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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

Detección precoz de los trastornos de refracción en Atención Primaria

J. Marès Bermúdez*, D. van Esso Arbolave**, A. Saiz de Marco***
Regreso a las bases


J. Marès Bermúdez*, D. van Esso Arbolave**, A. Saiz de Marco***

*Institut Pediàtric Marès-Riera. Blanes. Girona. **EAPRASnet Steering Committee. European Academy of Pediatrics. Bruselas. ***CAP Federico del Castillo. Jaén

 

Resumen

Los defectos de refracción afectan hasta el 10 % de niños preescolares. Las ametropías no detectadas precozmente, especialmente las anisometropías, pueden interferir con el proceso madurativo de la visión y generar una ambliopía. La determinación de la agudeza visual con optotipos es la técnica más utilizada para la detección de defectos visuales, pero su principal limitación es que no puede realizarse antes de los 3-4 años de forma fiable. Entre los 1 a 3 años es la “edad crítica” en la que se generan la mayoría de las ambliopías anisometrópicas y, en la que su detección y tratamiento, consiguen alcanzar los mejores resultados visuales.

Los autorefractómetros permiten a los profesionales explorar la visión en este rango de edad, y detectar precozmente defectos potencialmente ambliogénicos, convirtiendo a esta técnica instrumental como la de elección para el cribado de los defectos de refracción entre 1 a 4 años de edad en Atención Primaria.

 

Abstract

Refractive errors affect up to 10 % of preschool children. Undetected ametropia, especially anisometropia, can interfere with the maturation process of vision and lead to amblyopia.
Determination of visual acuity with optotypes is the most widely used technique for the detection of visual defects, but its main limitation is that it cannot be performed reliably before the age of 3-4 years. Between 1 and 3 years of age is the “critical period” when most anisometropic amblyopia occurs and when its detection and treatment achieve the best visual results.
Autorefractometers allow professionals to explore vision in this age range and detect potentially amblyogenic defects early, making this instrumental technique the technique of choice for screening refractive errors between 1 and 4 years of age in primary care.

 

Palabras clave: Defectos de refracción; Ametropías; Anisometropías; Ambliopía; Autorefractómetro.

Key words: Refractive errors; Ametropia; Anisometropia; Amblyopia; Autorefractometers.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (1): 57.e1 – 57.e8


OBJETIVOS

• Justificar la necesidad de una detección más precoz de los defectos de refracción en los primeros años de la vida.

• Conocer las herramientas disponibles para anticipar la detección precoz en Atención Primaria.

• Proponer la utilización de los autorefractómetros automáticos binoculares, como la técnica instrumental de elección para el cribado de los defectos de refracción en Atención Primaria en niñas y niños de 1 a 4 años de edad.

 

Detección precoz de los trastornos de refracción en Atención Primaria

Introducción

La detección precoz de los defectos de refracción, habitualmente asintomáticos, es esencial para el pronóstico visual del paciente, para el desarrollo de sus habilidades o capacidades, y para una óptima calidad de vida.

Las pruebas de screening visual están incluidas en los protocolos de actividades preventivas de la edad pediátrica y tienen la finalidad de detectar los defectos de la visión para poder tratarlos precozmente. La mayoría de estos defectos son asintomáticos y, por lo tanto, el cribado debe ser universal, sistemático y, a ser posible, con instrumentos que permitan la máxima objetividad en la evaluación, minimizando los errores de detección debidos a la subjetividad, tanto de los pacientes explorados como del explorador.

Los defectos de refracción (hipermetropía, miopía y astigmatismo), también denominados ametropías, son extremadamente frecuentes y afectan a un 10 % de los niños en edad preescolar y hasta el 20 % en edad escolar. A diferencia del ojo normal o emétrope, cuando existe un defecto de la refracción, la imagen del objeto no se proyecta correctamente sobre la retina, dando lugar a una visión poco nítida y, por tanto, una menor agudeza visual, haciendo necesario un esfuerzo acomodativo para intentar mejorar la nitidez de la imagen. Una de las potenciales consecuencias de los defectos de refracción, especialmente cuando son asimétricos (anisometropía), cuando cada ojo tiene una refracción diferente, es la ambliopía(1,2).

La ambliopía es la pérdida de visión, generalmente en un ojo (ojo vago), a consecuencia de la falta de estimulación adecuada durante el periodo de desarrollo de la visión. La maduración visual es un proceso continuo que comienza al nacimiento y finaliza, aproximadamente, a los 7 años. Durante este periodo, si existe una ausencia de estimulación visual adecuada, generalmente debida a un defecto de refracción unilateral o asimétrico, el cerebro elimina la imagen borrosa que proviene del ojo con mayor defecto dando lugar a una ambliopía. La ambliopía es la causa prevenible de pérdida permanente de la visión más importante en la edad pediátrica y ocurre en el 2-4 % de los niños(1,2).

El adecuado tratamiento de la ambliopía es edad dependiente, siendo más efectivo cuanto más precoz se inicie. El 90 % de las ambliopías estrábicas o anisometrópicas se resuelven completamente con un tratamiento correcto si el mismo se inicia antes de los 4 años, un 60 % cuando el tratamiento se inicia entre los 4-6 años, y los resultados son malos (<30 % de resolución) si el tratamiento se demora más allá de los 6 años(3)

Otros defectos de refracción no ambliogénicos, pero presentes en los primeros años de la vida, interfieren en la capacidad visual del pequeño pudiendo afectar, en mayor o menor grado, su aprendizaje, desarrollo, conducta o en la adquisición de habilidades.

Por estas razones, la detección precoz de los defectos de refracción es un reto para el pediatra, la ausencia de síntomas obliga a plantear estrategias específicas para descubrirlos, y el retraso en su diagnóstico y tratamiento puede tener consecuencias muy relevantes, en ocasiones, irreversibles, para el paciente.

Detección de las ametropías en la consulta de Atención Primaria

Las pruebas para la detección precoz de los defectos de refracción visual deben incorporarse de forma rutinaria en el programa de seguimiento del niño sano.

Si tenemos en cuenta que la mayoría de ametropías, la anisometropía y la ambliopía suelen ser asintomáticas, su detección precoz requiere una planificación, en función de las técnicas de cribado disponibles, que permita una evaluación sistemática y universal desde el primer año de vida, en la etapa preescolar y en la edad escolar.

Evaluación en el primer año de vida

En el recién nacido y en el lactante de pocos meses de vida, la detección de posibles defectos visuales y de refracción se basará en(1,2):

• Examen del tamaño y transparencia corneal.

• Presencia de reflejo fotomotor.

• Parpadeo ante la iluminación intensa o brillante.

• Fijación de la mirada a partir del mes de vida.

• Seguimiento visual a los 2-3 meses de vida.

• Reflejo rojo del área pupilar al visualizar las pupilas con un oftalmoscopio a 1 metro de distancia (test de Brükner). Además de permitir detectar opacidades del cristalino (cataratas) o alteraciones de la retina (retino­blastoma), la detección de un reflejo rojo de brillo asimétrico entre ambos ojos sugiere una anisometropía. Debe realizarse en una habitación con poca luz.

• Motilidad ocular adecuada.

• Alineación ocular correcta. Es de utilidad explorar con una fuente de luz para visualizar el reflejo luminoso corneal centrado en las pupilas (test de Hirschberg) y, a continuación, es útil ocluir intermitentemente y alternativamente los ojos (maniobra de cover – uncover) que permite detectar forias (estrabismo latente). Un estrabismo intermitente en los 6 primeros meses de vida se puede considerar normal, pero no si es constante. A partir de esta edad cualquier pérdida de alineación es patológica.

Cualquier alteración en la evaluación de estos parámetros, puede ser debida a un defecto de refracción u otra anomalía visual, y requerirá derivación al oftalmólogo para evaluación.

Evaluación entre 1 a 6 años de edad

Las técnicas utilizadas, en nuestros programas de actividades preventivas, para la detección de los defectos de refracción en la etapa preescolar son, en la mayoría de los centros, los optotipos clásicos que miden la agudeza visual: E de Snellen, optotipos de Pigassou otros optotipos equivalentes y, se aplican de forma sistemática a los 3-4 años de edad. No obstante, en muchos casos no es posible obtener un resultado fiable a los 3 años, situación que aboca a la recitación del paciente, con el riesgo de pérdida de seguimiento o de diagnóstico tardío. Incluso cuando se realiza el cribado a los 4 años, en ocasiones, el resultado es poco fiable por falta de colaboración del paciente. Esperar a que el paciente sea mayor y colabore más implica siempre, en caso de que exista una anisometropía y riesgo de ambliopía, un diagnóstico y tratamiento tardío. El screening mediante optotipos es una técnica subjetiva, requiere colaboración del examinado, destreza del examinador y un tiempo de ejecución que, especialmente en las edades más críticas (3-4 años), no es desdeñable. Con excesiva frecuencia se difiere la exploración porque “el niño no colabora”(2). Una dificultad añadida la presentan los niños con retraso global de desarrollo cognitivo o con problemas de comunicación (hasta un 2-5 % de los niños), en los que pocas veces se consigue realizar una evaluación fiable con optotipos a esta edad.

La detección antes de los 3-4 años de los defectos visuales preexistentes, que generalmente cursan sin síntomas ni signos que permitan sospecharlos, es clave para minimizar los casos de ambliopía. Precisamente, es entre 1 a 3 años la “edad crítica” en la que se desarrollan la mayoría de las ambliopías si existe una anisometropía o un estrabismo no corregidos.

Con la finalidad de realizar una detección más precoz se han desarrollado nuevas herramientas, como los test de visión estereoscópica (poco utilizados en nuestro medio y que además también son subjetivos) y, más recientemente, los denominados autorefractómetros binoculares, que son dispositivos automáticos que permiten una valoración objetiva de la refracción visual a partir de los 6 meses de edad(2,4).

La razón por la que se ha establecido la edad de los 3-4 años para valorar la agudeza visual ha estado siempre condicionada por las técnicas disponibles (optotipos) para el cribado de toda la población pediátrica. Actualmente, la existencia de dispositivos automáticos que permiten valorar a estos pacientes desde los 6 meses permite cubrir una edad en la que los defectos potencialmente ambliogénicos ya están presentes. Estos instrumentos permiten, por lo tanto, explorar con garantías a todos los niños a edades mucho más precoces que los 3-4 años y evaluar también a los no colaboradores de 3-4 años o mayores, muy especialmente a la gran mayoría de niños con retrasos de desarrollo o problemas de comunicación.

Evaluación de la agudeza visual con optotipos

La evaluación subjetiva de la agudeza visual (AV) permite comprobar la presencia de una función visual adecuada o inadecuada, y es una prueba esencial para la detección de defectos visuales en la infancia. Precisa de la colaboración del niño y es posible realizarla en algunos niños muy colaboradores a partir de los 3 años y, en la mayoría de los casos, a partir de los 4 años. Para ello se utilizan distintos optotipos, como el de dibujos de Pigassou (Fig. 1) a partir de los 3 años, la E de Snellen (Fig. 2) a partir de los 4 años y optotipos de letras a partir de los 5-6 años de edad(1,2,4).

Figura 1. Optotipo de Pigassou. Dibujos fácilmente reconocibles para niños a partir de los 3 años de edad. Pueden nombrarlos o señalarlos en una lámina de plástico que contiene los mismos dibujos.

 

Figura 2. Optotipo con la E de Snellen. El niño debe indicar hacia donde van las puntas de la E verbalmente, indicándolo con el dedo o con la ayuda de una E de plástico o cartón rígido que coloca como la que se le muestra.

La evaluación con optotipos no detecta defectos de refracción, sino déficits de agudeza visual que, si está por debajo de la considerada como normal para la edad del niño o se detecta una diferencia de agudeza visual en más de 0,2 entre ambos ojos, obligará a remitir al paciente para evaluación por el oftalmólogo.

Procedimiento: la exploración correcta requiere una iluminación adecuada, colocar la paciente a la distancia correcta (3-5 metros), según el optotipo utilizado, y realizar primero la evaluación binocular y, posteriormente, de cada ojo por separado, ocluyendo adecuadamente el ojo contrario; ya que los niños con hipermetropía tendrán generalmente una AV normal gracias a su capacidad de acomodación, es recomendable realizar en los niños con prueba de AV normal, una nueva medición con una lente de +2,0 dioptrías (D). En caso de tratarse de una paciente hipermétrope, seguirá mostrando una AV normal, mientras que el emétrope presentará una AV menor cuando se explora con dicha lente. En este caso el niño con AV normal con y sin lentes de +2,0 deberá remitirse al oftalmólogo para valorar la presencia de una hipermetropía(1,2).

Limitaciones: el principal problema del screening de la AV con optotipos es que no es realizable en la mayoría de los casos de forma fiable antes de los 4 años de edad, requiere colaboración del paciente y pericia por parte del examinador. No permite explorar a la gran mayoría de niñas y niños con dificultades de comunicación y desarrollo. Permite detectar pacientes que presentan ametropías y anisometropías, pero a una edad relativamente tardía, especialmente en los niños afectos de ambliopía en los que sería deseable un diagnóstico más precoz(2).

Test de visión estereoscópica

Los test de visión estereoscópica son pruebas que exploran la estereopsis o visión en 3D que está ausente en caso de defectos de refracción con anisometropía y en los defectos de alineación visual, motivo por el cual se ha postulado como herramienta de screening para la ambliopía y el estrabismo(4).

Para que la visión estereoscópica tenga lugar el cerebro, debe poder fusionar dos imágenes similares pero diferentes que le llegan de cada ojo, lo que permite elaborar una imagen tridimensional. Si una de las imágenes es anulada por el cerebro, no habrá visión estereoscópica. Los defectos visuales que con mayor frecuencia producen pérdida de la visión estereoscópica son los estrabismos y las anisometropías, y su consecuencia es la ambliopía(5).

Test de Lang (Fig. 3)

Figura 3. Lang-stereotest. Test sencillo para evaluar la visión estereoscópica (tridemensional) sin necesidad de usar gafas polarizadas. La estrella se visualiza en visión bidimensional (monocular o sin visión estereoscópica). La luna, el elefante y el camión solo si el niño tiene una estereopsis adecuada.

El test de Lang es muy sencillo y rápido de realizar si el paciente colabora. No requiere el uso de gafas con lentes polarizadas. Consiste en una placa del tamaño de una postal en la que hay unas imágenes en 3D que el niño tiene que señalar cuando se realiza el test. Puede utilizarse de forma rutinaria a los 3 años de edad (o, en ocasiones, incluso a partir de los 2 años), adelantando por lo menos en 1-2 años la derivación al oftalmólogo en caso de sospecha de alteración de la visión binocular, tomando como referencia la aplicación del test de la E de Snellen a los 4 años.

El Lang-Stereotest II tiene 3 imágenes tridimensionales: luna, camión y elefante, y una imagen bidimensional: estrella, que se ve sin visión estereoscópica (visibles con un solo ojo), que sirve para captar la atención del paciente. La gran disparidad entre las 3 figuras y la fácil visualización de la estrella lo hace un test muy práctico en la consulta pediátrica.

Procedimiento: para practicar el test se coloca la placa, con el observador delante del niño para poder observar sus movimientos oculares. Se le solicita que mire la lámina situada perpendicularmente a unos 40 cm de la cara del niño y se le pregunta si ve algo, observando sus movimientos oculares. Una vez identificado un objeto tridimensional se le indica que identifique otros adicionales. La respuesta puede ser verbal o señalando con el dedo. Si la visión estereoscópica es normal, identifica las 3 figuras tridimensionales correctamente. En el caso de defecto de la visión estereoscópica se identifica únicamente la estrella. Un test se considera positivo cuando se identifican correctamente las 3 figuras tridimensionales y es indicativo de una estereopsis correcta. Un test negativo o dudoso (identificación de una sola figura) requiere derivación al oftalmólogo. El Lang-Stereotest no mide la agudeza visual ni la refracción. Un resultado negativo solo indica una falta de visión estereoscópica(5,6).

Test de Titmus o test “de la mosca” (Fig. 4)

Figura 4. Fly Stereo Acuity Test o test de la “mosca”. Test de estereopsis que requiere el uso de gafas polarizadas y que permite que el paciente con visión estereoscópica adecuada visualice la mosca por delante de la lámina con imagen tridimensional.

Es el test de estereopsis más utilizado en la práctica clínica, ya que es de muy fácil comprensión y aplicación, tanto para niños como para adultos. Requiere que el paciente utilice unas gafas con filtros polarizados que al observar unas imágenes llamadas anáglifos (imágenes bidimensionales capaces de producir un efecto tridimensional) las percibe con un efecto de profundidad.

Procedimiento: se le enseña la lámina con la mosca y se le colocan a continuación las gafas polarizadas y se le pregunta que cambios observa. Se le indica que toque las alas de la mosca y el observador comprueba que con los dedos no toca la lámina, indicativo que está observando la imagen en 3D. La mosca explora la estereopsis más gruesa. Adicionalmente, se puede explorar la estereopsis de forma más fina preguntando en relación a los círculos (puntos de Wyrth), cuál de ellos sobresale a los demás. Si el niño realiza bien la prueba, podemos asegurar que su visión estereoscópica es normal y, por tanto, presenta una adecuada visión binocular(8,9).

Requiere respuestas verbales y buena comprensión; por lo tanto, puede realizarse a partir de los 4-5 años de edad, por lo que no representa un avance en relación con el cribado mediante optotipos clásicos para la detección de ambliopías.

Limitaciones: los test de estereopsis son pruebas subjetivas, que requieren de la colaboración del paciente con resultados falsos positivos y negativos con relativa frecuencia. La única función de estos test es detectar la falta de visión estereoscópica que presentan los niños con ambliopía o estrabismo, no permiten detectar defectos de refracción no ambliogénicos, ya que no evalúan la refracción visual ni la agudeza visual(2).

Pruebas instrumentales de diagnóstico visual: autorefractómetros

Los autorefractómetros binoculares automáticos son actualmente el método de elección para la detección precoz de las ametropías entre 1 año y los 4 años de edad.

La dificultad para la detección precoz de los déficits visuales con repercusión clínica significativa, especialmente la ambliopía, antes de los 4 años de edad, en la que el niño generalmente ya colabora para determinar su AV, limita la posibilidad de recuperación completa en muchos niños afectos. Por esta razón, se han desarrollado pruebas instrumentales actualmente disponibles y fácilmente aplicables en las consultas de Atención Primaria: los autorefractómetros binoculares.

Los autorefractómetros (Fig. 5 y 6), también denominados photoscreeners, son instrumentos que permiten medir de forma automática y objetiva la refracción visual de ambos ojos simultáneamente a partir de los 6 meses de edad. Generalmente, no será necesario utilizarlos en edades tan tempranas, salvo sospecha clínica, pero su utilización sistemática a partir de los 11-12 meses puede aportar grandes ventajas frente a las técnicas tradicionales previamente comentadas (2,4).

Figura 5. Autorefractómetro binocular PlusoptiX ® S12C. Muestra la imagen del niño en pantalla durante la prueba, y el resultado de la misma una vez realizada, con la indicación de “pasar” o “remitir” en función de la necesidad de derivación al oftalmólogo.

 

Figura 6. Autorefractómetro binocular Spot Vison Screener®. Muestra una representación de la alineación ocular en pantalla durante la prueba, y el resultado de la refracción una vez realizada, con la indicación de la necesidad o no de derivación al oftalmólogo.

Estos instrumentos utilizan infrarrojos y realizan automáticamente una fotoretinoscopia binocular por infrarrojos, por lo que se denominan autorefractómetros. Exploran, en pocos segundos, ambos ojos simultáneamente y requieren muy poca colaboración del paciente. Es suficiente que durante unos instantes el niño fije la mirada para que el aparato pueda obtener una medición válida.

El screening instrumental mediante autorefractómetro tiene, en Atención Primaria, varias ventajas respecto a los test tradicionales(2,7):

• Permite realizarlo en lactantes(>6 meses) y niños pequeños, cubriendo el rango de edad de 1-3 años inabordable con optotipos.

• Requiere únicamente una mínima colaboración del paciente.

• Útil en pacientes incapaces de comprender las indicaciones necesarias de los test de agudeza visual (retraso del desarrollo).

• Detección simultánea de los defectos de refracción y alineación.

• Rapidez y eficiencia.

A finales de 2012, la American Academy of Pediatrics (AAP) junto con a la American Academy of Ophtalmology (AAO), la American Association for Pediatric Ophtalmology and Strabismus (AAPOS) y la American Association of Certified Orthoptists elaboraron unas recomendaciones que avalaban el uso de aparatos de screening instrumental visual en la población pediátrica(7). En 2013, el comité de screening visual de la AAPOS revisó sus criterios para el screening visual basado en instrumentos, con la finalidad de conseguir una elevada especificidad en la detección de los factores de riesgo de ambliopía en los lactantes y niños pequeños (minimizar los falsos positivos en la derivación) y una elevada sensibilidad en niños mayores (minimizar los falsos negativos a una edad en la que disminuyen las posibilidades de tratamiento en caso de no detección del problema), y elaboraron unos criterios de derivación para astigmatismo, hipermetropía, anisometropía y miopía en función de la edad de screening: 12-30 meses, 31-48 meses y >48 meses(8).

Procedimiento para la realización de la prueba

La medición con un autorefractómetro requiere una habitación en la que no haya excesiva luz. Debe evitarse la luz natural intensa o muy directa y, si se utiliza luz artificial, deben evitarse bombillas incandescentes o halógenas, siendo adecuada la luz de fluorescentes y leds. El paciente debe mirar al frente hacia la cámara del dispositivo. Las pupilas deben estar alineadas con el dispositivo, que suele tener una imagen que llama la atención del niño para que este mire hacia el aparato. La mayoría de los autorefractómetros emiten además un sonido o luces que atraen la atención, una característica especialmente útil en lactantes. Desde una distancia de 1 m se realiza la medición de forma automática, que requiere solo 1 segundo aproximadamente, a partir del momento en que el aparato detecta correctamente ambas pupilas, ya que la medición es siempre binocular y simultánea. El tamaño de las pupilas debe ser de, al menos, 4 mm para poder hacer una medición correcta. El dispositivo detecta si el observador se encuentra demasiado cerca o alejado y realiza la medición cuando se encuentra a la distancia adecuada y ha podido detectar ambas pupilas correctamente. En caso de pupilas demasiado pequeñas o demasiado grandes, no se puede realizar la lectura, y es necesario adecuar la intensidad de la luz de la sala para conseguir modificar el tamaño pupilar en el rango adecuado(2).

El nombre, los datos de identificación y la fecha de nacimiento del paciente se introducen en el dispositivo mediante un teclado a través de una pantalla táctil. El software del aparato utiliza estos datos para calcular la edad y establecer los puntos de corte para decidir la derivación al oftalmólogo según el resultado de la refracción observada. Es posible almacenar los resultados e imprimir el informe con el resultado de la prueba. Las características de impresión, velocidad de captación de la imagen, determinación de los valores de corte para decidir la necesidad de derivación al oftalmólogo, varían en función de los distintos aparatos disponibles en el mercado(2).

Sensibilidad y especificidad de los instrumentos actualmente disponibles

La sensibilidad media para detectar factores de riesgo asociados a ambliopía, utilizando láminas u optotipos a los 4 años de edad que determinan agudeza visual, es del 77 %, mientras que con los autorefractómetros el rango oscila entre 81-92 %, con la ventaja de que puede realizarse la detección desde los 6 meses de vida, y con una fracción mínima de tiempo en comparación con el necesario para practicar la agudeza visual mediante láminas (optotipos)(2).

PlusoptiX ® S12C (Fig. 5) es un modelo de autorefractómetro para screening que tiene una sensibilidad y especificidad medias del 92 % y 88 % respectivamente, según el fabricante. El dispositivo permite escoger, antes de la medición, entre 5 tablas de referencia, que van desde la 1 (mayor sensibilidad y menor especificidad) hasta la 5 (mayor especificidad y menor sensibilidad). Los resultados de la medición se visualizan en una pantalla y el dispositivo indica “pasar” o “remitir” (Fig. 7), indicando la necesidad de derivación al oftalmólogo, en función de los resultados de la determinación, la edad del paciente y la tabla de referencia seleccionada.

Figura 7. Resultado de la refracción visual con la indicación de derivar al oftalmólogo, tal como se muestra en la pantalla del dispositivo cuando el explorador realiza la prueba con PlusoptiX ® S12C.

La información se almacena en formato PDF (en una tarjeta de memoria) y es imprimible a partir de dicho PDF vía ordenador o bien directamente a impresoras WiFi compatible (Fig. 8)(2).

Figura 8. Resultado en PDF imprimible de un test de refracción con el autorefractómetro PlusoptiX® S12C. Indica la refracción visual y el criterio de remisión al oftalmólogo en relación a los puntos de corte para cada parámetro, en función de la edad y la sensibilidad/especificidad de la tabla seleccionada. En este caso se muestra una anisometropía por hipermetropía del ojo izquierdo en un paciente de 16 meses de edad que debe remitirse al oftalmólogo para valoración.

Los datos de medición se visualizan en la pantalla y permiten al observador realizar su propia interpretación más allá de las indicaciones de “pasar” o “remitir” que definen los programas incorporados. En un reciente estudio el PlusoptiX ® A12 en 201 niños (402 ojos) de 7,63±3,41 años, presentó una sensibilidad, especificidad, valor predictivo positivo (VPP) y valor predictivo negativo (VPN): para miopía, de 86 %, 93 %, 82 % y 94 %, respectivamente; para astigmatismo, 85 %, 98 %, 88 % y 98 %, respectivamente; y para hipermetropía, de 40 %, 100 %, 100 % y 98 %, respectivamente(9).

Vila de Muga y cols.(10) realizaron un estudio prospectivo multicéntrico en 4 centros de Atención Primaria de Barcelona a pacientes entre 18 meses y 30 meses de edad, utilizando el Spot Vision Screener® (Fig. 6). En este estudio, el screening estuvo a cargo de las enfermeras y pediatras en las visitas del programa de actividades preventivas y todos ellos fueron posteriormente valorados por el equipo de oftalmología de referencia. El objetivo del estudio fue valorar si, en este grupo de edad (18-30 meses), Spot®Vision Screener era útil y preciso para detectar los factores de riesgo para desarrollar una ambliopía. Se incluyeron 435 pacientes, detectándose alteraciones en 42 (9,3 %). En este estudio la sensibilidad para detectar pacientes con factores de riesgo para ambliopía fue del 89 % y la especificidad del 91 %, con un VPP del 76 % y un VPP del 96 %. Cerca del 50 % de los pacientes derivados de 18-30 meses precisaron corrección óptica desde la primera valoración por el equipo de oftalmología, y a un 40 % con defecto de refracción confirmado sin indicación de corrección inicialmente, se les citó para seguimiento oftalmológico. La conclusión principal del estudio fue que el uso del autorefractómetro es útil y preciso en menores de 3 años(10).

Los autorefractómetros (photoscreeners) más utilizados en nuestro país son:

• PlusoptiX® S12 (Fig. 5).

Spot Vision Screener® (Fig. 6).

Además de la evaluación de la refracción visual y detectar las ametropías, los autorefractómetros permiten medir el tamaño pupilar, la alineación visual, así como detectar opacidades en el eje visual (cataratas, glaucoma infantil, vítreo primario, retinoblastoma), que al impedir realizar la fotoretinoscopia darán como resultado la imposibilidad de realizar la medición, alertando al pediatra sobre la necesidad de derivar al paciente al oftalmólogo.

La mayor dificultad que presentan estos dispositivos (y también los optotipos en la medición de la agudeza visual) es la detección de algunas hipermetropías binoculares que no generan anisometropía, ya que los niños pueden tener una gran capacidad de acomodación que las compensa. Por ello, es recomendable que a partir de los 3-4 años se realice, además de la medición directa, otra medición de la refracción colocándole unas lentes de + 3 D. En el caso de una niña o niño sin hipermetropía, el autorefractómetro detectaría una miopía de aproximadamente el mismo valor que la lente. Si, por el contrario, la lectura del autorefractómetro indica “pasar” (no defecto), sugiere que el niño presenta una hipermetropía elevada (>3 D) que se compensa con las lentes y, por tanto, debería remitirse al oftalmólogo para valoración(2,8).

Limitaciones de los autorefractómetros

Según las tablas empleadas (puntos de corte de derivación), el número de falsos positivos puede ser elevado, especialmente en el caso hipermetropías sin anisometropía que, aunque existentes, pueden no requerir ninguna corrección en niños pequeños. La principal finalidad de estos instrumentos es la detección de la anisometropía como factor de riesgo para ambliopía. En caso de detección de hipermetropía bilateral aislada, astigmatismo o miopía en niños mayores de 4 años, es prudente determinar a continuación la agudeza visual con la E de Snellen u otro optotipo equivalente, con el fin de mejorar la especificidad de la detección y decidir la derivación al oftalmólogo. De hecho, es muy recomendable que a todos los niños y niñas se les siga realizando la medición de agudeza visual entre los 4 y 6 años, independientemente del resultado obtenido por el autorefractómetro. Es, por lo tanto, importante saber que la derivación puede ser inadecuada si no se interpretan correctamente todos los datos o los umbrales de derivación programados no son los correctos(2,8,10).

Ambos instrumentos comentados (PlusoptiX® y Spot Vision Screener®) permiten, mediante procedimientos diferentes, establecer los límites a partir de los cuales se considera conveniente una derivación oftalmológica.

Evaluación a partir de los 6 años

A partir de los 6 años de edad, el objetivo del screening visual ya no es detectar las ambliopías, que deberían haber sido diagnosticadas con anterioridad, sino aquellos defectos de refracción que puedan disminuir la capacidad visual del escolar e interferir en su aprendizaje, conducta o habilidades. A estas edades, muchos de estos defectos producirán síntomas o el paciente manifestará una dificultad visual, aunque algunos pueden seguir pasando desapercibidos. Por ello es relevante comprobar la capacidad visual, al menos, cada 2 años(1,2,4).

La técnica de elección para la evaluación de la capacidad visual en niños en la etapa escolar es la evaluación de la AV con optotipos, aunque si se dispone de un autorefractómetro binocular, la realización de ambas pruebas permite una evaluación de los posibles defectos visuales con máxima precisión para decidir, con alta sensibilidad y especificidad, la necesidad o no de derivación al oftalmólogo(2).

Conclusiones

La detección precoz de los defectos de refracción, habitualmente asintomáticos, es esencial para el pronóstico visual del paciente, para el desarrollo de sus habilidades o capacidades, y para una óptima calidad de vida.

La ambliopía es el defecto prevenible de pérdida permanente de la visión más importante en la edad pediátrica, y la causa más frecuente de la misma son los defectos de refracción asimétricos (anisometropías).

Entre los 1 y 3 años es la “edad crítica”, en la que se generan la mayoría de las ambliopías anisometrópicas y en las que su detección precoz e instauración de tratamiento adecuado, permite alcanzar los mejores resultados visuales para el paciente.

Los autorefractómetros son instrumentos portátiles que permiten a los profesionales de Atención Primaria explorar la visión a unas edades (menores de 4 años) en las que sin ellos resulta muy difícil, sino imposible en la consulta no especializada, detectar defectos de refracción y alineación visual, y muy especialmente anisometropías con alto riesgo de generar ambliopía y, por tanto, convierten a esta técnica instrumental como la de elección para el cribado de los defectos de refracción en niñas y niños de 1 a 4 años de edad en Atención Primaria. Además, permiten cribar a todos los niños con defectos del desarrollo y la comunicación, que actualmente no reciben, en ocasiones, una correcta atención al ser incluidos en el grupo de pacientes que “no colaboran”.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

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2. Marès J, van Esso D. Detección precoz de los trastornos de refracción. Pediatr Integral. 2018; XXII: 24-31.

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5. Manny RE, Martínez AT, Fern KD. Testing stereopsis in the pre-school child: is it clinically useful?J Ped Ophthalmol Strab. 1991; 28: 223-31.

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7. Miller JM, Lessin HR, American Academy of Pediatrics Section on Ophthalmology Committee on Practice and Ambulatory Medicine, American Academy of Ophthalmology, American Association for Pediatric Ophthalmology and Strabismus, American Association of Certified Orthoptists. Instrument-based pediatric vision screening policy statement. Pediatrics. 2012; 130: 983-6.

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Temas de Formación Continuada:

Traumatismos oculares

V. Martín Gómez*, J.M. Casanovas Gordó**

*Oftalmóloga. Especialista en segmento anterior y córnea. Hospital Sant Joan Despi Moisès Broggi. Barcelona. **Pediatra. CAP Roquetes-Canteres. Institut Català de la Salut. Barcelona

 


El texto completo únicamente está disponible en www.pediatriaintegral.es
Pediatr Integral 2018; XXII (1): 45 – 57

 

 


Regreso a las bases

Fondo de ojo

M.I. Valls Ferrán, A. Clement Corral, D. Puertas Bordallo

Oftalmología Pediátrica del Hospital Universitario Niño Jesús. Madrid

 


El texto completo únicamente está disponible en www.pediatriaintegral.es
Pediatr Integral 2018; XXII (1): 58.e1 – 58.e7

 

 

 

Patología palpebral y de la vía lagrimal en la edad pediátrica

 

C. Cañete Campos*, M. Molina Pérez**
Temas de FC


C. Cañete Campos*, M. Molina Pérez**

*Servicio de Oftalmología. Complejo Asistencial de Zamora. **Servicio de Oftalmología. Complejo Asistencial Universitario de Salamanca

Resumen

Las alteraciones palpebrales abarcan un gran número de enfermedades de sus tejidos, del borde libre y de la dinámica palpebral. Las lesiones inflamatorias e infecciosas son motivo de consulta frecuente y habitualmente no exigen derivación. Las alteraciones congénitas del borde libre son la distiquiasis, tricomegalia y poliosis. El nevus melanocítico congénito es infrecuente y raramente maligno. Los trastornos vasculares principales son el hemangioma capilar y la mancha “en vino de Oporto”. Existen asociaciones entre múltiples hemangiomas cutáneos y hemangiomas viscerales. Las lesiones de la órbita pueden producir deformación palpebral. Destacamos el quiste dermoide, el hemangioma capilar profundo, el linfangioma y los tumores. El quiste dermoide es característico de la región temporal-superior y el linfangioma del cuadrante nasal-superior. La proptosis aguda asociada a equimosis sugiere origen neoplásico. La ptosis congénita simple que ocluye el eje visual requiere intervención precoz para prevenir ambliopías. Las malformaciones benignas: epibléfaron y epicanto, se derivarán cuando exista sospecha de alteración de la superficie ocular o estrabismo. La obstrucción del conducto nasolagrimal es la patología de la vía lagrimal más frecuente en el recién nacido y el masaje puede resolverlo en la mayoría de los casos. Si la resolución espontánea no se ha dado sobre los 9-12 meses, se debe derivar.

 

Abstract

Eyelid abnormalities include a great number of diseases of the palpebral tissues, the free border and the palpebral dynamics. Inflammatory and infectious lesions are a frequent reason for consultation and usually do not require referral. Congenital alterations of the free border are distichiasis, trichomegaly and poliosis. Congenital melanocytic nevus is infrequent and rarely malignant. The main vascular disorders are capillary hemangioma and port-wine stain. Associations exist between multiple cutaneous hemangiomas and visceral hemangiomas. Lesions of the orbit can produce palpebral deformity. We highlight the dermoid cyst, deep capillary hemangioma, lymphangioma and tumors. Dermoid cyst is characteristic of the superior temporal region and lymphangioma of the superior nasal quadrant. Acute proptosis associated with ecchymosis suggests neoplastic origin. Simple congenital ptosis occluding the visual axis requires early intervention to prevent amblyopia. Benign malformations: epiblepharon and epicanthus, will be referred when there is suspicion of ocular surface alteration or strabismus. Nasolacrimal duct obstruction is the most frequent lacrimal duct pathology in the newborn and massage can resolve it in most cases. If spontaneous resolution has not occurred by 9-12 months, referral should be made.

 

Palabras clave: Pediatría; Enfermedades de los párpados; Neoplasias orbitales; Blefaroptosis; Obstrucción del conducto lagrimal.

Key words: Pediatrics; Eyelid diseases; Orbital neoplasms; Blepharoptosis; Lacrimal duct obstruction.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (1): 48 – 55

 


OBJETIVOS

• Exponer la patología palpebral y de la vía lagrimal más frecuente en la edad pediátrica.

• Indicar los principios básicos de diagnóstico y tratamiento de la patología palpebral y del aparato lagrimal en la infancia.

• Establecer los signos y síntomas clave que faciliten el diagnóstico precoz y el seguimiento adecuado de pacientes pediátricos con patología palpebral y de la vía lagrimal.

• Facilitar la colaboración entre especialidades involucradas en el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de pacientes pediátricos con patología palpebral y de la vía lagrimal.

 

Patología palpebral y de la vía lagrimal en la edad pediátrica

Introducción

Los párpados son estructuras complejas que se pueden dividir en las siguientes capas anatómicas, de exterior a interior: piel y tejido subcutáneo, músculos protractores, septum orbitario, grasa orbitaria, músculos retractores, tarso y conjuntiva. Los músculos protractores son aquellos que cierran los párpados. El principal músculo protractor es el músculo orbicular de los ojos. Los músculos retractores son los que abren los ojos; los retractores del párpado superior son el músculo elevador y el músculo de Müller, y los retractores del párpado inferior incluyen la fascia capsulopalpebral y el músculo tarsal inferior.

El margen palpebral o borde libre del párpado es la confluencia entre la superficie mucosa de la conjuntiva ocular y la superficie epitelial de la piel. Recorriendo este margen se encuentran, fundamentalmente: las pestañas, las estructuras glandulares (glándulas de Meibomio, Moll y Zeiss) y el músculo orbicular de los ojos (Fig. 1).

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<Figura 1. Anatomía del margen palpebral (ilustración de Alejandra María Parra-Morales).

Los párpados permiten el cierre de la órbita en su porción más anterior. Las órbitas son las cavidades óseas que contienen los globos oculares, los músculos extraoculares, la grasa y el paquete vasculonervioso. Las órbitas están rodeadas por múltiples estructuras, entre ellas el sistema de drenaje lagrimal(1) (Tabla I).

tabla

Patología palpebral

Alteraciones congénitas del borde libre

Las alteraciones congénitas del borde libre son la distiquiasis, tricomegalia y poliosis. Son alteraciones poco frecuentes y solo precisan tratamiento si producen lesiones en la superficie ocular.

La distiquiasis congénita es una alteración infrecuente, que se caracteriza por la presencia de una segunda fila de pestañas a partir de los orificios de las glándulas de Meibomio. Pueden ser asintomáticas hasta los 5 años, pero si rozan el segmento anterior del ojo producen síntomas de ojo rojo. El tratamiento puede ir desde la depilación y la electrolisis, hasta la cirugía. Hemos de diferenciar la distiquiasis de la triquiasis. La triquiasis es la desviación de las pestañas de folículos de anatomía normal, que aparece normalmente en la edad adulta. La tricomegalia es un crecimiento excesivo de las pestañas y se puede dar en el contexto de síndromes congénitos, como el de Oliver-McFarlane, Cornelia de Lange, Goldstein-Hutt o de Hermansky-Pudlak. La poliosis se define como el blanqueamiento prematuro del pelo de pestañas y cejas, y en la edad pediátrica puede aparecer asociado a: vitíligo, síndrome de Waardenburg, síndrome de Marfan o esclerosis tuberosa (Tabla II)(1).

tabla

Trastornos pigmentados

El nevus melanocítico congénito es infrecuente y no precisa tratamiento. La transformación maligna no es habitual.

Los nevus melanocíticos congénitos son poco frecuentes. Generalmente son pequeños y de color uniforme; aunque, en ocasiones, pueden cubrir una zona grande. Las lesiones grandes pueden experimentar una transformación maligna hasta en el 15 % de los casos. Si es necesario, el tratamiento se basa en la resección quirúrgica. Existe una variante, denominada “nevus en beso”, cuando la lesión afecta a los párpados superior e inferior.

Trastornos infecciosos

El molusco contagioso es una infección viral cuyas lesiones en la mayoría de los casos desaparecen por sí solas sin tratamiento. La pediculosis palpebral exige la eliminación mecánica de los piojos con pinzas.

En este punto, solo abordaremos las patologías infecciosas palpebrales crónicas. Nos centraremos en dos entidades poco frecuentes, pero características de la infancia. En primer lugar, el molusco contagioso es una infección viral cutánea causada por un poxvirus, que se transmite por contacto y autoinoculación. Se presenta como un nódulo único o múltiple pálido, céreo y, generalmente, umbilicado. El diagnóstico suele ser clínico, pero su confirmación definitiva se realiza histopatológicamente, donde aparecen los característicos cuerpos de inclusión de Henderson-Patterson. En la mayoría de los casos, las lesiones desaparecen por sí solas sin necesidad de tratamiento. En caso de lesiones persistentes o múltiples, se derivará a Oftalmología para valorar opciones quirúrgicas que incluyen: resección por rasurado, cauterización, crioterapia o láser(2). En segundo lugar, la pediculosis palpebral es una infestación de las pestañas por piojos, produciendo irritación crónica y picor de párpados. La eliminación mecánica de los parásitos con una pinza fina es la primera opción de tratamiento; pero, en ocasiones, puede ser necesario el uso de vaselina u otros ungüentos oftalmológicos que facilitan el desprendimiento y la extracción de los piojos(3).

Trastornos inflamatorios

El chalazión es una lesión inflamatoria estéril, por lo que la base del tratamiento es el manejo no antibiótico. En la mayoría de los casos, se produce una resolución espontánea de la lesión. La dermatitis atópica palpebral en la infancia se puede asociar a conjuntivitis vernal, que precisa tratamiento oftalmológico tópico.

El chalazión es una lesión inflamatoria granulomatosa crónica y estéril, causada por una secreción sebácea retenida en las glándulas de Meibomio (Fig. 2).

figura

Figura 2. Chalazión en tercio medio de párpado inferior (fotografía de Mireia Molina Pérez).

Puede presentarse a cualquier edad y se presenta como un nódulo indoloro gradualmente creciente. En la mayoría de los casos se resuelve espontáneamente. La base del tratamiento es el manejo no antibiótico de la lesión. Se aplicarán compresas templadas (durante 5-10 minutos, 3 o 4 veces al día) y toallitas específicas de higiene palpebral o champú neutro (1 vez al día), y el uso razonable de pomadas con corticoides. Las lesiones persistentes pueden requerir derivación a Oftalmología para inyección de corticoides o resección quirúrgica.

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria y crónica muy frecuente, que produce engrosamiento y aparición de costras y fisuras en los párpados y que se puede asociar a blefaritis estafilocócica. El tratamiento se realiza con emolientes hidratantes y con el uso prudente de corticoides tópicos, inhibidores tópicos de la calcineurina, inhibidores tópicos de PDE4 (fosfodiesterasa 4) y, en casos más severos, se pueden usar inmunosupresores sistémicos orales como el dupilumab. Se asocia de forma frecuente con la conjuntivitis vernal en los niños, que es una inflamación de la conjuntiva que se caracteriza por la presencia de papilas hipertróficas en la conjuntiva tarsal superior, dando una apariencia característica “en empedrado” y por la presencia de nódulos blanquecinos en la unión esclero-corneal. El tratamiento con colirios de corticoides tópicos en periodos cortos suele ser suficiente(4).

Trastornos vasculares

El hemangioma capilar superficial se caracteriza por presentar un color rojo brillante y blanquear con la presión. En cambio, la mancha “en vino de Oporto” no blanquea con la presión. Múltiples hemangiomas capilares cutáneos se asocian a hemangiomas viscerales. La mancha “en vino de Oporto” se asocia a glaucoma.

Entre las lesiones vasculares, destacamos por su frecuencia en la infancia, el hemangioma capilar superficial o “nevus en fresa”. Se presenta poco después del nacimiento, la lesión es de color rojo brillante y blanquea con la presión. El TAC puede ser necesario para comprobar la afectación profunda y descartar lesiones orbitarias. Es importante conocer que existen asociaciones entre múltiples hemangiomas capilares cutáneos y los hemangiomas viscerales.

Existen varias modalidades terapéuticas: láser, inyección de corticoides sistémicos o intralesionales, B-bloqueantes sistémicos y resección local.

La mancha “en vino de Oporto” es una lesión subcutánea infrecuente formada por vasos ectásicos de calibres diferentes que aparece en la cara, incluyendo los párpados. A diferencia del hemangioma capilar, no blanquea con la presión.

La mancha “en vino de Oporto” está asociada al glaucoma, por lo que es recomendable la derivación a Oftalmología para la detección precoz.

Lesiones orbitarias que producen deformación palpebral

Las lesiones de la órbita pueden producir deformación palpebral. Destacamos: quiste dermoide, hemangioma capilar profundo, linfangioma y tumores. El quiste dermoide es característico de la región temporal-superior y el linfangioma del cuadrante nasal-superior. La proptosis aguda asociada a equimosis sugiere origen neoplásico.

El linfangioma es una malformación vascular benigna que aparece en la primera infancia. La lesión puede presentarse en forma de masas blandas azuladas en el cuadrante nasal superior palpebral, o bien, como proptosis lentamente progresiva si son posteriores. Cuando ocurre una hemorragia intralesional se denomina “quiste de chocolate”. El tratamiento implica la extirpación quirúrgica.

El quiste dermoide orbitario es un tumor benigno de origen embrionario, producido por el desplazamiento del ectodermo a una localización subcutánea. Aparecen con una incidencia de aproximadamente 1 cada 650 recién nacidos vivos. Aunque pueden darse en cualquier parte del cuerpo, más del 80 % se localiza en la región periocular superotemporal, correspondiendo con la línea de sutura frontocigomática. Se suelen diagnosticar alrededor del año de vida. Solo los quistes dermoides superficiales localizados por delante del tabique orbitario desplazan el párpado (ptosis, deformidad estética y proptosis). Se presenta en lactantes, como un nódulo indoloro, móvil y localizado, en la mayor parte de los casos en la región temporal superior de la órbita. Los quistes dermoides profundos producen protrusión gradual del ojo en la adolescencia o edad adulta. Las pruebas de imagen no son imprescindibles, pero se recomiendan especialmente cuando la localización es distinta a la superotemporal. Ante la sospecha de un quiste debe derivarse a Oftalmología; ya que, aunque las alteraciones de la función visual son raras, se recomienda una exploración oftalmológica completa para descartar defectos de refracción y ambliopías. El seguimiento de las lesiones pequeñas puede ser conservador. Sin embargo, se puede producir la rotura del quiste con un traumatismo, provocando una intensa reacción inflamatoria granulomatosa, por lo que en la mayoría de las lesiones está indicada la resección quirúrgica íntegra. Son raras las recurrencias(5).

Otro quiste palpebral similar es el quiste epidermoide, que es poco frecuente y generalmente congénito, que se localiza medialmente en las líneas de cierre embrionario.

El neurofibroma plexiforme es un tumor nervioso que se observa casi exclusivamente en pacientes con neurofibromatosis tipo 1. Suele presentarse en la primera infancia como una tumefacción periorbitaria indolora y unilateral, que causa una ptosis mecánica y una deformidad característica en forma de “S”. Aunque el neurofibroma plexiforme es común en la cabeza y el cuello, el neurofibroma plexiforme orbitario es raro y se confunde fácilmente con otros tumores orbitarios. No hay consenso con respecto a la estrategia terapéutica. El tratamiento actual sigue siendo en gran parte quirúrgico, pero presenta una alta tasa de recurrencia después de la extirpación parcial. En la actualidad, la terapia molecular dirigida, aún se encuentra en etapa de investigación clínica, pero los fármacos indicados para inhibir las moléculas efectoras de la vía de la señal RAS (mesilato de imatinib, el interferón pegilado α-2b y, el inhibidor de MEK, Mirdametinib) parecen tener cierta eficacia clínica(6).

Las proptosis de comienzo repentino, a veces, bilaterales, que pueden asociarse con equimosis y edema palpebral, pueden ser debidas a lesiones tumorales. Hemos de sospechar en primer lugar un rabdomiosarcoma orbitario o metástasis de neuroblastoma, sarcoma mieloide o histiocitosis de células de Langerhans(1).

Alteraciones de la dinámica palpebral

La ptosis es una posición caída del párpado superior que abarca un amplio rango de manifestaciones con relación a la oclusión o no del eje visual, lo que determina si la actitud en el tratamiento debe ser expectante o indicar cirugía precoz.

La ptosis se refiere a la posición anormalmente baja de uno o ambos párpados superiores, probablemente por un fallo de la migración o desarrollo neuronal que provoca una ptosis de origen miógeno por mala función del músculo elevador del párpado. Provoca un estrechamiento de la hendidura palpebral. La ptosis congénita está presente al nacer o en el primer año de vida, suele ser bilateral, aunque asimétrica. El grado de severidad lo determina el nivel de oclusión del eje visual. Rara vez, se presentan casos hereditarios(1).

Signos y síntomas

• Ausencia del pliegue palpebral superior y mala función elevadora.

• En la mirada hacia abajo, el párpado ptósico está ligeramente más elevado que el párpado sano y, a menudo, los niños adoptan una posición de elevación compensatoria del mentón para poder ver.

• Alteraciones del desarrollo y la función visuales: defectos de refracción (siendo la miopía el más frecuente), ambliopía y estrabismo están presentes en un porcentaje mucho mayor en pacientes con ptosis congénita que en la población general(7).

Diagnóstico diferencial

• Miastenia gravis: tan solo el 15 % de los casos de miastenia gravis se diagnostican en menores de 16 años. Las determinaciones de anticuerpos antirreceptor de la acetilcolina y las pruebas clínicas de piridostigmina y la prueba del hielo son fundamentales para su diagnóstico(8).

• Sincinesia palpebromandibular de Marcus Gunn: consiste en una retracción del párpado conjugada con los músculos encargados de masticar, abrir la boca o sorber (parpadeo mandibular). De etiología desconocida, se sospecha que es una rama mandibular del V par craneal que se desvía hacia el párpado.

• Síndrome de Horner: parálisis oculosimpática. A la ptosis leve se añaden otros síntomas como: anisocoria con miosis ipsilateral, heterocromía del iris y anhidrosis.

• Síndrome de blefarofimosis: trastorno congénito raro con ptosis moderada o grave, telecanto, epicanto inverso, ectropión lateral de los párpados y puente nasal poco desarrollado(1).

Tratamiento

El diagnóstico y tratamiento precoz pueden prevenir la aparición de problemas funcionales como la ambliopía y el estrabismo; sin embargo, se aconseja demorar la cirugía hasta la etapa preescolar, cuando las mediciones son más precisas. Existen distintas técnicas quirúrgicas dependiendo del grado de función del músculo elevador: con una buena función del elevador (mayor de 4 mm) se realiza avance de la aponeurosis del elevador; con una función media (3-4 mm) se recomienda añadir resección del músculo elevador; y con una mala función (por debajo de 3 mm) se aconseja suspensión del párpado al músculo frontal(9,10).

Malformaciones congénitas palpebrales

Las malformaciones congénitas palpebrales pueden ser asintomáticas y de resolución espontánea, como el epibléfaron y el epicanto. Otras como el telecanto y el coloboma necesitan descartar asociaciones con síndromes sistémicos.

Epibléfaron: es un pliegue redundante de piel pretarsal y del músculo orbicular del parpado inferior que provoca la rotación vertical de las pestañas haciendo que estas rocen con el globo ocular, sobre todo en la parte medial del párpado y en la mirada inferior. Se diferencia del entropión congénito (malformación mucho más infrecuente) en que en el epibléfaron, el borde palpebral está en posición correcta respecto al globo, siendo solo las pestañas las que están rotadas. Muy habitual en personas de raza oriental. En los afectados que son de raza blanca suele ser asintomático y no requerir tratamiento, pues se resuelve espontáneamente con el crecimiento. Si existe queratitis leve, se recomienda uso de gotas lubricantes (Fig. 3)(11).

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Figura 3. Epibléfaron (fotografía de Cristina Cañete Campos).

Epicanto: una de las malformaciones palpebrales más habituales. Son pliegues cutáneos verticales, los más habituales se extienden desde el párpado superior al inferior y discurren por el canto medial dando lugar a un pseudoestrabismo, con apariencia de endotropia. Son más habituales en raza asiática y en algunos síndromes como Down, Turner o blefarofimosis. A medida que crecen las estructuras óseas de la cara, los pliegues van disminuyendo y la apariencia de pseudoestrabismo disminuye también. Es importante hacer una exploración de motilidad ocular para descartar un auténtico estrabismo enmascarado. Rara vez necesitan tratamiento, que sería una plastia quirúrgica (Fig. 4)(1,12).

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Figura 4. Epicanto (fotografía de Mireia Molina Pérez).

Telecanto: anomalía infrecuente en la que unos tendones cantales mediales anormalmente largos provocan un aumento de distancia entre los cantos internos. En ocasiones, asociada a blefarofimosis y otros síndromes sistémicos. Hay que hacer diagnóstico diferencial con el hipertelorismo, que es mucho más frecuente y que consiste en una separación ósea entre las órbitas.

Coloboma: malformación infrecuente que consiste en la ausencia total o parcial del espesor del párpado uni o bilateralmente, bien por alteraciones en la migración del ectodermo o por fuerzas mecánicas como bandas amnióticas. En ocasiones, asociado a colobomas de otras estructuras oculares y a anomalías sistémicas, como el síndrome de Goldenhar o el síndrome de Treacher Collins(1).

Patología de la vía lagrimal

La obstrucción del conducto nasolagrimal es la patología de la vía lagrimal más frecuente en el recién nacido. Un manejo conservador precoz con la realización de un buen masaje puede resolverlo en la mayoría de los casos, sin necesidad de tener que recurrir a técnicas invasivas.

Anatomía del aparato lagrimal

Existen dos puntos lagrimales, el superior y el inferior, que se yuxtaponen cuando hay oclusión palpebral. Se continúan con dos canalículos lagrimales con un primer trayecto vertical y luego horizontal de 7 a 10 mm de longitud, uniéndose y formando un canalículo común que desemboca en el saco lagrimal a través de la válvula de Rosenmüller. El saco es un conducto cilíndrico que se abre al conducto nasolagrimal extendiéndose hasta el meato inferior de las fosas nasales. El orificio inferior está limitado por su cara interna por un pliegue mucoso llamado válvula de Hasner o plica lagrimalis (Fig. 5).

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Figura 5. Anatomía del sistema de drenaje lagrimal (ilustración de Alejandra María Parra-Morales).

El proceso de permeabilización comienza simultáneamente en todo el aparato lagrimal, completándose hacia el cuarto mes de vida de gestación. La porción más inferior del conducto nasolagrimal, donde el epitelio de este se une con la mucosa nasal, es el sitio más frecuente de canalización incompleta, provocando al niño un lagrimeo constante o epífora(10,13).

Exploración del niño con epífora

• Inspeccionar los márgenes palpebrales, observando la permeabilidad de los puntos lagrimales.

• Comprobar si existe reflujo por los puntos lagrimales, presionando sobre el saco lagrimal.

• Test de desaparición de fluoresceína. Es un test sencillo e indoloro que no necesita instrumental. Con el niño sentado y con la cabeza en posición vertical, se aplica una gota de fluoresceína al 2 % en el fondo de saco inferior y tras 5 minutos exploramos con luz azul cobalto la película lagrimal. Cualquier rastro de fluoresceína traspasado este tiempo (sin frotar los ojos o haber limpiado la película lagrimal) indica una obstrucción de la vía lagrimal. Para conocer la localización de la obstrucción es necesario otras técnicas más invasivas, como el sondaje o la irrigación(13).

Obstrucción congénita del conducto nasolagrimal

Es la causa más frecuente de la epífora del recién nacido. El 30 % de los recién nacidos a término presentan una válvula de Hasner imperforada al nacimiento. La respiración, el llanto o la succión que crean presiones negativas dentro de la nariz provocan la ruptura de esa membrana, aproximadamente a las 6 semanas en la mayoría de los casos, persistiendo la obstrucción entre un 6-10 % de los recién nacidos. La clínica no aparecerá hasta la primera o segunda semana tras el nacimiento, porque antes la secreción de lágrimas es mínima. Los síntomas típicos son la epífora o lagrimeo, la secreción mucosa y la dermatitis secundaria. Si existe sobreinfección de las secreciones, aparecen las conjuntivitis e incluso la celulitis preseptal y dacriocistitis. Otros signos son el aumento del menisco lagrimal o la regurgitación de secreciones a la presión sobre el saco lagrimal. El diagnóstico es principalmente clínico, en casos seleccionados puede necesitarse una dacriocistografía. En el diagnóstico diferencial hay que tener especial consideración con el glaucoma congénito, que también puede aparecer en las primeras semanas de vida con la tríada clásica de epífora, fotofobia y blefaroespasmo, y que compromete seriamente el desarrollo visual si no es detectado a tiempo (Tabla III).

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• El tratamiento inicial es conservador y consiste en la realización de masaje sobre el recorrido de la vía lagrimal. La idea es aumentar la presión hidrostática dentro del conducto nasolagrimal para que se rompa la membrana que obstruye a nivel de la válvula de Hasner. Es importante enseñar a los padres a realizar un buen masaje. El masaje comienza poniendo el dedo sobre el canto interno presionando con firmeza y deslizando el dedo hacia abajo, repitiendo 10 veces por sesión 3 o 4 veces al día. Si existe sobreinfección se recomiendan antibióticos tópicos como: eritromicina, acitromicina, tobramicina y gentamicina.

• El tratamiento quirúrgico si fracasa el conservador, se recomienda realizar entre los 9 y 12 meses de edad, pues en muchos casos la obstrucción se resuelve espontáneamente. Si existen dacriocistitis de repetición se puede adelantar a los 6 meses de edad.

Sondaje de la vía lagrimal: bajo anestesia general se usa un dilatador del punto lagrimal romo, para posteriormente introducir una sonda metálica de Bowman, se dirige vertical por el punto lagrimal para después girar 90º horizontal hacia el canto interno, llegando al saco lagrimal donde se notará un tope óseo, en esa posición se retrocede ligeramente y se vuelve a girar 90º hacia abajo en dirección a la nariz, notando en muchas ocasiones cómo se perfora la membrana que obstruye la válvula de Hasner. Se prefiere el sondaje por el punto lagrimal superior por ser menos traumático. Se comprueba la permeabilización de la vía, irrigando por el punto lagrimal suero y observando si aparece por las fosas nasales.

Intubación con silicona: cuando fracasa el sondaje, se puede volver a repetir, pero si aun así persiste la obstrucción, se recomienda intubación con tubo de silicona, bien monocanalicular inferior (más sencillo) o bicanalicular. La retirada del tubo se puede realizar a partir de los 3 meses, pero se suele recomendar, al menos, 6 meses.

Otras técnicas: dacrioplastia con catéter con balón y dacriocistorrinostomía endoscópica o externa(13).

Dacriocistitis

Las dacriocistitis en edad pediátrica se manifiesta especialmente en el contexto de obstrucción del conducto nasolagrimal. Suelen responder bien a tratamiento antibiótico y, rara vez, cronifican.

Agudas: se observa generalmente en niños en los que no se ha solucionado una obstrucción congénita del conducto nasolagrimal (Fig. 6).

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Figura 6. Dacriocistitis aguda (fotografía de Mireia Molina Pérez).

Consisten en una inflamación dolorosa difusa entre el lado lateral de la nariz y el canto medial que puede hacer colecciones de pus. Entre las bacterias aisladas más frecuentes hay predominio de Gram positivos, sobre todo Streptococcus pneumoniae, y entre los Gram negativos el Haemophilus sp. El tratamiento empírico con antibioterapia sistémica se basa en el uso de la amoxicilina-clavulánico o cefalosporinas de segunda o tercera generación durante 10 días; si no hay mejoría, considerar cefalosporina de tercera generación intravenosa, más clindamicina o vancomicina si se sospecha estafilococo resistente a meticilina.

Crónicas: raras en niños, causadas por estenosis de la vía, secundario a trauma facial con fractura del conducto óseo del conducto nasolagrimal o por rinosporoidosis en áreas endémicas. Consiste en una inflamación difusa e indolora bajo el tendón cantal medial y reflujo de pus canalicular a la presión sobre el saco.

Otras anomalías de la vía lagrimal

Los quistes de la vía lagrimal conforman un grupo heterogéneo de casos que deben ser valorados por el potencial compromiso de la vía respiratoria.

Dacriocistocele congénito: cuando a la obstrucción a nivel de la válvula de Hanser se añade otra obstrucción funcional a nivel de la válvula de Rosenmüller, se produce una dilatación del saco lagrimal que se manifiesta como una masa azulada inferior al tendón cantal medial. Una complicación potencialmente peligrosa ocurre cuando existe un gran componente intranasal del quiste que puede llegar a comprometer la función respiratoria, por lo que se aconseja endoscopia endonasal rutinaria a todos los dacriocistoceles.

Amniotocele: es un tipo concreto e infrecuente de dacriocistocele, en la que el líquido amniótico y el fluido conjuntival queda atrapado en el saco lagrimal.

Fístula lagrimal: es un conducto que comunica alguna porción de la vía lagrimal con la piel. Suelen tener un patrón autosómico dominante. Puede estar o no asociado a obstrucción del conducto nasolagrimal(10,13).

Función del pediatra de Atención Primaria

Conocer y saber evaluar las alteraciones palpebrales y de la vía lagrimal que pueden comprometer el normal desarrollo de la agudeza visual.

• Las lesiones inflamatorias e infecciosas son el motivo de consulta más frecuente en la patología oftalmológica pediátrica y, habitualmente, no exigen derivación a Oftalmología. La base del tratamiento del chalazión es el manejo no antibiótico y suelen ser autolimitados.

• El nevus melanocítico congénito es poco frecuente y, raramente, maligno.

• Es importante conocer que existen asociaciones entre múltiples hemangiomas capilares cutáneos y los hemangiomas viscerales.

• Las lesiones localizadas en la órbita pueden producir deformación palpebral y son, fundamentalmente: quiste dermoide, hemangioma capilar profundo, linfangioma y lesiones tumorales. El quiste dermoide se localiza, característicamente, en la región temporal-superior, mientras que el linfangioma aparece en el cuadrante nasal-superior. Las proptosis agudas asociadas a equimosis sugieren una lesión grave de origen neoplásico.

• Ptosis congénita: es importante saber distinguir una ptosis congénita leve, cuyo mayor problema es estético, de una ptosis que ocluye el eje visual y requiere de una intervención precoz para prevenir ambliopías.

• Malformaciones congénitas palpebrales:

– El epibléfaron y el epicanto son malformaciones benignas que pueden manejarse desde Atención Primaria. Cuando exista sospecha de alteración de la superficie ocular o de un estrabismo real, hay que derivar al especialista en Oftalmología.

– El telecanto y el coloboma requieren descartar síndromes sistémicos.

• Patología de la vía lagrimal: la obstrucción del conducto nasolagrimal:

– El pediatra debe conocer la forma correcta de realizar el masaje (siempre en dirección vertical y hacia abajo) para poder educar a los padres.

– Si la resolución espontánea no se ha dado en torno a los 9-12 meses, se debe derivar a Oftalmología.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de las autoras.

1.*** Kanski JJ, Bowling B. Kanski, Oftalmología clínica: un enfoque sistemático. Elsevier España. 2016.

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4. Wollenberg A, Barbarot S, Bieber T, Christen-Zaech S, Deleuran M, Fink-Wagner A, et al. Consensus-based European guidelines for treatment of atopic eczema (atopic dermatitis) in adults and children: part I [corrección aparece publicada en J Eur Acad Dermatol Venereol. 2019; 33: 1436]. J Eur Acad Dermatol Venereol. 2018; 32: 657-82. DOI: 10.1111/jdv.14891.

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13.*** Abalo-Lojo JM, González F, España C. La vía lagrimal en el niño. Actualización en Otorrinolaringología pediátrica; 2017. p. 97-106.

Bibliografía recomendada

– Kanski JJ, Bowling B. Kanski, Oftalmología clínica: un enfoque sistemático. Elsevier España. 2016.

Texto clásico de la especialidad, perfecto para que los residentes adquieran los fundamentos de la Oftalmología y los médicos experimentados cuenten con un valioso recurso de consulta.

– Lawand T. Patología congénita de la vía lagrimal y patología palpebral. Pediatr Integral. 2013; XVII: 463-76.

Revisión completa y detallada de toda la patología palpebral y vía lagrimal.

– Abalo-Lojo JM, González F, España C. La vía lagrimal en el niño. Actualización en Otorrinolaringología pediátrica; 2017. p. 97-106.

Actualización de la patología de la vía lagrimal más frecuente en la infancia, con un enfoque multidisciplinar.

Caso clínico

Lactante de 7 meses de edad que presenta conjuntivitis de repetición en ojo derecho desde el mes de vida, que responde bien al tratamiento tópico con antibióticos. Los padres comentan que siempre está lagrimeando de ese ojo y la piel periocular ha desarrollado una dermatitis por estar siempre húmeda. Los síntomas son especialmente intensos en el contexto de infecciones respiratorias del tracto superior.

Algoritmo

Algoritmo

 

Urgencias oftalmológicas

J. Peralta Calvo
Temas de FC


J. Peralta Calvo

Médico Adjunto. Servicio de Oftalmología, Hospital Infantil La Paz. Madrid. Profesor Asociado de Oftalmología. Universidad Autónoma de Madrid

Resumen

Presentamos las urgencias oftalmológicas de mayor relevancia para el pediatra en formación y el que realiza Atención Primaria. La primera sección se dedica a la traumatología ocular y orbitaria, con especial atención al trauma craneal abusivo (TCA) o “síndrome del niño zarandeado”, el manejo de las causticaciones oculares y los signos de alarma de las fracturas orbitarias. La segunda sección está comprendida por la patología inflamatoria, con hincapié en la conjuntivitis neonatal (oftalmia neonatorum) y el diagnóstico y tratamiento de las celulitis orbitarias, incluyendo las postraumáticas. Por último, el pediatra debe conocer la patología oncológica ocular más relevante, el retinoblastoma, y realizar el diagnóstico diferencial de la leucocoria, el signo más importante en Oftalmología pediátrica. Se expone también el rabdomiosarcoma, tumor orbitario maligno más prevalente y su diagnóstico diferencial con la celulitis orbitaria.

 

Abstract

The most relevant ophthalmological emergencies for pediatricians in training and for those who practice in Primary Care are presented. The first section is dedicated to ocular and orbital trauma, with special attention to abusive head trauma (AHT) or “shaken baby syndrome”, management of ocular caustications and warning signs of orbital fractures. The second section includes inflammatory pathology, with emphasis on neonatal conjunctivitis (ophthalmia neonatorum) and the diagnosis and treatment of orbital cellulitis, including post-trauma etiology. Finally, the pediatrician must recognize the most relevant ocular oncological pathology, retinoblastoma, and make the differential diagnosis of leukocoria, the most important sign in pediatric ophthalmology. Rhabdomyosarcoma, the most prevalent malignant orbital tumor and its differential diagnosis with orbital cellulitis, is also presented.

 

Palabras clave: Traumatismo; Causticación; Zarandeo; Retinoblastoma; Rabdomiosarcoma.

Key words: Trauma; Caustication; Shaken; Retinoblastoma; Rhabdomyosarcoma.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (1): 41 – 47

 


OBJETIVOS

• Ser capaces de identificar los traumatismos con globo ocular cerrado: laceraciones e hifemas (sangrado intraocular), y sospechar el trauma craneal abusivo (TCA) ante determinados indicios.

• Manejo adecuado de las causticaciones oculares.

• Diagnóstico del traumatismo con globo ocular abierto y manejo urgente.

• Identificar las fracturas orbitarias graves, la celulitis orbitaria y su diagnóstico diferencial.

• Concienciar al pediatra sobre la importancia de la leucocoria, su urgencia clínica y los rudimentos del diagnóstico diferencial.

• Conocer la existencia del rabdomiosarcoma como tumor orbitario maligno más frecuente, y su diagnóstico diferencial con la celulitis.

 

Urgencias oftalmológicas

Introducción

Las urgencias en Oftalmología pediátrica abarcan diferentes etiologías, que pueden afectar a las distintas estructuras oculares.

He dividido los temas según las etiologías principales, y las he subdividido en función de la estructura afecta y de los cuadros más prevalentes en la práctica. El objetivo es que todo pediatra conozca cuáles son los diferentes síndromes oftalmológicos urgentes y su manejo básico.

Traumatología ocular

Los traumatismos oculares pediátricos suponen hasta un 35 % del total de traumatismos registrados en EE.UU.(1) y pueden requerir ingreso hospitalario en 8,85-15,2/100.000 niños y año(2).

La mayoría de los traumatismos ocurren en el hogar, particularmente en los niños más pequeños, por lo que serían prevenibles en buena medida. Se ha documentado una prevalencia masculina en toda la literatura, que se intensifica con la edad, del mismo modo que con la edad va predominando el origen deportivo. Por otra parte, el paciente pediátrico es susceptible de un tipo peculiar de trauma “no accidental”, el “niño zarandeado” (“shaken baby syndrome”, SBS), más frecuente en niños menores de tres años.

Es importante dividir los traumatismos del globo ocular en dos tipos principales, según se haya conservado íntegra o no en todo su espesor la cubierta exterior del ojo, formada por córnea y esclerótica: cerrados y abiertos.

Traumatismos con globo ocular cerrado

Contusiones oculares

Se manifiestan principalmente por el sangrado en cámara anterior, denominado hifema(3).

La deformación del globo ocular por una contusión sobre su polo anterior (p. ej., un pelotazo), origina desgarros en la vasculatura del iris, con la consecuente hemorragia, que tiende a depositarse en la zona inferior de la cámara anterior (espacio entre la córnea y el iris). Se puede observar desde cerca con ayuda de una linterna, como un nivel rojizo en la zona inferior del iris (Fig. 1). El hifema puede coincidir con otras lesiones oculares, especialmente la apertura ocular, que es necesario descartar en urgencias.

Figura1

Figura 1. El hifema se visualiza como un nivel rojizo en la parte más inferior de la cámara anterior (oculta parcialmente el iris).

Los hifemas pueden complicarse, típicamente produciendo una tinción hemática en la córnea, que es irreversible. La impregnación hemática de la córnea es más frecuente en los hifemas grandes y/o con hipertensión ocular asociada. Ambas situaciones son más frecuentes si existe un resangrado, fenómeno que tiende a ocurrir entre el 3º y 5º día. Tradicionalmente, se ha ingresado al paciente pediátrico con hifema, con el fin de restringir su movilidad y vigilar de cerca el posible resangrado, aunque actualmente esta práctica está en desuso. Se les prescribe medicación tópica midriática, antiinflamatoria e hipotensora ocular (si la precisa), junto con reposo en cama con la cabecera levantada con dos almohadas y restricción de movimientos. En determinados casos graves, se ingresa al paciente y se añaden inhibidores de la fibrinolisis para retrasar la retracción del coágulo y evitar el resangrado.

Por otra parte, debemos recordar que se pueden producir hifemas espontáneos en el retinoblastoma. Todo hifema espontáneo es sospechoso de retinoblastoma hasta que se demuestre lo contrario. El hifema es la forma de presentación ocular típica del xantogranuloma juvenil.

Actitud del pediatra: remitir al oftalmólogo de guardia, tanto el hifema traumático como el espontáneo.

Erosiones-úlceras traumáticas en córnea y conjuntiva

Se visualizan con tinción de fluoresceína (existe una marca comercial que mezcla un anestésico tópico con fluoresceína) y filtro de cobalto en la linterna, que produce una fluorescencia verdosa en la zona erosionada.

Pueden acompañar a la contusión y presentarse con hifema.

Actitud del pediatra: puede comenzar el tratamiento de una úlcera traumática si su diagnóstico es seguro y si la ulceración no está sobreinfectada. El tratamiento consiste en prevención de la infección mediante un colirio antibiótico cada 8 horas y cicloplejia si existe mucho dolor (p. ej.: colirio ciclopentolato cada 8 horas). En la mayoría de los casos se ocluye el ojo con el fin de evitar manipulación y restringir el parpadeo sobre la úlcera.

Trauma no accidental

Tradicionalmente, denominado “shaken baby syndrome” (SBS, síndrome del niño zarandeado), hoy día se recomienda el término “trauma craneal abusivo” (TCA), que es menos restrictivo(4), ya que el zarandeo no está siempre presente como mecanismo de las lesiones.

La tríada típica consiste en: hematoma subdural, encefalopatía y hemorragias retinianas. Es una entidad que afecta a niños menores de 3 años, con una incidencia de hasta 30 casos por 100.000 niños en EE.UU. al año(5). Puede abarcar zarandeo, impactos y otros abusos. Se vincula a las crisis de llanto incoercibles. No existe una explicación fisiopatológica demostrada de cómo el zarandeo origina las hemorragias retinianas, aunque puede deberse a una hiperpresión venosa retiniana brusca por aumento de la presión intracraneal o venosa torácica, y/o a un movimiento del humor vítreo dentro del globo ocular.

Todo pediatra debe contemplar la posibilidad de un traumatismo no accidental, especialmente cuando la historia que refieren los padres o cuidadores no es coherente con el estado del niño.

No es siempre sencillo llegar a este diagnóstico de sospecha(6), pero existen ciertas “banderas rojas”, como: irritabilidad, letargia, obnubilación, distrés respiratorio, vómitos, desnutrición o múltiples fracturas (especialmente diafisarias y/o en diferentes estadios de cicatrización). La radiología es muy útil en la detección de las fracturas y del sangrado intracraneal. Las hemorragias retinianas están presentes en el 80 % de los casos, y deben descartarse siempre. El oftalmólogo confirmará la presencia de hemorragias retinianas y si estas son sugestivas de abuso: hemorragias muy numerosas, bilaterales, en diferentes capas de la retina o de preferencia pre-retiniana (en “cúpula”) y de predominio central (macular) (Fig. 2). La severidad de las hemorragias se correlaciona con la severidad del daño cerebral. Una pobre agudeza visual al diagnóstico indica también daño cerebral, con pobre pronóstico vital. Las limitaciones visuales en los supervivientes (un 70 %, aproximadamente) tienen principalmente origen cerebral(7), por un mecanismo hipóxico-isquémico.

Figura1

Figura 2. Se aprecian varias hemorragias retinianas en un caso de trauma craneal abusivo, la mayor en la zona macular (en “cúpula”).

Quemaduras químicas (causticaciones)

Se producen por el contacto de ciertos productos químicos sobre la superficie ocular, normalmente con afectación palpebral asociada.

Son más frecuentes y destructivos los álcalis (p. ej.: cal, sosa cáustica, lejía-hipoclorito sódico y amoníaco), ya que tienen una mayor penetración ocular. Las quemaduras químicas destruyen las glándulas de la superficie ocular, impidiendo que se genere la lágrima, esencial para la función corneal. Además, dañan una estructura fundamental, el limbo esclerocorneal, donde residen las células madre que regeneran el epitelio corneal. Si el limbo se daña, se perderá la transparencia corneal. Las quemaduras químicas suponen todavía un problema importante, afectándose más los niños en los países en vías de desarrollo(8).

Actitud del pediatra: si se encuentra ante una causticación ocular deberá irrigar copiosamente con suero fisiológico la superficie ocular, para arrastrar y disolver el tóxico lo antes posible. Deberá evertir los párpados superiores para limpiar los restos sólidos de la sustancia que hayan quedado adheridos. Puede comprobar el pH de la superficie ocular mediante tiras reactivas de orina. Posteriormente, se remitirá al oftalmólogo de guardia, a la mayor brevedad.

Traumatismos con globo ocular abierto

Junto con las causticaciones son los más graves, ya que implican la afectación de estructuras intraoculares, además del riesgo asociado de infección (endoftalmitis).

Hoy en día, existen sistemas de pronóstico visual(9), que calculan la probabilidad de sufrir una ceguera legal según la agudeza visual al diagnóstico, el tipo de traumatismo, si existe endoftalmitis, desprendimiento retiniano o un defecto pupilar aferente (no hay reacción de ambas pupilas a la luz sobre el ojo afecto).

El trauma ocular abierto suele producir cambios visibles en el aspecto del globo: puede deformarse al perder líquido intraocular (humor acuoso o vítreo), con hemorragias subconjuntivales (Fig. 3), deformación pupilar o prolapso de contenido intraocular (el iris o el cuerpo ciliar con más frecuencia). A veces, el niño refiere que le “llora” el ojo, lagrimeo que es debido a la filtración de humor acuoso por la herida.

Figura1

Figura 3. Trauma con globo ocular abierto (“estallido” ocular). Hemorragias subconjuntivales con deformación del globo ocular.

Actitud del pediatra: ante la sospecha de un trauma ocular abierto, el pediatra intentará que se produzca la menor manipulación posible sobre el globo, para evitar la pérdida de contenidos intraoculares. Es recomendable un escudo protector de plástico. Dejará al niño en ayunas y puede pedir preoperatorio, ya que el niño será intervenido con urgencia.

El pediatra puede confirmar una perforación ocular en niños colaboradores mediante el test de Seidel: si coloca colirio de fluoresceína sobre la superficie ocular y la ilumina con luz azul, verá cómo la fluoresceína se va lavando de la superficie ocular por la salida de humor acuoso desde la herida. Es un test incruento.

Traumatismos orbitarios

Fracturas orbitarias

Las fracturas orbitarias se producen por contusiones violentas que transmiten una gran energía a la órbita, fracturándose en los puntos de menor resistencia, que son la lámina papirácea del etmoides y el suelo orbitario (“blow-out”).

En ambas situaciones se pone en contacto el seno paranasal con la órbita, facilitando el paso de aire a esta (neumoórbita). El aire es apreciable por la crepitación a la palpación, y aumenta con las maniobras de espiración forzada. Desde el punto de vista clínico son más importantes las fracturas del suelo orbitario, por dos motivos: primero, en la fractura puede enclavarse el músculo recto inferior, produciendo un estrabismo restrictivo, con diplopía; segundo, parte del contenido orbitario se puede prolapsar al seno maxilar: el globo parecerá hundido (enoftalmos).

Las fracturas orbitarias tienen una peculiaridad en los niños: pueden ser “en tallo verde”, esto es, tipo “trampilla”. Tras la fractura, los fragmentos del hueso vuelven a su lugar, como si nada hubiera ocurrido, pero atrapan contenido orbitario, especialmente el músculo recto inferior(10). Esto provoca el desencadenamiento del reflejo oculocardíaco al intentar mover el ojo, que se manifiesta por náuseas, vómitos, bradicardia y síncope. Se trata de un reflejo vagal que se libera al manipular algún músculo extraocular, como ocurre en la cirugía del estrabismo.

Típicamente, hay muy pocos signos externos de la contusión (“ojo blanco”) y es difícil su visualización radiológica, incluso en el TAC. Se considera una urgencia. El resto de fracturas orbitarias, incluso en los niños, son sometidas a un periodo de observación de dos semanas. Se intervienen si persiste la diplopía o un enoftalmos apreciable.

Actitud del pediatra: debe sospechar la existencia de una fractura del suelo orbitario ante una contusión con problemas de motilidad ocular posteriores. Debe remitirla al oftalmólogo de guardia, con especial urgencia si el niño presenta fenómenos vagales.

Cuerpos extraños intraorbitarios

Los niños pueden presentarse en urgencias con cuerpos extraños intraorbitarios, frecuentemente de manera diferida.

En muchas ocasiones, los padres no refieren un traumatismo previo (porque ha ocurrido sin su supervisión) o no le han dado importancia. Acuden cuando notan ya una inflamación palpebral o cambios en el estado del niño. El ejemplo típico de este tipo de traumatismo es el lapicero(11): tras una penetración palpebral mínima es posible que se lesionen estructuras importantes y/o queden fragmentos de madera o de grafito retenidos en órbita. Los lapiceros pueden llegar con facilidad al seno cavernoso. A esto hay que añadir la posible infección y la reacción inflamatoria que acompaña a los fragmentos de madera y grafito. El resultado es una inflamación orbitaria grave, con posibilidad de extensión intracraneal y afectación neurológica severa. El tratamiento debería ser precoz y quirúrgico, si bien es mandatario un cuidadoso estudio radiológico para localizar el material e identificar compromiso vascular acompañante.

Actitud del pediatra: ante lesiones palpebrales atípicas, compatibles con laceraciones, se debe obtener información sobre la posibilidad de un traumatismo, teniendo in mente la posibilidad de juguetes y lapiceros. Si tras una laceración palpebral el niño presenta cambios en el comportamiento, letargia, decaimiento, vómitos, se debe contemplar la posibilidad de un cuerpo extraño orbitario retenido, siendo el TAC la mejor opción diagnóstica. Si el niño presenta signos francos de celulitis orbitaria, y en el contexto de una laceración, está indicado un TAC inicial. Una celulitis postraumática requerirá en todo caso ingreso hospitalario para tratamiento antibiótico intravenoso de amplio espectro.

Patología inflamatoria

Las urgencias de origen inflamatorio que el pediatra debe conocer son la conjuntivitis del recién nacido y la celulitis orbitaria.

Oftalmia neonatorum

Es una entidad todavía presente en nuestro medio. Se trata de la conjuntivitis del recién nacido, adquirida en el canal del parto, y todo pediatra debe conocerla.

Se distinguen las siguientes etiologías(12):

• Conjuntivitis gonocócica: es la más grave, ya que la Neisseria puede perforar la córnea. Es de comienzo precoz (antes del 5º día) y cursa con una secreción purulenta y sanguinolenta. El diagnóstico requerirá tinción de Gram y cultivo, pero no esperamos los resultados: se inyecta una dosis de ceftriaxona de 125 mg intramuscular. El tratamiento tópico es secundario, basta la higiene con suero fisiológico.

• Conjuntivitis clamidial (Chlamydia trachomatis): es la más frecuente hoy día. Es de comienzo diferido, más allá de la primera semana (aunque la rotura precoz de membranas puede anticipar la presentación). La secreción es mucopurulenta, no tan severa como en las gonocócicas, y ocasiona cuadros cicatriciales en la córnea, además de posible extensión al sistema respiratorio. El diagnóstico definitivo se realiza hoy día mediante PCR. El tratamiento consistirá en macrólidos por vía oral durante dos semanas. Se pueden asociar por vía tópica.

• Conjuntivitis-queratitis herpética: también presenta un comienzo tardío, en la segunda semana. La conjuntivitis es folicular, recuerda las adenovíricas, y puede presentar lesiones corneales dendríticas y vesículas cutáneas. El virus puede ocasionar afectación retiniana y neurológica. El diagnóstico definitivo se realiza mediante PCR. El tratamiento es aciclovir oral durante dos semanas.

• Conjuntivitis en relación con la dacrioestenosis (obstrucción congénita del conducto nasolacrimal): estas conjuntivitis tienden a producirse más tardíamente, siendo el origen la acumulación de detritus sobre la superficie ocular por falta de drenaje lagrimal a la nariz. Pueden usarse varios colirios antibióticos, en su mayoría con aminoglucósidos, y se recomienda a los padres el masaje lagrimal hidrostático tras su instilación.

Actitud del pediatra: el pediatra está implicado en la profilaxis de esta patología, recomendándose la instilación de pomada de eritromicina(13) en los ojos del recién nacido. Ante un neonato con secreción, el pediatra puede tomar muestras y comenzar el tratamiento guiado por el cuadro clínico; si bien es prudente que remita con prontitud al paciente al oftalmólogo de guardia.

Celulitis orbitaria

La celulitis orbitaria es una causa frecuente de consulta en urgencias y es mucho más frecuente en niños(14).

La forma más prevalente es la preseptal, es decir, la afectación de los párpados sin afectar la órbita propiamente dicha. Consiste en una tumefacción uni o bipalpebral con eritema. El niño presentará fiebre y leucocitosis. El origen suele radicar en los senos paranasales, y más frecuentemente el etmoidal, por contigüidad. Otras causas menos frecuentes son las picaduras, los traumatismos (como ya estudiamos) y la dentadura. Estos casos suelen ser más graves, debido a gérmenes más agresivos (anaerobios, S. pyogenes). Una forma especial de celulitis que complica los traumatismos es la fascitis necrotizante, producida frecuentemente por S. pyogenes, que se caracteriza por una evolución rápida hacia la gangrena, y que requiere desbridamiento quirúrgico(15).

Por otra parte, en su evolución, la celulitis preseptal puede complicarse como celulitis orbitaria, absceso orbitario y trombosis del seno cavernoso. Todas estas complicaciones son graves y motivo de ingreso hospitalario. La celulitis orbitaria se distingue de la preseptal por la proptosis del globo (aparece propulsado hacia delante en la órbita), con dificultades en la motilidad extraocular. Si continúa evolucionando, puede presentar pérdida visual por compresión del nervio óptico y/o vasculatura ocular.

La microbiología de las celulitis ha cambiado desde la generalización de la vacuna anti-Haemophilus en los años 90. En la actualidad, se da una mayor prevalencia de gérmenes Gram positivos (neumococo, estafilocos y estreptococos), con un incremento paulatino de los estafilococos meticilino-resistentes.

Ciertos retinoblastomas de gran tamaño, con intensa necrosis tumoral, pueden producir celulitis orbitarias debidas a la liberación de TNF (Tumor Necrosis Factor), sin que exista una extensión extraocular del tumor. Estos ojos suelen presentar otros signos de retinoblastoma, como leucocoria o estrabismo previo (Fig. 4).

Figura1

Figura 4. Celulitis orbitaria de origen tumoral. Se aprecia la leucocoria (retinoblastoma).

Actitud del pediatra: el pediatra tanto de Atención Primaria como el de urgencias puede tratar una celulitis preseptal. Deberá descartar la extensión orbitaria mediante la clínica. En casos dudosos o ante la sospecha de un origen extrasinusal, deberá realizar un TAC. El tratamiento en las formas no complicadas consistirá en un antibiótico de amplio espectro, como amoxicilina-ácido clavulánico a altas dosis, o cefalosporinas de tercera generación.

Patología tumoral

La patología tumoral maligna es una urgencia en la medida que el retraso en el diagnóstico puede condicionar el tratamiento del niño y su supervivencia en los casos más graves. Trataremos el retinoblastoma y el rabdomiosarcoma.

Retinoblastoma

El retinoblastoma es el tumor intraocular más frecuente en la infancia, con una incidencia calculada en torno a 1/17.000 recién nacidos vivos(16).

Se origina en los precursores de los fotorreceptores (conos) y tiene una causa genética ampliamente conocida: la inactivación de los dos alelos del gen RB1, que codifica una proteína implicada en la parada del ciclo celular. Sin esta proteína la célula comienza la mitosis. Se calcula que entre el 25 y el 33 % de los retinoblastomas poseen una mutación germinal, es decir, en todas las células de su cuerpo. Estos niños poseen, por tanto, una predisposición general a la oncogénesis. Tienen varios retinoblastomas (multifocales) y son bilaterales, por lo general. Además, pueden desarrollar tumores en el sistema nervioso central, especialmente en la glándula pineal (tercer tumor), y también pueden desarrollar otros cánceres a lo largo de su vida, especialmente sarcomas óseos y tumores en la piel.

Los mutadores germinales del RB1 suelen ser espontáneos (“de novo”, el primer caso que se da en la familia), si bien conocemos familias afectas (cerca del 15 % de los mutadores germinales). La mayoría de los retinoblastomas son esporádicos: una sola célula retiniana precursora pierde los dos alelos del RB1 (mutaciones somáticas). De modo previsible, estos tumores se desarrollan más tarde que los mutadores germinales (2 años vs 9 meses). Los retinoblastomas esporádicos son unilaterales y tumores únicos.

El motivo de consulta más frecuente en los retinoblastomas es la leucocoria (Fig. 5), seguido del estrabismo. A menudo, se presenta con los dos signos.

Figura1

Figura 5. Ejemplo de leucocoria. Es el mismo paciente de la figura anterior, tras instaurar corticoterapia sistémica.

La leucocoria (“pupila blanca”, “reflejo pupilar blanco”) por retinoblastoma se origina por dos causas principales: por una parte, puede estar producida por un desprendimiento retiniano; por otra parte, puede estar causada por el color blanquecino típico del tumor, que se ve potenciado por las numerosas calcificaciones que normalmente presenta. El estrabismo se produce cuando hay una afectación de la zona central de la retina, la macula lutea, la que proporciona la máxima agudeza visual.

Como todo tumor maligno, el retinoblastoma empeora con el tiempo, presentando grados más avanzados en la clasificación usada hoy, la Clasificación Internacional del Retinoblastoma. Esta clasificación predice la respuesta a la quimioterapia, el tratamiento más empleado hoy, tanto sistémica como local (intraarterial y/o intravítrea). La respuesta al tratamiento es inferior en los grados avanzados. De ahí, la importancia de un diagnóstico precoz.

La leucocoria nos obliga a un diagnóstico diferencial que descarte la presencia de retinoblastoma (Tabla I).

La causa más frecuente de leucocoria en nuestro medio es la catarata congénita, especialmente bilateral. En los niños más pequeños es la persistencia de la vasculatura fetal (PVF), la patología que más se confunde con el retinoblastoma(17). La PVF, previamente denominada persistencia e hiperplasia del vítreo primario, es una alteración del desarrollo ocular, muy unida a la falta de involución del sistema vascular hialoideo, presente en el embrión y en el feto, y que recorre toda la cavidad vítrea desde la papila del nervio óptico hasta el cristalino. Los ojos con PVF son más pequeños y pueden presentar alteraciones en prácticamente todas las estructuras, especialmente en el cristalino (cataratas y membranas retrolentales) y en la retina (desprendimientos traccionales). En niños mayores de 2 años es la enfermedad de Coats la que más se confunde con el retinoblastoma. La enfermedad de Coats se debe a la existencia de teleangiectasias retinianas (dilataciones de las vénulas) normalmente periféricas. Estas teleangiectasias son incompetentes, exudando material plasmático dentro y bajo la retina adyacente(18). La exudación es de un color amarillento por los lípidos que posee y da a la retina una coloración amarillenta. Si la retina se desprende, cosa que ocurre en la evolución natural de la enfermedad de Coats, entrará en el diagnóstico diferencial de la leucocoria.

Actitud del pediatra: la leucocoria es un signo clínico muy importante, ya que puede deberse a un retinoblastoma. Los padres refieren al pediatra que el niño “mira raro” desde tiempo atrás. Esta “mirada rara” es la manera más común con la que los padres se refieren hoy por hoy a la leucocoria. Algunos comentan que le habían visto un “reflejo raro en la vista”, o que los ojos del niño salen diferentes (el uno del otro) en las fotos. Todas estas expresiones son equivalentes a lo mismo: leucocoria.

El pediatra debe ser consciente de que la leucocoria es una posibilidad y siempre debe descartar su presencia en las sucesivas revisiones del niño.

Al explorar los ojos es necesario detenerse en la valoración de la pupila. Esta valoración es mejor realizarla en condiciones de semioscuridad, ya que así la pupila es mayor, puesto que el reflejo fotomotor disminuye. Con una linterna comprobamos la reacción fotomotora de cada pupila, a la vez que observamos su color. En este momento, ya podemos constatar la coloración blanquecina en el área pupilar, especialmente la presencia de cataratas.

Acto seguido, practicaremos el test del reflejo rojo pupilar. Para ello, tomamos el oftalmoscopio directo y enfocamos cada ojo por separado desde una distancia de entre 33 y 50 cm. El haz de luz que proyecta el oftalmoscopio se refleja en la retina, dando un tono rojizo al área pupilar. Con el fin de enfocar mejor el plano pupilar, deberemos introducir lentes de +1 o +2 dioptrías en el sistema del oftalmoscopio (cuando giramos el disco, vemos que un valor cambia en un indicador numérico que tiene en la parte frontal: los números rojos equivalen a lentes divergentes [negativas], mientras que los negros son lentes convergentes [positivas]). Si el reflejo es de un color blanquecino, hablaremos de leucocoria. Siempre debemos comparar el reflejo de ambos ojos. De hecho, se puede realizar la prueba de manera simultánea (test de Brückner), para lo cual debemos alejarnos del niño hasta los 66-100 cm. El reflejo del fondo de ojo (retina), hace destacar de manera negativa las opacidades cristalinianas, que aparecen negras sobre el fondo rojo. Estos test fueron recomendados por la Academia Americana de Pediatría para el cribado ocular de los niños(19). Las exploraciones se facilitan enormemente con la dilatación pupilar. La dilatación pupilar es un procedimiento seguro. Basta una gota de colirio de ciclopentolato al 1 % (0,5 % si es menor de un año) en cada ojo, que se puede repetir a los 10 minutos. La exploración se podrá realizar a la media hora de la primera instilación.

Al final de una correcta exploración, diagnosticaremos una leucocoria o, al menos, su sospecha. Toda leucocoria es un motivo de derivación hospitalaria urgente. Si se trata de un retinoblastoma, podrá comenzarse la quimioterapia lo antes posible. En las cataratas, PVF y enfermedad de Coats, el resultado funcional se une a la precocidad del tratamiento.

Rabdomiosarcoma

Es el sarcoma de partes blandas más frecuente en niños y el tumor orbitario maligno más frecuente en la infancia. Por su agresividad se confunde frecuentemente con la celulitis.

Tiene un pico de incidencia hacia los 7 años. Es un tumor que no se relaciona con los músculos extraoculares, a pesar de que se origina de precursores de las fibras musculares estriadas.

El tumor tiene un crecimiento rápido, especialmente en los niños más pequeños. Tiende a estar localizado en la región superior(20), por lo que puede debutar con una ptosis palpebral (caída del párpado superior). Normalmente, existe una proptosis (protrusión del globo ocular) con desplazamiento excéntrico del ojo, unida a signos inflamatorios que simulan conjuntivitis o celulitis (Fig. 6). En muchas ocasiones existe un bulto o tumor visible. No suele referirse dolor.

Figura1

Figura 6. Rabdomiosarcoma orbitario, con signos inflamatorios simulando una celulitis orbitaria.

Para el diagnóstico es fundamental la RMN, que muestra ciertas características en las secuencias. La RMN permite asimismo el diagnóstico diferencial con la celulitis y con otros tumores.

El tumor que más frecuentemente puede confundirse con el rabdomiosarcoma es el linfangioma orbitario, tumor benigno de estirpe venosa-linfática, que se caracteriza por crisis de sangrado intralesional, con proptosis acompañante. En la RMN aparecen típicamente quistes con niveles hemáticos, patognomónicos de este tumor.

El tratamiento del rabdomiosarcoma pasa por una biopsia excisional (que obtenga la mayor parte del tumor posible, sin lesionar estructuras funcionalmente importantes). Una vez obtenido el diagnóstico y procedido al estadiaje, se indica una quimioterapia intravenosa agresiva, seguida por radioterapia en los protocolos americanos. En el protocolo europeo se reserva la radioterapia para las recidivas tras la quimioterapia.

Actitud del pediatra: ya se ha comentado el manejo de la celulitis orbitaria, que requiere, en numerosas ocasiones, la realización de un TAC. Esta puede ser la vía de diagnóstico de un tumor orbitario. Todo tumor de rápido crecimiento debe remitirse al oftalmólogo de guardia, aunque afecte solo al párpado.

Función del pediatra de Atención Primaria

El pediatra de Atención Primaria debe reconocer la severidad de un traumatismo ocular, y la indicación para remitir a urgencias del hospital. Puede diagnosticar una erosión corneal y tratarla, identificar un hifema y un trauma ocular abierto. Puede sospechar un caso de maltrato infantil por el cuadro clínico y remitir al oftalmólogo para confirmación. En caso de causticación debe aplicar los primeros auxilios. Ante traumatismos orbitarios aparentemente banales, debe sospechar el compromiso muscular en el suelo orbitario por las reacciones vagales, así como los cuerpos orbitarios retenidos por la clínica inflamatoria y/o compromiso sistémico.

En caso de oftalmia neonatorum, existen evidencias clínicas para orientar el tratamiento, antes de la confirmación microbiológica. En las celulitis orbitarias podrá realizar el diagnóstico diferencial con los tumores: tanto el retinoblastoma como el rabdomiosarcoma pueden originar inflamación orbitaria. El pediatra está capacitado para iniciar el tratamiento en las celulitis preseptales leves.

Todo médico debe ser consciente de la importancia de la leucocoria como signo, y enfocarla como una urgencia; incluso, puede descartar ciertas causas, como las cataratas congénitas, mediante una observación sin aparatos.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

– Lambert SR, Lyons CJ. Taylor & Hoyt´s pediatric ophthalmology and strabismus. 5th ed. London: Elsevier; 2017.

Libro de referencia en Oftalmología pediátrica, aborda toda la temática, incluyendo el diagnóstico diferencial de la leucocoria, las celulitis orbitarias y la ophthalmia neonatorum.

– Kuhn F, Pieramici DJ. Ocular trauma. Principles and practice. New York. Thieme; 2002.

Trata toda la traumatología ocular en capítulos breves, incluyendo uno específico sobre el paciente pediátrico. Contiene referencias a la clasificación, evaluación en urgencias y aspectos médico-legales, entre otros.

Caso clínico

Motivo de consulta: un lactante de 7 meses acude al Centro de Salud llevado por su madre, tras caída de la cuna.

Anamnesis: la madre refiere que el niño se ha caído de la cuna en un descuido y que cree que se ha hecho daño. La cuna tiene una altura aproximada de 1 metro.

Antecedente personales: el paciente no tiene antecedentes de interés en su historia. La madre no refiere ningún otro evento significativo.

Exploración: el niño se encuentra somnoliento, con poco contacto con el exterior y sin sonreír apenas. Se le aprecian algunos hematomas en las nalgas y escoriaciones en los brazos. La palpación del brazo derecho provoca llanto, y se aprecia una anfractuosidad sobre el húmero. El percentil de peso está en el 5 %, así como el de altura.

Pruebas complementarias: en la placa radiológica anteroposterior del brazo aparece una línea de fractura en la diáfisis del húmero, de aspecto no reciente.

La analítica se encuentra dentro de los parámetros normales. Hemograma con una anemia leve. No existe leucocitosis. Los tiempos de coagulación son normales. Sin trombopenia.

El paciente es remitido al hospital para realización de TAC helicoidal urgente. Se aprecian colecciones de sangre subdural en varias regiones, con predominio occipital. El paciente es ingresado en la UCI.

 

Ambliopía y estrabismo

 

V. Martín Gómez*, J.M. Casanovas Gordó**
Temas de FC


V. Martín Gómez*, J.M. Casanovas Gordó**

*Oftalmóloga. Especialista en segmento anterior y córnea. Hospital Moisès Broggi. Sant Joan Despí. Barcelona. **Pediatra. Barcelona

Resumen

La ambliopía funcional es la disminución de la agudeza visual uni o bilateral no justificable por enfermedad orgánica. Es la causa más frecuente de disminución de la visión en Pediatría, en un 2-5 % de la población. El pronóstico de la ambliopía mejora cuanto antes iniciemos el tratamiento.

El pediatra de Atención Primaria debe explorar la visión en las diferentes visitas que efectúa al paciente: el reflejo rojo, el estudio de la agudeza visual, el test de Hirschberg, el cover test y el estudio de los movimientos oculares.

El estrabismo es la pérdida de la alineación ocular. Cuando se manifiesta en la edad temprana puede provocar ambliopía y baja visión del ojo estrábico.

Este artículo debe ayudar al pediatra de Atención Primaria a comprender qué es la ambliopía, cómo efectuar la exploración ocular y qué es el estrabismo. Ante la duda o la sospecha, debe ser derivado al oftalmólogo, con la finalidad de preservar la funcionalidad y la visión correcta del paciente.

 

Abstract

Functional amblyopia is the unilateral or bilateral decrease in visual acuity that cannot be justified by organic disease. It is the most common cause of decreased vision in pediatrics, affecting 2-5 % of the population. The prognosis of amblyopia improves the earlier treatment starts.

The Primary Care pediatrician must examine the vision across the multiple patient visits: the red reflex, the study of visual acuity, Hirschberg test, cover test and the study of eye movements.

Strabismus is the loss of eye alignment. When it manifests at an early age, it can cause amblyopia and low vision in the strabismic eye.

This article should help the Primary Care pediatrician understand what amblyopia and strabismus are, and how to perform an eye examination. In case of doubt or suspicion, the patient should be referred to the ophthalmologist in order to preserve its vision and functionality.

 

Palabras clave: Ambliopía; Estrabismo; Endotropia; Exotropia.

Key words: Amblyopia; Strabismus; Esotropia; Exotropia.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (1): 30 – 40

 


OBJETIVOS

• Comprender el significado e importancia de la ambliopía y cómo podemos detectarla en los niños a cualquier edad, para poder tratarla lo más precozmente posible.

• Comprender el estrabismo en sus formas más frecuentes y cómo detectarlo.

• Es fundamental aprender a explorar a los niños según sus diferentes edades y cada uno de los ítems que debemos trabajar para comprender que estamos delante de un verdadero estrabismo y evitar así la ambliopía.

• “El campo de batalla y el día a día” del pediatra de Atención Primaria en oftalmología, es detectar y diferenciar el pseudoestrabismo que evitará que el paciente deba ser referido al oftalmólogo.

• Los esquemas y las imágenes nos ayudan a comprender todo el texto correspondiente a la ambliopía y el estrabismo.

 

Ambliopía y estrabismo

Ambliopía

Introducción. Desarrollo de la visión

La visión al nacer está poco desarrollada.

La visión al nacer no está totalmente desarrollada, es pobre debido a la inmadurez cerebral. Las imágenes que recibe la retina y llegan a la corteza cerebral occipital a través de las vías nerviosas ópticas, hacen que la visión se vaya desarrollando de manera correcta. Cuando la imagen retiniana no es nítida se desencadena la ambliopía. El desarrollo visual se lleva a cabo desde los primeros meses de vida hasta los 8 años de edad. La agudeza visual (AV) aumenta de forma muy importante los seis primeros meses y hasta alcanzar el año de vida. Las retinas deben recibir la misma imagen nítida que dará lugar a una imagen binocular estereoscópica(1,2).

Visión binocular

Dos imágenes retinianas deben formar una imagen cortical en estereopsis y haplopía.

La binocularidad implica un equilibrio óptico, sensorial y motor de los dos ojos, cuya misión es que, a partir de dos imágenes retinianas, se forme una imagen cortical en estereopsis y haplopía (el objeto mirado se ve como uno y no doble). Para ello, es preciso que los dos ojos formen un todo. La combinación de las dos imágenes a nivel cortical se llama fusión binocular. La fusión motora mantiene los ojos alineados sobre una imagen. La fusión sensorial une a nivel cerebral la imagen de cada ojo en una imagen estereoscópica única o tridimensional. El núcleo geniculado lateral y la corteza estriada manejan la información que reciben de un millón de axones de la retina de cada ojo(2).

Hitos del desarrollo visual

La no alineación ocular a partir de los 6 meses debe ser evaluada.

A los 4-6 meses, el lactante normal debe seguir pequeños objetos y fijar la mirada con exactitud. No fijar la mirada a partir de esta edad puede considerarse patológico. A los 3 años podemos medir la agudeza visual mediante optotipos con imágenes que conozca el paciente. A los 3 años, la agudeza visual alcanza 20/40 y hacia los 4-6 años 20/20.

En la mayoría de recién nacidos puede existir una mala alineación de los ojos que debe corregirse a partir de los 6 meses y, si no se corrige a partir de esa edad, podemos considerarlo estrabismo y debe ser evaluado por el oftalmólogo(1-3).

La neurociencia de la visión

Wiesel y Hubel, premios Nobel de Medicina 1981, explicaron la fisiología del sistema visual.

Los premios Nobel de Medicina del año 1981, Torsten Wiesel y David Hubel, descubrieron que las neuronas visuales del cerebro detectan, sobre todo, el movimiento, la orientación y el contraste. Efectuaron las aportaciones más importantes al conocimiento de la fisiología del sistema visual.

Las células de la corteza visual son capaces de detectar imágenes visuales apropiadas y son selectivas a patrones del estímulo. Se dejó de pensar en la corteza del cerebro visual, como una estructura de miles de células, cada una participando en la reconstrucción de la escena visual. Cada célula se activa solo por su propio estímulo y señala algo específico sobre la naturaleza de la imagen en una región particular del campo visual.

Cuando los dos ojos están alineados, un objeto en la escena visual activará simultáneamente la misma célula visual a través de los dos ojos. Estas células binoculares explican la percepción en profundidad o estereopsis, ya que la comparación de las imágenes de ambos ojos permite al cerebro determinar la posición relativa de los objetos en el espacio.

Hubel y Wiesel revelaron la microestructura funcional de la corteza visual. En cada milímetro cúbico de corteza visual descubrieron una distribución regular de dominancia ocular, células que prefieren un ojo a otro para ser activadas.

Otra aportación de trascendencia clínica fue conocer el desarrollo temporal de la plasticidad del sistema visual. Un ojo estrábico realiza su fusión mucho peor que un ojo sano. Definieron el rango crítico de edad en la cual el desarrollo de la corteza visual se modifica por la experiencia, pero también la plasticidad de la respuesta a cambios en la experiencia visual.

Los centros visuales del cerebro están bien organizados al nacer. Si la imagen retiniana que reciben es borrosa o tienen un estrabismo con dominancia de un ojo y supresión constante del ojo desviado, las conexiones corticales binoculares presentes desde el nacimiento disminuyen(4).

Ambliopía. Definición

Ambliopía es la disminución del desarrollo visual normal, porque la imagen que recibe la retina no es nítida.

Etimológicamente, la palabra ambliopía procede del griego amblus, débil, y opsis, visión. Actualmente, definimos como ambliopía funcional a la disminución de la agudeza visual, uni o bilateral, no justificable por enfermedad orgánica aparente.

Se produce una reducción de la agudeza visual de uno o ambos ojos, debido a que la imagen que se forma en la retina no es nítida y esto termina produciendo una detención del desarrollo visual normal, junto con reducción en la percepción del color, movimiento, contornos, estereopsis y binocularidad.

La ambliopía es la causa más frecuente de disminución de la visión en Pediatría. Ocurre en un 2-5 % de la población y puede presentarse en uno o ambos ojos.

Puede ser secundaria a estrabismo, a la alteración de la agudeza visual de ambos ojos (ambliopía por ametropía), por error importante en la refracción en un ojo (ambliopía por anisometropía) o por una opacidad en el eje visual (ambliopía por deprivación visual)(1-3,5,6).

Tipos de ambliopía

Ambliopía estrábica, ambliopía anisometrópica, por opacidad y ambliopía ametrópica.

Ambliopía por estrabismo o ambliopía estrábica: se produce, sobre todo, si el estrabismo es constante, con fijación de un solo ojo y supresión cortical de la información del ojo desviado, que reducirá la agudeza visual (AV) de este. El estrabismo constante altera la fusión binocular y la visión estereoscópica. Si el estrabismo es alternante, puede ser que no se desarrolle la ambliopía o que aparezca ambliopía binocular.

Formación de imagen borrosa en un ojo: ambliopía anisometrópica y ambliopía por opacidad.

– La ambliopía anisometrópica es la más frecuente, en ella se produce una diferencia de refracción entre los dos ojos, con visión borrosa del ojo amétrope, pero con alineación ocular correcta (para diferenciarlo de la ambliopía estrábica). El diagnóstico se realiza mediante la valoración de la agudeza visual y una posterior refracción bajo cicloplejia. La ambliopía hipermetrópica es más frecuente que la miópica. Una hipermetropía superior a 1 dioptría y una miopía superior a 2 dioptrías, pueden dar lugar a ambliopía. El tratamiento consiste en la corrección óptica con gafas. Si no mejora la visión tras su corrección, se puede aplicar oclusión intermitente del ojo dominante o realizar terapia visual.

– La ambliopía por opacidad se debe a que alguna de las estructuras transparentes del ojo: cornea, cristalino o vítreo, puede ser opaca. Si está presente al nacer debe eliminarse con prontitud. El pronóstico, dependiendo de la zona opacificada, es reservado. El tratamiento es variado dependiendo de la causa de la zona opacificada. Las cataratas congénitas densas, por ejemplo, hay que eliminarlas, corregir el error refractivo y ocluir el ojo dominante para estimular el ojo ambliope.

Ambliopía ametrópica: puede ser causada por una ambliopía hipermetrópica bilateral elevada, ambliopía bilateral por astigmatismo elevado y ambliopía bilateral por cataratas congénitas. Si la borrosidad es marcada en el periodo neonatal con apenas estimulación, el paciente tendrá una agudeza visual muy disminuida, pudiendo aparecer nistagmo sensorial.

La oclusión no es necesaria si la ambliopía es simétrica. La hipermetropía y el astigmatismo requieren corrección óptica(1-3,5,6).

Ambliopía y agudeza visual. Diagnóstico

La diferencia de dos lineas de visión en la valoración de la agudeza visual mediante optotipos nos debe hacer sospechar una posible ambliopia.

La diferencia de dos líneas en el test de Snellen entre la visión de ambos ojos, define la ambliopía. Esta puede oscilar entre no ser capaz de ver algunas letras de la línea 20/20 hasta una AV que detecta solo movimiento de manos.

La borrosidad ligera (asociada a error refractivo leve) produce una ambliopía leve y permite el desarrollo de un grado de fusión binocular y estereopsis. En cambio, una imagen muy borrosa en edades muy tempranas, sobre todo, causada por opacidad de medios, puede dar lugar a pérdida visual profunda, con ausencia de fusión binocular, estrabismo e incluso nistagmus.

La ambliopía altera la percepción del color, movimientos y contornos, alteración de la coordinación mano-ojo y dificultad para la lectura.

El ojo ambliope grave puede presentar una fijación excéntrica o, incluso, una ausencia de fijación. Al tapar el ojo bueno, el ojo ambliope realiza movimientos de búsqueda para encontrar el objetivo. La fijación excéntrica y la no fijación indican una visión muy baja (20/200)(1,2,5,6).

Tratamiento de la ambliopía

Conseguir una imagen retiniana correcta es la clave del tratamiento de la ambliopía.

El tratamiento de la ambliopía consiste en proporcionar una imagen retiniana correcta. Para ello, si existe un error refractivo se corrige; si existe una opacidad de medios se intenta solucionar lo antes posible mediante cirugía si precisa; y si existe un estrabismo se ocluye el ojo dominante corrigiendo el error refractivo que normalmente va asociado. Hay que tener especial cuidado en menores de 1 año, ya que podríamos inducir una ambliopía secundaria a una oclusión excesiva del ojo bueno. Por ello, se aconseja la oclusión intermitente. El objetivo de la oclusión es mejorar la agudeza visual del ojo ambliope. La cirugía del estrabismo se reserva para casos en los que la desviación no mejora al corregir el defecto refractivo. Con la cirugía se pretende alinear los ojos y conseguir una buena visión binocular.

El pronóstico de la ambliopía mejora cuanto antes se inicia el tratamiento. La ambliopía anisometrópica (suele ser menos grave) tiene un pronóstico relativamente bueno, aunque el tratamiento se inicie entre los 3 y 5 años. A partir de los 8-9 años conseguir una mejoría es difícil. A pesar de ello, hay que intentar un tratamiento de prueba.

El tratamiento de la ambliopía habitualmente consiste en utilizar “métodos pasivos” como la oclusión.

Otros tratamientos denominados “activos”, para cumplir mejor el tratamiento o estimular las células corticales: completar puzles, dibujar, colorear, vídeos y juegos con ordenador, son métodos discutidos y la base científica no está clara(2,5-7).

Exploración ocular

Hay enfermedades oculares en Pediatría que se deben diagnosticar e iniciar el tratamiento de manera precoz: cataratas congénitas, glaucoma congénito y retinoblastoma, son las más prevalentes. También es aconsejable diagnosticar y tratar los estrabismos cuanto antes para no perder la visión binocular (Figs. 1A y B).

figura

Figura 1. Exploración ocular: A. Catarata congénita. B. Leucocoria. C. Reflejo rojo. D. Reflejo pupilar normal. E. Exploración del reflejo rojo.

Debemos explorar en el recién nacido el reflejo rojo, la prueba más importante en lactantes y niños pequeños, y el seguimiento de un objeto con la mirada. Se debe valorar la agudeza visual a partir de los 2-3 años (Figs. 1C, D y E).

Reflejo rojo

El reflejo rojo es la exploración más importante en lactantes.

Es la exploración más importante del cribado visual en lactantes y niños pequeños. Es esencial para la detección precoz de patologías potencialmente graves para el desarrollo de la visión e incluso para la vida. En el reflejo rojo o prueba de Brückner, binocular, se utiliza la transmisión de luz a través de un oftalmoscopio directo colocado a 30-45 cm. Esta luz pasa a través de las estructuras anteriores transparentes del ojo y se refleja en la retina, transmitiendo ese color anaranjado típico. Para mejorar la visualización podemos reducir la luz de la sala de exploración. Como resultado, veremos el reflejo rojo en ambas pupilas. Este reflejo debe ser simétrico para considerarlo normal.

Una catarata puede dar un reflejo rojo apagado o con alguna opacidad puntiforme. El retinoblastoma suele manifestarse mediante un reflejo blanco o leucocoria. Por lo tanto, una pupila blanca con la luz ambiental es un signo de alarma. La refracción asimétrica (anisometropía) puede dar lugar a un reflejo rojo asimétrico o desigual. El estrabismo puede dar un reflejo más brillante en el ojo desviado. La simetría indica normalidad en la exploración ocular.

Estudio de la agudeza visual

La agudeza visual siempre debe explorar cada ojo de manera individual. La agudeza se valora mediante optotipos de dibujos, test de la E y letras según la edad del paciente.

Debemos estudiar cada ojo por separado a una distancia de 3 metros. Las figuras en los optotipos permiten estudiar la AV a partir de los 2-3 años (Fig. 1F).

figura

Figura 1 (continuación). Exploración ocular: F. Lectura de optotipos. G. Desviaciones del test de Hirschberg. H. Ejemplo cover test con endotropia derecha: (a) OD desviado hacia adentro, a veces es tan pequeña la desviación que puede pasar desapercibida; (b) tapamos OI: el OD realiza movimiento hacia afuera para realizar fijación. Detrás del cover, el OI realiza movimiento hacia la derecha siguiendo la ley de Hering; (c) destapamos OI: OI se mueve hacia afuera para realizar fijación; (d) tapamos OD: OI no se mueve; (e) destapamos OD: no existe ningún movimiento. OD: ojo derecho. OI: ojo izquierdo.

Asegurarnos que conoce los dibujos que le enseñamos. En los menores de 2 años debemos efectuar el reflejo de seguimiento de ambos ojos por separado, con un ojo tapado y una luz o juguete que moveremos y observaremos si el niño lo sigue. Si no fuera así, podría indicarnos una ambliopía.

Lo realizaremos mediante optotipos de dibujos Pigassou, si el niño tiene 2-3 años; mediante los test de la E o círculos abiertos, si el niño tiene 4-5 años; y mediante letras, si el niño tiene más de 5 años. Colocamos los optotipos a una distancia de unos 3 metros en niños pequeños y 5-6 metros en mayores de 4 años. Hay que realizar el test de la agudeza visual en cada ojo por separado. Ocluir siempre con la palma de la mano sin apretar el ojo o bien utilizar un oclusor.

Los aparatos de fotocribado y autorrefractrómetros son utilizados por los oftalmólogos y algunos pediatras con el fin de detectar errores refractivos y cribado de estrabismo en niños más pequeños a partir de los 6 meses. Tienen una alta sensibilidad, pero una tasa de falsos positivos cercana al 50 %.

Exploración pediátrica del ojo

El test de Hirschberg o reflejo corneal luminoso puntiforme debe localizarse en el centro de la pupila si los ojos están bien centrados y detecta la tropia o estrabismo persistente. El cover test detecta la foria o estrabismo intermitente (Figs. 1G y H).

Debemos realizar una inspección de los párpados y los ojos, en busca de alteraciones o asimetrías. Se debe valorar si el paciente inclina o gira la cabeza (torticolis). Valoraremos la motilidad ocular haciendo que el niño, colocado en posición primaria de la mirada (recto-adelante), siga un objeto llamativo en las diferentes posiciones de la mirada.

Otro examen que debemos realizar es el test de Hirschberg, también llamado reflejo corneal luminoso. Colocando al niño en posición primaria de la mirada, iluminamos ambos ojos simultáneamente con una linterna colocada a nivel de la nariz del explorador. De esta manera, producimos un reflejo luminoso puntiforme, que cuando los ojos están perfectamente centrados, debe caer justo en el centro de la pupila.

El test de Hirschberg es una prueba específica para detectar una tropia o estrabismo persistente.

Otro examen que debemos realizar de manera seguida al de Hirschberg es el cover test. Con este examen podemos detectar un estrabismo intermitente o foria. Colocamos de nuevo al niño en posición primaria de la mirada (recto-adelante), iluminamos ambos ojos simultáneamente con la linterna colocada a nivel de la nariz del explorador. El niño deberá mirar la luz e interponemos entre el ojo del niño y la luz un oclusor (que puede ser la mano o el dedo pulgar del explorador). De esta manera, valoraremos lo siguiente:

• El movimiento de fijación que hace el ojo descubierto.

• El movimiento que hace el ojo ocluido.

• El movimiento que hace el ojo ocluido al desocluirse.

Si hay movimiento en el ojo no ocluido significa que el ojo estaba desviado y habrá estrabismo. Al comprobar el movimiento que realiza el ojo descubierto, sabremos si estamos ante una endotropia, exotropia, hipertropia o hipotropia. Puede ocurrir que, al ocluir el ojo director, el ojo desviado no realice ningún movimiento de fijación, lo que nos indicaría que estamos ante un pseudoestrabismo o ante un estrabismo con fijación excéntrica.

Otros tipos de cover test

El Uncover test consiste en destapar el ojo fijador y observar el otro ojo. Si mantiene la fijación, el estrabismo es alternante y no hay ambliopía. Si pierde la fijación enseguida y la recupera el ojo recién destapado, el estrabismo es monocular y la ambliopía puede ser profunda.

Cover alterno: realizamos una oclusión alterna, a modo de parabrisas. Sin dejar mediar, entre ambas oclusiones, espacio de tiempo. Así conseguimos romper la fusión y que no haya visión binocular. Si no hay ningún movimiento, no existe estrabismo. Si hay movimiento, la desviación que puede ser por foria latente, se corrige al retirar la oclusión; o un estrabismo manifiesto (tropia), si se mantiene tras retirar la oclusión.

Aunque los ojos estén bien alineados, si hay estrabismo intermitente la oclusión nos mostrará la desviación. En todas estas situaciones debemos derivar al paciente al oftalmólogo.

Estudio de los movimientos oculares

El estudio de las versiones junto al cover test es la exploración más importante para conocer la motilidad ocular.

Ducciones

Es la valoración de los movimientos monoculares. Para ello, taparemos primero un ojo y seguidamente el otro.

El paciente permanece con la cabeza recta y, sin moverla, se le pide que mire a la luz de una linterna que se desplaza desde la posición primaria de la mirada hacia las ocho posiciones restantes. De esta manera, comprobamos la motilidad de cada ojo.

Ducciones forzadas

Mediante una pinza movilizamos el ojo. Con este test exploramos los movimientos pasivos del ojo de manera unilateral. Sirve para diferenciar un estrabismo restrictivo.

Versiones

Junto con el cover test, el estudio de las versiones es, posiblemente, el procedimiento más importante de la exploración de la motilidad ocular en la práctica diaria, por la gran información que nos aporta (Figs. 2A y B).

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Figura 2. Posiciones diagnósticas de la mirada: versiones. A. Exploración de las versiones: paciente sin estrabismo que mira en todas las direcciones; la desviación la podríamos encontrar en una sola; debemos sujetar la cabeza del niño para que no la gire y utilizar un juguete o linterna que le llame la atención. RL: recto lateral, RM: recto medio, RS: recto superior, RI: recto inferior, OI: oblicuo inferior, OS: oblicuo superior.

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Figura 2B. Las versiones oculares de esta paciente nos demuestran un estrabismo que deberá definir el oftalmólogo.

Se trata de la exploración de los movimientos binoculares. Mediante este estudio conoceremos el estado funcional de cada uno de los músculos comparándolo, en principio, con su músculo sinérgico opuesto, así como con el resto de los músculos que componen el cuarteto, que actúan en las diferentes posiciones de la mirada. Los doce músculos oculares (seis en cada ojo) se establecen en tres grupos: un grupo horizontal, constituido por los cuatro músculos rectos; un grupo oblicuo derecho, formado por el músculo recto superior e inferior derechos y los músculos oblicuos inferior y superior izquierdos; y un grupo oblicuo izquierdo, establecido por los músculos recto superior e inferior izquierdos y músculos oblicuos inferior y superior derecho (Fig. 3).

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Figura 3. Inervación y acciones musculares. Nervio craneal del que dependen. NC: nervio craneal.

Para su realización, pedimos al paciente que mire en las diferentes posiciones de la mirada (9x posiciones) con la cabeza fija, recto adelante.

Estudio de los movimientos oculares intrínsecos (pupilas)

• Mediante la luz del oftalmoscopio directo exploraremos el tamaño, la forma, la simetría y la reacción a la luz de las pupilas.

• Una lesión en el nervio óptico o la retina puede producir una falta de reacción de la pupila al enfocarle una luz. La luz en el ojo sano producirá una miosis y al volver a iluminar el ojo patológico las pupilas se dilatarán, produciéndose un defecto pupilar aferente.

• El oftalmoscopio permite ver el nervio óptico, la fóvea y los vasos retinianos. Si el paciente mira la luz del oftalmoscopio podemos ver la fóvea. El nervio óptico estará situado en la zona nasal respecto a la fóvea. Los bordes del nervio óptico deben estar bien definidos.

• El pediatra no debe utilizar colirio midriático. Para valorar el reflejo rojo no debemos olvidar reducir la luz de la habitación para tener las pupilas con la mayor midriasis posible(2,5,6,8,9) (Tabla I).

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Estrabismo

El estrabismo puede ser el primer síntoma de una enfermedad ocular de manera habitual, pero también de una enfermedad neurológica o sistémica.

El estrabismo es la pérdida de la alineación ocular. Puede ser indicativo de enfermedad ocular, sistémica o neurológica, por lo que deberá derivarse al oftalmólogo. La ambliopía y el estrabismo deben tratarse de manera temprana.

El estrabismo que se manifiesta en edad temprana puede producir una supresión de la imagen del ojo desviado y no suele dar lugar a diplopía. La supresión prolongada puede provocar ambliopía y baja visión del ojo estrábico.

Si el niño presenta una diplopía indica que el estrabismo es adquirido y que puede existir una probable lesión neurológica.

Tipos de estrabismo

Endotropia

La endotropia es la forma más frecuente de estrabismo (Fig. 4A-C y D).

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Figura 4. Endotropia. A. Endotropia del ojo izquierdo. B. Derecho. C. Izquierdo. D. Endotropia acomodativa. E. Endotropia congénita.

Es la pérdida de paralelismo de los ejes visuales, en el cual el eje visual del ojo desviado se orienta hacia adentro (en convergencia). Podemos encontrar esta desviación convergente en forma latente, controlada por el reflejo de fusión (endoforia) o en forma manifiesta (endotropia), pudiendo esta última mostrarse de modo intermitente o constante.

Existen diferentes tipos de estrabismos convergentes. Los siguientes son los más importantes.

Endotropia congénita

La endotropia congénita es infrecuente, con inicio en los primeros 6 meses de vida. Suele presentar un ángulo de desviación grande, se asocia a ambliopía en la mitad de los pacientes y el tratamiento se realiza mediante la corrección óptica y la cirugía precoz. Hay mal pronóstico en la visión estereoscópica.

Hay más incidencia en niños con retraso del desarrollo neurológico y parálisis cerebral. En el diagnóstico diferencial se incluye: el síndrome de Down, la fibrosis de los músculos extraoculares, la parálisis del VI par craneal, el síndrome de Möbius y la miastenia grave infantil. En todos ellos, hay una limitación de la abducción. En la endotropia no hay limitación de la abducción, por lo tanto, las ducciones están respetadas.

Tratamiento: si hay hipermetropía superior a 3 dioptrías (D), efectuar corrección óptica. Si hay preferencia de fijación de un ojo, desarrollará ambliopía y requerirá oclusión del ojo dominante. La oclusión no corrige la desviación, pero mejora la visión del ojo desviado. La fusión binocular y la visión estereoscópica se desarrollan en los primeros meses de vida y requieren unos ejes visuales correctamente alineados.

La endotropia elimina la visión binocular si no se corrige en los primeros meses de vida. Con cirugías precoces a edades muy tempranas (3-5 meses), se obtiene una fusión excelente con estereopsis de alto grado (Fig. 4E).

Pseudoendotropia o pseudoestrabismo

Los pediatras deberemos diferenciar el pseudoestrabismo, que es frecuente en los lactantes, y explorarlo en las diferentes visitas que realicemos al paciente (Figs. 5A-C y D).

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Figura 5. Pseudoestrabismo. A. Pseudoestrabismo por epicantus o telecantus con un puente nasal aplanado y ancho. Test de Hirschberg negativo. La zona blanca de la esclerótica a nivel nasal no existe y se cree que el niño tiene un estrabismo más manifiesto en la mirada lateral. B. Al crecer el puente nasal con la edad del paciente, la zona esclerótica es simétrica ya que desaparece el epicantus. C. Pseudoestrabismo. D. Pseudoestrabismo por epicantus y raíz nasal ancha.

Es muy frecuente y debe diferenciarse de la endotropia congénita. El lactante tiene un puente nasal ancho y un epicantus prominente. Da la sensación de que estamos delante de una endotropia. La prueba de Hirschberg o reflejo luminoso corneal nos demuestra la alineación ocular correcta. Sin embargo, hay que realizar un seguimiento de la pseudoendotropia, ya que algunos pueden presentar posteriormente una verdadera endotropia.

Endotropia acomodativa

Estrabismo consecuencia de la hipermetropía. Un diagnóstico precoz preservará la fusión binocular y la agudeza estereoscópica.

Es la causa más frecuente de estrabismo convergente, aparece como consecuencia de una hipermetropía de grado variable, dada la relación existente entre acomodación y convergencia. Aparece entre el año y los 3 años de edad. La corrección óptica con gafas de la hipermetropía, reduce la necesidad de acomodar y disminuye la convergencia, corrigiendo la endotropia.

Algunos pacientes requieren asociar oclusiones y cirugía. Actualmente, se han obtenido buenos resultados con el tratamiento mediante inyección de toxina botulínica en el recto interno para relajar el exceso de convergencia. La intervención temprana hace que la fusión binocular y la agudeza estereoscópica sean buenas.

Cualquier causa neurológica de parálisis del VI par forma parte del diagnóstico diferencial: tumor intracraneal, hidrocefalia, miastenia y Arnold-Chiari.

Endotropia sensorial

Debida a una pérdida de la visión de un ojo antes de los 6-8 meses, cuando las bases de la binocularidad no están establecidas, puede aparecer una endotropia con limitación de la abducción. Es muy poco frecuente. Se realiza cirugía del ojo ciego y estrábico para compensar el aspecto estético.

Exotropia

Su diagnóstico es menos habitual que la endotropia (Fig. 6A).

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Figura 6. Exotropia y estrabismo vertical. A. Exotropia. B. Hipertropia. C. Hipotropia.

Se trata del desequilibrio oculomotor con pérdida de paralelismo de los ejes oculares, en el que, mientras uno de los ojos mantiene la fijación del objeto, el eje visual del otro se desvía hacia afuera (divergencia). Son menos frecuentes que las endotropias y suelen aparecer con mayor frecuencia en el sexo femenino. Se estiman un 21 % de exotropias frente a un 79 % de endotropias.

Exotropia intermitente

Es la más frecuente de las exotropias, siendo un 70 % de los estrabismos divergentes. Suele iniciarse antes del año. El estrabismo se suele desencadenar tras una enfermedad, si el niño está cansado o no presta atención. Con frecuencia, el niño empieza guiñando el ojo que desvía cuando le da una luz intensa, debido a la fotofobia que produce esta desviación. No hay relación entre la exotropia intermitente y los defectos de refracción y anisometropía.

Al ser intermitente, la fusión binocular y estereoscópica suelen ser buenas. Si el paciente no controla la desviación, se puede proponer la cirugía.

Los síntomas clínicos son: astenopia (molestias visuales como fatiga ocular, dolor en la región supraciliar), cansancio visual, fotofobia, guiño del ojo para evitar la diplopía y la fotofobia. Si la exotropia intermitente se produce con frecuencia se puede tratar mediante ejercicios ortópticos y rehabilitadores, para mejorar la amplitud de convergencia que suele estar alterada en estos pacientes.

La cirugía y la oclusión parcial del ojo director se reservan, si la exotropia aumenta con el tiempo y produce problemas de fusión binocular y estereopsis.

Exotropia constante

La desviación ocular divergente se observa de manera constante, sin existir intervalos de paralelismo entre los ejes oculares. Su comienzo suele ser tardío, por encima de los 4 años o incluso en la adolescencia. Existen algunas formas poco frecuentes de comienzo precoz, consideradas como congénitas, y suelen asociarse a niños con daños cerebrales importantes.

Las formas tardías suelen ser por descompensación de una exotropia intermitente. Otra causa de exotropia constante es la anisometropía y el deterioro unilateral de la visión por causa orgánica. El ojo ciego o con poca visión termina desviándose hacia afuera.

En esta exotropia podemos encontrar ambliopía con mucha más frecuencia. La visión binocular está muy alterada, con correspondencia retiniana anómala de mal pronóstico.

Si existe defecto refractivo hay que corregirlo. Otro tema a tratar es la posible ambliopía, que necesitará oclusiones del ojo director. La cirugía se realiza a partir de los 4-5 años.

Estrabismos verticales

Desviación ocular en sentido vertical (Figs. 6B y C).

El estrabismo vertical es un desequilibrio oculomotor que se manifiesta por desviación de los ejes oculares en sentido vertical. Suelen ser menos frecuentes. Se puede ver aislado, pero, en mayor frecuencia suele asociarse a estrabismos horizontales: endotropias y exotropias. Los denominamos hipertropia, desviación hacia arriba e hipotropia hacia abajo.

Los podemos clasificar en: alteraciones verticales asociadas (a otros estrabismos horizontales); síndromes alfabéticos (síndrome en V, en A, en X y en Y), donde el ángulo de desviación varía dependiendo la posición de la mirada en la que se encuentre; y la desviación vertical disociada, que consiste en la elevación involuntaria y lenta de un ojo al ser ocluido. A veces, se observa de forma espontánea.

Estrabismo por parálisis oculomotoras

Las parálisis oculomotoras pueden ser congénitas o adquiridas.

Las parálisis oculomotoras o estrabismos paralíticos se producen por la alteración del sistema que ejecuta los movimientos oculares, secundaria a lesión de la central efectora de la motilidad, de la conducción nerviosa que desde esta central cerebral llega a la placa neuromuscular de los músculos oculares o a lesiones estructurales del propio músculo. La consecuencia directa es la dificultad en realizar movimiento hacia el lugar que ejerce función el músculo paralizado. La magnitud de la parálisis va a depender de la importancia de la interrupción nerviosa; por lo que podremos distinguir la deficiencia funcional total (parálisis), de la limitación funcional parcial (paresia).

Podemos encontrar parálisis congénitas, que son muy poco frecuentes, debidas a anomalías congénitas de la central nuclear efectora o anormal desarrollo de los nervios oculomotores. En algunos casos, hay antecedentes de traumatismo obstétrico. La parálisis congénita más frecuente es la del IV par craneal. Esta parálisis aislada puede pasar desapercibida, debido a que el niño irá adoptando una discreta tortícolis, y al ser congénita no presentará diplopía. La parálisis congénita del III par es rara y la del VI excepcional.

Dentro de las parálisis adquiridas, podemos encontrar parálisis de causa traumática, la más frecuente la del IV par seguida del VI par; de causa tumoral, siendo la más frecuente la del VI par, debido a que por su recorrido se puede elongar fácilmente a causa de una hipertensión intracraneal. También se pueden encontrar, con mucha menos frecuencia, parálisis del III par debidas a pinealomas, meningiomas y tumores pedunculares, que afectan al nervio al comienzo de su evolución. Podemos encontrar también parálisis de causa infecciosa, siendo la más frecuente la del VI par craneal, que puede verse afectado por una infección vírica, la más frecuente es la varicela, que suele resolverse de manera espontánea. También una otitis media puede ser la causa de la parálisis del VI par craneal por irritación meníngea. Algunas encefalitis víricas también pueden ser causa de parálisis del IV y III par craneales.

Y mucho menos frecuente es la parálisis del III par craneal asociada a cefaleas y los vómitos de carácter recidivante, con duración de horas o días, típico de la migraña oftalmológica.

Parálisis del VI par

El VI par inerva el recto lateral que tiene la función de abducción ocular y como manifestación presenta endotropia y torticolis.

El VI par craneal (músculo ocular externo) inerva solo un músculo, que es el recto lateral (RL), cuya función horizontal y única es la abducción del ojo. Si es una parálisis adquirida, el paciente se quejará de diplopía binocular horizontal, que se agrava en la mirada lateral del lado afectado. Debido a la tonicidad del recto medio, normalmente hay una endotropia en posición primaria de la mirada y, en el estudio de las ducciones y versiones, una limitación de la abducción. El paciente suele presentar tortícolis compensatoria, con la cabeza girada horizontalmente hacia el lado del músculo deficiente.

Las que aparecen en el recién nacido suelen ser de causa benigna (tras el parto), a menudo, asociadas a parálisis facial y se resuelven de forma espontánea. Las que aparecen en niños suelen ser de origen vírico, tras procesos febriles inespecíficos, y también se resuelven de manera espontánea.

Existe una entidad denominada parálisis benigna recurrente del VI par, de origen desconocido, que cursa con parálisis transitorias, recidivantes y benignas, siendo más frecuente en niñas.

Las parálisis del VI par suelen resolverse de manera completa o casi completa, pudiendo quedar como secuela tan solo una endoforia (Fig. 7A).

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Figura 7. Paresias distintas. A. Paresia del VI par craneal (PC). Incapacidad de abducir el ojo derecho. B. Paresia del IV PC. Test de Bielschowski. C. Paresia del III PC. Ptosis palpebral. D, E y F. Síndrome de Duane ( D, movimientos verticales anómalos. limitación a la supradextroversión; E, normal en posición primaria de la mirada, limitación movimiento horizontal; F, asociado a disminución de la apertura palpebral).

Parálisis del IV par

El test de Bielschowsky nos ayudará en la exploración y el diagnóstico.

El IV par craneal inerva solo el músculo oblicuo superior (OS). Este músculo, a diferencia de los músculos rectos horizontales, no tiene una acción pura y simple, sino que, debido a su línea de acción formando con el eje ocular un ángulo de 50º, en posición primaria de la mirada su fuerza se descompone en tres componentes: inciclotorsion (rotación de la cornea de la posición de las 12 hacia el lado nasal), abducción y depresión. Su debilidad provoca hipertropia o estrabismo vertical y rotación externa (lado temporal).

Normalmente, si el paciente es suficiente mayor y se trata de una parálisis adquirida, presentará una diplopía vertical más acentuada en la mirada hacia abajo, junto con una hipertropia (especialmente en infra-aducción), por hiperacción de su antagonista homolateral, el oblicuo inferior. También aparece una tortícolis torsional para evitar la diplopía, llevando la cabeza inclinada sobre el hombro opuesto al lado de la lesión y, a veces, elevando el mentón.

En la exploración de la motilidad, la desviación en la posición primaria de la mirada suele ser pequeña o poco perceptible; por lo que realizar el test de Bielschowsky nos será de gran ayuda. Colocando el paciente en posición primaria de la mirada fijando un objeto (normalmente una luz) a 3 m, cogemos la cabeza del paciente y la inclinamos hacia uno y otro hombro. Si al inclinar la cabeza hacia un hombro determinado, comprobamos que el ojo de ese lado se eleva, indicará parálisis del oblicuo superior de ese ojo.

La parálisis congénita suele evolucionar la mayoría de las veces a la remisión completa durante los seis primeros meses. Si se cronifica puede requerir cirugía (Fig. 7B).

Parálisis del III par

El III par craneal (nervio motor ocular común) tiene a su cargo la inervación de toda la musculatura existente en la órbita, excepto el músculo recto lateral (RL) y el músculo oblicuo superior (OS). Así que, de los 6 músculos oculomotores, el III par inerva a 4 de ellos: recto superior, recto inferior, recto medio y oblicuo inferior, además de dar movimiento al músculo elevador del párpado y a la musculatura intrínseca del ojo (músculo ciliar y esfínter de la pupila).

Dada la gran cantidad de efectores que inervan los cuadros clínicos, pueden ser muy variables dependiendo de si se trata de una parálisis completa o incompleta. Es muy poco frecuente en niños. Suele cursar con ptosis palpebral, exotropia por hiperfunción del músculo recto lateral y midriasis arreactiva (Fig. 7C).

Síndromes restrictivos

Por síndrome restrictivo entendemos cualquier dificultad de movimiento de los ojos, motivada por un obstáculo de tipo mecánico o por alteración de la morfología de alguno de los efectores.

Este freno mecánico-estructural puede originarse por fibrosis, de naturaleza congénita o adquirida, en este segundo caso secundaria a una contractura muscular, como consecuencia de una desviación ocular antigua importante. Otras veces la dificultad mecánica puede ser debida a la existencia de bridas o adherencias, de origen congénito, traumático o iatrogénico.

Cuando existe limitación mecánica que dificulta la acción muscular, aparecen una serie de signos característicos de todos los síndromes restrictivos:

• Limitación funcional en una determinada dirección.

• Retracción y hundimiento del globo.

• Alteraciones verticales en la dinámica del movimiento horizontal.

• Aumento de la presión intraocular.

Síndrome de Duane

Secundario a la alteración del III y el VI par craneal.

Se debe a una ausencia congénita del núcleo del VI par craneal, con inervación aberrante del músculo recto lateral por parte del III par craneal. Es poco frecuente y se da más en niñas.

Existen formas unilaterales y, raramente, bilaterales. El paciente presenta tortícolis horizontal contralateral, acompañada de endotropia en posición primaria de la mirada, limitación total de la abducción del ojo, estrechamiento de la hendidura palpebral al realizar una aducción ipsilateral, aumento de presión intraocular en el movimiento de aducción y movimientos verticales anómalos, que son frecuentes cuando el ojo se pone en aducción, a la vez que elevación o depresión. La cirugía se reserva para casos en los que existe endotropia visible en posición primaria de la mirada, tortícolis grandes o importantes retracciones en aducción. Suele ser eficaz para corregir estos defectos, pero nunca permitirá realizar una abducción completa (Figs. 7D-F).

Síndrome de Brown

Síndrome de la vaina del tendón del oblicuo superior. Se produce una rigidez a nivel de este músculo debida a varias causas, impidiendo que el músculo se relaje y, por lo tanto, que el músculo oblicuo inferior no pueda realizar su función de elevación en aducción. Es poco frecuente. En la exploración solemos encontrar ortotropia en posición primaria, aunque, a veces, en casos extremos podemos ver hipotropia con pseudoptosis asociada. Podemos encontrar un síndrome en V asociado, por exodesviación del ojo enfermo. Esta alteración vertical se suele acompañar de tortícolis compensatoria para no presentar diplopía, con cabeza inclinada hacia el hombro del lado enfermo y el mentón elevado para reparar la hipotropia. El test de ducción forzada revela una imposibilidad de elevar el ojo pasivamente con la pinza, por rigidez del músculo oblicuo superior. No suele requerir cirugía, que se reserva para los casos con mucha desviación y tortícolis exageradas (Figs. 7G-I).

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Figura 7. (continuación). G, H y I. Síndrome de Brown ( G, tortícolis horizontal: cabeza girada hacia el lado derecho; H, no elevación OD en supralevoversión; I, no elevación OI en supralevoversión. La limitación del OI es mayor que la del OD). OD: ojo derecho; OI: ojo izquierdo.

Síndrome de Möbius (Moebius)

Se trata de una parálisis bilateral de la abducción y parálisis facial bilateral (parálisis bilaterales del VI y VII par). Se puede apreciar también, de forma variable, hemiatrofia de la musculatura de la lengua que, junto con la parálisis asociada del orbicular de los labios, genera imposibilidad para mamar en los bebés y, cuando son más mayores, trastornos de la deglución y del habla.

Síndrome de fibrosis congénita de los músculos extraoculares

Se presenta una alteración prácticamente completa de los músculos dependientes del III par craneal. Se produce una sustitución de los músculos extraoculares por tejido fibrótico. Las ducciones pasivas están limitadas. La fibrosis puede afectar a todos los rectos, aunque el más afectado suele ser el músculo recto medial. Se trata de una enfermedad congénita muy rara. El tratamiento es quirúrgico(2,5,6,8-12).

Función del pediatra de Atención Primaria en la detección precoz de la ambliopía y el estrabismo

El pediatra de Atención Primaria debe explorar el ojo y la visión en las diferentes visitas que efectúa el niño a lo largo de la infancia. En cada edad corresponde valorar diferentes ítems, como se refleja en la tabla I. Patología poco frecuente, pero muy importante y de enorme trascendencia puede pasar por sus manos en las diferentes visitas.

Cualquier sospecha de que el paciente presenta un estrabismo, deberá detectarse y tratarse de manera precoz. Si no es así, la consecuencia en el caso del estrabismo concomitante (los ejes visuales tienen una conjugación anómala y la visión binocular está alterada) puede ser la ambliopía. En caso del estrabismo paralítico es muy importante su detección precoz también, debido a que puede asociarse a enfermedades del sistema nervioso central.

El pediatra debe conocer los métodos de exploración y detección precoz que a él le corresponden, y valorar aquellas familias en las que hay antecedentes de estrabismo, hipermetropía, ambliopía o niños que presenten cefalea, fotofobia, falta de interés por la lectura, diplopía de manera ocasional y falta de atención.

En estas situaciones deberá derivar al paciente al oftalmólogo pediátrico.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de los autores.

1.** Olitsky SE, Marsh JD. Nelson. Enfermedades oculares. Parte XXVIII. Kliegman, St Geme, Bluni, Shsh, Tasker, Wilson. En: Nelson, Tratado de Pediatría. Ed. 21. 2020; 2; 639-41.

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3.* Castroviejo CA. David Hubel y la neurociencia de la visión, un recuerdo personal. Disponible en: https://www.secf.es/index.php/noticias/ultimas-noticias/47-david-h-hubel.

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8.* Díez del Corral Belda JM, Álvarez Alonso C. Oftalmología pediátrica para todos los días. Aepap (ed.). Congreso de Actualización Pediatría 2020. Madrid: Lua Ediciones 3.0; 2020. p. 643-55.

9.** Gil Gibernau JJ. Tratado de oftalmología pediátrica. Scriba. 1987.

10.* Rüssman W. Estrabismo en los niños. Anales Nestlé. 1998; 46: 15-29.

11.*** Perea J. Estrabismos. 2ª ed. 2008. Disponible en: http://www.doctorjoseperea.com/.

12.** Simon JW. Oftalmología pediátrica y estrabismo (Parte I: Estrabismo). American Academy of Opthalmology. Madrid: Elsevier. 2007. ISBN 9788480863209.

Bibliografía recomendada

– Wright KW, Strube YN. Oftalmología pediátrica para Atención Primaria. 4ª ed. 2021.

El libro de Oftalmología pediátrica para Atención Primaria en su 4ª edición, de la Academia Americana de Pediatría, es un compendio de Oftalmología pediátrica completo, que permite conocer todos los aspectos que debe saber el pediatra de Atención Primaria, no solo de ambliopía y estrabismo, sino de toda la especialidad.

– Perea J. Estrabismos. 2ª ed. 2008. Disponible en: http://www.doctorjoseperea.com/.

El libro Estrabismos en su segunda edición del Dr. José Perea, es el referente para los oftalmólogos y también para pediatras, con la finalidad de conocer todos los detalles respecto a la ambliopía y los estrabismos. El libro puede leerse a través de su página web.

Caso clínico

Niño de 9 años de edad que acude por presentar diplopía binocular vertical de aparición progresiva en la última semana.

Como antecedentes de interés presenta vacunación del COVID-19 mediante vacuna “comirnaty” pediátrica, 2 semanas antes de presentar la clínica.

Niega antecedentes de traumatismo craneoencefálico.

Exploración

Agudeza visual sin corrección: ojo derecho: 1; ojo izquierdo: 1. Refracción subjetiva: ojo derecho: +0,25 -0,75 10º; ojo izquierdo: +0,50 -0,50 180º. Movimientos oculares intrínsecos: pupilas isocóricas y normorreactivas. Reflejo pupilar Hirschberg: hipertropia izquierda de 7º aprox. Tortícolis torsional: cabeza inclinada sobre hombro derecho y mentón elevado. Versiones. Dificultad del ojo izquierdo para realizar infradextroversión. Test Bielschowsky positivo al lado izquierdo: ojo izquierdo se eleva al inclinar la cabeza hacia la izquierda.

Biomicroscopía: estructuras del polo anterior y superficie ocular dentro de la normalidad en ambos ojos. Presión intraocular mediante tonometría de Goldmann: ojo derecho: 12 mmHg; ojo izquierdo: 11 mmHg.

Funduscopia: exciclotorsión de ojo izquierdo de 10º aprox. Estructuras del polo posterior dentro de la normalidad en ambos ojos.

Se realiza una exploración neurológica, analítica general y prueba de imagen (resonancia magnética craneal), siendo todo normal.

Diagnóstico y seguimiento

Se concluye que se trata de una paresia del IV par craneal de tipo idiopático, aunque no se puede descartar que sea un efecto secundario de la reciente vacunación.

Se realiza seguimiento por parte de Oftalmología. Debido a que la posición compensatoria de tortícolis no era incómoda para el paciente se decidió conducta expectante (sin cirugía, sin prismas) y se produjo una resolución total del cuadro en los 2 meses siguientes al inicio de los síntomas.

Algoritmo

 

Trastornos de refracción

 

M.I. Valls Ferrán
Temas de FC


M.I. Valls Ferrán

Servicio de Oftalmología. Hospital Universitario Infantil Niño Jesús. Madrid

Resumen

La infancia es un periodo clave en el desarrollo de la visión. Los defectos de refracción o ametropías son trastornos oculares comunes, en los cuales el ojo no puede enfocar nítidamente las imágenes sobre la retina, lo que provoca visión borrosa. La medida de la agudeza visual puede hacerse a partir de los 3 años, y es un método fácil y sensible para evaluar la función visual.

La anisometropía, que consiste en la diferente refracción de un ojo a otro, es la primera causa de ambliopía y debe ser tratada cuanto antes para que se consiga una buena visión.

El periodo de maduración visual comienza al nacimiento y finaliza a los 7-8 años, por eso es necesario realizar pruebas de screening en la consulta del pediatra, para la detección precoz de los defectos refractivos y, ante cualquier señal de alarma, derivar al oftalmólogo infantil para que realice una exploración oftalmológica completa.

El tratamiento precoz de los defectos visuales evita que lleguen a producirse problemas que afecten al desarrollo del sistema visual normal.

 

Abstract

Childhood is a key period in the development of vision. Refractive errors or ametropias are common eye disorders, in which the eye is unable to sharply focus images on the retina, causing blurred vision. The measurement of visual acuity can be done from 3 years of age, and is an easy and sensitive method to evaluate visual function.

Anisometropia, which consists of different refraction from one eye to another, is the first cause of amblyopia and must be treated as soon as possible in order for adequate vision to be achieved.

The period of visual maturity begins at birth and ends at 7-8 years of age, so it is necessary to perform screening tests with the pediatrician for the early detection of refractive errors and in the case of any red flags, refer to the pediatric ophthalmologist to perform a complete ophthalmological examination.

Early treatment of visual defects prevents problems that affect the development of the normal visual system.

 

Palabras clave: Defecto de refracción; Agudeza visual; Ambliopía; Anisometropía; Diagnóstico precoz.

Key words: Defects of refraction; Visual acuity; Amblyopia; Anisometropia; Early diagnosis.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (1): 23 – 29

 


OBJETIVOS

• Profundizar en el conocimiento de los defectos de refracción más frecuentes en la edad pediátrica.

• Conocer los diferentes métodos de exploración básica para detectar problemas oftalmológicos en los niños.

• Saber usar los optotipos según la edad, para descartar problemas de agudeza visual.

• Conocer los prometedores tratamientos actuales para frenar la miopía.

 

Trastornos de refracción

Introducción

La hipermetropía, la miopía y el astigmatismo son defectos refractivos que deben detectarse y tratarse en la edad infantil.

La refracción es, desde un punto de vista clínico, el estudio de las propiedades del ojo como sistema óptico, de sus defectos y de la corrección de estos. La retina es la parte especializada en recoger, elaborar y trasmitir las sensaciones visuales.

En el ojo fisiológicamente normal, los rayos luminosos llegan a la retina tras atravesar córnea, humor acuoso, cristalino y vítreo, dando una imagen nítida del objeto. Ese estado de refracción se denomina emetropía.

En las ametropías o defectos de refracción, el foco de la imagen de los objetos del exterior, situados en el infinito, no coincide con la retina. Los rayos de luz se enfocan delante o detrás de la fóvea dando lugar a una imagen borrosa, lo cual favorece el esfuerzo acomodativo para intentar ver mejor.

El estado refractivo cambia a medida que la longitud axial del ojo lo hace, y la córnea y el cristalino se aplanan. Los lactantes suelen ser hipermétropes en el nacimiento, y después experimentan un cambio hasta que el ojo alcanza su tamaño adulto hacia los 16 años. El astigmatismo leve oblicuo es común en lactantes y suele remitir. Si hay miopía antes de los 10 años, hay elevado riesgo de progresión de la misma.

Los defectos de refracción son muy comunes en toda la población, es importante la detección precoz de los mismos y el tratamiento adecuado para conseguir una buena agudeza visual(1).

Tipos de ametropías

Miopía

La incidencia de la miopía está aumentando de forma alarmante en la actualidad.

La miopía es un defecto refractivo muy frecuente. Afecta al 30 % de la población y se estima que dentro de 30 años afectará a más del 80 % de la misma. En la actualidad, la incidencia de miopía se ha incrementado de forma alarmante, debido al tipo de vida y esfuerzo en visión cercana con pantallas y móviles. Casi la mitad de los pacientes entre 20 y 30 años tiene miopía y un 10 % desarrollarán miopía magna, que es una enfermedad que se caracteriza por una elongación excesiva del globo ocular, más de 6 dioptrías (D), elevándose el riesgo de desarrollar graves patologías oculares que pueden acabar en discapacidad visual o ceguera. Actualmente, afecta al 10 % de los niños entre 6-8 años, al 60 % de los adolescentes entre los 16-18 años y al 80 % entre los 20 y 25 años, habiendo un claro aumento de casos en la actualidad.

Distinguimos dos tipos de miopía:

Miopía simple: se presenta entre los 7 y 18 años, no suele ser superior a 6 D y no suele presentar lesiones en el fondo de ojo.

Miopía patológica: se inicia de forma precoz antes de los 4 años, progresa a lo largo de la vida, suele ser mayor de 6 D y suele cursar con lesiones coriorretinianas y predisponer al desprendimiento de retina.

Factores de riesgo de miopía

Hay afecciones oculares que favorecen la aparición de la miopía: buftalmia, esferofaquia, coloboma del cristalino y retinopatía del prematuro.

• Factores hereditarios: es un tipo de herencia variable y multifactorial. Si ambos padres son miopes, su descendencia tiene una probabilidad de ser miope del 50 %. Si solo es uno de ellos, la frecuencia es de un 15-25 %.

• Actividades realizadas con poca luz: se sabe que la luz libera dopamina que frena el aumento de la miopía. Por eso, la miopía progresa menos en los meses de verano con las actividades al aire libre y exposición solar.

• Algunas enfermedades congénitas se asocian a miopía: rubeola congénita, síndrome alcohólico fetal, síndrome de Down, prematuridad…

• Raciales y culturales: más frecuente en la raza oriental.

En el ojo miope, la imagen de los objetos situados en el infinito se forma delante de la retina, su eje anteroposterior es más largo de lo normal. La acomodación no la compensa, por eso la agudeza visual del ojo miope disminuye tanto en visión lejana, incluso con miopías ligeras de -1 D. En distancias próximas, la visión es buena. El niño miope ve mal de lejos y se acerca a los objetos próximos para verlos bien, a veces disminuye la hendidura palpebral para ver mejor. Puede ser congénita o adquirida. La primera es habitualmente elevada, mayor de – 5 D, pero no suele aumentar durante la época de crecimiento, en cambio la adquirida aparece más tarde y sí aumenta en esta etapa.

Es difícil predecir el defecto dióptrico final en un miope. Los antecedentes familiares, el inicio precoz y el incremento de la misma durante la primera década de vida, pueden pronosticar una evolución hacia la miopía magna.

La alta miopía afecta al 10 % de la población mundial. Puede dar lugar a baja agudeza visual a pesar de la corrección óptica y a alteraciones precoces del fondo de ojo, con la aparición de lesiones degenerativas vítreo retiniano, que predisponen a la aparición de desgarros retinianos y desprendimiento de retina.

Clínica

El síntoma más llamativo es la mala visión de lejos con buena visión de cerca. También aparece fatiga visual y empeoramiento de la visión nocturna.

En las miopías altas los ojos son más grandes y, a veces, prominentes a expensas del polo posterior. La curvatura corneal es más plana, y la cámara anterior es profunda, con ángulo camerular muy abierto.

Hipermetropía

Es la ametropía más frecuente en la infancia y suele ser fisiológica.

Su herencia es dominante de penetración irregular. La más frecuente es la axial, por acortamiento en la longitud del eje anteroposterior del ojo.

La imagen de los objetos del exterior se forma por detrás de la retina. Si actúa el mecanismo de la acomodación, la imagen puede formarse en la retina y ver normal, por eso las hipermetropías ligeras y medias pueden no detectarse con un simple examen de la agudeza visual, salvo si se utiliza en la toma de la misma, una lente de +1,50 dioptrías o +2 dioptrías. Si son hipermétropes de esa cantidad, seguirán viendo los optotipos, pero si son emétropes, la agudeza visual disminuirá claramente.

El niño normal es hipermétrope hasta +3 dioptrías en el momento del nacimiento. Al crecer el globo ocular, la hipermetropía va disminuyendo hasta los 14 años, aunque en más del 50 % de la población adulta persiste cierto grado de hipermetropía.

El niño hipermétrope ve bien, pero se cansa con el esfuerzo visual, es la astenopia acomodativa, padeciendo desde la edad escolar cefalea frontal tras el esfuerzo visual, enrojecimiento ocular, escozor, lagrimeo, fotofobia, parpadeo y visión cercana borrosa transitoria. A veces, se presenta como falsa miopía por espasmo del músculo ciliar.

En la edad infantil es una causa predisponente de estrabismo convergente acomodativo(2).

El ojo suele ser pequeño, presentando una cornea pequeña y un cristalino normal. Presenta una cámara anterior poca profunda que puede predisponer al glaucoma de ángulo estrecho en la edad adulta.

El fondo de ojo suele ser normal o con aspecto de pseudopapilitis.

Astigmatismo

La potencia óptica es diferente en los distintos meridianos, los rayos de luz no llegan a formar un único foco puntual. El ojo no es capaz de mantener las imágenes enfocadas y la imagen retiniana siempre es borrosa.

La herencia es autosómica dominante, aunque se han descrito casos de herencia autosómica recesiva y, raramente, recesiva ligada al sexo.

Hay tres tipos básicos de astigmatismo: hipermetrópico, miópico y mixto. Puede existir aislado o asociado a hipermetropía o miopía, pudiendo afectar a uno de los meridianos principales o a los dos meridianos. Según la posición del eje, se puede clasificar en:

Directo: cuando la refracción es mayor en el eje vertical.

Inverso: cuando la refracción es mayor en el eje horizontal.

Oblicuo: cuando la refracción es mayor en el eje oblicuo.

Los astigmatismos inferiores a 1 D se consideran normales en menores de 2 años. A partir de los 5 años aumenta la frecuencia del astigmatismo a favor de la regla, es decir, con una mayor curvatura en el eje vertical.

El astigmatismo elevado no corregido es causa frecuente de ambliopía en la infancia. La agudeza visual puede ser mala, tanto de cerca como de lejos, puede haber síntomas de fatiga ocular y astenopia acomodativa, con enrojecimiento ocular, cefalea y visión borrosa.

El niño con astigmatismo bajo suele tener borrosidad visual transitoria en distancia próxima. Debido al esfuerzo constante de acomodación tendrá fatiga ocular, frotamiento de ojos, enrojecimiento, picor y menor rendimiento escolar. En los periodos prolongados de concentración pueden aparecer cefaleas frontales. Si el astigmatismo es alto tendrán visión borrosa, siendo la cefalea y el defecto astenópico menos frecuentes. A veces, puede causar diplopía monocular y, en los astigmatismos oblicuos, puede presentarse torticolis o inclinación de cabeza.

Anisometropía

Consiste en la diferente refracción de un ojo a otro.

Existen 3 tipos diferentes:

Anisometropía simple: cuando un ojo es normal y el otro es miope o hipermétrope.

Anisometropía compuesta: cuando los dos ojos tienen el mismo defecto refractivo, pero con diferente número de dioptrías de uno a otro.

Anisometropía mixta: cuando cada ojo tiene un defecto refractivo diferente, por ejemplo un ojo miope y otro hipermétrope o con astigmatismo.

Es importante detectarlo en la edad infantil y empezar cuanto antes el tratamiento para evitar la ambliopía que suele aparecer en el ojo que tiene más dioptrías. Este consistirá en el uso de gafa con la corrección adecuada en cada ojo y oclusiones horarias con parches de manera alternante si se detecta disminución de la visión en alguno de los ojos.

Diagnóstico

La detección precoz de los defectos refractivos es fundamental para conseguir una buena agudeza visual en la edad adulta.

Los niños, a menudo, son incapaces de expresar un defecto de refracción, nos tenemos que guiar por signos indirectos que podemos observar como: guiños frecuentes, frotamiento de ojos, cansancio excesivo con el estudio, ojos rojos en la lectura, cefalea después de la actividad escolar o bajo rendimiento escolar sin causa aparente(3).

A menudo, son el profesor o el personal responsable de la sanidad escolar los primeros en detectar problemas de visión en los niños.

Los primeros años representan un periodo importante en el desarrollo visual, por eso los niños deberían ser revisados por el oftalmólogo cuando empieza la etapa escolar, para hacer un diagnóstico precoz de los defectos de refracción y tratarlos cuanto antes para evitar la aparición de ambliopía en la edad adulta.

Cuándo acudir al oftalmólogo (Tabla I)

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Se realizará una anamnesis detallada y completa, preguntando a los padres sobre antecedentes familiares de ametropías u otras alteraciones oculares y sobre la existencia de síntomas o signos que sugieran problemas en la visión como: guiños, picor, lagrimeo, enrojecimiento de ojos, cefalea, posturas anómalas de cabeza en visión próxima o lejana, etc.

Estudio oftalmológico general

Desarrollo visual normal (Tabla II)

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Cuando los niños son pequeños, debemos actuar en poco tiempo, intentando captar toda su atención y sacar la máxima información observando al paciente(4). El ambiente debe ser distendido. Nos fijaremos en posiciones anómalas de la cabeza, le haremos mirar una linterna fijándonos en el alineamiento de los ojos, tanto en visión cercana como lejana, observando movimientos oculares de rectificación. Si el paciente es pequeño podemos tirarle cosas al suelo con un ojo tapado y ver si trata de cogerlas con uno u otro ojo con igual facilidad.

Una exploración oftalmológica completa debe incluir:

• Agudeza visual.

• Motilidad intrínseca y extrínseca. Convergencia. Versiones y ducciones.

• Biomicroscopía con lámpara de hendidura para explorar el polo anterior.

• Fondo de ojo.

• Refracción bajo cicloplejia.

• En los bebés se realizará la prueba de Bruckner o test de reflejo rojo: permite evaluar la transmisión de luz a través de los medios transparentes del ojo. Se realiza en un cuarto a oscuras y la luz del oftalmoscopio debe enfocar simultáneamente
ambos ojos a una distancia de 1 metro. Se considera normal si el reflejo se ve en ambos ojos y es simétrico. A veces, el reflejo es mate en un ojo con defecto de refracción o con opacidad de medios. Es una prueba rápida y valiosa que debe formar parte del examen oftalmológico pediátrico habitual.

• Toma de agudeza visual.

Edad preverbal

• Movimientos de fijación y seguimiento.

• Reflejos pupilares. Tanto el reflejo directo como el consensuado, aportan información de la vía óptica hasta el área pretectal.

• Dominancia ocular. En los casos de estrabismo monocular, habrá que sospechar que la visión de dicho ojo será menor que la del dominante.

• Pruebas neurofisiológicas. Los potenciales visuales evocados detectan alteraciones en la recepción de la luz a nivel cortical. Indicado en pacientes con parálisis cerebral.

Cuando no pueda obtenerse respuesta verbal, por escasa edad o nula colaboración, es útil la reacción de defensa que experimenta al ocluir el ojo que mejor ve. Es importante preguntar a los padres por el comportamiento del niño, si reconoce las caras, responde a las sonrisas, muestra interés por las cosas cuando están en la calle. En esta etapa se puede utilizar el test de Tellen, también conocido como test de mirada preferencial, que consiste en presentar al niño, a una determinada distancia, unas láminas con unas líneas en el extremo y con un agujero central de pocos milímetros, a través del cual el examinador valorará la respuesta de fijación del niño ante los estímulos que mostramos. Es un test impreciso que necesita la atención del niño, pero que puede resultar útil para evaluar la evolución visual hasta que colaboran con los optotipos(5).

Etapa verbal

A partir de los 3 años se usarán los test convencionales. El examen se hará en condiciones de buena iluminación, evitando los reflejos, en un ambiente tranquilo y con el niño lo más cómodo posible. Se tomará la visión de cada ojo por separado, teniendo cuidado de que la oclusión del ojo contrario sea correcta, se hará a 5 metros de distancia(6):

• Test de Pigassou: de 3 a 4 años. Son dibujos fácilmente reconocibles para el niño. En un tamaño progresivamente menor. El resultado de la prueba es orientativo y aproximado. Lo que realmente tiene valor es detectar una asimetría en la agudeza alcanzada con cada ojo.

• Test de E de Snellen o anillos de Landolt: 4-5 años. El niño indicará con la mano la orientación del optotipo.

• Letras: a partir de 5-6 años. Se hará en un panel con líneas de letras que irán disminuyendo progresivamente de tamaño. Cada línea determina un nivel de agudeza visual, se medirá en una escala que va del 0,1 a 1, siendo este último el valor de mejor visión.

• El test de visión cercana se hará a 40 cm de distancia.

• La agudeza visual aumenta con la edad. A los 5-6 años se consigue el máximo de visión.

• Refracción con cicloplejia: la parálisis medicamentosa de la acomodación es la manera más fiable y objetiva de detectar los defectos de refracción en los niños.

Se instila 1 gota de ciclopléjico en cada ojo, cada 5 minutos, 3 veces. Se espera media hora desde la última gota y se realiza esquiascopía o autorefractómetro. La concentración más usada es 1 %, 0,5 % en los bebés. Produce una midriasis rápida y su efecto puede durar de 12 a 24 horas. Entre sus efectos secundarios son comunes la somnolencia y, en raras ocasiones, alucinaciones, trastornos del habla y cambio transitorio del carácter.

• Aunque existen otros fármacos midriáticos como la atropina y la tropicamida, el ciclopentolato es nuestro medicamento de elección para examinar la refracción bajo cicloplejia en los niños.

Pronóstico

Depende de la detección precoz del defecto refractivo. Cuanto antes se detecte y se inicie el tratamiento, mejores resultados se obtendrán.

Tratamiento

Hipermetropía

En el 25 % de los neonatos existe una hipermetropía mayor de 3-4 D, que suele disminuir rápidamente en el primer año de vida. Se considera fisiológica hasta 2-3 D. Se corrige con lentes positivas.

En la edad preescolar no se prescribe por debajo de 3 D, ya que las necesidades visuales se ven compensadas con la acomodación.

Por encima de los 4-5 años se corregirá el defecto si tiene más de 3 D y si presenta astigmatismo asociado, anisometropía, molestias en el colegio o retraso escolar.

Con estrabismo convergente asociado se corregirá toda la hipermetropía para mantener los ojos rectos y desarrollar bien la visión.

Si asocia ambliopía, se penalizará con oclusiones alternas horarias, ocluyendo más tiempo el ojo que mejor ve. Se harán revisiones periódicas cada 3-6 meses hasta que el paciente mejore su agudeza visual.

Miopía

En la actualidad, existen tratamientos prometedores que controlan y frenan el crecimiento de la miopía.

La miopía se corrige con lentes negativas mediante el uso de gafa o lentes de contacto. La gafa suele ser bien tolerada desde el principio y las lentes de contacto deben usarse cuando el niño es más mayor y como complemento de la misma.

En los niños siempre se hará cicloplejia, pues un exceso de acomodación nos daría más graduación de la que tiene.

Por encima de 0,5 D se debe prescribir una gafa, ya que suele disminuir la agudeza visual. La presencia de estrabismo asociado no modifica la pauta de prescripción. Siempre prima la visión sobre la desviación ocular.

Dado que el defecto es evolutivo, se requieren controles periódicos cada 6 meses. Además, en la actualidad, está aumentando muchísimo el número de casos(6), motivo por el que se está estudiando la manera de retardar la progresión de la miopía en niños que todavía están en desarrollo.

Lo que se pretende es conseguir cambios en el enfoque y estructura del ojo para reducir la fatiga y el estrés a la que se ven sometidos. Es muy importante evitar que la miopía progrese en las primeras fases de la vida.

A continuación, se detallan los diferentes tratamientos que tenemos en la actualidad para el control de la miopía.

Colirio de atropina 0,01 %

La atropina es un fármaco parasimpaticolítico que actúa bloqueando los receptores muscarínicos del músculo ciliar y del músculo liso del iris, produciendo una dilatación de la pupila y una paresia acomodativa. Impide que el ojo crezca en longitud. Actualmente, existen numerosos estudios que han demostrado que, a bajas concentraciones, produce un efecto beneficioso en el control de la miopía, además de disminuir los efectos secundarios que se producen a concentraciones más elevadas(8). La tolerancia es óptima. Se recomienda el uso de atropina colirio al 0,01 %, con la instilación de una gota en cada ojo por la noche, al menos, durante 2 años. Esta dosis tan pequeña, produce una dilatación pupilar con muy poca repercusión en la visión cercana y en la sensibilidad a la luz. Es un tratamiento efectivo, barato y con pocos efectos secundarios, siendo el más común la cefalea ocasional.

La eficacia aumenta cuanto más joven sea y menos miopía tenga. Se hace seguimiento cada 6 meses para ir ajustando la dosis óptima 0,005 %, 0,01 % y 0,02 %(7).

El oftalmólogo será quien decida cuándo retirar el fármaco.

Tiempo al aire libre

Regla 20-20-20: consiste en que cada 20 minutos de trabajo debemos descansar 20 segundos mirando a lo lejos, a 20 metros.

Gafas

Lente oftálmica de desenfoque periférico. Los cristales producen un desenfoque de la retina periférica que ralentiza la evolución de la miopía.

Los laboratorios Zeiss, Hoyalens, Indo y Essilor han desarrollado diseños de lentes oftálmicas que se basan en la aplicación de tecnología DIMS (defocus incorporated multiple segment). La lente se compone de una zona óptica central para corregir el error de refracción y múltiples segmentos uniformente distribuidos rodeando la zona central extendiéndose a la periferia media.

La lente STELLEST ralentiza la progresión de la miopía en un 67 % de media, disminuyendo la elongación del ojo cuando se usa 12 horas al día(8).

Lente SUPERKID miofocal. Un ensayo clínico realizado en niños caucásicos a 5 años, ha demostrado que son eficaces y reducen la progresión de la miopía en un 40 % sin evidenciarse efecto rebote.

Lentes oftálmicas bifocales prismáticas. Emplean un diseño basado en la manipulación de la acomodación y la convergencia. Se han diseñado diferentes patrones de adicción sobre la graduación de lejos para que se pueda adaptar a las necesidades de cada niño, para lograr una mayor eficacia en el control de la miopía.

Lentes de contacto

Lentes de contacto desechables de desenfoque periférico y de profundidad de foco extendido. Son lentes de contacto desechables. La mayoría de hidrogel de silicona o materiales biocompatibles de alta transmisión de oxígeno. Las hay de reemplazo diario, mensual y trimestral. Han probado una eficacia del 60 % en el control de la evolución de las dioptrías y de un 50 % en el control de la longitud axial.

Actualmente, están las lentes de contacto desechables diarias MiSight 1 Day de CooperVision que corrigen hasta -6 D de miopía. Estas controlan la longitud axial y la progresión de la miopía mientras se compensa el error refractivo. Su manipulación es fácil y son cómodas para el paciente. Recomiendan usarlas 6 días a la semana, 10 horas al día.

Las lentes mensuales se pueden fabricar a medida en diferentes tamaños y con cualquier graduación, de forma personalizada para cada paciente. Tanto las lentes MYLO con diseño EDOF como las lentes ESSENCIA son de hidrogel de silicona, lo que garantiza una óptima oxigenación corneal. Es imprescindible que las lentillas se usen a diario un mínimo de 10 horas.

Lentes de contacto orto-K. Estas lentillas de tipo semirrígido se usan durante la noche en las horas de sueño. Producen un moldeo controlado de la córnea; de modo que, al retirarla por la mañana, el defecto del ojo es neutro y el paciente tendrá una visión nítida sin ninguna ayuda óptica a lo largo del día. El moldeo corneal induce un desenfoque periférico que ralentiza la evolución de la miopía.

El paciente ideal es aquel que presenta miopía inferior o igual a -4,50 D, asociada o no a un astigmatismo de hasta -1,50 D.

Suelen notar una mejoría rápida de la visión durante los primeros días, llegando a una estabilización en las semanas siguientes.

La ventaja de las lentes orto-K es que no salen de casa y el paciente tiene una visión nítida todo el día.

Después de obtener el máximo resultado, se deben seguir utilizando; ya que, si no se mantiene su uso, se pueden recuperar las dioptrías que tenía el paciente.

En todos estos tratamientos deberá seguirse un exhaustivo control de seguimiento para actuar ante las posibles complicaciones que pudieran aparecer.

Astigmatismo

Durante el primer año de vida, el 50 % de los niños tienen astigmatismo de más de 1 D que suele autocorregirse, debido al proceso de emetropización. Un astigmatismo por debajo de 2 D debe considerarse normal antes de los 2 años y de 0,5 D a partir de los 3 años. Existen afecciones orbitarias y palpebrales, hemangiomas, chalazión y ptosis que pueden inducir astigmatismos secundarios.

• El astigmatismo se corrige con lentes cilíndricas.

• No se deben corregir astigmatismos de menos de 2 D por debajo de los 2 años.

• A partir de 0,5 D, prescribir siempre que se asocie a otro defecto refractivo.

• No se prescribe astigmatismos hipermetrópicos a favor de la regla a no ser que sean compuestos.

• Se prescriben los astigmatismos hipermetrópicos en contra de la regla si mejoran la agudeza visual.

• Siempre se prescribe por encima de 0,5 D, si es astigmatismo miópico.

Es muy importante detectar y tratar las ametropías en la edad infantil para evitar la aparición de ambliopía en la edad adulta.

Se recomienda un primer examen oftalmológico en la consulta del pediatra, realizando en el bebé el test del reflejo rojo, visualizando la anatomía de los ojos y anejos, y la presencia o ausencia de fijación a partir de los 3 meses.

A partir de los 3 años, se debería hacer un control de agudeza visual en la consulta de Atención Primaria y, en caso de que se detectara déficit de visión en alguno de los ojos o alguna otra anomalía como falta de paralelismo ocular, se debería remitir al oftalmólogo pediátrico, quien realizara un examen oftalmológico completo, que incluiría: agudeza visual, motilidad, refracción bajo cicloplejia, estudio de polo anterior con lámpara de hendidura y fondo de ojo con oftalmoscopio indirecto.

Función del pediatra de Atención Primaria

Conocer las características del desarrollo visual normal y las peculiaridades de los diferentes defectos refractivos para poder realizar una correcta exploración oftalmológica básica, que le permita descartar patología oftalmológica derivable al oftalmólogo infantil.

La detección precoz de problemas visuales en la infancia y el tratamiento adecuado a tiempo, contribuye al buen funcionamiento del sistema visual en la edad adulta.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de la autora.

1.*** Gil Gibernau JJ. Tratado de Oftalmología Pediátrica. Barcelona. Ed. Escriba. 1997.

2. Galán Terraza A, Visa Nasarre J. Estado actual del tratamiento del estrabismo. SEO. 2012. p.209-12.

3.* Valls Ferrán MI, Clement A, Jiménez C. Detección precoz de los defectos de refracción. Pediatría Integral. 2013; XVII: 483-8.

4. José Perea. Estrabismos. Estudio oftalmológico general. 2006; 6: 164-70.

5.* Wright KW, Spiegel PH. Los Requisitos. Oftalmología Pediátrica y Estrabismo. 2013; 1: 4-7.

6.** Dominique Bremond. Myopia in children. Med Sci. 2020; 36: 763-8.

7.*** Gong Q, Jamowski M, Luo M. Efficacy and adverse effects of Atropine in childhood myopia: a meta-analysis. JAMA Ophthalmol. 2017; 135: 624-30.

8.** Bao J, Huang Y, LI X, Yang A, Lim EW, Spiegel D. Control de la miopía con lentes asféricas: ensayo clínico aleatorizado de 2 años. Ophthalmol. Sci. 2021; 62: 2888.

Bibliografía recomendada

– Gil Gibernau JJ. Tratado de Oftalmología Pediátrica. Barcelona. Ediciones Escriba. 1997.

Tratado clásico de Oftalmología infantil que expone, de forma clara y didáctica, conceptos básicos y fundamentales de la Oftalmología Pediátrica.

– Gong Q, Jamowski M, Luo M. Efficacy and adverse effects of Atropine in childhood myopia: a meta-analysis. JAMA Ophthalmol. 2017; 135: 624-30.

Realiza un estudio de meta-análisis de la atropina, demostrando que la eficacia de la misma es dosis independiente, no así la aparición de los efectos secundarios. La atropina en colirio se considera útil para frenar el crecimiento de la miopía.

Caso clínico

Paciente de 6 años de edad que acude a consulta derivado por el pediatra. Refiere la madre que, desde hace una temporada, el niño se queja de dolores de cabeza, sobre todo, por la tarde cuando llega del colegio. Además, a veces, tiene los ojos rojos y se los frota, porque siente como si le pesaran. No se queja de ver mal, pero no le gusta que le tapen el ojo derecho. También ha observado su madre que se frota los ojos cuando mira el cuaderno.

De forma ocasional, creen que el ojo izquierdo lo mete un poco, aunque cuando llaman la atención del niño lo pone recto.

Antecedentes familiares: padre con gafas desde los 4 años y madre con leve miopía.

Exploración

Agudeza visual con optotipos de letras:

• Ojo derecho: 0,8.

• Ojo izquierdo: 0,6.

Cover test: cerca y lejos 0 grados. Disociando mete ojo izquierdo +10 grados, con dominancia del ojo derecho.

Biomicroscopía de polo anterior: sin alteraciones.

Refracción con auto-refractometro sin dilatar:

• Ojo derecho: +1D.

• Ojo izquierdo: +2D, -0,75 a 180 grados.

Se dilata con ciclopléjico con la pauta de 1 gota, cada 5 minutos, 3 veces y después de 20 minutos de la última gota, se comprueba refracción con auto-refractómetro: ojo derecho +3,5 D, ojo izquierdo +5 D, -0,75 a 180 grados.

Fondo de ojo: polo posterior normal en ambos ojos.

 

Algoritmo

 

El ojo rojo en Pediatría

 

M.L. Puertas Ruiz-Falcó
Temas de FC


M.L. Puertas Ruiz-Falcó

Servicio de Oftalmología. Hospital Universitario Puerta de Hierro. Majadahonda. Madrid

Resumen

El término “ojo rojo” hace referencia a la vasodilatación que ocurre como signo más frecuente ante la inflamación ocular. Es uno de los motivos de consulta más frecuentes en Pediatría, siendo un signo que comparten diferentes patologías oculares. A pesar de que la mayoría de las causas de ojo rojo se trata de enfermedades leves, algunas suponen patologías más graves que pueden comprometer la visión y/o asociar otras afectaciones sistémicas más severas.

El pediatra, en la mayoría de las ocasiones, es el primer médico en valorar a los niños y ejerce un papel esencial en realizar una correcta aproximación, tanto diagnóstica como terapéutica. Por ello es necesario el conocimiento de las patologías más frecuentes englobadas dentro de este mismo signo clínico y tener presente aquellas que precisan ser valoradas por el especialista de forma precoz.

 

Abstract

The term “red eye” refers to the vasodilatation that appears as the most frequent sign of ocular inflammation. It is one of the most common reasons for consultation in Pediatrics, being found in different ocular pathologies. Although most of the causes of red eye involve mild diseases, some of them are more severe pathologies that may compromise vision and/or associate severe systemic affections.

In most cases, the pediatrician is the first physician to evaluate these children, playing an essential role in making a correct differential diagnosis and therapeutic approach. Therefore, it is necessary to be aware of the most frequent diseases comprised within the same clinical sign and to keep in mind those that need to be promptly evaluated by the ophthalmologist.

 

Palabras clave: Conjuntivitis; Hiperemia; Pediatría; Oftalmología; Ojo rojo.

Key words: Conjunctivitis; Hyperemia; Pediatrics; Ophthalmology; Red eye.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (1): 16 – 22

 


OBJETIVOS

• Conocer las causas más frecuentes de ojo rojo en la infancia.

• Saber realizar el diagnóstico diferencial del ojo rojo pediátrico en función de síntomas y signos.

• Reconocer las patologías de urgencia oftalmológica y que suponen un riesgo para la función visual del paciente.

• Orientar el tratamiento en función de la sospecha diagnóstica.

 

El ojo rojo en Pediatría

Introducción

El pediatra ejerce un papel esencial en la aproximación tanto diagnóstica como terapéutica del ojo rojo en edad pediátrica y en la derivación preferente de patologías que precisen ser valoradas por un oftalmólogo.

El ojo rojo es un motivo de consulta muy frecuente durante la edad pediátrica, siendo la manifestación clínica de un amplio grupo de patologías(1-6). A pesar de que la mayoría de las causas de ojo rojo se trata de enfermedades leves, algunas van a tratarse de patologías más graves que pueden comprometer la visión, como asociar afectaciones sistémicas más severas(2,5,7,8).

En la mayoría de las ocasiones, es el pediatra el primer médico en valorar a los niños y ejerce un papel esencial a la hora de realizar un correcto diagnóstico diferencial dentro de este amplio grupo de patologías englobadas dentro de un mismo síntoma. Por ello es necesario el conocimiento de las posibles causas para una correcta aproximación, tanto diagnóstica como terapéutica, y tener presente aquellas enfermedades que precisan ser valoradas por el especialista de forma precoz(1).

Etiología

Para el diagnóstico diferencial del ojo rojo es de gran utilidad valorar las características de la hiperemia, si asocia dolor y si se acompaña de secreciones oculares.

Para orientar la etiología es importante realizar una historia clínica detallada descartando, en primer lugar, posibles traumatismos oculares o entrada de un cuerpo extraño. Una vez descartada la causa traumática, es de gran utilidad diferenciar entre: la presencia de un ojo rojo doloroso y no doloroso (algoritmo), las características de la hiperemia (predominio conjuntival o ciliar) y si se acompaña o no de secreciones(1,2,4).

Ojo rojo no doloroso(1,3-5,7)

Hemorragia subconjuntival/hiposfagma

Se produce una extravasación hemática subconjuntival de color rojo intenso de límites netos y con respeto conjuntival. A pesar de la llamativa exploración, cursa de forma asintomática y resuelve de forma espontánea en 10-15 días.

Puede ser secundaria a traumatismos, vómitos, tos espontánea, etc. Si se producen hiposfagmas de repetición es conveniente descartar coagulopatías o causas de hipertensión arterial (HTA) (Fig. 1).

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Figura 1. Hemorragia subconjuntival/hiposfagma en ojo izquierdo.

Causas conjuntivales

La conjuntivitis es la principal causa de ojo rojo pediátrico. Entre las etiologías más frecuentes encontramos las causas víricas, bacterianas y alérgicas; para su diferenciación es esencial la exploración clínica, tanto oftalmológica como sistémica, y evolución del cuadro clínico.

La conjuntivitis es la principal causa de ojo rojo en edad pediátrica. La conjuntiva se afecta prácticamente de forma constante en los procesos oculares infecciosos o irritativos, al asentar múltiples elementos de defensa frente a los agentes externos(9-12).

La inflamación de la conjuntiva se acompaña de dilatación de los vasos conjuntivales provocando una hiperemia, secreciones y edema conjuntival. Podremos diferenciar conjuntivitis agudas o crónicas y, dentro de la etiología, entre causas infecciosas (bacteriana, vírica) o no infecciosas (alérgica, tóxica, cicatricial, etc.).

Conjuntivitis agudas(9,11,13)

Clínicamente, se manifiesta con sensación de cuerpo extraño, lagrimeo y picor, aunque generalmente sin referir disminución de la agudeza visual ni dolor. Los signos clínicos que encontraremos son: hiperemia conjuntival, quemosis (edema conjuntival), secreciones y reacción conjuntival (Fig. 2).

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Figura 2. Niño con signos de conjuntivitis aguda en ojo derecho, presentando hiperemia conjuntival, lagrimeo y secreciones objetivables en la fotografía.

La orientación terapéutica se basará conforme a la etiología, pero independientemente de la misma no se recomienda la oclusión ocular en ojos con secreción activa. Dentro de las posibles etiologías (Tabla I), deberemos tener presente, entre otras:

tabla

Conjuntivitis vírica(10,11,13): es la principal causa de conjuntivitis vírica en edad pediátrica en nuestro medio. La mayoría de ellas (65-90 %) están causadas por Adenovirus serotipos 8 y 19, y suele haber antecedentes de infección respiratoria reciente o posible contagio (alta probabilidad los primeros 10-12 días), siendo los adenovirus una causa importante de epidemias, como ocurre en el caso de la fiebre-faringo-conjuntival (serotipo 3 y 7).

El inicio suele ser unilateral, afectando posteriormente el ojo contralateral. A la exploración es característica la aparición de folículos en conjuntiva tarsal, hemorragias subconjuntivales y pseudomembranas tarsales; pudiendo palpar adenopatías frecuentemente de localización preauricular. En algunos casos, se puede complicar el cuadro oftalmológico con la aparición de infiltrados corneales subepiteliales autoinmunes, que suelen acompañar pérdida de agudeza visual.

Tratamiento: lavados con suero salino, compresas frías, lagrimas artificiales y anti-inflamatorios no esteroideos. Se asociarán corticoides tópicos en los casos de pseudomembranas (retirándolas previamente) y de infiltrados corneales que produzcan una disminución de la visión. No se deben utilizar corticoides sin supervisión oftalmológica. En el caso de los Adenovirus, se recomienda aislamiento durante 9 -10 días.

Es frecuente el empeoramiento clínico los primeros días, resolviendo el cuadro en 2-3 semanas. La prevención es fundamental por su alta contagiosidad, por ello son aconsejables las medidas higiénicas y el diagnóstico precoz.

Conjuntivitis por virus herpes simple (VHS)(14,15): además de ser posible causa de oftalmia neonatorum (ver apartado: Oftalmia neonatorum), en niños de >28 días de vida, la primoinfección por VHS suele cursar con un cuadro de conjuntivitis folicular aguda unilateral, que puede asociar adenopatías preauriculares y vesículas perioculares, raramente cursa con pseudomembranas y afectación corneal en la primoinfección. Es en las recurrencias, cuando es más frecuente la queratoconjuntivitis (afectación corneal + conjuntival), pero ante cualquier conjuntivitis sugestiva de etiología herpética, se debe ­descartar la afectación corneal, siendo recomendable su valoración urgente oftalmológica.

Conjuntivitis bacteriana(10-12,16): los gérmenes implicados con mayor frecuencia son microorganismos presentes en la vía respiratoria superior como: Streptococcus pneumoniae, Haemophilus influenzae y Moraxella catarrhalis. A la exploración, se caracterizan por la presencia de abundantes secreciones muco-purulentas, hiperemia conjuntival y, en muchas ocasiones, cursan con papilas en conjuntiva tarsal (pequeñas elevaciones poligonales rojizas con aspecto en empedrado). Suelen ser autolimitadas en 7-10 días e infrecuentemente producen complicaciones.

Tratamiento: se recomienda tratamiento con colirio antibiótico, al reducir el tiempo de duración del cuadro clínico cuando se administra en los 5 primeros días de inicio de la clínica(16). La elección del antibiótico se realiza de forma empírica (tobramicina, fluorquinolona, neomicina, colirio de polimixina B – neomicina – gramicidina [Oftalmowell®]) cada 4-6 horas durante el día durante 5-7 días, disminuyendo la frecuencia con la mejoría de la sintomatología. Se realizarán cultivos en aquellas conjuntivitis de aspecto bacteriano si: aparece en las cuatro primeras semanas de vida (ver apartado: Oftalmia neonatorum), cuadros hiperagudos, no respondedores al tratamiento y en pacientes inmunodeprimidos.

Conjuntivitis por Chlamydias(10,11,13): la infección por Chlamydias (serotipos D-K) es la etiología más frecuente de oftalmia neonatorum entre los 10-14 días de vida (ver apartado: Oftalmia neonatorum), y asciende de nuevo su frecuencia en adolescentes, al ser considerada una enfermedad de transmisión sexual. Aun siendo de etiología bacteriana, es típico observar una llamativa reacción folicular en la conjuntiva, con moderadas secreciones muco-purulentas y cierto componente hemático. Se debe descartar la afectación concomitante por Neisseria Gonorrhoeae.

Tratamiento: el tratamiento de elección es azitromicina 1 g vía oral dosis única, pudiendo repetir la pauta a la semana si la resolución es incompleta.

Conjuntivitis crónicas

Conjuntivitis alérgica(10,12,17): la etiología alérgica es una causa muy frecuente dentro de las causas de conjuntivitis crónica, afectando al 15-40 % de la población; aunque también pueden debutar con un cuadro de características agudas e hiperagudas. Dentro de este grupo se incluyen: la conjuntivitis estacional (intermitente), perenne (persistente), vernal y la conjuntivitis papilar crónica.

La inflamación conjuntival se produce por una reacción de hipersensibilidad de tipo I, debida a la sensibilización y reexposición a un alérgeno que provoca la degranulación de mastocitos y eosinófilos. Clínicamente, presentan intenso picor y lagrimeo ocular, quemosis, hiperemia conjuntival e hipertrofia papilar en la conjuntiva tarsal, siendo características las papilas gigantes y los nódulos de Trantras límbicos en la conjuntivitis vernal. Las secreciones suelen ser mucosas y menos abundantes que en las conjuntivitis infecciosas.

La queratoconjuntivitis vernal es menos frecuente que la forma estacional o perenne, se trata de una forma crónica que puede presentar exacerbaciones durante los periodos estacionales. A la exploración presentan papilas tarsales que pueden ser grandes y adoptar una disposición en empedrado. Aunque suele autolimitarse tras la pubertad, entre el 6-55 % de los casos asocian alteraciones severas de la visión y/o afectación corneal, por ello es conveniente remitir estos pacientes al oftalmólogo.

Tratamiento: eliminar el alérgeno si es posible. En los casos leves está indicada la aplicación de compresas de agua fría y lavados con abundante suero fisiológico. En los moderados se deben emplear antihistamínicos tópicos (olopatadina, azelastina colirio) cada 12 horas y estabilizadores de mastocitos (cromoglicato sódico, ketotifeno). En aquellos casos graves o niños con mucha fotofobia, se recomienda evaluación por parte del oftalmólogo para valorar, si fuera necesario, además del tratamiento con antihistamínicos orales, iniciar tratamiento con colirios corticoideos, ciclosporina A, tacrólimus tópico, etc.

Otras causas de conjuntivitis crónicas(10): conjuntivitis tóxicas (como por ejemplo, las secundarias al uso de tratamientos tópicos prolongados), conjuntivitis por Molluscum contagiosum (conjuntivitis folicular crónica + pápulas umbilicadas), etc.

Oftalmia neonatorum (conjuntivitis del recién nacido)(18-21)

La oftalmia neonatorum es una conjuntivitis aguda que se produce en los primeros 28 días de vida, afectando entre el 1-12 % de los recién nacidos. Dentro de la etiología encontramos causas irritativas o causas infecciosas (víricas o bacterianas), encontrándose un agente causal en la mayoría de las ocasiones en el canal del parto. Staphylococcus aureus es el microorganismo más común, pero existen otros potencialmente graves para la integridad del globo ocular, como Neisseria gonorrhoeae y Chlamydia trachomatis.

La incidencia ha disminuido significativamente tras la introducción de la profilaxis con eritromicina 0,5 % y pomada de tetraciclinas al 1 % en el recién nacido.

El diagnóstico diferencial y protocolo de actuación(20) (Tabla II) se establece en función del momento de aparición y la clínica asociada, siendo necesaria, en todos los casos, la toma de muestras de exudado conjuntival (tinción de Gram, cultivo y PCR para C. trachomatis, gonococo y VHS 1 y 2)(19-21).

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El diagnóstico diferencial de la conjuntivitis neonatal se puede realizar con las siguientes patologías: obstrucción del conducto lagrimal (ojo blanco si no hay conjuntivitis asociada), dacriocistitis, glaucoma congénito (epífora, blefaroespasmo, fotofobia, aumento del diámetro corneal, ojo blanco sin secreciones), celulitis orbitaria y queratitis.

Ojo rojo doloroso(4,22,23)

Causas corneales

La patología corneal cursa con ojo rojo doloroso e intensa fotofobia. Hay múltiples causas de queratitis/patología corneal; pero es importante descartar traumatismos previos, cuerpos extraños intraoculares y queratitis infecciosas como la patología herpética.

Habrá que sospechar una patología corneal ante un ojo rojo que se acompaña de: dolor, epífora, blefaroespasmo, fotofobia y, en algunos casos, pérdida de agudeza visual. Hay diversos factores de riesgo para el desarrollo de patología corneal: traumatismo previo, enfermedades de la superficie ocular, enfermedades sistémicas (ictiosis, déficit de vitamina A, síndrome de Stevens Johnson, etc.), cirugías oculares previas y portadores de lentes de contacto.

Queratitis/úlcera corneal(3,4,8)

Se caracteriza por un dolor muy intenso y un ojo rojo con una hiperemia ciliar/periquerática, a diferencia de las conjuntivitis. La tinción con fluoresceína y valoración con luz azul cobalto pondrá de manifiesto un defecto epitelial corneal, permitiendo localizar y determinar la morfología de la lesión (puntiforme en caso de las queratitis o diferentes patrones geográficos en las úlceras).

Úlceras y erosiones corneales: es la causa más frecuente de ojo rojo de causa corneal. Suelen estar precedidas por un traumatismo ocular (uña, rama de un árbol, papel, etc.). Si se sospecha etiología traumática o si se hallan erosiones verticales, se deben descartar posibles cuerpos extraños evertiendo los párpados, tanto superior como inferior. En casos traumáticos, se debe descartar, de forma urgente, una posible perforación ocular al suponer una urgencia quirúrgica (Fig. 3).

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Figura 3. En la imagen se objetiva un defecto epitelial corneal con tinción positiva a la fluoresceína.

Queratitis actínica: suele existir antecedente de exposición intensa a la luz ultravioleta (playa, nieve…) en las 6-10 horas previas al inicio de la clínica. La superficie corneal muestra una tinción con fluoresceína de forma punteada, con predominio en región inferior.

Tratamiento: se graduará el tratamiento y seguimiento en función de la gravedad clínica. Se recomienda lubricación intensa con lágrimas artificiales que contengan ácido hialurónico y si se sospecha infección, añadir cobertura antibiótica (colirio antibiótico, pomada antibiótica). Ante dolor intenso, valorar tratamiento con colirio ciclopléjico y/o analgesia vía oral, ajustando dosis según edad del niño. Si se sospecha alguna complicación, traumatismos con vegetales o en usuarios de lentes de contacto, deberán acudir al oftalmólogo de forma urgente.

Queratitis herpética(14,15): supone la causa más frecuente de ceguera por afectación infecciosa corneal, aunque supone una etiología menos frecuente que en adultos. En la lámpara de hendidura se puede observar una úlcera dendritiforme con tinción positiva a la fluoresceína. En ocasiones, se asocia afectación del tejido corneal perilesional y reacción inflamatoria en cámara anterior. La lesión epitelial es típicamente recurrente y podría causar un leucoma corneal (cicatriz), repercutiendo en la agudeza visual de los pacientes.

Tratamiento: pomada oftálmica de aciclovir 5 veces al día. La etiología herpética contraindica la administración de corticoides sin previa cobertura con antivíricos. Es conveniente el control por parte de un oftalmólogo.

Lesiones por caústicos(1,8,22)

Se presenta tras el contacto con álcalis (cemento, lejía, cal, etc.) o ácidos. Los álcalis, al producir lesiones por licuefacción, provocan lesiones de mayor gravedad, profundizando en los tejidos oculares. Sin embargo, los ácidos tienden a producir lesiones por coagulación de las proteínas que limitan en gran medida la penetración tisular.

Producen clínica de ojo rojo doloroso, inflamación conjuntival, lagrimeo y fotofobia. Es conveniente valoración oftalmológica para descartar afectación corneal (edema, opacificaciones, defectos epiteliales), afectación limbar, reacción inflamatoria de cámara anterior y posible hipertensión ocular.

Tratamiento: debe ser inmediato, mediante irrigación con suero fisiológico durante, al menos, 30 minutos, evertiendo tanto el párpado inferior como el superior, para exponer el fórnix y favorecer su irrigación. No se debe neutralizar el cáustico con soluciones, ya que produciría una reacción exotérmica que empeoraría la afectación. Aplicar ciclopléjico en colirio (clorhidrato de ciclopentolato 1 %) 1 gota cada 8 horas, además de antibiótico tópico en gotas o pomada cada 4-6 horas. Es conveniente que sea valorado con urgencia por un oftalmólogo.

Los anestésicos y corticoides tópicos pueden tener efectos secundarios severos. Se recomienda emplear su uso exclusivamente durante la exploración (anestésicos) y bajo supervisión oftalmológica.

Uveítis anterior(4,6,7)

La uveítis anterior infantil, en muchas ocasiones, cursa de forma pauci-sintomática, sin dar lugar al cuadro clínico característico (ojo rojo doloroso, fotofobia, pérdida de visión).

Sucede cuando se inflama la úvea, capa intermedia del globo ocular (iris y cuerpo ciliar). Se caracteriza por una reacción inflamatoria en cámara anterior que produce el denominado efecto Tyndall por las células inflamatorias que se encuentran en el humor acuoso provocando, en ocasiones, la presencia de hipopión. Podremos encontrar precipitados retroqueráticos, nódulos y sinequias iridianas, entre otros hallazgos oculares.

El cuadro clínico suele cursar con dolor ocular, fotofobia, pérdida de agudeza visual y, característicamente, en población pediátrica suele manifestarse sin ojo rojo. Es importante destacar que en población infantil en muchas de las ocasiones cursa de forma pauci-sintomática siendo diagnosticada en revisiones rutinarias.

La etiología más frecuente en los niños es el origen reumatológico, siendo la artritis idiopática juvenil la causa de hasta el 80 % de las uveítis anteriores pediátricas, manifestándose característicamente de forma pauci-sintomática, siendo en esta enfermedad aún más importante el control oftalmológico periódico. Además de causas reumatológicas y autoinmunes, las uveítis también pueden ser de origen traumático, infeccioso o tumoral. Ante la sospecha de una uveítis anterior aguda, será conveniente exploración por parte del oftalmólogo.

Causas de enrojecimiento periocular: causas orbitarias y anejos oculares(1,2,4,6)

La patología orbitaria y de los anejos también puede asociar ojo rojo, como las celulitis, la dacriocistitis aguda y, con menor frecuencia, la patología tumoral.

Celulitis

Las celulitis son procesos infecciosos-inflamatorios del tejido orbitario que, en función de si la afectación es previa al septo orbitario o se extiende tras el mismo, se denominará celulitis preseptal u orbitaria, respectivamente. Son procesos generalmente infecciosos que aparecen como complicación de una infección local, cutánea, conjuntival o de los senos paranasales. La clínica se caracteriza por una inflamación palpebral y, en muchas ocasiones, síntomas respiratorios y fiebre.

Es de especial importancia diferenciar entre las celulitis preseptales y las celulitis orbitarias, debiendo explorar la motilidad ocular, agudeza visual, evolución clínica, situación sistémica…; por ello, ante la sospecha de una celulitis, se debe referir al paciente a un centro hospitalario para valoración oftalmológica, al tratarse de una patología que precisa control estrecho. En la mayoría de ocasiones, podrá ser manejado de forma ambulatoria con control a las 24 horas, pero en algunos casos (niños <1 año, afectación del estado general, inmunodeprimidos, evolución tórpida…), precisarán manejo hospitalario con antibioterapia intravenosa, además de descartar posibles complicaciones secundarias, como abscesos subperiósticos y orbitarios si presentaran clínica sugestiva.

Inflamación/infección de los párpados

Blefaritis(24): se denomina blefaritis a la inflamación de los párpados, apareciendo el borde palpebral inflamado y enrojecido. La obstrucción de las glándulas lagrimales causa un estancamiento de ácidos grasos que irritan la superficie ocular y su depósito proporciona condiciones óptimas para el crecimiento de bacterias que, a su vez, liberan toxinas contribuyendo a una mayor irritación.

La blefaritis es generalmente de etiología seborreica (alteración de la secreción lipídica por las glándulas de Zeiss y de Meibomio, que se encuentran en el borde palpebral) o estafilocócica (escamas amarillentas que al desprenderlas dejan lesiones ulcerativas).

Tratamiento: higiene palpebral, lágrimas artificiales si inestabilidad de la película lagrimal y, si se sospecha etiología estafilocócica, pomada antibiótica (gentamicina/eritromicina) durante 7 días.

Orzuelo(2,7): es una infección de las glándulas palpebrales internas o externas en función de las glándulas afectadas. Clínicamente, se presenta como una sobreelevación palpebral dolorosa, sensible a la palpación, donde se puede observar un punto de drenaje.

Tratamiento: calor local y antibiótico en pomada oftálmica, asociado a un corticoide de baja potencia (prednisona-neomicina, terracortril pomada oftálmica).

Chalazión: es una inflamación granulomatosa crónica de las glándulas de Meibomio localizado generalmente en el tarso superior. Se manifiesta como una tumoración palpebral indolora sin signos inflamatorios (Fig. 4).

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Figura 4. Chalazión en párpado inferior de ojo izquierdo.

Tratamiento: requiere valoración por parte del oftalmólogo para valorar la inyección de triamcinolona intranodular o extirpación quirúrgica para los casos que no resuelven de forma conservadora.

La mayoría de los cuadros clínicos de ojo rojo en la infancia pueden ser manejados por el pediatra, pero ante cualquier signo de alarma o si no hay mejoría del cuadro clínico a las 48-72 horas tras el inicio del tratamiento, se recomienda valoración por parte del oftalmólogo (Tabla III)(2,4,7,20,25).

tabla

Función del pediatra de Atención Primaria

Las principales funciones del pediatra de Atención Primaria son:

• Realizar un correcto diagnóstico diferencial entre las posibles causas de ojo rojo en función de los signos y clínica del paciente.

• Aproximación diagnóstica y terapéutica de la patología.

• Reconocer aquellas patologías y signos de alarma que precisan valoración por un oftalmólogo de forma urgente/preferente.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de la autora.

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Bibliografía recomendada

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Artículo de revisión de las causas de ojo rojo más frecuentes en las consultas de Pediatría de Atención Primaria, mencionando también causas más raras a tener en cuenta.

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Artículo publicado en la revista de “Postgraduate Medicine”, que está destinada al manejo desde Atención Primaria de diferentes patologías. En este artículo el Dr. Shields explica el papel crucial de los pediatras a la hora de decidir el manejo del ojo rojo e insiste qué patologías pueden ser manejadas por el pediatra y cuándo derivar al oftalmólogo.

– Wong MM, Anninger W. The pediatric red eye. Pediatr Clin North Am. 2014; 61: 591-606. DOI: 10.1016/j.pcl.2014.03.011.

Artículo centrado en el diagnóstico diferencial de las causas más frecuentes de ojo rojo pediátrico y su tratamiento.

– Martín-Begué N, Frick MA, Alarcón S, Wolley-Dod C, Soler-Palacín P. Protocolos (diagnósticos y terapéuticos). Conjuntivitis neonatal: Diagnóstico y tratamiento. 2017; XLVI: 159-64. Acceso el 8 de noviembre de 2022. Disponible en: https://www.estrabologia.org/actas/Acta_2_2017/09-PROTOCOLOS.pdf.

Protocolo muy detallado y amplio del manejo de la conjuntivitis neonatal. Muy útil para ampliar el manejo de esta patología.

Caso clínico

Niño de 6 años con piel atópica que acude a su Pediatra por ojos rojos desde hace varios días. Refiere picor y molestias en ambos ojos, estando peor el ojo derecho “desde siempre”. Niega pérdida de agudeza visual, sin fiebre ni malestar general. Estos episodios le ocurren periódicamente, mejorando en invierno.

A la exploración se objetiva un ojo rojo con hiperemia mixta (ciliar y bulbar), ligeras secreciones mucosas en fondo de saco y una reacción papilar tarsal moderada. No se palpan adenopatías preauriculares.

 

Algoritmo

 

 

Patología ocular de base genética

 

S. Macías Franco, P. Rozas Reyes
Temas de FC


S. Macías Franco, P. Rozas Reyes

Especialistas de Área en Oftalmología pediátrica. Hospital Universitario Central de Asturias. Oviedo

Resumen

El conocimiento del genoma humano ha proporcionado en las últimas décadas mucha información sobre enfermedades con afectación ocular. Se trata de un tema en constante actualización y en auge debido a los desarrollos en Biología molecular y Terapia génica. El estudio de las bases genéticas en Oftalmología nos brinda diagnósticos nuevos cada día y nos proporciona las claves para tratar patologías incurables hasta ahora, que pueden acabar en ceguera. Se realiza una revisión sobre algunas de las más importantes y su manifestación en la infancia, con el objetivo de que el pediatra pueda sospechar, reconocer y actuar ante ellas.

 

Abstract

Over the last decades, the understanding of the human genome has provided a great deal of information on diseases with ocular involvement. This is a subject that is constantly being updated and is expanding due to developments in molecular biology and gene therapy. The study of the genetic basis in Ophthalmology provides new diagnoses every day and brings keys to treat pathologies incurable until now, which can ultimately lead to blindness. A review is made of some of the most important ones and their manifestations in childhood, so that the pediatrician can suspect, recognize and act upon them.

 

Palabras clave: Alteraciones oculares genéticas; Distrofias retinianas; Terapia génica en Oftalmología; Catarata congénita; Neuropatías hereditarias.

Key words: Genetic ocular disorders; Retinal dystrophies; Gene therapy in Ophthalmology; Congenital cataract; Hereditary neuropathies.

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (1): 7 – 15

 


OBJETIVOS

• Identificar patologías oculares de base genética y ciertas asociaciones.

• Poder realizar una anamnesis y exploración detallada y protocolizada en niños con sospecha de baja visión.

• Aprender de modo práctico ciertos signos y síntomas como el nistagmo, la fotofobia o la nictalopía, para poder orientar la búsqueda de enfermedades oculares en niños.

• Reconocer cuándo podría interesar realizar pruebas neurofisiológicas y/o estudios genéticos.

 

Patología ocular de base genética

Introducción

Hoy en día, se conocen en torno a 900 enfermedades hereditarias con afectación ocular, por lo que es lógico la aparición de subespecialistas en Oftalmología genética.

Es un hecho que el campo de la genética ha dado grandes pasos en un tiempo muy corto. En tan solo 30 años hemos pasado de hablar de “enfermedades raras”, donde la descripción de ciertas patologías era puramente clínica y/o fisiológica a la etapa actual, la era de la biología molecular, donde ya se busca tratar las enfermedades desde sus alteraciones genético-moleculares.

El objetivo de la siguiente revisión va a ser el de poder identificar ciertas patologías oculares de base genética, como médicos pediatras y oftalmólogos. Resultaría imposible comentar cada enfermedad con base genética, pues diariamente encontramos en la literatura reportes sobre asociación de gen-enfermedad, no solo enfermedades sindrómicas o pediátricas, sino que encontramos genética hasta en enfermedades seniles como la degeneración macular asociada a la edad.

A continuación, intentaremos aclarar por apartados ciertos conceptos para poder entender de manera teórica y práctica lo que nos concierne en este artículo.

El genoma humano

30 años para describir, comprender y editar el genoma humano.

En 1990 comienza el proyecto genoma humano que finaliza en 2003: su objetivo era el de determinar la secuencia de pares de bases que componen el ADN y mapear así todos los genes del genoma humano. No se conoce la función de todos ni por qué unos se expresarán fenotípicamente y otros no, pero este proyecto nos da el código y el avance, que desde ahí en genética ha sido creciente(1).

Actualmente, encontramos en la era de la Biología molecular donde se estudian los mecanismos genético-moleculares como base de las enfermedades para así no solo conocerlas o definirlas, sino tratarlas y curarlas. Sí, hablamos de lo que se conoce como Terapia génica. Hasta hace poco, “editar” el genoma humano suponía muchas limitaciones, por lo que parecía prácticamente imposible.

En Oftalmología disponemos del primer fármaco génico aprobado para amaurosis congénita de Leber tipo 2 (ACL), debida a mutaciones en el gen RPE65. El tratamiento se realiza mediante la inyección subretiniana de Voretigene Nepavenec (Luxturna®) a través de un virus vector (Adeno-associated viral vector serotype 2 o AAV2) que infecta la célula consiguiendo reemplazar el gen mutado por el gen sano. Este tratamiento ha conseguido que pacientes con ceguera puedan recuperar visión(2).

Se avecina un futuro prometedor. Las doctoras Charpentier y Doudna estudiaron el funcionamiento del sistema CRISPR-Cas9, mecanismo de defensa de Streptococcus Pyogenes frente a virus conocido como “tijeras moleculares”. En 2012 publicaron un estudio que proponía el uso de CRISPR-Cas9 como herramienta para la edición del genoma, consiguiendo reprogramar el sistema para reconocer y cortar fragmentos de ADN eliminando genes específicos, pero también modificar esos genes introduciendo la secuencia correcta(3). Dicho de otro modo, sustituir un gen patológico por uno sano. En el año 2020 recibieron el Premio Nobel de Química por su trabajo.

Cuándo y qué pruebas genéticas solicitar a un paciente

La anamnesis y la exploración clínica deben ser muy detalladas, del paciente y de todos los familiares posibles. Conocer datos pasados, nos brindará una excelente ayuda a la hora de saber por dónde empezar.

Ante la sospecha según los hallazgos clínicos de una enfermedad ocular hereditaria, el pediatra y el oftalmólogo deberán valorar la necesidad o utilidad de realizar pruebas genéticas. Para ello, deben contar con la formación específica o consultar a otro médico con experiencia en seleccionar e interpretar la prueba a realizar, así como poder proporcionar un correcto asesoramiento ante un resultado positivo.

Además, en Internet disponemos de múltiples recursos, bases de datos, bibliografía e incluso registros de profesionales. Entre otras, la web del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano de Estados Unidos (NHGRI) dispone de gran cantidad de recursos didácticos para profesionales de la salud y población general(3-4).

Del mismo modo, no debemos dejar de lado resultados denominados “mutaciones de significado incierto” y es recomendable repetir los estudios genéticos tras 2 años ante estos resultados. Como hemos visto previamente, cada vez se conoce más sobre el genoma y las alteraciones sin explicación, que en un futuro pueden tenerla. Enfermedades que hoy no tienen cura podrían tenerla.

En la consulta del pediatra

El pediatra será el enlace entre el paciente y el oftalmólogo. Es de suma importancia realizar una historia detallada y una exploración protocolizada del niño.

Anamnesis

Árbol genealógico: hasta donde podamos alcanzar. Es importante preguntar y anotar consanguineidad directa o sospecha. En ambientes rurales o ciertas etnias es más frecuente el parentesco y la aparición de enfermedades hereditarias recesivas.

Antecedentes familiares: de inicio insistir sobre los antecedentes familiares con algún tipo de defecto visual o cirugías oftalmológicas previas. Posteriormente y tras la exploración, es recomendable volver al árbol genealógico para anotar antecedentes de otro tipo que puedan estar en relación con las patologías que sospechemos. También nos puede ayudar solicitar fotografías familiares.

– Ante un niño con una gran miopía axial o antecedentes de desprendimiento de retina, vamos a buscar signos, síntomas en él y en su familia de laxitud articular, pues podemos encontrar una colagenopatía.

– En el caso de las fotografías, podemos encontrar rasgos fenotípicos muy interesantes. Llegamos a ver con más frecuencia de lo esperado, familias completas con ptosis bilateral sugestiva de enfermedades mitocondriales sin estudiar.

Antecedentes personales: desarrollo motor, cognitivo y conductual del paciente desde el nacimiento.

– Preguntar sobre el comportamiento referente a la atención del niño ante imágenes y objetos y sobre la destreza a la hora de realizar actividades donde la visión es fundamental.

– La habilidad para moverse. Una retracción de campo visual puede hacernos ver a un niño “torpe” a la hora de bajar las escaleras, pese a que al conservar la visión intacta central nos esté señalando un avión en el cielo. El paciente con baja visión en casa suele estar más cómodo, pues tiene aprendida las distancias y la localización del mobiliario y objetos. En lugares desconocidos se mostrará más inseguro.

– Es muy importante poder conocer cómo actúa el niño en ambientes con distinta luz. La fotofobia suele ser referida por los padres, pero el miedo a la oscuridad no, y no conocer esto puede llevarnos a solicitar pruebas innecesarias y no realizar las pertinentes. Por ejemplo, realizar una resonancia magnética con sedación, en un niño con baja visión con una distrofia de conos no manifiesta en la exploración de fondo de ojo, por ser aún un estadio precoz, en lugar de realizar pruebas neurofisiológicas y genéticas que nos darían el diagnóstico.

Enfermedades y cirugías previas: lo obvio y lo que aparentemente no tiene relación:

– La trisomía 21 se asocia a múltiples patologías oftalmológicas (miopía, estrabismo, cataratas), pero el paciente viene diagnosticado desde el día que nace (la mayoría ya con la genética realizada prenatalmente), por lo que solo tenemos que diagnosticar las manifestaciones oculares.

– Manchas café con leche y neurofibromatosis tipo 1, donde varios de los criterios diagnósticos son oftalmológicos (nódulos de Lisch, neurofibromas palpebrales y orbitarios, glioma en vía visual, hipoplasia esfenoidal).

– Hay que profundizar en casos de casualidad y buscar causalidad: ¿Polidactilia + miedo a la oscuridad? Busquemos desde el principio afectación renal y problemas neuroendocrinos, pues podríamos estar ante un síndrome de Bardet-Bieldt. No existe tratamiento para la distrofia de conos y bastones, que en casos progresivos puede resultar en una ceguera, pero si desde niño se le deriva a un centro especializado en baja visión podremos ayudarlo a obtener una mejor calidad de vida.

– Patologías donde el ojo será el único afectado: nistagmo + fotofobia → albinismo ocular.

Exploración oftalmológica (Fig. 1)

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Figura 1. A. Exploración. Toma de agudeza visual. B. Test de Snellen y Test de Ishihara. C. Hirchsberg. D. Leucocoria.

Agudeza visual: dependiendo de la edad se usarán distintos test (mirada preferencial, Snellen, Piggassou, letras. También se valorará visión lejana y cercana.

En una consulta de primaria, en niños muy pequeños, solo podemos saber si fija y sigue el objeto que le estamos presentando. La intolerancia ante la oclusión de un ojo nos puede indicar baja visión del ojo que está libre.

Test de Brückner: con oftalmoscopio directo, valorar el reflejo rojo retiniano. Muy importante si existe leucocoria (reflejo blanco) y remitirlo de manera urgente a un oftalmólogo para descartar la presencia de retinoblastoma, tumor maligno ocular más frecuente en niños.

Motilidad intrínseca: tamaño de pupila en la luz y oscuridad.

– Asimetría: pupila miótica (Horner, sinequias). Pupila midriática (Adie, disgenesias del segmento anterior como la aniridia, DPAR).

– DPAR (defecto pupilar aferente relativo): pupilas midriátricas que no reaccionan a la luz, nos dan información sobre daños en vía visual y sospecha de muy baja visión o ceguera.

El test de Hirchsberg: consiste en valorar el reflejo de la luz de una linterna en las pupilas, con el niño mirando de frente. Si no se presenta en el centro de ambas, existe una desviación (estrabismo). Un motivo frecuente de consulta es el epicanto, confundido con un estrabismo convergente, por ello familiarizarse con la realización sistemática del test de Hirchsberg es importante.

Motilidad extrínseca: movimientos oculares. Hacer posteriormente seguir la luz, una imagen o incluso ya un sonido para descartar limitaciones de movimientos oculares en todas las posiciones de la mirada con ambos ojos (versiones) y por separado (ducciones).

Nistagmo: la presencia de nistagmo desde muy temprana edad es signo de baja visión.

Reflejos: sacádicos, de seguimiento lento, vestibular, optocinético. Informan sobre el estado de la vía visual posterior y daño cerebral.

Transparencia de medios: opacidades corneales no nos permiten ver con claridad iris y pupila. En opacidades en cristalino (catarata) veremos reflejo rojo pobre o inexistente.

Anomalías faciales y palpebrales: ptosis, epicanto, telecanto, epiblefaron, alteraciones en pestañas, puntos lagrimales, lesiones o manchas en la piel, disposición ósea orbitaria. Palpar y descartar la presencia de masas.

Campimetría por confrontación: en niños colaboradores, de forma monocular y con la fijación al frente, presentamos imágenes en distintos puntos del campo visual. Ante una reducción concéntrica, el niño no verá las imágenes cuando no las presentamos en el centro.

Test de Ishihara: hoy en día, hay aplicaciones para dispositivos electrónicos que lo disponen de manera gratuita. Es lo que comúnmente se conoce como “test de colores” (aunque no el único), muestra unas láminas con números donde dependiendo de la afectación se verán o no. En niños que no conocen los números, pero colaboradores, se lo proponemos como un juego donde con un dedo le pedimos que siga el “camino” que marca el mismo. Útil en el diagnóstico de discromatopsias. Lo más frecuente es el daltonismo (y que se presente en varones en varias generaciones de una familia), pero un resultado anómalo puede indicar daño macular o en el nervio óptico.

Enfermedades oculares de base genética

Catarata

Primera causa de ceguera reversible en el mundo, pero su aparición en niños puede traer daños visuales irreparables y resultar en una baja visión si no se actúa precozmente.

En adultos se ha reconocido como un fenómeno multifactorial que implica relaciones entre genética y factores ambientales.

En niños es más deducible que exista un origen genético o en el desarrollo embrionario. Las cataratas congénitas e infantiles pueden aparecer de forma aislada o asociadas a otros trastornos sistémicos. Se han encontrado más de 100 genes relacionados con cataratas sindrómicas, pero también se están viendo mutaciones genéticas donde la catarata es la única manifestación clínica.

Se estima que aparece como un trastorno mendeliano en 1/10.000 nacimientos y pueden desarrollarse en cualquier momento de la vida, aunque la mayoría son congénitas, pero con distinto fenotipo. La forma más común de herencia es la autosómica dominante (casi un 50 %), seguido del autosómico recesivo (18 %). Aproximadamente, un 30 % son esporádicas sin antecedentes familiares claros(5).

En cuanto al fenotipo, la mayoría son nucleares seguidas de polares posteriores (Fig. 2).

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Figura 2. A. Catarata congénita. B. Cirugía de catarata congénita.

Cat-Map, se trata de un mapa de cromosomas online y una base de datos de libre acceso centrada en los genes y la descripción clínica de las cataratas registradas en ella, así como asociaciones sindrómicas(6).

Glaucoma congénito primario

Epífora, fotofobia y blefarospasmo.

Tipo de glaucoma infantil que se desarrolla antes o después del nacimiento, dependiendo del grado de afectación del ángulo iridocorneal. La afectación de las estructuras oculares del drenaje del humor acuoso que se encuentran en dicha zona ocasionará un aumento de la presión ocular. Esto provocará que en niños se desarrolle buftalmos (diámetro corneal aumentado por la distensión gracias a la plasticidad corneal prenatal y en los primeros 2 años de vida) y una miopía (crecimiento axial por elasticidad escleral del mismo modo). Los pacientes más graves pueden nacer con la córnea de color azulado, debido a que ese aumento de presión sobrepasa la capacidad del endotelio corneal y desgarra estructuras importantes en la transparencia de la misma.

La presión mantenida daña el nervio óptico irreversiblemente provocando importante discapacidad visual si esa situación es avanzada y si no se revierte pronto.

En formas menos evidentes, sin buftalmos claros y transparencia de medios, la tríada clínica de: epífora, fotofobia y blefarospasmo, debe poner en alerta y ser reconocida por el pediatra.

En cuanto al patrón de herencia es complejo, la mayoría aparece de manera esporádica, pero podemos encontrar asociación familiar hasta en un 40 % de los casos, donde se propone un patrón autosómico recesivo, donde se ha descrito especialmente relación con alteraciones en el gen CYP1B(7).

Enfermedades hereditarias de la retina

Grupo amplio de enfermedades, generalmente progresivas y con consecuencias devastadoras en la visión, acabando en ceguera legal en la mayoría.

Presentan baja prevalencia y se consideran y cumplen criterios de enfermedades raras. Pese a ello, es importante reconocerlas y estudiarlas, no solo por poder realizar el consejo genético, sino porque en la actualidad hay ensayos clínicos con tratamientos prometedores en el ámbito de la terapia génica. A continuación expondremos algunas de ellas.

Retinosis pigmentaria (RP)

Distrofia retiniana hereditaria más prevalente (1:4.000 personas) y con mayor número de genes y loci asociados (>90), los primeros descritos en la década de los 80(8). Forma parte hasta en un 20 % de los casos de una enfermedad sindrómica y estos casos suelen ser diagnosticados durante la infancia y adolescencia (Tabla I).

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El daño se origina en los bastones, pero progresivamente acaba afectando a los conos y al resto de células retinianas. Hay mucha variabilidad en cuanto a la edad de manifestación de los primeros síntomas y la velocidad de progresión y afectación de la visión.

La enfermedad inicialmente cursa con nictalopía (baja visión en oscuridad) y posterior reducción concéntrica del campo visual, bilateral y simétrica, llegando en muchos casos a la ceguera. En la exploración del fondo de ojo, lo más típico es la tríada clásica: palidez del nervio óptico + atenuación vascular + espículas periféricas (Fig. 3). Asocia cataratas y, en estadios finales, edema macular que precipitará la pérdida de visión central.

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Figura 3. A. Retinosis pigmentaria. Retracción concéntrica de campo visual bilateral. B. Composición de fondo de ojo derecho e izquierdo. C. Imágenes de tomografía de coherencia óptica que muestran preservación de capas externas en retina central.

Distrofia progresiva de conos y distrofia de conos y bastones (CORD)

Menos prevalencia (1:20.000/100.000) que la RP, estas suelen aparecer desde edades tempranas con una gran fotofobia, afectación en la visión de colores y pérdida de visión central por afectación inicial de los conos. El diagnóstico puede suponer un reto, pues en muchos casos podríamos creer que estamos ante un paciente pediátrico simulador, ya que los cambios en el fondo de ojo (maculopatía en ojo de buey) (Fig. 4) no suelen estar presentes al principio. La electrofisiología puede afectarse desde estadios precoces, por lo que será muy útil en la orientación del paciente con esta clínica.

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Figura 4. A. Distrofia hereditaria de retina. Distrofia de conos. B. Enfermedad de Stardgardt fundus flavimaculatus.

Amaurosis congénita de Leber (ACL)

Se trata de un conjunto de distrofias muy severas, donde se afectan conos y bastones de forma muy precoz, de herencia recesiva, con más de 20 genes descritos en relación(9). A pesar de su baja prevalencia (1:33.000/80.000), es de vital importancia conocerla, pues los pacientes con una mutación concreta en el gen RPE65 pueden recibir tratamiento con la primera terapia génica aprobada con Voretigene neparvovec (Luxturna®) en 2018. Para ello, al menos, tienen que presentar células retinianas viables, por lo que debe detectarse en la infancia(10).

El inicio es muy precoz, niños pequeños que presentan una agudeza visual menor de <1/20, nistagmo e hipermetropía alta. Un signo a conocer por el pediatra y el oftalmólogo es el signo óculo-digital, donde el niño se aprieta y frota los ojos; pero lo descrito no es patognomónico ni una tríada clásica, sino que es común en enfermedades de inicio precoz con muy baja visión, por lo que habrá que descartar otras patologías y realizar un estudio electrofisiológico previamente. Hemos de decir que la experiencia nos ha demostrado que, en muchos casos, por la colaboración y la baja visión del niño no es posible realizarlos, por lo que en estos casos concretos, si no obtenemos otro diagnóstico mediante la exploración, es cuando creemos que no hay que esperar para realizar un estudio genético. Aunque encontrar el gen concreto sea dentro de una enfermedad rara, algo todavía más raro.

Enfermedad de Stardgardt

Se trata de una distrofia macular y la segunda distrofia hereditaria de retina (DHR) más frecuente (1:8.000/10.000).

A diferencia de las anteriores, las distrofias maculares afectan al área central de la retina, la mácula. Tendremos, por tanto, una pérdida de campo central/paracentral, lo que lleva a grandes limitaciones en la agudeza visual y, sobre todo, en la lectura y de cerca, aunque existe una amplia variabilidad en cuanto al comienzo de la enfermedad y severidad. El gen afectado con mayor frecuencia es el ABCA4 y su herencia es autosómica recesiva. Este gen puede verse afectado en casos de RP y CORD. Su alteración produce un aumento de lipofucsina en la retina externa con degeneración de los fotorreceptores (Fig. 4). Se inicia en muchos casos en la pubertad-adolescencia y puede confundirse con la distrofia de conos por su afectación central, ausencia de signos en el fondo de ojo precoces, aunque a diferencia de la anterior, las visiones suelen ser mejores, las pruebas neurofisiológicas tardan más en alterarse y la fotofobia no es tan intensa.

Las gafas con filtros de absorción selectiva son muy útiles y hay ensayos sobre medicamentos; evitar el acúmulo de la lipofuscina e incluso sobre trasplante retiniano.

En estos pacientes se desaconseja tomar vitamina A, pues se considera uno de los responsables etiopatogénicos.

Ceguera nocturna estacionaria congénita

Es debida a un fallo en la fototransducción (transmisión de información entre fotorreceptores y células bipolares). Cursa con nictalopía en la infancia y visiones relativamente buenas, miopía y fondo de ojo normal estables en el tiempo, lo que puede llevar a infradiagnosticarla. El electrorretinograma será lo que nos dé el diagnóstico y el puente hacia realizar un estudio genético(11).

Daltonismo y disfunciones de conos no progresivas

El daltonismo es una condición en la cual el paciente no puede distinguir ciertos colores. Es hereditario con herencia ligada a X, por lo que se da más frecuentemente en varones; de hecho, según algunas series, hasta un 8 % de los hombres pueden padecer algún tipo de alteración en la percepción de los colores.

Una discromatopsia adquirida nos debe llevar a sospechar enfermedades del nervio óptico o retina, por lo que si nunca se sospechó de daltonismo congénito habrá que descartar estas.

Característicamente, hay una reducción de los conos en la retina. La forma más severa es la acromatopsia congénita completa, enfermedad AR con múltiples genes descritos asociados. La visión se presenta muy baja desde el nacimiento con fotofobia importante, nistagmo, escotoma central y ceguera completa de colores. Los monocromatismos de conos hacen referencia a la falta de 2 de los 3 tipos de conos. Esto produce incapacidad en la distinción de los colores(12).

Aunque actualmente existen ayudas ópticas, por lo general en el daltonismo (salvo en la acromatopsia) no se ven limitaciones en la vida del paciente, por lo que debemos tranquilizar a los padres en la consulta, no alentarlos a forzar al niño a juegos donde la discriminación de colores sea importante y, sobre todo, normalizar esta situación tanto en casa como en el colegio.

Enfermedades hereditarias del nervio óptico (Fig. 5)

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Figura 5. A. Edema de papila asimétrico en la neuropatía óptica hereditaria de Leber (NOHL). B. Atrofia óptica.

Enfermedades donde existe una afectación bilateral del nervio óptico.

Los síntomas de las neuropatías incluyen: pérdida de agudeza visual y alteración en la percepción de colores y sensibilidad al contraste. Los defectos en el campo visual son centrales y, al igual que en otras enfermedades con grave afectación visual precoz, podremos encontrar nistagmo.

Neuropatía óptica hereditaria de Leber (NOHL o LHON)

Su prevalencia es baja 1:45.000. El 90 % se manifiesta entre la segunda y tercera década de vida. En cuanto a su etiología, se trata de la enfermedad más común causada por mutaciones del ADN mitocondrial, por tanto, de herencia materna. Es de fácil estudio genético, pues el 90-95 % está causada por 3 mutaciones (mutaciones primarias). Se cree que no es suficiente presentar la alteración para el desarrollo de la enfermedad, sino que los factores ambientales como el tabaco, alcohol o déficit vitamínicos, influyen considerablemente en ello.

Suele comenzar con una fase presintomática que puede pasar desapercibida, donde solo se afecta la percepción de colores y sensibilidad al contraste. Posteriormente, se produce una disminución de agudeza visual bilateral, pero que puede ser de inicio diferido de hasta 6-8 semanas en el ojo contralateral. Se trata de una disminución importante con agudez visual de 0,1 o menos, indolora (a diferencia de las neuritis) y sin DPAR (defecto pupilar aferente relativo). En la exploración de fondo de ojo se puede ver hiperemia y tortuosidad vascular, pero puede ser imperceptible y normal en hasta el 20 % de los pacientes.

Finalmente, la fase crónica se define por la atrofia en la capa de fibras del nervio óptico unos 6 meses tras el inicio. Algunos pacientes pueden recuperar espontáneamente la visión incluso años después.

Desde el año 2015 existe un fármaco aprobado, Idebenona (Raxone®). Su uso está reservado para pacientes que lleven menos de 12 meses desde el inicio de los síntomas. Por tanto, la sospecha clínica nos debe hacer actuar rápido(13).

Atrofia óptica dominante (AOD o enfermedad de Kjer)

De herencia autosómica dominante, se estima una prevalencia de 1:50.000, pero con penetrancia y expresividad variables. Se debe a una mutación en el cromosoma 3, gen OPA1 en la mayoría de los casos.

Comienza antes de la primera década de vida, con pérdida de agudeza visual progresiva y bilateral variable, pero que en un 40 % llegarán a cumplir criterios de ceguera legal. Presentan defectos de visión de colores. A diferencia de la LHON, no se ve mejoría espontánea y, al igual que esta, se debe insistir en la abstención de tóxicos (alcohol, tabaco y déficits nutricionales).

Miopía

La miopía degenerativa supone una de las principales causas de discapacidad visual irreversible.

Merece un capítulo aparte, ya que es la patología ocular más prevalente en el mundo occidental, lo que supone un problema de salud pública con un gran impacto socioeconómico.

En 2016, Holden et al. publicaron un metaanálisis donde incluyeron 145 estudios publicados desde 1995 y más de 2 millones de pacientes. El objetivo fue describir la prevalencia de la enfermedad y lo más interesante, realizar una estimación futura de la misma. Según la tendencia, de 163 millones de miopes en el año 2000 (2,7 % de la población global), pasaríamos a 517 millones (6,1 %) en el 2030 y 938 millones de miopes (casi un 10 % de la población mundial) en el 2050(14). Si ya estos datos nos podrían parecer alarmantes, si se analiza y revisa la literatura actual y separamos por grupos de edad y poblaciones, aún es más llamativo. En ciertos núcleos urbanos de Asia del este, ya la prevalencia ha alcanzado entre el 80-90 % de los jóvenes de entre 17-18 años(15). En Europa ha habido también un crecimiento exponencial con un 46 % de los jóvenes de 25 años afectados de miopía.

Podemos hablar de que hay una verdadera epidemia miópica. En cuanto a la enfermedad, partimos de una base genética compleja y en la que los factores ambientales juegan un papel importante; de hecho, muchas de las estrategias actuales en cuanto al control de la progresión de la miopía en el niño trata de controlar esos factores.

Los estudios coinciden en que las actividades al aire libre prolongadas reducen la aparición y progresión de la miopía. Así como, vivir en núcleos urbanos y el alto nivel educativo se pueden considerar de riesgo, mientras que el trabajo de cerca o el uso de pantallas no han demostrado ser un factor de riesgo independiente.

En cuanto al tratamiento, disponemos de dos opciones: tratamiento óptico, bien con lentes de desenfoque periférico o la ortoqueratología y el tratamiento médico con atropina ultradiluida, cuyo mecanismo exacto de actuación no se conoce, pero ha demostrado ser el tratamiento más eficaz para el control de la progresión de miopía(16). Aún, en España, no existe comercializado y debe recetarse como fórmula magistral, siendo financiado por la mayoría de sistemas sanitarios en nuestro país. Actualmente, pautamos 1 gota de atropina al 0,01 % por la noche en cada ojo en niños miopes con progresión de miopía de entre 6-12 años durante dos años. Se trata de un tratamiento muy bien tolerado y seguro. En cuanto a miopías magnas (mayores a 6 dioptrías), no hay estudios aún que evalúen su eficacia.

Función del pediatra en Atención Primaria

• Realizar una anamnesis detallada sobre los antecedentes personales y familiares del niño.

• Exploración completa del niño con sospecha de déficit visual.

• Orientar la exploración desde la consulta de primaria en búsqueda de patologías de base genética. Conocer los signos y síntomas de las enfermedades del segmento anterior (cataratas, glaucoma), posterior (retina y nervio óptico) y defectos refractivos (miopía).

• Conocer los criterios de derivación al especialista en Oftalmología infantil y reconocer el carácter preferente de patologías genéticas que podrían beneficiarse de tratamiento, así como de un estudio genético.

Conflicto de intereses

No hay conflicto de interés en la elaboración del manuscrito. Declaración de intereses: ninguno.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio de las autoras.

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Predicción de la prevalencia de la miopía mundial. Publicado en 2016, presenta análisis por subgrupos para detenerse a leerlo.

Caso clínico

Niña de 10 años que acude con su madre, porque la paciente refiere que no ve la pizarra en clase y le cuesta leer desde hace un año. De inicio pensaron que pudiera padecer dislexia. En la consulta del pediatra, hace 6 meses, la agudeza visual (AV) era de 0,6 en el ojo derecho (OD) y 0,7 en el ojo izquierdo (OI).

Además, la paciente refiere que le molesta la luz. Acudieron a una óptica y trae unas gafas de hipermetropía de +0,50 D (dioptrías) que no usa, porque refiere que no mejora con ellas, además nota que cada vez ve peor.

En la exploración oftalmológica, la agudeza visual es de 0,5 en el OD y 0,5 en OI que mejora a 0,6 en ambos ojos con corrección subjetiva de +0,50 D. Bajo cicloplejia la corrección es de +1 D, el resto de la exploración es normal, salvo mala colaboración en la realización del fondo de ojo. El segmento anterior y fondo de ojo son normales.

Se pauta gafa de +1 D en ambos ojos. A los 6 meses con su gafa de +1 D la AV sigue siendo de 0,5 el segmento anterior y el fondo de ojos normales. Se realiza tomografía de coherencia óptica sin hallazgos.

 

Algoritmo

 

 

Ophthalmological emergencies

J. Peralta Calvo
Topics on
Continuous Training


J. Peralta Calvo

Consultant ophthalmologist. Ophthalmology Service, La Paz Children’s Hospital. Madrid. Associate Professor of Ophthalmology. Universidad Autónoma de Madrid

Abstract

The most relevant ophthalmological emergencies for pediatricians in training and for those who practice in Primary Care are presented. The first section is dedicated to ocular and orbital trauma, with special attention to abusive head trauma (AHT) or “shaken baby syndrome”, management of ocular caustications and warning signs of orbital fractures. The second section includes inflammatory pathology, with emphasis on neonatal conjunctivitis (ophthalmia neonatorum) and the diagnosis and treatment of orbital cellulitis, including post-trauma etiology. Finally, the pediatrician must recognize the most relevant ocular oncological pathology, retinoblastoma, and make the differential diagnosis of leukocoria, the most important sign in pediatric ophthalmology. Rhabdomyosarcoma, the most prevalent malignant orbital tumor and its differential diagnosis with orbital cellulitis, is also presented.

 

Resumen

Presentamos las urgencias oftalmológicas de mayor relevancia para el pediatra en formación y el que realiza Atención Primaria. La primera sección se dedica a la traumatología ocular y orbitaria, con especial atención al trauma craneal abusivo (TCA) o “síndrome del niño zarandeado”, el manejo de las causticaciones oculares y los signos de alarma de las fracturas orbitarias. La segunda sección está comprendida por la patología inflamatoria, con hincapié en la conjuntivitis neonatal (oftalmia neonatorum) y el diagnóstico y tratamiento de las celulitis orbitarias, incluyendo las postraumáticas. Por último, el pediatra debe conocer la patología oncológica ocular más relevante, el retinoblastoma, y realizar el diagnóstico diferencial de la leucocoria, el signo más importante en Oftalmología pediátrica. Se expone también el rabdomiosarcoma, tumor orbitario maligno más prevalente y su diagnóstico diferencial con la celulitis orbitaria.

 

Key words: Trauma; Caustication; Shaken; Retinoblastoma; Rhabdomyosarcoma.

Palabras clave: Traumatismo; Causticación; Zarandeo; Retinoblastoma; Rabdomiosarcoma.

 

 

Pediatr Integral 2023; XXVII (1): 41 – 47

 


OBJECTIVES

• To be able to identify closed globe trauma: lacerations and hyphema (intraocular bleeding), and suspect abusive head trauma (AHT) if certain indicators are present.

• To properly manage ocular caustications.

• To diagnose open globe trauma and to urgently manage it.

• To identify severe orbital fractures, orbital cellulitis and their differential diagnosis.

• To make the pediatrician aware of the importance of leukocoria, its clinical urgency and the rudiments of differential diagnosis.

• To recognize the existence of rhabdomyosarcoma as the most frequent malignant orbital tumor, and its differential diagnosis with cellulitis.

 


 

Ophthalmological emergencies

Introduction

Emergencies in pediatric ophthalmology cover different etiologies, which can affect different ocular structures.

I have divided the topics according to the main etiologies, and I have subdivided them according to the altered structure and the most prevalent symptoms in the practice. The objective is that all pediatricians recognize what the different urgent ophthalmological syndromes are and their basic management.

Ocular trauma

Pediatric eye injuries account for up to 35 % of all injuries reported in the US(1) and may require hospital admission in 8.85-15.2/100,000 children per year(2).

Most injuries take place at home, particularly in younger children, so they could be largely preventable. A male prevalence has been documented throughout the literature, which intensifies with age, in the same way that sport causes predominate with age. On the other hand, the pediatric patient is susceptible to a particular type of “non-accidental” trauma, the “shaken baby syndrome” (SBS), more frequent in children under three years of age.

It is important to divide ocular globe trauma into two main types, depending on whether or not the outer covering of the eye, made up of the cornea and sclera, has been fully preserved in its entire thickness: closed and open.

Closed globe trauma

Eye contusions

They mainly manifest by bleeding in the anterior chamber, called hyphema(3).

The deformation of the eyeball by a contusion on its anterior pole (for example, if hit by a ball), causes tears in the iris vasculature, with a consequent hemorrhage, which tends to deposit in the lower area of the anterior chamber (space between cornea and iris). It can be observed up close with the help of a flashlight, as a reddish level in the lower part of the iris (Fig. 1). Hyphema can coincide with other eye injuries, especially eye opening, which must be ruled out in the emergency room.

Figura1

Figure 1. Hyphema is visualized as a reddish level in the lower part of the anterior chamber (partially hiding the iris).

Hyphema can complicate, typically producing blood staining of the cornea, which is irreversible. Blood impregnation of the cornea is more frequent in large hyphema and/or with associated ocular hypertension. Both situations are more frequent if there is rebleeding, a phenomenon that tends to occur between the 3rd and 5th day. Traditionally, pediatric patients with hyphema have been admitted in order to restrict their mobility and closely monitor possible rebleeding, although this practice is currently out of use. Topical mydriatic, anti-inflammatory, and ocular hypotensive medication (if necessary) are prescribed, along with bed rest with the head raised by two pillows and movement restriction. In certain severe cases, the patient is admitted and fibrinolysis inhibitors are added to delay clot retraction and prevent rebleeding.

On the other hand, one must remember that spontaneous hyphema can occur in retinoblastoma. All spontaneous hyphema is suspicious of retinoblastoma until proven otherwise. Also, hyphema is the typical ocular presentation of juvenile xanthogranuloma.

Pediatrician’s attitude: both traumatic and spontaneous hyphema must be referred to the ophthalmologist on call.

Trauma erosions-ulcers on the cornea and conjunctiva

They are visualized with fluorescein staining (there is a commercial brand that mixes a topical anesthetic with fluorescein) and a cobalt filter in the flashlight, which produces a greenish fluorescence in the eroded area.

They may accompany the contusion and present with hyphema.

Pediatrician’s attitude: treatment of a trauma ulcer can be started if its diagnosis is certain and if the ulceration is not superinfected. Treatment consists of prevention of infection with antibiotic eye drops every 8 hours and cycloplegia if there is a lot of pain (e.g., cyclopentolate eye drops every 8 hours). In most cases, the eye is occluded in order to avoid manipulation and restrict blinking over the ulcer.

Non-accidental trauma

Traditionally called “shaken baby syndrome” (SBS), today the term “abusive head trauma” (AHT) is recommended, which is less restrictive(4), since shaking is not always present as the mechanism of the injuries.

The typical triad consists of: subdural hematoma, encephalopathy, and retinal hemorrhages. It is an entity that affects children under 3 years of age, with an incidence of up to 30 cases per 100,000 children in the US per year(5). It can cover shaking, impacts and other forms of abuse. It is linked to incoercible crying crises. There is no proven pathophysiological explanation of how shaking causes retinal hemorrhages, although it may be due to sudden retinal venous hyperpressure due to increased intracranial or thoracic venous pressure, and/or movement of the vitreous humor within the eyeball.

Every pediatrician should consider the possibility of non-accidental trauma, especially when the history reported by parents or caregivers is not consistent with the child’s condition.

It is not always easy to arrive at this suspected diagnosis(6), but there are certain “red flags”, such as: irritability, lethargy, obnubilation, respiratory distress, vomiting, malnutrition or multiple fractures (especially diaphyseal and/or in different stages of healing). Radiology is very useful in detecting fractures and intracranial bleeding. Retinal hemorrhages are present in 80 % of cases, and must always be ruled out. The ophthalmologist will confirm the presence of retinal hemorrhages and if these are suggestive of abuse: very numerous, bilateral, in different layers of the retina or preferably pre-retinal (in “dome”) and predominantly central (macular) hemorrhages (Fig. 2). The severity of hemorrhages correlates with the severity of brain damage. Poor visual acuity at diagnosis also indicates brain damage, with a poor vital prognosis. Visual limitations in survivors (approximately 70 %) are mainly of cerebral origin(7), due to a hypoxic-ischemic mechanism.

Figure

Figure 2. Several retinal hemorrhages are seen in a case of abusive head trauma, the largest in the macular area (in “dome”).

Chemical burns (caustications)

They are produced by the contact of certain chemical products on the ocular surface, normally with associated eyelid involvement.

Alkalis (e.g.: lime, caustic soda, bleach-sodium hypochlorite and ammonia) are more frequent and destructive, since they have greater ocular penetration. Chemical burns destroy the glands on the ocular surface, preventing the generation of tears, essential for corneal function. In addition, they damage a fundamental structure, the sclerocorneal limbus, where the stem cells that regenerate the corneal epithelium reside. If the limbus is damaged, corneal transparency will be lost. Chemical burns are still a significant problem, affecting more children in developing countries(8).

Pediatrician’s attitude: if you are faced with ocular caustication, you should irrigate the ocular surface copiously with physiological saline, to drag and dissolve the poison as soon as possible. You must evert the upper eyelids to clean the solid remains of the substance that have become adhered. You can check the pH of the ocular surface using urine test strips. Subsequently, the patient should be referred to the ophthalmologist on call, as soon as possible.

Open eye globe trauma

Together with burns, they are the most serious, since they involve intraocular structures, in addition to the associated risk of infection (endophthalmitis).

Nowadays, there are visual prognostic systems(9) that calculate the probability of suffering legal blindness according to visual acuity at diagnosis, the type of trauma, whether there is endophthalmitis, retinal detachment or an afferent pupillary defect (no reaction of both pupils to light over the affected eye).

Open ocular trauma usually produces visible changes in the appearance of the globe: it can be deformed by leaking intraocular fluid (aqueous or vitreous humor), with subconjunctival hemorrhages (Fig. 3), pupillary deformation or prolapse of intraocular content (iris or ciliary body more frequently). Sometimes, the child reports that his eye “cries”, tears that are due to the leakage of aqueous humor from the wound.

Figure

Figure 3. Open globe trauma (ocular “bursting”). Subconjunctival hemorrhages with deformation of the eyeball.

Pediatrician’s attitude: upon suspicion of an open ocular trauma, the pediatrician will try to have as little manipulation as possible on the globe, to avoid the loss of intraocular contents. A protective plastic shield is recommended. He will leave the child fasting and request a preoperative period, since the child will be operated on urgently.

The pediatrician can confirm an ocular perforation in cooperative children using the Seidel test: if fluorescein eye drops are placed on the ocular surface and illuminated with blue light, the fluorescein will be washed from the ocular surface by the discharge of aqueous humor from the wound. It is a non-invasive test.

Orbital trauma

Orbital fractures

Orbital fractures are caused by violent contusions that transmit great energy to the orbit, fracturing at the points of least resistance, which are the papyraceous lamina of the ethmoid and the orbital floor (“blow-out”).

In both situations, the paranasal sinus is in contact with the orbit, facilitating the passage of air into it (pneumoorbit). The air is appreciable by crepitus on palpation, and increases with forced expiration maneuvers. From a clinical point of view, fractures of the orbital floor are more important, for two reasons: first, the inferior rectus muscle can become embedded in the fracture, producing a restrictive squint, with diplopia; second, part of the orbital content can prolapse into the maxillary sinus: the globe will appear sunken (enophthalmos).

Orbital fractures have a particularity in children: they can be “green stick”, that is, “trapdoor” type. After the fracture, the bone fragments return to their place, as if nothing had happened, but they trap orbital content, especially the inferior rectus muscle(10). This causes the triggering of the oculocardiac reflex when attempting to move the eye, which is manifested by nausea, vomiting, bradycardia, and syncope. It is a vagal reflex that is released when manipulating an extraocular muscle, as occurs in strabismus surgery.

Typically, there are very few external signs of the contusion (“white eye”) and its radiological visualization is difficult, even on CT scan. It is considered an emergency. The rest of orbital fractures, even in children, are subjected to a two-week observation period. Surgery is performed if diplopia or significant enophthalmos persists.

Pediatrician’s attitude: the existence of a fracture of the orbital floor should be suspected in the event of a contusion with subsequent ocular motility problems. The patient should be referred to the ophthalmologist on call, especially urgently if the child presents vagal phenomena.

Intraorbital foreign bodies

Children may present in the emergency room with intraorbital foreign bodies, frequently in a delayed manner.

On many occasions, parents do not report a previous trauma (because it has occurred without their supervision) or have not given it any importance. They come when they already notice inflammation of the eyelids or changes in the child’s condition. The typical example of this type of this trauma involves the pencil(11): after minimal eyelid penetration, important structures may be injured and/or fragments of wood or graphite remain retained in the orbit. Pens can easily reach the cavernous sinus. Also, the possible infection and inflammatory reaction that accompanies the fragments of wood and graphite must be considered. The result is severe orbital inflammation, with the possibility of intracranial extension and severe neurological involvement. Treatment should be early and surgical, although a careful radiological study is mandatory to locate the material and identify accompanying vascular involvement.

Pediatrician’s attitude: in the event of atypical palpebral lesions, compatible with lacerations, information should be obtained on the possibility of trauma, bearing in mind the possibility of toys and pens. If, after an eyelid laceration, the child presents changes in behavior, lethargy, malaise, or vomiting, the possibility of a retained orbital foreign body should be considered, with CT being the best diagnostic option. If the child presents clear signs of orbital cellulitis, and in the context of a laceration, an initial CT scan is indicated. In any case, post-trauma cellulitis will require hospital admission for broad-spectrum intravenous antibiotic treatment.

Inflammatory pathology

The emergencies of inflammatory origin that the pediatrician should be aware of are newborn conjunctivitis and orbital cellulitis.

Ophthalmia neonatorum

It is an entity still present in our population. It refers to newborn conjunctivitis, acquired in the birth canal, and every pediatrician should know about it.

The following etiologies conform it(12):

• Gonococcal conjunctivitis: it is the most severe, since Neisseria can perforate the cornea. It starts early (before the 5th day) and presents with a purulent and bloody discharge. Diagnosis will require Gram stain and culture, however it is not necessary to await for the results: a 125-mg dose of ceftriaxone is injected intramuscularly. Topical treatment is secondary, hygiene with physiological saline is sufficient.

• Chlamydial conjunctivitis (Chlamydia trachomatis): it is the most frequent nowadays. It presents a delayed onset, beyond the first week (although early rupture of membranes can anticipate presentation). The discharge is mucopurulent, not as severe as in gonococcal infections, and causes scarring of the cornea, as well as possible extension to the respiratory system. Definitive diagnosis is currently made by PCR. Treatment will consist of oral macrolides for two weeks. They can be associated topically.

• Herpes conjunctivitis keratitis: It also presents with a late onset, in the second week. Conjunctivitis is follicular, reminiscent of adenovirus, and can present dendritic corneal lesions and skin vesicles. The virus can cause retinal and neurological involvement. The definitive diagnosis is made by PCR. Treatment is oral acyclovir for two weeks.

• Conjunctivitis in relation to dacryostenosis (congenital obstruction of the nasolacrimal duct): these conjunctivitis tend to occur later, the origin being the accumulation of debris on the ocular surface due to lack of tear drainage to the nose. Various antibiotic eye drops can be used, mostly with aminoglycosides, and hydrostatic lacrimal massage after instillation is recommended to parents.

Pediatrician’s attitude: the pediatrician is involved in the prophylaxis of this pathology, recommending the instillation of erythromycin(13) ointment in the newborn’s eyes. When faced with a newborn with discharge, the pediatrician can take samples and begin treatment guided by the clinical picture; although it is prudent to promptly refer the patient to the ophthalmologist on call.

Orbital cellulitis

Orbital cellulitis is a frequent cause of emergency room visits and is much more frequent in children(14).

The most prevalent form is preseptal, that is, the involvement of the eyelids without affecting the orbit itself. It consists of a uni or bipalpebral swelling with erythema. The child will present fever and leukocytosis. The origin usually lies in the paranasal sinuses, and more frequently the ethmoid, due to contiguity. Other less frequent causes are bites, trauma (as previously mentioned) and teeth. These cases are usually more serious, due to more aggressive germs (anaerobes, S. pyogenes). A special form of cellulitis that complicates trauma is necrotizing fasciitis, frequently caused by S. pyogenes, which is characterized by a rapid progression towards gangrene, and which requires surgical debridement(15).

On the other hand, in its progression, preseptal cellulitis can be complicated by orbital cellulitis, orbital abscess and cavernous sinus thrombosis. All these complications are severe and require hospital admission. Orbital cellulitis is distinguished from preseptal cellulitis by proptosis of the globe (it appears propelled forward in the orbit), with extraocular motility difficulties. If it continues to evolve, it may present visual loss due to compression of the optic nerve and/or ocular vasculature.

Microbiology of cellulitis has changed since the generalization of the anti-Haemophilus vaccine in the 1990s. Currently, there is a higher prevalence of Gram-positive germs (pneumococci, staphylococci and streptococci), with a gradual increase in methicillin-resistant staphylococci.

Certain large retinoblastomas, with intense tumor necrosis, can produce orbital cellulitis due to the release of TNF (Tumor Necrosis Factor), without there being an extraocular extension of the tumor. These eyes usually present other signs of retinoblastoma, such as leukocoria or previous strabismus (Fig. 4).

Figura1

Figure 4. Orbital cellulitis of tumor origin. Leukocoria (retinoblastoma) is seen.

Pediatrician’s attitude: the pediatrician in both Primary Care and the emergency room can treat preseptal cellulitis. Orbital extension must be ruled out by clinical examination. In doubtful cases or when there is suspicion of an extrasinusal origin, a CT scan should be performed. Treatment in uncomplicated forms will consist of a broad-spectrum antibiotic, such as high-dose amoxicillin-clavulanic acid, or third-generation cephalosporins.

Tumor pathology

Malignant tumor pathology is an emergency to the extent that the delay in diagnosis can condition the treatment of the child and his survival in the most severe cases. Retinoblastoma and rhabdomyosarcoma will now be discussed.

Retinoblastoma

Retinoblastoma is the most common intraocular tumor in childhood, with an estimated incidence of around 1/17,000 live births(16).

It originates in the precursors of the photoreceptors (cones) and has a widely known genetic cause: the inactivation of the two alleles of the RB1 gene, which encodes a protein involved in cell cycle arrest. Without this protein the cell begins mitosis. It is estimated that between 25 and 33 % of retinoblastomas have a germline mutation, that is, in all the cells of their body. These children therefore have a general predisposition to tumorigenesis. They have multiple (multifocal) retinoblastomas and are usually bilateral. In addition, they can develop tumors in the central nervous system, especially in the pineal gland (third tumor), and they can also develop other cancers throughout their lives, especially bone sarcomas and skin tumors.

RB1 germline mutators are usually spontaneous (“de novo”, the first case that occurs in the family), although we know of affected families (about 15 % of germline mutators). Most retinoblastomas are sporadic: a single precursor retinal cell loses both RB1 alleles (somatic mutations). Predictably, these tumors develop later than germline mutators (2 years vs. 9 months). Sporadic retinoblastomas are unilateral and single tumors.

The most common reason for consultation in retinoblastoma is leukocoria (Fig. 5), followed by strabismus.

Figure

Figure 5. Example of leukocoria. This is the same patient as in the previous figure, after starting systemic corticosteroid therapy.

Often, it presents with both signs. Leukocoria (“white pupil”, “white pupil reflex”) due to retinoblastoma originates from two main causes: on the one hand, it can be caused by a retinal detachment; on the other hand, it may be caused by the typical whitish color of the tumor, which is enhanced by the numerous calcifications that it normally presents. Strabismus occurs when there is the central area of the retina, the macula lutea, is affected, which provides maximum visual acuity.

Like all malignant tumors, retinoblastoma worsens over time, presenting more advanced grades in the classification used today, the International Classification of Retinoblastoma. This classification predicts the response to chemotherapy, the most widely used treatment nowadays, both systemic and local (intraarterial and/or intravitreal). The response to treatment is lower in the advanced grades. Hence the importance of an early diagnosis.

Leukocoria forces us to make a differential diagnosis that rules out the presence of retinoblastoma (Table I).

The most common cause of leukocoria in our setting is congenital cataract, especially bilateral. In younger children, persistence of the fetal vasculature (PFV) is the pathology that is most often confused with retinoblastoma(17). PFV, previously called persistent hyperplastic primary vitreous, is an abnormality of ocular development, closely linked to the lack of involution of the hyaloid vascular system, present in the embryo and in the fetus, and which runs through the entire vitreous cavity from the papilla of the optic nerve to the lens. Eyes with PFV are smaller and can present abnormalities in practically all structures, especially in the lens (cataracts and retrolental membranes) and in the retina (tractional detachments). In children older than 2 years, it is Coats´ disease that is most often confused with retinoblastoma. Coats’ disease is due to the existence of retinal telangiectasias (dilation of the venules) normally peripheral. These telangiectasias are incompetent, exuding plasmatic material into and under the adjacent retina(18). The exudation is yellowish in color due to the lipids it contains and gives the retina a yellowish discoloration. If the retina detaches, which occurs in the natural history of Coats’ disease, it will enter the differential diagnosis of leukocoria.

Pediatrician’s attitude: leukocoria is a highly relevant clinical sign, since it may be due to retinoblastoma. Parents may refer to the pediatrician that the child “has been looking in a strange way” for some time. This “weird look” is the most common way parents refer to leukocoria today. Some may comment that they have seen a “strange reflex in the eye”, or that the child’s eyes come out differently (from each other) in the photos. All these expressions are equivalent to the same thing: leukocoria.

The pediatrician must be aware that leukocoria is a possibility and must always rule out its presence in subsequent check-ups of the child.

When examining the eyes it is necessary to stop at the assessment of the pupil. It is better to carry out this assessment in semi-dark conditions, since the pupil is larger in this way, as the photomotor reflex decreases. With a flashlight we can check the photomotor reaction of each pupil, while we observe its color. At this time, we can already verify the whitish discoloration in the pupillary area, especially the presence of cataracts.

Immediately afterwards, we will practice the pupillary red reflex test. To do this, we take the direct ophthalmoscope and focus each eye separately from a distance between 33 and 50 cm. The beam of light projected by the ophthalmoscope is reflected on the retina, giving a reddish hue to the pupillary area. In order to better focus the pupillary plane, we must introduce lenses of +1 or +2 diopters in the ophthalmoscope system (when we turn the disk, we see that a value changes in a numeric indicator on the front: the red numbers are equivalent to diverging [negative] lenses, while blacks are converging [positive] lenses). If the reflection is whitish, we will speak of leukocoria. We must always compare the reflection of both eyes. In fact, the test can be performed simultaneously (Brückner test), for which we must move away from the child up to 66-100 cm. The reflection of the fundus of the eye (retina) negatively highlights the lens opacities, which appear black on the red background. These tests were recommended by the American Academy of Pediatrics for eye screening in children(19). Scans are greatly facilitated with pupillary dilation. Pupillary dilation is a safe procedure. Just one drop of 1 % cyclopentolate eye drops (0.5 % if under one year old) in each eye, which can be repeated after 10 minutes. The examination can be carried out half an hour after the first instillation.

At the end of a correct examination, we may diagnose leukocoria or, at least, its suspicion. Leukocoria is a reason for urgent hospital referral. If it is a retinoblastoma, chemotherapy can be started as soon as possible. In cataracts, PFV, and Coats’ disease, the functional outcome is coupled with early treatment.

Rhabdomyosarcoma

It is the most common soft tissue sarcoma in children and the most common malignant orbital tumor in childhood. Due to its aggressiveness it is frequently confused with cellulite.

It has a peak incidence around 7 years of age. It is a tumor that is not related to the extraocular muscles, despite the fact that it originates from precursors of striated muscle fibers.

The tumor is fast growing, especially in younger children. It tends to be located in the upper region(20), so it can present with palpebral ptosis (drooping of the upper eyelid). Normally, there is a proptosis (protrusion of the eyeball) with eccentric displacement of the eye, together with inflammatory signs that simulate conjunctivitis or cellulitis (Fig. 6). In many cases there is a visible lump or tumor. Pain is not usually present.

Figure

Figure 6.

For its diagnosis, MRI is essential, which shows certain characteristics in the sequences. MRI also allows differential diagnosis with cellulitis and with other tumors.

The tumor that can most frequently be confused with rhabdomyosarcoma is orbital lymphangioma, a benign tumor of venous-lymphatic lineage, characterized by intralesional bleeding crises, with accompanying proptosis. Cysts with blood levels, pathognomonic of this tumor, typically appear on MRI.

The treatment of rhabdomyosarcoma involves an excisional biopsy (which obtains as much of the tumor as possible, without injuring functionally important structures). Once the diagnosis has been obtained and staging has been carried out, aggressive intravenous chemotherapy is indicated, followed by radiotherapy according to the American protocols. The European protocol reserves radiotherapy for recurrences after chemotherapy.

Pediatrician’s attitude: the management of orbital cellulitis has already been discussed, which requires, on numerous occasions, a CT scan. This may be the path of diagnosis of an orbital tumor. Any rapidly growing tumor should be referred to the ophthalmologist on call, even if it only affects the eyelid.

Role of the primary care pediatrician

The Primary Care pediatrician must recognize the severity of an ocular trauma, and the indication for referral to the hospital emergency room. This physician can diagnose and treat corneal erosion, identify hyphema and open eye trauma. She/he can suspect a case of child abuse based on the clinical picture and refer to the ophthalmologist for confirmation. In case of causticization first aid must be applied. In the face of apparently trivial orbital trauma, muscular involvement in the orbital floor should be suspected due to vagal reactions, as well as retained orbital bodies due to inflammatory symptoms and/or systemic involvement.

In the case of ophthalmia neonatorum, there is clinical evidence to guide treatment, before receiving microbiological confirmation. In orbital cellulitis the differential diagnosis with tumors must be made: both retinoblastoma and rhabdomyosarcoma, which can cause orbital inflammation. The pediatrician is trained to initiate treatment in mild preseptal cellulitis.

Every doctor should be aware of the importance of leukocoria as a sign, and approach it as an emergency. This professional can even rule out certain causes, such as congenital cataracts, through observation without equipment.

Conflict of interest

There is no conflict of interest in the preparation of the manuscript. Declaration of interests: none.

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The asterisks reflect the interest of the article in the opinion of the author.

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It contains all ocular trauma in short chapters, including a specific one on the pediatric patient. It contains references to classification, emergency evaluation and medical-legal aspects, among others.

Clinical case

Reason for consultation: a 7-month-old infant is brought by his mother to the Health Care Center, after falling from the crib.

History: the mother reports that the child has fallen out of the crib in an oversight and that she believes that he may have hurt himself. The crib has an approximate height of 1 meter.

Personal history: the patient has no previous history of interest. The mother does not report any other significant events.

Examination: the child is sleepy, with little contact with the outside world and barely smiling. There are some bruises on his buttocks and abrasions on his arms. Palpation of the right arm is painful, and a roughness over the humerus can be seen. Weight is in the 5 % percentile, as is the height percentile.

Complementary tests: on the anteroposterior X-ray of the arm, a fracture line appears in the diaphysis of the humerus, which does not seem recent.

Blood analysis is within normal parameters. Full blood count shows mild anemia. There is no leukocytosis. Clotting times are normal. There is no thrombocytopenia.

The patient is referred to the hospital for urgent CT scan. Collections of subdural blood can be identified in various regions, predominantly occipital. The patient is admitted to the ICU.

 

Tratamiento de la miopía

De interés especial
 


R. Medina Fenollar

Médico especialista en Oftalmología

 

 

Pediatr Integral 2020; XXIV (7): 407 – 409


Tratamiento de la miopía

La miopía es un error de la refracción del globo ocular, es la enfermedad ocular más frecuente a nivel mundial, con mayor prevalencia en los países del este de Asia(1).

La miopía es una de las cinco prioridades para la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la iniciativa “Vision 2020: The Right to Sight”(1). Se estima que la mitad de la población mundial será miope en el año 2050(2).

En los ojos miopes observamos un aumento de la longitud axial del ojo (es más largo de lo que consideramos normal), esto provoca que las imágenes no se enfoquen en la retina sino por delante de ella, lo que produce visión borrosa de lejos.

El problema inicial de la miopía es que los pacientes que la padecen no ven de lejos, pero lo verdaderamente importante son las complicaciones asociadas que pueden aparecer a lo largo de la vida del miope como: baja visión en miopías altas, desprendimiento de retina, glaucoma o membrana neovascular subretineana, entre otras(3-5).

La miopía suele aparecer entre los seis y los ocho años de edad y progresa media dioptría por año hasta los 15 o 16 años, pero hay pacientes a los que les sigue aumentando durante prácticamente toda la vida.

Nos encontramos ante un aumento de la miopía a nivel global; en EE.UU. el 42% de la población es miope, un porcentaje que en 1970 era del 25%. En algunas zonas de Asia como: Taiwán, Singapur y Hong Kong, los adultos jóvenes tienen tasas de miopía del 80 al 90%(6-7).

Otro estudio observó que la prevalencia de la miopía en Colombia era menor que en Europa o Asia, y que residir en zonas urbanas y tener un nivel socioeconómico medio-alto se asociaba con mayor prevalencia de miopía(7).

En Israel se realizó un estudio transversal de prevalencia de miopía en jóvenes entre 16 y 19 años que se incorporaban al ejército y se observó que, en 24 años, se pasó de una prevalencia de miopía del 18% al 26%, y se asociaron a ello factores como tener una residencia urbana o llevar más años escolarizados. Este estudio demostró el aumento de la prevalencia de la miopía en Israel durante una generación(8).

En 2009, se llevó a cabo un estudio prospectivo durante 4 años en Taiwán de 1958 niños, para analizar la asociación entre actividades que implican visión de cerca y la incidencia de miopía. Las actividades de cerca que se estudiaron fueron tres: lectura, uso de pantallas electrónicas y clases de estudio intensivo de noche o en fin de semana. La conclusión fue que acudir a escuelas nocturnas de estudio intensivo aumentaba el riesgo de tener miopía(9).

Tenemos claro que la miopía tiene un componente hereditario, pero las causas del aumento de la prevalencia de la miopía no están claras.

En los últimos años, debido a los cambios en los hábitos de vida, los niños juegan menos en la calle y pasan más horas dentro de casa frente a diversos tipos de pantallas y dispositivos electrónicos, lo que se ha asociado al aumento de la miopía(9-12).

La conclusión es que a los niños se les debe animar a pasar más tiempo al aire libre (Fig. 1).

Figura 1. Comisión de Promoción de la Salud de Singapur. Tomada de: Singapore National Myopia Programme/Health Promotion Board.

La figura 2 muestra la incidencia de miopía entre niños australianos de seis años(12).

Figura 2. El impacto de la miopía y la miopía alta. Tomada de: Organización Mundial de la Salud – Brien Holden Vision Institute. Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia. 2015.

Tratamiento

En cuanto al tratamiento, es conocido que la miopía se trata con gafas o lentes de contacto, de manera tradicional.

El trabajo de cerca no está demostrado que aumente la miopía aunque es una creencia clásica, a pesar de ello, en China usan barras antimiopía.

En los países asiáticos los oftalmólogos llevan muchos años preocupados por el aumento de la miopía en la población, desde 1980 están investigando si el colirio de atropina (antagonista muscarínico no selectivo) puede ayudar a frenar la miopía y siguen evaluando la eficacia y la seguridad del uso de este medicamento(13-15).

El mecanismo de acción del colirio de atropina en los ojos miopes para frenar la miopía no está claro, se cree que provoca cambios bioquímicos en la retina y en la esclera, que frenan el crecimiento del globo ocular(16-17).

Los oftalmólogos hemos utilizado el colirio de atropina al 1% desde hace muchos años, es un fármaco que conocemos y sabemos manejar.

El colirio de atropina a concentraciones altas dilata la pupila durante varios días, lo que provoca visión borrosa especialmente de cerca y sensibilidad a la luz. Los niños que utilizaban este medicamento a altas concentraciones, tenían que usar lentes bifocales y gafas de sol.

El colirio de atropina al 1% está comercializado, a menor concentración hay que solicitarlo como fórmula magistral a una farmacia que tenga autorización para elaborar colirios.

Desde 2015 se ha extendido el uso del colirio de atropina al 0,01% (atropina a baja concentración) para frenar la progresión de la miopía, se aplica una gota antes de acostar en ambos ojos y se ha observado que reduce en un 59% la progresión de la miopía.

Para el uso de la atropina en el control de la miopía nos basamos en varios estudios, pero principalmente en el Atropine for the Treatment of Myopia (ATOM 2)(18-19). En los estudios ATOM se estudiaron distintas concentraciones de atropina durante varios años. Se observó que el efecto del tratamiento es mayor en el segundo año, sobre todo, con la concentración de 0,01%.

Con el colirio de atropina al 0,01% podemos observar efectos secundarios como(20-24):

• Midriasis (dilatación de la pupila) de 0,23 a 0,49 milímetros que, en algún caso, puede producir fotofobia, aunque es generalmente bien tolerada.

• Dificultad en la posibilidad para enfocar de cerca (disminución de la acomodación).

En uno de los últimos estudios: Low-Concentration Atropine for Myopia Progression (LAMP), se compararon colirios de atropina a diversas concentraciones (0,05%, 0,025%, 0,01% y placebo) aplicados en ambos ojos antes de acostar, concluyeron que el más eficaz en el control del aumento de la miopía era el colirio de atropina al 0,05%. Con todas las concentraciones se observó una disminución en la amplitud de la acomodación entre 0,32 y 1,98 dioptrías y una dilatación de la pupila entre 0,23 y 1,23 milímetros, aun así todos fueron bien tolerados. A mayor concentración de atropina mayor dilatación pupilar y peor amplitud de acomodación(25-26).

El uso del colirio de atropina no tiene efecto sobre el poder de la córnea ni del cristalino(27).

En cuanto al efecto rebote al suspender el tratamiento con atropina al 1%, se ha analizado, se sabe que a pesar de tener efecto rebote, a tres años los ojos tratados con atropina progresan menos que los tratados con placebo. El efecto rebote, al suspender el tratamiento, se observó en los estudios ATOM 1 y 2, es menor con concentraciones bajas, y la duda que podríamos tener sería cuándo suspender el tratamiento si la miopía está controlada. Se están haciendo estudios a cinco años con periodos de lavado(28-29).

Lo ideal es combinar el tratamiento del colirio de atropina con otros tratamientos como las lentes de contacto para conseguir los mejores resultados posibles.

En la actualidad, se están empleando con éxito distintos tipos de lentes de contacto para frenar la miopía:

• Por un lado, las lentes de desenfoque periférico de la luz que proporcionan una visión clara al enfocar la luz en la retina central, este tipo de lentes de contacto se usan durante el día y habitualmente son de un solo uso, lo que proporciona al paciente seguridad y estabilidad en la visión.

• Por otro lado, las lentes que se usan mientras se duerme denominadas orto-K (ortoqueratología nocturna), producen un moldeado del epitelio corneal central, mejorando de manera temporal la capacidad para enfocar, permiten ver sin gafas ni lentillas durante el día y, a la vez, reducen la progresión de la miopía. En recientes estudios, se ha comprobado que su efecto es mayor si se empieza con orto-K entre los 6-8 años de edad(20,30-31).

En enero 2020, la Biblioteca Cochrane realizó una revisión de los tratamientos para desacelerar la progresión de la miopía en niños. Este estudio incluyó 41 trabajos hasta febrero 2018 sobre: gafas, lentes de contacto, agentes farmacológicos y tratamientos combinados, un resumen de sus conclusiones fue el siguiente:

• El uso de gafas hipocorregidas aumentó la progresión de la miopía.

• Los medicamentos antimuscarínicos tópicos (atropina) son efectivos para desacelerar la progresión de la miopía en los niños.

• Las lentes multifocales, gafas o lentes de contacto podrían ser beneficiosas.

• Las lentes de contacto de ortoqueratología fueron más efectivas que las lentes multifocales para desacelerar la elongación axial.

Cuando la miopía ha dejado de aumentar se puede plantear una opción quirúrgica; en la actualidad, las cirugías que realizamos con mayor frecuencia son:

LASIK (Laser In Situ Keratomileusis): consiste en levantar una lámina de córnea que cortamos con láser femtosegundo y después aplicamos el láser excimer sobre el lecho estromal.

• Lentes fáquicas: la lente fáquica que se emplea, en este momento, a nivel mundial con excelentes resultados es la ICL; se implanta en la cámara anterior por delante del cristalino y por detrás del iris. Esta cirugía es reversible y la córnea permanece intacta. Disponemos de lentes que corrigen miopías hasta de -18 dioptrías con o sin combinación de astigmatismo.

Conclusión

Es necesario incorporar los tratamientos de control de miopía a nuestra práctica clínica.

Debemos animar a los niños miopes y a los que puedan desarrollar miopía, a pasar todos los días un rato al aire libre.

El colirio de atropina al 0,01% es el más eficaz y seguro para controlar la progresión de la miopía.

En este momento, si nos encontramos ante un niño o joven que empieza con miopía o que ya sabemos que es miope, estamos viendo que tiene una rápida progresión y antecedentes familiares de miopías altas hay que actuar utilizando colirio de atropina al 0,01% y hacerle revisiones periódicas para valorar su respuesta al ratamiento.

Lo ideal sería combinar el colirio de atropina con lentes de contacto especiales para el control de miopía.

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Fondo de ojo

M.I. Valls Ferrán, A. Clement Corral, D. Puertas Bordallo
Regreso a las bases


M.I. Valls Ferrán, A. Clement Corral, D. Puertas Bordallo

Oftalmología Pediátrica del Hospital Universitario Niño Jesús. Madrid

Resumen

La oftalmoscopia resulta de gran utilidad para el médico pediatra en la práctica diaria. Es un método de exploración objetivo, que permite la visualización del fondo de ojo mediante un instrumento óptico que capta la luz reflejada por la retina. La técnica con el oftalmoscopio directo resulta sencilla de realizar.
Es importante conocer las diferentes estructuras retinianas para poder distinguir un fondo de ojo normal de uno patológico y así poder derivar al oftalmólogo aquellas anomalías que aparezcan para su estudio detallado.

 

Abstract

The ophthalmoscopy is very useful for the paediatrician in daily practice. It is an objective exploration method that allows the visualization of the ocular fundus by means of an optical instrument that captures the light reflected by the retina. The technique with the direct ophthalmoscope is simple to perform.It is important to know the different retinal structures in order to be able to differentiate a normal ocular fundus from a pathological one, and so refer those anomalies that appear to the ophthalmologist for a more detailed study.

 

Palabras clave: Fondo de ojo; Oftalmoscopio directo; Nervio óptico

Key words: Ocular fundus; Direct ophthalmoscope; Optic nerve

 

Pediatr Integral 2018; XXII (1): 58.e1-58.e7


Fondo de ojo

Introducción

La oftalmoscopia es un método de exploración objetivo, que permite la visualización y el estudio de estructuras vasculares y nerviosas del fondo de ojo, obteniendo una información valiosa, no solo para el oftalmólogo, sino también para el pediatra, internista o neurólogo, tanto en la urgencia como en la práctica diaria, permitiendo orientar al diagnóstico de ciertas patologías a nivel ocular.

Instrumentos y métodos de exploración

Oftalmoscopio directo

Se trata de un instrumento óptico que dirige una luz directamente sobre la retina a través de un espejo que refleja un rayo proveniente de la fuente luminosa. Este espejo tiene un orificio central que permite la visualización por el observador de la retina iluminada (Fig. 1).

Figura 1. Oftalmoscópio directo.

A la hora de explorar el fondo de ojo, es sin duda el aparato más útil para el médico no oftalmólogo(1). Ofrece una imagen de la retina no invertida. El oftalmoscopio directo posee un cabezal y dos ruedas, una de ellas corregirá los posibles defectos de refracción del médico o del paciente. Al girar el disco con el dedo se varía la potencia de la lente, lo que permite enfocar diferentes planos de lesiones prominentes que puedan hallarse en el interior del ojo y, con la otra rueda, se proyectan una serie de test, como la localización de la fóvea (estrella) o se pueden interponer filtros como el verde, muy útil para la visualización de lesiones en la pared de los vasos sanguíneos y fibras nerviosas.

Estos oftalmoscopios son de fácil manejo, y con poco tiempo de práctica se adquiere la habilidad necesaria para manejarlos con provecho en una consulta. Son adecuados para la exploración del polo posterior del fondo del ojo y menos útiles para el examen de la periferia retiniana. El campo de observación es de 10 a 15 grados y el aumento que se produce es de unas 15 veces.

Técnica de examen: el paciente estará sentado y el médico de pie frente a él. Para explorar el ojo derecho, el médico mirará con su ojo derecho, y a la derecha del paciente, lo mismo cuando explore el ojo izquierdo. Antes de empezar, se coloca la rejilla a cero, el oftalmoscopio encendido se colocará a una distancia de 15 cm por delante del ojo del paciente y se dirige la luz sobre la pupila previamente dilatada, hasta conseguir ver que esta se ilumina de color rojo. Sin perder este reflejo irá acercando más el aparato hasta 2 cm, distancia a la cual el reflejo se convierte en una imagen concreta en la que se ven los detalles anatómicos del fondo de ojo. Conviene explorar el fondo de ojo de forma ordenada.

En primer lugar, se examina la papila, valorando la nitidez de sus bordes, el relieve y la coloración. Después, seguiremos por las arcadas vasculares, fijándonos en el color, la tortuosidad y el calibre de los vasos. Se deja para el final la exploración de la mácula, haciéndole mirar al paciente hacia la luz del oftalmoscopio. Un pequeño reflejo blanco puntiforme señala la fóvea central.

Oftalmoscopio indirecto

Esta técnica es poco recomendable para el médico no oftalmólogo, ya que es más difícil de realizar y, además, requiere de más práctica y una curva de aprendizaje más larga. La imagen que se obtiene está invertida, es decir, lo que se ve a la derecha está a la izquierda y lo que se ve arriba está abajo y viceversa. El aumento es de 3 a 5 veces superior, pero el campo que se obtiene es mayor, de unos 50 grados. Se obtiene también información de la periferia de la retina, no solo del polo posterior. Se usa un oftalmoscopio que se pone en la cabeza del explorador, con un sistema de iluminación propio. El paciente estará tumbado en una camilla, y se usarán lentes de 14, 20 o 28 dioptrías, consiguiendo la observación binocular estereoscópica del fondo de ojo con gran detalle.

Condiciones para la práctica de la oftalmoscopia

Condiciones ambientales

La luz ambiente debe ser tenue, se aconseja empezar con menos luz para que el paciente no se deslumbre y cierre los parpados, lo cual dificultaría aún más la exploración.

Dilatación pupilar

Los colirios midriáticos dilatan la pupila y son imprescindibles en el caso de que se quiera explorar la periferia retiniana. El más recomendable es la tropicamida, dependiendo de la coloración del iris se tardará más o menos tiempo en conseguir la dilatación deseada, los ojos claros requieren menos dosis y tiempo que los ojos oscuros. Aunque tiene pocos efectos secundarios, se recomienda comprimir el punto lagrimal para evitar el paso del colirio a la circulación por las fosas nasales.

Fondo de ojo normal (Fig. 2)

Figura 2. Fondo de ojo normal.

Es necesario que el médico se familiarice con los detalles anatómicos del fondo normal.

Color

Puede variar desde el rojo hasta el rosado amarillento. La retina es transparente, así que el color rojizo se debe a la sangre contenida en los vasos coroideos y al epitelio pigmentario de la retina. El color del fondo tiene que ver con el color del iris, del pelo y de la piel del individuo. En los niños se suelen ver unos reflejos a lo largo de los grandes vasos y de la región de la mácula, como si fuera una delgada lámina de celofán y son debidos a la reflexión de la luz del oftalmoscopio por la limitante interna de la retina.

Papila óptica o disco

Es la salida al interior del ojo de la porción distal del nervio óptico(2). Tiene una forma redondeada, con el eje vertical mayor que el horizontal. Su diámetro es de 1,5 mm. Sus límites suelen ser netos, siendo más imprecisos en los niños que en los adultos. De color blanco rosado, con una zona central blanquecina, más o menos redondeada que corresponde con la excavación fisiológica que dejan las fibras al atravesar el canal escleral. Su tamaño, profundidad y localización sirven de parámetro para controlar la evolución de algunas patologías, como el glaucoma.

Vasos de la papila

Un poco hacia el lado nasal de la papila se ven emerger la arteria y venas centrales de la retina. Pueden identificarse por su color y calibre, siendo la vena de color rojo vinoso más oscuro y con una relación de calibre arteria-vena 2/3.

La arteria central se bifurca en dos ramas, la superior y la inferior. Ambas, después de un trayecto más o menos largo hacia arriba y abajo, se dividen a su vez en dos: una que se dirige hacia el lado temporal y otra que se dirige hacia el lado nasal. Los vasos retinianos se encargan de nutrir a los 2/3 internos de la retina, mientras que el tercio externo depende de la coriocapilar que son vasos de la coroides.

Mácula

Se localiza en el centro geométrico del ojo, temporalmente a la papila. Su tamaño es de 1,5 mm, de color más oscuro que el resto de la retina. En su parte central existe una zona avascular, llamada fóvea, que es la zona de máxima agudeza visual. En el centro de esta, se aprecia un reflejo puntiforme que se llama reflejo foveolar.

En la mácula y en la fóvea están agrupados los conos, que son los fotoreceptores encargados de la visión central y de la visión de los colores.

Coroides

Estructura vascular, situada por debajo del epitelio pigmentario de la retina.

En fondos de ojo poco pigmentados se puede visualizar la trama vascular coroidea.

Fondo de ojo patológico

Anomalías congénitas del nervio óptico(3)

Coloboma de papila: se produce por un defecto en el cierre de la hendidura fetal (Fig. 3).

Figura 3. Coloboma de papila.

Puede presentarse aislada o asociada a otras malformaciones oculares. Una variedad es el síndrome de Morning Glory, que consiste en un nervio óptico grande y excavado, con tejido fibroglial en su centro, del que emergen los vasos retinianos en forma radial característica (Fig. 4).

Figura 4. Morning glory.

La retina peripapilar muestra alteraciones pigmentarias oscuras y azuladas. Suele ser unilateral. Puede provocar desprendimientos de retina no regmatógenos y, más raramente, hemorragias subretinianas.

Foseta papilar: consiste en una pequeña excavación oval, de color gris, rodeada de tejido papilar situada en el sector temporal de la papila. Se produce por invaginación de tejidos embrionarios retinianos en la cabeza del nervio óptico. Suelen ser asintomáticas en el niño, pero tardíamente, hacia la tercera década de la vida, pueden favorecer la aparición de edema macular y desprendimiento seroso de la misma.

Drusas papilares: acumulaciones anormales de sales de calcio y proteínas en el nervio óptico. Suelen hacerse visibles a partir de la primera década de la vida, normalmente bilaterales y no suelen afectar a la visión (Fig. 5).

Figura 5. Drusas papilares.

Persistencia de fibras de mielina: se debe a una mielinización anormal de las fibras nerviosas. Se observa una zona blanca en forma de abanico sobre las fibras nerviosas intrarretinianas. Pueden dar escotomas en el campo visual (Fig. 6).

Figura 6. Persistencia de fibras de mielina.

Alteraciones del nervio óptico

Edema de papila (Fig. 7): se debe al aumento de la presión intracraneal. Suele ser bilateral. La visión y los reflejos pupilares están conservados. Comienza con un borramiento de los límites del disco, ingurgitación y tortuosidad venosa, ausencia de pulso venoso y excavación papilar conservada, puede haber alguna hemorragia en el borde papilar.

Figura 7. Edema de papila inicial.

Si el cuadro clínico avanza (Fig. 8), los bordes del disco se borran totalmente y los vasos se incurvan en su salida. Pueden verse exudados blancos o algodonosos y hemorragias en llama.

Figura 8. Edema de papila avanzado.

Con el tiempo, el tejido papilar sufre una atrofia progresiva apareciendo el disco de color blanco grisáceo, con los bordes definidos y sin sobreelevación (Fig. 9).

Figura 9. Atrofia de papila.

Ante un edema de papila bilateral pensaremos, en primer lugar, en una hipertensión intracraneal (tumores cerebrales, pseudotumor cerebral, hipertensión arterial, traumatismos). Otras causas son la retinopatía diabética y la inflamación ocular (uveítis).

Entre las causas de pseudopapiledema se incluyen: las drusas del nervio óptico, los discos oblicuos o las fibras de mielina y las papilas de grandes hipermétropes.

Neuritis óptica: según la localización de la lesión puede ser una papilitis, cuando se afecta la porción intraocular del nervio óptico o neuritis retrobulbar, cuando se afecta la parte retroocular del mismo, en esta última el fondo de ojo es normal.

Hay pérdida de agudeza visual, defecto pupilar aferente relativo, suele ser unilateral. Desaparece la excavación fisiológica, hay alteración de la visión de los colores y dolor ocular discreto con los movimientos del ojo.

La etiología puede ser: inflamatoria, desmielinizante, tóxico nutricional, isquémica, traumática o post infecciosa.

La papilitis es el tipo más frecuente de neuritis óptica en niños.

Excavación papilar glaucomatosa (Fig. 10): se debe a la lesión irreversible de las fibras nerviosas por aumento de la presión intraocular.

Figura 10. Papila excavada.

Se caracteriza por presentar: aumento irregular de la excavación, desplazamiento de los vasos, a veces, hemorragias en astilla en la papila y color grisáceo del área excavada. Si la enfermedad progresa, se produce una excavación total, con atrofia del nervio, ceguera y ausencia de reflejos pupilares.

Alteración de los vasos

Hemorragias retinianas: las sacudidas violentas producen fuerzas de aceleración desaceleración que pueden producir hemorragias en el fondo de ojo e intracraneales en los niños menores de 3 años. En el síndrome del bebé maltratado podemos encontrar hemorragias intra y preretinianas(4), pliegues retinianos y hemorragias a nivel del nervio óptico. Los niños pequeños están predispuestos a estas lesiones, porque tienen adherencias vitreo-retinianas muy fuertes y un control muscular de la cabeza bastante pobre. También pueden tener hemorragias subconjuntivales, equimosis de los párpados y subluxación del cristalino. La incidencia de hemorragias retinianas en estos niños es muy superior a las hemorragias del fondo de ojo, que ocurren tras episodios de convulsiones, traumatismos o vómitos persistentes.

La presencia de hemorragias retinianas bilaterales aumenta la mortalidad en un 38%.

La retinopatía diabética en la infancia no es frecuente. A veces, en la adolescencia es cuando se puede ver algún signo de retinopatía leve, apareciendo casi siempre microaneurismas. La afectación del fondo de ojo dependerá del tiempo de evolución y del control metabólico.

La retinopatía hipertensiva en la infancia es poco habitual. Suele ir asociada a enfermedad renal o a alteraciones endocrinas. Suele cursar con tortuosidad venosa y estrechamiento arteriolar. En casos evolucionados podemos ver exudados en forma de estrella macular con la consiguiente afectación de la agudeza visual.

Alteraciones inflamatorias e infecciosas

Coriorretinitis: la retina se afecta por una inflamación de la coroides subyacente. Cuando se trata de una lesión activa, los focos aparecen como manchas amarillentas de bordes difusos. Cuando el brote agudo ha pasado, la mancha inicial se pigmenta intensamente, con los bordes bien delimitados (Fig. 11).

Figura 11. Foco de corioretinitis por toxoplasma activo.

Un caso especial de coriorretinitis central es el producido por el toxoplasma, se trata de una secuela tardía de una infección congénita. Es bilateral en el 65% de los casos, y afecta la mácula en el 58% (Fig. 12).

Figura 12. Foco central de corioretinitis por toxoplasma.

En la región central del fondo de ojo aparece un foco cicatrizado y con pigmento en los bordes y por dentro de la lesión. La afección macular da lugar a graves trastornos de la visión (Fig. 13).

Figura 13. Corioretinitis por toxoplasma con banda fibrosa.

• Coriorretinitis por rubeola: aparecen lesiones en sal y pimienta en el fondo de ojo de forma bilateral. Puede asociar catarata y microftalmia.

• Otras causas de coriorretinitis son: tuberculosis, sífilis, sarcoidosis, toxocara…

Alteraciones degenerativas hereditarias

Retinitis pigmentaria: se trata de una distrofia que afecta de forma difusa a la función de los fotorreceptores y del epitelio pigmentario. Se caracteriza por pérdida progresiva del campo visual y electrorretinograma anormal. Suele ser de herencia autosómica recesiva. Aunque la edad de comienzo es variable, las manifestaciones precoces más importantes son: la ceguera nocturna o nictalopía y la constricción del campo visual. El signo funduscópico clásico es la pigmentación retiniana similar a espículas óseas (Fig. 14).

Figura 14. Retinitis pigmentaria.

También podemos encontrar: estenosis vascular retiniana, disco óptico pálido, atrofia del epitelio pigmentario de la retina, edema macular y, a veces, drusas en el nervio óptico. La pérdida de agudeza visual es variable, algunos mantienen buena visión hasta etapas avanzadas de la enfermedad.

Amaurosis congénita de Leber: es la forma más grave de degeneración congénita de la retina. La herencia suele ser autosómica recesiva. Se caracteriza, típicamente, por una reducción grave de la visión desde el nacimiento, asociada a nistagmo alternante y respuestas del electrorretinograma indetectables o muy deterioradas, tanto para los conos como para los bastones. Suele estar presente el signo oculodigital, que consiste en que los niños se presionan los ojos con la mano o los dedos. La mitad de los pacientes suelen tener un fondo de ojo normal(5) durante los primeros años de vida. Posteriormente, aparecen cambios pigmentarios subretinianos, como: moteado periférico, pigmentación vascular y atenuación de los vasos. Con el tiempo van apareciendo más lesiones pigmentarias. A veces, tienen también atrofia óptica.

El conjunto de anomalías del fondo de ojo, los errores de refracción que suelen cursar con hipermetropías moderadas o elevadas, la historia familiar y la conducta del paciente nos suelen orientar al diagnóstico correcto.

Enfermedad de Stargardt: es la distrofia macular juvenil más frecuente y una causa común de pérdida de visión central en pacientes jóvenes. En el fondo de ojo muestra una atrofia de la fóvea rodeada por manchas amarillentas y redondas paramaculares, y una coroides oscura en la angiografía con fluoresceína.

Tumores

Retinoblastoma: es la neoplasia maligna intraocular más frecuente en la infancia. Se da en 1 de cada 14.000 nacidos vivos. El 60% son unilaterales. Se presentan entre los 13 y 15 meses. El signo inicial más frecuente es la leucocoria y, cuando existe afectación macular, el estrabismo.

En el fondo de ojo veremos una o múltiples masas nodulares, de color blanco o crema, con vascularización asociada. Puede tener un crecimiento endofítico, que crecen hacia adelante en el vítreo o exofítico, que crece por debajo de la retina y causan desprendimiento retiniano. Habrá que hacer diagnóstico diferencial con otras causas de leucocoria (Tabla 1).

Alteraciones de la mácula

A nivel de la mácula podemos encontrar lesiones atróficas(6), en cuyo caso tendremos que descartar patología inflamatoria-infecciosa (TORCH: toxoplasmosis, sífilis, varicela, citomegalovirus, herpes), distrófica o hereditaria, tóxica, traumática o solar.

Otro cuadro típico es la estrella macular, que puede ser secundaria a: hipertensión, papiledema, oclusiones vasculares o neuroretinitis por arañazo de gato.

En algunas esfingolipoidosis (enfermedad de Niemann pick, Tay Sachs, gangliosidosis GM1) veremos la mancha rojo cereza en la mácula, que consiste en acúmulos de lípidos en toda la mácula salvo en la fóvea, la cual resalta en color rojo intenso. También se observa en casos de traumatismos oculares contusos o como consecuencia de la reducción del flujo sanguíneo por oclusión de la arteria central de la retina.

Autora de todas las fotografías:
Dra. Valls Ferrán.

 

Bibliografía

1. Duch Bordás F. Oftalmoscopia en la práctica médica. Medicine. 1983. 3ª serie. p. 11-4.

2. Arias Puente A. Oftalmoscopia. Medicine. 1991. 5ª ed. p 13-4.

3. Gil Gibernau JJ. Fondo de ojo normal y patológico. Oftalmología en la infancia: clínica, diagnóstico y tratamiento. 1991; V: 77-100.

4. Togioka BM, Arnold MA, Bathurst MA, Ziegfeld SM, Nabawesi R, Colombani PM, et al. Retinal hemorrhages and shaken baby syndrome: an evidence based review. J Emerg Med. 2009; 37: 98-106.

5. American Academy of Ophtalmology. Disminución de la visión en lactantes y niños. Oftalmología pediátrica y estrabismo. Elsevier. 2008; 31: 454-5.

6. Clement Corral A, Clement Corral S, Andrés Domingo ML, Jiménez Serrano C. Fondo de ojo. Regreso a las bases. Pediatría Integral 2011; XV(8): 5-6.

 

Traumatismos oculares

V. Martín Gómez*, J.M. Casanovas Gordó**
Temas de FC


V. Martín Gómez*, J.M. Casanovas Gordó**

*Oftalmóloga. Especialista en segmento anterior y córnea. Hospital Sant Joan Despi Moisès Broggi. Barcelona. **Pediatra. CAP Roquetes-Canteres. Institut Català de la Salut. Barcelona

Resumen

El pediatra de Atención Primaria es el primero en valorar los traumatismos oculares que se producen en el domicilio o en el colegio. Los niños preadolescentes y adolescentes suelen ser los más afectados. Se describe la información que corresponde a la historia clínica, la exploración del paciente, con los detalles que tienen mayor interés para el pediatra. La afectación del párpado, la conjuntiva, la córnea, el iris, el cristalino, el vítreo, la coroides y la retina, desde un punto de vista traumático. También se explican los datos más importantes que corresponden a la fractura de la órbita, la lesión del nervio óptico y la perforación ocular, que pueden dar lugar a graves secuelas. Los traumatismos oculares en el deporte y la afectación ocular en el niño maltratado, también son motivo de revisión.

 

Abstract

The primary care pediatrician is the first to assess eye injuries that occur at home or at school. Preteens and adolescents are often the most affected. It describes the information that corresponds to the Medical pacient history, the exploration of the patient with the details that are of greatest interest to the pediatrician. The involvement of the eyelid, conjunctiva, cornea, iris, lens, vitreous, choroid and retina, from a traumatic point of view. The most important data that correspond to the fracture of the orbit, the optic nerve injury and the ocular perforation that can lead to serious sequelae are also described. Ocular trauma in the sport and ocular involvement in the abused child are also a reason for revision.

 

Palabras clave: Traumatismos oculares; Pediatría; Lesiones conjuntivales y corneales; Fractura de la órbita; Afectación ocular del niño maltratado

Key words: Ocular traumatism; Pediatrics; Conjunctival and corneal injuries; Fracture of the orbit; Ocular impairment of abused child

 

Pediatr Integral 2018; XXII (1): 45 – 57


Traumatismos oculares

Introducción

“Los traumatismos oculares deben ser considerados como una enfermedad”. JT Banta.(1) La primera causa de visita oftalmológica pediátrica de urgencia son las conjuntivitis y, la segunda, los traumatismos oculares.

El estrabismo es la causa más frecuente de intervención quirúrgica ocular en el niño y la ambliopía la de pérdida de visión monocular precoz. Después de ambas patologías, están los traumas oculares como causa más importante de morbilidad ocular infantil.

Los traumatismos oculares se distribuyen según las edades, con una primera incidencia en los últimos años de la adolescencia y una segunda en los pacientes mayores de 70 años de edad(1,2).

Las lesiones oculares graves son más frecuentes en los varones, con una proporción de 3-5/1. Son causa importante de pérdida de visión en los países menos desarrollados y en los estratos sociales menos favorecidos.

Son los responsables de ceguera unilateral, baja visión bilateral y ceguera bilateral. Uno de cada tres casos de ceguera en Pediatría es por traumatismo. El traumatismo ocular es además una enfermedad recurrente, tras un primer traumatismo existen 3 veces más probabilidades de sufrir un 2º trauma ocular.

Buena parte de los traumatismos son evitables. Es indudable que la supervisión de los adultos reduce la incidencia y el bajo nivel educativo o socioeconómico aumenta el riesgo de lesión ocular. El pediatra, muchas veces, será el primero en atenderlos.

En los primeros años de vida, la incidencia de traumatismos oculares es prácticamente igual en ambos sexos, pero esta tendencia cambia con una mayor frecuencia en varones en la población adulta. La mayoría de las lesiones se producen en el hogar o colegio(2).

Los traumatismos en los niños pequeños se producen en casa, con los juguetes o en la cocina (con aceite, agua hirviendo, productos de limpieza, utensilios de cocina). Los más pequeños, si sufren la mordedura de un perro (Fig. 1), aunque esté familiarizado con él, las lesiones oculares ocurren en un 15% de los casos.

Figura 1. Mordedura de perro.

En niños mayores de 8 años con los deportes, una de las causas más importantes (pelota, tirachinas, palos, petardos, piedras, clips de papel, cuerdas elásticas, proyectiles, dardos, arcos, flechas y balines de aire comprimido –los balines causan lesiones especialmente devastadoras–). Los varones de 11 a 15 años son los más vulnerables(3). No podemos olvidar deportes como el hockey, deportes con raqueta, béisbol, baloncesto, esgrima, squash, boxeo, artes marciales de contacto, lucha libre y, actualmente, el paint-ball (juego con balas de pintura –juego de guerra–). Las lesiones por balas de pintura son actualmente el traumatismo ocular más frecuente y más grave relacionado con la práctica del deporte. El diámetro del paint-ball es inferior a 2 cm y alcanza velocidades de 90 a 150 metros por segundo. En los últimos años, la protección ocular en algunos de estos deportes ha reducido el porcentaje de lesiones(4).

Se han descrito también lesiones oculares por sistemas de airbag (quemaduras, laceraciones, abrasión corneal, hipema, desprendimiento de retina e, incluso, estallido ocular), aunque el efecto protector frente a un accidente mortal tiene mayor peso que el pequeño riesgo asociado.

La mayoría de lesiones oculares son evitables con los sistemas de protección actuales disponibles. Los pacientes con ambliopía deben ser identificados y deben tener especial cuidado si practican algún deporte de riesgo, pues la lesión en el ojo útil mermaría su calidad de vida. En la página web de la academia americana de oftalmología, se habla de prevención de lesiones oculares: www.AAO.org (Preventing Eye Injuries Children).

Historia clínica y exploración general

Realizar una buena historia clínica es muy importante(5). Al tratarse de un niño, la mayor parte de la información la obtendremos de los cuidadores (frecuentemente los padres) y no es tarea fácil. Las circunstancias del traumatismo deben ser recordadas cuidadosamente, ya que pueden tener implicaciones médico-legales importantes.

Debe interrogarse el cuándo, cómo y con qué se ha producido la lesión(6).

Hay que preguntar al paciente, si ello es posible por la edad, por cambios visuales graduales o repentinos desde que sufrió el trauma o síntomas, como dolor, diplopía y fotofobia.

Anotar el momento y lugar del accidente, el mecanismo de la lesión, si ha sido accidental o intencional, la presencia de testigos, el objeto que causa el accidente, la sospecha y el tipo de cuerpo extraño, si ha habido lesiones químicas por álcalis, si ha habido lesión por animal, tipo de animal y si ha sido espontáneo o provocado. También es muy importante averiguar si hay enfermedades oculares preexistentes y el nivel de agudeza visual del paciente antes del accidente (si es posible).

La exploración no es sencilla. Debe ser realizada por personal cualificado. La ansiedad y el dolor del paciente dificultan la cooperación. Si es difícil explorar al niño, deberá efectuarse bajo sedación o anestesia general.

Un dato muy importante y por el que siempre debemos comenzar la exploración es la Agudeza Visual (AV). Hay que explorar cada ojo por separado. Si el niño es mayor de 3 años, se debe realizar mediante la escala E de Snellen. Valorarla en menores de 3 años resulta difícil: hay que enseñarle un juguete con colores vivos, prestando atención a la capacidad del niño de fijar la vista en ese objeto. Puede ser que, en ese momento, se intente quitar el parche de su ojo sano, lo cual nos hará sospechar una menor AV en el ojo afectado.

Si la edad lo permite, valorar la visión cromática (el color rojo puede parecer gris si hay disfunción del nervio óptico). Es importante para el diagnóstico, pronóstico y evaluación médico-legal.

Las pupilas nos dan información del sistema visual y de una posible patología intracraneal. Si el paciente está inconsciente, es la única forma de información. Explorar los reflejos fotomotores directo y consensuado es muy importante, así como la forma de la pupila en el ojo traumatizado. Por ejemplo, la presencia de un defecto pupilar aferente relativo (pupila que se dilata paradójicamente al ser iluminada, tras haber iluminado previamente el ojo contralateral) nos indica una posible lesión en la vía aferente visual, ya sea a nivel del nervio óptico (alteración más frecuente), o a nivel retiniano (lesión que debe ser muy extensa para provocar dicha alteración pupilar).

Valorar la motilidad extraocular es importante ante la sospecha de lesión de la órbita o de un nervio craneal.

La presión intraocular es otro dato importante. Siempre, antes de valorarla, debemos asegurarnos de que no existe un traumatismo ocular abierto, ante lo cual está totalmente contraindicado tomarla. La toma se realiza mediante una ligera presión con ambos dedos índices sobre el párpado superior, ejerciendo presión de manera alterna y después comparando con el ojo contralateral. Suele ser complicado detectar ligeras variaciones, por lo que únicamente nos servirá para descartar grandes hipertonías. Ante un aumento de presión importante, debemos remitir inmediatamente al oftalmólogo para su diagnóstico y tratamiento.

La sospecha de abuso del niño debería ser considerada si la historia es inconsistente con la lesión ocular del paciente: historia del cuidador contradictoria o múltiples visitas al servicio de urgencias. La exploración oftalmológica puede ayudar en el diagnóstico del síndrome del bebé zarandeado (hemorragias intracraneales e intraoculares –intra, pre o subretinianas– sin signos de traumatismo externo).

La exploración externa del paciente: observar la cabeza, cara, región periorbitaria y párpados. Anotar equimosis, edema, ptosis, laceraciones y cuerpos extraños, enoftalmos y exoftalmos. La región periorbitaria debe palparse para descartar crepitación o deformidades en huesos orbitarios. La hipoestesia infraorbitaria, crepitación, enoftalmos y deformidad orbitaria pueden indicar fractura orbitaria por compresión (blow-out).

Respecto a las exploraciones complementarias, la radiografía simple tiene menos valor que las exploraciones que se efectúan actualmente, como el TAC y la Resonancia Magnética (RM). Sin embargo, es útil para realizar la primera valoración rápida o para orientarnos si no disponemos de las otras exploraciones complementarias de urgencias. Con ella, podemos valorar la presencia de un cuerpo extraño intraorbitario o intraocular, o la fractura de las paredes de la órbita. No detecta cuerpos de plástico o madera por ser radiolúcidos y tampoco se visualizan las partes blandas.

El TAC orbitario es la prueba que más información nos aporta, localización exacta de cuerpos extraños y fracturas, nos da imágenes del globo ocular, músculos y paredes orbitarias. Siempre se debe realizar ante la sospecha de perforación ocular. Aunque, al ser una prueba más específica, debe ser valorada siempre por un radiólogo y un oftalmólogo.

La RM visualiza mejor las lesiones vasculares, patología intracraneal, trombosis del seno cavernoso y enfermedades desmielinizantes e inflamatorias del nervio óptico. No suele ser tan útil para localizar lesiones de traumatismos oculares, y no debe ser la primera prueba diagnóstica. Siempre hay que descartar antes, mediante otras pruebas de imagen, la ausencia de cuerpos extraños metálicos.

La ecografía es útil, pero no debe realizarse si se sospecha perforación ocular. Proporciona la mayor resolución e información anatómica del segmento posterior ocular. Puede visualizar cuerpos extraños intraoculares, radiopacos y radiolúcidos y patología del vítreo, retina, coroides y esclerótica. También la glándula lagrimal, músculos, nervio óptico y tejidos blandos de la órbita.

Biomicroscopía o exploración del segmento anterior ocular

Párpados, conjuntiva, córnea y esclera

La mayor parte de las lesiones de la superficie ocular son benignas y se resuelven sin tratamiento, sin embargo, requieren una exploración meticulosa (incluso en lesiones que parecen de poca importancia) y un tratamiento precoz para evitar secuelas permanentes y complicaciones tardías.

Párpado (Figs. 1-4)

Figura 2. Traumatismo palpebral.

Figura 3. Traumatismo palpebral por pelota de tenis.

Figura 4. Herida a nivel del párpado superior e inferior, puede iniciar una celulitis preseptal.

La equimosis (hematoma u ojo morado) aparece en el párpado tras una contusión y se reabsorbe espontáneamente. Por efecto de la gravedad, puede extenderse al párpado inferior, lo cual debe advertirse a las familias. Puede tratarse con compresas frías y analgésicos.

Cuando hay una herida en el párpado debe tenerse en cuenta la localización porque:

• Si la herida afecta al párpado superior, puede estar comprometido el músculo elevador; la sutura incorrecta daría lugar a ptosis palpebral. Frecuentemente, hay salida de grasa orbitaria por la herida. No debe dejarse curar por segunda intención.

• Si la herida afecta al borde palpebral, la sutura correcta se hará alineando los bordes de la herida para evitar eversión o inversión del párpado y evitar la aparición de epífora, irritación o defecto de humidificación corneal.

• Cuando la herida afecta a la zona interna del párpado, puede dañar el conducto lagrimal, requiriendo una reparación con microcirugía por parte del oftalmólogo.

• También puede dañarse la glándula lagrimal situada en la zona externa del párpado.

Siempre, ante una herida en el párpado, remitir al oftalmólogo para su sutura. Una malposición palpebral o no tener en cuenta la vía lagrimal a la hora de realizar la sutura nos puede dar complicaciones oculares a posteriori.

La infección de la herida palpebral secundaria al traumatismo puede complicarse con una celulitis periorbitaria.

La ptosis palpebral puede deberse al hematoma y a la reacción inflamatoria, que desaparece en unos días, o bien a la lesión del músculo elevador del párpado, en cuyo caso el pronóstico es peor.

El hematoma palpebral bilateral en anteojos o también llamado de “ojos de panda” debe hacernos pensar en la fractura de la base del cráneo.

Conjuntiva y córnea (Figs. 5-8)

Figura 5. Traumatismo con un lápiz: erosión corneal.

Figura 6. Erosión corneal con un papel.

Figura 7. Cuerpo extraño corneal.

Figura 8. Hiposfagma o hemorragia subconjuntival.

Cuando exploramos la conjuntiva o la córnea, tras un traumatismo, podemos encontrarnos con: hemorragia subconjuntival (hiposfagma), erosión de la superficie, quemosis, enfisema, abrasiones, laceraciones y cuerpo extraño conjuntival (lentes de contacto) o cuerpo extraño corneal y abrasión corneal.

La hemorragia subconjuntival traumática tiene un aspecto llamativo. La espontánea suele deberse a una maniobra de Valsalva que aumenta la presión venosa (tos: tosferina, estornudo, vómitos, levantar objetos pesados). Las conjuntivitis víricas o bacterianas también son una causa frecuente. El frotamiento ocular enérgico, también puede producirla. Desaparece en unos días, pero puede durar semanas. La hemorragia subconjuntival debe ser limitada a la zona anterior. La mayoría de ellas son benignas. Si es extensa (ocupando toda la conjuntiva y fondos de saco conjuntival) debería pensarse en la posibilidad de fractura del techo o suelo de la órbita e incluso hemorragia intraocular o rotura del globo.

La sensación de arenilla o cuerpo extraño es la molestia más frecuente en estas urgencias oftalmológicas.

La lesión conjuntival da lugar a un leve dolor por la escasez de inervación sensorial.

Tras una lesión corneal, la capa basal del epitelio corneal y los nervios corneales superficiales quedan expuestos a estímulos externos, siendo el dolor más intenso.

Clínicamente, suele aparecer: dolor, lagrimeo, fotofobia, enrojecimiento ocular, blefaroespasmo y disminución de la visión. Los movimientos del globo ocular y el parpadeo aumentan el dolor y la sensación de cuerpo extraño.

Para visualizar las lesiones hay que aplicar fluoresceína. La fluoresceína tiñe las lesiones en el epitelio, ya sean conjuntivales o corneales. Será la exploración diagnóstica principal. Utilizar tiras estériles de papel o colirio, en el ojo afectado, e iluminarlo con luz azul de cobalto y podremos apreciar las erosiones en color amarillo verdoso. La tira de fluoresceína deberá estar ligeramente humedecida con colirio anestésico doble, lo que nos ayudará a realizar mejor la exploración. El paciente deberá mirar hacia arriba, mientras el extremo de la tira contacta con el fondo de saco inferior, evitando el roce con la córnea.

Las erosiones corneales curan rápidamente, pero pueden complicarse con recurrencias; reaparece la lesión al cabo de un tiempo sin haber sufrido ningún traumatismo, sobre todo, al levantarse por las mañanas, lo que se denomina síndrome de erosión corneal recidivante. Esto se produce porque las uniones hemidesmosómicas de las nuevas células epiteliales corneales son débiles, al estar un tiempo prolongado con los párpados cerrados al dormir, el epitelio nuevo se engancha literalmente al párpado superior, produciéndose una nueva erosión corneal al abrir el párpado de forma espontánea.

La morfología de las erosiones corneales nos puede ayudar a la hora de realizar el diagnóstico. Por ejemplo, las erosiones lineales nos hacen sospechar cuerpos extraños subtarsales. La eversión del párpado superior y la observación de los fondos de saco conjuntivales son técnicas útiles para localizar y eliminar los cuerpos extraños. Ante una erosión corneal, siempre debemos evertir el párpado superior en busca de cuerpos extraños.

El pediatra puede intentar retirar el cuerpo extraño, instilando previamente un colirio anestésico, mediante irrigación con suero con un chorro fuerte, con algodón o con una gasa humedecida; debe revertirse el párpado superior para detectar cuerpos extraños en el fondo de saco, en la zona subtarsal, para lo cual el paciente debe mirar hacia abajo. Hay que evitar los instrumentos afilados.

Cuando el cuerpo extraño es tierra o serrín, el lavado abundante con suero fisiológico será útil, pero ante la mínima dificultad enviar el paciente al oftalmólogo. En ocasiones, el niño deberá ser sedado para la retirada del cuerpo extraño en el quirófano.

Pese a la creencia extendida, tras la extracción de un cuerpo extraño, o bien tras una erosión corneal o conjuntival traumática, nunca debemos ocluir el ojo. Únicamente pautar pomada antibiótica y colirio midriático (ciclopléjico) para disminuir el dolor mediante la relajación del músculo ciliar. Tras el diagnóstico de una erosión conjuntival o corneal, o tras la extracción de un cuerpo extraño, siempre debemos remitir al paciente al oftalmólogo para su posterior seguimiento. Aunque la mayoría de lesiones de este tipo curan en unas horas o en un par de días, debemos asegurarnos que es visitado por un especialista, para evitar posibles complicaciones.

La oclusión queda reservada para las erosiones de origen fototraumático o por radiación (erosiones estériles). La oclusión debe realizarse con los párpados cerrados, con dos gasas dobladas y con ligera presión impidiendo así el movimiento palpebral y mantenerlo durante 24 horas. Deberán utilizarse pomadas que tienen un efecto lubricante, aunque enturbien la vista. Hay que aconsejar que no se froten los ojos. Los antibióticos aminoglucósidos, producen un efecto inhibitorio sobre la epitelización. Los macrólidos son una buena opción para el tratamiento (pomada de eritromicina, por ejemplo). No debe permitirse que el paciente utilice gotas anestésicas tópicas para el dolor, que impiden la emigración epitelial normal y favorecen que la abrasión corneal aumente de tamaño y el daño corneal se haga permanente. Si el dolor es intenso, el paciente deberá tomar analgésicos por vía oral. Los defectos corneales traumáticos, aunque sean moderadamente grandes, suelen cicatrizar en uno o dos días sin parches en los niños pequeños.

Como secuelas tardías de laceración corneal profunda, podemos tener el astigmatismo y cicatrices corneales (leucomas) que pueden reducir la agudeza visual.

Los cuerpos extraños metálicos en la superficie corneal empiezan a oxidarse a las pocas horas, son tóxicos y deben ser eliminados. Con los cuerpos extraños profundos de material inerte (plástico o cristal), se puede mantener una actitud expectante, pues con el tiempo migran en dirección anterior y se extraen con más seguridad. Ante la presencia de uno de estos tipos de cuerpos extraños, remitir siempre al oftalmólogo para su tratamiento y posterior seguimiento.

Quemaduras y causticaciones

Las causticaciones por ácidos y álcalis son urgencias que requieren un tratamiento inmediato antes del diagnóstico de las lesiones. El tratamiento consiste en la irrigación del ojo con 500 cc de suero fisiológico o Ringer lactato.

La cantidad de daño tisular se relaciona directamente con la duración del contacto entre el agente químico y el ojo. “Cada segundo cuenta” en una lesión química. La irrigación inmediata es vital.

Las quemaduras y causticaciones son una verdadera urgencia oftalmológica: en las quemaduras térmicas, los párpados y la córnea son las zonas más afectadas. El agua y el aceite no suelen provocar lesiones tan graves como los agentes químicos(7). También la pólvora de los petardos provoca quemaduras. Las quemaduras químicas en la infancia suelen deberse a detergentes o disolventes orgánicos que se encuentran en productos de limpieza domésticos.

Los álcalis suelen penetrar el ojo con mayor facilidad que los ácidos. Su morbilidad es significativamente mayor. Las causticaciones oculares pueden lesionar el epitelio corneal y conjuntival, la membrana basal, el estroma corneal, el endotelio de los vasos conjuntivales y la epiesclera.

Los álcalis que pueden afectar el globo ocular son: el amoniaco, el hidróxido sódico (lejía, desatascadores), la potasa cáustica, el hidróxido de magnesio y el hidróxido cálcico (cemento, yeso y cal). Los ácidos son el sulfúrico (batería del automóvil), el ácido clorhídrico (provoca lagrimeo a distancia), el ácido nítrico (con un contacto prolongado se comporta como el clorhídrico) y el ácido acético (precisa de largo tiempo de contacto y una concentración superior al 10%).

El álcali provoca lesiones más graves, ya que penetra rápidamente en el interior del ojo, saponifica los ácidos grasos de las membranas celulares epiteliales, desnaturaliza el colágeno y produce trombosis vascular. Ante una causticación por un álcali, antes de empezar la irrigación aplicar unas gotas de aceite de oliva sobre la superficie ocular, ayuda a detener la reacción saponificadora que se produce. Los ácidos provocan menos daño porque el ion hidrógeno precipita las proteínas evitando la penetración del producto a través de la córnea.

El pronóstico, por tanto, dependerá de si el agente es un álcali o un ácido, del área de exposición y de la concentración de la sustancia química y del tiempo de contacto con el tejido del ojo.

Esta urgencia es la única en la cual iniciamos el tratamiento antes que la exploración, con irrigación abundante (las 3 íes de irrigación, irrigación, irrigación) con 500 cc de suero fisiológico o Ringer lactato. No debe efectuarse presión sobre el globo ocular y hay que tener en cuenta que, a mayor espacio de tiempo entre la producción de la lesión y el lavado, el pronóstico será peor.

Hay que efectuar la limpieza, con una gasa, de los restos que pueden estar en contacto con la conjuntiva y con los fondos de saco conjuntival superior e inferior. Deben administrarse analgésicos por vía oral en las primeras horas tras el accidente. La quemadura corneal con cigarrillos es la lesión térmica más frecuente de la superficie ocular del niño. Son accidentales y no hay que pensar en manifestación de maltrato. Es debido a que los ojos del niño están a la altura del cigarrillo que tiene el adulto. Estas quemaduras suelen curar con rapidez y sin cicatrices.

La ceniza del cigarrillo se comporta como un álcali al cual se añade el efecto del calor.

Ante una causticación debe remitirse el paciente al oftalmólogo, que determinará su gravedad e iniciará el tratamiento pertinente. La mayoría se resuelven con: pomada antibiótica, colirio con corticoide, colirio ciclopléjico y vitamina C vía oral. Las más graves pueden precisar incluso de tratamiento quirúrgico. A consecuencia de estas lesiones, se pueden formar cicatrices, glaucoma, cataratas y precisar un trasplante corneal.

Otro agente químico son los pegamentos, que si se han adherido a los párpados, habrá que recortar las pestañas, ya que producen adherencias muy firmes, y despegar los bordes con ligeras tracciones. El pegamento sobre la superficie ocular está poco adherido y al traccionarlo sale como un bloque.

Los petardos

El 5% de los traumatismos oculares son consecuencia de los fuegos artificiales, tan tradicionales en nuestro país. Las 2/3 partes de los accidentes relacionados con petardos se producen en los domicilios particulares. Se afecta tanto el que observa como el que lanza el artefacto. Se aconseja siempre la supervisión de los padres ante la manipulación de este tipo de artefactos por parte de niños. También es recomendable el uso de gafas de protección. Incluso las bengalas que parecen inofensivas, pueden provocar quemaduras importantes.

Lesiones fototraumáticas y por radiaciones

Las radiaciones ultravioletas son la causa más frecuente de lesiones tras la exposición solar en la playa o en la nieve.

Las lesiones suelen ser bilaterales y pueden manifestarse en forma de un punteado que tiñe con fluoresceína el área interpalpebral, hasta zonas extensas de desepitelización. Los síntomas (intenso dolor) aparecen de 8 a 12 horas tras la exposición y no hay relación entre el tiempo de exposición y la intensidad de las manifestaciones clínicas.

La retinopatía solar es una lesión producida por la luz del sol en personas que observan un eclipse solar. Aparece una pequeña quemadura en la retina que no ocupa toda la superficie, dando lugar a una disminución de la visión.

Los punteros láser de uso doméstico, aunque podrían producir fotocoagulación de la retina-lesión directa de la fóvea- (mirando fijamente más de 10 segundos al puntero), no suelen causar afectación, pues el tiempo de exposición es inferior a 1 segundo.

Lesiones del globo ocular con afectación de la cámara anterior

Hipema (Fig. 9)

Figura 9. Hipema.

Consiste en la acumulación o presencia de sangre en la cámara anterior del ojo (en la parte más inferior) y se visualiza como un nivel rojo entre la córnea y el iris. Es una verdadera urgencia oftalmológica. Puede ser reconocido con la luz de la linterna.

El hipema es secundario a traumatismos con objetos de tamaño más pequeño que el reborde de la órbita y consecuente lesión de los vasos sanguíneos de la raíz del iris o del cuerpo ciliar. Ante la aparición de un hipema, hay que descartar la rotura o estallido ocular y valorar el estado del iris y el cristalino(8).

Puede acompañarse de lesiones en el iris, cuerpo ciliar y cristalino. En pacientes de origen africano y con antecedentes de hemoglobinopatía falciforme o drepanocitosis, debe descartarse esta enfermedad. Debe evitarse que vuelva a sangrar en los días posteriores al traumatismo.

Existe bastante controversia en referencia a su tratamiento, algunos autores postulan por un tratamiento ambulatorio, mientras que otros siguen defendiendo el ingreso hospitalario. Actualmente, el ingreso se reserva para niños pequeños (difícil que sigan un reposo estricto en casa) o pacientes con hemoglobinopatías. Los esteroides son el pilar del tratamiento de los hipemas. El reposo en cama, con la cabeza elevada (posición de la cama en 45º), protector ocular (para evitar tocarse) y sedación en algunos casos. Deben ser controlados diariamente por el oftalmólogo para conocer la tensión intraocular y detectar los cambios que se produzcan con el hipema.

La hematocórnea es la impregnación de la córnea por el pigmento férrico de la sangre. Se produce en hipemas masivos. En niños puede ser necesario un trasplante corneal. El glaucoma puede ser una complicación secundaria al hipema. Ante el diagnóstico de una hematocórnea, derivar al paciente al oftalmólogo de forma urgente, la mayoría de veces es necesario el drenaje del sangrado de forma quirúrgica.

La tinción hemática corneal puede tardar meses o años en desaparecer y puede provocar en la infancia ambliopía por deprivación, con las consecuencias sobre la función visual. Por eso debe tratarse con la mayor rapidez posible.

Si el sangrado afecta a más del 50% de la cámara anterior, requerirá intervención quirúrgica para evacuar el coágulo e irrigar la cámara anterior.

Clínicamente, hay dolor ocular y disminución de la visión o visión borrosa.

La somnolencia es frecuente en los niños y, a veces, es tan intensa que obliga a realizar un examen neurológico, sobre todo, si ha habido un traumatismo craneal.

Si no hay antecedente de traumatismo previo, deberá descartarse como desencadenante una enfermedad hematológica (trastorno de coagulación, leucemia), retinoblastoma, xantogranuloma juvenil y la ya mencionada drepanocitosis.

El hipema secundario a un traumatismo con un objeto pequeño es una verdadera urgencia que debe ser valorada por el oftalmólogo.

Iris y cuerpo ciliar

La característica de la afectación del iris y cuerpo ciliar es la fotofobia. A menudo, hay una inyección de los vasos sanguíneos episclerales o conjuntivales alrededor del limbo, denominándose hiperemia conjuntival ciliar. La visión generalmente está reducida y la pupila puede ser más pequeña en el ojo afecto respecto al ojo sano. La lesión del músculo esfínter del iris dará lugar a una midriasis.

Clínicamente hay dolor, fotofobia, anisocoria, inyección conjuntival perilimbal (hiperemia ciliar) y visión borrosa. También puede aparecer dificultad para el enfoque de cerca, por espasmo o parálisis de la acomodación, y dificultad en la constricción y dilatación pupilar tras la estimulación luminosa.

Si, tras el traumatismo ocular, hay rotura del esfínter iridiano, aparece la discoria o pupila irregular, pupila en forma de D. La afectación del iris suele acompañarse de hipema, por lo que debe valorarlo un oftalmólogo con urgencia.

Las lesiones de la cámara anterior son una de las secuelas más frecuentes de los traumatismos oculares contusos.

Cristalino

Evaluar el cristalino es fundamental en la exploración del ojo que ha sufrido un traumatismo ocular. El traumatismo es la causa más frecuente de la luxación o subluxación del cristalino(7).

La catarata y la luxación o subluxación que aparecen después de un traumatismo ocular indican que este ha sido importante (Fig. 10). Provoca un cuadro de pérdida de visión importante de aparición brusca. También suele acompañarse de hipema y hay que derivarlo al oftalmólogo.

Figura 10. Catarata traumática.

Los traumatismos contusos pueden producir cataratas de aparición inmediata o incluso años después.

Si la catarata da lugar a pérdida de agudeza visual y el paciente es menor de 8 años, hay que plantear una intervención quirúrgica precoz para evitar la ambliopía. El glaucoma y el contacto corneal secundarios a la luxación del cristalino también obligarían a plantear la intervención quirúrgica.

La luxación del cristalino frecuentemente es de origen traumático en la infancia. Nos indicará que el trauma ha sido importante. Ante una luxación o subluxación del cristalino, en ausencia de traumatismo ocular, valorar la posibilidad de un síndrome de Marfan.

Lesiones del globo ocular con afectación del segmento posterior: vítreo, retina y coroides

La gravedad de las lesiones en las estructuras del segmento posterior es variable: oscila entre las contusiones retinianas periféricas, que se pueden resolver espontáneamente, hasta el desprendimiento de la retina, que puede poner en peligro la visión.

Si el paciente no presenta una transparencia de medios para poder realizar un fondo de ojo, deberá solicitarse una ecografía para examinar el segmento posterior. La ecografía permitirá detectar: desgarros ocultos de la retina, desprendimiento de retina, hemorragias subretinianas, hemorragia subcoroidea (desprendimiento coroideo), desprendimiento del vítreo posterior, luxación del cristalino, roturas ocultas del globo ocular y cuerpos extraños intraoculares.

Hemorragia vítrea

Sangre en la cavidad vítrea. Es la complicación del polo posterior más frecuente tras el traumatismo ocular. Son síntomas las moscas volantes y suele haber pérdida visual súbita y grave. Algunos pacientes dicen que ven “en rojo”. La presencia de hemorragia vítrea en lactantes o niños debe alertar sobre la posibilidad de malos tratos. Los niños en edad de ambliopía son un reto terapéutico. En los lactantes puede aparecer ambliopía por deprivación las primeras semanas de la hemorragia vítrea. Pueden producirse anisometropías de más de 10 dioptrías. También puede aparecer como complicación un glaucoma.

Contusión, edema, hemorragia y desprendimiento de retina

Puede producirse tras lesiones de golpe o contragolpe (compresión y expansión del globo ocular). En una contusión retiniana aparecen áreas geográficas de retina blanqueada. Si la contusión afecta a la mácula, (llamado edema de Berlin), se puede producir pérdida de visión aguda. Si se afecta la periferia de la retina, el paciente visualmente está asintomático. Si se afecta la fóvea (área central macular), la pérdida de visión puede ser permanente.

Rotura coroidea

Complicación muy grave. Si aparece nos indica que el traumatismo ocular ha sido importante. Hay afectación de la mácula en más de la mitad de las roturas coroideas. La afectación macular (edema, hemorragia o desprendimiento) comporta la pérdida de visión inmediata. La mayoría de veces no se recupera la agudeza visual tras la reabsorción de las hemorragias y el edema secundario a la rotura. La afectación macular va emparejada con una pérdida de agudeza visual permanente.

Hemorragia subcoroidea (desprendimiento coroideo)

Suele ser una lesión rara, pero grave. Aparece tras traumatismos contusos mediante el mecanismo de compresión y expansión del globo ocular. La sangre se acumula en el interior del espacio virtual entre la coroides y la esclerótica. Puede estar asociada a un estallido ocular oculto. Puede resolverse espontáneamente o aparecer complicaciones tardías, como el desprendimiento de retina.

Fractura de la órbita (Fig. 11)

Figura 11. Fractura Blowout de la órbita derecha. Atrapamiento del músculo recto inferior.

El signo más evidente de la fractura del suelo de la órbita es la limitación de la mirada vertical.

El suelo de la órbita está formado por los huesos maxilar superior, cigomático y palatino. Tiene un grosor de 0,5 a 1 mm. La pared medial está formada por el hueso maxilar superior, el lagrimal y etmoides. La pared medial del hueso etmoides es muy delgada (0,2 a 0,4 mm) y se denomina lámina papirácea. La mayor parte de las fracturas de la pared medial se producen en él. El techo está constituido por el hueso frontal y el ala menor del esfenoides. La pared lateral externa la forman el ala mayor del esfenoides y las apófisis orbitarias del cigomático y del hueso frontal.

Los accidentes con vehículos a motor, los puñetazos en los ojos y las lesiones deportivas con impacto secundario a pelotas son las causas más frecuentes de traumatismos en la órbita.

Hay lesiones contusas y penetrantes. Los puños, pelotas de tenis, golf, squash, bates de béisbol, botellas o superficies romas, como el salpicadero del coche o las puertas, pueden provocar lesiones contusas.

Las paredes orbitarias pueden fracturarse y el globo ocular puede perforarse, incluso sin que el objeto haya penetrado directamente en los tejidos(9).

Los objetos penetrantes suelen ser de tamaño inferior al de la órbita (cuchillos, lapiceros, ramitas, balas, clavos y la punta del paraguas). La velocidad del objeto es más importante que el tamaño. Los objetos proyectados a gran velocidad transmiten más energía cinética y, por tanto, ocasionan mayor daño tisular.

El techo y la pared lateral externa son más gruesas y menos propensas a las fracturas.

Las fracturas más frecuentes se localizan en el suelo de la órbita y la pared medial o interna, debido a que son las más débiles. La pared externa y la pared superior son más resistentes y se fracturan en traumas muy intensos, pero en los niños menores de 7 años, estas fracturas del techo de la órbita se producen por falta de neumatización de los senos frontales y por la desproporción cráneo-facial.

El signo más evidente de la fractura del suelo de la órbita es la diplopía o la imposibilidad de llevar la mirada hacia arriba.

Lesiones orbitarias graves, pueden tener un aspecto externo trivial. Hay que investigar la disminución de la agudeza visual y la diplopía. Puede detectarse: equimosis, epistaxis ipsilateral, enfisema orbitario, sugestivo de lesión de la pared medial (debido al paso de aire desde el seno etmoidal a través de una fisura en la lámina papirácea) o inferior, hipoestesia de la mejilla y del labio superior, si hay afectación del nervio infraorbitario, y escalón en el reborde orbitario, en la fractura del suelo de la órbita cuando hay fractura directa(10).

La limitación de la motilidad ocular extrínseca, enoftalmos y diplopía en la mirada de frente y en la mirada inferior (para la lectura y para caminar) es indicativa de un tratamiento quirúrgico precoz. La no existencia de estos signos dará lugar a la abstención de la cirugía.

La presencia de exoftalmos sugiere que el volumen orbitario está incrementado por edema, hemorragia, aire o fragmentos óseos.

La secreción nasal de líquido trasparente puede indicar rinorrea de LCR, que nos alertará acerca de la fractura de la fosa craneal anterior.

La diplopía secundaria al traumatismo es debida a restricción muscular extraocular. Puede ser una limitación leve por el edema orbitario o puede ser debida a atrapamiento muscular (el más propenso es el músculo recto inferior que discurre a lo largo del suelo de la órbita) en el interior de la fractura, con lo cual precisará intervención para liberar el músculo y reconstruir el suelo de la órbita.

Debido a la fractura, puede producirse herniación del tejido orbitario al seno maxilar o etmoidal.

Hay que examinar la vía lagrimal, que estará afectada en un 20% de las fracturas de la pared medial.

La TAC orbitaria, con cortes axiales y coronales, y la radiología con proyección de Waters que muestra el suelo de la órbita y el seno maxilar, son las técnicas de imagen de elección para valorar a los pacientes con traumatismo orbitario. La imagen en gota suspendida en el seno maxilar superior es característica de las fracturas del suelo de la órbita.

No hay que olvidar explorar el globo ocular detalladamente, ya que se encuentran perforaciones y lesiones oculares asociadas a estos traumatismos.

En el recién nacido, tras un parto con fórceps, hay que valorar el traumatismo ocular obstétrico. Puede existir contusión ocular; por lo tanto, hay que explorar el globo ocular. En ocasiones, hay hematomas palpebrales, hemorragias subconjuntivales, edema corneal, lagoftalmos, blefaroptosis y hemorragia retiniana. La hemorragia macular ocurre en el 4% de recién nacidos (raramente dará lugar a ambliopía). En las primeras 4 a 6 semanas, las hemorragias se habrán reabsorbido sin secuelas.

El término “blow out fracture”, o fractura en estallido, se refiere a la expansión del volumen orbitario debido a la fractura de las paredes orbitarias delgadas hacia los senos paranasales adyacentes, sin compromiso del reborde. Estos huesos delgados son en realidad un mecanismo protector, ya que al romperse, reducen la presión sobre el globo ocular y previenen la rotura del ojo.

El 10-30% de las fracturas en estallido se acompañan de abrasiones corneales, hipema traumático, iritis, rotura del globo ocular, contusión retiniana, desprendimiento de retina y hemorragia retiniana.

Las fracturas de la pared medial habitualmente se asocian a fracturas del suelo de la órbita. Suelen comprometer el músculo recto medial.

Las fracturas del techo de la órbita aparecen en accidentes de automóvil y en caídas de una altura importante. Pueden afectar al seno frontal y, como complicaciones, mencionar la fuga de LCR, hemorragia intracraneal, limitación dolorosa de la mirada hacia arriba, ptosis, encefalocele traumático, meningitis y absceso cerebral.

Las fracturas de la pared lateral se deben a accidentes de automóvil, caídas o agresiones con objetos romos. Son muy poco frecuentes.

Lesión del nervio óptico

Como lesiones más importantes, encontramos la neuropatía óptica traumática y la, poco frecuente pero devastadora, avulsión del nervio óptico. Puede tratarse de una lesión directa, como la compresión o sección del nervio por un cuerpo extraño, como puede ser una bala. O lesiones indirectas debidas a un traumatismo craneal frontal, la rotación traumática del globo ocular y la hemorragia perineural.

En la neuropatía óptica traumática(6) hay alteración de la agudeza visual, alteración del test de Ishihara (colores afectados azul-amarillo) y defecto pupilar aferente relativo (pupila de Marcus Gunn). Al iluminar la pupila del ojo afectado, hay menos reacción a la luz e incluso puede producirse un reflejo paradójico con midriasis. Este sería el único dato clínico que podríamos obtener si el paciente estuviera adormecido, ya que se trata en múltiples ocasiones de pacientes con un traumatismo grave (incluso en estado de coma), en los cuales la valoración es difícil.

El fondo de ojo es normal inicialmente, aunque al mes del traumatismo aparecerá una atrofia óptica.

La avulsión del nervio óptico consiste en la sección parcial o completa del nervio en la salida del globo ocular (a nivel de la lámina cribosa). El paciente presenta una amaurosis. En el fondo del ojo, la papila queda sustituida por una hemorragia o vacío. No existe tratamiento.

Hemorragia orbitaria y síndrome compartimental

La órbita debido a sus características anatómicas y su pequeño tamaño es propensa a que se produzcan síndromes compartimentales.

Es un espacio cerrado limitado por las cuatro paredes óseas, el globo ocular y el tabique orbitario. Un volumen pequeño de hemorragia puede producirlo.

La disminución de la visión, con dolor, diplopía y proptosis son signos y síntomas de hemorragia orbitaria. Si se acompañan de un defecto pupilar aferente, pueden justificar la presencia de un síndrome compartimental orbitario agudo, que comprima el nervio óptico causando su lesión.

Si el nervio óptico o la circulación retiniana están comprometidos es necesario un tratamiento urgente para aumentar el volumen de la órbita y permitir que el globo ocular se desplace en sentido anterior. La mejoría de la agudeza visual y desaparición del efecto pupilar aferente demuestra el éxito de la intervención.

Traumatismo ocular abierto

El traumatismo ocular abierto es una grave complicación secundaria a un traumatismo. Una erosión en la piel del párpado o una hemorragia subconjuntival pueden ser la única manifestación superficial de la perforación de la esclerótica por unas tijeras o por un dardo.

Llamamos penetración ocular (Fig. 12) a la herida realizada por un objeto punzante cuya puerta de entrada es la misma que la de salida. Llamamos perforación ocular a la herida realizada por un objeto punzante cuya puerta de entrada es diferente a la puerta de salida.

Figura 12. Penetración ocular.

Lesiones por cristales, objetos afilados (tijeras, agujas y cuchillos), lápices, perdigones, objetos lanzados a distancia y hojas de plantas o ramas de árboles obligan a exploraciones complementarias(7). La distorsión de la pupila puede ser el signo más evidente de una pequeña penetración corneal.

El cuerpo extraño intraocular (Fig. 13) es poco frecuente, pero hay que descartarlo mediante una radiografía simple de cráneo cuando es metálico. Si no, hay que realizar una TAC.

Figura 13. Cuerpo extraño intraocular.

La ruptura o estallido del globo ocular es una herida del grosor total de la pared del globo ocular provocada por un objeto romo. La laceración del globo ocular es una herida del grosor total de la pared del globo ocular provocada por un objeto afilado.

Las laceraciones tienen bordes más definidos y causan menos trastornos intraoculares. Las rupturas tienen bordes desiguales y crean una desestructuración intraocular notable.

El lugar de ruptura se suele localizar en el punto más débil de la esclera, que suele ser la zona de detrás de las inserciones de los músculos rectos.

La dificultad de explorar a niños pequeños aumenta cuando hay lesiones oculares graves. Con ayuda de los padres, se puede explorar con lámpara de hendidura o, si el trauma es abierto, con anestesia, para diagnosticar y tratar la lesión de la pared del globo ocular de grosor total. Esta exploración la debe realizar un oftalmólogo. Es muy importante que, ante una sospecha de estallido o laceración ocular, se remita al paciente a un especialista para realizar la sutura lo antes posible. Una demora de 24 horas puede suponer un empeoramiento importante del pronóstico visual.

Los síntomas son: dolor y disminución de la agudeza visual, que representa un signo de gravedad si es importante.

Los signos clínicos que se presentan ante un traumatismo ocular abierto son: hipotonía ocular, herniación de estructuras del ojo por la herida corneal o escleral (tejido intraocular prolapsado como: cristalino, iris, cuerpo ciliar, retina, coroides y humor vítreo).

Existe riesgo de endoftalmitis y también de oftalmía simpática (respuesta inmunológica del organismo al contacto con tejido coroideo expuesto en el momento de la lesión). Suele aparecer en el ojo sano tras años del traumatismo, no se puede prevenir y puede causar amaurosis por una panuveítis extensa. El riesgo de estas temibles complicaciones aumenta de forma exponencial a medida que se demora el tratamiento del traumatismo ocular abierto. La enucleación del ojo traumatizado evita la reacción simpática del ojo sano. Sin embargo, no la impide si se ha iniciado.

Ante la sospecha de traumatismo ocular abierto no hay que manipular el globo ocular. Hay que cerrar el ojo de manera no compresiva y derivar el paciente al oftalmólogo, que realizará bajo anestesia general la sutura.

El pronóstico visual es sumamente reservado en los traumatismos oculares abiertos.

La prevención es el mejor tratamiento de todas las lesiones oculares. En el traumatismo ocular abierto hay dolor y disminución de la agudeza visual, y signos clínicos como: hipotonía ocular, herniación de estructuras del ojo a través de la herida, riesgo de endoftalmitis y de oftalmía simpática.

Niño maltratado

No siempre podemos apreciar las manifestaciones oculares del niño maltratado. Estas se pueden encontrar hasta en un 35-45% de los casos(11-13).

La lesión por sacudida o niño zarandeado (shaken baby síndrome) constituye una de las manifestaciones más importantes de los malos tratos infantiles. Son pacientes menores de 3 años y, sobre todo, de 12 meses. Se detectan lesiones intracraneales y oculares. Como lesión intracraneal, aparece hematoma subdural y hemorragia subaracnoidea, y las manifestaciones oculares se caracterizan por hemorragias retinianas (como manifestación más frecuente) en la región macular, pudiendo ser extensas y ocupar todo el fondo de ojo, y preretinianas, sin signos o con mínimos signos de traumatismos externos. La cabeza del lactante, relativamente grande en relación al cuerpo, y la inestabilidad de la musculatura del cuello, favorecen esta patología(8).

También pueden detectarse: equimosis periorbitarias, cataratas, subluxación del cristalino, hemorragias vítreas y coroideas.

Ocurren hemorragias retinianas secundarias a traumatismos durante el parto, que son comunes en los recién nacidos, pero no persisten tras el primer mes de vida.

Las hemorragias retinianas detectadas, superado el periodo posparto, son diagnósticas de maltrato. Raramente se pueden observar por mecanismos distintos al de la sacudida, aunque no debemos olvidar los trastornos de coagulación. Las hemorragias intraoculares suelen ser bilaterales (20% unilaterales). Pueden debutar con: convulsiones, letargia, vómitos, fallo de medro y coma.

El 35% de estos pacientes sufre posteriormente ceguera o deterioro visual.

La sospecha de maltrato infantil obliga al pediatra u oftalmólogo a efectuar la denuncia correspondiente.

Las hemorragias retinianas en el niño son sugestivas de maltrato.

Traumatismos oculares deportivos

Los traumatismos oculares deportivos son más frecuentes en niños y adolescentes.

Los deportes que los pueden producir son: las artes marciales, los deportes con raquetas o aquellos en los cuales intervienen pelotas en movimiento rápido, tiro con arco y deportes con contacto físico como son el fútbol y el baloncesto, así como el boxeo y la lucha. No se puede olvidar el paint-ball (juego de guerra con balas de pintura).

Hay protectores oculares para todos los deportes. El material de elección para las gafas protectoras es el policarbonato. Es resistente al impacto con excelentes propiedades ópticas. Existen también combinaciones de cascos y caretas.

Otras entidades(7)

• Retinopatía de Purtscher: es una entidad caracterizada por hemorragias retinianas múltiples y disminución secundaria de la visión debido a traumatismo cefálico o aplastamiento torácico o toracoabdominal. Da lugar a un cuadro exudativo y hemorrágico en el fondo de ojo. Estos signos desaparecen con rapidez.

• Embolia grasa: se puede manifestar tras politraumatismos a nivel de pelvis y extremidades inferiores. Existe un intervalo libre y aparece una disminución de la visión.

• Retinopatía por valsalva: se producen hemorragias preretinianas o intraretinianas superficiales por el esfuerzo del vómito, la tos o incluso el levantamiento de pesas por adolescentes. Sin embargo, no ocurren hemorragias retinianas debido a los vómitos en los lactantes o niños pequeños. El pronóstico es excelente con recuperación completa.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1.*** Banta James T. Traumatismos oculares. Elsevier España; 2008.

2.*** Bargueño C, Colunga M, González E, Cienfuegos S, Díez-Lage A, Diab M. Traumatismo oculares en edad pediátrica. An Esp Pediatr. 1998; 48: 625-30.

3.** Scott E, Olitsky D, Hug Laura S, Plummer Erin D, Stahl Michelle M, Ariss Timothy P, Lindquist and Smith L. Disorders of the Eye. Chapter 618-35: 2569-615. En: Nelson Textbook of Pediatrics. Kliegman, Stanton, ST Geme, Schor. 20th edition Saunders. Elsevier; 2015. Part XXVIII.

4.** Protective eyewear for Young athletes. Ophtalmology. 2004; 111: 600-3.

5.*** Catalano RA. Traumatismos oculares y su prevención. En: Clínicas pediátricas de Norteamérica. Oftalmología. Ed. Interamericana; 1993; 4: 915-30.

6.*** Martin N, Gil-Gibernau JJ. Traumatismes oculars: diagnostic i tractament. Pediatria Catalana. 2002; 62: 298-305.

7.*** Gil-Gibernau JJ. Traumatismos oculares y de los anexos. Capítulo XII. En: Tratado de Oftalmología Pediátrica. Gil Gibernau JJ. Barcelona: ed. Scriba; 1997. p. 247-59.

8.*** Traumatismo ocular en la infancia. Oftalmología pediátrica y estrabismo. American Academy of Ophtalmology. 2008. Capítulo 30. p. 441-9.

9.*** Khaw PT, Shan P, Elkington AR. ABC of eyes. Injury to the eye. BMJ. 2004; 328: 36-8.

10.** Kanski JJ. Oftalmología clínica. Traumatismos. Capítulo 19. 5ª ed. Editorial Elsevier; 2009. p. 675-96.

11.** Miller K, Apt L. The eyes. Eye trauma and emergencies. En: Rudolph’s pediatrics. The McGraw-Hill; 2003. 26: 2412-16.

12.*** Placeres J, Mobayed J, Mengual E. Traumatismos oculares en edad pediátrica. En: Actualizaciones en oftalmología pediátrica. Esteve. 2003; 2: 115-26.

13. Casanovas Gordó JM, Martín Gómez V. Traumatismos oculares. Pediatr Integral, 2013; XVII(7): 507-19.

Bibliografía recomendada

- Banta James T. Traumatismos oculares. Elsevier España; 2008.

Tratado que describe de forma exquisita los traumatismos oculares. Acompañado de un material iconográfico excelente.

- Martín N, Gil-Gibernau JJ. Traumatismes oculars: diagnostic i tractament. Pediatria Catalana. 2002; 62: 298-305.

Excelente artículo publicado en Pediatria Catalana en el año 2002, en el cual se hace un repaso a los traumatismos oculares en una sección de la revista dedicada a formación continuada para pediatras generales.

- Gil-Gibernau JJ. Traumatismos oculares y de los anexos. Capítulo XII. En Tratado de Oftalmología Pediátrica. Gil Gibernau JJ. Barcelona: ed. Scriba; 1997. p. 247-59.

Tratado de oftalmología, referente de la oftalmología pediátrica, con un capítulo dedicado a los traumatismos oculares en la infancia.

- Khaw PT, Shan P, Elkington AR. ABC of eyes. Injury to the eye. BMJ. 2004; 328: 36-8.

Este artículo publicado en BMJ, tiene un gran interés, porque además de aportar un resumen de los traumatismos oculares, se añaden unas imágenes, muy sugerentes de toda la patología traumática ocular.

 

Caso clínico

 

Varón de 10 años de edad que acude de urgencias por presentar: dolor ocular, lagrimeo, fotofobia intensa y visión borrosa en ambos ojos, de inicio brusco esta mañana al despertarse. Como antecedente de interés, estuvo esquiando con sus padres el día anterior.

A la exploración ocular, presenta hiperemia ciliar intensa y una epiteliopatía punteada superficial moderada-grave en ambos ojos.

Diagnóstico:

Queratitis fotoeléctrica.

Tratamiento:

Oclusión primeras 24 horas.

Eritromicina pomada cada 8 horas.

Ciclopléjico colirio cada 8 horas.

 

 

 

Ambliopía y estrabismo

M. Merchante Alcántara
Temas de FC


M. Merchante Alcántara

Médico especialista en Oftalmología. Clínica Oftalmológica “San Bernardo” de Sevilla

Resumen

La ambliopía es aquella disminución de la agudeza visual de uno o ambos ojos por falta de uso en el periodo de desarrollo visual, recuperable con tratamiento adecuado en una edad apropiada. El estrabismo (o desviación manifiesta de un eje ocular) es una alteración frecuente en niños que, además de las consecuencias estéticas, entraña importantes alteraciones en la agudeza visual y en la visión binocular; por lo que es muy importante su diagnóstico y tratamiento precoces. El objetivo de este artículo es transmitir conceptos básicos que ayuden al pediatra a entender estas patologías y exponer aquellas exploraciones oftalmológicas básicas que puede realizar para detectarlas precozmente y remitirlas lo antes posible al oftalmólogo pediátrico para su estudio y tratamiento. También, repasar brevemente los pseudoestrabismos y las características clínicas típicas de los estrabismos más comunes en la edad pediátrica. Todos los niños deberían someterse a una exploración oftalmológica completa antes de los 4 años de edad. El niño con ambliopía o estrabismo, en cuanto se diagnostique, al poder ser secundarios a lesiones orgánicas graves del globo ocular. “Nunca es demasiado pronto para realizar una exploración oftalmológica en el niño pero, a veces, puede ser demasiado tarde”.

 

Abstract

Amblyopia is the decrease in visual acuity of one or both eyes due to lack of use during the period of visual development, recoverable with adequate treatment at an appropriate age. Strabismus (or obvious deviation of an ocular axis) is a frequent disorder in children which, besides the aesthetic impact, involves important alterations of visual acuity and binocular vision. Early diagnosis and treatment are extremely important. The objective of this article is to transmit basic concepts that help the pediatrician understand these pathologies and to explain the basic ophthalmological examination that can be performed to detect them early and to refer them as soon as possible to the pediatric ophthalmologist for evaluation and treatment. Also, to briefly review pseudostrabismus and the typical clinical characteristics found in the most common types of strabismus in the pediatric age. All children should undergo a complete ophthalmological examination before 4 years of age. The child with amblyopia or strabismus should be diagnosed as soon as possible, since this can be caused by severe organic lesions affecting the ocular globe. “It’s never too early to do an ophthalmic examination on a child, but sometimes it may be too late”.

 

Palabras clave: Ambliopía; Estrabismo; Endotropia; Exotropia; Parálisis

Key words: Amblyopia; Strabismus; Esotropia; Exotropia; Paralysis

 

Pediatr Integral 2018; XXII (1): 32 –44


Ambliopía y estrabismo

Ambliopía

Introducción

Ambliopía es aquella disminución de la agudeza visual de uno o ambos ojos por falta de uso en el periodo de desarrollo visual, recuperable con tratamiento adecuado en una edad apropiada.

La ambliopía (u ojo vago) se define como la disminución de la agudeza visual (AV) de uno o ambos ojos (AO) por falta de uso en el periodo de desarrollo visual, y constituye la causa más frecuente de mala visión en la infancia(1-3). La forma unilateral es más habitual que la bilateral(4).

Lo más importante de la ambliopía es que es curable, si se diagnostica precozmente y se trata correctamente en una edad apropiada(1-3). Si no es así, persiste en la edad adulta, afectando al 2-3% de la población general(5).

Etiología

Los estrabismos constituyen la causa más frecuente de ambliopía.

Es primordial saber que la AV se desarrolla desde que el niño nace hasta aproximadamente los 7-8 años que alcanza un nivel de adulto (Tabla I).

El estímulo para que la visión se desarrolle correctamente es que la imagen llegue enfocada a la retina de cada ojo y, consecuentemente, una imagen nítida al cerebro. Por ello, cualquier patología que aparezca en este periodo de tiempo puede ocasionar una detención en el desarrollo visual y una ambliopía. Las causas más frecuentes de ambliopía son(1-3):

• En primer lugar, los estrabismos, ya que un 30% de los niños estrábicos sin tratar tendrán ambliopía(5). La cifra varía en función del tipo de estrabismo, siendo menor en los divergentes que en los convergentes(5).

• Las anisometropías o diferencias de refracción entre AO, si son > de 1,5 dioptrías (D) y no se corrigen precozmente, producen una ambliopía en el ojo de mayor defecto refractivo, ya que el cerebro del niño (al ser capaz de mandar solo una única e igual orden de enfoque a ambos ojos) escoge la visión del ojo con menor defecto, produciéndose un desenfoque en el ojo de mayor defecto (que no desarrolla bien su capacidad visual).

• Las ametropías o defectos de refracción bilaterales importantes, si no se corrigen precozmente, producen ambliopías bilaterales, ya que la imagen no llega enfocada a la retina de AO. Generalmente, hipermetropías mayores de 6 D y astigmatismos mayores de 3 D; la miopía es teóricamente menos ambliopizante (al estar el ojo enfocado para cerca).

• El nistagmus suele ocasionar una ambliopía bilateral y, con frecuencia, coexiste con grandes ametropías.

• Y, por último, las enfermedades oculares, como: ptosis palpebral, catarata congénita, lesiones corneales, lesiones retinianas, etc., que tienen en común la existencia de un factor orgánico asociado y producen una ambliopía por deprivación severa, ya que interfieren en el correcto desarrollo de la visión en los niños pequeños al privarles de la experiencia visual. Son ambliopías muy difíciles de resolver, pese al éxito anatómico del tratamiento de dichas alteraciones y, a veces, pueden afectar a ambos ojos.

Evidentemente, la ambliopía puede ser consecuencia de un único factor etiopatogénico o de la suma de varios (p. ej.: estrabismo y anisometropía, nistagmus congénito y ametropía bilateral alta, etc.), lo que agrava el problema.

Clasificaciones

La ambliopía puede ser ligera, media o profunda.

La ambliopía se puede clasificar(1-3), según la AV del ojo ambliope(5):

Ligera: la AV del ojo ambliope es mayor de 0,5.

Media: la AV del ojo ambliope es de 0,1 a 0,5.

Profunda: dicha AV es menor de 0,1.

Y, según la diferencia de AV entre ambos ojos(5):

Ligera: la diferencia de AV entre AO es menor de 0,2.

Media: La diferencia de AV es de 0,2 a 0,5.

Profunda: La diferencia de AV es mayor de 0,5.

Ambas clasificaciones son muy imprecisas en los niños, porque presuponen que se ha completado el desarrollo de la AV en el otro ojo, y esto no es así en la infancia, porque generalmente estamos ante niños en pleno desarrollo visual(5).

Pronóstico

La edad que marca la barrera entre buen y mal pronóstico son los 4 años.

En el desarrollo de la visión influye la plasticidad cerebral y, por ello, la edad: cuanto mayor es la plasticidad cerebral y, por tanto, cuanto más pequeño es el niño, mayores son las posibilidades de recuperar la ambliopía y viceversa.

Aunque hemos visto que el desarrollo de la visión culmina a los 7-8 años, la capacidad de mejorar la visión desciende a los 4 años; siendo, por ello, los 4 años la edad que marca la barrera entre buen y mal pronóstico(5): antes de los 4 años, el pronóstico de curación de una ambliopía con tratamiento correcto es muy bueno; a partir de los 4 años, dicho pronóstico baja espectacularmente; y en mayores de 8 años, es muy malo (con un porcentaje de éxito casi nulo). Por ello, el diagnóstico y el tratamiento deben ser lo más precoces posible.

Del mismo modo, las posibilidades de aparición de ambliopía disminuyen con la edad, siendo excepcionales las recaídas a partir de los 10-12 años.

Diagnóstico

Todos los niños deberían someterse a una exploración oftalmológica completa entre los 2,5 y los 4 años de edad.

Algunas formas de ambliopía pueden ser fácilmente detectadas por los padres, como: las causadas por un estrabismo evidente (ya que ven que el niño desvía un ojo) o por ametropías bilaterales importantes (que pueden sospechar por un comportamiento visual anómalo: el niño no identifica los objetos o las personas a distancias lejanas, se acerca mucho a las cosas para verlas, se tropieza o se cae con frecuencia, no tiene interés por la TV o la lectura, entrecierra sus ojos para ver, etc.). Sin embargo, otras formas pueden no ser obvias para ellos y no se detectan hasta que se realiza al niño una revisión visual rutinaria, como: las causadas por un microestrabismo (pues el estrabismo es tan pequeño que no se aprecia estéticamente y pasa desapercibido) o por anisometropía (ya que el niño se desenvuelve con normalidad al ver bien con uno de los ojos).

Para descartar la ambliopía (o sus causas antes de que la ocasionen), todos los niños deberían someterse a una exploración oftalmológica completa entre los 2,5 años y los 4 años de edad (cuanto antes, mejor)(1-3), aunque nadie les haya notado ningún problema visual. Y, con más razón, aquellos niños con antecedentes familiares de ambliopía o de patologías con mayor riesgo de padecerla, como: estrabismo, catarata congénita, etc. Si se observa en un niño, cualquier posible alteración, dicha exploración oftalmológica debe ser inmediata. “Nunca es demasiado pronto para realizar una exploración oftalmológica en el niño pero, a veces, puede ser demasiado tarde”.

Tratamiento

Actualmente, el tratamiento preferente de la ambliopía sigue siendo la oclusión; previamente, se debe realizar la corrección óptica de las posibles ametropías.

El objetivo del tratamiento es conseguir la mejor AV posible en cada ojo (es decir: 20/20, 1 o 100%).

El estudio de la refracción (que se realizará siempre bajo cicloplejía) y la prescripción de la corrección(1-3) es el primer paso en el tratamiento de toda ambliopía. Su correcta realización mejora el desarrollo de la visión, ya que las ametropías son causa de ambliopía.

Actualmente, el tratamiento preferente de la ambliopía(1-5) sigue siendo la oclusión total (no deja pasar la luz) con parche adherido a la piel, permanente (las 24 horas del día) y asimétrica (más días el ojo bueno que el ojo ambliope). Es el tratamiento más efectivo(4,7), más rápido y más barato. La pauta depende de la edad del paciente, el grado de ambliopía y el tiempo de tratamiento(5). Así, cuanto mayor sea el niño, más profunda la ambliopía y más rápido queramos obtener resultados, más fuerte será el tratamiento. La máxima pauta que usamos para no tener una inversión de la ambliopía ni una ambliopía por deprivación es 1 semana por año de vida: en un niño de 1 año, lo máximo que ocluimos es 6 días el ojo bueno y 1 día el ojo ambliope; en un niño de 2 años, 13 días el ojo bueno y 1 día el ojo ambliope, etc.

Cuando la oclusión no funciona (generalmente porque no se realiza bien), usamos la penalización óptica(6) del ojo bueno; que consiste en la prescripción de una corrección inexacta con el fin de impedir su utilización en la visión de lejos, de cerca o de ambas.

Estrabismo

Introducción

Estrabismo es la desviación manifiesta de un eje ocular en relación con la posición que debería adoptar cuando el otro fija un objeto.

Existe ortoforia cuando ambos ejes visuales efectúan intersección a nivel del objeto fijado, de forma que su imagen se proyecta en la fóvea de cada ojo. De este modo, el mismo objeto es visto simultáneamente en cada ojo bajo un ángulo distinto (debido a la distancia interpupilar). La fusión en la corteza occipital de esas dos imágenes ligeramente diferentes en una imagen única, da lugar a la visión estereoscópica (sensación de relieve o profundidad), característica fundamental de la visión binocular (VB) normal(1-3).

Para que exista ortoforia en las distintas distancias y direcciones de la mirada, es necesario un correcto funcionamiento del aparato neuromuscular oculomotor. Cada ojo dispone de seis músculos: cuatro rectos [lateral (RL), medio (RM), superior (RS) e inferior (RI)] y dos oblicuos [inferior (OI) y superior (OS)](1-3)(Tabla II).

La acción del RL es la abducción (mover el ojo hacia fuera) y la del RM, la aducción (mover el ojo hacia dentro). La principal acción del RS es la elevación (mover el ojo hacia arriba); la del RI, la depresión (mover el ojo hacia abajo); la del OI, la exciclotorsión (rotar el ojo hacia fuera); y la del OS, la inciclotorsión (rotar el ojo hacia dentro).

Foria es la tendencia latente a la mala alineación ocular, de modo que la desviación aparece solo con maniobras disociantes que dificultan la fusión, como la oclusión de un ojo(1-3).

Estrabismo o tropia es la alteración del aparato oculomotor caracterizada por la desviación manifiesta de un eje ocular en relación con la posición que debería adoptar cuando el otro ojo fija un objeto. Es un problema frecuente en niños, afectando al 2-5% de la población preescolar(1-3).

Las desviaciones oculares que ocurren durante el primer mes de vida (consecuencia de la inestabilidad oculomotora) no indican necesariamente la presencia de una anomalía. Sin embargo, aquellas que persisten después de los 2-3 meses, deben considerarse patológicas(1-3).

Consecuencias

La ambliopía es la consecuencia más importante del estrabismo y su tratamiento es prioritario.

El estrabismo, además de las consecuencias estéticas, entraña importantes alteraciones sensoriales(1-4,6) (en la VB y en la AV) y motoras (contracturas y déficits musculares): cuando el niño desvía un ojo, pierde la VB normal, y tiene diplopia (visión doble de un objeto) y confusión (percepción en el mismo punto del espacio de dos objetos diferentes). Para evitar estas anomalías sensoriales, en los niños menores de 6-8 años de edad (debido a su plasticidad cerebral) se ponen en marcha unos mecanismos cerebrales de adaptación(1-4,6), siendo el más frecuente la supresión (o inhibición de las áreas de retina del ojo desviado en las que se desarrolla la diplopia y la confusión), de forma que el cerebro deja de percibir la imagen del ojo desviado. Esta supresión aparece solo en visión binocular; sin embargo, si se produce siempre en el mismo ojo (porque el niño desvía siempre el mismo ojo), origina también una alteración en visión monocular, provocando una ambliopía en el ojo desviado.

La ambliopía es la consecuencia más importante del estrabismo y, como vimos antes, tiene un tratamiento relativamente fácil, si se hace de una forma correcta y en una época adecuada. Por ello, es muy importante el diagnóstico y tratamiento precoces de un estrabismo, ya que cuanto más rápido sea su tratamiento, mejor será el pronóstico sensorial y viceversa.

Clasificaciones

El estrabismo se clasifica según la dirección de la desviación, según su persistencia en el tiempo y según la preferencia o no por un ojo.

El estrabismo se clasifica(1-3):

1. Según la dirección de la desviación:

Estrabismo convergente o endotropia: desviación hacia dentro (Figs. 2-4).

Figura 2. Endotropia congénita. A. Niña de 5 meses con epicantus y endotropia alternante de gran ángulo. B. Niño de 6 meses con endotropia alternante de gran ángulo. C. Niño con endotropia alternante, fijación cruzada (emplea el ojo derecho para mirar hacia la izquierda y el ojo izquierdo para mirar hacia la derecha) y tortícolis horizontal característico (con la cara rotada hacia el ojo fijador).

Figura 4. Endotropia no acomodativa. A. Niño que comienza a los 3 años, de forma insidiosa, con endotropia ojo derecho. A pesar de la corrección total de su hipermetropía se mantiene la desviación, por lo que se le realiza tratamiento quirúrgico. La imagen de la derecha está realizada 4 años después de la cirugía; el niño presenta VB normal. B. Niño que comienza a los 4 años, de forma brusca, con endotropia ojo izquierdo. A pesar de la corrección total de su hipermetropía se mantiene la desviación, por lo que se le realiza tratamiento quirúrgico. La imagen de la derecha está realizada 3 años después de la cirugía; el niño presenta VB normal.

Estrabismo divergente o exotropia: desviación hacia fuera (Fig. 5).

Figura 5. Exotropia intermitente. A.Niño con exotropia intermitente ojo derecho. B. Niño con exotropia intermitente ojo izquierdo.

Hipertropia: desviación hacia arriba.

Hipotropia: desviación hacia abajo. Y todas sus asociaciones.

2. Según su persistencia en el tiempo:

Estrabismo constante: aparece de forma permanente (Figs. 2, 3B, 3C, 4).

Figura 3. Endotropia acomodativa. A. Endotropia acomodativa pura: niña de 3 años con epicantus, telecantus y estrabismo convergente intermitente de ojo derecho al fijar de cerca, que desaparece con la corrección total de su hipermetropía. B. Endotropia acomodativa pura: niño de 4 años con endotropia ojo derecho de 15º, que desaparece con la corrección total de su hipermetropía. C. Endotropia parcialmente acomodativa: niña de 3 años de edad con endotropia ojo derecho de 20º; con la corrección total de su hipermetropía, persiste la desviación (aunque disminuye), por lo que precisó tratamiento quirúrgico.

Estrabismo intermitente: aparece solo en un determinado campo o distancia de la mirada (de lejos o de cerca) o en determinadas circunstancias (enfermedad, nerviosismo, cansancio, etc.) (Figs. 3A y 5). Indica la presencia de cierto grado de VB normal, cuando el niño está en ortoforia.

3. Según la preferencia o no por un ojo:

Estrabismo alternante: se emplea indistintamente uno u otro ojo para fijar, mientras que el otro se desvía. El niño suprime la imagen del ojo desviado, pero al alternar los ojos, ambos desarrollan una visión semejante (pudiendo existir buena AV en ambos ojos).

Estrabismo monocular: solo se usa (o se prefiere) un ojo para la fijación y el otro se desvía constantemente. El niño es propenso a la ambliopía (más o menos profunda) en el ojo desviado.

Tratamiento

El tratamiento de todo estrabismo debe comenzar con la corrección óptica de las posibles ametropías y el tratamiento de la ambliopía.

Los objetivos del tratamiento del estrabismo son(1-3):

Conseguir la mejor AV posible en cada ojo. Es el objetivo principal y prioritario.

Alcanzar la mejor alineación ocular posible, para que no se les note desviar.

Desarrollar la VB normal. Es el objetivo ideal y, en muchos casos, no se alcanzará. Influye mucho la edad de comienzo del estrabismo y el tiempo que transcurre hasta su tratamiento.

El estudio de la refracción y la prescripción de la corrección(1-3) es el primer paso en el tratamiento de todo estrabismo. El estudio de la refracción lo realizamos bajo cicloplejía con ciclopentolato al 0,5% o al 1%, excepto en las endotropias con hipermetropía que utilizamos atropina al 1%(7). Su correcta realización y prescripción de la corrección tiene una doble consecuencia:

1. Sensorial: mejora el desarrollo de la visión, ya que las ametropías son causa de ambliopía.

2. Motora: tiene una actuación directa sobre el factor motor del estrabismo: en las endotropias con hipermetropía, su corrección total desde el primer momento puede hacer que desaparezca la desviación o que se reduzca a un límite donde no se plantee la cirugía(7). En las exotropias con miopía, su corrección total puede reducir el ángulo de desviación y mejorar su control(7).

En el estrabismo, para tratar la ambliopía(1-3), no solo tenemos que recuperar la visión e igualar la AV en AO, sino también conseguir la alternancia para que no recidive la ambliopía(5)y el niño desarrolle la AV hasta 20/20 en AO: un niño de 4 años que ve 20/40 con cada ojo y alterna, a los 8 años llegará a ver 20/20 si sigue alternando; si domina un ojo, recaerá la ambliopía. Por ello, cuando ya hemos curado la ambliopía (con oclusión o penalización óptica), si existe una clara dominancia de un ojo (no hemos conseguido la alternancia), para evitar su recidiva, usamos una penalización ligera, una oclusión total intermitente (solo unas horas al día) o una oclusión parcial en el ojo director.

Por último, realizaremos cirugía si el estrabismo sigue siendo evidente (al niño se le nota desviar) o existen posibilidades de recuperar la VB normal.

Exploración oftalmológica pediátrica

Estudio de la agudeza visual

Es el primer paso y el más importante de la exploración, nos permite diagnosticar si el niño tiene o no ambliopía.

Se debe conocer cuál es la visión normal de los niños a las diferentes edades (Tabla I).

La edad del niño es fundamental a la hora de decidir el test a emplear, ya que se adaptará a la capacidad de respuesta en las distintas edades (Tabla III)(1-3,5).

Menores de 2,5 años(1-3): reflejo de fijación y seguimiento(5): consiste en tapar al niño un ojo (con un parche, la mano, un oclusor…) y con una luz puntual, un objeto o un juguete no sonoro, moviéndolo de un lado a otro, observar el comportamiento del niño a la fijación y seguimiento del mismo. Luego se descubre ese ojo y se tapa el contrario. Si este reflejo no existe o es pobre (es decir, si el niño es incapaz de fijar y seguir o fija y sigue mal) en uno o ambos ojos, existe una ambliopía profunda. También nos puede ayudar el hecho de que el niño llore o rechace la oclusión de uno de los ojos (del ojo que ve mejor).

Entre 2,5 y 4 años(1-3): el niño tiene ya un dominio suficiente del lenguaje, permitiendo con su colaboración cuantificar la AV (comparándola con la normal a su edad y comparar la visión entre AO)(5). El test más apropiado es el de Madame Pigassou: es un test con 7 figuras que los niños reconocen con facilidad (casa, niño, flor, coche, pájaro, sol y gato). El niño nombra la figura que le señalamos o, si no sabe expresarse bien, la señala con el dedo en una cartulina que colocamos previamente al alcance de su mano. Debe realizarse a la distancia correcta (2,5 metros). En un niño de 4 años, se considera normal ver las dos últimas filas de este test (que se corresponden con 20/40, 0,5 o 50% de la visión del adulto)(5).

A partir de los 4 años(1-3): el test más sencillo es la escala de la E de Albini: los niños nos dicen hacia dónde están las patitas de la E, dirigen su mano hacia donde ven las patitas o colocan una E (que les dejamos) como ven la que señalamos(5). Este test ya mide en escala real de adultos y debe realizarse a la distancia correcta (habitualmente 4 metros).

• Siempre hay que tomar la AV de cada ojo por separado y en binocular: si es mejor en binocular que en monocular, sospecharemos la existencia de un nistagmus latente que se ha desencadenado con la oclusión(5). La mejor forma de tapar un ojo para estudiar la AV es mediante un parche adherido a la piel. Si no se dispone de parches y el niño se tapa el ojo con la mano, es muy importante que lo haga con la palma (no con los dedos, porque puede mirar a través de los huecos) y sin apretar el ojo (porque si no al destaparlo disminuirá su visión). Hay que fijarse en la posición de la cabeza del niño, por si adopta una postura de tortícolis que ayude a saber si existe algún problema, como parálisis oculomotora, nistagmus, etc. Hay que evitar ser repetitivos y no dar a los niños demasiadas oportunidades de acertar (ya que su afán es agradar y habitualmente responden como si les estuviésemos examinando): si contestando a bulto, pueden acertar algunas (ya que solo tienen 4 posibilidades), si somos repetitivos en las que fallan, la AV será mejor de la real. Así, si fallan un optotipo, les diremos que se fijen bien, pero pasamos al siguiente. Muchos test tienen una secuencia que se repite (izquierda, arriba, derecha y abajo…), y la memoria de los niños es tan prodigiosa que se pueden aprender las filas o la secuencia. Por ello, se debe tomar la visión salteando los optotipos.

En niños estrábicos de cualquier edad(5): podemos utilizar el test de dominancia ocular que veremos junto al cover test.

Diagnóstico de desviación

El cover test nos permite: confirmar si existe o no estrabismo, saber si este es alternante o monocular, saber si existe ambliopía y su grado, y diferenciar entre tropia y foria.

Dos métodos relativamente sencillos para hacer el diagnóstico de estrabismo en niños, son el test de Hirschberg y el cover test(1-3,5).

Test de Hirschberg

Consiste en la observación de la posición de los reflejos luminosos corneales, cuando se proyecta de cerca una luz puntual hacia la cara del niño(6). Estos reflejos luminosos deben quedar simétricamente centrados en ambas pupilas. Si en un ojo está bien centrado y en el otro ojo está desviado (temporal, nasal, inferior o superiormente), existe un estrabismo.

Este test permite también la medida aproximada del ángulo de desviación(6): si el reflejo de luz coincide con el borde de la pupila del ojo desviado, el ángulo de desviación es de unos 15º; si queda en la mitad del iris, es de alrededor de 30º y, si cae en el limbo corneal, de alrededor de 45º (Tabla IV).

Cover test

Es más preciso y exacto, constituyendo la prueba más importante de la motilidad ocular(8). Puede ser simple o alterno. Para su correcta realización se requiere: colaboración y atención por parte del niño y AV suficiente.

Se realiza empleando una luz puntual o un pequeño objeto llamativo. Como dispositivo de oclusión, se utiliza un oclusor tradicional opaco, la mano o el dedo pulgar.

El cover test simple consta de 2 partes(1-3,8):

1. Cover o maniobra de oclusión: consiste en tapar el ojo que creemos fijador (ojo que mira el objeto) y observar el otro ojo (no ocluido):

• Si realiza un movimiento de fijación: hay estrabismo; convergente (si el movimiento es hacia fuera), divergente (si es hacia adentro), hipertropia (si es hacia abajo) e hipotropia (si es hacia arriba).

• Si no realiza ningún movimiento, destapamos dicho ojo y repetimos la prueba en el otro ojo: si realiza un movimiento de fijación: hay estrabismo, pero nos habíamos equivocado de ojo (creíamos que torcía uno y tuerce el otro). Si no realiza ningún movimiento: no hay estrabismo.

• Si hay estrabismo, al mismo tiempo que observamos el movimiento que realiza el ojo no ocluido, nos fijamos en cómo coge la fijación dicho ojo: es el test de dominancia ocular y nos informa sobre la AV del ojo desviado en niños estrábicos de cualquier edad:

- Si el ojo desocluido está claramente desviado y no se mueve o realiza movimientos anárquicos y erráticos sin conseguir coger la fijación, o bien coge la fijación muy lentamente y le cuesta mantenerla: dicho ojo tendrá una ambliopía profunda.

- Si realiza un movimiento bastante rápido para coger la fijación: dicho ojo tendrá una ambliopía media, ligera o no tendrá ambliopía (lo que sabremos al realizar el uncover).

2. Uncover o maniobra de desoclusión: consiste en destapar el ojo fijador y observar el otro ojo. Nos permite saber si el estrabismo es monocular o alternante (y, por tanto, si existe o no ambliopía y su grado):

• Si pierde rápidamente la fijación y la recupera el ojo recién destapado: el estrabismo es monocular y existirá ambliopía media o profunda en el ojo desviado.

• Si mantiene unos segundos la fijación, pero la pierde sin necesidad de parpadeo: el estrabismo es monocular con cierta alternancia y existirá ambliopía media en el ojo desviado.

• Si mantiene la fijación y la pierde con el parpadeo o el cambio de mirada: el estrabismo es monocular casi alternante y existirá ambliopía ligera en el ojo desviado.

• Si mantiene la fijación mucho tiempo o tenemos que tapar dicho ojo para que la recupere el otro: el estrabismo es alternante y no existe ambliopía.

El cover test alterno nos ayuda al diagnóstico de las forias y de las tropias intermitentes. Consiste en tapar alternativamente uno y otro ojo, sucesivas veces, sin dejar en ningún momento que el niño fusione (al no permitir la visión binocular)(1-3,8). Si no se produce ningún movimiento, existe ortoforia. Si aparece un movimiento, existe una desviación, que si se corrige al retirar la oclusión (con la fusión) es latente o foria, y si no se corrige al retirar la oclusión, es manifiesta o estrabismo.

En una endotropia intermitente, la mejor forma de poner de manifiesto la desviación es hacer fijar al niño de cerca un objeto o dibujo pequeño llamativo y, mientras, hacerle el cover alterno(1-3).

En una exotropia intermitente, la mejor forma de poner de manifiesto la desviación es hacerle fijar al niño de lejos un objeto u optotipo pequeño y, mientras, hacerle el cover alterno(1-3).

Estudio de las versiones

Se realiza en las 9 posiciones diagnósticas de la mirada.

Las versiones son movimientos binoculares conjugados (es decir, en la misma dirección y sentido). Se exploran en las 9 posiciones diagnósticas de la mirada(1-4,9) (Tabla V).

Se pueden obtener de forma voluntaria, óptica (siguiendo una luz puntual o un objeto), acústica (con un objeto o juguete que haga ruido) o con la maniobra oculocefálica o “de cabeza de muñeca” (que consiste en girar bruscamente la cabeza del niño en sentido contrario al que queremos que se muevan los ojos)(1-3).

Debido a que algunas ambliopías y estrabismos son secundarios a alteraciones orgánicas graves del globo ocular (lesiones corneales, catarata, persistencia de vítreo primario, retinoblastoma, lesiones maculares o del nervio óptico, etc.), en todo niño ambliope o estrábico, corresponde al oftalmólogo pediátrico realizar una exploración oftalmológica completa inmediata al diagnóstico, para descartar cualquier patología ocular subyacente(1-3).

Pseudoestrabismos

Se caracterizan por la falsa apariencia de desviación convergente (pseudoendotropia) o divergente (pseudoexotropia) cuando están alineados con precisión ambos ejes visuales.

Convergentes o pseudoendotropias(1-3)

Son bastante frecuentes. Generalmente se deben a epicantus o telecantus. El epicantus (o pliegues prominentes del epicanto) son pliegues cutáneos verticales bilaterales que se extienden desde el párpado superior o inferior hacia el canto medial. El telecantus es un aumento de la distancia entre los cantos nasales, debido a puente nasal plano y ancho o a distancia interpupilar pequeña por ojos muy juntos (Figs. 1A-D).

Figura 1. Pseudoestrabismos. A. Pseudoendotropia por epicantus. B. Pseudoendotropia por telecantus, debido a puente nasal plano y ancho. C. Pseudoendotropia por telecantus, debido a distancia interpupilar pequeña por ojos muy juntos. D. Pseudoendotropia por epicantus y telecantus: en las miradas laterales, las zonas nasales de esclera se enconden en el repliegue o en la base de la nariz simulando una endotropia. En todos los casos, se observa cómo el reflejo luminoso está centrado en ambas pupilas. E. Pseudoexotropia por hipertelorismo. F. Pseudoexotropia por ángulo kappa positivo: el reflejo de luz en la pupila está desplazado nasalmente simulando una exotropia.

Aunque el reflejo luminoso está centrado en ambas pupilas, estas características contribuyen a una falsa apariencia de endotropia. Se debe a que la familia juzga por las zonas blancas de esclera que se ven a los lados nasales de la córnea (que, en estos casos, no existen o son menores de lo esperado) y cree que el niño mete el ojo, en especial en las miradas laterales (que el ojo se esconde en el repliegue o en la base de la nariz) (Fig. 1D). Estos rasgos van desapareciendo con el crecimiento del niño: el puente nasal se hace más prominente, desplaza los pliegues epicánticos y el niño supera este aspecto(10). Aunque son muy frecuentes en la raza occidental; son aún más frecuentes en la oriental y, aunque con el crecimiento suele atenuarse la sensación de estrabismo, permanece en la edad adulta.

Como puede existir un estrabismo en niños con epicantus y/o telecantus (Figs. 2A y 3A), siempre hay que explorarlos. Además, como estos niños pueden desarrollar más tarde una tropia verdadera, son necesarias valoraciones repetidas si no mejora la supuesta desviación.

Divergentes o pseudoexotropias(1-3)

Son muy poco frecuentes. Generalmente se deben a: hipertelorismo (separación grande entre los ojos) (Fig. 1E) o a descentramiento nasal del reflejo luminoso corneal por ángulos kappa positivos (la mayoría) (Fig. 1F).

En general, si la familia dice que el niño tuerce un ojo hacia fuera, es cierto casi en el 100% de los casos; en cambio, si dice que tuerce hacia adentro, puede tratarse de una pseudoendotropia.

Para hacer el diagnóstico de pseudoestrabismo, con el test de Hirschberg se examina si el reflejo luminoso corneal está simétricamente centrado en ambas pupilas; y con el cover alterno se confirma esta condición.

Estrabismos más frecuentes en la infancia

En nuestro medio, predominan las endotropias sobre las exotropias.

Endotropia congénita(1-4,6,8,10)

Endotropia de aparición precoz, habitualmente alternante y con fijación cruzada.

Es aquel estrabismo convergente que aparece en los primeros 6 meses de vida, generalmente entre los 2 y los 4 meses (Fig. 2).

Habitualmente los niños alternan de forma espontánea su fijación, por lo que no suelen desarrollar ambliopía.

Suelen presentar fijación cruzada, con sus ojos en aducción, empleando el ojo derecho para mirar hacia la izquierda y el izquierdo para mirar hacia la derecha (Fig. 2).

Generalmente existe dificultad de abducción en ambos ojos, lo que determina el tortícolis horizontal tan característico de estos niños, con la cara rotada hacia el lado del ojo fijador (Fig. 2).

El ángulo de desviación suele ser bastante grande (Fig. 2).

Habitualmente, se asocia con nistagmus latente, que se desencadena al ocluir cualquier ojo.

Endotropia acomodativa(8,10)

Endotropia en la que el ángulo de desviación varía con el esfuerzo acomodativo y desaparece o disminuye tras la corrección de la hipermetropía.

Es aquel estrabismo convergente en el que el ángulo de desviación varía con el esfuerzo acomodativo.

La edad de comienzo es muy variable, generalmente alrededor de los 2-3 años de vida (que es cuando los niños empiezan a hacer esfuerzos acomodativos). Suele empezar como un estrabismo intermitente al fijar, especialmente de cerca, un objeto pequeño; y con el tiempo se hace constante, aunque suele ser más manifiesto de cerca que de lejos (Fig. 3).

Habitualmente es monocular, siendo frecuente la ambliopía en el ojo desviado, si no se trata precozmente.

El ángulo de desviación suele ser menor de 20-25º (Fig. 3).

En la forma pura, con la corrección total de la hipermetropía y el tratamiento de la ambliopía, desaparece la desviación de lejos y de cerca (Figs. 3A y B).

En la forma parcialmente acomodativa, con la corrección total de la hipermetropía y el tratamiento de la ambliopía disminuye la desviación, pero queda un ángulo residual (Fig. 3C). Se produce con frecuencia, cuando hay retraso entre el inicio de la endotropia acomodativa y su tratamiento, o cuando se mal prescribe al principio una hipocorrección hipermetrópica.

Endotropia no acomodativa(1-3,8,10)

Endotropia en la que el ángulo de desviación no varía con el esfuerzo acomodativo.

Es aquel estrabismo convergente en el que el ángulo de desviación no varía con el esfuerzo acomodativo. Es la forma más frecuente de estrabismo.

Suele comenzar entre los 12 meses y los 4 años de edad, bien de forma brusca (tras un estado febril o un estrés físico o emocional) o insidiosa (con un ángulo de desviación que va aumentando en magnitud y frecuencia hasta que se hace constante) (Fig. 4).

Habitualmente es monocular, con ambliopía de grado variable en el ojo no fijador (dependiendo del tiempo de evolución del estrabismo).

El ángulo de desviación suele ser inferior a 20-25º (Fig. 4).

Aunque puede haber hipermetropía, su corrección no influye en la desviación (Fig. 4).

Microendotropia(1-4,6,8,10)

Endotropia de pequeño ángulo de desviación.

Es aquel estrabismo convergente de pequeño ángulo de desviación (inferior a 5º).

Es monocular, con gran tendencia a desarrollar ambliopía (media o profunda) en el ojo desviado.

Al no apreciarse estéticamente, pasa desapercibido y no se detecta hasta que se hace una revisión visual al niño.

Exotropia intermitente(1-3,10,11)

Es la exotropia más frecuente en la infancia; en ella coexisten momentos de ortoforia y momentos de exotropia (si cansancio, enfermedad, nerviosismo o pérdida de atención).

Es aquel estrabismo divergente que en algún momento no tuerce los ojos, ya sea de lejos o de cerca; coexistiendo, momentos de ortoforia (con VB normal)(4)y momentos de exotropia (Fig. 5).

Es la exotropia más frecuente en la infancia. La edad de comienzo suele ser entre los 6 meses y los 2 años(4)de vida. Al principio, suele ser más evidente durante la fijación de lejos.

La familia suele referir que el niño tuerce un ojo hacia fuera (generalmente en caso de cansancio, enfermedad, nerviosismo o pérdida de atención), tiene una mirada extraña o que el movimiento de los ojos no es coordinado (un ojo se le queda “parado”).

Una característica bastante típica es el cierre de un ojo (guiño) ante la luz intensa o el sol.

No suelen presentar ambliopía o esta es ligera. Sin embargo, habitualmente la dominancia ocular es muy marcada (hay un ojo fijador y el ojo que desvía el niño suele ser siempre el mismo) (Fig. 5).

Parálisis del IV par(1-3,8,10,12,13) (Fig. 6)

Figura 6A Parálisis del IV par. A. Niño de 2 años con paresia congénita del músculo OS derecho: presenta un tortícolis característico con cabeza hacia hombro izquierdo. Existe hipertropia de ojo derecho, mayor en la mirada a la izquierda y al inclinar la cabeza sobre el hombro derecho (maniobra de Bielschowsky positiva). En la exploración de las versiones, llama la atención la hipofunción del OS y del RI y la hiperfunción del RS y OI derechos.

Figura 6B. Parálisis del IV par. B. Niña de 3 años con paresia congénita del músculo OS izquierdo: presenta un tortícolis característico con cabeza hacia hombro derecho. Existe hipertropia de ojo izquierdo, mayor en la mirada a la derecha y al inclinar la cabeza sobre el hombro izquierdo (maniobra de Bielschowsky positiva). En la exploración de las versiones, llama la atención la hipofunción del OS y la hiperfunción del OI izquierdos.

Ante un niño con la cabeza inclinada hacia un hombro, sospecharemos una parálisis del OS.

La parálisis del OS es la parálisis óculo-motora más frecuente, predominando la forma congénita(12). Puede ser unilateral o bilateral.

Generalmente, los niños adoptan una posición anómala de la cabeza (tortícolis) para conseguir la VB normal: dirigen su cabeza o su cara hacia el campo de acción del músculo OS parético, desplazando la mirada en sentido opuesto. En teoría, el tortícolis debería constar de 3 componentes: torsional (inclinación de la cabeza hacia el hombro opuesto al ojo afectado), horizontal (giro de la cara hacia el lado opuesto al ojo afectado) y vertical (descenso del mentón). Sin embargo, en la práctica, el componente más típico y característico (que sugiere el diagnóstico a primera vista) es la inclinación de la cabeza hacia el hombro opuesto al ojo afectado (Fig. 6). Este tortícolis es tan eficaz que, con cierta frecuencia, los oftalmólogos pediátricos vemos niños que han sido sometidos a ejercicios de fisioterapia o han llevado algún dispositivo corrector, porque el pediatra ha pensado que la causa era músculo-esquelética. Por ello, para evitar errores diagnósticos, en todo niño con tortícolis, es importante la colaboración entre oftalmólogos y pediatras; y ante un niño con la cabeza inclinada hacia un hombro, hay que pensar también en una parálisis del OS.

En este cuadro, además del tortícolis, existe: hipertropia del ojo afectado que aumenta en aducción y disminuye en abducción; e hipertropia de dicho ojo que aumenta con la inclinación de la cabeza hacia el hombro del ojo afecto (maniobra de Bielschowsky positiva) (Fig. 6).

Puede existir hipofunción del OS afectado (Fig. 6). Y la aparición de los secundarismos depende, entre otros factores, de la relación entre el ojo fijador y el ojo afectado por la paresia: si el ojo fijador es el sano, aparece una hiperfunción del OI ipsilateral (Fig. 6); y si el ojo fijador es el afectado, se desarrolla una hiperfunción del RI contralateral.

Función del pediatra de Atención Primaria

• Conocer cuál es la visión normal de los niños a las diferentes edades.

• Estudiar la agudeza visual de los niños con el test adecuado para cada edad, con el fin de detectar precozmente la ambliopía, y poder remitir al niño lo más pronto posible al oftalmólogo pediátrico para su estudio y tratamiento.

• Realizar una exploración oftalmológica básica en los niños, con el fin de detectar precozmente el estrabismo, y poder remitir al niño lo más pronto posible al oftalmólogo pediátrico para su estudio y tratamiento.

• Saber reconocer un pseudoestrabismo.

• Conocer las características clínicas más típicas de los estrabismos más frecuentes en la edad pediátrica y los principios básicos de su tratamiento. El tratamiento siempre es competencia del oftalmólogo pediátrico u oftalmólogo especialista en estrabismo.

• Tener como norma que todos los niños deberían someterse a una exploración oftalmológica completa por un oftalmólogo pediátrico antes de los 4 años de edad, aunque nadie les haya notado ningún problema visual. Con más razón, aquellos niños con antecedentes familiares de ambliopía o de patologías con mayor riesgo de padecerla.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1.*** Merchante Alcántara MM. Estrabismo. Pediatría Integral. 2005; IX(6); 431-46.

2.*** Merchante Alcántara MM. Estrabismo. Pediatría Integral. 2009; XIII(7); 637-54.

3.*** Merchante Alcántara MM. Estrabismo y ambliopía. Pediatría Integral. 2013; XVII(7); 489-506.

4.** Kanski. Estrabismo. En: Kanski. Oftalmología Clínica. 8ª ed. Ediciones Elsevier. p. 728-72.

5.*** Castiella Acha JC, López Garrido JA, Anguiano Jiménez M, Usabiaga Uzcandizaga M. Tratamiento de la ambliopía estrábica. En: Estado actual del tratamiento del estrabismo. Galán Terraza A, Visa Nasarre J. LXXXVIII Ponencia Oficial de la Sociedad Española de Oftalmología 2012. Mc Line, S.L. p. 405-48.

6.* Gil-Gibernau JJ. Estrabismo. En: Gil-Gibernau JJ. Tratado de Oftalmología Pediátrica. p. 47-60.

7.** Castiella JC, Pastor JC. La refracción en el niño. 1ª ed., 1997. Primera reimpresión, 1999. McGraw-Hill/Interamericana de España, S.A.U.

8.*** Prieto-Díaz J, Souza-Días C. Estrabismo. 5ª ed. 2005. Buenos Aires (Argentina).

9.* Wagner Rudolph S. Exploración en oftalmología pediátrica. En: Nelson. Harley. Oftalmología Pediátrica. 4ª ed., Mc Graw-Hill Interamericana. p. 92-107.

10.** Olitsky Scott E, Nelson Leonard B. Trastornos caracterizados por estrabismo. En: Nelson. Harley. Oftalmología Pediátrica. 4ª ed., Mc Graw-Hill Interamericana. p. 164-215.

11.** Merchante Alcántara MM. Exploración, diagnóstico y tratamiento del estrabismo divergente. Acta Estrabológica. 2001; XXX: p. 65-79.

12.** Kanski. Neuroftalmología. En: Kanski. Oftalmología Clínica. 8ª ed. Ediciones Elsevier. p. 774-849.

13.* Rodrigo Guzmán J. Neuroftalmología Pediátrica. En: Gil-Gibernau JJ. Tratado de Oftalmología Pediátrica. p. 261-87.

Bibliografía recomendada

– Merchante Alcántara MM. Estrabismo. Pediatría Integral. 2009; XIII(7); 637-54.

Similar artículo al actual destinado a pediatras, con iconografía y caso clínico diferentes.

– Merchante Alcántara MM. Estrabismo y ambliopía. Pediatría Integral. 2013; XVII(7); 489-506.

Similar artículo al actual destinado a pediatras, con iconografía y caso clínico diferentes.

– Kanski. Estrabismo. En: Kanski. Oftalmología Clínica. 8ª ed. Ediciones Elsevier. p. 728-72.

Se repasa la anatomía y acciones de los músculos extraoculares y las consecuencias del estrabismo, así como la exploración oftalmológica de dicha patología, y se revisan las distintas formas clínicas.

– Castiella Acha JC, López Garrido JA, Anguiano Jiménez M, Usabiaga Uzcandizaga M. Tratamiento de la ambliopía estrábica. En: Estado actual del tratamiento del estrabismo. Galán Terraza A, Visa Nasarre J. LXXXVIII Ponencia Oficial de la Sociedad Española de Oftalmología 2012. Mc Line, S.L. p. 405-48.

Es el libro más actual sobre el tratamiento de todos los tipos de estrabismo y la ambliopía.

– Merchante Alcántara MM. Exploración, diagnóstico y tratamiento del estrabismo divergente. Acta Estrabológica. 2001; XXX: p. 65-79.

Repaso básico de los conocimientos, que precisa un oftalmólogo sobre los estrabismos divergentes, de cara a su exploración, diagnóstico y tratamiento (médico y quirúrgico).

 

Caso clínico

 

Historia clínica

Niño de 2 años y medio que hace una semana empezó a desviar de forma intermitente el ojo derecho hacia dentro, y desde hace 5 días lo desvía constantemente.

No existen antecedentes sistémicos personales ni familiares de interés y, como antecedente oftalmológico familiar, existe miopía y astigmatismo leves.

Exploración pediátrica

• Agudeza visual: OD: 1. OI: 1.

• Cover test simple: de lejos y cerca: domina ojo izquierdo +20º.

Se remite al niño inmediatamente al oftalmólogo pediátrico para estudio y tratamiento.

Exploración oftalmológica

Agudeza visual:

- OD: 1.

- OI: 1. (Test de Pigassou).

• Refracción bajo atropina al 0,5% durante 7 días:

- OD: + 5 D (-2 D a 10º).

- OI: + 5 D (-2 D a 165º).

• Exploración sensorial:

- Luces de Worth lejos: no realiza.

- Luces de Worth cerca: suprime ojo derecho.

- Test vectográficos y titmus de lejos: no realiza.

- Titmus de cerca, T.N.O. y Lang: no realiza.

• Exploración motora:

- De lejos: domina ojo izquierdo +15º. De cerca: domina ojo izquierdo +25º.

- Motilidad y convergencia: normales.

• Biomicroscopía de polo anterior: sin alteraciones.

• Fondo de ojo (bajo midriasis medicamentosa): compatible con la normalidad.

 

Figura 7. En la imagen de la izquierda el niño está fijando de lejos y en la de la derecha, de cerca.

 

 

 

Detección precoz de los trastornos de refracción

J. Marès Bermúdez*, D. van Esso Arbolave**
Temas de FC


J. Marès Bermúdez*, D. van Esso Arbolave**

*Institut Pediàtric Marès-Riera. Blanes (Girona). **Servicio de Atención Primaria Muntanya. Ámbito Barcelona. Institut Català de la Salut

Resumen

Los defectos de refracción o ametropías son extremadamente frecuentes en la población y afectan hasta al 20% de los niños en edad preescolar y escolar. Las ametropías no detectadas en los primeros años de vida, especialmente las anisometropías, pueden interferir con el proceso madurativo de la agudeza visual y generar una ambliopía (ojo vago). La ambliopía es la causa prevenible de pérdida de visión más importante en la edad pediátrica y afecta a un 2-4% de la población. La determinación de la agudeza visual con optotipos ha sido y sigue siendo la técnica más utilizada para la detección de defectos visuales. La principal limitación de esta técnica es que no puede realizarse antes de los 3-4 años de forma fiable, ya que requiere una colaboración activa del paciente. En el caso de las ambliopías, el retraso en el diagnóstico puede limitar la recuperación completa. Los autorefractómetros binoculares portátiles son instrumentos que permiten a los profesionales de Atención Primaria explorar la visión a partir de los 6-9 meses de edad, y detectar precozmente defectos de la refracción potencialmente ambliogénicos, representando un avance cualitativo muy importante en la actividad preventiva realizada en Atención Primaria.

 

Abstract

Refractive errors are extremely frequent in general population and affect up to 20% of children in pre-school and school age. The refractive errors not detected in the first years of life, specially anisometropia, may interfere with the normal development of visual acuity and lead to amblyopia. Amblyopia is the most important cause of preventable visual impairment in paediatric age and its prevalence ranges between 2 and 4%. Visual acuity measurement with charts has been and continues to be the most used vision screening test for visual defects. The main limitation of chart based tests is that that they cannot be reliably performed under 3-4 years of age as they need an active collaboration of the patient. In the case of amblyopia, a late diagnosis may compromise complete recovery. Binocular portable autorefractors are instruments that allow primary care professionals screen infants starting from 6-9 months of age allowing an earlier detection of potentially amblyogenic defects representing a very important qualitative progress in primary care preventive activities.

 

Palabras clave: Defectos de refracción; Ametropías; Anisometropías; Ambliopía; Autorefractómetro

Key words: Refractive errors; Ametropia; Anisometropia; Amblyopia; Autorefractors

 

Pediatr Integral 2018; XXII (1): 24 –31


Detección precoz de los trastornos de refracción

Introducción

La detección precoz de los defectos de refracción, habitualmente asintomáticos, es un reto para el pediatra y un gran beneficio para el niño.

Los defectos de refracción, también denominados como ametropías, son extremadamente frecuentes en la población y afectan a un 10% de los niños en edad preescolar y hasta al 20% en edad escolar. A diferencia del ojo normal o emétrope, cuando existe un defecto de la refracción, la imagen del objeto no se proyecta sobre la retina, dando lugar a una visión poco nítida y, por tanto, una menor agudeza visual, haciendo necesario un esfuerzo acomodativo para intentar mejorar la nitidez de la imagen(1,2).

Aunque la corrección óptica con lentes permite compensar la mayoría de los defectos de refracción normalizando la agudeza visual, la presencia de ametropías no detectadas durante la primera infancia tiene especial transcendencia, ya que pueden interferir con el proceso madurativo de la capacidad visual, que al alterarse puede generar consecuencias irreversibles del desarrollo normal de la visión, cuya expresión más grave es la ambliopía (ojo vago). La ambliopía se produce en los primeros años de vida, durante el proceso de desarrollo de la capacidad visual, y afecta a un 2-4% de la población(2-4). Cuando en este periodo el cerebro no recibe de forma nítida la imagen visual de uno u ambos ojos, suprime la visión del ojo con imagen borrosa. Cualquier obstáculo a la visión de un ojo (catarata, ptosis palpebral) o la pérdida de la alineación visual (estrabismo, nistagmus) pueden generar una ambliopía, pero la causa más frecuente es la diferente refracción entre ambos ojos, denominada anisometropía. La anisometropía puede ser debida a un defecto de refracción unilateral o a un defecto bilateral asimétrico, que condiciona que un ojo proyecte sobre la retina una imagen mucho más nítida que el otro. También, aunque son menos frecuentes, los defectos de refracción graves bilaterales, como la miopía congénita, pueden generar una ambliopía bilateral(1-3).

Por esta razón, la detección precoz de los defectos de refracción es un reto para el pediatra, la ausencia de síntomas obliga a plantear estrategias específicas para descubrirlos, y el retraso en su diagnóstico y tratamiento puede tener consecuencias irreversibles para el paciente.

Desarrollo de la visión

El periodo de maduración visual comienza al nacimiento y finaliza, aproximadamente, a los 7 años.

Aunque el ojo del recién nacido tiene una anatomía correcta, su capacidad funcional es muy reducida. Necesita recibir estímulos que se proyecten adecuadamente sobre la retina para que el sistema visual madure, siendo este proceso extremadamente complejo.

El neonato a término es capaz de distinguir entre la luz y la oscuridad. Al mes de vida, puede seguir un objeto en un arco de 90º. A las 6 semanas, ya establece contacto visual con sus progenitores, a los 2 meses reconoce el contorno facial y es capaz de fijar la mirada, y a los 3 meses sigue un objeto 180º(3).

El recién nacido normal es hipermétrope de 2-3 dioptrías (hipermetropía fisiológica) debido a su tamaño ocular menor, con un eje anteroposterior reducido. Con el crecimiento ocular, el ojo del niño realiza un proceso de emetropización, que en la mayoría de niños se completa sobre los 5-6 años de edad, aunque puede alargarse hasta la adolescencia y, en algunos casos, persistir una leve hipermetropía toda la vida. Esta hipermetropía fisiológica se compensa fácilmente durante la niñez, gracias a la gran capacidad de acomodación en esta época de la vida. Aunque con menor frecuencia, algunos niños presentan también, en su primer año de vida, un astigmatismo de hasta 1-2 dioptrías que se normaliza a partir de esa edad(1).

La agudeza visual del niño aumenta de forma progresiva durante el proceso de maduración visual. Al año de edad, la agudeza visual, evaluada con métodos subjetivos (optotipos) y expresada con la notación de Snellen, es de 0,2, a los 2 años de 0,5, a los 3 años de 0,8, y entre los 4-5 años se alcanza la agudeza visual normal de 1,0. Cuando se evalúa con métodos objetivos, la agudeza visual igual a la unidad (20/20) parece conseguirse antes, hacia los 2-3 años de edad(1,3).

Defectos de refracción o ametropías

La hipermetropía, miopía y astigmatismo son defectos de refracción frecuentes en la edad pediátrica, suelen pasar desapercibidos y su detección precoz es esencial.

Cuando existe un defecto de la refracción, la imagen del objeto no se proyecta correctamente sobre la retina, produciendo una visión poco nítida y, por tanto, una menor agudeza visual. La sintomatología es variable, depende del tipo y la gravedad del defecto. La gran mayoría de las ametropías pasan desapercibidas en los primeros años de vida, aunque siempre tienen implicaciones significativas para el niño afecto y, en ocasiones, por interferir con la maduración visual, sus consecuencias pueden ser graves.

Hipermetropía

En la hipermetropía, el ojo tiene un eje anteroposterior más corto de lo normal y la imagen de un objeto situado en el infinito se proyecta detrás de la retina. Si actúa el mecanismo de la acomodación visual, muy activo en el niño, la imagen puede proyectarse por compensación en la retina, dando lugar a una agudeza visual normal a pesar del defecto. Esto es posible en las hipermetropías ligeras (< de 3 dioptrías) o en las medias (de 3-5 dioptrías), pero no es posible, por lo general, acomodar en las severas (> de 5 dioptrías), en las que la agudeza visual suele ser siempre más baja de lo normal.

El niño hipermétrope ve bien, pero se cansa con el esfuerzo visual sostenido, y los síntomas están relacionados con ese esfuerzo: ojos rojos después de leer o escribir, cefaleas, falta de interés en actividades que requieren visión próxima, interferencia en el aprendizaje… En algunos niños, se puede producir un estrabismo convergente por sinergia con el trabajo acomodativo para compensar la hipermetropía. No obstante, cuando el defecto es leve (< 3 dioptrías), la hipermetropía suele ser totalmente asintomática. El mayor problema ocurre cuando la hipermetropía es asimétrica (anisometropía hipermetrópica), dado que al ser siempre la acomodación un mecanismo simétrico que no permite compensar la diferencia entre ambos ojos, se produce una imagen borrosa en el ojo con mayor graduación, generando en el niño, una ambliopía. Aunque la ambliopía también es asintomática, puede dar lugar a un déficit visual irreversible total o parcialmente, con persistencia de una baja agudeza visual para toda la vida(1,2).

Miopía

El ojo miope tiene un eje anteroposterior más largo y, por tanto, la imagen situada en el infinito se proyecta por delante de la retina. En ocasiones, también puede ser debida a un cristalino más pequeño y con mayor curvatura que, al tener mayor potencia como lente positiva, forma el foco de la imagen por delante de la retina a pesar de un eje anteroposterior normal (miopía característica en niños prematuros). La agudeza visual del miope esta reducida en visión lejana, no siendo posible acomodar el defecto. En visión próxima la visión es buena y, por ello, el niño miope ve mal de lejos y se acerca excesivamente a los objetos próximos para verlos bien. También es un signo típico de miopía guiñar los ojos para ver mejor de lejos(2).

La miopía puede ser congénita o adquirida. La congénita es, habitualmente, elevada, mayor de 5 dioptrías, y generalmente no aumenta durante el crecimiento. La miopía más común es la adquirida, que aparece a medida que el ojo hipermétrope del recién nacido realiza su proceso de emetropización, durante los primeros años de vida, y mayoritariamente se manifiesta en la etapa escolar, a partir de los 7 años de edad. Esta miopía va progresando durante todo el periodo de crecimiento en la infancia y la adolescencia, incluso en los jóvenes adultos(1).

Las miopías graves tanto uni como bilaterales presentes en los primeros años de vida pueden generar una ambliopía uni o bilateral, respectivamente.

Astigmatismo

En este caso, la refracción o potencia óptica del ojo es diferente en los distintos meridianos, debido fundamentalmente a diferencias en los radios de la curvatura corneal. Hay tres tipos básicos: hipermetrópico, miópico o mixto, en función de si el foco del meridiano con astigmatismo proyecta la imagen por detrás o por delante de la retina o existe un meridiano hipermetrópico y otro miópico. Aunque puede existir aislado, con frecuencia se asocia a los otros defectos de refracción, tanto a la hipermetropía o a la miopía, agravando el resultado visual. Los astigmatismos afectan sensiblemente a la agudeza visual y producen cansancio visual (astenopia), dando lugar en el niño: a ojos rojos después de leer o escribir, parpadeo, cefaleas, falta de interés en actividades que requieren visión próxima e interferencia en el aprendizaje. A diferencia de la hipermetropía, que mejora con la edad, o la miopía, que empora con el crecimiento, el astigmatismo suele mantenerse relativamente estable a lo largo de la vida. Combinados o no con otras ametropías y, muy especialmente cuando son asimétricos, también son causa de ambliopía(1,2).

Anisometropía y ambliopía

Los defectos de refracción asimétricos o anisometropías son la causa más frecuente de ambliopía.

Cuando existe una ametropía con diferente refracción entre ambos ojos se denomina anisometropía. Cuanto mayor sea la diferencia de refracción entre ambos ojos y menor sea la edad del niño, más probable y más grave será la interferencia con la maduración visual y mayor el riesgo de ambliopía. Aunque el riesgo de ambliopía existe hasta los 6 años de edad, en que se completa el proceso madurativo, la mayor susceptibilidad es cuando la anisometropía se produce en los primeros 2 o 3 años de vida. Las altas miopías congénitas unilaterales cursan siempre con ambliopía grave y, si el diagnóstico es tardío, nunca se obtienen buenos resultados funcionales a pesar del correcto tratamiento. En cambio, en las miopías que aparecen tardíamente, en la edad escolar, raramente aparece ambliopía, aunque un ojo sea más miope que el otro. La anisometropía hipermetrópica origina ambliopía más fácilmente que la miópica y es, en general, el defecto de refracción que con mayor frecuencia causa el ojo vago. La asociación de astigmatismo, tanto a la hipermetropía como a la miopía, si agrava la anisometropía, aumenta aún más el riesgo. La anisometropía es patológica a cualquier edad y, cuando en la primera infancia se detecta una diferencia de refracción igual o superior a 1,0 dioptría entre ambos ojos, debe considerarse siempre la existencia de un alto riesgo de ambliopía(1,2,5).

La ambliopía es la disminución de la agudeza visual de uno o, más raramente, de ambos ojos, a pesar de corregir adecuadamente el defecto de refracción subyacente. En este caso, la reducción de la agudeza visual es debida a que el cerebro, al no recibir de forma nítida la imagen visual de uno u ambos ojos durante el periodo de maduración visual, suprime la visión del ojo con imagen borrosa. Tanto la privación visual que obstaculice la visión de un ojo (presencia de una catarata, ptosis palpebral, opacidad corneal), como la pérdida de la alineación visual por un estrabismo o la anisometropía, pueden generar una ambliopía(1,5,6). Pero la causa más frecuente y que más pasa inadvertida es la diferente refracción entre ambos ojos.

El éxito en la recuperación de las ambliopías debidas a anisometropía depende de la precocidad de su detección y de la aplicación del tratamiento adecuado, que implica la corrección óptica de la ametropía causante y la oclusión intermitente del ojo sano que permita estimular al ambliope. Si estas se detectan y se tratan antes de los 4 años de edad, pueden recuperarse en más de un 90% de los casos, si se detectan entre los 4 y los 6 años, la recuperación completa solo alcanza un 60%, y si se inicia el tratamiento entre los 6 y 8 años, se recuperan menos del 30%. A partir de los 10 años, la ambliopía es irrecuperable(6). La ambliopía es, por tanto, la causa prevenible de pérdida de visión más importante en la edad pediátrica(5,6).

Detección de las ametropías en la consulta de Atención Primaria

Las pruebas para la detección precoz de los defectos de refracción visual deben incorporarse de forma rutinaria en el programa de seguimiento del niño sano.

Si tenemos en cuenta que la mayoría de ametropías, la anisometropía y la ambliopía suelen ser asintomáticas, su detección precoz es un reto para el pediatra y su diagnóstico y tratamiento, temprano y adecuado, esencial para el pronóstico visual del paciente.

Evaluación en el primer año de vida

En el recién nacido y en el lactante de pocos meses de vida, la detección de posibles defectos visuales y de refracción se basará en(2,3,5):

• Examen del tamaño y transparencia corneal.

• Presencia de reflejo fotomotor.

• Parpadeo ante la iluminación intensa o brillante.

• Fijación de la mirada a partir del mes de vida.

• Seguimiento visual a los 2-3 meses de vida.

• Reflejo rojo del área pupilar al visualizar las pupilas con un oftalmoscopio a 1 metro de distancia (test de Brükner). Además de permitir detectar opacidades del cristalino (cataratas) o alteraciones de la retina (retinoblastoma), la detección de un reflejo rojo de brillo asimétrico entre ambos ojos sugiere una anisometropía. Debe realizarse en una habitación con poca luz(1,5).

• Motilidad ocular adecuada.

• Alineación ocular correcta. Es de utilidad explorar con una fuente de luz para visualizar el reflejo luminoso corneal centrado en las pupilas (test de Hirschberg). Y, a continuación, es útil ocluir intermitentemente y alternativamente los ojos (maniobra de cover-uncover) que permite detectar forias (estrabismo latente). Un estrabismo intermitente en los 6 primeros meses de vida se puede considerar normal, pero no si es constante. A partir de esta edad, cualquier pérdida de alineación es patológica(1,5).

Cualquier alteración en la evaluación de estos parámetros, puede ser debida a un defecto de refracción u otra anomalía visual, y requerirá derivación al oftalmólogo para evaluación.

Evaluación de la agudeza visual

La evaluación subjetiva de la agudeza visual (AV) permite comprobar la presencia de una función visual adecuada o inadecuada, y es una prueba esencial para la detección de defectos visuales en la infancia. Precisa de la colaboración del niño y es posible realizarla en algunos niños muy colaboradores a partir de los 3 años y, en la mayoría de casos, a partir de los 4 años. Para ello, se utilizan distintos optotipos, como el de dibujos de Pigassou (Fig. 1) a partir de los 3 años, la E de Snellen (Fig. 2) a partir de los 4 años y optotipos de letras a partir de los 5-6 años de edad(1,2,4,5).

Figura 1. Optotipo de Pigassou. Dibujos fácilmente reconocibles para niños a partir de los 3 años de edad. Pueden nombrarlos o señalarlos en una lámina de plástico que contiene los mismos dibujos.

 

Figura 2. Optotipo con la E de Snellen. El niño debe indicar hacia donde van las puntas de la E verbalmente, indicándolo con el dedo o con la ayuda de una E de plástico o cartón rígido, que coloca como la que se le muestra.

La evaluación con optotipos no detecta defectos de refracción, sino déficits de agudeza visual que, si está por debajo de la considerada como normal para la edad del niño o se detecta una diferencia de agudeza visual en más de 0,2 entre ambos ojos, obligará a remitir al paciente para evaluación por el oftalmólogo. La exploración correcta requiere una iluminación adecuada, colocar al paciente a la distancia correcta (3-5 metros), según el optotipo utilizado, y realizar primero la evaluación binocular y, posteriormente, de cada ojo por separado, ocluyendo adecuadamente el ojo contrario. Ya que los niños con hipermetropía tendrán generalmente una AV normal gracias a su capacidad de acomodación, es recomendable realizar en los niños con prueba de AV normal, una nueva medición con una lente de +2,0 dioptrías. En caso de tratarse de una paciente hipermétrope, seguirá mostrando una AV normal, mientras que el emétrope presentará una AV menor cuando se explora con dicha lente. En este caso, el niño con AV normal con y sin lentes de +2,0, deberá remitirse al oftalmólogo para valorar la presencia de una hipermetropía(1,4).

El principal problema del screening de la agudeza visual con optotipos es que no es realizable, en la mayoría de los casos, de forma fiable antes de los 4 años de edad, requiere colaboración del paciente y pericia por parte del examinador. Permite detectar pacientes que presentan ametropías y anisometropías, pero a una edad relativamente tardía, especialmente en los niños afectos de ambliopía en los que sería deseable un diagnóstico más precoz.

Test de visión estereoscópica

Los test de visión estereoscópica son pruebas que exploran la estereopsis o visión en 3D, que está ausente en caso de defectos de refracción anisométricos y de alineación visual, motivo por el cual se ha postulado como herramienta de screening para la ambliopía y el estrabismo(7).

Para que la visión estereoscópica tenga lugar, el cerebro debe poder fusionar dos imágenes similares, pero diferentes que le llegan de cada ojo, lo que permite elaborar una imagen tridimensional. Si una de las imágenes es anulada por el cerebro, no habrá visión estereoscópica. Los defectos visuales que con mayor frecuencia producen pérdida de la visión estereoscópica son los estrabismos y las anisometropías, y su consecuencia es la ambliopía(8).

Test de Lang (Fig. 3)

Figura 3. Lang-stereotest. Test sencillo para evaluar la visión estereoscópica (tridemensional) sin necesidad de usar gafas polarizadas. La estrella se visualiza en visión bidimensional (monocular o sin visión estereoscópica). La luna, el elefante y el camión solo si el niño tiene una estereopsis adecuada.

El test de Lang es muy sencillo y rápido de realizar si el paciente colabora. No requiere el uso de gafas con lentes polarizadas. Consiste en una placa del tamaño de una postal en la que hay unas imágenes en 3D que el niño tiene que señalar cuando se realiza el test. Puede utilizarse de forma rutinaria a los 3 años de edad (o, en ocasiones, incluso a partir de los 2 años), adelantando por lo menos en 1-2 años la derivación al oftalmólogo en caso de sospecha de alteración de la visión, tomando como referencia la aplicación del test de la E de Snellen a los 4 años.

El Lang-Stereotest II tiene 3 imágenes tridimensionales: luna, camión y elefante, y una imagen bidimensional: estrella, que se ve sin visión estereoscópica (visible con un solo ojo) que sirve para captar la atención del paciente. La gran disparidad entre las 3 figuras y la fácil visualización de la estrella lo hace un test muy práctico en la consulta pediátrica.

Procedimiento: para practicar el test se coloca la placa, con el observador delante del niño para poder observar sus movimientos oculares. Se le solicita que mire la lámina situada perpendicularmente a unos 40 cm de la cara del niño y se le pregunta si ve algo, observando sus movimientos oculares. Una vez identificado un objeto tridimensional, se le indica que identifique otros adicionales. La respuesta puede ser verbal o señalando con el dedo. Si la visión estereoscópica es normal, identifica las 3 figuras tridimensionales correctamente. En el caso de defecto de la visión estereoscópica, se identifica únicamente la estrella. Un test se considera positivo cuando se identifican correctamente las 3 figuras tridimensionales y es indicativo de una estereopsis correcta. Un test negativo o dudoso (identificación de una sola figura) requiere derivación al oftalmólogo. El Lang-Stereotest no mide la agudeza visual ni la refracción. Un resultado negativo solo indica una falta de visión estereoscópica(8,9).

Test de Titmus o Test “de la mosca” (Fig. 4)

Figura 4. Fly Stereo Acuity Test o Test de la “mosca”. Test de estereopsis que requiere el uso de gafas polarizadas y que permite que el paciente con visión estereoscópica adecuada visualice la mosca por delante de la lámina con imagen tridimensional.

Es el test de estereopsis más utilizado en la práctica clínica, ya que es de muy fácil comprensión y aplicación, tanto para niños como para adultos. Requiere que el paciente utilice unas gafas con filtros polarizados que al observar unas imágenes llamadas anáglifos (imágenes bidimensionales capaces de producir un efecto tridimensional) las percibe con un efecto de profundidad.

Procedimiento: se le enseña la lámina con la mosca y se le colocan a continuación las gafas polarizadas y se le pregunta que cambios observa. Se le indica que toque las alas de la mosca y el observador comprueba que con los dedos no toca la lámina, indicativo de que está observando la imagen en 3D. La mosca explora la estereopsis más gruesa. Adicionalmente, se puede explorar la estereopsis de forma más fina, preguntando en relación a los círcu­los (puntos de Wyrth) cuál de ellos sobresale a los demás. Si el niño realiza bien la prueba, podemos asegurar que su visión estereoscópica es normal y, por tanto, un buen estado de visión binocular(8,9).

Requiere respuestas verbales y buena comprensión; por lo tanto, puede realizarse a partir de los 4-5 años de edad.

Pruebas instrumentales de diagnóstico visual

Los autorefractómetros binoculares automáticos son, actualmente, el método de elección para la detección precoz de las ametropías entre los 9 meses y los 4 años de edad.

La dificultad para la detección precoz de los déficits visuales con repercusión clínica significativa, especialmente la ambliopía, antes de los 4 años, en que el niño generalmente colabora para determinar su AV, limita la posibilidad de recuperación completa en muchos niños afectos. Por esta razón, se han desarrollado recientemente nuevas pruebas instrumentales fácilmente aplicables en las consultas de Atención Primaria: los autorefractómetros binoculares, especialmente útiles en la franja de 9 meses a 4 años de edad, aunque permiten evaluar la refracción visual desde los 6 meses de edad, durante toda la infancia, adolescencia y en adultos jóvenes(7,10).

Autorefractómetros automáticos binoculares (Fig. 5)

Figura 5. Autorefractómetro binocular. Muestra la imagen del niño en pantalla durante la prueba, y el resultado de la misma una vez realizada, con la indicación de “pasar” o “remitir” en función de la necesidad de derivación al oftalmólogo.

Son instrumentos denominados genéricamente photoscreeners y que se basan en la refracción de infrarrojos, motivo por el que se conocen también como “autorefractómetros”, útiles para el examen de la visión a partir de los 6-9 meses de edad.

Un screening precoz comporta una detección precoz y mayores posibilidades de éxito en el tratamiento, disminuyendo la prevalencia de ambliopía en la edad adulta. La valoración instrumental en Atención Primaria, permite conseguir este objetivo al poner al alcance de los pediatras un instrumento capaz de detectar ametropías, y muy especialmente anisometropías con alto riesgo de generar ambliopías, desde antes de los 12 meses de edad y durante todo el periodo crítico del desarrollo visual: los primeros 3 años de vida(7,10).

Estos instrumentos utilizan infrarrojos que se reflejan en la retina y son detectados por el mismo aparato, motivo por el que se denominan autorefractómetros, y exploran ambos ojos simultáneamente en pocos segundos, por lo que requieren muy poca colaboración del paciente. Es suficiente que el niño fije la mirada durante unos instantes para que el aparato pueda obtener una medición válida de forma totalmente automática.

El screening instrumental mediante autorefractómetro tiene, en Atención Primaria, varias ventajas respecto a los test de AV mediante optotipos(10,11):

• Permite realizarlo en lactantes (> 6 meses) y niños pequeños.

• Requiere únicamente una mínima colaboración del paciente.

• Útil en pacientes incapaces de comprender las indicaciones necesarias de los test de agudeza visual (retraso del desarrollo).

• Detección simultánea de los defectos de refracción y alineación.

• Rapidez y eficiencia.

A finales de 2012, la American Academy of Pediatrics (AAP) junto con a la American Academy of Ophtalmology (AAO), la American Association for Pediatric Ophtalmology and Strabismus (AAPOS) y la American Association of Certified Orthoptists elaboraron unas recomendaciones que avalaban el uso de aparatos de screening instrumental visual en la población pediátrica. En 2013, el comité de screening visual de la AAPOS revisó sus criterios con la finalidad de conseguir una elevada especificidad en la detección de los factores de riesgo de ambliopía en los lactantes y niños pequeños (minimizar los falsos positivos en la derivación) y una elevada sensibilidad en niños mayores (minimizar los falsos negativos a una edad en la que disminuyen las posibilidades de tratamiento en caso de no detección del problema) y elaboraron unos criterios de derivación para astigmatismo, hipermetropía, anisometropía y miopía en función de la edad de screening: 12-30 meses, 31-48 meses y > 48 meses(11-13).

Procedimiento: la medición con un autorefractómetro requiere una habitación en la que no haya excesiva luz. Debe evitarse la luz natural intensa o muy directa y, si se utiliza luz artificial, deben evitarse bombillas incandescentes o halógenas, siendo adecuada la luz de fluorescentes y leds. El paciente debe mirar al frente, hacia la cámara del dispositivo. Las pupilas deben estar alineadas con el dispositivo, que suele tener una imagen que llama la atención del niño para que este mire hacia el aparato. La mayoría de los autorefractómetros emiten además un sonido o luces que atraen la atención, una característica especialmente útil en lactantes. Desde una distancia de 1 m, se realiza la medición de forma automática, que requiere solo 1 segundo aproximadamente a partir del momento en que el aparato detecta correctamente ambas pupilas, ya que la medición es siempre binocular y simultánea. El tamaño de las pupilas debe ser de, al menos, 4 mm para poder hacer una medición correcta. El dispositivo detecta si el observador se encuentra demasiado cerca o alejado y realiza la medición cuando se encuentra a la distancia adecuada y ha podido detectar ambas pupilas correctamente. En caso de pupilas demasiado pequeñas o demasiado grandes, no se puede realizar la lectura y es necesario adecuar la intensidad de la luz de la sala para conseguir modificar el tamaño pupilar en el rango adecuado(10,14).

El nombre, los datos de identificación y la fecha de nacimiento del paciente se introducen en el dispositivo mediante un teclado a través de una pantalla táctil. El software del aparato utiliza estos datos para calcular la edad y establecer los puntos de corte para decidir la derivación al oftalmólogo según el resultado de la refracción observada. Es posible almacenar los resultados e imprimir el informe con el resultado de la prueba. Los valores de corte para decidir la necesidad de derivación al oftalmólogo, varían en función de los distintos aparatos disponibles en el mercado.

Autorefractómetros binoculares disponibles

Plusoptix 12 S (Figs. 5 y 6) es un modelo de autorefractómetro que tiene una sensibilidad y especificidad medias del 92% y 88% respectivamente, según el fabricante. El dispositivo permite escoger, antes de la medición, entre 5 tablas de referencia que van desde la 1 (mayor sensibilidad y menor especificidad) hasta la 5 (mayor especificidad y menor sensibilidad). Los resultados de la medición se visualizan en una pantalla y el dispositivo indica “pasar” o “remitir”, indicando la necesidad de derivación al oftalmólogo, en función de los resultados de la determinación, la edad del paciente y la tabla de referencia seleccionada. La información se almacena en formato pdf (en una tarjeta de memoria) y es imprimible a partir de dicho pdf, vía un ordenador o bien directamente a impresoras wifi compatibles (Fig. 6)(10).

Figura 6. Resultado de un test de refracción con autorefractómetro binocular. Indica la refracción visual y el criterio de remisión al oftalmólogo en relación a los puntos de corte para cada parámetro en función de la edad y la sensibilidad/especificidad de la tabla seleccionada. En este caso, se muestra una anisometropía por hipermetropía del ojo izquierdo en un paciente de 16 meses de edad que debe remitirse al oftalmólogo para valoración.

Los datos de medición se visualizan en la pantalla y permiten al observador realizar su propia interpretación más allá de las indicaciones de “pasar” o “remitir” que definen los programas incorporados (Fig. 5). En un reciente estudio en 201 niños de 7,63 +/- 3,41 años de edad (402 ojos evaluados), el Plusoptix A12 presentó una sensibilidad, especificidad, valor predictivo positivo y valor predictivo negativo de: para miopía 86%, 93%, 82% y 94%; para astigmatismo, 85%, 98%, 88% y 98%; y para hipermetropía, de 40%, 100%, 100% y 98%, respectivamente(15).

Existen en el mercado diversos instrumentos. Los más utilizados son: Plusoptix, Spot Vision Screener y 2WIN. En un estudio comparativo limitado, de solamente 62 niños, con un gran rango de edad (media: 5,2 años; rango: 1-10), examinados con estos 3 photoscreeners, se obtuvieron los siguientes valores de sensibilidad, especificidad y de resultados no concluyentes: 91%, 71%, 10% para Plusoptix; 78%, 59% y 13% para Spot Vision Screener; y 71%, 67%, 5% para 2WIN(16).

La mayor dificultad que presentan los autorefractómetros (y también los optotipos en la medición de la agudeza visual) es la detección de las hipermetropías binoculares que no generan anisometropía, ya que los niños pueden tener una gran capacidad de acomodación que las compensa. Por ello, es recomendable que a partir de los 4 años se realice, además de la medición directa, otra medición de la refracción con unas lentes de + 3,0 dioptrías. En el caso de un niño sin hipermetropía, el autorefractómetro detectaría una miopía de aproximadamente el mismo valor que la lente. Si, por el contrario, la lectura del autorefractómetro indica “pasar” (no defecto), sugiere que el niño presenta una hipermetropía elevada (>3 dioptrías) que se compensa con las lentes y, por tanto, debería remitirse al oftalmólogo para valoración(12,14).

Limitaciones de los autorefractómetros

Los autorefractómetros detectan ametropías, anisometropías y defectos de la alineación visual, pero no miden la agudeza visual. Por esta razón, es recomendable que, independientemente del eficiente screening visual con autorefractómetro en los primeros años de vida, se realice a partir de los 4 años de edad, al menos, una determinación de AV a todos los niños con prueba de refracción normal. Además de corroborar la adecuada funcionalidad visual, determinar la AV permitirá detectar alteraciones visuales no debidas a ametropías, como por ejemplo: alteraciones degenerativas de la retina que, aunque infrecuentes, su pronóstico también depende de la precocidad de su diagnóstico(4).

También debe tenerse en cuenta que, según las tablas de sensibilidad/especificidad empleadas por el instrumento (puntos de corte de derivación), el número de falsos positivos puede ser elevado, especialmente en el caso de la hipermetropía. La principal finalidad de estos instrumentos es la detección de la anisometropía como factor de riesgo para ambliopía. En caso de detección de hipermetropía bilateral aislada, astigmatismo o miopía de baja graduación, es prudente, si el niño tiene una edad en que pueda colaborar, determinar a continuación la agudeza visual con la E de Snellen u otro optotipo equivalente con el fin de mejorar la especificidad de la detección y decidir la derivación al oftalmólogo. Es, por lo tanto, importante saber que la derivación puede ser inadecuada si no se interpretan correctamente todos los datos o los umbrales de derivación utilizados no son los correctos(10,12-14).

No obstante y a pesar de estas limitaciones, los autorefractómetros binoculares son instrumentos que le permiten al pediatra de Atención Primaria explorar la visión a unas edades (9 meses a 4 años) en las que sin ellos resulta muy difícil, sino imposible, en la consulta no especializada, descartar defectos de la refracción y alineación visual y, por lo tanto, representan un avance cualitativo muy importante en la actividad preventiva realizada en Atención Primaria(10,17,18).

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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16. Kirk S, Armitaget MD, Dunn S, Arnold RW. Calibration and validation of the 2WIN photoscreener compared to the Plusoptix S12 and the SPOT. J Pediatr Ophthalmol Strabismus. 2014; 51: 289-92.

17.*** Halegoua J, Schwartz RH. Vision Photoscreening of Infants
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18. Arnold RW, Armitage MD. Performance of four new photoscreeners on pediatric patients with high risk amblyopia. J Pediatr Ophtalmol Strabismus. 2014; 51: 46-52.

Bibliografía recomendada

– Gil Gibernau JJ. Tratado de Oftalmología Pediátrica. Barcelona: Ediciones SCRIBA, S.A. 1997.

Excelente tratado de Oftalmología pediátrica, conciso, práctico, con excelente iconografía, imprescindible como libro de consulta para un pediatra de Atención Primaria.

American Academy of Pediatrics. Committee on Practice and Ambulatory Medicine and Section of Ophthalmology; American Association of Certified Orthoptists; American Association for Pediatric Ophthalmology and Strabismus; American Academy of Ophthalmology. Eye examination in infants, children and young adults by pediatricians. Pediatrics. 2003; 111: 902-7.

Recomendaciones contrastadas y validadas para la definición, estructuración y desarrollo de un programa de screening visual en Atención Primaria para la detección amplia de los defectos oculares, visuales y de refracción. Es la base de la mayoría de los programas de screening visual recomendados en nuestro entorno.

Miller JM, Lessin HR. American Academy of Pediatrics Section on Ophthalmology Committee on Practice and Ambulatory Medicine, American Academy of Ophthalmology, American Association for Pediatric Ophthalmology and Strabismus, American Associa­tion of Certified Orthoptists. Instrument-based pediatric vision screening policy statement. Pediatrics. 2012; 130: 983-6.

Recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría, de la Asociación Americana de Oftalmología pediátrica y de la Asociación Americana de Ortopedistas Certificados que define los parámetros, los criterios de derivación y las recomendaciones sobre el uso y la evaluación instrumental de la refracción ocular con autorefractómetros binoculares en Atención Primaria.

– Van Esso D, Marès J. Pruebas de diagnóstico visual. Autorefractometría bilateral. En: De la Flor J, Marès J, et al. Utillaje Diagnóstico en la consulta de Pediatría de Atención Primaria. Madrid: Ergon; 2017. p. 63-74.

Manual práctico sobre utillaje diagnóstico en la consulta del pediatra de Atención Primaria, de gran utilidad para el pediatra, con contenido muy novedoso y muy actualizado. El capítulo dedicado a pruebas de diagnóstico visual, describe de forma muy práctica la utilización de las técnicas disponibles para el diagnóstico precoz de los defectos de refracción en el niño y, de forma muy especial, la detección precoz de la ambliopía. Describe la utilización de los test de visión estereoscópica y de la valoración instrumental con autorefractómetros automáticos binoculares.

Caso clínico

 

Elena es una niña de 3 años de edad que, tras el inicio de su escolarización hace 2 meses, presenta tics oculares y tartamudeo. Es nacida a término y de peso adecuado, sin antecedentes perinatales de interés, con antecedentes de estrabismo intermitente hasta los 5 meses de vida. Su padre refiere haber tenido tics oculares desde pequeño y además refiere tener un ojo vago que se detectó a los 7 años, pero que no recuperó a pesar de los tratamientos con oclusión ni con la corrección óptica.

La exploración física es normal, la exploración de los ojos también con pupilas isocóricas y normorreactivas, la alineación ocular es normal (test de Hirchsberg), la motilidad ocular es normal, el test de cover – uncover no detecta anomalías, y el reflejo rojo de fondo de ojo es brillante y simétrico (test de Brükner). Se intenta evaluar la agudeza visual (AV) con la E de Snellen, pero sus respuestas son inconstantes y no se puede concluir con certeza si existe un déficit de AV.

 

 

El ojo rojo en Pediatría

A. Clement Corral*, P. Dureau*, S. Clement Corral**, I. Valls Ferran***, M.L. Andrés Domingo***
Temas de FC


A. Clement Corral*, P. Dureau*, S. Clement Corral**, I. Valls Ferran***, M.L. Andrés Domingo***

*Fondation Adolphe de Rothschild, París. **Hospital Universitario de la Princesa, Madrid. ***Hospital Universitario del Niño Jesús, Madrid

Resumen

El ojo rojo en el niño es un motivo de consulta frecuente en la práctica general. El diagnóstico de la causa del ojo rojo puede resultar un reto para el pediatra, dado que en el diagnóstico diferencial se incluyen un amplio grupo de patologías, algunas potencialmente graves para la visión y más teniendo en cuenta que el ojo del niño está en pleno desarrollo visual. Con una simple anamnesis y exploración básica, el pediatra puede orientar el origen de la hiperemia. El pronóstico visual mejora si el pediatra remite al paciente al oftalmólogo en los casos graves, recidivantes o que no responden al tratamiento.

 

Abstract

The red eye in children is a frequent complaint in general practice. The diagnosis of the cause of red eye can be a challenge for the pediatrician because the differential diagnosis includes a wide range of diseases, some potentially serious vision and given that the child’s eye visual function is developing. With a simple basic anamnesis, the pediatrician can guide the origin of hyperemia. The visual prognosis improves if the doctor refers the patient to an ophthalmologist in serious cases, recurrent or nonresponsive.

 

Palabras clave: Anomalías oculares; Hiperemia; Pediatría; Niño

Key words: Eye abnormalities; Hyperemia; Pediatrics; Child

 

Pediatr Integral 2018; XXII (1): 16 –23


El ojo rojo en Pediatría

Introducción

El término ojo rojo abarca un amplio número de patologías. Aunque la mayoría son benignas, en el diagnóstico diferencial también se incluyen enfermedades dañinas, tanto para la visión (leucomas corneales como resultado de una queratitis) como para la vida (tumores del polo posterior). Por otro lado, el ojo del niño es un órgano en desarrollo, capaz de ambliopizar (de hacerse vago). De ahí, que resulte primordial un diagnóstico y tratamiento precoces. El papel del pediatra a este respecto no solo es orientar el diagnóstico, sino saber en qué situaciones debe remitir al paciente al especialista.

A la hora de orientar el diagnóstico del ojo rojo, resulta clave un conocimiento básico de la anatomía y fisiología del ojo(1,2)(Fig. 1), ya que es un signo inespecífico de patología en las diferentes capas del ojo o en los anejos.

Figura 1. Anatomía del ojo.

El aparato de la visión se compone del globo ocular, de un sistema muscular, de las vías visuales y de unos anejos que protegen y sirven de soporte al globo ocular. El globo ocular, a su vez, está compuesto por 3 membranas. La más externa la forman la esclera y la córnea. La esclera hace de soporte al globo ocular y la córnea tiene una función óptica. La córnea se compone, a su vez, de 5 capas y en condiciones normales es avascular, aunque está ricamente inervada por la primera rama del trigémino, por lo que cuando la córnea se ve afecta suele acompañarse de dolor. Por otro lado, por encima de la córnea está la película lagrimal producida por las glándulas lagrimales (la principal localizada en la zona súpero-externa de la órbita y las accesorias de Wolfring y Kraus a nivel del fórnix) y a la que contribuyen también tanto las glándulas mucinosas como las sebáceas (en particular, las de Meibomio). El sistema excretor de la lágrima incluye: los puntos lagrimales, canalículos superior, inferior y común, y saco lagrimal, que desagua en el meato inferior de las fosas nasales a través del conducto naso-lagrimal. En la excreción de la lágrima participa activamente el músculo orbicular, que recordemos estaba inervado por el VII par. La película lagrimal es fundamental para un correcto funcionamiento corneal, ya que no solo nutre a la córnea en su porción más anterior, sino que también evita que se deseque y limpia la superficie de partículas extrañas.

Además, el globo ocular se compone de una membrana intermedia o úvea compuesta por: el iris, el cuerpo ciliar y la coroides. El iris actúa de diafragma, a través de la mayor o menor apertura de la pupila, por medio de 2 sistemas musculares antagónicos: el esfínter del iris, de inervación parasimpática (produce miosis o cierre pupilar), y el dilatador del iris (produce midriasis o dilatación de la pupila). Entre los componentes del cuerpo ciliar, se hallan los procesos ciliares, encargados de la producción del humor acuoso.

Por último, la membrana interna, que está compuesta de la retina, la estructura sensorial por excelencia del globo ocular.

Por otro lado, el globo ocular está dividido en el segmento anterior, entre la córnea y el cristalino que, a su vez, consta de una cámara anterior (entre la córnea y el iris) y de una cámara posterior (entre el iris y el cristalino/zónula y cuerpo ciliar). El segmento anterior está relleno de humor acuoso que se produce en los procesos ciliares, se vierte a la cámara posterior y luego pasa por la pupila hacia la cámara anterior, donde se drena a nivel del ángulo camerular (entre la córnea y el iris). Este humor no solo nutre la córnea y el cristalino, sino que mantiene la presión intraocular.

El segmento posterior se sitúa entre el cristalino y la esclerótica y está relleno de humor vítreo que sirve de soporte al cristalino y es otro de los medios ópticos del ojo.

Dentro de los anejos(3) o estructuras de sostén del globo ocular, se incluye la órbita entre el macizo facial y el cráneo. Debido a su estrecha relación con estas estructuras, la afectación de alguna de ellas puede afectar al contenido de la órbita (nervio óptico, vasos, nervios y músculos extrínsecos) y viceversa.

Los párpados protegen al globo por delante y contienen las glándulas sebáceas de Meibomio. La conjuntiva que recubre los párpados es la conjuntiva palpebral y la que recubre el globo, la bulbar. El fondo de saco palpebral o fórnix está constituido por el plegamiento de la conjuntiva. El borde libre palpebral separa la capa cutánea de la conjuntiva interna. A ese nivel, se localizan los puntos lagrimales en el 1/3 interno.

El ojo rojo es una de las patologías más frecuentes en la práctica habitual (1 de cada 3 pacientes) y de etiología muy variada. La identificación de la estructura implicada ayuda al diagnóstico(4) (Tabla 1).

El ojo rojo puede estar causado por infecciones, inflamaciones, traumatismos o tumores que afecten a una u otra zona del ojo.

Etiopatogenia

Causas conjuntivales

Dentro de la patología que afecta a la conjuntiva y que produce ojo rojo están las conjuntivitis, que son la causa más frecuente de ojo rojo en la infancia.

Conjuntivitis agudas

Cursan con sensación de cuerpo extraño, sin dolor ni pérdida de agudeza visual, con hiperemia conjuntival y secreción mucopurulenta en las bacterianas, mucosa en las alérgicas y acuosa en las víricas. En las víricas, además puede aparecer un ganglio preauricular y síntomas de vías respiratorias altas (fiebre faringo-conjuntival). En las alergias, hay una alta incidencia de atopia y suele predominar el picor. Según el inicio y duración de las conjuntivitis, se clasificarán en agudas (menos de 2 semanas), hiperaguda (menos de 2 días) o crónicas, y según su duración se sospechará una u otra causa/agente(5).

Las conjuntivitis agudas suelen ser víricas, por adenovirus lo más frecuentemente. De hecho, los adenovirus son una causa importante de epidemias, la fiebre faringo-conjuntival sería la causa más frecuente de conjuntivitis vírica. Esta se relaciona con el serotipo 3 de los adenovirus y cursa con una infección de vías respiratorias altas y conjuntivitis de 3-5 días de duración. No son frecuentes las complicaciones oculares a diferencia de lo observado en la queratoconjuntivitis adenovírica. Esta última es la enfermedad oftalmológica nosocomial más frecuente(6). Su incidencia es mayor en los meses de verano. El modo de transmisión más frecuente es directo de persona a persona por vía respiratoria, fecal-oral o a través de fómites, siendo infectivos aquellos pacientes afectos durante, al menos, 9 días tras el inicio de los síntomas. Los pacientes suelen presentar una sensación de cuerpo extraño y lagrimeo de manera unilateral (el ojo contralateral se afectará en la mayoría de los casos, posteriormente), hiperemia conjuntival, folículos (Fig. 2), hemorragias sub-conjuntivales y pseudo-membranas en el tarso superior e inferior.

Figura 2. Hiperemia conjuntival y folículos en conjuntivitis vírica.

Los síntomas pueden prolongarse entre 1 y 4 semanas. La conjuntivitis por adenovirus puede complicarse con la aparición de infiltrados corneales sub-epiteliales autoinmunes y de una pérdida de agudeza visual consecuente. El diagnóstico es clínico, aunque en la actualidad existen unos kits diagnósticos aprobados por la FDA que permiten la detección del adenovirus en la consulta en 10 minutos y tienen una alta sensibilidad y especificidad (RPS adeno detector). Esta prueba permite reducir el uso indiscriminado de antibióticos, sobre todo, teniendo en cuenta que la sobreinfección bacteriana no es frecuente. El tratamiento es de soporte con: lavados con suero fisiológico, compresas frías, lágrimas artificiales y anti-inflamatorios no esteroideos. Se asociarán corticoides tópicos en los casos de pseudo-membranas (que habrá que retirar previamente mediante una hemosteta) y de infiltrados corneales que produzcan una disminución de la visión. Para estos últimos y en el caso de no responder al tratamiento con corticoides tópicos, se puede usar la ciclosporina A tópica e incluso el láser excímer. La prevención resulta primordial; de ahí que, se aconsejen medidas higiénicas (lavado de manos, evitar contacto directo) y el diagnóstico precoz. Además, se debe evitar la escuela o la guardería durante unos días debido a la alta contagiosidad. Esta disminuye a partir de los 7 días, aunque persiste mientras el ojo esté rojo. Se recomienda remitir al oftalmólogo en los casos en los que los síntomas no se resuelvan en 7-10 días, la visión disminuya o se acompañen de fotofobia o membranas conjuntivales.

Otras conjuntivitis agudas por virus son las producidas por picornavirus y herpes virus, por Coxsackie virus A2 y enterovirus (conjuntivitis hemorrágicas) y el virus Zika (que se asocia a fiebre, rash, altralgias(7) y antecedentes de contacto con personas de riesgo).

Pese a que las conjuntivitis víricas son las más frecuentes, las conjuntivitis agudas también pueden ser bacterianas (Fig. 3) (Haemophilus influenzae, Streptococcus pneumoniae, Moraxella catarrhalis y Staphylococcus aureus), caracterizadas por una secreción abundante mucopurulenta e hiperemia conjuntival. Además de tóxicas, asociadas a blefaritis o alérgicas.

Figura 3. Conjuntivitis bacteriana.

En cuanto al tratamiento de las conjuntivitis, hay que considerar que suelen ser autolimitadas en 2-5 días y las complicaciones en general son inusuales. Además, no se ha demostrado que haya un antibiótico mejor que otro en el caso de las bacterianas, pero sí que acelera la resolución del cuadro, administrado en los 5 primeros días. Puede darse colirio de cloranfenicol, una fluorquinolona (Cirofloxacino, Oftacilox, Exocin), colirio de neomicina, polimixina B y gramicidina (Oftalmowell), tobramicina (Tobrex, Tobrabact, Ocubrax) 4 veces al día 7 días o azitromicina (Azydrops en monodosis 2 veces al día, 3 días).

En cualquier caso, solo se administrarán corticoides tópicos en el caso de una conjuntivitis, si hubiera membranas o pérdida de visión por la queratitis en el contexto de una adenovírica o en el tratamiento de la blefaro-conjuntivitis con complicaciones corneales secundarias a una rosácea. Generalmente, estos pacientes son remitidos al oftalmólogo, quien les prescribe la pauta de corticoides tópicos indicada.

En principio, no contraindican la asistencia a la escuela, a menos de que se trate de una conjuntivitis epidémica.

Conjuntivitis hiperagudas

En cuanto a las conjuntivitis hiperagudas, si es hiperpurulenta, sospechar Neisserie gonorrhoeae o N. meningitidis. Se trata de una urgencia médica, pues ambos gérmenes producen una queratitis ulcerativa. Si asocia otitis media, descartar Haemophilus influenzae. Si asocia malestar general y alteraciones en la piel, pensar en los síndromes oculocutáneos (síndrome de Steven Johnson, necrosis epidérmica tóxica o enfermedad injerto contra huésped). Estas conjuntivitis hiperagudas requieren cultivo, al igual que las crónicas o en las que hay fotofobia o pérdida de visión. Suelen necesitar de un tratamiento sistémico.

Conjuntivitis crónicas

Por último, dentro del grupo de las conjuntivitis crónicas, se incluyen las alérgicas, que son muy frecuentes, afectando al 15-40% de la población. Dentro de este grupo, se incluyen: la conjuntivitis estacional, perenne, vernal y la conjuntivitis papilar crónica. Las conjuntivitis alérgicas asocian picor, secreción mucosa y papilas tarsales (Fig. 4) de menor a mayor tamaño, siendo características las papilas gigantes y los nódulos de Trantras (Fig. 5) límbicos en la vernal.

Figura 4. Papilas tarsales gigantes en conjuntivitis alérgica.

Figura 5. Nódulos de Trantras en la conjuntivitis alérgica.

La queratoconjuntivitis vernal es una patología crónica que puede presentar exacerbaciones durante los períodos estacionales. Es más frecuente en varones según las series. Como su nombre indica, puede afectar la córnea en un 7-50% según las series(8), desde una queratitis superficial hasta placas vernales por acúmulo de detritos celulares y moco, que habrá que desbridar y tratar con corticoides tópicos a altas dosis para facilitar el cierre de la úlcera. También pueden asociarse a una insuficiencia límbica y, en consecuencia, a un pannus (neovasos a nivel corneal) y úlceras persistentes entre otras. La queratoconjuntivitis vernal suele ser benigna y autolimitada con resolución después de la pubertad, aunque según las publicaciones, se asocia a alteraciones severas de la visión en 6-55% de los casos, por ello conviene remitir a estos pacientes al oftalmólogo para un tratamiento y seguimiento adecuados.

Las conjuntivitis alérgicas se tratan con estabilizadores de mastocitos (cromoglicato sódico, lodoxamida o ketotifeno) asociados (olopatadina) o no a antihistamínicos tópicos (levocabastina, emedastina, azelastina,) o sistémicos (loratadina), AINEs, corticoides tópicos/sistémicos y colirio de ciclosporina, según la gravedad(9).

Dentro de las conjuntivitis crónicas, son frecuentes las blefaroconjuntivitis(10) por S. aureus, que pueden producir una queratopatía y que, por lo tanto, van a requerir de tratamiento tópico prolongado con medidas higiénicas y azitromicina e, incluso, tratamiento sistémico en los casos más graves. Además, están las conjuntivitis tóxicas (secundarias al uso de tratamientos tópicos prolongados, por ejemplo), las conjuntivitis por Chlamydia trachomatis y por Molluscum contagiosum.

Conjuntivitis del neonato

Para terminar con las conjuntivitis, mencionar la conjuntivitis del neonato(11), que aparece en el primer mes de vida, con secreción purulenta, edema palpebral y conjuntival (quemosis). Puede ser química (aparece 1-2 días post parto, Gram sin microorganismos), por Neisseria gonorrhoeae (inicio 2-5 días, úlcera corneal, Gram con diplococos gram negativos, puede cursar con bacteriemia, meningitis y artritis séptica, y requiere antibioterapia sistémica con ceftriaxona i.v. o i.m. en dosis única [25-50 mg/kg]), por Chlamydia (a los 5-14 días, autolimitada, pero afectación corneal posible, tinción de Giemsa y por DFA [direct antibody test], 40% desarrollan neumonía, tratamiento sistémico con eritromicina a 50 mg/kg/día), o por otras bacterias como: Staphylococcus aureus, Streptococcus pneumoniae, Streptococcus viridans, Enterococcus spp. y Haemophilus spp. (inicio a los 5-14 días, cultivos en chocolate o sangre agar, tratamiento con antibióticos tópicos de amplio espectro hasta resultados de cultivo, normalmente resuelven sin tratamiento) o por herpes (5-14 días posteriores, suele ir asociada a enfermedad sistémica [pneumonitis, hepatitis, meningoencefalitis, cultivo de HSV o DFA o PCR virus, tratamiento profiláctico con aciclovir i.v. si madre con infección primaria o activa vaginal o si cultivo positivo]). También puede darse en pacientes hospitalizados por iatrogenia, en pacientes prematuros o con patología múltiple (por Staphylococci coagulase negativa, Staphylococcus aureus, Klbesiella spp.). Aunque requieren de cultivo, hasta en un 50% de las conjuntivitis del neonato van a ser negativos. Terminar diciendo que el principal diagnóstico diferencial de la conjuntivitis del neonato es con la obstrucción de conducto lagrimo nasal, patología muy frecuente en la infancia (20%), aunque esta suele cursar con ojo blanco y secreción y epífora entre los episodios.

Otras causas conjuntivales

Por último y terminando ya con las causas conjuntivales de ojo rojo, solo mencionar las hemorragias subconjuntivales traumáticas, por Valsalva, que regresan entre 2 y 3 semanas, y las secundarias a una discrasia sanguínea. Además del ojo seco iatrogénico o asociado a un síndrome autoinmune, tal como: síndrome de Stevens Johnson(12), alteraciones vasculares (ataxia telangiectasia, Sturge Weber, hemangiomas) o tumorales. Otras causas de hiperemia focal son: las epiescleritis/escleritis (Fig. 6) y el pterigium. Por último, en la conjuntivitis recidivante conviene hacer una refracción por si hubiera una ametropía subyacente. Estas patologías conviene remitirlas al especialista.

Figura 6. Epiescleritis.

Causas corneales

En cuanto a la patología corneal que cursa con ojo rojo, hay que sospecharla si se acompaña de: dolor, epífora, fotofobia y pérdida de agudeza visual.

Además, suele asociar una hiperemia más intensa alrededor de la córnea (periquerática). Y más aún, si presenta factores de riesgo como: traumatismo previos, enfermedades de la superficie ocular, enfermedades sistémicas (como inmunodeficiencias, déficit de vitamina A, varicela, síndrome de Stevens Johnson), cirugías oculares previas y lentes de contacto.

El paciente ha de ser remitido al oftalmólogo sin demora, puesto que la afectación de la córnea en el niño puede desembocar en una ambliopía, por lo que ha de ser diagnosticado y tratado de manera precoz. La excepción a esta premisa es la erosión corneal, que es la causa más frecuente corneal de ojo rojo. Esta, que puede ser diagnosticada por el pediatra, mediante la instilación de fluoresceína y observación con luz azul cobalto del defecto epitelial, y tratada con pomada antibiótica de terramicina o eritromicina y oclusión entre 24-36 h. De hallarse erosiones verticales, pensar en un posible cuerpo extraño alojado en el párpado superior.

La etiología de la patología corneal es la misma que la conjuntival: traumática, tóxica/química, infecciosa (bacterianas: Staphyloccus coagulasa- negativo/aureus y Streptococcus spp. en niños pequeños, Pseudomonas en mayores portadores de lentes de contacto, polimicrobianas; virales: epidémicas, por HVS o HVZ; parasitarias o micóticas: Fusarium y Aspergillus en traumatismo y Candida spp. en inmunodeprimidos), alérgica, por ojo seco, autoinmune o secundaria a enfermedad sistémica (ictiosis, disqueratosis intraepitelial…).

Ante una erosión corneal, si no hay clara historia de trauma, pensar en el herpes (Fig. 7), que puede dar una imagen similar bajo azul cobalto y que es la causa más frecuente de ceguera por afectación infecciosa corneal.

Figura 7. Queratitis herpética.

Aunque es menos común que en adultos, aparece como una lesión epitelial dendrítica recurrente con posibilidades de dejar una cicatriz que afectaría a la agudeza visual hasta en un 6% de los casos. Estas queratitis se tratan con pomada oftálmica de ganciclovir o aciclovir 5 veces al día. Se recurre a la profilaxis con aciclovir sistémico en casos de enfermedad bilateral, queratitis recurrentes, en atópicos o en inmunodeprimidos y después de una cirugía corneal previa.

Ante un traumatismo, enviar al oftalmólogo para descartar perforación del globo ocular, que es una urgencia quirúrgica, una contusión grave o un cuerpo extraño.

En el caso de una quemadura química, conviene lavar con rapidez y abundantemente y preferiblemente con suero fisiológico y remitir para valoración.

Causas que asientan en la cámara anterior del ojo

Entre las alteraciones del segmento anterior que cursan con ojo rojo se encontrarían las uveítis o inflamación de la úvea.

Esta patología es rara en la infancia, pero requiere de un estudio interdisciplinario exhaustivo. Pocas veces cursan con el cuadro típico de uveítis anteriores del adulto: ojo rojo, dolor, pérdida de agudeza visual o miosis. En general, cursan con un ojo blanco y son asintomáticas hasta que surgen las complicaciones, como la catarata, el glaucoma o el edema macular quístico. La causa de hasta el 80% de estas uveítis anteriores pediátricas es la artritis idiopática juvenil(13). Debido a las complicaciones oculares que asocia sin tratamiento, se han establecido unos programas de screening para reducirlas en la medida de lo posible. Además de autoinmunes, las uveítis pueden ser de origen traumático, infeccioso o tumoral. Es más, por debajo de 5-6 años, si el niño presenta ojo rojo y uveítis, conviene descartar que se trate de un problema en el segmento posterior, como en las panuveítis (inflamación del ojo generalizada) de etiología inflamatoria (Behçet, sarcoidosis), infecciosa (tuberculosis, toxoplasma, toxocara, Lyme o familia herpes virus, VIH) o tumoral (retinoblastoma, melanoma o leucemia con el pronóstico peyorativo que conlleva)(14).

Otra patología que afecta a la cámara anterior es el hifema o sangrado en cámara anterior, que suele ser traumático, aunque raramente es secundario a tumores o coagulopatías. Suelen asociar náuseas y vómitos y puede producir glaucoma a largo plazo. Debe de ser tratado por el oftalmólogo.

Por último, mencionar en este apartado el glaucoma. Este puede ser por ángulo cerrado (oclusión del ángulo camerular) en estadios avanzados de persistencia de vítreo primario(15) o enfermedad de Coats, cursa con: hiperemia mixta o periquerática, edema corneal, dolor, pérdida de visión y presión elevada del globo. Es muy raro en la infancia. Puede ser también secundario a la aparición de neovasos en ángulo del iris (rubeosis) por isquemia retiniana (desprendimientos crónicos en patologías vasculares como la enfermedad de Coat’s, la vitreoretinopatía exudativa familiar o en los casos de tumores como el retinoblastoma en fase avanzada) o a una luxación de lente (como en el Marfan).

Causas orbitarias y en anejos

Finalizaremos con la etiología, comentando la patología orbitaria(16) y de anejos que puede asociar ojo rojo, como son: las celulitis, la dacriocistitis aguda (inflamación a nivel del saco lagrimal, necesita de antibioterapia sistémica y, a veces, de dacriocistorinostomia). Rara vez, patología tumoral, como sarcomas, hemangiomas, teratomas o metástasis.

Este tipo de patología, en general, requiere de pruebas de imagen y colaboración interdisciplinar.

Tan solo, hablar brevemente de las celulitis preseptales, aquellas que cursan con inflamación palpebral, pero sin alteración de la visión, ni de los movimientos perioculares, ni de los reflejos oculares, ni con proptosis. Es más frecuente que la orbitaria y más común en niños menores de 5 años. Normalmente, es secundaria a infecciones palpebrales y cutáneas, del tracto respiratorio superior o a traumatismos palpebrales. En general, se tratan de manera ambulatoria con antibióticos vía oral o i.m., aunque en algunos recién nacidos y en pacientes mayores con dacriocistitis aguda, a veces, hay que administrar antibioterapia i.v. De no encontrarse ninguna causa de celulitis, se debe pedir una TAC para descartar sinusitis.

Por último, comentar que ante un traumatismo palpebral con herida inciso contusa, hay que verificar que no se hayan dañado los conductos lagrimales, puesto que deben de ser reparados en las primeras 24-48 h, de lo contrario quedarían lesionados permanentemente, con la consecuente epífora crónica.

Orientación diagnóstica

Aunque la etiología es extensa, para orientar el diagnóstico basta con un simple interrogatorio y exploración de los 3 tipos de enrojecimiento ocular: difuso, localizado o periquerático.

Se trata de intentar localizar la causa del ojo rojo y ver qué puede ser potencialmente grave y que, por lo tanto, habrá de ser remitido.

Para ello, en la anamnesis(17) incluiremos el inicio. Es importante preguntar por un traumatismo previo como causa del ojo rojo, ya que la sospecha de perforación ocular o cuerpo extraño es un motivo imperativo de remisión del paciente a urgencias oftalmológicas.

La duración del proceso nos orienta a uno u otro diagnóstico, así definiremos como un proceso agudo, aquel que sea inferior a 3 semanas, hiperagudo, si dura menos de 12 horas, o crónico, si se prolonga más de 3 semanas.

Resulta importante saber si se trata de una patología uni o bilateral, de inicio simultáneo o diferido, dato muy sugerente de una conjuntivitis vírica.

Posteriormente, preguntar por los síntomas referidos, empezando por la pérdida o no de agudeza visual.

Entre los síntomas, cabe destacar la aparición de secreción que suele acompañar a las conjuntivitis. Una secreción purulenta, matutina, de aparición aguda orienta hacia un problema de tipo infeccioso (bacteriano/chlamidias); una secreción más acuosa nos hace pensar en una patología viral y, si es mucosa, en una conjuntivitis vernal o alérgica. Entre los síntomas acompañantes, cabe destacar la coexistencia de una infección de vías respiratorias altas en la conjuntivitis por adenovirus y de la atopia e historia de alergia previa en la alérgica o vernal.

Tanto el dolor moderado-intenso y la pérdida de visión nos van a orientar a causas más graves de ojo rojo: patología corneal, de cámara anterior (uveítis, glaucoma), de cámara posterior (endoftalmitis: infección generalizada del ojo) u orbitaria. Una conjuntivitis en principio no se acompaña de dolor.

Conviene también preguntar por los factores de riesgo, si hay familiares afectos de conjuntivitis (lo que orientaría a una etiología viral). Insistir en los antecedentes médicos y quirúrgicos. Hacer una revisión sistemática, ya que el ojo rojo puede asociarse con numerosas enfermedades sistémicas, como ya hemos comentado, e incluso puede contribuir al diagnóstico etiológico en esos casos. Documentar traumatismos, uso de lentes de contacto y las condiciones sociales del niño. Cerciorarse del tratamiento recibido, anterior y presente.

Posteriormente, examinar al paciente. Si es posible, empezar por la toma de la agudeza visual, ya que una disminución de la visión es motivo suficiente para remitir al oftalmólogo(18). Proseguiremos con una exploración del paciente en su conjunto (fenotipo, piel y manos por posibles enfermedades sistémicas) y ver si tiene o no adenopatía preauricular (típica de las conjuntivitis víricas o por Chlamydia). Posteriormente, haremos una exploración del globo y anejos de fuera a dentro. Conviene examinar los párpados por fuera y después evertirlos por si hubiere un cuerpo extraño o papilas tarsales gigantes que nos orientarían hacia una queratoconjuntivitis vernal. También, hay que buscar a nivel de los márgenes palpebrales signos de blefaritis (descamación, collaretes alrededor del folículo), explorar el sistema lagrimal (puntos lagrimales, ver si supura el saco al exprimirlo). Podremos observar si hay secreción y como está la conjuntiva. Definiremos si la hiperemia es reactiva (cuando los vasos están dilatados en respuesta a un insulto, como en la conjuntivitis), pasiva (dilatación de los vasos secundaria a estasis venoso o hipercoagubilidad) o si se trata de una equimosis (sangre subconjuntival). Un signo clave a este nivel que nos va a orientar hacia la gravedad o no del cuadro es el tipo de inyección(19): la inyección conjuntival (Fig. 8) que aumenta hacia los fórnices y disminuye hacia el limbo, está asociada a procesos banales;

Figura 8. Inyección conjuntival.

la ciliar (Fig. 9) que se debe a una dilatación de los vasos más profundos y es más intensa hacia el limbo se asocia a afecciones más graves (queratitis, iridociclitis, glaucoma agudo) y la mixta (Fig. 10) con dilatación de ambos tipos de vasos, también asociada a procesos de mayor gravedad. Exploraremos la córnea, veremos si hay opacidades, si tiñe con la luz azul cobalto tras la instilación de fluoresceína. Con una simple linterna, comprobaremos la motilidad ocular extrínseca, que puede alterarse en procesos orbitarios y motilidad la intrínseca. Además, veremos si la pupila es redonda o no.

Figura 9. Inyección ciliar.

Figura 10. Inyección mixta.

A veces, dada la colaboración del niño, no es posible más que una exploración somera. Aquí resulta de utilidad la clasificación del paciente(20) en niño con ojo rojo y legaña (conjuntivitis); niño con ojo rojo indoloro (hiposfagmas, hemangiomas infantiles o anomalías orbitarias venosas pueden aparecer de manera primaria en la conjuntiva); niño con ojo rojo lloroso: alteraciones corneales; y niño con fotofobia o blefarospasmo y ojo rojo: glaucoma agudo o en afecciones del polo posterior (retinoblastoma avanzado, endoftalmitis endógena).

Por último, debemos saber cuándo remitir al paciente al especialista.

El niño será remitido al oftalmólogo en caso de sospecha de causas potencialmente graves, como: queratitis, uveítis, glaucomas agudos, patología orbitaria o de polo posterior. Y siempre en caso de duda diagnóstica o si no hay respuesta al tratamiento en el caso de las conjuntivitis o si la patología es recidivante. Además, si existe un antecedente traumático y riesgo de perforación ocular, se debe ocluir con un protector ocular sin presionar, prescribir ayuno y remitir a un servicio de urgencias oftalmológicas.

Para concluir, recordar que el ojo rojo es la manifestación clínica de un amplio grupo de enfermedades.

Es muy frecuente en la práctica habitual e incluye tanto patología banal como alteraciones dañinas para la visión y más teniendo en cuenta que el ojo del niño está en pleno desarrollo visual. En caso de duda, en patología potencialmente grave, recidivante o resistente al tratamiento, conviene recurrir al oftalmólogo.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

Sauer A, Speeg-Schatz C, Bourcier T. L´oeil rouge chez l´enfant. La Révue du Practicien. 2003; 58: 353-57.

Se trata de un resumen práctico sobre la semiología del ojo rojo pediátrico. Presenta unos algoritmos del diagnóstico diferencial de gran utilidad en la práctica general. Establece qué casos hay que remitir al oftalmólogo.

Jiménez Parras R, Macías Molinero L. Diagnóstico diferencial del ojo rojo y de la disminución de la Visión. En: Clement F. Oftalmología. Madrid: Luzán 5, S.A. de Ediciones; 1994. p. 411-23.

Define los tipos de hiperemia reactiva, pasiva y equimosis y presenta unos esquemas muy ilustrativos de los tipos de inyección conjuntival, periquerática y mixta. Clasifica de manera muy práctica las patologías según el tipo de hiperemia, de sintomatología y de inyección.

Caso clínico

 

Varón de 8 años que refiere, desde hace unos meses, episodios de picor y de ojo rojo en ambos ojos. Desde hace unos días, presenta secreción mucosa abundante, sensación de cuerpo extraño y disminución de agudeza visual, sobre todo, del ojo derecho. Refiere, además, antecedentes de asma y rinitis. A la exploración, presenta una hiperemia mixta de ambos ojos, una mancha blanquecina en la córnea del ojo derecho y una secreción más bien mucoide en ambos ojos. Al evertir el párpado superior, se observan papilas tarsales gigantes en ambos ojos, más marcadas en el ojo derecho. Al teñir con fluoresceína y bajo la luz azul cobalto, observamos una úlcera en la parte superior del ojo derecho y una queratitis difusa en el ojo izquierdo.

 

 

Patología congénita ocular

S. Macías Franco, P. Rozas Reyes
Temas de FC


S. Macías Franco, P. Rozas Reyes

Licenciadas en Medicina. Especialistas de Área en Oftalmología. Hospital Universitario Central de Asturias

Resumen

Los problemas congénitos son el resultado de alteraciones que interrumpen el desarrollo intrauterino, secundarios a condiciones genéticas, infecciosas, sustancias químicas o radiación. La formación del ojo y sus anejos comienza en la 4ª semana de gestación y la diferenciación de las estructuras del ojo no culmina hasta después del primer año de vida; por lo que, dependiendo del momento en que se produzcan las anomalías, estas podrán afectar a cualquier nivel del sistema visual, desde los párpados hasta el propio nervio óptico. Se realiza una revisión de la patología congénita oftalmológica, que incluye: las malformaciones por alteraciones en el desarrollo embrionario e infecciones adquiridas durante el periodo fetal, con especial énfasis en la exploración que el pediatra debe realizar en el recién nacido.

 

Abstract

Ocular congenital problems are the result of disruptions of the intrauterine development caused by genetical conditions, infections, chemical substances or radiation. Eye formation begins at fourth week of gestational age and structures differentiation will not be over until the first year of age. Depending on the moment these alterations occur any structure can be affected, from the eyelids to the optic nerve. We perform a review of the ophthalmic congenital disorders that include malformations due to embryological development alterations as well as acquired infection during the fetal period. We also focus on the exploration that the pediatrician must carry out in the new born in order to diagnose these entities.

 

Palabras clave: Alteraciones oculares congénitas; Malformaciones oculares; Cataratas; Infecciones congénitas

Key words: Congenital eye disorders; Ocular malformations; Cataracts; Congenital infections

 

Pediatr Integral 2018; XXII (1): 6 –15


Patología congénita ocular

Introducción

El término congénito, del latín Cum (con) genitus (engendrado), se refiere a una condición con la que un individuo nace.

Es importante conocer el desarrollo embriológico de la órbita, ojo y sus anejos, para comprender gran parte de la patología que vamos a tratar a continuación. El espectro es muy amplio, tanto por la diversidad de estructuras que pueden estar implicadas como por la gravedad de la afectación que es muy variable. Esto es debido al solapamiento anatómico y funcional, embriológico y genético, del ojo y sus anejos, que hacen de la estandarización o clasificación de las enfermedades oftalmológicas congénitas una tarea difícil; por lo que, explicarlas como entidades aisladas, podría resultar confuso a la par que abarcaría mucho más de lo que concierne al objetivo de esta revisión, que pretende guiar al pediatra en su práctica clínica.

Los tratamientos irán enfocados a mejorar la calidad de vida del paciente. El desarrollo visual binocular normal será un reto en muchas ocasiones, una carrera a contrarreloj, donde el tiempo y el crecimiento del niño nos obligará a diagnosticar y a actuar desde tempranas edades.

Embriología (Organogénesis) del ojo y sus anejos (Tabla I)

El desarrollo del sistema visual comienza en la 4ª semana de gestación. Las estructuras oculares procederán del ectodermo y mesodermo sin participación del endodermo.

El primer esbozo del sistema ocular se aprecia a partir de la 3ª-4ª semana de gestación con la aparición de las vesículas ópticas y tallos ópticos a partir del prosencéfalo o cerebro primitivo (neuroectodermo). Dichas vesículas, al entrar en contacto con el ectodermo superficial, inducen la formación de las vesículas o cúpulas cristalinianas hacia la 4ª- 5ª semana, de donde procederán el cristalino y el epitelio corneal. A su vez, las vesículas ópticas se invaginan adquiriendo forma de cáliz y englobando a las cristalinianas. Otra invaginación también se produce en la zona inferior del ojo, por lo que originalmente no será una estructura cerrada.

En este punto vemos un “ojo primitivo” con una zona más anterior, donde el desarrollo del ectodermo superficial y las células de la cresta neural dará lugar a la diferenciación de las estructuras más anteriores del ojo (párpados, córnea, iris, malla trabecular, cuerpo ciliar, etc.) y sistema lagrimal; y otra posterior, de procedencia neuroectodérmica, configurada por la cavidad vítrea, una retina de doble capa y el nervio óptico. La apertura inferior (fisura coroidea) permite la invasión del mesénquima, derivado mesodérmico y origen de las estructuras vasculares del ojo, los vasos hialoideos que involucionarán hasta desaparecer durante la vida fetal y los vasos definitivos que permanecerán tras la regresión de los primeros.

El cierre de la fisura coroidea acontece sobre la 7ª-8ª semana, aunque un pequeño creciente inferior permanece sin cerrar hasta estadios más avanzados(1).

Malformaciones “globales” del ojo

La interrupción del desarrollo precoz afecta a diferentes estructuras oculares concomitantemente con consecuencias devastadoras(2).

Ojo de tamaño pequeño: a diferencia del nanoftalmo que se trata de un ojo de pequeñas proporciones, pero con normal funcionamiento, el ojo microftálmico (Fig. 1) será patológico.

Figura 1. Anomalías globales. Superior: microftalmos izquierdo. Inferiores: persistencia de vasculatura fetal leve con mancha de Mittendorf y cordón fibrovascular (izquierda) y severa con catarata completa y elongación de procesos ciliares (derecha).

Asocia desde opacidades corneales hasta defectos retinianos o del nervio óptico, dependiendo del momento de “interrupción del desarrollo”. Si este se detiene antes de la 4ª semana, no se forma la vesícula cristaliniana y encontraremos un “esbozo de ojo” o anoftalmos, la forma más severa. En cambio, a partir de la 8ª semana o inicio del periodo fetal, las anomalías serán menores y compatibles con buenas visiones.

Persistencia de vasculatura fetal: incompleta regresión del sistema vascular fetal(3). La mayoría aparece como formas leves, donde se evidencian vestigios de la arteria hialoidea como en la “mancha de Mittendorf”, pequeña opacidad blanca sobre la cápsula posterior del cristalino frecuentemente asintomática, o manifestarse con persistencia del vítreo primario, microftalmos, catarata y/o desprendimiento de retina, que suponen mal pronóstico (Fig. 1).

Colobomas: cierre incompleto de estructuras. Los colobomas palpebrales se tratan de “muescas”, frecuentemente en párpado superior, aunque también aparecen en el párpado inferior, como es característico en el síndrome de Treacher Collins (Fig. 2).

Figura 2. Anomalías palpebrales. Superiores: epibléfaron (izquierda), coloboma inferior en síndrome de Treacher Collins (derecha). Centrales: epicanto y ptosis derecha antes (izquierda) y a la semana de la cirugía de la ptosis (derecha). Inferiores: hemangioma profundo antes (izquierda) y tras tratamiento con propanolol oral (derecha).

Por otro lado, los colobomas que afectan al globo ocular se deben a un defecto en la fusión de los extremos de la fisura embrionaria. En los colobomas de iris, la pupila no se ve redondeada, sino desviada inferiormente por una falta del mismo (Fig. 3 y 6).

Figura 3. Alteraciones en el iris (de izquierda a derecha): sinequia y catarata, corectopia en una disgenesia del segmento anterior, coloboma de iris.

Figura 6. Superior: leucocoria en ojo microftálmico y coloboma. Inferior: retinoblastoma.

Es necesaria la exploración de fondo de ojo para descartar la afectación coriorretiniana y del nervio, de amplitud variable y que marcará el pronóstico visual. Pese a que la mayoría son esporádicos, es importante el despistaje de otras anomalías oculares y síndromes sistémicos asociados, donde el más frecuente es el síndrome CHARGE (Coloboma, alteraciones cardiacas H, Atresia de coanas, anomalías Genitourinarias y auditivas E).

Aniridia: se diagnostica por la ausencia o falta del iris. Es debido a mutaciones genéticas en el gen PAX6 (descritas >130 mutaciones) o en el WT1 (deleción), localizados ambos en el cromosoma 11. De carácter autosómico dominante en 2/3 de los casos, con penetrancia completa y expresividad variable, afecta a 1/60.000-100.000 RN vivos. No hay que pensar en la aniridia como una simple falta de iris, ya que asocia: catarata, hipoplasia del nervio óptico y macular y nistagmo por baja visión. Las alteraciones corneales y el glaucoma son de difícil manejo y suelen aparecer en la adolescencia-segunda década. La importancia de su diagnóstico radica en su asociación con el tumor de Wilms y/o síndrome WAGR (tumor de Wilms, aniridia, anomalías genitourinarias y retraso mental).

Criptoftalmos: “Ojo enterrado” y disfuncional con queratinización corneal. Defecto en la formación palpebral, lo encontramos en el síndrome de Fraser (criptoftalmos, sindactilia, genitales ambiguos, labio leporino, fisura palatina, hernias y malformaciones sistémicas).

Ciclopía: ojo único y central por indivisión del prosencéfalo. Extremadamente infrecuente por incompatibilidad con la vida de muchas de las malformaciones concomitantes.

Anomalías congénitas de párpados y vías lagrimales(4)

Grueso importante donde podemos ver desde defectos puramente estéticos hasta incapacitantes. Las anomalías más frecuentes son: el epicanto, epibléfaron y ptosis (Fig. 2).

Causas palpebrales de pseudoestrabismo: el epicanto se trata de la existencia de un pliegue cutáneo entre párpado superior e inferior frecuente en raza asiática y síndrome de Down o Turner. Simula, en muchos casos, un estrabismo convergente, por lo que muchas veces son derivados a la consulta. Desaparece o disminuye con el crecimiento. Lo vemos asociado al aumento de la distancia intercantal (telecanto).

Anomalías del borde palpebral: el epibléfaron se define como un pliegue redundante de piel en párpado inferior que rota las pestañas y hacen que estas rocen con el globo ocular. Casi siempre es asintomático y desaparece con el desarrollo facial a diferencia del entropión, condición en la cual existe rotación interna del borde libre palpebral, sintomático y puede precisar cirugía. En el ectropión, el párpado estará rotado hacia afuera, lo que causa exposición conjuntival y falta de cobertura ocular. El euribléfaron combina el acortamiento de piel con una laxitud horizontal, el resultado es el de un ectopión de la zona más temporal.

Ptosis: párpado “caído” por desarrollo incompleto del músculo elevador del mismo, como consecuencia de un parto traumático o en el contexto de una parálisis del III par. Cuando la oclusión del ojo afecta al eje visual, existe riesgo de ambliopía por deprivación, por lo que el tratamiento con parches desde el nacimiento puede ser necesario y la valoración quirúrgica precoz.

Hemangioma: tumoración vascular que rara vez se presenta al nacimiento. Se ve como una lesión plana y roja (superficiales) o elevada y violácea (profundos). Sus complicaciones incluyen: ptosis, limitaciones en los movimientos oculares o proptosis si son muy grandes, por lo que serán remitidos para valorar tratamiento con propanolol oral o tópico(5) (Fig. 2).

Obstrucción congénita del conducto nasolagrimal (OCNL): causa más frecuente de epífora en el recién nacido y lactante por incompleta canalización del sistema de drenaje lagrimal, frecuentemente a nivel distal. Además de lagrimeo desde el nacimiento, se manifiesta con conjuntivitis de repetición. Se recomienda la observación y tratamientos con masajes y lavados de las secreciones, así como antibioticoterapia tópica en los episodios infecciosos hasta el primer año de vida, ya que se resuelven en un 90%. De lo contrario, deben ser valorados por el oftalmólogo para la realización de sondaje, dilatación con balón, intubación o, en casos más graves y sin resolución, dacrioplastia o dacriocistorrinostomía.

Anomalías congénitas del segmento anterior

Alteraciones en el desarrollo fetal causarán disgenesias (desdiferenciaciones) con afectación desde la córnea al cristalino(6).

Anomalías del iris (Fig. 3): manifestaciones iridianas como: la desviación de la pupila (corectopia), sinequias a córnea o cristalino y múltiples pupilas (policoria), son raras de manera aislada y suelen presentarse como parte de las manifestaciones de algunas disgenesias del segmento anterior. La membrana pupilar persistente se refiere a una banda de iris que atraviesa la pupila y puede estar adherida a la cápsula anterior del cristalino.

Anomalías corneales (Fig. 4):

Figura 4. Córnea y cataratas. Superiores: anomalía de Peters (izquierda), quiste dermoide (derecha). Inferiores: distintas manifestaciones de cataratas congénitas. Vemos la heterogeneidad en la presentación de la opacidad cristaliniana.

- Quistes dermoides: son coristomas, derivados ectodérmicos de aspecto rosado y brillante que pueden contener pelo y otras estructuras ectodérmicas. Se localizan en el limbo corneoescleral y su extirpación temprana depende de las molestias o complicaciones debidas a un tamaño considerable.

- Anomalía de Peters: opacidad corneal uni o bilateral, con o sin unión (sinequias) al iris o incluso al cristalino. Se trata de una disgenesia de las capas posteriores de la córnea y su separación del cristalino. El trasplante corneal se considera el tratamiento de elección, donde las tasas de supervivencia del injerto y recuperación visual son muy variables(7).

- Otras alteraciones corneales congénitas: las úlceras por trauma durante el parto cursan con ojo rojo, epifora, fotofobia e irritabilidad. Las distrofias corneales son infrecuentes y no suelen detectarse al nacimiento.

Anomalías del cristalino (Fig. 4):

- Catarata: patología congénita más frecuente del cristalino y considerada la causa más frecuente de ceguera tratable. Se define como una opacidad del cristalino que puede ser parcial o completa y que interferirá variablemente en la visión. Su uni o bilateralidad es un dato importante a considerar a la hora de buscar la causa responsable (Tabla II), así en las bilaterales, encontramos frecuentemente un patrón hereditario autosómico dominante, por lo que una buena anamnesis y exploración de los progenitores puede evitar la realización de pruebas complementarias innecesarias (Algoritmo 1).

También aparecen, aunque en menor medida, en el contexto de enfermedades genéticas, metabólicas, teratógenos e infecciones maternas durante el embarazo. Por otro lado, las cataratas unilaterales nos hacen pensar más en malformaciones oculares. Aun existiendo un gran número de factores etiopatogénicos, es importante destacar que la gran mayoría se consideran idiopáticas, un 60% en bilaterales y hasta un 80% en unilaterales. En estas últimas, se encuentran con relativa frecuencia vestigios de la arteria hialoidea, indicio de que posiblemente la persistencia de la vasculatura fetal leve sería el origen de muchas de las cataratas catalogadas como idiopáticas. Lo mismo ocurre con las bilaterales, se cree que muchas pueden cursar con alteraciones genéticas, por lo que su etiología puede estar infradiagnosticada(8).

• Otras anomalías congénitas del cristalino: la ausencia de cristalino congénita o afaquia es una condición infrecuente. La ectopia o subluxación se deberá a un defecto de la zónula de Zinn (ligamento suspensorio del cristalino) que causa desplazamientos del mismo, típico de la enfermedad de Marfan y de la homocistinuria. Microesferofaquia hará referencia a un cristalino pequeño, esférico, ectópico y relacionado con la enfermedad de Weill-Marchesani. La existencia de una protrusión de apariencia cónica con o sin opacidad y característica de la enfermedad de Alport se conoce como lenticono.

Glaucoma(9) (Fig. 5):

Figura 5. Glaucoma congénito. Superior: buftalmos izquierdo por glaucoma congénito. Inferior: gonioscopia.

- Glaucoma congénito primario: es detectado desde el nacimiento-primeras semanas de vida y no está asociado a otras anomalías oculares, sistémicas o síndromes. Representa más de la mitad de los glaucomas pediátricos. La mayoría son esporádicos y una pequeña parte de herencia recesiva, por lo que aumenta su incidencia en regiones con alta tasa de consanguinidad. Se trata de una iridotrabeculodisgenesia, donde la afectación de la malla trabecular, responsable del drenaje del humor acuoso, provoca un aumento de resistencia a la salida del mismo, con elevación de la presión intraocular y daño del nervio óptico. Cuando aparece entre el primer y tercer año de vida, hablaremos de glaucoma infantil, aunque se trate de la misma etiopatogenia. La tríada clásica del glaucoma congénito se define por: epífora, fotofobia y blefarospasmo, asociado o no a pérdida de transparencia corneal, que puede verse desde “turbia” a un color azulado característico. El término buftalmos (“ojo de buey”) se utiliza para describir el aumento del tamaño de la córnea y globo ocular, indicios de enfermedad avanzada. Ante sospecha de glaucoma, se debe realizar lo antes posible una exploración oftalmológica bajo anestesia. El tratamiento de elección es la cirugía.

- Otros glaucomas primarios congénitos: glaucomas primarios asociados a otras anomalías oculares como en la aniridia o en la anomalía de Peters, y/o sistémicas como en el síndrome de Axenfelt-Rieger (anomalías dentales, pliegue umbilical) o enfermedad de Sturge-Weber (displasia venosa facial con “mancha de vino de Oporto”). Su manejo difiere respecto al del glaucoma congénito primario, por lo que es importante tenerlos en cuenta.

- Glaucomas secundarios: no se producen por una disgenesia per se, sino debidos a alteraciones a otros niveles del ojo que pueden comprometer al drenaje del humor acuoso y que habitualmente no se manifiestan al nacimiento.

Anomalías congénitas del segmento posterior

Sospecha en prematuros, infecciones durante el embarazo, otras anomalías oculares o exploración con fulgor pupilar anómalo, estrabismos o nistagmos.

Retinopatía del prematuro (ROP): es una de las principales causas de ceguera evitable. La vascularización retiniana se completa hacia la semana 36-40. En ella están implicados factores angiogénicos, como el IGF y el VEGF, que se descontrolan en la ROP, produciendo una vascularización anómala y patológica. Su incidencia es inversamente proporcional a edad gestacional y peso al nacimiento (81,6% de niños <1.000 g y 46,9% de niños > 1.000 g). El aumento de la supervivencia, gracias a la mejoría en los cuidados y técnicas, ha provocado un aumento de la prevalencia de la ROP. Otro factor de riesgo es la exposición a O2. Los protocolos de screening consensuados entre pediatras y oftalmólogos han ayudado a su detección precoz(10). Dependiendo del estadio de la enfermedad, la actuación irá desde la observación hasta el tratamiento con antiangiogénicos intravítreos(11), láser o cirugía en casos más graves.

Retinoblastoma: su incidencia de 1/15.000 RN lo convierte en el tumor ocular maligno más frecuente en niños y el tercer tumor ocular maligno más frecuente tras el melanoma y las metástasis. El 90% se manifiesta antes de los 3 años y puede estar presente al nacimiento. 2/3 de los casos son unilaterales y 1/3 bilaterales. El tumor resulta de dos mutaciones en el gen RB1 (cromosoma 13), que codifica una proteína reguladora de la proliferación celular, por lo que habrá un crecimiento descontrolado. El 40% se consideran hereditarios, la primera mutación se hereda de uno de los padres y la segunda se produce durante el desarrollo embrionario. El signo más frecuente es la leucocoria (Fig. 6), seguido del estrabismo, pero puede simular una celulitis preseptal, manifestarse como glaucoma doloroso o cambios en el color del iris. La tasa de supervivencia en nuestro medio es >90%, donde en 2/3 el ojo se conservará, mientras que en países en vías de desarrollo la supervivencia es tan solo del 45%. El tratamiento de elección es la quimioterapia intraarterial en la arteria oftálmica(12). Otros tratamientos son: la quimioterapia sistémica e intravítrea, braquiterapia, crioterapia, termoterapia y la enucleación, que consiste en la extracción del globo ocular. Dependerán del estadio de la enfermedad y del estado del paciente.

Otras alteraciones en el segmento posterior: la exploración del fondo de ojo no es rutinaria en el recién nacido y, muchas veces, las alteraciones se encuentran a raíz de bajas visiones en el crecimiento en la consulta del oftalmólogo. Un indicio de alteración retiniana serán los nistagmos en un ojo aparentemente normal. Así, podemos encontrar una amplia diversidad de alteraciones en el fondo de ojo como: albinismo ocular, cicatrices retinianas, desprendimientos de retina o anomalías del nervio óptico como: hipoplasias, fosetas, anomalía de Morning Glory, o colobomas.

Alteraciones congénitas de los movimientos oculares y estrabismo

Cualquier desviación ocular al nacimiento deberá ser remitida al oftalmólogo, ya que puede ser la primera manifestación de retinoblastoma.

Estrabismo: pérdida de paralelismo en los ojos. El estrabismo en el neonato es muy infrecuente. La endotropia congénita suele manifestarse a partir de los 6 meses de vida, por lo que muchos autores no coinciden con el término de “congénito”. Sí se pueden considerar como tal los estrabismos debidos a disgenesias o desórdenes inervacionales, como el síndrome de Möbius, que cursa con parálisis concomitante del VI y VII par, o el síndrome de Duane, donde existe una inervación anómala de los músculos rectos horizontales(13).

Nistagmo: movimientos rápidos oculares involuntarios. La manifestación al nacimiento es infrecuente. Se remitirán al oftalmólogo para buscar causas oculares o neurológicas de nistagmo.

Infecciones congénitas con afectación ocular

Dependiendo del patógeno y momento de infección de la gestante, las manifestaciones en el neonato serán variables.

Una vez familiarizados con las patologías de mayor interés para el pediatra, consideramos de importancia realizar un breve resumen de las infecciones congénitas clásicas con repercusión ocular adquiridas en el periodo fetal, por lo que este bloque se sale del esquema que hemos visto hasta ahora, ya que no se centra en la estructura ocular sino en el agente teratógeno, en este caso, los distintos microorganismos. En la tabla III describimos las infecciones congénitas clásicamente más relevantes y que cursan con afectación ocular(14).

Para finalizar, merece mención la conjuntivitis neonatorum. Esta, realmente, se trata de una enfermedad adquirida en el periodo peri y postnatal, por lo que no vamos a desarrollarla en esta revisión. Son múltiples los patógenos implicados, donde el gonococo y la clamidia serán responsables de formas muy agresivas. La profilaxis con povidona yodada o eritromicina tópica han disminuido drásticamente su incidencia(15).

Función del pediatra de Atención Primaria en la exploración en el recién nacido, detección de defectos oculares (Algoritmo 2)

Una exploración precoz minuciosa y protocolizada es fundamental en la detección de la patología oftalmológica(16).

Epífora, secreciones: la OCNL se detecta por la presencia de secreciones en torno al borde palpebral y conjuntivitis de repetición. No debemos confiarnos, ya que también puede ser un signo de erosiones corneales o glaucoma congénito, a este suele acompañarle una intensa fotofobia y blefarospasmo. Ante la sospecha de OCNL, se podrán tratar con lavados, masajes y pomadas oftálmicas, como eritromicina, esperando su resolución. La no respuesta al tratamiento será motivo de derivación al especialista en torno al año de edad.

Tamaño: un ojo pequeño nos alertará de un desarrollo incompleto asociado a catarata, en muchas ocasiones. Córneas grandes, nos harán sospechar de glaucoma. Las medidas de esta última no se realizan de forma rutinaria en el recién nacido, además de la dificultad que ello implica, incluso para el oftalmólogo pediátrico, que muchas veces precisará de la exploración bajo anestesia para lograrlo. Es muy útil la comparación con el ojo contralateral, ya que las patologías relacionadas suelen ser unilaterales, por lo que la simetría puede ser indicador de normalidad, aunque no descarta la enfermedad y podemos encontrar glaucomas congénitos y ojos microftálmicos bilaterales.

Alteraciones palpebrales: llamativas y fáciles de detectar. Nos fijaremos en la posición del borde palpebral respecto al globo ocular, continuidad del mismo y la orientación de las pestañas y roce de estas con el ojo. Una ptosis congénita o un defecto donde el eje visual pueda verse comprometido, la derivación preferente al oftalmólogo está más que justificada, ya que su corrección precoz y el inicio de oclusiones con parche o penalización evitarán la ambliopía.

Transparencia de medios: la córnea transparente permite ver con claridad el color del iris y la pupila. Una pérdida de esa transparencia nos alertará sobre una posible disgenesia del segmento anterior. Será característico el color azulado de la misma en el glaucoma congénito, aunque no tiene por qué cumplirse, siempre dependerá de cuán avanzada esté la enfermedad.

Valoración pupilar y motilidad intrínseca: las pupilas deben ser redondas, del mismo tamaño y isorreactivas. Su deformidad hará pensar en colobomas o disgenesias del segmento anterior. Una midriasis excesiva arreactiva es indicio de aniridia.

Movimientos oculares: podrán valorarse llamando la atención del niño desde diferentes posiciones. Las desviaciones y limitaciones en los movimientos oculares nos harán sospechar de parálisis-paresias de los pares creaneales oculomotores.

Test de Brückner: consiste en proyectar la luz del oftalmoscopio hacia la pupila. El reflejo del ojo deberá ser naranja e isointenso en ambos ojos. Ante opacidades, tanto corneales como cristalinianas, veremos una opacidad negra por retroiluminación de este reflejo, causa justificada para la derivación preferente al oftalmólogo. La leucocoria (Fig. 6) será la visualización de este reflejo de color blanquecino, esto será causa de derivación urgente al especialista para descartar el retinoblastoma. También, aparece en colobomas por el reflejo escleral directo debido a “falta de retina”.

Protocolos de screening de la retinopatía de la prematuridad: debe existir una buena comunicación entre el pediatra y el oftalmólogo. Lo ideal es que sean siempre las mismas personas las que realicen los controles y la asignación de un día semanal para ello.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

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Capítulo fácil de entender sobre malformaciones oculares congénitas.

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Revisión sobre patología congénita palpebral y de la vía lagrimal. Dirigido tanto a pediatras como a oftalmólogos, permite una visión sencilla y práctica del tema.

Wright KW, et al. Pediatric Ophthalmology for Primary Care. American Academy of Pediatrics; 2008. p. 143-51, 243-52.

Excelente guía para el pediatra en su práctica clínica.

Baselga Torres E, Bernabéu Wittel J, van Esso Arbolave D, Febrer Bosch M, Carrasco Sanz Á, de Lucas Laguna R, et al. Consenso español sobre el hemangioma infantil. Anales de Pediatría. 2016; 85: 256-65.

Consenso entre pediatras y otros especialistas, donde se incluyen recomendaciones y algoritmos de actuación en pacientes pediátricos con hemangioma infantil.

Abu-Amero K, Edward D. Primary Congenital Glaucoma [Internet]. Ncbi.nlm.nih.gov. 2017 [cited 15 November 2017]. Available from: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK1135/.

Revisión de glaucoma congénito, incluida genética, con buenas referencias bibliográficas. Disponible al público online.

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Revisión actualizada sobre los antiangiogénicos en la retinopatía de la prematuridad clásicamente tratada con terapia láser.

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Consenso de especialistas en retinopatía de la prematuridad, basados en evidencias y experiencia. Presenta directrices generales para realizar el cribado de la ROP, incluyendo: criterios de inclusión y exclusión, metodología de exploración y calendario de actuación.

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Revisión actualizada sobre los antiangiogénicos en la retinopatía de la prematuridad, clásicamente tratada con terapia láser.

Badia J, Figaró C, Domingo M, Aldecoa V. Infecciones congénitas. Pediatr Integral. 2014; XVIII(6): 356-66.

Revisión sobre infecciones congénitas, métodos para su detección, profilaxis y tratamientos.

Caso clínico

 

Niño recién nacido de 7 días de vida. Parto eutócico, edad gestacional 40 semanas y 2.200 g. Padres no consanguíneos. Madre 34 años, sin antecedentes de interés salvo leve miopía, por lo que necesita gafas para conducir. No se conocen antecedentes paternos.

Remitido por pupilas muy dilatadas desde el nacimiento, movimientos oculares rápidos y sensación de que el niño “no fija bien”.

 

 

 

Traumatismos oculares

Temas de FC

J.M. Casanovas Gordó*, V. Martín Gómez**

*Pediatra. CAP Roquetes-Canteres. Institut Català de la Salut. Barcelona. **Oftalmóloga.
Especialista en segmento anterior y córnea. Hospital Sant Joan Despi Moises Broggi. Barcelona

 

Resumen

Los traumatismos oculares son motivo de visita al pediatra de Atención Primaria con cierta frecuencia. Los varones mayores de 11 años son los más vulnerables. Los niños pequeños los sufren en el propio domicilio y los mayores de 8 años en las actividades deportivas. Describimos en esta revisión la historia clínica, exploración y detalles de interés para el pediatra de la afectación traumática del párpado, conjuntiva, córnea, iris, cristalino, vítreo, coroides y retina, fractura de la órbita y lesión por traumatismo del nervio óptico, así como la perforación y penetración ocular como una grave secuela secundaria al traumatismo. Las manifestaciones oculares del niño maltratado y los traumatismos oculares deportivos son motivo también de atención en el artículo.

 

Abstract

Eye trauma is good a reason for frequently visiting the primary care paediatrician. Males older than 11 years old are the most vulnerable ones. Babies usually experience it at home while children older than 8 usually suffer it playing sports. This report describes the clinical history, the examination and other data of interest for paediatricians about traumatic eyelid, conjunctiva, cornea, iris, lens, vitreous, choroid and retina, orbital fracture and traumatic injury of the optic nerve, as well as the ocular drilling and penetration as a serious ocular secondary effect to trauma. The ocular manifestations of an abused child or the sports eye trauma are also described in this article.

 

Palabras clave: Traumatismos oculares; Pediatría; Lesiones conjuntivales y corneales.

Key words: Ocular traumatism; Pediatrics; Conjunctival and corneal injuries.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(7): 507-519


Traumatismos oculares

 

Los traumatismos oculares deben ser considerados como una enfermedad.

J.T. Banta(1)

Introducción

La primera causa de visita oftalmológica pediátrica de urgencia son las conjuntivitis y, la segunda, los traumatismos oculares.

El estrabismo es la causa más frecuente de intervención quirúrgica ocular en el niño y la ambliopía la de pérdida de visión monocular precoz. Después de ambas patologías, están los traumas oculares como causa más importante de morbilidad ocular infantil.

Los traumatismos oculares se distribuyen según las edades, con una primera incidencia en los últimos años de la adolescencia y una segunda en los pacientes mayores de 70 años de edad(1,2).

Las lesiones oculares graves son más frecuentes en los varones con una proporción de 3-5/1. Son causa importante de pérdida de visión en los países menos desarrollados y en los estratos sociales menos favorecidos.

Son los responsables de ceguera unilateral, baja visión bilateral y ceguera bilateral. El traumatismo ocular es, además, una enfermedad recurrente, tras un primer traumatismo existen 3 veces más probabilidades de sufrir un 2º trauma ocular.

Buena parte de los traumatismos son evitables. Es indudable que la supervisión de los adultos reduce la incidencia y el bajo nivel educativo o socioeconómico aumenta el riesgo de lesión ocular. El pediatra, muchas veces, será el primero en atenderlos.

En los primeros años de vida, la incidencia de traumatismos oculares es prácticamente igual en ambos sexos, pero esta tendencia cambia con una mayor frecuencia en varones en la población adulta. La mayoría de las lesiones se producen en el hogar o colegio(2).

Los traumatismos en los niños pequeños se producen en casa, con los juguetes o en la cocina (con aceite, agua hirviendo, productos de limpieza, utensilios de cocina). En niños mayores de 8 años, con los deportes, una de las causas más importantes (pelota, tirachinas, palos, petardos, piedras, proyectiles, dardos y balines de aire comprimido –los balines causan lesiones especialmente devastadoras–). Los varones de 11 a 15 años son los más vulnerables(3). No podemos olvidar deportes como el hockey, deportes con raqueta, béisbol, baloncesto, esgrima, squash, boxeo, artes marciales de contacto, lucha libre y, actualmente, el paint-ball (juego con balas de pintura –juego de guerra–). Las lesiones por balas de pintura son actualmente el traumatismo ocular más frecuente y más grave relacionado con la práctica del deporte. El diámetro del paint-ball es inferior a 2 cm y alcanza velocidades de 90 a 150 metros por segundo. En los últimos años la protección ocular en algunos de estos deportes ha reducido el porcentaje de lesiones(4).

Se han descrito también lesiones oculares por sistemas de airbag (quemaduras, laceraciones, abrasión corneal, hipema, desprendimiento de retina e, incluso, estallido ocular), aunque el efecto protector frente a un accidente mortal tiene mayor peso que el pequeño riesgo asociado.

La mayoría de lesiones oculares son evitables con los sistemas de protección actuales disponibles. Los pacientes con ambliopía deben ser identificados y deben tener especial cuidado si practican algún deporte de riesgo, pues la lesión en el ojo útil mermaría su calidad de vida. En la página web de la Academia Americana de Oftalmología se habla de prevención de lesiones oculares: www.AAO.org (Preventing Eye Injuries).

Historia clínica y exploración general

Realizar una buena historia clínica es muy importante(5). Al tratarse de un niño, la mayor parte de la información la obtendremos de los cuidadores (frecuentemente los padres) y no es tarea fácil. Las circunstancias del traumatismo deben ser recordadas cuidadosamente ya que pueden tener implicaciones médico-legales importantes.

Debe interrogarse el cuándo, cómo y con qué se ha producido la lesión(6).

Hay que preguntar al paciente, si ello es posible, por la edad, cambios visuales graduales o repentinos desde que sufrió el trauma o síntomas como dolor, diplopía y fotofobia.

Anotar el momento y lugar del accidente, el mecanismo de la lesión, si ha sido accidental o intencional, la presencia de testigos, el objeto que causa el accidente, la sospecha y el tipo de cuerpo extraño, si ha habido lesiones químicas por álcalis, si ha habido lesión por animal, tipo de animal y si ha sido espontáneo o provocado. También, es muy importante conocer de la anamnesis si hay enfermedades oculares preexistentes y nivel de visión ocular del paciente antes del accidente (si es posible).

La exploración no es sencilla. Debe ser realizada por personal cualificado. La ansiedad y el dolor del paciente dificultan la cooperación. Si es difícil explorar al niño, deberá efectuarse bajo sedación o anestesia general.

Un dato muy importante y por el que siempre debemos comenzar la exploración es la Agudeza Visual (AV). Hay que explorar cada ojo por separado. Si el niño es mayor de 3 años se debe realizar mediante la escala E de Snellen. Valorarla en menores de 3 años resulta difícil: hay que enseñarle un juguete con colores vivos, prestando atención a la capacidad del niño de fijar la vista en ese objeto. Puede ser que en ese momento se intente quitar el parche de su ojo sano, lo cual nos hará sospechar una menor AV en el ojo afectado.

Si la edad lo permite, valorar la visión cromática (el color rojo puede parecer gris si hay disfunción del nervio óptico). Es importante para el diagnóstico, pronóstico y evaluación médico-legal.

Las pupilas nos dan información del sistema visual y de una posible patología intracraneal. Si el paciente está inconsciente es la única fuente de información. Explorar los reflejos fotomotores directo y consensuado es muy importante, así como la forma de la pupila en el ojo traumatizado. Por ejemplo, la presencia de un defecto pupilar aferente relativo (pupila que se dilata, paradójicamente, al ser iluminada, tras haber iluminado previamente el ojo contraletal) nos indica una posible lesión en la vía aferente visual, ya sea a nivel del nervio óptico (alteración más frecuente), o a nivel retiniano (lesión que debe ser muy extensa para provocar dicha alteración pupilar).

Valorar la motilidad extraocular que es importante en la sospecha de lesión de la órbita o de un nervio craneal.

La presión intraocular es otro dato importante. Siempre antes de valorarla debemos asegurarnos de que no existe un traumatismo ocular abierto, ante lo cual está totalmente contraindicado tomarla. La toma se realiza mediante una ligera presión con ambos dedos índices sobre el párpado superior, ejerciendo presión de manera alterna y después comparando con el ojo contralateral. Suele ser complicado detectar ligeras variaciones, por lo que únicamente nos servirá para descartar grandes hipertonías. Ante un aumento de presión importante debemos remitir inmediatamente al oftalmólogo para su diagnóstico y tratamiento.

La sospecha de abuso del niño debería ser considerada si la historia es inconsistente con la lesión ocular del paciente: historia del cuidador contradictoria o múltiples visitas al servicio de urgencias. La exploración oftalmológica puede ayudar en el diagnóstico del síndrome del bebé zarandeado (hemorragias intracraneales e intraoculares –intra, pre o subretinianas- sin signos de traumatismo externo).

La exploración externa del paciente: observar la cabeza, cara, región periorbitaria y párpados. Anotar equimosis, edema, ptosis, laceraciones y cuerpos extraños, enoftalmos y exoftalmos. La región periorbitaria debe palparse para descartar crepitación o deformidades en huesos orbitarios. La hipoestesia infraorbitaria, crepitación, enoftalmos y deformidad orbitaria pueden indicar fractura orbitaria por compresión (blow-out).

Respecto a las exploraciones complementarias, la radiografía simple tiene menos valor que las exploraciones que se efectúan actualmente como la TAC y la Resonancia Magnética (RM). Sin embargo, es útil para realizar la primera valoración rápida o para orientarnos si no disponemos de las otras exploraciones complementarias de urgencias. Con ella podemos valorar la presencia de un cuerpo extraño intraorbitario o intraocular, o fractura de las paredes de la órbita. No detecta cuerpos de plástico o madera por ser radiolúcidos y tampoco se visualizan las partes blandas.

La TAC orbitaria es la prueba que más información nos aporta, localización exacta de cuerpos extraños y fracturas, nos da imágenes del globo ocular, músculos y paredes orbitarias. Siempre se debe realizar ante la sospecha de perforación ocular. Aunque, al ser una prueba más específica, debe ser valorada siempre por un radiólogo y un oftalmólogo.

La RM visualiza mejor las lesiones vasculares, patología intracraneal, trombosis del seno cavernoso y enfermedades desmielinizantes e inflamatorias del nervio óptico. No suele ser tan útil para localizar lesiones de traumatismos oculares, y queda totalmente descartado pedirla como primera prueba diagnóstica. Siempre hay que descartar antes mediante otras pruebas de imagen la ausencia de cuerpos extraños metálicos.

La ecografía es útil pero no debe realizarse si se sospecha perforación ocular. Proporciona la mayor resolución e información anatómica del segmento posterior ocular. Puede visualizar cuerpos extraños intraoculares, radiopacos y radiolúcidos y patología del vítreo, retina, coroides y esclerótica. También la glándula lagrimal, músculos, nervio óptico y tejidos blandos de la órbita.

Biomicroscopía o exploración del segmento anterior ocular

 

Párpados, conjuntiva, córnea y esclera

La mayor parte de las lesiones de la superficie ocular son benignas y se resuelven sin tratamiento, sin embargo, requieren una exploración meticulosa (incluso en lesiones que parecen de poca importancia) y un tratamiento precoz para evitar secuelas permanentes y complicaciones tardías.

Párpado

La equimosis (hematoma u ojo morado) aparece en el párpado tras una contusión y se reabsorbe espontáneamente. Por efecto de la gravedad, puede extenderse al párpado inferior, lo cual debe advertirse a las familias.

Cuando hay una herida en el párpado debe tenerse en cuenta la localización porque:

• Si la herida afecta al párpado superior, puede estar comprometido el músculo elevador; la sutura incorrecta daría lugar a ptosis palpebral. Frecuentemente hay salida de grasa orbitaria por la herida. No debe dejarse curar por segunda intención.

• Si la herida afecta al borde palpebral, la sutura correcta se hará alineando los bordes de la herida para evitar eversión o inversión del párpado y evitar la aparición de epífora, irritación o defecto de humidificación corneal.

• Cuando la herida afecta a la zona interna del párpado, puede dañar el conducto lagrimal, requiriendo una reparación con microcirugía por parte del oftalmólogo.

• También puede dañarse la glándula lagrimal situada en la zona externa del párpado.

Siempre, ante una herida en el párpado, remitir al oftalmólogo para su sutura, una malposición palpebral o no tener en cuenta la vía lagrimal a la hora de realizar la sutura nos puede dar complicaciones oculares a posteriori.

La infección de la herida palpebral secundaria al traumatismo puede complicarse con una celulitis periorbitaria.

La ptosis palpebral puede deberse al hematoma y a la reacción inflamatoria que desaparece en unos días o bien a la lesión del músculo elevador del párpado, en cuyo caso el pronóstico es peor.

El hematoma palpebral bilateral en anteojos o también llamado de “ojos de panda” debe hacernos pensar en la fractura de la base del cráneo.

Conjuntiva y córnea

Cuando exploramos la conjuntiva o la córnea, tras un traumatismo podemos encontrarnos con: hemorragia subconjuntival (hiposfagma) (Fig. 1), erosión de la superficie, quemosis, enfisema, abrasiones, laceraciones y cuerpo extraño conjuntival (lentes de contacto) o cuerpo extraño corneal y abrasión corneal.

 

Figura 1. Hiposfagma.

 

La hemorragia subconjuntival traumática tiene un aspecto llamativo. La espontánea suele deberse a una maniobra de Valsalva que aumenta la presión venosa (tos, estornudo, vómitos, levantar objetos pesados). Las conjuntivitis víricas o bacterianas también son una causa frecuente. El frotamiento ocular enérgico también puede producirla. Desaparece en unos días, pero puede durar semanas. La hemorragia subconjuntival debe ser limitada a la zona anterior. La mayoría de ellas son benignas. Si es extensa (ocupando toda la conjuntiva y fondos de saco conjuntival) debería pensarse en la posibilidad de fractura del techo o suelo de la órbita e, incluso, hemorragia intraocular o rotura del globo.

La sensación de arenilla o cuerpo extraño es la molestia más frecuente en estas urgencias oftalmológicas.

La lesión conjuntival da lugar a un leve dolor por la escasez de inervación sensorial.

Tras una lesión corneal (Fig. 2), la capa basal del epitelio corneal y los nervios corneales superficiales quedan expuestos a estímulos externos, siendo el dolor más intenso.

 

Figura 2. Erosión corneal por un papel.

 

Clínicamente, suele aparecer dolor, lagrimeo, fotofobia, enrojecimiento ocular, blefaroespasmo y disminución de la visión. Los movimientos del globo ocular y el parpadeo aumentan el dolor y la sensación de cuerpo extraño.

Para visualizar las lesiones, hay que aplicar fluoresceína. La fluoresceína tiñe las lesiones en el epitelio, ya sean conjuntivales o corneales. Será la exploración diagnóstica principal. Utilizar tiras estériles de papel o colirio, en el ojo afectado, e iluminarlo con luz azul de cobalto y podremos apreciar las erosiones en color amarillo verdoso. La tira de fluoresceína deberá estar ligeramente humedecida con colirio anestésico doble, lo que nos ayudará a realizar mejor la exploración. El paciente deberá mirar hacia arriba mientras el extremo de la tira contacta con el fondo de saco inferior, evitando el roce con la córnea.

Las erosiones corneales curan rápidamente pero pueden complicarse con recurrencias; reaparece la lesión al cabo de un tiempo sin haber sufrido ningún traumatismo, sobre todo al levantarse por las mañanas, lo que se denomina síndrome de erosión corneal recidivante. Esto se produce porque las uniones hemidesmosómicas de las nuevas células epiteliales corneales son débiles produciendo que, al estar un tiempo prolongado con los párpados cerrados al dormir, el epitelio nuevo se enganche literalmente al párpado superior, produciéndose una nueva erosión corneal al abrir el párpado de forma espontánea.

La morfología de las erosiones corneales nos puede ayudar a la hora de realizar el diagnóstico. Por ejemplo, las erosiones lineales nos hacen sospechar cuerpos extraños subtarsales. La eversión del párpado superior y la observación de los fondos de saco conjuntivales son técnicas útiles para localizar y eliminar los cuerpos extraños. Ante una erosión corneal, siempre debemos evertir el párpado superior en busca de cuerpos extraños.

El pediatra puede intentar retirar el cuerpo extraño (Fig. 3), instilando previamente un colirio anestésico, mediante irrigación con suero con un chorro fuerte, con algodón, con una gasa humedecida; debe revertirse el párpado superior para detectar cuerpos extraños en el fondo de saco, en la zona subtarsal, para lo cual el paciente debe mirar hacia abajo. Hay que evitar los instrumentos afilados.

 

Figura 3. Cuerpo extraño corneal.

 

Cuando el cuerpo extraño es tierra o serrín, el lavado abundante con suero fisiológico será útil pero, ante la mínima dificultad, enviar al paciente al oftalmólogo. En ocasiones, el niño deberá ser sedado para la retirada del cuerpo extraño en el quirófano.

Pese a la creencia extendida, tras la extracción de un cuerpo extraño, o bien tras una erosión corneal o conjuntival traumática, NUNCA debemos ocluir el ojo. Únicamente pautar pomada antibiótica y colirio midriático (ciclopléjico) para disminuir el dolor mediante la relajación del músculo ciliar. Tras el diagnóstico de una erosión conjuntival o corneal, o tras la extracción de un cuerpo extraño, siempre debemos remitir al paciente al oftlamólogo para su posterior seguimiento. Aunque la mayoría de lesiones de este tipo curan en unas horas o en un par de días, debemos asegurarnos que es visitado por un especialista, para evitar posibles complicaciones.

La oclusión queda reservada para las erosiones de origen fototraumático o por radiación (erosiones estériles). La oclusión debe realizarse con los párpados cerrados, con dos gasas dobladas y con ligera presión impidiendo así el movimiento palpebral y mantenerlo durante 24 horas. Deberan utilizarse pomadas que tienen un efecto lubricante aunque enturbien la vista. Hay que aconsejar que no se froten los ojos. Los antibióticos aminoglucósidos, producen un efecto inhibitorio sobre la epitelización. Los macrólidos son una buena opción para el tratamiento (pomada de eritromicina, por ejemplo). No debe permitirse que el paciente utilice gotas anestésicas tópicas para el dolor, que impiden la emigración epitelial normal y favorecen que la abrasión corneal aumente de tamaño y el daño corneal se haga permanente. Si el dolor es intenso, el paciente deberá tomar analgésicos por vía oral. Los defectos corneales traumáticos, aunque sean moderadamente grandes, suelen cicatrizar en uno o dos días sin parches en los niños pequeños.

Como secuelas tardías de laceración corneal profunda podemos tener el astigmatismo y cicatrices corneales (leucomas) que pueden reducir la agudeza visual.

Los cuerpos extraños metálicos en la superficie corneal empiezan a oxidarse a las pocas horas, son tóxicos y deben ser eliminados. Con los cuerpos extraños profundos de material inerte (plástico o cristal) se puede mantener una actitud expectante pues con el tiempo migran en dirección anterior y se extraen con más seguridad. Ante la presencia de uno de estos tipos de cuerpos extraños, remitir siempre al oftalmólogo para su tratamiento y posterior seguimiento.

Quemaduras y causticaciones

Las causticaciones por ácidos y álcalis son urgencias que requieren un tratamiento inmediato antes del diagnóstico de las lesiones. El tratamiento consiste en la irrigación del ojo con 500 cc de suero fisiológico o Ringer lactato.

La cantidad de daño tisular se relaciona directamente con la duración del contacto entre el agente químico y el ojo. “Cada segundo cuenta” en una lesión química. La irrigación inmediata es vital.

Las quemaduras y causticaciones son una verdadera urgencia oftalmológica: en las quemaduras térmicas los párpados y la córnea son las zonas más afectadas. El agua y el aceite no suelen provocar lesiones tan graves como los agentes químicos(7). También la pólvora de los petardos provoca quemaduras. Las quemaduras químicas en la infancia suelen deberse a detergentes o disolventes orgánicos que se encuentran en productos de limpieza domésticos.

Los álcalis suelen penetrar en el ojo con mayor facilidad que los ácidos. Su morbilidad es significativamente mayor. Las causticaciones oculares pueden lesionar el epitelio corneal y conjuntival, la membrana basal, el estroma corneal, el endotelio de los vasos conjuntivales y la epiesclera.

Los álcalis que pueden afectar el globo ocular son: el amoníaco, el hidróxido sódico (lejía, desatascadores), la potasa caústica, el hidróxido de magnesio y el hidróxido cálcico (cemento, yeso y cal). Los ácidos son el sulfúrico (batería del automóvil), el ácido clorhídrico (provoca lagrimeo a distancia), el ácido nítrico (con un contacto prolongado se comporta como el clorhídrico) y el ácido acético (precisa de un tiempo de contacto prolongado y una concentración superior al 10%).

El álcali provoca lesiones más graves ya que penetra rápidamente en el interior del ojo, saponifica los ácidos grasos de las membranas celulares epiteliales, desnaturaliza el colágeno y produce trombosis vascular. Ante una causticación por un álcali antes de empezar la irrigación aplicar unas gotas de aceite de oliva sobre la superficie ocular, ayuda a parar la reacción saponificadora que se produce. Los ácidos provocan menos daño porque el ion hidrógeno precipita las proteínas, evitando la penetración del producto a través de la córnea.

El pronóstico dependerá de si el agente es un álcali o un ácido, del área de exposición y de la concentración de la sustancia química y del tiempo de contacto con el tejido del ojo.

Esta urgencia es la única en la cual iniciamos el tratamiento antes que la exploración, con irrigación abundante (las 3 íes de irrigación, irrigación, irrigación) con 500 cc de suero fisiológico o ringer lactato. No debe efectuarse presión sobre el globo ocular y hay que tener en cuenta que, a mayor espacio de tiempo entre la producción de la lesión y el lavado, el pronóstico será peor.

Hay que efectuar la limpieza, con una gasa, de los restos que pueden estar en contacto con la conjuntiva y con los fondos de saco conjuntival superior e inferior. Deben administrarse analgésicos por vía oral en las primeras horas tras el accidente. La quemadura corneal con cigarrillos es la lesión térmica más frecuente de la superficie ocular del niño. Son accidentales y no hay que pensar en manifestación de maltrato. Es debido a que los ojos del niño están a la altura del cigarrillo que tiene el adulto. Estas quemaduras suelen curar con rapidez y sin cicatrices.

La ceniza del cigarrillo se comporta como un álcali al cual se añade el efecto del calor.

Ante una causticación debe remitirse el paciente al oftalmólogo, que determinará su gravedad e iniciará el tratamiento pertinente. La mayoría se resuelven con pomada antibiótica, colirio con corticoide, colirio ciclopléjico y vitamina C vía oral. Las más graves pueden precisar incluso de tratamiento quirúrgico. A consecuencia de estas lesiones, se pueden formar cicatrices, glaucoma, cataratas y precisar un trasplante corneal.

Otro agente químico son los pegamentos. Si se han adherido a los párpados, habrá que recortar las pestañas, ya que producen adherencias muy firmes, y despegar los bordes con ligeras tracciones. El pegamento sobre la superficie ocular está poco adherido y, al traccionarlo, sale como un bloque.

Los petardos

El 5% de los traumatismos oculares son consecuencia de los fuegos artificiales, tan tradicionales en nuestro país. Las 2/3 partes de los accidentes relacionados con petardos se producen en los domicilios particulares. Se afecta tanto el que observa como el que lanza el artefacto. Se aconseja siempre la supervisión de los padres ante la manipulación de este tipo de artefactos por parte de niños. También es recomendable el uso de gafas de protección. Incluso las bengalas que parecen inofensivas, pueden provocar quemaduras importantes.

Lesiones fototraumáticas y por radiaciones

Las radiaciones ultravioleta son la causa más frecuente de lesiones tras la exposición solar en la playa o en la nieve.

Las lesiones suelen ser bilaterales y pueden manifestarse en forma de un punteado que tiñe con fluoresceína el área interpalpebral, hasta zonas extensas de desepitelización. Los síntomas (intenso dolor) aparecen de 8 a 12 horas tras la exposición y no hay relación entre el tiempo de exposición y la intensidad de las manifestaciones clínicas.

La retinopatía solar es una lesión producida por la luz del sol en personas que observan un eclipse solar. Aparece una pequeña quemadura en la retina que no ocupa toda la superficie, dando lugar a una disminución de la visión.

Los punteros láser de uso doméstico, aunque teóricamente podrían producir fotocoagulación de la retina (mirando fijamente más de 10 segundos al puntero), no suelen causar afectación pues el tiempo de exposición es inferior a 1 segundo.

Lesiones del globo ocular con afectación de la cámara anterior

Hipema

Consiste en la acumulación o presencia de sangre en la cámara anterior del ojo (en la parte más inferior) y se visualiza como un nivel rojo entre la córnea y el iris. Es una verdadera urgencia oftalmológica. Puede ser reconocido con la luz de la linterna (Fig. 4).

 

Figura 4. Hipema.

 

El hipema es secundario a traumatismos con objetos de tamaño más pequeño que el reborde de la órbita y consecuente lesión de los vasos sanguíneos de la raíz del iris o del cuerpo ciliar. Ante la aparición de un hipema, hay que descartar la rotura o estallido ocular y valorar el estado del iris y el cristalino(8).

Puede acompañarse de lesiones en el iris, cuerpo ciliar y cristalino. En pacientes de origen africano, y con antecedentes de hemoglobinopatía falciforme o drepanocitosis, debe descartarse esta enfermedad. Debe evitarse que vuelva a sangrar en los días posteriores al traumatismo.

Existe bastante controversia en referencia a su tratamiento, algunos autores postulan por un tratamiento ambulatorio; mientras que, otros siguen defendiendo el ingreso hospitalario. Actualmente, el ingreso se reserva para niños pequeños (difícil que sigan un reposo estricto en casa) o pacientes con hemoglobinopatías. Los esteroides son el pilar del tratamiento de los hipemas. Es importante el reposo en cama, con la cabeza elevada (posición de la cama en 45º), protector ocular (para evitar tocarse) y sedación en algunos casos. Deben ser controlados diariamente por el oftalmólogo para conocer la tensión intraocular y detectar los cambios que se produzcan con el hipema.

La hematocórnea es la impregnación de la córnea por el pigmento férrico de la sangre. Se produce en hipemas masivos. En niños puede ser necesario un trasplante corneal. El glaucoma puede ser una complicación secundaria al hipema. Ante el diagnóstico de una hematocórnea, derivar al paciente al oftalmólogo de forma urgente, la mayoría de veces es necesario el drenaje del sangrado de forma quirúrgica.

La tinción hemática corneal puede tardar meses o años en desaparecer y puede provocar en la infancia ambliopía por deprivación con las consecuencias sobre la función visual. Por eso debe tratarse con la mayor rapidez posible.

Si el sangrado afecta a más del 50% de la cámara anterior requerirá intervención quirúrgica para evacuar el coágulo e irrigar la cámara anterior.

Clínicamente hay dolor ocular y disminución de la visión o visión borrosa.

La somnolencia es frecuente en los niños y a veces es tan intensa que obliga a realizar un examen neurológico, sobre todo si ha habido un traumatismo craneal.

Si no hay antecedente de traumatismo previo deberá descartarse como desencadenante una enfermedad hematológica (trastorno de coagulación, leucemia), retinoblastoma, xantogranuloma juvenil y la ya mencionada drepanocitosis.

El hipema secundario a un traumatismo con un objeto pequeño es una verdadera urgencia que debe ser valorada por el oftalmólogo.

Iris y cuerpo ciliar

La característica de la afectación del iris y cuerpo ciliar es la fotofobia. A menudo hay una inyección de los vasos sanguíneos episclerales o conjuntivales alrededor del limbo, denominándose hiperemia conjuntival ciliar. La visión generalmente está reducida y la pupila puede ser más pequeña en el ojo afecto respecto al ojo sano. La lesión del músculo esfínter del iris dará lugar a una midriasis.

Clínicamente hay dolor, fotofobia, anisocoria, inyección conjuntival perilimbal (hiperemia ciliar) y visión borrosa. También puede aparecer dificultad para el enfoque de cerca por espasmo o parálisis de la acomodación, y dificultad en la constricción y dilatación pupilar tras la estimulación luminosa.

Si tras el traumatismo ocular hay rotura del esfínter iridiano, aparece la discoria o pupila irregular, pupila en forma de D. La afectación del iris suele acompañarse de hipema, por lo que debe valorarlo un oftalmólogo con urgencia.

Las lesiones de la cámara anterior son una de las secuelas más frecuentes de los traumatismos oculares contusos.

Cristalino

Evaluar el cristalino es fundamental en la exploración del ojo que ha sufrido un traumatismo ocular. El traumatismo es la causa más frecuente de la luxación o subluxación del cristalino(7).

La catarata y la luxación o subluxación que aparecen después de un traumatismo ocular indican que éste ha sido importante (Fig. 5). Provoca un cuadro de pérdida de visión importante de aparición brusca. También suele acompañarse de hipema y hay que derivarlo al oftalmólogo.

 

Figura 5. Catarata traumática.

 

Los traumatismos contusos pueden producir cataratas de aparición inmediata o incluso años después.

Si la catarata da lugar a pérdida de agudeza visual y el paciente es menor de 8 años hay que plantear una intervención quirúrgica precoz para evitar la ambliopía. El glaucoma y el contacto corneal secundarios a la luxación del cristalino también obligarían a plantear la intervención quirúrgica.

La luxación del cristalino frecuentemente es de origen traumático en la infancia. Nos indicará que el trauma ha sido importante.

Ante una luxación o subluxación del cristalino en ausencia de traumatismo ocular valorar un posible síndrome de Marfan.

 

Lesiones del globo ocular con afectación del segmento posterior: vítreo, retina y coroides

La gravedad de las lesiones en las estructuras del segmento posterior es variable: oscila entre las contusiones retinianas periféricas que se pueden resolver espontáneamente hasta el desprendimiento de la retina, que puede poner en peligro la visión.

Si el paciente no presenta una transparencia de medios para poder realizar un fondo de ojo, deberá solicitarse una ecografía para examinar el segmento posterior. La ecografía permitirá detectar: desgarros ocultos de la retina, desprendimiento de retina, hemorragias subretinianas, hemorragia subcoroidea (desprendimiento coroideo), desprendimiento del vítreo posterior, luxación del cristalino, roturas ocultas del globo ocular y cuerpos extraños intraoculares.

Hemorragia vítrea

Sangre en la cavidad vítrea. Es la complicación del polo posterior más frecuente tras el traumatismo ocular. Son síntomas las moscas volantes y suele haber pérdida visual súbita y grave. Algunos pacientes dicen que ven “en rojo”. La presencia de hemorragia vítrea en lactantes o niños debe alertar sobre la posibilidad de malos tratos. Los niños en edad de ambliopía son un reto terapéutico. En los lactantes puede aparecer ambliopía por deprivación las primeras semanas de la hemorragia vítrea. Pueden producirse anisometropías de más de 10 dioptrías. También puede aparecer como complicación un glaucoma.

Contusión, edema, hemorragia y desprendimiento de retina

Puede producirse tras lesiones de golpe o contragolpe (compresión y expansión del globo ocular). En una contusión retiniana aparecen áreas geográficas de retina blanqueada. Si la contusión afecta a la mácula (también llamado edema de Berlin), se puede producir pérdida de visión aguda. Si se afecta la periferia de la retina, el paciente visualmente está asintomático. Si se afecta la fóvea, la pérdida de visión puede ser permanente.

Rotura coroidea

Complicación muy grave. Si aparece nos indica que el traumatismo ocular ha sido importante. Hay afectación de la mácula en más de la mitad de las roturas coroideas. La afectación macular (edema, hemorragia o desprendimiento seroso) comporta la pérdida de visión inmediata. La mayoría de veces no se recupera la agudeza visual tras la reabsorción de las hemorragias y el edema secundario a la rotura. La afectación macular va emparejada con una pérdida de agudeza visual permanente.

Hemorragia subcoroidea (desprendimiento coroideo)

Suele ser una lesión rara, pero grave. Aparece tras traumatismos contusos mediante el mecanismo de compresión y expansión del globo ocular. La sangre se acumula en el interior del espacio virtual entre la coroides y la esclerótica. Puede estar asociada a un estallido ocular oculto. Puede resolverse espontáneamente o aparecer complicaciones tardías, como el desprendimiento de retina.

Fractura de la órbita

El signo más evidente de la fractura del suelo de la órbita es la limitación de la mirada vertical.

El suelo de la órbita está formado por los huesos maxilar superior, cigomático y palatino. Tiene un grosor de 0,5 a 1 mm. La pared medial está formada por el hueso maxilar superior, el lagrimal y el etmoides. La pared medial del hueso etmoides es muy delgada (0,2 a 0,4 mm) y se denomina lámina papirácea. La mayor parte de las fracturas de la pared medial se producen en él. El techo está constituido por el hueso frontal y el ala menor del esfenoides. La pared lateral externa la forman el ala mayor del esfenoides y las apófisis orbitarias del cigomático y del hueso frontal.

Los accidentes con vehículos a motor, los puñetazos en los ojos y las lesiones deportivas con impacto secundario de pelotas son las causas más frecuentes de traumatismos en la órbita.

Hay lesiones contusas y penetrantes. Los puños, pelotas de tenis, golf, squash, bates de béisbol, botellas o superficies romas, como el salpicadero del coche o las puertas, pueden provocar lesiones contusas.

Las paredes orbitarias pueden fracturarse y el globo ocular puede perforarse incluso sin que el objeto haya penetrado directamente en los tejidos(9).

Los objetos penetrantes suelen ser de tamaño inferior al de la órbita (cuchillos, lapiceros, ramitas, balas, clavos y la punta del paraguas). La velocidad del objeto es más importante que el tamaño. Los objetos proyectados a gran velocidad transmiten más energía cinética y, por tanto, ocasionan mayor daño tisular.

El techo y la pared lateral externa son más gruesas y menos propensas a las fracturas.

Las fracturas más frecuentes se localizan en el suelo de la órbita y la pared medial o interna, debido a que son las más débiles. La pared externa y la pared superior son más resistentes y se fracturan en traumas muy intensos, pero en los niños menores de 7 años estas fracturas del techo de la órbita se producen por falta de neumatización de los senos frontales y por la desproporción cráneo-facial.

El signo más evidente de la fractura del suelo de la órbita es la diplopía o la imposibilidad de la mirada hacia arriba.

Lesiones orbitarias graves pueden tener un aspecto externo trivial. Hay que investigar la disminución de la agudeza visual y la diplopía. Puede detectarse: equimosis, epistaxis ipsilateral, enfisema orbitario sugestivo de lesión de la pared medial (debido al paso de aire desde el seno etmoidal a través de una fisura en la lámina papirácea) o inferior, hipoestesia de la mejilla y del labio superior si hay afectación del nervio infraorbitario y escalón en el reborde orbitario en la fractura del suelo de la órbita cuando hay fractura directa(10).

La limitación de la motilidad ocular extrínseca, enoftalmos y diplopía en la mirada de frente y en la mirada inferior (para la lectura y para caminar) es indicativa de un tratamiento quirúrgico precoz. La no existencia de estos signos dará lugar a la abstención de la cirugía.

La presencia de exoftalmos sugiere que el volumen orbitario está incrementado por edema, hemorragia, aire o fragmentos óseos.

La secreción nasal de líquido transparente puede indicar rinorrea de LCR que nos alertará acerca de la fractura de la fosa craneal anterior.

La diplopía secundaria al traumatismo es debida a restricción muscular extraocular. Puede ser una limitación leve por el edema orbitario o puede ser debida a atrapamiento muscular (el más propenso es el músculo recto inferior que discurre a lo largo del suelo de la órbita) en el interior de la fractura con lo cual precisará intervención para liberar el músculo y reconstruir el suelo de la órbita.

Debido a la fractura puede producirse herniación del tejido orbitario al seno maxilar o etmoidal.

Hay que examinar la vía lagrimal, que estará afectada en un 20% de las fracturas de la pared medial.

La TAC orbitaria con cortes axiales y coronales y la radiología con proyección de Waters que muestra el suelo de la órbita y el seno maxilar son las técnicas de imagen de elección para valorar a los pacientes con traumatismo orbitario. La imagen en gota suspendida en el seno maxilar superior es característica de las fracturas del suelo de la órbita.

No hay que olvidar explorar el globo ocular detalladamente, ya que se encuentran perforaciones y lesiones oculares asociadas a estos traumatismos.

En el recién nacido, tras un parto con fórceps, hay que valorar el traumatismo ocular obstétrico. Puede existir contusión ocular, por lo tanto hay que explorar el globo ocular. En ocasiones, hay hematomas palpebrales, hemorragias subconjuntivales, edema corneal, lagoftalmos, blefaroptosis y hemorragia retiniana. La hemorragia macular ocurre en el 4% de recién nacidos (raramente, dará lugar a ambliopía). En las primeras 4 a 6 semanas las hemorragias se habrán reabsorbido sin secuelas.

El término “blow out fracture”, o fractura en estallido, se refiere a la expansión del volumen orbitario debido a la fractura de las paredes orbitarias delgadas hacia los senos paranasales adyacentes, sin compromiso del reborde. Estos huesos delgados son, en realidad, un mecanismo protector ya que, al romperse, reducen la presión sobre el globo ocular y previenen la rotura del ojo.

El 10-30% de las fracturas en estallido se acompañan de abrasiones corneales, hipema traumático, iritis, rotura del globo ocular, contusión retiniana, desprendimiento de retina y hemorragia retiniana.

Las fracturas de la pared medial habitualmente se asocian a fracturas del suelo de la órbita. Suelen comprometer el músculo recto medial.

Las fracturas del techo de la órbita aparecen en accidentes de automóvil y en caídas de una altura importante. Pueden afectar al seno frontal y, como complicaciones, mencionar la fuga de LCR, hemorragia intracraneal, limitación dolorosa de la mirada hacia arriba, ptosis, encefalocele traumático, meningitis y absceso cerebral.

Las fracturas de la pared lateral se deben a accidentes de automóvil, caídas o agresiones con objetos romos. Son muy poco frecuentes.

Lesión del nervio óptico

Como lesiones más importantes encontramos la neuropatía óptica traumática y la poco frecuente, pero devastadora, avulsión del nervio óptico. Puede tratarse de una lesión directa como la compresión o sección del nervio por un cuerpo extraño, como puede ser una bala. O lesiones indirectas debidas a un traumatismo craneal frontal, la rotación traumática del globo ocular y la hemorragia perineural.

En la neuropatía óptica traumática(6) hay alteración de la agudeza visual, alteración del test de Ishihara (colores afectados, azul-amarillo) y defecto pupilar aferente relativo (pupila de Marcus Gunn). Al iluminar la pupila del ojo afectado hay menos reacción a la luz e incluso puede producirse un reflejo paradójico con midriasis. Este sería el único dato clínico que podríamos obtener si el paciente estuviera adormecido, ya que se trata en múltiples ocasiones de pacientes con un traumatismo grave (incluso en estado de coma), en los cuales la valoración es difícil.

El fondo de ojo es normal inicialmente, aunque al mes del traumatismo aparecerá una atrofia óptica.

La avulsión del nervio óptico consiste en la sección parcial o completa del nervio en la salida del globo ocular (a nivel de la lámina cribosa). El paciente presenta una amaurosis. En el fondo del ojo, la papila queda sustituida por una hemorragia o vacío. No existe tratamiento.

Hemorragia orbitaria y síndrome compartimental

La órbita, debido a sus características anatómicas y a su pequeño tamaño, es propensa a que se produzcan síndromes compartimentales.

Es un espacio cerrado limitado por las cuatro paredes óseas, el globo ocular y el tabique orbitario. Un volumen pequeño de hemorragia puede producirlo.

La disminución de la visión, con dolor, diplopía y proptosis son signos y síntomas de hemorragia orbitaria. Si se acompañan de un defecto pupilar aferente, pueden justificar la presencia de un síndrome compartimental orbitario agudo, que comprima el nervio óptico causando su lesión.

Si el nervio óptico o la circulación retiniana están comprometidos es necesario un tratamiento urgente para aumentar el volumen de la órbita y permitir que el globo ocular se desplace en sentido anterior. La mejoría de la agudeza visual y desaparición del efecto pupilar aferente demuestra el éxito de la intervención.

Traumatismo ocular abierto

El traumatismo ocular abierto es una grave complicación secundaria a un traumatismo. Una erosión en la piel del párpado o una hemorragia subconjuntival pueden ser la única manifestación superficial de la perforación de la esclerótica por unas tijeras o por un dardo.

Llamamos penetración ocular (Fig. 6) a la herida realizada por un objeto punzante cuya puerta de entrada es la misma que la de salida. Llamamos perforación ocular a la herida realizada por un objeto punzante cuya puerta de entrada es diferente a la puerta de salida.

 

Figura 6. Penetración ocular.

 

Lesiones por cristales, objetos afilados (tijeras, agujas y cuchillos), lápices, perdigones, objetos lanzados a distancia y hojas de plantas o ramas de árboles obligan a exploraciones complementarias(7). La distorsión de la pupila puede ser el signo más evidente de una pequeña penetración corneal.

El cuerpo extraño intraocular (Fig. 7) es poco frecuente pero hay que descartarlo mediante una radiografía simple de cráneo cuando es metálico. Si no, hay que realizar una TAC.

 

Figura 7. Cuerpo extraño intraocular.

 

La ruptura o estallido del globo ocular es una herida del grosor total de la pared del globo ocular provocada por un objeto romo. La laceración del globo ocular es una herida del grosor total de la pared del globo ocular provocada por un objeto afilado.

Las laceraciones tienen bordes más definidos y causan menos trastornos intraoculares. Las rupturas tienen bordes desiguales y crean una desestructuración intraocular notable.

El lugar de ruptura se suele localizar en el punto más débil de la esclera, que suele ser la zona de detrás de las inserciones de los músculos rectos.

La dificultad de explorar a niños pequeños aumenta cuando hay lesiones oculares graves. Con ayuda de los padres, se puede explorar con lámpara de hendidura o si el trauma es abierto con anestesia para diagnosticar y tratar la lesión de la pared del globo ocular de grosor total. Esta exploración la debe realizar un oftalmólogo. Es muy importante que, ante una sospecha de estallido o laceración ocular, se remita al paciente a un especialista para realizar la sutura lo antes posible. Una demora de 24 horas puede suponer un empeoramiento importante del pronóstico visual.

Los síntomas son dolor y disminución de la agudeza visual, que representa un signo de gravedad si es importante.

Los signos clínicos que se presentan ante un traumatismo ocular abierto son: hipotonía ocular, herniación de estructuras del ojo por la herida corneal o escleral (tejido intraocular prolapsado como cristalino, iris, cuerpo ciliar, retina, coroides y humor vítreo).

Existe riesgo de endoftalmitis y también de oftalmía simpática (respuesta inmunológica del organismo al contacto con tejido coroideo expuesto en el momento de la lesión). Suele aparecer en el ojo sano tras años del traumatismo, no se puede prevenir y puede causar amaurosis por una panuveítis extensa. El riesgo de estas temibles complicaciones aumenta de forma exponencial a medida que se demora el tratamiento del traumatismo ocular abierto. La enucleación del ojo traumatizado evita la reacción simpática del ojo sano. Sin embargo, no la impide si se ha iniciado.

Ante la sospecha de traumatismo ocular abierto no hay que manipular el globo ocular. Hay que cerrar el ojo de manera no compresiva y derivar al paciente al oftalmólogo, que realizará bajo anestesia general la sutura.

El pronóstico visual es sumamente reservado en los traumatismos oculares abiertos.

La prevención es el mejor tratamiento de todas las lesiones oculares.

En el traumatismo ocular abierto hay dolor y disminución de la agudeza visual, y signos clínicos como hipotonía ocular, herniación de estructuras del ojo a través de la herida, riesgo de endoftalmitis y de oftalmía simpática.

Niño maltratado

No siempre podemos apreciar las manifestaciones oculares del niño maltratado. Estas se pueden encontrar hasta en un 35-45% de los casos(11-13).

La lesión por sacudida o niño zarandeado (shaken baby syndrome) constituye una de las manifestaciones más importantes de los malos tratos infantiles. Son pacientes menores de 3 años y, sobre todo, de 12 meses. Se detectan lesiones intracraneales y oculares. Como lesión intracraneal aparece hematoma subdural y hemorragia subaracnoidea y las manifestaciones oculares se caracterizan por hemorragias retinianas (como manifestación más frecuente) en la región macular, pudiendo ser extensas y ocupar todo el fondo de ojo y prerretinianas sin signos o con mínimos signos de traumatismos externos. La cabeza del lactante, relativamente grande en relación al cuerpo y la inestabilidad de la musculatura del cuello, favorecen esta patología(8).

También, pueden detectarse: equimosis periorbitarias, cataratas, subluxación del cristalino, hemorragias vítreas y coroideas.

Ocurren hemorragias retinianas secundarias a traumatismos durante el parto que son comunes en los recién nacidos pero no persisten tras el primer mes de vida.

Las hemorragias retinianas detectadas, superado el periodo posparto, son diagnósticas de maltrato. Raramente se pueden observar por mecanismos distintos al de la sacudida aunque no debemos olvidar los trastornos de coagulación. Las hemorragias intraoculares suelen ser bilaterales (20% unilaterales). Pueden debutar con: convulsiones, letargia, vómitos, fallo de medro y coma.

El 35% de estos pacientes sufren posteriormente ceguera o deterioro visual.

La sospecha de maltrato infantil obliga al pediatra u oftalmólogo a efectuar la denuncia correspondiente.

Las hemorragias retinianas en el niño son sugestivas de maltrato.

Traumatismos oculares deportivos

Los traumatismos oculares deportivos son más frecuentes en niños y adolescentes.

Los deportes que los pueden producir son: artes marciales, deportes con raquetas o aquellos en los cuales intervienen pelotas en movimiento rápido, tiro con arco y deportes con contacto físico, como son el fútbol y el baloncesto, así como el boxeo y la lucha. No se puede olvidar el paint-ball (juego de guerra con balas de pintura).

Hay protectores oculares para todos los deportes. El material de elección para las gafas protectoras es el policarbonato. Es resistente al impacto con excelentes propiedades ópticas. Existen también combinaciones de cascos y caretas.

Otras entidades(7)

• Retinopatía de Purtscher: es una entidad caracterizada por hemorragias retinianas múltiples y disminución secundaria de la visión debido a traumatismo cefálico o aplastamiento torácico o toracoabdominal. Da lugar a un cuadro exudativo y hemorrágico en el fondo de ojo. Estos signos desaparecen con rapidez.

• Embolia grasa: se puede manifestar tras politraumatismos de pelvis y extremidades inferiores. Existe un intervalo libre y aparece una disminución de la visión.

• Retinopatía por Valsalva: se producen hemorragias prerretinianas o intrarretinianas superficiales por el esfuerzo del vómito, la tos o incluso el levantamiento de pesas por adolescentes. Sin embargo, no ocurren hemorragias retinianas debido a los vómitos en los lactantes o niños pequeños. El pronóstico es excelente con recuperación completa.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1.*** Banta James T. Traumatismos oculares. Elsevier España; 2008.

2.*** Bargueño C, Colunga M, González E, Cienfuegos S, Díez-Lage A, Diab M. Traumatismos oculares en edad pediátrica. An Esp Pediatr. 1998; 48: 625-30.

3.** Olitsky SE, Hug D, Smith LP. Injuries to the Eye. En: Nelson Textbook of Pediatrics. 18th edition. Part XXVIII. Saunders Elsevier; 2007. Chapter 634: p. 2612-5.

4.** Protective eyewear for Young athletes. Ophtalmology. 2004; 111(3): 600-3.

5.*** Catalano RA. Traumatismos oculares y su prevención. En: Clínicas Pediátricas de Norteamerica. Vol 4. Oftalmología. Ed. Interamericana; 1993. p. 915-30.

6.*** Martin N, Gil-Gibernau JJ. Traumatismes oculars: diagnostic i tractament. Pediatria Catalana. 2002; 62: 298-305.

7.*** Gil-Gibernau JJ. Traumatismos oculares y de los anexos. Capitulo XII. En: Gil Gibernau JJ, ed. Tratado de Oftalmología Pediátrica. Barcelona: Scriba; 1997. p. 247-59.

8.*** Traumatismo ocular en la infancia. Oftalmología pediátrica y estrabismo. American Academy of Ophtalmology. 2008. Capítulo 30. p. 441-9.

9.*** Khaw PT, Shan P, Elkington AR. ABC of eyes. Injury to the eye. BMJ. 2004; 328: 36-8.

10.** Kanski JJ. Oftalmología clínica. Traumatismos. Capítulo 19. 5ª edición. Editorial Elsevier; 2009. p. 675-96.

11.** Miller K, Apt L. The eyes. Eye trauma and emergencies. En: Rudolph’s pediatrics. The McGraw-Hill; 2003. Chapter 26: p. 2412-6.

12.*** Placeres J, Mobayed J, Mengual E. Traumatismos oculars en edad pediátrica. Vol 2. En: Actualizaciones en oftalmología pediátrica. Esteve; 2003. p. 115-26.

13. Casanovas Gordó JM. Traumatismos oculares. Pediatr Integral. 2009; XIII(7): 657-66.

Bibliografía recomendada

– Banta James T. Traumatismos oculares. Elsevier España; 2008.

Tratado que describe de forma exquisita los traumatismos oculares. Acompañado de un material iconográfico excelente.

– Martin N, Gil-Gibernau JJ. Traumatismes oculars: diagnostic i tractament. Pediatria Catalana. 2002; 62: 298-305.

Excelente artículo publicado en Pediatria Catalana en el año 2002, en el cual se hace un repaso a los traumatismos oculares en una sección de la revista dedicada a formación continuada para pediatras generales.

– Gil-Gibernau JJ. Traumatismos oculares y de los anexos. Capitulo XII. En: Gil Gibernau JJ, ed. Tratado de Oftalmología Pediátrica. Barcelona: Scriba; 1997. p. 247-59.

Tratado de oftalmología, referente de la oftalmología pediátrica, con un capítulo dedicado a los traumatismo oculares en la infancia.

– Khaw PT, Shan P, Elkington AR. ABC of eyes. Injury to the eye. BMJ. 2004; 328: 36-8.

Este artículo, publicado en BMJ, tiene un gran interés porque, además de aportar un resumen de los traumatismos oculares, se añaden unas imágenes, en dibujo, muy sugerentes de toda la patología traumática ocular.

 

Caso clínico

Varón de 10 años traído por sus padres a la consulta por presentar ojo rojo, lagrimeo, dolor ocular y fotofobia de unas horas de evolución que va en aumento. La familia refiere como único antecedente estar paseando por la calle en un día ventoso.

A la exploración podemos apreciar edema palpebral, lagrimeo e hiperemia conjuntival ciliar.

Al realizar la tinción con fluoresceína, se aprecia erosión corneal superior ovalada de unos 3 mm de diámetro, junto con múltiples erosiones corneales centrales e inferiores de morfología lineal.

 

Figura 8.

 

 

 

 

 

 

 

 

Estrabismo y ambliopía

Temas de FC

M.M. Merchante Alcántara

Clínica Oftalmológica San Bernardo. Sevilla

 

Resumen

El estrabismo es una alteración frecuente en niños que, además de las consecuencias estéticas, entraña importantes alteraciones en la agudeza visual y en la visión binocular. Es muy importante su diagnóstico y tratamiento precoz. Cuanto más tardío es su comienzo y más rápido el tratamiento, mejor será el pronóstico sensorial, y viceversa.
La ambliopía es aquella disminución de la agudeza visual sin causa orgánica que lo justifique, recuperable con tratamiento adecuado en una edad apropiada.
El pediatra debería realizar siempre una exploración oftalmológica sencilla para detectar estos trastornos y remitirlos lo más pronto posible al oftalmólogo para su estudio y tratamiento. Expondré aquellas exploraciones que estos especialistas pueden llevar a cabo fácilmente; así como las características clínicas más típicas que se observan en los estrabismos más comunes en la edad pediátrica y los principios básicos de su tratamiento.
Para concluir, transmitir la norma de que a “todo niño aparentemente normal” debería realizarse una exploración oftalmológica completa antes de los 4 años de edad. Al niño estrábico, en cuanto se diagnostique, ya que algunos estrabismos son secundarios a lesiones orgánicas graves del globo ocular (catarata, retinoblastoma, lesiones del nervio óptico, lesiones maculares, etc.).

 

Abstract

Strabismus is a frequent disorder in children which, besides the aesthetic impact, involves important alterations of visual acuity and binocular vision. Early diagnosis and treatment are very important. The later its presentation and the earlier the treatment, the better will be the sensorial prognosis, and viceversa. Amblyopia is the decrease in visual acuity with no justifiable anatomic cause, recoverable with adequate treatment at an appropriate age.
The pediatrician should always carry out a simple eye examination to detect these disorders and, consequently, refer to an ophthalmologist as soon as possible for diagnosis and treatment. I will explain the examination that a pediatrician can easily carry out, as also the typical clinical characteristics found in the most common types of strabismus that present at pediatric age and the basic principles for treatment. Concluding, I wish to convey the principle that all “apparently normal child” should undergo a complete ophthalmological examination before 4 years of age. Any child diagnosed of strabismus should be referred for specialized study, since certain strabismus can be caused by severe organic lesions affecting the ocular globe (congenital cataract, retinoblastoma, optic nerve lesions, macular lesions, etc.).

 

Palabras clave: Ambliopía; Endotropía; Exotropía; Parálisis; Visión binocular.

Key words: Amblyopia; Esotropia; Exotropia; Paralysis; Binocular vision.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(7): 489-506


Estrabismo y ambliopía

 

Introducción

Estrabismo es la desviación manifiesta de un eje ocular en relación con la posición que debería adoptar cuando el otro fija un objeto. Ambliopía es aquella disminución de la agudeza visual sin causa orgánica que lo justifique, recuperable con tratamiento adecuado en una edad apropiada.

Existe ortoforia cuando ambos ejes visuales efectúan intersección a nivel del objeto fijado, de forma que su imagen se proyecta en la fóvea de cada ojo. De este modo, el mismo objeto es visto simultáneamente en cada ojo bajo un ángulo distinto (debido a la distancia interpupilar). La fusión en la corteza occipital de esas dos imágenes ligeramente diferentes en una imagen única da lugar a la visión estereoscópica (sensación de relieve o profundidad), característica fundamental de la visión binocular (VB) normal(1,2).

Para que exista ortoforia en las distintas direcciones y distancias de mirada, es necesario un correcto funcionamiento del aparato neuromuscular oculomotor. Cada ojo dispone de seis músculos: cuatro rectos (lateral, medio, superior e inferior) y dos oblicuos (superior e inferior)(1-3) (Tabla I).

Estrabismo o tropía es la alteración del aparato oculomotor caracterizada por la desviación manifiesta de un eje ocular en relación con la posición que debería adoptar cuando el otro ojo fija un objeto. Es un problema frecuente en niños, afectando al 2-5% de la población preescolar(1,2).

Las desviaciones oculares que ocurren durante el primer mes de vida (consecuencia de la inestabilidad oculomotora) no indican necesariamente la presencia de una anomalía. Sin embargo, aquellas que persisten después de los 2-3 meses deben considerarse patológicas(1,2).

Foria es la tendencia latente a la mala alineación ocular. La desviación aparece sólo con maniobras disociantes que dificultan la fusión (como la oclusión de un ojo)(1,2).

La ambliopía funcional se define como la disminución de la agudeza visual (AV) de uno o ambos ojos para la que no existe una causa orgánica que lo justifique (o que no es proporcional a la lesión existente); y que, en un periodo de tiempo más o menos largo, puede llegar a curarse mediante un tratamiento adecuado efectuado en una edad apropiada. Su frecuencia en la población general es de un 2-3%(4).

Consecuencias del estrabismo

La ambliopía es la consecuencia más importante del estrabismo y su tratamiento es prioritario.

1. Alteraciones sensoriales(1-3,5):

Diplopía: es un fenómeno binocular que consiste en la visión doble de un objeto. Ocurre al proyectarse la imagen del objeto fijado en la fóvea del ojo fijador y en un punto extrafoveal del ojo desviado (con distinto valor de localización espacial). Se percibe fácilmente a partir de los 4 años de edad.

Confusión: es un fenómeno binocular que consiste en la localización en el mismo punto del espacio de dos objetos. Se produce ya que la fóvea del ojo fijador recibe la imagen del objeto fijado, pero en la fóvea del ojo desviado se recibe otra imagen. Como ambas fóveas tienen el mismo valor de localización espacial, se ven superpuestos ambos objetos.

Para evitar estas anomalías sensoriales, en los niños menores de 6-8 años de edad (debido a su plasticidad cerebral) se ponen en marcha unos mecanismos cerebrales de adaptación(1-3,5):

Supresión: consiste en la inhibición de las áreas de retina del ojo desviado en las que se desarrolla la diplopía y la confusión (el área extrafoveal que recibe la imagen del objeto fijado –supresión antidiplopía– y la fóvea –supresión anticonfusión–). De forma que, el cerebro deja de percibir la imagen del ojo desviado.

Aparece sólo en visión binocular. Sin embargo, si se produce siempre en el mismo ojo, puede originar también una alteración en visión monocular, provocando una disminución de AV o ambliopía. Es la alteración más importante del estrabismo y tiene un tratamiento relativamente fácil si se hace de una forma correcta y en una época adecuada (como luego veremos).

Correspondencia retiniana anómala: consiste en una nueva correspondencia espacial de la fóvea del ojo fijador, con el punto extrafoveal del ojo desviado en el que se proyecta la imagen fijada por la fóvea, de forma que ambos adquieren el mismo valor de localización.

Aparece sólo en visión binocular. Aunque la mayoría de los estrabismos cursan con fijación foveal o fijación inestable, en algunos casos otro punto retiniano del ojo desviado adquiere la función de fijación y proyección, manifestándose en visión monocular: es la fijación excéntrica.

2. Alteraciones motoras: contracturas y déficit musculares.

Clasificaciones del estrabismo(1,2)

1. Según la dirección de la desviación:

Estrabismo convergente o endotropía: desviación hacia dentro (Figs. 2 y 3).

Estrabismo divergente o exotropía: desviación hacia fuera (Fig. 4).

Hipertropía: desviación hacia arriba.

Hipotropía: desviación hacia abajo.

2. Según su persistencia en el tiempo:

Estrabismo constante: aparece de forma permanente.

Estrabismo intermitente: aparece sólo en determinadas circunstancias (enfermedad, nerviosismo, cansancio, etc.) o en un determinado campo o distancia de la mirada (de lejos o de cerca). Indica la presencia de cierto grado de VB normal.

3. Según la preferencia o no por un ojo:

Estrabismo alternante: se emplea indistintamente uno u otro ojo para fijar, mientras que el otro se desvía. El niño suprime la imagen del ojo desviado; pero al alternar los ojos, ambos desarrollan una visión semejante (existiendo buena AV en ambos ojos).

Estrabismo monocular: sólo se usa (o se prefiere) un ojo para la fijación y el otro se desvía constantemente. El niño es propenso a la ambliopía (más o menos profunda) en el ojo desviado.

Clasificaciones de la ambliopía

1. Según la etiología:

Estrábica: es la más frecuente, ya que un 30-50% de los niños estrábicos sin tratar son amblíopes en mayor o menor grado. La cifra varía en función del tipo de estrabismo, siendo menor en las exotropías que en las endotropías, porque la desviación suele ser intermitente y aparecer algo más tardíamente.

Ametrópica: se produce ante defectos de refracción importantes, generalmente hipermetropías mayores de 6 dioptrías (D) y astigmatismos mayores de 3 D, que suelen causar ambliopías bilaterales si no se corrigen precozmente. La miopía es, teóricamente, menos ambliopizante (al estar el ojo enfocado para cerca).

Anisometrópica: se puede producir ante diferencias de refracción mayores de 1,5 D entre ambos ojos, ocasionando una ambliopía en el ojo de mayor ametropía (defecto refractivo).

Nistágmica: suele ocasionar una ambliopía bilateral. Con frecuencia coexiste con grandes ametropías.

Por deprivación: todas sus causas (ptosis, cataratas congénitas, lesiones corneales, etc.) tienen en común la existencia de un factor orgánico asociado. Son ambliopías muy difíciles de resolver, pese al éxito anatómico del tratamiento de dichas alteraciones.

La ambliopía puede ser consecuencia de un único factor etiopatogénico o de la suma de varios (ejemplo: estrabismo y ametropía alta, anisometropía o nistagmus congénito), lo que agrava el problema.

2. Según el grado de AV del ojo amblíope(4):

Ligera: la AV del ojo amblíope es mayor de 0,5.

Media: la AV del ojo amblíope es de 0,1 a 0,5.

Profunda: la AV del ojo amblíope es menor de 0,1.

3. Según la diferencia de AV entre uno y otro ojo(4):

Ligera: la diferencia de AV entre ambos ojos es menor de 0,2.

Media: la diferencia de AV entre ambos ojos es de 0,3 a 0,5.

Profunda: la diferencia de AV entre ambos ojos es mayor de 0,5.

La 2ª clasificación es muy imprecisa, porque presupone que se ha completado el desarrollo de la AV en el otro ojo; y esto no es así porque generalmente estamos ante niños en pleno desarrollo visual. La 3ª parece más lógica, pero implícitamente considera que la AV del otro ojo es la unidad y tampoco es siempre así.

Exploración oftalmológica pediátrica

Estudio de la agudeza visual

Es el primer paso y el más importante de la exploración. Permite diagnosticar si el niño tiene o no ambliopía.

La AV se desarrolla desde que el niño nace hasta aproximadamente los 7-8 años en que alcanza un nivel de adulto (20/20) (Tabla II). La edad del niño es fundamental a la hora de decidir el test a emplear, que se adaptará a la capacidad de respuesta en las distintas edades (Tabla III)(1,2,4).

Menores de 2,5 años(1,2):

Reflejo de fijación y seguimiento(4): se tapa un ojo (con la mano, un oclusor, un parche…) y con una luz puntual, un objeto o un juguete (moviéndolo de un lado a otro) se observa el comportamiento del niño a la fijación y seguimiento del mismo. Luego se descubre ese ojo y se tapa el contrario. Si este reflejo no existe o es pobre: ambliopía profunda. También nos puede ayudar algo el hecho de que el niño llore o rechace la oclusión de uno de los ojos (del ojo que ve mejor).

Test de dominancia ocular: se utiliza en niños estrábicos de cualquier edad(4,6). Se lleva a cabo con un objeto de fijación pequeño (luz, juguete…), realizando el cover test simple. Primero hacemos el cover (maniobra de oclusión) en el ojo fijador (ojo que mira el objeto) y vemos cómo coge la fijación el otro:

– Si no se mueve o realiza movimientos anárquicos y erráticos sin conseguir coger la fijación, o bien coge la fijación muy lentamente y le cuesta mantenerla: ambliopía profunda.

– Si realiza un movimiento bastante rápido para coger la fijación: ambliopía media, ligera o no ambliopía.

Luego, hacemos el uncover (maniobra de desoclusión) en el ojo fijador y observamos el otro ojo:

– Si pierde rápidamente la fijación y la recupera el recién destapado: ambliopía media-profunda.

– Si mantiene unos segundos la fijación pero la pierde sin necesidad de parpadeo: ambliopía media.

– Si mantiene la fijación pero la pierde con el parpadeo o el cambio de mirada: ambliopía ligera.

– Si existe una alternancia y cada ojo mantiene la fijación: no hay ambliopía.

Entre 2,5 y 4 años (1,2): el niño tiene un dominio suficiente del lenguaje, permitiéndonos con su colaboración cuantificar la AV (comparándola con la normal a su edad) y comparar la visión entre los dos ojos(4).

Test de Pigassou: es un test con figuras que los niños reconocen con facilidad. El niño nombra el objeto que le señalamos o, si no sabe expresarse bien, lo señala con el dedo en una cartulina que previamente hemos colocado al alcance de su mano. Se considera normal en un niño de 4 años las dos últimas filas de este test (que se corresponden con 20/40 de la E de Snellen)(6).

A partir de los 4 años(1,2):

Escala de la E de Snellen: los niños nos dicen hacia dónde están las patitas de la E o colocan una E (que les dejamos) como ven la que señalamos(4).

La mejor forma de tapar un ojo para explorar la AV es mediante un parche adherido a la piel.

Siempre hay que tomar la AV de cada ojo por separado y en binocular: si es mejor en binocular que en monocular, sospecharemos la existencia de un nistagmus latente que se ha desencadenado por la oclusión(6).

Diagnóstico de desviación

El cover test nos permite: confirmar si existe o no estrabismo, saber si éste es alternante o monocular, saber si existe ambliopía y su grado y diferenciar entre tropía y foria.

Dos métodos relativamente sencillos para hacer el diagnóstico de estrabismo en niños son el test de Hirschberg y el cover test(1,2,6).

Test de Hirschberg

Consiste en la observación de la posición de los reflejos luminosos corneales, cuando se proyecta una luz puntual hacia la cara del niño(3). Los reflejos luminosos deben quedar simétricamente centrados en ambas pupilas. Si en un ojo está bien centrado y en el otro ojo está desviado (nasal o temporal, superior o inferiormente), existe un estrabismo.

Permite también la medida aproximada del ángulo de desviación(3): si el reflejo coincide con el borde de la pupila del ojo desviado, el ángulo de desviación es de unos 15°; si queda en la mitad del iris, de alrededor de 30°, y si cae en el limbo corneal, de alrededor de 45°.

Cover test

Es más preciso y exacto, constituyendo la prueba más importante de la motilidad ocular(7). Puede ser simple o alterno. Para su correcta realización se requiere: colaboración y atención por parte del niño, fijación foveal en ambos ojos y AV suficiente.

Debe realizarse siempre fijando de lejos y de cerca, empleando una luz puntual o un pequeño objeto llamativo. Como dispositivo de oclusión se utiliza un oclusor tradicional opaco, la mano o el dedo pulgar.

El cover test simple consta de 2 partes(7):

1. Cover: consiste en tapar el ojo que creemos fijador y observar el otro ojo (no ocluido):

– Si realiza un movimiento de fijación: hay estrabismo; convergente (si el movimiento es hacia fuera), divergente (si es hacia adentro), hipertropía (si es hacia abajo) e hipotropía (si es hacia arriba).

– Si no realiza ningún movimiento, destapamos dicho ojo y repetimos la prueba en el otro ojo: Si realiza un movimiento de fijación: hay estrabismo, pero nos habíamos equivocado de ojo (creíamos que torcía uno y tuerce el otro). Si no realiza ningún movimiento: no hay estrabismo o existe un microestrabismo con fijación excéntrica (que sospecharemos: si el niño es menor de 2,5 años y existe una ligera asimetría en los reflejos corneales, o si es mayor de 2,5 años y existe una diferencia grande de visión entre ambos ojos).

2. Uncover: consiste en destapar el ojo fijador y observar el otro ojo. Nos permite saber si el estrabismo (E) es monocular o alternante:

– Si pierde rápidamente la fijación y la recupera el ojo recién destapado: E monocular.

Si mantiene la fijación pero la pierde sin necesidad de parpadeo: E monocular con cierta alternancia.

Si mantiene la fijación y la pierde con el parpadeo: E monocular casi alternante.

– Si mantiene la fijación mucho tiempo o tenemos que tapar dicho ojo para que la recupere el otro: E alternante.

El cover test alterno nos ayuda al diagnóstico de las forias y de las tropías intermitentes. Consiste en tapar alternativamente uno y otro ojo sucesivas veces, sin dejar en ningún momento que el niño fusione (al no permitir la visión binocular)(7). Si no se produce ningún movimiento, existe ortoforia. Si aparece un movimiento, existe una desviación que, si se corrige al retirar la oclusión (con la fusión), es latente o foria y, si no se corrige, es manifiesta o estrabismo.

En una endotropía intermitente, la mejor forma de poner de manifiesto la desviación es hacer fijar al niño de cerca un objeto o dibujo pequeño llamativo y mientras hacerle el cover alterno(1,2).

En una exotropía intermitente, la mejor forma de poner de manifiesto la desviación es hacerle fijar de lejos un optotipo pequeño y mientras hacerle el cover alterno(1,2).

Estudio de las versiones y de las ducciones

Se realiza en las 9 posiciones diagnósticas de la mirada.

Las versiones son movimientos binoculares conjugados (en la misma dirección y sentido). Se exploran en las 9 posiciones diagnósticas de la mirada(1,2,5,8) (Tabla IV). Las ducciones son movimientos monoculares. Se estudian, tapando el ojo sano, sólo cuando existe alteración en las versiones(1,2,8).

Se pueden obtener de forma voluntaria, óptica (siguiendo una luz puntual o un objeto), acústica (con un objeto o juguete que haga ruido) o con la maniobra oculocefálica o “de cabeza de muñeca” (que consiste en girar bruscamente la cabeza del niño en sentido contrario al que queremos que se muevan los ojos)(1,2).

Será el oftalmólogo quien lleve a cabo una exploración completa y minuciosa para descartar cualquier patología ocular subyacente. Ya que algunos estrabismos y ambliopías son secundarios a alteraciones orgánicas graves del globo ocular (lesiones corneales, catarata, persistencia de vítreo primario, retinoblastoma, lesiones maculares o del nervio óptico, etc.) (Figs. 3D y 4C), es obligatorio en todo niño estrábico o amblíope realizar: El estudio de polo anterior con lámpara de hendidura (fija o portátil, según la edad y colaboración del niño) y el examen de fondo de ojo bajo midriasis medicamentosa(1,2).

Tratamiento del estrabismo

Debe comenzar con la corrección óptica de las posibles ametropías y el tratamiento de la ambliopía (que consiste en igualar las visiones y conseguir la alternancia, para evitar recidivas).

Sus objetivos son(1,2):

a. Conseguir una buena AV en cada ojo. Es el objetivo principal y prioritario.

b. Alcanzar la mejor alineación ocular posible para que estéticamente no se les note desviar.

c. Desarrollo de la visión binocular normal: es el objetivo ideal, y en muchos casos no se alcanzará. Influye mucho la edad de comienzo del estrabismo y el tiempo que transcurre hasta su tratamiento.

1. Estudio de la refracción y prescripción de la corrección(1,2).

El estudio de la refracción es el primer paso en el tratamiento de todo estrabismo. Lo realizamos bajo cicloplejía con ciclopentolato al 0,5% o al 1%, excepto en las endotropías con hipermetropía que utilizamos atropina al 1%(9). Su correcta realización tiene una doble consecuencia:

Sensorial: mejora el desarrollo de la visión, ya que las ametropías son causa de ambliopía.

Motora: tiene una actuación directa sobre el factor motor del estrabismo.

En las endotropías con hipermetropía, prescribimos siempre la corrección total desde el primer momento, ya que la desviación puede desaparecer o reducirse a un límite donde no se plantee la cirugía. Si existe miopía, astigmatismo o anisometropía, se prescribe la corrección completa(9).

En las exotropías con miopía prescribimos la corrección total, ya que puede reducir el ángulo de desviación y mejorar su control. Si existe hipermetropía y esta es ligera o media y el niño tiene buena AV, no la corregimos; si es alta y el niño tiene mala AV, la corregimos. Si existe astigmatismo o anisometropía, prescribimos la corrección total(9).

2. Tratamiento de la ambliopía(1,2).

En el estrabismo, no sólo tenemos que recuperar la visión e igualar la AV en ambos ojos, sino también conseguir la alternancia para que no recidive la ambliopía y el niño desarrolle la visión hasta la unidad en ambos ojos: un niño de 4 años que ve 20/40 con cada ojo y alterna, a los 8 años llegará a ver 20/20 si sigue alternando; si domina un ojo, recaerá la ambliopía.

En el desarrollo de la visión influye la plasticidad cerebral y, por ello, la edad: cuanto mayor es la plasticidad cerebral y, por tanto, cuanto más pequeño es el niño, mayores son las posibilidades de recuperar la ambliopía, y viceversa. La edad que marca la barrera pronóstica son los 4 años(4) (por debajo, el pronóstico es muy bueno; por encima, baja espectacularmente y, en mayores de 8 años, es muy malo). Así, aunque el desarrollo de la visión culmina a los 7-8 años, la capacidad de mejorar desciende a los 4 años. Del mismo modo, las posibilidades de aparición de ambliopía disminuyen con la edad, siendo excepcionales las recaídas a partir de los 8-12 años.

Utilizamos como tratamiento preferente la oclusión total (no deja pasar la luz) con parche adherido a la piel, permanente (las 24 horas del día), y asimétrica (más días el ojo director que el ojo amblíope). Es el tratamiento más efectivo(5,9), más rápido y más barato. La pauta depende de la edad del paciente, el grado de ambliopía y el tiempo de tratamiento(4). Así, cuanto mayor sea el niño, más profunda la ambliopía y más rápidamente queramos obtener resultados, más fuerte será el tratamiento. La máxima pauta que usamos para no tener una inversión de la ambliopía ni una ambliopía por deprivación es 1 semana por año de vida: en un niño de 1 año, ocluimos 6 días el ojo director y 1 día el ojo amblíope; en un niño de 2 años, 13/1; etc.

Cuando la oclusión no funciona (generalmente, porque no se realiza bien), usamos la penalización óptica(9) del ojo director: consiste en la prescripción de una corrección inexacta con el fin de impedir su utilización en la visión de lejos, de cerca o de ambas.

Cuando hemos curado la ambliopía y existe una clara dominancia de un ojo (no hemos conseguido la alternancia), para evitar su recidiva, usamos una penalización ligera, una oclusión total intermitente (sólo unas horas al día) o una oclusión parcial (con esmalte de uñas transparente en el cristal) en el ojo director.

3. Cirugía.

 

Pseudoestrabismos

Se caracterizan por el falso aspecto de desviación convergente (pseudoendotropía) o divergente (pseudoexotropía) cuando están alineados con precisión ambos ejes visuales.

1. Pseudoendotropías(1,2): son bastante frecuentes. Generalmente se deben a: epicantus (pliegues epicánticos prominentes) o telecantus (aumento de la distancia entre los cantos nasales, debido a puente nasal plano y ancho o a distancia interpupilar pequeña por ojos muy juntos) (Figs. 1A, 1B, 1C y 1D).

La familia juzga por las zonas blancas de esclera que se ven a los lados nasales de la córnea (que en estos casos no existen o son menores de lo esperado) y cree que el niño mete el ojo, en especial en las miradas laterales (el ojo se esconde en el repliegue o en la base de la nariz) (Fig. 1C). Con el crecimiento, el puente nasal se hace más prominente, desplaza los pliegues epicánticos y el niño supera este aspecto(10).

2. Pseudoexotropías(1,2): son muy poco frecuentes. Generalmente se deben a: hipertelorismo (separación grande entre los ojos) (Fig. 1E) o a descentramiento nasal del reflejo luminoso corneal por ángulos kappa positivos (la mayoría) (Fig. 1F).

 

Figura 2. Endotropía congénita. A) Niña de 5 meses con epicantus y endotropía alternante de gran ángulo. B) Niña de 12 meses con endotropía alternante de gran ángulo desde el nacimiento; padre intervenido de endotropía congénita. C) Niña de 11 meses con epicantus y endotropía congénita (1ª imagen) a la que se infiltra toxina botulínica en ambos rectos medios. A los 2 días de la infiltración (2ª imagen) se observa una exotropía secundaria, debida a la parálisis provocada en dichos músculos. Transcurridos 2 meses (3ª imagen), la niña está en ortoforia. D) Niña de 3 años con endotropía alternante desde los 6 meses de edad, asociada a alteraciones verticales. La foto de la derecha está realizada al año de la cirugía. E) Niño de 3 años con endotropía alternante desde los 3 meses, que presentaba un gran ángulo de desviación asociado a alteraciones verticales. La foto de la derecha está realizada a los 6 meses de la cirugía.

 

En general, si la familia dice que el niño tuerce un ojo hacia fuera, es cierto casi en el 100% de los casos; en cambio, si dice que tuerce hacia adentro, puede tratarse de una pseudoendotropía.

Como hay casos de pseudoestrabismo que también tienen estrabismo (Fig. 2), siempre hay que explorar al niño. Además, como estos niños pueden desarrollar más tarde una tropía verdadera, son necesarias valoraciones repetidas si no mejora la supuesta desviación.

Endotropías

En nuestro medio, predominan sobre las exotropías.

Endotropía congénita(1-3,7,10) (Fig. 2)

 

Figura 3. Otras endotropías. A) Endotropía acomodativa pura: A1: niña de 3 años con estrabismo convergente del ojo izquierdo de 15º, que se corrige totalmente con su corrección hipermetrópica, conservando la VB normal. A2: niño de 6 años con endotropía del ojo derecho de 20º, que desaparece con la corrección de su hipermetropía. B) Endotropía parcialmente acomodativa: B1: niño de 3 años de edad con endotropía de 15º del ojo izquierdo desde los 2 años; con la corrección de su defecto refractivo se corrige sólo parcialmente la desviación. B2: niño de 5 años de edad con endotropía del ojo derecho de 30º; con la corrección de su hipermetropía persiste una desviación de 15º. B3: niño de 7 años con endotropía importante del ojo derecho desde los 2 años y medio de edad, actualmente alternante gracias al tratamiento, que disminuye sólo parcialmente con la corrección de su hipermetropía. C) Endotropía no acomodativa: C1: niño y C2: niña que comienzan con endotropía alternante de aparición brusca a los 3 años. A pesar de la corrección de su hipermetropía, se mantiene la desviación y existen alteraciones verticales. Se les interviene a los 4 años de edad. Las imágenes marcadas con asterisco están realizadas al año (niño) y a los 2 años y medio de la cirugía (niña). Ella presenta actualmente visión binocular normal. D) Endotropía sensorial: niña de 18 meses con endotropía izquierda secundaria a microftalmía y catarata congénita de dicho ojo (intervenida al mes de edad).

 

Endotropía de aparición precoz, habitualmente alternante y con fijación cruzada.

Es aquel estrabismo convergente que aparece en los primeros 6 meses de vida, generalmente entre los 2 y los 4 meses de edad (rara vez desde el nacimiento). Es frecuente encontrar antecedentes familiares de estrabismo. Su incidencia es más elevada en niños con trastornos neurológicos.

Habitualmente los niños alternan de forma espontánea su fijación, por lo que no desarrollan ambliopía. Suelen presentar fijación cruzada, con sus ojos en aducción, empleando el ojo derecho para mirar hacia la izquierda y el izquierdo para mirar hacia la derecha. Algunos desarrollan preferencia por un ojo (estrabismo monocular), existiendo ambliopía en el ojo desviado.

Generalmente existe dificultad de abducción en ambos ojos (salvo en las formas monoculares, que ocurre sólo en el ojo desviado) y nistagmus en su intento, simulando una parálisis congénita del VI par (para hacer el diagnóstico diferencial, podemos provocar la abducción mediante la maniobra oculocefálica o tras oclusión temporal del otro ojo con un parche). Esta dificultad de abducción determina el tortícolis horizontal tan característico de estos niños: cabeza rotada hacia el lado del ojo fijador.

El ángulo de desviación suele ser bastante grande en posición primaria de la mirada (PPM), 20-30º de media, acentuándose en las miradas laterales en relación con el grado de dificultad de abducción.

Los errores de refracción son semejantes a los de los niños no estrábicos de la misma edad.

Es frecuente la hiperfunción de los oblicuos inferiores (con elevación del ojo en aducción y síndrome V).

Existe una alta incidencia de desviación vertical disociada (DVD): consiste en el movimiento lento de elevación de un ojo espontáneamente o tras oclusión. Suele ser bilateral y asimétrica. Estos niños pueden mostrar también un tortícolis con la cabeza inclinada hacia el hombro del ojo fijador.

Habitualmente, se asocia con nistagmus latente, que se desencadena al ocluir cualquier ojo.

El tratamiento se expone en la tabla V.

Endotropía acomodativa(1,2,7,10)

Endotropía en la que el ángulo de desviación varía con el esfuerzo acomodativo y desaparece o disminuye tras la corrección de la hipermetropía.

a. Endotropía acomodativa pura (Fig. 3A). Es aquella endotropía en la que el niño desvía sus ojos únicamente cuando utiliza la acomodación.

La edad de comienzo es muy variable (6 meses a 7 años), generalmente alrededor de los 2-3 años (cuando empiezan a hacer esfuerzos acomodativos). Son frecuentes los antecedentes familiares.

En general, comienzan como un estrabismo intermitente al fijar, especialmente de cerca, un objeto pequeño; con el tiempo se hace constante, aunque suele ser más manifiesto de cerca que de lejos.

Habitualmente es monocular, siendo frecuente la ambliopía (normalmente, ligera-media). Si existe ambliopía profunda, descartaremos una microtropía descompensada por hipermetropía (salvo que su inicio haya sido temprano y no se haya tratado al niño).

Cuando el niño está en ortoforia, existe VB normal. Cuando desvía, salvo al comienzo que puede haber diplopía (el niño guiña o se frota un ojo), existe supresión (por lo que suelen ser asintomáticos).

El ángulo de desviación suele ser menor de 20º, aunque puede variar desde microestrabismos a 30º.

Suelen presentar hipermetropía baja o media (2-5 D), aunque puede ser mayor o no existir (raramente).

Con la corrección total de la hipermetropía y el tratamiento de la ambliopía, en muchos casos desaparece la desviación de lejos y de cerca (Tabla V).

b. Endotropía parcialmente acomodativa (Fig. 3B). Es aquella endotropía en la que no toda la desviación depende de la acomodación.

Se produce con frecuencia cuando hay retraso entre el inicio de la endotropía acomodativa y el tratamiento, o cuando se mal prescribe al principio una hipocorrección hipermetrópica.

Con la corrección total de la hipermetropía y el tratamiento de la ambliopía queda un ángulo de desviación residual (Tabla V).

 

Figura 4. Exotropías. A) Exotropía intermitente: A1: niños de 5 y 6 años con exotropía intermitente del ojo izquierdo y de ojo derecho (respectivamente). A2: niña de 3 años con exotropía intermitente alternante. B) Exotropía constante: niña de 3 años con alteraciones neurológicas congénitas que presenta exotropía alternante constante. C) Exotropía sensorial: C1: niño de 3 años con exotropía del ojo derecho secundaria a hemorragia vítrea por parto o traumatismo. C2: niño de 5 años con exotropía del ojo izquierdo secundaria a alteraciones maculares; presenta también un coloboma de iris en el ojo director (ojo derecho).

 

Endotropía no acomodativa(1,2,7,10)
(Fig. 3C)

Endotropía en la que el ángulo de desviación no varía con el esfuerzo acomodativo.

Es la forma más frecuente de estrabismo y tiene una alta incidencia familiar. Suele comenzar entre los 12 meses y los 4 años de edad, aunque puede ser más tarde (antes de los 6-7 años).

El comienzo puede ser brusco (tras un estado febril o un estrés físico o emocional) o insidioso, con un ángulo de desviación que va aumentando en magnitud y frecuencia hasta que se hace constante. No es infrecuente que, al comienzo, el niño manifieste diplopía (o cierre o guiñe un ojo).

Habitualmente es monocular con ambliopía de grado variable en el ojo no fijador (dependiendo del tiempo de evolución del estrabismo); aunque puede ser alternante.

El ángulo de desviación suele ser inferior a 20-25º.

Aunque puede haber hipermetropía, no suele ser alta y su corrección no influye en la desviación.

Puede haber disfunción de los músculos oblicuos, con consecuentes patrones en A o V. (Tabla V).

Microtropía(1-3,7,10)

Endotropía de pequeño ángulo de desviación.

Puede ser primaria (se muestra como tal desde su inicio, con alta incidencia hereditaria y familiar) o secundaria a cirugía de estrabismo.

Es monocular, con gran tendencia a desarrollar ambliopía (media-profunda) en el ojo desviado. Dicha ambliopía presenta una alta tendencia a la recidiva. En todo niño con ambliopía en un ojo sin causa aparente, descartaremos un microestrabismo con fijación excéntrica. (Tabla V).

La frecuencia de fijación excéntrica es alta.

El ángulo de desviación es inferior a 5º. Puede permanecer como tal toda la vida o, en algún momento, transformarse en una endotropía de mayor ángulo.

Endotropía sensorial(1,2)

Endotropía debida a amaurosis o ambliopía profunda en un ojo.

Es aquel estrabismo convergente causado por una reducción unilateral de la AV que dificulta o impide la fusión. Aparece en ojos con amaurosis o ambliopía profunda, debido a alteraciones orgánicas (catarata, lesiones retinianas, etc.) (Fig. 3D) o funcionales (anisometropía importante). El cuadro clínico suele ser moderado con gran tendencia a la hipercorrección quirúrgica o a la exotropía espontánea. (Tabla V).

Exotropías

La más frecuente es la exotropía intermitente, donde coexisten momentos de ortoforia (con VB normal) y momentos de exotropía (si cansancio, enfermedad, nerviosismo o pérdida de atención).

Exotropía intermitente(1,2,10,11) (Fig. 4A)

 

Figura 5. Parálisis del IV par: niña de 3 años de edad afecta de paresia del músculo OS izquierdo: presenta un tortícolis característico con cabeza hacia hombro derecho, cara a la derecha. Existe hipertropía del ojo izquierdo, mayor en la mirada a la derecha y al inclinar la cabeza sobre el hombro izquierdo (maniobra de Bielschowsky positiva). En la exploración de las versiones, llama la atención la hipofunción del OS y la hiperfunción del OI izquierdos.

 

Es aquel divergente que, en algún momento, no tuerce los ojos, ya sea de lejos o de cerca; coexistiendo momentos de ortoforia (con VB normal) y momentos de exotropía.

Es la exotropía más frecuente en la infancia. La edad de comienzo suele ser entre los 6 meses y los 2 años de vida. Sin embargo, la edad de diagnóstico es en general, un poco más tardía, alrededor de los 3-4 años.

Probablemente comienzan tempranamente en la infancia en forma de exoforia. Con el tiempo, una minoría, inician de forma progresiva una exotropía intermitente, que al principio suele ser más evidente durante la fijación de lejos. Si esta evoluciona y no se trata, lleva a la exotropía constante.

Generalmente los niños son asintomáticos (al ser frecuente la supresión). Los síntomas, raros, son astenopía (por los esfuerzos de fusión) y/o diplopía ocasional (en los momentos de desviación).

A veces la familia refiere que el niño tuerce un ojo hacia fuera (generalmente en caso de cansancio, enfermedad, nerviosismo o pérdida de atención), que tiene una mirada extraña o que el movimiento de los ojos no es coordinado (un ojo se le queda “parado”).

Una característica casi constante y bastante típica es el cierre de un ojo (guiño) ante la luz intensa o el sol; que puede ser sustituido por frotarse un ojo. Y es muy frecuente que estos niños realicen un parpadeo cuando desvían, para recuperar la ortoforia y la fusión.

La distribución de los errores refractivos es semejante a la de los niños no estrábicos; por lo que lo más frecuente es encontrar una hipermetropía baja tradicional del niño.

No suelen presentar ambliopía o ésta es ligera. Sin embargo, habitualmente la dominancia ocular es muy marcada (hay un ojo fijador y el ojo que desvía el niño suele ser siempre el mismo).

En el caso raro que exista ambliopía, ésta suele deberse a anisometropía. En estos casos, haremos el diagnóstico diferencial con la microexotropía descompensada (es difícil, sobre todo en niños pequeños).

Pueden coexistir disfunciones de los oblicuos (siendo la más frecuente la hiperfunción de los OI que origina un síndrome V) y pequeñas hipertropías (que generalmente son mantenidas en estado latente).

Exotropía constante(1,2,10,11) (Fig. 4B)

Es aquel divergente que tuerce permanentemente tanto de lejos como de cerca. Se consideran exotropías congénitas. Son mucho menos frecuentes que las endotropías congénitas. Son raras en niños sanos y se observan con frecuencia en niños prematuros, con alteraciones neonatales o alteraciones neurológicas congénitas. Se inician normalmente desde el nacimiento o los primeros meses de vida. Su evolución nunca es hacia la mejoría espontánea. Los niños son asintomáticos.

Lo más frecuente es encontrar una hipermetropía baja tradicional del niño. Sin embargo, algunos casos tienen anisometropía, lo que puede propiciar que el estrabismo sea monocular.

Existirá ambliopía dependiendo de la dominancia: si es alternante puede no existir; si es monocular habrá ambliopía del ojo desviado (que puede ser profunda).

En estos niños hay ausencia de VB normal y es irrecuperable (aunque se operen precozmente).

El ángulo de desviación suele ser importante, mayor de 20º.

Son frecuentes las disfunciones de los oblicuos; la más común es la hiperfunción de los OI, seguida de la hiperfunción de los OS. Se asocian con frecuencia alteraciones verticales y pueden existir DVD asociadas.

Exotropías secundarias(1,2,11)

a. A evolución espontánea: proceden de la evolución espontánea de una exotropía intermitente descompensada por falta de tratamiento, o, mucho menos frecuentemente, de la evolución natural de una endotropía, ya que éstas tienden a disminuir con la edad, y algunas pueden evolucionar hacia la exotropía, generalmente en la adolescencia. Factores determinantes de esta evolución son: inicio precoz (<2 años), ambliopía profunda unilateral, parálisis cerebral e hipermetropía alta.

b. Posquirúrgica: aparece a consecuencia de la cirugía de una endotropía (por hipercorrección).

c. Sensorial: aparece en ojos con ambliopía profunda o amaurosis, bien por alteraciones funcionales (anisometropía importante) u orgánicas (catarata, lesiones retinianas, etc.) (Fig. 4C). Es poco frecuente.

El tratamiento de las exotropías se expone en la tabla V.

Estrabismos paralíticos

Es importante distinguirlos de los estrabismos no paralíticos porque, en general, una parálisis o paresia adquirida en el niño significa enfermedad sistémica o neurológica grave.

Son aquellos producidos por parálisis (pérdida funcional total) o paresia (pérdida funcional parcial) de uno o varios músculos extraoculares. Se caracterizan clínicamente por presentar: mayor desviación cuando fija el ojo afectado que cuando fija el ojo sano, mayor desviación cuando se dirige la mirada hacia el campo de acción del músculo afecto y alteración, en mayor o menor grado, de las ducciones(1,2).

Con el tiempo, aparecen secundarismos (hipofunciones, hiperfunciones y contracturas musculares), responsables de la tendencia a la comitancia (la desviación se iguala en todas las posiciones de la mirada)(1,2).

En toda parálisis adquirida, el tratamiento debe iniciarse realizando una interconsulta al neurólogo pediatra para hacer el diagnóstico etiológico y tratar la causa (si procede). Como pueden evolucionar a la curación espontánea o incluso agravarse con el tiempo, el tratamiento quirúrgico está indicado sólo en niños con cuadros clínicos estables, sin posibilidad de recuperación de la función muscular(1,2).

El tratamiento se expone en la tabla VI.

Paralisis del IV par(1,2,7,10) (Fig. 5)

Ante un niño con la cabeza inclinada hacia un hombro, sospecharemos una parálisis del OS.

La parálisis del OS es la más frecuente de las parálisis oculomotoras (POM). La gran mayoría de las veces se trata de paresias, siendo uno de los motivos por los que es la POM de mejor pronóstico.

Son muy frecuentes las formas congénitas(12). Las adquiridas suelen deberse a traumatismos (lo más frecuente), neoplasias, encefalitis y meningitis. Pueden ser: unilaterales o bilaterales.

En los casos congénitos, los niños suelen ser asintomáticos, al ser frecuente la supresión, existir un incremento de la amplitud de fusión vertical o un tortícolis (que, si no es muy grande, puede pasar desapercibido para la familia). Pueden existir asimetrías faciales (normalmente la hemifacies del lado hacia el que se inclina la cabeza está hipoplásica) y, en algunos niños, se observa cierta deformidad ósea craneana (abombamiento del hueso parietal del lado hacia el que se inclina la cabeza).

En los adquiridos agudos y en los congénitos descompensados, los niños suelen aquejar astenopía y/o diplopía vertical (que inicialmente aumenta al mirar hacia abajo y en las tareas de cerca). Si la desviación no es muy acentuada, a veces el niño adopta un tortícolis para eliminar la diplopía.

El tortícolis teóricamente consta de 3 componentes: 1) torsional: inclinación de la cabeza hacia el hombro opuesto al ojo afectado (para compensar la hipertropía y/o la exciclotorsión); 2) horizontal: giro de la cara hacia el lado opuesto al ojo afectado (para colocar el ojo en abducción, donde la hipertropía es menor); y 3) vertical: descenso del mentón (para llevar el ojo a la supraversión, donde la hipertropía es menor). En la práctica, el componente más típico y característico es la inclinación de la cabeza hacia el hombro opuesto al ojo afectado, que sugiere el diagnóstico a primera vista. Es importante la colaboración entre oftalmólogos y pediatras para evitar errores diagnósticos ya que, con cierta frecuencia, vemos niños que han sido sometidos a fisioterapia al no diagnosticarse la anomalía oculomotora.

Existe hipertropía del ojo afectado que aumenta en la lateroversión correspondiente con la aducción de dicho ojo y con la inclinación de la cabeza hacia el hombro del mismo lado (maniobra de Bielschowsky positiva). Suele haber también síndrome V y/o exciclotorsión del ojo afectado.

Puede existir hipofunción del OS afectado, y la ducción es normal.

La aparición de los secundarismos depende, entre otros factores, de la relación entre el ojo fijador y el ojo afectado por la paresia: Si el ojo fijador es el sano, aparece una hiperfunción del OI ipsilateral. Si el ojo fijador es el afectado, se desarrolla una hiperfunción del RI contralateral. Estos secundarismos son responsables de la alta tendencia a la comitancia.

Es bastante frecuente la existencia de desviaciones horizontales asociadas.

Parálisis del VI par(1,2,7,10)

Endotropía en posición primaria mayor cuando fija el ojo afectado y al dirigir la mirada hacia el campo de acción del músculo afecto.

La parálisis del RL ocupa el 2º lugar en incidencia. Puede ser unilateral (lo más frecuente) o bilateral.

La forma congénita es muy rara (haremos el diagnóstico diferencial con la endotropía congénita y el síndrome de Duane tipo I). Las adquiridas son más frecuentes y generalmente autolimitadas; las causas más comunes en niños son: hipertensión intracraneal, traumatismos, procesos inflamatorios o infecciosos (meningitis, encefalitis, neuritis) y tumores intracraneales.

Los casos congénitos son asintomáticos (al ser frecuente la supresión). En los adquiridos, al principio los niños refieren diplopía horizontal, que evitan con el cierre de un ojo (guiño); generalmente es transitoria (debido a la supresión). Si la desviación no es muy acentuada, el niño puede adoptar un tortícolis horizontal característico con la cabeza o la cara girada hacia el lado del ojo afecto. A veces existen otros síntomas asociados (cefaleas, mareos, nauseas con o sin vómitos), que pueden deberse a las molestias ocasionadas por la diplopía o sugerir la presencia de otros cuadros.

Típicamente, el niño presenta endotropía en PPM (inferior a 15-20º), que aumenta en el campo de acción del RL afecto y disminuye (o desaparece) al mirar en sentido contrario. La desviación es mayor cuando fija el ojo afectado y al fijar de lejos.

En las parálisis existe una importante limitación de la abducción (a veces el ojo no es capaz de llegar a línea media), que no se realiza ni con maniobras de provocación, y existe nistagmus en su intento. Cuando no se trata adecuada y precozmente, se produce un aumento gradual de la endotropía (por contractura del RM ipsilateral). En las paresias, existe una ligera limitación de la abducción con nistagmus desde que el ojo sale de PPM. En algunos casos mejora la función muscular y son los secundarismos (contractura del RM del ojo paralizado) los responsables de que persista una endotropía comitante o casi comitante.

Parálisis del III par(1-3,7,10)

En la forma completa existe exotropía e hipotropía del ojo afectado y ptosis.

Puede ser parcial o total, completa o incompleta.

En niños suelen ser congénitas, generalmente unilaterales y no suele afectarse la musculatura intraocular. En general, se consideran benignas y aisladas; sin embargo, estos niños deben ser explorados por un neurólogo pediátrico para buscar otros signos de lesión neurológica focal. La causa más frecuente de parálisis adquirida del III par en niños es el traumatismo, aunque a menudo es un signo grave.

La parálisis completa se traduce por incapacidad o grados variables de limitación de la aducción (por afectación del RM), de la elevación (afectación del RS) y de la depresión (afectación del RI). Típicamente, el ojo afectado se encuentra en exotropía (por acción del RL intacto) e hipotropía(13). El OS intacto causa inciclotorsión del ojo al intentar mirar hacia abajo. Además, hay grados variables de ptosis (por afectación del elevador del párpado superior), y puede existir midriasis y parálisis de la acomodación (por lesión del parasimpático, que inerva el esfínter pupilar y el músculo ciliar).

Síndromes restrictivos

Síndrome de Duane(1-3,7,10)

En el tipo I, que es el más frecuente, existe limitación o ausencia de abducción en el ojo afecto, con retracción del globo ocular y disminución de la hendidura palpebral durante la aducción.

Es un trastorno congénito de la motilidad ocular generalmente unilateral, que ocurre habitualmente en el ojo izquierdo y, con mayor frecuencia, en mujeres que en varones.

Tipo I: es el más frecuente. Existe limitación o ausencia de abducción en un ojo con aumento de la hendidura palpebral en su intento, aducción normal o ligeramente restringida, y retracción del globo ocular y disminución de la hendidura palpebral durante la aducción (Fig. 6A). A veces aparecen movimientos verticales de elevación y/o depresión durante la aducción. Estos niños presentan ortoforia o ligera endotropía en PPM y pueden adoptar un tortícolis con la cabeza girada hacia el lado del ojo afectado (para conservar la VB normal). El test de ducción pasiva es positivo.

Tipo II: existe limitación o ausencia de aducción en un ojo con retracción del globo ocular y disminución de la hendidura palpebral en su intento, y abducción normal o ligeramente restringida. En PPM, estos niños pueden presentar ortoforia o ligera exotropía.

Tipo III: existe limitación importante de abducción y aducción en un ojo, con retracción del globo ocular y disminución de la hendidura palpebral al intentar la aducción. En PPM existe ortoforia o ligera exotropía.

 

Figura 6. Síndromes restrictivos. A) Síndrome de Duane tipo I en el ojo izquierdo: niña de 2 años con ligera endotropía del ojo izquierdo en posición primaria de la mirada, que compensa con un ligero tortícolis cara a la izquierda donde está en ortoforia y tiene VB normal. Presenta limitación importante de abducción ojo izquierdo, y retracción del globo ocular y disminución de la hendidura palpebral de dicho ojo en aducción. B) Síndrome de Brown en ojo izquierdo: niño con 4 años con imposibilidad de elevar el ojo izquierdo en aducción, que mejora en la línea media, con elevación normal en abducción. Aparece un aumento de la hendidura palpebral al intentar la elevación en aducción; y a pesar de existir depresión del ojo derecho en aducción, no hay hiperfunción del OS.

 

El tratamiento se expone en la tabla VI.

Síndrome de Brown(1-3,7,10)

Existe imposibilidad o déficit de elevación en aducción en el ojo afecto.

Es un trastorno de la motilidad ocular que puede ser congénito o adquirido, permanente o intermitente.

Se caracteriza por imposibilidad o déficit de elevación del ojo afecto en aducción, que mejora en la línea media y es normal o casi normal en abducción (Fig. 6B). Puede haber un aumento de la hendidura palpebral al intentar la elevación en aducción. A veces, el ojo afectado desciende durante la aducción, aunque no suele existir hiperacción del OS. A menudo aparece un patrón en V. Habitualmente existe ortoforia en PPM, aunque con el tiempo puede aparecer hipotropía del ojo afecto, normalmente acompañada de tortícolis con la cabeza girada hacia el ojo sano (inclinación ipsilateral y levantamiento del mentón). En algunos casos hay dolor al intentar la elevación en aducción y el niño puede sentir (o incluso oír) un chasquido, y puede existir una tumoración palpable o hipersensibilidad en la región troclear. El test de ducción pasiva es positivo y es clave para el diagnóstico diferencial con la parálisis del OI (muy rara).

El tratamiento se expone en la tabla VI.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1.*** Estrabismo. Merchante Alcántara MM. Pediatr Integral. 2005; IX(6): 431-46.

2.*** Estrabismo. Merchante Alcántara MM. Pediatr Integral 2009; XIII(7): 637-54.

3.* Gil-Gibernau JJ. Estrabismo” En: Gil-Gibernau JJ, ed. Tratado de Oftalmología Pediátrica. p. 47-60.

4.** Castiella Acha JC, López Garrido JA, Anguiano Jiménez M, Usabiaga Uzcandizaga M. Tratamiento de la ambliopía estrábica. En: Galán Terraza A, Visa Nasarre J, eds. Estado actual del tratamiento del estrabismo. LXXXVIII Ponencia Oficial de la Sociedad Española de Oftalmología 2012. McLine, S.L. p. 405-48.

5.*** Kanski J. Estrabismo. En: Kanski J, ed. Oftalmología clínica. 4ª edición. Ediciones Harcourt. p. 451-83.

6.** Castiella JC, López Garrido J. Exploración del niño estrábico. En: Gómez de Liaño F, ed. Encuentro Estrabológico Iberoamericano”. Sevilla; 1992. ONCE. p. 23-32.

7.*** Prieto-Díaz J, Souza-Dias C. Estrabismo. 5ª edición. Buenos Aires (Argentina); 2005.

8.* Wagner RS. Exploración en oftalmología pediátrica. En: Nelson. Harley. Oftalmología Pediátrica. 4ª edición. Mc Graw-Hill Interamericana. p. 92-107.

9.** Castiella JC, Pastor JC. La refracción en el niño. 1ª edición, 1997. Primera reimpresión, 1999. McGraw-Hill/Interamericana de España, S.A.U.

10.** Olitsky SE, Nelson LB. Trastornos caracterizados por estrabismo. En: Nelson. Harley. Oftalmología pediátrica. 4ª edición. McGraw-Hill Interamericana. p. 164-215.

11.** Merchante Alcántara MM. Exploración, diagnóstico y tratamiento del estrabismo divergente. Acta Estrabológica. 2001; XXX: 65-79.

12.** Kanski J. Neuroftalmología. En: Kanski J, ed. Oftalmología clínica. 4ª edición. Ediciones Harcourt. p. 517-67.

13.* Rodrigo Guzmán J. Neuroftalmología pediátrica. En: Gil-Gibernau JJ, ed. Tratado de Oftalmología Pediátrica. p. 261-87.

Bibliografía recomendada

– Estrabismo. Merchante Alcántara MM. Pediatr Integral. 2005; IX(6): 431-46.

– Estrabismo. Merchante Alcántara MM. Pediatr Integral 2009; XIII(7): 637-54.

Similares artículos al actual destinados a pediatras, con iconografía y casos clínicos diferentes.

– Castiella JC, Pastor JC. La refracción en el niño. 1ª edición, 1997. Primera reimpresión, 1999. McGraw-Hill/Interamericana de España, S.A.U.

Es un libro básico y de fácil lectura que deja claro que la refracción en el niño debe constituir un capítulo muy importante de los conocimientos relacionados con el tratamiento de los problemas oculares; y que la corrección óptica constituye una parte fundamental del procedimiento terapéutico.

 

Caso clínico

Historia clínica

Niña de 3 años de edad, que acude a consulta porque desvía de forma intermitente hacia dentro el ojo derecho desde hace aproximadamente 6 meses, principalmente si enfoca de cerca. Un oftalmólogo le ha mandado gafas de +3 D y otro de +6 D en ambos ojos. Lo comentan con el pediatra porque están confundidos y la remiten para segunda opinión.

Dentro de los antecedentes familiares destacan: padre con miopía leve, primo con estrabismo convergente.

Exploración pediátrica

• Agudeza visual:

– OD: 0,7.

– OI: 1.

• Cover test simple:

– De lejos: +0º.

– De cerca: domina ojo izquierdo +15º.

Exploración oftalmológica

• Agudeza visual:

– OD: 0,7.

– OI: 1 (test de Pigassou).

• Refracción bajo atropina al 0,5% durante 7 días:

– OD: + 8,75 D (-0,50 D a 100º).

– OI: + 6,75 D.

• Exploración sensorial:

– Luces de Worth lejos: suprime ojo derecho.

– Luces de Worth cerca: diplopía homónima.

– Test vectográficos: suprime ojo derecho.

– Titmus de lejos: no realiza.

– Titmus de cerca, TNO y Lang: no realiza.

– Correspondencia retiniana normal. No fusiona.

• Exploración motora:

– De lejos: domina ojo izquierdo +3º. De cerca: domina ojo izquierdo +15º.

– Motilidad y convergencia: normales.

• Biomicroscopía de polo anterior: sin alteraciones.

• Tonometría de no contacto: 13 mm de Hg en ojo derecho, 10 mm de Hg en ojo izquierdo.

• Fondo de ojo (bajo midriasis medicamentosa): compatible con la normalidad.

Tratamiento oftalmológico

• Prescripción:

– OD: + 8,75 D (-0,50 D a 100º).

– OI: + 8,25 D. Penalizado con +1,50 D (tratamiento ambliopía ojo derecho).

A los 3 meses:

• Agudeza visual:

– OD: 1.

– OI: 1 (test de Pigassou).

• Exploración sensorial:

– Luces de Worth lejos y cerca: no suprime.

– Test vectográficos: no realiza.

– Titmus de lejos y cerca: no realiza.

– TNO: B.

– Lang: normal.

– Correspondencia retiniana normal. Fusiona.

• Exploración motora:

– Con corrección: +0º lejos y cerca.

– Motilidad y convergencia: normales.

 

Figura 7. Arriba: primera visita. Abajo: a los 3 meses y con su corrección. En las imágenes de la izquierda la niña está fijando de lejos y en las de la derecha, de cerca.

 

Detección precoz de los defectos de refracción

Temas de FC

M.I. Valls Ferrán, A. Clement, C. Jiménez

Hospital Universitario Niño Jesús, Madrid

 

Resumen

El estudio precoz de los defectos de refracción o ametropías permite detectar problemas oculares importantes y tratarlos. Los primeros años de vida son fundamentales para el perfecto desarrollo de la visión. Por eso, a partir de un diagnóstico precoz, se efectuará un tratamiento adecuado y así los defectos oculares podrán ser corregidos a tiempo, evitando secuelas que pueden persistir toda la vida.
La medida de la agudeza visual es un método sensible para evaluar la función visual en los trastornos ópticos.
Tiene especial interés la detección de las anisometropías, refracción diferente en cada ojo, por su asociación a la ambliopía. La corrección de los defectos refractivos será necesaria o no dependiendo del déficit visual, de las molestias que produzca y de la cuantía del defecto.
Aproximadamente el 20% de los niños en edad escolar padecen defectos de refracción significativos.

 

Abstract

The early study of the defects of refraction or ametropias, enables to detect important ocular problems and treat them. The first years of life are fundamental for the perfect development of vision. As a consequence with and early diagnosis and an efective treatment can be carried out, and the ocular defects can be corrected on time avoiding effects that could remain for a lifetime.
The meausre of the visual acuity is a clear method to test the visual function in the optical disorders.
The detection of the anisometropias has a particular interest, different refraction in each eye, for its association with amblyopia. The correction of the refracting defects would be necessary or not dependent on visual defeat, on the pain it produces and on the significance of the defect.
Aproximately 20% of children old enough to be in school suffer from significant refraction defects.

 

Palabras clave: Defectos de refracción; Agudeza visual; Anisometropía; Diagnóstico precoz.

Key words: Defects of refraction; Visual acuity; Anisometropia; Early diagnosis.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(7): 483-488


Detección precoz de los defectos de refracción

 

Introducción

La hipermetropía, miopía y astigmatismo son los defectos refractivos más comunes y se deben detectar y tratar en la edad infantil(1,5).

Los defectos de refracción o ametropías son todas aquellas situaciones en las que, por un mal funcionamiento óptico, el ojo no es capaz de proporcionar una buena imagen. Los errores refractivos, como la hipermetropía, miopía y astigmatismo, son problemas muy comunes en los ojos. La mayoría de las personas lo padecen y suelen ser fácilmente corregidos con una prescripción óptica adecuada. La detección precoz de los mismos es muy importante para evitar problemas de ambliopía en la edad adulta.

Aproximadamente, el 20 por ciento de los niños padecen defectos de refracción significativos y el éxito del tratamiento dependerá del estudio y tratamiento temprano(1).

Tipos de ametropías

En un ojo normal o emétrope, los rayos de luz convergen sobre la retina, dando lugar a imágenes nítidas. Los defectos de refracción son aquellos que impiden que los objetos se vean con claridad. Básicamente, son tres(2,6,5).

Hipermetropía

Es la ametropía más frecuente de la edad infantil y suele ser fisiológica.

Los rayos de luz que entran en el ojo, en lugar de reunirse en un punto de la retina, lo hacen detrás de esta, cuando el ojo está en reposo. Es la condición óptica normal en el niño y persiste durante toda la vida en el 50% de la población. Tiende a decrecer en la adolescencia, estacionarse en la edad media y aumentar en la vejez, debido a los cambios del cristalino.

El ojo hipermétrope es pequeño. Según la magnitud del error, puede ser:

Baja: defectos de 0,25 a 3 D. La agudeza visual no suele alterarse.

Media: defectos de 3 a 5 D. Puede afectarse la agudeza visual.

Alta: defectos de mas de 5 D. La visión es siempre más baja de lo normal.

El niño hipermétrope ve bien pero se cansa con el esfuerzo visual sostenido. Las manifestaciones clínicas de la hipermetropía dependerán del grado de la misma, puede ser asintomática si el defecto es leve y el niño tiene buena capacidad de acomodación, o cuando esto no ocurre los síntomas serán los correspondientes a ese esfuerzo acomodativo:

• Ojos enrrojecidos después de la lectura o escritura.

• Cefalea, sobre todo en las regiones frontal y occipital, que tienden a agravarse durante el día y disminuyen al cesar el esfuerzo visual.

• Estrabismo convergente esporádico o permanente.

• Bajo rendimiento escolar.

• Lagrimeo, orzuelos de repetición, fotofobia…

Cuando la hipermetropía es alta, el síntoma principal será la visión borrosa, sobre todo en distancias próximas, el niño alejará los objetos para mejorar su visión. El trastorno se agrava por la actividad continuada, sobre todo a corta distancia.

Si una hipermetropía intensa no se corrige de niño, la agudeza visual será mala, dando lugar a una ambliopía que será más intensa si existe diferencia de graduación de un ojo a otro y secundariamente puede dar lugar a un estrabismo convergente por un exceso de convergencia. Las hipermetropías elevadas también conllevan un aumento de riesgo de glaucoma por ser ojos pequeños con córnea aplanada y cámara anterior poco profunda. El astigmatismo se asocia con gran frecuencia a la hipermetropía. El estrabismo convergente muchas veces es el debut de una hipermetropía elevada(3,4).

Miopía

Es el problema visual con mayor prevalencia en el mundo, sobre todo en la comunidad asiática, siendo su incidencia en España aproximadamente de un 30%.

En el ojo miope, la imagen de los objetos situados en el infinito se forma delante de la retina. Es un ojo cuyo eje anteroposterior es más largo de lo normal. La agudeza visual disminuye claramente en visión lejana incluso en miopías ligeras de 0,5 a 1 D. En distancias próximas la visión es buena.

El niño miope ve mal de lejos y se acerca a los objetos próximos para verlos bien, suele guiñar los ojos para verlos mejor(2).

Factores de riesgo de la miopía

• Genéticos.

• Raciales y culturales.

• Ambientales y geográficos.

La miopía es más frecuente después de la edad infantil. Puede ser congénita o adquirida. La primera suele ser elevada, mayor de 5 D y no suele aumentar durante la época del crecimiento. En cambio la adquirida suele aparecer en la etapa escolar y aumentar después.

Algunas enfermedades congénitas se asocian a miopía precoz, como el albinismo, síndrome de Down, rubéola congénita o síndrome alcohólico fetal, entre otras.

El síntoma cardinal del miope es la mala visión lejana que le obliga a acercarse exageradamente los objetos y a cerrar la hendidura palpebral. Tienen mala adaptación a la oscuridad porque las pupilas tienden a la midriasis o dilatación pupilar. Las revisiones periódicas son de suma importancia para detectar y tratar las posibles complicaciones que pudieran aparecer.

Astigmatismo

En este caso, la potencia óptica del ojo es diferente en los distintos meridianos debido a diferencias entre los radios de la curvatura corneal. Hay tres tipos básicos de astigmatismo: hipermetrópico, miópico y mixto. Puede existir aislado o asociado a miopía o hipermetropía.

Cursan con una agudeza visual relativamente baja cuando son altos, la imagen no puede ser enfocada con nitidez ni en la visión lejana ni en la cercana. El esfuerzo acomodativo de los pacientes no adecuadamente corregidos conlleva una fatiga o astenopia. También, es frecuente el parpadeo y las modificaciones en las posiciones de la cabeza, la congestión conjuntival después de la lectura, cefalea y el bajo rendimiento escolar.

Desarrollo visual(1,6)

El periodo de maduración visual comienza al nacimiento y finaliza, aproximadamente, a los 7 años.

Cualquier alteración que interfiera el buen desarrollo de la visión puede dejar como secuela una incapacidad de la misma si no se diagnostica y se trata a tiempo.

Es difícil determinar los niveles normales de la agudeza visual (AV) durante la maduración. Como métodos principales cabe destacar el test de mirada preferencial, los potenciales evocados visuales y el nistagmus optocinético. En el nacimiento, la AV determinada con estos métodos oscila entre 20/400 y 20/800; hacia los 4 meses la AV normal es de 20/200 y entre lo 30 meses se alcanza una AV de 20/20.

La fijación se establece hacia los 2 meses. El campo visual se aproxima al del adulto hacia los 6 meses de edad al igual que la estereopsis o capacidad de ver en tres dimensiones, que suele estar desarrollada de forma paralela a la agudeza visual.

Anisometropía

Es la diferencia de refracción de un ojo a otro.

En el niño esto puede dar lugar a dos problemas importantes, el primero es la ambliopía, que suele aparecer en el ojo con más defecto de refracción y que es más probable y más grave cuanto mayor sea la diferencia del defecto entre un ojo y otro; así, las altas miopías congénitas unilaterales suelen cursar con ambliopía grave y, si el diagnóstico es tardío, nunca se obtendrán buenos resultados funcionales a pesar del correcto tratamiento. En cambio, en las miopías que aparecen en la edad escolar, la ambliopía es mucho más raro que se produzca.

El segundo problema es que, una vez recuperada la visión del ojo peor, existirá una diferencia del tamaño de las imágenes retinianas o aniseiconia, lo cual dificulta una buena imagen binocular.

El diagnóstico precoz de la anisometropía es de suma importancia, cuanto antes se detecte mejores serán los resultados obtenidos.

El tratamiento consistirá en una correcta prescripción óptica y en el tratamiento de la ambliopía con oclusiones parciales o totales de un solo ojo o alternantes.

Diagnóstico

La detección precoz de los defectos de refracción es muy importante para el buen funcionamiento del sistema visual en la edad adulta(1,5).

Es importante detectar los defectos de refracción precozmente, ya que pueden conllevar un bajo rendimiento escolar y producir una ambliopía irreversible si no se trata a tiempo.

Resulta difícil decidir el momento adecuado para llevar a un niño al oftalmólogo por primera vez. Es tarea de los padres y del pediatra valorar en qué momento se debe acudir.

Los primeros años de vida representan un periodo crítico en el desarrollo visual, si no se detectan los problemas visuales a tiempo podría producirse una ambliopía irreversible.

Cuándo acudir al oftalmólogo

• Si el niño tiene problemas en la visión cercana o lejana.

• Si desvía los ojos.

• Dolores de cabeza tras esfuerzo visual.

• Ojo rojo.

• Lagrimeo.

• Reflejo rojo anómalo.

• Guiño excesivo.

• Anomalías palpebrales.

• Diferente visión de un ojo a otro

• Antecedentes familiares de miopía, hipermetropía y astigmatismo.

Todos los niños deberían ser revisados por el oftalmólogo antes de iniciar la etapa escolar, de esta forma se evitarían muchos problemas de aprendizaje.

En ocasiones, los niños rechazan la lectura o la escritura debido a problemas en la visión cercana, que ellos no saben interpretar y otros tienen un retraso escolar por problemas para leer la pizarra por baja visión lejana.

Exploración oftalmológica general(1)

La capacidad de realizar un examen oftalmológico pediátrico efectivo se va obteniendo con la práctica diaria.

Cuando los niños son muy pequeños y no colaboran, el examinador debe hacer todo lo posible para trabajar con eficacia y obtener la mejor información con rapidez antes de perder la atención del niño. Se debe crear un buen ambiente y, mientras se realiza la anamnesis, el examinador tomará nota de la conducta visual y la alineación ocular del paciente. ¿Sigue los movimientos de la linterna? ¿Mantiene la cabeza girada o inclinada hacia el hombro? ¿Tiene un comportamiento normal?

En todas las etapas, se derivará al oftalmólogo si presenta cualquier alteración ocular con el fin de realizar una exploración oftalmológica completa, que incluye:

Agudeza visual si la edad lo permite, reflejos pupilares, motilidad extrínseca, exploración del polo anterior con lámpara de hendidura, fondo de ojo y refracción bajo cicloplejia.

1. Prueba de Bruckner o test del reflejo rojo.

Valora el reflejo rojo que se produce al incidir la luz del oftalmoscopio directo sobre ambos ojos. Es una prueba rápida que proporciona una información valiosa y debe formar parte del examen oftalmológico pediátrico habitual.

En una habitación con poca luz el observador mira a través del oftalmoscopio desde una distancia de 1 metro, los reflejos rojos deben aparecer brillantes e iguales en ambos ojos. Cualquier asimetría justifica un estudio mas exhaustivo. A veces el reflejo es mate en un ojo con defectos de refracción o con opacidad de medios. Se debe emplear la menor iluminación que permita ver adecuadamente los reflejos.

2. Toma de agudeza visual.

Debe explorarse la agudeza visual a partir de los 2,5 o 3 años mediante optotipos adecuados.

En niños pequeños por debajo de 2 años, no se puede realizar un test de AV normal, pero sí podemos estimar la función visual basándonos en signos indirectos. A los 2 o 3 meses ya pueden mirar directamente un objeto, seguirlo mientras se mueve y mantener la fijación; esta fase se conoce como periodo crítico del desarrollo visual. Algunos lactantes pueden tener algo retrasada la maduración visual, pero si a los 4 o 5 meses tiene una mala fijación habrá que hacer un estudio exhaustivo incluyendo pruebas de electrofisiología y neurorradiología en busca de anomalías de la vía visual aferente o de la vía motora ocular.

Se utilizarán objetos que atraigan su atención a una corta distancia de la cara, moviéndolos horizontalmente. Hay que tener en cuenta que los niños siguen mejor los objetos que se desplazan desde el campo temporal al nasal, esta preferencia desaparece hacia los 6 meses de vida. Si no se aprecia respuesta visual, se repite el test en oscuridad usando una linterna. Los neonatos responden guiñando los ojos ante la luz, incluso con los párpados cerrados mientras duermen.

Es importante preguntar a los padres acerca del comportamiento del niño, si creen que reconoce caras a distancia, si responde a sonrisas o si protesta cuando se ocluye alguno de los dos ojos. Uno de los test que se utilizan son las gráficas de Tellen, que consisten en unas láminas con una retícula de líneas en uno de los extremos. Se basa en la visión preferencial, el niño dirigirá la mirada a la zona de la lámina donde hay una imagen discernible. Es un test impreciso que necesita la atención del niño, pero que es especialmente útil para apreciar la evolución visual de algunas patologías oculares hasta que los niños alcancen la madurez suficiente para contestar a test más precisos.

A partir de los 3 años, usaremos los test convencionales. La visión se tomará en la primera visita sin corrección y tendremos en cuenta la diferencia de visión entre un ojo y otro. Se realizará en un cuarto adecuado a unos 5 metros del panel de optotipos. Se tomará la visión de cada ojo por separado, ocluyendo el contrario.

Entre los test más usados tenemos:

– Test de Pigassou: entre los 2 años y medio y los 4 años. Son dibujos fácilmente reconocibles por el niño.

– Test de la E de Snellen y de la C de Landolt: entre los 4 y 5 años. El niño indicará la orientación del optotipo. Resulta fácil conseguir la colaboración de los niños tímidos o no verbales.

– Letras: una vez que el niño conoce el alfabeto se utilizarán las letras, normalmente entre los 5 y 7 años.

El test de visión cercana se hará a unos 40 cm con unas gráficas que se sujetan en la mano y demuestra la habilidad del niño para ver a una distancia de lectura normal.

El método más común para expresar la medida de la agudeza visual es la notación de Snellen, pero también la decimal o la métrica.

La agudeza visual aumenta con la edad. Al año es de 0,2, a los 2 años de 0,5, a los 3 de 0,8 y entre los 4 y 5 años se suele alcanzar el máximo de visión.

3. Dilatación, cicloplejia y refracción.

La cicloplejia adecuada es esencial para evaluar la refracción en el niño. Los niveles altos de hipermetropía pueden no detectarse sin cicloplejia. El oftalmólogo usará ciclopentolato, homatropina o atropina. El primero tiene el efecto de comienzo más rápido y es el que más usamos en la práctica diaria: pautamos 3 gotas en cada ojo separadas 15 minutos. En los neonatos, se diluye el colirio de ciclopléjico al 50 por ciento. A los 30 minutos ya podemos explorar al niño para buscar los posibles defectos de refracción, con esquiascopia o con autorefractómetro automático.

El estudio se completa con la lámpara de hendidura y el fondo de ojo.

El estudio de la refracción constituye un punto esencial en el examen del niño.

En términos generales: los RN a término suelen nacer hipermétropes de 1,5 o 2 D, ésta irá disminuyendo con el crecimiento hasta alcanzar la emetropía sobre los 5 o 6 años. Los prematuros tienen una alta tendencia a la miopía. La miopía escolar aparece entre los 8 y 10 años y los recién nacidos suelen tener astigmatismos mayores de 1 D, que disminuyen a partir del primer año de vida.

Pronóstico

Depende del grado de anisometropía, del defecto de refracción, de la edad de comienzo del tratamiento y del cumplimiento del paciente.

Si el tratamiento se inicia precozmente, los resultados son mejores. Debe prescribirse la corrección adecuada del defecto de refracción.

Cuanto más tarde se detecte el problema, más difícil será obtener buenos resultados tras el tratamiento.

Tratamiento

Los defectos de refracción esféricos, como la miopía y la hipermetropía, se corrigen con lentes esféricas, el astigmatismo con lentes cilíndricas(2,6).

Hipermetropía. Si el error refractivo es pequeño, no tiene síntomas y la agudeza visual es normal, no se tratará; en caso contrario, se prescribirá corrección óptica con lentes positivas. Es imprescindible explorar la refracción después de instilar colirio de cicloplejico con el fin de paralizar la acomodación.

En los menores de 6 años, cierto grado de hipermetropía es fisiológica y sólo se corregirá si el error es alto o existe un estrabismo convergente. La corrección debe ser permanente y, dado que la hipermetropía disminuye con el desarrollo, debe examinarse periódicamente a los niños.

Si se asocia a estrabismo convergente, la corrección debe ser total para mejorar la convergencia.

En los casos asociados a ambliopía, el tratamiento debe ir encaminado a una correcta rehabilitación visual, con oclusiones, penalizaciones…

Miopía. La corrección óptica de la miopía se realiza con lentes negativas mediante el uso de gafas o lentes de contacto. La gafa suele ser bien tolerada por el niño. Las lentes de contacto no se suelen mandar hasta que el niño tiene cierta madurez para poder manipularlas. Sólo en casos especiales, como las altas ametropías unilaterales, afaquia, postcirugía de catarata congénita, aniridia, se prescriben lentes de contacto en edades tempranas.

Astigmatismo. La corrección óptica se hará con lentes cilíndricas.

En los niños, los astigmatismos débiles pueden no ser corregidos si no aparecen manifestaciones funcionales que puedan ser atribuidas al mismo. Por otra parte, un astigmatismo que aun siendo de pequeña cuantía conlleve alteraciones funcionales, ha de ser corregido.

La falta de detección y corrección de los problemas oculares durante la niñez conlleva disfunciones oculares importantes en la edad adulta.

Un 30% de los casos de fracaso escolar están directamente relacionados con problemas visuales sin corregir. Se recomienda que el primer examen ocular sea realizado a los 2 meses, un segundo control a los 6 meses, el siguiente a los 3 años, antes de empezar el colegio y después una revisión anual. El 41% de los niños entre los 2 y los 10 años nunca han ido al oftalmólogo.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1.** Jay H. Krachmer. Oftalmología pediátrica y estrabismo. Los requisitos en Oftalmología. 2001. p. 1-10.

2.** Manual de refracción para residentes de oftalmología. Madrid; 1999.

3.** Holmes JM. The treatment of amblyopia. Estrabismus. 2006; 14(1): 37-42.

4.*** Galán Terraza A, Visa Nasarre J. Estado actual del tratamiento del estrabismo. SEO 2012. p. 405-44.

5.*** Solans T, García J, Martínez A. Refracción ocular y baja visión. SEO 2003.

6.*** Kanski JJ. Oftalmología Clínica. Elsevier; 2009. p. 733-6.

7.** Doshi NR, Rodríguez ML. Amblyopia. Am Fam Physician. 2007; 75(3): 361-7.

8.** Generalidades de los defectos de refracción. Manual Merk. Febrero 2012.

9.** Vision screening in children. Br J Ophtalmol. 2009.

Bibliografía recomendada

– Galán Terraza A, Visa Nasarre J. Estado actual del tratamiento del estrabismo. SEO 2012. p. 405-44.

Los autores hacen un repaso a fondo del estudio de la agudeza visual.

– Solans T, García J, Martínez A. Refracción ocular y baja visión. SEO 2003.

Repaso general a las diferentes ametropías y de la refracción en el niño.

– Kanski JJ. Oftalmología Clínica. Elsevier; 2009. p. 733-6.

El autor describe de forma práctica las pruebas de agudeza visual en los niños.

 

Caso clínico

Niña de 4 años de edad, sin antecedentes personales de interés, que acude a consulta porque desde hace unos días tuerce el ojo derecho de forma intermitente, más por las tardes, cuando regresa del colegio, además se queja de dolores de cabeza.

Se le cansan los ojos y a veces se le ponen rojos. Ve borroso cuando mira algún dibujo.

A la exploración presenta:

• Agudeza visual con test de Pigassou: OD: 0,4 y OI: 0,7.

• Cover test: no tuerce, aunque al disociar se observa una desviación del OD hacia dentro de 15 DP.

• Lámpara de hendidura. Polo anterior normal. Fondo de ojo normal.

• Cicloplejia: refracción del OD de +6 de hipermetropía y +4 hipermetropía en OI.

• Astigmatismo de 1 dioptría en cada ojo.

Ojo rojo en pediatría

Temas de FC

A. Clement Corral*,**, S. Clement Corral**, I. Valls Ferrán*, M.l. Andrés Domingo*, C. Jiménez Serrano*

*Hospital Universitario Niño Jesús, Madrid. **Clínica Clement

 

Resumen

El ojo rojo en el niño es un motivo de consulta frecuente en la práctica general. El diagnóstico de la causa del ojo rojo puede resultar un reto para el pediatra dado que en el diagnóstico diferencial se incluyen un amplio grupo de patologías, algunas potencialmente graves para la visión y más teniendo en cuenta que el ojo del niño está en pleno desarrollo visual. Con una simple anamnesis y exploración básica el pediatra puede orientar el origen de la hiperemia. El pronóstico visual mejora si el pediatra remite al paciente al oftalmólogo en los casos graves, recidivantes o que no responden al tratamiento.

 

Abstract

The red eye in children is a frequent complaint in general practice. The diagnosis of the cause of red eye can be a challenge for the pediatrician because the differential diagnosis includes a wide range of diseases, some potentially serious vision and given that the child’s eye visual function is developing. With a simple basic anamnesis, the pediatrician can guide the origin of hyperemia. The visual prognosis improves if the doctor refers the patient to an ophthalmologist in serious cases, recurrent or nonresponsive.

 

Palabras clave: Anomalía oculares; Hiperemia; Pediatría; Niño.

Key words: Eye abnormalities; Hiperemia; Pediatrics; Child.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(7): 477-482


Ojo rojo en pediatría

 

Introducción

El término ojo rojo abarca un amplio número de patologías. Aunque la mayoría son benignas, en el diagnóstico diferencial también se incluyen enfermedades dañinas, tanto para la visión (glaucoma de ángulo cerrado) como para la vida (tumores del polo posterior). Por otro lado, el ojo del niño es un órgano en desarrollo, capaz de ambliopizar (de hacerse vago). De ahí que resulte primordial un diagnóstico y tratamiento precoces. El papel del pediatra a este respecto no sólo es orientar el diagnóstico, sino saber en qué situaciones debe remitir al paciente al especialista.

A la hora de orientar el diagnóstico del ojo rojo, resulta clave un conocimiento básico de la anatomía y fisiología del ojo(1,2).

El aparato de la visión se compone del globo ocular, de un sistema muscular, de las vías visuales y de unos anejos que protegen y sirven de soporte al globo ocular. El globo ocular, a su vez, está compuesto por 3 membranas. La más externa la forman la esclera y la córnea. La esclera hace de soporte al globo ocular y la córnea tiene una función óptica. La córnea se compone a su vez de 5 capas y en condiciones normales es avascular aunque está ricamente inervada por la primera rama del trigémino por lo que, cuando la córnea se ve afecta, suele asociarse de dolor. Por otro lado, por encima de la córnea está la película lagrimal producida por las glándulas lagrimales (principal localizada en la zona supero-externa de la órbita y accesorias de Wolfring y Kraus a nivel del fórnix) y a la que contribuyen también tanto las glándulas mucinosas como las sebáceas (en particular, las de Meibomio). El sistema excretor de la lágrima incluye los puntos lagrimales, canalículos superior, inferior y común y saco lagrimal que desagua en el meato inferior de las fosas nasales a través del conducto naso-lagrimal. En la excreción de la lágrima participa activamente el músculo orbicular que recordemos estaba inervado por el VII par. La película lagrimal es fundamental para un correcto funcionamiento corneal ya que no sólo nutre a la córnea en su porción más anterior, sino que también evita que se deseque y limpia la superficie de partículas extrañas.

Además, el globo ocular se compone de una membrana intermedia o úvea compuesta por el iris, el cuerpo ciliar y la coroides. El iris actúa de diafragma a través de la mayor o menor apertura de la pupila por medio de 2 sistemas musculares antagónicos: el esfínter del iris de inervación parasimpática (produce miosis o cierre pupilar) y el dilatador del iris (produce midriasis o dilatación de la pupila). Entre los componentes del cuerpo ciliar se hallan los procesos ciliares encargados de la producción del humor acuoso.

 

Figura 1. Etiología del ojo rojo pediátrico. A) Córnea. B) Segmento anterior. B1) Ángulo camerular. B2) Procesos ciliares. C) Segmento posterior. D) Esclera. E) Retina. F) Párpados.

 

Por último, la membrana interna, que está compuesta de la retina, la estructura sensorial por excelencia del globo ocular.

Por otro lado, el globo ocular está dividido en el segmento anterior, entre la córnea y el cristalino que, a su vez, consta de una cámara anterior (entre la córnea y el iris) y de una cámara posterior (entre el iris y el cristalino/zónula y cuerpo ciliar). El segmento anterior está relleno de humor acuoso que se produce en los procesos ciliares, se vierte a la cámara posterior y luego pasa por la pupila hacia la cámara anterior, donde se drena a nivel del ángulo camerular (entre la córnea y el iris). Este humor no sólo nutre la córnea y el cristalino, sino que mantiene la presión intraocular.

El segmento posterior se sitúa entre el cristalino y la esclerótica y está relleno de humor vítreo que sirve de soporte al cristalino y es otro de los medios ópticos del ojo.

Dentro de los anejos(3) o estructuras de sostén del globo ocular se incluye la órbita entre el macizo facial y el cráneo. Debido a su estrecha relación con estas estructuras, la alteración de alguna de ellas puede afectar al contenido de la órbita (nervio óptico, vasos, nervios y músculos extrínsecos) y viceversa.

Los párpados protegen el globo por delante y contienen las glándulas sebáceas de Meibomio. La conjuntiva que recubre los párpados es la conjuntiva palpebral y la que recubre el globo, la bulbar. El fondo de saco palpebral o fórnix está constituido por el plegamiento de la conjuntiva. El borde libre palpebral separa la capa cutánea de la conjuntiva interna. A ese nivel se localizan los puntos lagrimales en el 1/3 interno.

Dentro de la patología que afecta a la conjuntiva y que produce ojo rojo están las conjuntivitis, que son la causa más frecuente de ojo rojo en la infancia.

El ojo rojo puede estar causado por infecciones, inflamaciones, traumatismos o tumores que afecten a una u otra zona del ojo.

El ojo rojo es una de las patologías más frecuentes en la práctica habitual (1 de cada 3 pacientes) y de etiología muy variada. La identificación de la estructura implicada ayuda al diagnóstico(4) (Tabla I).

Cursan con sensación de cuerpo extraño, sin dolor ni pérdida de agudeza visual, con hiperemia conjuntival y secreción mucopurulenta en las bacterianas, mucosa en las alérgicas y acuosa en las víricas. En las conjuntivitis víricas, además puede aparecer un ganglio preauricular y síntomas de vías respiratorias altas. En las alergias, hay una alta incidencia de atopia y suele predominar el picor. Según el inicio y duración de las conjuntivitis, se clasificarán en agudas (menos de 2 semanas), hiperagudas (menos de 2 días) o crónicas y, según su duración, se sospechará una u otra causa/agente(5). Las conjuntivitis agudas suelen ser víricas (por adenovirus lo más frecuente y causa importante de epidemias, por picornavirus o herpes virus), aunque también pueden ser bacterianas (Fig. 2) (Haemophilus influenzae, Streptococcus pneumoniae, Moraxella catarrhalis y Staphylococcus aureus), tóxicas, asociadas a blefaritis o alérgicas. Suelen ser autolimitadas en 2-5 días y no se ha demostrado que haya un antibiótico mejor que otro en el caso de las bacterianas, pero sí que acelera la resolución del cuadro, administrado en los 5 primeros días. Puede darse colirio de cloranfenicol, una fluorquinolona (Ciprofloxacino, Oftacilox, Exocin, Ocacin), colirio de neomicina, polimixina B y gramicidina (Oftalmowell), tobramicina (Tobrex, Tobrabact, Ocubrax) 4 veces al día 7 días o azitromicina (Azydrop en monodosis 2 veces al día, 3 días). En el caso de las víricas, el tratamiento es de soporte con lavados con suero fisiológico y compresas frías. Sólo se administrarán corticoides tópicos si hubiera membranas o pérdida de visión por la queratitis o uveítis; por lo tanto, ha de ser prescrito por el oftalmólogo. Las complicaciones son inusuales y los pacientes pueden asistir al colegio a menos de que se trate de una conjuntivitis epidémica.

 

Figura 2. Conjuntivitis bacteriana.

 

En cuanto a las conjuntivitis hiperagudas, si son hiperpurulentas, sospechar Neisseria gonorrhoeae o N. meningitidis. Se trata de una urgencia médica pues ambos gérmenes producen una queratitis ulcerativa. Si asocia otitis media, descartar Haemophilus influenzae. Si asocia malestar general y alteraciones en la piel pensar en los síndromes oculocutáneos (síndrome de Steven Johnson, necrosis epidérmica tóxica o Enfermedad injerto contra huésped). Estas conjuntivitis hiperagudas requieren cultivo, al igual que las crónicas o en las que coexiste fotofobia o pérdida de visión. Suelen necesitar tratamiento sistémico.

Por último, dentro del grupo de las conjuntivitis crónicas, se incluyen las alérgicas (estacional, perenne, vernal y la conjuntivitis papilar crónica; en la vernal se puede afectar a la córnea). Estas conjuntivitis se tratan con estabilizadores de mastocitos (cromoglicato sódico, lodoxamida o ketotifeno) asociados (olopatadina) o no a antihistamínicos tópicos (levocabastina, emedastina, azelastina) o sistémicos (loratadina), AINEs, corticoides tópicos/sistémicos y colirio de ciclosporina según la gravedad)(6). Dentro de las conjuntivitis crónicas, son frecuentes las blefaroconjuntivitis(7) por S. aureus, que pueden producir una queratopatía y que, por lo tanto, van a requerir de tratamiento tópico prolongado con medidas higiénicas y azitromicina e, incluso, tratamiento sistémico en los casos más graves. Además, están las conjuntivitis tóxicas (2º al uso de tratamientos tópicos prolongados, por ejemplo), las conjuntivitis por Chlamydia trachomatis y por Molluscum contagiosum.

Para terminar con las conjuntivitis, mencionar la conjuntivitis del neonato(8) que aparece en el primer mes de vida, con secreción purulenta, edema palpebral y conjuntival (quemosis). Puede ser química (aparece 1-2 días post parto, Gram sin microorganismos), por Neisseria gonorrhoeae [(inicio 2-5 días, úlcera corneal, Gram con diplococos gram negativos, puede asociar bacteriemia, meningitis y artritis séptica, requiere antibioterapia sistémica con ceftriaxona i.v. o i.m. en dosis única (25-50 mg/kg)], por Chlamydia [(a los 5-14 días, autolimitada pero con afectación corneal posible, diagnóstico por tinción de Giemsa y por DFA (direct antibody test), 40% desarrollan neumonía, tratamiento sistémico con eritromicina a 50 mg/kg/día)], por otras bacterias, como Staphylococcus aureus, Streptococcus pneumoniae, Streptococcus viridans, Enterococcus spp y Haemophilus spp (inicio a los 5-14 días, cultivos en chocolate o sangre agar, tratamiento con antibióticos tópicos de amplio espectro hasta resultados de cultivo, normalmente resuelven sin tratamiento) o por Herpes [(5-14 días posteriores, suele ir asociada a enfermedad sistémica (pneumonitis, hepatitis, meningoencefalitis, cultivo de HSV o DFA o PCR virus, tratamiento profiláctico con aciclovir i.v. si madre con infección primaria o activa vaginal o si cultivos positivos)]. También puede darse en pacientes hospitalizados por iatrogenia, en pacientes prematuros o con patología múltiple (por Staphylococci coagulase negativa, Staphylococcus aureus, Klebsiella spp). Aunque requieren de cultivo, hasta en un 50% de las conjuntivitis del neonato van a ser negativos. Terminar diciendo que el principal diagnóstico diferencial de la conjuntivitis del neonato es con la obstrucción del conducto lágrimo-nasal, patología muy frecuente en la infancia (20%), aunque esta suele cursar con ojo blanco y secreción y epífora entre los episodios.

Por último y terminando ya con las causas conjuntivales de ojo rojo, sólo mencionar las hemorragias subconjuntivales traumáticas, por Valsalva o secundarias a una discrasia sanguínea que regresan entre 2 y 3 semanas; el ojo seco iatrogénico o asociado a un síndrome autoinmune, tal como el síndrome de Stevens-Johnson(9); alteraciones vasculares (ataxia telangiectasia, Sturge-Weber, hemangiomas) o tumorales. Otras causas de hiperemia focal son las epiescleritis/escleritis y el pterigium. Por último, en la conjuntivitis recidivante conviene hacer una refracción por si hubiera una ametropía subyacente. Estas patologías conviene remitirlas al especialista.

En cuanto a la patología corneal que cursa con ojo rojo, hay que sospecharla si se acompaña de dolor, epífora, fotofobia y pérdida de agudeza visual.

Además, suele asociar una hiperemia más intensa alrededor de la córnea (periquerática). Y más aún si presenta factores de riesgo, como traumatismos previos, enfermedades de la superficie ocular, enfermedades sistémicas (como inmunodeficiencias, déficit de vitamina A, varicela, síndrome de Stevens-Johnson), cirugías oculares previas y lentes de contacto.

El paciente ha de ser remitido al oftalmólogo sin demora, puesto que la afectación corneal en el niño puede desembocar en una ambliopía, por lo que ha de ser diagnosticado y tratado de manera precoz. La excepción a esta premisa es la erosión corneal, que es la causa más frecuente corneal de ojo rojo. Ésta, puede ser diagnosticada por el pediatra, mediante la instilación de fluoresceína y observación con luz Azul Cobalto del defecto epitelial, y tratada con pomada antibiótica de terramicina o eritromicina y oclusión entre 24-36 h. De hallarse erosiones verticales, pensar en un posible cuerpo extraño alojado en el párpado superior.

La etiología de la patología corneal es la misma que la conjuntival: traumática, tóxica/química, infecciosa (bacterianas: Staphyloccus coagulasa- negativo/aureus y Streptococcus spp. en niños pequeños, Pseudomonas en mayores portadores de lentes de contacto, polimicrobianas; virales: epidémicas, por HVS o HVZ; parasitarias o micóticas: Fusarium y Aspergillus en traumatismo y Candida spp en inmunodeprimidos), alérgica, por ojo seco, autoinmune o secundaria a enfermedad sistémica (ictiosis, disqueratosis intraepitelial…).

Ante una erosión corneal, si no hay clara historia de trauma, pensar en el herpes, que puede dar una imagen similar bajo azul cobalto y que es la causa más frecuente de ceguera por afectación infecciosa corneal. Aunque es menos común que en adultos, aparece como una lesión epitelial dendrítica recurrente con posibilidades de dejar una cicatriz que afectaría a la agudeza visual hasta en un 6% de los casos. Estas queratitis se tratan con pomada oftálmica de ganciclovir o aciclovir 5 veces al día. Se recurre a la profilaxis con aciclovir sistémico en casos de enfermedad bilateral, queratitis recurrentes en atópicos o en inmunodeprimidos y después de una cirugía corneal.

Ante un traumatismo, enviar al oftalmólogo para descartar una perforación del globo ocular, que es una urgencia quirúrgica, o una contusión grave.

En el caso de una quemadura química, conviene lavar con rapidez y preferiblemente con suero fisiológico y remitir para valoración.

Entre las alteraciones del segmento anterior que cursan con ojo rojo se encontraría la uveítis o inflamación de la úvea.

Esta patología es rara en la infancia pero requiere de un estudio interdisciplinario exhaustivo. Pocas veces cursan con el cuadro típico de uveítis anteriores del adulto: ojo rojo, dolor, pérdida de agudeza visual o miosis. En general, cursan con un ojo blanco y son asintomáticas hasta que surgen las complicaciones, como la catarata, el glaucoma o el edema macular quístico. La causa de hasta el 80% de estas uveítis anteriores pediátricas es la artritis idiopática juvenil(10). Debido a las complicaciones oculares que asocia sin tratamiento, se han establecido unos programas de screening para reducirlas en la medida de lo posible. Además de autoinmunes, las uveítis pueden ser de origen traumático, infeccioso o tumoral. Es más, por debajo de 5-6 años, si el niño presenta ojo rojo y uveítis, conviene descartar que se trate de un problema en el segmento posterior, como en las panuveítis (inflamación generalizada del ojo) que pueden ser de etiología inflamatoria (Behçet, sarcoidosis), infecciosa (tuberculosis, toxoplasma, toxocara, Lyme o familia herpes virus, VIH) o tumoral (retinoblastoma, melanoma o leucemia con el mal pronóstico que conlleva)(11).

Otra patología que afecta a la cámara anterior es el hifema o sangrado en cámara anterior, que suele ser traumático, aunque raramente es secundario a tumores o coagulopatías. Suelen asociar náuseas y vómitos y puede producir glaucoma a largo plazo. Debe ser tratado por el oftalmólogo.

Por último, mencionar en este apartado el glaucoma por ángulo cerrado (oclusión del ángulo camerular) que cursa con hiperemia mixta o periquerática, edema corneal, dolor, pérdida de visión y presión elevada del globo. Es muy raro en la infancia. Suele ser secundario a una persistencia del vítreo primario(12) o a un tumor como el retinoblastoma en fase avanzada o a una luxación de lente (como en el Marfan).

Finalizaremos con la etiología, comentando la patología orbitaria(13) y de anejos que puede asociar ojo rojo. Entre las causas, se incluyen las celulitis, la dacriocistitis aguda (inflamación a nivel del saco lagrimal que necesita de antibioterapia sistémica y, a veces, de dacriocistorrinostomía) y rara vez patología tumoral, como sarcomas, hemangiomas, teratomas o metástasis.

Este tipo de patología, en general, requiere de pruebas de imagen y de colaboración interdisciplinar.

Tan sólo, hablar brevemente de las celulitis preseptales, aquellas que cursan con inflamación palpebral pero sin alteración ni de la visión, ni de los movimientos perioculares, ni de los reflejos oculares, ni cursan con proptosis. Es más frecuente que la orbitaria y más común en niños menores de 5 años. Normalmente, es secundaria a infecciones palpebrales y cutáneas, del tracto respiratorio superior o a traumatismos palpebrales. En general, se tratan de manera ambulatoria con antibióticos vía oral o i.m., aunque en algunos recién nacidos y aquellos pacientes mayores con dacriocistitis aguda, a veces, hay que administrar antibioterapia i.v. De no encontrarse ninguna causa de celulitis, se debe pedir una TAC para descartar sinusitis.

Por último, comentar que, ante un traumatismo palpebral con herida inciso contusa, hay que verificar que no se hayan dañado los conductos lagrimales, puesto que deben ser reparados en las primeras 24-48 h, de lo contrario quedarían lesionados permanentemente, con la consecuente epífora crónica.

Aunque la etiología es extensa, para orientar el diagnóstico basta con simple interrogatorio y exploración de los 3 tipos de enrojecimiento ocular: difuso, localizado o periquerático.

Se trata de intentar localizar la causa del ojo rojo y ver qué puede ser potencialmente grave y qué, por lo tanto, habrá de ser remitido.

Para ello, en la anamnesis(14) incluiremos el inicio y duración, si es un proceso agudo (<3 semanas), hiperagudo(<12 h) o crónico (>3 semanas); la lateralidad y los síntomas.

Entre los síntomas cabe destacar la aparición de secreción, que suele acompañar a las conjuntivitis. Una secreción purulenta, matutina, de aparición aguda orienta hacia un problema de tipo infeccioso (bacteriano/chlamidias); una secreción más acuosa nos hace pensar en una patología viral y, si es mucosa, en una conjuntivitis vernal o alérgica. Entre los síntomas acompañantes, cabe destacar la coexistencia de una infección de vías respiratorias altas en la conjuntivitis por adenovirus y de la atopia e historia de alergia previa en la alérgica o vernal.

Tanto el dolor moderado-intenso y la pérdida de visión nos van a orientar hacia causas más graves de ojo rojo: patología corneal, de cámara anterior (uveítis, glaucoma), de cámara posterior (endoftalmitis: infección generalizada del ojo) u orbitaria. Una conjuntivitis en principio no se acompaña de dolor.

Conviene también preguntar por los factores de riesgo, antecedentes médicos, quirúrgicos. Hacer una revisión sistemática. Documentar traumatismos, uso de lentes de contacto y las condiciones sociales del niño. Cerciorarse del tratamiento recibido, anterior y presente.

Posteriormente, examinar al paciente. Empezaremos por examinar al paciente en su conjunto (fenotipo, piel y manos por posibles enfermedades sistémicas) y ver si tiene o no adenopatía preauricular (típica de las conjuntivitis víricas o por Chlamydia). Posteriormente, haremos una exploración del globo y anejos de fuera a dentro. Conviene examinar los párpados por fuera y después evertirlos por si hubiere un cuerpo extraño. También, hay que buscar en los márgenes palpebrales signos de blefaritis (descamación, collaretes alrededor del folículo), explorar el sistema lagrimal (puntos lagrimales, ver si supura el saco al exprimirlo). Podremos observar si hay secreción y como está la conjuntiva. Definiremos si la hiperemia es reactiva (cuando los vasos están dilatados en respuesta a un insulto como en la conjuntivitis), pasiva (dilatación de los vasos secundaria a estasis venosa o hipercoagulabilidad) o si se trata de una equimosis (sangre subconjuntival). Un signo clave a este nivel que nos va a orientar hacia la gravedad o no del cuadro es el tipo de inyección(15): la inyección conjuntival (Fig. 3), que aumenta hacia los fórnices y disminuye hacia el limbo, está asociada a procesos banales; la ciliar (Fig. 4), que se debe a una dilatación de los vasos más profundos y es más intensa hacia el limbo se asocia a afecciones más graves (queratitis, iridociclitis, glaucoma agudo) y la mixta (Fig. 5), con dilatación de ambos tipos de vasos, también asociada a procesos de mayor gravedad. Exploraremos la córnea, veremos si hay opacidades, si tiñe con la luz azul cobalto tras la instilación de fluoresceína. Con una simple linterna comprobaremos la motilidad ocular extrínseca y la intrínseca y veremos si la pupila es redonda o no lo es.

 

Figura 3. Inyección conjuntival.

 

 

Figura 4. Inyección ciliar.

 

 

Figura 5. Inyección mixta.

 

A veces, dada la colaboración del niño, no es posible más que una exploración somera. Aquí resulta de utilidad la clasificación del paciente(16) en niño con ojo rojo y legaña (conjuntivitis); niño con ojo rojo indoloro (hiposfagmas, hemangiomas infantiles o anomalías orbitarias venosas pueden aparecer de manera primaria en la conjuntiva); niño con ojo rojo lloroso (alteraciones corneales) y niño con fotofobia o blefarospasmo y ojo rojo (glaucoma agudo o en afecciones del polo posterior retinoblastoma avanzado o endoftalmitis endógena).

Por último, debemos saber cuándo remitir al paciente al especialista.

El niño será remitido al oftalmólogo en caso de sospecha de causas potencialmente graves, como: queratitis, uveítis, glaucomas agudos, patología orbitaria o del polo posterior. Y siempre en caso de duda diagnóstica o si no hay respuesta al tratamiento en el caso de las conjuntivitis o si la patología es recidivante.

Para concluir, recordar que el ojo rojo es la manifestación clínica de un amplio grupo de enfermedades.

Es muy frecuente en la práctica habitual e incluye tanto patología banal como alteraciones dañinas para la visión y más teniendo en cuenta que el ojo del niño está en pleno desarrollo visual. En caso de duda, en patología potencialmente grave, recidivante o resistente al tratamiento, conviene recurrir al oftalmólogo.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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2. Cotallo JL, Clement F. Anatomía y fisiología del globo ocular. Vía óptica. Motilidad ocular. En: Clement F, ed. Oftalmología. Madrid: Luzán 5, S.A, de Ediciones; 1994. p. 13-27.

3. Cotallo JL, Clement F. Anatomía de los anejos oculares. Filogenia y embriología del aparato visual. En: Clement F, ed. Oftalmología. Madrid: Luzán 5, S.A. de Ediciones; 1994. p. 27-40.

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15.** Jiménez Parras R, Macías Molinero L. Diagnóstico diferencial del ojo rojo y de la disminución de la Visión. En: Clement F, ed. Oftalmología. Madrid: Luzán 5, S.A. de Ediciones; 1994. p. 411-23.

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Bibliografía recomendada

– Sauer A, Speeg-Schatz C, Bourcier T. L´oeil rouge chez l´enfant. La Révue du Practicien. 2003; 58: 353-7.

Se trata de un resumen práctico sobre la semiología del ojo rojo pediátrico. Presenta unos algoritmos del diagnóstico diferencial de gran utilidad en la práctica general. Establece qué casos hay que remitir al oftalmólogo.

– Jiménez Parras R, Macías Molinero L. Diagnóstico diferencial del ojo rojo y de la disminución de la visión. En: Clement F, ed. Oftalmología. Madrid: Luzán 5, S.A. de Ediciones; 1994. p. 411-23.

Define los tipos de hiperemia reactiva, pasiva y equimosis y presenta unos esquemas muy ilustrativos de los tipos de inyección conjuntival, periquerática y mixta. Clasifica de manera muy práctica las patologías según el tipo de hiperemia, de sintomatología y de inyección.

 

Caso clínico

Paciente varón de 8 años que acude a urgencias con sensación de cuerpo extraño en su ojo derecho y ojo rojo desde hace 2 días. No refiere secreción ni pérdida de visión, pero sí un cuadro respiratorio de vías altas de varios días de evolución. Sin antecedentes personales de interés. Su compañero de clase tuvo ambos ojos rojos hace una semana. A la exploración, presenta edema palpebral del ojo derecho, una hiperemia conjuntival y una secreción más bien acuosa. Al evertir el párpado se observan petequias y membranas a nivel de la conjuntiva palpebral. Además, a nivel preauricular ipsilateral se palpa una adenopatía. El ojo izquierdo, en principio no presenta alteraciones.

 

Patología congénita de la vía lagrimal y patología palpebral

Temas de FC

A. Trueba Lawand

Oftalmológa, Doctora en Medicina y Cirugía. Sección de Oftalmología Pediátrica y Estrabismo. Hospital de San Juan de Dios del Aljarafe. Bormujos, Sevilla

 

Resumen

La obstrucción congénita del conducto nasolagrimal es la forma de presentación más frecuente de patología congénita de la vía lagrimal. Niños afectados presentarán: epífora, secreción ocular, conjuntivitis crónica o recurrente y dacriocistitis. El diagnóstico se basa en la historia clínica, la identificación de los síntomas y signos habituales y sencillas maniobras clínicas para su confirmación. Es esencial descartar el glaucoma congénito. El 90% de estos casos se resolverán espontáneamente antes del primer año de vida. El tratamiento comprende desde la observación, masaje hidrostático y antibioterapia tópica hasta el sondaje de la vía lagrimal, intubación canalicular con silicona, dacrioplastia y dacriocistorrinostomía.
Las anomalías palpebrales pueden ser hallazgos aislados o presentarse en el contexto de patología sistémica. Su evaluación clínica y sindrómica se encuentra, en ocasiones, ligada a la dismorfología. Las malformaciones más frecuentes en la edad pediátrica son la ptosis congénita y el epibléfaron. Una sencilla historia clínica y exploración descartarán causas más severas de ptosis. Son mucho menos comunes el entropión, el ectropión, la blefarofimosis, el euribléfaron, el coloboma y el criptoftalmos, entre otros.
Las tumoraciones palpebrales son también frecuentes en la infancia, habitualmente benignas, siendo aislados, en menor frecuencia con afectación orbitaria o también parte de patología sistémica. Es común a éstas y a las ptosis la posibilidad de ambliopía por oclusión pupilar o anisometropía. Es importante considerar el rabdomiosarcoma, u otra etiología neoplásica, en el diagnóstico diferencial de cualquier tumoración palpebral crónica o ptosis adquirida sin causa aparente en la infancia.

 

Abstract

The congenital obstruction of the nasolacrimal duct is the most frequent form of presentation of congenital disorders of the lacrimal drainage system. Affected children will present with tearing, conjunctival discharge, chronic or recurrent discharge and dacryocystitis. Diagnosis is based on the clinical history, the identification of common signs and symptoms and simple office-based maneuvers. Congenital glaucoma must always be excluded. Approximately 90% of these cases will resolve spontaneously before one year of age. Therapeutic options range from simple observation, hydrostatic massage and topical antibiotics to probing, silicone intubation, dacryoplasty and dacryocystorrhinostomy.
Eyelid anomalies can be isolated or present associated to systemic findinns .It ́s clinical evaluation may be carried out in the context of dysmorphology. The most frequent anomalies in children are congenital ptosis and epiblepharon. A simple history and examination will aid in discarding more severe causes of ptosis. Much less common are entropión, ectropión, blepharophymosis, euriblepharon, coloboma and criptophthalmos, among others.
Eyelid tumors are also frequent in childhood, normally benign, being found isolated, less frequently with orbital involvement or in the context of systemic pathology. Both tumors and ptosis may present with amblyopia due to pupillary occlusion or anisometropia. Rhabdomyosarcoma, or any other neoplasic etiology, must be considered in the differential diagnosis of any eyelid tumor or ptosis adquired during childhood without an apparent cause.

 

Palabras clave: Obstrucción congénita del conducto nasolagrimal; Epífora; Ptosis; Tumoración palpebral; Ambliopía.

Key words: Congenital obstruction of the nasolacrimal duct; Tearing; Ptosis; Eyelid tumors; Amblyopia.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(7): 463-476


Patología congénita de la vía lagrimal y patología palpebral

 

Patología congénita de la vía lagrimal

El lagrimeo es un motivo de consulta frecuente en la edad pediátrica. Se puede deber a un exceso de producción de lágrimas o a una obstrucción en el sistema de drenaje nasolagrimal. La causa más frecuente de lagrimeo en el lactante es la obstrucción congénita del conducto nasolagrimal (OCNL).

Anatomía y fisiología

Las lágrimas son necesarias para mantener las córneas sanas y transparentes. El niño recién nacido tiene una producción lagrimal basal mínima que se normaliza tras un periodo de varios días a 2 semanas. Las lágrimas se producen principalmente en la glándula lagrimal, se reparten por la superficie ocular, renovándose la película lagrimal con cada parpadeo. El parpadeo también facilita el drenaje de las lágrimas por unos orificios de salida, puntos lagrimales superior e inferior, en la parte interna de los bordes palpebrales de ambos párpados, pasando luego por los canalículos superior e inferior, que corren casi paralelos a los bordes palpebrales, y al canalículo común, antes de vaciar, a través de la válvula de Rosenmuller, en el saco lagrimal. Desde allí pasan por el conducto nasolagrimal que termina en la válvula de Hasner, desembocando finalmente en la cavidad nasal debajo del cornete inferior (Fig. 3A). Las lágrimas pasan a la faringe nasal donde son finalmente deglutidas. Existen dos tipos de lagrimeo fisiológico: una producción de lágrimas basal que mantiene el ojo húmedo en condiciones normales, y un lagrimeo reflejo que ocurre en respuesta a una irritación ocular o una emoción. El lagrimeo es un motivo de consulta frecuente en la edad pediátrica. Este lagrimeo o epífora se puede deber a un exceso de producción de lágrimas o a una obstrucción en el sistema de drenaje nasolagrimal(1,2).

Etiopatogenia, clínica y diagnóstico

La canalización incompleta del conducto nasolagrimal causará una obstrucción a la salida de lágrimas. El lugar más afectado es su parte más distal, persistiendo habitualmente una obstrucción membranosa en la válvula de Hasner.

Clínicamente, los lactantes presentan con epífora o lagrimeo, secreción mucosa, dermatitis secundaria, conjuntivitis y, en menor grado, celulitis palpebral y dacriocistitis. El retraso en el drenaje de fluoresceína sódica 1% instilada en el ojo afecto es muy específico de la patología del sistema de drenaje lagrimal.

Obstrucción congénita del conducto nasolagrimal

La causa más frecuente de epífora en el lactante es la obstrucción del conducto nasolagrimal (OCNL), siendo la incidencia en el mundo occidental de un 6%. El sistema de drenaje nasolagrimal se desarrolla a partir de la invaginación del ectodermo superficial que se origina en la fisura naso-óptica. Su canalización comienza en la zona media del sistema y continúa de forma ascendente y descendente. El proceso suele completarse para el final del noveno mes de gestación. Si la canalización resulta incompleta, se produce una obstrucción en la salida de las lágrimas. El lugar más común de obstrucción es la parte más distal del conducto nasolagrimal, persistiendo una obstrucción membranosa en la válvula de Hasner(2). Un bloqueo aquí o a cualquier nivel del sistema de drenaje lagrimal causará una acumulación de lágrimas en el ojo.

Clínicamente, los lactantes con una OCNL se presentan con epífora o lagrimeo a las 2-6 semanas de vida, secreción mucosa que se acumula en los márgenes de los párpados y en las pestañas y dermatitis secundaria. La sobreinfección de las lágrimas estancadas y de la secreción mucosa podrá causar conjuntivitis (con secreción mucopurulenta abundante, hiperemia y molestias oculares) y, en menor grado, celulitis palpebral (Fig. 1A, 1B y 1C). Esta misma sobreinfección del contenido del saco lagrimal causará una dacriocistitis, presentándose con dolor, tumefacción, rubor y calor en el área del canto interno, pudiéndose palpar un saco lagrimal edematoso. La OCNL es bilateral en aproximadamente 1/3 de los casos. La mitad de todos los casos se resolverá espontáneamente para los 6 meses de edad, disminuyendo esta incidencia drásticamente después de los 13 meses de edad.

 

Figura 1. Signos típcos de una obstrucción congénita del conducto nasolagrimal. A) Dermatitis. B) Secreción. C) Epífora y eritema. D) Mucocele izquierdo. E) Fístula lagrimal izquierda.

 

El diagnóstico es clínico. Las condiciones que exacerban la congestión nasal, como las infecciones respiratorias altas, pueden exacerbar la sintomatología de la OCNL. La expresión del saco lagrimal resultará en reflujo de material mucoide o mucopurulento.

• Se puede confirmar la obstrucción mediante el test de desaparición de fluoresceína: a los 5 min de la instilación de fluoresceína sódica 1% en el ojo, se observará una retención significativa de la película lagrimal que confirma la obstrucción (Fig. 2A y 2B). El retraso en el drenaje de la fluoresceína es muy específico de la patología del sistema de drenaje lagrimal(3).

 

Figura 2. A) Epífora del ojo derecho (signo indirecto de pestañas húmedas). B) Test de desaparición de fluoresceína positivo con retraso en la evacuación de la lágrima en el ojo derecho. C) Epífora secundario a epibléfaron, por contacto de pestañas con córnea. D) Glaucoma congénito con incremento del diámetro corneal y alteración en su transparencia (por cortesía de la Dra. E. García Robles). E) Sinequias de iris en uveítis crónica.

 

Técnicas de imagen. La mayoría de las obstrucciones congénitas del conducto nasolagrimal se resuelven o se tratan con éxito sin necesidad de técnicas de imagen. En aquellos casos con hallazgos clínicos atípicos o refractarios al tratamiento, su aplicación puede ayudar en la evaluación de la causa de la obstrucción y en la elección de la terapia más adecuada.

Dacriocistografía: consiste en la inyección de contraste por el punto lagrimal y la posterior toma de radiografías convencionales,TAC o RNM para visualizar el llenado del sistema lagrimal y las estructuras óseas que lo rodean.

Dacrioescintilografía: se instilan lágrimas artificiales con Tecnecio 99m, valorando el camino del trazador por el sistema lagrimal con una gammacámara(1).

Dacriocistocele (o mucocele)

Si a la OCNL se asocia una obstrucción proximal en la válvula de Rosenmuller habrá una distensión del saco lagrimal o dacriocistocele (Fig. 1D). Clínicamente, se presenta como una masa azulada en la región nasal e inferior al canto medial, asociado a epífora, y mayor tendencia a dacriocistitis. Se debe hacer el diagnóstico diferencial con el hemangioma, que se diferencia por su tendencia a crecer, y con el quiste dermoide y el encefalocele, ambos localizados habitualmente por encima del canto medio.

La dilatación y extensión del conducto nasolagrimal imperforado desde el meato hacia la fosa nasal pueden causar la formación de quistes nasales. Pueden ser uni o bilaterales y su presencia puede causar una obstrucción respiratoria de intensidad variable. Se aconseja endoscopia endonasal rutinaria en casos de dacriocistocele.

Atresia de los puntos lagrimales

No es común. Puede afectar a uno o más puntos. Si los dos están afectados, la epífora se presenta en cuanto el niño comienza a producir lágrimas, aunque no habrá reflujo de secreción mucosa desde los puntos ni dacriocistitis. En ocasiones sólo habrá una fina membrana ocluyendo el orificio lagrimal.

Atresia de los canalículos

También infrecuente y la clínica es similar.

Fístula lagrimal congénita

Se presenta con lagrimeo procedente de la zona lateral de la nariz, desde un pequeño orificio o depresión en la piel suprayacente al saco lagrimal y sin rebosamiento palpebral de la lágrima (Fig.1E). Se puede observar fluoresceína salir de una fístula permeable tras su instilación en el fondo de saco conjuntival. Puede estar asociado a una obstrucción del conducto nasolagrimal(2).

Diagnóstico diferencial

El diagnóstico diferencial se basa en la historia clínica del lagrimeo, una exploración ocular y el test de desaparición de fluoresceína. Cualquier síntoma diferente de la epífora y la secreción (fotofobia, blefaroespasmo, frotamiento persistente del ojo, hiperemia marcada de la conjuntiva bulbar o afectación sistémica) va a hacernos dudar del diagnóstico de OCNL. El glaucoma congénito siempre se debe descartar, dada las graves consecuencias de un diagnóstico tardío.

Se debe recopilar una historia detallada de los padres mientras se observa al niño. Deben quedar claros los síntomas específicos. Se debe documentar la cronicidad de la sintomatología y su cronología diaria. Si el lagrimeo aparece sólo cuando el niño tiene una infección de vías altas, puede ser una obstrucción parcial o funcional. Si es estacional, puede ser de origen alérgico. Si la sintomatología aparece pasados unos meses del nacimiento, es improbable que sea por una obstrucción congénita.

Aunque mucho menos frecuente y probable, la epífora puede ser el signo de presentación de un glaucoma, queratitis o uveítis. Cualquier síntoma diferente de la epífora y la secreción (fotofobia, blefaroespasmo, frotamiento persistente del ojo, hiperemia marcada de la conjuntiva bulbar o afectación sistémica) va a hacernos dudar del diagnóstico de OCNL(3,4).

Presión sobre el saco lagrimal causará reflujo en la OCNL. Valorar la normalidad o no del párpado, los puntos lagrimales y la posición de las pestañas, si la conjuntiva y córnea son normales en aspecto. Instilar colirio de fluoresceína sódica 1% para detectar la existencia de patología de la superficie ocular. Otras causas de epífora son epibléfaron, distriquiasis, paresia o anomalías craneofaciales.

La tabla I expone las causas de epífora en el lactante, sean por exceso de producción o por obstruccion en el sistema de drenaje lagrimal. Es importante recordar que un test de desaparición de fluoresceína normal descartará la patología congénita de la vía lagrimal en situaciones de duda diagnóstica. El glaucoma congénito siempre se debe descartar, dadas las graves consecuencias de un diagnóstico tardío.

 

 

Tratamiento

La mayoría de las obstrucciones se resolverán espontáneamente o con tratamiento médico conservador. Si persiste una epífora significativa al año de edad o conjuntivitis de repetición en edades más tempranas se tratará, habitualmente, mediante sondaje de la vía nasolagrimal. Como segunda elección: la intubación mono o bicanalicular con tubo de silicona, una dacrioplastia y, en circunstancias excepcionales, una dacriocistorrinostomía.

 

Médico

La medida más importante en la OCNL es el masaje del saco lagrimal, para incrementar la presión hidrostática, rompiendo así cualquier obstrucción membranosa y para vaciar el saco de lágrimas estancadas. Se enseña a los padres a colocar el dedo por encima del canto interno y, apretando con firmeza, deslizar el dedo hacia abajo (Fig. 3B). Se realizará 5-10 veces, 3-4 veces al día.

 

Figura 3. A) Anatomía de la via lagrimal: 1: glándula lagrimal; 2: puntos lagrimales superior e inferior; 3: canalículos lagrimales superior e inferior; 4: canalículo común; 5: saco lagrimal; 6: cornete medio; 7: cornete inferior; 8: válvula de Hasner. B) Masaje hidrostático sobre saco lagrimal, en sentido descendente. C) Sondaje con canalización inicial del canalículo inferior. D) Giro posterior de 90°, tras llegar a pared interna del saco lagrimal, y descenso de la sonda hasta pasar la zona de obstrucción. E) En imagen endoscópica, la fibra óptica ilumina a nivel del meato medio, desde el saco lagrimal. A este nivel se crearía el orificio de paso en una DCR mediante láser diodo.

 

La antibioterapia tópica será un tratamiento complementario en caso de infección secundaria, instilándose una gota, 4 veces al día, así como higiene frecuente de párpados y pestañas con agua tibia. Existen buenos resultados y espectro adecuado con: eritromicina, asociación de polimixina-bacitracina, tobramicina, gentamicina y quinolonas (este en >1 año); cultivo y antibiograma solamente en casos de resolución de la epífora y persistencia de secreción mucopurulenta refractaria al tratamiento(5).

En el caso de una dacriocistitis aguda, el tratamiento de elección es: amoxicilina/clavulánico oral, 40-80 mg/kg/día, cada 8 h durante 7 días. Si hay alergia a betalactámicos: en niños incluso <1 mes, eritromicina oral, 10 mg/kg cada 6 h, 10 días más tópico, trimetoprim+polimixina B (en niños <1 año), una gota cada 3-6 h, 7-10 días, o ciprofloxacino (en niños >1 año), una gota cada 2 h, 2 días, seguida de una gota cada 4-6 h hasta completar 7 días(6).

El tratamiento de elección oral es el mismo en caso de celulitis preseptal dentro del contexto de la OCNL. Siempre se debe derivar si: niños <1 año, el proceso no mejora en 1-2 días, hay sospecha de absceso, celulitis orbitaria o afectación del estado general.

Tratamiento quirúrgico

El pediatra debe remitir al paciente al oftalmólogo cuando crea que la intensidad y frecuencia de los síntomas no mejoran con masaje y justifican tratamiento con sondaje.

 

Sondaje del conducto nasolagrimal

La OCNL se resuelve espontáneamente con tratamiento conservador en la gran mayoría de los casos. Si no se resuelve, el sondaje del conducto nasolagrimal es el procedimiento de elección. Algunos oftalmólogos realizan un sondaje precoz en consulta, con pocos meses de edad, evitando la anestesia general y disminuyendo el coste y la morbilidad. Otros prefieren esperar hasta los 9-12 meses y sondar en quirófano, evitando muchos sondajes innecesarios dado el alto porcentaje de resolución espontánea. La única indicacion real de sondaje precoz es el dacriocistocele. Yo recomiendo realizar un sondaje bajo anestesia general entre los 6 meses y el año de edad si hay infección recurrente frecuente y epífora abundante. Se puede esperar si la epífora es mínima o intermitente. El pediatra debe remitir al paciente al oftalmólogo cuando crea que la intensidad y frecuencia de los síntomas no mejoran con masaje y justifican tratamiento con sondaje.

El procedimiento es sencillo, pero delicado, tardando 5-10 min. Se dilata cualquiera de los puntos lagrimales con un dilatador de vías. Se pasa una sonda metálica verticalmente, luego se gira en dirección horizontal y medial. Tensión lateral sobre el párpado rectifica el canalículo y facilita el avance de la sonda hasta notar una obstrucción ósea (la pared medial del saco lagrimal), donde se rotará la sonda 90º y se dirigirá hacia abajo y hacia atrás. Se podrá notar una suave resistencia al punzar la obstrucción membranosa de la válvula de Hasner (Fig. 3C y 3D)(1,4,7).

 

El el caso de fracaso del primer sondaje, hay una tendencia creciente a realizar el segundo intento mediante endoscopía, útil para la visualización de anomalías en el conducto nasolacrimal inferior y para obtener la correcta posición anatómica del sondaje. Se puede aprovechar la exploración, si fuera necesario, para la aplicación de algunas de las técnicas que se describen a continuación.

Fractura del cornete inferior

En casos con excesiva aposición entre el cornete inferior y la pared lateral de la nariz o ante una obstrucción ósea, debido a la fusión de las dos estructuras, se realiza una fractura del cornete inferior para mejorar el drenaje lagrimal (Fig. 3A-7).

Intubación bi o monocanalicular

Si han fracasado 2 o 3 intentos de sondaje, la mayoría de los oftalmólogos recomiendan practicar una intubación bi o monocanalicular de la vía lagrimal. Una vez que la sonda, que está unida a un tubo de silicona, pasa a la nariz, su punta se une a un gancho y se saca por el orificio nasal, trayendo el tubo con él. En otro diseño, la sonda tiene una luz por donde se alimenta el tubo de silicona, sacando éste directamente del orificio nasal. El extremo del tubo se sutura a la pared externa de la narina y se deja unos meses. La intubación podrá ser de un canalículo o de ambos.

En ocasiones la intubación se usa como técnica de primera elección, como es el caso de una OCNL bilateral, historia de dacriocistitis, síndrome de Down u obstrucciones “estrechas” visualizadas mediante endoscopia, dado el mayor fracaso del sondaje(7,9).

Dacrioplastia

La dacrioplastia se basa en la dilatación del conducto nasolagrimal por medio de un catéter provisto de balón (tipo sonda de Foley) que se coloca en el conducto nasolagrimal como en un sondaje habitual. El balón se infla de forma hidrostática, permitiendo una dilatación mayor del conducto nasolagrimal distal que el que se puede conseguir con una sonda exclusivamente. Esta técnica se reserva para casos complejos o reintervenciones(7).

Dacriocistorrinostomía

La dacriocistorrinostomía (DCR) consiste en la creación de un bypass desde el saco lagrimal a la cavidad nasal (Fig. 3A-5) a través de una apertura en la fosa del saco lagrimal (externa o endonasal). Se indica la DCR ante la persistencia de epífora tras sondajes repetidos e intubación, en dacriocistoceles, fístulas, anomalías canaliculares, después de una dacriocistitis y ante la existencia de anomalías craneofaciales severas. Se realiza habitualmente en niños mayores de 2 ½ años. La aplicación de laser diodo a nivel endocanalicular, de uso generalizado en adultos, está dando resultados eficaces y seguros en niños, aunque la experiencia es aún corta(10).

Patología palpebral

 

Anomalías palpebrales

Las anomalías palpebrales pueden ser hallazgos aislados o presentarse en el contexto de patología sistémica. Su evaluación clínica y sindrómica se encuentra, en ocasiones, ligada a la dismorfología. Las malformaciones más frecuentes en la edad pediátrica son la ptosis y el epibléfaron. Son mucho menos comunes el entropión, el ectropión, la blefarofimosis, el euribléfaron, el coloboma y el criptoftalmos, entre otros(11,12) (Tabla II).

 

 

Embriología y anatomía

En el primer mes de desarrollo, la vesícula óptica está recubierta de una fina capa de ectodermo. Hay una proliferación de mesodermo que completa el rudimento palpebral, procedente del proceso frontal nasal para el párpado superior y del proceso maxilar para el párpado inferior. Los párpados permanecen cerrados con una unión epitelial desde las 8 semanas hasta los 7 meses de edad gestacional. El ectodermo superficial origina la piel en la cara externa del párpado y la conjuntiva en la cara interna. La placa tarsal, el tejido conectivo y el tejido muscular derivan del elemento central mesodérmico.

El músculo que actúa principalmente para abrir el párpado superior y mantener la posición palpebral normal es el músculo elevador del párpado, que se origina, junto con el músculo recto superior, en el ala menor del esfenoides. Es inervado por ramas de la división superior del III par. El músculo de Müller es una banda fina de músculo liso que transcurre por la cara inferior del músculo elevador del párpado, insertándose en el margen superior del tarso. Es inervado por ramificaciones de la vía simpática ocular. El párpado se eleva también indirectamente por la unión del músculo frontal a la parte orbitaria superior del músculo orbicular. El músculo frontal es inervado por la rama temporal del nervio facial.

Ptosis

La ptosis congénita es el párpado caído en el nacimiento debido a una disgenesia del músculo elevador. Casos adquiridos sin antecedentes de trauma o cirugía se deben estudiar para descartar causas más severas. Todas las ptosis deben ser remitidas para valoración oftalmológica.

La ptosis congénita es el párpado caído en el nacimiento. En su forma más simple, se debe a una disgenesia del músculo elevador que es sustituído por fibrosis, dejándolo inelástico y débil. Puede ser unilateral o bilateral y mejora, en ocasiones, en el primer y segundo año de vida. Es habitualmente esporádico, aunque hay, en ocasiones, herencia familiar. Se debe hacer una historia exhaustiva sobre la fecha de inicio, la cronología en el día y antecedentes familiares de patología ocular. La exploración también debe ser completa, descartando la posibilidad de ambliopía por oclusión del eje pupilar, astigmatismo secundario, alteración de la motilidad intrínseca y extrínseca, etc. La ptosis congénita no suele asociarse a otras patologías. Es casi siempre bilateral (con frecuencia, asimétrica), varía desde leve a grave, con una función reducida del músculo elevador (una limitación en la excursión palpebral desde la mirada hacia abajo hasta la mirada hacia arriba cuando se bloquea la función auxiliar del músculo frontal con el dedo presionando la zona supraciliar, un pliegue cutáneo palpebral débil o ausente y un retraso del párpado al mirar hacia abajo (Fig. 4A, 4B).

 

Figura 4. A) Ptosis palpebral izquierda (con pliegue palpebral débil o poco aparente). B) Exploración de la función del músculo del elevador del párpado, valorando la excursión palpebral desde la mirada inferior a superior, bloqueando el efecto del músculo frontal. C) Cirugía de ptosis mediante suspensión del párpado al músculo frontal, indicado si hay mala función del elevador (A, B y C por cortesía del Dr. R. Ángeles Figueroa). D) Ptosis bilateral en contexto de Miastenia gravis asociado, en este caso, a estrabismo divergente (por cortesía de la Dra. E. García Robles). E) Pseudoptosis derecha en el contexto de un estrabismo vertical. F) El ojo derecho es incapaz de elevarse en el intento de mirada hacia arriba, causando una hipotropía derecha en posición primaria y una falsa ptosis secundaria.

 

La corrección de la ptosis se puede dejar hasta que el niño tenga varios años. La cirugía será precoz en caso de tortícolis acusada con el mentón hacia arriba o si hay peligro de ambliopía por oclusión del eje pupilar. Una mala función del músculo elevador (hendidura palpebral <4 mm) aconseja tratamiento con suspensión del párpado al músculo frontal, por encima de la ceja (Fig. 4C). Si la función es buena (>4 mm), se puede plantear una resección del músculo elevador o plegamiento de su aponeurosis para mejorar su función(13,14).

Formas adquiridas:

Parálisis del III par craneal: ptosis normalmente marcada y desviación del ojo hacia afuera y hacia abajo (por afectación de los músculos recto medio, superior, inferior y oblícuo menor); midriasis si hay afectación de la inervación parasimpática. Se debe derivar siempre.

Síndrome de Horner: ptosis leve-moderada, por déficit en la inervación simpática del músculo de Muller, acompañado de miosis y, según el nivel de afectación, anhidrosis de cara y cuello en el lado afecto. En casos congénitos puede haber pigmentación defectuosa del iris. Casos adquiridos sin antecedentes de trauma o cirugía se deben estudiar para descartar causa tumoral, como el neuroblastoma.

Parpadeo mandibular de Marcus-Gunn: se presenta ptosis asociada a movimientos palpebrales o guiños sincronizados con el movimiento de la boca, el llanto, al comer y succionar. Se debe a una inervación aberrante del músculo elevador del párpado por la tercera rama del nervio trigémino.

Miastenia gravis: aunque es una causa más rara, la ptosis es el síntoma inicial con frecuencia, presentándose el 10% en niños antes de la pubertad. Empeora al final del día y con intentos repetidos de elevación y descenso de los ojos. También es común la presencia de estrabismo variable (Fig. 4D). Se debe a un defecto autoinmune en el mecanismo de acetilcolina en la unión neuromuscular con afectación sistémica progresiva.

Traumática.

Tumoración palpebral u orbitaria: en el caso de lesiones palpebrales, se debe a un efecto mecánico debido al incremento en peso del párpado, siendo la etiología evidente. Lesiones orbitarias precoces pueden causar ptosis sin una proptosis marcada y esto se debe siempre considerar en pacientes con ptosis adquirida.

Pseudoptosis: la falsa apreciación de ptosis puede deberse a varias razones:

– Exceso de piel en el párpado superior puede causar una aparente asimetría palpebral.

– Retracción palpebral ojo contralateral; puede ser un hallazgo aislado o efecto secundario de proptosis, habitualmente por una masa orbitaria.

– Cierre voluntario del ojo por irritación, fotofobia.

– Estrabismo vertical: el párpado aparece más caído en el ojo más bajo (Fig. 4E y 4F).

Todas las ptosis deben ser remitidas para valoración oftalmológica para descartar estas y otras causas atípicas(14-16).

Epibléfaron

El epibléfaron se caracteriza por la presencia de un pliegue horizontal de piel por delante del borde palpebral superior o inferior, causando el desplazamiento de las pestañas hacia la córnea (Fig. 2C). El contacto de las pestañas con la córnea, o triquiasis, produce microabrasiones epiteliales o queratopatía puntata que puede causar lagrimeo e hiperemia conjuntival. El diagnóstico correcto se realiza mediante tinción con fluoresceína y visualización con lámpara de hendidura. El epibléfaron suele resolverse espontáneamente a los 1-2 años de edad con el crecimiento de los huesos faciales y la pérdida de grasa del lactante. Si la queratopatía es mínima y los síntomas leves, el tratamiento consistirá en observación y, si precisara, el uso ocasional de lágrimas artificiales y pomadas lubricantes. En casos de queratopatía severa, el tratamiento será quirúrgico. Se reserva para lactantes mayores de un año de edad, y consiste en la extirpación de una elipse de piel y músculo orbicular en la zona del epibléfaron.

Tumores palpebrales

La presencia de tumoraciones en el párpado es frecuente en la infancia, sea como hallazgo aislado, con afectación orbitaria o como parte de una enfermedad sistémica, siendo la mayoría benignas. Es común a todos los tumores el riesgo de ambliopía, por la oclusión del eje pupilar, y por la anisometropía, que puede causar la distorsión o presión de la lesión sobre el globo ocular. Si hay afectación orbitaria posterior puede haber proptosis del globo ocular con apertura de la hendidura palpebral.

La presencia de tumoraciones en el párpado es frecuente en la infancia, sea como hallazgo aislado, con afectación orbitaria o como parte de una enfermedad sistémica. La mayoría son de etiología benigna, aunque nunca se debe descartar la posibilidad de una neoplasia. La tabla III muestra el conjunto de etiologías, incluyendo las causas menos frecuentes.

 

 

Es común a todas las lesiones palpebrales el riesgo de ambliopía por la posible oclusión del eje pupilar al disminuir la hendidura palpebral, y por la anisometropía, que puede causar la distorsión o presión de la lesión sobre el globo ocular. Si las lesiones se acompañan de afectación orbitaria posterior puede haber proptosis del globo ocular con apertura de la hendidura palpebral. Cualquier tumoración palpebral adquirida requiere una evaluación y seguimiento, con la obtención de neuroimágenes ante la sospecha de una enfermedad orbitaria severa, como es el caso del rabdomiosarcoma.

A continuación describiremos las causas más comunes o relevantes.

Quiste dermoide

Los quistes dermoides son coristomas que surgen especialmente en la zona anterolateral de la órbita, la mayoría son superficiales. La ruptura traumática causará una reacción granulomatosa crónica. Se debe realizar una TAC ante la sospecha de extensión orbitaria.

Los quistes dermoides son coristomas (tejidos que no se encuentran habitualmente en la zona involucrada) provenientes de restos ectodérmicos atrapados en las líneas de sutura o dentro del mesénquima durante el desarrollo orbitario. Surgen especialmente en la zona anterolateral de la órbita, menos en la zona medial, superior al canto interno (Fig. 5A). Los quistes están tapizados por epitelio escamoso estratificado queratinizado y rellenos de queratina y apéndices dérmicos, incluyendo folículos pilosos, glándulas sebáceas y sudoríparas. En la infancia, la mayoría de los quistes son superficiales, palpándose como una masa lisa y móvil. La ruptura traumática causará una reacción granulomatosa crónica. Menos habitualmente, los dermoides pueden infiltrar y extenderse a la órbita. Estos dermoides más profundos se presentan más en adolescentes, pudiendo causar proptosis y desplazamiento ocular. Salvo que el quiste sea totalmente móvil a la palpación, se debe realizar una TAC para valorar su extensión. Se extirparán por motivos estéticos, crecimiento o inflamación(13,14).

 

Figura 5. A) Quiste dermoide probable. B) Dermolipoma en conjuntiva temporal. C) Orzuelos en fase de prefistulización cutánea. D) Lesiones múltiples de molluscum contagioso. E) Nevus cutáneo. F) Celulitis preseptal derecho.

 

Dermolipoma

El dermolipoma es una masa gelatinosa localizada en el área cantal externa (Fig. 5B). Son coristomas con contenido de tejido adiposo y apéndices dérmicos. Normalmente no precisa tratamiento. La extirpación quirúrgica se indica solamente por motivos estéticos.

Orzuelo

El orzuelo externo es un absceso estafilocócico de las glándulas de Moll y Zeiss. El orzuelo interno resulta de una inflamación granulomatosa secundaria a los lípidos irritantes de la glándula de Meibomio. Calor seco y masaje, asociado a lavado palpebral con champú neutro, ayudan a drenar el material lipídico y a descomprimir. Ante la presencia de un orzuelo crónico o chalazión se debe descartar una tumoración maligna.

El orzuelo externo es un absceso estafilocócico de las glándulas de Moll y Zeiss. El orzuelo interno es una inflamación lipogranulomatosa que resulta de la obstrucción de una glándula sebácea de Meibomio. La fase inflamatoria inicial puede asociarse a inflamación difusa y eritema, confundiéndose con una celulitis preseptal (Fig. 5C). Los orzuelos pequeños se resuelven espontáneamente. La aplicación de calor seco y masaje varias veces al día, asociado a lavado palpebral con champú neutro, ayuda a drenar el material lipídico y a descomprimir el orzuelo. Si persiste más de 6 meses, es grande o afecta a la visión por astigmatismo corneal se tratará mediante incisión y curetaje. Su cronificación lo convierte en un nódulo duro o chalazión.

Circunstancias(6):

Orzuelo simple:

– Higiene palpebral: aplicación de compresas calientes, durante 10 min, 4 veces al día. Masajear bordes palpebrales de lado a lado para retirar costras, realizar masaje vertical hacia el borde libre palpebral, a lo largo de todo el párpado para exprimir las glándulas de Meibomio en el caso de blefaritis posterior crónica (disfunción generalizada de las glándulas de Meibomio). Lavar posteriormente los párpados con gasa impregnada en champú neutro diluido o producto comercial destinado a higiene palpebral.

– Depilación de la pestaña asociada al folículo infectado.

Orzuelo externo con drenaje purulento o inflamación perilesional:

– Añadir eritromicina tópica oftálmica 0,5%, una aplicación cada 12 h, 10 días. En mayores de 8 años puede ser también clortetraciclina tópica 1% cada 12 h hasta la resolución de los síntomas.

Orzuelo con afectación severa y/o asociado a blefaritis crónica:

– Eritromicina oral, 30-50 mg/kg/día, en dosis cada 6-8 h, 10 días. Como alternativa, cloxacilina oral, 50 mg/kg/día, en dosis cada 6 h, 7 días.

Ante la presencia de un chalazión crónico se debe descartar una tumoración maligna.

Moluscum contagioso

Es una afección viral de la piel con afectación frecuente de los párpados, causado por un poxvirus ADN. Son lesiones pequeñas, elevadas y umbilicadas en el centro. Son, con frecuencia, múltiples, siendo el contagio por contacto directo. Lesiones en el borde libre palpebral pueden producir una conjuntivitis folicular (Fig. 5D). Tienden a ser autolimitadas, aunque las que causan conjuntivitis precisan tratamiento mediante incisión y desbridamiento del núcleo central.

Nevus

Los nevus congénitos se localizan más habitualmente en cara y tronco aunque pueden encontrarse en párpados (Fig. 5E). El riesgo de transformación maligna aumenta con el tamaño de la lesión. Los nevus adquiridos suelen presentarse entre los 5-10 años de vida, siendo planos o ligeramente elevados y oscureciendo con la edad. Rara vez preocupan en la infancia, precisando monitorización de cambios patológicos ya en edad adulta.

El tratamiento de ambos es quirúrgico y está indicado si hay sospecha de potencial de malignización, de ambliopía o por razones estéticas.

Hemangioma capilar

Los hemangiomas capilares perioculares son, habitualmente, pequeños en las primeras semanas de vida, creciendo rápidamente en los meses siguientes y regresan entre los 4-7 años de vida. Es característico el incremento de la lesión con el llanto. Se tratarán si hay oclusión del eje óptico o amenaza de neuropatía óptica. Los tratamientos más usuales han consistido en corticoides sistémicos o intralesionales. La literatura reciente muestra el uso de propranolol oral como propuesta terapéutica eficaz y segura.

Los hemangiomas capilares son tumores comunes y benignos, afectando especialmente el párpado superior y la órbita en la infancia. Son hamartomas, compuestos de tejido que se encuentra habitualmente en el párpado. Se presentan como lesiones habitualmente pequeñas en las primeras semanas de vida, creciendo rápidamente en los meses siguientes. Tras un periodo de estabilización en el crecimiento, generalmente regresan entre los 4-7 años de vida. Hemangiomas superficiales tienen un aspecto rojizo, a veces lobulado o telangiectásico, llamados lesiones “fresa”, mientras que los tumores subcutáneos tienen un aspecto azulado (Fig. 6A, 6B). Lesiones profundas pueden causar proptosis. La falta de signos cutáneos suprayacentes obliga a un diagnóstico diferencial con neuroimagen. Es característico el incremento de la lesión con el llanto. Los hemangiomas capilares son lesiones habitualmente aisladas, aunque pueden asociarse a anomalías oculares y sistémicas. A los lactantes con más de 3 lesiones cutáneas, se les debe evaluar en busca de lesiones viscerales.

 

Figura 6. A) Hemangioma subcutáneo azulado, produciendo ptosis izquierda ambliopizante. B) Hemangioma superficial. C) Hemangioma segmentario en niña de 2 meses. D) Aspecto después de 5 ½ meses de tratamiento con propranolol (por cortesía del Dr. J. Bernabéu Wittel).

 

El manejo oftalmológico se centra en la prevención de la ambliopía. Debe haber un seguimiento cercano, con indicación de corrección óptica y oclusiones, si precisara. En la región orbitaria el hemangioma puede causar deprivación visual, astigmatismo y estrabismo. El tratamiento es normalmente expectante, salvo que esté amenazada la visión. El tratamiento ha consistido en corticoides sistémicos o intralesionales, a-interferón, vincristina, ciclofosfamida, láser, embolización o cirugía, ninguno exento de complicaciones.

Hay referencias recientes en la literatura sobre el éxito del uso de propranolol oral. Su uso no está aprobado para esta indicación. La dosis más empleada es 2 mg/kg/día repartida cada 8 h. Se considera un fármaco seguro con escasos efectos secundarios (descritos hipoglucemia, hipotensión, diarrea, reflujo, frialdad de manos y pies, broncoespasmo e hiperpotasemia, generalmente sin repercusiones graves). Antes de iniciar el tratamiento se recomienda una evaluación cardiológica, la determinación de la presión arterial y el seguimiento pediátrico(17). En una serie(18) se observó que el propranolol no sólo indujo estabilización del crecimiento, tal como ocurre con los corticoides, sino que la mejoría cotinuó en muchos casos, hasta una regresión completa en edades muy tempranas, reduciendo así la duración de las lesiones (Fig. 6C, 6D).

Rabdomiosarcoma

Es importante considerar el rabdomiosarcoma, la neoplasia orbitaria maligna más común de la infancia, en el diagnóstico diferencial de cualquier tumoración palpebral o ptosis adquirida sin causa aparente en la infancia.

El rabdomiosarcoma es un tumor maligno procedente de tejido mesenquimatoso indiferenciado de la órbita precursor del músculo estriado. Es un tumor de rápida progresión, siendo la neoplasia orbitaria maligna más común de la infancia. Aunque la proptosis es la forma de debut más habitual, se puede presentar con frecuencia con afectación palpebral en forma de ptosis o tumoración palpebral, simulando una lesión inflamatoria o lesión vascular. Es rara su presentación en menores de 4 años y en mayores de 10 años de edad. Ante la sospecha, se estudiará mediante TAC o RNM y biopsia. El tratamiento asocia normalmente quimioterapia y radioterapia y, en menor grado, cirugía. De los tres tipos de tumor, el embrionario es el que más afecta a la órbita, afectando más la órbita superior, con una supervivencia del 90% a 5 años. El rabdomiosarcoma alveolar es más común en la órbita interna; la supervivencia es buena, aunque más baja(19). Es importante considerar el rabdomiosarcoma en el diagnóstico diferencial de cualquier tumoración palpebral o ptosis adqurida sin causa aparente en la infancia.

Las causas menos comunes de tumoraciones palpebrales se exponen en la tabla III.

Celulitis preseptal

La celulitis preseptal es una infección de los tejidos anteriores al septum orbitario. Se asocia a infecciones respiratorias altas, trauma local, bacteriemia y sinusitis. Los signos incluyen eritema e inflamación palpebral, pero con motilidad y visión conservadas y sin proptosis (Fig. 5E). El tratamiento de lactantes puede requerir ingreso hospitalario, no así en niños mayores, habitualmente. Los patógenos más comunes son: Staphylococcus aureus, Streptococcus pneumoniae, streptococos del tipo A, Haemophilus no tipables (el más frecuente en niños).

El tratamiento de elección es amoxicilina/clavulánico oral, 40-80 mg/kg/día, cada 8 h, 14 días y, como alternativa, cefuroxima oral, 100 mg/kg/día, cada 8 h, 7-10 días. En alérgicos a betalactámicos, clindamicina oral, 25-40 mg/kg/día, cada 8 h, 14 días. Asociar profilaxis antitetánica en casos postraumáticos, así como compresas frías para alivio sintomático(6).

Función del pediatra de Atención Primaria

Siempre confirmar una función visual y aspecto ocular aparentemente normales.

Ante lagrimeo:

Si OCNL:

– Tratamiento conservador con masaje hidrostático correcto.

– Derivar a los 6 meses si conjuntivitis frecuentes.

– Derivar a 9-12 meses si lagrimeo leve solamente.

– Test de desaparición de fluoresceína si duda diagnóstica.

Derivar si sospecha de patología más grave.

Ante alteraciones palpebrales:

Si epibléfaron: lágrimas artificiales y pomadas nocturnas.

Si ptosis aislada: derivar de forma preferente ante posibilidad de oclusión pupilar y ambliopía.

Si ptosis asociada a otros signos/síntomas o anomalías de aspecto dismorfológico: derivar a oftalmología + estudio multidisciplinario.

Tumoraciones palpebrales:

Si orzuelo:

– Tratar según indicado previamente.

– Si no mejora o cronificación derivar a oftalmología para tratamiento o para descartar etiología grave.

Si hemangioma periocular: derivar para valoración multidisciplinaria.

Cualquier otra lesión palpebral o sospecha de orbitaria: derivar.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1. Aliseda Pérez de Madrid D. Obstrucción Congénita del Conducto Nasolagrimal. En: Toledano Fernández N, ed. Manejo Actual de las Obstrucciones del Conducto Nasolagrimal. Sociedad Española de Oftalmología; 2001. p. 49-64.

2.** Barceló A, Hueso JR. Patología Lagrimal en la Infancia. En: Mengual Verdú E, Hueso Abancens JR, eds. Actualización en Oftalmología pediátrica. Badalona, EUROMEDICE Ediciones Médicas, S.L.; 2003. p. 83-94.

3.*** Forbes BJ, Khazaeni LM. Evaluation and management of an infant with tearing and eye discharge. Pediatric Case Reviews. 2003; 3(1): 40-3.

4.** Young JDH, MacEwen CJ. Fortnightly Review: Managing congenital lacrimal obstruction in General Practice. BMJ 1997; 315(7103): 293-6.

5.*** Wagner RS. Acute Pediatric Conjuntivitis. http://www.ophthalmic.hyperguides.com/tutorial/pediatric/acute.

6.*** Trueba Lawand A, Varona García A, Vázquez Florido AM, Cantero Quirós MM. Infecciones oftalmológicas en Pediatría. En: Fernández Urrusuno R, Serrano Martino C, Corral Baena S, et al., eds. Guía de terapéutica antimicrobiana del área Aljarafe. Sevilla: distrito Sanitario Aljarafe y Hospital San Juan de Dios del Aljarafe; 2011. p. 243-56.

7. Kherani F, Katowitz JA, Goldstein SM. Update on Congenital Nasolacrimal Duct Obstruction. Techniques in Ophthalmology. 2003; 1(2): 114-8.

8. Wallace EJ, Cox A, White P, MacEwen CJ. Endoscopic-assisted probing for congenital nasolacrimal duct obstruction. Eye. 2006; 20: 998-1003.

9. Al-Faky YH, Al-Sobaie N, Mousa A, et al. Evaluation of treatment modalities and prognostic factors in children with congenital nasolacrimal duct obstruction. J AAPOS. 2012; 16(1): 53-7.

10. Cakmak SS, Yildirim M. Use of endocanalicular dacryocystorhinostomy with multidiode laser in children. Int J Pediatr Otorhinolaryngol. 2010; 74: 1320-2.

11. Dollfus H, Verloes A. Developmental Anomalies of the Eyelid. En: Taylor D, Hoyt CS, eds. Pediatric Ophthalmology and Strabismus. Elsevier Saunders; 2005. p. 202-20.

12.*** Wright, KW. Eyelid disorders. En: Wright, KW, ed. Pediatric Ophthalmology for Primary Care. American Academy of Pediatrics; 2008. p. 143-51, 243-52.

13. Nerad JA. Evaluación y tratamiento del paciente con ptosis. En: Nerad JA, ed. Cirugía oculoplástica. Los requisitos en Oftalmología. Elsevier Science; 2002. p. 157-92.

14.** Simon JW, Aaby AA, Drack AV, Hutchinson AK, et al. Dismorfología orbitaria y trastornos palpebrales. En: Simon JW, Aaby AA, Drack AV, Hutchinson AK, et al., eds. Oftalmología pediátrica y estrabismo 2007-2008. Elsevier España, S.A.; 2008. p. 207-14.

15.*** Lueder GT. Pediatric Practice Ophthalmology. Ed. McGraw-Hill; 2011.

16. Sudhakar P, Vu Qui, Kosoko-Lasaki O, Palmer M. Upper Eyelid Ptosis Revisited. Am J Clin Med. Summer 2009; 6(3): 5-14.

17.** Sánchez-Carpintero I, Ruiz-Rodríguez R, López-Gutiérrez JC. Propranolol en hemangiomas infantiles: eficacia clínica, riesgos y recomendaciones. Actas Dermosifiliogr. 2011. Doi:10.1016/j.ad.2011.05.003.

18.** Bernabéu-Wittel J, Pereyra-Rodríguez JJ, Mantrana-Bermejo ME, et al. Propranolol for the treatment of severe hemangiomas of infancy: results from a series of 28 patients. Actas Dermosifiliogr. 2011; 102: 510-6.

19. Chadka NK, Forte V. Pediatric head and neck malignancies. Curr Opin Otolaryngol Head Neck Surg. 2009; 17: 471-6.

Bibliografía recomendada

– Forbes BJ, Khazaeni LM. Evaluation and management of an infant with tearing and eye discharge. Pediatric Case Reviews. 2003; 3(1): 40-3.

Artículo magnífico desde el punto de vista pediátrico que, partiendo de un caso clínico, presenta las causas más comunes de epífora y secreción en el niño y ayuda a comprender su presentación, los test diagnósticos y los tratamientos posibles.

– Wagner RS. Acute Pediatric Conjuntivitis. http://www.ophthalmic.hyperguides.com/tutorial/pediatric/acute.

Repaso muy completo de la presentación, el diagnóstico diferencial y los tratamientos de las conjuntivitis en la infancia.

– Trueba Lawand A, Varona García A, Vázquez Florido AM, Cantero Quirós MM. Infecciones oftalmológicas en Pediatría. En: Fernández Urrusuno R, Serrano Martino C, Corral Baena S, et al., eds. Guía de terapéutica antimicrobiana del área Aljarafe. Sevilla: Distrito Sanitario Aljarafe y Hospital San Juan de Dios del Aljarafe; 2011. p. 243-56.

El capítulo expone, de forma clara y concisa, características clínicas y protocolo terapéutico actualizado para infecciones oculares en la edad pediátrica, metodología que sigue el libro para otras infecciones pediátricas en general.

– Wright, KW. Eyelid disorders. En: Wright, KW, ed. Pediatric Ophthalmology for Primary Care. American Academy of Pediatrics; 2008. p. 143-51, 243-52.

Excelente guía de oftalmología pediátrica en general dirigido a pediatras, muy útil para cualquier consulta.

– Lueder GT. Pediatric Practice Ophthalmology. Ed. McGraw-Hill; 2011.

Guía muy actual, práctica, y visualmente atractiva, de toda la patología ocular pediátrica, con abundantes imágenes y cuadros sinópticos de sintomatología, diagnóstico diferencial, criterios de derivación.

– Sánchez-Carpintero I, Ruiz-Rodríguez R, López-Gutiérrez JC. Propranolol en hemangiomas infantiles: eficacia clínica, riesgos y recomendaciones. Actas Dermosifiliogr. 2011. Doi:10.1016/j.ad.2011.05.003.

Revisión de los conocimientos actuales del uso de propranolol para el tratamiento de los hemangiomas infantiles, sus indicaciones, la respuesta clínica, los efectos secundarios y los ensayos clínicos en curso.

 

Caso clínico

Varon de 2 años de edad, nacido a las 38 semanas, pn: 3.540 g, y sin antecedentes generales de interés, que se presenta con inflamación difusa rojiza del párpado superior y lagrimeo, desde hace 24 h.

A la exploración, se objetiva el párpado superior izquierdo levemente caído, sin tapar eje pupilar, con leve edema difuso de coloración rojiza del borde libre, así como tumoración blanda en su 1/3 externo, dolorosa a la palpación.

Correcta fijación y seguimiento de objetos, motilidad conservada, polo anterior normal y reflejo rojizo de fondo conservado, ambos ojos.

 

 
 

 
 

 

 

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