prenatalmente que han involucionado tras la administración de corticoides sistémicos a la madre, aunque todavía no existe evidencia al respecto(18).

Secuestro pulmonar

Se trata de una zona pulmonar intra o extralobar, no comunicada con el árbol traqueobronquial, con vascularización sistémica y que se tratan quirúrgicamente.

Consistente en una porción de tejido pulmonar no funcionante, no comunicado con el árbol traqueobronquial adyacente y que, como característica principal, presenta vascularización arterial sistémica. Supone el 1-6% de todas las MCVRIs. Se clasifican en: intralobares, los más frecuentes (70%), afectan a uno o varios segmentos, de predominio en lóbulos inferiores, con una pleura visceral común al resto del pulmón, vascularización sistémica y drenaje venoso a aurícula izquierda por la vena pulmonar inferior; o extralobares, con tejido pulmonar revestido de su propia pleura visceral, separado del resto del pulmón, de localización habitual en lóbulo inferior izquierdo (aunque también en mediastino, pericardio e incluso a nivel infradiafragmático), con vascularización arterial (aorta descendente y sus ramas) y drenaje venoso sistémico (ácigos, porta o subclavia).

El SP puede combinarse en una misma lesión con otras malformaciones, en particular con la MCVAP, lo que se conoce como “lesión híbrida”(12,13) (Fig. 6). Al igual que en las MCVAPs, no suelen presentar síntomas, pero existe más riesgo de sobreinfecciones. Además, se debe tener en cuenta que si el vaso sistémico que irriga la lesión es de gran calibre puede ocasionar hipoxemia y sintomatología cardiorrespiratoria por bajo gasto cardiaco.

El diagnóstico de sospecha, como en las demás, se realiza intraútero mediante la ecografía prenatal y/o RM. En esta última es posible identificar con más detalle el vaso sistémico que irriga la lesión. En general, se muestra como una masa sólida indistinguible de otras malformaciones, salvo por la vascularización. En el periodo postnatal, hay una gran variabilidad de imágenes, desde lesiones sólidas a multiquísticas o incluso niveles hidroaéreos. Sigue siendo muy útil la ecografía, aunque la angioTC con reconstrucciones 2D/3D nos da más información sobre el vaso sistémico y el drenaje venoso, junto con la localización y el posible efecto masa sobre otras estructuras (Fig. 6).

Figura 6. Lesión híbrida (MCVAP-SP) en base pulmonar derecha. A) TC pulmonar con visualización de quistes de > 2 cm. B) Reconstrucción 3D de la lesión. C) Reconstrucción 2D con visualización de vaso aberrante.

 

La cirugía con exéresis de la lesión a los 6-12 meses de vida es el tratamiento más recomendado en casos de diagnóstico prenatal, estén o no asintomáticos, siendo otra posibilidad terapéutica la embolización del vaso arterial que nutre el SP.

Quiste broncogénico

Es un quiste único lleno de moco, localizado generalmente en mediastino, con alta probabilidad de sobreinfección y/o sangrado.

Es una masa quística generalmente única, bien delimitada, originada por un defecto del desarrollo del árbol bronquial entre los días 26-40 de gestación. Suele englobarse dentro del grupo de los quistes de duplicación (QB, entéricos y neuroentéricos), ya que sus orígenes e incluso su histología es similar. La localización más frecuente (85%) es en el mediastino (supone un 5% del total de las masas mediastínicas), a nivel paratraqueal, hiliar o subcarinal. Puede estar en contacto o no (lo más frecuente) con el árbol traqueobronquial o unido a otras estructuras adyacentes como el esófago. Los de localización pulmonar (12%) suelen aparecer en lóbulos inferiores. Otras localizaciones menos frecuentes son: cuello, pericardio o cavidad abdominal. La clínica puede variar desde pacientes asintomáticos o presentar, dependiendo de la localización y el efecto masa de la lesión, sibilantes, neumonías de repetición, distrés respiratorio o disfagia. La infección de repetición del quiste es la complicación más habitual en niños mayores o adultos. En la ecografía prenatal se suele ver una lesión hiperecogénica e hipoecóica en la postnatal. La radiografía de tórax muestra una lesión radioopaca redondeada bien delimitada en mediastino medio. La TC de tórax da una lesión quística única localizada en mediastino, con bordes bien definidos y líquido hipocaptante, aunque según la situación en el momento del estudio (hemorragia, sobreinfección, etc.) la captación del contenido varía. La RM siempre da una imagen hiperintensa en T2 y variable en T1. Cuando existen niveles hidroaéreos debemos pensar en posible infección. El tratamiento es quirúrgico en la mayoría de los casos, por las posibles infecciones y por la dificultad del diagnóstico diferencial con lesiones malignas.

Puntos controvertidos en el manejo de las MCVRIs

Hoy en día, todavía existe discusión en algunos aspectos del manejo de las MCVRIs, sobre todo en lo que respecta al tratamiento.

¿Se ha de realizar TC postnatal ante “posible” involución o desaparición de la MCVRI?

La no presencia de la anomalía en las últimas ecografías prenatales o la normalidad de la radiografía de tórax al nacimiento no excluye la posibilidad de que todavía esté presente la MCVRI, por lo que en los primeros meses de vida es recomendable realizar estudio mediante TC pulmonar.

¿Cirugía o actitud expectante?

El debate sobre qué tratamiento realizar en determinadas situaciones en un paciente con MCVRIs todavía está abierto, ya que hay autores que defienden la actitud quirúrgica frente a la conservadora. Para los pacientes con síntomas al nacimiento o con complicaciones respiratorias, como neumonía o neumotórax, no hay duda en que la cirugía va a ser el tratamiento de elección. La mayor controversia aparece ante un paciente con una MCVRI que está asintomático. En ese caso, hay autores que defienden la actitud conservadora sin cirugía, sobre todo en las lesiones pequeñas del tipo HLC, MCVAP y los SPs, argumentado por el aumento de los riesgos de la cirugía y de la anestesia en edades tempranas de la vida(19), por la baja tasa de complicaciones postnatales de estas MCVRIs (el 10% en algunas series) y por la posibilidad de regresión postnatal en algunas lesiones (4%). La otra postura es intervenir quirúrgicamente aquellas MCVRIs con posibilidad de complicaciones postnatales (MCVAP, SP, QB…), para prevenir el riesgo de malignización, disminuir el número de pruebas de imagen que requieren de radiación y mejorar el desarrollo pulmonar compensatorio del resto de parénquima sano(20). Los mismos autores defienden que, actualmente, la resección pulmonar es muy bien tolerada en niños y tiene poca morbilidad postoperatoria.

¿Cuál es el mejor momento para la cirugía?

No hay duda de que en los pacientes sintomáticos hay que hacerlo precozmente o, en ocasiones, de forma urgente. En estos casos se ha observado un peor curso clínico y mayores complicaciones postquirúrgicas. En las MCVRIs asintomáticas que se opta por la cirugía electiva, se interviene habitualmente entre los 3 y los 12 meses, con buenos resultados posteriores y sin mayores complicaciones.

¿Cirugía por toracotomía o toracoscopia?

La técnica preferida en la MCVAP, HLC, SP y QB es la toracoscopia por su menor morbilidad, menos días de hospitalización tras la cirugía, heridas quirúrgicas de menor tamaño y menor dolor postoperatorio.

Función del Pediatra de Atención Primaria

El pediatra debería de conocer estas malformaciones, la clínica habitual, las posibles complicaciones asociadas, el pronóstico de cada una de ellas y la actitud terapéutica que habitualmente se emplea.

En el caso de un neonato o lactante diagnosticado prenatalmente y confirmado al nacimiento, el pediatra deberá saber cuál va a ser la conducta a seguir, si va a necesitar tratamiento quirúrgico o por el contrario, se va a limitar a una actitud expectante. Deberá conocer y a la vez informar a la familia de las posibles complicaciones de esa malformación, principalmente los signos de dificultad respiratoria o de sobreinfección respiratoria.

En el caso de un niño no diagnosticado prenatalmente, el pediatra deberá alertarse de la posible existencia de una MCVRI en caso de que en una radiografía de tórax existan signos sospechosos, como imágenes quísticas, hipoplasia-aplasia pulmonar, lesiones enfisematosas localizadas, etc. Además, en caso de patología persistente o recurrente en una misma zona pulmonar, como neumonías o infiltrados pulmonares, debería realizarse una TC pulmonar para descartar alguna anomalía congénita de base.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de los autores.

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11.* Bush A. Prenatal presentation and postnatal management of congenital thoracic malformations. Early Hum Dev. 2009; 85: 679-84.

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16. Bush A. Congenital lung disease: a plea for clear thinking and clear nomenclature. Pediatr Pulmonol. 2001; 32: 328-37.

17.* McDonough RJ, Niven AS, Havenstrite K. Congenital Pulmonary Airway Malformation: A Case Report and Review of the Literature. Respir Care. 2011.

18. Loh KC, Jelin E, Hirose S, Feldstein V, Goldstein R, Lee H. Microcystic congenital pulmonary airway malformation with hydrops fetalis: steroids vs open fetal resection. J Pediatr Surg 2012; 47: 36-9.

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20. Laje P, Liechty KW. Postnatal management and outcome of prenatally diagnosed lung lesions. Prenat Diagn. 2008; 28: 612-8.

Bibliografía recomendada

Lee EY, Dorkin H, Vargas SO. Congenital pulmonary malformations in pediatric patients: review and update on etiology, classification, and imaging findings. Radiol Clin North Am. 2011; 49: 921-48.

Excelente revisión de todas las malformaciones con sencilla clasificación de las patologías en función del origen: parenquimatoso-bronquial, vascular o ambas.

– McDonough RJ, Niven AS, Havenstrite K. Congenital Pulmonary Airway Malformation: A Case Report and Review of the Literature. Respir Care. 2011.

Presentación de un caso de MCVAP con revisión de la patología. Buenas imágenes radiológicas y de la pieza quirúrgica.

– Bush A. Prenatal presentation and postnatal management of congenital thoracic malformations. Early Hum Dev. 2009; 85: 679-84.

En el artículo, se exponen las diferentes posibilidades terapéuticas de las MCVRIs, tanto en la época fetal como en la postnatal.

– Eber E. Antenatal diagnosis of congenital thoracic malformations: early surgery, late surgery, or no surgery?. Semin Respir Crit Care Med. 2007; 28: 355-66.

Artículo similar al anterior de Bush A. Relacionado con el enfoque terapéutico de las malformaciones.

– Stocker JT, Husain AN. Cystic lesions of the lung in children: classification and controversies. En: Timens W, Popper HH, eds. Pathology of the Lung. European Respiratory Society Monograph. 2007; 39: 1-20.

Amplia revisión del propio Stocker sobre las MCVAP, así como su actual clasificación.

 

 

Caso clínico

 

Niño de 2 años sin antecedentes de interés, con ecografías prenatales y cribado neonatal normales, que a los 13, 18 y 21 meses ingresó por fiebre, tos, hipoxemia, dificultad respiratoria e imágenes en la radiografía de tórax de infiltrado en lóbulo inferior izquierdo (LII) (Fig. 7) e hiperclaridad de lóbulo superior izquierdo.

Figura 7. Neumonías recurrentes en lóbulo inferior izquierdo.

En la exploración se auscultaba hipoventilación en base pulmonar izquierda. La radiografía de tórax a los 2 años, estando asintomático, mostraba infiltrado de LII, por lo que se realizó estudio inmunitario, cardiológico, test del sudor y prueba de tuberculina con resultados normales. En la TC pulmonar de alta resolución presentaba atelectasias laminares en zona de LII sin bronquiectasias y un ensanchamiento mediastínico en zona posterior de carina extendiéndose hasta bronquio principal izquierdo (BPI), adelgazándolo casi por completo (Fig. 8).

Figura 8. TC pulmonar con contraste, donde se aprecia la imagen quística comprimiendo de forma extrínseca el bronquio principal izquierdo en su parte posterior.

En la fibrobroncoscopia había adelgazamiento del 90% de la luz del BPI por compresión extrínseca no pulsátil de su parte medial. En la angioTC torácica posterior se apreciaba con mayor detalle una formación quística hipodensa de 3 cm de diámetro en mediastino posterior, que comprimía el BPI. Se intervino por toracotomía en quinto espacio intercostal izquierdo, identificando masa quística alojada en el cayado aórtico-aorta descendente, que contactaba con la arteria pulmonar en el extremo inferior y comprimía el BPI, con posterior disección del quiste (Fig. 9).

Figura 9. Toracotomía con exéresis de la lesión.

La anatomía patológica la describen como: lesión quística de pared fibrosa, con glándulas mucosas y revestimiento pseudoestratificado ciliado. En la fibrobroncoscopia de control tras la intervención el BPI tenía un calibre adecuado sin obstrucciones ni malacias. La evolución posterior fue muy favorable, sin presentar nuevos episodios respiratorios y con normalización de la radiografía de tórax.

 

 

 

Neumonía y neumonía recurrente

L. Sanz Borrell*, M. Chiné Segura**
Temas de FC


L. Sanz Borrell*, M. Chiné Segura**

*Pediatra. ABS Seròs. Atención Primaria. Àmbit Lleida. Institut Català de la Salut
**Pediatra. ABS Almacelles. Atención Primaria. Àmbit Lleida. Institut Català de la Salut. Unidad de Neumología pediátrica. Servicio de Pediatría. Hospital Arnau de Vilanova

 

Resumen

La neumonía adquirida en la comunidad (NAC) es una enfermedad infecciosa del parénquima pulmonar, frecuente en la infancia y, en la mayoría de los casos, será diagnosticada y tratada desde la Atención Primaria. En la última década, han disminuido los ingresos hospitalarios tras la introducción de la vacunación antineumocócica. El S. pneumoniae sigue siendo el principal agente etiológico (40% de los casos). M. pneumoniae y C. pneumoniae son las principales causas de neumonía atípica y no son tan poco comunes en los preescolares como se creía. Los virus son la causa más frecuente en menores de un año. En la mayor parte de NAC, los hallazgos clínicos, la edad del niño y la estación del año serán suficientes para hacer el diagnóstico e instaurar un tratamiento correcto, sin necesidad de pruebas complementarias (reactantes de fase aguda, test microbiológicos y radiografía). Hay nueva evidencia de que el tratamiento de elección es la amoxicilina oral en la mayoría de las NAC bacterianas, en la comunidad y en el hospital, salvo que haya complicaciones.
Considerar el diagnóstico de neumonía recurrente (NR) ante 2 episodios de neumonía en un mismo año o 3 episodios en total. En la mayoría de los casos de NR, existe una causa identificable y la localización de los diferentes episodios orienta sobre la etiología.

 

Abstract

The community-acquired pneumonia (CAP)
is a common infectious disease of the lung parenchyma in children and in most cases will be diagnosed and treated in primary care. In the last decade, hospital admissions have decreased after the introduction of pneumococcal vaccination. The S. pneumoniae remains the main etiologic agent (in 40% of the cases). M. pneumoniae and C. pneumoniae are the main causes of atypical pneumonia and they are not as rare in preschool as previously thought. Viruses are the most common cause in children under one year. In most of the CAP cases, clinical findings, the child’s age and the season will be sufficient to make the diagnosis and establish appropriate treatment without additional tests (acute phase reactants, microbiological tests and x-rays). There is new evidence that the treatment of choice is oral amoxicillin in most bacterial CAP in the community and in the hospital, unless there are complications.
We have to consider the diagnosis of recurrent pneumonia with 2 ocurrences of pneumonia in one year or three ocurrences in total. In
most cases of recurrent pneumonia there is an identifiable cause and the location of the various ocurrences can guide us about the etiology.

 

Palabras clave: Neumonía; Neumonía recurrente; Neumonía atípica; Niños; Antibióticos

Key words: Pneumonia; Recurrent pneumonia; Atypical pneumonia; Children; Antibiotics

 

Pediatr Integral 2016; XX (1): 38-50


Neumonía y neumonía recurrente

Definición

La neumonía adquirida en la comunidad (NAC) es una infección aguda del parénquima pulmonar que afecta a pacientes no hospitalizados y que se caracteriza por la aparición de fiebre, tos y/o síntomas respiratorios, junto con la presencia de infiltrados pulmonares en la radiografía de tórax.

La neumonía es una enfermedad del sistema respiratorio que consiste en la inflamación aguda de los espacios alveolares de los pulmones y/o participación intersticial. La gran mayoría de las veces es de causa infecciosa, aunque también puede deberse a otras causas, como inhalación de productos químicos. Puede estar causada por: virus, bacterias y, más raramente, hongos.

Se considera que la neumonía es adquirida en la comunidad (NAC) cuando afecta a pacientes no hospitalizados en los 14 días previos o que aparece en el transcurso de las primeras 48 horas desde su hospitalización.

En este artículo de revisión, se excluyen las neumonías nosocomiales, adquiridas en el medio hospitalario, que habitualmente implican a otro tipo de pacientes y se deben a otros agentes etiológicos. También se excluyen: las neumonías que afectan a neonatos y lactantes menores de 3 meses, así como a pacientes con patología de base.

Incidencia y mortalidad

La neumonía es la principal causa infecciosa de muerte infantil en el mundo, responsable del 15% de todas las defunciones de menores de 5 años en todo el mundo(1).

La NAC es una de las infecciones más comunes en los niños, con una incidencia anual en descenso respecto a las tasas reportadas antes del año 2000. Artículos recientes en Europa y Norte América, hablan de una incidencia de niños visitados en el hospital por NAC, de 30 a 150 casos por cada 10.000 niños de 0 a 5 años y de 12,2 a 30 casos por cada 10.000 niños de 0 a 16 años(2).

La incidencia de neumonía infantil se ha reducido tras la introducción de la vacuna neumocócica conjugada (VCN) en los países donde la vacunación es universal(3) y también en España, donde esta vacuna no forma parte del calendario de vacunaciones sistemáticas de todas las comunidades autónomas(4).

Aunque su mortalidad es baja en países desarrollados, asocia una elevada morbilidad, precisando hospitalización el 14-23% de los niños afectados, según estudios españoles(5). En los países en vías de desarrollo, el problema es más importante, ya que es una de las principales causas de mortalidad infantil.

Puntos clave:

- El uso generalizado de la inmunización neumocócica ha reducido la incidencia de la NAC.

Factores de riesgo

Determinados factores del huésped y factores externos aumentan la incidencia y la gravedad de las neumonías (Tabla I).

La incidencia de neumonía severa es significativamente más elevada en los niños menores de 5 años.

Etiología

La causa más frecuente de la NAC son las infecciones víricas, seguidas de las bacterianas y, en casi un tercio de los casos, son causadas por infecciones mixtas virus-bacterias(6).

La frecuencia de los principales agentes etiológicos de las neumonías en niños varía de forma importante en función de la edad del paciente (tabla II).

Virus

En general, causan el 30-67% de los casos de la NAC en la infancia, predominan especialmente en niños menores de dos años. La prevalencia de la neumonía viral disminuye con la edad.

• El virus respiratorio sincitial es la causa más frecuente de neumonía vírica (19,8% de los casos de NAC)(8).

• Otros virus muy habituales son: virus influenza A y B, parainfluenza serotipos 1, 2 y 3, adenovirus y rhinovirus.

• En la última década, se han relacionado con la neumonía nuevos virus: bocavirus (14,2%) metapneumovirus (11,5%) y coronavirus.

• Otros virus menos frecuentes aislados en los niños con neumonía incluyen: virus varicela zoster, citomegalovirus, virus herpes simple y enterovirus.

Bacterias

Las bacterias más frecuentemente implicadas en la NAC son:

Streptococcus pneumoniae: es la causa más común de neumonía bacteriana en niños. Se aísla en el 30-40% de los casos de NAC, bien como patógeno único o copatógeno. El uso de la vacuna neumocócica conjugada 7-valente (VCN7) ha disminuido la carga global de la enfermedad neumocócica invasora, aunque se ha constatado la emergencia de cepas de neumococos no vacunales especialmente agresivos. Esta tendencia se espera revertir con la introducción masiva de vacuna neumocócica conjugada 13-valente (VCN13).

Mycoplasma pneumoniae: es la causa más frecuente de neumonía atípica en niños y adultos. Junto al neumococo, es el agente más común en escolares y adolescentes. Estudios recientes demuestran que no es tan inusual hallar Mycoplasma pneumoniae en niños de 1 a 5 años, llegando a una incidencia del 22% de las NAC en niños de 1 a 3 años(9).

Haemophilus influenzae b: prácticamente se ha eliminado en los países con vacunación sistemática frente a este serotipo. Causa neumonías en países en desarrollo y en los que no se utiliza la vacuna, donde representa la segunda causa más común de neumonía bacteriana.

Otras bacterias implicadas con menor frecuencia:

Chlamydophila pneumoniae.

Bordetella pertussis.

Staphylococcus aureus: ocasiona neumonía de rápida progresión, con derrame pleural o formación de neumatoceles.

Streptococcus pyogenes: es poco frecuente (1-7%), pero es importante en términos de gravedad, ya que es más probable que pueda progresar a ingreso en la UCI pediátrica o empiema.

Klebsiella, Pseudomona y E.coli: son excepcionales como causa de NAC en niños inmunocompetentes y frecuentes en niños con fibrosis quística y bronquiectasias.

Coxiella burnetti.

Moraxella catarrhalis.

Legionella pneumophila.

Del resto de causas de neumonía infecciosa cabe destacar:

Mycobacterium tuberculosis: se debe tener presente, sobre todo, en ambientes marginales o de bajo nivel socioeconómico y en pacientes que procedan o viajen a zonas endémicas.

Pneumocystis jiroveci: es una causa importante de neumonía en niños menores de seis meses con VIH/SIDA, responsable de, al menos, uno de cada cuatro fallecimientos de lactantes seropositivos al VIH.

Aproximadamente, entre el 20-30% de las NAC son causadas por infecciones mixtas (virus-bacteria) o coinfecciones. Los agentes más frecuentemente involucrados en la coinfección son: S. pneumoniae, S. aureus y los virus como VRS e Influenza A y B, y son más frecuentes en menores de 2 años.

Puntos clave:

- S. pneumoniae: es la causa bacteriana más común de la neumonía en la infancia.

- S. pneumoniae: causa alrededor de un tercio las neumonías en niños <2 años radiológicamente confirmadas.

- La neumonía causada por estreptococos del grupo A y S. aureus tiene más probabilidades de causar un ingreso en UCI pediátrica o empiema.

- En general, los virus representan el 30-67% de los casos de la NAC en la infancia y se identifican con mayor frecuencia en los niños de edad <1 año.

- El virus respiratorio sincitial, influenza A y los tipos de parainfluenza 1 a 3 son los agentes virales más comunes.

- Un 20-30% de los casos de NAC son debidos a una infección mixta.

- Mycoplasma: no es inusual en niños de 1 a 5 años.

- La edad es un buen predictor de los patógenos más probables:

a) Los virus son la causa de las neumonías en el 50% de los casos, en los niños más pequeños.

b) En los niños mayores, cuando se encuentra una causa bacteriana, es más comúnmente S. pneumoniae, seguido por Mycoplasma y Chlamydia.

Historia clínica y exploración física

La historia clínica debe recoger, junto con la sintomatología del paciente:

• Factores de riesgo (Tabla I).

Vacunaciones.

• Uso reciente de antibióticos.

• Exposición a enfermedades infecciosas.

Exploración física:

• Los hallazgos físicos más comunes son: fiebre, taquipnea, aumento de trabajo respiratorio (aleteo nasal, retracciones, tiraje), tos, roncus, crepitantes y sibilancias.

• El estado de hidratación, el nivel de actividad y la saturación de oxígeno son importantes y pueden indicar la necesidad de hospitalización.

• Ocasionalmente, la NAC se acompaña de dolor abdominal, vómitos y cefalea. En niños mayores puede haber dolor torácico.

Taquipnea

La taquipnea parece ser el signo clínico más significativo. En los niños febriles, la ausencia de taquipnea tiene un alto valor predictivo negativo (97,4%) para neumonía. Al contrario, la presencia de taquipnea en niños febriles tiene un bajo valor predictivo positivo (20,1%). El grado de taquipnea guarda relación con el grado de hipoxemia. La OMS utiliza la taquipnea, en presencia de tos, como el criterio de diagnóstico de neumonía en los países en desarrollo, donde la radiografía de tórax no es fácilmente accesible.

Fiebre

La fiebre es un signo importante de NAC en lactantes. La fiebre elevada (>38,5ºC) en las primeras 72 h, se asocia con más frecuencia a una etiología bacteriana o mixta y a un mayor nivel de gravedad. A la ausencia de fiebre, se le ha atribuido un valor predictivo negativo del 97%. Cuando en niños pequeños predomina la clínica de infección del tracto respiratorio superior asociada a sibilancias generalizadas y fiebre de poca entidad, se considera que probablemente no se trata de una neumonía.

Tos

La tos no es una característica inicial en la neumonía bacteriana, comienza más tarde, cuando, tras el inicio de la lisis, los detritos irritan los receptores de las vías aéreas.

Valoración de la gravedad

El espectro de gravedad de la NAC puede ser de leve a grave (Tabla III). Los niños con NAC leve a moderada pueden ser manejados con seguridad en la comunidad.

 

Puntos clave:

- La taquipnea es el signo clínico más significativo y guarda correlación con el grado de hipoxemia.

- Considerar, siempre, el diagnóstico de neumonía ante: fiebre persistente o repetitiva >38,5ºC, taquipnea y aumento del trabajo respiratorio.

- Ante un niño con sospecha o confirmación de neumonía, monitorizar la Sat O2 para establecer la gravedad. La saturación de oxígeno <92% es un indicador de la gravedad e indica la necesidad de oxígeno.

Diagnóstico

La NAC es una patología común y la mayoría de ellas serán valoradas y tratadas en la comunidad, sin necesidad de pruebas diagnósticas.

Diagnóstico clínico

En la mayor parte de NAC, los hallazgos clínicos y factores, como la edad del niño y la estación del año, serán suficientes para hacer un diagnóstico e instaurar un tratamiento correcto.

Clínicamente, la NAC se clasifica en tres grandes grupos:

1. NAC bacteriana típica.

2. NAC bacteriana atípica.

3. NAC viral.

NAC bacteriana típica

Se caracteriza por fiebre elevada de comienzo súbito con escalofríos, dolor pleurítico y/o abdominal y con afectación del estado general. Habitualmente, existe tos, aunque puede ser leve. La auscultación pulmonar que inicialmente puede ser normal, posteriormente pondrá de manifiesto hipoventilación, crepitantes y/o un soplo tubárico.

Esta presentación es infrecuente en los lactantes y niños pequeños. La clínica respiratoria suele ser poco llamativa y la tos no está presente o es escasa; a veces, solo hay fiebre sin foco. A menudo, tras una infección respiratoria viral previa, que cursaba con febrícula o fiebre baja, súbitamente aparece fiebre elevada y empeoramiento del estado general.

El S. pneumoniae es, con mucho, el agente causal más frecuente en este tipo de neumonía. Otros agentes son: H. influenzae, S. aureus y S. pyogenes, entre otros.

NAC bacteriana atípica

Afecta habitualmente a niños mayores de 3 años. Cursa generalmente de forma subaguda y sin afectación importante del estado general. La tos seca irritativa es el síntoma principal. Se suele acompañar de: fiebre, mialgias, cefalea, rinitis, faringitis y/o miringitis.

La auscultación pulmonar no suele ser focal, sino generalizada y, en ocasiones, auscultación espástica.

Los gérmenes atípicos más frecuentes son: M. pneumoniae en primer lugar, seguido de C. pneumoniae. Con menor frecuencia: C. trachomatis, B. pertussis, L. pneumophila y Coxiella burnetii, entre otros.

NAC viral

Son más frecuentes en menores de 3 años y en los meses fríos. Suelen acompañarse de: cuadro catarral, febrícula o fiebre moderada, faringitis, coriza, conjuntivitis y, en ocasiones, exantemas inespecíficos o diarrea. La fiebre, la tos y la afectación del estado general, tienen una significación variable. En la auscultación, se objetivan tanto sibilancias como crepitantes de forma difusa.

El VRS es el principal virus causante de neumonías. Otros virus causantes son: Influenza A y B, Parainfluenza 1, 2 y 3, Adenovirus, Rhinovirus, Metapneumovirus, Bocavirus, Coronavirus, Enterovirus y Varicela, entre otros.

Diagnóstico radiológico

La radiografía de tórax se utiliza a menudo para diagnosticar la NAC, pero muchos estudios han demostrado que no mejora los resultados clínicos ni cambia significativamente el tratamiento.

La etiología de la neumonía puede sospecharse por los hallazgos radiológicos, aunque diversos estudios han demostrado que no siempre hay buena correlación:

• El derrame pleural en la radiografía de tórax es el predictor más importante de neumonía bacteriana.

• El infiltrado alveolar es más sugestivo de bacterias que de infección viral, especialmente si se trata de un infiltrado lobar. En cambio, la ausencia de infiltrado lobar no descarta la infección bacteriana.

• El patrón intersticial, más propio de las neumonías víricas, se caracteriza por infiltrados perihiliares difusos bilaterales y atrapamiento aéreo. En ocasiones, aparecen atelectasias por tapones de moco, que se confunden con frecuencia con opacidades sugestivas de origen bacteriano y predisponen al uso de antibióticos.

• El patrón intersticial también se puede observar en neumonías por: Mycoplasma neumoniae, Chlamydophila pneumoniae y otros gérmenes atípicos.

• La presencia de imágenes aireadas (neumatoceles) con múltiples focos de infiltrados alveolares es característica de S. aureus.

• En los niños más pequeños, la condensación focal única es menos frecuente, encontrándose a esta edad un patrón alvéolo-intersticial denominado bronconeumonía, cuya etiología puede ser igualmente vírica o bacteriana.

Algunas infecciones bacterianas se presentan con alteraciones radiológicas leves y, por el contrario, algunas infecciones virales producen marcados cambios en la radiografía. Es difícil conocer la etiología de la NAC en función de los hallazgos radiológicos.

La radiografía de tórax está indicada en caso de:

• Dudas diagnósticas.

• Neumonías que requieren ingreso hospitalario.

Afectación importante del estado general.

• Sospecha de derrame pleural o mala evolución.

• Neumonías recurrentes.

Estudios recientes han examinado la utilidad de las radiografías de seguimiento en niños previamente sanos con NAC. No hubo cambios en el manejo en función de los hallazgos radiológicos de las radiografías de seguimiento(11).

En casos de mayor gravedad o complicaciones de la NAC, hay que recurrir a la ecografía o a la tomografía computarizada.

Puntos clave:

- No es necesario efectuar una radiografía de tórax de forma rutinaria a los niños con síntomas y signos que sugieran una neumonía y que no están ingresados en el hospital.

- Se recomienda obviar el estudio radiológico en niños pequeños con fiebre sin taquipnea, salvo que otros datos del paciente justifiquen lo contrario.

- En caso de estar indicada la radiografía, no se recomienda la radiografía lateral de forma rutinaria, pues no aumenta la sensibilidad de la proyección frontal y significaría exponer al niño a mayor radiación. La radiografía lateral se recomienda si hay dudas diagnósticas, se sospechan adenopatías o hay complicaciones.

- Considerar hacer radiografía de seguimiento en aquellos con una neumonía redonda, atelectasias, persistencia de síntomas y neumonías recurrentes. También, cuando la NAC es grave o con complicaciones, debiendo realizarse a las 4 semanas del alta hospitalaria.

Diagnóstico de laboratorio

No hay ninguna indicación de pruebas de laboratorio en un niño previamente sano con sospecha de NAC, sin presentación grave y que evoluciona correctamente.

Pruebas de laboratorio

Recuento y fórmula leucocitaria: un recuento de leucocitos mayor de 15.000 células por mm3, sugiere una asociación con la neumonía bacteriana, aunque tiene baja especificidad. Estos pacientes pueden beneficiarse de un tratamiento antibiótico. La presencia de desviación izquierda es un indicador fiable de etiología bacteriana y un predominio linfocitario lo es, de etiología viral.

• Reactantes de fase aguda: la proteína C reactiva (PCR) es un marcador de inflamación poco específico, aunque una cifra superior a 60 mg/L podría orientar hacia una etiología bacteriana. La procalcitonina (PCT) ≥ 1 ng/mL hace que la probabilidad de neumonía bacteriana sea 4 veces mayor(12). La PCT resulta mejor marcador que la PCR para el diagnóstico de neumonía bacteriana. Diversos estudios demuestran que ninguna combinación de parámetros inflamatorios es suficientemente sensible o específica para diferenciar la neumonía bacteriana de la vírica. En cambio, niveles elevados de PCT tienen relación con mayor gravedad, independientemente de la etiología.

Pruebas microbiológicas

El diagnóstico microbiológico no se recomienda en aquellos niños con NAC que pueden ser tratados en la comunidad y que están correctamente vacunados. Las pruebas microbiológicas en la NAC, a menudo, no detectan un patógeno y se ha demostrado que no cambian la actuación clínica en la NAC no complicada.

Se recomienda el estudio microbiológico en las formas graves, cuando no hay mejoría clínica o cuando hay un empeoramiento después de iniciado el tratamiento antibiótico, y cuando hay una enfermedad inmunitaria de base.

Técnicas microbiológicas recomendadas:

• Las nuevas técnicas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) han mejorado el rendimiento diagnóstico, de manera que la detección de patógeno llega al 65-85% de los casos. Muy útiles para la detección de material genético viral. La PCR del gen de la neumolisina se utiliza cada vez más para detectar el neumococo en: sangre, líquido pleural y secreciones. También hay que destacar el uso de la PCR en la identificación de infecciones bacterianas atípicas (Mycoplasma pneumoniae, Chlamydophila pneumoniae, Bordetella pertussis, C. trachomatis y Legionella pneumophila).

• Frotis nasofaríngeo y/o hisopos nasales: son útiles para la detección de virus por PCR y/o inmunofluorescencia. El cultivo positivo a bacterias en frotis nasofaríngeo, puede indicar enfermedad o simplemente colonización, excepto para Bordetella pertussisdonde sí tiene valor diagnóstico.

• Serología (IgM e IgG) para virus respiratorios, Mycoplasma y Chlamydia. Los resultados son tardíos.

• En caso de derrame pleural, debe ser enviado para cultivo, detección de antígeno neumocócico y/o PCR.

• El hemocultivo tiene baja sensibilidad, resulta positivo en menos del 10% de las NAC.

La detección de antígeno urinario neumocócico no se debe hacer en los niños pequeños, pues su positividad puede deberse a infección, a colonización o incluso puede ser positivo en los que han recibido vacunación antineumocócica.

Puntos clave:

- Los reactantes de fase aguda no son de utilidad clínica para distinguir las infecciones víricas de las bacterianas y no deben utilizarse rutinariamente en la NAC.

- Hay una correlación entre los niveles de procalcitonina y la gravedad de la PAC. Está indicada en caso de signos de gravedad.

- No hay ninguna indicación para que las investigaciones microbiológicas sean llevadas a cabo en la NAC no complicada ni grave.

El diagnóstico de la NAC se hace en función de los datos epidemiológicos (estacionalidad, edad del niño), clínicos y, si se dispone de ellos, radiológicos y analíticos (Tabla IV).

De esta manera, podremos instaurar un tratamiento racional, evitando el uso innecesario de antibióticos.

Criterios de derivación hospitalaria

No existe una escala de gravedad validada para orientar la decisión sobre cuándo derivar para atención hospitalaria.

Hallazgos para considerar la derivación al hospital

Criterios clínicos:

• Siempre que la NAC se presente con signos de gravedad (recogidos en la tabla III).

• La ausencia de ruidos respiratorios con matidez a la percusión, debería plantear la posibilidad de una complicación de neumonía por derrame.

• Anormalidad en la calidad del llanto y en la respuesta de un niño a la estimulación del cuidador.

• Edad < 6 meses.

• Empeoramiento y falta de respuesta al tratamiento empírico oral, correctamente utilizado, tras 48 horas del inicio.

• Incapacidad de los cuidadores para controlar la enfermedad.

• Enfermedades crónicas graves (enfermedad cardíaca congénita grave, enfermedades respiratorias crónicas como la fibrosis quística o bronquiectasia y déficit inmunológico).

• Imposibilidad para la administración de antibioterapia oral (vómitos persistentes).

Criterios radiológicos (en caso de disponer de radiografía):

• Afectación multifocal en NAC de características típicas.

Absceso pulmonar.

• Neumatoceles.

• Afectación pleural significativa.

• Patrón intersticial grave.

• Imágenes radiológicas sospechosas de un microorganismo no habitual.

Puntos clave:

- La temperatura >39ºC, saturaciones <94%, taquicardia y tiempo llenado capilar > 2 s, se asocian con más probabilidad a infecciones severas.

Tratamiento

Ante la sospecha clínica de NAC de origen bacteriano, se debe iniciar tratamiento antibiótico. Si la sintomatología es compatible con neumonía típica, el ATB de elección es la amoxicilina oral a dosis altas y si se sospecha neumonía atípica, se recomienda usar un macrólido.

Indicación de tratamiento ATB

En los niños menores de 2 años, la etiología más frecuente de infección respiratoria de vías inferiores son los virus. Por ello, ante un cuadro clínico con sintomatología leve, especialmente en niños pequeños correctamente vacunados para H. influenzae tipo b y S. pneumoniae, se recomienda únicamente tratamiento de soporte, aunque deben ser revalorados en 24-48 horas si la sintomatología persiste.

En el resto de los casos, ante la imposibilidad de distinguir clínicamente el origen vírico o bacteriano de una NAC, se recomienda iniciar tratamiento antibiótico.

Resistencias a antibióticos en nuestro medio

Las bacterias causantes de NAC más prevalentes en nuestro medio que pueden presentar resistencia a antibióticos son: S. pneumoniae, H influenzae tipo b y S. pyogenes.

Según el estudio multicéntrico sobre resistencias antimicrobianas de los patógenos respiratorios en España (SAUCE-4) publicado en 2010(13), las resistencias a betalactámicos son del 0,9% para el neumococo, del 15,7% para el H. influenzae tipo b (por la producción de betalactamasas) y del 0% para el S. pyogenes. Estas resistencias aumentan en el caso de los macrólidos, tanto para el S. pneumoniae (15-20%) como para el S. pyogenes(35%); no así para el H. influenzae que presenta una sensibilidad a dichos antibióticos del 100%.

Los gérmenes causantes de neumonía atípica (Mycoplasma pneumoniae y Chlamydophila pneumoniae) son, en la mayoría de los casos, sensibles a macrólidos en nuestro medio.

Tratamiento antibiótico para la NAC bacteriana típica (Tabla V)

El tratamiento antibiótico de primera elección ante la sospecha de NAC no complicada con sintomatología típica es la amoxicilina oral a dosis altas (80-90 mg/kg/día). Este antibiótico es el recomendado en los niños menores de 5 años correctamente vacunados, ya que la etiología bacteriana más frecuente es el neumococo. La asociación con ácido clavulánico solo estaría justificada en caso de pacientes no vacunados frente al H. influenzae tipo b.

La amoxicilina administrada a dosis de 80 mg/kg/día aumenta su actividad bactericida, pudiéndose administrar cada 8 o cada 12 horas(14-16). Las pautas de administración cada 12 horas son farmacocinéticamente satisfactorias y aumentan el cumplimiento terapéutico, tan importante en la edad pediátrica.

No existe un consenso en cuanto a la duración del tratamiento antibiótico. Existe una revisión Cochrane que concluye que: un ciclo de 3 días de amoxicilina oral es suficiente para el tratamiento de la neumonía no complicada en niños de 2 a 59 meses(17). No obstante, en este estudio no se diferencian las neumonías bacterianas de las víricas y está realizado en países en vías de desarrollo, por lo que no se puede asegurar que sea aplicable a nuestro medio.

La mayoría de las guías de práctica clínica recomiendan una duración entre 5 y 7 días. Las últimas recomendaciones de la OMS(16) indican tratamiento de 3 días para los casos más leves y de 5 días para aquellos de presentación más severa (Tabla III).

Nuevas evidencias demuestran que, incluso en casos de sintomatología severa que precisan ingreso hospitalario, la vía oral es tan efectiva como la parenteral(18). Se reserva el tratamiento antibiótico endovenoso para aquellos casos en los que el paciente presente intolerancia oral, septicemia o signos clínicos de neumonía complicada(10,15,16).

Tratamiento antibiótico para la NAC bacteriana atípica (Tabla V)

Se recomienda tratar con macrólidos a aquellos pacientes en los que se tenga una confirmación etiológica de que los agentes causantes son: M. pneumoniae o C. pneumoniae o presenten una sintomatología compatible con NAC bacteriana atípica, especialmente si son mayores de 5 años.

Dada la buena tolerancia gastrointestinal y la facilidad de su posología, se recomienda utilizar la azitromicina oral a dosis de 10 mg/kg/día durante 3 días.

Tratamiento de soporte

Además del tratamiento etiológico, si es necesario, el niño con NAC precisará de medidas de soporte que consistirán en:

• Tratamiento de la fiebre y el dolor asociado (dolor abdominal, cefalea, dolor pleural…) con analgésicos y antipiréticos habituales (paracetamol o ibuprofeno).

Prevenir la deshidratación, con aporte de líquidos, preferentemente vía oral y en pequeñas cantidades.

• Alertar a las familias sobre los signos de empeoramiento (mal estado general, dificultad respiratoria, persistencia de la fiebre tras 48 horas de tratamiento antibiótico).

No existe evidencia para recomendar el uso de mucolíticos y antitusivos y se debe evitar el tratamiento con codeína y antihistamínicos en los niños pequeños(19).

Tampoco está recomendado el uso de fisioterapia respiratoria en los niños con NAC(20).

Puntos clave:

- Ante un cuadro clínico compatible con NAC bacteriana, se recomienda iniciar tratamiento antibiótico.

- En menores de 5 años con sintomatología típica, el antibiótico de elección es la amoxicilina oral a dosis altas, administrado cada 12 horas durante 5-7 días.

- La amoxicilina por vía oral es segura y efectiva en niños con NAC, tanto leve como severa, reservando la vía parenteral para las complicaciones graves.

- Si se sospecha neumonía atípica, el antibiótico de elección es la azitromicina oral.

- Si no hay buena respuesta al tratamiento con amoxicilina como primera elección, se puede añadir un macrólido a cualquier edad.

Seguimiento de la evolución

La evolución habitual de la neumonía es que el paciente quede afebril a las 48-72 horas de haber iniciado el tratamiento (90% de los casos).

Es importante explicar a los cuidadores los signos clínicos que indican una mala evolución:

• Fiebre persistente: la fiebre tiene que empezar a disminuir a las 48 horas del inicio del antibiótico.

• Empeoramiento del esfuerzo o trabajo respiratorio.

• El niño se muestra agitado o con marcado disconfort.

Se recomienda una visita de seguimiento al 2º o 3er día de evolución. En caso de ausencia de mejoría, hay que plantear diversas posibilidades:

1. Tratamiento inefectivo: habrá que revisar el cumplimiento y la dosis administrada antes de considerar una falta de respuesta.

2. Diagnóstico etiológico incorrecto: puede tratarse de una bacteria no sensible al antibiótico prescrito, de un virus o de otros gérmenes menos frecuentes (M. tuberculosis, hongos, etc.).

3. Aparición de complicaciones, en especial derrame pleural, absceso pulmonar o neumonía necrosante.

4. Enfermedad de base: inmunodeficiencia, fibrosis quística, asma, desnutrición…

5. La neumonía puede ser la complicación de una patología subyacente como: obstrucción bronquial, cuerpo extraño, malformación pulmonar….

Si hay un empeoramiento en la visita de seguimiento, será necesario realizar diversas exploraciones complementarias (Rx tórax, hemograma, PCR, procalcitonina, estudios microbiológicos…) de forma urgente, por lo que será necesario derivar el paciente a nivel hospitalario.

Si no hay mejoría, pero tampoco se observa un empeoramiento del paciente, valorar la necesidad de introducir un nuevo antibiótico (cubrir bacterias atípicas, si inicialmente se había cubierto neumococo, o a la inversa). También podría tratarse de una resistencia bacteriana que obligaría a ampliar el espectro antibiótico.

Puntos clave:

- En los pacientes con buena evolución a las 48-72 horas de haber iniciado el tratamiento y que quedan asintomáticos, no es necesario un control radiológico de seguimiento.

- En caso de estar indicada una radiografía de seguimiento, debe realizarse al cabo de 4 semanas.

- Es necesaria una radiografía de seguimiento en caso de:

a) Persistencia de los síntomas.

b) Neumonía recurrente.

c) Atelectasia.

d) Neumonía redonda (descartar tumores o malformaciones pulmonares).

e) Complicaciones: derrame pleural, absceso pulmonar y neumatocele.

f) Patología de base.

Complicaciones

Las principales complicaciones de las NAC son: derrame pleural, absceso pulmonar, neumonía necrotizante y neumatoceles.

Derrame pleural

Ante la persistencia de síntomas o signos infecciosos, debe buscarse la presencia de un derrame pleural. El patógeno más frecuente en la actualidad es S. pneumoniae, seguido de S. aureus y S. pyogenes. En los últimos años, se ha producido un incremento de derrame pleural de origen neumocócico.

Debemos sospechar un derrame pleural cuando hay un empeoramiento del estado general, aparición de dolor pleurítico, disminución de la movilidad del hemitórax afectado, matidez en la percusión, ruidos respiratorios apagados o disminuidos y si disminuye la saturación de O2. A veces, se trata simplemente de un niño que no mejora a las 48-72 horas de tratamiento antibiótico.

Puede ser suficiente la radiografía simple para su diagnóstico. La prueba radiológica de mayor utilidad es la ecografía, proporcionando una información superior a la tomografía computarizada (TC) en cuanto a la naturaleza del derrame (simple o complicado), delimita el tamaño y la localización, identifica la presencia de tabicaciones, valora el diagnóstico de empiema mediante la vascularización pleural, valora la movilidad del hemidiafragma adyacente a la condensación, puede ser de ayuda en la orientación del tratamiento y localiza el punto de punción, si es necesario.

En caso de derrame significativo, hay que realizar una toracocentesis. La bioquímica del líquido pleural permite clasificar el derrame en: no complicado, complicado o empiema. Hay que realizar estudios microbiológicos del líquido pleural.

El tratamiento consiste en la administración de antibiótico endovenoso. En función de las características del derrame o empiema, podrá ser necesario asociar: la toracocentesis (punción-aspiración), el drenaje con tubo torácico, la videotoracoscopia, la instilación intrapleural de fibrinolíticos (discutida) o la toracotomía (excepcional).

Absceso pulmonar y neumonía necrosante

Es una complicación infrecuente. El patógeno principal es el neumococo, aunque pueden originarla también: estafilococo, estreptococo, anaerobios y otros gérmenes. Se relaciona con la agresividad del patógeno, la neumonía por aspiración y la existencia de patología de base en el paciente: inmunodepresión, cardiopatía, fibrosis quística… Clínicamente, cursa como una neumonía grave con fiebre persistente o recurrente.

Suele coexistir con derrame pleural complicado o empiema, por lo que puede retrasarse su diagnóstico. La TC de tórax con contraste es la herramienta más útil para el diagnóstico de la abscesificación. La evolución con el drenaje del empiema asociado y antibioterapia endovenosa suele ser buena, pero puede evolucionar hacia la necrosis.

Las formas necrosantes ocurren en el 0,8% de las NAC. Relacionadas en nuestro medio con S. aureus seguido de S. pneumoniae(21).

Neumatoceles

Son cavidades llenas de aire, únicas o múltiples, de paredes finas, en el interior del parénquima pulmonar y, en ocasiones, contienen también líquido que forma un nivel. La causa más frecuente es el Staphylococcus aureus. Se diagnostican mediante una radiografía de tórax o mediante TC, que es la prueba de elección. La evolución con tratamiento adecuado suele ser buena y se resuelven en 2-3 meses.

Neumonía recurrente

Ante un caso de neumonía recurrente, se debe realizar estudio de las posibles causas, iniciándose con una anamnesis y exploración física correctas y solicitar las exploraciones complementarias según la etiología sospechada.

Se define neumonía recurrente (NR) como dos o más episodios de neumonía en un mismo año o 3 o más episodios durante toda la vida, con evidencia de resolución radiológica entre los mismos(22). Es necesario diferenciarla de la neumonía persistente, que es aquella en la que persiste la sintomatología clínica o la imagen radiológica, más allá del tiempo prudente en que debería resolverse según su etiología, siguiendo el tratamiento adecuado y sin patología de base.

Basándonos en la definición anterior, de todos los casos de neumonía, entre el 6 y el 9% son neumonías recurrentes(22,23).

Existen múltiples patologías que pueden causar neumonías recurrentes y la frecuencia de las mismas varía dependiendo de las diferentes series. En algunas, es el asma la causa más frecuente(23,24), mientras que en otros estudios, preferentemente los realizados en niños hospitalizados, la incoordinación orofaríngea es el factor predisponente más habitual(25). En la mayoría de los casos, se llega a conocer la etiología subyacente y, en muchos de ellos, esta causa ya era conocida previamente a la neumonía(23).

Etiología

Ante un caso de NR, el principal factor a tener en cuenta es la localización de los diferentes episodios. Una neumonía recurrente en la misma localización orienta hacia una malformación o una obstrucción de la vía aérea; mientras que, episodios en diferentes localizaciones hacen pensar en una alteración de los mecanismos de defensa pulmonares (tos, aclaramiento mucociliar o inmunodeficiencia) o un estrechamiento difuso de la vía aérea que dificulte el drenaje de las secreciones. Las principales causas se resumen en la tabla VI.

Existen entidades como el asma, las cardiopatías congénitas, especialmente las que cursan con cortocircuito izquierda-derecha, o infecciones como la tuberculosis, que pueden dar NR tanto en la misma localización como en lugares diferentes, dependiendo del mecanismo de producción implicado.

El síndrome del lóbulo medio es una entidad especial en la que existe una condensación persistente en dicho lóbulo, ya que sus características anatómicas lo hacen más susceptible a la atelectasia y a la sobreinfección. Su causa infecciosa más frecuente es la tuberculosis y la no infecciosa es el asma.

Metodología diagnóstica

Las exploraciones complementarias que se pueden realizar a un paciente con NR para llegar al diagnóstico son muy numerosas y, en alguno de los casos, no exentas de efectos secundarios. Por ello, se recomienda iniciar el proceso diagnóstico con una correcta anamnesis y exploración física que orienten hacia la posible etiología.

Anamnesis

Inicialmente, hay que obtener la máxima información sobre los diferentes episodios de neumonía: edad, estacionalidad, sintomatología acompañante, localización, exploraciones complementarias realizadas, tratamiento administrado, duración del episodio y si ha habido resolución completa del mismo.

Los antecedentes familiares son especialmente relevantes en el caso de patologías con componente hereditario con la fibrosis quística, el asma o cierto tipo de inmunodeficiencias.

También, es importante preguntar por lo acontecido en el periodo neonatal, si hay antecedentes de atragantamiento, si existen problemas de deglución, sintomatología respiratoria entre los episodios (tos, expectoración, disnea, sibilantes…), sintomatología digestiva, infecciones de repetición en otras localizaciones, valoración de la curva póndero-estatural y resultado del cribaje neonatal.

Exploración física

Se debe realizar una exploración física completa, que incluya: exploración del aparato respiratorio en su totalidad (inspección orofaríngea, auscultación, observación de la forma y los movimientos del tórax), auscultación cardíaca, inspección de la piel en busca de lesiones compatibles con dermatitis atópica, valoración del estado nutricional y exploración neurológica que descarte miopatías o debilidad muscular.

Exploraciones complementarias

La batería de exploraciones complementarias se debe racionalizar en función de la etiología sospechada.

Existen unas pruebas complementarias básicas que se pueden solicitar desde la Atención Primaria y con ellas se puede llegar al diagnóstico, en más del 70% de los casos(26):

Hemograma completo.

• Estudio inmunitario básico (inmunoglobulinas, subclases de Ig, poblaciones linfocitarias y complemento).

• Estudio alergológico (IgE total, IgE específicas o Prick test).

• Prueba de la tuberculina (Mantoux).

• Rx de tórax, cavum y senos paranasales.

• Espirometría forzada con prueba broncodilatadora.

Si con el estudio básico no se llega a un diagnóstico, serán necesarias otras exploraciones dirigidas en función de los hallazgos clínicos. Algunas de estas exploraciones no pueden ser solicitadas desde la Atención Primaria, por lo que será necesario derivar al paciente a atención especializada.

• Pruebas radiológicas: Rx de tórax con proyecciones especiales (inspiración, espiración, decúbitos laterales) si se sospecha cuerpo extraño intrabronquial, TC torácico y TC de alta resolución, que será de especial utilidad para descartar malformaciones pulmonares, bronquiectasias u otras alteraciones intersticiales. También, se puede solicitar una gammagrafía pulmonar de ventilación/perfusión, cuya normalidad excluye las principales causas pulmonares de neumonía recurrente, o resonancia magnética o angiografía digital intravenosa con sustracción (DIVAS), si se sospecha secuestro pulmonar.

• Pruebas digestivas: orientadas principalmente a descartar trastornos de deglución y/o reflujo gastroesofágico que provoquen microaspiraciones con el consecuente broncoespasmo o neumonías de repetición. Tránsito esófago-gástrico, phmetría, test de deglución o detección isotópica de microaspiraciones.

Estudio endoscópico de la vía aérea: con la visualización directa de la vía aérea, se pueden diagnosticar compresiones y obstrucciones tanto de vía aérea proximal como distal y, gracias al lavado broncoalveolar y el cepillado bronquial, tomar muestras para análisis microbiológico y anatomo-patológico.

• Otros: biopsia nasal si se sospecha discinesia ciliar, test de sudor, test inmunitarios más específicos (pruebas de respuesta vacunal, test de oxidación…).

Puntos clave:

- Considerar el diagnóstico de neumonía recurrente ante 2 episodios de neumonía en un mismo año o 3 episodios en total.

- Es necesario evidenciar (clínica y/o radiológicamente) que se está ante un verdadero diagnóstico de neumonía.

- En la mayoría de los casos de NR, existe una causa identificable y la localización de los diferentes episodios orienta sobre la etiología.

- El diagnóstico etiológico se basa en una anamnesis y exploración física detallada y unas exploraciones complementarias dirigidas según la sospecha clínica.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de los autores.

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Bibliografía recomendada

- Don M, Canciani M, Korppi M. Community-acquired pneumonia in children: what’s old? What’s new? Acta Paediatrica. 2010; 99: 2-08.

Artículo breve y conciso que resume las últimas evidencias en el manejo de la NAC.

- Martín AA, Moreno-Pérez D, Miguélez SA, et al. Etiología y diagnóstico de la neumonía adquirida en la comunidad y sus formas complicadas. An Pediatr (Barc). 2012; 76: 162.e1-e18.

Documento de consenso de la Sociedad Española de Neumología Pediátrica y la Sociedad Española de Infectología Pediátrica, que revisa mediante la medicina basada en la evidencia, la etiología y el diagnóstico de la NAC.

- Baer G, Engelcke G, Abele-Horn M, et al. Role of Chlamydia pneumoniae and Mycoplasma pneumoniae as causa­tive agents of community-acquired pneumonia in hospitalised children and adolescents. Eur J Clin Microbiol Infect Dis. 2003; 22: 742e5.

Artículo que aporta como nueva evidencia el papel de M. pneumoniae y C. pneumoniae en la etiología de la neumonía en los menores de 5 años.

- Harris M, Clark J, Coote N, et al. BTS Guidelines for the Management of Community Acquired Pneumonia in Children: Update. 2011; 66(Suppl 2): ii1-23.

Excelente update sobre el manejo de la NAC, de lectura obligada, que aporta destacadas novedades con una rigurosa metodología de la medicina basada en la evidencia.

- Fonseca W, Hoppu K, Rey LC, et al. Comparing pharmacokinetics of amoxi­cillin given twice or three times per day to children older than 3 months with pneumonia. Antimicrob Agents Chemother. 2003; 47: 997e1001.

Se destaca la importancia de este artículo, en el que se evidencia la seguridad farmacocinética de la administración de la amoxicilina dos veces al día.

- World Health Organisation. Revised WHO classification and treatment of childhood pneumonia at health facilities: Evidence summaries 2014. http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/137319/1/9789241507813_eng.pdf?ua=1.

Artículo de lectura obligada que resume de forma muy pedagógica todas las recomendaciones de la OMS en relación a la clasificación y el tratamiento de la NAC. Es una marcada apuesta por el uso de la amoxicilina oral, en pautas más cortas que las referidas en muchos otros consensos publicados.

 

Caso clínico

 

Niño de 3 años que acude al Centro de Salud por cuadro clínico de fiebre de 48 horas de evolución (Tª máxima: 39ºC) acompañada de tos, mucosidad nasal y dolor abdominal. No presenta antecedentes patológicos de interés, correctamente vacunado, incluida la vacuna antineumocócica 13V. Los padres refieren que los días previos al inicio de la fiebre presentaba un cuadro catarral.

Exploración física: Tª axilar: 38,3ºC. FR: 45 rpm. FC: 120 ppm. SatO2: 95%. Buen estado general. Normocoloreado y normohidratado. No tiraje. Piel: sin lesiones cutáneas. Boca: leve hiperemia faríngea y mucosidad en cavum. Auscultación respiratoria: murmullo vesicular conservado, buena entrada de aire en hemitórax izquierdo, crepitantes en 1/3 inferior de hemitórax derecho. Abdomen: peristaltismo presente, blando y depresible, leve dolor a la palpación en hipocondrio derecho, no masas ni visceromegalias ni signos de irritación peritoneal.

 

 

 

 

Bronquitis y bronquiolitis

J. Pérez Sanz
Temas de FC


J. Pérez Sanz

Servicio de Neumología Pediátrica. Hospital Ramón y Cajal (Madrid)

 

Resumen

La bronquiolitis es una inflamación de la vía aérea pequeña de etiología vírica que tiene lugar en lactantes y que cursa con dificultad respiratoria acompañada de crepitantes y/o sibilancias. El principal agente causante es el virus respiratorio sincitial (VRS), y presenta un patrón de incidencia estacional. El diagnóstico es fundamentalmente clínico, no siendo necesaria la realización sistemática de exámenes complementarios. El tratamiento se basa en medidas generales y de soporte, como la hidratación y la oxigenoterapia. Aunque no se recomienda usar de forma rutinaria, puede estar indicada una prueba terapéutica con broncodilatador inhalado (adrenalina o β2-agonistas). El suero salino hipertónico inhalado ha demostrado relativa eficacia. El tratamiento con corticoides no está justificado. La utilización de oxigenoterapia de alto flujo y/o CPAP evita la intubación endotraqueal en muchos niños con bronquiolitis grave.
La bronquitis es la inflamación de la tráquea, bronquios y bronquiolos. La bronquitis aguda es de causa mayoritariamente viral y de curso autolimitado. La bronquitis crónica se asocia a patología respiratoria de base y aspiración de cuerpo extraño. La bronquitis bacteriana persistente es una causa habitual de tos prolongada, de diagnóstico clínico y con tratamiento eficaz.

 

Abstract

Bronchiolitis is an inflammation of the small airways caused by a viral infection in infants and young children, characterized by respiratory effort, wheezing and or crackles. Respiratory syncytial virus (RSV) is the most common cause, showing a seasonal peak. Bronchiolitis is diagnosed clinically, not being necessary complementary examinations. Supportive care and anticipatory guidance are the mainstays of the management. Although the use of bronchodilators is not routinely recommended, a one-time trial of epinephrine or salbutamol may be warranted for children with severe bronchiolitis. Nebulized hypertonic saline has proven relative effectiveness. Glucocorticoids are not recommended. Use of heated humidified high-flow nasal cannula and CPAP avoids endotracheal intubation in many children with severe bronchiolitis.
Bronchitis is an inflammation of trachea, bronchi and bronchioles. Viral infections are the main cause of acute bronchitis, and the clinical course is self-limited. Chronic bronchitis is often associated with underlying respiratory conditions. Protracted bacterial bronchitis is an important cause of persisteng cough.

 

Palabras clave: Bronquiolitis; Virus respiratorio sincitial; Bronquitis

Key words: Bronchiolitis; Respiratory syncytial virus; Bronchitis

 

Pediatr Integral 2016; XX (1): 28-37


Bronquitis y bronquiolitis

Bronquiolitis

Definición

La bronquiolitis es un síndrome clínico que ocurre en niños menores de 2 años y que se caracteriza por síntomas de vía aérea superior (rinorrea, etc.), seguidos de infección respiratoria baja con inflamación, que resulta en sibilancias y/o crepitantes. Ocurre típicamente en infecciones virales (ya sea primoinfección o reinfección)(1-3).

Para propósitos de investigación, bronquiolitis se define típicamente como el primer episodio de sibilancias en menores de 2 años que presenta exploración física compatible con infección de vía respiratoria baja sin otra explicación para las sibilancias.

Fisiopatología

La bronquiolitis ocurre cuando los virus infectan las células epiteliales de los bronquios y pequeños bronquiolos, causando daño directo e inflamación. El edema, el aumento de mucosidad y el desprendimiento de las células epiteliales recambiadas conducen a obstrucción de las vías aéreas pequeñas y atelectasias.

Microbiología

La bronquiolitis es causada en su mayoría por infecciones virales. Aunque la proporción de los diferentes virus causantes de bronquiolitis varía entre estaciones y años, el virus respiratorio sincitial (VRS) es el más frecuente, seguido por el rhinovirus. Otros virus menos comunes son: parainfluenza, metapneumovirus, influenza, adenovirus, coronavirus y bocavirus. Según algunos estudios en un tercio de los pacientes hospitalizados se detectan dos o más virus en coinfección. Ocasionalmente es causada por agentes bacterianos (principalmente Mycoplasma pneumoniae) (Fig. 1).

Figura 1. Etiología de Bronquiolitis aguda (septiembre 2005-agosto 2008). Calvo C. et al. Hospital Severo Ochoa. Acta Pædiatrica. 2010. Se documentó un virus en el 86% de los pacientes. Hubo coinfección por más de un virus en el 29%.

• VRS. Es la causa más frecuente de bronquiolitis, y el virus más frecuentemente detectado como patógeno único. Se encuentra en todo el mundo y es causante de brotes estacionales. En climas templados los brotes se producen en otoño e invierno, mientras que en climas tropicales se asocian a la estación húmeda.

• Rhinovirus. Es el causante del catarro común. Existen más de 100 serotipos. Se asocia a infecciones de vías aéreas bajas en niños pequeños y en niños con enfermedades pulmonares crónicas. Se detecta frecuentemente en coinfección con otro virus. Se asocia a los brotes en otoño y primavera.

• Parainfluenza virus. El tipo 3 se asocia a epidemias de bronquiolitis en primavera y otoño. Los tipos 1 y 2 pueden causar bronquiolitis pero se asocian más frecuentemente a laringitis.

• Metapneumovirus. En ocasiones en coinfección con otro agente viral. Se ha identificado como causante de bronquiolitis y neumonía en niños.

• Influenza virus. Los síntomas que produce en vías respiratorias bajas son indistinguibles de los producidos por VRS o parainfluenza virus.

• Adenovirus. Es causa de infecciones de vía aérea inferior, incluyendo bronquiolitis, bronquitis obliterante y neumonía, aunque más frecuentemente se asocia a faringitis y coriza.

• Coronavirus. Aunque con más frecuencia es productor de catarro común, puede producir infecciones de vías respiratorias bajas, incluyendo bronquiolitis.

• Bocavirus. El bocavirus humano 1 produce infecciones de vía respiratoria superior e inferior en otoño e invierno. Puede producir bronquiolitis con tos pertusioide(4).

Epidemiología

El VRS es la causa más frecuente de bronquiolitis, y presenta un patrón estacional.

La bronquiolitis por VRS es la causa más importante de enfermedad del tracto respiratorio inferior y de hospitalización por ese motivo en niños menores de 2 años. Entre el 1-4% de los lactantes con edad inferior a 12 meses son hospitalizados por infección por VRS. En nuestro país es la causa de hospitalización del 3,5% de los lactantes y del 15-20% de los pretérminos menores de 32 semanas de edad gestacional.

La forma de presentación predominante es epidémica estacional durante los meses fríos, de noviembre a abril, con máxima incidencia de noviembre a febrero de cada año (Fig. 2).

Figura 2. Porcentaje de episodios mensuales de Bronquiolitis asociados a diferentes virus (septiembre 2005-agosto 2008). Calvo C et al. Hospital Severo Ochoa. Acta Pædiatrica. 2010.

La aparición en brotes anuales, la alta incidencia de la infección en los primeros meses de la vida y la baja capacidad inmunogénica son características específicas del VRS que lo diferencian de otros virus humanos. La mayoría de los niños han pasado la infección al cumplir los 3 años de edad. La fuente de infección viral es generalmente un niño o un adulto con una infección respiratoria banal o asintomática y, en otras ocasiones, fómites contaminados, con un periodo de incubación de aproximadamente 2 a 8 días tras el contacto inicial. Algunos factores que facilitan la infección por VRS son: el humo del tabaco, el contacto con otros niños, la asistencia a guardería, el medio urbano, la vivienda desfavorable, el hacinamiento y los antecedentes de patología respiratoria neonatal. Se admite, con cierta controversia, que la lactancia materna es protectora frente a la infección por VRS, por la transmisión de anticuerpos anti-VRS específicos, sobre todo IgA e IgG.

La morbi-mortalidad relacionada con la bronquiolitis inducida por VRS es mayor en aquellos pacientes que tienen factores de riesgo. Los factores de riesgo para presentar bronquiolitis grave o complicada son:

• Prematuridad (edad gestacional <37 semanas).

• Edad <12 meses.

• Patología respiratoria crónica, en especial displasia broncopulmonar.

• Malformaciones anatómicas de la vía aérea.

• Cardiopatía congénita.

• Inmunodeficiencia.

• Enfermedad neurológica.

Factores ambientales como ser fumador pasivo, hacinamiento en hogar, asistencia a guardería, hermanos de la misma edad o mayores, y grandes altitudes (>2.500 metros) pueden aumentar la gravedad de la bronquiolitis.

Manifestaciones clínicas

La clínica consiste en cuadro de vía aérea superior de 1-3 días de evolución seguido de síntomas de vía aérea inferior con dificultad respiratoria, crepitantes y/o sibilancias, con pico de síntomas en los días 5-7 y posteriormente resolución gradual.

Presentación clínica

La bronquiolitis en un síndrome que ocurre en niños menores de 2 años y que generalmente se presenta con fiebre (normalmente ≤38,3oC), tos y dificultad respiratoria (signos de dificultad respiratoria serían: aumento de la frecuencia respiratoria, tiraje, sibilancias y crepitantes). Frecuentemente es precedido de 1-3 días de síntomas de vía aérea superior (congestión nasal y/o rinorrea).

Curso clínico

La duración depende de la edad, de la gravedad, factores de riesgo (ver más arriba) y agente causante. La bronquiolitis es generalmente autolimitada. La mayoría de niños que no requieren hospitalización se recuperan completamente en 28 días.

El curso típico comienza con síntomas de vía aérea superior, seguidos de síntomas de vía aérea inferior en el día 2-3, con pico de síntomas en los días 5-7 y, a partir de entonces, resolución gradual(5). En un 50% de los pacientes la tos se resuelve antes de 13 días, en un 90% antes de los 21 días.

En niños mayores de 6 meses previamente sanos con bronquiolitis que requiere hospitalización la media de estancia hospitalaria es de 3-4 días, parece ser que es mayor en niños con bronquiolitis por coinfección de VRS y rinovirus. La insuficiencia respiratoria mejora en 2-5 días, pero el resto de síntomas y signos pueden persistir.

La duración es más larga en menores de 6 meses (sobre todo en menores de 3 meses) y en niños con patología asociada (displasia broncopulmonar, etc.); estos niños con frecuencia presentan afectación grave y pueden requerir ventilación asistida.

Complicaciones

En la mayoría de niños previamente sanos la bronquiolitis se resuelve sin complicaciones. En niños con bronquiolitis grave, sobre todo prematuros, menores de 3 meses, cardiópatas o inmunodeficientes tienen más riesgo de complicaciones, siendo las más graves la apnea y el fallo respiratorio. Los niños que requieren ventilación mecánica por alguna de estas causas pueden presentar fugas aéreas (neumotórax o neumomediastino).

Deshidratación. Los lactantes con bronquiolitis pueden presentar dificultades para mantener una buena hidratación debido al aumento de necesidad de fluidos (en relación con la fiebre y la taquipnea), disminución de la ingesta oral de líquidos (en relación con la taquipnea y el esfuerzo respiratorio) y los vómitos. Por ello deben monitorizarse los signos de deshidratación (aumento de la frecuencia cardiaca, sequedad de mucosas, hundimiento de fontanela, disminución de la diuresis…) (Tabla 1). En caso necesario se administrarán fluidos mediante sonda nasogástrica o vía parenteral.

Apnea. Más frecuente en prematuros y menores de 2 meses. La presentación de apnea es un factor de riesgo para progresión a insuficiencia respiratoria y necesidad de ventilación mecánica. El riesgo de apnea no está aumentado por VRS en relación con otros patógenos.

Insuficiencia respiratoria. La hipoxemia es frecuente en bronquiolitis y se asocia a tapones mucosos y atelectasias. Habitualmente responde a oxígeno suplementario, aunque en ocasiones requiere soporte respiratorio adicional. La hipercapnia, asociada a la fatiga de los músculos respiratorios, requiere frecuentemente soporte respiratorio adicional (tubo endotraqueal y ventilación mecánica). La necesidad de ventilación mecánica es mayor en menores de 12 meses y niños con patologías de riesgo asociadas.

Sobreinfección bacteriana. A excepción de la otitis media, es muy infrecuente. La sobreinfección bacteriana pulmonar ocurre en aproximadamente un 1% de los niños hospitalizados con bronquiolitis por VRS, y el riesgo de presentarla está aumentado en niños que requieren cuidados intensivos (especialmente los que requieren intubación endotraqueal).

Diagnóstico

El diagnóstico es clínico. La radiografía de tórax y la analítica pueden ayudar a descartar otras patologías.

El diagnóstico de bronquiolitis es clínico (a modo de resumen: infección aguda de vías aéreas superiores seguida por dificultad respiratoria y sibilancias y/o subcrepitantes en menores de 2 años).

La radiografía de tórax y los análisis de laboratorio no son necesarios para el diagnóstico y no deben realizarse de forma rutinaria, aunque son útiles a la hora de evaluar sobreinfección bacteriana, complicaciones u otros diagnósticos (especialmente en pacientes con enfermedad cardiaca o pulmonar de base)(1,3).

Manifestaciones radiológicas

La radiografía de tórax no es necesaria en la evaluación rutinaria de bronquiolitis(2,3), por lo que debe realizarse solo si hay hallazgos sugestivos de otros diagnósticos(1).

Los hallazgos radiológicos en la bronquiolitis son variables e inespecíficos, e incluyen hiperinsuflación y engrosamiento peribronquial. Se pueden observar atelectasias parcheadas con pérdida de volumen debido al estrechamiento de la vía aérea y a tapones mucosos. La consolidación segmentaria y los infiltrados alveolares son más característicos de neumonía bacteriana que de bronquiolitis, pero no son buenos indicadores de la etiología, por lo que deben interpretarse en el contexto de la clínica a la hora de tomar decisiones sobre diagnóstico y tratamiento.

En lactantes con bronquiolitis leve la radiografía de tórax raramente va a modificar el tratamiento y puede conducir al uso inapropiado de antibióticos(2). Por otro lado, en lactantes y niños pequeños con dificultad respiratoria moderada o severa (tiraje importante, FR>70 rpm, cianosis…) puede estar indicada, especialmente si hay algún signo focal en el examen físico, si presenta soplo cardiaco o si precisa descartar otros diagnósticos(2). También puede estar indicada para descartar otros diagnósticos en niños que no mejoran en plazos de acuerdo al curso clínico habitual de la enfermedad(3).

Laboratorio

Las pruebas de laboratorio no están indicadas de forma rutinaria. De todos modos, pueden ser necesarias para evaluar la posibilidad de:

• Infección bacteriana asociada en neonatos de ≤28 días con fiebre. Tienen el mismo riesgo de infección bacteriana grave que niños más mayores con fiebre sin bronquiolitis, por lo que deben ser valorados de la misma manera.

• Complicaciones o descarte de otros diagnósticos en:

– Evolución anormal, prolongada o grave. Para valorar infección bacteriana.

– Enfermedad grave asociada. La gasometría puede ayudar a evaluar insuficiencia respiratoria.

Microbiología

En general no se recomienda realizar test para agentes virales específicos en niños con bronquiolitis a no ser que los resultados vayan a cambiar la actitud con respecto al paciente o a sus contactos (p. ej.: interrupción de profilaxis con palivizumab, inicio o interrupción de tratamiento antibiótico o tratamiento contra el virus de la gripe). No obstante, existe un debate acerca de si realizarlos modifica el manejo y los resultados del episodio(1), puesto que en algunos estudios la identificación del agente viral específico se ha asociado a un descenso del uso de antibióticos. También se ha debatido acerca de la indicación de estos tests para prevenir la transmisión a los contactos mediante medidas de aislamiento, pero la evidencia no ha sido suficiente y parece más razonable aplicar medidas de aislamiento en todos los niños con bronquiolitis(1).

En los casos en los que se precisa un diagnóstico etiológico (cuando los resultados afectan al manejo, p. ej.: iniciar o no antibioterapia), la prueba a realizar es screening mediante detección de antígeno o inmunofluorescencia en secreciones respiratorias obtenidas mediante aspirado nasal, o en su defecto lavado nasal. Existen test de antígeno rápidos para VRS, parainfluenza, adenovirus y virus de la gripe. Existen, además, pruebas con inmunofluorescencia directa o indirecta para otros virus. El cultivo viral y la PCR (reacción en cadena de la polimerasa) serían métodos alternativos.

Diagnóstico diferencial

La bronquiolitis puede confundirse con varias entidades que afectan al tracto respiratorio, tales como sibilancias recurrentes o asma, neumonía, infección pulmonar crónica, aspiración de cuerpo extraño, neumonía aspirativa, cardiopatía congénita, insuficiencia cardiaca y anillos vasculares. Cuando la bronquiolitis es severa puede desenmascarar una obstrucción de vía aérea preexistente (p. ej.: anillo vascular). Las manifestaciones clínicas ayudan a distinguir algunas de estas entidades de la bronquiolitis (p. ej.: ausencia de síntomas de vía aérea superior iniciales, episodio de atragantamiento, estancamiento ponderal, etc.), para otras es necesario el uso de pruebas de imagen o de laboratorio.

• Sibilancias recurrentes y asma. A tener en cuenta en lactantes mayores. La historia de sibilancias recurrentes, antecedentes familiares de asma y atopia apoyan el diagnóstico.

Neumonía bacteriana. Puede ser muy difícil distinguirla de la bronquiolitis en niños pequeños debido a que los síntomas y signos de ambas entidades son inespecíficos. En las neumonías bacterianas los niños suelen tener más “aspecto de enfermo” (fiebre alta, etc.).

• Enfermedad pulmonar crónica. Debe considerarse en niños con síntomas prolongados o recurrentes (sibilancias recurrentes, fallo de medro, aspiraciones recurrentes, estridor o infecciones respiratorias de repetición).

• Aspiración de cuerpo extraño. Suelen asociar episodio previo de atragantamiento (no siempre presenciado), sibilancias focales monofónicas e hipoventilación regional.

• Neumonía aspirativa. Frecuentemente en consecuencia a enfermedad por reflujo gastroesofágico y/o alteraciones en la deglución. Puede además ocurrir como consecuencia de una bronquiolitis (el incremento en esfuerzo de los músculos respiratorios crea una presión negativa importante en el tórax que facilita el ascenso de los jugos gástricos al esófago y su paso a la vía aérea). Puede asociar tos o cianosis con las tomas, reflejo de succión disminuido y/o estridor recurrente o crónico.

• Cardiopatía congénita. Puede asociar fallo de medro, perfusión periférica disminuida y exploración cardiaca anormal (soplo cardiaco, ritmo de galope, etc.).

• Insuficiencia cardiaca. Puede asociar intolerancia al ejercicio, fatiga frecuente, hepatomegalia y/o edema periférico.

• Anillos vasculares. Aunque lo más frecuente es el estridor, en ocasiones puede presentarse con sibilancias. Un arqueamiento anterior en la tráquea en la radiografía lateral puede establecer la sospecha, aunque otras pruebas (esofagograma con bario, broncoscopia, angioRM) suelen ser necesarias para confirmar el diagnóstico.

Manejo

El tratamiento se basa en soporte y observación de la progresión de la enfermedad. Como soporte respiratorio se utilizará oxígeno suplementario si se precisa, y oxigenoterapia de alto flujo y/o CPAP en pacientes graves para evitar la intubación orotraqueal. El uso de fármacos a día de hoy es controvertido.

Evaluación de la gravedad

No hay consenso claro en cuanto a la evaluación de la gravedad de la bronquiolitis. En general, se considera bronquiolitis grave si presenta alguna de las siguientes manifestaciones:

• Aumento del esfuerzo respiratorio persistente (taquipnea, aleteo nasal, tiraje).

• Hipoxemia. En general SpO2<95%, pero la SpO2 debe interpretarse en el contexto de otros signos clínicos, del estado del paciente (dormido, tosiendo, etc.) y de la altitud.

• Apnea.

• Insuficiencia respiratoria aguda.

Se consideraría bronquiolitis leve en ausencia de todos estos puntos. En cualquier caso, las categorías de gravedad pueden solaparse y sería necesario un buen juicio clínico para tomar decisiones adecuadas. Además se precisa observación y evaluaciones de forma repetida, ya que los hallazgos clínicos varían sustancialmente a lo largo del tiempo.

Indicaciones de hospitalización

Aunque en la práctica clínica varía de manera importante, la hospitalización para soporte y monitorización suele indicarse en niños con:

• Aspecto séptico, rechazo de la ingesta, letargia o deshidratación.

• Trabajo respiratorio moderado o grave, manifestado por uno de los siguientes signos: aleteo nasal, tiraje intercostal, subcostal o supraesternal, frecuencia respiratoria >70 rpm, disnea o cianosis.

• Apnea.

• Hipoxemia con o sin hipercapnia. Los estudios que han evaluado la SpO2<95% como predictor de gravedad o progresión de la enfermedad en pacientes externos no han presentado resultados concluyentes, aun así en muchos centros se sigue utilizando un valor de SpO2<95% como criterio de ingreso.

• Niños sin posibilidad de un adecuado cuidado domiciliario.

Aunque la edad <12 meses es un factor de riesgo para bronquiolitis grave o complicada, la edad per sé no es una indicación de hospitalización.

Manejo de la bronquiolitis leve

El manejo será ambulatorio, salvo que los cuidadores no puedan proporcionar un cuidado adecuado. Se basa en el tratamiento de soporte (adecuada hidratación y alivio de la congestión/obstrucción nasal) y observación de la progresión de la enfermedad.

En niños inmunocompetentes con bronquiolitis leve tratados en Urgencias no se recomienda intervención farmacológica por falta de evidencia de beneficios, incremento del coste y posibilidad de efectos adversos. Los estudios randomizados, revisiones sistemáticas y meta-análisis no apoyan los beneficios de los broncodilatadores(6,7), corticoides (inhalados o sistémicos)(3,7,8) o antagonistas de receptores de leucotrienos(9). Los antibióticos solo estarían indicados si hay evidencia de coinfección bacteriana.

Los niños con bronquiolitis no hospitalizados deben realizar seguimiento de la progresión y resolución del episodio por un pediatra. Puede realizarse de forma presencial o por teléfono, y la frecuencia dependerá de la gravedad y duración inicial de los síntomas (habitualmente cada 1-2 días al principio del cuadro).

Manejo de la bronquiolitis moderada-grave

De nuevo el manejo se basa en el tratamiento de soporte (en este caso adecuada hidratación y soporte respiratorio) y monitorización de la progresión de la enfermedad.

Manejo en Urgencias

El objetivo es la estabilización respiratoria, asegurar un buen estado de hidratación y determinar si continuará tratamiento en la unidad de observación de Urgencias, planta de hospitalización o unidad de cuidados intensivos.

Prueba con broncodilatador inhalado (adrenalina o β2-agonistas). No se recomienda de forma rutinaria. Puede ser rentable en pacientes con bronquiolitis grave. Los β2-agonistas pueden ser de utilidad en especial en los niños que presentan una exploración más compatible con mecanismo fisiopatológico de broncoespasmo (sibilancias y espiración alargada).

Suero salino hipertónico inhalado. No se recomienda de forma rutinaria.

Corticoides. No se recomiendan de forma rutinaria en un primer episodio de bronquiolitis(10).

Manejo del paciente ingresado

Se basa en el soporte respiratorio y del estado de hidratación, así como en la monitorización de la evolución de la enfermedad. Se deben establecer precauciones de contacto.

Estado de hidratación. Deben controlarse los aportes y las pérdidas de líquidos. En bronquiolitis graves con trabajo respiratorio importante (aleteo nasal, tiraje moderado-grave, polipnea >70 rpm, disnea o cianosis) puede ser necesaria la administración intravenosa exclusiva de líquidos para asegurar una buena hidratación y evitar el riesgo de aspiración(11). En niños con buena tolerancia oral las alternativas pueden ser aumentar la frecuencia de las tomas disminuyendo la cantidad de cada una o utilizar sonda nasogástrica/orogástrica.

Soporte respiratorio. La mayoría requieren aspiración nasal para aliviar la congestión. Se debe administrar oxígeno suplementario para mantener SpO2 > 90-92%. En niños con riesgo de progresión a insuficiencia respiratoria se debe utilizar oxigenoterapia de alto flujo y/o CPAP antes que la intubación orotraqueal, si bien esta última puede ser más adecuada en niños con inestabilidad hemodinámica o apneas frecuentes.

- Alivio de la congestión nasal. Debe realizarse a demanda, mediante lavados nasales o aspirados nasales profundos con sonda (que pueden ser realizados tras la administración de gotas de suero salino en narinas para hidratar el moco antes de extraerlo).

Hay poca evidencia en cuanto a la realización de aspiraciones de forma rutinaria. La aspiración con sonda es traumática y puede producir edema y obstrucción nasal, además puede producir tos, aunque la teórica complicación de laringoespasmo no ha sido corroborada. En un estudio de cohortes retrospectivo de 740 niños ingresados con bronquiolitis, aquellos a los que se les realizaron >60 aspirados nasales en las primeras 24 horas presentaron una estancia hospitalaria más larga (2,35 vs 1,75 días).

- Oxígeno suplementario. Debe ser administrado mediante gafas nasales, mascarilla facial o helmet para mantener SpO2 >90-92%(12).

Hay poca evidencia en cuanto al umbral de SpO2. La American Academy of Pediatrics sugiere el uso de O2 suplementario para SpO2 >90%, pero la variabilidad en la precisión de los pulsioxímetros, la fiebre concomitante o la acidosis favorecen el planteamiento de un umbral más alto. En un estudio multicéntrico que compara las medidas de pulsioxímetro (SpO2) con gasometrías arteriales (SaO2), la precisión del pulsioxímetro varía según el rango de saturación de O2. En el rango de SpO2 de 76 a 90% el pulsioxímetro tendió a sobreestimar la SaO2 (con una mediana de un 5%), en el rango de SpO2 de 91 a 97% los valores eran similares a los de SaO2 (mediana de diferencia de 1%). Existe evidencia de estudios en otras patologías diferentes de bronquiolitis que apuntan que la hipoxemia crónica o intermitente con valores de SpO2 entre 90 y 94% puede presentar efectos secundarios cognitivos y de comportamiento a largo plazo, sugiriendo que un umbral ≥94% pueda ser prudente.

A la hora del destete es necesaria una monitorización estrecha, especialmente en pacientes con cardiopatía, displasia broncopulmonar y prematuros.

- Oxigenoterapia de alto flujo y CPAP. Se utilizan para disminuir el esfuerzo respiratorio, mejorar el intercambio gaseoso y evitar la intubación endotraqueal en niños con bronquiolitis con riesgo de progresión a insuficiencia respiratoria(13), evitando las posibles complicaciones de la intubación endotraqueal. Generalmente son administradas en unidades de cuidados intensivos, aunque en algunos centros se inician en Urgencias o en la planta de hospitalización.

La oxigenoterapia de alto flujo es un método de soporte ventilatorio no invasivo que se tolera bien y permite inspirar altos flujos de gas, con o sin concentración de oxígeno aumentada. Estos altos flujos son bien tolerados porque el aire está humidificado mediante un circuito especial. Flujos de ≥6 L/min pueden generar presiones espiratorias positivas de entre 2 y 5 cm H2O. El tamaño de la cánula afecta al tamaño del circuito y al flujo máximo. Para menores de 2 años 8 L/min suele ser el flujo máximo, aunque en determinados casos pueden utilizarse flujos superiores (si el tamaño de la cánula lo permite). Sus contraindicaciones son anomalías faciales que impidan el adecuado ajuste de la cánula, contraindicaciones relativas serían: agitación, vómitos, secreciones muy abundantes y obstrucción intestinal. En un estudio observacional la ausencia de respuesta a oxigenoterapia de alto flujo se asoció a pH bajo y pCO2 elevada antes del comienzo del tratamiento, lo cual resalta la importancia del inicio precoz. Las posibles complicaciones son distensión abdominal, aspiración, barotrauma y neumotórax (muy raro y, en cualquier caso, mucho menos probable que con intubación endotraqueal). Los niños con oxigenoterapia de alto flujo con importante deterioro clínico pueden presentar acidosis respiratoria (hipercapnia) a pesar de saturaciones altas de O2 si están recibiendo O2 suplementario, por lo que se debe dar más importancia a la exploración física (tiraje, auscultación y respuesta a estímulos).

La CPAP se utiliza del mismo modo para evitar la intubación endotraqueal, pero menos frecuentemente que la oxigenoterapia de alto flujo.

- Intubación endotraqueal. Indicada en niños con persistencia de trabajo respiratorio importante a pesar de oxigenoterapia de alto flujo y/o CPAP, hipoxemia a pesar de O2 suplementario o apneas.

Otros tratamientos. No se recomienda el uso rutinario de broncodilatadores (salvo prueba con broncodilatador en casos determinados), suero salino hipertónico, antagonistas de los receptores de leucotrienos o fisioterapia respiratoria (salvo comorbilidad de enfermedad con dificultad para el aclaramiento mucociliar: enfermedades neuromusculares, fibrosis quística, etc.). No se recomienda el uso de glucocorticoides en un primer episodio de bronquiolitis. Ver más adelante “Tratamientos no recomendados de forma rutinaria”.

Monitorización. Para la correcta identificación del empeoramiento del estado respiratorio deben determinarse regularmente la frecuencia respiratoria, los signos de trabajo respiratorio (aleteo nasal, tiraje) y la SpO2 (de forma continua en pacientes más graves). En niños que no mejoren a un ritmo acorde con la evolución normal de la enfermedad debe considerarse la radiografía de tórax para excluir otros diagnósticos.

Criterios de alta

Para el alta se deben cumplir los siguientes criterios:

• Frecuencia respiratoria <60 rpm en menores de 6 meses, <55 rpm entre 6 y 11 meses, y <45 rpm en mayores de 12 meses.

• Cuidadores que sepan realizar lavados nasales y vigilar los signos de alarma.

• Paciente estable respirando aire ambiente durante las últimas 12 horas y SpO2 >94%.

• Tolerancia oral.

Pronóstico

La bronquiolitis es una enfermedad autolimitada y se resuelve sin complicaciones en la gran mayoría de niños previamente sanos. Niños con bronquiolitis severa, especialmente prematuros, niños con patología cardiopulmonar de base o inmunodeprimidos tienen más riesgo de complicaciones (apnea, insuficiencia respiratoria, sobreinfección bacteriana).

La mortalidad de niños hospitalizados con bronquiolitis en países desarrollados es <0,1%. La mortalidad es mayor en lactantes pequeños (entre 6 y 12 semanas), bajo peso, patología cardiopulmonar de base e inmunodeprimidos.

Los lactantes hospitalizados por infección de vía respiratoria baja, especialmente por VRS y rinovirus, tienen un riesgo aumentado de desarrollar sibilancias recurrentes.

No está claro si haber presentado bronquiolitis se asocia al desarrollo de asma. En algunos estudios se observa una correlación entre la infección por VRS y el desarrollo de asma, pero pudiera ser simplemente un reflejo de la predisposición natural del asma a la hiperreactividad bronquial en respuesta a diversos estímulos, entre ellos las infecciones virales.

Prevención

La prevención consiste en minimizar el riesgo de contagio de los agentes infecciosos mediante lavado de manos (con jabón o soluciones alcohólicas) y evitar el contacto con enfermos, así como evitar la exposición al humo del tabaco.

La inmunoprofilaxis con palivizumab, un anticuerpo monoclonal contra la glicoproteína F del VRS, disminuye el riesgo de hospitalización en prematuros, niños con enfermedad pulmonar crónica y niños con cardiopatía congénita con repercusión hemodinámica importante. Aunque en algunos centros se administra también en otras patologías (fibrosis quística, etc.) no hay evidencia del beneficio y la tendencia es a dejar de administrarla.

No existen vacunas contra la mayoría de agentes causantes de bronquiolitis (VRS, rinovirus, metapneumovirus y parainfluenza virus). En cuanto al virus de la gripe, en España se recomienda la vacuna anual estacional a niños con patología respiratoria crónica (asma, fibrosis quística, etc.), en otros países se vacuna a todos los niños mayores de 6 meses aunque no tengan patología respiratoria de base.

No se recomiendan corticoides ni antagonistas de los receptores de leucotrienos para prevenir la hiperreactividad bronquial tras presentar episodio de bronquiolitis.

Tratamientos no recomendados de forma rutinaria

Broncodilatadores inhalados. Meta-análisis de estudios randomizados y revisiones sistemáticas apuntan que pueden producir una mejoría clínica leve a corto plazo pero no afectan al resultado final, pueden presentar efectos adversos y encarecen el coste del tratamiento(6). En niños con bronquiolitis moderada-grave puede estar indicada realizar una prueba con broncodilatador inhalado (adrenalina o β2-agonistas).

Broncodilatadores orales. No han demostrado acortar la duración de la enfermedad ni mejorar los parámetros clínicos, y asocian efectos secundarios.

Corticoides sistémicos. No se recomienda su uso en niños con un primer episodio de bronquiolitis(5,8). Aunque teóricamente sus efectos antiinflamatorios reducirían la inflamación en la vía aérea, la mayoría de estudios demuestran un efecto mínimo en bronquiolitis. No han demostrado disminuir la tasa de ingresos, acortar la estancia hospitalaria, mejorar los scores clínicos tras 12 horas ni disminuir el número de reingresos. No está claro si determinados subgrupos sí pudieran beneficiarse, algunos pacientes con bronquiolitis pueden estar presentando su primer episodio de asma con lo cual se beneficiarían de corticoides inhalados, pero los estudios no han podido demostrar beneficio puesto que utilizan como población niños pequeños con sibilancias asociadas a infecciones virales sin discriminar aquellos cuyo mecanismo subyacente es la inflamación típica del asma.

Corticoides inhalados. No han demostrado reducción en la duración de los síntomas ni en la tasa de ingresos.

Broncodilatadores más corticoides. Aunque en un ensayo clínico randomizado se observó una disminución en la tasa de hospitalización en la siguiente semana a la visita a Urgencias tras la administración de adrenalina nebulizada y dexametasona oral, el resultado ajustado por comparaciones múltiples no fue significativo(5).

Suero salino hipertónico nebulizado. Según revisiones sistemáticas de ensayos randomizados su uso en Urgencias disminuye la tasa de hospitalización, si bien el grado de evidencia es bajo(10,14). Varios estudios en pacientes hospitalizados han demostrado disminuir la duración de la estancia hospitalaria, pero de nuevo el grado de evidencia es bajo(10,14); además, en la mayoría, se administraban broncodilatadores inhalados de forma concomitante.

Fisioterapia respiratoria. No mejora los parámetros respiratorios, no reduce la necesidad de oxígeno suplementario ni la duración de la estancia hospitalaria(15). Además produce disconfort e irritabilidad. Sí puede ser de utilidad en niños con comorbilidad con dificultad para el aclaramiento mucociliar (enfermedades neuromusculares, fibrosis quística, etc.).

Antibióticos. No deben utilizarse de forma rutinaria pues la bronquiolitis es casi siempre de causa viral. La bronquiolitis no aumenta el riesgo de infecciones bacterianas graves. A pesar de ello puede haber infecciones bacterianas concomitantes que deben ser tratadas como lo serían en ausencia de bronquiolitis.

Ribavirina. No se recomienda, aunque parece que pueda tener un papel en inmunocomprometidos con bronquiolitis grave por VRS.

Preparados anti-VRS. En ensayos randomizados, inmunoglobulina intravenosa junto con agentes neutralizadores de la actividad VRS y palivizumab no han demostrado mejorar los resultados en pacientes hospitalizados (con o sin factores de riesgo) por infección con VRS.

Heliox. No reduce la tasa de intubación ni la duración del tratamiento.

Antagonistas de los receptores de leucotrienos. Aunque parece ser que los leucotrienos juegan un papel en la inflamación de la vía aérea en la bronquiolitis, no han demostrado modificar la duración de la estancia hospitalaria ni los scores clínicos.

Bronquitis

La bronquitis aguda es de causa viral y de curso autolimitado. La bronquitis crónica se da en niños con patología respiratoria de base. La bronquitis bacteriana persistente es una causa importante de tos prolongada.

La bronquitis es un síndrome clínico producido por inflamación de la tráquea, bronquios y bronquiolos.

Bronquitis aguda

En niños, la bronquitis aguda es producida habitualmente por causa infecciosa. Los síntomas son tos productiva y en ocasiones dolor retroesternal con respiraciones profundas o tos. El curso clínico es generalmente autolimitado, con recuperación completa a los 10-14 días del inicio de los síntomas.

Los agentes infecciosos causantes de bronquitis aguda son en un 90% virus (adenovirus, virus de la gripe, parainfluenza, VRS, rinovirus, bocavirus, coxackie, herpes simple). En un 10% se trata de infecciones bacterianas (Streptococcus pneumoniae, Haemophilus influenzae, Moraxella catarrhalis, Mycoplasma pneumoniae, Chlamydia pneumoniae). Es importante subrayar que las bronquitis agudas bacterianas son excepcionales fuera de los pacientes fumadores, pacientes con fibrosis quística o inmunodeprimidos. Rara vez puede producirse por otros agentes infecciosos (hongos) o por agentes no infecciosos (alergias, aspiraciones o reflujo gastroesofágico)(16,17).

Bronquitis crónica

La bronquitis crónica es una inflamación recurrente con deterioro secundario de la vía aérea. Los pacientes con bronquitis crónica tienen más secreciones de lo normal por aumento de producción y/o déficit de aclaramiento(18). Se asocia con frecuencia a asma, fibrosis quística, discinesia ciliar primaria, aspiración de cuerpo extraño y exposición a agentes irritantes de la vía aérea. Existen bronquitis recurrentes también en portadores de traqueostomía e inmunodeprimidos.

Los agentes infecciosos más frecuentes causantes de bronquitis crónica son:

• En menores de 6 años: Streptococcus pneumoniae, Haemophilus influenzae y Moraxella catarrhalis.

• En mayores de 6 años: Mycoplasma pneumoniae.

• En ciertas patologías de base crónicas (traqueostomía, etc.) pueden presentarse además otros microorganismos como Pseudomonas aeruginosa y Staphylococcus aureus (incluido el meticilín-resistente).

El tratamiento consiste en antitérmicos, adecuada hidratación, evitar el humo del tabaco y antibióticos en caso de sospecha de infección bacteriana. Si asocia sibilancias o clínica de hiperreactividad bronquial se pueden utilizar broncodilatadores o corticoides.

Bronquitis bacteriana persistente

Se trata de una entidad reconocida desde hace relativamente poco tiempo. Es causa de tos prolongada, y se trata con más detalle en el capítulo correspondiente.

La clínica comienza habitualmente con un cuadro catarral y de infección respiratoria baja que puede asociar fiebre, cuyos síntomas se resuelven a excepción de la tos. La tos que persiste es una tos húmeda, sin predominio diurno ni nocturno, y sin asociar otros síntomas. Habitualmente acuden remitidos a consultas de Neumología tras meses de tos. Con frecuencia en la anamnesis los padres cuentan que ha recibido ciclos antibióticos con betalactámicos 7 días y/o azitromicina 3 días y que durante el tratamiento la tos mejora, pero a los pocos días de finalizarlo la tos reaparece. El diagnóstico es clínico, basado en la anamnesis y la exploración física (que suele ser normal salvo tos húmeda). Se debe plantear diagnóstico diferencial con otras causas de tos prolongada(19).

Es producida por agentes infecciosos bacterianos, habitualmente Haemophilus influenzae, Streptococcus pneumoniae y Moraxella catarrhalis, que con frecuencia infectan las vías respiratorias bajas debilitadas durante una infección viral. Es frecuente la infección polimicrobiana. Es importante entender que estos microorganismos se comportan de manera distinta en el compartimento conductor del pulmón (árbol bronquial proximal) que en el compartimento respiratorio (bronquiolos terminales y alveolos). En este último presentan una tasa de división rápida y pueden producir patologías tales como neumonías que afectan al riesgo vital del paciente. En el compartimento conductor, en cambio, presentan tasas de replicación lentas, lo cual explica que los síntomas sean menos agudos y que su erradicación sea más difícil, además en estos ambientes pueden desarrollar biofilms dificultando aún más la erradicación(20). Por ello el tratamiento debe ser prolongado, y al ser con frecuencia de etiología polimicrobiana debe utilizarse un antibiótico de amplio espectro. La pauta más utilizada es amoxicilina-clavulánico a 40-50 mg/kg durante 2-4 semanas.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de los autores.

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10.*** National Institute for Health and Care Excellence. Bronchiolitis: diagnosis and management of bronchiolitis in children. Clinical Guideline NG 9. June 2015. https://www.nice.org.uk/guidance/ng9 (Accessed on August 20, 2015).

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17. Miron D, Srugo I, Kra­Oz Z, Keness Y, Wolf D, Amirav I, et al. Sole pathogen in acute bronchiolitis: is there a role for other organisms apart from respiratory syncytial virus?. Pediatr Infect Dis J. 2010; 29: e7­-e10.

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20. Stewart PS. Mechanisms of antibiotic resistance in bacterial biofilms. Int J Med Microbiol. 2002; 292: 107-13.

Bibliografía recomendada:

- National Institute for Health and Care Excellence. Bronchiolitis: diagnosis and management of bronchiolitis in children. Clinical Guideline NG 9. June 2015. https://www.nice.org.uk/guidance/ng9 (Accessed on August 20, 2015).

Completa guía actualizada basada en la evidencia.

- Ralston SL, Lieberthal AS, Meissner HC, et al. Clinical practice guideline: the diagnosis, management, and prevention of bronchiolitis. Pediatrics. 2014; 134: e1474.

Revisión crítica de la Guía de práctica clínica de bronquiolitis de 2006 de la American Academy of Pediatrics.

- Fitzgerald DA, Kilham HA. Bronchio­litis: assessment and evidence-based management. Med J Aust. 2004; 180: 399.

Interesante revisión bien estructurada, con un enfoque global y completo.

 

Caso clínico

 

Lactante de 4 meses que acude a la consulta de Atención Primaria por tos y mocos abundantes desde hace dos días. Hoy consultan porque desde que se ha levantado esta mañana le notan que le cuesta más respirar. Afebril en todo momento. Come bien y bebe bien líquidos.

Antecedentes personales

Recién nacido a término de peso adecuado para la edad gestacional. Lactancia mixta. Resto sin interés.

Antecedentes familiares

Madre con asma infantil y dermatitis atópica resueltos, actualmente alérgica a pólenes. Padre alérgico a pólenes. Hermano de 5 años con tos húmeda diaria de 6 meses de evolución que no es en accesos y no se acompaña de otra sintomatología, sin antecedentes de asma ni atopia, la madre comenta que la tos empezó con un catarro y que tras curársele el catarro la tos persistió, un pediatra en el seguro privado les pautó budesonida sin respuesta y amoxicilina 7 días con mejoría de la tos a los 2 días de haber comenzado el tratamiento, pero empeoramiento de nuevo al acabar el ciclo. Tienen un perro en casa.

Exploración física

Buen estado general. Bien nutrido, hidratado, perfundido y coloreado. No alteraciones cutáneas. Relleno capilar menor de 2 segundos. Mocos nasales abundantes, tiraje subcostal e intercostal leves, frecuencia respiratoria 48 rpm. Auscultación cardiaca: rítmica, soplo sistólico I/VI. Auscultación pulmonar: buena ventilación bilateral, crepitantes secos difusos en todos los campos pulmonares, más marcados en ambas bases. Abdomen blando y depresible, sin masas ni visceromegalias palpables. Hiperemia faríngea, otoscopia normal bilateral, no se palpan adenopatías. Vital, reactivo, llora durante la exploración si su madre no lo sujeta en brazos. Temperatura: 36,8ºC. SpO2: 95%.

 

 

Infecciones víricas del tracto respiratorio inferior

J. Hinojosa Mena-Bernal1,2, B. Pascual1
Temas de FC


C. Rodrigo Gonzalo-de-Liria*, M. Méndez Hernández**

*Jefe de Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Materno-Infantil Vall d’Hebron.
Profesor titular de Pediatría. Unidad Docente Germans Trias i Pujol. Universidad Autónoma de Barcelona.
**Hospital Universitario Germans Trias i Pujol. Facultad de Medicina. Unidad Docente Germans Trias i Pujol. Universidad Autónoma de Barcelona

 

Resumen

Las infecciones víricas de las vías respiratorias inferiores son muy frecuentes en los niños, especialmente durante los tres primeros años de vida. La mayoría de infecciones víricas respiratorias muestran un claro predominio de incidencia estacional, detectándose de forma fundamental durante los meses fríos del año. En general, no son procesos graves, ya que únicamente ocasionan fallecimientos en niños de corta edad con enfermedades cardíacas o respiratorias de base; no obstante, son una causa frecuente de atención médica y de ingreso hospitalario, sobre todo, las infecciones por virus respiratorio sincitial en lactantes y la gripe durante los meses epidémicos de cada invierno. Los virus respiratorios dan lugar a dos síndromes clínicos principales en las vías respiratorias inferiores: bronquiolitis y neumonía, con existencia de solapamiento y cuadros mixtos o intermedios entre ellos y, también, con la afectación de la laringe y la traquea (Tabla I). Ninguno de estos cuadros clínicos está asociado a un solo virus respiratorio, aunque cada uno de ellos se relaciona de manera clara con uno o varios agentes etiológicos.

 

Abstract

Viral infections of the lower respiratory tract are very common in children, especially during the first three years of life. Most respiratory viral infections show a predominant seasonal incidence during the cold months of the year. Viral respiratory tract infections are generally not serious, since only cause deaths in young children with heart or respiratory basis; however, they are a frequent cause of medical care and hospitalization, especially respiratory syncytial virus infections in infants and seasonal influenza disease each winter. Respiratory viruses provoque to two major clinical syndromes in the lower airways: bronchiolitis and pneumonia, with existence of overlapping and mixed or intermediate features between each other and with ocasional involvement of the larynx and trachea (Table I). None of these clinical conditions is associated with a single respiratory virus, although each clinical presentation is clearly related to one or more etiologic agents.

 

Palabras clave: Infecciones víricas respiratorias; Bronquiolitis; Virus sincitial respiratorio; Gripe; Pediatría

Key words: Viral respiratory infections; Bronchiolitis; Respiratory syncytial virus; Influenza; Children

 

Pediatr Integral 2016; XX (1): 16-27


Infecciones víricas del tracto respiratorio inferior

Introducción

En otros apartados de esta Monografía, se revisan las neumonías, las bronquitis y las bronquiolitis como cuadros clínicos; por lo que, en este, se analizan las infecciones de las vías respiratorias inferiores a partir de las características de los virus implicados en la mayoría de los casos: el virus respiratorio sincitial, los virus de la gripe, los virus parainfluenza y los adenovirus, y se hace mención a los dos principales nuevos agentes patógenos, el metaneumovirus humano y el bocavirus.

Infecciones causadas por el virus respiratorio sincitial(1,2)

El VRS constituye la causa más importante de infecciones de las vías respiratorias bajas en lactantes y niños menores de 2-3 años.

El 70-80% de bronquiolitis, broncoalveolitis y neumonías son debidos a virus respiratorio sincitial (VRS). Aunque produce cierto grado de inmunidad, esta no es completa, por lo que son habituales las reinfecciones, cada vez más leves, de las vías respiratorias altas y, ocasionalmente, de las bajas. El nombre del virus deriva de su capacidad de formar sincitios, como efecto citopático, en los cultivos celulares.

Etiología

El VRS es un virus RNA que pertenece al género Pneumovirus, dentro de la familia Paramyxoviridae. El genoma se halla en el interior de una cápside helicoidal que está rodeada por una cubierta lipídica que contiene dos glucoproteínas que son esenciales para que el VRS infecte las células. Una de ellas, denominada proteína G, se encarga de la adhesión del virus a las células, mientras que la otra, denominada proteína de fusión (F), es responsable de la entrada del virus en las células del huésped, fusionando la cubierta lipídica de los virus con las de estas; además, determina la fusión de las células del huésped entre sí, lo que da origen a los sincitios. Ambas proteínas inducen el desarrollo de anticuerpos neutralizantes. Hay variaciones antigénicas entre cepas de VRS y se distinguen dos grandes grupos (A y B), con subtipos dentro de cada uno. Las infecciones por las cepas del grupo A suelen ser más graves. La proteína G muestra bastante diversidad entre grupos, mientras que la F está relativamente conservada, de modo que las investigaciones se han centrado en obtener anticuerpos neutralizantes frente a esta.

Epidemiología

El VRS tiene una distribución universal y la única fuente de infección son los seres humanos. La infección primaria, que es prácticamente general, tiende a ocurrir en edades muy tempranas de la vida. Así, el 50% de los niños sufre una infección por VRS en el primer año de vida y prácticamente todos la han padecido antes de los 3 años. La transmisión se produce por contacto directo con secreciones contaminadas, ya sea a través de gotitas procedentes de las vías respiratorias o de fómites. El virus puede persistir durante muchas horas en las superficies del entorno del paciente y durante más de media hora en las manos (y en la piel en general) de las personas que lo atienden y lo cuidan. Se puede infectar el personal sanitario, por autoinoculación, así como otros niños ingresados, lo cual tiene importantes repercusiones en la morbilidad y en la duración de la hospitalización. La eliminación del virus suele durar de 3 a 8 días, pero en los lactantes pequeños puede ser muy profusa y prolongarse hasta 3 o 4 semanas.

La infección por VRS se presenta en forma de epidemias anuales de unos 5 meses de duración, muy regulares, que ocurren en invierno y comienzos de primavera, y afecta fundamentalmente a niños menores de 3 años. Son muy comunes los contagios entre los contactos domiciliarios y de guarde­rías, tanto en niños como adultos. Se producen re­in­­fecciones a lo largo de toda la vida, e incluso ocurren pocos meses después de la primera; la tasa de reinfecciones en niños de edad preescolar es del orden del 40-70%, y el riesgo anual de reinfección en escolares, adolescentes y adultos es de alrededor del 20%. Durante las epidemias, el 25-50% del personal sanitario de las salas de Pediatría sufre reinfecciones. Estas tampoco son excepcionales en ancianos, en los que suelen adoptar el aspecto de una infección seudogripal o neumonía grave.

El período de incubación es de 3 a 7 días.

Patogenia

La infección por el VRS queda confinada a las vías aéreas, extendiéndose el virus desde las vías respiratorias superiores hacia las inferiores. Las bronconeumopatías de base, cardiopatías congénitas y la inmunodepresión agravan la infección. La inmunidad tras una infección por VRS es transitoria e incompleta y se necesitan varias reinfecciones para lograr que el cuadro clínico sea leve, como sucede en los niños mayores y en los adultos. Esta inmunidad relativa parece deberse a que el VRS induce la producción, por parte de células de la estirpe monocito-macrófago, de factores séricos que inhiben la respuesta inmune e impedirían la rápida y eficaz eliminación del virus en las reinfecciones. Por otra parte, la resistencia a la infección por VRS en las vías respiratorias superiores es mediada, principalmente, por IgA secretora, lo que explica la escasa duración de la inmunidad local; en cambio, la inmunidad más prolongada en las vías respiratorias bajas es debida, fundamentalmente, a anticuerpos séricos neutralizantes. En la fase aguda de la infección, en cambio, la inmunidad celular mediada por linfocitos T es fundamental para eliminar los virus. Actualmente, se considera que la patogenia de la bronquiolitis ocasionada por VRS implica tanto una respuesta inmune exagerada como un daño celular directo ocasionado por la replicación de los virus.

Cuadro clínico

Las infecciones primarias por VRS en los niños pequeños suelen afectar a las vías respiratorias bajas, en forma de bronquiolitis o broncoalveolitis (50% de los casos) y con menor frecuencia como una neumonía, traqueobronquitis o laringotraqueítis. Tras unos días de rinitis, aparece tos seca y dificultad respiratoria progresiva con taquipnea y retracción de los músculos intercostales (tiraje intercostal y subcostal); puede añadirse, aleteo nasal y quejido. En los lactantes de pocas semanas de vida, sobre todo los nacidos pretérmino, la sintomatología respiratoria, a veces, está ausente o es mínima y predominan manifestaciones como letargia, irritabilidad, rechazo del alimento y, en ocasiones, episodios de apnea. La mayoría de lactantes tiene fiebre durante los primeros 2 a 4 días de infección, que suele haber cedido cuando la dificultad respiratoria se hace más manifiesta. En la exploración física, se advierten sibilancias de predominio espiratorio, con o sin crepitantes diseminados, y espiración alargada; según la intensidad del cuadro, puede haber taquicardia y palidez. No es infrecuente que haya hipoxemia, aunque es raro que se aprecie cianosis. De todas formas, la mayoría de lactantes previamente sanos siguen un curso relativamente leve y autolimitado en unas 2 semanas. Las infecciones bacterianas concomitantes son muy poco frecuentes (1% de los casos). Sin embargo, la enfermedad puede ser grave en niños con: cardiopatía congénita cianosante, compleja o con hipertensión pulmonar; enfermedad pulmonar de base, especialmente displasia broncopulmonar y menores de 6 semanas o nacidos prematuros. También tienen riesgo de infección grave, los niños y adultos con una inmunodeficiencia congénita o adquirida o sometidos a tratamiento inmunodepresor (sobre todo, postrasplantes).

La radiografía de tórax muchas veces es normal, o muestra hiperinsuflación pulmonar, atelectasias subsegmentarias o infiltrados intersticiales dispersos; en las neumonías hay condensación pulmonar, en especial, del lóbulo superior o medio derechos.

La clínica de las reinfecciones de los niños mayores y adultos es leve y suele expresarse en forma de catarro común o rinofaringitis, a veces con: otitis media, traqueobronquitis o bron­quitis. Los «resfriados» causados por VRS tienden a ser más intensos y prolongados que los debidos a otros virus. Por otra parte, no es raro que provoque exacerbaciones asmáticas o de otras enfermedades pulmonares crónicas.

Los niños que han padecido una bronquiolitis presentan mayor tendencia a sufrir ataques recidivantes de tipo asmático. Estos niños presentan alteraciones de la función pulmonar que les ocasiona una hiperreactividad bronquial, pero se desconoce si es consecuencia de la infección por VRS o si fue una predisposición congénita a la hiperreactividad lo que facilitó que la primera infección por VRS adquiriese las características de bronquiolitis.

Diagnóstico(3)

La sospecha suele basarse en datos clínicos y epidemiológicos. El diagnóstico de certeza se consigue con el aislamiento del virus en cultivos celulares a partir de las secreciones respiratorias; la multiplicación del virus se comprueba por la aparición del característico efecto citopático con formación de sincitios en el plazo de 5 a 7 días. Para el diagnóstico rápido, se utilizan las técnicas de inmunofluorescencia, inmunocromatografía o de enzimoinmunoanálisis con anticuerpos monoclonales específicos, que permiten identificar el antígeno vírico en las secreciones nasofaríngeas con una sensibilidad del 60-90%. En los últimos años, se han desarrollado e implantado sistemas de detección del material genético mediante amplificación por reacción en cadena de la polimerasa. Los resultados pueden obtenerse rápidamente con los métodos más avanzados denominados “en tiempo real”, que además, pueden determinar simultáneamente la presencia de otros virus respiratorios en una misma muestra. Las muestras nasofaríngeas se obtienen mediante escobillón o, preferiblemente, aspirado o lavado nasal.

Tratamiento(3,4)

El aspecto fundamental del tratamiento consiste en administrar oxígeno e hidratar al niño que lo necesite. Se debe controlar la correcta oxigenación por medio de un pulsioxímetro. Cuando la hipoxemia no se revierte con oxigenoterapia, hay marcada hipercapnia o se produce apnea, se ha de proceder a ventilación asistida.

Solo se debe utilizar tratamiento antibiótico en aquellos niños con sospecha de coinfección o sobreinfección por un agente bacteriano; en este caso, hay que tratar la neumonía con independencia de que existiera la bronquiolitis. La ribavirina, un nucleósido sintético que se administra nebulizado en aerosol de partículas muy pequeñas, es el único fármaco disponible con actividad frente al VRS in vitro, pero su eficacia es escasa y, en la actualidad, prácticamente no se utiliza.

En los niños con bronquiolitis, la administración de broncodilatadores (básicamente salbutamol o adrenalina) es ineficaz e, incluso, puede ser contraproducente, por lo que no deben darse. En los episodios de recurrencias, se debe valorar en cada caso la respuesta clínica (“prueba terapéutica”) y solo mantenerlos cuando esta haya sido satisfactoria. No se ha demostrado que los glucocorticoides sean útiles para tratar el proceso agudo y ha quedado descartada su capacidad de reducir la incidencia de nuevos episodios de hiperreactividad bronquial cuando se administran en aerosol durante varios meses tras una bronquiolitis producida por VRS, por lo que tampoco deben darse.

Prevención(5)

Para evitar la difusión de la enfermedad, hay que recurrir a medidas de aislamiento de contacto de los niños hospitalizados, siendo la medida más importante la descontaminación de las manos del personal sanitario.

Los niños afectos de bronquiolitis no deberían de estar expuestos al humo del tabaco, y se recomienda la lactancia materna para disminuir el riesgo de patología pulmonar de vías bajas.

En los últimos años, se han desarrollado inmunoglobulinas hiperinmunes y anticuerpos monoclonales humanizados frente al VRS que, administrados mensualmente a niños de alto riesgo, disminuyen la incidencia y la gravedad de las infecciones por VRS. El objetivo de ambos es proveer al niño de suficiente cantidad de anticuerpos neutralizantes que le protejan durante un corto período de tiempo. La mejor opción es usar el anticuerpo monoclonal denominado palivizumab, que se administra por vía intramuscular durante los meses de incidencia del VRS, y cuyas indicaciones son:

a) Durante el primer año de vida:

- Lactantes nacidos antes de las 29 semanas de embarazo.

- Lactantes afectos de enfermedad pulmonar crónica de la prematuridad (definida como nacimiento antes de las 32 semanas de gestación y necesidad de oxígeno suplementario >21%, al menos, hasta los 28 días de edad).

- Lactantes con cardiopatía congénita con alteración hemodinámica significativa (insuficiencia cardiaca en tratamiento, hipertensión pulmonar moderada o grave o cardiopatía cianosante).

- Niños intensamente inmunodeprimidos durante la estación de VRS.

b) Durante el segundo año de vida:

- Niños que necesitaron oxígeno suplementario, al menos, durante 28 días tras el nacimiento y que siguen requiriendo tratamiento médico (oxigenoterapia, tratamiento crónico con corticoide o diuréticos).

- Niños intensamente inmunodeprimidos durante la estación de VRS.

En todos los supuestos descritos, se administran un máximo de 5 dosis, una cada mes durante la estación de VRS. Se debe discontinuar la profilaxis, si se produce una infección intercurrente por VRS que requiera hospitalización.

Por ahora, no existe comercializada ninguna vacuna para prevenir las infecciones por VRS.

Infecciones por virus de la gripe(1)

Los virus influenza o de la gripe dan lugar a cuadros de fiebre y malestar general, con manifestaciones sistémicas como: cefalea, mialgias y escalofríos, y presencia habitual pero variable de signos y síntomas respiratorios.

En los recién nacidos y lactantes pequeños, puede ocasionar un cuadro de sepsis (semejante al de origen bacteriano). En los niños pequeños, es responsable de una pequeña proporción de casos de infecciones de las vías respiratorias medias y bajas: laringotraqueitis, traqueobronquitis, bronquiolitis y neumonías. Su incidencia tiene un marcado patrón estacional, y se acentúa en las epidemias.

Etiología

Los virus gripales pertenecen a la familia de los Orhtomyxoviridae, contienen RNA monocatenario con una envoltura lipídica que procede de la célula huésped. En esta envoltura se hallan insertadas las dos glicoproteínas de superficie del virus: una hemaglutinina (H) y una neuraminidasa (N). Tres tipos antigénicos de virus gripales afectan a los humanos: el A, el B y el C; los dos primeros constituyen el género influenzavirus y ocasionan epidemias, mientras que el C no suele ocasionar manifestaciones clínicas. Los virus de la gripe A se dividen en subtipos según la composición antigénica de hemaglutinina y de neuraminidasa; en las epidemias humanas, se han identificado virus que contiene uno de tres subtipos inmunológicos de hemaglutinina (H1, H2 y H3) y uno de dos subtipos de neuraminidasa (N1 y N2). Las variaciones antigénicas de los virus gripales ocurren mediante dos procesos: variaciones antigénicas menores (antigenic drift) y variaciones mayores (antigenic shift). Las variaciones menores son responsables de que cada año se necesite una vacuna nueva. Solo el virus A sufre variaciones mayores, lo cual ocurre cuando un subtipo nuevo y muy diferente a los previos de H o de N procedente de un reservorio animal penetra en la población humana; este es el mecanismo de las pandemias mundiales. La reciente pandemia del 2009-2010 ha sido ocasionada por un nuevo virus A H1N1 resultante de la recombinación de segmento genómicos procedentes de diversos virus de la gripe A; pero por suerte, una parte importante de la “novedad” consistió en la reaparición de material genético del virus A H1N1 responsable de la terrible pandemia de 1918, que al persistir entre la población hasta los años 50 del pasado siglo, permitió que las personas de más edad, que habitualmente constituyen el grupo de mayor riesgo de formas graves, complicaciones y fallecimientos, tuvieran anticuerpos residuales de aquella época y estuvieran en buena medida protegidos; es decir, el nuevo virus A H1N1 2009, no fue, en realidad, nuevo para las personas mayores y más vulnerables. Y, aunque sí lo fue para los niños y adultos jóvenes, los primeros están mejor preparados para las novedades gripales, pues para ellos siempre hay una primera vez en la que enfrentarse a la gripe y, aunque tanto ellos como los adolescentes y adultos menores de 50 años sufrieron muchos más episodios y hubo más complicaciones y mortalidad de lo habitual, las cifras no alcanzaron la magnitud que hubieran tenido en caso de afectar al mismo nivel a personas de más de 60-65 años.

En los últimos años, se han descrito casos de infecciones graves en humanos ocasionadas por virus de los subtipos aviares H5N1 y H7N7 (“gripe aviar”) que, afortunadamente, no han adquirido propiedades que les permitan la transmisión entre humanos y, por eso, no han dado lugar a pandemias.

Epidemiología

Cada año se producen epidemias de gripe que afectan a cerca de una quinta parte de la población mundial. Los brotes suelen tener un pico de 1 o 2 meses de duración. La gripe se transmite a partir de secreciones respiratorias y es muy contagiosa; la tasa de ataque más alta se da en los niños de edad escolar (casi la mitad se infectan), y son ellos la principal fuente de contagio.

El período de incubación es de 1 a 3 días.

Patogenia

Las partículas con virus originadas en las secreciones respiratorias y aerosolizadas, se depositan en las vías respiratorias más distales. Los virus de la gripe inducen la respuesta endógena con el antivírico interferón, así como la formación de anticuerpos frente a las proteínas H y N. Al día siguiente del inicio de la infección, se produce una inflamación difusa de la laringe, la tráquea y los bronquios. Hay descamación celular, edema, infiltrado por neutrófilos y células mononucleares y necrosis del epitelio, que empieza a resolverse a partir del tercer o cuarto día.

Cuadro clínico(7)

Característicamente, los síntomas se instauran con rapidez; aparece: fiebre, escalofríos, cefalea, decaimiento y malestar general. Progresivamente, se añaden: tos, odinofagia, obstrucción nasal y rinorrea. A veces, hay: conjuntivitis, dolor traqueal, vómitos o dolor abdominal. Y son habituales: las mialgias y el trancazo. Otras manifestaciones menos frecuentes son: miositis, alteración del sistema nervioso central, broquitis, bronquiolitis y neumonía. En niños pequeños, hay una otitis media aguda en hasta una tercera parte de casos, y las convulsiones febriles son más frecuentes que en las otras infecciones respiratorias.

Diagnóstico(7,8)

Es básicamente clínico. Las pruebas de detección de antígenos en nasofaringe permiten un diagnóstico rápido con sensibilidad variable (desde un 30% a más del 70%), según la técnica empleada y excelente especificidad. En los últimos años, y muy especialmente a partir de la pandemia del 2009, se han desarrollado técnicas de detección de ácidos nucleicos mediante reacción de cadena de la polimerasa (polimerase chain reaction: PCR), que son el método diagnóstico con más sensibilidad y especificidad. El cultivo y los estudios serológicos son otros métodos, de poca utilidad en la práctica cotidiana.

Las pruebas antigénicas y moleculares de diagnóstico de gripe son muy útiles para confirmar la infección en lactantes y niños pequeños con cuadros febriles inespecíficos (se podrían evitar otras pruebas diagnósticas y eventuales tratamientos antibióticos empíricos innecesarios) y en niños con enfermedades de base que les hacen tributarios de tratamiento antivírico.

Tratamiento(8)

Las medidas generales consisten en una buena hidratación por vía oral y el uso sensato de analgésicos-antitérmicos. De estos, el preferible es el paracetamol; la aspirina está proscrita debido a su posible relación con el desarrollo de síndrome de Reye.

Hay cuatro fármacos activos frente a los virus de la gripe: amantadina, rimantadina, zanamivir y oseltamivir. Las resistencias a unos y otros determinan la utilidad. Así, en la actualidad, los distintos virus gripales A y B circulantes solo son sensibles al zanamivir y al oseltamivir; de forma que, en la práctica, únicamente este último tiene unas claras, aunque excepcionales, indicaciones en Pediatría: niños con enfermedades cardiacas o respiratorias importantes de base o inmunodeprimidos, con un cuadro grave debido al virus de la gripe A. También podría tenerse en cuenta su uso en niños con situaciones familiares o sociales especiales que hiciesen necesaria una recuperación más rápida o una reducción de la contagiosidad.

Prevención(9)

La vacuna antigripal de virus inactivados, cuya composición específica se modifica cada año de acuerdo con las características de los virus circulantes tiene una eficacia del orden del 70-80% para la prevención de la gripe del año en curso. En los niños, están indicadas las vacunas de virus fraccionados o de subunidades (no las de virus enteros, que son más reactogénicas).

En los menores de 9 años que no han sido vacunados previamente, se recomienda administrar dos dosis con 1 mes de intervalo para alcanzar una mejor respuesta inmunitaria. Entre los 6 y los 36 meses, las dosis son de 0,25 mL, y a partir de los 3 años son de 0,5 mL; no obstante, hay estudios que sugieren una mayor eficacia de la dosis de 0,50 mL, sin aumento significativo de efectos adversos, en los menores de 3 años.

En las diversas Comunidades Autónomas españolas, existe una recomendación homogénea de la vacuna antigripal en Pediatría: niños a partir de los 6 meses de edad afectos de enfermedades crónicas como: cardiopatías, asma y otros procesos pulmonares crónicos, diabetes e inmunodeficiencias con capacidad de respuesta de anticuerpos, entre otras. También se recomienda a los niños que son contactos de personas con factores de riesgo. Los efectos adversos de la vacuna inactivada son mínimos. Puesto que la vacuna se prepara en huevos de pollo embrionado, se deben extremar las precauciones –y preferiblemente no utilizarla– en los niños con antecedentes de reacción anafiláctica grave a las proteínas del pollo o el huevo.

La nueva vacuna de virus gripales atenuados adaptados al frío, que se administra por vía nasal, tiene por ahora un uso restringido a niños mayores de 2 años y sin factores de riesgo para cuadros graves de gripe; su futuro es muy prometedor, ya que tiene una eficacia cercana al 90%.

Los antivíricos también son eficaces como preventivos. Según las resistencias, la amantadina oral, el zanamivir inhalado o el oseltamivir oral están indicados en pacientes con riesgo de complicaciones debidas a la gripe A y que no hayan sido convenientemente vacunados.

Los pacientes hospitalizados requieren medidas de aislamiento respiratorio y de contacto.

Infecciones por virus parainfluenza(1,2)

Los virus parainfluenza son una causa frecuente de infecciones de las vías respiratorias, desde el resfriado común hasta la neumonía. El rasgo clínico más característico de estos virus es su capacidad de producir en los niños laringotraqueítis aguda (crup vírico).

Constituyen, además, la segunda causa de bronquitis/bronquiolitis y de neumonía en niños pequeños, tras el virus respiratorio sincitial.

Etiología

Forman parte de la familia Paramyxoviridae y de los géneros Rubulavirus y Respirovirus. Tienen un genoma compuesto por RNA monocatenario y están recubiertos por una cápside proteica; esta, a su vez, se halla recubierta por una envoltura lipídica que presenta unas espículas glicoproteicas codificadas por el genoma vírico y que son antigénicas. Se distinguen cuatro tipos de virus parainfluenza, 1, 2, 3 y 4, con dos subtipos del 4 (4A y 4B). En contraste con los virus de la gripe, son estables y no presentan cambios antigénicos.

Epidemiología

La distribución de las infecciones por virus parainfluenza (PIV) es universal, y pueden tener carácter epidémico o esporádico. Las cepas animales descritas no parecen afectar al ser humano. El contagio se produce por contacto directo con secreciones rinofaríngeas contaminadas, a través de gotitas respiratorias o de fómites. El PIV-1 tiende a ocasionar epidemias de infección respiratoria en otoño, con un patrón bienal, generalmente afectando a niños de 2 a 6 años de edad, en forma de laringotraqueítis o laringotraqueobronquitis. El PIV-2 también da lugar a epidemias en los meses de otoño y produce manifestaciones clínicas semejantes, pero menos frecuentes y más leves. El PIV-3 es el más frecuente y el más virulento, predomina en primavera y verano, y origina bronquiolitis y neumonía en niños menores de 2 años (sobre todo, en los primeros meses de vida). El PIV-4 se comporta como el PIV-3, pero es menos frecuente, esporádico y el cuadro clínico es más leve. La máxima frecuencia de la infección ocurre en niños pequeños, de manera que a los 3 años, la mayoría de los niños tienen anticuerpos contra el HPIV-3, y a los 8 años el 70% frente, al menos, dos serotipos. Los anticuerpos solo protegen parcialmente contra las infecciones; por lo cual, se presentan reinfecciones a cualquier edad, que suelen ser más leves, habitualmente en forma de infección de las vías respiratorias superiores.

En los pacientes inmunodeprimidos, pueden ocasionar graves infecciones broncopulmonares.

El período de incubación es de 3 a 6 días.

Cuadro clínico

Los virus parainfluenza causan rinitis y faringitis más a menudo que laringotraqueítis, bronquitis, bronquiolitis y neumonitis. Sin embargo, la laringotraqueítis aguda infantil, con o sin bronquitis asociada, es el síndrome más importante; el virus parainfluenza tipo 1 es el principal agente etiológico. Comienza como un resfriado simple, generalmente con febrícula, y en el transcurso de las siguientes 12 a 72 h aparece: tos «perruna», disfonía, estridor y dificultad respiratoria de mayor o menor intensidad, como consecuencia de la inflamación de los tejidos subglóticos y de la mucosa traqueal. La mayoría de los casos sigue un curso leve y autolimitado.

Las infecciones iniciales por los virus parainfluenza en los niños pequeños son más graves y, a veces, se acompañan de fiebre elevada. En cambio, las reinfecciones que aparecen en niños mayores o adultos, suelen manifestarse únicamente como un resfriado común afebril o incluso ser asintomáticas. La otitis media aguda purulenta es una complicación relativamente frecuente de los cuadros de rinofaringitis en lactantes y niños preescolares.

Diagnóstico

En la mayoría de las ocasiones, solo se requiere el diagnóstico clínico. El diagnóstico microbiológico específico se puede hacer mediante el aislamiento del virus en cultivo de las secreciones, a través de la identificación de antígeno vírico en las secreciones rinofaríngeas por técnicas de inmunofluorescencia, y, actualmente, mediante técnicas moleculares de amplificación de ácidos nucleicos, generalmente formando parte de sistemas de detección simultanea múltiple de virus respiratorios.

Tratamiento

No hay terapéutica específica, por lo que hay que recurrir a la sintomática, variable según el síndrome clínico que ocasionan. En los niños con laringotraqueítis aguda, puede ser útil la humidificación, sobre todo fría, a través de un nebulizador; en los casos leves, es suficiente la exposición al vaho en el cuarto de baño o al aire fresco en la calle. Cuando el estridor es significativo o hay algún signo de dificultad respiratoria, se debe administrar un glucocorticoide por vía oral o intramuscular (habitualmente, una dosis única de 0,15 a 0,6 mg/kg de dexametasona) o nebulizada (2 mg de budesonida); si el cuadro clínico adquiere mayor intensidad, se debe asociar una dosis de adrenalina nebulizada, para acelerar la resolución de la inflamación laríngea. En los casos graves, además de dar dosis repetidas de adrenalina nebulizada y glucocorticoides, puede ser necesaria la intubación endotraqueal para mantener permeable la vía aérea. En las bronquiolitis, broncoalveolitis y neumonías, puede ser necesaria la oxigenoterapia y, excepcionalmente, la ventilación asistida.

Prevención

La única actuación profiláctica posible es evitar el contacto con secreciones respiratorias y un minucioso lavado de manos. Los pacientes hospitalizados deben ser sometidos a aislamiento de contacto.

Infecciones causadas por adenovirus(1)

Los adenovirus son una causa frecuente de infecciones de vías respiratorias superiores y de conjuntivitis.

También ocasionan, con mucha menor frecuencia y en niños pequeños sobre todo, neumonía, bronquiolitis, traqueobronquitis u otras combinaciones de afección de las vías respiratorias inferiores. Algunos tipos concretos son responsables de gastroenteritis y de cistitis hemorrágicas y son considerados en los capítulos correspondientes a estas entidades.

Etiología

Los adenovirus son virus pertenecientes al género Mastadenovirus, de 70 a 90 nm de diámetro, cuyo genoma está formado por DNA lineal. Los adenovirus humanos contienen trece polipéptidos estructurales y se dividen en seis grupos (A-F), que incluyen 51 serotipos diferentes. Los adenovirus poseen determinantes antigénicos comunes y específicos de especie.

Epidemiología

Las infecciones por adenovirus son específicas de especie. Afectan a los humanos de todas las edades y de todo el mundo, pero la máxima incidencia está entre los 6 y los 12 meses de edad (aproximadamente, 40 casos anuales por cada 100 niños menores de 1 año). Las infecciones respiratorias pre­dominan al final del invierno, en primavera y a comienzos del verano. Algunos serotipos (3, 4, 7, 14, 21) ocasionan epidemias.

La transmisión se produce por contacto directo persona a persona, generalmente a través de secreciones respiratorias. La conjuntiva es también una puerta de entrada, como se ha demostrado a partir de instrumentos oftalmológicos, del agua de piscinas, de toallas o de los dedos contaminados. Se han producido epidemias de infecciones respiratorias o conjuntivitis en hospitales y otras instituciones cerradas. La contagiosidad es máxima en los primeros días de una enfermedad aguda. A menudo, hay infecciones asintomáticas. El período de incubación oscila entre 2 y 14 días.

Patogenia

Diversos tipos de células y tejidos responden de manera diferente a los adenovirus, con patrones específicos de degeneración. Las células del epitelio respiratorio desarrollan grandes núcleos con cuerpos de inclusión basofílicos; las células linfoides también contienen inclusiones víricas. En el ojo se forma un infiltrado exudativo y mononuclear por debajo del epitelio. Algunos serotipos ocasionan enfermedades en localizaciones determinadas: gastroenteritis aguda por adenovirus 40 y 41; queratoconjuntivitis por adenovirus 8; cistitis hemorrágica por adenovirus 11 y 21; y neumonía grave por adenovirus 3.

Cuadro clínico

Los adenovirus producen diversos síndromes clínicos, la mayoría de ellos caracterizados por sintomatología de vías respiratorias altas y manifestaciones sistémicas de moderada intensidad. La aparición de un cuadro u otro depende de la vía de inoculación, la edad del paciente y, en ocasiones, del serotipo responsable.

La infección primaria suele ocurrir en los primeros años de vida en forma de infección respiratoria aguda de vías altas, aunque, a veces, es asintomática. Los procesos en los que con más frecuencia se identifica un adenovirus son: las rinofaringitis, las faringoamigdalitis y las otitis medias, generalmente acompañadas de fiebre más o menos elevada de varios días de duración. La faringoamigdalitis aguda suele cursar con exudado y, desde un punto de vista clínico, resulta indistinguible de la debida a estreptococo del grupo A. Un cuadro característico es la denominada fiebre faringoconjuntival, que asocia faringitis y conjuntivitis agudas con fiebre, habitualmente ocasionado por los serotipos 3, 4, 5, 6, 7 o 14. La conjuntivitis aislada, con o sin fiebre, puede ser uni o bilateral, es de carácter folicular inespecífico y dura 1 o 2 semanas. En los niños suele ser más leve que en los adultos, pero los menores de 2 años, a veces, desarrollan una intensa conjuntivitis membranosa. La queratoconjuntivitis suele afectar a personas mayores de 20 años y se caracteriza por una intensa afección membranosa de la conjuntiva palpebral, edema periorbitario, sensación de cuerpo extraño, queratitis difusa superficial con erosiones corneales y adenopatía preauricular; el 50-80% de los pacientes tienen secuelas en forma de infiltrados corneales subepiteliales durante meses o años. Diversos estudios han puesto de manifiesto que los adenovirus son una causa relativamente frecuente de otitis media aguda en los niños y que por una parte predisponen y por otra actúan sinérgicamente con bacterias (sobre todo, cepas no tipables de H. influenzae) en el desarrollo y mantenimiento de infecciones del oído medio.

La neumonía ocasionada por adenovirus es indistinguible de la debida a otros virus; pero, en ocasiones, reviste una especial gravedad, especialmente en lactantes pequeños y en pacientes inmunodeprimidos. La radiografía suele mostrar infiltrados aislados o difusos, aunque también puede haber condensación lobular; el derrame pleural es excepcional. Las secuelas son infrecuentes, pero se han descrito complicaciones consecuentes a lesiones broncopulmonares crónicas: pulmón hiperclaro unilateral (síndrome de Swyer-James), bronquiectasias, atelectasia lobular persistente y bronquiolitis obliterante (obstrucción de la luz de bronquiolos terminales con dilatación de bronquiolos distales, estrechamiento de arterias pulmonares y disminución de la perfusión sanguínea del área afecta). Principalmente en adultos, los adenovirus son responsables de una enfermedad respiratoria aguda, de carácter pseudogripal, con fiebre elevada y malestar generalizado de hasta 1 semana de duración, que comienza con sintomatología de rinitis y faringitis y se sigue de traqueobronquitis e, incluso, neumonitis; la evolución es benigna.

Diagnóstico

El diagnóstico definitivo se establece por el aislamiento del virus en cultivos celulares de células humanas de muestras procedentes del exudado faríngeo, raspado conjuntival o heces, a través de la identificación de antígeno vírico en las secreciones rinofaríngeas, y, actualmente, mediante técnicas moleculares de amplificación de ácidos nucleicos, generalmente formando parte de sistemas de detección simultanea múltiple de virus respiratorios.

Tratamiento y prevención

El tratamiento habitual es puramente sintomático, pero en situaciones concretas, especialmente graves en pacientes inmunodeprimidos, se puede considerar la posibilidad de administrar el antivírico cidofovir. En los pacientes hospitalizados con infección respiratoria, se deben implantar medidas de aislamiento respiratorio y de contacto. En los reclutas norteamericanos, se han utilizado vacunas vivas bivalentes preparadas con los tipos 4 y 7, de cubierta entérica para uso oral, que son seguras y muy eficaces para evitar la enfermedad respiratoria aguda en los cuarteles. Está en fase de investigación una vacuna para uso generalizado. La adecuada cloración de las piscinas es suficiente para evitar la fiebre faringo-conjuntival. Para la prevención de infecciones a partir de conjuntivitis o queratoconjuntivitis, se requiere un minucioso lavado de manos y la descontaminación del instrumental oftalmológico.

Infecciones por metaneumovirus humano(1,2)

En el año 2001, investigando muestras de secreciones respiratorias en niños holandeses, se descubrió e identificó un virus desconocido hasta entonces, que se denominó metaneumovirus humano.

El cuadro clínico que provoca es muy similar a los descritos con el VRS, y parece ser que la coinfección con este confiere de mayor gravedad a los episodios de bronquiolitis.

Etiología

El Metapneumovirus (MPV) forma parte de la familia de los Paramyxoviridae, por lo que comparte la estructura con los otros integrantes de esta familia. Su genoma es una única molécula de RNA rodeada de una cápside y con envoltura de características pleomórficas. El virión mide entre 150 y 600 nm y presenta unas espículas glicoproteicas de 13 a 17 nm de longitud. Se han descrito ya dos genotipos, A y B, cada uno de los cuales se subdivide en dos subgenotipos más: A1, A2, B1 y B2.

Epidemiología

Probablemente su distribución sea universal, puesto que desde que se descubrió en Holanda, se han descrito casos en muchos otros países europeos, incluyendo España, así como en: Estados Unidos, Canadá, Brasil, Australia y Asia. La mayoría de estudios se han realizado en niños afectos de infección respiratoria de vías bajas, aunque también se han comunicado casos en adultos. Su frecuencia en los cuadros de infecciones respiratorias de vías bajas está entre un 2% y un 10%, según las series publicadas, por lo que es el cuarto agente más frecuente, después de VRS, virus parainflueza y rinovirus, con una incidencia similar a la que presentan adenovirus y coronavirus. De todas formas, la tasa de coinfecciones descritas con el resto de virus respiratorios es muy alta, entre el 30% y el 70%.

Se presenta en forma de epidemias anuales, de inicio ligeramente más tarde que el VRS, durante la primavera o finales del invierno. Su transmisión es por contacto directo, persona a persona o a través de las secreciones respiratorias. Afecta básicamente a lactantes y niños pequeños, con evidencia serológica de infección en el 100% de los niños a los 5 años. El estado de portador asintomático es raro, puesto que el estudio holandés en el que se hizo la primera descripción lo investigó en 400 muestras de niños sin clínica respiratoria, no encontrándolo en ninguno de ellos. A pesar de su reciente descubrimiento, se sabe que ha circulado en humanos por lo menos en los últimos 50 años, dado que se ha encontrado una seroprevalencia del 100% en muestras de suero que fueron recogidas en 1958.

La infección confiere una inmunidad parcial, ya que se han descrito infecciones sintomáticas en años sucesivos en los mismos niños, y a pesar de la evidencia serológica de infección en todos los niños a los 5 años, se describen casos en adultos; no obstante, la afectación respiratoria más grave ocurre casi siempre antes del año de vida, en lo que sería la primera infección por el virus.

Hasta la fecha, se desconocen la mayoría de datos de su patogenia, pero un estudio revela que la liberación de interleucina-8 en la mucosa respiratoria durante la infección por metaneumoviruses menor que la desencadenada por VRS.

Cuadro clínico

Según los estudios publicados hasta ahora, la mayoría con series de pacientes no muy amplias y de tipo retrospectivo, el cuadro clínico resultante de la infección por metaneumovirus es muy similar a la infección por VRS. Así, produce infección respiratoria de vías altas y bajas, fundamentalmente bronquiolitis y broncoalveolitis, exacerbaciones asmáticas y, en menor medida, neumonía. Este cuadro clínico es más grave en los niños menores de 2 años, con sintomatología mucho más leve en niños mayores y adultos. Con relativa frecuencia ocasiona hipoxemia, y la radiografía de tórax, aunque suele ser normal, puede mostrar: atelectasias subsegmentarias, hiperinsuflación pulmonar o incluso condensación alveolar. Varios estudios han constatado una afectación clínica más grave en presencia de coinfección con VRS, precisando estancias hospitalarias y requerimientos de oxigenoterapia más largos, e incluso ingresos en Unidades de Cuidados Intensivos con mayor frecuencia.

En la infección por metaneumovirus, en ocasiones, se ha descrito la presencia de tos pertusoide, por lo que es otro patógeno a considerar en el diagnóstico diferencial de la tosferina. Se desconoce, por el momento, si existe riesgo de infección grave en niños y adultos afectos de una inmunodeficiencia, congénita o adquirida.

Del mismo modo que los niños afectos de una bronquiolitis por VRS presentan una mayor tendencia a sufrir crisis repetidas de obstrucción bronquial de tipo asmático en su evolución posterior, también se ha evidenciado con la infección por MPV, con una mayor incidencia de episodios repetidos de sibilancias a los 3 años y de asma a los 5 años de edad.

Diagnóstico

El diagnóstico de bronquiolitis u otro proceso respiratorio por MPV se basa en datos clínicos y epidemiológicos, pero para el diagnóstico etiológico se requiere el aislamiento del virus en cultivos celulares a partir de muestras de secreciones respiratorias o bien la detección de sus antígenos por técnicas de inmunofluorescencia o de su material genómico, gracias a técnicas basadas en la reacción en cadena de la polimerasa.

Tratamiento

El tratamiento, como en todos los casos de bronquiolitis por otros virus, es básicamente sintomático, asegurando la correcta hidratación del paciente, la oxigenoterapia cuando fuera necesaria y la administración de broncodilatadores (fundamentalmente salbutamol o adrenalina a través de un nebulizador o inhalados con una cámara espaciadora) siempre y cuando se haya comprobado que existe respuesta terapéutica, puesto que a menudo, sobre todo en lactantes pequeños, suele ser ineficaz. Tampoco el empleo de glucocorticoides (orales, parenterales o inhalados) se ha demostrado eficaz en su tratamiento.

No obstante, se requieren más estudios para conocer si la respuesta terapéutica a los diferentes tratamientos aplicados en los cuadros de bronquiolitis sin éxito hasta la actualidad, tanto en fase aguda, como en fases posteriores para disminuir cuadros repetidos de sibilancias, puede ser diferente en función del patógeno implicado.

Prevención

Por el momento, disponemos únicamente de medidas de aislamiento de contacto para evitar el contagio en niños. Existen trabajos iniciados para producir anticuerpos monoclonales o policlonales e incluso vacunas de virus vivos atenuados, pero de momento se encuentran en las primeras fases de investigación.

Infecciones por Bocavirus(1)

El Bocavirus humano fue descrito por primera vez en septiembre de 2005, gracias a técnicas de reacción en cadena de la polimerasa en muestras de secreciones respiratorias en niños suecos.

Clínicamente, parece que los niños afectos son mayores que en el caso de infecciones por VRS, y con facilidad se asocia a fiebre alta, diarrea y tos pertusoide.

Etiología

Pertenece a la familia Parvoviridae, la cual contiene dos subfamilias: la subfamilia Densovirinae, que infecta insectos; y la subfamilia Parvovirinae, que infecta vertebrados. Esta última se divide en 5 géneros: Parvovirus, Erytrovirus, Dependovirus, Amdovirus y Bocavirus. Su nombre deriva de “Bo” (bovino) y “Ca” (canino), puesto que causa patología entérica tanto en perros como en ovejas y patología respiratoria en perros. El bocavirus humano es el segundo virus de la familia Parvoviridae que se conoce que afecta a humanos, después del eritrovirus B19. Se conocen 3 genotipos diferentes.

Epidemiología

Desde su descripción, el virus se ha identificado por múltiples grupos de investigación en: Europa, Estados Unidos, Canadá, Asia y Australia. La mayoría de estos trabajos están realizados en niños hospitalizados, y su detección varía entre el 1,5% y el 22% de las muestras analizadas. También se ha buscado en niños asintomáticos sin conseguir identificarlo, lo que parece indicar que es verdaderamente infrecuente en niños sanos.

Presenta una mayor incidencia en los niños menores de 3 años de edad y su frecuencia de detección se situaría por debajo del VRS y probablemente de los rinovirus, por lo menos, tan común como los virus de la gripe, MPV, PIV-3 y adenovirus y más frecuente que los coronavirus humanos y el resto de PIV. Los estudios realizados hasta el momento evidencian una tasa de coinfección con el resto de virus respiratorios muy elevada, del orden del 30-40%, hecho que dificulta la correcta caracterización de su cuadro clínico y su verdadera responsabilidad como agente etiológico de infecciones de vías respiratorias bajas.

Se detecta básicamente en los meses fríos, entre octubre y abril en nuestro entorno. El contagio se cree que se produce por contacto directo de persona a persona, a través de las secreciones respiratorias.

Cuadro clínico

De momento, el bocavirus se ha investigado en niños con afectación respiratoria en forma de infección respiratoria de vías bajas, fundamentalmente bronquiolitis y afectación entérica, en forma de diarrea. En cuanto a las manifestaciones respiratorias, los niños afectos son mayores que en el caso de infecciones por VRS y, más a menudo, se asocia a: fiebre alta, hipoxemia, infiltrados pulmonares en la radiografía, leucocitosis y tos pertusoide, lo que lo hace que entre en el diagnóstico diferencial de los cuadros de tosferina.

Se desconoce hasta la actualidad, si el hecho de presentar una infección por bocavirus en la infancia puede predisponer a nuevos episodios repetidos de sibilantes en su evolución posterior, como en el caso de VRS y de MPV.

Diagnóstico

El diagnóstico definitivo se realiza con técnicas de detección de DNA en las muestras de secreción respiratoria mediante la reacción en cadena de la polimerasa; de la cual, ya existen técnicas a tiempo real que permiten la identificación de la mayoría de virus patógenos respiratorios conocidos.

Tratamiento

Al igual que en el resto de virus descritos anteriormente, no existe una terapéutica específica, por lo que el tratamiento será básicamente sintomático, en función de la gravedad del cuadro clínico que ocasionen.

Prevención

La única medida es evitar el contacto con las secreciones respiratorias de los pacientes, insistiendo en el lavado de manos de los cuidadores y del personal sanitario después de atender los niños afectos de infecciones respiratorias.

Infecciones por rinovirus(1,2)

Los rinovirus humanos son la causa más frecuente de resfriado común, y responsables habituales de sinusitis, faringitis y otitis media. En los últimos años, se han relacionado, cada vez de manera más firme, con infecciones de vías respiratorias bajas.

Clínicamente, los cuadros son superponibles a los del resto de virus respiratorios, pero en general, algo más leves que los debidos a VRS.

Etiología

Pertenece a la familia Picornaviridae, género Enterovirus. Contienen RNA, se clasifican en 3 especies (A, B, C) y hay alrededor de 100 serotipos antigénicos diferentes de acuerdo a identificaciones mediante neutralización con antisueros específicos y muchos más cuando se estudian mediante métodos moleculares.

Epidemiología

Se producen infecciones a lo largo de todo el año, con picos en primavera y otoño. Habitualmente, circulan múltiples serotipos de forma simultánea, con cambios de serotipo predominante entre poblaciones y de estación a estación. El contagio se produce por contacto directo de persona a persona, con autoinoculación por secreciones respiratorias contaminadas a través de las manos y aerosolización.

Se considera que ocasiona entre el 5% y el 25% de las bronquiolitis. No obstante, también se encuentra a menudo en niños asintomáticos y en coinfecciones con otros virus respiratorios, lo que dificulta la interpretación de su responsabilidad en las infecciones de vías respiratorias bajas.

La diseminación de virus mediante las secreciones respiratorias es máxima durante los primeros 2-3 días y suele cesar al cabo de 7-10 días, aunque ocasionalmente, se prolonga hasta 3 semanas, como agente etiológico de infecciones de vías respiratorias bajas.

El periodo de incubación es de 2 a 3 días, pero puede llegar a una semana.

Cuadro clínico

Indistinguible del ocasionado por los otros virus respiratorios descritos previamente.

Diagnóstico

El diagnóstico definitivo se realiza con técnicas de diagnóstico molecular en las muestras de secreción respiratoria, mediante la reacción en cadena de la polimerasa. Como ya hemos indicado anteriormente, existen técnicas a tiempo real que permiten la identificación simultánea de la mayoría de virus patógenos respiratorios conocidos.

Tratamiento

Al igual que en el resto de virus descritos anteriormente, no existe una terapéutica específica, por lo que el tratamiento será básicamente sintomático, en función de la gravedad del cuadro clínico que ocasionen.

Prevención

La única medida es evitar el contacto con las secreciones respiratorias de los pacientes, insistiendo en el lavado de manos de los cuidadores y del personal sanitario después de atender los niños afectos de infecciones respiratorias.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de los autores.

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Caso clínico

 

Lactante de 2 meses de edad que acude a la consulta por presentar dificultad respiratoria de 12 horas de evolución. Ha tenido febrícula y en las últimas horas come poco. El cuadro se había iniciado dos días antes con rinorrea y tos ocasional. No hay antecedentes personales de procesos similares ni otros datos remarcables, excepto que fue prematuro de 36 semanas y que el padre tiene actualmente un catarro de vías respiratorias altas. No parece haber habido ningún episodio de atragantamiento. No hay antecedentes familiares de asma ni de otros procesos atópicos.

Exploración física

Estado general conservado, taquipnea (50 respiraciones/minuto), tiraje inter y subcostal moderados sin quejido espiratorio ni aleteo nasal ni cianosis. Estado de hidratación correcto. Obstrucción nasal por mucosidad. Tímpanos ligeramente eritematosos, sin otras alteraciones. Auscultación respiratoria: sibilancias y crepitantes diseminados por ambos campos pulmonares; espiración alargada. Auscultación cardiaca: taquicardia discreta (130 latidos/minuto), tonos puros y rítmicos. Resto de exploración dentro de la normalidad.

Exámenes complementarios

Saturación de O2 de la hemoglobina del 94%.

 

 

 

 

 

 

 

 

Tos crónica en Pediatría

M. Ridao Redondo
Temas de FC


M. Ridao Redondo

Pediatra de Atención Primaria, a l’ABS St. Vicenç dels Horts (Barcelona)

 

Resumen

El pediatra de Atención Primaria se enfrenta a diario con la tos en la consulta. Las infecciones de vías respiratorias superiores son el motivo de visita más frecuente por patología aguda y la tos el síntoma peor tolerado por los niños y sus familias.
La persistencia de la tos, a pesar de que habitualmente tenga escasa gravedad, genera mucha angustia en los padres y un alto consumo de recursos sanitarios, habitualmente injustificados. Nuestro objetivo será diferenciar cuidadosamente las toses recidivantes, que acompañan a los procesos infecciosos de los niños con intervalos asintomáticos, de aquellos cuadros clínicos que definiremos como tos crónica o persistente, que se caracteriza por una evolución superior a cuatro semanas. Proponemos un protocolo diagnóstico para intentar llegar al diagnóstico etiológico de la tos persistente, diferenciándola en tos persistente, específica o secundaria a una patología de base, o tos inespecífica o idiopática.

 

Abstract

Primary health care pediatricians are tackling with cough in their everyday consultation. Respiratory infectious diseases are frequent cause of consultation, especially those related to acute processes, and cough is a poorly tolerated symptom by children and their families.
Although chronic cough is usually not severe it is a cause of parent’s distress and of unjustified consumption of health systems resources.
Our objective will be to carefully discriminate recidivants cough, usually are associate to infectious diseases and have asymptomatic periods, of chronic cough that is persistent for at least 4 weeks. We propose a diagnosis protocol to try to achieve an etiologic diagnosis of chronic cough.

 

Palabras clave: Tos crónica en Pediatría

Key words: Chronic cough in Infants and children

 

Pediatr Integral 2016; XX (1): 7-15


Tos crónica en Pediatría

Introducción

Un niño sano en edad escolar y sin antecedentes de infección de vías respiratorias altas (IRVA) en las 4 semanas previas, puede toser hasta 30 veces al día. Este mismo niño sano puede tener entre 7 y 10 infecciones respiratorias al año, uno de cuyos síntomas más llamativos es la tos, que puede prolongarse hasta tres semanas en cada episodio. Si las infecciones del tracto respiratorio superior son la principal causa de utilización de los servicios de salud en los países de nuestro entorno, la tos se convierte en uno de los motivos de consulta más frecuentes en Atención Primaria pediátrica.

La persistencia de la tos, a pesar de que habitualmente tenga escasa gravedad, es a menudo sobrevalorada por las familias, genera mucha angustia en padres y maestros, y un alto consumo de recursos sanitarios (repetición de visitas, uso de fármacos de dudosa utilidad y exploraciones complementarias), en gran parte injustificados.

La tos se convierte pues en un problema de salud, ante el cual los pediatras de Atención Primaria deben preguntarse en qué momento una tos aguda se está convirtiendo en una tos prolongada, es una tos recidivante o, si realmente, se trata de una verdadera tos crónica(1).

Etiopatogenia de la tos

La tos es un reflejo fisiológico complejo, que provoca la salida de aire a gran velocidad y presión para liberar partículas, secreciones o broncoespasmo en las vías aéreas, y proteger al sistema respiratorio de agentes químicos, infecciosos, mecánicos o térmicos. Se produce mediante un reflejo localizado a nivel del IV ventrículo que puede ser activado desde: la laringe, la bifurcación traqueal, los bronquios y la pleura. Son zonas reflectógenas secundarias: la nasofaringe, el conducto auditivo y el mediastino. Es un mecanismo defensivo, pero también puede ser la primera alerta de una enfermedad potencialmente grave de las vías aéreas o los pulmones. Se presenta solo en el 25% de los recién nacidos, aunque al mes de vida ya pueden toser el 90% de los niños(2).

La tos se puede producir también de forma voluntaria.

Evaluación de la tos en Pediatría de Atención Primaria

Describimos los datos clínicos más sugestivos y proponemos un protocolo diagnóstico para llegar al diagnóstico etiológico de la tos persistente en Atención Primaria.

Es importante tranquilizar a las familias de los niños que consultan por tos aguda. La tos acompaña a las infecciones del tracto respiratorio superior y va recidivando con el mismo ritmo que los procesos que el niño presenta. Siempre hay que tener en cuenta la subjetividad, poca fiabilidad y reproducibilidad de este síntoma, cuando se compara la información que aporta la familia con métodos objetivos de medición.

En la consulta de Atención Primaria pediátrica, ante un niño conocido, el interrogatorio sobre las características de la tos, la presencia de otros signos de enfermedad y la exploración física nos harán sospechar un proceso de base en aquellos pacientes que presenten una alta frecuencia de recurrencias o bien algún hallazgo en su exploración.

Tos persistente o crónica. Definición del problema (Tabla I)

El diagnóstico de tos crónica se establece a partir del tiempo en que suele desaparecer la tos en una infección del tracto respiratorio no complicada. Una revisión sistemática de la literatura muestra que la tos se resuelve entre una y tres semanas después de una infección de vías altas en la mayoría de los niños, pero que un 10% de ellos continúa tosiendo hasta 25 días después. Por este motivo, las guías pediátricas americana y australiana-neozelandesa definen la tos persistente en menores de catorce años, como aquella que dura más de cuatro semanas. Hablaremos de paciente con tos recurrente en aquel cuyos episodios tienen una frecuencia superior a la esperada para su edad, y una duración superior a las dos semanas en ausencia de infección respiratoria(3-5).

La guía británica(6), teniendo en cuenta el 10% de episodios de tos que en Pediatría, se prolongan o se solapan, propone hablar de tos crónica a partir de las 8 semanas de evolución. La recomendación sería establecer un periodo de observación vigilante entre las 4 y las 8 semanas, al que definiríamos como de tos aguda prolongada, en aquel niño por lo demás sano, cuya tos va mejorando y al que se habrá solicitado una radiografía de tórax que es normal.

La prevalencia de tos crónica es alta, cifrándose en población pediátrica entre el 5-10%.

Se desconoce si los estímulos primarios para la tos crónica son idénticos a los de la tos aguda; probablemente, el hecho de que en la mayoría de los niños la tos se resuelva y en algunos persista es tanto por factores microbiológicos como por factores propios del huésped.

Desde el punto de vista etiológico, la tos crónica la clasificaremos en tres grupos (Fig. 1):

 

Figura 1.

Definición de la tos en función del tiempo de duración.
Tos normal: hasta 4 semanas post infección respiratoria de vías altas. Tos aguda prolongada: 4-8 semanas en niño sano que va mejorando. Tos persistente: diaria más de 8 semanas en menores de 14 años. Tos persistente idiopática o inespecífica: no encontramos patología base. Tos persistente secundaria o específica: hay patología de base.

1. Tos normal o esperada: se conoce la causa, no requiere otros estudios.

2. Tos crónica específica: existe una historia clínica, signos y síntomas que sugieren un diagnóstico específico al que orientaremos las exploraciones complementarias. En este grupo entran los diagnósticos de: asma, sinusitis, tosferina, bronquiectasias, síndromes aspirativos, anomalías congénitas y fibrosis quística, entre otras.

3. Tos crónica inespecífica: recogería los cuadros que cursan con tos predominantemente seca, en ausencia de signos o síntomas que sugieran patología en un niño que se encuentra bien y en el que, al menos, una radiografía de tórax y una espirometría son normales.

En la mayoría de los casos, es secundaria a IRVA que se alargan en el tiempo y puede deberse a un aumento de la sensibilidad de los receptores de la tos tras una infección viral.

Factores como la contaminación ambiental y la exposición al humo del tabaco contribuyen a su prolongación.

Aproximación diagnóstica de la tos crónica
(ver Algoritmo al final del artículo)

Nuestro primer objetivo es descartar la presencia de signos que nos orienten a un problema subyacente. Una exhaustiva historia clínica y una buena exploración física son los pilares fundamentales para seleccionar los exámenes complementarios que nos ayuden a llegar al diagnóstico. Una prueba diagnóstica solo tendrá consistencia si una vez aplicado el tratamiento específico a esa patología se produce la resolución del síntoma. En Pediatría, hay que tener en cuenta que, en distintas series, hasta en un 19% de los niños se encontraron dos causas simultáneas de tos persistente(7,8).

La primera pregunta es ¿hay algún signo de patología de base? Hemos de dirigir nuestras preguntas al síntoma tos para poner en marcha las investigaciones necesarias para llegar al diagnóstico etiológico(9-11) (Tabla II).

La tos asociada a malformaciones congénitas como: la fístula traqueoesofágica, los anillos vasculares o la traqueomalacia, suelen manifestarse precozmente.

Si la tos es seca, metálica o con estridor, nos está indicando una localización en la vía alta. Un inicio brusco ha de hacer pensar en un cuerpo extraño, más frecuente por debajo de los tres años. Debe sospecharse si hay antecedentes de: atragantamiento, neumonías/atelectasias recurrentes y en una misma localización y/o la tríada clínica de tos, sibilancias/hipofonesis localizada.

La tos paroxística nos debe hacer pensar en causas de tos pertusoide. En España, la tosferina mantiene su patrón epidémico cíclico con brotes cada 3-4 años, pero se observa un progresivo aumento de la incidencia, hospitalización y mortalidad desde 2010. Los adolescentes suelen presentar casos atípicos o subclínicos en los que la tos persistente puede ser el único síntoma. Hemos de tener en cuenta que el rendimiento de la PCR disminuye a partir de la tercera semana del inicio de los síntomas(12). Un estudio en Atención Primaria, demostró que el 37% de los niños de 5 a 16 años estudiados por tos aguda prolongada tenían evidencia serológica de infección reciente por tosferina y la mediana de duración de la tos fue, en estos casos, de 112 días (38-191 días)(13). La infección por Micobacterias, Chlamydia o Mycoplasma pneumoniae también puede manifestarse exclusivamente con tos persistente(14).

Si la tos es al tumbarse y/o al levantarse, sugiere limpieza por exceso de secreciones y goteo nasal posterior. Hay que preguntar por la presencia de respiración nasal y apneas. La rinosinusitis crónica es más frecuente en niños atópicos. La clínica de halitosis, rinorrea purulenta y obstrucción nasal es distinta a la del adulto, no hay que esperar que presenten dolor facial o cefalea.

La causa más frecuente, hasta en un 40% de los casos de tos persistente en niños preescolares es la bronquitis bacteriana persistente (BBP). La clínica es de tos productiva persistente, mala tolerancia al ejercicio y trastorno del sueño por la tos, empeorando con los cambios posturales. Hay que pensar en ella, puesto que la respuesta al tratamiento antibiótico suele ser espectacular. Para evitar recaídas se proponen tratamientos de entre dos y cuatro semanas. Los niños que no responden al tratamiento o presentan recidivas siempre deben ser investigados para descartar: bronquiectasias, fibrosis quística, microaspiraciones recurrentes, inmunodeficiencias y otras etiologías primarias(15).

La tos seca nocturna o de madrugada es sugestiva de asma o hiperreactividad bronquial y hay que interrogar sobre si aumenta con el ejercicio, al subir escaleras o incluso al reír. Puede asociarse con los cambios estacionales y mejorar al salir de casa (tabaco, chimeneas, cocinas de gas, animales domésticos, materiales laborales en el domicilio).

Los diagnósticos que se consideraban más frecuentes como causa de tos crónica en Pediatría, como la hiperreactividad bronquial y el reflujo gastroesofágico, lo eran por extrapolación de los estudios efectuados en adultos. En los niños, estas causas no suman más de un tercio de los casos. Las causas más frecuentes en Pediatría son: la bronquitis bacteriana prolongada, la tos de resolución natural después de un cuadro infeccioso vírico, por ejemplo, una bronquiolitis, y el síndrome de goteo nasal posterior.

La tos psicógena puede representar entre el 1 y el 9% de las toses en escolares y adolescentes, en función de que revisemos casos en primaria o en consultas especializadas. Se caracteriza por ser seca, diurna y desaparecer con el sueño. Es muy aparatosa y generadora de angustia en el entorno familiar y escolar. Suelen ser pacientes siempre hipertratados farmacológicamente.

En cuanto a los antecedentes familiares, es básico preguntar por enfermedades respiratorias, en especial: asma y atopia. Tendremos registrados en la historia de nuestro paciente: antecedentes perinatales, patologías previas, uso de fármacos y factores ambientales, como tabaquismo activo o pasivo, convivencia con animales domésticos y manchas de humedad.

Hay que revisar el calendario vacunal. La situación de problemas de suministro de la dTpa podría tener un notable impacto en la viabilidad de programas de vacunación a medio plazo. Desconocemos el efecto que el retraso en la administración de la dosis de recuerdo a los 6 años pueda tener en un futuro próximo si se alarga, con el consiguiente riesgo de aumento de la tosferina en la edad escolar.

En la exploración física, valoraremos la presencia de signos que indiquen atopia. Buscaremos el goteo nasal posterior, es decir, el drenaje de mucosidad en la pared posterior de la faringe, que puede acompañarse de otitis serosa, hipertrofia amigdalar y/o adenoidea o sinusitis de la zona paranasal.

El estridor inspiratorio es sugerente de cuerpos extraños o masas de localización en vía respiratoria alta. Más extraño será encontrar: cianosis, acropaquia, tórax en barril u otros síntomas de enfermedad respiratoria crónica o enfermedades sistémicas.

Con toda esta información podemos, en general, orientar la causa de la tos y, si es necesario, confirmar el diagnóstico siguiendo el protocolo que se presenta a continuación (Tabla III).

Secuencia diagnóstica en la tos cronica pediatrica (Tabla III)

Primera fase

Se puede realizar habitualmente desde nuestras consultas.

Analítica: incluirá hemograma con VSG (puede orientar a un proceso infeccioso, inflamatorio crónico), dosificación de Ig, IgE y Phadiatop UniCap®. Este contiene componentes de alérgenos tanto inhalados como alimentarios, de modo que nos dice si el niño está o no sensibilizado a alguno de los alérgenos que la prueba contiene. Su especificidad es del 82% y su sensibilidad del 98%. Existen, actualmente, 3 tipos de Phadiatop en función del perfil de alérgenos que contiene: el infant, que recomendaríamos por debajo de los 5 años; el pneumoalergenos, para escolares y adolescentes; y el fx5, con alérgenos alimentarios. Un Phadiatop negativo indica muy baja probabilidad de sensibilización alérgica.

Estudio inmunológico (si hay datos sugestivos).

PCR a Bordetella Pertussis: técnica sencilla que se puede realizar en la consulta del pediatra y remitir al laboratorio. Su rendimiento disminuye a partir de la tercera semana del inicio de los síntomas.

Test de diagnóstico rápido en consulta(16)

- Immunocap Rapid®. Se basa en la determinación de Ig E específicas, se puede realizar en sangre capilar o venosa. Valora de forma cualitativa, por colorimetría, diferentes alérgenos individualmente. El resultado se obtiene en 20 minutos. Existen dos tipos de Immunocap Rapid®:

1. Perfil sibilantes/rinitis niños. Incluye 10 alérgenos: huevo, leche de vaca, epitelios de gato y perro, pólenes (abedul, olivo, artemisia, parietaria, hierba timotea) y ácaros.

2. Perfil asma/rinitis adultos. Incluye los mismos alérgenos que el anterior excluyendo los alimentarios y añadiendo la alternaria y la cucaracha. Es de elección en escolares y adolescentes.

- Test de diagnóstico rápido para infecciones de vías respiratorias, son test normalmente cualitativos que nos darán un resultado positivo o negativo para: adenovirus respiratorio, virus sincitial respiratorio y virus de la influenza A y B(17).

Estudio de funcionalismo pulmonar(18):

- Espirometría y prueba de broncodilatación. Debe practicarse en todos los niños mayores de 6 años. Es la prueba funcional respiratoria básica para el diagnóstico de asma. Aunque su normalidad no la descarta, si es repetidamente normal en presencia de tos, hay que replantearse el diagnóstico de “tos equivalente a asma”.

- Test de broncodilatación: será positivo si el FEV1 aumenta un 9% sobre el basal, quince minutos después de administrar 400 μg de salbutamol inhalado con mdi y cámara espaciadora. Si es positivo, demostrará la presencia de broncoespasmo, aun en presencia de auscultación normal.

- Prueba de ejercicio: no precisa de grandes utillajes, pero sí de tiempo y de medidas para el tratamiento de la crisis de asma que podemos inducir. Se ha de hacer una espirometría en reposo (debe ser normal y comprobarse que el paciente no haya tomado fármacos inhalados en las 12 horas previas). Después de 6-8 minutos de ejercicio (carrera libre a esfuerzo constante) y de obtener una frecuencia cardiaca del 80% de la calculada con la fórmula (220-edad en años), se obtienen espirometrías a los 5, 10, 15 minutos. Una caída del FEV1 ≥ 15% después de la carrera indica hiperreactividad bronquial.

- Estudio de la variabilidad del PEF (flujo espiratorio máximo). Lo valoraremos con un mínimo de dos mediciones diarias durante tres días a la semana en dos semanas. Una variabilidad superior al 20% es sugestiva de asma.

- % Variabilidad = (PEF máximo – PEF mínimo/PEF máximo) x 100.

Radiología: debe realizarse una radiografía de tórax en todos los lactantes con una tos prolongada (a menor edad del niño, mayor riesgo de causas secundarias), en todos los casos de toses atípicas y en todo niño con tos crónica.

Si se sospecha una aspiración de un cuerpo extraño, se debe pedir una placa en inspiración y espiración.

El síndrome de goteo nasal posterior es la primera causa de tos recidivante en escolares. Nos guiaremos por la clínica y, si es posible, utilizaremos una ecografía de senos. La ecografía de senos, en la mayor parte de estudios, ha demostrado buena sensibilidad (>86%) y especificidad (>96%), superiores a la radiología, para determinar la presencia de exudado en los senos maxilares, situación que, en los estudios de correlación con punción, equivale a sinusitis bacteriana.

La necesidad de radiología de cavum y/o senos paranasales es discutida, pues poco aportan a un diagnóstico clínico.

PPD.

Segunda fase

Normalmente será necesario derivar al paciente.

• Estudio mediante cultivo, inmunofluorescencia y/o estudio de anticuerpos para: Bordetella pertussis, Chlamydia pneumoniae, Mycoplasma VSR, adenovirus, etc. El rendimiento de estas pruebas es muy bajo por el tiempo transcurrido desde el inicio de los síntomas hasta la llegada a la consulta especializada. Se recomienda la utilización de test de diagnóstico rápido en la consulta del pediatra de Atención Primaria.

• Test del sudor.

• Estudio de funcionalismo pulmonar: espirometría, test de broncodilatación (si no disponemos del utillaje y la experiencia para efectuarlo), test de metacolina, prueba de esfuerzo.

• Estudio alergológico. Prick-test, provocación conjuntival, estudios in vitro.

• Estudio de óxido nítrico exhalado, Estudio de esputo inducido.

• Phmetría de 24 horas. El reflujo gastroesofágico puede representar la tercera causa de tos crónica en Pediatría.

• Estudios de imagen: TAC pulmonar, resonancia magnética, gammagrafía.

• Fibrobroncoscopia.

 

Hay que recordar siempre la posibilidad de que nos encontremos ante una tos psicógena.

Tratamiento de la tos

Revisión de las medidas generales, tratamientos sintomáticos y específicos para la tos aguda prolongada o crónica.

Es interesante incluir, dentro de los consejos de educación sanitaria que ofrecemos a los padres, un documento anticipatorio sobre las IVRA y, en este, advertir de la duración “normal” de la tos. Hemos de insistir en la no utilización sistemática de fármacos para el tratamiento de los cuadros de tos leve.

Medidas generales

Se debe ofrecer hidratación oral abundante con líquidos tibios. Mantener la vía nasal desobstruida mediante lavados nasales con suero fisiológico. Los lavados deben ser frecuentes, pero no enérgicos, si es posible debe mostrarse la técnica en la consulta, pues, en ocasiones, se favorece el paso de mucosidad a través de la trompa de Eustaquio, dando lugar a otitis secundarias.

Recomendaremos evitar las estufas que producen aire caliente y seco, manteniendo cierto grado de humedad ambiental. Debemos ser militantes en que los niños no deben estar en ambientes contaminados, especialmente por humo de tabaco. Múltiples trabajos muestran la mayor frecuencia y precocidad de procesos respiratorios en hijos de padres fumadores, sobre todo, si lo es la madre durante el embarazo. Está demostrada una función pulmonar anómala, que se prolonga por lo menos hasta los 18 meses, en los hijos de madres fumadoras. Estudios efectuados en pacientes asmáticos han constatado que hasta el 63% de ellos vivían en hogares con padres fumadores, pero hay que tener en cuenta que hasta el 50% de la población pediátrica es fumadora pasiva y que un 20% de los adolescentes de hasta 14 años es fumador. En este tema, los pediatras tenemos un largo camino por recorrer.

Después de un cuadro respiratorio agudo, plantearemos a la familia la conveniencia de posponer unos días la asistencia a guardería, pues parece demostrada una mayor susceptibilidad a nuevas infecciones si la reincorporación es excesivamente inmediata. Incluso, en algunas ocasiones, deberemos plantear a los padres (sobre todo, en niños con hiperreactividad bronquial muy marcada o con antecedentes de atopia muy claros) la búsqueda de soluciones alternativas a la guardería en los primeros años de vida. Si los cuadros son recidivantes y hay antecedentes de peso de patología alergológica, es necesario revisar las normas de control ambiental para ácaros, hongos (humedad) y la presencia de animales domésticos en el domicilio.

Tratamiento farmacológico para la tos aguda prolongada

Los más recientes ensayos clínicos y revisiones sistemáticas sobre el uso de fármacos antitusígenos recomiendan limitar al máximo su utilización en Pediatría. Se reportan beneficios muy limitados con mejoras de los síntomas con placebo muy altas, de hasta un 85% y, sin embargo, se describen a menudo efectos secundarios no siempre leves, sobre todo, en lactantes, dado que son ampliamente utilizados y comprados sin receta. Los estudios que existen en nuestros medios sobre los hábitos de prescripción del pediatra de Atención Primaria son desoladores(19,20).

Si después de todas las consideraciones decidimos utilizar un tratamiento para la tos, motivado, en ocasiones, porque hay una expectativa por parte de los padres y/o una afectación de la calidad de vida y sueño de padres y niños, deberemos evitar las asociaciones de antitusivos con antihistamínicos y anticongestivos y reevaluar la situación si la tos persiste. Únicamente trataremos la tos seca de vías altas o de vías bajas sin secreciones, que cree disconfort en el niño y por un periodo de tiempo limitado y no por debajo de los dos años.

Nunca debemos suprimir la tos productiva o húmeda, puesto que la retención de las secreciones puede llevar a una prolongación del síntoma y a complicaciones de la enfermedad causal.

Antitusígenos

Cloperastina

Actúa a nivel central y por su acción antihistamínica, puede generar una discreta somnolencia que puede ser útil en algunos cuadros de tos nocturna. A dosis altas puede favorecer que se espesen excesivamente las secreciones. Por las características de los estudios farmacológicos efectuados, la indicaremos a partir de los 2 años. Es el de mayor prescripción en Pediatría.

Dosis: 2 mg/kg/día en 2-3 dosis.

Dextrometorfan/dimemorfán

Actúa a nivel central sobre el centro regulador de la tos. Es uno de los fármacos de elección en la edad pediátrica por su baja frecuencia de secundarismos a dosis habituales.

Dosis: 1-2 mg/kg/día, repartidos en 3 a 4 dosis.

Levodropropicina

De acción básicamente periférica a nivel traqueobronquial. Por este motivo, no produce somnolencia ni depresión del centro respiratorio. Tiene una discreta acción antibroncoespástica, por lo que sería de elección para el tratamiento de la tos nocturna de los hiperreactivos. Útil a partir de los dos años.

Dosis: 3 mg/kg/día, en 2 –3 dosis

Codeína

Actualmente, tras la revisión de la Agencia Española del Medicamento (AEMPS) de 2015, se recomienda no utilizar codeína en menores de 12 años, ni en niños mayores, de 12 a 18 años de edad, que presenten compromiso de la función respiratoria debida a: trastornos neuromusculares, patología respiratoria o cardiaca grave, infecciones pulmonares, trauma múltiple o pacientes que hayan sido sometidos a procedimientos quirúrgicos extensos. Aunque es el fármaco más eficaz para la tos seca, tiene marcados efectos secundarios como: mareo, vómitos, estreñimiento, somnolencia o depresión del centro respiratorio. Quizás, la indicación en mayores de 12 años es el tratamiento de la tos seca que acompaña a la gripe.

Dosis: 1-1,5 mg/kg/día repartidos en 4 dosis, con un máximo de 30 mg/día.

Al igual que con la mayoría de antitusígenos, es útil una dosis que contemple doblar la dosis nocturna.

Mucolíticos y antihistamínicos

Aunque su utilización está muy extendida, no hay evidencia científica que justifique su utilización. Recomendaremos los líquidos como el mejor mucolítico. La única indicación de los antihistamínicos sería en escolares y adolescentes que asocian una rinosinusitis alérgica y deben retirarse si no hay mejora en dos semanas.

Tratamientos alternativos

No hay estudios controlados sobre: homeopatía, acupuntura y hierbas chinas en la tos. No hay ninguna evidencia sobre el uso de: humidificadores, vaporizadores, ionizadores y filtros, por lo que no están recomendados. En cuanto a remedios tradicionales, en la revisión de la Cochrane 2010 sobre el tema, la miel de trigo fue mejor que “ningún tratamiento” para el alivio sintomático de la tos, la resolución de la tos molesta y la mejoría de la calidad del sueño del niño; sin embargo, no fue mejor que ningún tratamiento para mejorar la calidad del sueño de los padres. No hubo diferencias significativas entre la miel y el dextrometorfano ni el dextrometorfano y “ningún tratamiento” para todos los resultados. Recordemos que la miel no debemos utilizarla por debajo del año por el riesgo de botulismo. La popular inhalación de cebolla, que al parecer solo se utiliza en España, no tiene ningún estudio científico que la avale.

Tratamiento farmacológico para la tos crónica inespecífica

En la tos crónica, nuestro objetivo será llegar a un diagnóstico causal y, por lo tanto, proponer un tratamiento etiológico en función del diagnóstico. En los casos de tos seca aislada, en niños con actividad normal, con una historia clínica y exploración en la que no hemos hallado signos de enfermedad y que después de practicar una radiología de tórax y una espirometría que son normales, será lícito ensayar un tratamiento con budesonida inhalada durante 2 a 4 semanas. Si no hay respuesta a esta prueba terapéutica, no se debe aumentar la dosis de corticoides y, aunque el paciente mejore, no debe ser catalogado de asmático, puesto que no sabemos si la resolución de la tos se debe al tratamiento o al tiempo transcurrido. Deberemos hacer una revaloración posterior y no tener a un paciente con corticoides inhalados y diagnóstico de asma, si no hay nunca sibilancias ni demostración de alteración del funcionalismo pulmonar.

Si el paciente tiene una tos productiva de más de 4 semanas, deberemos pensar en la bronquitis bacteriana persistente, sobre todo en pre-escolares. Los agentes causales más frecuentes son: Moraxella catarrhalis, Streptococcus pneumoniae y Haemophilus influenzae, por lo que habitualmente, se recomienda amoxicilina o amoxicilina-clavulánico. Hasta el 30% de los niños con bronquitis bacteriana persistente son asmáticos que no mejorarán si no se trata la infección. El tratamiento con el antibiótico adecuado debe resolver la tos. Si el paciente presenta más de dos episodios anuales de tos productiva, debe iniciarse un estudio buscando patología de base.

En los niños, la tos es un síntoma de numerosas enfermedades respiratorias o no. Se requiere prudencia y una buena historia clínica y exploración física antes de catalogar a un niño de afecto de una tos crónica y comenzar todo el estudio etiológico. Se precisan estudios específicamente pediátricos actualizados para la evaluación de la tos persistente.

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Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

- Chang AB, Glomb WB. Guidelines for Evaluating Chronic Cough in Pedia­trics. ACCP Evidence-based Clinical Practice Guidelines. Chest. 2006; 129: 260S-83S.

Trabajo fundamental en Pediatría, antes de leerlo nos movíamos con la extrapolación de la bibliografía de adultos aplicada a la Pediatría. Es fundamental.

- Shields Md, Bush A, Everard ML, McKenzie S, Primhak R; British Thoracic Society Cough Guideline Group. BTS guidelines: recommendations for the assessment and management of cough in children. Thorax. 2008; 63: 1-15.

Guía mejor valorada por su calidad. Recomendaciones claras y precisas.

- Saranz RJ, Lozano A, Lozano NA, Castro Rodríguez JA. Diagnóstico y tratamiento de la tos crónica en Pediatría. Arch Argent Pediatr. 2013; 111: 140-7.

Revisión actualizada del tema en castellano, con propuestas de algoritmos revisados.

Caso clínico

 

Ana es una niña de 13 años que presenta una tos que se inició en unos campamentos de verano. La familia comenta que la tos ha ido en aumento durante las vacaciones. Han consultado en distintos centros de salud y ha recibido distintos antitusígenos y antihistamínicos sin obtener un diagnóstico concreto. Ha mejorado poco. Refiere 48 horas de fiebre, no termometrada, al inicio del cuadro. En los informes de urgencias, la auscultación es siempre normal.

La tos es seca, día y noche y, ocasionalmente, la hace vomitar. Su hermana de 6 años lleva también dos semanas con tos.

Como antecedentes presenta una dermatitis atópica moderada.

 

 

 

Vacunas frente al meningococo

D. van Esso Arbolave
Temas de FC


D. van Esso Arbolave

CAP Pare Claret. Barcelona. Institut Català de la Salut

 

Resumen

La enfermedad meningocócica invasiva (EMI) es un importante problema de salud pública por su elevada mortalidad (10%) y secuelas (10-25%). Neisseria meningitidis coloniza la nasofaringe y si invade la circulación y se multiplica da lugar a la EMI, fundamentalmente meningitis y sepsis. La mayor incidencia de EMI ocurre en los primeros 5 años de vida y en adolescentes. Las personas con déficit de complemento, asplenia funcional o anatómica tienen un mayor riesgo de EMI. El 90% de los casos de EMI está causado por 5 serogrupos: A, B, C, Y, W135. Las vacunas conjugadas monovalentes frente a meningococo serogrupo C y conjugadas tetravalentes ACWY, junto con la nueva vacuna 4CMenB activa frente a meningococo del serogrupo B, permiten un control efectivo de esta enfermedad si se administran de forma sistemática. Estas vacunas son seguras y efectivas y pueden utilizarse en calendarios de vacunación para la prevención de la EMI en: lactantes, niños, adolescentes y adultos jóvenes. La prevalencia de los distintos serogrupos puede variar a lo largo del tiempo, hecho que obliga a las autoridades sanitarias a estar vigilantes y adecuar el calendario de vacunación en relación a los serogrupos predominantes.

 

Abstract

Invasive meningococcal disease (IMD) is an important public health problem due to its high mortality (10%) and sequelae (10-25%). Neisseria meningitidis can be found in asymptomatic carries and when it enters the blood stream and multiplies it may progress to IMD mainly meningitis and sepsis. The highest incidence of IMD ocurrs during the first 5 years and in adolescents. Risk factors for development of IMD include: complement deficiencies, functional or anatomic asplenia.
90% of the cases of IMD are associated with 5 serogroups namely: A, B, C, Y, W135. Monovalent conjugate C meningococcal vaccines, quadrivalent conjugate ACWY meningococcal vaccines together with the recently licensed 4CMenB vaccine against multiple meningococcal serogrup B strains allow an effective control of this disease if they are systematically administered. Theses vaccines are safe and effective and can be included in the vaccination schedule to prevent IMD in infants, children, adolescents and adults. The prevalence of the different serogroups may change in time and this obliges health authorities to remain watchful and change vaccination schedules according to the most prevalent serogroups.

 

Palabras clave: Enfermedad meningocócica invasiva; Vacunas frente a meningococo; Vacuna conjugada meningocócica serogrupo C; Vacuna conjugada tetravalente ACWY; Vacuna 4CMenB

Key words: Invasive meningococcal disease; Meningococcal vaccines; Meningococcal C conjugate vaccine; quadrivalente conjugate ACWY meningococcal vaccine; 4CMenB vaccine

 

Pediatr Integral 2015; XIX (10): 684-692


Vacunas frente al meningococo

Introducción

La enfermedad meningocócica invasiva es con las actuales vacunas disponibles, un problema de salud pública prevenible mediante vacunación.

La enfermedad meningocócica invasiva (EMI), es por su elevada mortalidad (10%), sus frecuentes y graves secuelas a largo plazo (10-25%) y su imprevisible evolución, que, en ocasiones, puede ser catastrófica en pocas horas, una de las enfermedades infecciosas más temidas por los profesionales sanitarios y por la población general. Constituye un grave problema de salud pública y, de forma recurrente, si no se previene la enfermedad mediante vacunación sistemática, ocurren brotes epidémicos. En el momento actual, en España, la incidencia es muy baja (<1/100.000 personas/año), en parte por la incorporación de la vacuna frente a meningococo serogrupo C en calendario vacunal y, en parte, porque estamos en una fase de baja prevalencia de infección por meningococo serogrupo B.

El agente etiológico de la enfermedad meningocócica es Neisseria meningitidis, un diplococo Gram negativo, cuyo nicho ecológico es la mucosa nasofaríngea humana, a partir de la cual causa enfermedad solo ocasionalmente. El estado de portador es frecuente y oscila entre el 10 y 35% en adultos jóvenes. La transmisión es por contacto directo de persona a persona y la incidencia es más alta en menores de 5 años, adolescentes y adultos jóvenes. El paso desde la mucosa oral al espacio intravascular y su multiplicación en el mismo da lugar a la EMI, fundamentalmente meningitis y sepsis. El meningococo se clasifica en serogrupos, de los cuales 5, identificados con las letras A, B, C, W135, Y son los responsables de más del 90% de los casos de EMI en el mundo(1). Un sexto serogrupo denominado X, también ha sido identificado como causa de brotes epidémicos fundamentalmente en África.

A partir de la reciente introducción de una vacuna frente a meningococo serogrupo B, que se añade a las vacunas conjugadas tetravalentes frente a los serogrupos ACWY y monovalentes frente al serogrupo C, se abre por primera vez la posibilidad de prevenir la gran mayoría de casos de EMI que ocurren en nuestro medio. El coste de esta nueva vacuna constituye, sin embargo, una barrera para su rápida incorporación a los calendarios de vacunación. La vacuna frente a meningococo serogrupo C (MCC) ya está incluida en el calendario de vacunación sistemática desde hace años, faltaría incluir ahora la vacuna frente a meningococo serogrupo B, una decisión que deberán tomar las autoridades sanitarias teniendo en cuenta la epidemiología de la enfermedad y los estudios coste-beneficio. La recomendación individual de vacunación frente a meningococo serogrupo B es la opción que disponemos los pediatras, mientras la vacuna no este incluida en el calendario de vacunación sistemática.

Epidemiologia

Los serogrupos predominantes en un país o región varían a lo largo del tiempo y como consecuencia de los programas de vacunación. Su conocimiento es clave para una adecuada protección de la población mediante la vacunación.

La distribución mundial de los serogrupos de meningococo varía según zonas geográficas y, a lo largo del tiempo, por lo que es imprescindible disponer de datos de vigilancia epidemiológica que permitan conocer la prevalencia relativa de los distintos serogrupos y planificar así los programas de vacunación más adecuados a cada país o región(2).

En Europa predominan los serogrupos B y C, aunque este último ha disminuido de forma espectacular en todos los países que han introducido la vacuna conjugada MCC de forma sistemática, como ha ocurrido en España. Recientemente, se ha detectado un incremento de actividad del serogrupo W135 en Reino Unido y en algunos otros países. El serogrupo A, frecuente en Europa en las primeras décadas del siglo XX, ha prácticamente desaparecido.

En España, según datos de la temporada 2013-2014, predomina el serogrupo B (74%), y del serogrupo C (6%) ocurren casos esporádicos, especialmente en población no vacunada o fuera del rango de vacunación.

En Australia y Nueva Zelanda predominan también los serogrupos B y C. En Asia, la mayoría de los casos están producidos por serogrupos A y C. En Estados Unidos, predominan los serogrupos B y C, y de forma creciente el serogrupo Y. En África subsahariana, en el llamado cinturón de la meningitis, que comprende 25 países situados entre Etiopía y Senegal, ha predominado tradicionalmente el serogrupo A, pero recientemente se han detectado también casos por los serogrupos W135 y X(2-3).

Es importante destacar que la distribución relativa de los distintos serogrupos ha comenzado a cambiar como consecuencia de los programas de vacunación. Las tasas de incidencia a nivel mundial oscilan ampliamente y se encuentran entre <1 y hasta 1.000 casos por 100.000 habitantes en situaciones epidémicas(1-2).

Tipos de vacunas

Las vacunas polisacáridas conjugadas frente a los serogrupos A, C, W135, Y, junto con la vacuna 4CMenB frente al serogrupo B, constituyen un avance importante en la prevención de la EMI.

La antiguas vacunas polisacáridas no conjugadas han dejado de utilizarse por su menor eficacia, ausencia de memoria inmunológica y de respuesta booster, y por falta de eficacia en menores de 2 años de edad, uno de los grupos etarios de mayor riesgo(3).

La aparición en 1999 de la primera vacuna conjugada frente al serogrupo C constituyó un hito en la lucha contra la EMI, en un momento en el que la prevalencia de EMI por serogrupo C se había incrementado en Europa. Fue introducida inicialmente en el Reino Unido (RU) y su utilización sistemática a lo largo de 10 años (1999-2009) disminuyó el número de casos en la población vacunada en un 94% en el RU(4). En España, el descenso de las tasas de incidencia de EMI por serogrupo C ha sido del 88,6% respecto de la última temporada pre vacunal (1999-2000).

En 2005, se aprobó en EE.UU. la primera vacuna conjugada tetravalente con proteína diftérica frente a los serogrupos ACYW135 (Menactra®), vacuna no disponible en Europa. Posteriormente, se aprobaron en Europa, en 2010 y 2012, otras dos vacunas tetravalentes conjugadas (Menveo® y Nimenrix®). Estas vacunas permitieron ampliar la protección frente a la EMI por los 3 serogrupos no incluidos en la vacuna MCC. La vacuna conjugada monovalente frente a serogrupo A, desarrollada a muy bajo coste para ser utilizada en países con escasos recursos fue un nuevo éxito(3-4). MenAfriVac® no está disponible en nuestro medio y no será objeto, por lo tanto, de un análisis detallado. Todas estas vacunas conjugadas, más allá de diferencias debidas a las distintas proteínas transportadoras, comparten algunas características generales, como son: inmunogenicidad a edades inferiores a los 2 años, memoria inmunológica, actividad sobre el estado de portador y, por ende, inmunidad de grupo.

Diversos fracasos en la investigación de una vacuna frente a meningococo serogrupo B obligaron a nuevas líneas de investigación utilizando una técnica llamada de vacunología inversa, que permitió identificar antígenos (proteínas), que se expresan en la membrana del meningococo, capaces de inducir anticuerpos bactericidas en suero(3-4). Esta aproximación abrió el camino a la actual vacuna frente a meningococo serogrupo B llamada 4CMenB, autorizada por la EMA en 2013 y recientemente comercializada en nuestro país con el nombre comercial Bexsero®. Se trata de una vacuna multicomponente basada en proteínas de la membrana externa.

Indicaciones generales de la vacunación frente a meningococo

Las vacunas mencionadas previamente pueden tener indicación como vacuna sistemática en la edad pediátrica así como en la adolescencia, edades de máxima incidencia de EMI. Para la EMI no se han descrito grupos de riesgo, excepto los pacientes con asplenia y déficits de complemento, por lo que la vacunación debería ser sistemática, con especial énfasis a las edades de máxima prevalencia de EMI. Su inclusión en el calendario de vacunación de un país o región dependerá de la epidemiología y de los estudios coste-beneficio. Existen diversas publicaciones en las que se han utilizado estas vacunas para el control de brotes epidémicos, vacunando sistemáticamente a grupos de población afectados por el brote. Tienen asimismo una indicación de vacunación individual para pacientes de elevado riesgo de padecer una EMI y para viajeros a zonas con elevada prevalencia de EMI.

Vacunas conjugadas frente a meningococo serogrupo C (MCC)

Desde 1999 disponemos de vacunas conjugadas monovalentes frente al meningococo serogrupo C.

El Reino Unido fue el primer país en autorizar esta vacuna, en base a estudios de inmunogenicidad y de seguridad, e incluirla en el programa de vacunación, con una pauta de 3 dosis en los menores de 12 meses y una dosis única para edades entre los 12 meses y 18 años(3). En España, las vacunas se empezaron a utilizar con una pauta similar a finales de 2000. En ambos países, se observó que la efectividad de la vacuna en el primer año tras la vacunación 97-98%, descendía al 68-78% después de un año de la vacunación. La aparición de algunos casos de fallo vacunal motivó que el Reino Unido en 2006, y España poco tiempo después, modificaran la pauta de vacunación a 2 dosis en el primer año con un refuerzo a los 12-15 meses. En los Países Bajos en 2001, se decidió una estrategia consistente en 1 sola dosis de vacuna a los 14 meses acompañada de un catch-up de toda la población hasta los 19 años de edad, con un notable éxito que ha permitido mantener la misma estrategia hasta la actualidad optimizando al máximo el coste-beneficio(5).

Composición

La composición de las dos vacunas conjugadas, actualmente disponibles en España, difiere fundamentalmente en la proteína transportadora. Una de ellas utiliza la mutante atóxica de la toxina diftérica, conocida con el nombre CRM197 (Menjugate Kit®), y la otra utiliza el toxoide tetánico (NeisVAc-C®) (Tablas I y II). Ambas están adyuvadas con hidróxido de aluminio(6).

Indicaciones

La vacuna puede utilizarse en un programa de vacunación sistemática o de forma selectiva para grupos de riesgo(7-10).

• Vacunación sistemática: lactantes a partir de los 2 meses, niños, adolescentes y adultos frente a la EMI producida por meningococo del serogrupo C.

• Vacunación selectiva: se hará a cualquier edad para las personas que se encuentren en los siguientes grupos de riesgo.

- Asplenia anatómica o funcional.

- Déficit de componentes del complemento, properdina, factor D o factor H.

- Déficit de complemento adquirido por tratamiento con eculizumab.

- Antecedente de más de un episodio de EMI.

- Personal de laboratorio que trabaja habitualmente con Neisseria meningitidis.

- Viajeros a zonas en las que la EMI por serogrupo C es epidémica o hiperendémica.

- Contactos próximos de un caso esporádico que no estén vacunados cuando las autoridades sanitarias lo indiquen.

• En las indicaciones correspondientes a los grupos de riesgo, cuando por edad es posible y la indicación lo justifica, sería razonable administrar, en lugar la de la vacuna MCC, la vacuna conjugada tetravalente ACWY y, si corresponde también, la vacuna frente a meningococo B(11,12).

Pauta de vacunación y vía de administración

Recientemente, se ha acordado en España, una modificación de la pauta de vacunación sistemática basada en los estudios de inmunogenicidad y persistencia de los niveles de SBA (anticuerpos bactericidas del suero)(7-10). Para conseguir una máxima protección en todos los grupos de edad de EMI y para mejorar también la inmunidad de grupo, se ha acordado una nueva distribución de las 3 dosis de vacuna administradas hasta la fecha(7).

El calendario común de vacunación infantil 2015 del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) recomienda una pauta de 3 dosis de vacuna MCC, administradas a los 4 meses, 12 meses y 12 años. Cuando se utiliza la vacuna conjugada con CRM197 pueden ser necesarias 2 dosis de primovacunación a los 2 y 4 meses. Si la primovacunación tiene lugar después de los 12 meses, se administrará una segunda dosis a los 12 años. Si la primovacunación tiene lugar a partir de los 10 años, solo se administrará una dosis(7).

Administración intramuscular en cara ántero-lateral externa del muslo o deltoides en función de la edad. Se acepta como válida la administración secuencial de diferentes preparados comerciales, aunque sería recomendable la utilización del mismo tipo de preparado.

Administración con otras vacunas

Se puede administrar simultáneamente con el resto de vacunas inactivadas y atenuadas del calendario de vacunación sistemática, respetando siempre la administración en lugares anatómicos diferentes.

Inmunogenicidad y efectividad

Ambas vacunas son inmunógenas a partir de los 2 meses, con niveles de anticuerpos bactericidas en suero cercanos al 100% y han demostrado una gran efectividad (97%) en el primer año tras la vacunación y algo menor (68%) después de un año, consiguiendo reducir la carga de EMI por serogrupo C a niveles mínimos. La efectividad a largo plazo requiere una dosis booster después del año de vida, si la primera dosis se ha administrado antes de los 12 meses. La respuesta inmunógena tras la dosis de refuerzo es mayor cuando se utiliza la vacuna conjugada con toxoide tetánico. Estos datos permiten, cuando se utiliza esta vacuna, administrar una sola dosis a los 4 meses como dosis de primovacunación en el primer año de vida. En un reciente estudio, se ha puesto en evidencia que la producción de células B de memoria depende más del tipo de vacuna utilizada (mejor respuesta cuando se utiliza toxoide tetánico como proteína transportadora) que del número de dosis administradas(9).

Contraindicaciones y precauciones

Hipersensibilidad al principio activo o alguno de los componentes de la vacuna. En inmunodeprimidos, la respuesta inmunitaria puede ser subóptima. La infección por el VIH no es una contraindicación. A pesar de estar indicada en caso de déficits de complemento y asplenia, se desconoce el grado de protección que esta vacuna confiere en estas situaciones.

El capuchón de la jeringa de Menjugate Kit puede contener caucho, lo que debe ser tenido en cuenta en pacientes con historia conocida de hipersensibilidad al látex.

Efectos adversos

Las vacunas MCC son seguras y bien toleradas. Las reacciones locales más frecuentes son: el dolor, enrojecimiento y tumefacción en el punto de inyección y, entre las reacciones generales, la más frecuente es la fiebre, generalmente inferior a 39,1ºC. Los lactantes y niños menores de 2 años pueden presentar: irritabilidad, somnolencia, alteraciones del sueño, anorexia, diarrea y vómitos, todos ellos de carácter leve. En adolescentes y adultos, se observa con mayor frecuencia: cefalea, náuseas, mialgias y artralgias.

Vacunas conjugadas tetravalentes frente a meningococo ACWY

Las vacunas conjugadas tetravalentes frente a meningococo de los serogrupos A, C, W, Y, ofrecen la posibilidad de prevenir la EMI por los serogrupos Y y W135, que empiezan a ser también frecuentes en nuestro entorno.

Tras el éxito obtenido con la vacuna conjugada frente a meningococo serogrupo C, se desarrollaron vacunas conjugadas tetravalentes para serogrupos A, C, W135, Y. La primera vacuna conjugada aprobada en Europa (2010) fue Menveo® y la segunda (2012) Nimenrix®(6). Estas vacunas desplazaron rápidamente a las vacunas tetravalentes polisacáridas no conjugadas, por su mejor inmunogenicidad y respuesta booster tras una segunda dosis, así como su adecuada inmunogenicidad en menores de 2 años.

Composición

Ambos preparados difieren en la proteína transportadora de forma similar a lo que ocurre con la vacuna MCC, Nimenrix® utiliza el toxoide tetánico y Menveo® la proteína CRM197 (Tablas III y IV)(6).

Al ser Nimenrix® un fármaco de reciente comercialización, está sujeto a una farmacovigilancia específica por la European Medicines Agency (EMA), tal como lo indica un triángulo negro invertido en la ficha técnica, el envase y el prospecto.

Indicaciones

Vacunación de niños a partir de los 12 o 24 meses, según el preparado utilizado, adolescentes y adultos frente a la EMI producida por meningococo de los serogrupos A, C, W135, Y.

La vacuna puede utilizarse en un programa de vacunación sistemática o de forma selectiva para grupos de riesgo.

• Vacunación sistemática: en nuestro país no hay indicación de vacunación sistemática, dada la baja prevalencia de los serogrupos A, Y y W135. Recientemente, en el Reino Unido se ha tomado la decisión de incluir esta vacuna en el calendario sistemático del adolescente como refuerzo a los 14-18 años, en sustitución de la vacuna MCC. Esta decisión se fundamenta en el incremento de casos producidos por el serogrupo W135 observados en los últimos años, un fenómeno que puede extenderse, o no, a otros países del entorno(13). En Estados Unidos, esta vacuna está incluida en el calendario como vacuna sistemática, con una primera dosis a los 11-12 años y una dosis de refuerzo a los 16-18 años(12). Los estudiantes españoles comprendidos en estas edades que acudan a Estados Unidos a estudiar en colegios o universidades, deben recibir esta vacuna.

• La vacunación selectiva deberá tenerse en cuenta en las siguientes circunstancias:

- Viajeros a países o regiones con una elevada prevalencia de los serogrupos A, Y y W135. Los peregrinos a La Meca (Arabia Saudita) han de demostrar con un certificado, haber recibido la vacuna con una fecha no inferior a 10 días y no superior a 3 años.

- Asplenia anatómica o funcional.

- Déficit de componentes del complemento (C3 y C5-C9), properdina, factor D o factor H.

- Déficit de complemento adquirido por tratamiento con eculizumab.

- Antecedente de más de un episodio de EMI.

- Personal de laboratorio que trabaja habitualmente con Neisseria meningitidis.

- En Estados Unidos, estudiantes que vivan en residencias universitarias y tengan menos de 21 años.

- Contactos próximos de un brote comunitario por los serogrupos A, Y y W135, cuando las autoridades sanitarias lo indiquen.

Pauta de vacunación y vía de administración

Ambas vacunas se administran por vía intramuscular. Tras la reconstitución, las vacunas son estables 8 horas a temperatura ambiente. La vacuna Menveo® se administra en dosis única a niños a partir de los 2 años, adolescentes y adultos, 1 mes antes de la exposición de riesgo. En caso de persistir el riesgo, se puede administrar una dosis de refuerzo a los 3 años para los menores de 7 años, y a los 5 años para los mayores de 7 años. Vacuna Nimenrix®, administración intramuscular, dosis única a partir de los 12 meses. Se puede considerar, si persiste el riesgo, una dosis de refuerzo a los 12-23 meses.

Menveo® está autorizada en los Estados Unidos a partir de los 2 meses de edad y se han publicado recomendaciones para su uso en este grupo de edad(12). Por el momento, la Agencia Europea del Medicamento mantiene la edad mínima de administración en 2 años. Su utilización, por lo tanto, en menores de 2 años está fuera de ficha técnica.

Los niños con asplenia o déficit de componentes del complemento primovacunados con una vacuna MCC, se pueden revacunar con la vacuna tetravalente conjugada. Debido a la menor respuesta que tienen los pacientes con déficit de complemento o asplenia, se recomienda en estos pacientes una primovacunación con 2 dosis de vacuna tetravalente conjugada con un intervalo de 12 semanas entre dosis(11), teniendo en cuenta la edad mínima de administración para cada vacuna. Deberán recibir un refuerzo a los 3 años si son menores de 7 años, y 5 años si son mayores de 7 años, seguido de refuerzos cada 5 años.

Administración con otras vacunas

Menveo®: se puede administrar simultáneamente con las vacunas frente a hepatitis A y B, fiebre amarilla, fiebre tifoidea (polisacárido Vi), encefalitis japonesa y rabia, siempre en lugares anatómicos distintos. Se puede coadministrar con Tdpa sola o en combinación con VPH tetravalente. Por el momento, no se dispone de datos de seguridad e inmunogenicidad para la coadministración con las vacunas del calendario de vacunación sistemática infantil.

Nimenrix® se puede administrar simultáneamente con las vacunas frente a hepatitis A y B, triple vírica, tetravírica, conjugada neumocócica 10-valente y antigripal, así como con las vacunas combinadas DTPa /Tdpa, en jeringas y lugares anatómicos diferentes, sin interferencia significativa en la respuesta inmunitaria de los antígenos administrados(6).

Tras la administración de una vacuna tetravalente polisacárida no conjugada, se recomienda un intervalo de 2 años para la administración de la vacuna tetravalente conjugada, pudiendo reducirse este intervalo a 6 meses en caso de situación de riesgo.

En el caso de administración previa de una vacuna MCC, las dos vacunas conjugadas tetravalentes ACWY generan una respuesta booster protectora y persistente. Esta respuesta es más alta cuando la primovacunación con MCC se había hecho con la vacuna conjugada con toxoide tetánico y el refuerzo se hace con la vacuna tetravalente conjugada con la misma proteína transportadora(14).

Inmunogenicidad y efectividad

Ambas vacunas tetravalentes tienen una buena inmunogenicidad y alcanzan títulos protectores elevados 1 mes después de la vacunación. Estos títulos varían en función de la vacuna analizada (ligeramente superiores para la vacuna con toxoide tetánico como proteína transportadora), la edad de los pacientes (a mayor edad mejor respuesta inmune) y los serogrupos (algo inferior para el serogrupo A). Los niveles de anticuerpos disminuyen con el tiempo y la persistencia a los 3-5 años de niveles hSBA ≥ 1:8 (anticuerpos bactericidas en suero humano) para ambas vacunas muestra una disminución del porcentaje para todos los serogrupos, pero más acusada para el serogrupo A. Tras una dosis booster, los títulos de anticuerpos vuelven a elevarse de forma significativa. La efectividad de las vacunas tetravalentes conjugadas, en adolescentes, a los 3-4 años de la vacunación está en el 80-85% y disminuye con el tiempo. Como con otras vacunas, la efectividad medida a nivel individual puede ser inferior a lo observado cuando se vacuna a la comunidad, dada la inmunidad de grupo generada.

Contraindicaciones y precauciones

Las propias de las vacunas inactivadas. Historia previa de alergia a los principios activos o alguno de los componentes de la vacuna.

La respuesta en inmunodeprimidos puede ser subóptima. La infección por VIH no es una contraindicación, pero la vacuna no ha sido evaluada específicamente en inmunodeprimidos. En individuos con déficit del complemento o asplenia anatómica o funcional, en los que la vacuna está específicamente indicada, la respuesta puede ser inferior a la observada en personas sanas.

Los datos clínicos son insuficientes para valorar el efecto sobre el embarazo. Los datos de estudios en animales sugieren que estas vacunas no tienen efectos negativos sobre el embrión, desarrollo fetal, parto o desarrollo postnatal. Estos datos permiten administrar la vacuna en situaciones de elevado riesgo de exposición.

Efectos adversos

Menveo®: las reacciones generales más frecuentes en niños de 2 a 10 años son: somnolencia, cefalea y trastorno de la alimentación, y las locales: dolor, eritema e induración en el lugar de inyección. En niños mayores, son frecuentes: cefalea, mialgia y náuseas.

Nimenrix®: la reactogenicidad local en todos los grupos de edad se manifiesta en: dolor, eritema e induración en el lugar de administración, y la general con: cefalea, fiebre, fatiga y síntomas gastrointestinales. En el grupo de 1 a 5 años, las reacciones generales más frecuentes fueron: irritabilidad, somnolencia, inapetencia y fiebre(15).

Vacuna multicomponente frente a meningococo serogrupo B (MenB)

Recientemente, se ha comercializado una vacuna frente al meningococo serogrupo B, el más prevalente en la actualidad en nuestro medio.

La nueva vacuna frente a meningococo B, recientemente comercializada en Europa, constituye un avance muy importante en el control de la enfermedad meningocócica. Esta vacuna se desarrolló con una nueva tecnología denominada vacunología inversa, que permitió seleccionar las proteínas de la membrana externa del meningococo más idóneas para fabricar una vacuna con una adecuada protección para las distintas cepas circulantes del meningococo del serogrupo B.

Composición

Se trata de una vacuna recombinante cuya denominación 4CMenB, hace referencia a que tiene 4 componentes, a saber: 3 antígenos recombinantes denominados fHbp (factor H binding protein), NHBA (Neisseria heparin binding antigen) y NadA (Neisserial adhesin A) y vesículas de la membrana externa OMV de una cepa del brote ocurrido en Nueva Zelanda NZ98/254 que contiene la proteína PorA 1.4. El nombre comercial de esta vacuna es Bexsero®, desarrollada por Novartis Vaccines y actualmente comercializada por GlaxoSmithKline(16).

Se trata de una vacuna inactivada adyuvada con Hidróxido de aluminio (Tabla V).

Al tratarse de un fármaco de reciente comercialización, está sujeto a una farmacovigilancia específica por la Agencia Europea del Medicamento indicado por una triángulo negro invertido en la ficha técnica, el envase y el prospecto.

Indicaciones

Inmunización activa a partir de los 2 meses de edad frente a la EMI producida por Neisseria meningitidis del serogrupo B.

Se trata de una vacuna con indicación de vacuna sistemática pero, por el momento, solamente está incluida en calendario vacunal con financiación pública en: Reino Unido, Sajonia (Alemania) y 9 regiones de Italia. Las autoridades sanitarias de Australia, Canadá, Austria, República Checa, Italia, Hungría, Irlanda, Polonia y algunas regiones de Alemania la recomiendan en sus calendarios, pero sin financiación pública.

En España, el Comité Asesor de Vacunas de la AEP la incluye en el calendario de 2016, como vacuna sistemática no financiada a partir de los 2 meses de edad. Desde octubre de 2015, está disponible en oficinas de farmacia como medicamento sujeto a prescripción médica.

Esta vacuna tiene, además, unas indicaciones de vacunación selectiva dirigida a personas con riesgo elevado de EMI y para el control de brotes epidémicos(17,18).

Grupos de riesgo

• Déficit de properdina o déficit de factores terminales del complemento (incluidos los que reciben o recibirán eculizumab).

• Asplenia, disfunción esplénica grave (anemia de células falciformes) y individuos esplenectomizados o con esplenectomía programada.

• Haber sufrido un episodio de EMI.

• Personal de laboratorio que trabaja con muestras de Neisseria meningitidis.

Brotes epidémicos

• Agregación de casos: dos o más casos de EMI por serogrupo B ocurridos en una misma institución, organización o grupo social, en un período inferior o igual a 4 semanas.

• Brote comunitario: tres o más casos confirmados de EMI por serogrupo B, en un ámbito comunitario definido, en un período inferior o igual a 3 meses.

• Hiperendemia: aparición gradual y sostenida de casos de EMI por serogrupo B en una zona geográfica.

• Situaciones específicas definidas por las autoridades sanitarias.

La vacuna no está indicada para los contactos de casos esporádicos, excepto si alguno de los contactos pertenece a un grupo de riesgo.

Pauta de vacunación y vía de administración

La pauta de vacunación está determinada por la edad a la que se recibe la primera dosis.

Lactantes de 2 a 6 meses: 3 dosis con un intervalo mínimo de un mes, habitualmente a los 2, 4, 6 meses o 3, 5, 7 meses con 1 dosis de refuerzo a los 12-15 meses de edad.

Lactantes de 6 a 11 meses: 2 dosis con un intervalo mínimo de dos meses con 1 dosis de refuerzo en el segundo año de vida, administrada con un intervalo mínimo de dos meses desde la última dosis de primovacunación.

Niños de 12 a 23 meses: 2 dosis con un intervalo mínimo de dos meses, con 1 dosis de refuerzo entre 1 y 2 años después de finalizada la primovacunación.

Niños de 2 a 10 años: 2 dosis con un intervalo mínimo de dos meses. No está establecida la necesidad, en el momento actual, de una dosis de refuerzo para este grupo de edad.

Niños a partir de los 11 años y adultos: 2 dosis con un intervalo mínimo de un mes. No es necesario administrar una dosis de refuerzo en este grupo de edad.

Bexsero® se presenta en suspensión inyectable en jeringa precargada. Agitar antes de administrar. La suspensión es blanca opalescente. Administración intramuscular profunda en muslo o deltoides, según la edad.

Administración con otras vacunas

Se puede administrar simultáneamente con vacunas monovalentes o combinadas que contengan los siguientes antígenos: difteria, tétanos, tosferina acelular, Haemophilus influenzae tipo b, poliomielitis inactivada, hepatitis B, conjugado neumocócico heptavalente, sarampión, parotiditis, rubéola y varicela, siempre en lugares anatómicos distintos. No se ha observado una interferencia en la respuesta inmunitaria ni problemas de seguridad. No existen datos en el momento actual de coadministración con meningitis C. En la coadministración, se ha comprobado un aumento de la incidencia de fiebre en lactantes (entre el 69-79% presentan fiebre >38ºC) cuando Bexsero® se administra simultáneamente con vacunas habituales, motivo por el cual se recomienda, en estos casos, la administración de paracetamol de forma profiláctica(6,16,17). No se ha estudiado el efecto de ibuprofeno sobre la respuesta inmune. Se ha sugerido una pauta de paracetamol profiláctico de 3 dosis, adecuadas al peso, administradas antes o en el momento de la vacunación y 2 dosis posteriores con 6 horas de intervalo. La administración de paracetamol profiláctico no interfiere con la imunogenicidad de la vacuna. Recientemente, el Comité Asesor de Vacunas de la AEP emitió un documento recomendando la administración de la vacuna separada de las vacunas de calendario a los 3, 5, 7 meses o con un intervalo de, al menos, 2 semanas respecto de las vacunas habituales. En este caso, el uso rutinario de paracetamol no sería necesario, pero puede administrarse. En el segundo año de vida, se aconseja que su administración no coincida con la vacuna frente a meningococo C por no disponerse de datos de coadministración.

Inmunogenicidad y efectividad

Para enfermedades infrecuentes como la EMI, con incidencias en el rango 0,5 a 5 x 100.000 hab., los estudios de eficacia son inviables, dado el elevado número de pacientes requerido, aceptándose como correlato de protección, la actividad bactericida del suero (serum bactericidal activity [SBA]) para obtener la aprobación de comercialización. La vacuna 4CMenB ha demostrado ser inmunógena en estudios efectuados en niños, adolescentes y adultos, induciendo anticuerpos dirigidos a los 4 antígenos que contiene y que son bactericidas para las cepas que expresan, al menos, uno de ellos(19-21).

La efectividad de la vacuna 4CMenB dependerá en buena medida de la presencia de los antígenos para los que la vacuna está diseñada, en las cepas de Neisseria meningitidis serogrupo B circulantes en un país o región. Las cepas de MenB, mediante un proceso de regulación genética, pueden variar el nivel de expresión de los antígenos de superficie a los que la vacuna va dirigida.

El sistema MATS (Meningococcal Antigen Typing System) permite predecir si una cepa determinada de meningococo puede ser eliminada por la vacuna 4CMenB al detectar mediante un ELISA específico para cada uno de los antígenos presentes en la vacuna, las cepas que expresan dichos antígenos. Según este sistema, la vacuna protegería frente al 78% de las cepas circulantes en la UE con diferencias ente países (España 69%; Italia 87%)(22).

La predicción del sistema MATS permite analizar la potencial cobertura de la vacuna frente a las cepas circulantes, pero es probable que la cobertura real pueda ser algo mayor, aspecto en el que coinciden diversos autores.

La inmunidad de grupo es otro factor de gran importancia para valorar el impacto real que esta vacuna tendrá sobre una población vacunada de forma sistemática. Datos preliminares indican que la vacuna modifica el estado de portador, pero hasta que no se utilice de forma sistemática en un programa de vacunas no será posible constatar el efecto de inmunidad de grupo(19-21).

Contraindicaciones y precauciones

No hay datos sobre el uso de esta vacuna en mayores de 50 años ni en pacientes inmunodeprimidos, pero no son esperables problemas(16).

El tapón de la jeringa puede contener látex, por lo que debe tenerse en cuenta en personas con hipersensibilidad conocida al látex.

Efectos adversos

La reactogenicidad local más frecuente es el dolor (49%) en el sitio de inyección, de inicio pocas horas después de la vacunación y con una duración de hasta 3 días.

Entre los efectos adversos sistémicos, destaca por su relevancia la aparición de fiebre elevada, especialmente en niños menores de 2 años. Este efecto es aún mayor cuando la vacuna 4CMenB se co-administra con otras vacunas. Se recomienda, por lo tanto, la administración profiláctica de paracetamol (15 mg/kg/dosis) en cada dosis de la vacuna. Algunos autoridades sanitarias recomiendan administrar la primera dosis 30 minutos antes de la vacunación o lo más pronto posible después de la misma, administrando posteriormente otras 2 dosis con intervalo de 4-6 horas.

Las reacciones adversas no febriles más frecuentes fueron el malestar general (56%) y la cefalea.

Nota: A fecha de redacción de este manuscrito están en desarrollo otras vacunas de proteínas de membrana frente a MenB. Una de ellas contiene como antígeno una lipoproteína recombinante denominada rLP2806, desarrollada por Pfizer, incluyendo las dos variantes antigénicas existentes (subfamilias A y B) y corresponde a la proteína fHbp que expresan la mayoría de las cepas de MenB. Esta vacuna fue aprobada en Estados Unidos por la FDA en 2014 para su administración a individuos entre 10 y 25 años de edad. Su nombre comercial es Trumemba®

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria es una pieza clave en la promoción de la vacunación, una de las actividades preventivas más eficientes. El conocimiento y adecuado manejo de las diferentes vacunas preventivas frente a la EMI es, por lo tanto, fundamental. Las vacunas conjugadas tetravalentes y la vacuna multicomponente frente al meningococo serogrupo B, requieren, al no estar aún incluidas el calendario sistemático financiado públicamente, una especial atención por parte del pediatra para poder recomendarlas adecuadamente.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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6. Fichas técnicas de Menjugate Kit®, NeisVac-C®, Menveo®, Nimenrix® Bexero®. Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Disponible en: http://vacunasaep.org/profesionales/fichas-tecnicas-vacunas/resultados?diseases=12542.

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13. The Joint Committee on Vaccination and Immunisation. Meningococcal group W (MenW) immunisation advised for 14 to 18 year-olds. Disponible en: https://www.gov.uk/government/news/meningococcal-group-w-menw-immunisation-advised-for-14-to-18-year-olds.

14. Ishola D, Andrews N, Waight P, Yung CF, Southern J, Bai X, et al. Randomized Trial to Compare the Immunogenicity and Safety of a CRM or TT Conjugated Quadrivalent Meningococcal Vaccine in Teenagers who Received a CRM or TT Conjugated Serogroup C Vaccine at Preschool Age. Pediatr Infect Dis J. 2015; 34: 865-74. doi: 10.1097/INF.0000000000000750.

15.* Findlow H, Borrow R, Inmmunogenicity and safety of meningococcal serogroup A,C,Y y W glycocongutate vaccine ACWY-TT. Adv Ther. 2013; 30: 431-58.

16. European Medicines Agency. Bexsero-Meningococcal group B Vaccine (rDNA, component, adsorbed). EMA/CHMP/669278/2012. Disponible a: http://www.ema.europa.eu/ema/index.jsp?curl=pages/medicines/human/medicines/002333/human_med_001614.jsp&mid=WC0b01ac058001d124.

17.*** Grupo de Trabajo Men B. “Vacuna frente a enfermedad meningocócica invasora por el serogrupo B y su posible utilización en Salud Pública”. Ponencia de Programas y Registro de Vacunaciones. Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2013. Disponible en: http://www.msssi.gob.es/profesionales/saludPublica/prevPromocion/vacunaciones/docs/MenB.pdf.

18. Grupo de Trabajo “Uso de 4MenB en situacions especiales”. Recomendaciones de utilización de la vacuna frente a enfermedad meningocócica por serogrupo b. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. 2014. Disponible en: http://www.msssi.gob.es/profesionales/saludPublica/prevPromocion/vacunaciones/docs/MenB_situacEspeciales.pdf.

19.*** O’Ryan M, Stoddard J, Toneatto D, Wassil J, Dull PM. A multi-component meningococcal serogroup B vaccines (4CMenB): The clinical development program. Drugs. 2014; 74: 15-30.

20.** Gossger N, Snape MD, Yu LM, Finn A, Bona G, Esposito S, et al. Immunogenicity and tolerability of recombinant serogroup B meningococcal vaccines administered with or without routine infant vaccinations according to different immunization schedules: a randomized controlled trial. JAMA. 2012; 307: 573-82.

21.** Vesikari T, Esposito S, Prymula R, Ypma E, Kohl I, Toneatto D, et al. Immunogenicity and safety of an investigational multicomponent, recombinant, meningococcal serogroup B vaccines (4CMenB) administered concomitantly with routine infant and child vaccinations: Results of two randomised trials. Lancet. 2013; 381: 825-35.

22.** Vogel U, Taha MK, Vazquez JA, Findlow J, Claus H, Stefanelli P, et al. Predicted strain coverage of a meningococcal multicomponent vaccine (4CMenB) in Europe: A qualitative and quantitative assesment. Lancet Infect Dis. 2013; 13: 416-25.

Bibliografía recomendada

Borrow R. Advances with vaccination against Neisseria meningitidis. Trop Med Int Health. 2012; 17: 1478-91. doi:10.1111/j.1365-3156.2012.03085.x

Un detallado repaso a los avances en vacunación contra Neisseria meningitidis. Un trabajo muy didáctico que incluye una extensa bibliografía. Esencial para comprender las vacunas disponibles.

Nadel S. Prospects for eradication of meningococcal disease. Arch Dis Child. 2012; 97: 993-998. doi:10.1136/archdischild-2012-302036.

Una revisión que abarca desde la epidemiología de la enfermedad a las distintas vacunas disponibles, con especial atención al problema del meningococo serogrupo B y las líneas actuales de investigación.

– Grupo de Trabajo MenCC 2012, de la Ponencia de Programas y Registro de Vacunaciones. Revisión de la pauta de vacunación frente a enfermedad meningocócica por serogrupo C. Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2013.

Extenso documento realizado por los técnicos de salud de las distintas comunidades. Constituye el documento oficial en relación a las recomendaciones de vacunación frente a la meningitis serogrupo C.

ACIP. Prevention and Control of Meningococcal Disease: Recommendations of the Advisory Committee on Immunization Practices (ACIP). MMWR. 2013; 62(RR02): 1-22.

Con la claridad habitual de los documentos del ACIP de los CDC, este documento sintetiza todo la información relativa a las vacunas meningocócicas disponibles en 2013 en Estados Unidos. La única limitación a puntualizar es que, en algún caso, las recomendaciones europeas difieren de las indicadas en este documento.

– Grupo de Trabajo Men B. “Vacuna frente a enfermedad meningocócica invasora por el serogrupo B y su posible utilización en Salud Pública”. Ponencia de Programas y Registro de Vacunaciones. Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2013.

Documento oficial del Ministerio de Sanidad que analiza de forma detallada la carga de enfermedad en nuestro país, la historia de las vacunas frente a meningococo serogrupo B y las recomendaciones emitidas en su momento. Destacar que, recientemente, la vacuna ha dejado de ser de uso hospitalario como recomendó la ponencia en su momento.

O’Ryan M, Stoddard J, Toneatto D, Wassil J, Dull PM. A multi-component meningococcal serogroup B vaccines (4CMenB): The clinical development program. Drugs. 2014; 74: 15-30.

Este excelente documento de revisión explica con detalle todo el desarrollo clínico de la vacuna multicomponente 4CMenB, haciendo especial hincapié en los estudios pivotales en base a los que fue aprobada.

Vacunas conjugadas frente a neumococo

J. Ruiz Contreras
Temas de FC


J. Ruiz Contreras

Jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid. Profesor Titular de Pediatría de la Universidad Complutense. Miembro del Comité Asesor de Vacunas de la AEP y del Comité Asesor de la Comunidad de Madrid

 

Resumen

Las vacunas neumocócicas conjugadas (VNC) han supuesto un hito en la prevención de las enfermedades neumocócicas. Son capaces de inducir memoria inmunológica e inmunidad en las mucosas, reduciendo la colonización nasofaríngea por los serotipos contenidos en la vacuna en los niños vacunados. Este hecho es fundamental, ya que se disminuye la transmisión de la bacteria a otras personas, que de forma indirecta quedan protegidas (inmunidad de grupo o de rebaño). Se ha estimado que la protección indirecta evita el doble de casos de enfermedad neumocócica que la protección directa en las personas vacunadas. Las VNC tienen un gran impacto en la población disminuyendo significativamente todas las formas de enfermedad neumocócica invasora (ENI). La efectividad frente a las formas no invasoras como neumonía, otitis media aguda y sinusitis es menor que frente a la ENI, pero supone una marcada reducción de: hospitalizaciones por neumonía, visitas médicas, uso de antibióticos y costo económico. Adicionalmente, la inmunidad de grupo frente a la neumonía evita un gran número de muertes asociadas a esta entidad en los adultos. Por último, la eliminación de la nasofaringe de algunos serotipos neumocócicos ha dado lugar a un descenso de las resistencias a antibióticos.

 

Abstract

Pneumococcal conjugate vaccines (PCVs) represent a milestone in the prevention of pneumococcal disease. They induce immunological memory and mucosal immunity, thereby reducing nasopharyngeal colonization by pneumococci serotypes contained in the vaccine. This is a crucial fact, since non-vaccinated people are also protected as a consequence of a decreased transmission of this bacterium (herd immunity). PCVs significantly reduce the burden of invasive pneumococcal disease (IPD) in general population. PCVs effectivity against non-invasive pneumococcal such as pneumonia and acute otitis media (AOM) is lower than effectivity against IPD, but universal vaccination with PCVs causes a marked decrease of pneumonia associated hospitalizations, outpatient medical visits, antibiotic consumption and economic costs. Besides, herd protection against pneumonia avoids a great number of pneumonia associated deaths in adults. Finally, removal of some pneumococcal serotypes from nasopharynx has caused a decline of pneumococcal antibiotic resistance.

 

Palabras clave: Infecciones neumocócicas; Enfermedades neumocócicas invasivas; Vacunas neumocócicas conjugadas; Inmunidad de grupo; Colonización nasofaríngea

Key words: Pneumococcal infections; Invasive pneumococcal infections; Pneumococcal conjugate vaccines; Herd immunity; Nasopharyngeal colonization

 

Pediatr Integral 2015; XIX (10): 676-683


Vacunas conjugadas frente a neumococo

Introducción

Streptococcus pneumoniae o neumococo es un coco grampositivo, que forma cadenas cortas, del que se conocen, actualmente, 92 serotipos que difieren según la estructura de su cápsula de polisacáridos. Esta bacteria produce dos grupos de enfermedades: la enfermedad invasora (meningitis, bacteriemia, sepsis, neumonía bacteriémica, empiema, artritis y otras), definida, como el aislamiento de neumococo desde sitios del organismo que normalmente son estériles; y la enfermedad no invasora (otitis, neumonía no bacteriémica y sinusitis). Las infecciones invasoras son casi siempre graves, pero mucho menos frecuentes que las infecciones no invasoras, que, sin embargo, suponen un elevado consumo de antibióticos –con el consiguiente impacto en la selección de resistencias bacterianas–, un número significativo de visitas médicas y, como consecuencia, un costo económico alto.

En los países desarrollados, las infecciones neumocócicas afectan, sobre todo, a las edades extremas de la vida. En los dos primeros años de edad, la incidencia de las infecciones neumocócicas es mayor que en cualquier otra época de la vida, probablemente por la inmadurez del sistema inmunológico. Sin embargo, la letalidad es relativamente baja y se asocia casi exclusivamente a la meningitis. Por el contrario, en los adultos, la mortalidad se debe, sobre todo, a neumonía y alcanza cifras cercanas al 20% en adultos mayores de 85 años.

En los países pobres, acontecen más de 150 millones de episodios de neumonías infantiles cada año y unos 2 millones de niños fallecen cada año por esta causa. La OMS ha estimado que un millón de niños muere por neumonía neumocócica cada año en los países en vías de desarrollo.

Epidemiología

La colonización nasofaríngea de los niños por el neumococo juega un papel central en la epidemiología de las infecciones neumocócicas, ya que es el único reservorio y el punto de partida de la infección. Para que una vacuna neumocócica sea capaz de inducir inmunidad de grupo o de rebaño es necesario que reduzca la colonización nasofaríngea por los serotipos vacunales.

En los primeros meses de vida, se inicia la colonización nasofaríngea por diferentes bacterias, entre ellas neumococo(1) , fenómeno que alcanza el nadir hacia los tres años de edad. Un porcentaje variable, que oscila entre el 30% y el 90% de los niños menores de 4 años, está colonizado de forma asintomática por el neumococo(2,3) . Entre los factores que incrementan la colonización nasofaríngea, se cuentan: el hacinamiento, la existencia de muchos hermanos en la familia, la renta baja, el tabaquismo activo o pasivo, la asistencia a guardería y la ausencia de lactancia materna(1,2) .

La colonización nasofaríngea juega un papel determinante en la epidemiología de las infecciones neumocócicas, ya que es el único reservorio de la bacteria y el primer paso para el desarrollo de enfermedad(1,2) . La infección a partir de la colonización se ve favorecida cuando hay inflamación de la mucosa nasofaríngea, con aumento de interleucina 1 y factor de necrosis tumoral alfa (TNFα), como sucede en las infecciones víricas de las vías respiratorias. La colonización facilita, además, la selección de resistencias bacterianas cuando las bacterias de la nasofaringe reciben la exposición a los tratamientos antibióticos, y contribuye a la diseminación de las cepas resistentes en la comunidad(1,2) .

Antes del advenimiento de las vacunas neumocócicas, el 80% de las resistencias se debía a los llamados serotipos pediátricos: 6B, 6A, 9V, 14, 19A, 19F y 23F(2,4) , que son eficaces colonizadores de las vías respiratorias altas. Los serotipos que casi nunca colonizan la nasofaringe, como el 1 y el 5, a pesar de poseer una capacidad invasiva elevada, son susceptibles a penicilina, lo que demuestra el papel de la colonización nasofaríngea en la selección de resistencias a antibióticos.

El estado de portador nasofaríngeo representa, además, la conexión entre la enfermedad neumocócica del niño y los adultos a través de la transmisión intrafamiliar. Los adultos que conviven con niños están colonizados por neumococo con más frecuencia que aquellos que no tienen niños en su domicilio. La importancia de los niños como reservorio del neumococo queda reflejada en el hecho de que la convivencia con un niño que asiste a guardería es un factor de riesgo de enfermedad neumocócica invasora (ENI) en los adultos.

De todo lo anterior, se deduce que para que una vacuna neumocócica tenga un impacto relevante en las infecciones neumocócicas de la comunidad, debe ser capaz de reducir la colonización por los serotipos patógenos, lo que se traduce en una disminución del reservorio y de la transmisión y, en definitiva, en la protección de las personas no vacunadas (inmunidad de grupo o de rebaño).

Vacunas neumocócicas

Todas las vacunas neumocócicas contienen los polisacáridos capsulares de los neumococos frente a los que se quiere inmunizar e inducen anticuerpos anti-polisacáridos específicos que protegen frente a la infección. En las vacunas neumocócicas conjugadas, el polisacárido se une a un transportador proteico para que sea capaz de inducir memoria inmunológica y respuestas humorales secundarias.

La resistencia a la infección por bacterias que contienen una cápsula de polisacáridos (neumococo, Haemophilus influenzae tipo b, meningococo y otras) depende del desarrollo de anticuerpos específicos antipolisacáridos, que favorecen la opsonofagocitosis de la bacteria. La mayor incidencia de las infecciones neumocócicas en los lactantes menores de 2 años está en relación con su inmadurez fisiológica para responder a los antígenos polisacáridos.

Todas las vacunas neumocócicas desarrolladas hasta el momento se han basado en utilizar como antígenos los polisacáridos capsulares para inducir anticuerpos específicos en el suero. A través de diferentes estudios poblacionales, la OMS ha determinado que un dintel de 0,35 µg/ml de IgG específica frente a los polisacáridos capsulares en el suero significa protección frente a la enfermedad neumocócica invasora (ENI). Sin embargo, algunos estudios recientes han demostrado que hay serotipos como el 3 y el 19A, que necesitan títulos más altos, mientras que para otros serotipos son suficientes títulos más bajos.

Desde el punto de vista estructural, existen dos tipos de vacunas frente a neumococo: las que contienen los polisacáridos puros y las que contienen los polisacáridos capsulares conjugados a un carrier o transportador proteico (Tabla I).

Los polisacáridos son antígenos T-independientes; esto es, en su reconocimiento no intervienen las células T, lo que supone que no generan memoria inmunológica ni respuestas secundarias de anticuerpos. Además, son poco inmunógenos por debajo de los dos años de edad, cuando la capacidad para responder a este tipo de antígenos no se ha desarrollado de forma completa. Por otra parte, la administración repetida de vacunas de polisacáridos puros da lugar a una respuesta menor de anticuerpos a medida que aumenta el número de dosis administradas (tolerancia), aunque este fenómeno ha sido cuestionado recientemente.

En las vacunas conjugadas (Tabla I), el polisacárido capsular se conjuga con una proteína, lo que condiciona que aquél se convierta en un antígeno T-dependiente. Esto se traduce en la inducción de memoria inmunológica y respuestas secundarias de anticuerpos (mucho más rápidas, con títulos mucho más elevados y con mayor avidez por el antígeno que las respuestas primarias). Además, las vacunas conjugadas son inmunógenas desde los primeros meses de vida y, lo que es primordial, generan inmunidad en las mucosas, reduciendo la colonización nasofaríngea.

En la actualidad, existe en nuestro país una sola vacuna de polisacáridos puros (VNP23) y 2 vacunas conjugadas: la decavalente (VNC10) y la tridecavalente (VNC13), toda vez que la vacuna neumocócica conjugada heptavalente (VNC7) ha sido abandonada en beneficio de las anteriores.

Vacuna neumocócica de 23 polisacáridos puros (VNP23)

La VNP23 no afecta a la colonización nasofaríngea y, por tanto, no induce inmunidad de grupo.

Esta vacuna contiene los polisacáridos capsulares de los 23 serotipos que en su conjunto producen alrededor del 80% de las infecciones neumocócicas invasoras del adulto.

Inmunogenicidad. En casi todos los sujetos vacunados, se produce un incremento de los títulos de anticuerpos frente a los polisacáridos capsulares, aunque en algunos serotipos, como el 19F el 23F y el 3, pueden ser insuficientes. En la mayoría de los casos en los que esta vacuna está indicada, solo se administra una dosis o a lo sumo dos (esto último, sobre todo, en pacientes inmunodeprimidos), con los intervalos que se indican más adelante. Más de dos dosis podrían dar lugar al fenómeno de “tolerancia”. La inmunogenicidad y la capacidad funcional de los anticuerpos tras la vacunación con la VNP23 es notablemente menor en las personas inmunodeprimidas, con enfermedades subyacentes y en los niños menores de 2 años.

Un dato que merece la pena mencionar es que esta vacuna no induce inmunidad en las mucosas, lo que condiciona que no afecte a la colonización nasofaríngea. Esto explica la menor efectividad de la vacuna, especialmente frente a las formas no invasoras y la incapacidad de la misma para inducir inmunidad de grupo o de rebaño.

No se dispone de mucha información sobre la inmunogencicidad de la VNP23 en niños que han sido vacunados previamente con la VNC10 o la VNC13, pero en niños previamente vacunados con la VNC7 es capaz de inducir respuestas de memoria.

Eficacia y efectividad. No hay consenso sobre la efectividad de la VNP23. En los pacientes inmunodeprimidos o con asplenia, cuyas pautas de vacunación antineumocócica incluyen esta vacuna, no se ha demostrado eficacia frente a la enfermedad neumocócica invasora o frente a la neumonía. Tampoco en las personas mayores de 65 o adultos con enfermedades crónicas, la VNP23 ha demostrado protección frente a la neumonía neumocócica o frente a la neumonía de todas las causas(5) . Sin embargo, su eficacia para reducir la ENI es evidente. Una revisión de la Cochrane ha demostrado que previene el 74% de los casos de ENI y casi la mitad de las neumonías de todas las causas en los países en vías de desarrollo, pero no en los desarrollados, sin que tenga ningún efecto en la mortalidad(5,6) . Sin embargo, estos efectos son menos claros si solo se analizan los estudios controlados y aleatorizados de la misma revisión. Por último, otros estudios, por el contrario, han demostrado una reducción del 40% de la neumonía neumocócica y del 60% de las muertes asociadas a neumonía.

Vacunas conjugadas frente a neumococo: neumocócica conjugada heptavalente (VNC7), neumocócica decavalente (VNC10) y neumocócica trecevalente (VNC13)

Inmunogenicidad

Como se ha dicho más arriba, el dintel de anticuerpos IgG frente a los polisacáridos capsulares que define la protección global frente a la infección neumocócica invasora es 0,35 µg/ml, aunque varían de unos serotipos a otros.

Los dinteles protectores frente a la neumonía y la OMA son notablemente más altos, aunque no están tan bien definidos como en la ENI. Esto significa que un individuo bien vacunado puede estar protegido frente a la ENI y, sin embargo, ser susceptible a las formas no invasoras de la enfermedad. Por último, los niveles de anticuerpos en suero necesarios para reducir la colonización nasofaríngea son todavía más altos, incluso decenas de veces superiores. En cualquier caso, la reducción de la colonización nasofaríngea está más directamente relacionada con la inmunidad de mucosas, representada por la IgA e IgG de la saliva, que aumentan, sobre todo, tras las dosis de refuerzo de las vacunas.

Después de dos dosis de cualquiera de las tres vacunas conjugadas, la mayoría de los lactantes alcanza concentraciones de anticuerpos anti-polisacáridos ≥ 0,35 µg/ml para todos los serotipos, excepto para el 6B y el 23F, para los que no se logra alcanzar el dintel protector en un 20%-45% de los niños. Esto justifica que algunos niños, en ausencia de vacunación universal y, por ende, de la protección de rebaño, padezcan infecciones por estos serotipos, incluso después de haber recibido dos dosis de la vacuna. Después de una tercera dosis o la dosis de refuerzo, los niveles de todos los serotipos, incluidos el 6B y 23F, superan varias veces los niveles protectores.

El serotipo 3 es también menos inmunógeno que otros serotipos, lo que, unido a una necesidad de un mayor dintel protector de anticuerpos, explica la menor efectividad de las vacunas conjugadas frente a él.

No existen estudios que comparen directamente la inmunogenicidad de la VNC10 y VCN13, ya que la aprobación y licencia de ambas se han basado en estudios comparativos con la PCV7. Sin embargo, estos estudios muestran, por lo general, que la media geométrica de los títulos de anticuerpos frente a los 7 serotipos comunes en las tres vacunas es más alta en los niños que reciben la VNC7 y la VNC13, que en aquellos que reciben la VNC10. Este hecho podría ser significativo en la protección frente a neumonía, OMA y en la reducción de la colonización nasofaríngea, para la que se necesitan títulos más altos que para la ENI. Un hallazgo característico es que la VNC13 produce títulos específicos de IgG más altos que la VNC7 frente al serotipo 19F, a pesar de que ambas vacunas contienen el polisacárido de este serotipo. Este hecho ha sido atribuido al diferente método de conjugación del serotipo 19F en ambas vacunas.

En general, la inmunogenicidad de las vacunas neumocócicas conjugadas es menor en los sujetos inmunodeprimidos y una proporción variable de ellos no alcanza el dintel de los títulos protectores.

Eficacia, efectividad e impacto poblacional

Las vacunas neumocócicas conjugadas han demostrado una extraordinaria efectividad frente a todas las formas de enfermedad neumocócica invasora (ENI). Aunque son menos efectivas frente a la neumonía y la otitis media aguda, dada la elevada frecuencia de estas entidades, las VNC tienen un gran impacto en la población.

Eficacia y efectividad de la VNC7

La extraordinaria efectividad de la VNC7 frente a los serotipos vacunales se ha traducido, en los países donde se ha incluido en los calendarios de vacunación, en una disminución de más del 95% en la incidencia de ENI producida por los serotipos vacunales y una reducción de la incidencia global de ENI (producida por cualquier serotipo) que ha oscilado entre el 45% y el 75%(2,7,8) . La efectividad final de la vacuna se ha basado no solo en su efecto directo en las personas vacunadas, sino en la protección indirecta en las personas no vacunadas de todas las edades, incluidas aquellas mayores de 65 años de edad, en las que las infecciones neumocócicas tienen una morbimortalidad muy elevada(7,8) . De hecho, hay evidencia de que la VNC7 ha evitado el doble de casos de ENI por el efecto de inmunidad de grupo que por la protección directa de las personas vacunadas. La protección es desigual para los distintos serotipos: más baja para los serotipos 19F y 6B.

La efectividad se ha extendido a todas las formas de ENI, aunque variando de unas a otras, dado los diferentes serotipos implicados en las distintas formas clínicas. En el caso de la meningitis, la efectividad final para reducir esta forma clínica producida por cualquier serotipo ha oscilado entre el 30% y el 50%; dado que, aunque la efectividad frente a los casos producidos por los serotipos vacunales es tan alta como el 73%, hay otros muchos serotipos implicados no contenidos en la vacuna(9) .

En los países subdesarrollados, la efectividad es menor: un 80% frente a ENI producida por serotipos vacunales y del 60% para la ENI causada por cualquier serotipo. También, es menor en las personas inmunodeprimidas.

El impacto de la VNC7 también ha sido muy notable en la enfermedad neumocócica no invasora, ya que previene el 6-9% de cualquier forma de otitis media (OMA) y un 20% de las otitis más graves que precisan tubos de timpanostomía(2) .

El impacto comunitario de la VNC7 en la neumonía ha sido mayor que el previsto por los estudios de eficacia. La reducción de las admisiones por neumonía neumocócica en niños menores de 2 años ha oscilado, dependiendo de los diferentes estudios, entre el 20% y el 65%. En esa misma edad, las hospitalizaciones por neumonía de cualquier causa han disminuido entre el 30% y el 50%. El mayor impacto poblacional de lo esperado según los estudios de eficacia, se debe a la inmunidad de grupo o de rebaño. En los EE.UU., se ha estimado que la VNC7 ha evitado 168.000 hospitalizaciones cada año en todas las edades, reducción que ha afectado a todas las edades, incluidos ancianos(10) .

Otro dato que podría explicar un impacto poblacional mayor que el esperado por la efectividad es que la VNC7 parece tener un efecto protector frente a neumonías víricas. Se ha postulado que, algunas veces, para que se produzca neumonía, es necesaria la coinfección simultánea por varios agentes. Por tanto, la protección de la VNC7 frente a neumococo podría evitar la neumonía por otros microorganismos.

La disminución de los casos de enfermedad neumocócica invasora o no invasora producida por los serotipos contenidos en esta vacuna se ha acompañado del aumento de enfermedad neumocócica por serotipos no vacunales, fundamentalmente los serotipos: 19A, 1, 7F, 12F, 22F, 24 F y 15 B/C 2. En Madrid, en 2007-2009, más de la mitad de los casos de ENI estaban producidos por los serotipos 1, 19A y 7F(11) . La emergencia de estos nuevos serotipos condujo al desarrollo de nuevas vacunas conjugadas que contienen un mayor número se serotipos.

Eficacia y efectividad de las nuevas vacunas conjugadas: VNC13 y VNC10

Enfermedad neumocócica invasora (ENI). No existen estudios de eficacia de ambas vacunas, que han sido aprobadas por las agencias según criterios inmunológicos de no inferioridad con respecto a la VNC7. Sin embargo, cada vez, van apareciendo más estudios sobre la efectividad y el impacto en las infecciones neumocócicas invasoras y no invasoras. Los estudios de ambas vacunas difieren no solo en que se han llevado a cabo en diferentes países con epidemiología dispar, sino que también la metodología ha sido distinta. La mayoría de los estudios sobre la VNC10 son estudios de casos o controles y de efectividad, mientras que los estudios sobre la VNC13 son estudios de impacto poblacional. Estos hechos dificultan la comparación del impacto comunitario de ambas vacunas.

En todos los países donde se ha utilizada la VNC13, se ha producido una marcada reducción de la ENI por cualquier serotipo, que oscila entre el 30 y el 50%, siendo más alta en los niños vacunados o en edades cercanas a la vacunación. La reducción de los casos de ENI causada por los serotipos de la VNC13 no contenidos en la VNC7 (1, 5, 19A, 7F, 3 y 6A) oscila entre el 60% y más del 70%. La efectividad frente al serotipo 19A ha sido superior al 70%, en todos los estudios. La reducción de los casos de ENI se produce en todas edades, incluidos los adultos mayores de 65 años, lo que demuestra que esta vacuna produce inmunidad de grupo para todos sus serotipos, incluidos los serotipos 19A y 7F, a cuyo descenso se debe, en gran medida, la caída de ENI tras el uso de esta vacuna(2,12,13) . Se ha estimado que en los EE.UU., después de 3 años de la introducción de la VNC13, se han evitado 30.000 casos de ENI (20.000 de ellos en adultos no vacunados) y 3.000 muertes, 75% de ellas en adultos. La efectividad de la VNC13 frente al serotipo 3 es controvertida y varía de unos estudios a otros(12,13) .

También varía el fenómeno de reemplazamiento o emergencia de nuevos serotipos en la ENI. En algunos países como los EE.UU., no se ha constatado aumento evidente de serotipos no vacunales(12) , pero en otros, como el Reino Unido, es evidente(13) . En cualquier caso, el efecto neto sobre la reducción global de ENI por la VNC13 es, hasta ahora, muy marcado, independientemente de que el fenómeno de emergencia de nuevos serotipos esté o no presente.

En Madrid, se inició la vacunación universal con la VNC13 en el calendario sistemático en junio de 2010, con pauta 2+1, sustituyendo a la pauta 3+1 con la VNC7. Pese a que en julio de 2012 se suspendió la vacunación universal con VNC13, la disminución de la incidencia de ENI ha continuado hasta alcanzar un 68% y un 84%, respectivamente, con respecto al periodo anterior al uso de esta vacuna. La reducción de la incidencia de los serotipos 1, 19A y 7F ha sido del 81%, 95% y 86%, respectivamente. La protección se ha extendido a los niños no vacunados, lo que demuestra que la vacuna induce protección de grupo. Es interesante remarcar que, durante el periodo VNC13, no se ha producido incremento significativo de serotipos no-VNC13. La VNC13 proporciona en el momento actual la mejor cobertura de todas las vacunas conjugadas en nuestro medio.

La información sobre el impacto poblacional de la VNC10 es más escasa, ya que la mayoría de los estudios realizados con esta vacuna son estudios de efectividad. Los diferentes trabajos muestran que la efectividad oscila entre más del 80% y el 100% frente a la ENI por serotipos vacunales y del 65-80% frente a la ENI producida por cualquier serotipo. En los niños con edades cercanas a la edad de vacunación, existe inmunidad de grupo frente a los serotipos vacunales, pero hay escasa información sobre la inmunidad de grupo en los adultos. Los niños vacunados tienen un alto grado de protección frente al 19A, pero esta protección parece mantenerse solo durante un corto espacio de tiempo(14-16) . El seguimiento de los casos de ENI por los Servicios de Salud Pública en Finlandia, donde se utiliza la VNC10, demuestra claramente estos hechos, ya que más allá de los 5 años, se constata un aumento de los casos de ENI por 19A que es muy marcado en los adultos de todas las edades. También aumenta de forma significativa el serotipo 3.

Enfermedades neumocócicas no invasoras: neumonía y otitis media aguda. Ambas vacunas conjugadas protegen frente a la neumonía, aunque las diferencias en la metodología de los estudios y en la epidemiología de los países donde se han llevado a cabo impiden una comparación precisa.

La VNC13 disminuye la incidencia de neumonía en los niños vacunados entre un 25% y un 40%, y reduce las hospitalizaciones por neumonía no solo en los niños vacunados, sino también, en los no vacunados y en los adultos de todas las edades(17,18) .

El impacto de la VNC10 sobre la neumonía también se basa más en estudios de efectividad que en estudios de impacto poblacional. En general, en los niños vacunados disminuye la incidencia de neumonía entre el 20 y el 30%(16,19) . Sin embargo, existen pocos datos en cuanto al impacto de la VNC10 en la incidencia de neumonía en los adultos no vacunados. En el único estudio en que se comparan directamente la VNC10 y la VNC13, en diferentes regiones de Suecia en las que utilizan una u otra vacuna, la eficacia frente a la neumonía fue mayor con la VNC13. Los autores atribuyen este hecho a la cobertura frente los serotipos 19A y 3, contenidos en esta última vacuna(20) .

Ambas vacunas conjugadas disminuyen la incidencia de OMA por cualquier etiología entre un 6% y un 15%. El impacto en la comunidad puede ser, sin embargo, mucho mayor que el anticipado por los estudios de eficacia, ya que al evitar un primer episodio de OMA en lactantes pequeños, se reduce el riesgo de episodios ulteriores. En un estudio llevado a cabo en Israel, la VNC13 redujo la incidencia de OMA neumocócica y de OMA por cualquier causa, un 77% y un 60%, respectivamente en niños menores de 2 años que necesitaron drenaje y cultivo, y prácticamente eliminó todos los casos de OMA por los serotipos contenidos en la vacuna(21) .

Colonización nasofaríngea(22-24)

La reducción de la colonización nasofaríngea frente a los serotipos vacunales es el pilar sobre el que asienta la inmunidad de grupo. La reducción de la colonización nasofaríngea por el serotipo 19A ha dado lugar a una disminución de las resistencias bacterianas de neumococo.

Ambas vacunas reducen en los niños vacunados la colonización por los serotipos que contiene. Numerosos estudios han demostrado la reducción de la colonización nasofaríngea por los serotipos: 6A, 7F, 19A y 19F en los niños vacunados con la VNC13 en comparación con la VNC7. La reducción del 19F parece deberse a una mayor inmunogenicidad de este serotipo en la VNC13 que en la VNC7, probablemente por el diferente método de conjugación del polisacárido capsular en ambas vacunas. Hay dudas en cuanto a la reducción de la colonización por el serotipo 3. La mayor reducción de las tasas de colonización se produce en el serotipo 19A, lo que explica la excelente efectividad que la VNC13 ha mostrado frente a este serotipo.
Por el contrario, la VNC10 no disminuye la tasa de colonización por el 19A, que por el contrario aumenta tras la vacunación con esta vacuna, lo que puede explicar su aumento como causa de ENI en algunos países donde se ha utilizado esta vacuna.

La reducción de la colonización en las personas no vacunadas (inmunidad de grupo) se consigue cuando se alcanzan coberturas vacunales superiores al 70% en los niños objeto de la vacunación, que sería la cobertura mínima necesaria si se quiere lograr el efecto de protección indirecta. No se sabe qué esquema vacunal logra mejor reducción de la colonización, pero parece ser que mantener la dosis de refuerzo es importante, aunque después de tres dosis de primovacunación también se produce.

Un beneficio adicional de la VNC13 es que al disminuir la colonización nasofaríngea por el serotipo 19A, que frecuentemente se asocia a multirresistencias a antibióticos y resistencia de alto nivel a cefotaxima, ha disminuido los casos de enfermedad neumocócica y no invasora producidos por cepas resistentes.

El nicho ecológico creado por la desaparición de estos serotipos en la nasofaringe es ocupado por otros serotipos no vacunales, que, sin embargo, hasta ahora, parecen tener menos capacidad invasiva que los serotipos eliminados.

Pautas de vacunación

En la vacunación universal, pueden utilizarse en pautas 3+1 o 2+1, pero fuera del marco de la vacunación sistemática no se deberían utilizar pautas 2+1. Los pacientes inmunodeprimidos necesitan pautas especiales que incluyen las vacunas conjugadas y la VNP23.

Las pautas 3+1 (tres dosis de primovacunación el primer año de vida y una dosis de recuerdo el segundo año) y 2+1 (dos dosis de primovacunación el primer año de vida y una dosis de recuerdo el segundo año) son de efectividad similar cuando se utilizan en las vacunaciones sistemáticas. No se recomiendan esquemas vacunales en los que se suprime la dosis de refuerzo, ya que los anticuerpos frente a los polisacáridos neumocócicos se detectan en la saliva, sobre todo, tras la dosis de refuerzo y esto parece relacionarse con la disminución de la colonización nasofaríngea, y, por ende, con la inmunidad de grupo.

Sin embargo, las pautas 2+1 no deberían utilizarse fuera del marco de la vacunación universal, ya que tras las dos primeras dosis de vacuna, un porcentaje relevante de niños no alcanza títulos protectores de anticuerpos frente a algunos serotipos, por lo que en ausencia de inmunidad de grupo, pueden sufrir infecciones neumocócicas por estos serotipos.

1. Vacunación de niños sanos. La vacunación universal es la forma más efectiva de prevención de las infecciones neumocócicas y es probable que, también, lo sea para proteger a los pacientes inmunodeprimidos cuya respuesta a las vacunas está comprometida. Dada la epidemiología de la enfermedad neumocócica en España, el Comité Asesor de Vacunas de la AEP recomienda la vacuna VNC13(25) , habiéndose optado por una pauta 2+1 comenzando la primovacunación a los 2 meses de edad.

2. Vacunación de niños inmunodeprimidos o con enfermedades subyacentes. Algunos niños tienen un riesgo elevado de padecer infecciones neumocócicas y tienen necesidades especiales de vacunación frente a este agente. En los niños menores de 5 años inmunodeprimidos o con asplenia, que constituyen el grupo con mayor riesgo de infecciones graves, se recomiendan pautas vacunales 3+1 con la VNC13 cuando se inicia la vacunación sistemática a los 2 meses de edad. Por otra parte, estos pacientes deberían recibir dos dosis de VNC13 si no han recibido, al menos, dos dosis de la misma el primer año de vida. Una vez completada la vacunación con VNC13, se recomienda ampliar la protección con dos dosis de la vacuna neumocócica de 23 polisacáridos (VNP23) (25,26) en todos los niños mayores de 2 años de edad. Como se expone más abajo, la primera dosis de VNP23 debe estar separada, al menos, 8 semanas de la segunda dosis de VNC13. La segunda (y última) dosis de VNP23 se administra 3-5 años después de la primera dosis de esta misma vacuna.

En los niños inmunodeprimidos o con asplenia, de 5-18 años de edad, que no han sido vacunados con la VNC13, se recomienda una dosis de esta vacuna y, posteriormente, dos dosis de la VNP23, tal y como ha sido expuesto anteriormente.

En los niños con situaciones de riesgo pero sin inmunodepresión (Tabla II), puede optarse por administrar el calendario de los niños sanos o preferiblemente el de los niños inmunodeprimidos.

En general, cuando se lleva a cabo una pauta vacunal que incluya la VNP23 y una de las nuevas vacunas conjugadas, es necesario contemplar unos intervalos mínimos de administración para interferir lo menos posible la inmunogenicidad de las vacunas. Independientemente de la edad, el Advisory Committee on Immunization Practices (ACIP) recomienda que, cuando se administra la VNC13 seguida de la VNP23 en personas inmunodeprimidas, con asplenia, con fístulas del LCR y con implantes cocleares, el intervalo mínimo entre ambas vacunas sea 8 semanas. En las personas sanas o con enfermedades crónicas sin inmunodepresión, de 65 o más años de edad, el intervalo mínimo recomendado es 1 año.

Cuando se ha recibido la VNP23 como primera vacuna, el intervalo mínimo para las personas mayores de 18 años, independientemente de si están sanas, inmunodeprimidas o padecen enfermedades crónicas, es un año. En los menores de 18 años, inmunodeprimidas, con asplenia, con fístulas del LCR y con implantes cocleares, el intervalo mínimo recomendado es 8 semanas.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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25.*** Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría. Neumococo. Manual de vacunas o en línea de la a AEP. http://vacunasaep.org/documentos/manual/cap-31#7 (acceso en enero de 2016).

26.*** Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Prevention of pneumococcal disease among infants and children – use of 13-valent pneumococcal conjugate vaccine and 23-valent pneumococcal polysaccharide vaccine. Recommendations of the Advisory Committee on Immunization Practices. MMWR. 2010; 59(RR-11); 1-18.

Bibliografía recomendada

Bogaert D, De Groot R, Hermans PWM. Streptococcus pneumoniae colonization: the key to pneumococcal disease. Lancet Infect Dis. 2004; 4: 144-54.

Excelente revisión sobre la colonización nasofaríngea por neumococo. Contiene figuras y esquemas muy ilustrativos.

Yildirim I, Shea KM, Pelton SI. Pneumococcal disease in the era of pneumococcal conjugate vaccine. Infect Dis Clin N Am. 2015; 29: 679-97.

Revisión completa y actualizada, que contiene toda la información necesaria sobre la epidemiología del neumococo y sobre las vacunas conjugadas.

Cohen R, Varon EDoit CSchlemmer CRomain OThollot F, et al. A 13 year survey of pneumococcal nasopharyngeal carriage in children with acute otitis media following PCV7 and PCV13 implementation. Vaccine. 2015; 33: 5118-26.

Los autores revisan los cambios en la colonización nasofaríngea en Francia desde la introducción de la vacunas conjugadas, en un periodo de tiempo que se extiende una década. Imprescindible para conocer el impacto poblacional de la VNC7 y la VNC13, y la inmunidad de grupo o de rebaño.

– Loughlin AN, Hsu K, Silverio AL, Marchan CD, Pelton SI. Direct and indirect effects of PCV13 on nasopharyngeal carriage of PCV13 unique pneumococcal serotypesin Massachusetts´children. Pediatr Infect Dis J. 2014: 33: 504-10.

Los autores muestran como, a medida que aumenta la cobertura vacunal con la VNC13, se reduce la colonización nasofaríngea por los serotipos vacunales en los niños no vacunados. A partir del 60% de cobertura, comienzan a reducirse también en los niños no vacunados y a partir del 70% de cobertura, la reducción de colonización nasofaríngea se iguala en los niños vacunados y los no vacunados, indicando que esta cobertura es la necesaria para mantener inmunidad de rebaño. El texto está complementado por figuras muy ilustrativas que ayudan a comprender el fenómeno.

– Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría. Neumococo. Manual de vacunas o en línea de la AEP. http://vacunasaep.org/documentos/manual/cap-31#7 (acceso en enero de 2016).

Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Prevention of pneumococcal disease among infants and children – use of 13-valent pneumococcal conjugate vaccine and 23-valent pneumococcal polysaccharide vaccine. Recommendations of the Advisory Committee on Immunization Practices. MMWR. 2010; 59(RR-11); 1-18.

Estos dos artículos contienen las recomendaciones del Comité Asesor de Vacunas y del ACIP sobre vacunación antineumocócica. En ellas, el lector puede encontrar cualquier información y resolver cualquier duda acerca de la vacunación frente a esta bacteria.

 

Caso clínico

 

Después de un accidente de tráfico, un niño de 17 años, tiene que ser esplenectomizado de urgencia. Una vez superada la convalecencia de la intervención quirúrgica, su médico, considerando el riesgo elevado de sepsis fulminante que la esplenectomía frente a neumococo conlleva, decide iniciar la vacunación frente al neumococo.

 

 

Vacunación del niño y adolescente en situaciones especiales

M. Campins Martí*, J.M. Valle T-Figueras**
Temas de FC


M. Campins Martí*, J.M. Valle T-Figueras**

*Jefe de servicio. Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología. Hospital Universitari Vall d’Hebron. Universidad Autónoma de Barcelona.
**Médico especialista en Pediatría. Máster en Infectología Pediátrica, Hospital Universitari Vall d’Hebron. Universidad Autónoma de Barcelona

 

Resumen

Existen situaciones especiales en que las recomendaciones y pautas de vacunación deben adaptarse a cada circunstancia. En este artículo, se revisan las recomendaciones, contraindicaciones y esquemas de vacunación indicados en la embarazada y en los recién nacidos prematuros. Así mismo, se exponen las recomendaciones de utilización de vacunas en la profilaxis postexposición a una enfermedad inmunoprevenible. Por último, se señalan las vacunas indicadas en los adultos que trabajan en contacto habitual con niños, como son los cuidadores de guardería y el personal sanitario de áreas pediátricas. Muchos de los aspectos tratados en el documento son un motivo frecuente de consulta en la práctica diaria, por lo que, además de la actualización del tema, se ha pretendido dar al lector unas pautas útiles.

 

Abstract

There are special situations where vaccination recommendations and guidelines should be adapted to each circumstance. In this article recommendations, contraindications and vaccination schedules indicated in pregnancy and preterm infants are reviewed. Likewise,
the recommendations for use of vaccines in postexposure prophylaxis for a vaccine-preventable disease are discussed. Finally, vaccines indicated in adults working in regular contact with children, such as child care caregivers and health-care workers of pediatric areas are listed. Many of the issues discussed in the paper are a frequent reason for consultation in daily practice, so in addition to updating the theme is intended to give the reader some useful guidelines.

 

Palabras clave: Vacunas; Inmunización; Embarazo; Prematuros; Profilaxis postexposición

Key words: Vaccines; Immunization; Pregnancy; Preterm infants; Postexposure prophylaxis

 

Pediatr Integral 2015; XIX (10): 717.e1-717.e8


Vacunación del niño y adolescente en situaciones especiales

Introducción

La inmunización en situaciones especiales incluye aquellas vacunaciones que, por distintos motivos, no pueden aplicarse siguiendo los programas establecidos en los calendarios de vacunación y se aplican de forma más individualizada.

Vacunación en el embarazo

Hay dos vacunas especialmente indicadas durante el embarazo (antigripal y tos ferina). Las vacunas atenuadas están contraindicadas, salvo en alguna situación excepcional.

La vacunación materna durante la gestación tiene varios objetivos:

• Proteger a la mujer de determinadas enfermedades inmunoprevenibles a las que esté expuesta, en especial a aquellas que se asocian a un mayor riesgo de complicaciones durante el embarazo.

• Disminuir la probabilidad de que la mujer contraiga la enfermedad y contagie al recién nacido o al lactante en los primeros meses de vida.

• Proteger al lactante durante los primeros meses de vida mediante la transmisión pasiva transplacentaria de anticuerpos al feto.

Los riesgos de la inmunización durante el embarazo son, en general, teóricos, con escasas evidencias científicas que indiquen efectos adversos en la madre, el embrión, el feto o el recién nacido(1,2). No obstante, tradicionalmente, se ha recomendado vacunar a la gestante solo si la probabilidad de exposición a la enfermedad es elevada, y si la infección se asocia a un riesgo alto de complicaciones para la embarazada, el feto o el recién nacido.

Las vacunas atenuadas están contraindicadas durante toda la gestación y en el mes previo a la misma, excepto en situaciones de alto riesgo de exposición (riesgo de enfermedad > riesgo de la vacuna)(3). Se incluyen dentro de este grupo las siguientes vacunas: triple vírica, varicela, vacuna frente al herpes zóster, vacuna antipoliomielítica oral, vacuna antigripal atenuada de administración intranasal, vacuna de la fiebre amarilla y BCG (Tabla I).

La vacunación inadvertida de mujeres embarazadas o que inicien la gestación en las 4 semanas siguientes a la administración de una vacuna atenuada, no es indicación de interrupción del embarazo(3). No hay ninguna contraindicación de inmunización con vacunas atenuadas a los convivientes o contactos de una gestante.

En general, las vacunas inactivadas y los toxoides pueden administrarse durante el embarazo, aunque siempre debe hacerse una correcta valoración riesgo/beneficio, ya que para algunas vacunas existen pocos datos sobre su utilización en embarazadas (p. ej.: vacuna frente al virus del papiloma humano, vacuna frente a la encefalitis japonesa…)(3).

Vacunas especialmente indicadas durante la gestación

Vacuna antigripal. La infección por el virus influenza durante la gestación, se asocia a un mayor riesgo de complicaciones cardiopulmonares y de hospitalización, en especial durante el segundo y tercer trimestre del embarazo(4). También se han descrito daños en el feto, como: retraso de crecimiento intrauterino, bajo peso al nacer y mayor riesgo de aborto espontáneo y de muerte fetal(5). Por estos motivos, la vacunación antigripal está indicada en todas las gestantes y en aquellas que lo estarán durante la temporada gripal, independientemente del trimestre de embarazo(3). Un beneficio adicional de la vacunación antigripal en la embarazada es la protección del recién nacido y del lactante durante los 6 primeros meses de vida(6).

Vacunación frente a la tos ferina. El padecimiento de la tos ferina durante la gestación no se asocia a un mayor riesgo de complicaciones para la madre ni para el feto. No obstante, la reemergencia reciente de la tos ferina y el aumento de casos de tos ferina grave en lactantes menores de 6 meses, que aún no han iniciado o completado la primovacunación, ha hecho que en muchos países se haya introducido la vacunación de la embarazada como estrategia adicional de prevención de esta infección(7). En febrero de 2014, Cataluña incorporó la vacuna dTpa en el calendario de vacunación de la embarazada(8) y, actualmente, se ha ampliado a otras CC.AA.

Se recomienda la administración de una dosis de vacuna dTpa durante el tercer trimestre de gestación, preferiblemente entre las semanas 27 y 36, para garantizar un nivel óptimo de anticuerpos a través de la placenta. Hay que administrar una dosis de vacuna en cada embarazo, independientemente del intervalo de tiempo transcurrido desde la dosis previa. Aquellas mujeres no vacunadas previamente frente al tétanos, con estado vacunal desconocido o con vacunación incompleta, deben iniciar o completar la primovacunación, usando la vacuna dTpa en una de las dosis, preferiblemente la que coincida con el último trimestre del embarazo(8).

Según datos recientes publicados en Reino Unido, donde se introdujo esta estrategia en 2012, la efectividad de la vacuna es del 91% para prevenir la tos ferina en los lactantes menores de 3 meses, si esta se administra antes de los 7 días previos al parto(9). No se han observado problemas de seguridad.

Vacunación en prematuros

Los recién nacidos prematuros deben ser vacunados a la misma edad cronológica que la recomendada en los recién nacidos a término, salvo algunas excepciones.

Los recién nacidos prematuros (RNP) (<37 semanas de gestación), independientemente del peso al nacimiento, deben ser vacunados a la misma edad cronológica y según las mismas pautas vacunales que los recién nacidos a término(3). Salvo en situaciones excepcionales, no hay que retrasar la edad de la vacunación.

Los RNP tienen una mayor susceptibilidad a las infecciones por diversas razones: inmadurez del sistema inmunitario, menores concentraciones de anticuerpos séricos (las IgG no alcanzan concentraciones similares a las de la madre hasta las 34 semanas) y descenso más precoz en los primeros meses de vida, desnutrición…

Aunque algunos estudios muestran que la producción de anticuerpos vacunales en el prematuro de muy bajo peso (<1.500 g) y en los de edad gestacional inferior a 29 semanas, es inferior a la del recién nacido a término, se alcanzan en general concentraciones protectoras a todos los antígenos vacunales, consiguiendo una inmunidad suficiente para prevenir la enfermedad al completar las dosis necesarias de la primovacunación(10,11).

La seguridad de las vacunas en los RNP es similar a la de los niños a término, aunque en los grandes prematuros (<1.000 g) pueden aparecer apneas, con o sin bradicardia, después de la administración de algunas vacunas (DTPw, DTPa-VPI-Hib-VHB). Si el niño ha presentado apneas en las 24 horas previas al inicio de la vacunación y tiene un peso inferior a 2.000 g, es recomendable su monitorización durante las 48 horas posteriores a la inmunización y, si se planea el alta, no debe vacunarse el mismo día, sino 48 o 72 horas antes(11).

La vacuna de la hepatitis B en los prematuros hijos de madre portadora del virus (HBsAg positivo) o con serología materna desconocida, es la única en la que se modifica la pauta de vacunación en función del peso del recién nacido (4 dosis en los recién nacidos con peso inferior a 2.000 g; pauta: 0, 1, 2 y 6 meses)(11) (Tabla II).

Los recién nacidos con peso <2.000 g. hijos de madre HBsAg negativo, pueden vacunarse a partir del mes de vida y según la pauta establecida en el calendario de vacunación sistemática infantil.

La vacuna de rotavirus se recomienda en RNP a partir de las 6 semanas de vida y tras el alta hospitalaria(12), dado que la infección por rotavirus puede ser más grave y la hospitalización más frecuente. Los RNP que permanecen ingresados en el momento de la vacunación no deben recibir esta vacuna dada la posibilidad de diseminación del virus en la unidad neonatal, ya que se trata de una vacuna de virus atenuados.

La vacuna antigripal está especialmente indicada a partir de los 6 meses de vida en los prematuros de edad gestacional inferior a 32 semanas y en aquellos con patología crónica(11). La pauta recomendada es de 2 dosis (0,25 ml) con un intervalo de 1 mes. Así mismo, los convivientes y cuidadores de estos niños deberían recibir anualmente la vacuna antigripal.

Los RNP (particularmente en <32 semanas) tienen más probabilidad de presentar una infección invasiva por Streptococcus pneumoniae que los RNT, por lo que esta vacuna está especialmente indicada(13).

Profilaxis postexposición con vacunas

Las enfermedades en las que se ha demostrado la efectividad de las vacunas, como profilaxis postexposición, solas o asociadas con inmunoglobulinas son las siguientes:

• Hepatitis víricas: hepatitis A y hepatitis B.

• Enfermedades exantemáticas: sarampión y varicela.

• Otras infecciones: tétanos, tos ferina y rabia.

Hay otras situaciones en las cuales pueden usarse las vacunas para el control de brotes epidémicos. En esta categoría, se incluyen las vacunas antimeningocócica, anti-Haemophilus influenzae tipo b, antidiftérica y antipoliomielítica.

Hepatitis A

La profilaxis postexposición es efectiva si se realiza en los 14 días siguientes a la exposición. Está indicada en contactos domiciliarios o sexuales susceptibles, guarderías y brotes de fuente común, con algunas particularidades en cada situación.

La profilaxis postexposición está indicada en las siguientes circunstancias(14):

• Entorno familiar: contactos domiciliarios y sexuales susceptibles.

• Guarderías:

- Los asistentes al centro (niños y cuidadores susceptibles), si se han producido uno o más casos de hepatitis A en el personal de la guardería o en los niños.

- Los asistentes al centro (niños y cuidadores susceptibles), si se han producido dos o más casos de hepatitis A en los contactos domiciliarios de los niños de la guardería. En los centros donde no hay niños incontinentes, la profilaxis se restringirá a los compañeros de la misma clase del caso índice.

- Los asistentes al centro (niños y cuidadores susceptibles) y todos los contactos domiciliarios susceptibles de los niños incontinentes, si hay casos de hepatitis A en tres o más familias de los niños del centro.

• Exposición a una fuente común (brote alimentario):

- Los consumidores susceptibles de alimentos manipulados por el caso índice, si la investigación epidemiológica indica riesgo de transmisión en un ámbito cerrado (escuela, hospital, cuartel…).

La profilaxis postexposición no se recomienda en las siguientes circunstancias:

• Contactos escolares de un único caso. Solamente se hará en los contactos personales, en caso de un brote en la escuela o en una clase.

• Personal sanitario expuesto a un paciente con hepatitis A: el cumplimiento riguroso de la higiene de manos antes y después del contacto con el paciente y la aplicación de las precauciones de aislamiento son las medidas de prevención más eficaces en esta situación.

La efectividad de la profilaxis postexposición con vacuna solo se ha demostrado si se administra en los primeros 14 días del contacto. La vacuna está indicada en niños inmunocompetentes a partir de los 12 meses de edad de edad (dos dosis, administradas con un intervalo de 6-12 meses). En niños menores de esta edad y en inmunodeprimidos, hay que administrar inmunoglobulina polivalente (0,02 ml/kg) por vía intramuscular.

Los niños que, al producirse el contacto, están en proceso de vacunación pueden considerarse inmunes si han recibido la primera dosis en un plazo de tiempo igual o superior a 15 días.

Hepatitis B

La profilaxis postexposición al virus de la hepatitis B debe realizarse con vacuna y con inmunoglobulina hiperinmune.

Hay que considerar cuatro formas de exposición o contacto con el virus de la hepatitis B:

1. Perinatal. La profilaxis postexposición del recién nacido hijo de madre HBsAg+ o cuyo estado serológico se desconozca, se debe realizar con una dosis de inmunoglobulina hiperinmune (0,5 ml) por vía intramuscular y la primera dosis de vacuna antihepatitis B en las primeras 12 horas de vida, y continuar posteriormente con las dos dosis restantes de vacuna (1 y 6 meses)(15). Los prematuros con un peso inferior a 2.000 g en el momento de la primera dosis de vacuna, deberán recibir una dosis adicional (1, 2 y 6 meses).

2. Sexual. En caso de abuso sexual o adolescentes que hayan tenido contacto sexual con un portador del virus o una persona con hepatitis B aguda, hay que administrar una dosis de inmunoglobulina hiperinmune (0,06 ml/kg; dosis máxima: 5 ml), preferiblemente en las primeras 24 horas o hasta un plazo máximo de 14 días después de la exposición, e iniciar la vacunación según la pauta estándar (tres dosis: 0, 1 y 6 meses)(14,15).

3. Percutánea (pinchazo accidental) o cutáneomucosa (salpicadura). La pauta a seguir en estos casos depende del estado de vacunación de la persona expuesta y de si se conoce o no la respuesta a la vacuna. En la tabla III, se exponen las indicaciones recomendadas en cada situación(14).

4. Familiar o domiciliario. Si el contacto familiar o domiciliario es un portador crónico del virus de la hepatitis B, debe vacunarse a todos los convivientes, con independencia de su edad(14,15). Por el contrario, si el familiar afecto padece una hepatitis B aguda, solo hay que realizar profilaxis en los siguientes casos:

• Niños menores de 12 meses no vacunados.

• Personas que hayan compartido objetos que puedan estar contaminados con sangre de la persona enferma (peine, cepillo de dientes, etc.).

La profilaxis consiste en una dosis de inmunoglobulina hiperinmune (0,06 ml/kg; dosis mínima: 0,5 ml; dosis máxima: 5 ml) e iniciar la vacunación (tres dosis: 0, 1 y 6 meses).

Varicela

La vacuna de la varicela en profilaxis postexposición se debe administrar preferiblemente en los tres días posteriores al contacto.

La vacuna de la varicela es útil como profilaxis postexposición, en los susceptibles, si se administra en los tres días posteriores al contacto (efectividad del 70 al 80%), aunque puede utilizarse hasta transcurridos cinco días(16). La pauta indicada es de dos dosis separadas por un intervalo mínimo de un mes. En los casos en que la vacunación esté contraindicada, deberá realizarse inmunización pasiva con inmunoglobulina polivalente o, si está disponible, con inmunoglobulina hiperinmune(14).

Sarampión

La profilaxis postexposición al sarampión es eficaz si se administra en los primeros tres días del contacto.

La profilaxis postexposición al sarampión es eficaz si se administra en los primeros tres días del contacto. El tipo de profilaxis recomendada varía en función de la edad y del estado inmunitario de la persona expuesta. La pauta a seguir es la siguiente(14,17):

• Niños de edad igual o superior a seis meses y adultos susceptibles: una dosis de vacuna triple vírica. Los menores de 12 meses deberán revacunarse cuando el niño tenga más de 12 meses (pauta de 2 dosis).

• Lactantes menores de seis meses, hijos de madres susceptibles y lactantes de 28 o menos semanas de gestación, aunque la madre sea inmune: una dosis de inmunoglobulina polivalente (0,25 ml/kg; dosis máxima: 15 ml).

• Embarazadas y personas inmunodeprimidas susceptibles: una dosis de inmunoglobulina polivalente (0,50 ml/kg; dosis máxima: 15 ml).

Tétanos

En la tabla IV se indican las pautas a seguir según el tipo de herida (limpia o tetanígena) y el estado o antecedente de vacunación del paciente(14).

Tos ferina

Las indicaciones de la vacuna frente a la tos ferina en la profilaxis postexposición, junto con la quimioprofilaxis con macrólidos, son las siguientes(14):

• Niños menores de siete años no vacunados o incompletamente vacunados según su edad.

• Niños menores de siete años que hayan recibido la cuarta dosis hace más de tres años: una dosis de recuerdo.

• Niños que hayan recibido la tercera dosis hace más de seis meses: administrar la cuarta dosis.

Rabia

La profilaxis después de una mordedura de riesgo debe realizarse siempre, independientemente del tiempo transcurrido desde la exposición.

La conducta a seguir en la profilaxis después de una mordedura de riesgo depende del antecedente de vacunación de la persona expuesta. Aunque en las exposiciones de alto riesgo el inicio de la profilaxis debe ser inmediato, su administración se recomienda siempre, sea cual sea el tiempo transcurrido desde la exposición hasta la valoración clínica del paciente.

Las personas no vacunadas previamente y que hayan sufrido una exposición de alto riesgo deben recibir inmunoglobulina hiperinmune (20 UI/kg), que se infiltrará alrededor de la herida y, en caso de corresponder a mucho volumen de líquido, por vía intramuscular en una zona anatómica distante a la de la aplicación de la vacuna. La inmunoglobulina no debe administrarse después de siete días de la vacunación, ya que podría interferir con la acción de esta.

El esquema de vacunación en la profilaxis postexposición es el siguiente(14,18):

• No vacunados previamente: cuatro dosis administradas por vía intramuscular en los días 0, 3, 7 y 14. En inmunodeprimidos, se añadirá una quinta dosis el día 21.

• Vacunados previamente: esquema vacunal de dos dosis por vía intramuscular (0 y 3 días).

Enfermedad meningocócica

La vacunación debe acompañar a la quimioprofilaxis en los contactos de los casos de infección invasora por meningococo de serogrupos vacunales (A, C, W135, Y).

La vacunación está indicada junto con la quimioprofilaxis, cuando la infección está causada por un meningococo de un serogrupo incluido en las vacunas (A, C, W135, Y). Se administrará a todos los contactos familiares y de la guardería no vacunados previamente (solo los de la misma clase si únicamente ha habido un caso), y en los niños de la misma clase de la escuela del caso índice (todos los alumnos y personal del colegio si se han producido tres o más casos en el plazo de un mes)(14).

La vacunación frente a meningococo de serogrupo B está indicada junto con la quimioprofilaxis en agrupaciones de casos o brotes (dos o más casos confirmados en la misma institución, organización o grupo social, en un periodo de tiempo ≤ 4 semanas). Asimismo, está indicada en brotes comunitarios (tres o más casos confirmados en un ámbito comunitario definido, en un periodo de tiempo ≤ 3 meses)(19).

Enfermedad invasora por Haemophilus influenzae tipo b

La vacunación como complemento de la quimioprofilaxis está indicada en los siguientes casos(14):

• Contactos familiares menores de cinco años no inmunizados con anterioridad o incorrectamente vacunados, y a todos los convivientes, con independencia de la edad, si conviven con personas que pertenecen a grupos de alto riesgo (inmunodeprimidos, asplenia anatómica o funcional, etc.).

• Contactos de la guardería no vacunados o incompletamente vacunados, independientemente del número de casos e intervalo de tiempo en que se hayan presentado.

Difteria

La vacunación de los contactos de un caso de difteria está indicada en las siguientes personas(14):

• Contactos no vacunados o con estado vacunal desconocido.

• Contactos vacunados de forma incompleta: completar la primovacunación.

• Contactos vacunados, pero que recibieron la última dosis hace más de cinco años: una dosis de recuerdo.

Poliomielitis

En situaciones excepcionales de brote, las autoridades sanitarias podrían recomendar la vacunación de las personas del área afectada.

Vacunación de niños asistentes a guarderías

La tos ferina, la gastroenteritis por rotavirus, la hepatitis A, la varicela, el sarampión y la enfermedad neumocócica son las principales infecciones prevenibles por vacunas con riesgo de transmisión en las guarderías.

La mayor probabilidad de transmisión de infecciones en las guarderías implica que debe garantizarse un seguimiento correcto del calendario de vacunaciones sistemáticas, sin retrasos injustificados ni interrupciones en el cumplimiento de las pautas de vacunación recomendadas. La tos ferina, la gastroenteritis por rotavirus, la hepatitis A, la varicela, el sarampión y la enfermedad neumocócica son las principales infecciones prevenibles por vacunas con riesgo de transmisión en este ámbito. En algunos países, como EE.UU., se recomienda la vacunación antigripal universal de todos los niños a partir de los 6 meses de vida, ya que la incidencia de esta infección y el riesgo de hospitalizaciones son más elevadas en los niños menores de 2 años y, además, los niños son los principales transmisores de gripe a la comunidad(20-21).

Vacunación del personal que atiende a niños

Es particularmente importante que el personal que trabaja con niños sea inmune o esté vacunado frente a: sarampión, rubéola, parotiditis, difteria, tos ferina, varicela y hepatitis A. En el caso del personal sanitario, hay que añadir también la vacuna de la hepatitis B y la antigripal.

Cualquier persona que trabaje con niños, especialmente en guarderías y el personal sanitario de áreas pediátricas, está sometido a un alto riesgo de contacto con una amplia variedad de bacterias y virus, y no solamente poder padecer la enfermedad, sino poder trasmitirla a aquellos niños que por cualquier circunstancia sean susceptibles a las mismas (ausencia de vacunación, negativa parental, contraindicaciones, inmigración…). Es, por tanto, particularmente importante que dicho personal sea inmune o esté vacunado frente a: sarampión, rubéola, parotiditis, difteria, tos ferina, varicela y hepatitis A(21). En el caso del personal sanitario, hay que añadir también la vacuna de la hepatitis B y la antigripal. El personal que no acredite mediante pruebas de laboratorio, certificado validado de vacunación o certificado médico de padecimiento de la enfermedad, deberá recibir las dosis de vacuna indicadas en cada caso.

La vacunación frente a la hepatitis B debe realizarse en el periodo de formación del personal, antes del inicio de la actividad clínica. En la actualidad, al ser una vacuna universal para la población pediátrica, la mayoría de las nuevas cohortes de trabajadores docentes o sanitarios ya estarán vacunadas. El personal susceptible debe recibir tres dosis de vacuna (0, 1, 6 meses). El cribado serológico prevacunal no es necesario, pero se recomienda comprobar la respuesta vacunal a los 1-3 meses de la tercera dosis (concentraciones de anti-HBs superiores a 10 UI/l se consideran protectores)(21). Se debe revacunar con otra pauta completa de 3 dosis si no ha habido respuesta.

La vacuna de la tos ferina está especialmente indicada en estos colectivos, en su formulación para adultos, combinada con los toxoides diftérico y tetánico (dTpa). Se administrará una dosis de vacuna dTpa que sustituirá a una de las dosis de recuerdo de vacuna dT, independientemente del tiempo transcurrido desde la última dosis de dT(7).

A pesar de que las tasas de gripe en niños son de las más altas, no se recomienda de modo sistemático la vacunación del colectivo docente que trabaja en guarderías. Esta podría plantearse en los docentes de aquellas aulas en las que estuviera escolarizado algún niño incluido en los grupos de riesgo de complicaciones como consecuencia de la gripe.

Funciones del pediatra de Atención Primaria

1. Conocer las indicaciones y contraindicaciones de la vacunación en el embarazo, para proteger a la embarazada y, a su vez, al lactante de ciertas enfermedades immunoprevenibles.

2. Conocer las indicaciones y las pautas vacunales de los recién nacidos prematuros, así como sus peculiaridades.

3. Aplicar las pautas de profilaxis postexposición en las situaciones de riesgo de hepatitis A y B, varicela, sarampión, tétanos, tos ferina, rabia, enfermedad meningocócica, enfermedad invasora por Haemophilus influenzae tipo b, difteria y poliomielitis.

4. Garantizar un seguimiento correcto del calendario de vacunaciones sistemáticas, sin retrasos injustificados ni interrupciones en el cumplimiento de las pautas de vacunación recomendadas.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Disponible en:
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Caso clínico

 

Acude a la consulta de Atención Primaria un padre de familia de 4 miembros para recibir consejo tras haberse diagnosticado de tos ferina a su hijo de 15 meses. El diagnóstico está confirmado por detección de Bordetella pertussis en cultivo y por técnicas de PCR. El niño se encuentra estable en domicilio, con una exploración física normal, salvo accesos de tos emetizante sin cianosis, y recibe tratamiento con azitromicina oral (3r día de 5 días). Se ha realizado la declaración epidemiológica del caso.

La situación clínica del resto de miembros de la familia es la siguiente:

- Padre de 30 años (nacido en Barcelona en 1985), asintomático, refiere haber sido vacunado en la infancia, pero no dispone del carnet vacunal y desconoce dosis y tipo de vacunas recibidas.

- Madre de 30 años (nacida en Burgos en 1985), asintomática, correctamente vacunada en la infancia, refiere haber recibido una dosis de recuerdo de vacuna dTpa en la semana 27 de su último embarazo este mismo año.

- Hijo de 7 días de vida, ingresado en la unidad neonatal por prematuridad de 35 semanas (peso al nacimiento: 1.800 g). Presenta una buena evolución clínica, está asintomático y tiene el alta prevista en los próximos 5-7 días. Ha estado en contacto diario con sus padres, pero no con su hermano.

 

 

 

Vacunación en enfermedades crónicas, inmunodeprimidos y trasplantes

L. Ferreras Antolín*, D. Moreno Pérez**
Temas de FC


L. Ferreras Antolín*, D. Moreno Pérez**

*Clinical Fellow in Paediatric Infectious Diseases. St. George´s Hospital. London. **Infectología e Inmunodeficiencias. Unidad de Gestión Clínica de Pediatría. Hospital Materno-Infantil, Hospital Regional Universitario, Málaga. Profesor Asociado del Departamento de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga

 

Resumen

En los últimos años, se está asistiendo a un incremento sustancial de los niños con enfermedades crónicas, inmunodeprimidos o trasplantados. Dentro de los estándares de calidad en los cuidados de estos pacientes, se encuentra el manejo adecuado de las medidas preventivas, entre las que se encuentran las vacunaciones. El adecuado conocimiento de las pautas, dosis, momento ideal para su administración, contraindicaciones y otros aspectos importantes, se irán desglosando en este documento, con el fin de servir a los pediatras a optimizar al máximo el arsenal vacunal disponible, que puede ayudar de forma crucial la morbimortalidad de estos pacientes.

 

Abstract

In last years, it has been a substantial increase in children with chronic diseases, immunosuppressed or transplanted. Appropriate management of preventive measures, including vaccines, are within the standards of quality care for these patients. An adequate knowledge of the guidelines, dosification, right time for administration, contraindications and other important aspects, they will be broken down in this document serve to pediatricians to fully optimize the vaccines available that can help form crucial morbidity and mortality of these patients.

 

Palabras clave: Vacunas; Enfermedades crónicas; Inmunodeficiencia; Asplenia; Virus de la inmunodeficiencia humana; Trasplante; Inmunosupresores; Corticoides

Key words: Vaccines; Chronic diseases; Immunodepressed; Asplenic patients; HIV; Transplant; Inmunosupresors; Steroids

 

Pediatr Integral 2015; XIX (10): 703-716


Vacunación en enfermedades crónicas, inmunodeprimidos y trasplantes

Introducción

Gracias a los avances de la medicina en las últimas décadas, estamos asistiendo a un aumento de los pacientes con enfermedades crónicas, inmunodepresión, o que vayan a recibir un trasplante o lo hayan recibido, dado que los nuevos tratamientos han desencadenado un aumento de la supervivencia de estos pacientes. Además, existen más pacientes con enfermedades crónicas bajo tratamiento inmunosupresor que hace unos años, debido al auge de las terapias biológicas. Afortunadamente, en la actualidad, nacen menos niños con infección por el VIH en nuestro medio, gracias a las medidas de prevención de la transmisión vertical, y los existentes sobreviven con una aceptable calidad de vida y sin inmunodepresión.

Entre los cuidados de todos estos pacientes, se encuentra la optimización de la prevención de enfermedades infecciosas, fundamentalmente con unas estrategias de vacunación adaptadas específicamente para ellos. Asimismo, es muy importante que dicha optimización abarque a los convivientes y al entorno sanitario de estos pacientes, con el fin de disminuir al máximo la circulación de los virus y bacterias prevenibles con vacunas a su alrededor, haciendo especial énfasis en la vacunación frente a triple vírica, varicela y gripe.

Además, la vacunación de estos pacientes no solo busca su protección individual, sino que tiene un objetivo secundario no menos importante: el de impedir que se genere una bolsa de personas susceptibles que pueda dar lugar a brotes de enfermedades inmunoprevenibles.

Consideraciones, generalidades

Los niños con enfermedades crónicas o inmunodepresión tienen ciertas particularidades para la administración tanto de las vacunas sistemáticas, como no sistemáticas, que deben ser bien conocidas por todos los pediatras.

Salvo excepciones, que se especificarán en apartados específicos, la mayoría de estos pacientes deben seguir las recomendaciones oficiales de cada comunidad autónoma, no existiendo recomendaciones especiales en cuanto a vacunas frente a gérmenes como: difteria, tétanos, tosferina, poliomielitis, hepatitis B, meningococo C o Haemophilus influenzae tipo B. Se comentan a continuación algunos aspectos generales destacables.

Vacunación antineumocócica

Todos estos pacientes deben estar correctamente vacunados frente al neumococo (Tabla I).

Dada la epidemiología actual de la enfermedad neumocócica invasora en nuestro medio, la vacuna recomendada es la vacuna conjugada tridecavalente (VNC13), ya que ofrece la cobertura más amplia de serotipos(1). En pacientes inmunodeprimidos y con riesgo elevado de padecer infecciones neumocócicas graves (Tabla I), se deben emplear pautas especiales, con esquemas mixtos, que incluyan la VNC13 y la vacuna neumocócica 23-valente de polisacáridos (VNP23) no conjugada(1,2). Esta vacuna VNP23, con mayor cobertura, pero mucho menos inmunógena que las conjugadas, solo puede administrarse a partir de los 24 meses de edad. En pacientes con enfermedades crónicas o inmunodepresión, a partir de esta edad, se recomienda la administración de esta vacuna, con un intervalo mínimo de 2 meses tras la última dosis de vacuna conjugada, lo que se llama vacunación antineumocócica secuencial(1,2):

• En los niños 5 años con inmunodepresión o con asplenia orgánica o funcional (anemia de células falciformes u otras hemoglobinopatías):

- Se deben emplear siempre esquemas 3+1 cuando se inicia la vacunación a los 2 meses con las otras vacunas del calendario.

- Es preceptivo que reciban 2 dosis de VNC13 si no han recibido en el primer año de vida, al menos, 2 dosis de esta vacuna.

- Los niños de 2-5 años de edad que no han recibido ninguna dosis de VNC13 deben recibir 2 dosis de esta vacuna separadas por un intervalo mínimo de, al menos, 2 meses.

- Una vez completada la inmunización con VNC13, los mayores de 2 años de edad deben recibir una dosis de VNP23, con un único refuerzo a los 5 años de esta dosis (no se administrarán más de dos dosis de VNP23 a lo largo de toda la vida).

• En los niños ≤ 5 años de riesgo (no inmunodeprimidos ni asplénicos, pero con riesgo de padecer infecciones neumocócicas más frecuentes o graves) (Tabla I), puede optarse por la pauta de los niños inmunodeprimidos o por la del calendario de vacunación sistemático, completándose la inmunización, cuando sean mayores de 2 años, con una sola dosis de VNP23 separada por un intervalo mínimo de 2 meses desde la última dosis de VNC13.

• En todos los niños de riesgo (Tabla I) de 6-17 años de edad:

- Administrar una dosis de VNC13.

- Aplicar una dosis de VNP23 separada por un intervalo mínimo de 2 meses de la dosis de VNC13.

- Solo en los inmunodeprimidos y asplénicos, se administrará una 2ª y última dosis de VNP23, 5 años después de la 1ª de VNP23.

Si se hubiese administrado VNP23 en primer lugar antes que VNC13, por el motivo que fuese, deben pasar, al menos, 2 meses desde la VNP23 para la administración de VNC13.

Si la primovacunación se produjo en situación de inmunodepresión, la revacunación debe ser considerada cuando se haya conseguido la reconstitución inmune.

Vacunación antigripal

Se recomienda su empleo anual en todos los pacientes inmunodeprimidos y sus convivientes (así como cuidadores y sanitarios), siempre que tengan más de 6 meses de edad, con dos dosis separadas por 4-6 semanas el primer año, si tienen menos de 9 años de edad, y con una si es mayor de esta edad y, posteriormente, en dosis anual única antes del inicio de cada epidemia (Tabla II y III)(3). La vacunación de contactos domiciliarios cobra especial importancia si el paciente es menor de 6 meses y, por tanto, no puede ser vacunado(3,4).

Los preparados actualmente comercializados más empleados en nuestro medio, autorizados para niños a partir de 6 meses de edad, son las vacunas inactivadas de administración intramuscular. La inmunogenicidad que inducen estas vacunas es baja, sobre todo en niños pequeños, más si cabe si están inmunodeprimidos. Las vacunas tetravalentes pueden estar especialmente más indicadas en estos pacientes, para abarcar mayor cobertura.

En cuanto a la vacuna antigripal intranasal, aunque no hay datos suficientes en personas con enfermedades crónicas, se puede emplear en mayores de 24 meses, salvo en los siguientes casos: inmunodepresión, tratamiento crónico con salicilatos y asma grave con vigilancia activa(3). Mientras que no exista más información sobre la seguridad de la vacuna intranasal, en los pacientes con enfermedades crónicas, se prefiere las vacunas antigripales inactivadas.

La vacuna antigripal intranasal no está contraindicada en los convivientes de estos pacientes, pero los receptores de la vacuna deben intentar evitar, en lo posible, el contacto estrecho con personas gravemente inmunodeprimidas (p. ej., receptores de trasplantes de médula ósea que requieren aislamiento) durante 1-2 semanas después de la vacunación. La incidencia máxima de excreción del virus vacunal tiene lugar 2-3 días después de la vacunación en los estudios clínicos. En circunstancias en las que sea inevitable el contacto con personas gravemente inmunodeprimidas, el posible riesgo de transmisión del virus vacunal contra la gripe debe evaluarse frente al riesgo de adquirir y transmitir cepas salvajes del virus influenza. Se recuerda que para la EMA (European Medicines Agency) la edad autorizada es de 2 a 18 años, y para la FDA (Food and Drug Administration) de 2 a 49 años.

Vacunación frente a varicela y triple vírica

Para obtener una correcta protección, son necesarias 2 dosis, a los 12-15 meses y a los 2-3 años de edad (preferiblemente a los 2 años)(1). Se debe hacer coincidir ambas vacunas el mismo día y, si no es posible, debe respetarse un intervalo mínimo de un mes. En pacientes en los que fuera preciso adquirir una inmunidad adecuada lo antes posible (p. ej.: infección por el VIH con CD4 >15%, situación pretrasplante), puede adelantarse la segunda dosis, con un intervalo mínimo entre dosis de 1 a 3 meses(5). En algunos pacientes inmunodeprimidos están contraindicadas, especificándose en un apartado específico más adelante.

En cuanto a los convivientes, es imperioso conocer si han pasado estas infecciones o están correctamente vacunados, para actualizar su calendario si es necesario. Está especialmente indicado realizar este esfuerzo en convivientes de niños que no pueden vacunarse con estas vacunas atenuadas, como son aquellos con inmunodepresión grave por: inmunodeficiencia congénita, infección VIH, leucemia, linfoma, trasplante, tratamientos inmunosupresores o tratamiento prolongado con ácido acetil-salicílico (este último caso, en relación a la varicela)(4).

Vacunas frente al papilomavirus humano

Los pacientes inmunodeprimidos que se infectan por el VPH tienen un riesgo mucho más elevado (entre 20 y 100 veces más) de padecer cáncer cervical y ano-genital que la población general, por lo que la vacunación estaría indicada en todos ellos.

Son vacunas inactivadas, por lo que no plantean ningún problema de seguridad. Actualmente, existen dos preparados, uno bivalente (Cervarix®, serotipos 16 y 18) y otro tetravalente (Gardasil®, 6, 11, 16 y 18). Actualmente, la vacunación se realiza a los 12 años en las CC.AA.(6). Se recomienda un rescate para todas las adolescentes no vacunadas, entre 13 y 26 años, aunque el nivel de protección alcanzado se va a relacionar con el grado de inmunodepresión. La vacuna tetravalente ya está autorizada en varones para la prevención de verrugas genitales, lesiones anales precancerosas y cáncer anal(1), pero no se conoce el papel que puede ofrecer en pacientes inmunodeprimidos.

El esquema recomendado es de tres dosis (0, 1-2 y 6 meses), a pesar de que en niñas adolescentes sanas ya se ha aprobado el esquema de 2 dosis para ambas vacunas. Organismos como la OMS o el CDC continúan recomendando 3 dosis para este tipo de pacientes hasta tener más datos(8). No se sabe, si como sucede con otras vacunas, puede ser útil administrar dosis extra de refuerzo para paliar la posible pérdida de anticuerpos.

Vacunación frente a la hepatitis A

Existen vacunas pediátricas monocomponentes (Havrix 720®, Vaqta 25®) y pediátrica combinada de hepatitis A y B (Twinrix pediátrico®). La edad mínima autorizada para su administración son los 12 meses de edad. El esquema vacunal completo con vacuna monocomponente es de 2 dosis, con una separación de, al menos, 6 meses(1).

Si se utiliza la vacuna combinada de hepatitis A y B, se administrarán tres dosis (0, 1 y 6 meses). También puede realizarse una pauta rápida de cuatro dosis (0, 7, 21-30 días y 12 meses), especialmente indicada si urge una protección acelerada para hepatitis B. La presentación de adultos es la ideal, pues lleva mayor concentración de antígeno del VHB y consigue una mejor respuesta inmune.

Los pacientes a los que se pretende proteger especialmente, así como a sus convivientes, son: pacientes con infección por hepatitis B o C, enfermedad hepática crónica, tratamientos con fármacos hepatotóxicos, insuficiencia renal crónica en programa de diálisis, candidatos y receptores de trasplante de órganos sólidos, síndrome de Down, hemofilia en tratamiento con hemoderivados e infección por VIH(4).

Vacunación frente al rotavirus

Se trata de una vacuna de virus vivos atenuados para administración por vía oral. Actualmente, solo se encuentra disponible en nuestro medio la vacuna pentavalente RotaTeq®. Solo es posible su aplicación en las primeras 32 semanas de vida, siempre la primera dosis antes de las 12 semanas de vida. Aquellos pacientes que se encuentren en situación de inmunodepresión conocida ya a esta corta edad, no deben ser vacunados por precaución.

Sí la pueden recibir los convivientes lactantes de los inmunodeprimidos, teniendo la precaución de que estos no manipulen las heces del vacunado durante las 4 semanas siguientes a la vacunación, sobre todo, tras la primera dosis(7).

Vacunación antimeningocócica C

En todos los niños inmunodeprimidos, se recomienda la vacunación frente al meningococo con las vacunas conjugadas de meningococo C, según la pauta de calendario de cada CC.AA., con un refuerzo a los 12 años de edad(6).

El ACIP (Advisory Committee on Immunization Practices) recomienda que todos los niños de riesgo, entre los que se encuentran todos los niños inmunodeprimidos, reciban dos dosis de una vacuna meningocócica conjugada tetravalente entre los 2 y los 55 años de edad(9). En España, la gran mayoría de los casos de enfermedad meningocócica está producida por los grupos C y B y un número muy escaso por el grupo Y. Por tanto, la recomendación del ACIP no es extrapolable a nuestro país, donde existe la vacunación universal frente al meningococo C. Sin embargo, en los niños inmunodeprimidos es recomendable, al menos, una dosis de la vacuna meningocócica tetravalente a partir de los 2 años de edad. En los niños con deficiencias del complemento, asplénicos, que presentan una mayor proporción de enfermedad meningocócica y, en general, aquellos niños que pueden viajar a zonas endémicas de estos otros serogrupos, puede incluso ser aconsejable sustituir la dosis de vacuna conjugada frente al meningococo C, contemplada en la adolescencia en los calendarios, por una dosis de vacuna meningocócica conjugada tetravalente(1).

Vacunación antimeningocócica B

Como en cualquier niño sano a partir de los 2 meses de edad, se recomienda esta vacunación(1). Pero al igual que se ha comentado en el apartado anterior, está especialmente indicada en niños con asplenia anatómica o funcional y en aquellos con déficit de complemento, aunque no existen datos de inmunogenicidad y seguridad en pacientes de este tipo ni otros inmunodeprimidos(10).

La posología es igual que en el niño sano (Tabla IV).

Vacunación en niños con enfermedades crónicas

Los enfermos crónicos y sus convivientes deben cumplir unos calendarios de vacunaciones optimizados, ya que presentan mayor riesgo de padecer formas graves de la mayoría de las enfermedades inmunoprevenibles. Por diferentes motivos, en numerosas ocasiones, estos pacientes se hayan infravacunados y en riesgo, por lo que se deben realizar esfuerzos para evitar estas situaciones.

Este apartado abarca aquellas enfermedades crónicas que de por sí, sin influencia de una posible inmunodepresión asociada, precisa un asesoramiento especial y optimización en el ámbito de las inmunizaciones. Esto es muy difícil en numerosas ocasiones, ya que las reagudizaciones y los episodios intercurrentes pueden entorpecer algunas dosis y retrasar las pautas recomendadas. Es muy importante aprovechar los momentos de estabilidad clínica para completar y actualizar los calendarios de vacunaciones. Habitualmente, la desinformación y los miedos de los padres y, a veces, de los propios pediatras, así como el descuido y otros factores, contribuyen a la infravacunación de estos pacientes.

El padecimiento de cualquier enfermedad inmunoprevenible puede desestabilizar al paciente con una enfermedad crónica, incluso de forma grave y letal, con mayor frecuencia que a individuos sanos. Por ejemplo, según un estudio publicado, el riesgo de padecer una enfermedad neumocócica invasora es 2,4 veces mayor (IC95%: 2,0-2,9) en niños con enfermedades crónicas que en niños sanos. Y, en otros estudios, se observa un riesgo de padecer una infección grave por influenza de 2 a 4 veces superior en niños pertenecientes algunos de los grupos de riesgo clásicos(11).

La mayoría de estos pacientes, si no están inmunodeprimidos, pueden recibir todas las vacunas oficiales del calendario de su Comunidad Autónoma. Asimismo, de forma general, se recomienda que estén adecuadamente inmunizados con las siguientes vacunas: antineumocócica secuencial; antigripal anual; frente a varicela, con dos dosis; antimeningocócica B; rotavirus, si no existe ninguna malformación digestiva que pueda predisponer a invaginación; y hepatitis A en caso de hepatopatía o administración crónica de fármacos con potencial hepatotóxico.

Finalmente, debe considerarse siempre la optimización de la vacunación en convivientes de enfermos crónicos, tanto de las vacunas incluidas en el calendario oficial como otras no sistemáticas, como gripe y varicela. Esta es una forma muy eficaz de protección indirecta de los niños inmunodeprimidos y de los que padecen enfermedades crónicas.

Recomendaciones específicas según tipo de enfermedad crónica

Enfermedades cardíacas, broncopulmonares y renales

Se incluyen aquellos pacientes con patologías graves como, por ejemplo: cardiopatía cianosante, fibrosis quística, asma moderado-grave, síndrome nefrótico y, en general, todos aquellos con malnutrición moderada-grave.

Se recomienda vacunación antigripal anual a partir de los 6 meses de vida (Tablas II y III), así como la vacunación antineumocócica secuencial (ver Vacunación antineumocócica). También se recomiendan triple vírica y varicela (preferiblemente el mismo día) a partir de los 12 meses de edad, con dos dosis, si no están inmunosuprimidos(12). En pacientes con nefropatía sometidos a hemodiálisis, es fundamental asegurar la protección frente a hepatitis B, por lo que deben hacerse controles serológicos y revacunación si es necesario(12).

Enfermedad hepática crónica

Al calendario oficial, debe sumarse la vacunación antigripal anual desde los 6 meses de vida y la vacunación antineumocócica secuencial. Si no están inmunosuprimidos, deben recibir vacunas vivas (triple vírica, varicela). De forma específica, estos pacientes, como aquellos con hepatitis B o C o bien con trasplante hepático, deben ser vacunados frente a hepatitis A (ver Vacunación frente a la hepatitis A). Todos estos pacientes no tienen mayor riesgo de infectarse por este virus, pero sí tienen un alto riesgo de desarrollar una hepatitis grave si se infectan.

En estos pacientes, es importante ver la respuesta a la vacuna de la hepatitis B. Solo se considerará fiable el resultado de los anti-HBs si se efectúa 1-2 meses después de la dosis final de la pauta (en hijos de madres HBsAg positivas, nunca antes de los 9 meses de edad y junto con la determinación de HBsAg). Si no hay respuesta (anti-HBs < 10 mUI/ml), se recomienda una nueva serie completa de 3 dosis con la pauta habitual (0, 1 y 6 meses) y, si la determinación posterior de anti-HBs, 1-2 meses después persistiese negativa (< 10 mUI/ml), deberán ser considerados finalmente como no respondedores a la vacunación frente a la hepatitis B y no debe aplicárseles más dosis. Estos pacientes, en caso de exponerse a un riesgo de infección, deberán recibir inmunoglobulina específica antihepatitis B(1,12).

Enfermedades neurológicas

Al calendario oficial, debe sumarse la vacunación antigripal anual desde los 6 meses de vida y la vacunación antineumocócica secuencial. Deben vacunarse frente a hepatitis A si toman fármacos hepatotóxicos, como el ácido valproico (ver Vacunación frente a la hepatitis A).

En presencia de una enfermedad neurológica evolutiva, inestable o no filiada, es recomendable retrasar las vacunas que pudieran desestabilizar la enfermedad, como las vacunas con componente pertúsico, hasta que el paciente esté estable o con un diagnóstico definitivo. En niños epilépticos, en principio, no está contraindicada ninguna vacuna. Aunque la vacunación con DTPa, y más raramente triple vírica o varicela, puede aumentar el riesgo de convulsiones, estas son autolimitadas, asociadas a fiebre y no dejan secuelas. De todos modos, el empleo de vacuna pertúsica acelular en vez de los preparados de células enteras, ha disminuido enormemente la incidencia de convulsiones febriles asociadas a la DTP. En niños que padecieron una encefalopatía aguda, con secuelas permanentes en los 7 días posteriores a una vacunación frente a tosferina, está contraindicada la administración de nuevas dosis del mismo preparado o equivalentes(12).

En niños que hayan sufrido una enfermedad neurológica inflamatoria autoinmune (por ejemplo: encefalomielitis, síndrome de Guillain-Barré) en la que exista una sospecha razonable relacionada con alguna vacuna, se debería prescindir de administrar nuevas dosis.

Enfermedades cutáneo-mucosas crónicas

Se incluyen enfermedades como: dermatitis atópica moderada-grave, epidermolisis ampollosa, mastocitosis, acrodermatitis enteropática, etc. No existe ninguna contraindicación en cuanto al calendario oficial habitual, salvo que estén inmunocomprometidos de forma importante, debiéndose evitar las vacunas vivas.

En cuanto a otros inmunosupresores tópicos (tacrolimus y pimecrolimus), se deben realizar las siguientes consideraciones. Existen escasos datos de inmunogenicidad y seguridad de las vacunas en pacientes tratados con estos fármacos. Con tacrolimus, hay estudios en los que se evidencia que no existen problemas de seguridad ni de respuesta inmunitaria con vacunas inactivadas, pero no existen datos con vacunas atenuadas(12). A pesar de ello, en la ficha técnica recientemente actualizada en 2012, no se realiza ninguna advertencia especial en relación a vacunas en estos pacientes. En cambio, con pimecrolimus, se advierte en la ficha técnica aún, que ante la falta de datos, en pacientes con afectación cutánea extensa en tratamiento, se vacune mejor en periodos sin tratamiento(12).

Se recomienda, si no existe contraindicación, la vacunación frente a la varicela, con 2 dosis, administrándose la primera a partir de los 12 meses de vida(12). Aunque la segunda dosis suele administrarse a los 2-3 años de edad, puede adelantarse en estos casos incluso con un intervalo de un mes (idealmente 3 meses) con la primera dosis(12). En caso de exantema florido tras la vacuna de la varicela, puede tratarse con aciclovir.

Genéticas (incluido síndrome de Down)

En general, estos pacientes, deben recibir todas las vacunas indicadas en el calendario infantil. Además, está recomendada la vacunación antigripal anual a partir de los 6 meses de vida, la vacunación frente a hepatitis A y la vacunación antineumocócica secuencial. Estos niños presentan un riesgo incrementado de infecciones respiratorias de vías altas y bajas, incluido otitis media y neumonía, así como un mayor riesgo de gravedad. Si existe una inmunodeficiencia celular confirmada, estarían contraindicadas las vacunas atenuadas.

Hay recomendaciones específicas recientes sobre vacunación en niños con síndrome de Down(13).

Hemoglobinopatías

Además de seguir el calendario oficial, es fundamental asegurar la vacunación frente a neumococo de forma secuencial. Debido a que algunos pacientes proceden de países con calendarios diferentes a los existentes en España, es imprescindible la actualización del calendario incluyendo vacunas contra Haemophilus influenzae tipo b, así como meningococo B y C. También se recomienda vacunación antigripal anual a partir de los 6 meses de vida, frente a varicela según pauta estándar, y si existe hepatopatía, hepatitis A a partir de los 12 meses de vida(12).

Las formas heterocigotas asintomáticas de las hemoglobinopatías más frecuentes en nuestro medio, como la beta talasemia minor y la presencia del rasgo falciforme, no suponen inmunosupresión, por lo que sus portadores deberán recibir la misma pauta de vacunaciones que la población general(12).

Endocrinopatías y enfermedades metabólicas

Al calendario oficial, debe añadirse la vacunación antigripal anual desde los 6 meses de vida. La obesidad mórbida es una indicación para esta inmunización anual. Está indicada la vacunación antineumocócica secuencial y la vacunación frente a varicela y hepatitis A.

Implante coclear

Estos pacientes tienen un riesgo incrementado de padecer meningitis y otitis media. Por ello, está especialmente recomendada la vacunación antineumocócica secuencial, así como las vacunas frente al Hib y la antigripal. Solo deben recibir una única dosis de VNP23 a lo largo de su vida.

Enfermedades inflamatorias crónicas

Se incluyen en este apartado aquellas personas con enfermedades reumáticas (artritis idiopática juvenil, lupus, etc.), enfermedad inflamatoria intestinal (enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa) y enfermedades cutáneas crónicas, muchas de ellas con tratamiento inmunosupresor. Ver más adelante, en apartado de inmunosupresores.

Tratamiento crónico con salicilatos

Estos pacientes que reciben habitualmente dosis bajas de ácido acetil-salicílico no tienen por qué tener un riesgo especial de sangrado/hematoma después de las inyecciones. Deben seguir el calendario sin modificaciones. Sin embargo, se deben realizar unas consideraciones sobre la vacunación antigripal y frente a la varicela:

• Se recomienda la vacunación antigripal anual a partir de los 6 meses de vida, para disminuir el riesgo de síndrome de Reye. No deben recibir la vacuna antigripal atenuada intranasal, dado el hipotético riesgo de este síndrome. Por otro lado, en un paciente que hubiese recibido esta vacuna, se deben esperar 4 semanas para poder iniciar el tratamiento con salicilatos.

• Debe considerarse la vacunación frente a la varicela, a pesar de ser una contraindicación, para evitar el padecimiento de varicela salvaje, ya que esta afecta prácticamente de forma universal a casi todos los niños no vacunados durante los primeros 10 años de vida. En aquellos casos en los que se pudiera suspender transitoriamente el ácido acetil salicílico, podría evitarse este hasta 6 semanas después de la administración de la vacuna frente a la varicela. Si esto no fuera posible, se puede vacunar, realizando seguimiento estrecho del paciente.

Inmunodeficiencias primarias (IDP)

En niños con inmunodeficiencias primarias en tratamiento con inmunoglobulina intravenosa polivalente periódica (IGIV), se recomienda la administración de vacunas inactivadas para aumentar los niveles de protección a través de la respuesta celular.

Las IDP representan un grupo muy heterogéneo en relación a la susceptibilidad a infecciones, así como en la respuesta a las inmunizaciones. Por tanto, la eficacia, seguridad y contraindicaciones de las diferentes vacunas dependerán del tipo y del grado de inmunosupresión de cada entidad, así como del tipo de vacuna (Tabla V).

Como aspectos generales, destacar:

- Aunque algunas guías no lo recomiendan por falta de evidencia, en aquellas IDP en las que está indicado el tratamiento sustitutivo con IGIV, a pesar del efecto protector de esta frente a ciertas enfermedades inmunoprevenibles, se recomienda el empleo de vacunas inactivadas, porque son seguras y con el fin de optimizar la protección a través de la respuesta celular(14).

- En pacientes que reciben IGIV no se recomienda la determinación de anticuerpos posvacunales, dado que la inmunoglobulina polivalente tiene una gran variedad de anticuerpos específicos, por lo que su presencia en el suero de las personas que reciben estos preparados no puede ser atribuida a la inmunogenicidad de la vacuna(15).

Inmunodeficiencias humorales (IH)

No todas las entidades incluidas en este grupo comportan el mismo tipo o grado de inmunosupresión; por ello, cada grupo tendrá unas consideraciones específicas (Tabla V). Las vacunas inactivadas son seguras y están recomendadas en estos pacientes, incluso en las más graves, ya que aunque produzcan una deficiente o nula respuesta humoral, son capaces de inducir respuestas celulares que pueden resultar parcialmente protectoras(14,15). En los casos en los que esté indicado el tratamiento con IGIV, estas vacunas inactivadas pueden administrarse en cualquier momento: antes, simultáneamente o después de la administración de IGIV.

En cuanto a las vacunas de virus vivos, parecen ser seguras, pero no se administran habitualmente por la interferencia con la IGIV que en algunos pacientes se emplea. En el caso de que se decida la administración de estas vacunas para obtener el beneficio de la respuesta celular, se recomiendan cuando la cifra de inmunoglobulinas séricas se encuentre en valle; es decir, unos días antes de la siguiente dosis de IGIV, para minimizar la interferencia(14,16).

El resto de vacunas de los calendarios oficiales pueden administrarse en estos pacientes sin problemas, haciéndose especial hincapié en la vacuna antigripal, así como antineumocócica, tanto conjugada como no conjugada. El déficit de IgA no representa actualmente un factor de riesgo extra para la enfermedad neumocócica invasiva(16).

Inmunodeficiencias celulares o combinadas

Las vacunas inactivadas oficiales pueden ser administradas, dado el alto riesgo de adquirir la enfermedad y desarrollar complicaciones, a pesar de que no se dispongan de datos de inmunogenicidad ni de seguridad (Tabla V). Se recomienda vacunación antineumocócica secuencial y antigripal anual(16).

En estos pacientes están contraindicadas todas las vacunas vivas por el alto riesgo de producirse enfermedad diseminada. Respecto a la vacuna frente al rotavirus, se han notificado casos de gastroenteritis asociada con el virus de la vacuna en niños con inmunodeficiencia combinada grave en la fase postcomercialización(17), incluso infecciones crónicas por virus vacunal(18). En algunos defectos parciales de células CD4, como el síndrome de Di George, se debe considerar la vacunación con TV y varicela, ya que el beneficio supera al riesgo de contraer la enfermedad en casos con inmunodeficiencia leve-moderada, como se ha observado en algún estudio(19).

Defectos de la fagocitosis

Estas IDP se caracterizan por mayor susceptibilidad a infecciones bacterianas y fúngicas. Pueden administrarse tanto vacunas inactivadas como vacunas vivas. Se recomienda vacunación antineumocócica secuencial y antigripal. Está especialmente indicada la vacuna frente a varicela por la posibilidad de complicaciones bacterianas asociadas (sobre todo, por S. pyogenes y S. aureus). La única contraindicación la constituyen las vacunas de bacterias vivas atenuadas: fiebre tifoidea oral y principalmente BCG, ya que hay casos descritos de diseminación en pacientes con enfermedad granulomatosa crónica.

Deficiencia del complemento

Los pacientes con deficiencia de complemento se asocian con riesgo aumentado de infecciones por bacterias capsuladas, especialmente meningococo. Se recomienda vacunación frente a meningococo B y C, así como la administración de, al menos, una dosis de la vacuna meningocócica conjugada tetravalente (A, C, Y, W135). Actualmente, se encuentra entre los grupos de financiación de vacunación frente al meningococo B, según las recomendaciones del Ministerio de Sanidad(10). Se recomienda protección antineumocócica con esquema secuencial, así como frente a Haemophilus influenzae tipo b y gripe. No existe contraindicación para ningún tipo de vacuna.

Asplenia/hipoesplenia

Estos pacientes pueden presentar esta situación de forma congénita o adquirida. Presentan un riesgo aumentado de padecer infecciones graves, especialmente por bacterias capsuladas, sobre todo, en los primeros 5 años de vida(16). De ahí, la importancia de la vacunación frente a neumococo (secuencial), Haemophilus influenzae tipo b y meningococo B y C. Actualmente, al igual que el déficit de complemento, se encuentra entre los grupos de financiación de vacunación frente al meningococo B, según las recomendaciones del Ministerio de Sanidad(10). Si es posible, ante una esplenectomía programada, debe asegurase la inmunización correcta, al menos, 2 semanas antes de la intervención(2). Debe asegurarse la vacunación frente a la gripe anual y frente a la varicela, ya que ambas son predisponentes de infecciones bacterianas.

En estos pacientes, no existe ninguna contraindicación vacunal especial, como: rotavirus, varicela, triple vírica, hepatitis A o papilomavirus(2). Tampoco para otras vacunas necesarias en caso de viajes a zonas endémicas (cólera, fiebre tifoidea, fiebre amarilla…).

Debe recordarse que, además de la optimización vacunal comentada, deben seguir profilaxis diaria con penicilina o amoxicilina orales.

Infección por el VIH

La mayoría de los niños con VIH en nuestro medio están bien controlados y en buenas condiciones inmunitarias, por lo que pueden recibir todas las vacunas oficiales y las no sistemáticas.

En niños infectados por el VIH, el riesgo de desarrollar enfermedades infecciosas prevenibles está ligeramente aumentado, a pesar del buen control actual que presentan estos pacientes con el tratamiento antirretroviral, por lo que se recomienda un calendario vacunal ampliado. Se recomienda la vacunación antineumocócica secuencial y antigripal anual. En cuanto a la administración de vacunas vivas, como triple vírica y varicela, se pueden administrar si los CD4 están por encima del 15% de forma estable durante, al menos, 6 meses seguidos(2).

El mejor marcador del estatus inmunológico es el valor de CD4/edad, pero no se conoce el dintel mínimo para una correcta respuesta a las vacunas. La alteración funcional de los CD4 es la responsable de la respuesta subóptima a la primovacunación y la pérdida de células memoria a pesar de la dosis de refuerzo(16). El aumento de supervivencia de los niños con VIH conlleva una pérdida de protección vacunal; los niños nacidos antes del TAR, que fueron vacunados con niveles bajos de CD4, no consiguen respuesta protectora ni memoria inmunológica, y el TAR no va a restaurar la respuesta previa a las vacunas. Se considera que ante una situación sin respuesta a las vacunas a pesar de tener historia de vacunación, se consigue mejor respuesta con revacunación completa que con una dosis de refuerzo.

Se recomienda la monitorización periódica del estado de seroprotección, siempre que sea posible. Como orientación, se recomienda el chequeo del estado inmunitario posvacunal en torno a los 4-6 años, cuando se han concluido las dosis de refuerzo, y de nuevo, a los 9-11 años y a los 14-16(20). Lo ideal es hacerlo con todos los antígenos vacunales, pero si no es posible, se recomienda hacerlo, al menos, con estos testigos: tétanos, sarampión, rubéola, varicela y hepatitis B(20).

Se recomienda la vacunación frente a la hepatitis A en todos los niños con infección por el VIH, pero sobre todo, si presentan coinfección con virus de la hepatitis B o C, si viajan a países endémicos o si tienen riesgo significativo de exposición al virus(16).

La vacunación con BCG está contraindicada en nuestro medio en los pacientes con infección por el VIH, independientemente de su grado de inmunosupresión(16).

Se recomienda la vacunación frente al VPH en niñas y niños adolescentes con infección por el VIH. Aunque las fichas técnicas actuales de las dos vacunas disponibles admiten la posología de 2 dosis (0, 6 meses) entre los 9 y los 13 años en el caso de Gardasil® y entre los 9 y 14 años en el caso de Cervarix®, la OMS recomienda seguir con 3 dosis en todas las edades en estos pacientes, hasta tener más datos con dos dosis en inmunodeprimidos(8). En varones, se puede emplear solo la vacuna tetravalente (Gardasil®).

Es recomendable la correcta inmunización de los contactos domiciliarios de los niños VIH, especialmente frente a influenza, varicela y triple vírica.

Niños con tratamiento inmunosupresor

Las vacunas de microorganismos vivos están contraindicadas en todos los pacientes sometidos a un tratamiento que cause inmunosupresión significativa.

Pacientes oncohematológicos en tratamiento quimioterápico

En general, cualquiera de las vacunas que se indican durante los primeros años de vida no debería administrarse en pacientes sometidos a quimioterapia intensiva por cáncer. La propuesta vacunal depende de si ha sido posible o no completar el esquema de inmunización antes de iniciar la quimioterapia.

Las vacunas inactivadas se administran entre los 3 y los 6 meses después de finalizar la quimioterapia, mientras que con las vacunas de microorganismos vivos (triple vírica y varicela) se espera hasta pasados los 6 meses(7). En regímenes terapéuticos que incluyen anticuerpos anti-B (rituximab), se recomienda esperar, al menos, 6 meses para administrar cualquier vacuna.

En los niños con cáncer que antes de la quimioterapia han completado la primoinmunización de las vacunas incluidas en el calendario vacunal, se recomienda administrar una dosis de refuerzo de todas las vacunas del calendario, a partir de los 3-6 meses de la finalización del tratamiento (vacunas inactivadas, se puede a partir de los 3 meses y vacunas atenuadas a partir de los 6 meses)(7). Posteriormente, se continúa con el calendario vacunal según la edad del niño.

En los niños que no han completado la primoinmunización antes de la quimioterapia, se recomienda la revacunación completa según la edad del niño (igual que antes, inactivadas a partir de 3 meses y atenuadas a partir de 6 meses)(7). Alternativamente, pueden considerarse como válidas las dosis administradas antes de la enfermedad y completar el calendario vacunal según las pautas de calendarios incompletos.

Se recomienda la vacunación anual frente a la gripe si el niño es mayor de 6 meses de edad.

Tratamiento inmunosupresor

El grado de inmunosupresión inducido por los diferentes agentes inmunosupresores va a depender de la dosis administrada, la duración, la enfermedad de base y los efectos adicionales de otros fármacos asociados.
Todas las vacunas inactivadas pueden administrarse con seguridad. Está especialmente indicada la vacunación antineumocócica y la antigripal anual. Las dosis y pautas serán similares a las de los niños inmunocompetentes. Sin embargo, la mayoría de las vacunas van a inducir una menor respuesta inmunológica.

Las vacunas de microorganismos vivos están contraindicadas en todos los pacientes sometidos a un tratamiento que cause inmunodepresión significativa y tampoco deberían administrarse en el mes previo al comienzo de dicha terapia(7).

Una vez finalizado el tratamiento inmunosupresor (TIS), las vacunas inactivadas pueden ser administradas a partir de los 3 meses y las vacunas de microorganismos vivos a partir de los 3-6 meses(7). Es útil administrar una dosis de refuerzo de todas las vacunas recibidas con anterioridad y recomendables de acuerdo a la edad.

Corticoides

Es relativamente frecuente el uso de corticoides en Pediatría, por lo que siempre surgen preguntas acerca de la vacunación. Los niños con síndrome adrenogenital o que reciben dosis fisiológicas sustitutivas, así como los que reciben corticoides inhalados, tópicos, locales (intraarticulares) o sistémicos a días alternos con preparados de vida media corta, pueden recibir las vacunas oficiales sin cambios. En cambio, los corticoides sistémicos (vía oral, rectal o parenteral) a dosis inmunosupresoras, sí afectan al empleo de vacunas, ya que pueden disminuir la seguridad de las vacunas vivas o reducir la respuesta inmune de las inactivadas. Aunque no existe contraindicación para la administración de vacunas inactivadas durante el tratamiento, la respuesta suele ser inadecuada. De ahí, la necesidad de revacunación posterior, lo ideal 3 meses después de finalizar el tratamiento(7).

Se consideran dosis inmunosupresoras las siguientes dosis de prednisona (o dosis equivalente para resto de fármacos corticoideos)(7,14):

• >2 mg/kg/día durante >14 días (algunos comités de expertos lo reducen a 7 días).

• >1 mg/kg/día durante >28 días.

En mayores de 10 kg: >20 mg/día durante >14 días.

Tratamiento con fármacos biológicos y modificadores de la enfermedad

Se incluyen en este grupo de fármacos los siguientes:

Fármacos modificadores de la enfermedad (FAME): metotrexate, ciclosporina, azatioprina, neflunomida, sulfasalazina, ciclofosfamida, etc.

Fármacos biológicos: anti-IL-1 (anakinra, canakinumab), anti-IL-6 (tocilizumab), anti IL-12 y anti IL-23 (ustekinumab), anti-TNF alfa (etanercept, infliximab, adalimumab, certolizumab pegol, golimumab, etc.) e inhibidores de los linfocitos B (rituximab, bilimumab).

La inmunosupresión secundaria a anticuerpos monoclonales (especialmente anti-TNF) aún es poco conocida, pero podría ser importante en determinadas situaciones. Ni los FAME convencionales, como metotrexate o azatioprina, ni los anti-TNF parecen tener un impacto relevante en la respuesta a las vacunas, mientras que, datos preliminares muestran que abatacept y rituximab podrían inducir una menor respuesta inmunológica.

Estos tratamientos tienen su mayor impacto en la inmunidad celular, aunque también puede verse afectada la producción de anticuerpos. Algunos estudios han demostrado una respuesta inmune alterada frente a vacunas inactivadas en pacientes que reciben inmunosupresores durante largos periodos de tiempo, pero los títulos que se consiguen suelen ser suficientes para proteger a la mayoría de los individuos; de ahí, su recomendación. Las vacunas mejor evaluadas en estos pacientes son: las antineumocócicas, las antigripales y las antihepatitis B.

Las vacunas inactivadas frente a la gripe son seguras y efectivas en personas con enfermedad inflamatoria intestinal o enfermedades reumáticas, aunque su inmunogenicidad puede disminuir cuando el paciente está siendo tratado con fármacos anti-TNFα o con rituximab. Sin embargo, el tratamiento con azatioprina o 6-mercaptopurina no merma de forma significativa la inmunogenicidad de las vacunas inactivadas frente a la gripe. El comportamiento de otras vacunas es similar, y una proporción elevada de sujetos en tratamiento con estos fármacos alcanza títulos protectores. El tocilizumab y los anticuerpos contra el receptor de la IL-6, utilizados para el tratamiento de la artritis reumatoide, tampoco disminuyen de forma marcada la inmunogenicidad de las vacunas inactivadas frente a la gripe(7).

La seguridad y eficacia de las vacunas vivas atenuadas administradas al mismo tiempo que los inmunomoduladores recombinantes o anticuerpos monoclonales frente a linfocitos B (rituximab) no se conoce, recomendándose, hasta que existan más datos, su no utilización en pacientes que reciben estos tratamientos. El uso de vacunas atenuadas en pacientes con dosis bajas de metotrexate (<15 mg/m2/sem.) parece ser segura, existiendo mayor experiencia con triple vírica(7).

Siempre que sea posible, deben administrarse todas las vacunas del calendario de vacunación a cualquier sujeto antes de iniciar un tratamiento inmunosupresor, incluyendo neumococo y varicela entre otras.

Los tratamientos con inmunosupresores o con inmunomoduladores biológicos están asociados con un riesgo de reactivación de hepatitis B, en portadores crónicos, y con cuadros graves de varicela, en personas seronegativas que se infecten durante el tratamiento.

Antes del inicio de estos tratamientos (idealmente, lo antes posible tras el diagnóstico de la enfermedad autoinmune o inflamatoria en la que pueden ser usados), se debe:

• Descartar el estado de portador crónico de hepatitis B, tratar adecuadamente a los portadores crónicos y completar la vacunación frente a hepatitis B a los que no sean inmunes.

• Detectar a los seronegativos a varicela y aplicarles una pauta completa de vacunación (dos dosis separadas, al menos, 4 semanas), siendo la segunda dosis administrada, al menos, 4 semanas antes de iniciar el tratamiento inmunosupresor.

Se recomienda la vacunación frente a la hepatitis A en aquellos pacientes con fármacos hepatotóxicos, sobre todo metotrexate o tocilizumab, ya que tienen riesgo de hepatitis A fulminante(7).

Se recomienda la vacunación frente a VPH en niños y niñas con tratamiento inmunosupresor desde los 9 años de edad con 3 dosis(8).

Se recomienda consultar con el médico especialista del paciente, si se encuentra con un brote o su enfermedad está mal controlada. En algunos casos, podría ser más apropiado retrasar la administración de las vacunas hasta que se consiga un mejor control de la enfermedad.

Pacientes con enfermedades inflamatorias crónicas y enfermedades reumáticas con terapia inmunosupresora

En estos pacientes se deberían seguir las recomendaciones generales aplicables a los pacientes inmunodeprimidos. Pueden recibir las vacunas de microorganismos inactivados, incluyendo la vacunación anual frente a la gripe, y se deberían evitar las vacunas de microorganismos vivos. No obstante, algunas guías recomiendan la administración de la vacuna de la varicela si el niño es susceptible y solo tiene inmunosupresión leve. Se recomienda llevar a cabo la vacunación frente al neumococo con esquemas mixtos secuenciales (Tabla I). Ninguna vacunación que esté indicada debe retrasarse o suspenderse por el temor a desencadenar un brote de la enfermedad, ya que varios estudios han comprobado que este hecho no se produce.

No hay contraindicación para el uso de vacunas inactivadas durante estos tratamientos, pero es probable que no se desarrolle una respuesta inmune adecuada. Para una mejor respuesta inmune, las vacunas inactivadas deberían aplicarse, al menos, 2 semanas antes del inicio del tratamiento, o a partir de los 3 meses después de finalizar el tratamiento con alguno de estos fármacos(7). Las vacunas vivas atenuadas están contraindicadas hasta que hayan transcurrido, al menos, 3 meses de finalización de un tratamiento (6 meses tras un tratamiento con: adalimumab, certolizumab pegol, infliximab, rituximab o ustekinumab)(7).

Pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal

Deben recibir las vacunas inactivadas según calendario, haciendo especial énfasis en la vacunación antineumocócica en pauta secuencial y la antigripal anual.

En general, se recomienda determinar los títulos de las vacunas víricas atenuadas y vacunar si son insuficientes, al menos, 4-6 semanas antes de iniciar el tratamiento (incluso 12 semanas para el caso de la varicela). Se evitará su administración durante el tratamiento con corticoides a las dosis previamente expuestas, azatioprina, metotrexate o terapias biológicas (infliximab/adalimumab) o hasta 3 meses después de la suspensión(7). En los niños susceptibles a la varicela, puede administrarse la vacuna frente a esta enfermedad, incluso si están recibiendo tratamiento frente a la misma, siempre y cuando no tenga ninguno de los criterios de inmunodepresión intensa referidos anteriormente. Se recomienda especialmente la vacunación frente a la hepatitis A, dada la especial predisposición de estos pacientes a padecer problemas hepáticos derivados de su enfermedad o de la medicación.

Se debe medir la respuesta frente a la hepatitis B al mes de la última dosis, por la posibilidad de una peor respuesta, y si no existen títulos adecuados, revacunar con el doble de la dosis o con la vacuna Fendrix® o con la vacuna combinada VHB y VHA (Twinrix®).

Vacunación en trasplantes de progenitores hemopoyéticos (TPH) y en trasplantes de órganos sólidos (TOS)

Las vacunas de microorganismos vivos están contraindicadas durante el estado de inmunodepresión (toda la vida en los TOS) y un mes antes del trasplante (TPH o TOS). También están contraindicadas en el donante del TPH durante el mes previo al trasplante. Los pacientes con TPH deben recibir todas las vacunas de calendario, aunque estén previamente, vacunados. Se comienza en los 6-12 meses siguientes al trasplante, excepto la triple vírica, que se administra a los 24 meses del trasplante.

Los TPH y los TOS han dado lugar a una población progresivamente creciente de personas inmunodeprimidas, con una elevada susceptibilidad a las infecciones que, por otra parte, se asocian a una elevada morbimortalidad. La inmunización de estos niños tiene algunas peculiaridades y plantea uno de los problemas más importantes, que es la disminución de la inmunogenicidad de la mayoría de las vacunas. Otro problema es la contraindicación de las vacunas de microorganismos atenuados en los momentos de inmunodepresión por el riesgo de enfermedad grave por el propio agente vacunal. Por todo ello, adquiere una importancia primordial la inmunización correcta de todos los familiares y del personal sanitario que cuidan a estos niños, poniendo al día sus calendarios de vacunación y administrando otras vacunas no sistemáticas como la vacuna frente a la varicela y las vacunas antigripales.

Trasplante de progenitores hemopoyéticos (TPH)

En los trasplantes alogénicos, la inmunosupresión está causada por el régimen condicionante (quimioterapia y radioterapia), la terapia inmunosupresora que se administra después del trasplante y la reacción injerto contra huésped (EICH). En los trasplantes autólogos, la inmunodepresión depende exclusivamente del régimen de acondicionamiento y del tratamiento inmunosupresor postrasplante(2). La duración de la inmunodepresión puede extenderse meses e incluso años, y siempre es más corta en los trasplantes autólogos que en los alogénicos. Además de la incapacidad para responder de forma óptima a las vacunas, los pacientes que reciben cualquier tipo de TPH sufren una pérdida de anticuerpos vacunales después del trasplante.

Poner al día los calendarios de vacunación de los pacientes y de los donantes antes de llevar a cabo el trasplante, debe ser el primer objetivo de la inmunización a la luz de los hechos anteriores. Las vacunas de microorganismos vivos no se deberían administrar, ni al candidato a TPH ni al donante en el mes previo al trasplante, por el riesgo de diseminación(2,22).

Después de realizado el trasplante, se asume, a efectos prácticos, que el niño es susceptible a todas las enfermedades inmunoprevenibles y se lleva a cabo una vacunación completa con todas las vacunaciones sistemáticas. La respuesta a las vacunas es significativa a partir de los 3-6 meses del trasplante(22). El último consenso europeo, estadounidense y canadiense, propone iniciar la revacunación a los 6 meses del trasplante (Tabla VI)(23). Sin embargo, dado el elevado riesgo de infecciones por Haemophilus influenzae tipo b (Hib) y, sobre todo, por neumococo en los meses siguientes al trasplante, las vacunas conjugadas frente a estos agentes pueden administrarse tan pronto como a los 3 meses, ya que producen respuestas de anticuerpos comparables a cuando se administran más tarde(23).

La vacuna triple vírica (sarampión/rubéola/parotiditis) no debe administrarse hasta que hayan transcurrido, al menos, 24 meses desde el trasplante, siempre y cuando no exista EICH y el niño no esté recibiendo tratamiento inmunosupresor(22).

La vacuna frente a la varicela puede administrarse en pacientes sometidos a TPH, a partir de los 24 meses, con 2 dosis y siempre que se cumplan las siguientes condiciones: no estar recibiendo tratamiento inmunosupresor; no recibir tratamiento con inmunoglobulinas y, si las ha recibido, que hayan pasado de 8 a 11 meses; no recibir fármacos antiherpes; no sufrir reacción injerto contra huésped; su número de linfocitos T que sea igual o mayor de 200/mm3 y que, lógicamente, sea no inmune a la varicela(22).

Por último, dada la variabilidad de la respuesta vacunal en los TPH, se recomienda, siempre que sea posible, realizar serologías después de la vacunación(2,22,23).

Trasplante de órganos sólidos (TOS)

En las personas candidatas a un TOS, no es infrecuente que la respuesta a las vacunas esté disminuida, dependiendo del tipo y grado de enfermedad, pero en cualquier caso, es superior que la que se obtendrá después del trasplante con la situación de inmunodepresión producida por los fármacos destinados a evitar el rechazo del injerto. Es, por tanto, de importancia capital llevar a cabo las inmunizaciones antes de realizar el trasplante y lo más pronto posible antes de que la enfermedad de base progrese(22). Si es necesario, se emplearán esquemas acelerados de vacunación. Una vez que el trasplante haya sido realizado, las respuestas a las vacunas van a ser subóptimas, aunque algunos niños alcanzarán títulos protectores. Además, en el período postrasplante, muchos sujetos previamente inmunes pierden los anticuerpos y se vuelven susceptibles(22).

Aunque en algún momento se planteó la posibilidad de que las vacunas pudieran facilitar el rechazo del injerto, hay actualmente evidencia suficiente para asegurar que esto no sucede y que las vacunas que no son de microorganismos vivos son seguras en las personas trasplantadas.

Las vacunas inactivadas son seguras, aunque cabe esperar una menor respuesta inmune. En general, los calendarios de vacunación pueden continuarse a partir de los 2-6 meses después del trasplante, cuando el estado inmunitario es estable(22). Debe realizarse la vacunación anual frente a la gripe y vacunación antineumocócica secuencial. Las vacunas con microorganismos vivos están contraindicadas en el periodo postrasplante y deberían evitarse en el mes previo al trasplante. La triple vírica puede administrarse tan pronto como a los 6 meses de edad, en los lactantes candidatos a trasplante.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1.*** Moreno-Pérez D, Álvarez García FJ, Arístegui Fernández FJ, Cilleruelo Ortega MJ, Corretger Rauet JM, García Sánchez N, et al. Calendario de vacunaciones de la Asociación Española de Pediatría: recomendaciones 2016. An Pediatr (Barc.). 2016. Ahead of print.

2.*** Rubin LG, Levin MJ, Ljungman P, Davies EG, Avery R, Tomblyn M, et al. 2013 IDSA Clinical Practice Guideline for vaccination of the immunocompromised host. Clin Infect Dis. 2014; 58: e44-100.

3.** Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría. Recomendaciones de vacunación frente a la gripe 2015-2016. Disponible en: http://vacunasaep.org/documentos/recomendaciones-de-vacunacion-frente-la-gripe-2015-16 (último acceso: 15 de noviembre de 2015).

4.** Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría. Manual en línea. Vacunación de convivientes de pacientes con patologías de riesgo. Disponible en: http://vacunasaep.org/documentos/manual/cap-18#tv (último acceso: 15 de noviembre de 2015).

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7.*** Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría. Manual en línea. Vacunación en niños inmunodeprimidos o con tratamiento inmunosupresor. Disponible en: http://vacunasaep.org/documentos/manual/cap-14#3.3.10 (último acceso: 15 de noviembre de 2015).

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16.** Mellado Peña MJ, Moreno-Pérez D, Ruiz Contreras J, Hernández-Sampelayo Matos T, Navarro Gómez ML, grupo de colaboradores del Documento de Consenso SEIP-CAV de la AEP. Documento de consenso de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica y el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría para la vacunación en inmunodeprimidos. An Pediatr (Barc). 2011; 75:413. e1-22.

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19.* Hofstetter AM, Jakob K, Klein NP, Dekker CL, Edwards KM, Halsey NA, et al. Live vaccine use and safety in DiGeorge syndrome. 2014; 133: e946-54.

20.** Menson EN, Mellado MJ, Banford A, Castelli G, Duiculescu D, Marczynska M, et al. Guidance on vaccination of HIV-infected children in Europe. HIV Medicine. 2012; 13: 333-6.

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22.*** Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría. Manual en línea. Vacunación de niños con trasplante de progenitores hemopoyéticos y trasplante de órganos sólidos. Disponible en: http://vacunasaep.org/documentos/manual/cap-16 (último acceso: 15 de noviembre 2015).

23.** Tomblyn M, Chiller T, Einsele H, Gress R, Sepkowitz K, Storek J, et al. Guidelines for preventing infectious complications among hematopoietic cell transplantation recipients: a global perspective. Biol Blood Marrow Transplant. 2009; 15: 1143-238.

Bibliografía recomendada

- Moreno-Pérez D, Álvarez García FJ, Arístegui Fernández FJ, Cilleruelo Ortega MJ, Corretger Rauet JM, García Sánchez N, et al. Calendario de vacunaciones de la Asociación Española de Pediatría: recomendaciones 2016. An Pediatr (Barc.). 2016. Ahead of print.

Documento esencial para el pediatra, en el que se exponen las recomendaciones más actuales del Comité Asesor de Vacunas de la AEP. Las bases del calendario del niño sano, también lo son de los niños con enfermedades crónicas.

- Rubin LG, Levin MJ, Ljungman P, Davies EG, Avery R, Tomblyn M, et al. 2013 IDSA Clinical Practice Guideline for vaccination of the immunocompromised host. Clin Infect Dis. 2014; 58: e44-100.

Documento guía sobre la vacunación de las personas inmunodeprimidas, de la Infectious Diseases Society of America, referente a nivel mundial.

- Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría. Recomendaciones de vacunación frente a la gripe 2015-2016. Disponible en: http://vacunasaep.org/documentos/recomendaciones-de-vacunacion-frente-la-gripe-2015-16 (último acceso: 15 de noviembre de 2015).

En este documento, se recogen los grupos de riesgo esenciales en los que está indicada la vacunación antigripal, así como los preparados actualmente comercializados en España para la campaña 2015-2016.

- Centers for Disease Control and Prevention. General recommendations on immunization. Recommendations of the Advisory Committee on Immunization Practices (ACIP). MMWR. 2011; 60(No. RR-2): 1-64.

Interesante y práctico documento de los Centers for Disease Control and Prevention (EE.UU.), en el que se abordan de forma actualizada la mayoría de las situaciones especiales, como las comentadas en este artículo, así como tablas de intervalos mínimos y número de dosis necesarias de las vacunas disponibles.

- Australian Immunisation Handbook. 10th Edition, 2013 (NHMRC). Groups with special vaccination requirements. Disponible en: http://www.immunise.health.gov.au/internet/immunise/publishing.nsf/Content/Handbook10-home~handbook10part3~handbook10-3-3.

Capítulo procedente de Manual online con textos muy valorados en el mundo de la vacunología.

- American Academy of Pediatrics, Committee on Infectious Diseases. Immunization in Special Clinical Circumstances. Immunocompromised children 2012 Report, Red Book. 29th ed. Elk Grove Village, IL, USA; American Academy of Paediatrics. p. 74-90.

Recomendaciones prestigiosas y de largo recorrido, desde la Academia Americana de Pediatría.

- Mellado Peña MJ, Moreno-Pérez D, Ruiz Contreras J, Hernández-Sampelayo Matos T, Navarro Gómez ML, grupo de colaboradores del Documento de Consenso SEIP-CAV de la AEP. Documento de consenso de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica y el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría para la vacunación en inmunodeprimidos. An Pediatr (Barc). 2011; 75:413. e1-22.

Documento fuente con las recomendaciones sobre vacunación en pacientes crónicos e inmunodeprimidos, desde el consenso entre el Comité Asesor de Vacunas de la AEP y la Sociedad Española de Infectología Pediátrica.

 

Caso clínico

 

Niño de 7 años, de origen danés, residente en España desde los 2 años de edad, con diagnóstico de esferocitosis hereditaria y que es valorado para la realización de una esplenectomía total de forma programada. Presenta, además, como antecedentes, varios ingresos previos por episodios hemolíticos asociados a procesos virales, los cuales requirieron transfusiones. Tiene a su vez, repercusión en la curva de crecimiento, pero ausencia de alteraciones óseas. Se encuentra correctamente vacunado según el calendario oficial vigente en la comunidad autónoma, además de una pauta de 3+1 de VNC7 en el primer año de vida, así como dos dosis de varicela a los 15 meses y 3 años. Se recomendó vacunación antigripal anual al paciente y los convivientes con cumplimiento variable. Ambos padres son hematológicamente sanos, de manera que el caso ha sido interpretado como una mutación de novo.

En la exploración, destaca un leve tinte ictérico a nivel conjuntival y un abdomen de aspecto distendido, con una esplenomegalia palpable y de consistencia dura. Dentro de las pruebas complementarias, presenta una anemia normocítica e hipercrómica (Hb: 8,2 g/dl, MCHC: 38 g/dL), reticulocitos del 11,4%, test de fragilidad osmótica patológico y una ecografía que revela una esplenomegalia de hasta 11 cm (diámetro craneocaudal).

 

 

Vacunación en niños adoptados, inmigrantes y refugiados. Vacunación de niños viajeros

M.J. Cilleruelo Ortega*, N. García Sánchez**
Temas de FC


M.J. Cilleruelo Ortega*, N. García Sánchez**

*Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda, Madrid. Profesora Asociada de Pediatría. Facultad de Medicina. Universidad Autónoma de Madrid. **Centro de Salud Delicias Sur, Zaragoza. Profesora Asociada en Ciencias de la Salud. Facultad de Medicina, Zaragoza

 

Resumen

Los programas de vacunación de niños procedentes de otros países, tanto adoptados como inmigrantes o refugiados, tienen como objetivo lograr una protección frente a enfermedades inmunoprevenibles similar a la de la población autóctona. Aunque los calendarios de vacunación de los países de procedencia pueden diferir, la mayor parte de estos niños han sido vacunados frente a difteria, tétanos, tosferina, polio, hepatitis B y sarampión, y la mayoría presentan títulos protectores frente a estas enfermedades. Por ello, las publicaciones más recientes recomiendan completar las pautas con las vacunas y/o dosis que no hayan sido administradas en los países de origen, sin que sea necesario, habitualmente, reiniciar todo el calendario de vacunas.
Las vacunas para los niños viajeros deben individualizarse en función de la edad del niño, destino y duración del viaje y vacunas previamente recibidas. Es recomendable realizar una consulta previa al viaje, con una antelación mínima de 4-6 semanas.

 

Abstract

The arrival to Spain of children coming from other countries, either adopted, immigrant, or refugees, is a challenge for the paediatrician who has to take care of them. One of the main goals is that this population achieves the same immune protection than spanish children. Although vaccine schedules in the original countries may differ, most of these children have received diphtheria, tetanus, pertussis, poliovirus, hepatitis B and measles vaccines and are protected against these illnesses. So, the most recent papers recommend completing vaccine schedules with those vaccines or doses not administered in their countries better than reinitiate the complete schedule.
For traveller children, recommended vaccines depend on the age, destiny and duration of the travel and the previous administered vaccines. Anyway, traveller children should be evaluated in specific international vaccination settings, at least 4-6 weeks before travelling.

 

Palabras clave: Niños; Vacunas; Inmigrantes; Adoptados; Viajeros

Key words: Children;Vaccination; Immigrants; Adopted; Traveller

 

Pediatr Integral 2015; XIX (10): 702.e1-702.e10


Vacunación en niños adoptados, inmigrantes y refugiados. Vacunación de niños viajeros

Introducción y recomendaciones

El objetivo fundamental de los programas de vacunación a la población inmigrante, refugiada o adoptada en otros países es lograr una protección frente a enfermedades inmunoprevenibles similar a la de la población autóctona.

La población inmigrante infantil ha aumentado de forma significativa en España, aunque la cifra se ha estabilizado en los últimos años (Tabla I).

Las adopciones internacionales, aunque siguen siendo numerosas, han mostrado un descenso en los últimos 4-5 años, debido principalmente a un cambio en los requisitos y la legislación al respecto. El total de menores adoptados en otros países entre 2010 y 2014 ha sido de 9.148. Los países de procedencia más frecuentes son: China, Federación de Rusia, Vietnam, Filipinas y Etiopía (Tablas II y III).

En general, tanto los niños adoptados como los inmigrantes y refugiados suelen llegar a España procedentes de países desfavorecidos y con sistemas sanitarios menos desarrollados, por lo que constituyen una población con mayor riesgo de padecer enfermedades infecciosas y cuyo estado de inmunización puede ser desconocido o, al menos, incierto. Esto supone un reto para el pediatra de Atención Primaria sobre cómo debe actuar a la hora de plantear la vacunación de estos niños.

Entre los años 1995 y 2005, coincidiendo con el aumento en las llegadas de niños adoptados, inmigrantes y refugiados a países occidentales, se publicaron diversos estudios sobre la situación sociosanitaria de esta población, con especial incidencia en el diagnóstico de enfermedades infecciosas transmisibles y en la inmunoprotección frente a enfermedades vacunables. Aunque los estudios iniciales encontraron una baja protección vacunal(1,2), los resultados de los últimos años han sido más homogéneos, lo que ha permitido establecer una serie de recomendaciones comunes(3-6):

• Siguiendo las indicaciones de la Academia Americana de Pediatría, se deben aceptar como válidos los documentos de vacunación aportados si las vacunas, fechas de administración, número de dosis, intervalos entre dosis y edad del niño al recibir las vacunas son comparables a los esquemas recomendados en el país receptor(7).

• Los niños que no aporten documento de vacunas o este no cumpla los requisitos expuestos, deberán iniciar el calendario vigente en el país de llegada. La declaración verbal de los padres o tutores no debe ser considerada como prueba de vacunación.

• En los niños con documentos de vacunación adecuados, existen varias posibilidades:

- Aceptar como válida la documentación y completar el calendario vigente en el país receptor.

- Hacer serología frente a los antígenos vacunales y aceptar como válidas las vacunas frente a las cuales el niño dispone de anticuerpos protectores.

- Ignorar la documentación aportada y vacunar al niño siguiendo el calendario completo vigente en el país de adopción.

• De estas 3 posibilidades, actualmente se acepta de forma general que las vacunas que figuren como administradas en los documentos de vacunación aportados serán consideradas como válidas, independientemente del tiempo transcurrido desde la última dosis, sin ser necesario iniciar una primovacunación completa.

• Es muy frecuente que en los países de origen no se administre la vacuna triple vírica (sarampión, rubéola, parotiditis), sino el preparado monocomponente frente al sarampión y, a menudo, se vacuna antes de los 12 meses de edad, por lo que la respuesta puede quedar invalidada debido a la interferencia con los anticuerpos maternos. Por tanto, es una recomendación general revacunar con la vacuna triple vírica.

• La vacunación neonatal frente a la hepatitis B en hijos de madres portadoras de antígeno de superficie del virus de la hepatitis B se realiza, en ocasiones, después de la primera semana de vida, lo que no asegura la prevención de la transmisión vertical de la infección.

• Los calendarios sistemáticos de vacunación de la mayoría de los países en desarrollo son calendarios “de mínimos”, de manera que no solo no tienen coberturas óptimas, sino que a menudo incluyen únicamente las vacunas del Programa Ampliado de Vacunación (PAI) de la Organización Mundial de la Salud. Este programa no incluye las vacunas frente al meningococo C, la varicela, el rotavirus y el neumococo. Es importante, por tanto, iniciar la vacunación frente a estas enfermedades, siguiendo el esquema del país receptor, para asegurar una protección frente a enfermedades inmunoprevenibles similar a la de la población autóctona.

Estado de inmunización e inmunoprotección

Aunque los calendarios de vacunación de los países de procedencia pueden tener variaciones importantes, la mayor parte de estos niños han sido vacunados frente a difteria, tétanos, tosferina, polio, hepatitis B y sarampión, y la mayoría tienen títulos protectores frente a estas enfermedades.

Niños inmigrantes y/o refugiados

No existen muchos estudios sobre la protección frente a enfermedades inmunoprevenibles en niños inmigrantes y, en general, se concluye que esta población tiene un riesgo elevado de estar vacunados de forma incompleta. En 2004, Borrás y cols., analizaron la situación vacunal en Cataluña de los niños inmigrantes menores de 3 años, concluyendo que habían recibido menos vacunas y menos dosis vacunales de las recomendadas en los calendarios habituales de vacunación(8). Un año después, un estudio realizado en la comunidad de Madrid señaló que solo la mitad de los niños inmigrantes aportaba cartilla de vacunación en la primera consulta(9). En 2007, Bretón y cols., demostraron que, en Valencia, las tasas de vacunación frente al neumococo (15%), varicela (11%) y rotavirus (0%) fueron muy inferiores en los niños inmigrantes con respecto a la población autóctona (60, 32 y 10%, respectivamente) y que el factor de riesgo más importante asociado a estas bajas coberturas de vacunación fue la falta de asistencia a los controles pediátricos de salud. El calendario vacunal fue incompleto en el 13% de los niños inmigrantes(10). Otro estudio más reciente en Cataluña, realizado en 1081 niños inmigrantes de diversas procedencias, encuentra que el 62% tenía documentación de las vacunas recibidas, siendo más frecuente entre los procedentes de Europa del Este (95%) y Centroamérica (87%), y solo en el 24% de los niños de origen indopakistaní. En los niños con cartilla de vacunación, más del 90% había recibido pautas adecuadas para difteria, tétanos, tosferina y polio, siendo muy inferior el porcentaje de niños correctamente vacunados de sarampión (41%), rubéola (27%), parotiditis (21%), hepatitis B (48%) y Haemophilus influenzae tipo b (20%)(11).

En relación a los niños refugiados, existe incluso menos información. Las recomendaciones habituales consisten en vacunar de forma sistemática, y lo antes posible, a todos los que no dispongan de certificado de las vacunas recibidas(12).

A pesar de las altas coberturas vacunales existentes en España (95-97%), persiste un pequeño porcentaje de población no protegida frente a enfermedades inmunoprevenibles, debido a la no administración de las vacunas o, excepcionalmente, a falta de respuesta a las mismas(13). La llegada de niños inmigrantes, refugiados y/o adoptados no vacunados o no protegidos, aumenta el número de sujetos susceptibles de padecer enfermedades prevenibles. Esto favorece la circulación de agentes infecciosos importados y la aparición de epidemias, como las que durante los últimos años estamos asistiendo en diversos países, por ejemplo brotes de sarampión. Este tipo de situaciones refuerzan la importancia y la necesidad de establecer pautas adecuadas de vacunación en la población inmigrante que llega a nuestro país.

Niños adoptados

En 1998, se publicó el primer estudio sobre protección vacunal en adoptados, realizado en 26 niños de diversas procedencias(1). Solo el 35% de los niños que aportaba documentación de haber recibido la pauta de vacunación completa frente a DTP tenía títulos protectores. Los autores consideraron que estos resultados podían ser debidos a razones como: falsificación de los certificados vacunales, baja potencia con mala inmunogenicidad de las vacunas suministradas a los orfanatos o pobre respuesta inmune debido a la prolongada institucionalización o a enfermedades concomitantes. Este estudio fue la base para recomendar de forma generalizada que no se debía tener en cuenta la documentación aportada de vacunas y que los niños debían iniciar calendarios completos de vacunación. Sin embargo, estudios posteriores más amplios han encontrado resultados muy diferentes, lo que ha permitido modificar las recomendaciones.

Entre los años 2002 y 2006, se publicaron varios estudios en los que el porcentaje de niños adoptados que llegaban con cartilla de vacunación era superior al 90%(3-6). Según estos documentos, la pauta completa de vacunación frente a polio, difteria, tétanos, tosferina y hepatitis B, se había administrado en el 80-93% de los niños, mientras que frente a sarampión, rubéola y parotiditis el porcentaje fue mucho menor (37-51%). Las tasas de protección vacunal observadas eran asimismo superiores a las referidas previamente, oscilando entre un 50-60% de protección frente a los tres poliovirus, 70-90% frente a difteria, 90-94% a tétanos y 70% a hepatitis B. La protección frente a sarampión, rubéola y parotiditis variaba en estos estudios entre el 55 y el 86%.

En 2008, se publicó un estudio realizado entre 2002 y 2005, en 637 niños adoptados, llegados a España de muy diversas procedencias, que mostró de forma global una alta tasa de seroprotección frente a enfermedades inmunoprevenibles(14). Los autores concluyeron que el único factor independiente asociado a la protección vacunal en esta población fue la zona de procedencia de los niños, y ello fue aplicable a todos los antígenos vacunales estudiados. No encontraron diferencias significativas en la inmunoprotección en relación con la validez del certificado de vacunación, aunque sí respecto a disponer o no del mismo: los niños con documento de vacunación estaban mejor protegidos frente a enfermedades inmunoprevenibles que aquellos que carecían de documentación. Los autores establecen, de acuerdo también con otros estudios similares, las siguientes recomendaciones finales:

• Niños sin documentación vacunal: iniciar calendario completo de vacunaciones.

• Niños con documento de vacunas, independientemente de sus características: proceder a vacunación en función de la zona geográfica de procedencia.

• Todos los niños mayores de 12 meses deben recibir una dosis de vacuna triple vírica.

• Iniciar primovacunación con las vacunas no recibidas en sus países de origen como meningococo C, Haemophilus influenzae tipo b, neumococo y varicela.

• Realizar serología de hepatitis B para descartar infección activa y proceder a la vacunación en los casos que no muestren títulos protectores.

• Continuar posteriormente con el calendario de vacunación vigente en la zona de residencia del menor.

Los últimos estudios realizados sobre protección vacunal en niños adoptados reiteran que, actualmente, los documentos que aportan son fiables y no es necesario realizar sistemáticamente serología en estos niños. Dos de los más recientes han sido realizados en EE.UU. en 746 niños adoptados entre 1999 y 2004, procedentes principalmente de Rusia, China, Guatemala, y Corea del Sur, e incluyen una revisión de los estudios publicados en los últimos 10 años(15,16). El 93% de los niños disponía de cartilla de vacunación. Los resultados muestran tasas bajas de protección frente a parotiditis y rubéola (54%), pero elevadas frente al resto de los antígenos vacunales: 80% de niños con títulos protectores frente a difteria, 89% a tétanos, 93% a poliovirus 1, 94% a poliovirus 2, 95% a poliovirus 3, 60% a hepatitis B y 84% a sarampión. Ante la elevada proporción de anticuerpos protectores en niños con documentación vacunal, los autores recomiendan que se deberían considerar como válidas las vacunas administradas en los países de origen y proceder a completar el calendario de vacunación de acuerdo a la edad del niño. Incluso en los niños sin cartilla de vacunación, dado que también mostraron altos niveles de protección, se podría realizar serología vacunal antes de iniciar el calendario completo de vacunaciones. Estas recomendaciones las hicieron también extensivas a población inmigrante. Se recomienda igualmente que el diagnóstico clínico de una enfermedad inmunoprevenible en el país de origen no sea aceptado como evidencia.

Puntos clave: función del pediatra de Atención Primaria

Los programas de vacunación de la población inmigrante, refugiada y adoptada tienen como objetivo lograr una protección vacunal similar a la de la población autóctona.

Aunque los calendarios de vacunación de los países de procedencia pueden tener variaciones importantes, la mayor parte de estos niños han sido vacunados frente a difteria, tétanos, tosferina, polio, hepatitis B y sarampión, y la mayoría tienen títulos protectores frente a estas enfermedades.

Los estudios disponibles recomiendan una actuación similar en estos niños:

• Niños con documento de vacunación: no es necesario realizar serología vacunal ni proceder a la revacunación completa, siendo suficiente completar las series de acuerdo a la edad.

• Niños sin documento de vacunación: se debe iniciar el calendario completo de vacunas de acuerdo a la edad.

• En todos los casos, deberán administrarse las vacunas incluidas como sistemáticas en el calendario oficial local y que no hayan sido administradas en su país de origen, además de informar de las vacunas no financiadas.

• El antecedente de vacunación frente al sarampión antes de los 12 meses de edad no debe ser considerado como dosis válida, debiendo administrarse la vacuna triple vírica a partir de los 12 meses de vida.

• Dado que algunos de los países de procedencia de estos niños tienen tasas elevadas de infección por el virus de la hepatitis B, se recomienda realizar serología para descartar la infección y solo proceder a la vacunación de los susceptibles.

Como norma general, conviene aprovechar cualquier contacto con el sistema sanitario para revisar el calendario de vacunaciones, emplear pautas aceleradas y, siempre que sea posible, vacunas combinadas.

Es conveniente valorar la vacunación frente a la hepatitis A, a partir de los 12 meses, en los niños inmigrantes que tengan previsto visitar a sus familiares en su país de origen.

Los familiares y contactos cercanos de los niños que llegan de otros países deben tener al día el calendario de vacunas para evitar la transmisión de enfermedades inmunoprevenibles.

En cualquier caso, en la web del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (www.vacunasaep.org) es posible realizar preguntas sobre estos temas en concreto y sobre la vacunación en los niños de forma general.

Vacunación de niños viajeros

Introducción

Es recomendable acudir a la consulta pediátrica del viajero con una antelación mínima de 4-6 semanas. Las vacunas administradas deben registrarse en un documento específico de fácil transporte.

Según la Organización Mundial del Turismo, en 2014 se superó la cifra de mil cien millones de turistas internacionales. El 7% de estos viajeros son menores de 14 años y el 9% se desplaza a un país tropical. Aunque la mayor parte de los viajes realizados por niños no precisa ninguna medida sanitaria, existen algunos factores de riesgo como son: la edad inferior a 5 años, especialmente los menores de 2 años, las estancias prolongadas o la existencia de alguna enfermedad de base. Un grupo especial lo forman los hijos de inmigrantes nacidos en España que viajan a su país de origen para visitar a sus familiares (viajeros c-VFR o children visiting friends and relatives) y que van a integrarse con la población autóctona, ya que no presentan inmunidad frente a las enfermedades endémicas de la zona.

Es recomendable que, antes de un viaje, el niño acuda a su pediatra para realizar un examen de salud. Además, si se trata de un destino con riesgo de enfermedad tropical o que precise alguna vacuna específica, acudirá a un Centro de Vacunación Internacional (CVI). La consulta debe realizarse, al menos, 4-6 semanas antes de iniciar el viaje para administrar con antelación las vacunas necesarias e iniciar, en los casos en que sea preciso, la profilaxis antipalúdica. Es importante no olvidarse de registrar las vacunas en un documento escrito que pueda transportar el viajero.

Inmunizaciones del niño viajero

Las vacunas que debe recibir un niño con motivo de un viaje dependerán de la edad del niño, el país a visitar, el tipo y duración del viaje. El viaje debe ser un motivo para revisar y adecuar el calendario de vacunación sistemático.

Las vacunas necesarias dependerán del país a visitar, el tipo de viaje, la edad del niño y las vacunas recibidas anteriormente. Asimismo, habrá que tener en cuenta la reglamentación internacional relativa a Sanidad Exterior.

Las vacunaciones se agruparán en:

• Vacunas sistemáticas o universales. El viaje debe ser un motivo para revisar y adecuar el calendario de vacunación sistemático. Si el calendario de vacunación no está completo, se deben administrar antes del viaje las dosis que falten. Si el niño fuese a viajar a un país donde es endémica una enfermedad de la que aún no ha sido vacunado, como el sarampión o la varicela, se adelantará la vacuna, siempre que sea posible.

• Vacunas específicas del viajero:

– Vacunas específicas obligatorias.

– Vacunas específicas recomendadas según el viaje.

Vacunas obligatorias

Son exigidas por las autoridades para entrar en un país, de acuerdo con el reglamento internacional de visados: vacunas frente a la fiebre amarilla, antimeningocócicas y, en algunos casos, antipoliomielítica. En la tabla IV, se especifican la dosis de vacunas, vía de administración, pauta primaria y acelerada y el nombre comercial de las vacunas.

Vacuna frente a fiebre amarilla

La vacunación está indicada en viajeros a zonas endémicas y es obligatoria para entrar en algunos países. Consultar mapas en:

http://gamapserver.who.int/mapLibrary/Files/Maps/ITH_YF_vaccination_africa.png.

http://gamapserver.who.int/mapLibrary/Files/Maps/ITH_YF_vaccination-americas.png.

Ocasionalmente, se exige la vacuna para entrar en países no endémicos si el viajero procede de zonas infectadas (según Regulación Internacional de Salud, OMS).

La vacunación debe quedar registrada en un certificado internacional de vacunación, conocido coloquialmente como la “tarjeta amarilla”. Este certificado es válido durante 10 años a partir del 10º día de la vacunación e inmediatamente después de la revacunación. Actualmente, la OMS considera que una sola dosis confiere protección a lo largo de la vida y en junio de 2016 retirará de la Reglamentación Internacional de Salud la necesidad de exigir certificados de revacunación(17). En aquellas situaciones en que el niño no pueda vacunarse, será necesario hacer un certificado de “exención vacunal”, en un documento oficial, siempre en inglés y francés. Tanto la administración de la vacuna como el certificado de exención, solo pueden extenderse en los CVI autorizados.

Es una vacuna de virus vivos atenuados, cultivada en embrión de pollo. Los mayores de 9 meses precisan una dosis única, subcutánea, con una eficacia superior al 90%, que se inicia a los 10 días de la primovacunación. Contraindicada en niños menores de 6 meses y en alergia grave al huevo. La dosis de recuerdo es cada 10 años, aunque, según recientes informes de la OMS, no sería necesaria; el CDC acepta los informes de la OMS, pero continúa aconsejando un recuerdo cada 10 años en determinadas circunstancias (mujeres que recibieron la primera dosis de vacuna durante un embarazo, receptores de trasplante de células hematopoyéticas, si su estado lo permite, infectados por el virus VIH, trabajadores de laboratorio y para viajeros a destinos de mucho riesgo, como el este de África)(18). La reglamentación internacional dejará de exigir la revacunación cada 10 años a partir de junio de 2016.

La vacuna disponible está comercializada como Stamaril®.

Vacunas antimeningocócicas

El riesgo de enfermedad meningocócica para los viajeros es muy bajo. La vacuna tetravalente A, C, W, Y está indicada en viajeros al cinturón subsahariano de la meningitis en temporada seca (diciembre-junio), y Arabia Saudí la exige a peregrinos a la Meca en temporada Umra y Hajj. También algunos países, como EE. UU., la exigen para estudiantes con estancias prolongadas.

Vacunas y pautas de vacunación

Vacunas polisacáridas:

• Vacuna tetravalente A, C, W, Y: vacuna de polisacáridos capsulares purificados de los serogrupos A, C, W, Y. Se administra una dosis intramuscular en niños mayores de 18-24 meses con eficacia del 85-100% a los 10 días de la vacunación. Es necesario un recuerdo a los 2-3 años en los vacunados antes de los 4 años de edad, y a los 3-5 años en los mayores. Debe figurar registrada en el documento de vacunación oficial de los CVI. Se obtiene a través de medicamentos extranjeros. Se comercializa como Menomune ACYW®.

• Vacuna bivalente A+C: Mencevax AC® y Antimeningocócica A+C®, ya no están comercializadas en España.

Las vacunas polisacáridas están siendo desplazadas por las vacunas conjugadas, porque la protección que inducen es mejor.

Vacunas conjugadas:

• Vacuna monovalente serogrupo C: incluida en el calendario sistemático en España.

• Vacuna tetravalente conjugada A, C, W, Y: son las más adecuadas porque, al ser conjugadas, confieren mayor protección, más duradera y algunas pueden aplicarse a niños pequeños. Hay dos preparados de uso hospitalario en nuestro país: Menveo® y Nimenrix®:

- Menveo®: contiene oligosacáridos capsulares de meningococos de los serogrupos A, C, W, Y conjugados con CRM197, una proteína mutada de la toxina diftérica, ya utilizada con anterioridad como carrier en otras vacunas conjugadas. Indicada en adultos y niños a partir de los 2 años de edad, según la EMA, y de los 2 meses de edad, según la FDA. Pauta de dosis única intramuscular. Autorizada en España desde 2010 solo como medicamento de uso hospitalario y, por lo tanto, no disponible en farmacias.

- Nimenrix®: contiene polisacáridos capsulares de meningococos de los serogrupos A, C, W, Y conjugados con toxoide tetánico como proteína transportadora. Dosis única IM. Autorizada en niños a partir de 1 año de edad.

Vacuna frente a poliomielitis

Algunos países libres de poliomielitis pueden exigir la vacunación a los viajeros procedentes de países endémicos para obtener el visado de entrada. Esta vacuna está incluida en el calendario de vacunación infantil en nuestro país, por lo que la mayoría de los niños se encuentran inmunizados en el momento del viaje, pero hay que tener en cuenta los posibles requerimientos vacunales por parte de la Reglamentación Sanitaria Internacional y que puede haber cambios recientes en los países identificados como infectados de polio; en la actualidad, estos países son: Afganistán, Nigeria, Pakistán, Camerún, Etiopía, Guinea Ecuatorial, Somalia, Iraq, Israel y Siria(19).

Desde mayo de 2014 y confirmado en febrero de 2015, debido a la presencia de casos de polio en países no endémicos, la OMS indicó que todos los residentes en países que exportan el virus y los visitantes que hayan pasado más de cuatro semanas en uno de esos países, deben recibir una dosis de vacuna antipoliomielítica oral (VPO) o de vacuna con poliovirus inactivado (VPI) entre cuatro semanas y doce meses antes de emprender el viaje internacional. Los viajeros procedentes de países que exportan poliovirus deben tener al día su estado de vacunación en el “carné de vacunación amarillo” de la OMS/RSI o en el certificado internacional de vacunación.

Consultar mapa de los países infectados de polio, en los que se recomienda la vacunación en: http://gamapserver.who.int/mapLibrary/files/Maps/Global_PolioRisk_ITHRiskMap.png.

Vacunas específicas recomendadas según el viaje

Son las que se recomiendan a los niños viajeros según su destino, dependiendo siempre de la evaluación del riesgo del niño y del viaje. En la tabla V, se especifican: la dosis, vía de administración, pauta primaria y acelerada y el nombre comercial de las vacunas recomendadas según el tipo de viaje.

Vacuna frente a cólera

El riesgo de contraer cólera para el niño viajero es muy bajo si se evita consumir alimentos (mariscos y pescados crudos) y agua contaminada. Su indicación es excepcional, pudiendo valorarse en los hijos de cooperantes/personal en ayuda humanitaria que viaja a zonas de desastres o campos de refugiados, considerados viajeros de alto riesgo.

Es una vacuna oral, inactivada, de V cholerae O combinada con la subunidad B1 de la toxina colérica (WC/rBS), que confiere alta protección (85-90%) durante 6 meses tras la administración de la 2ª dosis. Debe ingerirse en ayunas y la pauta de vacunación son 2 dosis separadas una semana en niños mayores de 6 años y 3 dosis en los niños entre 2 y 6 años, separadas cada dosis, una semana. La protección comienza a los 8 días de completar la vacunación. No se recomienda en menores de 2 años. Si el niño permanece en la zona de riesgo, precisa una dosis de recuerdo a los 2 años en los mayores de 6 años y a los 6 meses en los niños entre 2-6 años. Por su reacción cruzada con el E. coli enterotoxigénico (ETEC), se ha utilizado para la prevención de la diarrea del viajero, aunque hay pocos datos en niños. En la actualidad, según una reciente revisión de la Cochrane, no hay evidencias suficientes para sustentar esta recomendación(20). Comercializada como Dukoral®.

Vacuna frente a encefalitis por garrapata (o centroeuropea)

La vacunación se indica en los niños viajeros a las áreas boscosas de Rusia y Europa centro-norte-este durante los meses de abril a agosto y con estancias superiores a 3-4 semanas. Está incluida en el calendario de vacunación en algunos de los países de riesgo, como: Austria, República Checa y algunos territorios de Finlandia y Letonia.

Es una vacuna de virus enteros inactivados, cultivados en células de embrión de pollo. Produce inmunidad frente a todas las variantes del virus de la encefalitis por garrapatas.

La pauta son 3 dosis según se específica en la tabla V. La eficacia es del 98% y la protección comienza a los 15 días de la segunda dosis. En niños menores de 16 años, se administrará la dosis pediátrica (mitad de dosis de adultos) y en los mayores, la dosis completa. Se recomienda un recuerdo cada 5 años si el niño se mantiene en zona de riesgo.

Comercializada como Encepur®, FSME-IMMUN INJECT® o TicoVac® para adultos y Encepur kinder, FSME-IMMUN INJECT Junior® y Ticovac junior®, dosis pediátrica (jeringa precargada de 0,25 ml) para niños ≤ de 16 años.

Vacuna frente a encefalitis japonesa

El riesgo es muy bajo para los viajes turísticos, indicándose únicamente en zonas rurales con transmisión endémica: Japón y sudeste asiático durante la estación de lluvias y para viajeros que tengan planeado pasar más de un mes en áreas endémicas. Sin embargo, puede considerarse para viajeros de estancia inferior a un mes, si lo hacen a áreas rurales remotas durante los monzones o a un destino con un brote activo de encefalitis japonesa. No se indica para turistas convencionales a zonas urbanas, estancias cortas y fuera de los meses de transmisión.

Actualmente, solo se dispone de una vacuna de virus enteros inactivados cultivados en células Vero, comercializada como Ixiaro®. Desde diciembre de 2012, se ha autorizado por la EMA en mayores de 2 meses de edad.

Vacuna frente a fiebre tifoidea

El riesgo suele ser bajo, salvo en zonas del norte y oeste de África, sur de Asia, Indonesia y Perú, pero se incrementa si las condiciones higiénico-sanitarias o el control del agua son deficientes. Incluso los viajeros vacunados deben tener cuidado con el consumo de agua y alimentos potencialmente contaminados, ya que la vacuna no protege al 100%.

La vacunación se indica en niños viajeros con estancias superiores a 3 semanas en zonas de alto riesgo y cuando las condiciones higiénico-sanitarias o el control del agua son deficientes.

En España existen 2 vacunas (Tabla V):

Vacuna oral: (cepa Ty21a de S. typhi atenuada). Indicada en niños mayores de 6 años, aunque en ficha técnica se recomienda a partir de los 3 años. Son cápsulas de cubierta entérica y se administra una cápsula diaria, en ayunas, en días alternos, hasta completar 3 dosis. Debe mantenerse en nevera. La eficacia vacunal comienza a partir de los 7 días de completar la pauta y se prolonga durante 3-5 años. No se debe tomar conjuntamente con la vacuna de polio oral, con mefloquina, proguanil ni con antibióticos. Contraindicada en inmunodeprimidos y en menores de 3 años. Comercializada como Vivotif®.

Vacuna parenteral: vacuna de polisacárido capsular Vi de Salmonella typhi (cepa Ty2), poco inmunógena en menores de 2 años, por lo que no debe administrarse antes de esta edad. Su eficacia protectora es del 50-70%, se inicia a partir del 7º día de su administración y dura 2-3 años. Precisa una dosis intramuscular única. Indicada en niños inmunocomprometidos, incluidos VIH, que viajen a zonas endémicas de fiebre tifoidea. Se comercializa como Typhim Vi® o Typherix®.

Ambas vacunas son seguras y con escasos efectos adversos.

Vacuna frente a hepatitis A

Los niños viajeros no inmunes presentan un riesgo muy alto, principalmente si las condiciones higiénico-sanitarias o el control del agua son deficientes en el destino. Se indica a todos los niños viajeros no inmunes a zonas endémicas. Consultar mapa en: http://gamapserver.who.int/mapLibrary/Files/Maps/Global_HepA_ITHRiskMap.png.

Es una vacuna de virus inactivados que precisa, al menos, una dosis antes del viaje, consiguiendo que el 95% de los vacunados esté protegido a las 2-4 semanas. La dosis de recuerdo se administra a los 6-12 meses para completar la inmunización. No hay estudios sobre vacunación en menores de un año de vida y existe la posibilidad de interferencia con anticuerpos maternos en caso de infección materna pasada. Si un niño no ha recibido la segunda dosis en el tiempo recomendado, se puede administrar en cualquier momento, sin ser necesario volver a iniciar la inmunización. La administración de las dos dosis confiere protección a muy largo plazo, se cree que para toda la vida.

Las vacunas disponibles en nuestro país y la pauta de vacunación se pueden consultar en la tabla V.

Existe una vacuna combinada con hepatitis B, TWINRIX® pediátrico, indicada para menores de 15 años, cuya pauta es: 0, 1 y 6 meses, con la posibilidad de pauta acelerada: 0, 7 y 21 días, con una dosis de recuerdo a los 12 meses de la primera.

Vacuna frente a rabia

El riesgo de enfermedad está en relación con el contacto con mamíferos potencialmente rabiosos. La rabia es una enfermedad potencialmente mortal, por lo que los viajeros deben evitar el contacto con animales vagabundos (perros, gatos, monos, murciélagos, etc.). La vacunación está indicada en niños con estancia prolongada en zonas endémicas. Consultar mapa en: http://gamapserver.who.int/mapLibrary/Files/Maps/Global_rabies_ITHRiskMap.png.

Las vacunas actuales, desarrolladas en cultivo celular o huevo embrionado, son más seguras y efectivas que las antiguas, producidas en tejido cerebral. Están disponibles en los principales centros urbanos de la mayoría de los países en desarrollo, mientras que la inmunoglobulina antirrábica escasea en todo el mundo y no siempre está disponible.

Existen dos posibles pautas de vacunación (Tabla V):

1. Vacunación preexposición: indicada en niños viajeros a zonas endémicas con estancias prolongadas, especialmente si van a vivir en medio rural y con difícil acceso a centros sanitarios. La pauta consiste en 3 dosis los días 0, 7 y 21 o 28, vía intramuscular. No administrar en glúteos, porque se alcanzan títulos más bajos. La protección se inicia a los 30 días y se prolonga 2-3 años.

2. Vacunación posexposición: en zona endémica, si se produce mordedura u otro contacto con un animal potencialmente rabioso, se debe buscar atención médica inmediata para realizar una adecuada limpieza de la herida y valorar profilaxis con:

• Inmunización pasiva: se utiliza inmunoglobulina antirrábica humana (IGRH) o equina purificada (IGRE), de forma conjunta con la primera dosis de vacuna siempre que sea posible, aunque puede administrarse hasta 7 días después del inicio de la vacunación. La dosis es de 20 UI/kg para la IGRH y de 40 UI/kg la IGRE. Se debe administrar en la herida y a su alrededor y, si el niño es pequeño y no se puede, la dosis restante se pondrá en un punto distante del lugar donde se administró la vacuna.

• Inmunización activa: con las vacunas actuales, por vía intramuscular o intradérmica y siempre en deltoides. Existen dos pautas:

- Pauta Essen (5 dosis) los días 0, 3, 7, 14 y 28. Los CDC han recomendado recientemente, 4 dosis los días 0, 3, 7 y 14 en personas no inmunodeprimidas.

- Pauta Zagreb (2-1-1) se administran dos dosis el día 0 (una en cada deltoides) y otra los días 7 y 21.

Cuando hay mordedura y riesgo evidente, se aplicará la vacuna también a los menores de 1 año.

Se comercializan como vacuna antirrábica Merieux® y Rabipur®.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Estudio realizado en 504 niños adoptados, de diversas procedencias, entre 1997 y 1998. El 65% de ellos carecía de documento de vacunación. Del 35% restante, el 94% había recibido pautas vacunales correctas para la edad.

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Estudio realizado en 637 niños adoptados de diversas procedencias, llegados a España entre 2003 y 2006. Los autores realizan serología vacunal en todos los casos y encuentran altas tasas de protección frente a enfermedades inmunoprevenibles. Establecen que la única variable capaz de predecir la protección vacunal es el país de procedencia de los niños, siendo los niños de Europa del este los que muestran globalmente una mejor protección frente a enfermedades inmunoprevenibles.

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Estudio realizado en niños adoptados de diversas procedencias, llegados a EE.UU. entre los años 2006-2008. Encuentran altas tasas de seroprotección vacunal en los niños que aportan documentos de vacunación, en los que se refleja que han recibido un número adecuado de dosis para la edad. Recomiendan aceptar los documentos aportados de vacunas y no reiniciar todo el calendario completo.

Caso clínico

 

Vacunación en niños inmigrantes, refugiados, adoptado y viajeros.

Niña de 21 meses nacida en China, adoptada por padres españoles. Acude a consulta para un control de salud, pues llegaron de China hace 15 días. Entre las actuaciones diversas, como sería revisar: certificados médicos aportados, anamnesis, examen físico completo, solicitud de pruebas complementarias etc., usted se propone adecuar sus inmunizaciones.

 

 

Gripe en Pediatría

J. Arístegui Fernández
Temas de FC


J. Arístegui Fernández

Unidad de Infectología Pediátrica. Hospital Universitario de Basurto. Departamento de Pediatría. Facultad de Medicina y Enfermería. Universidad del País Vasco (UPV/EHU)

 

Resumen

La gripe en el niño puede cursar de forma subclínica y, en ocasiones, con extremada gravedad. En neonatos y lactantes, puede presentarse como un síndrome febril sin foco. Los niños son el factor fundamental en la cadena de transmisión de la enfermedad. Las tasas de hospitalización en los niños sanos menores de 2 años son similares o incluso superiores a las de las personas ≥ de 65 años. Para la temporada 2015-2016, las vacunas disponibles autorizadas en España en los menores de 18 años son las vacunas inactivadas trivalentes y tetravalentes, de administración por vía intramuscular y las vacunas atenuadas tetravalentes de administración intranasal. La eficacia protectora de la vacuna antigripal inactivada en menores de 2 años es limitada.
El CAV-AEP recomienda para la temporada 2015-2016 la vacunación antigripal en la infancia y adolescencia en: a) grupos de riesgo: niños a partir de los 6 meses de edad y adolescentes en determinadas situaciones o con enfermedades de base; y b) niños a partir de los 6 meses de edad, adolescentes y adultos sanos, que convivan con pacientes de riesgo. Es especialmente importante la recomendación de la vacunación antigripal de todos los profesionales sanitarios en contacto con población pediátrica y la vacunación antigripal de las embarazadas.

 

Abstract

Influenza in children may attend subclinical and sometimes with extreme seriousness. In neonates and infants it may present as a fever without source. Children are the key factor in the chain of transmission of the disease. Hospitalization rates in healthy children under 2 years are similar, or even greater than, those of persons ≥ 65 years. For the 2015-16 season, vaccines available under 18 in Spain are the inactivated vaccines trivalents and tetravalents, of intramuscular administration, and tetravalent attenuated intranasal vaccine. The protective efficacy of inactivated influenza vaccine in children under 2 years is limited. The CAV-AEP recommended for the 2015-16 influenza season the vaccination in childhood and adolescence: a) risk groups: children from 6 months of age and teenagers in certain situations or with underlying diseases, b) children from 6 months of age, adolescents and healthy adults who live with risk patients. Especially important is the recommendation of influenza vaccination of all health professionals in contact with pediatric patients and influenza vaccination of pregnant women.

 

Palabras clave: Gripe; Influenza; Pediatría; Vacunas

Key words: Influenza; Chilhood; Vaccines

 

Pediatr Integral 2015; XIX (10): 694–701


Gripe en Pediatría

Etiología

Existen dos mecanismos fundamentales que dan lugar a cambios antigénicos de los virus gripales: los cambios antigénicos menores (deriva antigénica o “drift”) y los cambios antigénicos mayores (salto antigénico o “shift”).

Los virus de la gripe pertenecientes a la familia Orthomyxoviridae forman los géneros Influenza A, Influenza B e Influenza C; sin embargo, mientras los virus B y C son predominantemente patógenos humanos, los virus A son capaces de infectar de forma natural a numerosas especies de animales pertenecientes a las clases mamíferos y aves. La variación dentro del tipo A permite su clasificación en subtipos, definidos en base a sus antígenos de membrana, hemaglutinina (HA) y neuraminidasa (NA). Se han identificado 9 NA y 16 HA diferentes, que pueden originar numerosas combinaciones o subtipos.

Existen dos mecanismos fundamentales que dan lugar a cambios antigénicos de los virus gripales: los cambios antigénicos menores (deriva antigénica o “drift”) y los cambios antigénicos mayores (salto antigénico o “shift”). La deriva antigénica (drift) se debe a la acumulación gradual de mutaciones puntuales, que originan virus variantes que se separan paulatinamente de los que circulaban hasta ese momento, dando lugar a los brotes epidémicos anuales. El salto antigénico (shift) solo se produce en los virus influenza del tipo A, de forma ocasional y es responsable de la aparición de las distintas pandemias.

Patogenia

El virus de la gripe se fija a los receptores de las células del epitelio respiratorio, donde se replica en las 48-72 horas siguientes y durante un periodo más largo en niños.

El virus llega a la mucosa respiratoria por vía aérea, donde puede ser neutralizado por los anticuerpos locales de infecciones anteriores. La infección se inicia por la fijación del virus a los receptores mucoproteicos de las células del epitelio respiratorio, donde se replica en las 48-72 horas siguientes y durante un periodo más largo en niños. Desde aquí, el virus es eliminado en forma infectiva por las gotitas de Pflügge emitidas al exterior al hablar, estornudar o toser. La resistencia del virus en el medio ambiente es favorecida por las condiciones de elevada humedad relativa y baja temperatura, así como por la concentración del virus en las secreciones respiratorias y el tamaño de los aerosoles formados.

El virus desde la mucosa respiratoria difunde por contigüidad, ocasionando un proceso inflamatorio con necrosis del epitelio ciliado del tracto respiratorio superior; también, puede afectar al tracto respiratorio inferior (bronquios, bronquiolos y alvéolos) produciendo complicaciones broncopulmonares y neumonía gripal.

Epidemiología

Los niños son el factor fundamental en la cadena de transmisión de la enfermedad. Las tasas de hospitalización en los niños sanos menores de 2 años son similares o incluso superiores a las de las personas ≥ de 65 años.

La gripe se transmite de persona a persona a través de las secreciones respiratorias, transmitiéndose los virus fácilmente a través del aire por las gotitas de Pflügge, especialmente en los locales cerrados. El período de transmisibilidad se extiende desde 24-48 horas antes del inicio de síntomas hasta 5-6 días después. Se caracteriza por su alta contagiosidad y aparición en forma de epidemias anuales y, ocasionalmente, pandemias. Los niños son la principal fuente de propagación del virus de la gripe en la comunidad (familia, escuela, etc.)(1), debido a que presentan una mayor carga viral y excretan virus durante más tiempo que los adultos(2), lo que les convierten en los principales vectores de la enfermedad.

La incidencia de gripe es más alta en niños que en adultos y la tasa de ataque anual en preescolares y escolares es superior al 30%-40%(3). Las tasas de hospitalización asociada a la gripe varían según grupos de edad, siendo más elevadas en los primeros meses de la vida. La tasa media de hospitalización en menores de 5 años es de alrededor de 1 por 1.000 niños sanos(4). En niños sanos menores de 2 años, las tasas de hospitalización son similares o incluso superiores a las de personas de 65 o más años, oscilando entre 150-187/100.000 en menores de 2 años y entre 500-1.000/100.000 en los menores de 12 meses.

Sin embargo, la letalidad, ocasionada fundamentalmente por complicaciones respiratorias, es muy superior en las personas de edad avanzada (> 65 años) o con enfermedades de base que condicionan un alto riesgo de infección.

La gripe en los niños es motivo de un elevado consumo de recursos sanitarios. Las consultas pediátricas se incrementan en un 50-100%, crece considerablemente el consumo de antibióticos y el número de consultas a los servicios de urgencias e ingresos hospitalarios, especialmente frecuentes en los lactantes y los niños sanos menores de 24 meses. La enfermedad en la edad infantil tiene un notable impacto socioeconómico, porque comporta un acusado absentismo escolar y laboral en el caso de los padres, bien por enfermar contagiados por los hijos, o bien por cuidarlos mientras están enfermos.

La actividad gripal en España en la temporada 2014-2015 fue moderada y se asoció a una circulación mayoritaria de virus de la gripe A (H3N2), con una creciente contribución de virus B a partir del pico de la epidemia. La onda epidémica gripal tuvo una presentación normal en el tiempo, con el pico de máxima actividad gripal a finales de enero de 2015(5).

Durante esta temporada 2014-2015, los grupos de edad más afectados fueron los menores de 15 años, con una tasa máxima de incidencia semanal de gripe de 854,06 y 651,96 casos por 100.000 habitantes para los grupos de 5-14 años y 0-4 años, respectivamente. El pico de la onda epidémica se alcanzó primero en los niños de 0-4 años, en la semana 04/2015, y el resto de grupos de edad en la semana siguiente, coincidiendo con el pico de máxima actividad gripal global(5).

Hasta el 17 de mayo de 2015, se notificaron 1.724 casos graves hospitalizados confirmados de gripe (CGHCG), 656 (38%) fueron admitidos en UCI y 16% fallecieron. La mediana de edad fue de 69 años, concentrándose la mayor proporción de casos en los mayores de 64 años (59%), seguido del grupo de 45-64 años (21%)(5). Entre los CGHCG, la presencia de factores de riesgo de complicaciones de gripe varió en función de la edad; el 92% (IC 95%: 90-94) de los pacientes mayores de 14 años presentó algún factor de riesgo frente al 52% (IC 95%: 42-62) de los menores de 15 años.

Clínica

La gripe en el niño puede cursar de forma subclínica y, en ocasiones, con extremada gravedad. En neonatos y lactantes, puede presentarse como un síndrome febril sin foco.

La gripe es un proceso respiratorio con una importante repercusión sistémica. En el niño, puede cursar de forma subclínica y, en ocasiones, con extremada gravedad, así como complicarse con sobreinfecciones bacterianas graves. Al inicio del proceso, las manifestaciones sistémicas predominan sobre las respiratorias, que se instauran progresivamente. La variabilidad de síntomas en la gripe es muy amplia (Tabla I), aunque los síntomas básicos en Pediatría son: fiebre elevada, tos, coriza, odinofagia, dificultad respiratoria, rechazo del alimento, vómitos y diarrea. En ocasiones, es característico además: decaimiento, somnolencia, cefaleas y mialgias, encontrándose con frecuencia elevación de las enzimas musculares (CPK y GOT). En neonatos y lactantes, la gripe puede presentarse como un síndrome febril sin foco, con síntomas poco específicos, apnea y rechazo del alimento.

Las complicaciones de la gripe se presentan en todas las edades, sin embargo son más frecuentes en personas con patologías crónicas subyacentes, inmunosupresión o edad avanzada (>65 años). Las complicaciones más frecuentes en niños son: otitis media, traqueobronquitis, laringotraqueitis, bronquiolitis. En ocasiones, la infección respiratoria se extiende, ocasionando una neumonía primaria viral manifestada con disnea, cianosis e hipoxemia, con una radiografía de tórax con infiltrados bilaterales difusos de localización peribronquial sin consolidación. En otras ocasiones, se produce una neumonía secundaria bacteriana por la sobreinfección bacteriana, sobre todo de etiología neumocócica, sobre la lesión pulmonar producida por el virus gripal; en estos casos, la sintomatología es superponible a las neumonías bacterianas.

Entre las complicaciones no respiratorias, se incluyen manifestaciones: cardiovasculares, musculares, renales, endocrinas, gastrointestinales, hemáticas y a nivel del sistema nervioso central, en forma de cuadros convulsivos, encefalitis y encefalopatía y síndrome de Guillain-Barré. El síndrome de Reye se ha asociado a muy diversas infecciones víricas, sobre todo a varicela, se presenta fundamentalmente como una complicación de la gripe B. La asociación entre este síndrome y el tratamiento con ácido salicílico desaconseja la administración de derivados salicílicos en los niños con gripe. Por último, otras complicaciones descritas en la gripe son: miositis, fracaso renal, síndrome de coagulación intravascular y síndrome hemofagocítico.

Diagnóstico

El diagnóstico rápido de la gripe tiene un papel primordial en el manejo del paciente y en la indicación terapéutica.

El diagnóstico de la gripe es fundamentalmente clínico y resulta fácil cuando existe un ambiente epidémico y notificación de aislamiento de virus por el laboratorio, pero resulta más difícil de establecer fuera de periodos epidémicos. El diagnóstico rápido virológico de la gripe tiene un papel primordial en el manejo del paciente y en la indicación terapéutica. Un diagnóstico rápido de gripe es importante en los niños susceptibles de recibir tratamiento antiviral con oseltamivir, como son los niños con sospecha clínica de gripe pertenecientes a los grupos de riesgo y los niños con dificultad respiratoria moderada-grave y/o progresiva.

Existen diferentes tipos de pruebas de laboratorio (Tabla II): 1) aislamiento viral en cultivo celular, es un diagnóstico lento (3-10 días), pero de gran importancia en la vigilancia virológica de los virus de la gripe (puede acelerarse el tiempo de procesamiento mediante el Shell vial); 2) detección de antí­genos víricos, permite un diagnóstico rápi­do en minutos-horas y la toma rápida de decisiones terapéuticas [existen comercializados métodos de inmunofluorescencia y de enzimo-inmuno-ensayo (EIA) que son de más rápida ejecución]; 3) detección de ácidos nucleicos mediante reacción en cadena de la polimerasa (rRT-PCR); y 4) detección de anticuerpos específicos (diagnóstico serológico) frente a la hemaglutinina del virus gripal en dos muestras pareadas de suero de un paciente, separadas 2-3 semanas, cuyo interés reside principalmente en la realización de estudios poblacionales de cobertura vacunal.

Tratamiento antiviral

En Pediatría, el antivírico de elección es el oseltamivir, que debe instaurarse precozmente durante las primeras 24-48 horas del inicio del cuadro clínico en niños con gripe confirmada o sospechada, que son hospitalizados con un proceso respiratorio grave, complicado o progresivo, sobre todo, si presentan factores de riesgo.

Los inhibidores de la neuraminidasa, zanamivir y oseltamivir, son eficaces frente a virus Influenza A y B(6-8). El tratamiento de la infección aguda debe realizarse precozmente, durante las primeras 24-48 horas del inicio del cuadro clínico, pudiendo reducirse la sintomatología en aproximadamente 1-2 días, el riesgo de complicaciones, el riesgo de fallecimiento y acortarse la duración de la hospitalización. En Pediatría, el antivírico de elección es el oseltamivir. Se administra por vía oral y la duración del tratamiento es de 5 días, aunque se pueden considerar tratamientos más largos en pacientes que continúan gravemente enfermos tras 5 días de tratamiento. Se prepara en forma de solución en Farmacia de Hospital a la concentración de 1mL = 15 mg de oseltamivir.

Las indicaciones del tratamiento con oseltamivir en Pediatría se centran básicamente en niños con gripe confirmada o sospechada, que son hospitalizados con un proceso respiratorio grave, complicado o progresivo, sobre todo, si presentan factores de riesgo. No es indicación de tratamiento el niño sin factores de riesgo con una gripe sin signos de gravedad ni complicaciones. La dosificación del oseltamivir se muestra en la tabla III.

Prevención activa

Para la temporada 2015-2016, las vacunas disponibles autorizadas en España en <18 años son las vacunas inactivadas trivalentes y tetravalentes, de administración por vía intramuscular, y las vacunas atenuadas tetravalentes de administración intranasal.

La vacunación antigripal anual es la estrategia prioritaria en la prevención de la gripe. Cada dosis de vacuna inactivada (0,5 ml) contiene 15 µg de HA (hemaglutinina) de cada uno de los 3 o 4 antígenos que contiene. Cada dosis de vacuna atenuada tetravalente (0,2 ml) contiene 107,0 ± 0,5 UFF (unidades de focos fluorescentes) de uno de los 4 antígenos que contiene. En la composición de algunas vacunas existen trazas de antibióticos, como: neomicina, gentamicina, polimixina B, etcétera, que se utilizan en el proceso de fabricación. En el momento actual, ninguna de las vacunas de gripe estacional disponibles en España lleva tiomersal como conservante. Las vacunas inactivadas trivalentes están aprobadas para su uso a partir de los 6 meses de edad y las vacunas inactivadas tetravalentes a partir de los 3 años de edad. La vacuna atenuada tetravalente de administración intranasal (LAIV) está aprobada en Europa para su uso entre los 2 y 18 años de edad y, actualmente, presenta limitaciones en su disponibilidad al comercializarse solo en envases multidosis de 10 unidades.

La OMS recomienda que las vacunas de la gripe para la temporada 2015-2016 (invierno del hemisferio norte) incluyan los siguientes componentes mostrados en la tabla IV(9).

Recomendaciones de la vacunación antigripal en Pediatría (Comité Asesor de Vacunas de la AEP) para la temporada 2015-2016(10)

Con relación a la infancia y a la adolescencia, el CAV-AEP recomienda la vacunación antigripal con preparados trivalentes inactivados en:

1. Grupos de riesgo: niños a partir de los 6 meses de edad y adolescentes en las siguientes situaciones o enfermedades de base:

- Enfermedad respiratoria crónica (p. ej.: fibrosis quística, displasia broncopulmonar, bronquiectasias, asma e hiperreactividad bronquial, etc.).

- Enfermedad cardiovascular grave (congénita o adquirida).

- Enfermedad metabólica crónica (p. ej.: diabetes mellitus, errores congénitos del metabolismo, etc.).

- Enfermedad crónica renal (p. ej.: insuficiencia renal, síndrome nefrótico, etc.) o hepática.

- Enfermedad inflamatoria intestinal crónica.

- Inmunodeficiencia congénita (se excluye el déficit aislado asintomático de IgA) o adquirida (incluye la administración de corticoides sistémicos a dosis altas y mantenidas).

- Asplenia funcional o anató­mica.

- Enfermedad oncológica.

- Enfermedad hematológica moderada o grave (p. ej.: hemoglo­binopatía con repercusión clínica, leucemia, etc.).

- Enfermedad neuromuscular crónica y encefalopatía moderada o grave.

- Malnutrición moderada o ­grave.

- Obesidad mórbida (IMC ≥ 3 desviaciones estándar por encima de la media).

- Prematuridad.

- Síndrome de Down u otros trastornos genéticos con factores de riesgo.

- Tratamiento continuado con ácido acetilsalicílico (por riesgo de síndrome de Reye en el caso de infección por virus gripal).

- Embarazo en las adolescentes.

2. Niños sanos a partir de los 6 meses, adolescentes y adultos sanos que convivan (convivientes y cuidadores) con pacientes de riesgo. Es especialmente importante la vacunación del entorno familiar cuando existan lactantes menores de 6 meses de edad con factores de riesgo, ya que estos no pueden recibir la vacuna antigripal. Igualmente, es importante la recomendación de la vacunación antigripal de todos los profesionales sanitarios en contacto con niños y la vacunación de las embarazadas por ser ellas mismas un grupo de riesgo y con el fin de proteger al niño en los primeros meses de vida mediante los anticuerpos transplacentarios específicos.

El CAV-AEP considera que los niños mayores de 6 meses sanos y no incluidos en los grupos de riesgo anteriormente mencionados, pueden vacunarse frente a la gripe estacional si sus padres lo solicitan o su pediatra lo considera conveniente. Esta actitud preventiva constituye, sin duda, una oferta de salud que proporciona al niño o adolescente vacunado una protección individual directa, además de favorecer una protección familiar y comunitaria indirectas.

Actualmente, algunos países realizan vacunación universal en niños sanos, aunque en diferentes periodos etarios, como son: Estados Unidos, Canadá, Israel, Reino Unido, Finlandia, Austria, Eslovenia y Malta(11).

Eficacia y efectividad

La eficacia y la efectividad en la edad pediátrica son mayores para la vacuna atenuada (LAIV) que para la vacuna inactivada, mayor con dos dosis de vacuna que con una dosis y, además, aumenta con la edad. La eficacia/efectividad es dependiente de la concordancia entre los virus gripales circulantes y los contenidos en la vacuna, de la tasa de ataque y de la sensibilidad de los test diagnósticos que se utilizan para el diagnóstico de gripe por el laboratorio.

La efectividad de las vacunas antigripales trivalentes inactivadas (TIV) en niños menores de 2 años es baja. En todas las revisiones sistemáticas(6,11-16), la eficacia de la vacuna antigripal oscila entre 58-65% y la efectividad entre 28-61%. La eficacia y efectividad aumentan con la edad y hay escasos estudios para permitir una adecuada evidencia en menores de 2 años. En la revisión sistemática de la The Cochrane Library del año 2008 de Jefferson y cols.(12), se concluye que: “en niños <2 años la eficacia de la TIV era similar al placebo”.

La eficacia es mayor para LAIV que TIV, y la eficacia es mayor (alrededor de un 20% más) con dos dosis de vacuna que con una dosis. Además, se confirma que hay heterogeneidad significativa con la edad, la eficacia aumenta con la edad (mayor en ≥ 6 años que < 2 años). Sin duda, la eficacia es dependiente de los virus gripales predominantes y de la tasa de ataque.

Como ya se ha comentado, la eficacia de la vacuna atenuada de administración intranasal (LAIV) es aproximadamente del 70-80% (IC95% 53-91) y en todas las revisiones es superior a la eficacia de la vacuna inactivada (TIV)(6,15-18). Las vacunas que contienen adyuvantes pueden mejorar la eficacia vacunal en los vacunados a través del incremento de la respuesta humoral y de células T-helper que producen.

La eficacia de la vacuna antigripal depende de manera muy importante con el grado de similitud entre las cepas de los virus incluidos en las vacunas y los virus que estén en circulación (concordancia). Igualmente, la eficacia depende de la sensibilidad de los test diagnósticos que se utilizan para el diagnóstico de gripe por el laboratorio.

Posología

En los niños menores de 9 años, para la obtención de una protección óptima frente a la gripe, son necesarias 2 dosis de la vacuna separadas, por al menos, 4 semanas.

En los niños menores de 9 años, para la obtención de una protección óptima frente a la gripe, son necesarias 2 dosis de la vacuna, separadas por, al menos, 4 semanas(6). La primera dosis debe administrarse tan pronto como la vacuna esté disponible, para asegurar así que ambas dosis puedan ser recibidas antes del inicio o al comienzo de la actividad gripal, ya que la protección es mayor cuando ambas dosis se administran durante la misma temporada de gripe. Sería suficiente una sola dosis si el paciente ha recibido, al menos, 2 dosis de vacuna en temporadas previas (no es necesario que estas hayan sido administradas en la misma temporada)(6).

El esquema de vacunación antigripal se muestra en las tablas V y VI.

Para las vacunas inactivadas, la vía de administración es intramuscular profunda, nunca intravascular. Para la vacuna atenuada, la vía de administración es intranasal. La vacuna debe conservarse entre +2ºC y +8ºC, y aplicarse a temperatura ambiente. El periodo de validez es de un año.

Precauciones y contraindicaciones

En la tabla VII, se muestran las contraindicaciones de la vacunación contra la gripe en Pediatría.

Se consideran precauciones, la enfermedad aguda moderada o grave, con o sin fiebre, y el síndrome de Guillain-Barré dentro de las 6 semanas siguientes a la aplicación de una dosis previa de la vacuna antigripal(6).

Recomendaciones sobre la vacunación antigripal en niños alérgicos al huevo

Las vacunas antigripales actualmente disponibles contienen mínimas cantidades de huevo, ya que son vacunas procedentes de cultivos en huevos de gallina. Aún no están disponibles en nuestro país, aunque sí autorizadas, las vacunas cultivadas en medios celulares, así como las obtenidas por tecnología recombinante y, por tanto, exentas totalmente de proteínas de huevo. Con relación a la vacunación antigripal en la edad pediátrica y la alergia al huevo, el CAV-AEP, junto con la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergia y Asma Pediátrica (SEICAP), hace las siguientes consideraciones y recomendaciones(6,19):

1. Las reacciones alérgicas debidas a la administración de vacunas antigripales son muy infrecuentes. Una reacción anafiláctica grave tras la administración de una dosis previa de la vacuna antigripal, independientemente del componente sospechoso de ser responsable de la reacción, es una contraindicación absoluta para la administración de esta vacuna.

2. El antecedente de reacción anafiláctica grave inmediatamente o de minutos a horas después de una exposición al huevo, que precisó el empleo de adrenalina u otras actuaciones médicas urgentes tras ella, harán que no se recomiende la administración de la vacuna antigripal. Si se considera que la vacunación es muy necesaria, esta deberá administrarse, previa valoración por un alergólogo pediátrico, en un recinto hospitalario con los medios adecuados para el tratamiento de la anafilaxia. Los CDC recomiendan, en estos casos, un periodo de observación mayor del habitual tras la administración de la vacuna(6). Asimismo, en el caso de lactantes con patología de base alérgica, en quienes, sin haber tomado antes huevo, se ha comprobado sensibilización al huevo (mediante prick-test o determinación de IgE específica al huevo), se recomienda la misma actitud de prudencia.

3. El antecedente solamente de urticaria u otras manifestaciones clínicas no graves, tras la exposición al huevo, no contraindica la administración de la vacuna antigripal. Tras la emisión de esta recomendación por los CDC para la campaña 2012-2013, no se ha observado un incremento de las reacciones en el informe del VAERS sobre esa campaña(20).

4. Algunas personas que se consideran alérgicas al huevo podrían realmente no serlo y la alergia estar condicionada por otros componentes de estas vacunas, como la gelatina, por ejemplo.

5. Algunas medidas, tales como administrar la vacuna dividida en dos subdosis y en dos etapas, así como las pruebas cutáneas (prick test) previas, no son recomendables(19-20).

Dentro de las recomendaciones generales de inmunización, es necesario tener siempre presente que, como tras cualquier acto vacunal, se debe observar al niño durante, al menos, 30 minutos tras la administración de la vacunación antigripal. Además, las vacunas deben administrarse por personal entrenado en el reconocimiento rápido de reacciones alérgicas y con equipo disponible para el tratamiento de la anafilaxia.

Existen pocos datos sobre el uso de la vacuna intranasal en alérgicos al huevo. Dos estudios prospectivos, recientemente publicados, realizados en Canadá y en Reino Unido, muestran una excelente seguridad en niños mayores de 2 años con antecedentes de alergia al huevo(21-22).

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Caso clínico

 

Niña de 7 años de edad, vista en Urgencias en el mes de enero, por haber presentado una crisis de dificultad respiratoria de la que no se ha recuperado. La madre refiere haber presentado la niña dolor de garganta, tos y rinorrea en las últimas 48 horas. Entre los antecedentes médicos destaca: asma intermitente, tratada actualmente con salbutamol a demanda y corticoides inhalados, con un mal control en el último año. Antecedentes epidemiológicos con casos de gripe confirmados en la comunidad y algún caso de tosferina en la escuela. Nunca ha sido vacunada de gripe.

A la exploración, presenta TEP anormal con signos de dificultad respiratoria. Rinorrea mucosa y accesos de tos no productiva, con signos de dificultad respiratoria: taquipnea, aleteo nasal y tiraje. En el examen físico, peso: 28 kg, temperatura: 38°C, frecuencia cardiaca: 150 l/m, frecuencia respiratoria: 45 r/m y la presión arterial: 100/70 mm Hg. Orofaringe eritematosa. A-P: ruda con estertores y subcrepitantes aislados. PO2: 94% de saturación. Relleno capilar inferior a 1 segundo. Exploración neurológica normal. El abdomen y las extremidades son normales.

 

 

 

Vacunación frente al virus del papiloma humano y adolescencia

J. Hinojosa Mena-Bernal1,2, B. Pascual1
Temas de FC


J. Marès Bermúdez

Institut Pediàtric Marès-Riera. Blanes (Girona)

 

Resumen

Está completamente establecida la relación causal entre la infección por determinados genotipos del virus del papiloma humano (VPH) y el desarrollo de determinados tipos de cáncer. Las vacunas disponibles frente a VPH han demostrado ampliamente su eficacia protectora para las lesiones preneoplásicas producidas por los genotipos que contienen y, tras su utilización extensa en la población, se ha corroborado su adecuado perfil de seguridad. Los adolescentes excepcionalmente presentan manifestaciones clínicas de la infección por VPH, pero son el grupo etario con mayor riesgo de infección tras su debut sexual y, por tanto, la población diana para la vacunación preventiva. La vacunación frente a VPH ha estado dirigida de forma prioritaria a la mujer y enfocada básicamente para la prevención del cáncer de cérvix; pero la carga global de la enfermedad debida a VPH en ambos sexos, el papel trasmisor tanto del hombre como de la mujer y la inmunidad de grupo observada con la vacunación, justifican que deba considerarse la vacunación en ambos sexos en los programas de inmunización.

 

Abstract

The causal relationship between infection by certain genotypes of human papillomavirus (HPV) and the development of certain types of cancer has been completely established.
The available HPV vaccines have clearly demonstrated their efficacy to prevent pre- neoplastic lesions produced by genotypes included in the vaccines and extensive use in the population has corroborated an adequate safety profile. Adolescents rarely present with clinical signs of HPV infection, but are the age group with highest risk of infection after their sexual debut and therefore the target population for preventive vaccination. HPV vaccination has been primarily directed to women with a basic focus on cervical cancer prevention. But the global burden of HPV disease in both sexes, the transmission role both by men and women and the herd immunity of vaccination, justify that vaccination of both males and females should be considered in vaccination programs.

 

Palabras clave: Vacunas frente al virus del papiloma humano; Vacunación en adolescentes; Vacunación en varones; Prevención del cáncer

Key words: Human papillomavirus vaccines; Vaccination in adolescents; Vaccination in males; Cancer prevention

 

Pediatr Integral 2015; XIX (10): 693.e1-693.e11


Vacunación frente al virus del papiloma humano y adolescencia

Introducción

Los adolescentes excepcionalmente presentan manifestaciones clínicas de infección por genotipos mucosales de VPH, pero son el grupo etario con mayor riesgo de infección tras su debut sexual y, por tanto, la población diana para la vacunación preventiva.

Está completamente establecida la relación causal entre la infección por determinados genotipos del virus del papiloma humano (VPH) y el desarrollo de determinados tipos de cáncer. Las evidencias epidemiológicas, microbiológicas, anatomopatológicas y estudios moleculares de alta sensibilidad han permitido confirmar esta relación. Todos los cánceres de cuello uterino en la mujer, la mayoría de los cánceres del área anogenital en el hombre y en la mujer, y un porcentaje significativo de los cánceres de cavidad oral y faringe en ambos sexos, son debidos a una infección persistente por genotipos mucosales oncogénicos de VPH. Otros genotipos mucosales no oncogénicos son responsables de las verrugas genitales (condilomas acuminados), que son lesiones de carácter benigno, de gran prevalencia, que afectan por igual a ambos sexos, son molestas, recurrentes y de tratamiento complejo(1).

Todos los genotipos mucosales de VPH, oncogénicos o no, se trasmiten por contacto persona-persona mediante las relaciones sexuales. Tanto el hombre como la mujer, pueden ser portadores asintomáticos y transmisores de la infección por VPH. Afortunadamente, la mayoría de personas que se infectan son capaces de eliminar el virus espontáneamente tras un periodo de varios meses a 1-2 años y, aunque generalmente no desarrollan enfermedad, pueden transmitir la infección durante este periodo(2).

En el sexo femenino está perfectamente documentado que el máximo riesgo de infección por VPH se produce muy precozmente tras el inicio de la actividad sexual, lo que condiciona que las mayores prevalencias de infección por VPH se observen en menores de 25 años. La precocidad sexual y el número de parejas sexuales son los dos factores asociados a mayor riesgo de infección. Estos datos tienen una gran implicación en la adolescencia, período de la vida en la que muchos chicos y chicas inician su actividad sexual, y en el que se observa un avance generacional en la edad de la primera relación sexual y un porcentaje de jóvenes con mayor número de parejas sexuales que antaño(1,2).

Las vacunas han demostrado también su eficacia en la prevención de otras lesiones preneoplásicas del tracto genital femenino, y la vacuna tetravalente de las verrugas genitales y del cáncer de ano en ambos sexos. Además, es muy probable que estas vacunas tengan un efecto protector frente al resto de lesiones neoplásicas asociadas a VPH(3).

Ante este abanico ampliado de carga de enfermedad por VPH en ambos sexos, el papel como transmisor de la infección, tanto del hombre como de la mujer, la eficacia de las vacunas, la inmunidad de grupo observada y el impacto demostrado en la reducción de la incidencia de infección reciente y persistente en personas vacunadas que disminuye su potencial de transmisión, es pertinente considerar también la vacunación frente a VPH del varón en los programas de inmunización.

Manifestaciones clínicas del VPH

El cáncer de cérvix por su mayor incidencia y su estrecha relación causal con el VPH es la expresión clínica más relevante de esta infección y condiciona que la carga de enfermedad sea mayor en la mujer que en el hombre.

Es importante conocer la carga global de la enfermedad neoplásica causada por la infección por VPH, ya que en ella se fundamentan todas las estrategias preventivas, incluida la vacunación. En la figura 1, se representan los cánceres relacionados causalmente con los VPH y la fracción que es atribuible a esta infección.

 

Figura 1. Carga global a nivel mundial de los cánceres relacionados causalmente con los VPH y estimación de la fracción atribuible a esta infección. Modificado de Schiller JT et al.(3). Fuente de datos: Schiller JT et al.(3 )y Marès J et al(1).

En la mayoría de los casos, las infecciones por los VPH son asintomáticas. Existen genotipos denominados cutáneos que son los causantes de las verrugas comunes, a nivel cutáneo y plantar, verrugas planas y, excepcionalmente, de la epidermodisplasia verruciforme. En cambio, los genotipos mucosales producen infecciones en el área anogenital y orofaríngea, existiendo tipos de alto riesgo (oncogénicos) y de bajo riesgo (no oncogénicos), que en función del genotipo, la localización y de la capacidad de la persona infectada de eliminar el virus, pueden producir las siguientes manifestaciones(1,2,4):

Verrugas genitales o anales (condilomas acuminados): es la expresión clínica más frecuente de la infección por VPH. Son lesiones benignas que afectan a ambos sexos y que son causadas por genotipos de VPH no oncogénicos. En dos estudios retrospectivos transversales realizados en España, se ha constatado una prevalencia estimada de verrugas genitales en personas de ambos sexos de 14 a 64 años cercana al 0,2%. El 55% de los casos son varones y la tasa de incidencia estimada es de 118 casos/100.000 personas/año(5).

Papilomatosis laríngea recurrente: forma clínica infrecuente (prevalencia de 4 x 100.000 niños), también producida por genotipos de VPH no oncogénicos. Existe la forma clínica juvenil de comienzo antes de los 18 años de edad, generalmente entre los 2-5 años, debida al contagio perinatal a través del canal del parto, especialmente si la madre presenta verrugas genitales. La forma clínica del adulto se transmite por contacto sexual.

Lesiones neoplásicas de cérvix: en base a los cambios observados en los estudios citológicos del cérvix uterino, se clasifican en lesiones escamosas intraepiteliales de bajo grado (LSIL) producidas tanto por los genotipos de bajo riesgo (no oncogénicos), como por los de alto riesgo (oncogénicos), y las lesiones escamosas intraepiteliales de alto grado (HSIL) ocasionadas exclusivamente por los VPH oncogénicos. En algunos casos, no es posible tal diferenciación y se clasifican como atipias escamosas de naturaleza incierta (ASCUS). Cuando se realiza la biopsia dirigida, las lesiones se clasifican en: neoplasias cervicales intraepiteliales (CIN), correspondiendo las CIN de grado 1 (displasia leve) a las LSIL y las CIN 2 (displasia moderada) y CIN 3 (displasia grave, carcinoma in situ, adenocarcinoma in situ) a HSIL. Cuanto mayor es el grado de displasia, mayor es la detección de VPH de alto riesgo (oncogénicos). En España, se realizan anualmente en mujeres mayores de 20 años, cerca de 7.600.000 citologías, resultando patológicas un 3,5%, similar a lo descrito en otros países de nuestro entorno(1).

Cáncer invasor de cérvix: es el resultado final de la progresión de las lesiones preneoplásicas causadas por los VPH oncogénicos. Todos los cánceres de cérvix (≈100%) son debidos a la infección por VPH. Es el segundo cáncer más frecuente en la mujer joven (menor de 45 años), después del cáncer de mama. Se estima que la incidencia de cáncer invasivo de cuello uterino en los países desarrollados de nuestro entorno oscila entre 10-15 casos por 100.000 mujeres/año (Tabla I). En España, la tasa de incidencia media es de 9 casos por 100.000 mujeres/año (oscila entre 4-12/100.000 mujeres/año según zona geográfica) lo que representa aproximadamente unos 2.000 casos por año y cerca de 700 fallecimientos. Estudios epidemiológicos realizados en Europa estiman un incremento anual de un 1% en la incidencia de cáncer de cérvix en España en los próximos años(1,6).

Lesiones neoplásicas y cánceres ano-genitales: algunos genotipos de VPH oncogénicos son los agentes causales de neoplasias intraepiteliales de vagina (VaIN), y vulva (VIN) en la mujer, de pene (PIN) en el hombre y de ano en ambos sexos (AIN). Las incidencias de estos cánceres son mucho menores que el cáncer de cérvix, y se sitúan sobre el 0,5/100.000 personas/año para el cáncer de vagina y pene, 2/100.000 el de vulva y sobre el 1/100.000 para el de ano, más frecuente en varones que en mujeres, y mucho más frecuente en varones homosexuales (40 veces más que en la población general)(29). Se detectan VPH oncogénicos como causantes de estas lesiones en el 40% de los cánceres de vulva y pene, 65% en vagina y hasta el 85% en los de ano (Tabla I)(1,4).

Cáncer orofaríngeo: los VPH oncogénicos son responsable de un 15-35% de los cánceres de cavidad oral y faringe (zona amígdalar, orofaringe y con menor frecuencia base de la lengua, y laringe), 4 veces más frecuentes en el hombre que en la mujer. Se ha constatado un incremento de este tipo de lesiones atribuibles a VPH en países desarrollados en los últimos años (4-5 veces más que en países en desarrollo). La incidencia en Europa de cánceres orofaríngeos atribuibles al VPH se estima en 1,2/100.000 personas/año (Tabla I)(2-4).

Virología y fisiopatología

La infección por VPH es la causa necesaria para el desarrollo del cáncer de cérvix y de un alto porcentaje de otras neoplasias ano-genitales y orofaríngeas en ambos sexos.

Los VPH son virus con ADN de doble cadena circular y envueltos por una cubierta proteica compuesta por dos moléculas, L1 y L2, que forman parte de la estructura del virus. La proteína L1 recombinante y especifica para cada genotipo es la utilizada como antígeno en las actuales vacunas.

Se han identificado cerca de 150 tipos diferentes de papilomavirus con un tropismo diferenciado: unos genotipos son cutaneotrópicos, causantes de lesiones cutáneas, y otros son mucosotrópicos o mucosales, con capacidad de infectar al tracto genital.

Entre los VPH mucosales (aproximadamente 40 genotipos) existen los de alto riego (oncogénicos) relacionados con las neoplasias ano-genitales y orofaríngeas, y los de bajo riesgo (no oncogénicos) responsables de las verrugas genitales (condilomas acuminados):

• Existen hasta 16 genotipos oncogénicos confirmados, de los que el VPH 16 y el VPH 18 están relacionados causalmente con la mayoría de los cánceres de cérvix a nivel mundial. En España, los VPH 16 y 18, son causantes del 72% de todos los cánceres de cuello uterino y, por orden de frecuencia, los genotipos 16, 18, 45, 31, 33, 52 y 58 son globalmente responsables de más del 85% de los casos (Fig. 2)(6,7).

Figura 2. Porcentaje acumulado de casos de cáncer de cérvix atribuidos a cada genotipo de VPH. Los VPH 16 y 18 representan en total más del 70% de la etiología del cáncer de cérvix en todas las regiones del mundo. X= VPH no genotipados. Fuente de datos: Muñoz N et al(7).

• Los VPH de alto riesgo (especialmente VPH 16 y 18) están implicados en el 40-85% de otros cánceres anogenitales (vagina, vulva, ano y pene) y en el 15-35% de los cánceres orofaríngeos, tanto en el hombre como en la mujer(4).

• Los genotipos VPH 6 y VPH 11 son mucosales de bajo riesgo y causantes de hasta el 90% de las verrugas genitales en el hombre y en la mujer, de la papilomatosis laríngea recurrente tanto juvenil como del adulto y de un alto porcentaje de las lesiones escamosas intraepiteliales de bajo grado (LSIL/CIN1) en la mujer(2).

La infección genital por VPH es transmitida por vía sexual, a través del contacto entre las superficies mucosas y cutáneas con personas previamente infectadas. Muy a menudo, la infección se adquiere precozmente tras el debut sexual, tanto en el hombre como en la mujer. Si la infección se produce por genotipos de bajo riesgo pueden desarrollarse, en ambos sexos, verrugas genitales sin potencial de malignización. Si se produce por VPH de alto riesgo, como el 16 o el 18, la infección aguda en la mujer puede acompañarse de un período de cambios citológicos de bajo grado en el cuello uterino. La mayoría de estas infecciones se resuelven espontáneamente, aunque en un porcentaje de mujeres, el VPH se mantiene persistente en la zona de transición del cuello uterino. Es, en estos casos, cuando existe el riesgo de progresión a lesiones epiteliales de alto grado (CIN 2 o CIN 3) y, en última instancia, a cáncer invasor(3).

El desarrollo de neoplasias debidas a la infección persistente por el VPH requiere la integración del ADN del virus en el genoma de la célula infectada, interfiriendo con la expresión de las proteínas reguladoras del crecimiento celular normal. La malignización se produce tras el desarrollo de múltiples mutaciones que condicionan la transformación celular y habitualmente requiere para el cáncer de cérvix un proceso lento de 10 a 30 años, aunque se han constatado evoluciones rápidas de tan solo 2 años desde la infección. El largo intervalo entre la infección y el desarrollo de cáncer sugiere que, aunque la infección por VPH es necesaria para su desarrollo, esta no es suficiente. Los determinantes genéticos y ambientales que facilitan la persistencia de la infección y colaboran con los oncogenes del virus para producir cáncer no son bien conocidos, con la excepción del estado de inmunocompetencia del huésped. El consumo de tabaco, el uso de anticonceptivos orales y la precocidad sexual en el inicio de las relaciones sexuales, son factores que incrementan el riesgo de infección persistente y el desarrollo de cáncer, y que deben tenerse muy en cuenta en las adolescentes y mujeres jóvenes (Tabla II)(1,3,8).

La historia natural de la infección por VPH de alto riesgo en el resto de zonas anogenitales y en orofaringe es menos conocida, aunque las lesiones preneoplásicas de alto grado de vulva y ano (VIN3 y AIN3) tienen un potencial de transformación maligna bien establecido(3).

Epidemiología

El inicio precoz de las relaciones sexuales en la adolescencia y el número de parejas sexuales son los factores de mayor riesgo para la adquisición de la infección por VPH.

Tanto la mujer como el hombre pueden ser portadores asintomáticos y vehículos de la infección por VPH. Aunque la prevalencia de infección varía en las distintas zonas geográficas del mundo, se considera que cerca del 80% de las mujeres se habrán infectado por, al menos, un tipo de VPH a lo largo de su vida. El riesgo estimado de contagio tras una relación sexual sin protección con una persona infectada es elevado y oscila entre el 40 y el 80%.

• En un gran estudio epidemiológico realizado en España, se detectó una prevalencia global de infección del 14% en mujeres de 18 a 65 años. En mujeres de 18 a 25 años, la tasa de infección resultó del 29% y a partir de los 30 años se reducía con la edad, hasta un 10% de media. En el 84% de las mujeres, la infección fue causada por un VPH oncogénico de alto riesgo, siendo el VPH 16 el más prevalente(1).

• En varones, la prevalencia de infección es menos conocida, ha sido evaluada en distintas regiones del mundo, oscila entre el 10 y el 40%, y se mantiene relativamente estable en las distintas edades de la vida. La menor tendencia a la infección persistente en el varón sugiere que esta prevalencia estable con la edad sea debida, más probablemente, a la adquisición de nuevas infecciones a lo largo de la vida(4).

La conducta sexual es un factor que determina el mayor o menor riesgo de infección a todas las edades, pero muy especialmente en adolescentes y jóvenes:

• La edad precoz en el inicio de las relaciones sexuales se asocia a mayor riesgo de prevalencia. Datos epidemiológicos en España sitúan la edad de la primera relación sexual entre los 17 y 21 años, aunque en más de un 7% de las mujeres se reduce a los 14-16 años. Además, confirma el avance en más de 5 años en la edad de la primera relación sexual entre las mujeres jóvenes (18-25 años) en comparación a las mujeres de mayor edad (56-70 años)(1).

• El número de compañeros sexuales a lo largo de toda la vida sexual es el factor correlacionado con un mayor riesgo de infección, estimándose un incremento de un 3-5% para la infección por VPH 16 y 18 por cada compañero sexual. Existen datos que indican que, aunque en España un 50% de las mujeres entre 18 y 25 años mantienen relaciones monógamas, en este rango de edad el porcentaje con 2-4 compañeros sexuales, o más de 5 compañeros sexuales, se incrementa respectivamente en 4 y 8 veces más en relación al que presentaron mujeres que actualmente tienen una edad superior(1).

• Un incremento del número de contactos sexuales de la pareja masculina de una mujer, aumenta el riesgo de infección de esta.

En la mayoría de los casos, la infección es transitoria y se resuelve espontáneamente, generalmente entre los 12 y 24 meses en mujeres y entre los 6 y 12 meses en los varones. En un 3-15% de las mujeres infectadas por los VPH de alto riesgo, la infección se vuelve persistente y constituyen el grupo de riesgo de desarrollo de neoplasias. La infección persistente en varones es menos frecuente que en las mujeres, estimándose tasas por debajo del 5%(1-4).

Estrategias preventivas frente a VPH

La vacunación frente a VPH es la estrategia preventiva prioritaria frente a las lesiones neoplásicas producidas por el papilomavirus.

La utilización del preservativo reduce el riesgo de contagio del VPH, aunque solo lo evita en un 60-70% de los casos, debido al contacto de zonas genitales no cubiertas por el mismo o a su uso inadecuado. La circuncisión reduce la prevalencia de infección en el varón, acorta el tiempo de aclaramiento viral y paralelamente puede disminuir el riesgo de contagio en la mujer.

El cribado citológico mediante la técnica de Papanicolau, ha sido y es la estrategia fundamental para la detección precoz de lesiones preneoplásicas de cuello uterino. Ha contribuido de forma determinante en la reducción, en más de un 75%, de la morbilidad y mortalidad por cáncer de cérvix en las poblaciones en las que se realiza de forma sistemática y continuada. En España, el cribado es oportunista, y aunque más de 80% de las mujeres entre los 18 y los 70 años se han realizado alguna vez una citología, a menos del 50%, se les ha practicado en el último año. Además, la cobertura es irregular e insuficiente en función de la edad (menor a mayor edad), situación socioeconómica (menor en niveles bajos) y región geográfica (inferior al 65% de cobertura en varias comunidades autónomas)(1). La incorporación reciente de técnicas de detección de ADN viral de VPH oncogénicos por PCR mediante frotis vaginal, permiten optimizar las estrategias de cribado y mejorar la eficiencia.

No existen técnicas de cribado para la detección precoz del resto de cánceres ano-genitales u orofaríngeos debidos a VPH(2).

Sin lugar a dudas, la vacunación profiláctica frente a la infección por papilomavirus, con eficacia y efectividad demostrada para evitar la infección persistente por determinados genotipos de VPH y el desarrollo de lesiones preneoplásicas debidas a estos, se convierte en la estrategia preventiva prioritaria frente a las distintas neoplasias relacionadas causalmente con la infección por este virus.

Vacunas frente al virus del papiloma humano

Las vacunas frente a VPH han demostrado ampliamente su eficacia en la prevención de determinadas neoplasias asociadas a esta infección, y los datos de farmacovigilancia mundial confirman su adecuado perfil de seguridad.

Todas las vacunas actualmente disponibles frente a VPH utilizan como antígeno la proteína estructural L1 de la cápside externa de los VPH obtenida por recombinación genética. Esta proteína se autoensambla cuando se expresa en cultivos de células eucariotas y forma partículas similares al virus (virus-like particles o VLPs) que son capaces de inducir una respuesta inmunitaria de anticuerpos neutralizantes que permite prevenir la infección por VPH. Son vacunas inactivadas y al no contener genoma viral, no pueden causar infección ni tienen potencialidad para causar lesiones neoplásicas.

Son vacunas profilácticas capaces de prevenir la infección inicial para determinados tipos de VPH, pero sin efecto terapéutico para los genotipos causantes de una infección ya establecida con anterioridad a la vacunación, ni sobre las lesiones producidas por esta infección previa(1,3,9).

Composición

Se trata de vacunas inactivadas: contienen proteínas estructurales L1 (VLPs) no infecciosas obtenidas por técnicas de recombinación genética. Existen dos vacunas comercializadas en España, la vacuna bivalente Cervarix® y la vacuna tetravalente Gardasil®. En julio de 2015, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) ha autorizado una vacuna nonavalente denominada Gardasil 9®, y que tiene prevista la comercialización en España en 2016. En la tabla III, se detallan las diferencias en la composición de estas tres vacunas: los genotipos y dosis de proteína recombinante L1, su sistema de expresión para formar las VLPs y el tipo de adyuvante que contienen(10-12).

Inmunogenicidad

La vacuna bivalente presenta en mujeres de 15 a 25 años tasas de seroconversión del 100% tras la vacunación con tres dosis para los genotipos de VPH que contiene la vacuna, manteniendo a los 9,4 años las tasas de seropositividad con titulaciones, al menos, 10 veces superiores a las generadas por la infección natural. La vacuna tetravalente presenta en mujeres de 16 a 26 años tasas de seroconversión del 99-100% para los tipos incluidos tras la vacunación con tres dosis, manteniéndose a los 9 años tasas de seropositividad > 98% para el VPH16 y del 65% para el VPH18(1-3).

Tanto para la vacuna bivalente como tetravalente, se ha comprobado la adecuada inducción de memoria inmunológica con la administración de una dosis de refuerzo a los 6,5 y 5 años respectivamente.

Se han realizado estudios de inmunogenicidad en niñas y adolescentes de 9 a 14 años con la vacuna bivalente y en niñas, niños y adolescentes de ambos sexos de 9 a 15 años de edad con la tetravalente, con tasas de seroconversión del 100% para los genotipos incluidos en ambas vacunas y con titulaciones más de 2 veces superiores a las obtenidas en las mujeres de 15 a 25 años y de 16 a 26 años respectivamente, en las que se ha comprobado la eficacia clínica. Para ambas vacunas, se han realizado estudios de inmunogenicidad con dos dosis (pauta 0-6 meses) en niñas y adolescentes de 9 a 14 años (vacuna bivalente) y en niñas, niños y adolescentes de ambos sexos de 9 a 13 años (vacuna tetravalente), con respuesta no inferior a la obtenida en mujeres de 15 a 25 años y de 16 a 26 años respectivamente con pauta de 3 dosis, lo que ha permitido la indicación con dos dosis en dichos rangos de edad(1,3).

Con la vacuna nonavalente se han realizado estudios de inmunogenicidad en niñas, niños, adolescentes de ambos sexos, mujeres y hombres de 9 a 26 años. En todos los grupos de edad entre el 99 y el 100% de los vacunados presentaron tasas de seroconversión para los 9 genotipos contenidos en la vacuna al mes de la última dosis. Como ya ocurría con la vacuna tetravalente, los niños y niñas de 9 a 15 años presentaron titulaciones de anticuerpos superiores a las obtenidas en mujeres de 16 a 26 años, en las que se ha comprobado la eficacia clínica. En los estudios, se demuestra la no inferioridad inmunológica en relación a la vacuna tetravalente con pauta de 3 dosis en niñas, adolescentes y mujeres de 9 a 26 años de edad para los genotipos que comparten ambas vacunas (VPH 6, 11, 16 y 18). Estos datos permiten inferir la eficacia de la tetravalente a la nonavalente para estos genotipos. En varones entre 16 y 26 años, tanto las tasas de seroconversión como la titulación de anticuerpos fueron similares a las obtenidas para todos los genotipos en las mujeres del mismo rango de edad vacunadas con la nonavalente. Con esta vacuna, no se han realizado estudios en hombres o mujeres mayores de 26 años(2,3,13).

Eficacia

En los ensayos clínicos con un seguimiento de hasta 8 años, se corrobora para ambas vacunas, y a pesar de las diferencias en la inmunogenicidad, una eficacia superior al 95% para la prevención de las lesiones preneoplásicas de alto grado CIN2+, CIN3+, y adenocarcinoma in situ (AIS), y en la prevención de lesiones preneoplásicas vulvovaginales debidas a los VPH oncogénicos 16 y 18 en mujeres mayores de 15 a 25 años (vacuna bivalente) y de 16 a 26 (vacuna tetravalente)(3,9).

La vacuna tetravalente presenta en mujeres una eficacia del 99% para la prevención de verrugas genitales. En varones, esta vacuna ha demostrado globalmente una eficacia del 90% en la reducción de verrugas genitales y del 75% en la prevención de lesiones anales preneoplásicas de alto grado (AIN2+) debidas a los genotipos de VPH que contiene la vacuna(9,14). Estos datos han permitido extrapolar la eficacia para lesiones preneoplásicas y cáncer de ano en ambos sexos.

Se ha confirmado para las vacunas bivalente y tetravalente, la presencia de distintos grados de protección cruzada para otros tipos de VPH oncogénicos no incluidos en los preparados, que puede ampliar la efectividad global de la vacunación:

• Eficacia protectora frente a lesiones CIN2+ y AIS por genotipo VPH 31 del 56% con vacuna tetravalente y del 88% con vacuna bivalente(10,11).

• Eficacia protectora frente a lesiones CIN2+ y AIS por genotipos VPH 33, VPH 45, VPH 39, y VPH 51 del 68%, 82%, 75% y 55% respectivamente con la vacuna bivalente(11).

La eficacia clínica en niñas y adolescentes de 9 a 14 y 15 años se infiere para ambas vacunas en base a la no inferioridad inmunológica en relación a las cohortes de mujeres mayores de 15 y 16 años en las que se ha comprobado la eficacia protectora.

Para la vacuna nonavalente, la eficacia frente a los genotipos que comparte con la tetravalente se extrapola de la no inferioridad inmunológica entre la nueva vacuna y su predecesora, en la que se realizaron los estudios de eficacia. Para los 5 genotipos añadidos se realizó un estudio de eficacia que incluyó a 14.000 mujeres aleatorizadas para recibir la vacuna tetravalente o la nonavalente, seguidas durante una media de 40 meses. Las mujeres vacunadas con la nonavalente presentaron una eficacia > 97% en la reducción de CIN2+, CIN3+ o AIS causados por los VPH 31, 33, 45, 52 y 58(12,13).

Efectividad

Tras la introducción de la vacunación sistemática en preadolescentes, adolescentes y mujeres jóvenes, se han documentado ya los primeros datos de efectividad:

• En Australia, tras la introducción en 2007 de un programa de vacunación sistemática en chicas de 12-13 años de edad (con vacunación de rescate en adolescentes y mujeres jóvenes de hasta 26 años hasta el año 2009) se observó, ya desde 2011 (cobertura vacunal 70%), una reducción global del 85% en la prevalencia de verrugas genitales en poblaciones vacunadas con vacuna tetravalente (mujeres < 30 años), y una reducción muy significativa, debida a la inmunidad de grupo, de la tasa de verrugas genitales en varones no vacunados menores de 30 años(15). Resultados similares han sido registrados en otros países, como Nueva Zelanda, Estados Unidos, Dinamarca, Alemania y Suecia(9).

• Se ha documentado una reducción de la tasa de infección por VPH oncogénicos en mujeres vacunadas en países con coberturas vacunales de más del 50%, con una reducción de un 68% de la prevalencia de infección por VPH 16 y 18 en adolescentes y jóvenes de 13 a 19 años en el periodo posvacunal comparado con el periodo prevacunal. Adicionalmente, se han observado datos de protección cruzada frente a VPH 31, 33 y 45, y un efecto de protección indirecta en mujeres de 20 a 39 años y en hombres menores de 20 años, gracias a la inmunidad de grupo(9).

• Recientemente en Australia, se ha documentado el impacto del programa de inmunización iniciado en 2007 con la reducción global de lesiones preneoplásicas de alto grado (CIN2+, CIN3+) de hasta un 50% en la población que fue tributaria de vacunación, e incluso un discreto descenso también en cohortes de mujeres no vacunadas, probablemente por la inmunidad de grupo generada por la menor circulación de los genotipos vacunales(16). En EEUU, Canadá y otros países con programas de seguimiento bien estandarizados, se han comunicado también datos similares que corroboran la reducción de lesiones preneoplásicas de alto grado en sus cohortes objeto de vacunación, incluso con coberturas vacunales menores al 50%(9, 17).

Son necesarios más años de seguimiento para la constatación de la reducción esperada de lesiones preneoplásicas asociadas a VPH y, al menos, una o dos décadas más para poder valorar los primeros datos sobre el impacto en la reducción de la incidencia de cáncer invasor(9).

Seguridad y efectos adversos

Metanálisis de todos los ensayos clínicos de estas vacunas, con más de 30.000 mujeres con la vacuna bivalente, más de 29.000 personas (mujeres y hombres) con la tetravalente y cerca de 23.000 personas de ambos sexos con la nonavalente, muestran un excelente perfil de seguridad de estas vacunas(18).

Pero los datos más potentes para confirmar el adecuado perfil beneficio/riesgo de estas vacunas, nos los ofrece el seguimiento postcomercialización, con cerca de 100 millones de dosis administradas de las vacunas bivalente y tetravalente. En 2014, el Global Advisory Committee on Vaccine Safety de la Organización Mundial de la Salud revisó todos los datos existentes de los programas de farmacovigilancia a nivel mundial y ratificó sus conclusiones de 2009, confirmando el adecuado perfil de seguridad de estas vacunas y constatando que los efectos adversos más frecuentes de las mismas son la reactogenicidad local y el dolor muscular generalizado, generalmente leves y bien tolerados. No se ha constatado un incremento de enfermedades crónicas de nueva aparición, ni de enfermedades autoinmunes, ni de enfermedades neurológicas, ni de mortalidad asociados a la vacunación frente a VPH(18,19).

La farmacovigilancia continúa con el objetivo de garantizar la seguridad de las vacunas a la población, y prueba de ello es la comunicación en 2015, por parte de la EMA, de la resolución de su Comité de Evaluación de Riesgos en Farmacovigilancia (PRAC) sobre la seguridad de las vacunas frente a VPH. En dicho informe la EMA descarta la evidencia de una relación causal entre la vacunación y dos patologías extremadamente infrecuentes, como son el síndrome de dolor regional complejo y el síndrome de taquicardia postural ortostática, en las que se había observado una asociación temporal.

Además de la reactogenicidad local y el dolor muscular generalizado, otros efectos adversos que se presentan en algunos pacientes son: cefalea y, en ocasiones fiebre, habitualmente tolerables. Se han comunicado algunas reacciones alérgicas en pacientes sensibilizados a alguno de los componentes de las vacunas. Específicamente en adolescentes y jóvenes, se observa un incremento de síncopes tras la administración de estas vacunas y que se consideran debidos a reacciones vagales relacionadas con la inyección intramuscular, que son más frecuentes en este grupo de edad(1).

Para ambas vacunas, se han comunicado datos de seguridad en relación a la administración accidental de la vacuna en mujeres embarazadas, sin evidencia de incremento de efectos adversos en la mujer, abortos, partos prematuros ni efectos teratogénicos en el feto(18).

Indicaciones

En la tabla III, se detallan las indicaciones autorizadas por la EMA para toda Europa de cada una de las vacunas frente a VPH.

Pauta de administración

Vacuna bivalente(1,3,11)

• Niñas de 9 a 14 años de edad (ambos inclusive) deben recibir dos dosis de 0,5 ml por vía intramuscular a los 0 y 6 meses. El intervalo mínimo entre dosis es de 5 meses. Si se administrara la segunda dosis antes de este intervalo, deberá administrase necesariamente una tercera dosis, con un intervalo mínimo de 3 meses tras la segunda.

• A partir de los 15 años de edad, la pauta de vacunación consiste en 3 dosis de 0,5 ml administradas a los 0, 1 y 6 meses. El intervalo mínimo entre la primera y la tercera dosis debe ser de 5 meses y, al menos, 3 meses después de la segunda dosis. Es recomendable que las tres dosis se administren dentro del periodo de un año.

Vacuna tetravalente(1,3,10)

• Niñas y niños de 9 a 13 años de edad (ambos inclusive) deben recibir dos dosis de 0,5 ml por vía intramuscular a los 0 y 6 meses. El intervalo mínimo entre dosis es de 6 meses. Si se administrara la segunda dosis antes de este intervalo, deberá administrase necesariamente una tercera dosis, con un intervalo mínimo de 3 meses tras la segunda.

• A partir de los 14 años de edad, la pauta de vacunación consiste en 3 dosis de 0,5 ml administradas a los 0, 2 y 6 meses. El intervalo mínimo entre la primera y la segunda dosis es de 1 mes, y entre la primera y la tercera dosis debe ser de 5 meses, y, al menos, 3 meses después de la segunda dosis. Es recomendable que las tres dosis se administren dentro del periodo de un año.

Vacuna nonavalente(3,12)

• Niños, adolescentes y adultos de ambos sexos a partir de los 9 años de edad: deben recibir 3 dosis de 0,5 ml administradas a los 0, 2 y 6 meses. El intervalo mínimo entre la primera y la segunda dosis es de 1 mes, y entre la primera y la tercera dosis debe ser de 5 meses, y, al menos, 3 meses después de la segunda dosis. Es recomendable que las tres dosis se administren dentro del periodo de un año.

Las personas vacunadas con vacuna tetravalente pueden recibir una pauta de 3 dosis de vacuna nonavalente para ampliar la protección a los genotipos que esta incorpora(2,3).

Se debe completar la pauta de vacunación con el mismo preparado comercial. Sin embargo, si se desconoce o no está disponible el preparado comercial de la vacuna frente a VPH administrado con anterioridad, se puede utilizar para continuar o completar la serie cualquiera de las vacunas disponibles para asegurar, al menos, la protección frente a VPH16 y VPH18. No hay estudios que hayan evaluado la intercambiabilidad de las vacunas frente a VPH(3).

No se ha establecido hasta la actualidad, la necesidad de administrar dosis de refuerzo para ninguna de estas vacunas.

Precauciones y contraindicaciones

La vacuna está contraindicada en:

• Antecedentes de hipersensibilidad después de la administración de una dosis anterior.

• Antecedentes de alergia a cualquier componente de la vacuna.

• Embarazo.

Se recomienda posponer la administración de la vacuna hasta la recuperación clínica en caso de:

• Enfermedad aguda moderada o grave, con o sin fiebre.

• Fiebre alta (más de 38,5º axilar o 39º rectal).

Ya que no se dispone de datos de seguridad y eficacia en pacientes inmunodeprimidos ni mujeres en período de lactancia, la administración en estas situaciones debe considerarse con precaución y solo tras una valoración individualizada del beneficio/riesgo(1-3).

Coadministración con otras vacunas o medicamentos

Al tratarse de vacunas inactivadas, pueden coadministrarse en lugares anatómicos distintos con otras vacunas inactivadas o bien con vivas atenuadas, o administrarse con cualquier intervalo entre ellas, y también concomitantemente o con cualquier intervalo con inmunoglobulinas y hemoderivados(1-3).

Puede administrarse en mujeres que toman anticonceptivos hormonales.

Vacunación frente a VPH en la adolescencia

En la adolescencia y específicamente en las edades más tempranas de la misma, es cuando deben instaurarse las campañas de vacunación a nivel poblacional.

¿Contra qué nos protegen las vacunas?

Las tres vacunas, bivalente, tetravalente y nonavalente ofrecen protección frente al cáncer relacionado con los genotipos 16 y 18, causantes de la gran mayoría (≈ 65%) de los cánceres debidos a VPH en ambos sexos, y concretamente de ≈70% de los cánceres de cérvix en la mujer. La protección cruzada que ofrece la vacuna bivalente frente a genotipos no incluidos puede incrementar más esta protección, incluso hasta un 10-15% adicional para el cáncer de cérvix. Las vacunas tetravalente y nonavalente, al incluir protección para los tipos 6 y 11, previenen la mayoría (≈90%) de las verrugas genitales en ambos sexos. La vacuna nonavalente, con protección para 5 genotipos oncogénicos más, ofrece en relación a la tetravalente, un incremento de protección frente al cáncer relacionado con VPH mayor en las mujeres (de hasta un 15% adicional) que en los hombres (hasta un 4% adicional), dada la distinta implicación de estos genotipos como causales de las diferentes lesiones neoplásicas en cada sexo(20).

Recomendaciones de vacunación en la adolescencia

Dado que la alta eficacia protectora de las vacunas disponibles está vinculada a que la persona que se vacune no esté infectada por alguno de los genotipos de VPH que estas contienen, la mayor efectividad de cualquier estrategia vacunal se obtendrá cuando se vacune a la población antes de que se haya producido una infección por papilomavirus; ya que la infección por los VPH mucosales, oncogénicos o no, se produce precozmente con el inicio de la actividad sexual; es precisamente en la adolescencia y específicamente en las edades más tempranas de la misma, cuando deben instaurarse las campañas de vacunación a nivel poblacional. Además, en estas edades, en las que las niñas y adolescentes todavía están incluidas en programas de vacunación con otras vacunas y en las que socialmente hay mayor aceptación, se consiguen coberturas de vacunación más elevadas que en campañas dirigidas a adolescentes mayores o a adultos. Se ha comprobado que las campañas de vacunación a nivel escolar tienen una incidencia muy positiva en mejorar las coberturas en adolescentes. En España, la cobertura de vacunación a la edad de 14 años es subóptima, del 74,7% de media, y en algunas Comunidades Autónomas (CCAA) es inferior al 55%. Las mayores coberturas se observan precisamente en las CCAA que realizan vacunación escolar. La cobertura de la vacunación es esencial para obtener una efectividad elevada en la población, independientemente de la eficacia de la vacuna a nivel individual.

No obstante, si la persona ha iniciado ya relaciones sexuales, puede vacunarse sin necesidad de cribado previo. Estudios que han evaluado el riesgo de que una mujer menor de 25 años con actividad sexual esté infectada por uno de los genotipos 16 o 18 de VPH es menor del 10%, y simultáneamente por los dos menor al 1%. Aunque la mujer este infectada por uno de los de genotipos que contienen las vacunas, estas han demostrado eficacia protectora para el resto de genotipos y, por tanto, en la gran mayoría de casos, existirá beneficio para la mujer no siendo coste-efectico un cribado virológico previo a la vacunación(1).

La vacunación frente a VPH ha estado enfocada prioritariamente para la prevención del cáncer de cérvix por su elevada incidencia y su total asociación a la infección por VPH. La población diana han sido y siguen siendo las niñas preadolescentes y adolescentes entre los 11 y los 14 años de edad. No obstante, todas las mujeres de cualquier edad, y muy especialmente las mujeres jóvenes, al menos hasta los 26 años, deberían beneficiarse de esta vacunación(1). Prueba de ello, es el gran beneficio individual y poblacional que han representado los programas de rescate instaurados en algunos países, generando una reducción de la carga de la enfermedad en vacunadas e inmunidad de grupo para las cohortes no inmunizadas(15,16).

La protección frente a verrugas genitales y lesiones preneoplásicas y cáncer de ano que ofrecen la vacuna tetravalente y nonavalente, con indicación en ambos sexos, abre la posibilidad de plantear la vacunación sistemática también de los varones, además de la mujer. Es innegable que la carga global de la enfermedad atribuible a VPH, condicionada por la prevalencia del cáncer de cérvix, es mayor actualmente en la mujer que en el hombre (Fig. 1)(3), pero tampoco deja de ser cierto, que la carga de enfermedad neoplásica atribuible al VPH en el hombre no es despreciable, y se está incrementando(2,3). Específicamente, la vinculada al cáncer orofaríngeo atribuible a VPH, mucho más frecuente en el sexo masculino, va claramente en aumento en países desarrollados e independientemente de la orientación sexual(2). Otros cánceres como el de ano, también más frecuentes en el hombre que en la mujer, son claramente más frecuentes en varones homosexuales(3). Las verrugas genitales son lesiones benignas con una carga de enfermedad similar en hombres y mujeres. Y, finalmente, es indudable que el hombre juega un papel muy relevante en la transmisión de la infección, similar o probablemente superior al de la mujer(3).

Los datos ya disponibles de impacto de las campañas de vacunación en mujeres con altas coberturas, generando inmunidad de grupo al reducir la circulación de los VPH vacunales en la población, también son un elemento que plantea la necesidad de incrementar este beneficio poblacional con la vacunación de los varones. Finalmente, todo es un problema de coste-beneficio desde la vertiente de salud pública, cuando son las autoridades sanitarias quienes deben decidir la financiación de las campañas de vacunación. Existen estudios de coste-efectividad que consideran la estrategia de vacunar a los adolescentes de ambos sexos favorable desde la perspectiva de salud pública. La efectividad de ampliar la vacunación a varones está condicionada por la cobertura vacunal en mujeres, siendo mayor cuando menor es la cobertura en estas. Modelos matemáticos que evalúan este beneficio teórico para coberturas del 70% en ambos sexos, estiman un plus de reducción del 40% de la carga de enfermedad global en mujeres y un 60% en varones, en relación al beneficio de solo vacunar a mujeres(21). Algunos países como: EEUU, Canadá, Austria y Australia ya han incluido también la vacunación de varones en sus calendarios.

Con cualquier estrategia vacunal quien más se beneficia de la vacunación es la mujer, por su mayor carga de enfermedad, pero para hacer frente, con mayor efectividad, a la carga global de la enfermedad atribuible a VPH en la población, es necesario plantear la vacunación de los varones(22). Es razonable considerar que estas vacunas ofrecerán protección frente a las neoplasias atribuibles a VPH también en las regiones no anogenitales, como es la orofaríngea, y que son las que justifican la mayor carga observada en el sexo masculino. No obstante, no se han realizado estudios que demuestren la eficacia protectora en estas localizaciones y ninguna de las vacunas actuales tiene indicación para ellas. Igual que es deseable, obtener datos en este sentido, el futuro requiere vacunas con amplia cobertura para los VPH más prevalentes (de forma directa o con protección cruzada), pautas posológicas con el menor número de dosis posible (para mejorar coberturas y coste), y un menor precio que mejore el coste-efectividad de los programas y facilite su financiación pública.

Recomendaciones en España

El calendario común de vacunaciones para 2015 del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) establece la vacunación sistemática en todas las Comunidades Autónomas de España, de todas las niñas a la edad de 12 años y da de plazo para su implantación hasta el mes de diciembre de 2016. El adelanto de la vacunación de los 14 a los 12 años permitirá mejorar la efectividad de la vacunación y es muy probable que favorezca el incremento de las coberturas vacunales de las adolescentes en nuestro país. Actualmente, el CISNS no establece ninguna recomendación de vacunación en varones(1).

El Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría establece en su calendario 2015, la recomendación de vacunación sistemática de todas las niñas entre los 11 y los 12 años de edad, y recomienda la vacunación de todas las adolescentes que no hubiesen recibido la vacuna por superar la edad fijada por cada CCAA para la vacunación sistemática. No establece, por el momento, una recomendación de vacunación sistemática en varones, aunque recomienda que se informe a los adolescentes y a sus familias sobre el beneficio de esta vacunación(23).

En un consenso de 2011, nueve sociedades científicas españolas establecían, tras una valoración individualizada, la recomendación de vacunar a varones con vacuna tetravalente(1).

Por tanto, la vacunación de los varones adolescentes en España queda a criterio de los pacientes y sus padres que por indicación de su pediatra o médico de familia, soliciten o acepten recibir esta vacunación. La vacunación individualizada no tiene un impacto comunitario significativo, y dada la mayor carga global de enfermedad en la mujer, la vacuna a nivel individual produce más beneficio en estas que en los varones. Dado el beneficio poblacional de la vacunación universal, y el incremento de efectividad que se podría conseguir con la vacunación de ambos sexos, debería considerarse la vacunación de los varones como una estrategia preventiva, desde la perspectiva de salud pública, en los programas de vacunación sistemática.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Capítulo excelente y actualizado sobre las vacunas frente a papilomavirus en el tratado de vacunología de mayor prestigio a nivel mundial. De lectura imprescindible.

American Academy of Pediatrics. Human Papillomaviruses. En: Kimberlin DW, ed. Red Book: 2015 Report of the Committee on Infectious Diseases. 30th ed. Elk Grove Village, IL: American Academy of Pediatrics; 2015. p. 576-83.

Revisión sobre las infecciones producidas por el virus del papiloma humano, actualizada en 2015 por la Academia Americana de Pediatría. Información concisa, relevante, de gran utilidad práctica y de lectura imprescindible.

– Marès J, Barrio F. Virus del papiloma humano. En: Álvarez F, Arístegui J, Moreno D, eds. Vacunas en Pediatría. Manual de la AEP 2012. Madrid: Exlibris Ediciones SL; 2012. p. 524-43.

Capítulo sobre vacunación frente al papilomavirus en el Manual de la Asociación Española de Pediatría que incorpora, además de la visión general de la infección y su prevención, información relativa al impacto de la enfermedad en España. Actualizado en julio de 2015, en el manual disponible on-line en la web del Comité Asesor de Vacunas de la AEP en: http://vacunasaep.org/documentos/manual/cap-42#1.

– Bruni L, Serrano B, Bosch X y Castellsagué X. Vacuna frente al virus del papiloma humano. Eficacia y seguridad. Enferm Infecc Microbiol Clin. 2015; 33: 342-54. http://dx.doi.org/10.1016/j.eimc.2015.03.018.

Excelente revisión, muy actualizada, de todos los datos disponibles de eficacia, efectividad y seguridad de todas las vacunas comercializadas frente al virus del papiloma humano. Revisión muy recomendable.

 

Calendario de vacunación infantil. Niño mal vacunado. Vacunas combinadas

J.M. Casanovas Gordó
Temas de FC


J.M. Casanovas Gordó

CAP Roquetes-Canteres, Institut Català de la Salut, Barcelona

 

Resumen

Este artículo comprende tres partes. Define qué es un calendario vacunal y presenta los diferentes calendarios existentes en nuestro país: Consejo Interterritorial, Comunidades Autónomas y Calendario de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Añade y describe los calendarios de Europa, EE.UU., Latinoamérica, la página de la OMS que nos proporciona todos los calendarios mundiales y los que corresponden al Reino Unido, Canadá y Australia. En segundo lugar, define qué son los pacientes mal vacunados y ofrece las herramientas para poder vacunar correctamente a aquellos pacientes inmigrantes o adoptados que les falta alguna vacuna y aquellos autóctonos que tienen un calendario incompleto y cuál es el orden y la manera de poder completar el calendario vacunal y adaptarlo a la comunidad autónoma a la que pertenece e, incluso, cómo podemos acceder al calendario vacunal más completo, que es el que nos aconseja la AEP. Finalmente, describe el concepto de vacunas combinadas. Aquellas que forman parte del día a día de los pediatras y enfermeras pediátricas que vacunamos a los niños y que han permitido unir en una sola, varias vacunas con la consiguiente reducción del número de inyectables.

 

Abstract

This article comprises three parts. Initially, it defines what is a vaccination schedule and presents the different calendars existing in our country: Interregional Council, Autonomous Regions and Spanish Association of Pediatrics (AEP) calendar. Additionally, the article adds and describes the calendars in Europe, USA, Latin America, the WHO’s page which provides all global calendars and those for the United Kingdom, Canada and Australia. Secondly, it describes what is a poorly vaccinated patient and provides the tools to properly vaccinate immigrant/adopted patients who lack a vaccine, as well as those natives who have an incomplete calendar and what order and how to complete their calendar adapting it to the autonomous community to which they belong and how we can even access the most complete immunization schedule which is what the AEP advises us. Finally, the article describes the concept of combined vaccines. Those that belong to daily life of pediatricians and pediatric nurses who vaccinate children, which have allowed to combine several vaccines into one, thus reducing the number of injectable vaccines.

 

Palabras clave: Vacunas; Calendario vacunal; Vacunas combinadas; Vacunas infantiles

Key words: Vaccines; Immunization schedule; Combination vaccines; Childhood immunizations

 

Pediatr Integral 2015; XIX (10): 675.e1-675.e20


Calendario de vacunación infantil. Niño mal vacunado. Vacunas combinadas

Introducción

La vacunación es el acto más eficaz y eficiente para preservar la salud de la población mundial y evitar la mortalidad, sobre todo de muchos niños, pero también de adolescentes y adultos.

Los calendarios vacunales se convierten en la estrategia práctica que permite adaptar las diferentes vacunas a las edades correspondientes y conseguir que todos los niños sean correctamente vacunados según las indicaciones de su territorio o país.

No podemos ni debemos olvidar la historia de estos últimos 100 años. Solamente hace 40 años, se instauró en España el primer calendario vacunal (1975). Diez años antes, en la década de los 60 (1963) se pudo empezar a vacunar frente a la poliomielitis y convertir una enfermedad con una morbilidad y mortalidad importante en una enfermedad inexistente en nuestro país durante los años 90, aunque a fecha de hoy, todavía no se puede considerar como eliminada a nivel mundial. Unos años antes (1943), se empezó a aplicar a la población la vacuna contra la difteria y estos últimos meses acabamos de vivir el resurgir de un caso en un paciente no vacunado, en nuestro territorio, donde hacía 30 años que no se detectaba ningún enfermo. En 1965, se inicia la administración de la primera vacuna combinada DTP. Hace 35 años, inicio de los 80, se instaura la vacunación con una segunda vacuna combinada y, en esta ocasión, frente a 3 virus, consiguiendo unos años más tarde que los pediatras más jóvenes no hayan tenido oportunidad de diagnosticar enfermedades antaño tan frecuentes como el sarampión y la rubéola. La vacunación de la viruela de manera obligatoria a principios del siglo XX (1906) logró que en 1977 se diera el último caso en el mundo y que, 3 años más tarde, la Organización Mundial de la Salud considerara erradicada esta enfermedad. Los últimos 20 años nos hemos beneficiado de la aparición de nuevas vacunas, la mayoría de las cuales forman parte de los calendarios actuales: haemophilus influenzae B, meningococo C, hepatitis A, B y A+ B en forma combinada, vacuna antineumocócica, vacuna antimeningocócica B, frente al rotavirus, la varicela, el papilomavirus y vacunas combinadas pentavalentes y hexavalentes.

La vacunación da lugar a un beneficio individual del vacunado y a un beneficio general de la población o de la comunidad que rodea al inmunizado, que denominamos inmunidad colectiva o de grupo.

Aunque en nuestro país la vacunación es un referente de éxito, no olvidemos que en el mundo 1 de cada 5 niños no está vacunado y un millón y medio de niños mueren al año por enfermedades que pueden prevenirse con vacunas, según la Organización Mundial de la Salud.

Calendario de vacunación infantil

Todos los países disponen de un calendario vacunal para la infancia y la adolescencia.

Entendemos por calendario vacunal, la pauta de inmunización estructurada y secuencial que se propone para diferentes grupos de edad de un país o región.

La finalidad de todo calendario vacunal es proporcionar una guía para profesionales y población general que permita una administración uniforme y racional de las vacunas.

Las vacunas incluidas en los diferentes calendarios, lo son en base a la epidemiología del país o región, la eficacia demostrada de la vacuna y un análisis coste-beneficio de la medida.

El objetivo final es conseguir una alta cobertura vacunal que genere una inmunidad de grupo que proteja de forma efectiva a la población frente a determinadas enfermedades infecciosas(1).

Calendarios vacunales en España (Fig. 1)

En España disponemos del Calendario del Consejo Interterritorial, de los calendarios de las comunidades autónomas y del que recomienda la AEP.

Figura 1. Calendario de vacunaciones recomendado por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (calendario recomendado y aprobado el año 2015)(2).

Para ver la imagen ampliada:
http://www.msssi.gob.es/ciudadanos/proteccionSalud/vacunaciones/docs/CalendarioVacunacion2015_ActualizJulio2015.pdf

En España, coexisten diferentes calendarios vacunales: el calendario del Consejo Interterritorial(2) y el de cada una de las Comunidades Autónomas(3). Además, la Asociación Española de Pediatría, como sociedad científica, publica anualmente su calendario vacunal en base a las recomendaciones del Comité Asesor de Vacunas(4).

En el Consejo Interterritorial están representados todas las Comunidades y el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. El último calendario aprobado por este organismo corresponde al año 2015. Es un calendario de consenso que contiene las recomendaciones oficiales sobre las vacunas que toda Comunidad Autónoma debe incluir(2).

En el primer año de vida, las vacunas DTPa, VPI, Hib y HB, todas ellas en 3 dosis en los primeros 6 meses, y Men C en 1 dosis a los 4 meses o 2 dosis (2 y 4 meses). Los hijos de madres portadoras de Ag frente a la hepatitis B deberán vacunarse frente a esta enfermedad al nacer, al mes y a los 6 meses.

A los 2 y 4 meses de edad, la vacuna frente al neumococo 13 valente.

En el segundo año, incluye: 1 dosis de vacuna triple vírica a los 12 meses (1ª dosis), junto a la 2ª o 3ª dosis de Men C, la 1ª dosis de vacuna de la varicela entre los 12-15 meses, la 3ª dosis frente al neumococo y la 4ª dosis de DTPa, VPI, Hib a los 18 meses.

Entre los 3 y 4 años, incluye la 2ª dosis de TV y Varicela. A los 6 años la dosis de dTpa. A los 12 años, contempla la administración de 2 dosis de vacuna de la varicela a las personas que no han pasado la enfermedad ni han sido vacunadas con anterioridad, una 3ª o 4ª dosis de Men C y vacunación solo a las niñas con pauta de 2 dosis frente al virus del Papiloma Humano (VPH). A los 14 años, vacunación frente a Td a todos los adolescentes.

Calendarios vacunales de las comunidades autónomas(3) (Fig. 2)

Cada Comunidad dispone de su propio calendario vacunal, sin embargo, a partir del 2016 con la introducción de la vacuna del neumococo y de la varicela, las diferencias entre ellos serán mínimas.

Figura 2. Calendarios autonómicos en España (8-1-2016)(3). Para ver calendarios ampliados ver enlace: http://www.aepap.org/vacunas/calendarios-espanoles.

Cada comunidad autónoma define su propio calendario vacunal, situación que establece algunas diferencias entre unas y otras(3). Las diferencias eran más remarcables los años anteriores, sin embargo, en el año 2015 son las siguientes:

Los diferentes calendarios pueden consultarse en la página web de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria(3) y del Ministerio.

• HB al nacer, en 11 comunidades (Andalucía, Aragón, Cantabria, Castilla León, Castilla-La Mancha, Ceuta, Melilla, Valencia, Extremadura, Galicia y Madrid). A los 2 meses y a los 6 meses, vacuna hexavalente y a los 4 meses, vacuna pentavalente. Las demás comunidades a los 2, 4 y 6 meses administran la vacuna hexavalente.

• Todas las comunidades administran la vacuna antimeningocócica C a los 4 meses. Cataluña administra dos dosis a los 2 y 6 meses y Madrid a los 2 y 4 meses.

• Vacuna frente al neumococo a los 2 y 4 meses en las siguientes comunidades: Rioja, Murcia, Madrid, Galicia, Extremadura, Valencia, Melilla, Castilla León, Canarias, Asturias, País Vasco y Cantabria.

• Todas las comunidades administran la vacuna triple vírica a los 12 meses. También, la antimeningocócica C (excepto Cataluña) y las que han administrado 2 dosis de antineumocócica el 1er año administran la dosis booster a esta edad. Cataluña administra a los 12 meses la vacuna frente a la hepatitis A.

A los 15 meses, se administra la vacuna antimeningocócica C en Cataluña, hepatitis A en Ceuta y Melilla y varicela en Melilla y Navarra.

• A los 18 meses, pentavalente en todas la comunidades y en Ceuta vacuna frente a la varicela.

• A los 2 años, 2ª dosis de hepatitis A y varicela en Ceuta y Melilla.

• A los 3 años, triple vírica en todas las comunidades excepto Castilla-La Mancha, Valencia, Extremadura, Madrid, Murcia y País Vasco, que se administra a los 4. Cataluña entre los 3 y 4 años. Navarra administra a los 3 años, 2ª dosis de TV y varicela.

• A los 6 años, dTpa en todas las comunidades excepto DTPa en Baleares. En Cataluña, se añade la vacuna frente a hepatitis A.

• A los 10 años, varicela en Asturias y País Vasco.

• A los 12 años:

– 3ª dosis de antimeningocócica C excepto Asturias y Navarra a los 13 años y Cataluña y Murcia en el intervalo entre los 11 -12 años.

– VPH: 2 dosis a las niñas. A los 13 años en Navarra y Asturias y a los 14 en Galicia, Valencia, Ceuta, Andalucía, Aragón y Baleares.

– Hepatitis A en Cataluña.

Varicela (excepto Asturias y País Vasco a los 10).

– A los 14 años, Td en todas las comunidades excepto País Vasco a los 16. dTpa a los 13 años en Asturias y 14 años en Melilla y Madrid.

Todas las comunidades autónomas desde diciembre del 2015 aconsejan la vacunación de la embarazada con dTpa para proteger al neonato de la tosferina, preferiblemente entre las semanas 27 y 36 del embarazo.

En enero del 2016 algunas comunidades han efectuado cambios en sus calendarios.

Calendario de la Asociación Española de Pediatría (AEP)(4)

El calendario de la AEP ofrece las vacunas sistemáticas que también figuran en el calendario del consejo interterritorial y, además, las vacunas recomendadas (rotavirus y varicela) y las vacunas para grupos de riesgo (gripe y hepatitis A).

Anualmente, la AEP publica su calendario vacunal en función de las recomendaciones de su Comité Asesor de Vacunas(4). Estas recomendaciones tienen en cuenta la evidencia disponible sobre la efectividad y la eficiencia de las vacunas, así como la epidemiología de las enfermedades inmunoprevenibles en nuestro país. Uno de los aspectos relevantes de este calendario, es que clasifica las vacunas en: sistemáticas, recomendadas, y las dirigidas a grupos de mayor riesgo, con el objetivo de orientar a los pediatras y enfermeras pediátricas, al personal sanitario y a la población, especialmente de aquellas vacunas no incluidas en los calendarios públicos.

Además, establece esta gradación que permite una priorización de las vacunas disponibles en función de la disposición de recursos para su financiación por las familias y por las administraciones sanitarias del sistema público.

Se consideran como vacunas sistemáticas, aquellas que el CAV estima que todos los niños en España deberían recibir de forma universal; como recomendadas, las que presentan un perfil de vacuna sistemática en la edad pediátrica y que el CAV considera deseable que todos los niños reciban, pero que por razones de coste-efectividad su prioridad se establece en función de las posibilidades económicas de su financiación pública; y dirigidas a grupos de riesgo, aquellas que se consideran de indicación prioritaria para personas en situaciones epidemiológicas o personales que incrementen el riesgo de padecer las enfermedades para las que van dirigidas o de presentar formas más graves si las padecen. Otro aspecto relevante es que el CAV establece, para cada vacuna, las diferentes pautas posibles, definiendo las ventanas y los intervalos de administración. Finalmente, incluye las pautas a seguir para la vacunación de rescate o vacunación acelerada en niños incompletamente vacunados.

Los aspectos más novedosos en el calendario para el año 2015 fueron los siguientes(4):

1. Vacunación frente al papilomavirus: niñas adolescentes menores de 13 o 14 años pueden aplicarse solamente 2 dosis.

2. Vacunación frente al meningococo C: esquema 1 o 2 +1 +1. Una dosis a los 2 y 4 o solo a los 4 meses, otra dosis al año de vida y otra a los 12 años de edad.

3. Se recomienda la vacuna DTPa o la dTpa a los 6 años y la dTpa a los 11-12 años, debido a la duración limitada de la inmunidad frente a tosferina.

4. El Comité Asesor de Vacunas de la AEP recomienda la vacunación frente a la varicela y el meningococo B, vacunas no disponibles en las farmacias de España, ya que son de uso hospitalario.

5. Se recomienda la vacunación frente al dTpa a la embarazada, entre las semanas 27 y 36 de la gestación y a los miembros del entorno familiar de los recién nacidos y a la madre si no se vacunó en la gestación.

Los apartados 2, 3, 4, y 5 ya figuraban en las recomendaciones del año 2014.

Durante el mes de mayo del 2015, surge la situación de desabastecimiento, de forma temporal, de vacunas combinadas (pentavalente y trivalente) que incluyen la tosferina. Se aconseja sustituir la vacuna pentavalente por hexavalente a los 4 y 18 meses y posponer la vacuna dTpa de 6 años. Las comunidades donde se administra dTpa a los 14, se puede substituir por Td(5).

Novedades en el calendario del 2016 respecto al del año 2015 (Fig. 3):

Figura 3. Calendario de la Asociación Española de Pediatría 2016 (AEP)(4).

Para ver calendario ampliado ver enlace:
http://vacunasaep.org/profesionales/noticias/novedades-calendario-cav-aep-2016.

El Comité Asesor de Vacunas nos aporta el calendario para el año 2016 y nos define las vacunas como: sistemáticas financiadas, sistemáticas no financiadas en lugar de recomendadas y vacunas para grupos de riesgo (Fig. 3).

• La vacunación con vacuna hexavalente sufre una modificación importante en las pautas: se propone la pauta con edades para la vacunación de 2, 4 y 12 meses. No se vacuna a los 6 meses ni a los 18 como hasta ahora. La vacuna de los 18 meses se adelanta a los 12 meses con la vacuna hexavalente.

• Una 4ª dosis frente a la poliomielitis en forma de vacuna combinada a los 6 años con la dTpa.

• La vacuna frente al neumococo deberá administrarse en el calendario de vacunas financiadas a los 2, 4 y 12-15 meses.

• La vacuna frente a la varicela a los 13-15 meses y la 2ª dosis a los 2-4 años. Sin olvidar la vacunación de rescate a los adolescentes susceptibles.

• Valorar a los 12 años la administración de vacuna combinada tetravalente conjugada que sustituye a la vacuna monovalente frente al meningococo C.

• Las vacunas que se denominan sistemáticas no financiadas son: rotavirus y meningococo B. Las vacunas para grupos de riesgo: gripe y hepatitis A.

Calendarios vacunales en Europa(6,7)

En Europa, cada país tiene su calendario y existen diferencias remarcables entre unos y otros. Las vacunas frente a difteria, tosferina, tétanos, poliomielitis, triple vírica y haemophilus influenzae B, figuran en todos.

Cada país en Europa decide su propio calendario vacunal. No existe una recomendación supranacional en el ámbito europeo. La diversidad entre los calendarios de los distintos países y, en ocasiones dentro de un mismo país es importante. Los calendarios de 31 países de Europa pueden consultarse en la página web que corresponde a la figura 4(6) y 35 países en la página web que corresponde a murciasalud(7).

 

Figura 4. Página web de ECDC con los calendarios vacunales de los países de Europa(6,7).

Para ver la imagen ampliada ver enlace:
http://vaccine-schedule.ecdc.europa.eu/Pages/Scheduler.aspx.

Las vacunas frente a: tosferina, difteria, tétanos, poliomielitis, sarampión, rubéola, parotiditis y haemophilus influenzae, forman parte de todos los calendarios vacunales.

Las principales variaciones que se aprecian son:

• La vacuna BCG se administra según el calendario a todos los recién nacidos en 15 países y en otros 10 países a pacientes de riesgo. Los países en los que la vacuna BCG forma parte de la vacunación en los recién nacidos, son los siguientes: Portugal, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Bulgaria, Rumania, Eslovenia, Irlanda, República Checa, Croacia, Federación Rusa, Ucrania y Turquía. Los 10 países en los que se administra en pacientes de riesgo son: Finlandia, Francia, Suecia, Noruega, Grecia, Chipre, Malta, Liechtenstein, Reino Unido y Suiza.

• La vacuna frente al rotavirus se administra, según calendario, en 12 países: Austria, Bélgica, Finlandia, Luxemburgo, Alemania, Grecia, Reino Unido, Polonia, Estonia, Noruega, Letonia y República Checa.

• Los países que no incluyen la vacuna antineumocócica son: Portugal, Croacia, Malta, Estonia, Federación Rusa y Ucrania. El resto de países sí la incluyen en su calendario y se observan básicamente dos grupos: la pauta de administración de 3 dosis en el primer año y 1 dosis como revacunación en el segundo (3+1) se aplica en 4 países, la pauta de dosificación de 2 dosis en el primer año y 1 dosis en el segundo (2+1) se aplica en 20 países. En 3 se administra la pauta 3+0.

• La vacuna frente a la varicela se administra de forma universal durante el 2º año de vida en 9 países (Austria, Alemania, Grecia, República Checa, Chipre, Letonia, Luxemburgo, Turquía y España -año 2016-) y en 6 países en edades posteriores (Bélgica, Polonia, Francia, Italia, Liechtenstein y Suiza).

• La vacuna frente a la hepatitis B no forma parte del calendario vacunal universal en: Rumania, Portugal, Polonia e Islandia, excepto que la madre sea portadora y en grupos de riesgo en Reino Unido, Noruega, Suecia, Hungría, Dinamarca y Finlandia.

• Es interesante constatar que la vacuna frente al meningococo C, no se aconseja en: Rumania, Noruega, Malta, Lituania, Letonia, Eslovenia, Eslovaquia, Finlandia, Estonia, Dinamarca, Republica Checa, Turquía, Federación Rusa, Ucrania y Croacia.

La vacuna frente a Hepatitis A figura en el calendario de Grecia y Turquía.

• La vacuna frente a la encefalitis centroeuropea en el calendario de Letonia. La vacuna frente a meningococo B en el calendario de la República Checa y, a partir del último trimestre del 2015, en el del Reino Unido.

• La vacuna frente a la poliomielitis oral consta en: Polonia, Turquía, Ucrania y en la Federación Rusa, junto a la VPI.

• La vacuna frente a la gripe forma parte de los calendarios vacunales en los siguientes países: Finlandia, Reino Unido (gripe atenuada), Letonia, Eslovenia, Austria, Polonia y Malta.

• La vacuna frente a VPH no figura en el calendario de: Chipre, Polonia, Bulgaria, Estonia, Lituania, Croacia, Turquía, Federación Rusa y Ucrania. En el resto de los países, sí que se administra.

• La unificación de los calendarios vacunales, tanto a nivel nacional como europeo, es una tarea difícil. Se basan en aspectos epidemiológicos y en una larga tradición y su evolución, introduciendo cambios, requiere una alta dosis de consenso.

Los calendarios nacionales están sujetos a cambios frecuentes. Es aconsejable acceder a través de las diferentes direcciones a la información más reciente.

En algunos países, algunas vacunas, las antineumocócicas, frente a rotavirus y papilomavirus, están recomendadas pero no financiadas(1).

Calendario vacunal de EE.UU. 2015(8) (Fig. 5)

El calendario de EE.UU. es muy completo y ofrece gran flexibilidad en las fechas de administración de las diferentes dosis.

Figura 5. Calendario vacunal en EE.UU. 2015(8,9). Para ver calendario ampliado ver enlace: http://www.cdc.gov/vaccines/schedules/downloads/child/0-18yrs-schedule.pdf

El calendario vacunal de EE.UU. se publica anualmente y es un calendario aprobado y recomendado por la American Academy of Pediatrics (AAP), el Advisory Committee on Immunization Practices (ACIP), la American Academy of Family Physicians (AAFP) y the American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG).

Está disponible en la página web con versiones en inglés y en castellano.

El calendario del año 2015 abarca desde el nacimiento hasta los 18 años(8,9).

Se especifican todas las vacunas que forman parte del calendario: hepatitis B, rotavirus, DTPa, dTpa, Hib, vacunas antineumocócicas conjugada y polisacárida, vacuna antipoliomielítica, antigripal, triple vírica, vacuna frente a la varicela, hepatitis A y vacuna conjugada frente al meningococo.

Las diferencias más remarcables respecto al calendario de la AEP son las siguientes:

• Recomiendan la vacuna frente a la hepatitis B: al nacer, la 2ª dosis entre el primer y segundo mes de vida y la 3ª dosis en el intervalo de 6 a 18 meses.

• Vacuna antipoliomielítica parenteral. Las dos primeras dosis a los 2 y 4 meses, la 3ª dosis entre los 6 y 18 meses y la 4ª dosis entre los 4 y 6 años. La principal diferencia respecto de los calendarios de nuestro país es que el número total de 4 dosis no varía pero sí su distribución en el tiempo.

• Vacuna antigripal (edad mínima: 6 meses para la inactivada y 2 años para la atenuada): recomiendan administrarla anualmente a todos los niños a partir de los 6 meses de edad. Hasta los 8 años, 2 dosis con intervalo de 4 semanas el primer año que se administra.

• Vacuna frente a la hepatitis A (edad mínima: 12 meses): 2 dosis, inicio entre los 12 y 24 meses de edad, con intervalo entre las 2 dosis de 6 a 18 meses.

• Vacuna triple vírica y Varicela: 1ª dosis a los 12-15 meses y 2ª dosis entre los 4-6 años.

• Vacuna conjugada frente al meningococo: la rutina de la vacunación consiste en administrar una dosis de Menactra® o Menveo® de los 11 a los 12 años, con un refuerzo a los 16 años. Hay indicaciones específicas para los pacientes con inmunodeficiencias. Edad mínima: 6 semanas para la vacuna que contiene Hib-meningococo CY, 2 meses para Menveo® (menACWY-CRM) y 9 meses para Menactra® (MenACWY-D).

• Vacuna frente al papilomavirus en mujeres con la vacuna bivalente o la vacuna tetravalente: edad recomendada 11-12 años en 3 dosis. Edad mínima: 9 años y vacunación de rescate (catch-up)desde los 13 hasta los 26 años, si no se ha administrado a la edad recomendada. Vacunación en varones con la vacuna tetravalente a la edad de 11-12 años. Edad mínima: 9 años para HPV4 y se recomienda realizar rescate en no vacunados de los 13 a los 21 años de edad.

• En abril del 2015, se añade a las recomendaciones la 9vHPV (9 valente) para la vacunación de niñas de 11-12 años y mujeres hasta los 26 años que no han sido vacunadas previamente o no han completado las 3 dosis. Y, también, para la vacunación rutinaria de niños de 11-12 años y hombres hasta los 21 no vacunados antes o que no han completado las 3 dosis.

• Vacuna neumocócica conjugada (PCV13v) y vacuna neumocócica polisacárida (PPSV23v): una dosis de PCV a los niños y adolescentes de 6 a 18 años que tengan asplenia, infección por VIH, implante coclear, u otras inmunodeficiencias y enfermedades crónicas cardíacas, renales, respiratorias (incluso asma que requiere dosis altas de corticoides orales), si no han sido vacunados el 1er año. Deberá administrarse la vacuna PPSV, 8 semanas después de la última dosis de la PCV a los mayores de 2 años con condiciones como las mencionadas. La revacunación con PPSV deberá hacerse 5 años después a los niños con asplenia o inmunodeficiencia.

• La vacunación frente a hepatitis A, B, triple vírica, polio, varicela, meningococo, papilomavirus y dTpa deberán administrarse como rescate o catch-up a los pacientes no vacunados en el momento adecuado, según el calendario vacunal. El nuevo calendario de EUA será publicado en el mes de febrero del 2016.

Calendarios vacunales en Iberoamérica(10) (Fig. 6)

Es interesante conocer la evolución durante los últimos 20 años de los calendarios vacunales en Iberoamerica: un esquema vacunal que ofrecía 8 antígenos dispone de unos completos calendarios vacunales y en este año 2015 ya se considera eliminada la rubéola en la región de las Américas.

Figura 6. Calendario de vacunación Iberoamericano 2014 según los países(10). Para ver calendario ampliado ver enlace:
http://vacunasaep.org/sites/vacunasaep.org/files/Recomendaciones_Calendario_Vacunacion_Infantil_Iberoamericano.pdf.

La base de los calendarios vacunales en los países iberoamericanos es el Programa Ampliado de Inmunizaciones, pero los esquemas vacunales han cambiado de manera muy dinámica(10). En 1993, el esquema vacunal constaba de: BCG, difteria, tétanos, tosferina, VPO, sarampión, rubéola y parotiditis. 10 años más tarde, se añaden las vacunas frente a H. influenzae B (en esquema 3+0 o 3+1), hepatitis B y varicela. En 2013, algunos países añadieron: rotavirus, S. pneumoniae, papilomavirus y hepatitis A (Argentina 1 dosis y otros países 2 dosis), VPI y pertussis acelular.

La vacuna frente a la fiebre amarilla se administra al año o durante el segundo año de vida. La vacuna antigripal en campañas desde los 6 meses hasta los 2 o 5 años de edad y para los pacientes de riesgo. Argentina, Brasil y Méjico la incluyen en el programa nacional de vacunación. Vacuna antimeningocócica C en Brasil, vacuna antimeningocócica BC en Cuba, vacuna tetravalente conjugada ACYW135 en Puerto Rico a niños con factores de riesgo a los 11 y 16 años.

Muchos países incluyeron la vacuna conjugada neumocócica 7-valente y, posteriormente, 10 valente o 13 valente, con esquema mayoritario 2+1. La vacuna triple vírica se administra en la mayoría, aunque en alguno como dosis única al año. En casi todos los países hay un refuerzo a los 5 años.

La vacuna frente a la tosferina forma parte de manera combinada como penta, tetra o trivalente de células enteras o acelular. Algunos países han incorporado la vacunación universal en adolescentes con dTpa.

La vacuna de la varicela forma parte de los calendarios de Brasil, Costa Rica, Ecuador, Panamá, Puerto Rico y Uruguay; este último, fue el primer país de Latinoamérica donde se introdujo en 1999 y donde en 2014 se aplica una 2ª dosis a los 5 años de edad.

La vacuna frente al rotavirus se incluye en la mayoría de calendarios en su vacuna monovalente, con dos dosis, o pentavalente con tres.

Los objetivos de la región para los próximos años son erradicar el tétanos neonatal y el sarampión. La rubéola se considera eliminada en la región de las Américas en el año 2015(11).

Diferencias entre los distintos Calendarios Sistemáticos

A modo de resumen, ya que las principales diferencias vienen reflejadas en cada apartado, podemos subrayar:

• La vacuna BCG forma parte de calendarios vacunales en algunos países de Europa y también de Iberoamérica.

• La vacuna frente al meningococo C no figura en 15 de los países de la Unión Europea. En EE.UU. consta como vacuna combinada tetravalente antimeningocócica.

La vacuna frente a la varicela figura en el calendario de EE.UU., en 8 países de Europa en los primeros años de vida y se añadirá al Calendario Interterritorial de España a partir del año 2016 en el 2º año de vida.

• La vacuna frente a la HB no figura en el calendario de 4 países de la Unión Europea. En algunos países de Europa, todavía se utiliza la vacuna oral frente a la poliomielitis.

• Existen diferentes pautas a la hora de administrar la vacuna frente al neumococo.

• El último calendario de España (Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud) correspondiente al año 2015 se aproxima al recomendado por la AEP; las vacunas sistemáticas no financiadas: rotavirus y meningococo y las vacunas para grupos de riesgo hepatitis A y gripe son la diferencia entre uno y otro.

Otros calendarios (Reino Unido, Canadá y Australia) y la página de la OMS(12-16)

La OMS(12) nos proporciona los calendarios vacunales de todos los países del mundo en su página web (Fig. 7).

Figura 7. Calendarios vacunales de todos los países a través de la página de la OMS. Para ver calendario ampliado ver enlace: http://apps.who.int/immunization_monitoring/globalsummary.

Es interesante conocer los calendarios vacunales del Reino Unido(13), Canadá(14,15) y Australia(16), que vienen reflejados en las figuras 8, 9 y 10, que no difieren significativamente de los nuestros.

Figura 8.
Calendario vacunal del Reino Unido (2015). Para ver calendario ampliado ver enlace:
http://www.nhs.uk/conditions/vaccinations/pages/vaccination-schedule-age-checklist.aspx y pasar el ratón por la subpestaña: NHS vaccination Schedule.

Figura 9.
Calendario vacunal del Canadá 2015. Para ver calendario ampliado ver enlace:
http://canadiensensante.gc.ca/healthy-living-vie-saine/immunization-immunisation/children-enfants/schedule-calendrier-table-1-fra.php.

Figura 10.
Calendario vacunal en Australia 2015. Para ver calendario ampliado ver enlace:
http://www.immunise.health.gov.au/internet/immunise/publishing.nsf/Content/nips.

Durante los próximos meses, en España, habrá cambios remarcables en el calendario vacunal del Sistema Nacional de Salud-Consejo Interterritorial. La vacuna frente a la varicela formará parte del calendario a la edad de los 12-15 meses en su 1ª dosis, a los 3-4 años en su 2ª dosis y, además, en la adolescencia, como hasta ahora, si no han sido vacunados en la infancia.

La vacuna frente al meningococo B, que ha sido de uso hospitalario hasta septiembre del 2015, podrá ser adquirida en las farmacias españolas a partir del mes de octubre.

Niño mal vacunado

Los niños inmigrantes y adoptados suelen aportar un documento que justifica las vacunas administradas en el lugar de origen y debemos adaptar su calendario al de la comunidad donde llegan. En pocas ocasiones, en la actualidad, hay que iniciar la vacunación por falta de información.

Entendemos como niños mal vacunados, aquellos que su calendario vacunal no se corresponde con el de la región, comunidad o país donde viven. Pueden abarcar desde el niño que no ha recibido ninguna vacuna, el paciente inmigrante o adoptado que ha llegado de otro país de origen, donde el calendario vacunal no es tan completo como el nuestro y deberemos adecuarlo, o simplemente aquel niño que se le ha retrasado una vacunación por haber cumplido la edad correspondiente y no haberse administrado todavía(17,18).

La situación más habitual es la del paciente que ha llegado a nuestro país y debemos adaptar su calendario vacunal del lugar de origen al calendario del país de destino. Y, en este caso, hay que aplicar un calendario acelerado, con el fin de alcanzar la vacunación correcta lo antes posible, siempre respetando los intervalos mínimos aconsejados entre las vacunas.

Los pacientes que han sido vacunados en su país y no disponen de ningún certificado debemos considerarlos como no vacunados e iniciar la vacunación desde el principio adaptada a su edad actual. La afirmación de los padres de los inmigrantes o los padres adoptivos conforme están vacunados, no nos puede servir como certificado vacunal.

Los documentos aportados deben considerarse como válidos si las fechas, los intervalos y el número de dosis corresponden al calendario del país que los acoge.

Debemos considerar el número de dosis a inyectar de cada vacuna en función de la edad del paciente. Si se han administrado dosis previas, no hay que reiniciar la pauta vacunal, sino completarla desde la última dosis. Cada vacuna inyectada es válida si se ha respetado la edad mínima y los intervalos mínimos entre las dosis.

En cualquier contacto, aunque sea esporádico con los Centros de Atención Primaria, debe aprovecharse la oportunidad para revisar el calendario del paciente y ponerlo al día si lo precisa.

Las dosis (Tabla I) podrán ser: 4 o 5 de DTPa, 1 a 4 de H. Influenzae B, 3 a 4 de Poliomielitis, 3 de Hepatitis B, 1 a 4 de Meningococo C y Neumococo, 2 a 4 de Meningococo B, 3 de Rotavirus, 2 de Triple vírica, Varicela y Hepatitis A, 3 a 5 de Td y 2-3 de Papilomavirus, siempre dependiendo de los meses o años del paciente al iniciar el calendario. Si adoptamos el calendario 2016 de la AEP se reduce en 1 dosis la DTPa, Haemophilus influenza y poliomielitis. La 4ª dosis de polio se administraría a los 6 años junto a la dTpa. Ello simplificaría el rescate en cuanto a número de dosis a administrar.

La Asociación Española de Pediatría(4,19) nos ofrece los siguientes gráficos del año 2015 (Tablas II y III), que indican la edad mínima en la 1ª dosis y los intervalos entre dosis de cara a la vacunación acelerada o rescate vacunal de los 4 meses a los 6 años de edad y de los 7 a los 18 años.

Ante cada niño que deba iniciar la vacunación desde cero o bien aquellos que deban completarla, hay que elaborar un protocolo individual, para lo cual nos ayudarán los esquemas que presentamos y así no olvidaremos ninguna vacuna y, en el menor tiempo posible y siempre respetando los intervalos mínimos y la edad de inicio de cada vacuna, completar el calendario vacunal para el bien del paciente y de la comunidad a la que pertenece y así evitar población susceptible.

La cobertura vacunal en España el 1er año y el 2º año de vida alcanza el 95%.

No debemos olvidar que la cobertura vacunal en nuestro país es muy alta(20), a pesar de que la vacunación legalmente no es obligatoria. Los últimos años encontramos, cada vez con más frecuencia, hijos de seguidores antivacunas que se basan en fundamentos pseudocientíficos y olvidan o desconocen los problemas que generaron enfermedades como: la viruela, la poliomielitis, la difteria, el sarampión o la rubéola.

Resulta sumamente difícil convencer a los padres antivacunas y el tiempo dedicado a explicar la necesidad de la inmunización de los hijos es, en la mayoría de las ocasiones, tiempo perdido; pero hay que hacerlo en todos los casos, que afortunadamente son pocos en la práctica habitual.

Encontramos, sobre todo, calendarios incompletos, pero también, algunos pacientes con falta de documentos que nos puedan definir las vacunas administradas.

Los pacientes adoptados sin un registro válido de las vacunas aplicadas deberán iniciar el calendario vacunal que corresponde a la edad y al país de adopción(21).

Los niños que han recibido 3 o más dosis de vacunas, se considera según los estudios serológicos realizados, que tienen una protección global frente a difteria del 85%, frente al tétanos del 95%, frente a la poliomielitis del 93%, frente a hepatitis B del 77% y frente a haemophilus influenza del 67%. Los mayores de 1 año con una o más dosis de sarampión, parotiditis y rubéola son inmunes el 95%, 72% y 94%, respectivamente(22).

Los pacientes sin la documentación del calendario vacunal tienen una menor inmunidad que se relaciona con un déficit de inmunoprofilaxis(22,23).

En Alemania, con la finalidad de interrumpir la transmisión del sarampión, se identificaron subgrupos no vacunados. La cobertura vacunal frente al sarampión fue baja en menores de 3 años que tenían 3 o más hermanos y en inmigrantes nacidos en el extranjero; estos niños tenían una probabilidad 3 veces mayor de no estar vacunados(24) y una cobertura frente a HB i Hib menor(25).

Los niños inmigrantes, en nuestro país, la mayoría provienen de: Rumania, Marruecos, Ecuador, China, Colombia, Bolivia, R. Dominicana, Venezuela, Brasil, Honduras y Pakistán(26). Hay pocos artículos sobre su situación vacunal. El estudio de Valencia en el 2007, demuestra que el calendario no era completo en el 13% de inmigrantes y la vacunación no financiada frente a neumococo, varicela y rotavirus era inferior a la población del país de destino.

Es recomendable efectuar la serología frente a la hepatitis B con el fin de detectar los pacientes infectados e inmunizar a los susceptibles.

Estos niños, inmigrantes o adoptados, si viajan al país de origen de los padres (visiting friends and relatives o viajeros VFR) habrá que vacunarles al igual que a los autóctonos con las vacunas de los viajeros.

En definitiva, hay en España un grupo de pacientes pediátricos no vacunados correctamente, alrededor del 3-5%, a los que se suman pacientes inmigrantes o adoptados no bien inmunizados(19).

Calendario vacunal según la edad del paciente para aplicar a los niños mal vacunados

Disponemos de una tabla de aplicación práctica de la AEP(19), modificada con las vacunas combinadas existentes actualmente según criterio del autor, en función de la edad de los pacientes (menos de 6 meses, entre 6 y 11 meses, de 12 a 24 meses), que nos indica las vacunas a administrar en las diferentes visitas.

Menores de 6 meses

1ª visita, mes 0: vacuna hexavalente, meningococo C, neumococo, rotavirus* y meningococo B*.

2ª visita, mes 1, al mes de la 1ª: vacuna hexavalente, neumococo y rotavirus*.

3ª visita, mes 2, a los 2 meses de la 1ª: vacuna pentavalente, neumococo*, rotavirus*, meningococo B*.

4ª visita, mes 6, a los 6 meses de la 1ª visita: vacuna hepatitis B (3ª dosis).

En esta visita, podrían ponerse: TV, neumococo y meningococo C, varicela* y hepatitis A*, si la edad supera el año de vida y seguir el calendario.

6 meses a 11 meses

1ª visita, mes 0: vacuna hexavalente, meningococo C, neumocócica y meningococo B*.

2ª visita, mes 1, al mes de la 1ª: vacuna hexavalente.

3ª visita, mes 2, a los 2 meses de la 1ª: vacuna pentavalente (si es < de 15 meses) o vacuna pentavalente sin Hib (si es > de 15 m), neumocócica y Meningococo B*.

4ª visita a los 12 meses de edad del paciente: TV, meningococo C, neumocócica, varicela* y hepatitis A*.

5ª visita mes 6, a los 6 meses de la 1ª visita: vacuna hepatitis B (3ª dosis). Seguir el calendario.

12 meses a 2 años

1ª visita, mes 0: vacuna hexavalente, meningococo C, neumocócica, TV, varicela*, meningococo B* y hepatitis A*.

2ª visita, mes 1, al mes de la 1ª: vacuna hexavalente o hexavalente sin Hib si > 15 meses.

3ª visita, mes 2, a los 2 meses de la 1ª: vacuna pentavalente sin Hib (si es > de 15 m), neumocócica y meningococo B*.

4ª visita, mes 8, a los 6 meses de la 3ª visita: vacuna hexavalente sin Hib, meningococo B* (3ª dosis 12-24 meses después de la 2ª dosis, en la 3ª visita). Seguir el calendario.

No hay que olvidar que algunas vacunas combinadas hexavalentes o pentavalentes no pueden ser administradas a partir de determinada edad según ficha técnica. La vacuna hexavalente Hexyon® puede administrarse hasta los 2 años y Infanrix-hexa® puede administrarse hasta los 3 años de edad. La vacuna pentavalente Infanrix-IPV-Hib® puede administrarse hasta los 5 años y Pentavac® y DTPa® pueden administrarse hasta los 7 años.

Ello nos permite utilizar estas vacunas combinadas para reducir el número de inyectables y simplificar la puesta al día de los calendarios vacunales.

Hexyon® Sanofi Pasteur-MSD (DTPa + VPI + Hib+HB). 6 semanas a 24 meses (por encima de 24 meses no se ha establecida su seguridad).

Infanrix Hexa® GSK (DTPa + VPI + Hib + HB). ≥ 2 meses ≤ 36 meses. En ficha técnica no hay estudios por encima de 36 meses de edad.

Infanrix-IPV+Hib® GSK (DTPa + VPI + Hib). ≥ 2 meses ≤ 5 años.

Pentavac® Sanofi Pasteur-MSD (DTPa + VPI + Hib). ≥ 2 meses < 7 años.

Infanrix® GSK (DTPa). ≥ 2 meses < 7 años.

Boostrix® GSK (dTpa) y Triaxis® Sanofi Pasteur (dTpa) >4 años y edad adulta.

Las vacunas a administrar a los 2-6 años, 7-17 años y mayores de 17 años.

2 años a 6 años

1ª visita, mes 0:

- Infanrix hexa® (< 3 años), o bien Pentavac® (2-7 años) + Hepatitis B, o bien Infanrix-IPV-Hib® (< 5 años) + Hepatitis B.

- Triple Vírica, Meningococo C conjugada (MCC), neumocócica, varicela*, meningococo B* y hepatitis A*.

2ª visita, mes 1, al mes:

- Infanrix hexa® sin Hib (< 3 años), o bien Pentavac® sin Hib (2-7 años) + Hepatitis B, o bien Infanrix-IPV-Hib® sin Hib (< 5 años) + Hepatitis B.

3ª visita, mes 2, a los 2 meses:

- Pentavac® sin Hib (2-7 años).

- Meningococo B*.

4ª visita, a los 8 meses, 6 meses de la 3ª visita:

- Infanrix hexa® sin Hib (< 3 años), o bien Pentavac® sin Hib (2-7 años) + hepatitis B, o bien Infanrix-IPV-Hib® sin Hib (< 5 años) + hepatitis B.

- Triple vírica, varicela*, hepatitis A*.

- Seguir el calendario.

De 7 a 17 años y > de 17 años

1ª visita, mes 0: Td, VPI, HB, TV, varicela, meningococo C, VPH, meningococo B* y hepatitis A*.

2ª visita, mes 1, al mes: Td, VPI, HB, TV, varicela y VPH (Gardasil® > 14 años, Cervarix® > 15 años); meningococo B* (a los > de 10 años).

3ª visita, mes 2, a los 2 meses: meningococo B* (a los < de 10 años).

4ª visita, mes 6, a los 6 meses: Td o dTpa, VPI, HB, VPH y hepatitis A*.

Esquema de vacunación completa 1-2 años, 2-6 años y 7-17 años de edad

El resumen se refleja en las tablas IV, V y VI, con las vacunas aconsejadas a los pacientes, que se inicia con la vacunación entre 1 y 2 años, entre 2 y 6 años y entre 7 y 17 años de edad. Aplicación práctica de las vacunas según la edad del niño (modificación según el criterio del autor).

Con la actual escasez de vacuna combinada pentavalente y dTpa, ambas con el componente pertussis, se deberá retrasar la vacuna dTpa (5ª dosis) y se podrá substituir la pentavalente por hexavalente a los 18 meses.

Estos esquemas nos facilitan el trabajo diario y así poder conseguir que todos los pacientes no correctamente vacunados alcancen el mejor calendario vacunal posible en el mínimo tiempo.

Si en los próximos meses hay cambios en los calendarios de las autonomías eliminando la dosis de vacuna pentavalente de los 18 meses y desplazando la vacuna hexavalente de los 6 meses al final de primer año, en el rescate de los pacientes mal vacunados deberá reducirse en una dosis la vacuna DTPa- H influenza -polio tal como figura en la tabla I-II de la AEP (2016) respecto a la tabla I-I (2015). Se añadiría 1 dosis de polio a los 6 años para completar las 4 dosis totales. Ello repercutirá en la aplicación del rescate en < de 6 meses, 6-11 meses, 12m a 2 años y 2-6 años, en las tablas IV y V y en el algoritmo 1.

En conclusión, debemos aceptar los certificados vacunales de los pacientes inmigrantes y adoptados, siempre que sean comparables a los esquemas vacunales del país receptor y en los cuales figuren: vacunas administradas, fechas de administración, intervalos entre dosis correctos, edad del niño al recibir las vacunas y que el certificado sea auténtico o firmado. Si no se dispone del certificado vacunal o no es posible conseguirlo, habrá que iniciar la vacunación de nuevo.

Debemos estar atentos a cada visita de un recién llegado y observar con frecuencia el calendario vacunal, en las diferentes visitas, hasta que hayamos finalizado la puesta al día de las vacunas. Debe existir una coordinación del pediatra y la enfermería pediátrica para que cada uno controle el calendario vacunal del nuevo paciente. El uno por el otro puede pasar desapercibida la administración de alguna dosis vacunal. Los pediatras no podemos renunciar y delegar el control vacunal, también es nuestro trabajo y hay que compartirlo.

No podemos olvidar que hay una bolsa de pacientes no vacunados que han desencadenado estos últimos años la reaparición de enfermedades que ya no veíamos.

Los pacientes que vuelven al país de origen de los padres deben vacunarse de las enfermedades prevalentes en dichos países (hepatitis A, fiebre amarilla, meningococo ACWY, encefalitis centroeuropea y japonesa, fiebre tifoidea, rabia y BCG, sin olvidar el tratamiento frente al paludismo si es preciso).

Vacunas combinadas

Son vacunas que contienen más de un antígeno en un mismo preparado para poder ser administradas de una manera más cómoda, en la misma zona anatómica, igual de seguras, inmunógenas, efectivas y con la posibilidad de hacer un rescate más fácil de los pacientes no vacunados correctamente.

Disponemos en nuestro país de vacunas combinadas con 6 antígenos diferentes, como son las vacunas hexavalentes, también las pentavalentes con 5 antígenos, DTPa, dTpa y triple vírica con 3 antígenos y Hepatitis A + Hepatitis B y Td con 2.

El Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría recomienda utilizar las vacunas combinadas en el calendario de vacunación infantil, ya que simplifican el calendario vacunal y ofrecen otras ventajas ya mencionadas en la definición(19).

Durante los primeros 6 años de vida, se administran 7 vacunas combinadas con un total de 32 antígenos.

Hablaríamos de “vacuna polivalente” si contiene diferentes cepas de un mismo germen, como la vacuna antineumocócica, en la forma conjugada y no conjugada, y también: VPI, rotavirus, VPH y meningococo.

“Vacunas simultaneas” son las que se administran al mismo tiempo, pero en lugares anatómicos diferentes y con jeringas distintas(27,28).

En España, en 1965, se inicia la vacunación con la primera vacuna combinada DTP, que se añade a las campañas frente a la polio. El primer calendario vacunal aparece hace 40 años, en 1975, aplicando DTP en 3 dosis, el primer año de vida y una dosis de DT a los 15 meses y 6 años. En 1981, se introduce la segunda vacuna combinada, la triple vírica a los 15 meses de edad(20).

El calendario que nos ofrece el Consejo Interterritorial 2015, durante los primeros 14 años de vida, infancia y adolescencia, presenta 34 antígenos en 8 vacunas combinadas.

Se completa con 48-52 antígenos más (meningococo C-3-, neumococo 13 valente-39-, varicela -2- y papilomavirus -4- o -8-) con sus correspondientes 10 vacunas (meningococo C-3-, neumococo-3-, varicela-2- y papilomavirus-2-).

Vacuna triple vírica

La vacuna triple vírica es una vacuna combinada que contiene 3 antígenos de virus vivo atenuado frente al sarampión, rubéola y parotiditis.

Respecto al sarampión, en estos 34 años desde que se empezó a aplicar la vacuna, se ha conseguido la disminución del 95 al 99% de los casos en muchos países. Sin embargo, en estos últimos tiempos, la enfermedad resurge en la Unión Europea y en EE.UU. en forma de pequeños brotes epidémicos. En diferentes países, incluido el nuestro y, sobre todo, en aquellos pacientes que no han sido vacunados o que disponen de una sola dosis y en los menores de 1 año, a los cuales todavía no les corresponde la vacunación. La cobertura vacunal alcanza el 95,3% con la primera dosis (año 2013 en España), que debe ser administrada al año de vida, y el 90,7% (año 2013) con la segunda, que deberá aplicarse antes del 4º año y, preferentemente, según la AEP a los 2 años de edad.

El componente rubéolico de la vacuna triple vírica, alcanza una seropositividad tras la vacunación del 99%. Se inició como vacuna monovalente para administrar al sexo femenino, pero a partir de 1981 forma parte de la vacuna combinada y se aplica a niños y niñas desde 1988 en Cataluña y se implanta de manera universal en España en 1994.

Respecto al componente parotídeo de la vacuna, ha habido un descenso muy importante desde que se inició su aplicación, con tasas de 748 x 105 habitantes en 1984, a menos de 10 x 105 en los últimos años. Sin embargo, el virus sigue circulando, porque existen ondas de la enfermedad cada 3 a 5 años y se han alcanzado tasas 3 veces superiores a la mínima alcanzada. Las vacunas frente a la parotiditis dan lugar a seroconversión del 95%, aunque años atrás (1993-1999), la cepa Rubini ofrecía cifras muy inferiores. Si hay un brote de parotiditis, puede administrarse una 3ª dosis de vacuna T.V. sin ningún riesgo.

Las vacunas triple víricas disponibles en España son las siguientes:

Priorix® de GSK con la cepa Schwarz de sarampión, la cepa Wistar RA 27/3 de rubéola y la cepa RIT4385 derivada de la Jeryl-Lynn de parotiditis. Liofilizada (0,5 ml) en un vial.

• Rvaxpro® de Sanofi-Pasteur con la cepa Enders-Edmonston, la cepa Wistar RA 27/3 de rubéola y la cepa Jeryl-Lynn de parotiditis. Contiene gelatina. Liofilizada (0,5 ml) en un vial.

Ambas deben conservarse a +2º a +8º, preservarlas de la luz y no congelarlas.

La vacuna frente al sarampión, cultivada en células de embrión de pollo, induce inmunidad en el 95% de los pacientes y el 5% restante se considera que no ha quedado inmunizado. El motivo es la ausencia de respuesta del receptor y no la pérdida de inmunidad. Ello nos obliga a una segunda dosis para poder repescar estos fallos vacunales.

La vacuna frente a la rubéola se cultiva en células diploides humanas. La enfermedad se diagnostica y notifica poco. En el 2011, se describen en nuestro país 31 casos de los cuales 11 se confirmaron; en el 2012, 64 y 3 casos de rubéola congénita y durante 2014, se confirman 6 casos de rubéola(19).

La vacuna frente a la parotiditis se cultiva en células de embrión de pollo. Vacunar tras exponerse a la enfermedad no suele proteger ni modificar su curso. La meningitis aséptica se relaciona con la vacuna que contiene la cepa Urabe, no con la cepa Jeryl-Lynn ni la RIT4385.

Aunque es una vacuna de la que no disponemos en España, hay que mencionar la tetra vírica, que combina triple vírica y varicela. Proquad® de Sanofi y Priorix- Tetra® de GSK. La combinación de los 4 virus en una vacuna reduce la complejidad de los calendarios vacunales, mejora la cobertura vacunal y, en definitiva, facilita la vacunación de los pacientes.

Vacunas combinadas hexavalente, pentavalente, DTPa y dTpa

Disponemos de las siguientes vacunas hexavalentes: Infanrix Hexa® de GSK, recomendada para la primovacunación y el refuerzo, que puede ser utilizada entre las 6 semanas y los 3 años de edad y Hexyon® de Sanofi Pasteur MSD recomendada también para primovacunación y refuerzo y con un rango de edad para ser utilizada entre las 6 semanas y los 2 años de edad. Ambas contienen como antígenos de la tosferina, el toxoide pertúsico y la hemaglutinina filamentosa, 25 µg de ambas, y Infanrix-Hexa contiene, además, pertactina 8 µg.

La vacuna Infanrix Hexa® o la pentavalente Infanrix-IPV+Hib® han de ser reconstituidas a diferencia de la vacuna hexavalente Hexyon®, que ya está preparada en líquido para administrarla.

Las vacunas pentavalentes de que disponemos son: Infanrix-IPV+Hib® de GSK, utilizada en primovacunación y refuerzo entre los 2 meses y 5 años de edad, y Pentavac® de Sanofi-Pasteur MSD entre los 2 meses y los 7 años de edad, con idénticos antígenos de tosferina que las respectivas vacunas hexavalentes.

Estas vacunas hexa y pentavalentes podemos administrarlas con la vacuna frente al rotavirus y la vacuna antineumocócica conjugada. La 4ª dosis de Infanrix-Hexa®, cuando se administra con Prevenar 13®, puede dar lugar a una reacción febril de manera más frecuente.

Las vacunas Hexyon® y varicela pueden tener interferencia relevante clínicamente en la respuesta de anticuerpos de la vacuna hexavalente.

Los demás componentes de estas vacunas son: la difteria, el tétanos, la poliomielitis y el haemophilus influenzae en las pentavalentes, y a ellas se suma la hepatitis B en las vacunas hexavalentes. Debemos recordar que, en algunos países, la vacuna pentavalente está compuesta por: DTPa+HB+Hib o DTPa+IPV+HB.

La vacuna frente a la difteria, al igual que la vacuna de la tosferina y la del tétanos no existen en forma monovalente.

La vacuna de la difteria infantil puede administrarse hasta los 7 años y se manifiesta con la letra D y contiene no menos de 30 UI o entre 10 y 25 unidades de floculación. La vacunación del adulto se expresa con la letra d (Td o dTpa), se puede administrar a partir de los 4 años y contiene como mínimo 4 UI o 2 unidades de floculación y es denominada como de baja carga antigénica.

A los mayores de 4 años, puede administrárseles en su 5ª dosis la vacuna trivalente DTPa: Infanrix® de GSK, vacuna de primovacunación o refuerzo (2 meses hasta los 7 años de edad), con idénticos componentes frente a la tosferina que la hexavalente y pentavalente de GSK (toxoide pertúsico 25 µg, hemaglutinina filamentosa 25 µg y pertactina 8 µg), o bien la vacuna trivalente dTpa (vacuna de refuerzo) de baja carga antigénica y por encima de los 4 años de edad, con dos presentaciones: Boostrix® de GSK, que contiene toxoide pertúsico 8 µg, hemaglutinina filamentosa 8 µg y pertactina 2,5 µg; y Triaxis® de Sanofi-Pasteur MSD, que contiene toxoide pertúsico 2,5 µg, hemaglutinina filamentosa 5 m µg, pertactina 3 µg y fimbrias tipo 2 y 3 con 5 µg.

Las diferentes vacunas requieren conservación de +2ºC a +8ºC, con protección de la luz y sin congelar.

Es conocida la perdida de inmunidad de la tosferina con el tiempo transcurrido desde la enfermedad y la vacunación. La eficacia de las vacunas acelulares frente a la tosferina es del 71-78%, para la protección de formas leves de la enfermedad, y del 85% para la prevención de cuadros típicos de tosferina. Hay una protección de 4 a 20 años tras la infección natural y de 4 a 7 años la que se adquiere tras la vacunación. Existía una mayor protección con las vacunas de células enteras frente a las acelulares, pero estas tenían mucha mayor reactogenicidad.

Los mayores de 7 años que no han recibido ninguna dosis de tosferina solo pueden ser vacunados con una dosis de vacuna dTpa. Quedan pendientes los ensayos clínicos que evalúan la eficacia y la seguridad en la primovacunación de la vacuna combinada de baja carga antigénica (dTpa), de tal manera que de momento solo puede utilizarse como dosis de refuerzo en pacientes que han recibido las dosis de primovacunación con la vacuna Td, DTPa, hexa o pentavalente. Podrá utilizarse como dosis de refuerzo en la profilaxis de heridas que son tetanígenas.

Si se ha padecido una tosferina, la vacunación es segura y si ocurre en niños hay que seguir el calendario y completar las vacunas combinadas correspondientes.

No podemos olvidar la vacunación de la embarazada en el 3er trimestre (27-36 semanas de gestación: preferiblemente 27-30+6 semanas de gestación)(29). Es la forma más útil y efectiva para controlar la tosferina en el recién nacido y lactante durante los primeros meses de su vida. La dosis de dTpa administrada a la embarazada deberá repetirse en cada uno de los embarazos. Desde finales del 2015 se aconseja y se financia la vacuna dTpa para las embarazadas en todas las comunidades de España. También deben vacunarse los profesionales que las atienden: los ginecólogos-obstetras, las comadronas, los pediatras y el personal sanitario de UCI pediátrica neonatal.

La cobertura vacunal en 2013 alcanza el 95,6%, en la vacuna hexavalente y el 92,3%, en la dosis correspondiente al 2º año de vida. 89% en el 5º recordatorio, entre los 4-6 años, y 77,1% en la dosis de refuerzo de 14 años de edad en forma de bivalente Td en la mayoría de comunidades(20).

En la comunidad catalana, completado el calendario vacunal en la adolescencia con 6 dosis, se aconseja la revacunación con Td a los 40 y a los 65 años de edad. El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad de España considera que tras la dosis de la adolescencia no es necesario ningún refuerzo de tétanos hasta los 60-65 años.

Respecto a la vacunación frente a la difteria de baja carga antigénica, tenemos a disposición en nuestro país las siguientes vacunas: Anatoxal Tedi®, para revacunación y de uso hospitalario en mayores de 5 años; Diftavax®, para revacunación para mayores de 7 años; Ditanrix adulto®, para mayores de 7 años; y DiTeBooster®, mayores de 5 años, todas ellas con jeringa precargada. Estas vacunas deben conservarse a +2º-+8ºC y protegerlas de la luz. No deben congelarse. Las cifras de efectividad son superiores al 85% y la desaparición de la enfermedad en aquellos países donde hay elevada cobertura son la demostración de la efectividad vacunal.

Administrada la primovacunación de 3 dosis y el refuerzo durante el 2º año de vida, se precisan 2 dosis más, la 5ª que se pauta a los 6 años, como DTPa o dTpa (todas las comunidades administran la dTpa, actualmente), y otra dosis (6ª) entre los 13 y 16 años en forma de Td, aunque Asturias, Madrid y Melilla administran dTpa tal como recomienda el comité asesor de vacunas de la AEP (dosis de refuerzo a los 11-12 años). La OMS considera que un adulto está correctamente vacunado frente al tétanos si ha recibido 5 dosis en su vida y, en el caso de la difteria, se consideran necesarias las mismas dosis. Si hay casos de difteria en el país, debería vacunarse a aquellos que hace más de 10 años recibieron la última dosis con un nuevo recuerdo de Td o dTpa. No debemos olvidar un recuerdo si hay un viaje a países endémicos.

Respecto a la vacuna antitetánica, la efectividad es prácticamente del 100%, siendo excepcional casos de tétanos en personas vacunadas.

Hay que recordar la vacunación frente al tétanos del adulto, porque, en muchas ocasiones, los médicos de familia nos consultan al respecto en los Centros de Atención Primaria. Es aconsejable e interesante que el pediatra recuerde a los padres de sus pacientes la necesidad de vacunarse ellos de Td y les explique la edad en la cual les corresponde.

Los adultos no vacunados deben iniciar una pauta con 3 dosis de Td (0,1-2 y 6-12 meses). Los adultos con vacunación incompleta deben completar las vacunas hasta las 3 dosis. Completada la primovacunación, deberá administrarse una dosis cada 10 años hasta la 5ª dosis y una de ellas es preferible que sea dTpa. Los intervalos mínimos entre 3ª-4ª y 4º-5ª dosis debe ser de 1 año.

Hiberix® se presenta como un liofilizado en un vial de vidrio y un disolvente en jeringa precargada (0,5 ml). Las vacunas combinadas Infanrix IPV+Hib®, Pentavac® e Infanrix Hexa® se presentan con un vial de polvo o pastilla de un liofilizado más una jeringa precargada de suspensión blanquecina y turbia inyectable (0,5 ml) con el resto de los componentes vacunales de cada preparado para reconstitución. La vacuna combinada hexavalente Hexyon® se presenta como una suspensión inyectable precargada sin necesidad de reconstitución. La vacunación de niños a partir de los 2 meses de edad genera títulos de anticuerpos protectores frente al Hib a corto plazo (anti PRP >0,15 µg/ml) y a largo plazo (anti-PRP >1 µg/ml) en más del 95% y del 90% de los vacunados, respectivamente, e impacto vacunal a nivel poblacional por el efecto rebaño al disminuir la circulación del Hib en la población.

La vacuna conjugada frente al Hib no protege frente a cepas de H. influenzae distintas a las del serotipo b, tanto capsuladas como no serotipables.

Los niños mayores de 59 meses no vacunados previamente y que presentan factores de riesgo para enfermedad invasora por Hib, deberían recibir, al menos, una dosis de vacuna conjugada frente al Hib. Los niños menores de 24 meses que hayan padecido una enfermedad invasora por Hib siguen siendo susceptibles a la misma y deben vacunarse tan pronto como sea posible.

La pauta de vacunación frente a la poliomielitis en la primera infancia es de 3 dosis, los meses 2,4 y 6, y un refuerzo o 4ª dosis a los 15-18 meses, que debe administrarse con un intervalo mínimo de 6 meses respecto a la dosis previa. Todas estas dosis se incluyen en las vacunas hexa y pentavalentes en los calendarios de nuestro país. La 4ª dosis no es necesaria en el caso de que la 3ª de VPI haya sido administrada después de que el niño haya cumplido los 4 años. En EE.UU., la pauta también es de 4 dosis, pero la 3ª se puede administrar entre los 6 y los 18 meses y la 4ª entre los 4 y 6 años de edad.

En todos los casos, el componente frente a la poliomielitis de cada dosis contiene 40 unidades antigénicas D de VP1 (Mahonney), 8 unidades antigénicas D de VP2 (MEF-1) y 32 unidades antigénicas D de VP3 (Saukett). Dependiendo del preparado, puede contener antibióticos como conservantes (habitualmente polimixina B y neomicina).

Tras las 3 dosis de VPI, se consiguen porcentajes de seroconversión próximos al 100% frente a los 3 serotipos de poliovirus. La inmunidad de estas vacunas de potencia aumentada es muy duradera y no son precisas dosis de recuerdo, una vez completado el calendario con la 4ª vacuna combinada a los 18 meses.

Está comercializada en nuestro país: Boostrix Polio® de GSK, que contiene el virus de la polio junto a dTpa en forma de vacuna combinada.

Vacuna combinada frente a la hepatitis A y hepatitis B

Disponemos de una vacuna combinada frente a la hepatitis A y B (Twinrix®) que fue muy utilizada en la Comunidad de Cataluña en el calendario, en la vacunación sistemática de los adolescentes de 6º de primaria hasta el año 2014. Este año, la estrategia vacunal frente a la hepatitis A se modificó y la vacuna pasó a formar parte del calendario vacunal al año, en su 1ª dosis, y a los seis años de edad, en la 2ª dosis. La presentación pediátrica de Twinrix® se utiliza hasta los 15 años y a partir de los 16 años la presentación de adultos, siempre los meses 0,1 y 6. Existe aprobación para efectuar una pauta acelerada los días 0, 7 y 21 y una cuarta dosis a los 12 meses. Las presentaciones de Twinrix® son dos: la pediátrica, que contiene 360 UE de virus inactivado de hepatitis A y 10 µg de HbsAg (recombinante); y Twinrix adultos, que contiene 720 UE de HA y 20 µg de Ag HBs.

Vacunas combinadas en estudio

Hay en estudio una vacuna heptavalente que añade a la hexavalente la vacuna antimeningocócica C. Los resultados de inmunogenicidad y seguridad tienen una respuesta no inferior frente al haemophilus, meningococo C y el resto de componentes antigénicos, administrada a los 2, 4 y 12 meses de edad, aunque con respuesta inferior frente al virus de la poliomielitis.

También, disponemos de ensayos clínicos con la vacuna antineumocócica y Hib, antineumocócica y meningocócica C y la combinación de las 3, con respuestas de anticuerpos más bajos comparadas con las vacunas por separado.

Las vacunas combinadas benefician a la sociedad, al sistema de salud y a los profesionales sanitarios. Más antígenos en menos inyecciones, una mejor cobertura y mayor oportunidad de vacunación. Incluso reducción de los costes para el sistema nacional de salud y también mayor seguridad, ya que disminuye la posibilidad de errores en el proceso. La vacuna hexavalente totalmente líquida, reduce el tiempo de preparación en un 50% comparada con la vacuna combinada que hay que reconstituir(27,30-34).

Funciones del pediatra de Atención Primaria

No hay duda de que una de las tareas importantes del pediatra y la enfermera pediátrica de Atención Primaria es la correcta vacunación de todos los pacientes que forman parte de su quehacer diario.

Cada comunidad autónoma dispone de un calendario vacunal que en estos dos últimos años se ha acercado más al calendario propuesto por la Asociación Española de Pediatría, aconsejado por el Comité de vacunas de dicha sociedad. Este es el calendario más completo de que disponemos y, por lo tanto, sería el ideal para cada uno de nuestros pacientes.

Las vacunas que forman parte de los calendarios de las diferentes autonomías son aceptadas por la mayor parte de la población y es aconsejable explicar a los padres qué vacunas vamos a administrar al niño en las diferentes visitas. Las coberturas vacunales en España y, sobre todo, durante los 2 primeros años de vida, son muy altas, alcanzando el 95% de la población pediátrica. Sin embargo, todos los pediatras nos encontramos con algunos progenitores que rechazan la vacunación y a ellos deberemos dedicar parte de nuestro tiempo para explicar e intentar convencer de la importancia de este acto médico. Es realmente difícil, hacerles entender esta necesidad. Por otra parte, las vacunas combinadas que nosotros tanto deseamos para poder reducir el número de inyecciones a los pequeños pacientes, son las que ellos más rechazan, pues, desearían que se administraran a lo sumo, solo alguno de los antígenos de estas vacunas.

Deberemos estudiar el certificado del calendario vacunal que aportan los pacientes que vienen de otras comunidades, otros países y otros continentes, sean inmigrantes, adoptados o simplemente trasladados y adaptarlo lo antes posible y siempre con los intervalos correspondientes al calendario de la comunidad de destino. Si no aportan ningún documento, habrá que reiniciar la vacunación en función de la edad del niño o adolescente.

Las vacunas no financiadas por la comunidad y que servirán para completar el calendario de cada uno de nuestros pacientes, deberán ser explicadas para que los padres comprendan la eficacia de ellas y, si lo creen oportuno, poder adquirirlas para ser administradas en las diversas etapas del calendario. En los próximos meses, en España, quedaran reducidas a la vacuna frente al rotavirus, la vacuna frente a la varicela, en los pacientes que no forman parte de la edad de vacunación del calendario y todavía no han padecido la enfermedad, y la vacuna frente al meningococo B, que deja de ser de uso hospitalario y ya puede obtenerse en las farmacias.

Los cambios que ha habido los últimos meses del año 2015 en los calendarios vacunales del Ministerio, de las Comunidades Autónomas y de la AEP han sido importantes. He procurado añadir todas las variantes que forman parte de ellos. Si existe alguna duda las diferentes páginas web que se añaden a las figuras y la bibliografía pueden aclararlas.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

– Rodrigo Gonzalo de Liria C. Editorial: Calendario vacunal. Vaccinal calendar, Med Clin (Barc). 2015; 144: 209-11.

La editorial que publica el profesor Carlos Rodrigo en Medicina Clínica ofrece una visión muy objetiva y equilibrada de las ventajas, inconvenientes, pros y contras del concepto de Calendario Vacunal. Es un texto que hay que leer para comprender qué es un calendario.

– Moreno-Pérez D, Álvarez García FJ, Arístegui Fernández J, Cilleruelo Ortega MJ, Corretger Rauet JM, García Sánchez N, Hernández Merino A, Hernández-Sampelayo Matos T, Merino Moína M, Ortigosa del Castillo L, Ruiz-Contreras J, en representación del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP). Calendario de vacunaciones de la Asociación Española de Pediatría: recomendaciones 2015. Immunisation schedule of the Spanish Association of Paediatrics: 2015 Recommendations, An Pediatr. 2015; 82: 44.e1-44.e12.

Este texto que aparece desde hace años durante el mes de enero en Anales de Pediatría, aporta los consejos, la información y el criterio de cuál ha de ser el calendario vacunal más amplio y generoso desde el punto de vista del Comité Asesor de vacunas de la AEP.

– Manual de vacunas en línea de la AEP. Consultado el 31-12-2015. Disponible en: http://vacunasaep.org/documentos/manual/manual-de-vacunas.

La AEP ofrece en línea el Manual de Vacunas que se publicó en formato papel en el año 2012 y que permanentemente hace una puesta al día, en formato digital, de los diferentes capítulos, convirtiéndose en un punto de referencia para todos los interesados en la vacunología.

– Las vacunas combinadas. Decker Michael D, Edwards Kathryn M, Bogaerts H, Hugues. Vaccines. En Plotkin S, Orenstein W, Offit P. Vaccines. Sisth edition 2013. Elsevier.

El libro del profesor Plotkin es el referente mundial de la vacunología y al cual hay que acudir para conocer el presente, pasado y futuro de esta amplísima especialidad de la medicina.

– Moraga Llop Fernando A y Marès Bermúdez J. Vacunas combinadas. Enferm Infecc Microbiol Clin. 2008; 26 (Supl 1): 56-64.

Este artículo, publicado hace 7 años por los doctores Moraga y Marés, ofrece una amplia visión del concepto de vacunas combinadas y una puesta al día que, a pesar de los años de su redacción, sigue siendo de actualidad.

Caso clínico

 

Niña de 10 años procedente de Honduras y que ha sido vacunada correctamente hasta los 6 años. Su madre hace años que vive en Barcelona. Acuden a la visita programada para realizar la historia clínica, exploración física y valorar el calendario vacunal que nos aporta. No hay ningún antecedente destacable, excepto que tuvo la varicela a los 4 años de edad.

La fecha de nacimiento de la paciente es el día 22-8-2004. Se le administró la vacuna BCG, pentavalente (DTP-HB-Hib) y antipoliomielítica oral Sabin el día 25-10-2004 a los 2 meses de vida. Las vacunas pentavalente y oral Sabin se repitieron en su 2ª y 3ª dosis los días 31-1-2005 y 28-3-2005 a los 5 y 7 meses de edad. La vacuna oral antipoliomielítica se repitió a los 8 meses y a los 19 meses de edad.

Se administró la vacuna triple vírica a los 12 meses y la vacuna DTP a los 22 meses y a los 4 años y 8 meses de edad. Desde entonces, no ha recibido ninguna vacuna más.

Llega a Cataluña el mes de mayo del 2015 con 10 años y 9 meses.

 

 

 

 

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