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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista Oficial de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

Consumo de tabaco, alcohol y drogas en la adolescencia

Temas de FC

R. Molina Prado

Psiquiatra. Centro de Atención a Drogodependientes de Arganzuela. Instituto de Adicciones Madrid Salud. Madrid

 

Resumen

En los últimos años se ha producido una tendencia a la normalización del uso de drogas en la población adolescente; de manera que, aparece un modelo de consumo juvenil como forma de relación social, ocio y realización personal. El consumo en adolescentes no debe ser visto como un rito de transición, sino como un problema de salud pública que está llegando a niveles “epidémicos”.
La adolescencia es un periodo de la vida que presenta unas características específicas. Desde el punto de vista psicológico, se trata de una etapa con tendencia a la experimentación y minimización del peligro relacionada con una percepción de capacidad de control aumentada; por lo que, es frecuente la aparición de comportamientos de riesgo, como el consumo de tóxicos. A nivel biológico, es un periodo crítico en el uso de drogas y la posterior aparición de drogodependencias, ya que la zona del cerebro encargada de la toma de decisiones y del control de impulsos no está totalmente desarrollada, por lo que es más sensible a las alteraciones producidas por las drogas.
Es importante detectar de forma precoz el paso del uso de drogas a un patrón desadaptativo de consumo: abuso o dependencia de sustancias; de forma que, se realice una intervención precoz que minimice la aparición de alteraciones significativas en la personalidad del paciente, así como las patologías psiquiátricas inducidas por tóxicos o enfermedades médicas favorecidas por el consumo.

 

Abstract

Over the last few years we have observed a tendency
to the normalization of drug use in teenagers; it has become a way of relationship, leisure activities and self-fulfilment. Teen drug use shouldn’t be looked at as a rite of passage, but as a public health problem, one that has reached “epidemic” levels.
Adolescence is a period in live that has specific characteristics. Psychologically is a stage with tendency for experimentation and minimization of danger that is related with the perception of high capacity for controlling and increasing high risk behaviours, like drug intake. Biologically, is a critical period for starting to use drugs and acquiring addictions; the part of the brain that is responsible for judgement, decision making and impulse control isn’t completely developed, so it’s more sensitive to the impact and damaging consequence of drugs use.
It’s important to detect the change from the use of drugs to a disruptive way of intake: abuse vs dependence, so in this way it can be done an early intervention that will minimize the damage in the personality of the patient, the psychiatric pathology and medical illness induced by drugs.

 

Palabras clave: Uso experimental; Abuso y dependencia de sustancias; Comorbilidad psiquiátrica; Circuito de la recompensa; Impulsividad; Terapia motivacional; Tratamiento farmacológico.

Key words: Drug intake; Substance abuse; Substance dependence; Comorbid psychopathology; Reward circuit; Impulsivity; Motivational therapy; Pharmacological treatment.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(3): 205-216


Consumo de tabaco, alcohol y drogas en la adolescencia

 

Epidemiología

Las drogas más consumidas por los estudiantes de 14 a 18 años son el alcohol, tabaco, cannabis y tranquilizantes o pastillas para dormir.

Los datos más recientes provienen de la Encuesta Estatal sobre el Uso de Drogas en la Enseñanza Secundaria (ESTUDES 2010)(1); en ella, las drogas más consumidas por los estudiantes de 14 a 18 años han sido: alcohol, tabaco, cannabis y tranquilizantes o pastillas para dormir. Un 81,2% habían tomado bebidas alcohólicas alguna vez en la vida, un 44,6% tabaco, un 35,2% cannabis y un 17,3% tranquilizantes. La proporción de consumidores actuales de estas sustancias, es decir, aquellos que las han consumido alguna vez en los 30 días previos a la encuesta fue de 58,5%, 32,4%, 20,1% y 5,1%, respectivamente.

El uso del resto de sustancias (cocaína, éxtasis, alucinógenos, inhalantes volátiles, heroína, etc.) estaba menos extendido, situándose la prevalencia del consumo alguna vez en la vida entre el 1% y el 6%.

Comparándolo con encuestas precedentes, se observa una reducción importante del consumo de cocaína y éxtasis, un descenso ligero del consumo de inhalantes volátiles, una estabilización del consumo de alcohol, tabaco, cannabis, anfetaminas, alucinógenos y heroína y un aumento importante del consumo de tranquilizantes o pastillas para dormir.

En 2010 se confirma la tendencia descendente del consumo de tabaco iniciada en 2004 y aumenta la percepción de riesgo ante el consumo diario de tabaco y sus repercusiones físicas. Las encuestas en adolescentes en nuestro medio muestran que 1 de cada 5 chicos y 1 de cada 3 chicas fuman diariamente a los 16 años. En los países desarrollados, el patrón de inicio es semejante en ambos sexos, produciéndose la experimentación de fumar entre los 12 y 14 años. Posteriormente, la historia natural muestra que las chicas tienen tasas de consumo más elevadas, que llegan a un máximo entre los 15 y 16 años; mientras que, en los chicos el aumento es mucho más gradual hasta los 18 años. Aunque a estas edades el porcentaje de chicas fumadoras es superior a los chicos, el consumo de estos es más elevado. Algunos estudios longitudinales sugieren que la consolidación del hábito entre aquellos adolescentes que experimentan sería muy superior entre las chicas.

El cannabis es la droga ilegal de inicio más temprano, se sitúa en 14,6 años y la más extendida entre adolescentes de 14 a 18 años. Los chicos consumen en mayor proporción que las chicas todas las drogas ilegales; mientras que, entre las mujeres es más frecuente el consumo diario de tabaco (16,4% de las chicas fuman frente al 13,3% de los chicos), de alcohol (59,4% de las chicas ha consumido alcohol en los últimos 30 días, mientras que los chicos lo hicieron en un 57,7%) y de tranquilizantes. En las drogas ilegales, se observa que las diferencias en las prevalencias por sexo son más acusadas a medida que el consumo es más frecuente o intensivo a favor de los varones. Los mayores incrementos en la extensión del consumo de alcohol, tabaco y cannabis se produce entre los 14 y 15 años.

Una proporción importante de escolares presentan conductas de policonsumo. El alcohol tiene una presencia importante entre los consumidores de cannabis y cocaína. Las combinaciones entre cannabis, alcohol, tabaco y cocaína son algunas de las conductas de policonsumo más habituales.

En cuanto a la tasa global de admisión a tratamiento en 2009 en el conjunto de España por abuso o dependencia de sustancia fue de 115 casos por 100.000 habitantes. Con respecto a la droga que motiva el tratamiento, la situación cambia radicalmente en los últimos años; la heroína (37,4%) deja de ser por primera vez en 2005 la droga que motiva mayor número de admisiones al tratamiento para ceder el puesto a la cocaína (45,6%). Sin embargo, entre los menores de 18 años, la sustancia que provoca mayor número de tratamientos fue el cannabis (78,4%), seguida de la cocaína (15,5%).

Drogas de abuso

Drogas depresoras, estimulantes y psicodislépticas.

Las drogas han sido clasificadas según diversos sistemas de categorización, aquí elegimos la clasificación según sus efectos sobre el sistema nervioso central debido a sus simplicidad didáctica.

Drogas depresoras: las sustancias depresoras del sistema nervioso central son aquellas que atenúan o inhiben los mecanismos cerebrales de la vigilia y pueden producir distintos grados de inactivación, desde relajación, sedación y somnolencia, hasta hipnosis, anestesia y coma, dependiendo de la dosis. Algunas drogas, además, tienen efectos específicos, como la producción de anestesia. Las más frecuentes serían alcohol, ansiolíticos, opiáceos e hipnosedantes.

Drogas estimulantes: son sustancias que producen euforia que se manifiesta con bienestar y mejoría del humor, aumento de la energía y del estado de alerta, así como un aumento de la actividad motriz y una estimulación del sistema cardiovascular. Produciéndose una mejora del rendimiento intelectual y una disminución de la sensación subjetiva de fatiga y apetito. Se asocian a aumento de la frecuencia cardiaca, tensión arterial y midriasis. Estimulantes mayores serían la cocaína y anfetaminas y, estimulantes menores, la nicotina y la cafeína.

Psicodislépticos: son drogas perturbadoras de la conciencia, también llamadas alucinógenas. Alteran la percepción de la realidad, producen sensaciones extrañas, ilusiones e incluso alucinaciones visuales y auditivas. Ejemplos son: hongos alucinógenos, LSD, cannabis

Sin embargo, existen diversas sustancias muy utilizadas en la actualidad que presentan características de varios grupos, esto se ve con frecuencia en las drogas de síntesis, el MDMA es, a la vez, estimulante y alucinógena y la ketamina es depresora y alucinógena (Tabla I).

 

 

Neurobiología de la adicción

La dependencia de sustancias es una enfermedad del sistema nervioso central, debido a la disfunción neurobiológica de estructuras cerebrales mesoencefálicas, límbicas, corticales y de circuitos cerebrales implicados en la motivación y la conducta.

El denominado circuito de recompensa cerebral se compone de estructuras relacionadas con el sistema dopaminérgico mesolímbico, en conexión directa con otros sistemas de neurotrasmisión, como son el sistema opioide endógeno, serotoninérgico y gabaérgico. Este circuito se activa en respuesta a estímulos primarios, como la comida y el sexo, que tienen una importancia primordial para la supervivencia de la especie (Volkof, 2005)(2).

La administración de sustancias psicoactivas produce también la activación de este circuito; de forma que, el alcohol, opioides y cannabinoides producen una inhibición de las interneuronas GABA del área tegmental ventral(3) liberando de este modo las neuronas DA que liberan DA en el núcleo accumbens, siendo este efecto neuroquímico el sustrato neurobiológico del efecto reforzador positivo de dichas drogas. Los psicoestimulantes bloquean la recaptación de monoaminas (DA, NA y 5.HT) y las anfetaminas producen, además, liberación de sus depósitos en este mismo circuito.

Con el desarrollo del proceso adictivo, la administración crónica de las drogas, conduciría a una regulación a la baja de dicho circuito y a un reclutamiento de los factores de estrés que contribuyen a estados emocionales negativos, aumentando de este modo las necesidades de un consumo reiterado de la sustancia (Fig. 1).

 

Figura 1. Circuito implicado en la dependencia y conductas.

 

Este circuito manda aferencias a la zona cortical prefontral, que es donde se realizan la mayoría de los procesos cognitivos que nos capacitan para la toma de decisiones y modulación de los actos impulsivos.

De acuerdo con la revisión de Chambers y cols. (2003)(4), numerosos hallazgos conducen a la conclusión de que durante la adolescencia se produce una preponderancia funcional del sistema dopaminérgico sobre el serotoninérgico. Además, en esta época se producen cambios profundos en el lóbulo frontal que favorecen el desarrollo de funciones como memoria de trabajo, pensamiento abstracto y capacidad para resolver problemas complejos, pero las funciones cognitivas que permiten la inhibición de impulsos todavía no ha experimentado un desarrollo tan espectacular. Estos cambios se producen a través de un proceso integrado de sobreproducción y eliminación de sinapsis y receptores (Lynch, 2006).

La materia gris prefontral experimenta un incremento notable desde los primeros años de vida hasta la preadolescencia. Entre la adolescencia y la edad adulta joven, la materia gris prefontral se reduce en volumen, sin embargo, la materia blanca prefontral aumenta linealmente desde los 4 hasta los 20 años de edad. Es interesante destacar que la reducción de la materia gris prefontral observada al final de la adolescencia es selectiva y viene guiada por la influencia del ambiente del individuo; indicando la importancia que posee el ambiente para modelar los procesos neurobiológicos. Sobre todo en periodos tempranos del ciclo vital.

Más allá del efecto reforzador inmediato, las sustancias consumidas durante la segunda década de la vida interfieren en el neurodesarrollo. Esta interferencia tendría una importancia de gran magnitud si fijase de por vida un estado de vulnerabilidad biológica a las adicciones. Tal posibilidad es coherente con la relación inversa que existe entre la edad de inicio de la adicción y su gravedad y cronicidad posterior.

Los resultados de un creciente número de estudios indican que los efectos de sustancias psicoactivas durante la adolescencia tienden a persistir, de modo que condicionan la edad adulta. Este fenómeno sugiere una alteración o detenimiento del neurodesarrollo. Así, las adicciones relacionadas con el consumo de sustancias susceptibles de abuso durante la adolescencia podrían entenderse como ajustes del neurodesarrollo. También se acumulan pruebas de que los adolescentes son más sensibles a los efectos adictivos de las sustancias de abuso. Como consecuencia, durante esta etapa de la vida, es más probable que los primeros consumos vayan seguidos de un rápido incremento de las dosis y de un desarrollo acelerado de la adicción.

Comorbilidad

Problemas de agresividad/impulsividad durante la infancia o inicios de la adolescencia contribuyen causalmente al desarrollo de adicciones en la adolescencia.

La comorbilidad entre patología psiquiátrica y consumo de drogas es muy elevada; la prevalencia, según diversos estudios, oscila entre el 61% y 88%. Una proporción importante de pacientes visitados en centros de salud mental infanto-juvenil presentan consumo de riesgo.

La presencia de psicopatología psiquiátrica de base es un factor de riesgo y posible factor causal para la aparición de un trastorno por uso de sustancias (TUS). Existen un amplio número de estudios de seguimiento que nos permiten afirmar que los problemas de agresividad/impulsividad durante la infancia o inicios de la adolescencia contribuyen causalmente al consumo temprano de sustancias y al desarrollo de adicciones en la adolescencia.

La comorbilidad de patología psiquiátrica y TUS empeora el pronóstico, la respuesta al tratamiento, aumenta las tasas de recaída de ambos trastornos y empeora la adherencia al tratamiento(5).

Las patologías que más se han asociado al consumo de tóxicos en adolescentes son los trastornos externalizantes: trastorno de conducta, trastorno negativista-desafiante, trastorno por déficit de atención e hiperactividad; frente a los trastornos llamados internalizantes, como los trastornos de ansiedad y afectivos. Pero ambos tipos de trastornos: externalizantes e internalizantes aparecen con una prevalencia de 2-3 veces mayor que en la población no consumidora. La presencia de trastornos mentales externalizantes y desarrollo posterior de adicciones es un hecho difícilmente discutible. Sin embargo, la asociación entre trastornos depresivos o de ansiedad en las primeras fases de la vida y la aparición posterior de adicciones es un hecho más controvertido y sólo existen estudios que lo justifican en la depresión y la dependencia de nicotina(6).

La relación existente en la psicopatología y el trastorno por consumo de sustancias es múltiple. La presencia de psicopatología puede preceder el inicio de un problema de tóxicos, puede ser la consecuencia de un TUS preexistente, puede moderar la severidad de un TUS o de la patología psiquiátrica o puede originarse de un factor común de vulnerabilidad.

Algunas de las características clínicas de los trastornos comórbidos más frecuentes, son:

Trastorno de conducta: está presente en el 50-75% de los pacientes con TUS. El 30-50% evolucionarán a trastorno antisocial de la personalidad en la edad adulta. Normalmente precede al inicio del TUS. La mayoría presentan otro trastorno asociado, como TDAH o trastornos afectivos o de ansiedad.

Trastorno por déficit de atención e hiperactividad: está presente en el 30-60% de los adolescentes con TUS.

Trastorno bipolar: en el 30-40% de adolescentes con TUS. Existen dificultades en el diagnóstico por presentaciones atípicas con impulsividad, irritabilidad, hipercinesia y alteraciones de conducta. Es importante tener en cuenta los antecedentes familiares para hacer un diagnóstico.

Trastorno depresivo: entre el 15-30% de los adolescentes con TUS. La presencia comórbida aumenta el riesgo de tentativas de suicidio y suicidios consumados. Antecede al TUS (50% refieren primero síntomas depresivos) y remite menos sólo con la abstinencia que en adultos.

Trastorno por ansiedad: aparece en un 7-40% de adolescentes con TUS. El orden de aparición depende del trastorno. La fobia social suele preceder al inicio del consumo de tóxicos; mientras que, el trastorno de pánico o el trastorno de ansiedad generalizada suelen aparecer posteriormente al inicio del TUS. A menudo existe la presencia de un TEPT (trastorno por estrés postraumático) previo al inicio del TUS.

La evaluación del estado mental del paciente en la primera y segunda década de la vida puede suponer una importante ayuda para manejar el caso de la forma más adecuada en la edad adulta. La adicción de inicio temprano es un marcador clínico de los trastornos mentales caracterizados por la agresividad/impulsividad. En la práctica actual, esta idea está presente en lo que se refiere al trastorno de personalidad antisocial y límite. También, debemos tener en cuenta la posibilidad de que existiera un TDAH o un trastorno bipolar antes de que surgiera la adicción y para ello debemos tener en cuenta a los informantes externos y los antecedentes familiares de estos mismos trastornos. Con la adicción ya establecida, el tratamiento del trastorno bipolar o del TDAH no tendrá el mismo efecto sobre el consumo de sustancias que el tratamiento de estos mismos trastornos en la infancia o el inicio de la adolescencia(7).

Patrones de consumo de drogas

La precocidad en el uso de sustancias es uno de los predictores de dependencia en la adolescencia.

Existe una amplia gama de variables o factores de riesgo que deben ser tenidos en cuenta para explicar la iniciación y el mantenimiento del consumo de drogas: factores individuales, sociales y los relacionados con la propia sustancia (Tabla II).

 

 

La literatura sobre el inicio del consumo de drogas destaca que la experimentación de dichas sustancias ocurre normalmente durante la adolescencia. Al igual que en las demás conductas humanas, en el consumo de drogas puede observarse unas secuencias de desarrollo bastante bien definidas, dichas etapas son el resultado de la interacción entre factores individuales (biológicos y psicológicos) y sociales que facilitarían o interrumpirían la progresión en el consumo. Kendal, en 2002, modifica su teoría de la hipótesis de la escalada, donde asumía que el consumo de alcohol y tabaco conducía al consumo de marihuana y, de ésta, al consumo de cocaína y heroína, y concluye que: 1) existe una relación significativa entre el consumo de drogas legales (alcohol y tabaco) y el posterior consumo de cannabis, y entre el consumo de cannabis y el posterior consumo de heroína; y 2) aunque existe una relación, no puede confundirse relación (estadística) con causalidad.

Los patrones de consumo del adolescente son dinámicos y evolucionan, pudiendo conducir a un consumo exento de riesgo o a un problema de adicción o abuso. En este aspecto se ha encontrado que la edad es una variable fuertemente relacionada con el consumo de drogas; y la precocidad en el uso de sustancias uno de los predictores del abuso en la adolescencia. Entre los rasgos de personalidad, se ha encontrado una relación consistente con las conductas de consumo en los adolescentes que puntúan más en la búsqueda de sensaciones y que se ha relacionado con la necesidad real de una mayor estimulación (derivada de factores bio-fisiológicos) que caracterizan a estos sujetos(8). Existen otras variables de personalidad vinculadas al consumo de drogas, aunque no de forma tan consistente, como son: alto nivel de inseguridad, baja autoestima, predominio del locus de control externo, baja tolerancia a la frustración y determinadas creencias y actitudes.

Podemos hablar entonces de una progresión en el consumo de de sustancias que van implicando diversas facetas de la vida del adolescente :

Uso experimental o social: los adolescentes se mueven por la curiosidad, diversión, emoción de realizar un acto prohibido y por la necesidad de ser aceptados por el grupo.

Uso regular: el adolescente busca activamente el efecto placentero del uso de sustancias. El consumo empieza a ser más regular (fines de semana) y puede iniciarse un cierto deterioro en el rendimiento académico y en la aceptación de normas.

Trastorno por abuso de sustancias: el consumo aumenta de frecuencia, apareciendo entre semana. Su grupo está compuesto por consumidores y el adolescente empieza a conocer cómo y dónde obtener alcohol y otro tipo de drogas, de manera que esto absorbe gran parte de su tiempo. Se produce un deterioro en el funcionamiento del adolescente, tanto en la escuela como en casa, con el incumplimiento progresivo de sus obligaciones. Se produce un cambio en su conducta, volviéndose reservado y deshonesto. En este punto, el adolescente ya cumple criterios según el DSM-IV-TR de trastorno por abuso de sustancias.

Trastorno por dependencia de sustancias: según el DSM-IV-TR(9) la búsqueda de sustancias y el consumo absorben la mayor parte de la vida del adolescente y el consumo se mantiene a pesar de las consecuencias negativas que le produce. Pueden aparecer síntomas de abstinencia a pesar de ser menos frecuentes que en los adultos. Los adolescentes son capaces de mantenerse abstinentes durante algún periodo, sin embargo, la recaída conduce a una rápida pérdida de control en el consumo (Tabla III).

 

 

Los criterios DSM-IV para abuso y dependencia de sustancias son los mismos para adultos y adolescentes. Sin embargo, hay algunos autores que plantean dudas sobre la distinción categórica de abuso y dependencia en adolescentes. Opinan que en los adolescentes la historia de consumo es más corta por lo que es más difícil que aparezcan complicaciones somáticas del síndrome de abstinencia, lo que limita la sensibilidad diagnóstica de los criterios actuales, sobre todo a la hora de diferenciar abuso de dependencia. Por otra parte, las repercusiones sociales sí aparecen precozmente. Por este mismo camino se encuentra la Asociación de Psiquiatría Americana que, en el borrador de las propuestas para los criterios diagnósticos del DSM-V(10), que pretende transformarse en la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales para el año 2013, plantea que el término de dependencia se deberá utilizar restrictivamente para indicar la presencia de dependencia fisiológica. Proponen considerar la agrupación de abuso y dependencia de drogas como un solo trastorno de diferente intensidad y gravedad clínica. Se propone eliminar el criterio de problemas legales para el diagnóstico, así como incorporar un nuevo criterio diagnóstico definido como “ansia de consumo”.

Detección e intervención temprana en Atención Primaria

Se recomienda preguntar a los adolescentes sobre el posible consumo de tabaco, de alcohol y de drogas al menos una vez al año.

La Atención Primaria es la puerta de entrada al Sistema Nacional de Salud. Entre sus cometidos primordiales está la prevención de la enfermedad en cualquiera de sus manifestaciones. El reto del médico es identificar el problema en etapas tempranas e intervenir de modo oportuno. El comité de Abuso de Sustancias de la Academia Americana de Pediatría recomienda a los médicos:

a. Preguntar y aconsejar de forma rutinaria sobre el abuso de sustancias en las consultas de niños y adolescentes.

b. Poseer las habilidades necesarias para reconocer factores de riesgo y signos de adicción en sus pacientes. Identificar conductas que conlleven riesgo elevado de consumo.

c. Ser capaces de valorar la naturaleza y la extensión del problema.

d. Ofrecer asesoramiento o derivación a otro nivel.

Para realizar estos fines tenemos las condiciones ideales en:

Programa del Niño Sano. Consiste en el seguimiento estandarizado del niño con el objetivo de detectar precozmente posibles alteraciones físicas, psíquicas y sociales en su etapa presintomática. En este marco se sitúa la prevención primaria. Su objetivo es favorecer los factores de protección. El pediatra realizará una educación progresiva a todos los niños y sus familiares en los distintos controles de salud:

• Consejo prenatal sobre tabaco, alcohol y otras drogas, realizado por matronas y médicos en las revisiones de las embarazadas.

• En las revisiones al niño sano, se insistirá en el concepto de fumador pasivo, repitiéndolo en los sucesivos cuadros faríngeos y bronquiales del niño (la historia clínica del niño debería contener información relativa al hábito tabáquico de los padres). Se asesorará a los padres en el acercamiento al adolescente(11).

• En consultas con adolescentes, será prioritaria la creación de un ambiente propicio para acercarse al adolescente, asegurándole confidencialidad y escucha. Se apoyará la prevención realizada desde la escuela.

El grupo de trabajo Previnfad recomienda preguntar a los adolescentes sobre el posible consumo de tabaco, de alcohol y de drogas al menos una vez al año. Esta anamnesis se hará en las diferentes consultas oportunistas por problemas de salud. El consejo irá orientado a los aspectos estéticos negativos: oscurecimiento de dientes, mal aliento, bajo rendimiento deportivo, posibilidad de adicción. Todo ello deberá quedar registrado en la historia clínica.

Contacto médico con el niño en riesgo. A partir de la adolescencia, el contacto con el médico se hace más esporádico; por lo que, éste debe aprovechar las consultas por patologías agudas, petición de certificados, actividades deportivas, etc. Será necesario un buen grado de empatía, crear un ambiente de confianza, asegurar la confidencialidad, iniciar entrevista por temas generales y con preguntas de carácter abierto. Aunque la visita suele iniciarse en presencia de familiares, el médico debe provocar la oportunidad de estar a solas con el paciente. Salvo en situaciones de urgencia, es raro que los menores que se inician en el consumo acudan a su médico habitual solicitando ayuda. Es frecuente que consulten por síntoma inespecíficos: malestar general, disminución del rendimiento escolar, alteraciones del comportamiento. También son frecuentes síntomas físicos, como tos, irritación ocular… El uso de drogas se asocia típicamente a otras conductas de riesgo, como actividad sexual precoz y promiscua, conducción irresponsable, hurtos, formar parte de pandillas, etc., que nos harán sospechar del uso de drogas (Tabla IV).

 

 

En este marco se dará la prevención secundaria, consistente en la detección precoz del uso de sustancias, para poder intervenir lo antes posible sobre el adolescente y su entorno, ofreciéndole una atención adecuada. Para ello el pediatra deberá tener previamente identificados a los menores vulnerables y a las familias de riesgo.

La evaluación del consumo implica definir la frecuencia, lugares, situaciones sociales, antecedentes, consecuencias e intentos y fracasos del control de consumo de cada sustancia.

Para poder realizar un diagnóstico precoz deben llevarse a cabo los siguientes pasos:

• Protocolo de cribado, que se aplicará a los sujetos que se consideren de riesgo (familiares con trastornos por uso de sustancias, grupos marginales, cambios de carácter, etc.). Aquí cobraría especial importancia el interés en detectar y diferenciar a los adolescentes que han iniciado un uso experimental o regular de sustancias que deberían ser tratados desde la consulta de pediatría y los adolescentes que presentan ya un abuso o dependencia de sustancias y que deberían ser derivados de forma inmediata a los Centros de Atención a Drogodependientes.

Existen diversos instrumentos de screening breve adaptados para adolescentes, pero escasos, que estén validados al castellano: CPQ-A (Cannabis Problem Questionnaire in Adolescents): cuestionario autoadministrado que evalúa el consumo de cannabis y la escala CAST (Cannabis Abuse Screening Test)(12), escala autoaplicada de 6 ítems que podría servir para determinar la prevalencia del consumo problemático de cannabis y que en estos momentos está sometida a estudios por el Plan Nacional sobre Drogas.

• Protocolos de evaluación exhaustiva, en los casos que se ha identificado la necesidad de intervención. Requiere derivación a los recursos especializados antes señalados. En estos casos se debería aplicar el Teen-ASI (Teen-Addiction Severity Index): es una entrevista semiestructurada que evalúa la severidad en 7 áreas distintas. Se usa en estudios de seguimiento.

Tratamiento

Existencia de escasos estudios sobre la eficacia del tratamiento psicofarmacológico para el trastorno por uso de sustancias en adolescentes.

Los estudios dirigidos a la eficacia de los tratamientos para el trastorno por consumo de sustancias en adolescentes tienen frecuentemente limitaciones metodológicas que conducen a la dificultad de llegar a conclusiones definitivas. Lo que está comprobado es que la realización de un tratamiento es mejor que no tratar.

Los resultados de estudios de seguimiento indican que las tasas de recaída se sitúan entre un 35-85%. Uno de los factores que se asocia a mayores tasas de recaída es la presencia de un trastorno de conducta previo.

El mantenimiento de la abstinencia en adolescentes produce un descenso de los problemas interpersonales, mejoran el rendimiento académico y la adecuación a las normas y actividades sociales. Por todo ello, se realizan tratamientos que intentan abarcar todas las áreas afectadas por las drogodependencias desde las diversas perspectivas:

Abordaje psicosocial. Comienzan a aparecer resultados favorables de diversos programas de intervención donde los protocolos evaluados incluyen técnicas terapéuticas distintas: terapia motivacional, terapia cognitivo-conductual, terapia sistémica…, constituyendo ejemplos de intervención multimodal.

De entre ellos, el modelo del proceso de cambio de Prochaska & DiClemente(11), creado para el tratamiento de la dependencia tabáquica, es aplicable a cualquier conducta necesaria de modificar. Es una intervención terapéutica en la que mediante una relación empática y sin confrontación, ayuda al paciente a desplazarse en las diferentes fases de motivación para el cambio (fase precontemplativa, fase contemplativa, fase de preparación, fase de acción y fase de mantenimiento), mediante una serie de abordajes específicos para cada estadio. Utiliza la entrevista motivacional con un estilo de asistencia directa, centrada en el cliente, que pretende provocar un cambio en el comportamiento, ayudando a explorar y resolver ambivalencias (Tabla V).

 

 

Según la fase en la que se encuentre el adolescente en relación con el consumo, las intervenciones serán diferentes:

Uso experimental: deberá realizarse psicoeducación y consejo advirtiendo de los riesgos que supone el consumo de sustancia. Éste sería aconsejable realizarlo a nivel de su centro pediátrico de referencia, una vez identificada la situación.

Uso regular: se usan terapias de grupo e individuales, familiares y “contratos de abstinencia” en los que se pactan recompensas y castigos entre padres y adolescentes. Se pueden realizar análisis de tóxicos en orina de forma imprevista. Esta forma de consumo debe ser detectada precozmente para evitar su evolución y deberá ser el pediatra quien valore la capacidad de seguimiento en sus dispositivos o la derivación a centros especializados en drogodependencias.

Trastorno por abuso y dependencia de sustancias deben tratarse en los Centros de Atención a Drogodependientes, donde existen programas específicos para adolescentes y jóvenes, donde se realiza una atención integral, mediante intervenciones interdisciplinares tanto a nivel sanitario, psicológico, social y ocupacional y una evaluación multidimensional, de forma que puedan cubrir las necesidades de los pacientes en las distintas áreas afectadas por la adicción. Para ello cuentan, además, con servicios como son las comunidades terapéuticas, pisos de apoyo, unidades de hospitalización, etc., creadas para cubrir las necesidades del adolescente cuando el tratamiento ambulatorio es insuficiente o la necesidad de mayor contención o separación de la familia mientras se consigue la estabilización.

Tratamiento psicofarmacológico. Hay numerosos estudios sobre la eficacia del tratamiento psicofarmacológico en adultos, pero son escasos en el caso de los adolescentes. Esto ha producido una generalización de los resultados a los adolescentes por lo que la utilización de fármacos sin la indicación aprobada por los organismos reguladores es la norma. El abordaje del trastorno por dependencia de sustancias, comprende la realización de una desintoxicación y posteriormente la deshabituación a la sustancia. Una de las características del consumo a estas edades es el policonsumo, lo que supone una limitación a la hora de plantear tratamientos específicos. Además, hay que tener en cuenta que en los adolescentes es más frecuente la falta de motivación, la ambivalencia y la pobre adherencia y mal cumplimiento terapéutico. Este tratamiento siempre debe ir asociado al abordaje psicosocial.

Según el tipo de sustancia el tratamiento psicofarmacológico varía:

Trastorno por consumo de nicotina: las intervenciones farmacológicas en esta población están poco estudiadas, pero existen algunos ensayos que comparan el uso de parches de nicotina, chicles de nicotina y placebo, demostrando una mayor tasa de abstinencia con los parches de nicotina, reduciendo los síntomas de abstinencia, el craving y siendo bien tolerado. Comienzan a aparecer estudios con el uso del bupropión(13) en los que se observa una mayor duración de la abstinencia; además, debido a que es efectivo en el tratamiento de la depresión y el TDAH, su uso puede ser recomendado en el caso de adolescentes con TUS y alguna de estas patologías comórbidas.

Trastorno por consumo de psicoestimulantes: los estudios que orientan al tratamiento farmacológico de deshabituación de estas sustancias (cocaína, anfetaminas y otros psicoestimulantes) son escasos. No existen evidencias que permitan sugerir la utilización en adolescentes de los fármacos usados en adultos como el disulfiran, topiramato, baclofeno, modafinilo y tiagabina. En la actualidad, no existen evidencias para el uso de fluoxetina (e ISRS) como preventivo del daño neuronal inducido por el éxtasis “niños azules”, pero sí en el proceso de deshabituación asociado a la gabapentina.

Nuestra mejor herramienta para el consumo de cocaína es lograr y mantener la abstinencia al alcohol; ya que, éste es un potente inductor del craving de cocaína y además la sustancia producida con el consumo de alcohol y cocaína, el cocaetileno, presenta mayor capacidad para producir efectos secundarios negativos durante la intoxicación, que el consumo de cada sustancia por separado.

Trastorno por consumo de cannabis: debido al debate que todavía existe sobre la presencia o no del síndrome de abstinencia, hace que los estudios en cuanto al tratamiento sean escasos. En los adolescentes no existen estudios controlados que apoyen estrategias específicas para la deshabituación. Los agonistas o antagonistas parciales (cannabidiol) o los antagonistas del receptor cannabinoide constituyen estrategias prometedoras pendientes de estudios adecuados. Especial interés es la aparición de cuadros psicóticos en adolescentes consumidores de cannabis que requieren altas dosis de neurolépticos y la abstinencia para lograr la estabilización psicopatológica y que, en la actualidad, es la patología psiquiátrica por la que los pacientes acuden o son derivados a los centros específicos de drogas.

Trastorno por consumo de alcohol: el enolismo en adolescente se presenta en forma de consumos episódicos, que aparecen relacionados con una alta impulsividad. Los adolescentes son capaces de mantener la abstinencia pero, una vez que inician el consumo, son incapaces de pararlo (consumo tipo atracón o binge). Es frecuente el policonsumo y el alcohol aparece como un potente inductor del craving (ansia por la droga). En este tipo de consumo son útiles los agentes anticraving como la naltrexona a dosis de 50 mg/día para el tratamiento de la deshabituación(14). Se recomienda la monitorización de las transaminasas y el control del incremento de cortisol y gonadotrofinas que produce para evitar una posible repercusión en el crecimiento y desarrollo del adolescente. La naltrexona ha demostrado ser eficaz en esta población y presentar una buena tolerabilidad, así como de reducir significativamente el número de bebidas alcohólicas ingeridas y el craving.

Para la desintoxicación se usan benzodiazepinas de vida media larga. El uso de anticonvulsionantes cada vez más utilizado en los adultos no ha demostrado ser eficaz en esta población.

Trastorno por consumo de opiáceos: se realizará la desintoxicación en régimen de ingreso hospitalario. En nuestro medio los fármacos más usados son los agonistas de vida media prolongada, principalmente metadona. Sin embargo, esta práctica en adolescentes no está avalada por ninguna referencia bibliográfica a diferencia del uso de buprenorfina, que permite su utilización (en ficha médica) a partir de los 15 años. Esta sustancia en la actualidad se presenta en forma de comprimido sublingual asociado a naloxona para evitar su utilización por vías no adecuadas, desde su introducción en España en 2007 su utilización se encuentra en aumento. Se observa una mayor eficacia de la buprenorfina en el mantenimiento de la abstinencia y adherencia al tratamiento(15), también se demostró que una mayor duración del tratamiento se asociaba a unos mejores resultados a largo plazo en relación a la abstinencia y a la adherencia. En cuanto a la deshabituación los estudios son escasos, aunque las líneas de recomendación van dirigidas a evitar el uso de fármacos.

Las visitas de seguimiento deben ser frecuentes, especialmente si existe patología psiquiátrica comórbida. En cada visita debe hacerse un control de los síntomas psiquiátricos, frecuencia del consumo (es aconsejable pautar controles toxicológicos periódicos), estresores sociales, cumplimiento de la medicación y la aparición de posibles efectos adversos.

Los pacientes con trastorno por uso de sustancias tienen mayor probabilidad de presentar efectos secundarios a la medicación por la posible combinación con las sustancias de abuso. Además, debe tenerse en cuenta el probable abuso del tratamiento prescrito por lo que se recomienda utilizar fármacos con el menor riesgo adictivo.

Conclusión

Los pediatras deben estar bien informados de los recursos que tienen a su alcance para orientar y derivar a los pacientes que así lo requieran. La Academia Americana de Pediatría ofrece unos criterios prácticos que nos indican la posibilidad de tratar al adolescente en Atención Primaria o ser remitido a centros especializados.

El adolescente podrá ser controlado en el centro de Atención Primaria si el uso de drogas es realizado de forma intermitente o experimental. Siempre que no se aprecie psicopatología significativa o se trate sólo de una reacción de ajuste. Cuando muestre un desarrollo adecuado en sus tareas y haya ausencia de conducta antisocial (Fig. 2).

 

Figura 2. Progresión en el consumo de sustancias en adolescentes.

 

Será preciso derivar a un Servicio Especializada si el abuso de drogas es muy significativo, si hubiera alteraciones psicopatológicas asociadas, si se produce un estancamiento de las actividades académicas y sociales y ante la falta de experiencia o tiempo del profesional de Atención Primaria.

En la siguiente página web perteneciente al Plan Nacional sobre Drogas, podemos encontrar la localización y teléfonos de los centros de atención a drogodependencias distribuidos por toda la geografía española: www.pnsd.msc.es

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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Bibliografía recomendada

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Es un buen libro de texto de pediatría, en el que el capítulo de adicciones recopila la epidemiología, tipos de drogas y acercamiento terapéutico de forma clara y concisa.

– Ramos Atance JA. Aspectos psiquiátricos del consumo de cannabis. Red Madrileña de Investigación sobre el cannabis. Sociedad Española de Investigación en Cannabinoides. Departamento de Bioquímica de la UCM; 2007.

Estudio en profundidad sobre todos los aspectos del cannabis: estudios en animales de experimentación, genéticos y clínicos y las diversas patologías psiquiátricas a las que se asocia. Se continua con volumen de casos clínicos comentados. Gratuito en PDF.

– Principles of Drug Addiction treatment: A Research Based Guide (Second edition). National Institute of Drug Abuse. U.S Department of Health and Human Service. NIH Publication, Nº 09-4180. Revised April 2009.

Guía sencilla que sirve de primera aproximación al tema de las adicciones creada por la institución paradigmática americana dedicada a las drogas de abuso.

 

Caso clínico

Anamnesis

Motivo de consulta: paciente de 19 años que acude al centro de atención a drogodependencia acompañado por los padres por presentar un trastorno por dependencia de cannabis y haber requerido 2 ingresos psiquiátricos.

Historia de la enfermedad: el paciente inicia el consumo de marihuana a los 15 años y desde los 17 cumple criterios de dependencia con consumo diario de 4-5 porros; ha probado en dos ocasiones setas alucinógenas; consumo de alcohol en ambiente social sin criterios de abuso y dependencia tabáquica desde los 17 años.

Aporta informes de ingreso psiquiátrico hace 16 meses con el diagnóstico al alta de episodio psicótico probablemente inducido por drogas (cannabis) con síntomas de gran inquietud, disforia, actitud retadora y nula conciencia de enfermedad.

Hace 6 meses requiere nuevo ingreso por urgencia en este caso por síntomas compatibles con episodio maníaco de nuevo probablemente inducido por cannabis y que se caracterizó por importante disforia, presión al habla, aceleración del pensamiento e ideas de tipo megaloide, en algunos casos claramente delirantes. Al inicio presentaba desorientación temporal. Actitud demandante, inadecuada y manipuladora con problemas para conciliar y mantener el sueño y que requirió contención mecánica en diversas ocasiones. Al ir remitiendo el cuadro, se le permite salida de fin de semana donde el paciente se escapa de casa consumiendo cannabis de nuevo y presentando alteraciones graves del comportamiento, siendo remitido de nuevo al hospital por el 112 y requiriendo altas dosis de psicofármacos para conseguir la mejoría del cuadro y precisando para ello un mes y medio de ingreso hospitalario.

Su tratamiento al alta es de: risperidona Consta 37. 5 mg: 1 ampolla/14 días, olanzapina 7,5: 1-0-0, olanzapina 10: 0-0-1, ácido valproico crono 500: 0-0-2, biperideno 2: 1-0-0 y clonazepam 0,5: 1-1-2.

Antecedentes personales

Médicos: cirugía de hernia inguinal al año.

Psiquiátricos: ingreso en 2010 con diagnóstico al alta de psicosis inducida por cannabis. Ingreso en 2011 con diagnóstico de episodio maníaco inducido por cannabis.

Sospechas diagnósticas de TDAH en diversas ocasiones durante su desarrollo. Contactos esporádicos con psiquiatras privados desde la adolescencia debido a alteraciones del comportamiento con heteroagresividad física y verbal, sobre todo en el ambiente familiar. La familia le describe como inquieto, caprichoso, manipulador, con escasa tolerancia a la frustración.

Antecedentes familiares

Bisabuela materna fallecida por suicidio. Abuela materna diagnosticada de trastorno depresivo recurrente en tratamiento psicofarmacológico con varios intentos de suicidio. Tía materna diagnosticada de trastorno bipolar y prima con rasgos de personalidad de tipo límite.

Exploración

Cuando acude al centro el paciente muestra una actitud inquieta, caprichosa, con tendencia a la manipulación y a la agresión verbal, escasa tolerancia a la frustración e impulsividad. Presenta ligero embotamiento afectivo y enlentecimiento psicomotriz con tendencia a la somnolencia y ha engordado 10 kg desde el último ingreso. No se objetiva sintomatología psicótica ni maniforme. Nula conciencia de su problemática adictiva, admitiendo sólo que “se ha podido pasar un poco en los últimos meses” y nula conciencia de su problema psiquiátrico. En las citas se muestra escasamente colaborador, acudiendo a éstas exclusivamente cuando es traído por los padres.

Pruebas complementarias

Analítica de sangre y orina: normales. Hormonas tiroideas: normales.

Se le aplica los test de MCMI-III y HTP. Resultados MCMI-III: Eje II no escalas significativas, pero alta puntuación en T. antisocial (Pt=72). En Eje I, puntuaciones significativas en escala de ansiedad (Pt=75), consumo de alcohol (Pt=75) y consumo de sustancias (Pt=77). Resultados HTP: dibujos excesivamente simplificados, propios de una postura defensiva, por lo que es difícil extraer conclusiones. Aún así, se aprecian indicadores de dificultades en la expresión y comunicación emocional. Al igual que elevada desconfianza de los demás y dificultades para establecer vínculos.

Diagnóstico

Eje I. Dependencia de cannabis. En remisión parcial temprana (CIE 10, F12).

Episodio maníaco inducido por cannabis (CIE 10, F12.55). Provisional V/S trastorno bipolar.

Eje II. Rasgos de personalidad impulsivos y antisociales.

Evolución

Su evolución viene marcada por la escasa conciencia de problema que presenta y por sus rasgos de personalidad que dificultan la creación de una relación terapéutica que permita trabajar su problemática. En las citas presenta una actitud retadora y desafiante, sin implicarse en las mismas. Acude sólo cuando la madre le trae al centro para los controles de orina y su único interés es en retirar la medicación por los efectos secundarios que le producen y que le impiden centrarse en los estudios. Se trabaja con los padres los límites necesarios para el paciente y que los premios sean consecuencia de estar abstinente. Mantiene la abstinencia a nivel general, con consumos puntuales cada vez que se le permite salir de fin de semana. Se le va retirando poco a poco la medicación hasta llegar a la suspensión de la misma tras 11 meses de tratamiento. Durante la retirada no ha presentado ni síntomas psicóticos ni maníacos, mostrándose en exclusiva ligeramente más impulsivo e irritable. Una vez retirada la medicación y aprobar los estudios se niega a volver al centro, abandonando el tratamiento.

Discusión

Nos encontramos ante un paciente paradigma de la patología dual y, por lo tanto, ante un complicado diagnóstico, pronóstico y tratamiento. En primer lugar, su edad nos dificulta a la hora de hacer un diagnóstico de trastorno de personalidad, pero sus rasgos están influyendo de forma muy negativa en la evolución y tratamiento de sus otras patologías: la dependencia y síntomas psicóticos. Asimismo, que el episodio maníaco se dé en el contexto de consumo de cannabis, dificulta el diagnóstico de trastorno bipolar pero, teniendo en cuenta los antecedentes familiares de trastornos afectivos y la sensibilidad de presentar síntomas psicóticos ante mínimos consumos, nos debe mantener en guardia y a poder ser con el paciente en seguimiento ante la probabilidad de que presenta un trastorno bipolar. Por lo tanto, nuestro diagnóstico definitivo debe ser diferido y va a depender de la evolución del paciente, mantenemos el diagnóstico de trastorno inducido que tiene mejor pronóstico para el paciente y tratamos de estudiarlo en abstinencia sostenida.

Desde los estudios de Regiers y cols. en 1990 sabemos que el cannabis es la droga ilegal más consumida entre los pacientes con trastorno mental. Baetghe y cols.(1) y Strakowki y cols.(2) añaden que el cannabis es la droga más usada en pacientes afectados de trastorno bipolar. Los datos obtenidos en diversos estudios nos indican que el consumo de cannabis en adolescentes presenta una asociación robusta con los trastornos bipolares, sobre todo en forma de síntomas maníacos, si bien éstos son de intensidad moderada y/o con un componente de disforia. En la manía el cannabis empeora el cuadro clínico en gravedad, necesidad de hospitalización, frecuencia y longitud de los episodios(3).

En la actualidad no se dispone de datos que indiquen la presencia de una base genética común, aunque sí acerca de una base neurobiológica, como indica Wilens(4) en sus estudios.

 

Valores y virtudes

Brújula para Educadores

 


Consultorio abierto
Envíe su consulta a: J.A. Marina.
E-mail: jamarina@telefonica.net

 

J.A. Marina

Catedrático de Filosofía. Director de la Universidad de Padres (UP)

 
Pediatr Integral 2013; XVII(3): 222-224


Valores y virtudes

La educación moral

El objetivo de toda mi actividad investigadora ha sido elaborar una teoría de la inteligencia que comience en la neurología y termine en la ética. A lo largo de ese recorrido es preciso estudiar todas las creaciones humanas –arte, ciencia, religión, organización política, etc.– para comprender su aparición y desarrollo. Sitúo la ética como etapa final porque la considero la creación más importante y más difícil de la inteligencia humana. Es la encargada de sacarnos de la selva, y de resolver los problemas más complejos, urgentes y profundos con que nos enfrentamos: los que afectan a la felicidad personal y a la dignidad de la convivencia. La ética se transmite por educación y, por lo tanto, su aprendizaje debe estar previsto en cualquier teoría pedagógica. Este artículo es un breviario apresurado de lo que un pediatra debería saber sobre educación ética. Conviene distinguir entre “moral” y “ética”. Moral es el sistema normativo de una sociedad y, por lo tanto, hay tantas morales como culturas: moral católica, protestante, islámica, budista, etc. Llamamos “ética” a una moral universal, transcultural. Todas las culturas han tenido que establecer normas para regular el comportamiento, evitar los conflictos y realizar valores que desarrollen la personalidad humana y mejoren la convivencia. Hay un conjunto de problemas que se han dado en todas las sociedades. He identificado nueve: 1) el valor de la vida; 2) la relación del individuo con la comunidad; 3) la propiedad de los bienes y su distribución; 4) el poder y su ejercicio; 5) el modo de resolver los conflictos; 6) la sexualidad, la familia y la procreación; 7) el cuidado de los débiles; 8) la relación con los extranjeros; 9) la relación con el más allá (Marina, 2008). Los problemas, pues, son universales, pero las soluciones son particulares. Sin embargo, podemos evaluar las distintas soluciones para saber cuál es la mejor. Este es un proceso de fundamentación de la ética que he intentado en varios libros, y que excede el contenido de este artículo (Marina, 1996, Marina y De la Valgoma, 2002). Sólo diré a título indicativo que podemos considerar la Declaración de los Derechos Humanos como un embrión de esa ética universal.

Desde el punto de vista educativo necesitamos saber cómo se puede educar a un niño para que llegue a ser una persona responsable, cooperativa, y justa. En este artículo voy a exponer las etapas de la educación moral. Hay una teoría muy famosa, elaborada por un seguidor de Jean Piaget, llamado Lawrence Kohlberg, que señala cuatro etapas en el razonamiento moral del niño, que va pasando desde la sumisión a sus padres, a la sumisión a las normas recibidas, para llegar al fin a la obediencia a las leyes éticas universales. Estos estudios, que gozan de justo renombre, no me parecen suficientes porque se refieren sólo al razonamiento moral. Pero nadie puede garantizar que una persona que discurre rigurosamente sobre dilemas morales, vaya a actuar siguiendo sus razonamientos. En la acción no intervienen sólo las razones, sino los sentimientos y los hábitos. Ya dijo Aristóteles que lo importante no es saber lo que es el bien, sino ser bueno.

La constitución del sujeto moral

No voy a remitirme a teorías generales, sino al modo como hemos tratado este problema en los programas de la Universidad de Padres. La educación ética tiene dos aspectos claramente diferenciados. Uno, psicológico, y otro estrictamente ético. Hemos de comenzar con la psicología. Antes de hablar de comportamiento buenos o malos, o de valores morales, tenemos que estudiar cómo se construye el sujeto ético, es decir, capaz de tomar decisiones responsablemente. La educación debe encargarse de conseguir que el niño estructure bien sus funciones cognitivas, afectivas y ejecutivas. Las funciones ejecutivas, que ya he estudiado en esta sección, permiten al sujeto controlar el impulso, elegir metas, gestionar el esfuerzo, y mantener la atención. Permiten dirigir la conducta no sólo por los valores deseados, sino también por los valores meramente pensados (Marina, 2012). Tengo ganas de ver la TV (valor deseado), pero sé que debo preparar el examen de mañana, aunque no tenga ninguna gana (valor pensado). Utilizando conceptos tradicionales, se trata de configurar la voluntad que, al contrario de lo que pensábamos antes, no es una facultad innata, sino cuatro destrezas aprendidas: inhibición del impulso, deliberación, decisión, mantenimiento del esfuerzo (Marina, 2000).

El niño va adquiriendo las funciones ejecutivas durante los primeros años de vida (Meltzer, 2010). Es importante no olvidar que el niño aprende a controlar su propio sistema nervioso obedeciendo primero las órdenes de sus cuidadores para después –mediante el desarrollo del habla interior– darse órdenes a sí mismo. Por eso es indispensable ponerles límites. Esta idea ha sido frecuentemente criticada con malos resultados educativos. Françoise Dolto, psicoanalista que ha tenido una decisiva influencia en el mundo educativo francés, sostenía que no tenemos que imponer nada a los niños. “Les imponemos “buenos hábitos” que son sólo violencias hechas a su libertad de vivir”. Las madres deben saber –añadía Dolto– que lavar a su niño puede reducirle al estado de cosa. A los 16 meses no hay que lavarle. El se lavará solo en su momento (Dolto, 1994). Didier Pleux ha estudiado los efectos de esta educación permisiva (Pleux, 2008). En este momento están en auge ciertas corrientes pedagógico-pediátricas que vuelve a decir que el niño sólo necesita amor, y que todo lo demás le coacciona y coarta. Los hechos dan a razón a Brazelton, cuando afirma que el niño necesita dos cosas: ternura y disciplina: “La seguridad que la disciplina aporta al niño juega un papel esencial, porque sin disciplina no hay límites, y los niños los necesitan, porque les dan seguridad. Se saben amados cuando los padres se interesan suficientemente por ellos y les ponen normas” (Brazelton, 2003). Decir “no” al niño, imponerle deliberadamente restricciones por su bien, es necesario para el armonioso desarrollo del niño. No olvidemos que “disciplina”, palabra que tiene ahora una resonancia casi cruel, proviene de “discipulus”, derivada a su vez de la contracción de “discere”, aprender, y de “pello”, impulsar. Así pues, disciplina es “lo que impulsa a aprender”. Pero “aprender” se confundió con “obedecer”, con la sumisión en un régimen pedagógico autoritario, que pensaba que la educación tenía como objetivo domar a la bestia salvaje que todos llevábamos dentro. La letra con sangre entra. Así, disciplina pasó a significar “un instrumento para disciplinar”, es decir para meter en vereda . La sensatez nos obliga a retomar su sentido primero: animar a aprender. Los niños necesitan límites para organizar su personalidad, y entender el mundo en que viven.

La responsabilidad

Coincidiendo con su entrada en la educación primaria, conviene ir fomentando en el niño el sentido de la responsabilidad, que debe estar consolidado antes de la entrada en la educación secundaria. La educación de la responsabilidad incluye los siguientes temas: 1) ¿quién hace la acción? Distinguir entre los actos que ejecuto voluntariamente, y los que no dependen de mi decisión; 2) capacidad de prever las consecuencias; 3) ¿de qué y de quién soy responsable? Somos responsables de lo que debemos hacer y de las personas y cosas que están a nuestro cuidado; 4) habilidades de planificación; y 5) aprender de los errores.

Para aumentar la responsabilidad de los niños conviene que los padres les den responsabilidades, de acuerdo con su edad, les ofrezcan elecciones y les ayuden a que elijan, apoyen a sus hijos en sus esfuerzos por tener éxito, y creen expectativas adecuadas, pues los niños deben saber lo que esperamos de ellos. Establecer límites claros ayuda al niño a actuar con confianza, proporciona seguridad a los niños (Curwin, 2003).

En los últimos decenios, se ha eludido el concepto de “deber” en pedagogía, al suponer que todo debía hacerse por “motivación”. Ha cundido la idea de que hacer las cosas porque me apetece, es más digno que hacerlas porque es mi obligación. Sin embargo, el concepto de deber es imprescindible para la articulación de la personalidad del niño. Debe empezar a comprenderlo desde que entra en la escuela. Tener “deberes” escolares satisface al niño al principio porque los considera cosa de mayores, y eso le halaga. El cumplimiento del deber es un hábito que debe fomentarse desde esa edad. Los padres deben explicar a sus hijos que a ellos tampoco tienen ganas de hacer cosas que deben hacer, que a ellos también les gustaría quedarse en la cama en vez de ir al trabajo, o viendo la televisión en vez de ir a preparar la cena, pero que cada cual tiene que cumplir con su obligación. Los niños entienden muy bien los ejemplos. ¿Qué pasaría si los bomberos no fueran a apagar un fuego, porque estuvieran muy divertidos jugando al fútbol? Hay que tener en cuenta que el concepto de “deber” es psicológico antes que moral. Es un mecanismo para que el niño pueda organizar libremente su conducta, actuando de contrapeso al impulso o al deseo. Luego, como complemento de su libertad, tendrá que pensar por su cuenta cuales son sus deberes. Pero el mecanismo psicológico ya estará estructurado.

La educación sentimental

Los sentimientos y las emociones nos permiten orientar el comportamiento. Suele decirse que hay sentimientos que favorecen el paso de los niños al comportamiento moral: la empatía, la vergüenza y la culpa (Damon, 1988). Empatía es la capacidad de comprender a los demás, sus pensamientos, sentimientos y acciones. Vergüenza es el temor a la mirada o el juicio ajenos. Culpa es el sentimiento de ser responsable de haber hecho algo malo. En efecto, son sentimientos sociales importantes, pero que deben ser educados con mucho cuidado, porque son muy poderosos y pueden producir efectos injustos. Nosotros, en los programas de la Universidad de Padres, insistimos en la educación de otros sentimientos que facilitan el tránsito a la ética. El primero de ellos es la “compasión”, es decir, el sentirse afectado por el dolor ajeno. Muchas investigaciones nos advierten que la compasión es un poderoso antídoto de la agresividad, y que cuando un niño no es sensible al dolor ajeno hay que observarle con especial cuidado, porque es posible que esté teniendo alguna experiencia desagradable. En segundo lugar, la indignación, el sentimiento de protesta ante la injusticia. Los niños protestan muy pronto diciendo “¡No hay derecho!”, y reconocen sorprendentemente bien la diferente gravedad entre saltarse el reglamento y hacer daño a un compañero (Turiel, 2002). En tercer lugar, hay que fomentar el sentimiento de respeto, que merecen todas las personas y cosas valiosas (Lickona, 1991). Y, por último, hay que desarrollar sentimiento de la generosidad, y comportamientos prosociales, la generosidad y el altruismo (Eisenberg y Mussen, 1989).

La familia fortalece o debilita las motivaciones internas de los niños hacia el altruismo. Contemplar modelos generosos favorece la generosidad. El desarrollo de las tendencias pro-sociales del niño están regulado por los patrones de comportamiento de los padres y reforzado por la conducta de los amigos. Los niños que observan a otros niños ayudando es probable que los imiten. Es importante que los profesores llamen la atención sobre comportamientos prosociales, y elaboren proyectos escolares para fomentar el altruismo. En Estados Unidos es muy frecuente el “service learning”, el aprendizaje a través el servicio a la comunidad, que está incluido formalmente en muchos programas de educación secundaria.

Fortalezas y virtudes

La educación afectiva debe completarse con las “virtudes de la acción”, para que estabilicen nuestra labilidad emocional. No basta con la educación emocional para resolver problemas éticos (Coles, 1997). Por ejemplo, la compasión es buena consejera, pero puede desaparecer si estoy irritado, y dejar de ayudar a otra persona. Por eso, la educación moral ha sido tradicionalmente una “educación de las virtudes”, entendidas como “hábitos operativos que nos inclinan al bien”. Esta es una educación más poderosa que la popular “educación en valores”, expresión dotada de cierta ambigüedad. “Valor” es una cualidad que tienen las cosas, las personas, o las acciones, que las hacen ser atractivas o repulsivas, bellas o feas, interesantes o aburridas, buenas o malas. Estos últimos son los “valores morales”. Son conceptos, ideas, modelos, que deben dirigir nuestro comportamiento. La paz, la justicia, el respeto, son valores morales, a los que debemos ajustar nuestro comportamiento y que por ello protegemos con normas y deberes. Pero son conceptos, que podemos conocer sin que nos animen a obrar bien. Las virtudes, en la filosofía clásica, era la unión de estructuras psicológicas (hábitos) con contenidos morales (valores). La cultura occidental, que a veces desprecia sus propias riquezas, ha rechazado la idea de virtud, considerándola moralizante y pacata. Sin embargo, la psicología americana esta realizando una amplia investigación sobre las “fortalezas” humanas, las virtudes. El equipo de Peterson y Seligman ha estudiado las “strengths” comunes a todas las culturas, mostrando que hay un consenso universal en las principales: prudencia, justicia, fortaleza, templanza, compasión y búsqueda de transcendencia (Peterson y Seligman, 2004). El conjunto de virtudes configuran el carácter, y por eso la “formación del carácter” es un modelo de educación ética muy extendido y poderoso (Hernández-Pelayo 2007, Lickona 1991). Lickona defiende una educación del carácter que desarrolle el pensamiento, la acción y el afecto moral. Este último es el puente motivacional entre saber lo que es bueno y hacerlo. Sus objetivos serían: 1) promover el desarrollo superando el egocentrismo para lograr relaciones de cooperación y respeto mutuo consistentes; 2) sentar las bases del buen carácter (hábitos), del pensamiento moral, de sentimientos morales, y de la acción moral; y 3) desarrollo de una comunidad moral.

De estas virtudes sólo voy a referirme a la justicia, porque de alguna manera resume el buen comportamiento. Los niños de seis a ocho años son extremadamente conscientes de las nociones de justicia y equidad. A partir de ese momento conviene que les acostumbremos a razonar sobre la parcialidad e imparcialidad, sobre la justicia en los comportamientos, teniendo en cuenta que es mucho más fácil percibir la “injusticia” que definir la justicia. Esta educación ética debe proseguirse a lo largo del proceso educativo perfeccionando el razonamiento moral, enfrentando al adolescente con dilemas morales, y completándolo con una educación teórica más completa, por eso es imprescindible la introducción de una asignatura de ética en los currículos académicos (Duru-Bellat, 2009).

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El Rincón del Residente

M. Fournier Carrera*, M. Muñoyerro Sesmero*, V. Martínez Suárez**, C.C. Álvarez Cuesta***

*Residente de Pediatría. Hospital Clínico Universitario de Valladolid. **Centro de Salud El Llano, Gijón. ***Servicio de Dermatología. Hospital de Cabueñes, Gijón

 


El Rincón del Residente es una apuesta arriesgada de Pediatría Integral. No hemos querido hacer una sección por residentes para residentes. Yendo más allá, hemos querido hacer una sección por residentes para todo aquel que pueda estar interesado. Tiene la intención de ser un espacio para publicaciones hechas por residentes sobre casos clínicos, imágenes y revisión bibliográfica.
¡Envíanos tu caso! Normas de publicación en www.sepeap.org

Niña de 4 años con aparición brusca de unas lesiones cutáneas eritematosas, dolorosas, con zonas de erosión y con fisuras radiales periorificiales acompañantes, que habían comenzado en la cara y en el cuello y que se estaban generalizando de forma rápida al resto del tegumento.

Pediatr Integral 2013; XVII(3): 217-221


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Caso clínico

Niña de 4 años, sin antecedentes patológicos de interés, salvo por la presencia de un nevus melanocítico congénito facial, que acudió al Servicio de Dermatología, derivada por su pediatra de Atención Primaria, por aparición en las 24 horas previas, de unas lesiones cutáneas que habían comenzado en la cara y el cuello y que se estaban generalizando rápidamente al resto del tegumento. Estas lesiones eran dolorosas y muy sensibles al tacto. Asociaba febrícula, irritabilidad y sintomatología catarral leve. Sus padres no referían antecedente de cuadro infeccioso reciente ni ingesta previa de fármacos.

Exploración física

Se observaba la presencia en la cara, alrededor de los ojos, de la nariz y sobre todo de la boca, de áreas eritematosas cubiertas por una fina escama laminar, con tendencia a formar fisuras radiales periorificiales. Presentaba además múltiples y pequeñas erosiones, junto con alguna pequeña vesícula flácida y de contenido claro, localizadas en la frente y en la región retroauricular. En el tronco y de forma más intensa a nivel de los pliegues del cuello, axilas e ingles, se observa un eritema difuso confluyente de color rojo muy intenso, con zonas erosivas cubiertas de costra. El signo de Nikolski era positivo. No había afectación de mucosas. Las lesiones evolucionaron dejando amplias áreas denudadas en el tronco y en las extremidades.

 

Figura 1.

 

Figura 2.

 

Figura 3.

 

Figura 4.

 

Consejos del doctor para padres principiantes

Crítica de libros

Carlos Marina

Pediatra y Médico Puericultor del Estado

 


Crítica de libros

Consejos del doctor para padres principiantes con hijos de 0 a 3 años

Paulino Castells

Barcelona: Ediciones Península (Atalaya); 2013

Nueva y siempre brillante irrupción del Dr. Paulino Castells en el mundo editorial pediátrico. Esta vez con un elaborado conjunto de muy eficaces y prácticos consejos para el mejor cuidado del niño durante sus TRES primeros años de vida, con los padres principiantes como su fundamental objetivo.

El autor, enormemente respetuoso con la insustituible labor del pediatra, insiste en la introducción del libro en que no se trata de una “guía de cuidados pediátricos”, sino de una oportunidad de poder divulgar a los padres primerizos un riguroso conjunto de conocimientos sobre psiquiatría y psicología de la familia, imprescindibles para la buena crianza y desarrollo de los niños durante sus primeros tres años de vida. Gran aportación, pues, de un experto y reconocido psiquiatra de la familia –además de pediatra y neurólogo– a la labor educativa y formativa a llevar a cabo, en colaboración con padres, cuidadores y profesionales pediatras, durante esta primera época de la vida del niño.

Tras su atenta y recomendable lectura hay que adelantar que nos encontramos ante un libro extraordinariamente bien escrito. El Dr. Paulino Castells une a su condición de catalán de pro, con hermosísima lengua vernácula, nunca excluyente y siempre compatible con un cultivado dominio de nuestro idioma común, el castellano, insuperable vehículo de comunicación universal, la de experto divulgador. El texto resultante es de muy agradable y fluida lectura y siempre enriquecedor para el interesado lector.

Toda la aventura a vivir por los padres primerizos comienza con el nacimiento del niño, muy originalmente descrito por el autor como “poderosa explosión nuclear” o radical transformación de la hasta entonces tranquila pareja conyugal. La ininterrumpida serie de dudas y preguntas de los padres primerizos, que tanto sufre el pediatra en su consulta, son magistral y originalmente razonadas y resueltas por el Dr. Castells: tipo de lactancia, biberón, chupete, cólicos, niño prematuro, gemelos, vuelta al trabajo; todo con un nuevo y sorprendente enfoque paidopsiquiátrico.

El espectacular desarrollo psicomotriz del niño en sus primeros tres años da lugar a unas páginas de deliciosa lectura. Habrá que destacar el apartado dedicado a “la fabulosa evolución de la mano” –inolvidable–, el “derecho a jugar” del niño, así como “los orígenes del lenguaje” y su “reacción ante el espejo”. Impactante exposición.

El capítulo dedicado a “La familia al completo”, con la importancia de la vitamina T o tiempo de dedicación a los hijos, la llegada de un hermanito, el hijo adoptado, el papel de los abuelos, la separación de los padres, los valores del consumo cuidadoso, la responsabilidad y el esfuerzo, tan magistralmente expuesto contribuye a mantener el interés creciente del lector.

El Dr. Castells, como psiquiatra familiar, vuelca su experiencia en detallar el crecimiento psicomotriz del niño en esta primera etapa, así como sus principales desviaciones de la normalidad, con una soberbia descripción del Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), el papel de la herencia, el desgaste parental con el hijo difícil, la valoración de los sentimientos del niño, la importancia de poder llorar, la buena conducta, el premio y el castigo, el abuso de las pantallas, el apetito, el sueño, sin olvidar el control de esfínteres, para terminar con el “respeto a la diversidad” ante el nacimiento de un hijo con alguna deficiencia. Y todo escrito con una auténtica prosa poética que convierte la lectura del libro en auténtico deleite.

Este enorme trabajo divulgativo del Dr. Paulino Castells está especialmente recomendado a padres, cuidadores y educadores, previo conocimiento del pediatra, encargado de su imprescindible difusión entre los familiares de los niños a su cuidado.

La transición del pediatra al médico de adultos en el adolescente con enfermedad crónica

Editorial

 
M.I. Hidalgo Vicario

Directora Ejecutiva de Pediatría Integral

 


«El objetivo de la transición es asegurar un cuidado médico de alta calidad sin interrupción, mientras el individuo pasa de la adolescencia a la edad adulta. La transición es un proceso dinámico, no un evento, debe ser gradual y multidisciplinar.»

 


La transición del pediatra al médico de adultos en el adolescente con enfermedad crónica

Recientemente, el día 5/04/2013 el Gobierno ha tomado la decisión de ampliar hasta los 18 años la edad en que los niños pueden ser atendidos en las unidades pediátricas de los hospitales, como parte del Plan de Infancia y Adolescencia 2013-2016, aprobado por el Consejo de Ministros a propuesta del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Otras medidas incluidas en el mismo Plan son también de gran trascendencia, como: reforzar la protección del menor ante casos de violencia, elevar la edad de consentimiento sexual a los 16 años, homogeneizar la edad de acceso al consumo de alcohol a los 18 años y la Estrategia de Salud Mental Infanto-juvenil, entre otras.

El aumento de la edad pediátrica, ha sido la medida que mayor impacto ha tenido, originando un debate entre diferentes Sociedades Científicas. La Asociación Española de Pediatría (AEP) se ha manifestado positivamente, ya que es una de sus principales reivindicaciones desde hace años, como se contempla en el Libro Blanco de Especialidades Pediátricas, aunque considere que para ello sea preciso incrementar y estructurar los recursos actuales. Las Sociedades de Medicina de adultos como la Sociedad de Medicina General (SEMG), la Sociedad de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) y la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc) se han manifestado en contra.

Esta medida que ha adoptado el Gobierno obedece a una demanda de muchos pediatras y sobre todo de las familias de los niños con enfermedades crónicas: diabetes, asma, cardiopatías congénitas, trasplantes, cánceres y enfermedades raras, entre otras. No se entiende que un niño de 14 años, en una edad crítica, cuando aún no ha concluido su crecimiento y desarrollo, deba pasar de un cuidado pediátrico individualizado, supervisado, orientado en la familia y coordinado con la escuela y el entorno, a un cuidado de adulto, mucho más impersonal, que ofrece menos orientación, centrado en la salud-enfermedad y no en los aspectos del desarrollo. El cambio del cuidado pediátrico al modelo adulto conlleva una ruptura importante y hace que, en ocasiones, se pierda el seguimiento, la adherencia al tratamiento y también que aumente el número de ingresos del paciente.

El pediatra además, está acostumbrado a realizar prevención y educación para la salud, tiene amplios conocimientos médicos, conoce al paciente desde el nacimiento y establece una relación de confianza que va cambiando con la edad al irse desarrollando el chico. También conoce los antecedentes personales, familiares y del entorno, todo ello facilita la transición de la infancia a la adolescencia. El pediatra es el profesional que se encuentra en mejor posición para atender al adolescente, independientemente de que sea preciso evaluar la situación de la Pediatría en las diferentes CC.AA., incrementar los recursos, estructurar y adaptar la atención de esta población, disminuyendo las desigualdades en salud. Esta opinión es coincidente con lo que dicen desde hace años organizaciones internacionales como UNICEF, Naciones Unidas, OMS, y como sucede en países de nuestro entorno, EE.UU. y Sudamérica. De esta forma se cumple con la Carta europea de los Derechos del Niño (considera niño toda persona menor de 18 años) y con la Orden Ministerial SCO/3148/2006, de 20 de septiembre, por la que se aprueba y publica el programa formativo de la especialidad de Pediatría y sus Áreas Específicas: “Pediatría es la medicina integral del periodo evolutivo de la existencia humana desde la concepción hasta el fin de la adolescencia, época cuya singularidad reside en el fenómeno del crecimiento, maduración y desarrollo biológico, fisiológico y social que, en cada momento, se liga a la íntima interdependencia entre el patrimonio heredado y el medio ambiente en el que el niño y el adolescente se desenvuelven.”

Enfermedad crónica y discapacidad

Gracias a los avances en la medicina, cada vez más niños sobreviven a enfermedades, llegando a la adolescencia y edad adulta. Los grandes prematuros, los sobrevivientes de cáncer, las cardiopatías congénitas operadas, o enfermedades que hace años eran mortales como la fibrosis quística son algunos ejemplos. Hace 70 años, los pacientes con fibrosis quística tenían una esperanza de vida de cinco años y actualmente es superior a los 40 años. Por otro lado, los hábitos de vida, las conductas de riesgo y la mayor morbilidad por causas violentas durante la adolescencia, condicionan un mayor número de adolescentes con enfermedades crónicas y discapacidad como el VIH-SIDA, lesiones medulares, adicciones y obesidad, entre otras.

Se define enfermedad crónica como la patología de larga duración, cuyo fin o curación no puede preverse o no ocurrirá nunca. No hay un consenso acerca del plazo a partir del cual una enfermedad pasa a considerarse crónica; pero puede considerarse así a toda enfermedad que tenga una duración mayor a seis meses. Aproximadamente un 10-15% de los jóvenes presentan algún tipo de enfermedad crónica. La discapacidad se define como toda restricción o ausencia (debida a una deficiencia) de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para un ser humano.

La relación entre enfermedad crónica y discapacidad es compleja. El que una enfermedad crónica genere una discapacidad depende de la interrelación de factores personales y ambientales. En consecuencia, las necesidades de atención son también muy diversas y cada vez más complejas. Por ejemplo, podemos encontrarnos 2 jóvenes con una misma condición de salud (paraplejia en ambas extremidades y en silla de ruedas) pero presentan diferentes capacidades y por ello diferentes dificultades en el desempeño de sus actividades sociales, laborales o personales. El primero tiene una formación universitaria (factores personales) y vive en una ciudad con buena accesibilidad urbana y políticas de integración (factores ambientales). Estos factores actúan como facilitadores de la persona. En cambio, el segundo tiene una baja formación académica y vive en un país en vías de desarrollo carente de la accesibilidad urbana y políticas de integración. Aquí los factores obstaculizan su participación social. En definitiva, a pesar de tener una misma condición de salud, los factores personales y ambientales hacen variar la discapacidad que esa condición crónica le produce.

El término “condición crónica” se utiliza más que “enfermedad crónica” por ser un término más amplio ya que las diferentes enfermedades comparten entre sí muchas similitudes (necesidades de atención, vivencias de los jóvenes y sus familias). Algunos autores, como Stein en EE.UU., han propuesto el uso del término “adolescente con necesidad de cuidados especiales en salud” como un término menos estigmatizante y más aceptable socialmente.

Diversos estudios han mostrado como los adolescentes con enfermedad crónica o discapacidad tienen igual o mayor posibilidad que sus compañeros sanos de presentar conductas de riesgo tales como: fumar diariamente, usar cannabis u otras sustancias, practicar sexo no seguro, presentar desordenes en la alimentación y participar de actos violentos. Se ha observado, incluso, que pueden presentar varias de estas conductas a la vez con más frecuencia que los adolescentes sanos. También se ha descrito que tienen mayor riesgo de presentar trastornos emocionales y depresión, ser víctimas de diferentes formas de violencia, de bullying, maltrato y abuso sexual.

El abordaje de estos pacientes será de forma integral centrado en el adolescente y su familia, atendiendo a los múltiples factores biológicos y psicosociales: estilo de vida, el ambiente físico y el cultural, la familia, la interacción con sus compañeros, incluso la espiritualidad. La labor del pediatra, va más allá del tratamiento de la enfermedad o sus complicaciones, consiste en proteger y acompañar durante la etapa adolescente para que llegue a la vida adulta con la mejor calidad de vida, con el menor número de complicaciones y para minimizar el sufrimiento que supone la ruptura del modelo pediátrico al modelo adulto.

Transición del cuidado del pediatra al médico de adultos

La adolescencia es un periodo con cambios significativos del desarrollo: físicos, psicosociales, conductuales; se establecen patrones de comportamiento que determinan la salud actual y futura. Este período constituye una oportunidad para los profesionales sanitarios, los padres o tutores para enseñar, apoyar, fomentar conductas saludables, la independencia y la toma de decisiones; igualmente para dirigir al adolescente al sistema de salud del adulto.

Cada año miles de adolescentes con enfermedades crónicas o sin ellas deben ser derivados desde los servicios pediátricos a los servicios de atención de adultos para continuar con el cuidado de su salud. Muchos pasan de forma abrupta, ya sea por haber cumplido una determinada edad, o por una descompensación aguda que motiva el ingreso en un servicio de adultos. La preparación para ese paso y la coordinación de la atención entre el grupo pediátrico y el de adultos es fundamental para facilitar el proceso de transición, que debe asegurar la misma calidad y continuidad en la atención de esos pacientes, sobre todo en el caso de enfermedades crónicas. Aunque hay menos estudios en adolescentes sanos, es de suponer que estos y los de poblaciones especiales también se beneficiarán del cuidado en la transición. Diversos países como EE.UU., Reino Unido, Chile o Argentina llevan años realizando programas de transición.

La atención óptima de la salud se alcanza cuando cada persona recibe, a lo largo de toda su vida, el cuidado médico apropiado. Un elemento clave es la continuidad de ese cuidado en los diferentes estadios del desarrollo y, en particular, al pasar a la medicina del adulto. Este concepto se aplica a todos los individuos, tanto sanos como con enfermedades crónicas. El objetivo de la transición es asegurar un cuidado médico de alta calidad sin interrupción, mientras el individuo pasa de la adolescencia a la edad adulta. La transición es un proceso dinámico, no un evento, debe ser gradual y multidisciplinar pues implica un proceso planeado en el tiempo para preparar las necesidades médicas, psicosociales y educacionales, en los servicios de adultos. Plantear la transición desde el inicio apunta a reafirmar las capacidades del niño o del adolescente como un futuro adulto con poder de decisión y responsabilidades, lo cual implica un proceso de preparación. El adolescente y su familia deben estar involucrados en la decisión de la transición. Los médicos pediatras y la familia deben prepararse para “dejar ir” al adolescente. Es esencial la coordinación entre los servicios y entre los profesionales de la salud para que el paciente aprenda a desempeñarse de una manera independiente.

La transición es específica para cada persona, pero idealmente debería ocurrir entre los 18 y 21 años de edad. Hay tres etapas: inicial, momento en que se toma la decisión. Intermedia, el paciente, su familia y su médico ya están preparados. Final, cuando el adolescente o adulto joven además de ser “transferido” a un servicio de adultos, participa activamente de su cuidado y de la toma de decisiones, de acuerdo a sus capacidades. Existen obstáculos para la transición, dependientes del paciente, la familia, el pediatra o médico de adultos.

El cuidado de la transición es un componente clave de la calidad de atención. Los adolescentes y sus padres necesitan tiempo para prepararse y necesitan información sobre cómo y cuándo será el proceso, quien los atenderá y dónde. Más que por la edad, el paso debería realizarse cuando los jóvenes estén maduros para ello y cuenten con habilidades suficientes para el autocuidado.

Debido al aumento de enfermedades crónicas y discapacidad se hace necesario planificar en nuestro país programas de transición efectiva, donde todos los involucrados estén capacitados en los cuidados especiales de atención en salud y en el proceso de transición, para ofrecer las mejores oportunidades de salud que permitan el desarrollo de la persona y una calidad de vida adecuada a lo largo del ciclo vital.

Bibliografía

1. American Academy of Pediatrics, American Academy of Family Physicians and American College of Physicians, Transitions Clinical Report Authoring Group. Clinical report-Supporting the health care transition from adolescence to adulthood in the medical home. Pediatrics. 2011; 128(1): 182-200.

2. De Cunto CL. Transición en la atención médica, de la pediatría a la medicina del adulto. Arch Argent Pediatr. 2012; 110(4): 341-7.

3. Goddard P, Girard G. El adolescente con enfermedad cronica o discapacidad: una visión global. En: Hidalgo Vicario MI, Redondo Romero MA, Castellano Barca G, eds. Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. Madrid: Ergon; 2012. p. 1007-18.

4. Rosen DS, Blum RW, Britto M, Sawyer SM, Siegel DM. Transitioning to adult health care for adolescents and young adults with chronic conditions: position paper of the Society for Adolescent Medicine. J Adolesc Health. 2003; 33: 309-11.

5. Watson R. Non-compliance and transfer from pediatric to adult transplant unit. Pediatr Nephrol. 2000; 14: 469-72.

 

Normalidad y alteraciones de la menstruación en adolescentes

Temas de FC

N. Curell Aguilà

Pediatra. Doctora en Medicina. Unidad de Adolescentes del Departamento de Pediatría del Instituto Universitario Dexeus. Barcelona

 

Resumen

Los pediatras y médicos de familia deben conocer qué es y qué no es normal acerca del inicio de la pubertad y del ciclo menstrual de los adolescentes, así como actualizar la terminología y conceptos relacionados, mediante una revisión de artículos recientes y basados, lo máximo posible, en la evidencia científica. El sangrado menstrual debería ser considerado como un “signo vital”. Es normal cierta variabilidad de la duración del ciclo de un mes a otro, en todas las edades, pero todavía es mayor durante la adolescencia. La edad media de aparición en nuestro medio es de 12,6 años. Los ciclos suelen durar entre 21 y 45 días, la media son de 32 días. La duración normal es de 2 a 7-8 días, con una cantidad inferior a 6 apósitos llenos por día. Más del 50% de los ciclos durante el primer año son anovulatorios. El inicio puberal y la aparición de la menarquia están influenciados por el nivel socioeconómico, origen geográfico, exposición a sustancias u otros factores ambientales, índice de masa corporal, influencias genéticas, factores psicológicos y ejercicio físico.

 

Abstract

Clinicians need to be aware of evidence-based norms for pubertal development and menstrual function and consider menstrual bleeding as a “vital sign”. The menstrual cycle is defined as the number of days that elapse from the beginning of one menstrual period through the beginning of the next. A certain degree of variability from cycle to cycle is absolutely normal, but the range is wider in adolescents than in adults. The average age of menarche (first menstruation) is 12.6 years. Menstrual cycles usually last between 21 and 45 days, with an average of 32 days. A normal duration of menstruation can range from 2 to 7-8 days, with fewer than 6 full pads or tampons per day. More than 50% of the first years’ cycles are anovulatory. The onset of menarche is influenced by socio-economic level, geographic location, body mass index, genetic influences, psychological factors, chemical exposure and physical exercise.

 

Palabras clave: Menstruación; Pubertad; Menarquia; Amenorrea; Hemorragia uterina disfuncional; Dismenorrea.

Key words: Menstruation; Puberty; Menarche; Amenorrhoea; Menstrual bleeding disorders; DUB (dysfunctional uterine bleeding); Dysmenorrhea.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(3): 161-170


Normalidad y alteraciones de la menstruación en adolescentes

 

Introducción: pubertad y ciclo menstrual

No se sabe cuál es la causa exacta que desencadena la pubertad. Se piensa que es consecuencia de una compleja interacción de influencias genéticas y otros factores.

El cambio más importante es la reactivación del eje hipotálamo-hipófiso-gonadal y junto a él se activa el eje del crecimiento. Previamente, se han producido cambios madurativos en la glándulas suprarrenal y tiroidea. El ciclo menstrual es el resultado de una compleja interacción entre hipotálamo, hipófisis, ovarios y útero. La menstruación es la descamación mensual fisiológica periódica de la mucosa que recubre la cavidad del cuerpo uterino, llamada endometrio, que experimenta cambios morfológicos a lo largo del ciclo menstrual de la mujer. Estos cambios cíclicos están desencadenados por los estímulos hormonales del ovario y su conocimiento es de gran importancia, ya que constituyen la base de un método indirecto para valorar la función endocrina del ovario (Fig. 1).

 

Figura 1. Ciclo menstrual normal

 

Ciclo menstrual normal

El ciclo menstrual se define como el número de días que transcurren entre el primer día de hemorragia en la última menstruación hasta el primer día de hemorragia en la siguiente. Es normal su variabilidad en adolescentes.

El ciclo menstrual normal es de 28±7 días, la duración del periodo de sangrado de 4,5 a 8 días, la cantidad de fluido menstrual entre 30 ml y 80 ml por ciclo y el intervalo de tiempo entre dos menstruaciones oscilaría entre 24 y 38 días (percentiles 5 y 95). Según algunos autores deberían considerarse normales ciclos entre 21 y 45 días en las adolescentes, pero según otros ello podría retrasar el diagnóstico de algún caso patológico. De hecho, se ha observado que entre el 55 y 82% de los ciclos son anovulatorios en los 2 primeros años post-menarquia; entre el 30 y el 55% entre los 2 y los 4 años; e, incluso, se detectaba en el 20% de las jóvenes 5 años después de la menarquia(1,2).

Cronología de la pubertad

La menarquia normal ocurre entre los 10 y los 16 años, siendo su edad media de aparición en nuestro país de 12,6 años.

Menarquia

El sangrado menstrual debería ser considerado como un “signo vital”. Es normal cierta variabilidad de la duración del ciclo de un mes a otro, en todas las edades, pero todavía es mayor durante la adolescencia(3).

Pubertad precoz y avanzada

Se define como pubertad precoz la aparición de caracteres sexuales junto con la aceleración del crecimiento y adelanto de la edad ósea antes de los 8 años y avanzada antes de los 9 años en niñas. Puede asociarse al síndrome metabólico y a un incremento del riesgo cardiovascular en la edad adulta.

El adelantamiento secular del inicio de la pubertad observado desde los años 1960 no se ha visto acompañado de un adelantamiento relevante de la edad de la menarquia ni de talla baja final. Actualmente, se relaciona con factores genéticos, origen geográfico y, sobre todo, con el aumento del índice de masa corporal (IMC) y la sensibilización precoz de los receptores estrogénicos a contaminantes ambientales con actividad hormonal (disruptores endocrinos). Marshall y Tanner, en 1970, establecieron una edad promedio de 10,5 años de inicio puberal en las mujeres. En 1997, un estudio poblacional realizado en EE.UU., planteó adelantarla a los 7 años en la población blanca y a los 6 años en población afroamericana. Este estudio inició una de las controversias actuales más activas en endocrinología pediátrica: ¿es o no patológico un desarrollo puberal más temprano en nuestro medio?(4-6).

• En Europa, se mantiene el criterio inicial de 8 años como inicio de la pubertad normal; ya que, entre los 7 y 8 años, se podrían incluir como normales hasta un 12% de niñas con endocrinopatías de base.

• Hay 3 poblaciones de alto riesgo de cara a una afectación de la talla adulta o por incremento de riesgo cardiovascular.

– Pubertad adelantada y talla baja al inicio de la pubertad.

– Pubertad adelantada con antecedentes de retraso de crecimiento intrauterino.

– Pubertad adelantada en niñas adoptadas.

Pubertad tardía o retrasada

Se define como la ausencia de desarrollo mamario a los 13 años, la ausencia de menstruación a partir de los 16 años [usando un IC del 99% (2,5DS)] y/o la detención de la progresión de la pubertad durante más de 2 años.

Se asocia a un peor futuro reproductivo y, en contraste con la pubertad precoz, es relativamente frecuente, pudiendo afectar al 2-3% de niñas. Algunas recomendaciones recientes defienden adelantar un año la definición de amenorrea primaria. Postulan que, siendo la ausencia de menstruación a los 15 años extremadamente infrecuente (IC 95-98%), debe ser investigada; ya que, es urgente descartar anomalías cromosómicas u otros problemas potencialmente irreversibles que cursan con insuficiencia ovárica. El retraso en el tiempo de maduración puberal se asocia con un mayor riesgo de desarrollar osteoporosis en épocas más precoces; ya que, puede interferir en la ganancia ósea que ocurre durante este periodo.

Alteraciones menstruales en adolescentes

Los tipos clínicos de las alteraciones menstruales por exceso clásicas, que con frecuencia producen un cierto confusionismo terminológico, hoy se han simplificado.

El sangrado menstrual anormal se define como:

• Duración mayor de 7 días o menor de 2 días.

• Flujo mayor de 80 ml/ciclo o menor de 5 ml/ciclo.

• Ocurre antes de los 21 días o tarda más de 45 días.

• Hay sangrado irregular –spotting– intermenstrual o sangrado post-coital.

Menos de 0,5% de mujeres tienen ciclos menores de 21 días y menos de 1%, de más de 35 días. Aunque el ciclo de 28 días se utiliza para describir el patrón “normal”, sólo el 15% de los ciclos en edad reproductiva tienen esa duración. En adolescentes la duración media es de 32-33 días.

La terminología actual ha simplificado la clasificación de las alteraciones menstruales: sangrado anormal, que puede ser por exceso o por defecto; ciclos largos y ciclos cortos; amenorrea, que es la ausencia de sangrado; y metrorragia, que es el sangrado irregular(7-9).

Alteraciones menstruales por exceso

• “Polimenorrea” y “proiomenorrea” son aquellas alteraciones menstruales que cursan con un intervalo entre dos menstruaciones inferior a 21-24 días o ciclos cortos.

• “Hipermenorrea” o “menorragia” son cantidad de fluido menstrual superior a 80 ml o exceso de sangrado menstrual (necesidad de utilizar más de 6 apósitos –compresas o tampones llenos– por día).

• “Metrorragia” es sangrado irregular.

Etiopatogenia de las alteraciones menstruales por exceso

Las causas orgánicas son las más frecuentes en la etapa de madurez reproductiva (75%); mientras que, las funcionales predominan durante la adolescencia (75%).

Las causas orgánicas dependen de la edad. En adolescentes, hay que descartar la gestación y coagulopatías en primer término. De las causas funcionales la más frecuente es la hemorragia uterina disfuncional (HUD), término genérico que incluye a todas las alteraciones menstruales por exceso en que se ha excluido la causa orgánica. En adolescentes pueden suponer más de un 10-15% de consultas ginecológicas:

Anovulatorias: la hemorragia se produce como consecuencia de un estímulo prolongado de los estrógenos sobre el endometrio, en ausencia de progesterona. Ésta es la causa más frecuente durante la adolescencia, siendo su principal manifestación clínica el sangrado menstrual excesivo.

Ovulatorias: la hemorragia es causada, generalmente, por una insuficiencia del cuerpo lúteo. La producción reducida de estrógenos y de progesterona, durante la segunda mitad del ciclo menstrual, suele manifestarse clínicamente como un acortamiento del ciclo, precedido o no, por un pequeño sangrado (spotting) premenstrual.

El principal factor etiológico es la inmadurez del eje hipotálamo-hipófisis-ovario, especialmente en los primeros 18 meses tras la menarquia, siendo secundaria en el 70% de los casos a ciclos anovulatorios. Las HUD de las adolescentes secundarias a una insuficiencia de cuerpo lúteo son mucho menos frecuentes y suelen aparecer en una fase de la adolescencia más tardía.

En la HUD se plantea una cuestión muy importante que afectará especialmente al tratamiento: ¿hasta dónde llega la fisiología y dónde comienza la patología?

Orientación diagnóstica de las alteraciones menstruales por exceso

La evaluación inicial debe excluir una gestación (embarazo ectópico) y la hipovolemia con necesidad de hemostasia urgente.

La anamnesis debe precisar con detalle las características del sangrado (intensidad, duración, cronología, relación o no con el ciclo o con el coito). Hay que descartar síntomas de coagulopatía, personal o familiar. También, otros antecedentes (cáncer genético de ovario y mama, tratamiento materno con etildietilbestrol), conducta sexual o antecedentes de abuso y tratamientos farmacológicos recibidos (cosméticos, anabolizantes, AAS, corticoides, anticonceptivos orales u hormonas esteroideas).

En la mayoría de ocasiones se tratará de una hemorragia cíclica debida a HUD, aunque su diagnóstico sólo puede asegurarse por exclusión.

Si se trata de una hemorragia irregular o acíclica (metrorragia y/o spotting), la causa más frecuente es orgánica o secundaria y, dependiendo de la edad, el diagnóstico más probable será: en la niña en la etapa prepuberal, un cuerpo extraño o una vulvo-vaginitis; en la adolescente, la gestación, las alteraciones de la coagulación o la yatrogenia (Tabla I).

 

 

Las exploraciones mínimas recomendadas son:

Valoración del estado hemodinámico.

• La inspección de los genitales externos, vagina y cérvix (mediante valvas o espéculo).

• La palpación abdominal, para descartar abdomen agudo, masa uterina u ovárica.

• Un estudio básico de coagulación (alterado en el 19% de las menorragias de causa aguda en esta etapa de la vida).

Descartar la gestación.

Es conveniente valorar el desarrollo puberal, síntomas de hiperandrogenismo, descartar galactorrea y realizar palpación mamaria, del tiroides y, si es necesario, de los genitales internos (Tabla II). El examen bimanual (tacto rectal y palpación abdominal) puede ser una alternativa, teniendo siempre presente dos normas fundamentales de conducta: 1) actuar con gran prudencia y cuidado en el examen ginecológico, ya que, si no se realiza de forma adecuada y con el instrumental específico, puede tener graves consecuencias psicológicas e influir posteriormente en una percepción negativa de la propia sexualidad (se recomienda la presencia de un familiar); 2) evitar en lo posible técnicas agresivas para el estudio de la alteración menstrual.

 

 

La ecografía abdominal (en caso necesario rectal/vaginal), el estudio endocrinológico o la laparoscopia (excepcionalmente) acabarán de descartar patología orgánica. Es bastante irrelevante que la HUD sea ovulatoria o anovulatoria; ya que, ambos tipos responden al mismo enfoque terapéutico. El análisis de las gráficas de temperatura basal, donde puede establecerse la existencia de ciclos bifásicos (HUD ovulatoria) o monofásicos (HUD anovulatoria), el estudio del moco cervical o el empleo de determinaciones hormonales, especialmente la de progesterona en la segunda fase del ciclo puede aclarar si hay o no ovulación(10-12).

Tratamiento de las alteraciones menstruales por exceso

La primera pregunta sería: ¿existe compromiso sistémico que implique un tratamiento inmediato?

El tratamiento de las alteraciones menstruales por exceso en la adolescente debe ser siempre etiológico en el caso de las alteraciones de causa orgánica.

1. Si se trata de una hemorragia aguda intensa (hemoglobina (Hb) <9 g/dl), el cuadro debe considerarse una urgencia, exigiendo, en muchos casos, la hospitalización de la paciente y plantear, si hay compromiso hemodinámico, la necesidad de transfusión. En aquellos casos en los que el estado general lo permite, es de primera elección, en las adolescentes, el empleo de una hemostasia farmacológica realizada con estro-progestágenos a altas dosis. En el caso de no obtener una respuesta precoz a la hemostasia farmacológica inicial, será necesario un legrado hemostático (excepcional).

Una vez cedida la hemorragia inicial y transcurridos 10 días, desaparece el efecto del tratamiento hormonal y se produce una hemorragia por deprivación. Se procede entonces a realizar tres a seis ciclos controlados con una asociación de estro-progestágenos, con ACO, si posible a bajas dosis, o estrógenos y gestágenos naturales, que pueden reducir el flujo menstrual un 50%.

La HUD de evolución crónica, o de aparición aguda pero de intensidad moderada, puede tratarse de forma ambulatoria, dependiendo del compromiso sistémico, de si mantiene relaciones sexuales coitales o no y de sus expectativas reproductivas.

2. Si Hb es de 10-12 md/dl, sin sangrado activo, recomendar calendario menstrual (Fig. 1), suplementar hierro, informar a la familia, ciclar con ACO o gestágenos y reevaluar en 2 meses.

Cuando el único objetivo es la regulación del ciclo y no existe un compromiso sistémico, ni necesidades contraceptivas, es deseable, en las adolescentes, la vigilancia sin tratamiento; ya que, en muchos casos, se produce la autorregulación del ciclo, como consecuencia de la maduración del eje hipotálamo- hipófisis-ovario. Cuando se plantea la necesidad de un tratamiento farmacológico, la primera opción, en jóvenes sin necesidades contraceptivas, es la administración de un gestágeno en la segunda mitad del ciclo. En adolescentes y jóvenes que precisan de tratamiento farmacológico y cobertura contraceptiva, sería de primera elección la utilización de ACO de baja dosis.

3. Si Hb >12 mg/dl, valorar ferroterapia y reevaluar periódicamente.

Sólo un 5% de pacientes continúa presentando episodios severos.

Los criterios de derivación son:

A Servicio de Urgencias: compromiso hemodinámico, abdomen agudo o masa anexial y menstruación persistente al 5º día de ACO.

A especialista: sospecha de origen secundario, recurrencia y coagulopatía.

Alteraciones menstruales por defecto

La amenorrea es la ausencia o cese de sangre menstrual y puede ser primaria (nunca se ha menstruado) o secundaria (menarquia y cese durante más de 3 meses consecutivos). En adolescentes con amenorrea secundaria, en primer lugar se debe descartar un embarazo, aunque el estrés es una de las causas principales y va en aumento. El estudio ulterior puede demorarse 6 meses si no hay un trastorno ponderal importante, hirsutismo o galactorrea.

La amenorrea primaria o menarquia retrasada se define como la ausencia de periodos menstruales a los 16 años o la falta de desarrollo de caracteres sexuales secundarios a los 14 años (desarrollo mamario, vello púbico o axilar).

La oligomenorrea se define como la aparición de tres a seis ciclos por año a intervalos mayores de 38-45 días (según edad) y equivale al término ciclos largos.

Es patológica la ausencia de sangrado uterino espontáneo a pesar de haber alcanzado desde un año antes el estadio Tanner 5. En general, no deben pasar más de 4 años entre el estadio Tanner 2 y la menarquia.

Etiopatogenia de las alteraciones menstruales por defecto

Excepto en la época prepuberal, durante el embarazo o en la lactancia precoz, la amenorrea es siempre patológica, siendo la manifestación clínica de varios trastornos: anatómicos, hipotalámicos, hipofisarios, fallo ovárico, endocrinopatías o alteraciones genéticas.

Una misma entidad etiológica puede cursar con amenorrea primaria o secundaria, por ejemplo, el fallo ovárico instaurado antes o después de la menarquia(13). Por ello, al pediatra de Atención Primaria o médico de familia puede resultarle más útil una clasificación de la amenorrea en adolescentes según el estadío puberal (Tabla III).

 

 

Amenorrea con retraso puberal

• El retraso constitucional del crecimiento o pubertad retardada idiopática es la causa más frecuente (90-95% de los retrasos puberales, afecta al 2,5% de la población). La activación del eje hipotálamo-hipófiso-gonadal se produce de un modo normal, pero tardío. Existe historia familiar de pubertad tardía, aunque también existen casos esporádicos. El diagnóstico es de exclusión, según los criterios de Neinstein: el retraso de crecimiento (velocidad de al menos 3,7 cm/año) y de la maduración ósea (entre 1,5 a-4 años respecto a la edad cronológica) deben asociarse a una exploración física y estado nutricional normales, LH, FSH, T4 y Rx de silla turca normales. Cuando se inicia la pubertad, el estirón puberal se produce normalmente, aunque el pico de máxima velocidad de crecimiento suele ser algo menor que en la población general, siendo la talla final, en general, acorde con su talla genética.

• Los retrasos puberales secundarios a patología crónica representan el 5-10% de los cuadros. Clínicamente, son indistinguibles del anterior: hay retraso del crecimiento (1-2 o más años), de la maduración ósea y el estirón puberal se produce tardíamente y es menor. El grado de afectación clínica es variable de unos pacientes a otros y va a depender del momento de inicio de la enfermedad, su duración y su gravedad, entre otros factores individuales. Se incluyen aquí: enfermedades infecciosas, gastrointestinales, renales, respiratorias, hematológicas, endocrinopatías, patología oncológica, etc.

Amenorrea inducida por el ejercicio físico: si es muy intenso, provoca retraso de la menarquia, anovulación, oligomenorrea, deficiencia de la fase luteínica y amenorrea. Su prevalencia varía de un 5-20% hasta el 40-50% dependiendo, sobre todo, del tipo de deporte (ballet y danza) o de la intensidad del ejercicio. Suele definirse (según el Comité Olímpico Internacional) como un ciclo menstrual al año o menos. Se ha demostrado que los trastornos de la alimentación y la disfunción menstrual aparecen con frecuencia cada vez mayor en deportistas de competición; los dos problemas, junto con la osteoporosis, han sido denominados la tríada atlética femenina:

1. Trastornos de la alimentación: la composición corporal (<17% de tejido adiposo puede causar disfunción menstrual) y la alteración de los niveles de leptina, mediador entre el tejido adiposo y el reproductivo, son los principales factores etiopatogénicos.

2. Osteoporosis: el hueso se sintetiza y degrada intensamente y tiene una función importante en la homeostasis del calcio. El ejercicio tiende a estimular la formación de hueso. Cuando el ejercicio ocasiona amenorrea, se pierden los beneficios por el déficit estrogénico.

Los estrógenos son imprescindibles, junto con una cantidad adecuada de calcio, para que se deposite tejido óseo.

3. Amenorrea y pérdida de peso/anorexia: la pérdida de peso relacionada sólo con la dieta, sin ejercicio excesivo, también puede originar una anovulación crónica y amenorrea; asimismo, se ha comprobado que guarda relación con la actividad pulsátil LH de baja frecuencia.

• Los trastornos alimentarios (TCA) también cursan con amenorrea primaria o secundaria, especialmente la anorexia nerviosa. Hay que conocer sus signos de alerta, ya que el diagnóstico tardío implica peor pronóstico. No siempre se recupera de inmediato la menstruación al recuperar el peso y no hay que olvidar que su manejo requiere un abordaje multidisciplinario.

Hipogonadismos hipergonadotropos: la anormalidad cromosómica más usual es el síndrome de Turner. Las causas adquiridas de insuficiencia ovárica son más frecuentes y fácilmente reconocibles; ya que, se presentan tras quimioterapia, irradiación o cirugía con extirpación amplia del tejido ovárico.

En el síndrome de Turner, la alteración en el material genético del cromosoma X (45,XO y variantes) causa una amenorrea primaria por: fallo gonadal (90%), hipocrecimiento (95%) y rasgos síndrómicos. Un 30% de chicas afectas son capaces de iniciar la pubertad y sólo un 2-3% de completarla.

Los mosaicismos pueden carecer de los estigmas fenotípicos y ser de difícil diagnóstico. En el síndrome de Swyer (disgenesia gonadal con cariotipo XY) u otras cromosomopatías el fenotipo femenino puede ser normal, con desarrollo mamario y distribución de la grasa corporal también normales.

Efectos de la radiación y quimioterapia: sus efectos sobre el ovario son dependientes de la edad y de la dosis (relación inversa entre la dosis requerida para el fracaso ovárico y la edad del inicio de la terapia). Es factible la reaparición de la regla y la posibilidad de prevenir la infertilidad secundaria mediante la transposición extrapélvica de los ovarios antes de la irradiación y/o la criopreservación de tejido ovárico, previamente extraído, y su autotrasplante posterior.

Hipogonadismos hipogonadotróficos: la amenorrea hipotalámica orgánica de transmisión genética (síndrome de Kallman), que cursa con hiposmia-anosmia y puede ser esporádica o familiar requiere sustitución hormonal para iniciar la pubertad. Algunos traumatismos, cirugía, irradiación o patología autoinmune, pueden causar también déficit de GnRH.

Amenorrea con desarrollo puberal normal

Anovulación

La causa más frecuente en adolescentes de anovulación es el embarazo, aunque niegue actividad sexual. El estrés, ejercicio intenso, la obesidad, el adelgazamiento o el uso de drogas o ACO también deben considerarse por ser patología emergente.

• La hiperprolactinemia es una forma especial dentro de las causas hipofisarias de anovulación: un 50% de las pacientes tiene galactorrea, algunas desarrollan hipoestrogenismo y otras presentan una fase lútea corta o inadecuada, caracterizada por ciclos menstruales menores de 22 días. Otras tienen anovulación hipotalámica y se presenta con amenorrea por pérdida de peso o sangrado uterino disfuncional.

• El hipotiroidismo primario puede provocar un estado hiperprolactinémico. El hipotálamo segrega cantidades elevadas de TRH que, a su vez, estimulan la secreción de TSH y prolactina, en un intento infructuoso de elevar la producción de tiroxina. La amenorrea-galactorrea puede ser la primera manifestación de un hipotiroidismo, igual que otras irregularidades menstruales.

Lesiones tumorales de la hipófisis: cuando hay cifras altas de prolactina, es necesario obtener neuroimágenes de la silla turca. La prueba más sensible es la resonancia magnética (RNM). Los prolactinomas se tratan médicamente con agonistas de la dopamina. El craneofaringioma se presenta como retraso de la pubertad y amenorrea y requiere cirugía.

Obesidad

Es paradójico que tanto la obesidad como la desnutrición se asocien con la amenorrea.

La leptina, codificador del gen de la obesidad, se expresa en los adipocitos y media entre el tejido adiposo y el sistema reproductivo. Es necesario un nivel crítico de leptina tanto para la maduración como para el mantenimiento del ciclo menstrual.

Amenorrea con anomalías del tracto genital

Cuando se presenta un desarrollo puberal normal sin menstruación debe sospecharse siempre la posibilidad de un obstáculo para la salida del sangrado menstrual o “criptomenorrea”.

Debe comprobarse siempre la permeabilidad del himen. Más difícil resulta el diagnóstico de las obstrucciones más altas, como los tabiques vaginales transversos o las atresias cervicales. En estos casos la ecografía es capaz de detectar acúmulo menstrual por encima de la obstrucción. Las malformaciones más complejas, como la atresia útero-vaginal o síndrome de Rokitanski, pueden detectarse con la exploración clínica complementada con la ecografía y la laparoscopia. En las pacientes con síndrome de Asherman, las adherencias y esclerosis endometriales (generalmente, post infección o legrado) impiden el desarrollo normal del endometrio secretor.

Anovulación hiperandrogénica o SOPQ

La causa más frecuente de menstruaciones irregulares persistentes durante 3 años tras la menarquia es la anovulación hiperandrógenica, o síndrome de ovarios poliquísticos (SOPQ).

Afecta al 4-6% de adolescentes. Las pacientes con SOPQ pueden presentarse con ciclos largos o episodios de amenorrea de más de seis meses entre los ciclos menstruales, aunque también pueden presentar metrorragias.

El SOPQ es un síndrome clínico y se define por un conjunto de síntomas:

1. Trastornos menstruales e infertilidad por anovulación crónica.

2. Signos clínicos o bioquímicos de exceso de andrógenos (acné, hirsutismo –a distinguir de la hipertricosis– o sus equivalentes: alopecia androgénica, hiperhidrosis, seborrea e hidradenitis supurativa).

3. Quistes múltiples en la ecografía ovárica.

Los signos de exceso de andrógenos pueden estar ausentes en el 30% de mujeres por insensibilidad de su unidad pilosebácea a los mismos. La obesidad puede faltar en las adolescentes, pero suele existir en cerca del 50% de mujeres. Junto a la acantosis nigricans se asocia al síndrome metabólico: hiperinsulinismo, dislipemia, diabetes tipo 2, HTA y aumento del riesgo cardiovascular en la edad adulta y/o de carcinoma endometrial.

Diagnóstico de los trastornos menstruales por defecto

La orientación diagnóstica de una amenorrea consiste en verificar el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios y controlar cada uno de los niveles del eje gonadotropo, siendo las causas más frecuentes el embarazo y la anovulación (Tabla II).

Debe realizarse una anamnesis cuidadosa, valorando el contexto psicosocial y dietético y la cronología del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, tanto personal como familiar. La exploración física debe ser completa y, sin incomodar a la adolescente, debe realizarse un examen genital que corrobore la anatomía normal. La presencia de himen permeable puede visualizarse sin introducir un especulum en la vagina. Se debe realizar determinación de TSH, prolactina y gestágenos. La ecografía abdominal nos confirmará la normalidad de los genitales internos(14).

Tratamiento de los trastornos menstruales por defecto

El tratamiento de la amenorrea depende de la causa específica. La persistencia del déficit estrogénico más allá de la adolescencia puede causar osteopenia no recuperable totalmente a pesar de la reanudación de la menstruación y/o tratamiento hormonal sustitutivo.

El objetivo del tratamiento es restaurar los ciclos ovulatorios con tratamiento estrogénico sustitutivo si es necesario, disminuir la ansiedad del paciente y de su familia, e instaurar las medidas específicas en los casos de causa orgánica. En el tratamiento de las amenorreas hipotalámicas –con IMC bajos–, debe regularse el ejercicio intensivo e instaurar una dieta adecuada. En casos de TCA, la recuperación de la función menstrual no debe ser el objetivo sino una consecuencia de la mejoría del estado psíquico y físico. Aunque los ACO pueden ser de elección, no existen estudios aleatorizados que lo demuestren. Para que la estrogenoterapia sea beneficiosa debe, primero, recuperarse el peso.

Las posibles medidas farmacológicas incluyen: 1) estrógenos; 2) gestágenos; 3) ACO combinados; 4) el aporte de calcio debe incrementarse a 1.500 mg/día. La administración de Vit. D3 (400 IU/día) y de ácido fólico puede ser necesaria.

El objetivo del tratamiento de los estados hiperprolactinémicos es normalizar la prolactina, mediante bromocriptina. La cirugía es necesaria en los prolactinomas grandes y otras etiologías tumorales. El hipotiroidismo se trata con levotiroxina. La amenorrea hipotalámica se trata con GnRH pulsátil y la de origen hipofisario, con gonadotrofinas. Los glucocorticoides sólo deben usarse en casos de hiperfunción adrenal e hipocorticismo.

El SOPQ puede responder a la pérdida de peso e instauración de un programa de actividad física. La metformina está ofreciendo resultados prometedores. Los inductores de la ovulación –clomifeno– pueden ser necesarios u otros tratamientos hormonales, especialmente en caso de infertilidad asociada en edades posteriores.

Dismenorrea

La dismenorrea consiste en dolor asociado con las reglas. Entre el 20-90% de las adolescentes la padecen en mayor o menor grado.

Dismenorrea primaria se refiere al dolor asociado a hemorragia menstrual, sin patología orgánica pélvica. Es la más frecuente –hasta un 60% de mujeres la padecen–. Suele iniciarse entre 1-2 años tras la menarquia, cuando los ciclos ya son ovulatorios. Su incidencia aumenta con la edad hasta los 20-30 años. Puede causar ansiedad o depresión, siendo causa de absentismo escolar hasta en 10% de chicas entre 1 y 3 días/mes.

El dolor es espasmódico, iniciándose en zona lumbar e hipogastrio e irradiando a la espalda y cara anterior de los muslos. En el 50% de los casos, se asocian: náuseas, vómitos, fatiga, vértigo, mareo, diarrea, estreñimiento, disuria, dolor de espalda y cefalea.

Dismenorrea secundaria se refiere al dolor menstrual secundario a: endometriosis, malformaciones y obstrucción del tracto genital o enfermedad inflamatoria pélvica. Ocurre también con ciclos anovulatorios y puede preceder 1-2 semanas el inicio de la menstruación.

Se ha asociado con dismenorrea más severa:

– Menarquia temprana (< o igual a 12 años).

– Periodos menstruales largos (> de 35 días) y con mayor duración del sangrado (más de 7 días).

– Tabaquismo.

– Antecedentes familiares.

– Sobrepeso y obesidad.

– Factores psicológicos (estrés, ansiedad, depresión).

Etiología

La dismenorrea primaria está causada por las prostaglandinas (E2, F2) producidas por el endometrio durante los ciclos ovulatorios, que ocasionan contracciones uterinas, isquemia y dolor(15).

Diagnóstico de la dismenorrea en adolescentes

Se debe investigar la dismenorrea en la anamnesis, ya que, al ser muy prevalente, las adolescentes pueden no referirla espontáneamente (nivel de evidencia III-B).

Historia clínica: edad de la menarquia, historia familiar de endometriosis y severidad del dolor (incapacidad de ir al colegio o realizar las actividades diarias), tratamientos previos y respuesta a los mismos. La intensidad oscila desde: leve (no interfiere con la actividad), moderado a severo (restricción de actividad y síntomas sistémicos). Mejora con el masaje, contrapresión abdominal y movimiento (a diferencia del dolor de origen peritoneal).

Examen físico: si hay síntomas severos o aumentan al iniciar la actividad sexual, es necesario un examen pélvico con espéculo, para descartar infecciones de transmisión sexual u otra organicidad.

Exploraciones complementarias: test de embarazo, frotis vaginal, ecografía, resonancia o incluso laparoscopia no suelen ser necesarios, excepto en situaciones especiales.

Diagnóstico diferencial (Tabla IV)

Debe sospecharse dismenorrea secundaria a patología pelviana cuando los síntomas aparecen tras muchos años de reglas sin dolor (evidencia III-A), si empieza con la menarquia o a partir de los 20 años.

 

 

Tratamiento

1. Tratamiento farmacológico: AINE, inhibidores de la síntesis de las prostaglandinas (PG) y de primera elección para bloquear su efecto (nivel de evidencia I-A):

– Ibuprofeno, 400-600 mg/4-6 h.

– Naproxeno, 500 mg dosis de ataque y, posteriormente, 250 mg/8-12 h.

– Ácido mefenámico, 500 mg dosis inicial, seguida de 250 mg/
6 h.

Iniciar precozmente (niveles de PG más altos), a veces incluso 1-2 días antes, con la comida y mientras dure el dolor. Son efectivos en el 75-90% de los casos. En 2-3 meses valorar cambio de tratamiento.

– Si el sangrado no es excesivo, en casos leves o moderados, el ácido acetilsalícílico (AAS) es un buen analgésico.

– Si no son efectivos, iniciar ACO: previenen la ovulación y la síntesis de PG, reducen el grosor del endometrio y disminuyen el flujo menstrual (nivel de evidencia 1-A), tardan 2-3 meses en obtener el máximo efecto. Son de 1ª elección si hay intolerancia a los AINE o necesidades contraceptivas.

– Si no responden a la combinación de AINE y ACO, pueden necesitar laparoscopia para evaluar otras posibles causas y descartar una dismenorrea secundaria como, por ejemplo, una endometriosis (nivel de evidencia III-C).

2. Tratamiento no farmacológico: inicialmente consiste en tranquilizar, explicando que es un problema fisiológico. Se pueden utilizar:

– Antieméticos ante náuseas y vómitos.

– Técnicas de relajación, calor, acupuntura (nivel de evidencia II-B).

– Estimulación nerviosa eléctrica transcutánea de alta frecuencia o vibroacústica.

– Vitamina B1, vitamina E, aceite de pescado o magnesio (nivel de evidencia C).

– Ejercicio físico, por secreción de endorfinas endógenas que bloquean PG y la proliferación endometrial.

– Dieta bajas en grasas y altas en vegetales (disminuyen los niveles de estrógenos).

– Abandonar hábito tabáquico.

Función del pediatra de Atención Primaria

1. El objetivo principal de este capítulo es que el pediatra general o médico de familia conozca cuáles son los límites de normalidad de la menstruación en adolescentes.

2. Nos enfrentamos a un paciente en la mayoría de casos con anamnesis y exploración física concluyentes. Se deben tener claros cuáles son los criterios de derivación al especialista en ginecología y cuáles las poblaciones de riesgo.

3. La epidemia de obesidad infantil a la cual nuestra sociedad se enfrenta está incrementando los casos de desarrollo puberal precoz, que contrasta con la creciente prevalencia de amenorrea en adolescentes con trastornos nutricionales por defecto, con las consecuencias que ello conlleva, no sólo físicas, sino también sociales y psicoemocionales.

4. Debe tenerse presente la confidencialidad y la vulnerabilidad de la adolescente y su familia en la evaluación y tratamiento de estos trastornos para prevenir ansiedades innecesarias. Hay que informar sobre la amplia variabilidad en el crecimiento y desarrollo durante estos años, así como en la función menstrual normal, el establecimiento de la imagen corporal y la conducta sexual sin riesgo.

5. Detectar precozmente los problemas y realizar un diagnóstico y tratamiento precoces para preservar la función reproductora y la sexualidad se consigue con una buena historia clínica, un examen físico completo e indicando las exploraciones complementarias orientadas siempre según la clínica. Prevenir complicaciones y saber cuándo derivar al especialista o instaurar un tratamiento es el reto del médico de asistencia primaria que no debe olvidar que algunos casos requerirán un abordaje multidisciplinar.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1.*** Adams PJ, Menstruation in Adolescents: What’s normal? Medscape J of Med, http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2644006.

2.*** Parera N, Colomé C. Menstruación en adolescentes, ¿qué podemos esperar? An Pediatr Contin. 2010; 8(6): 271-8.

3.*** American Academy of Pediatrics Committee on Adolescence; American College of Obstetricians and Gynecologists Committee on Adolescent Health Care, Díaz A, Laufer MR, Breech LL. Menstruation in girls and adolescents: using the menstrual cycle as a vital sign. Pediatrics. 2006; 118: 2245-50.

4.*** Sanz Marcos N, Ibáñez Toda L, Marcos V. Pubertad adelantada. An Pediatr Contin. 2011; 9: 331-8.

5.*** Soriano-Guillén L, Argente J. Pubertad precoz central: aspectos epidemiológicos, etiológicos y diagnóstico-terapéuticos. An Pediatr. 2011; 74: 336.

6.** Muñoz Calvo MT, Pozo Román J. Pubertad precoz y retraso puberal. En: Pediatría Extrahospitalaria. Fundamentos clínicos para Atención Primaria. 4ª ed. Madrid: Ergon; 2008. p. 585-92.

7.*** Ganesh Dangal. Menstrual Disorders in Adolescents. Int J Gynaecol Obstet. 2005; 4(1).

8.*** Hidalgo Vicario MI, Güemes Hidalgo V. Trastornos menstruales durante la adolescencia. Pediatr Integral. 2009; XIII(3): 193-208.

9.** Peacock A, Alvi NS, Mushtaq T. Period problems: disorders of menstruation in adolescents. Arch Dis Child. 2012; 97: 554-60.

10.*** Nirupama K, Zurawin RK. Definition and evaluation of abnormal bleeding in adolescents. www.uptodate.com, Sep 2012.

11.*** Buil Rada C, Lete Lasa I, Ros Rahola R, De Pablo Lozano JL. Sociedad Española de Contracepción. Manual de Salud Reproductiva en la adolescencia. Aspectos básicos y clínicos; 2001.

12.** Quintana Pantaleón R. Amenorrea primaria y secundaria en adolescentes. Evaluación clínica y diagnóstico diferencial. En: Castellano Barca G, Hidalgo Vicario MI, Redondo Romero AM, eds. Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. Madrid: Ergon; 2004. p. 299-305.

13.*** Braverman PK, Sondheimer SJ. Trastornos menstruales. Pediatr Rev 1997; 18: 123-31.

14.** Master-Hunte T, Heiman D. Amenorrhea: Evaluation and Treatment. Am Fam Physician. 2006; 73: 1374-82.

15.** Banikarim Ch, Middleman AB, Hoppin AG. Primary dysmenorrhea in adolescents. www.uptodate.com, 2012.

Bibliografía recomendada

– Adams PJ, Menstruation in Adolescents: What’s normal? Medscape J of Med, http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2644006.

Se realiza una revisión de la normalidad del ciclo menstrual en este grupo de edad, exponiendo la necesidad de simplificar la terminología clásica de las alteraciones menstruales.

– Parera N, Colomé C. Menstruación en adolescentes, ¿qué podemos esperar? An Pediatr Contin. 2010; 8(6): 271-8.

Actualización sobre los parámetros de normalidad del ciclo menstrual en la adolescencia, con una exposición muy didáctica y clara, dirigida al pediatra de Atención Primaria.

– American Academy of Pediatrics Committee on Adolescence; American College of Obstetricians and Gynecologists Committee on Adolescent Health Care, Díaz A, Laufer MR, Breech LL. Menstruation in girls and adolescents: using the menstrual cycle as a vital sign. Pediatrics. 2006; 118: 2245-50.

Artículo de referencia, en el que se considera la menstruación como un signo “vital” y un buen marcador del estado de salud general de las adolescentes y las alteraciones menstruales un signo de alerta, que puede orientar al pediatra o médico de familia a descartar patología relevante de la adolescente.

– Sanz Marcos N, Ibáñez Toda L, Marcos V. Pubertad adelantada. An Pediatr Contin. 2011; 9: 331-8.

Revisión muy actual basada en la evidencia y enfocada al pediatra de Atención Primaria.

– Soriano-Guillén L, Argente J. Pubertad precoz central: aspectos epidemiológicos, etiológicos y diagnóstico-terapéuticos. An Pediatr. 2011; 74: 336.

Revisión exhaustiva, exponiendo las actuales controversias y líneas de investigación futuras, basada en la evidencia.

– Ganesh Dangal. Menstrual Disorders in Adolescents. Int J Gynaecol Obstet. 2005; 4(1).

Aunque las irregularidades menstruales pueden ser muy frecuentes tras la menarquia, las causas patológicas requieren un rápido y apropiado tratamiento. Se revisan todos los posibles problemas.

– Hidalgo Vicario MI, Güemes Hidalgo V. Trastornos menstruales durante la adolescencia. Pediatr Integral. 2009; XIII(3): 193-208.

El pediatra de AP debe actuar ante los trastornos menstruales de la adolescente teniendo en cuenta las características especiales de este periodo, realizando un diagnóstico y tratamiento precoces. Es imprescindible tener en cuenta todos los aspectos que pueden influir en el establecimiento de una buena relación de confianza y seguridad entre paciente y médico.

– Nirupama K, Zurawin RK. Definition and evaluation of abnormal bleeding in adolescents. www.uptodate.com, Sep 2012.

Se realiza una revisión de los trastornos del sangrado menstrual en adolescentes, centrándolo en el diagnóstico y tratamiento.

– Buil Rada C, Lete Lasa I, Ros Rahola R, De Pablo Lozano JL. Sociedad Española de Contracepción. Manual de Salud Reproductiva en la adolescencia. Aspectos básicos y clínicos; 2001.

Libro de referencia obligada, los autores realizan una revisión muy completa de todos los trastornos ginecológicos en la adolescente, las características especiales de la sexualidad y su patología.

– Braverman PK, Sondheimer SJ. Trastornos menstruales. Pediatr Rev 1997; 18: 123-31.

Revisión muy práctica y amplia sobre los trastornos menstruales en la adolescencia.

 

Caso clínico

Paciente de 17 años de edad que consulta por amenorrea secundaria de 4 meses de evolución.

Antecedentes familiares

Madre, tía y prima hermana, menarquia a los 15 años. Hipotiroidismo en tía materna, tiroiditis autoinmune en 2 primos hermanos.

Antecedentes personales

Sin interés respecto al proceso actual, menarquia a los 15 años y 4 meses. Estudia 2º de Bachillerato con buen rendimiento académico y practica danza clásica y danza contemporánea en dos escuelas de baile que alterna cada día de la semana.

Enfermedad actual

Tuvo la menstruación cada 30-35 días con sangrado escaso hasta los 4 meses precedentes, niega relaciones coitales y no refiere otra sintomatología. Refiere comer “normal”, aunque apenas come al mediodía ni merienda porque “no tiene tiempo”. Niega pérdida de peso reciente, vómitos, alteraciones del hábito intestinal o atracones.

Exploración física

Su peso es de 49 kg y su talla de 168 (IMC: 17,3), TA: 105/58. La exploración física no muestra signos de hiperandrogenismo, los caracteres sexuales secundarios y los genitales externos son normales. No presenta ni alteraciones gingivales o en el esmalte dental, el resto por aparatos es normal.

Exploraciones complementarias

Se practica hemograma y bioquímica general que son normales, así como las siguientes determinaciones hormonales:

• Tiroxina libre (T4L): 1,2 ng/dl

(Límites de referencia: 0,8-1,8 ng/dl)

• Tirotropina (TSH): 2,13 mUI/L

(0,5-6,2 mUI/L)

• Lutropina (LH): 1,1 UI/L

Mujeres fase folicular: 1,0-10,0 UI/L

Pico ovulatorio: 12,0-75,0 UI/L

Fase luteínica: 1,0-14,0 UI/L

• Folitropina (FSH): 8,4 UI/L

Mujeres fase folicular: 1,0-10,0 UI/L

Pico ovulatorio: 6,0-33,0 UI/L

Fase luteínica: 1,0-10,0 UI/L

• Prolactina: 4,7 µg/L

Mujeres : 2,8-29,2 µg/L

• Estradiol 17-beta: 67 pg/ml

Mujeres fase folicular: hasta 100 pg/ml

Pico ovulatorio: 100-400 pg/ml

Fase luteínica: 50-150 pg/ml

• Suero inmunoglobulina A: 248,0 mg/dl

(91,0-260 mg/dl)

• Suero Ac. IgA anti endomisio: título inferior 1/5

(Título inferior 1/5)

• Suero Ac. IgA anti gliadina: 4,8 U/mL

(Hasta 20 U/ml)

Ecografía ginecológica normal.

Orientación diagnóstica

Se orienta como una amenorrea secundaria de origen hipotalámico funcional por excesivo ejercicio físico y baja ingesta calórica, descartándose inicialmente un trastorno de la conducta alimentaria. Se regula la dieta incrementando el aporte. Con una buena evolución aumenta peso hasta un IMC de 19 y reaparece menstruación a los 2 meses, aún con sangrado escaso. Se recomiendan controles de peso mensuales y se valorará posteriormente la realización de densitometría ósea y suplementos dietéticos de vitamina D y calcio según evolución.

 

Sexualidad y anticoncepción en la adolescencia

Temas de FC

C. Quintana Pantaleón

Especialista en Obstetricia y Ginecología. Médica Adjunta del Hospital Sierrallana del SCS. Torrelavega, Cantabria

 

Resumen

Los adolescentes afrontan cambios biológicos, psicoafectivos y sociales de singular calado. Los cambios en la sexualidad, imagen corporal, identidad y orientación sexual, afectos sexuales (deseo, atracción y enamoramiento) y actividad sexual, ocupan un lugar preeminente. El inicio cada vez más precoz de las relaciones sexuales puede conllevar problemas de embarazos no deseados, abandono de estudios y proyectos vitales, interrupciones voluntarias de embarazo, infecciones de transmisión sexual, desengaños, insatisfacción y problemas emocionales. Para tratar de reducir estas consecuencias, es esencial que nuestra sociedad reconozca el derecho de los adolescentes a ser sexualmente activos y los prepare para disfrutar de forma responsable de su sexualidad. Los pediatras pueden jugar un importante papel en este proceso.

 

Abstract

Teenagers face biological, emotional and social changes of singular importance. During this time they go through prominent changes in sexuality, physical image, sexual identity and orientation as well as sexual affection (desire, attraction and infatuation) and sexual activity. The increasingly earlier initiation in sexual relationships may entail unintended pregnancy, neglect studies and life projects, induced abortions, sex related illnesses, disappointments, dissatisfaction and emotional problems. To help reduce or prevent these consequences, it is essential that our society accept the right of teenagers to be sexually active and give them an education that will allow them to enjoy responsibly their sexuality. Paediatricians can play a very important role in this process.

 

Palabras clave: Sexualidad en la adolescencia; Anticoncepción en la adolescencia; Embarazos no deseados en la adolescencia.

Key words: Sexuality in adolescence; Contraception in adolescence; Undesired pregnancy in adolescence.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(3): 171-184


Sexualidad y anticoncepción en la adolescencia

 

“¿Han olvidado los adultos cuán depravados eran, cuán exaltados y ávidos de sexo estaban ellos mismos cuando eran niños? ¿Han olvidado la pasión que ardía en ellos y los atormentaba, siendo aún niños?

Yo no lo he olvidado porque lo he sufrido de una forma terrible”.

Egon Schiele

Introducción

La adolescencia trae consigo tremendos cambios biológicos y psicosociales, la aparición de nuevas necesidades y capacidades y la necesidad de asumir cada vez mayores responsabilidades y roles de adulto. Las tareas que deben afrontar los y las adolescentes en su proceso de maduración son múltiples y nada sencillas: aceptar los cambios que experimentan sus cuerpos, alcanzar cierta independencia respecto a la familia, buscar una identidad personal, sentirse parte de un grupo de iguales con el que compartir ideas y aficiones, desarrollar sus propias opiniones, asumir nuevas responsabilidades, elegir qué estudios realizar o incorporarse al mundo laboral, atender al creciente deseo sexual que les empuja a relacionarse afectiva y sexualmente con otras personas… Acontecimientos en rápida sucesión, retos importantes y decisiones trascendentes que provocan en los adolescentes desorientación e inquietud(1).

Es tarea de toda la sociedad el ayudar a los adolecentes a convertirse en adultos maduros, responsables y capaces de vivir plenamente. Los pediatras, por su parte, deben abordar las cuestiones relativas a la sexualidad con los propios niños y niñas y con sus padres desde la infancia. Llegada la adolescencia, deben transmitir que convertirse en una persona sexualmente responsable forma parte del proceso normal de desarrollo, alentar a los adolescentes a no mantener la primera relación sexual coital hasta que estén psicológicamente preparados, identificar a los más expuestos a adoptar una conducta sexual de riesgo y ofrecer servicios anticonceptivos cuando se les soliciten o parezcan necesarios.

Los pediatras que atienden a adolescentes necesitan conocer las ventajas e inconvenientes y los criterios médicos de elegibilidad de los distintos métodos anticonceptivos en esta etapa de la vida, para poderles ofrecer un adecuado consejo contraceptivo. La confidencialidad y el respeto a las decisiones de los menores maduros son aspectos clave de una buena atención.

Cambios biológicos, psicosexuales y en el comportamiento sexual

El comportamiento sexual de los adolescentes en España está en un proceso de cambio desde el viejo modelo mediterráneo, en el que el inicio en la sexualidad tenía que ver con la mayoría de edad, hacia el modelo anglosajón de una sexualidad en minoría de edad.

Los cambios corporales que experimentan los adolescentes adquieren, en una sociedad que rinde culto a la apariencia física, una importancia a veces desmesurada. La aparición más tardía o más temprana de la pubertad hace que los adolescentes afectados se sientan diferentes al resto. En general, el desarrollo temprano es mejor vivido que el tardío en el caso de los chicos. Las chicas pueden tener ciertas dificultades en un principio pero, posteriormente, parecen más seguras de sí mismas que sus compañeras(2). La aparición de las menstruaciones y las primeras eyaculaciones despiertan sentimientos muy diversos que condicionan la vivencia del propio cuerpo. Las reglas pueden recibirse con alegría o considerarse como una carga insoportable, en lo que influyen, además de los mitos y creencias, las molestias e incomodidades que producen a algunas chicas. Las primeras eyaculaciones generalmente son bien aceptadas aunque pueden aparecer sentimientos de vergüenza o culpabilidad.

Los nuevos sentimientos psicosexuales y todo lo relacionado con la sexualidad van a adquirir una gran importancia. Los adolescentes sienten cómo su cuerpo se excita sexualmente y cómo aumenta la necesidad de satisfacer sus impulsos sexuales. En la adolescencia se consolida la identidad sexual. Los trastornos de identidad de género son condiciones complejas que deben ser identificadas en la infancia, aunque no siempre conducen a la transexualidad y requieren un cuidadoso diagnóstico, orientación y apoyo por profesionales cualificados. Su prevalencia se estima en 1 de 11.900 varones y 1 de 30.400 mujeres. En ocasiones, resulta conveniente, además de las intervenciones psicológicas y sociales, retrasar farmacológicamente los cambios físicos de la pubertad una vez alcanzado un desarrollo estadio 2 de Tanner. De esta forma, el o la adolescente, su familia y los profesionales disponen de más tiempo para tomar decisiones. También, comienza a consolidarse la orientación del deseo sexual: heterosexual, homosexual, bisexual y parafílica. Las tres primeras no suponen ninguna patología, aunque persisten problemas de aceptación social que afectan profundamente a los y las adolescentes. La orientación parafílica, por el contrario, se considera negativa y conflictiva. La orientación del deseo sexual suele estar construida al inicio de la adolescencia y, una vez establecida, se mantiene de forma estable. Según el Informe Juventud en España-2008 (IJE-2008)(3), la tasa global de homosexualidad y bisexualidad reconocida entre los jóvenes (15-29 años) en España es de un 4% en los varones y de un 3% en las mujeres. Sin embargo, considera que se produce un fenómeno de ocultamiento y que las tasas serían de un 6% y un 7%, respectivamente. Este ocultamiento es más frecuente entre jóvenes adultos que entre los actuales adolescentes, que parecen asumir de forma más natural su identidad homosexual.

El enamoramiento es fuente de gran cantidad de nuevas emociones y sentimientos en esta etapa de la vida. Es la expresión del máximo entusiasmo por otra persona, que se idealiza, ocupa de forma continuada los pensamientos y fantasías y hacia la que se siente un deseo de unión y de reciprocidad absoluta. Provoca intensas emociones positivas, alegría, entusiasmo, euforia…, pero también fuertes emociones negativas, tristeza, desengaño, despecho, celos…

Estos cambios biológicos y psicosociales se acompañan de cambios en el comportamiento sexual. Los comportamientos sexuales más comunes en la adolescencia son la masturbación, el inicio de encuentros íntimos con otras personas sin coito y el inicio de relaciones sexuales en las que se incluye el coito vaginal o anal. Según la Encuesta de Sexualidad en Jóvenes de la Comunidad Valenciana(4), los chicos son más precoces en estos comportamientos, pero la diferencia más marcada es para el inicio de la masturbación adolescente que comienza en los chicos dos años y medio antes. La masturbación, que es muy frecuente en los chicos pero mucho menos entre las chicas, se diferencia de la practicada en la infancia por las fantasías eróticas relacionales que la acompañan. Con ella se satisface el deseo sexual, se conoce mejor el propio cuerpo y la propia respuesta sexual, se incrementa la autoestima y se valora más el cuerpo sexuado como fuente de placer y bienestar. Además, las fantasías contribuyen a anticipar relaciones y escenarios sexuales, a ensayar roles y a ponerse en la piel de la otra persona. Estudios realizados ya hace años encontraron que la masturbación es una conducta sexual considerada normal por los adolescentes.

Progresivamente, los y las adolescentes empiezan a mantener encuentros erotizados con otras personas y van accediendo a un mayor grado de intimidad desde besos y caricias con ropa, hasta contacto genital sin coito y finalmente coito. Las chicas, según esta encuesta, recorren estas etapas con ciertos matices y tiempos diferentes a los chicos. Así, el periodo dedicado al aprendizaje erótico es de casi cuatro años y medio en el caso de los chicos y de dos años y medio en las chicas. Las actitudes de los chicos son más liberales, mientras que las chicas aceptan mejor la práctica de relaciones sexuales en un contexto afectivo: el doble de chicos que de chicas consideran que no se necesita estar enamorado para mantener relaciones sexuales y, conforme aumenta la edad, son más los chicos y chicas quienes comparten esta opinión. Menos del 10% de los entrevistados viven con culpa las relaciones coitales que generalmente mantienen en el propio hogar cuando no están los padres y en el coche. Tienen actitudes más igualitarias, no identificándose con las expectativas sociales tradicionales sobre el comportamiento sexual de hombres y mujeres: la decisión de iniciar las relaciones sexuales es compartida en la mayoría de las ocasiones. Según otro estudio, Sexualidad y contracepción en jóvenes andaluces, las chicas manifiestan en mayor medida que los chicos sentimientos de indiferencia y desagrado después del primer coito, siendo significativamente menor el número de ellas que llegan al orgasmo respecto a los chicos(5). Según López Sánchez, aunque las diferencias actuales entre chicos y chicas en algunas cuestiones son mucho menores, persisten patrones tradicionales: los chicos se masturban con más frecuencia (80-90% frente al 50-60%), hablan más explícitamente de sexo, sexualizan más las relaciones y con más frecuencia buscan preferentemente sexo y conductas coitales, tienen fantasías sexuales, recurren a la pornografía y están más dispuestos a practicar sexo ocasional. Las chicas buscan preferentemente afecto, prefieren que sus relaciones sexuales tengan un contenido afectivo y amoroso, encuentran mayor placer en la comunicación, caricias y juegos eróticos y aceptan mejor la homosexualidad y la transexualidad(6).

El Informe HBSC del año 2002(7), encuentra que algo más de uno de cada 3 escolares de 3º de la ESO hasta 2º de Bachiller se había iniciado sexualmente antes de los 18 años. De ellos, el 18% de los chicos y el 14,8% de las chicas antes de los 15 años. Según el IJE-2008, el 44,2% de los chicos y el 39,9% de las chicas menores de edad han tenido relaciones sexuales coitales, por lo que la declaración de la edad de inicio de la primera experiencia sexual ha descendido una media de 1,2 años para los varones y 1,4 años para las mujeres en los últimos 12 años, sobre todo desde 2004. La Encuesta Nacional de Salud Sexual 2009 encuentra que la edad de inicio es de 17-18 años tanto para chicos como para chicas, siendo algo más temprana en ellos(8).

Por ello, se prevé que el IJE-2012 va a constatar que, en ese año, la mayor parte de los jóvenes españoles habrán mantenido relaciones sexuales antes de alcanzar la mayoría de edad. El Informe IJE-2008 advierte que la edad media del inicio de las relaciones sexuales es un dato que induce al error. Sólo puede calcularse cuando concluye el ciclo de las iniciaciones, entre los 25-29 años. En 2008, la edad media de inicio de las relaciones sexuales de los jóvenes que en esa fecha tenían entre 15 y 29 años era de 18,7 años para las chicas, de 18,3 para los chicos. La mayoría referían el inicio en torno a los 18 años, con un 11% de las chicas y un 20% de los chicos que se inician antes de los 15 años y un 30% y un 26%, respectivamente, que no tienen relaciones hasta después de los 19 años. El problema es que la edad de iniciación de las actuales cohortes de 15-19 años no es la misma que la edad a la que se iniciaron los que ya tienen 25-29 años, debido al importante descenso en las edades de inicio. Por tanto, sólo podremos saber con exactitud la edad media de iniciación de las cohortes de 15-19 años cuando alcancen la edad de 25-29 años. El IJE-2008 insiste, además, en la trascendencia del manejo erróneo de este dato. Afirma que los medios de comunicación, a pesar de que los estudios que se extienden hasta el fin del ciclo de las iniciaciones sitúan la edad de inicio a los 18 años, han conseguido que socialmente se crea que se produce entre los 15 y los 16 años. Esta creencia se ha impuesto de tal manera que está forzando a los adolescentes a adaptar sus comportamientos sexuales a esa supuesta “normalidad”. El IJE-2008 habla de la obsesión que existe por mantener una primera relación sexual en “una edad adecuada” y demuestra cómo muchos chicos adolescentes mienten para ajustar su historia personal a esa noción de “normalidad”. El estudio CIMOP 2005 encuentra también que la presión hacia una relación sexual coital está promovida por el entorno mediático de la juventud actual(9). El hecho es que el comportamiento sexual de los adolescentes en España está en un proceso de cambio desde el viejo modelo mediterráneo, en el que el inicio en la sexualidad tenía que ver con la mayoría de edad, hacia el modelo anglosajón de una sexualidad en minoría de edad. Esto es preocupante porque la sexualidad precoz comporta mayores riesgos de todo tipo, entre ellos, los embarazos no deseados y las infecciones de transmisión sexual (ITS). Nuestros datos actuales de un 6% de embarazos en menores de edad podrían, al descender la edad de inicio de relaciones coitales, empeorar si consideramos las cifras de embarazos en menores de países en que este fenómeno ya se ha producido: Suecia 16%, Noruega 17%, Dinamarca 12%, Finlandia 9%, Francia 9% y el Reino Unido 17%(3). Además, las experiencias afectivas y sexuales poco gratificantes y, a menudo no realmente deseadas, más frecuentes entre los más jóvenes, son motivo de infelicidad, frustración y pueden condicionar problemas futuros.

Por otra parte, “la primera vez” no es un acto aislado sino el inicio de relaciones sexuales más o menos frecuentes. Tanto en el IJE-2004 como en el 2008 se observa que el modelo de pareja estable con duración de al menos un año, aunque se trate de parejas monogámicas sucesivas, es el que predomina y que, incluso, se está reforzando. Este dato coincide con los resultados de la Encuesta Internacional DUREX-2004 en la que España se sitúa entre los países con un número menor de parejas sexuales a lo largo de la vida.

Prevención de embarazo

El embarazo continúa siendo el principal riesgo en la trayectoria vital de las jóvenes, a pesar de que son los adolescentes actuales los que más utilizan métodos anticonceptivos y de que se está incrementando el recurso a la interrupción voluntaria del embarazo en el grupo de edad de 15-19 años.

En la encuesta valenciana, la mayoría de los adolescentes entre 16 y 18 años consideran que tienen un nivel de información sobre anticoncepción suficiente. Sin embargo, el estudio cualitativo llevado a cabo por CIMOP en 2005, pone de manifiesto que la información sobre sexualidad, reproducción y anticoncepción no está integrada en la vida de los jóvenes ni en sus experiencias; suele ser superficial y basada en conversaciones con sus iguales y en lo que leen en revistas y ven en televisión(9).

Según dicha encuesta, el método utilizado más frecuentemente en la primera relación coital es el preservativo. Con la edad, el uso del preservativo disminuye, incrementándose la utilización de métodos hormonales. Tanto los chicos como las chicas declaran los mismos motivos para no utilizar preservativos: pérdida de la intensidad del placer, la interrupción de la relación y el no tenerlo disponible. El coito interrumpido fue utilizado por algo más del 10%, aumentando su utilización con la edad; de forma que, un porcentaje estable de jóvenes cercano al 25% utiliza como método habitual el coito interrumpido.

En el IJE-2008, el 97,5% de los adolescentes entre 15 y 17 años habían utilizado preservativo en su última relación sexual, con un uso muy escaso del coito interrumpido. Las razones aducidas por quienes no utilizan preservativo en el grupo 15/17 años eran: no tenerlo a mano en determinadas situaciones de “urgencia” (29,4%), no quererlo la persona entrevistada (14,4%) o la persona con la que va a mantener relaciones (3,5%), creer que conoce lo suficiente a la otra persona (15%) y creer que no corre ningún peligro. La vergüenza también puede jugar un papel ya que, en la encuesta realizada en 2003 entre jóvenes en Sevilla, el 25% declaran tener ese sentimiento(10). Pero, tanto los datos del IJE-2008 como los de la encuesta INE-2002, indican que los actuales jóvenes son quienes en mayor medida han utilizado preservativos en su primera relación sexual y que son los jóvenes (18-29 años) los que toman más precauciones cuando tienen relaciones con parejas ocasionales. Pero persisten alrededor de un 11% de jóvenes que no han adoptado ninguna precaución en su última relación sexual, muchos de los cuales son de nacionalidad extranjera, por lo que es necesario elaborar políticas educativas y preventivas dirigidas a esta población inmigrante.

El IJE 2004 y 2008 encuentran un uso muy bajo de la píldora del día siguiente. También la Encuesta Nacional de Salud Sexual 2009. Sin embargo, según el Informe sobre la interrupción voluntaria del embarazo y los métodos anticonceptivos en jóvenes de 2007, es un método que se utiliza cada vez con más frecuencia, con ventas en farmacia en el año 2005 de 500.000 unidades(11). Además, encuentra que el 63% de la píldora postcoital es utilizada por jóvenes con tasas de utilización entre los 15 y 24 años de 117,38 por mil.

El resto de los métodos requieren de un cierto control sanitario que disminuye su uso y, además, suscita miedos y preocupaciones acerca de su repercusión sobre la salud y sobre la estética (engordan, aumentan el vello…)(9).

El Informe HBSC de 2002 indicaba que, en el último ciclo de la ESO y en el Bachillerato, es decir, entre los 15 y los 18 años, un 4,7% de las chicas habían tenido al menos un embarazo no deseado. El IJE-2004(12) señaló que el 9,9% de las mujeres de entre 15 y 29 años que habían tenido relaciones coitales, se quedaron embarazadas sin desearlo. Encuentra también que el embarazo es el principal riesgo en la trayectoria vital de las jóvenes hasta los 19 años y que en este grupo de edad hay una baja tasa de interrupción voluntaria (IVE), de alrededor del 36%. En el IJE-2008 el porcentaje de embarazos no deseados asciende hasta el 12,1% y casi la mitad de ellos terminan en aborto, tanto espontáneo como voluntario. En este informe, la edad media del embarazo no deseado es de 22,9 años; mientras que, en 2004 fue de 19,6. Según datos del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, en 2010 se notificaron en España 14.122 abortos en mujeres entre 15 y 19 años y en 2011, 14.586, lo que representa unas tasas de 12,7‰ y de 13,7‰, respectivamente. Ambas claramente inferiores a las tasas de los grupos de edad de 20-24 años y 25-29. En relación a la consideración de la IVE, el estudio CIMOP encuentra que los jóvenes aprueban su práctica, que consideran un “último recurso”, pero que no se ha eliminado totalmente ni el estigma social ni la sensación de culpabilidad.

Prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS)

Pocos adolescentes consideran que es necesario prevenir las enfermedades de transmisión sexual. El uso tan extendido del preservativo no se debe tanto al miedo al VIH/Sida y a otras ITS, sino al embarazo.

Las relaciones sexuales coitales sin protección exponen al riesgo de contraer ITS, entre las que se incluyen la infección por papilomavirus, algunos de cuyos serotipos son los agentes etiológicos del cáncer de cérvix, y la infección por VIH. Las adolescentes son más vulnerables que las chicas de más edad y las mujeres que los hombres al exponer una mayor superficie mucosa en las relaciones coitales.

Los jóvenes siguen considerando que el VIH/Sida no es su problema, quizás porque siguen relacionándolo con la drogadicción, la homosexualidad y la prostitución, sin que todavía haya calado en ellos la idea de que la principal vía de transmisión ha pasado a ser la relación heterosexual y el que a priori no hay ningún compañero sexual seguro a menos que nunca haya tenido relaciones sexuales y no mantenga ninguna conducta de riesgo. Contribuye a su no percepción de este riesgo, el que suelen elegir a sus parejas entre su grupo de amigos y conocidos, lo que les infunde una falsa seguridad. Por ello, aunque muchos adolescentes piensan en protegerse del embarazo, aún hoy, muy pocos consideran la necesidad de prevenir también las enfermedades de transmisión sexual. Así, el uso tan extendido del preservativo en España no se debe tanto al miedo al VIH/Sida y a otras ITS, sino al embarazo(3).

Anticoncepción en la adolescencia

Desde los 13 años, edad legal del consentimiento sexual, un adolescente puede necesitar adoptar medidas contraceptivas y acudir a los servicios sanitarios en demanda de consejo contraceptivo y de la prescripción de un método anticonceptivo.

Legalmente, en cuanto los adolescentes cumplen los 13 años pueden consentir en tener relaciones sexuales, incluso con un adulto de cualquier edad. Antes de esa edad el consentimiento sería nulo y, por tanto, se consideraría un delito de abusos sexuales que habría que poner en conocimiento de las autoridades. España, junto con el Vaticano, donde la edad legal para el consentimiento sexual es de 12 años, son excepciones en Europa. En el resto de los países, la edad del consentimiento oscila entre los 14 y 17 años.

En nuestro país, se han alzado numerosas voces señalando la desprotección que esto puede suponer para los adolescentes. Psicólogos, con Javier Urra a la cabeza, ONG de protección a la infancia, como Save The Children o UNICEF, juristas y el propio Congreso de los Diputados, que ha aprobado una iniciativa del PNV en este sentido, se pronuncian por la elevación de esta edad que, presumiblemente, se recogerá en la reforma del Código Penal actualmente en preparación.

Desde los 13 años, por tanto, un adolescente puede necesitar adoptar medidas contraceptivas y acudir a los servicios sanitarios en demanda de consejo contraceptivo y de la prescripción de un método anticonceptivo. En estos casos, muchos profesionales albergan dudas acerca de la obligación de confidencialidad y sobre la necesidad del consentimiento paterno. Sin embargo, en virtud de los derechos de la personalidad reconocidos al menor (derecho a la vida, la integridad física y moral, el honor, la intimidad, la sexualidad y la opinión), la Ley básica reguladora de la autonomía del paciente establece la mayoría de edad médica en los 16 años y, además, reconoce a los menores de 16 años “maduros” el derecho a la asistencia sanitaria sin necesidad de autorización de sus representantes legales y la capacidad para prestar un consentimiento válido y eficaz. El umbral de “esta minoría de edad madura” se sitúa en los 12 años de edad cumplidos pero, para el tema que nos ocupa, serían 13 o la edad legal para el consentimiento sexual que, finalmente, se establezca. La ley de autonomía establece también que corresponde al facultativo la valoración de la madurez del menor. En términos generales pueden considerarse maduros a los adolescentes que solicitan un método anticonceptivo o tratamiento postcoital (lo que supone una conducta sexual responsable), entienden las ventajas e inconvenientes de cada método y hacen una elección acorde con sus necesidades y su particular idiosincrasia. Los menores maduros tienen el mismo derecho a la confidencialidad, al deber del secreto profesional y a la protección de datos de carácter personal que los adultos. En la práctica y para evitar conflictos con los padres, resulta conveniente anotar en la historia clínica que:

• Se ha constatado la madurez del o de la adolescente.

• El método anticonceptivo adoptado es elegible medicamente.

• Se le ha aconsejado que informe a sus padres o tutores de que está utilizando un anticonceptivo o ha usado anticoncepción postcoital.

Sólo si los profesionales entienden que un menor concreto no es capaz intelectual ni emocionalmente de comprender el alcance de su demanda, se le pedirá que acuda acompañado de alguno de sus progenitores o de su tutor legal, tal y como se haría con adultos con problemas que alteraran su capacidad para consentir(13).

La elección del método anticonceptivo

La elección de un método anticonceptivo requiere de un cuidadoso consejo contraceptivo.

Es necesario que los adolescentes conozcan todos los métodos reversibles(14)para poder elegir el que mejor se adapte a sus necesidades, valores, preferencias y personalidad. Para ello, se desarrolla un proceso asistencial denominado Consejo Contraceptivo que pretende:

• Conocer las necesidades anticonceptivas de la chica o pareja, que serán diferentes dependiendo de la frecuencia de relaciones, de si existe o no riesgo de ITS, de la confianza que exista entre la pareja, del grado de implicación del chico, etc.

• Identificar valores y creencias sobre la sexualidad, la anticoncepción, la eventualidad de un embarazo no deseado, etc.

• Conocer características personales de la adolescente que deban ser tomadas en cuenta para elegir el método más adecuado (metódica, olvidadiza, rechazo a fármacos, apoyo familiar…).

• Valorar el estado de salud para descartar posibles condiciones médicas que afecten a la elegibilidad de los diferentes métodos anticonceptivos. La guía Criterios Médicos de Elegibilidad para el uso de anticonceptivos de la OMS proporciona una orientación clara y actualizada sobre las situaciones de salud que pueden desaconsejar el uso de un determinado método(15).

• Dar a conocer los métodos anticonceptivos, informando sobre su eficacia, forma de uso, relación con el coito, precio, etc.

• Recomendar la doble protección, es decir, el uso del preservativo para prevenir ITS y de otro método, generalmente hormonal, para aumentar la eficacia anticonceptiva(13).

• Ayudar a adoptar decisiones informadas.

• Proporcionar información sobre el correcto uso del método elegido, el manejo de eventualidades (rotura, olvidos, vómitos, uso de otros fármacos) y los efectos secundarios posibles. La guía Recomendaciones sobre prácticas seleccionadas para el uso de anticonceptivos de la OMS ofrece asesoramiento, basado en la evidencia científica, sobre cómo usar el método anticonceptivo elegido de una forma segura y eficaz(16).

• Comprobar la correcta comprensión.

• Proponer un seguimiento, ya que la elección de un método contraceptivo debe seguirse de una adecuada supervisión y la posibilidad de acceder a la consulta si se produce cualquier problema o surge alguna duda.

Métodos anticonceptivos en la adolescencia. Preservativo(17)

El uso del preservativo está especialmente indicado si las relaciones son esporádicas o imprevistas y para evitar ITS.

Es el método más utilizado entre los menores. Con la edad, su uso va siendo sustituido por otros métodos, fundamente los hormonales. La hegemonía del preservativo a estas edades es un éxito de las políticas de prevención y resultado también de la autonomía de su uso que no requiere del concurso de profesionales sanitarios. Pero, el IJE-2008 señala un inconveniente relacionado con esta casi exclusividad: el desconocimiento de los otros métodos, que deja a los adolescentes que rechazan el uso del preservativo sin posibles alternativas.

Indicaciones

El uso del preservativo está especialmente indicado si las relaciones son esporádicas o imprevistas y para evitar ITS; ya que, reduce el riesgo de transmisión de: HIV, sífilis, Clamydia trachomatis, gonococia, Trichomonas vaginalis, herpes genital, papilomavirus y hepatitis B.

Eficacia

La tasa de embarazo en usuarios perfectos es de 2 gestaciones por 100 mujeres que lo utilicen durante un año, pero puede ser de hasta un 12% si el uso es incorrecto o inconstante.

Instrucciones de uso

Por fácil e intuitiva que parezca su utilización, es importante dar las siguientes instrucciones para procurar un uso correcto:

• Comprarlos en establecimientos garantizados y guardarlos en un lugar fresco y seco (no en el bolsillo del pantalón, en la guantera del coche o en la moto).

• Comprobar la fecha de caducidad y su integridad antes de usarlos.

• Abrir el envoltorio cuidadosamente, sin utilizar ningún instrumento cortante.

• Colocar el preservativo desde el inicio de la erección, con el pequeño anillo en el que está enroscado hacia el exterior y pinzando el extremo del condón antes de desenrollarlo sobre el pene para que quede un pequeño espacio libre de aire.

• Debe colocarse el preservativo antes del contacto íntimo porque las secreciones preeyaculatorias contienen espermatozoides y tanto estas secreciones como las vaginales pueden contener microorganismos causantes de ITS.

• Se recomienda usar lubricantes para practicar sexo anal.

• No usar como lubricante vaselina, aceite mineral, aceite vegetal o cremas para niños, porque dañan el preservativo, pudiendo diseminarse el VIH a través de las paredes del 50% de los preservativos en 3 minutos. Se deben utilizar sólo geles hidrosolubles.

• Después de la eyaculación, retirar cuidadosamente el pene mientras está erecto, sosteniendo el borde superior del preservativo para evitar la salida del esperma o que el preservativo se pierda en la vagina.

• Cerrar el preservativo con un nudo y comprobar siempre su integridad.

• Evitar que el pene, tras la retirada del preservativo, toque el área genital.

• Usar un nuevo preservativo en cada coito.

• No poner un preservativo sobre otro para obtener una mayor seguridad, ya que el roce que se produce conlleva un mayor riesgo de rotura.

Tasa de rotura

• Oscila entre 0,5-3%.

• Siempre hay que advertir de esta posibilidad y hacer las siguientes recomendaciones:

– Si la rotura se produce antes de la eyaculación: cambiar el preservativo.

– Si se comprueba la rotura después de la eyaculación: anticoncepción postcoital de emergencia en todos los casos, independientemente del momento del ciclo menstrual.

– Después de un accidente con el preservativo, puede ser adecuada la investigación de ITS.

• Dada la frecuencia de rotura, es conveniente proporcionar una dosis de anticoncepción postcoital a todos los usuarios, ya que disponer de este método no aumenta las conductas sexuales de riesgo y sí la probabilidad de que se utilice si es necesario, disminuyendo los embarazos no deseados.

Dificultades

• Alergia al látex: se dispone de preservativos libres de látex.

• Algunos adolescentes encuentran inconvenientes en el uso del preservativo:

– Pérdida de espontaneidad, interrupción de la relación. Disminución de la sensibilidad.

– Dificultad y vergüenza al plantear su uso.

– No disponibilidad del preservativo y dificultades para conseguirlo. Precio.

– Falta de información. Desconocimiento de los beneficios que puede ofrecer.

– Inexperiencia en su uso.

Es imprescindible hablar abiertamente de estas dificultades o de cualquiera que puedan experimentar, desmontar mitos o prejuicios, mejorar el nivel de información y ofrecer soluciones a los problemas concretos de cada adolescente.

Anticonceptivos hormonales combinados

Por su alta eficacia anticonceptiva, son una buena elección para adolescentes sanas que mantienen relaciones sexuales con suficiente frecuencia y no requieren protección frente a ITS. Son beneficiosos cuando existe sangrado menstrual irregular o excesivo, dismenorrea, acné o hirsutismo, problemas que aparecen con alguna frecuencia en la adolescencia.

La anticoncepción hormonal combinada (AHC) asocia un estrógeno, el etinilestradiol, a un progestágeno, que varía según los diferentes preparados disponibles. Este tipo de anticoncepción puede indicarse desde la menarquia, ya que no interfiere con el proceso de maduración del eje hipotalámo-hipofisiario. Para evitar un efecto negativo sobre la masa ósea de las adolescentes, se recomienda utilizar una dosis de 30 microgramos de etinilestradiol. Disponemos de tres formulaciones: píldoras, anillo vaginal y parche transdérmico.

Indicaciones

Son una buena elección para adolescentes que mantienen relaciones sexuales con suficiente frecuencia y no requieren protección frente a ITS.

Eficacia

Elevada, con una tasa de 0,8 embarazos por 100 mujeres que los utilicen de forma perfecta durante un año. La eficacia real o efectividad, sin embargo, asciende a 8 embarazos, por los frecuentes olvidos. La protección anticonceptiva se mantiene también durante los días libres de hormonas en cada ciclo.

Condiciones de no elegibilidad
médica

Las situaciones clínicas que pueden darse en la adolescencia y contraindican el uso de AHC son las siguientes(15):

• Trombofilia hereditaria.

• Enfermedad tromboembólica venosa.

• Anticuerpos antifosfolipídicos.

• Cirugía mayor e inmovilización prolongada.

• Migrañas con aura.

• Hepatitis aguda.

• Tumores hepáticos benignos.

• Uso de anticonvulsivos: fenitoína, carbamazepina, barbitúricos, primidona, oxcarbazepina.

• Tratamiento con lamotrigina.

• Tratamiento con rifampicina y rifabutina.

• Primeras 3 semanas postparto (pueden iniciarse inmediatamente después de un aborto).

• Durante los 6 primeros meses de lactancia materna.

Efectos beneficiosos adicionales

Además de la eficacia anticonceptiva, la AHC ofrece la posibilidad de tratar problemas menstruales o trastornos muy frecuentes a estas edades, como el acné, ya que:

• Mejora la dismenorrea.

• Disminuye la cuantía del sangrado menstrual y evita anemias ferropénicas.

• Provoca hemorragias de deprivación regulares.

• Mejora el acné y el hirsutismo.

Además, se ha comprobado que su uso:

• Disminuye en un 50-75% la patología benigna de la mama.

• Disminuye la incidencia de quistes ováricos funcionales y tumores ováricos benignos.

• Confiere cierta protección frente a la enfermedad pélvica inflamatoria.

• Reduce en un 50% el riesgo de cáncer de ovario y de endometrio, prolongándose esta protección más de 15 años tras la suspensión.

Efectos no deseables

Sólo afectan a un pequeño número de adolescentes.

• Alteraciones en el peso. El efecto global sobre el peso parece ser insignificante y, en grandes series, la proporción de mujeres que perdieron o ganaron peso fue semejante. Sin embargo, las adolescentes se muestran muy preocupadas acerca de esa posibilidad.

• Náuseas y vómitos. Pueden aparecer en los primeros ciclos y para evitarlos se recomendará la toma al acostarse.

• Cloasma. Conviene recomendar el uso de un fotoprotector.

• Cambios en la libido.

• Cambios de humor.

• Sangrados intermedios. Suelen desaparecer espontáneamente en el transcurso de los primeros ciclos.

• Amenorrea. Aparece en menos del 2% de los casos. Generalmente es secundaria a la atrofia del endometrio por la deficiencia de estrógeno. Resulta prudente hacer una prueba de embarazo.

Requisitos para la prescripción

• Historia clínica para descartar las condiciones de no elegibilidad médica ya reseñadas.

• Determinación de tensión arterial.

• En adolescentes sin factores de riesgo, sanas y sin quejas ginecológicas no está indicado realizar exploraciones pélvicas ni siquiera analítica sanguínea. Estos requisitos innecesarios disuaden a muchas de solicitar anticoncepción hormonal(18).

• Consejo pormenorizado sobre su uso.

Preparados orales

Las píldoras disponibles son muchas, pero la combinación de elección es la que contiene 30 mcg de etinilestradiol y 150 mcg de levonorgestrel (Ovoplex 30/150, incluido en la prestación farmacéutica del Sistema Nacional de Salud, SNS)(19).

Preparados con dosis más bajas de estrógenos no son adecuados; ya que, pueden necesitar de un mejor cumplimiento terapéutico del que suele ser habitual entre las adolescentes y además dificultar la adquisición de masa ósea. El uso de píldoras con progestágenos distintos al levonorgestrel se asocia a un mayor riesgo de enfermedad tromboem-
bólica venosa y debe evitarse.

El acné o hirsutismo pueden no mejorar con este preparado, ya que el levonorgestrel tiene un cierto efecto androgénico. En estas situaciones, pueden utilizarse preparados con 30 mcg de etinilestradiol y 3 mg de drospirenona (incluidos en la prestación farmacéutica del SNS) que presentan un efecto antiandrogénico y antimineralocorticoide. Sin embargo, exponen a un mayor riesgo de enfermedad tromboembólica venosa, similar al de los preparados con desogestrel y gestodeno. Un preparado de uso muy extendido cuando la mujer presenta manifestaciones de androgenización tales como acné, hirsutismo o alopecia, es el que contiene 35 mcg de etinilestradiol y 2 mg de acetato de ciproterona (incluido en la prestación farmacéutica del SNS). No debe utilizarse durante periodos largos de tiempo, por ello se recomienda suspenderlo 3 meses después de obtenida la mejoría clínica y continuar con otro preparado contraceptivo con drospirenona.

La AHC puede iniciarse en cualquier momento del ciclo. Idealmente, se comenzará el tratamiento tomando la primera píldora el primer día de sangrado menstrual; ya que, de esta forma se consigue la máxima eficacia en el primer ciclo, pero también puede iniciarse hasta el quinto día del ciclo sin necesitar ninguna protección adicional. Una alternativa es el Sunday Start. La adolescente comenzará la toma el primer domingo después del inicio de su regla, así se evita que las sucesivas hemorragias de deprivación se produzcan durante los fines de semana. Si existe razonable certeza de que la adolescente no está embarazada y no se considera conveniente retrasar la protección anticonceptiva, puede iniciarse la píldora en el momento de la prescripción, lo que se denomina Quick Start. Tanto si la adolescente elige esta forma de inicio como el Sunday Start, necesitará usar protección anticonceptiva adicional durante los 7 primeros días de uso de la píldora.

A continuación, se tomará una píldora diaria durante 21 días consecutivos, seguido de una pausa sin tratamiento de siete días. En este intervalo se producirá una hemorragia de deprivación, que tenderá a ser de menor cuantía que las reglas habituales de la adolescente. Los preparados con drospirenona y acetato de ciproterona disponen de una presentación mensual con 28 comprimidos, en la que los 7 últimos son placebo. Algunas adolescentes pueden preferir esta presentación y tomar un comprimido diariamente de forma ininterrumpida para evitar olvidos.

Cuando interesa evitar la hemorragia de deprivación por sangrado excesivo, dismenorrea que no se alivia suficientemente o por molestias asociadas a la caída de los niveles hormonales, tales como cefalea menstrual, síndrome premenstrual y disforia premenstrual pueden prescribirse regímenes prolongados. Se le recomendará a la adolescente, la toma de 42, 63 u 84 píldoras consecutivas, según prefiera o se considere más oportuno (2, 3 ó 4 envases de Ovoplex 30/150) seguidas de un intervalo libre de 7 días. Puede recurrirse ocasionalmente a esta pauta de ciclos prolongados cuando resulte conveniente por razones personales (competiciones deportivas, exámenes, viajes, etc.)(20).

Si se produjeran olvidos en la toma de la píldora se recomendará:

Olvido de una píldora:

– Tomar cuanto antes la píldora olvidada (2 en el mismo día o al mismo tiempo).

– Seguir con el envase normalmente.

– No se necesitan medidas anticonceptivas adicionales.

Olvido de dos píldoras:

– Tomar cuanto antes una de las píldoras olvidadas.

– Seguir con el envase normalmente.

– Precauciones anticonceptivas los 7 días siguientes.

– Si olvido en la primera semana, se tomará además una píldora postcoital.

– Si en la segunda semana: no es necesaria ninguna otra medida.

– Si en la tercera: se comenzará además el siguiente envase sin respetar el intervalo de descanso o desechando las píldoras placebo, si el preparado las contiene.

Si aparecieran vómitos o diarrea en las dos horas siguientes a la toma, se recomendará tomar una píldora adicional. Si el problema persistiera, se utilizarán medidas contraceptivas adicionales durante siete días.

Pueden producirse interacciones medicamentosas con disminución de la eficacia contraceptiva; por lo que, se advertirá la necesidad de informar de la utilización de AHC ante cualquier prescripción de otro medicamento.

Se suspenderán en caso de:

• Embarazo.

• Flebitis.

• Ictericia, hepatitis o prurito generalizado.

• Aumento del número de crisis epilépticas.

• Cirugía mayor programada con 4-6 semanas de antelación.

• Si se requiere inmovilización por reposo en cama, escayolas, etc.

Anillo vaginal

Un sistema diferente para administrar anticonceptivos hormonales combinados consiste en un anillo vaginal hormonado (Nuvaring), que libera 15 mcg de etinilestradiol y 0,12 mg etonogestrel diarios y que no contiene látex(21).

La eficacia es similar a la de la AHC oral.

No existen suficientes datos epidemiológicos para establecer el riesgo comparativo de enfermedad tromboembólica venosa en relación con la AHC oral.

Las condiciones de elegibilidad médica son las mismas que la AHC oral y están especificadas en la Guía OMS Criterios de elegibilidad médica para el uso de anticonceptivos.

Este método evita el primer paso hepático, presenta una tasa de liberación constante y no se ve afectado por alteraciones gastrointestinales.

Los estudios farmacocinéticos muestran que las concentraciones en sangre de etinilestradiol son el 30-50% de las alcanzadas con la administración de igual dosis de dicha sustancia por vía oral y las de etonogestrel del 40%. Actualmente, se desconoce si esta teórica ventaja de la vía vaginal confiere beneficios clínicos.

El anillo contraceptivo presenta un mejor control del ciclo que la píldora combinada y el parche con menos sangrados intermenstruales y amenorreas. La incidencia del resto de los efectos secundarios, cambios en el peso y en la tensión arterial, mastalgia, náuseas y cefalea, es similar a la que presentan los AHC orales, pero la mastalgia y la náusea aparece con menor frecuencia que en las usuarias de parche. Los síntomas relacionados con el propio anillo, sensación de cuerpo extraño, sentirlo durante el coito, leucorrea, mal olor vaginal y expulsión, aparecen con cierta frecuencia y motivan el abandono del método.

La aceptabilidad de este método durante los ensayos de eficacia realizados en población general (no en adolescentes) ha sido buena. Algunas adolescentes y jóvenes encuentran este sistema más fácil y conveniente que la toma diaria de píldoras, aunque resulta mucho más caro, ya que no está financiado por el Sistema Nacional de Salud.

Los anillos deben mantenerse refrigerados entre 2 y 8°C hasta ser dispensados. La adolescente debe saber que pueden mantenerse a partir de ese momento a temperatura ambiente y que caducan a los 4 meses de dispensados.

Para iniciar su uso, el anillo se coloca en la vagina entre el día 1 y 5 del sangrado menstrual, donde debe permanecer durante tres semanas, retirándolo al finalizar ese periodo de tiempo, el mismo día de la semana en que fue insertado. Tras una semana sin anillo, durante la que aparece un sangrado por deprivación, se colocará otro el mismo día de la semana en que se colocó el anterior. Durante los primeros siete días del primer ciclo debe utilizarse alguna precaución anticonceptiva adicional.

Debe explicarse a la adolescente cómo colocar y retirar el anillo. Para insertar el anillo debe comprimirlo entre los dedos e introducirlo en la vagina completamente. No es necesario conseguir una posición determinada del anillo en la vagina. Una vez colocado, no debe advertirse su presencia. Se recomendará comprobar regularmente que permanece en la vagina. El anillo se retira traccionando con el dedo índice de su parte más accesible.

No es conveniente retirarlo durante el coito, aunque el 18% de las usuarias y el 32% de sus parejas refieren sentirlo. Si se opta por retirarlo, debe saberse que intervalos sin anillo de más de tres horas o más de una vez por ciclo disminuyen la eficacia.

Antes de recolocar el anillo tras una extracción deliberada o espontánea, se recomienda lavarlo con agua fría o tibia (no caliente). Si tarda en recolocarse más de 3 horas, su eficacia puede reducirse y debe utilizarse un método anticonceptivo adicional durante 7 días.

Nuvaring continua suprimiendo la ovulación si se mantiene en la vagina hasta 4 semanas, por ello, si se olvida retirarlo más de 3 semanas, pero menos de cuatro, debe extraerse, respetarse una semana de descanso y, una vez transcurrida ésta, colocarse otro. Si transcurren más de 4 semanas sin retirarlo se recomienda extraerlo, colocar un nuevo anillo y utilizar un método adicional 7 días.

Si la adolescente olvida insertar un nuevo anillo transcurridos los 7 días libres, se le recomendará que lo coloque tan pronto como se dé cuenta del olvido y que utilice un método anticonceptivo adicional durante 7 días. Si ha mantenido relaciones coitales durante el intervalo libre de anillo existe un riesgo de embarazo.

El uso de óvulos antimicóticos no parece afectar a la eficacia contraceptiva pero pueden aumentar las posibilidades de rotura del anillo.

Parche anticonceptivo

Es un método de AHC transdérmico que libera 20 mcg de etinilestradiol y 150 mcg de norelgestromina diariamente (EVRA)(22).

La eficacia es similar a la píldora, se ve influida por la correcta adhesión a la piel y se considera potencialmente reducida en mujeres obesas (peso >90 kg).

Los criterios de elegibilidad son similares.

Parece asociarse a un mayor riesgo de trombosis venosa.

Los estudios farmacológicos muestran que minimiza los picos y valles de la vía oral y no se ve afectado por alteraciones gastrointestinales.

Puede producir reacciones cutáneas leves en el lugar de aplicación que disminuyen con el tiempo y spotting, hemorragias y tensión mamaria durante los primeros meses con mayor frecuencia que los preparados orales. El sangrado de deprivación es más prolongado que con la píldora.

Aunque existen pocos datos sobre los beneficios no contraceptivos del parche, se considera que se obtendrán beneficios similares a los alcanzados con la AHC oral (reducción de dismenorrea, disminución de anemia ferropénica, de cáncer de endometrio y ovario, etc.).

La aceptabilidad de este método en adolescentes no es alta, prefiriendo, en general, la píldora o el anillo.

El primer parche se aplica el primer día del ciclo y, a continuación, uno cada semana durante tres semanas, seguidas de un intervalo libre de 7 días durante el que se producirá la hemorragia de deprivación. Los parches sucesivos se colocarán en diferentes localizaciones, espalda, abdomen, brazos, parte alta del tórax y se evitará su colocación sobre las mamas, porque la alta concentración local de estrógeno puede ocasionar tensión mamaria. Si se comienza su uso en otro momento del ciclo, se recomendará utilizar un método adicional durante 7 días.

La adolescente debe saber que si se produce un retraso en la aplicación del primer parche, éste debe ser colocado cuanto antes, se usará un método anticonceptivo adicional 7 días, y se cambiará el día de aplicación. Si el olvido afecta al segundo o tercer parche y consiste en un retraso de dos o tres días, como hay un periodo adicional de dos días de liberación de niveles adecuados de estrógenos, no será necesaria anticoncepción adicional ni modificar el día de cambio del parche. Pero, si el olvido es superior a 48 horas, será necesario utilizar píldora postcoital, un método anticonceptivo adicional durante 7 días y cambiar el día de aplicación. Si el olvido consiste en retraso en retirar el tercer parche, se quitará en cuanto se recuerde y no se modificará el día de aplicación.

Si un parche se ha despegado menos de 24 horas, debe recolocarse si no ha perdido su adhesividad, en caso contrario se colocará uno nuevo. Si se ha despegado por más de 24 horas, se aplicará otro, este día pasará a ser el nuevo día de cambio y se usará un método adicional durante 7 días.

Controles sucesivos de los AHC

Son necesarios fundamentalmente para mejorar el cumplimiento terapéutico y mejorar el nivel de información de la adolescente y su pareja:

• Recomendar una consulta telefónica ante cualquier duda o problema y siempre antes de suspender el método.

• Dar una cita para un primer control a los 3-6 meses:

– Valorar efectos secundarios.

– Comprobar su uso adecuado.

– Aclarar dudas.

– Conducta sexual. Educación sanitaria.

– Toma de TA.

• Los siguientes controles se fijarán según las necesidades. Se recomienda la toma de TA con cierta periodicidad (1-2 años).

Anticoncepción hormonal con sólo progestágenos (ASG)

Son una buena alternativa para adolescentes que no requieren protección frente a ITS y que presentan alguna contraindicación médica para el uso de AHC y, además, en el caso del implante y la inyección intramuscular cuando tienen dificultades para usar adecuadamente los otros métodos.

Los anticonceptivos que contienen sólo gestágenos(23) son de elección para adolescentes con alguna contraindicación a los métodos combinados con estrógenos, y para aquellas que presentan algunos efectos adversos con la AHC, como: náuseas, retención de líquidos, cefalea, cambios de humor, depresión, disminución de la libido o que están lactando. Disponemos de ASG en forma de píldora diaria, inyectables trimestrales e implantes.

Estos anticonceptivos se utilizan de forma continuada y, por tanto, no inducen una hemorragia de deprivación similar al sangrado menstrual, como hacen los AHC. Los ASG producen, por el contrario, un patrón impredecible de sangrado: desde sangrado regular, sangrado frecuente, sangrado prolongado, sangrado infrecuente a amenorrea. Estas alteraciones del patrón menstrual, aunque directamente relacionadas con el efecto de los progestágenos sobre el endometrio, constituyen el motivo más frecuente de rechazo o abandono de estos métodos. Es, por ello, muy importante advertir a la adolescente de estas alteraciones y explicar con claridad que no suponen ningún problema para la salud y que, incluso, la amenorrea puede constituir una ventaja si existía sangrado menstrual muy abundante o dismenorrea.

Píldora con sólo gestágeno (POP)

Sólo disponemos de una píldora comercializada que contiene 75 mcg de desogestrel (Cerazet, incluida en la prestación farmacéutica del SNS). Su metabolito activo es el etonogestrel.

No existen estudios que comparen su eficacia con la de la AHC, aunque se considera similar.

Está especialmente indicada si existe alguna contraindicación para el uso de estrógenos: migraña con aura, historia de enfermedad tromboembólica, trombofilia genética, hepatitis aguda, cirugía con inmovilización, 21 primeros días postparto, lactancia a partir de las 6 semanas.

No es un método elegible si la adolescente presenta un tumor hepático, anticuerpos antifosfolípidicos, padece una enfermedad tromboembólica venosa, se encuentra en las primeras 6 semanas de lactancia o sigue tratamiento con inhibidores de la proteasa reforzados con ritonavir, carbamazepina, fenitoína, primidona, barbitúricos, topiramato y oxcarbazepina.

No presenta interacción con lamotrigina.

No disminuye la densidad mineral ósea.

Produce una alteración del patrón menstrual habitual. El 70% de las mujeres que presentan amenorrea en los 3 primeros meses de uso, la seguirán teniendo y el 50% de las que presentan sangrado infrecuente o sangrado prolongado mantendrán este patrón al menos durante el primer año.

Las píldoras, que se presentan en envases de 28, se toman diariamente a la misma hora y de forma ininterrumpida; de forma que, al terminar un envase, se inicia otro sin intercalar ningún periodo de descanso.

Se comienza el tratamiento el primer día de la regla. Si se inicia entre el segundo y quinto día del ciclo se tomarán precauciones anticonceptivas adicionales durante 7 días.

Puede iniciarse antes de transcurridas 3 semanas del parto e inmediatamente después de un aborto.

Si se produce un olvido en la toma de menos de 12 horas, se mantiene la eficacia de la POP. Se recomendará tomar el comprimido olvidado tan pronto como se recuerde y los siguientes comprimidos a la hora habitual. Si el olvido es de más de 12 horas, se tomará la píldora olvidada cuanto antes y los siguientes comprimidos a la hora habitual, pero se utilizará otro método anticonceptivo durante 7 días.

Preparado intramuscular (DMPA)

Disponemos de un preparado que contiene 150 mg de acetato de medroxiprogesterona (Depo-progevera, incluida en la prestación farmacéutica del SNS).

Eficacia muy elevada.

Es elegible médicamente en las siguientes situaciones: migraña con aura, hepatitis aguda, cirugía con inmovilización, trombofilia genética, historia personal de enfermedad tromboembólica, lactancia (a partir de las 6 semanas), epilepsia (contribuye a disminuir las crisis convulsivas), uso de anticonvulsivos inductores enzimáticos o de rifampicina.

No presenta interacción con lamotrigina.

El uso concomitante de aminoglutetimida disminuye los niveles en plasma y puede afectar a la eficacia anticonceptiva.

No es un método elegible si la adolescente presenta un tumor hepático, anticuerpos antifosfolípidicos, padece una enfermedad tromboembólica venosa o durante las primeras 6 semanas de lactancia.

La DMPA, al reducir los niveles de estrógenos, reduce la Densidad Mineral Ósea (DMO) en las mujeres que han alcanzado su pico de masa ósea e impide su adquisición en adolescentes menores de 18 años. Tanto en adultas como en adolescentes después de dos años de uso, se pierde un 5-7%. Tras suspenderla, la DMO se incrementa salvo en las mujeres que han alcanzado la menopausia, pero se desconoce si esta pérdida impide a las adolescentes alcanzar su potencial pico de masa ósea. Se considera que desde la menarquia a los 18 años es más conveniente usar otro tipo de anticoncepción, pero, si otro método no es elegible, las ventajas de usar la DMPA, generalmente, superan a los riesgos. En este caso, el mantenimiento de este método debe ser reevaluado periódicamente. A partir de los 18 años, no hay restricciones ni en el uso, ni en la duración de uso de la DMPA.

La ampolla de DMPA debe agitarse vigorosamente antes de ser utilizada y se administra mediante inyección intramuscular profunda, preferentemente en el glúteo mayor o en el deltoides, en los cinco primeros días que siguen a una regla. Se repite la dosis cada 12 semanas. La OMS reconoce un “periodo de gracia” de 4 semanas que permite administrar la siguiente dosis hasta 16 semanas después de la anterior sin requerir protección adicional. Si han transcurrido más de 16 semanas, puede administrarse la siguiente dosis, si hay certeza razonable de que la adolescente no está embarazada. Deberá usar precaución anticonceptiva durante los 7 días siguientes y puede utilizarse si se precisa anticoncepción postcoital.

Produce sangrado irregular y frecuente durante los 3 primeros meses en el 80% de las mujeres, lo que deberá ser advertido, y amenorrea al año de uso en el 50% de los casos.

El uso de DMPA puede producir un incremento de peso de 2-3 kg durante el primer año, pero no se asocia a acné, depresión o cefaleas.

Puede producir una supresión de la ovulación de hasta una año tras su cese (amenorrea e infertilidad).

Implante anticonceptivo

Disponemos de un implante anticonceptivo subcutáneo que consiste en una varilla flexible, radiopaca, que contiene 68 mg de etonogestrel (Implanon NXT, incluido en la prestación farmacéutica del SNS).

Se ha establecido su seguridad y una eficacia altísima en mujeres entre 18 y 40 años de edad. La OMS considera que puede usarse sin restricciones entre la menarquía y los 18 años.

Presenta la ventaja de poder ser utilizado en adolescentes que no son buenas candidatas para los otros métodos anticonceptivos, tanto por olvidos, despistes y estilo de vida, como por problemas de capacidad intelectual, salud mental o conductas de riesgo. Además, es elegible médicamente si la adolescente presenta migraña con aura, epilepsia tratada con lamotrigina, hepatitis aguda, cirugía con inmovilización, trombofilia genética, padece enfermedad tromboembólica o está lactando (a partir de las 6 semanas).

Su eficacia disminuye con el uso concomitante de fármacos inductores enzimáticos (rifampicina y anticonvulsivos), pero no presenta interacción con lamotrigina.

No parece afectar la DMO.

El implante se inserta en la cara interna del brazo no dominante en los 5 primeros días del ciclo, inmediatamente tras un aborto o tras el parto si no se lacta. Puede insertarse también en cualquier momento del ciclo si existe razonable seguridad de que la adolescente no está embarazada. En este caso se recomendará anticoncepción adicional durante 7 días.

Su eficacia se mantiene durante tres años. A partir de esa fecha debe procederse a su extracción y, si se desea, a la colocación de un nuevo implante a través de la misma incisión. Al cumplirse la caducidad, si no se ha procedido a su recambio, debe utilizarse otro método anticonceptivo.

Debe explicarse a las adolescentes el cambio en el patrón menstrual: 20% de usuarias tendrán amenorrea y 50% sangrado irregular.

No hay evidencia de retraso en el retorno de la fertilidad ni de asociación con cambios en el peso, alteraciones del humor o de la libido.

Dispositivos intrauterinos (DIU)

Son una buena elección para adolescentes con hijos o que mantienen relaciones sexuales estables, no requieren protección frente a ITS y no desean usar métodos hormonales ni de barrera.

A pesar de que el DIU(24) es muy poco usado en la adolescencia, se considera categoría 2 de la OMS; es decir, un método cuyas ventajas generalmente superan los riesgos teóricos o probados. La edad o la paridad no parecen influir en el riesgo de padecer alguna complicación, aunque la inserción puede ser más difícil y dolorosa. Siempre debe obtenerse una historia sexual para identificar a aquellas adolescentes que se encuentran en riesgo de padecer o adquirir una ITS. Si hay tal riesgo, la inserción del DIU debe desaconsejarse.

Es un método adecuado para adolescentes con hijos o que mantienen relaciones sexuales estables, no requieren protección frente a ITS y no desean usar métodos hormonales ni de barrera. Presenta la ventaja de ser un método de larga duración, independiente del coito y sin problemas de cumplimiento.

Disponemos de dos tipos de DIU, los de cobre, de los que existen diferentes modelos, siendo recomendable por su mayor eficacia y duración de uso (10 años) el TCu380A, y el DIU hormonal (Mirena), que libera levonorgestrel.

El DIU de cobre se utiliza también en la anticoncepción de emergencia. Puede insertarse hasta 120 horas después del coito no protegido. La tasa de fallo es muy inferior al 1%.

La tasa de embarazo a los 5 años de uso es inferior al 2% con el TCu380A y al 1% con el DIU hormonal.

El DIU de cobre incrementa el sangrado menstrual, su duración y la dismenorrea; por lo que, no se recomendará en casos de sangrado menstrual excesivo o reglas dolorosas. El DIU hormonado, por el contrario, disminuye el sangrado menstrual, ocasiona amenorrea hasta en el 50% de las usuarias y alivia el dolor menstrual; por lo que, puede ser útil en adolescentes que presentan estos problemas y no desean métodos hormonales o de barrera.

Debe proporcionarse a las adolescentes que solicitan un DIU la siguiente información:

• La colocación puede resultar dolorosa y producir en algunas ocasiones un reflejo vagal.

• Durante las 3 semanas que siguen a la colocación, existe un riesgo de infección por contaminación bacteriana menor del 1%. El riesgo de enfermedad pélvica inflamatoria posterior es similar al de las no usuarias.

• Existe un riesgo de perforación uterina durante la inserción inferior a 2 casos por cada 1.000 procedimientos.

• El uso del DIU no afecta a la fertilidad posterior, que retorna inmediatamente tras la extracción.

• El riesgo de gestación ectópica es inferior al de las mujeres que no usan contracepción.

• Durante los primeros meses de uso del DIU de cobre, es frecuente el incremento del sangrado menstrual, la aparición de sangrado prolongado, leucorrea abundante y molestias pélvicas leves. Con el DIU hormonado debe esperarse un sangrado escaso e irregular durante los tres primeros meses de uso. Algunas mujeres experimentan también, como consecuencia de la absorción sistémica del progestágeno: cefaleas, tensión mamaria, acné, náuseas y cambios de humor, que suelen desaparecer transcurridos 3-6 meses.

• Deberán consultar si experimentan síntomas de infección pélvica, dolor y alteraciones menstruales persistentes y retraso menstrual si el DIU es de cobre.

• La colocación se realizará por personal entrenado durante la regla o en cualquier momento del ciclo si hay razonable seguridad de que la adolescente no está embarazada. Puede insertarse inmediatamente tras un aborto.

• Se programará una visita de control unas semanas después de la colocación para comprobar la tolerancia al método y aclarar dudas. Se animará a la adolescente a acudir a consulta si aparece algún problema o sus circunstancias cambian, pero se considera innecesaria una revisión rutinaria anual.

Anticoncepción hormonal postcoital. Anticoncepción de emergencia

Existe una dilatada y amplia experiencia con el uso del levonorgestrel que ha demostrado que es un fármaco absolutamente seguro. A la dosis utilizada como tratamiento postcoital no existe ninguna contraindicación médica.

• La llamada píldora del día siguiente ocupa un lugar importante en la anticoncepción de los adolescentes, dado que las relaciones sexuales no planeadas y sin protección son muy frecuentes, así como la rotura de preservativos, los olvidos de píldoras o los fallos con el coito interrumpido. Se considera que por cada 1.000 tratamientos se evitan 53 embarazos. Como píldora postcoital se utiliza levonorgestrel 1,5 mg en dosis única (Norlevo y Postinor, dispensados gratuitamente por muchos Servicios de Salud y de venta libre en farmacias) y se recomienda su utilización dentro de las 72 horas siguientes al coito no protegido(25). Existe una dilatada y amplia experiencia con el uso del levonorgestrel que ha demostrado que es un fármaco absolutamente seguro. A la dosis utilizada, no existe ninguna contraindicación médica y, además, su administración en un embarazo inadvertido no tiene consecuencias ni tampoco si no se consigue prevenir la gestación.

Indicaciones

• Uso incorrecto de otros métodos, rotura de preservativo, olvido de píldora, etc.

• Coito no protegido.

• Uso de teratógenos potentes.

• Violación.

Eficacia

Se ha considerado que la eficacia del tratamiento disminuye a medida que pasan las horas tras el coito no protegido. Sin embargo, un análisis de 4 ensayos de la OMS encuentra que la administración hasta las 96 horas no parece afectar a la eficacia(26).

Elegibilidad

No existen contraindicaciones médicas y puede utilizarse en más de una ocasión en el mismo ciclo. Puede ser utilizada también antes de la menarquia.

Es innecesaria la exploración ginecológica, salvo criterio clínico, debiendo realizarse una anamnesis que incluya:

• Fecha de la última regla y tipo menstrual.

• Horas transcurridas desde el coito no protegido. Transcurridas más de 96 horas del coito, la eficacia del levonorgestrel disminuye, aunque puede seguirse aconsejando hasta las 120 horas, explicando que este uso no está autorizado en ficha técnica. Como alternativa, entre las 72 y las 120 horas se ha propuesto la utilización de un nuevo preparado, acetato de ulipristal. No se recomienda en menores de 18 años porque no se han realizado ensayos clínicos en adolescentes, aunque están previstos. También puede considerarse la posibilidad de insertar un dispositivo intrauterino (DIU) de cobre, método postcoital altamente eficaz.

• Uso de fármacos inductores enzimáticos. En este caso estaría indicado el uso de una dosis de 3 mg de levonorgestrel o un DIU de cobre.

Sólo previene del coito reciente y es más eficaz si éste se ha producido dentro de las 72-96 horas previas. Sin embargo, aun transcurridas 72 horas y hasta 120 horas después del coito, mantiene una eficacia sustancial.

Está indicada independientemente del día del ciclo, ya que no puede determinarse con seguridad el momento de la ovulación.

Puede provocar náuseas y vómitos; por lo que, se recomienda administrarla junto con un antiemético.

La siguiente regla puede aparecer en la fecha prevista aunque, en algunos casos, se adelanta y, en otros, se atrasa, dependiendo del momento del ciclo en que se ingirió la dosis. Transcurrida una semana de la fecha esperada, debe realizarse un test de embarazo.

No es adecuada para su uso frecuente, porque su eficacia es inferior al resto de métodos anticonceptivos.

Si la historia clínica lo revela necesario, hay que ofrecer información sobre métodos anticonceptivos, ITS y prácticas de sexo seguro.

Conclusiones

Parece estar emergiendo un nuevo modelo de sexualidad más abierta, que incluiría: un inicio más precoz de las relaciones sexuales coitales; una vivencia y una concepción diferente de la sexualidad y de las relaciones afectivosexuales y de pareja, con un importante componente lúdico o recreativo, en un contexto más igualitario y con nuevas creencias sobre el sexo y la reproducción; la práctica de diferentes formas de sexualidad; un mayor uso de la anticoncepción; y una mayor sensación de fragilidad de las relaciones con el reconocimiento de una diversidad de modelos familiares, pero plena vigencia del modelo de pareja monogámica y una mejor aceptación de la homosexualidad y del derecho a la interrupción voluntaria del embarazo(9).

La cultura sexual de la precocidad de este nuevo modelo hace, aún más necesario, facilitar una educación sexual adecuada en todos los niveles del Sistema Educativo, ofrecer a los adolescentes Servicios de Salud Sexual y Reproductiva de alta calidad, prescribir métodos anticonceptivos adecuados y atender a las necesidades especiales de este grupo de edad, garantizando siempre sus derechos sexuales, la privacidad y la confidencialidad.

Afortunadamente, los estudios señalan que la conducta sexual de los jóvenes nunca había sido tan prudente y que son los más jóvenes los que extreman la prudencia y adoptan más precauciones. En el contexto internacional, según la encuesta DUREX-2005, realizada en 41 países, España es el país del mundo que más utiliza el preservativo, el tercer país del mundo en el que se practica menos sexo sin protección (27%), superado sólo por Hong-Kong e India; el quinto en menos embarazos no deseados en menores de edad (6%), superado sólo por Bélgica, Polonia y Alemania y empatando con Holanda. También, ocupamos un lugar muy destacado en menor frecuencia de personas con historia de ITS (5%). De forma que España y Holanda son los dos países con menores consecuencias negativas para la salud derivadas de los comportamientos sexuales y la falta de precauciones, en particular en el grupo de los jóvenes.

Función del pediatra de Atención Primaria

Los y las adolescentes necesitan que sus mayores les preparen y ayuden para acceder a la vida adulta en una sociedad de libertades. Y, en especial, necesitan ayuda para que la sexualidad y todas sus posibilidades de placer, comunicación y cariño se vivan plenamente, sin riesgos y llenas de sentido personal y relacional(1,27). Los pediatras tienen un papel que jugar en este proceso, orientando tanto a los propios adolescentes como a sus padres, identificando a los más expuestos a adoptar una conducta sexual de riesgo, colaborando en la educación sexual en escuelas e institutos y defendiendo el derecho de los adolescentes a ser sexualmente activos y a disponer de los medios educativos, legales y asistenciales para serlo sin riesgos.

Los pediatras pueden ayudar a los adolescentes(2):

• A vivir su propio cuerpo de una manera positiva, relativizando los estereotipos de belleza imperantes, señalándoles sus atractivos, la importancia de estar sano, de tener la capacidad de dar y sentir placer y defendiendo la existencia de diferentes estéticas.

• A entenderse y a sentirse cómodos con ellos mismos, informándoles acerca de la naturaleza de los cambios que experimentan.

• A saber que el momento de aparición de los cambios puberales es variable de una persona a otra.

• A entender el porqué del sangrado menstrual excesivo y de la dismenorrea, aclarando su origen e instaurando el tratamiento adecuado.

• A entender que la satisfacción sexual no depende del tamaño del pene ni de la penetración vaginal.

• A que reciban una educación afectivo-sexual asesorando y orientando a padres y educadores.

• A reconocer y asumir de forma positiva su orientación sexual y también a saber aceptar la orientación de las otras personas.

• A aceptar los nuevos sentimientos psicosexuales y vivirlos de forma satisfactoria y responsable.

• A estar abiertos a la experiencia del enamoramiento, a disfrutar de sus aspectos positivos y a afrontar la falta de reciprocidad, así como a ser objeto del enamoramiento de otra persona a la que no se corresponde con el máximo respeto.

• A considerar la masturbación como una práctica sexual normal y natural y las fantasías eróticas como meras fantasías.

• A no quemar etapas, a conocer el propio cuerpo y la propia respuesta sexual.

• A no considerar el coito como una meta ni aceptar relaciones sexuales no deseadas o antes de estar preparado o preparada.

• A tratar con la pareja el tema de la anticoncepción antes de mantener relaciones coitales.

• A tener en cuenta a la otra persona, conocer sus deseos y preferencias, cómo proporcionarle placer y cómo protegerle de consecuencias indeseadas.

• A conocer la respuesta sexual humana y cómo alcanzar el orgasmo.

• A utilizar métodos anticonceptivos, elegir el más adecuado y protegerse de las ITS.

• A tomar decisiones responsables si se produce un embarazo no deseado.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1.*** López Sánchez F. Educación sexual de adolescentes y jóvenes. Siglo Veintiuno de España Editores SA; 1995.

2. Fuertes A, Soriano S, Martínez JL. La sexualidad en la adolescencia. En: López Sánchez F, ed. Educación sexual de adolescentes y jóvenes. Siglo Veintiuno de España Editores SA; 1995.

3.** Informe Juventud en España 2008. Instituto de la Juventud. Ministerio de Igualdad.

4. Encuesta sobre Sexualidad en Jóvenes de la Comunidad Valenciana (2000). Conselleria de Sanidad. Oficina del Plan de Salud. Dirección General de salud Pública.

5. Oliva A, Serra L, Vallejo R. (1993b) Sexualidad y contracepción en jóvenes andaluces. Estudio cuantitativo, Sevilla, Junta de Andalucía.

6.*** López F. Evolución de la sexualidad en la adolescencia. En: Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. 2ª edición. Madrid: Ergon; 2012. p. 847-53.

7. Moreno MC, Muñoz MV, Perea P, Sánchez I. Los adolescentes españoles y la salud. Sevilla: Universidad de Sevilla; 2005.

8. Encuesta Nacional de Salud Sexual 2009. Observatorio de Salud de la Mujer de la Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad y Política Social, Centro de Investigaciones Sociológicas. Madrid: Ministerio de Sanidad y Política Social; 2009.

9. CIMOP: Estudio sobre las IVE en jóvenes en España, 2005. Ministerio de Sanidad y Consumo; 2005.

10. Real P, Oliva A, Serrano M, et al. Sexualidad y Contracepción entre las jóvenes sevillanas: Un estudio cuantitativo. Ayuntamiento de Sevilla, Servicio de Juventud, Universidad de Sevilla; 2003.

11. La interrupción voluntaria del embarazo y los métodos anticonceptivos en jóvenes. Informes, Estudios e Investigación 2007. Ministerio de Sanidad y Consumo.

12. Informe Juventud en España 2004. Ministerio de Trabajo y Servicios Sociales.

13. Quintana R. Anticoncepción. En: Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. 2ª edición. Madrid: Ergon; 2012. p. 882-90.

14. Contraceptive choices for Young People. Faculty of Sexual & Reproductive Healthcare Clinical Guidance. March 2010.

15.*** Medical eligibility criteria for contraceptive use. Fourth edition, 2009. World Health Organization.

16.*** Selected practice recommendations for contraceptive use. Department of Reproductive Health and Research Family and Community Health. Geneva: World Health Organization; 2008.

17. Male and Female Condoms. Faculty of Family Planning & Reproductive Health Care Clinical Guidance. January 2007.

18. Stewart FH, Harper CC, Ellertson CE, et al. Clinical breast and pelvic examination requirements for hormonal contraception: current practice vs evidence. JAMA. 2011; 285: 2232.

19. First Prescription of Combined Oral Contraception (Updated January 2007) Faculty of Family Planning & Reproductive Health Care Clinical Guidance.

20. Kaunitz AM. Hormonal contraception for suppression of menstruation. UpToDate 2011.

21. Combined Vaginal Ring (NuvaRing®) March 2009. Faculty of Sexual & Reproductive Healthcare Clinical Guidance.

22. Burkman RT. Transdermal contraceptive patch. UpToDate 2010.

23. Sánchez Borrego R, Lete Lasa I. Anticoncepción con sólo gestágenos. Revisión de los datos. Ergon; 2004.

24. Intrauterine Contraception. Faculty of Sexual & Reproductive Healthcare Clinical Guidance. November 2007.

25. Emergency Contraception Faculty of Sexual & Reproductive Healthcare Clinical Guidance August 2011.

26. Piaggio G, Kapp N, Von Hertzen H. Effect on pregnancy rates of the delay in administration of levonorgestrel for emergency contraception: a combined analysis of four WHO trials. Contraception. 2011; 84; 35-9.

27. Quintana R. Sexualidad. Anticoncepción. En: Redondo Figuero CG, Galdó Muñoz G, García Fuentes M, eds. Atención al Adolescente. Santander: PUbliCan, Ediciones de la Universidad de Cantabria; 2008.

Bibliografía recomendada

– Informe Juventud en España 2008. Instituto de la Juventud. Ministerio de Igualdad.

Los informes Juventud en España son estudios sociológicos que desde 1984 se realizan cada 4 años. El universo objeto de estudio son las personas entre 15 y 29 años. Gran parte del análisis se basa en los resultados de las encuestas, que se realizan en cada edición, a 5.000 jóvenes de esas edades, pero también se utilizan numerosas fuentes secundarias. Se tratan aspectos como: demografía, estado de salud, vida sexual, desigualdades de género, especificidades de la población inmigrante, prácticas de ocio, relación con las tecnologías de la información y comunicación, así como valores y creencias, situación laboral, económica y de consumo de la juventud.

– Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. 2ª edición. Madrid: Ergon; 2012. p. 847-53.

Tratado que aborda la atención integral a los adolescentes y trata en el capítulo “La Sexualidad como motivo de consulta” seis temas de interés: evolución de la sexualidad en la adolescencia, homosexualidad adolescente, abusos sexuales en la adolescencia, infecciones de transmisión sexual, enfermedad inflamatoria pélvica y anticoncepción.

– Medical eligibility criteria for contraceptive use. 4th edition. Geneva: World Health Organization; 2009.

En este documento basado en la evidencia se proponen recomendaciones sobre “quién” puede utilizar de forma segura los diferentes métodos anticonceptivos. Se contemplan características personales como: la edad, la paridad, el postaborto, la obesidad en menores de 18 años, la toma de medicamentos y un gran número de enfermedades y trastornos.

– Selected practice recommendations for contraceptive use. Department of Reproductive Health and Research Family and Community Health. Geneva: World Health Organization; 2008.

Proporciona una guía sobre “cómo” usar los diferentes métodos de forma efectiva: en qué momento del ciclo puede comenzarse a usar el método elegido, qué hacer si se producen olvidos, si aparecen alteraciones del ciclo, vómitos o diarrea, etc.

 

Caso clínico

Una pareja acude a tu consulta solicitando un método anticonceptivo eficaz. La chica tiene 16 años y su novio 19. Para ella es su primera pareja sexual. Él ha tenido relaciones coitales con otras chicas con anterioridad. Llevan saliendo año y medio y siempre han utilizado preservativo. Consideran que su relación es estable y quieren utilizar otro método. Él ha acudido a su médico de cabecera, quien le ha realizado una analítica de sangre y unos cultivos uretrales para descartar ITS, que han resultado negativos. Ella prefiere un método cómodo y ha pensado en el anillo vaginal o en la inyección trimestral de depoprogevera, aunque le preocupa la posibilidad de engordar y el hecho de ser fumadora.

Antecedentes familiares de la chica

Sin interés. No hay ningún caso de trombosis venosa profunda.

Antecedentes personales

Epilepsia en tratamiento con lamotrigina con buen control de las crisis.

Anemias ferropénicas que le obligan a tratamiento periódico.

Fumadora de 10 cigarrillos día.

Antecedentes gineco-obstétricos.

Menarquia a los 12 años.

Tm: 7/28. Sangrado abundante. Dismenorrea que trata con ibuprofeno con alivio parcial del dolor y que limita su actividad durante 24-48 horas.

Exploración

IMC normal.

TA: 100/60.

¿Crees que es adecuado que una chica con epilepsia utilice un método anticonceptivo hormonal?

¿El tabaco contraindica la utilización del anillo? ¿Y, de la Depo?

¿Puede utilizar AHC?

¿Te parecen la inyección trimestral o el anillo buenas opciones para ella?

¿Qué métodos podrían ejercer un efecto beneficioso sobre el sangrado menstrual excesivo y la dismenorrea?

¿Qué otros método le recomendarías y por qué? ¿Afectarían al peso?

¿Qué seguimiento le propondrías?

Comentarios

Les explicas que la epilepsia no contraindica el uso de AHC ni de ASG, pero que el fármaco que está usando interactúa con la píldora combinada, con el anillo vaginal y con el parche anticonceptivo, por lo que le desaconsejas su uso. La Depo, sin embargo, no plantea problemas de interacción, pero también se la desaconsejas, por lo menos hasta los 18 años, porque interfiere en la adquisición de masa ósea y, además, debe saber que suele producir un aumento de peso.

Les informas de que la píldora de progesterona y el implante no interaccionan con la lamotrigina, pudiendo ser buenas opciones. Tanto una como otro pueden tener un efecto beneficioso adicional, disminuyendo el sangrado menstrual y la dismenorrea, pero cambian el patrón menstrual de una forma impredecible (reglas más o menos regulares, sangrado irregular, prolongado y escaso, sangrado ocasional o amenorrea). Esto no supone un problema para la salud, pero los sangrados prolongados pueden resultar muy incómodos y obligar al abandono del método. Les explicas estos dos métodos enfatizando la importancia de evitar olvidos con la píldora de progesterona, la eficacia del implante durante 3 años, la posibilidad de continuar con otro implante transcurrido ese tiempo, etc. Aclaras a la chica que no es de esperar con estos métodos un cambio en su peso. Le explicas también que, aunque lo mejor que puede hacer por su salud es dejar el tabaco, no existe ningún incremento del riesgo cardiovascular con los ASG. En el caso de la AHC, debido al estrógeno, sí se desaconseja su uso pero a fumadoras mayores de 35 años.

Finalmente, la chica que no desea tener que tomar más pastillas se decide por el implante. Se acuerda insertarlo en los primeros 5 días de su próxima regla.

Las infecciones de transmisión sexual

Temas de FC

P. Andrés Domingo

Ginecóloga. Jefa de División corresponsable del Programa de Salud Sexual y Salud Reproductiva en el Servicio de Promoción y Prevención de la Salud del Instituto de Salud Pública de Madrid Salud. Docente en la Universidad de Alcalá. Madrid

 

Resumen

En este artículo se aborda la importancia que las enfermedades de transmisión sexual tienen sobre la salud de la población mundial, por su incidencia y prevalencia y por las repercusiones que tienen sobre la salud, fundamentalmente en poblaciones más vulnerables, adolescentes, mujeres y niñas y niños víctimas de agresiones sexuales y, en especial, en los países más pobres.
Pueden contraerse por personas de cualquier edad, raza y medio social. Con este nombre se han agrupado más de 20 entidades patógenas diferentes que sólo tienen en común el hecho de poder transmitirse durante las relaciones sexuales. Son causadas por virus, bacterias, protozoos y parásitos. En el artículo, se revisan las más relevantes por su frecuencia o por la intensidad del daño causado.
LAS ITS se deben diagnosticar y tratar con prontitud, para erradicar su propagación y evitar complicaciones y secuelas. La prevención es la herramienta fundamental para evitar la propagación y la metodología por excelencia es la educación sexual. Proveer a las y los jóvenes de conocimientos para vivir su sexualidad con goce y disfrute y sin riesgos para la salud es un objetivo digno que ennoblece cualquier programa de salud para adolescentes.

 

Abstract

This article treats about the importance that the sexually transmitted diseases have on the health of the world’s population. Especially its incidence, prevalence and consequence on the health of the most vulnerable people: adolescents, women, girls and boys that have suffered a sexual assault, especially in poor countries. Sexually transmitted diseases may be contracted by people of any age, race and social standing. More than 20 different diseases are known as STD, they have all in common that they are transmitted during the sexual intercourse. They are caused by viruses, bacteria, protozoa and parasites. This article reviews the most relevant ones for its frequency and intensity of the damage caused.
STD must be diagnosed and treated early in order to avoid its propagation. The sexual education is the fundamental tool of the prevention of STD. The young people must be provided with the knowledge to live their sexuality with enjoyment and without risk for their health. This is a worthy objective that ennobles any adolescent health program.

 

Palabras clave: ITS; Prevención; Educación sexual.

Key words: STD; Prevention; Sexually education.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(3): 185-196


Las infecciones de transmisión sexual

 

Introducción

En el año 1998, la Organización Mundial de la Salud aprobó la utilización del término ITS (infecciones de transmisión sexual) para agrupar las infecciones sintomáticas (enfermedades) y asintomaticas, con el objetivo de facilitar su prevención y su detección precoz para evitar consecuencias irreversibles.

Las infecciones de transmisión sexual (ITS) constituyen una epidemia en la mayor parte de los países del mundo. Las y los adolescentes y jóvenes constituyen la población más vulnerable para padecer y transmitir las ITS. A nivel mundial, las ITS ocupan el segundo lugar por orden de importancia en la morbilidad general de las mujeres entre 15 y 44 años.

Según las últimas publicaciones de la OMS así como recientes estimaciones, se calcula que el 25% de las y los jóvenes sexualmente activos a nivel mundial están afectados por alguna enfermedad de transmisión sexual; por lo que, es un problema médico y de salud pública de gran magnitud. Y su incidencia aumenta fundamentalmente en mujeres y jóvenes, estimándose que la mitad de los nuevos casos ocurren en personas de 15 a 24 años.

Importancia de las ITS

Cuando las ITS no se tratan pronto y adecuadamente, tienen secuelas graves para la salud de quien las padece y para su descendencia, pues algunas se transmiten de madre a hijo/a.

Entre las ITS, especialmente la gonorrea y la Clamydia, puede causar enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) en las mujeres infectadas, produciendo daños irreversibles en las trompas de Falopio. Entre el 55 y el 85% de las EIP no tratadas producen esterilidad o dan lugar a embarazos ectópicos que, en países poco desarrollados y con precarios sistemas de salud, son causa frecuente de hemorragia seguida de muerte. En países más desarrollados, el diagnóstico temprano evita las muertes, pero produce secuelas de por vida, como dolores pélvicos crónicos y coitalgia.

Las ITS en las mujeres embarazadas pueden afectar a la salud de la madre y del lactante. Contribuyen al nacimiento de niños/as prematuros y con bajo peso. La sífilis y la infección por herpes genital pueden causar abortos espontáneos, muerte prenatal o perinatal. La gonorrea y la infección por Clamydias pueden extenderse a los ojos del recién nacido y dañarles la vista si no se les trata. Pueden contraer infecciones graves como neumonía por Clamydia y afectación del sistema nervioso central, como en el caso de la sífilis.

Hoy sabemos con certeza que el cáncer de cérvix uterino es causado por el virus del papiloma humano (VPH), otra infección de transmisión sexual que generalmente cursa asintomática para las mujeres y que sólo es detectable mediante citología, colposcopia y biopsia del cuello uterino. Es el primer tumor maligno de causa infecciosa bien conocido.

ONUSIDA(1) informa de un descenso de más del 50% en los casos de nuevas infecciones en 25 países. No obstante, en el año 2011 se estima que el número de personas infectadas era de 34,2 millones, siendo una pandemia en África subsahariana.

Factores de vulnerabilidad y prácticas de riesgo

En la actualidad no se habla de grupos poblacionales de riesgo sino de prácticas de riesgo para adquirir una ITS y potencialmente propagarla. Se trata de esta forma de no excluir ni estigmatizar a ninguna persona por su edad (adolescentes), opción sexual (homosexuales) o forma de sobrevivir (prostitución). Estas prácticas de riesgo se resumen en mantener relaciones genitales sin el uso del preservativo(2).

No es el hecho biológico de ser adolescente lo que provoca una prevalencia mayor para las ITS, sino los condicionantes vitales, educacionales, culturales, sociales, psicológicos y sexuales que envuelven a los y las adolescentes y que estructuran sus prácticas sexuales.

Se puede afirmar que las y los adolescentes son más vulnerables frente a las ITS porque saben muy poco sobre ellas, les falta información y la que tienen está sesgada por los prejuicios, creen que sólo se contaminan si tienen sexo con determinado estereotipo de persona. Utilizan condones irregularmente, ya que muchas de sus relaciones coitales son espontáneas e inmediatas. Las encuestas nos confirman que inician relaciones coitales cada vez más precozmente y tienen mayor riesgo de exposición porque cambian frecuentemente de pareja sexual(3). En algunas poblaciones comienzan las relaciones sexuales con adultos desconocidos y se constata una frecuencia creciente de abusos sexuales y violaciones entre mujeres jóvenes, adolescentes y niñas y niños(4).

A todo ello hay que añadir que tienen más dificultad que los adultos en buscar y encontrar un tratamiento eficaz, en acudir al médico que es el mismo que el de su familia a la que no quieren contarle los hechos, por lo que suelen utilizar tratamientos sin control médico, que recomiendan los amigos. Otra dificultad a la que deben enfrentarse es decírselo a la pareja y afrontar los hechos que envuelven el contexto y sus consecuencias.

Desigualdad de género e ITS

Las mujeres jóvenes tienen condicionantes de género que facilitan la exposición y dificultan la prevención, el diagnóstico precoz y el tratamiento efectivo.

Muchas mujeres no pueden decidir cuándo y cómo quieren tener relaciones sexuales con sus parejas, porque no tienen la autoridad ni el poder de decisión. Son sus parejas los que deciden si utilizan o no preservativos(5).

A ello se suman otros condicionantes biológicos que hacen que las jóvenes sean más vulnerables a padecer ITS, a tratarse menos y a que las complicaciones y consecuencias sean más graves, porque el cerviz uterino es altamente sensible en edades precoces a la infección por Clamydia, virus del condiloma y gonococo, como se ha demostrado en estudios de prevalencia de VPH.

En las mujeres, muchas ITS son frecuentemente asintomáticas o con síntomas clínicos muy sutiles y los signos clínicos son indetectables por la propia mujer por estar situados en cérvix, como el VPH, o la gonococia, y en vagina, como las úlceras luéticas, a diferencia de los varones que tienen secreciones uretrales, condilomas y úlceras visibles en sus genitales(6).

El contagio de las ITS y, sobre todo, del SIDA se produce más fácilmente del hombre hacia la mujer que al contrario, porque en el coito el área de superficie de exposición es mayor para la mujer y está expuesta a los agentes patógenos durante más tiempo(7).

Prevención

La OMS desarrolla la estrategia de que prevenir es la mejor manera de hacer frente a las necesidades de los y las jóvenes. Ambos necesitan apoyo y ayuda de los adultos en todo lo que se refiere a educación sexual, información y evitación de conductas de alto riesgo en las relaciones sexuales(8).

Dar información a los y las jóvenes no es promover la promiscuidad, sino fortalecer el respeto mutuo y las responsabilidades compartidas.

Cuando se detecta un comportamiento de riesgo para las ITS en cualquier adolescente, es el momento de actuar evaluando el riesgo real que tiene de padecer una enfermedad y de transmitirla, diagnosticando precozmente las que pudiera tener y tratando correctamente las que hubieran resultado positivas; de esta manera, detenemos el daño a largo plazo que puede sobrevenir sobre su salud en todas las áreas y especialmente en la sexual y reproductiva. Es el momento de aconsejar conductas sexuales que preserven su salud y la de sus compañeros/as sexuales y de facilitar un estudio de contactos rápido y asequible(9).

Las estrategias de prevención recomendadas incluyen, además de evitar las conductas sexuales de alto riesgo, el incorporar prácticas sexuales protegidas o practicar sexo seguro (relaciones sexuales sin penetración, utilización del preservativo).

Es preciso informar sobre el gran beneficio protector del uso del condón en la prevención de todas las ITS, especialmente en la transmisión del SIDA. El preservativo masculino o femenino, utilizado desde el inicio de cualquier relación genital, protege adecuadamente la zona de exposición a cualquier agente infeccioso, sea virus, bacteria o protozoo. Quedan fuera de protección las áreas no cubiertas, vulva, región perianal, pubis, en las que el contagio se da por rozamiento de áreas no protegidas, como es el caso de: herpes vulvar, condilomas genitales, moluscum contagiosos, sarna o pediculosis pubis. ITS que, en cualquier caso, no han de quedar latentes, ya que son fácilmente diagnosticables por su sintomatología y por ser visibles para el propio sujeto que las padece.

Diagnóstico precoz y tratamiento apropiado

En caso de síntomas de infección o de contacto sexual con compañero/a diagnosticado de alguna ITS, es muy importante realizar el diagnóstico etiológico precoz, para lo cual es necesaria una correcta y minuciosa anamnesis sobre sus prácticas sexuales y los síntomas referidos, una exploración física con observación de genitales externos e internos, región perianal y perineal y orofaringe si lo recomienda la anamnesis.

Se realizarán los test rápidos de laboratorio y la toma de muestras para pruebas complementarias, como cultivos y serología, para instaurar el tratamiento adecuado lo antes posible. Estas pruebas se pueden realizar como cribado en ausencia de sintomatología cuando se tiene constancia de que se están produciendo conductas y prácticas sexuales de riesgo(10).

El tratamiento debe ser etiológico y según la pauta recomendada por los expertos, asegurándonos que el o la adolescente cumple el tratamiento correctamente y no se automedica ni el mismo ni sus contactos sexuales para evitar resistencia a las ITS causadas por gérmenes sensibles a los antibióticos.

Hay que facilitar la atención a su pareja o contacto sexual para bloquear la cadena de transmisión epidemiológica, mediante el diagnóstico y el tratamiento preciso.

Etiología

Se denominan enfermedades de transmisión sexual al conjunto de patologías causadas por diferentes agentes infecciosos y parasitarios, en las que el mecanismo de transmisión sexual tiene gran importancia epidemiológica, aunque no siempre es exclusivo de esta vía, como es el caso del VIH o la hepatitis B.

Son causadas por bacterias, virus, protozoos y parásitos. En la actualidad, se conocen más de 30 agentes patógenos que originan alrededor de 50 cuadros clínicos, con posibilidad de combinación, tanto de gérmenes causales como de sintomatología, por lo que el diagnóstico es cada vez más complicado y precisa de la colaboración entre distintas especialidades(11).

Epidemiología

Es muy complicado obtener datos fiables sobre la incidencia y prevalencia de estas enfermedades, dado que hay patologías que no son de declaración obligatoria en todos los países.

Se calcula que la incidencia mundial de ITS curables excluyendo el VIH/SIDA y las otras de etiología vírica, es de 340 millones de casos nuevos al año, lo que supone el 10% de los adultos en edad reproductiva y que 1 de cada 20 adolescentes en el mundo contrae al año alguna ITS.

A finales del año 2010, según ONUSIDA, existen 34 millones de personas que viven infectadas por el VIH, casi el 50% son mujeres y 3,4 millones corresponden a niños y niñas menores de 15 años. De ellos, el 92% de las nuevas infecciones viven en el África subsahariana y se contagiaron porque al nacimiento, sus madres eran seropositivas. En el año 2010, se estima que se infectaron 2,7 millones de personas y que fallecieron 1,8 millones(1).

En el mundo, la vía de transmisión más frecuente es la sexual, seguida del uso de drogas inyectadas.

La evolución de la epidemia de SIDA en España puede considerarse favorable en los últimos años, ya que ha disminuido el número de casos de SIDA y de fallecimientos gracias al uso de los nuevos tratamientos antirretrovirales, aunque sigue siendo uno de los países con mayor incidencia de SIDA en Europa Occidental y que presenta un retraso tardío en sus diagnósticos, ya que el 28% presentaban menos de 200 linfocitos CD4 al diagnóstico, lo que supone una inmunosupresión severa. Desde el inicio de la epidemia se han notificado 80.827 casos de SIDA(12).

Con el nuevo sistema de registro, se notifican los casos de SIDA y las nuevas infecciones por VIH.

En 2010, fueron 2.907 los nuevos diagnósticos, aunque se presume más de un 30% de personas infectadas sin diagnosticar. Los hombres suponen el 82% de los nuevos diagnósticos. El 38% corresponden a personas originarias de otro país.

La vía de transmisión más frecuente fue la sexual, con el 46% para hombres que tienen sexo con hombres (HSH), un 33% a transmisión heterosexual (HTX) y un 6% al uso de drogas inyectadas.

Con respecto a otras infecciones, podemos decir que cada año a nivel mundial se han superado los 170 millones de tricomonas, 100 millones de Clamydias, 60 millones de gonococias, 30 millones del virus del papiloma humano, 20 millones de herpes genital y 3,5 millones de sífilis. La disminución de las ITS causadas por bacterias que responden bien a la antibiótico terapia eficaz se ha invertido en occidente en las últimas décadas y continúa aumentando de forma importante las de causa vírica, como la infección por papiloma virus que no responden a tratamiento farmacológico, a pesar incluso del supuesto cambio de conducta sexual que introdujo el conocimiento del SIDA.

Clasificación

La clasificación de las ITS en este artículo no se hará por los diferentes agentes causales, sino por los síntomas clínicos con los que debutan, siguiendo las indicaciones del CDC (Center for Disease Control) de Atlanta.

Se detallarán las más comunes en nuestro medio(13).

Lo más frecuentemente es que las ITS produzcan alteraciones a nivel genital, aunque no es el único signo y no siempre revisten la misma importancia que los extragenitales. Por otra parte, diferentes patógenos pueden producir sintomatología similar, por lo que es imprescindible un buen diagnóstico diferencial entre ellas basado en conocimientos clínicos que nos permitan iniciar tratamientos adecuados en espera de la confirmación mediante pruebas diagnósticas específicas, de laboratorio, exámenes directos, tinciones especiales, inmunofluorescencia, cultivos y serologías.

Infección por VIH

Actualmente, el contacto sexual es la vía más común de transmisión del VIH a nivel mundial y también en España, donde ha disminuido la transmisión a través de hemoderivados y entre los usuarios de drogas por vía parenteral.

La infección por VIH puede ocurrir de forma asintomática y permanecer latente hasta manifestarse más tarde como un estado de síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Este periodo varía entre pocos meses hasta 17 años y así viven las personas infectadas libres de enfermedad con replicación viral activa y, por tanto, con capacidad de contagio que aumenta según avanza la enfermedad y se deteriora el sistema inmunitario.

El diagnóstico precoz mediante la realización de análisis de VIH y los tratamientos disponibles permiten que se deteriore menos el sistema inmunitario y disminuya la incidencia de infecciones oportunistas, como la tuberculosis, la neumonía por Neumocystis o la encefalitis por toxoplasma.

a. Diagnóstico: test de VIH mediante enzimoinmunoensayo rápido (20 minutos) y convencional. En caso de positividad, confirmar con Western blot o inmunofluorescencia. El 95% de los infectados presentan anticuerpos detectables a los 3 meses postinfección, por lo que debe explicitarse que una serología negativa antes de los 3 meses no descarta una infección. Las pruebas diagnósticas deben ofertarse a toda persona que practica o ha practicado actos de riesgo (penetración anal o vaginal y sexo oral sin protección, compartir jeringuillas), y deben realizarse en toda persona que ha sufrido una agresión sexual, que tiene síntomas de inmunodeficiencia, que ha sido diagnosticada de cualquier otra ITS y a toda mujer embarazada, no sólo para ofertarle tratamiento para ella misma, sino para disminuir la probabilidad real de contagio materno fetal(12) (Tabla I).

 

 

b. Tratamiento: se debe ofrecer tratamiento a toda persona con síntomas de infección por VIH y a aquellas otras asintomáticas portadoras de Ac, con menos de 500.000 cel T D4/mm3, o una carga viral mayor de 10.000 x ml. El tratamiento pretende remitir la carga viral (menos de 50 copias/ml) a los 4-6 meses de iniciar el tratamiento, restaurar y preservar las funciones inmunológicas, mejorar la calidad de vida y reducir la morbimortalidad asociada al VIH.

Enfermedades que cursan con úlceras genitales

El herpes genital es la causa más frecuente de úlcera genital, seguida de sífilis y, menos frecuentemente, del chancroide.

El linfogranuloma venéreo y el granuloma inguinal casi no se diagnostican en nuestro medio. En 1/3 de las úlceras no se identifica el agente etiológico, a pesar de aplicar todas las pruebas diagnósticas conocidas.

Para realizar el diagnóstico diferencial, es imprescindible tener en cuenta los datos epidemiológicos, contactos sexuales, periodos de incubación y diferencias clínicas, tanto de las lesiones ulcerosas como de la afectación general y de la evolución, así como otras etiologías no relacionadas con ITS, como las úlceras traumáticas y el exantema fijo medicamentoso.

Herpes genital

Generalmente es causado por el VHS tipo II, aunque cada vez aumenta la frecuencia del VHS-I, hasta el 20% de las infecciones genitales debido a la práctica de sexo oral. La seroprevalencia de infección en los países occidentales se sitúa alrededor del 20% de la población general.

La primoinfección puede ser asintomática o subclínica, por lo que está infradiagnosticada, hasta que debuta como vulvovaginitis o balanopostitis, con afectación en el lugar de contacto. Cursa con vesículas confluentes y dolorosas que se ulceran en pocos días en genitales externos, cérvix, uretra y recto. Puede provocar disuria, leucorrea y linfadenopatías regionales bilaterales. Puede complicarse con fiebre, cefalea, dolor abdominal, mal estado general, mialgia, neuropatía y meningitis.

Aunque los síntomas y las lesiones cutáneas desaparecen en 7 días, el virus permanece latente en los ganglios, desde donde se reactiva periódicamente. Los síntomas de las recidivas o recurrencias son similares a los de la primoinfección, aunque menos graves y sin alteración general(15).

Se puede transmitir la infección en ausencia de lesiones cutáneas que, cuando existen, facilitan la coinfección por VIH.

El diagnóstico se realiza por visualización de las vesículas y úlceras genitales acompañadas de adenopatía ipsilateral hipersensible y por cultivo de VHS tipo I y tipo II.

Tratamiento. No existe un tratamiento que erradique el virus. Se pueden remitir síntomas y evitar recidivas mientras se realiza el tratamiento farmacológico (Tabla II).

 

 

Sífilis

Se adquiere, en la mayoría de los casos, por contacto sexual directo con una persona en el estadio primario de la enfermedad, aunque el periodo secundario es el más contagioso por cursar con una gran cantidad de lesiones cutáneas contagiosas. La contagiosidad decrece a partir de los 2 primeros años de tener la infección y alcanza hasta el periodo de latencia, pero casi no es contagiosa en el periodo de sífilis tardía.

Es causada por el Treponema pallidum que traspasa la piel hasta la dermis, donde se multiplica y alcanza los vasos sanguíneos. Desde allí se disemina por vía sanguínea y por vía linfática.

Clínica. Se clasifica en adquirida y congénita. A su vez, la sífilis adquirida se subdivide en precoz, cuando la infección es de menos de un año de evolución y tardía cuando es superior a un año(16).

1. Sífilis precoz: se subdivide en 3 formas: sífilis primaria, secundaria y latente.

Primaria: se define por la presencia de una lesión ulcerosa solitaria e indolora de bordes duros, bien delimitada, que aparece tras un periodo de incubación de 3 semanas, que crece hasta 1 cm de diámetro y que comienza espontáneamente su cicatrización a las 2 semanas hasta desaparecer espontáneamente al cabo de 6 semanas. La localización del chancro es en región genital y perianal y depende de las diferentes prácticas sexuales. Después de la aparición del chancro, se producen adenopatías regionales, generalmente inguinales bilaterales e indoloras, cuya evolución es similar a la del chancro, desapareciendo una semana después.

Aproximadamente el 50% de los casos no tratados evolucionan a sífilis secundaria y la otra mitad hacia sífilis latente.

Secundaria: la piel es el órgano más afectado en este periodo. Se manifiesta como una erupción cutáneo-mucosa muy florida que puede imitar cualquier dermatosis, pero con unos rasgos característicos: son lesiones no dolorosas que afectan a piel, mucosas, plantas de pies y manos. Suelen remitir espontáneamente entre 2 a 12 semanas.

En esta fase, también es frecuente la afectación sistémica y la visceral. Puede afectar al hígado, produciendo ictericia y esplenomegalia. Cuando afecta al riñón se manifiesta con proteinuria, pudiendo provocar glomerulonefritis. Si hay afectación ósea, da lugar a periostitis. Cefaleas por inflamación meníngea. Cursa con fiebre, mal estado general y linfadenopatías generalizadas.

Latente: se caracteriza por la ausencia de manifestaciones clínicas evidentes, pero existe positividad serológica y anticuerpos frente al treponema. Si no se trata en esta fase, 1/3 de los pacientes progresan a sífilis tardía sintomática, también llamada sífilis terciaria.

2. Sífilis tardía: se produce cuando la infección dura más de 1 año. Puede ser latente muchos años o hacerse sintomática con lesiones mucocutáneas (lesiones gomosas), óseas, viscerales (cardiovascular) y neurales (neurosífilis).

Diagnóstico:

1. Directo: se identifica en el microscopio el Treponema pallidum obtenido del chancro.

2. Indirecto mediante test serológicos: se basa en la detección de Ac. en el suero.

– Ac. inespecíficos: son pruebas de alta sensibilidad y de baja especificidad. Las comunes son RPR y VDRL. Son siempre positivas en pacientes con sífilis secundaria. Se utilizan para el muestreo de grandes poblaciones y para el control del tratamiento pues negativizan entre 6 y 12 meses. No confirman la presencia de infección porque dan muchos falsos positivos.

– Específicos o treponémicos: FTA-ABS, TPHA, TPPA. No dan falsos positivos al utilizar como antígeno el treponema. Permanecen positivas por tiempo indefinido.

Tratamiento. Pautas recomendadas (Tabla III)(13).

 

 

Enfermedades que cursan con uretritis y cervicitis

La uretritis en los varones es el síndrome más común dentro de las ITS que, tras un claro descenso a nivel mundial, ha experimentado un aumento en las últimas décadas, tanto en España como en el resto de países desarrollados.

Según su etiología se clasifican en gonocócicas y no gonocócicas, siendo éstas las más frecuentes de nuevo en los países desarrollados. Cursa con disuria y secreción mucopurulenta uretral. Existe un 40% de gonococias asociadas a Clamydias y, además de estas últimas, hay que considerar otros gérmenes, como el ureaplasma y el micoplasma. Cuando no son tratadas adecuadamente pueden causar epididimitis y prostatitis.

En las mujeres la enfermedad producida por estos gérmenes es la cervicitis que puede cursar asintomática o con secreción mucopurulenta, y hemorragia del canal cervical con sangrado intermenstrual y coitorragia. La leucorrea y la disuria son los síntomas más frecuentes.

Cuando no se trata adecuadamente puede ascender y dar lugar a una enfermedad inflamatoria pélvica (EIP), causando: endometritis, salpingitis, parametritis, ooforitis, abcesos tuboováricos o peritonitis y, a largo plazo, embarazos ectópicos e infertilidad.

Infección por Clamydia trachomatis

Se manifiesta asintomática en el 80% de los casos. El periodo de incubación oscila entre 7 y 12 días. Infecta sobre todo a adolescentes y adultos jóvenes(17). Su frecuencia en Europa es del 4% en mujeres, lo que significa el triple que la gonococia. El riesgo que reviste en ausencia de tratamiento es la epididimorquitis en el varón y la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) en las mujeres (hasta un 40%), produciendo dolor pélvico crónico y lesión tubárica. Un 20% de las mujeres que desarrollaron EIP quedan estériles y un 8% tienen gestaciones ectópicas. En las mujeres embarazadas, puede transmitirse al neonato, dando lugar a conjuntivitis y neumonía. La OMS estima que la incidencia en el mundo por Clamydia es de 50 millones de casos al año.

Diagnóstico. El cultivo celular en muestras procedentes de endocérvix en mujeres y de uretra en varones tiene una especificidad del 100% pero es poco sensible por la dificultad en la recogida de las muestras. Dada la complejidad de aislamiento del germen se realizan técnicas de detección de antígenos mediante fluorescencia directa (DFA), enzimo-inmuno-ensayo (EIA) y técnicas de amplificación del ADN.

Tratamiento. Véase tabla IV.

 

 

Infección por gonococo

Está causada por la bacteria Neisseria gonorrhoae, diplococo gram negativo que tiene tropismo por la mucosa uretral, del endocérvix y el recto.

La infección genital es asintomática hasta en el 50% de los casos. Produce leucorrea y secreción mucopurulenta por endocérvix y, en el caso de los varones, supuración amarillenta por uretra tras 6 días de incubación con picor y escozor en meato urinario. En un porcentaje importante, causa como complicación infecciones del tracto genital superior, dando lugar a una EIP(18).

La infección puede ser anorrectal, frecuentemente asintómatica, que a veces se presenta como prurito anal, tenesmo rectal y secreción purulenta de exudado, y también orofaríngea en función de los actos sexuales practicados.

Hasta en un 30%, por inmunodefensión o ausencia de tratamiento, se produce septicemia gonocócica, que cursa con: fiebre, mal estado general, artralgias migratorias, lesiones cutáneas e incluso afectación de corazón, huesos, hígado y meninges.

Si la padece una mujer embarazada, puede afectar al recién nacido, cursando con: conjuntivitis, edema de párpados y secreción amarillo-verdosa a los 2 ó 5 días del nacimiento, que puede conducir a ceguera y sepsis, incluyendo artritis y meningitis.

Diagnóstico:

1. Es imprescindible realizar cultivo del exudado de uretra, endocérvix y ano, también de orofaringe si la clínica lo aconseja. En caso de infección diseminada, el hemocultivo es positivo en un 40% de los casos y en líquido articular en un 20%.

2. Tinción con Gram del exudado purulento. Permite visualizar al momento la Neisseria como diplococos gramnegativos intracelulares rodeados de polimorfonucleares.

Tratamiento de la infección gonocócica no complicada según CDC Atlanta de 2010 (Tabla V).

 

 

Enfermedades que cursan con leucorrea

En los varones los diferentes gérmenes causales pueden producir inflamación del glande y del prepucio.

Cursa con ardor y escozor del pene, coitalgia y con eritema del glande y secreción.

En las mujeres se manifiestan como vulvovaginitis con sintomatología más florida que en los varones en los que cursa asintomática en un alto porcentaje de casos.

Las vulvovagivitis se acompañan de secreción vaginal, que es el motivo más frecuente de consulta ginecológica(19). Cursan con prurito, molestias locales, disuria y dispareunia, aunque, según la etiología, pueden ser asintomáticas. La más frecuente, 40-50%, es la vaginosis bacteriana (VB), seguida por la candidiasis con un 20-25% y del 15-20% por trichomoniasis. El 10% restante incluye otras vaginitis, no todas infecciosas, como la atrófica y la producida por cuerpos extraños.

La trichomoniasis es la única infección de las tres que se transmite exclusivamente por vía sexual por inoculación del germen, la candidiasis y VB admiten otras vías de contagio, por autoinoculación y alteraciones en el sistema inmunológico a nivel local.

Candidiasis vulvovaginal

Está causada por la Candida albicans en el 80-90% de los casos. El síntoma predominante es el prurito, acompañado a veces de dolor y ardor vulvovaginal, con secreción espesa y blanca.

En el 5% de las mujeres se cronifica como candidiasis recidivante, que se define por 4 o más episodios en 1 año. Suele relacionarse con: diabetes mellitus, embarazo, antibioticoterapia, malnutrición, inmunosupresión o tratamientos con corticoides.

Diagnóstico:

• Frotis en fresco: se ven en el microscopio hifas con una sensibilidad del 50%.

• Tinción Gram: sobre el exudado vaginal se demuestra la presencia de esporas e hifas.

• Cultivo, necesario en caso de resistencia y recurrencia o recidivas sin factores de riesgo conocidos.

Tratamiento. Los tratamientos tópicos son efectivos aplicados intravaginalmente y en región vulvar. Los derivados azólicos son más efectivos que la nistatina. El ketoconazol e itraconazol son cómodos de usar por vía oral, pero no son tratamientos de elección en vulvovaginitis no complicadas por su hepatotoxicidad. Está contraindicada la vía oral en las embarazadas. Sin embargo, para candidiasis recidivantes se puede utilizar la vía oral (véase tabla VI).

 

 

Vaginosis bacteriana

Representa una alteración del equilibrio del ecosistema bacteriano vaginal, con una concentración total de microorganismos que se multiplican por 100, con aumento de los anaerobios, Gardnerella vaginalis, Mycoplasma hominis y Mobilincus.

Se cuestiona que el único mecanismo de transmisión sea la vía sexual.

El síntoma más característico es una secreción blancogrisácea maloliente y en ocasiones espumosa que no produce irritación en la mayoría de los casos. La VB se relaciona con la endometritis posaborto, con el aborto tardío, el parto pretérmino, la rotura prematura de membranas, la endometritis posparto, los abscesos posquirúrgicos.

Diagnóstico:

• Clínico: se fundamenta en la presencia de al menos 3 de los criterios de Amsey: secreción vaginal característica, pH superior a 4,5. Olor a aminas (pescado) y células clave o Clue-cells en el frotis.

• Laboratorio: el Gram y la citología. No se recomienda cultivo por su baja especificidad.

Tratamiento. No hay consenso en si debe ser tratada la infección cuando es asintomática. Está claro que deben tratarse todas las pacientes sintomáticas y aquellas programadas para intervenciones ginecológicas (legrado, histerectomía..), y todas las embarazadas con o sin sintomatología que estén infectadas (Tabla VII).

 

 

Trichomoniasis

La Trichomonas es un protozoo que se inocula directamente en la vagina por transmisión sexual.

Es asintomática en el 50% de los casos. Cursa con leucorrea maloliente de color amarillo verdoso y espumosa y, a medida que aumenta la respuesta inflamatoria, aumenta el dolor vaginal, el prurito, la dispareunia, la hemorragia poscoital e incluso aparecen molestias pélvicas hipogástricas que traducen la evolución desde una vulvovaginitis, cervicitis, hasta una endometritis y salpingitis.

Diagnóstico:

• Frotis vaginal en suero fisiológico: se identifica el protozoo flagelado por sus movimientos.

• Cultivo vaginal y citología: suele ser un hallazgo en paciente asintomática. Confirmar en frotis.

Tratamiento. Es imprescindible el tratamiento de la pareja para evitar reinfecciones. Evitar tratamiento por vía oral en los 3 primeros meses de embarazo.

• Metronidazol: 2 g vía oral, dosis única.

• Metronidazol: 500 mg/12 horas durante 7 días.

Verrugas genitales. Condilomas

De todas las ITS es la más prevalente entre jóvenes de ambos sexos y la que más alarma social provoca cuando se diagnostica, ya que en las mujeres es agente causal del cáncer de cérvix y en ambos sexos del cáncer de ano(20).

En el mundo se estima que hay 270 millones de mujeres portadoras del VPH (virus del papiloma humano) y de ellas 27 millones tienen condilomas. En España se calcula que entre un 3 a 6% de mujeres son portadoras del VPH, o sea, entre 700.000 y 1.400.000, lo que significa que unas 450.000 tendrían condilomas acuminados.

La incidencia máxima de aparición de las lesiones es entre 20 y 24 años, siendo la adolescencia la población de más alto riesgo. A partir de los 35 años se produce una aclaración del virus, quedando únicamente de un 5-10% de portadoras. Vuelve a aumentar la proporción a partir de los 50 años.

La persistencia de la infección y la evolución a lesiones cancerosas es mayor en mujeres y hombres VIH positivos.

Es un virus DNA del que hay más de 120 subtipos identificados. Los subtipos 6 y 11 casi siempre producen condilomas acuminados y son virus de bajo riesgo que prácticamente nunca van a producir cáncer. Sin embargo, los subtipos 16 y 18 son los que tienen más riesgo de cáncer. El tipo 16 se encuentra positivo en el 50% de los cánceres de cérvix, pero no todas las mujeres positivas para este subtipo desarrollan cáncer. Los subtipos 31, 33, 35 se consideran de riesgo intermedio.

El periodo de incubación medio es de 3 meses con un rango de 3 semanas a 9 meses lo que, unido a que cursa como infección asintomática, lo convierte en un problema epidemiológico de primera magnitud, ya que el VPH tiene avidez por los epitelios escamosos, infectando mucosas genitales y todo el tracto genital inferior: cuello uterino, vagina, vulva, labios mayores y menores, clítoris, meato urinario, periné, perianal, ano, uretra, canal anal, glande, prepucio, cuerpo del pene, escroto e ingles. Infecta todas aquellas áreas que sufren microtraumatismos durante las relaciones sexuales, lo que hace muy difícil impedir su propagación.

Clínica. La infección mayoritariamente permanece latente, sin causar lesión histológica.

En la mayoría de los casos, se manifiesta como una infección subclínica asintomática en cerviz y vagina y en caso de afectación vulvar y de introito, presenta síntomas inespecíficos, como dispareunia y dolor vulvar. Estas lesiones sólo son detectables mediante colposcopia y penescopia, mostrándose como lesiones acetoblancas múltiples, generalmente en mucosas, glande, introito, vagina y cérvix. Este tipo de lesiones está más asociada a subtipos de alto riesgo.

La manifestación clínica más conocida son los condilomas acuminados, verrugas en forma de coliflor, con proyecciones digitiformes, muy vascularizadas y con distinto grado de queratinización. Generalmente se asocian a subtipos de bajo riesgo.

Las pápulas, pigmentadas o no, que son pequeñas, planas y lisas, solas o asociadas a condilomas acuminados, generalmente se asocian a subtipos de alto riesgo.

El VPH es responsable causal del 100% de los cánceres de cuello uterino, del 90% de los cánceres del canal anal y del 40% de los cánceres de vulva y pene. Se está estudiando su relación con los cánceres de orofaringe. Se sospecha la participación de otros cofactores que facilitan el desarrollo del cáncer, como la presencia continuada de VHS II, o la toma de anticonceptivos orales, el tabaquismo, otros virus, otras ITS y sobre todo un estado de inmunosupresión.

La acción oncogénica del VPH es unas 1.000 veces superior sobre cerviz que sobre vagina y vulva.

Diagnóstico:

• Clínicamente por inspección genital, penescopia, colposcopia, anoscopia, vulvoscopia.

• Citología: alteraciones morfológicas de las células infectadas.

• Biopsia dirigida para estudiar la alteración sobre todo si se sospecha lesión en cérvix uterino y para hacer el diagnóstico diferencial con otras neoplasias genitales.

• Hibridación in situ para conocer los serotipos de alto riesgo o por amplificación genómica. PCR.

Tratamiento. No existe un tratamiento específico que erradique el DNA viral. La elección del tratamiento depende del tamaño y extensión de las lesiones y se dirige a su erradicación para disminuir la transmisisón. En embarazo están contraindicados el 5-fluorouracilo y el podofilino por sus efectos teratógenos. Imiquimoid y el sinecatechin no tienen probado su uso en el embarazo (Tabla VIII).

 

 

Vacunas preventivas. Existen 2 vacunas comercializadas con partículas virus like:

Una es Gardasil® para los subtipos 6, 11, 16 y 18, cuyo objetivo es prevenir a largo plazo el desarrollo del cáncer de cuello uterino, a medio plazo disminuir las lesiones precursoras de cáncer y a corto plazo, las verrugas genitales. Otra es Cervarix® con los subtipos 16 y 18 por lo que su objetivo se centra en la prevención del cáncer de cérvix. Ambas aportan protección cruzada frente a otros serotipos, como el 31 y el 45 potencialmenten cancerígenos. Los subtipos 16 y 18 son responsables del 70% aproximadamente de todos los Ca de cérvix por lo que se espera el desarrollo de nuevas vacunas con más subtipos implicados.

Se recomienda vacunar a las niñas entre 9 y 14 años, antes de la exposición al virus, aunque no está contraindicada la vacuna en caso de seropositividad por lo que se pretende extender su uso hasta los 26 años.

Enfermedades causadas por ectoparásitos

Pediculosis pubis

Está causada por el Pthirus pubis, que se transmite por contacto corporal próximo y con ropa de cama. En adultos se parasita el vello pubiano, pero en algunas personas se extiende por todo el vello corporal, parasitando hasta cejas y pestañas. Los huevos (liendres) se adhieren al vello. Puede ser asintomática o cursar con prurito por hipersensibilidad. En la superficie interna de los muslos pueden aparecer manchas azuladas producidas por las picaduras.

Diagnóstico. Es clínico por la visualización del parásito y sus huevos.

Tratamiento. Desarrolla fácilmente resistencia al tratamiento. Las lociones son más efectivas que los champús y se debe aplicar en todo el vello, incluidos la barba y bigote. Debe repetirse el tratamiento 3 a 7 días más tarde. Debe lavarse la ropa de cama, interior y pijamas a 60°.

• Permetrina al 1% en crema y lavar 10 minutos después.

• Piretrinas con piperonil butóxido durante 10 minutos.

• Lindane al 1% en solución o gel en champú sobre la zona afectada, se deja actuar 4 minutos y luego se aclara. Contraindicado en gestantes, en periodo de lactancia y en menores de 2 años.

Sarna o escabiosis

Producida por la especie hominis del parásito Sarcoptes scabei. Puede afectar cualquier parte del cuerpo, siendo el contagio piel a piel. Provoca una lesión en piel, muy pruriginosa llamada surco acarino, que son las galerías que excavan los ácaros donde ponen sus huevos y nacen nuevos parásitos. Los excrementos, al contactar con los capilares, producen una reacción de hipersensibilad que da lugar al prurito de predominio nocturno que puede tardar de 4 a 6 semanas en desarrollarse y que se corresponde con un erupción micropapulosa que abarca grandes extensiones de piel.

Las lesiones afectan fundamentalmente a manos y pies, las más características están en los surcos interdigitales de las manos, también en muñecas y codos, axilas, abdomen, genitales y mamas.

Diagnóstico. La clínica y las lesiones son características pero es necesario demostrar el parásito extrayéndolo de las lesiones con la punta de un bisturí y observándolo al microscopio.

Tratamiento. Evitar el contacto corporal con otras personas hasta finalizar el tratamiento:

• Crema de permetrina al 5%, aplicado en todo el cuerpo salvo en cabeza durante 8 a 14 horas.

• Ivermectina 250 picog/kg vía oral y repetir a las 2 semanas.

• Loción de lindano al 1% aplicado en todo el cuerpo durante 8 horas. No utilizar en niños menores de 2 años ni en embarazadas.

• Lavar para descontaminar la ropa de cama y las prendas interiores a temperatura de 60°C.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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12.*** Día Mundial contra el SIDA. Diciembre 2012. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. http://www.msc.es/ciudadanos/enflesiones/ enftransmisibles/sida/vigilancia/home/htm

13.*** Centers for Disease Control and Prevention. Sexually transmitted diseases treatment guidelines 2010. MMWR. 2010; 59(Nª, RR-12).

14.*** Bouza E, Hellín T, Rodríguez A, Ribera E. Enfermedades de transmisión sexual. En: Protocolos clínicos de SEIMC (Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica). Disponible en la red: www.seimc.org/protocolos/clinicos/proto8.htm

15.*** Vidart JA, Olmos L, Comino R, Rey Calero J. Enfermedades de transmisión sexual por virus. Boletín informativo SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia). 2002: 12-23.

16.* Vidart JA, Coronado PJ, Escudero M. Infecciones del tracto genital inferior I. Agentes bacterianos y otros. En: Tratado de Ginecología, Obstetricia y Medicina de la Reproducción. Tomo 2. Madrid: Ed. Medica Panamericana; 2003. p. 1174-80.

17.** Perpiña J, García JF, Pérez E. Enfermedades de transmisión sexual y adolescencia. En: Buil C, Lete I, Ros R, eds. Manual de salud reproductiva en la adolescencia. Zaragoza: Sociedad Española de Contracepción; 2001. p. 581-621.

18.*** Olmos L, Vidart JA, Comino R, Rey Calero J, Guerra A. Enfermedades de transmisión sexual bacterianas. Boletín informativo SEGO abril 2002: 13-26.

19.** Sánchez JM, Sánchez M. ETS y vulvovaginitis. En: Cañete ML ,ed. Urgencias en Ginecología y Obstetricia. Fundación para la Investigación Sanitaria en Castilla-La Mancha. Albacete; 2003. p. 519-535.

20.** Quilez M, Rabella N, Margal N. Infecciones del tracto genital inferior. II. Agentes víricos. En: Tratado de Ginecología, Obstetricia y Medicina de la Reproducción. Tomo 2. Madrid: Ed Médica Panamericana; 2003. p. 1181-8.

21.* Cortes J. Enero 2007. Documento de Consenso de las Sociedades Científicas. Vacunas Profilácticas frente al VPH.

Bibliografía recomendada

– Olmos L, Vidart JA, Comino R, Rey Calero J, Guerra A. Enfermedades de transmisión sexual bacterianas. Boletín informativo SEGO, abril 2002: 13-26.

Trascripción de mesa redonda entre 4 expertos en ETS, desde los campos de la dermatología, la epidemiología y la ginecología abordando las causas más frecuentes de ETS en Atención Primaria.

– Vidart JA, Olmos L, Comino R, Rey Calero J. Enfermedades de transmisión sexual por virus. Boletín informativo SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia). 2002: 12-23.

Magnífica puesta al día sobre los aspectos más importantes de las ITS con más relevancia a nivel mundial, con las opiniones personales de expertos en dermatología, ginecología y medicina preventiva.

– Bouza E, Hellín T, Rodríguez A, Ribera E. Enfermedades de transmisión sexual. En Protocolos clínicos de S.E.I.M.C. (Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica). Disponible en la red www.seimc.org/protocolos/clinicos/proto8.htm

Protocolos actualizados y revisados en referencia a los publicados por CDC de Atlanta con las fórmulas farmacológicas existentes en nuestro medio. Es una guía completa de actuación en todas las ITS conocidas.

– Carreras R, Checa MA, Fusté P, Basil C, Villanueva R, Payá A, Ollé C. Enfermedades de transmisión sexual. Folia Clínica en Obstetricia y Ginecología. 2001; 30: 4-73.

La revista completa está dedicada a ITS con revisión de conceptos, actualidad epidemiológica, diagnósticos y pautas terapéuticas recomendadas en todas las infecciones conocidas. Incluye guía de actuación preventiva y recomendaciones a la pareja.

– García JF, Pérez E, Perpiña J. Enfermedades de transmisión sexual y adolescencia: generalidades y prevención. En: Buil C, Lete I, Ros R, eds. Manual de salud reproductiva en la adolescencia. Zaragoza: Sociedad Española de Contracepción; 2001. p. 539-79.

Capítulo que desarrolla con amplitud la incidencia y prevalencia de las ETS en los jóvenes y adolescentes, y las conductas de riesgo y los factores biológicos, sicosociales, educativos y ambientales que hacen de los y las adolescentes la población más vulnerable para padecer y transmitir las ITS más importantes por su repercusión sobre la salud.

– Centers for Disease Control and Prevention. Sexually transmitted diseases treatment guidelines 2010. MMWR. 2010: 59(Nª, RR-12).

Imprescindible guía de tratamiento utilizada como modelo de referencia a nivel mundial. Está disponible en la red para consultas: www.cdc.gov/mmwr.

 

Caso clínico

Yolanda tiene 16 años y acude a su médico acompañada de su madre porque desde hace 6 días ha comenzado con dolor y quemazón vulvar y sensación de disuria. En este año ha tenido 3 episodios de cistitis. Buena estudiante. No tiene pareja. Suele salir los fines de semana con amigas hasta tarde en la noche. Dice no tomar alcohol, no fumar y no consumir drogas.

Antecedentes familiares: madre hipertensa. Abuela materna Ca. de mama a los 64 años. Padre sano. Hermano de 28 años sano.

Antecedentes personales: no alergias conocidas. Menarquia: 12 años. Reglas irregulares 3/45-60. Está tomando la píldora desde hace 1 año para regular sus ciclos.

Hace 5 semanas dejó de tomar la píldora por olvido de más de 2 días cuando pasó el fin de semana en casa de una amiga en un pueblo de Madrid. Desde entonces no tiene la menstruación. Nunca antes había tenido estos síntomas.

En la inspección genital se observa vulva enrojecida y con lesiones de rascado. El introito se halla erosionado y con aspecto infectado cubierto de secreción blanco-amarillenta.

En la exploración general se aprecia garganta enrojecida sin ulceraciones. Presenta adenopatías inguinales móviles y no dolorosas a la palpación.

Pruebas solicitadas en urgencias: gravindex (negativo). Sedimento urinario (normal). Se solicita frotis vaginal y urocultivo con antibiograma, si procede.

Se prescriben lavados vulvares con antiséptico local y pomada antifúngica a la espera de resultados.

Se recomienda reiniciar tratamiento con anticoncepción hormonal oral según pauta indicada por la ginecóloga.

Se cita el mismo día en enfermería para completar historia sexual y hacer consejo, si precisa.

Evolución: a los 10 dias y según resultados se instaura tratamiento con clotrimazol y se solicita serología y cultivos para ITS y citología.

Se hace consejo sobre prevención de ITS, se recomienda uso de preservativo mientras no tenga pareja estable o su pareja sea estudiada. Se recomienda vacunación de hepatitis B.

Se decide citar cada 3 meses coincidiendo con receta de anticonceptivo para continuar consejo sobre ITS y VIH, hábitos saludables y educación para la salud sexual.

 

 

 

 

 

Portada 2013 03

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Los problemas escolares en la adolescencia

Temas de FC

P.J. Ruiz Lázaro

Doctor en Medicina. Pediatra. Consulta Joven “Espacio-20”. Centro de Salud
Manuel Merino. Alcalá de Henares. Servicio Madrileño de Salud

 

Resumen

Un adolescente tiene problemas “escolares” cuando están presentes problemas que afectan a su aprovechamiento escolar. Cuando los problemas escolares persisten en el tiempo, se puede llegar al fracaso escolar, con implicaciones para el desarrollo biopsicosocial del individuo y su entorno.
La etiología es multifactorial. El diagnóstico se basará en la historia clínica, centrada sobre todo en la anamnesis biopsicosocial y complementada, según sea necesario, con exploración física, estudio neuropsicológico y pruebas complementarias.
La intervención será multisistémica y multimodal. Habitualmente se integrarán tratamientos biológicos, psicosociales y psicoeducativos, integrados en un plan de actuación coordinado multidisciplinar e interinstitucional.
La mejor forma de prevenir no sólo es comprobar continuamente el buen funcionamiento del menor en el área física, psicoemocional y social, detectando precozmente necesidades que satisfacer y problemas a los que hacer frente, sino intervenir fortaleciendo los recursos que promueven resiliencia.

 

Abstract

A teenager has problems “school” when present problems that affect their achievement. When school problems persist over time you can get to school failure, with implications for the individual’s biopsychosocial development and environment.
The etiology is multifactorial. Diagnosis is based on clinical history, focusing primarily on the history biopsychosocial and supplemented, as necessary, with physical examination, and neuropsychological tests.
The intervention is multisystemic and multimodal. Usually treatments are integrated biological, psychosocial and psychoeducational, integrated into a coordinated action plan multidisciplinary and interagency.
The best way to prevent not only continuously check the proper functioning of the child in the physical, psycho-emotional and social needs that meet the early detection and problems they face, but to take action to strengthen the resources that promote resilience.

 

Palabras clave: Problemas escolares; Fracaso escolar; Adolescencia; Trastornos del aprendizaje; Acoso escolar.

Key words: School problems; School failure; Teen; Learning disorders; Bullying.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(2): 117-127


Los problemas escolares en la adolescencia

 

Introducción

Un adolescente tiene problemas “escolares” cuando están presentes problemas que afectan su aprovechamiento escolar.

Se trata de situaciones en las que su rendimiento escolar (el grado de alcance de los objetivos pedagógicos) está por debajo de sus capacidades intelectuales. Los objetivos pedagógicos de la educación obligatoria, según la legislación actual en España(1,2), son para cada alumno:

a. Conocer su propio cuerpo y el de los otros, sus posibilidades de acción y aprender a respetar las diferencias.

b. Observar y explorar su entorno familiar, natural y social.

c. Adquirir progresivamente autonomía en sus actividades habituales.

d. Desarrollar sus capacidades afectivas.

e. Relacionarse con los demás y adquirir progresivamente pautas elementales de convivencia y relación social, así como ejercitarse en la resolución pacífica de conflictos.

f. Desarrollar habilidades comunicativas en diferentes lenguajes y formas de expresión.

g. Desarrollar habilidades lógico-matemáticas, de lecto-escritura y para el movimiento, el gesto y el ritmo.

Cuando los problemas escolares persisten en el tiempo, se puede llegar al fracaso escolar (no lograr el título académico mínimo obligatorio del sistema educativo), con implicaciones para el desarrollo biopsicosocial del individuo y su entorno. Según la Comisión Europea (2011)(3), daña a las personas a lo largo de sus vidas, reduce sus oportunidades de participar en la dimensión social, cultural y económica de la sociedad, aumenta su riesgo de desempleo, pobreza y exclusión social, afecta a sus ingresos a lo largo de toda la vida, a su bienestar, a su salud y a la de sus hijos (reduce las posibilidades de que sus hijos tengan éxito en sus estudios).

Epidemiología

En España, el número de adolescentes que no son capaces de alcanzar el nivel de rendimiento medio esperado para su edad y nivel pedagógico se va acumulando a lo largo de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO): al último curso, más del 40% de los alumnos llegan con retraso acumulado(1,2).

La consecuencia es que no se gradúan en la ESO casi 3 de cada 10 alumnos españoles, existiendo diferencias de género: las tasas de graduación son 16 puntos más bajas en los chicos que en las chicas. En el bachillerato, la tasa de no graduación supera el 30%, persistiendo las diferencias de género: las tasas de graduación son 14 puntos más bajas en los chicos que en las chicas.

Etiología

La etiología de los problemas escolares en la adolescencia es multifactorial.

El bajo rendimiento escolar en la adolescencia es producto de la interacción de un conjunto de variables (conocidas como condicionantes del rendimiento académico) que se pueden agrupar, siguiendo un modelo ecológico (Tabla I), en 4 niveles: factores personales (capacidades intelectuales, factores psicológicos y afectivos…), familiares (nivel educativo de los padres, tipo de apego con progenitores…), escolares (métodos de enseñanza inapropiados, currículo pobre y escasos recursos…) y sociales (entorno sociocultural, redes de apoyo…).

 

 

Todos estas variables no tienen el mismo peso dentro de este modelo explicativo multifactorial. Según informes de la OCDE(4):

• Aproximadamente un 25-30% de las causas que provocan el fracaso escolar no son conocidas.

• Entre un 5 y un 6% del éxito escolar se debe al clima escolar del centro, a las políticas escolares, a los recursos del centro y a aspectos metodológicos. Por tanto, podemos deducir que los cambios metodológicos, si no van acompañados de otras acciones, no obtendrán resultados positivos significativos.

• Casi un 18-20% de los resultados escolares se explican por el contexto socioeconómico escolar y su entorno.

• Las características psicológicas y afectivas del alumnado constituyen casi el 50% de la explicación del éxito académico de un alumno o alumna concreta.

¿Y cómo interactúan estos factores en este modelo multifactorial de condicionantes del rendimiento escolar?

Mecanismos de condicionamiento del rendimiento escolar

La inteligencia es una potencialidad que puede cristalizar o no en rendimiento académico dependiendo de otras condiciones.

En investigaciones que utilizan modelos de hipotéticas relaciones causales, la aptitud de los alumnos sólo explica entre un 25% y un 35% de la varianza del rendimiento académico(5,6). Además, en estudios correlacionales, la correlación entre aptitud y rendimiento decrece a medida que el alumno asciende en grado académico.

La eficacia en el aprendizaje no está relacionada únicamente con la capacidad cognitiva y aptitudina(1), sino que depende también de cómo el adolescente utiliza ese potencial a través de los estilos personales de aprendizaje (los modos diferentes en que los alumnos perciben, estructuran, memorizan, aprenden y resuelven las tareas y problemas escolares). Pero, además de tener habilidades y saber utilizarlas, para obtener un rendimiento satisfactorio, también es necesario contar con lo que el alumno “ya sabe” (conocimientos previos) para conseguir un verdadero aprendizaje significativo. Estos conocimientos previos son cada vez más decisivos a medida que se avanza en los niveles educativos y su ausencia (“falta de base”) puede llevar a imposibilitar la comprensión de futuros aprendizajes, sobre todo, en determinadas asignaturas.

En muchas ocasiones, hay adolescentes que, contando con capacidad intelectual suficiente, sin embargo, no obtienen buenos resultados escolares porque no saben qué hacer ante una tarea determinada, fallan en la planificación al intentar abordarla, no se sienten capaces de resolverla, o no eligen la estrategia adecuada en el momento oportuno. Esto supone que, aun disponiendo de los medios y recursos cognitivos suficientes, por no saber utilizar unas estrategias de aprendizaje adecuadas, planificando y controlando de forma consciente lo que hace, no consiguen los resultados esperados.

Para aprender, no sólo es necesario poder hacerlo y saber cómo hacerlo (disponer de las capacidades, conocimientos, estrategias y destrezas necesarias) sino también querer hacerlo, es decir, tener la disposición, intención y motivación suficientes (variables afectivo-motivacionales) que permitan poner en marcha los mecanismos cognitivos en la dirección de los objetivos o metas que se pretenden alcanzar. Dentro de las variables afectivo-motivacionales, se incluyen las atribuciones causales, las expectativas de logro, la valía personal, la autoeficacia y, sobre todo, el autoconcepto (se ha encontrado relación de causalidad recíproca entre el autoconcepto académico y las experiencias y/o logros escolares de los alumnos).

La teoría motivacional de Weiner (1986) mantiene que el comportamiento motivado está en función de las expectativas de lograr una meta y el valor de esa meta(7). Según este autor, estos dos componentes se encuentran determinados por las atribuciones causales que expresan las creencias personales sobre cuáles son las causas responsables de sus éxitos o fracasos. Weiner afirma que las atribuciones son determinantes primarios de la motivación, en cuanto que influyen en las expectativas, en las reacciones afectivas y, consecuentemente, en la conducta de rendimiento y en los resultados que se obtienen.

En la formación del autoconcepto y las atribuciones causales tienen importancia las pautas de socialización de la familia(8). Es dentro del seno familiar donde el individuo construye la base de su personalidad, allí aprende los primeros roles, los primeros modelos de conducta, empieza a conformar la primera autoimagen de sí mismo, aprende las normas, la jerarquía de valores que pondrá en práctica cómo autorregularse…

Distintas investigaciones encuentran que:

1. El clima educativo familiar, en el que se incluye tanto la actitud de los padres hacia los estudios de sus hijos como el clima afectivo familiar en el que se desarrolla el hijo, junto con las expectativas que han depositado en él, es la variable familiar que mayor peso tiene en relación al rendimiento escolar.

2. Las variables que definen las conductas de implicación de los padres en la educación de sus hijos tienen un mayor poder explicativo que las variables que definen las características de la familia en sí misma (características estructurales, nivel social, nivel cultural, etc.). Del conjunto de estas investigaciones, las expectativas que tienen los padres sobre la capacidad de sus hijos para obtener buen rendimiento académico es la variable que presenta mayor influencia. Incide directa y positivamente sobre el autoconcepto académico. Es decir, a medida que las expectativas de los padres sobre la capacidad de sus hijos son mayores, el autoconcepto de estos se incrementa y también aumenta la confianza en sí mismos y la motivación académica. Además, las expectativas de capacidad también inciden positivamente sobre los procesos de atribución causal del éxito o fracaso de los alumnos; de manera que, cuanto mayores sean las expectativas de los padres sobre la capacidad de sus hijos, mayor es la tendencia de los hijos a responsabilizarse de sus logros académicos positivos, y viceversa.

3. Contrariamente a lo que se suele pensar, las recompensas, refuerzos externos y contingentes a los logros de los hijos, que dispensan los padres, no favorecen el rendimiento académico. Se constata que cuanto más realizan este tipo de reforzamiento los padres, más perjudican el autoconcepto académico de sus hijos, disminuye la responsabilidad de los hijos frente a los logros y el desarrollo de las aptitudes académicas y, paradójicamente, también el rendimiento académico es más bajo(9).

Dentro de las variables sociales, cada vez más se da más importancia a la perspectiva de género. Gabarró (2010) relaciona las diferencias de prevalencia de fracaso escolar por género con la forma cómo las mujeres perciben el ámbito académico y las expectativas que ellas tienen en dicho ámbito y de su propio papel social(10). Distintos estudios muestran que actualmente los chicos consideran lo académico como algo femenino, algo que no les incumbe e, incluso, que los humilla en su conquista de la masculinidad.

Diagnóstico

Se basará en la historia clínica, centrada sobre todo en la anamnesis biopsicosocial y complementada, según sea necesario, con exploración física, estudio neuropsicológico y pruebas complementarias.

Anamnesis biopsicosocial. Con frecuencia los problemas de rendimiento escolar serán el motivo de consulta. Otras muchas veces tendremos que descubrirlos detrás de somatizaciones (cefaleas y abdominalgias recurrentes, con o sin vómitos, alteraciones del sueño…) o síntomas emocionales y/o comportamentales (tristeza, agresividad, problemas de conducta, abuso de sustancias…).

Una vez detectado que un adolescente no está rindiendo adecuadamente en la escuela, para plantear una hipótesis diagnóstica biopsicosocial, es preciso investigar:

1. Si la presentación del problema es circunstancial o es habitual.

2. Los antecedentes personales y familiares.

3. Los factores causales y dificultades (personales, familiares, escolares y sociales) siguiendo el modelo de condicionantes del rendimiento escolar (Tabla I) y la guía de principales problemas (Tabla II).

 

 

4. Los recursos (personales, familiares, escolares y sociales) para superar y/o compensar las dificultades identificadas como causantes de los problemas escolares.

La exploración física incluirá la búsqueda de aspectos dismórficos menores y signos neurológicos leves.

El estudio neuropsicológico valorará las siguientes funciones (para determinar si éstas se encuentran de acuerdo a su edad y escolaridad):

• Rendimiento cognitivo global: capacidad intelectual global o cociente intelectual global.

• Lenguaje oral y escrito, tanto expresivo como comprensivo.

• Visopercepción y visoconstruccción.

• Memoria, tanto verbal como visual.

• Coordinación motriz.

• Atención y funciones ejecutivas.

• Conducta.

Las pruebas complementarias (agudeza visual, audiometría, exploraciones neurofisiológicas como el EEG, estudio del metabolismo del hierro o de la función tiroidea…) se realizarán de forma específica según indicadores de la historia clínica.

Principales trastornos implicados

Entre los principales trastornos implicados se destacan: altas o bajas capacidades intelectuales, trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad, trastornos del espectro autista, alteraciones físicas, problemas psicoemocionales, acoso entre iguales y abuso de cannabis.

Altas o bajas capacidades intelectuales

Los adolescentes con altas capacidades intelectuales pueden presentar rendimiento por debajo de su potencial, consecuencia de la pérdida de la motivación por aprender(11). Sus características en el dominio emocional, social y moral suelen ser fortalezas (los adolescentes superdotados tienen más inteligencia emocional que la media), pero, en ocasiones, pueden convertirse en puntos débiles en su ajuste socioemocional. Son frecuentes la tendencia al perfeccionismo, la escasa tolerancia a la frustración, la excesiva tendencia a la autocrítica, su intensa sensibilidad emocional, su elevado nivel de aspiraciones y el miedo al fracaso, que favorece que se acobarde ante situaciones difíciles.

Los adolescentes con retraso mental leve (CI superior a 60) y los que están por debajo del término medio (CI entre 70 y 85) pueden pasar desapercibidos y presentar dificultades de adaptación(11).

Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH)

Son muchos los motivos por los que los adolescentes con TDAH tienen dificultades en el rendimiento escolar(12). Las tareas basadas en el lenguaje les resultan complejas, ya que la organización de los contenidos en un texto escrito y la comprensión lectora les supone un obstáculo para procesar la información. En el lenguaje oral suelen presentar también limitaciones tanto a la hora de organizar el discurso como de encontrar las palabras adecuadas. En la asignatura de matemáticas, las dificultades de comprensión lectora, la baja memoria de trabajo y la impulsividad les dificulta el progreso. Por último, la falta de organización, de motivación y de concentración, los problemas de conducta en clase, los conflictos con los compañeros y la baja autoestima influyen también de forma negativa en el progreso académico.

El subtipo inatento pasa a menudo desapercibido porque no suele presentar problemas de conducta que interfieran en la actividad escolar, familiar o social. Es una causa muy frecuente de fracaso escolar, ya que en la educación secundaria no son capaces de seguir las demandas de organización y planificación propias de esta etapa educativa.

Trastornos del espectro autista

Los adolescentes con trastorno del espectro autista presentan intereses restringidos, que ocupan toda su capacidad de atención y gran inflexibilidad de pensamiento(13). La principal consecuencia es la falta de motivación por aquellas asignaturas que no están dentro de su campo de interés.

Su déficit de comprensión social y reciprocidad emocional es el responsable de las dificultades para relacionarse con sus iguales. Contrariamente a lo que a veces se cree, la mayoría de adolescentes con trastornos del espectro autista sienten deseos de relación y necesidad de formar parte de un grupo. Sin embargo, sus dificultades para entender las emociones, para predecir las conductas de los demás o comprender sus verdaderas intenciones, hacen que las situaciones sociales se conviertan en los momentos más estresantes de la jornada escolar, pudiendo derivar en un estado de confusión emocional y desorganización comportamental.

Además, suelen presentar dificultades:

• En la organización y planificación, que les puede llevar a la pérdida de material, abandono de actividades, dificultades para controlar el tiempo, centrar y mantener la atención, trabajar de forma independiente…

• En la comprensión de conceptos abstractos.

• Para inferir la información implícita y extraer la idea global de un texto.

• En la capacidad de percepción viso-espacial (problemas espaciales, dirección y orientación…) y coordinación viso-motora, que les puede causar dificultades en la escritura, así como en asignaturas como educación física o plástica.

Trastornos del aprendizaje

Son trastornos de base neurobiológica, a menudo con un componente genético, que condicionan que un individuo con un nivel de inteligencia normal, a pesar de recibir una instrucción adecuada, no consiga avanzar de forma adecuada en uno o más aprendizajes(13,14):

• Procesamiento del lenguaje de forma global (trastornos del desarrollo del lenguaje).

• Lenguaje escrito (dislexia).

• Cálculo matemático (discalculalia).

• Coordinación motriz y organización visoespacial (trastorno del aprendizaje no verbal).

Trastornos del desarrollo del lenguaje

El nivel de competencia lingüística en estos adolescentes está muy por debajo del resto de sus capacidades (cognitivas no lingüísticas, motrices y sensoriales). Dadas las dificultades para comunicarse y avanzar en los aprendizajes como el resto de sus compañeros, son frecuentes los problemas de autoestima y los trastornos afectivos.

Dislexia

El adolescente disléxico (o con trastorno específico para la adquisición de la lectura) se caracteriza por:

• Lectura lenta, poco automatizada, que requiere mucho esfuerzo, a pesar de que, en muchos casos, practicando, se puede tener una lectura precisa y funcional.

• Gran dificultad para la aplicación de las normas ortográficas de forma espontánea.

• Expresión escrita deficiente por una pobre conciencia morfosintáctica. Pasar del discurso oral al escrito requiere de unos pasos que obligan a ordenar las ideas en frases y éstas en parágrafos.

• Repercusión variable en la comprensión lectora. Cuando el alumno no disléxico puede centrar todo su esfuerzo y atención en la comprensión del texto, el disléxico todavía realiza un gran esfuerzo en la decodificación del texto escrito en detrimento de la comprensión.

• La dificultad en automatizar las secuencias verbales en esta etapa significa no tener automatizadas las tablas de multiplicar. Este hecho, junto a la baja comprensión de los enunciados de los problemas, hace que los adolescentes disléxicos puedan presentar mal rendimiento en la asignatura de matemáticas.

• Rechazo a estudios o trabajos que requieren mucha lectura o redacción. Evitan películas de cine subtituladas, novelas largas, etc.

De forma paralela o secundaria a estas manifestaciones, el adolescente disléxico puede manifestar:

• Vergüenza para leer en público.

• Falta de tiempo para terminar las tareas escritas.

• Bajos resultados académicos al hacer pruebas escritas en comparación con el esfuerzo realizado y a los conocimientos conseguidos.

• Baja autoestima.

Discalculia

Los adolescentes con discalculia no tienen un buen uso del número en la vida cotidiana, cometen errores en cálculos, necesitan la calculadora para sumas sencillas, no han automatizado hechos aritméticos, poseen pocas estrategias en la resolución de problemas, no saben usar la estimación. Suelen sentir rechazo hacia la asignatura de matemáticas y, a veces, enfrentarse a ella les provoca ansiedad.

Trastorno del aprendizaje no verbal

Los adolescentes con trastorno del aprendizaje no verbal presentan dificultades en la integración visual, táctil y motora. Sus habilidades lingüísticas están conservadas, pero muestran pobre grafismo, deficientes habilidades viso-espaciales, mala coordinación y dificultades en el razonamiento matemático y la aritmética. Con mucha frecuencia, se asocian déficit de atención y baja competencia social.

Alteraciones físicas

Entre las que pueden afectar al rendimiento académico están: problemas neurológicos, enfermedades crónicas, incapacidad física, déficit auditivo y/o visual, rinitis crónica, síndrome de apnea obstructiva del sueño (que suele manifestarse con somnolencia en clase y dificultades de concentración), malnutrición (que comprometa el desarrollo cognitivo), ferropenia (capaz de afectar a la capacidad atencional), hipotiroidismo (puede sentirse cansado, perezoso o débil y presentar problemas de memoria, depresión o problemas para concentrarse), hipertiroidismo (nerviosismo, cansancio, mal rendimiento escolar).

Problemas psicoemocionales

Su presencia condiciona de forma importante el éxito escolar. Debemos descartar, sobre todo: depresión, trastorno obsesivocompulsivo, trastorno de conducta y trastornos por ansiedad. Dentro de estos últimos, son de subrayar, por su frecuencia, dos cuadros: la ansiedad académica y frente a los exámenes, y la ansiedad de separación.

Ansiedad académica y frente a los exámenes

La ansiedad académica se define como la respuesta de preocupación, inquietud o miedo ante determinados estímulos y situaciones del contexto escolar que se percibe como amenazante o que plantea determinadas demandas que están por encima de los recursos personales de afrontamiento (educativos, psicológicos, éticos, sociales, etc.), requiriendo un esfuerzo adaptativo. La ansiedad ante los exámenes se caracteriza por una inquietud o temor que experimentan los alumnos antes, durante o después de un examen (escrito u oral) por miedo o preocupación a fracasar y suspenderlo.

Cuando el miedo ante el ámbito académico y los exámenes llega a ser excesivo, desproporcionado, intenso, irracional, persistente y acompañado por una conducta de evitación hacia la situación o estímulo que lo provoca (rechazo prolongado a acudir al centro escolar), y la duración de los síntomas es de al menos seis meses, nos encontramos ante una fobia, una fobia específica de tipo situacional, clasificada según el manual del DSM-IV-TR dentro de los trastornos de ansiedad. También se la conoce como fobia escolar. En muchos casos, los adolescentes que la padecen experimentan un incremento en la intensidad de la ansiedad anticipatoria el día o días anteriores al enfrentamiento con las situaciones escolares, que se presentan como estímulos fóbicos. Algunos de los síntomas físicos y emocionales que se suelen sentir ante estas circunstancias anómalas son el aumento en la tasa respiratoria, la náusea, la opresión precordial, las manos frías, el mareo, el dolor de cabeza, la desesperanza o la tristeza.

Ansiedad de separación

La ansiedad por separación es un malestar intenso que muchos adolescentes experimentan ante situaciones que conllevan separarse de sus adultos cuidadores (principalmente de la madre) o del hogar. Entre sus síntomas más destacados se encuentran la persistencia a oponerse a ir al colegio (debe ser de cuatro semanas como mínimo), la apatía, el aislamiento de los amigos y la tristeza.

El maltrato (o acoso) entre iguales o bullying

Se define como el conjunto de comportamientos físicos y/o verbales que un menor o grupo de menores, de forma hostil y abusando de un poder real o ficticio, dirige contra un compañero/a de forma repetitiva y duradera con la intención de causarle daño(15). Para su diagnóstico, se requiere:

a. La existencia de una asimetría de poder o una situación de desigualdad entre agresor y víctima debido, generalmente, a que el agresor suele estar apoyado en un grupo que le sigue en su conducta violenta, mientras que la víctima queda indefensa, sin poder salir por sí misma de la situación de acoso.

b. La conducta agresora se repite y prolonga durante cierto tiempo (una frecuencia mínima de una vez por semana y una duración mínima de 6 meses).

c. Se mantiene debido a la ignorancia o pasividad de las personas que rodean a los agresores y a las víctimas sin intervenir directamente.

d. La intencionalidad y el carácter proactivo de la agresión, ya que se busca obtener algún beneficio social, material o personal, sin que medie provocación previa.

e. La pretensión de crear daño.

Abuso de cannabis

El consumo diario de cannabis puede llevar a corto plazo a la aparición de apatía, dificultades de concentración y falta de memoria, afectándose los procesos de aprendizaje y rendimiento(16).

Intervención terapéutica

La intervención será multisistémica y multimodal.

Habitualmente, se integrarán tratamientos biológicos, psicosociales y psicoeducativos dirigidos, por un lado, a compensar, en la medida de lo posible, las dificultades detectadas en cada nivel del modelo ecológico (personal, familiar, escolar y social) y, por otro, a potenciar los recursos terapéuticos y/o compensadores en cada uno de esos niveles. Para ello, se realizará un plan de actuación coordinado multidisciplinar e interinstitucional (trabajo en red).

Prevención

La base de la prevención es la construcción de resiliencia (la capacidad de los individuos para afrontar las dificultades, poniendo en juego sus aptitudes).

La mejor forma de prevenir, no sólo es comprobar continuamente el buen funcionamiento del menor en el área física, psicoemocional y social, detectando precozmente necesidades que satisfacer y problemas a los que hacer frente, sino intervenir fortaleciendo los recursos que promueven resiliencia(17):

Ambiente social facilitador: se refiere tanto a redes de apoyo social como a modelos positivos y a la aceptación incondicional del adolescente por parte de su familia, amigos y escuela. Implica que el adolescente cuente con:

– Personas a su alrededor que le quieran incondicionalmente y en quienes confiar.

– Personas que le pongan límites para aprender a evitar peligros o problemas.

– Personas que le muestren por medio de su conducta, la manera correcta de proceder (modelos para actuar).

– Personas que le ayuden a conseguir su autonomía.

– Personas que le cuiden cuando se encuentre enfermo, en peligro o necesite aprender.

Recursos personales: es la fuerza psicológica interna que desarrolla el adolescente en su interacción con el mundo. Incluye la autoestima, la autonomía, el control de impulsos, la empatía, el optimismo, el sentido del humor y el saberse partícipe de la fraternidad universal. Es necesario que el adolescente:

– Se sienta una persona por la que otros sienten aprecio y amor.

– Sea feliz cuando hace algo bueno para los demás y les demuestre su afecto.

– Sea respetuoso consigo mismo y con los demás.

– Esté dispuesto a responsabilizarse de sus actos.

– Se sienta seguro de que todo saldrá bien.

Habilidades sociales: ser capaz de manejar situaciones de conflicto, de tensión o problemas personales. El adolescente necesita percibir que puede:

– Hablar sobre lo que le asusta o le inquieta.

– Buscar maneras de resolver sus problemas

– Controlarse cuando tiene ganas de hacer algo peligroso o que no está bien.

– Contar con alguien que le escuche y le ayude cuando lo necesita.

Vanistendael compara la construcción de la resiliencia con la edificación de una casa (Fig. 1), donde cada una de las partes de la misma representa un elemento promotor(18). Henderson y Milstein han propuesto un modelo para desarrollar la resiliencia en los centros educativos conocido como la rueda de la resiliencia (Fig. 2)(19). Uno de los logros de este modelo es que trabaja en tres niveles: alumnado, docentes e institución.

 

Figura 1. Modelo de la casita de Vanistendael de construcción de la resiliencia.

 
 

Figura 2. Rueda de la resiliencia en la escuela (adaptado de Henderson y Milstein).

 

Función del pediatra de atención primaria

Para poder valorar adecuadamente los problemas escolares en la adolescencia, el pediatra de Atención Primaria precisa una visión integral de la salud.

Los problemas escolares pueden ser decisivos para el desarrollo de la personalidad y la salud mental futura del adolescente. Es preciso disponer de la sensibilidad y formación necesarias para ser capaz de escucharle, comprenderle y ayudarle(20), en el marco de una coordinada intervención multidisciplinar.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1. Marchesi A. El fracaso escolar en España. Madrid: Alianza; 2002.

2. Fernández M, Mena L, Riviere J. Fracaso y abandono escolar en España. Barcelona: Fundación “La Caixa”; 2010.

3.*** Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones. Abordar el abandono escolar prematuro: una contribución clave a la agenda Europa 2020. Bruselas: Comisión Europea; 2011. Disponible en http://ec.europa.eu/education/school-education/doc/earlycom_es.pdf

4. OCDE Informe español. PISA 2009. Programa para la evaluación internacional de los alumnos. Madrid: Ministerio de Educación; 2010.

5.** De la Orden A, Oliveros L, Mafokozí J, González C. Modelos de investigación del bajo rendimiento. Revista Complutense de Educación. 2001; (1): 159-78.

6.*** González-Pienda JA. El rendimiento escolar. Un análisis de las variables que lo condicionan. Revista Galego-Portuguesa de Psicoloxía e Educación. 2003; 7(8): 247-58.

7.** Weiner B. An attributional theory of motivation and emotion. New York: Springer Verlag; 1986.

8. Ruiz C. Factores familiares vinculados al bajo rendimiento. Modelos de investigación del bajo rendimiento. Revista Complutense de Educación. 2001; (1): 81-113.

9.*** Lieury A, Fenouillet F. Motivación y éxito escolar. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica; 2006.

10.** Gabarró D. ¿Fracaso escolar? La solución inesperada del género y la coeducación. Lleida: Boira Editorial; 2010.

11. Ruiz PJ. Alteración de las capacidades intelectuales por defecto y por exceso. Retraso mental/superdotados. En: Hidalgo MI, Redondo AM, Castellano G, eds. Medicina de la adolescencia. Atención integral. 2ª edición. Madrid: Ergon; 2012. p. 739-48.

12. Brown TH. Comorbilidades del TDAH. 2ª edición. Barcelona: Elsevier Masson; 2010.

13. Artigas J, Buisán N, Carmona C, García K, Noguer S, Rigau E. El niño incomprendido. Barcelona: Amat editorial; 2009.

14.*** Roca E, Carmona J, Boix C, et al. El aprendizaje en la infancia y la adolescencia: claves para evitar el fracaso escolar. Espulgues de Llobregat: Hospital Sant Joan de Déu; 2010.

15. Ruiz PJ. Niños y adolescentes que maltratan. Pediatr Integral. 2009;XIII(10): 919-29.

16. Ruiz PJ. Consumo de sustancias en la infancia y la adolescencia. En: Del Pozo J, ed. Tratado de pediatría extrahospitalaria. 2ª edición. Madrid: Ergon; 2011. p. 1487-1494.

17.** Puig G, Rubio JL. Manual de resiliencia aplicada. Barcelona: Editorial Gedisa; 2011.

18. Vanistendael S, Lecomte J. Resiliencia y sentido de vida. Buenos Aires: Paidós; 2004.

19. Henderson N, Milstein MM. Resiliency in Schools. Making It Happen for Students and Educators. California: Corwin Press; 2003.

20.** Ruiz PJ, Parra MI. La entrevista clínica con adolescentes: lenguajes, patrones de comportamiento, dinámica de grupos. En: De los Reyes M, Sánchez M, eds. Bioética y Pediatría. Proyectos de vida plena. Madrid: Ergon; 2010. p. 331-40.

Bibliografía recomendada

– Mulas F. Dificultades de aprendizaje. Barcelona: Viguera; 2006.

Ofrece una visión multi e interdisciplinar del problema de las dificultades del aprendizaje.

– Sans A. ¿Por qué me cuesta tanto aprender? Trastornos del aprendizaje. Barcelona: Edebé; 2008.

Proporciona pautas concretas para detectar, diagnosticar y tratar a niños y jóvenes con dislexia, TDAH, trastorno de aprendizaje no verbal, trastornos del desarrollo del lenguaje, trastorno del espectro autista de alto funcionamiento o discalculia.

– Armstrong TH. El poder de la neurodiversidad. Las extraordinarias capacidades que se ocultan tras el autismo, la hiperactividad, la dislexia y otras diferencias cerebrales. Barcelona: Paidós; 2012.

Nos ofrece una visión apasionada, compasiva y práctica de las múltiples habilidades potenciales que albergan las personas que están dotadas de “capacidades diferentes” de las que consideramos “normales”.

– Ruiz PJ, Bosques D, Cozar G, González B. Promoción de la salud del adolescente en Atención Primaria: el modelo Alcalá de Henares. Rev Pediatr Aten Primaria. 2005; 7: 451-61.

Se describe modelo de promoción de la salud en la adolescencia, que incluye intervención en el ámbito escolar.

– Ruiz PJ. Spain (Alcalá de Henares, Madrid): the strategy “for and with young people” for promoting adolescent mental health in primary health care. In: Social cohesion for mental well-being among adolescents. Copenhagen: WHO Regional Office for Europe; 2008. p. 216-26.

Se explica detalladamente el desarrollo de la estrategia “para y con los jóvenes” elegida por la Organización Mundial de la Salud como buena práctica en la promoción del bienestar mental y la cohesión social en adolescentes.

– Ruiz PJ. Promoviendo la adaptación saludable de nuestros adolescentes. Madrid: Ministerio de Sanidad y Consumo; 2004.

Proyecto de promoción de la salud mental útil para trabajar factores de resiliencia en la prevención de problemas escolares en la adolescencia.

 

Caso clínico

Varón de 11 años que cursa sexto de educación primaria en un centro educativo concertado. Acude a consulta joven, derivado por su pediatra, por presentar “acoso escolar por parte de un grupo de 7 compañeros, con sentimientos de inferioridad y déficit de habilidades sociales”. Trae informe del colegio, realizado a partir de batería psicopedagógica de administración colectiva, en el que consta autoestima baja y niveles de adaptación escolar muy bajos.

Antecedentes personales

Enuresis nocturna hasta los 9 años.

Antecedentes familiares

Hermano dos años menor que él, “un poco despistado, igual que yo”, refiere el adolescente; “no se entera de los controles y le pillan por sorpresa”.

Anamnesis

En entrevista a adolescente y padres, se detectan dificultades en conducta y problemas de relación con iguales desde pequeño. La profesora de 2º curso de educación infantil ya se quejaba de que era un niño “muy nervioso y muy desobediente”, por lo que lo derivó al psicólogo del colegio, quien relacionó las dificultades con que era “muy brusco en su relación con los demás”. Pasaban los años y seguía siendo “muy nervioso, se subía encima del sofá, de pie, en las sillas, saltando y haciendo poco caso a los padres”. Los problemas más serios comenzaron en 3º de educación primaria. Su mejor amigo era víctima de burlas, insultos y humillaciones constantes por parte de sus compañeros, y “él siempre le defendía y se lo decía a los profesores”. Así se ganó el desprecio de estos compañeros, que comenzaron a hacer lo mismo con él. Sobre todo uno, “me monta todo el escándalo y les dice a todos que no sean mis amigos”, expresa el adolescente.

“Somos conscientes de que también él tendrá su parte de responsabilidad en todos los conflictos que tiene, porque en casa tampoco es fácil”. “Yo ya he ido varias veces a hablar con el profesor y siempre me dice lo mismo: que dice chorradas que interrumpen la clase, que es muy pesado, que gasta bromas muy pesadas a los demás y que no todos los compañeros entienden estas bromas. Yo lo entiendo, pero no me parecen bien las barbaridades que le dicen o hacen”.

En casa, “no hace caso en ciertas cosas, por muchas veces que se lo digas, y te saca de quicio en muchas ocasiones”. “No conseguimos que cumpla con las normas básicas de una casa, como tirar de la cadena, no coger los alimentos con las manos o ponerse las zapatillas”, “cuando él quiere algo, tiene que ser ya, y si no, muchas veces, llora, grita o se enfada con malos gestos y enfados” . “Por otra parte, es muy noble y muy sensible, y bastante trabajador, aunque tengo que estar muy encima de él”, dice la madre.

“En el colegio ha tenido siempre pocos amigos, los que también eran rechazados por los demás. Ahora, ni siquiera esos, ahora está solo y busca amigos en cursos más bajos”. “Por su manera de ser le han hecho el vacío”. “Es buen chico pero no puede cambiar su comportamiento”, manifiesta el padre.

Exploración física

Sin hallazgos significativos.

Cuestionarios a padres y profesores

Véase tabla III.

Entrevista semiestructurada para evaluar criterios diagnósticos DSM-IV-TR de TDAH (adaptación de CAADID de Epstein, Johnson y Conners)

Cumple criterios A (6 síntomas de desatención, 8 de hiperactividad/impulsividad), B, C, D y E de trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) tipo combinado.

Evaluación psicopedagógica individual

Véase tabla IV.

Pruebas complementarias

Bioquímica, metabolismo del hierro y TSH en sangre: normal. Sistemático de orina: normal.

Hipótesis diagnóstica: baja autoestima. Dificultades de adaptación escolar en relación con problemas con compañeros. Víctima de acoso escolar (cumple todos los criterios diagnósticos de bullying). Déficit de habilidades sociales. TDAH tipo combinado.

Plan de actuación

Terapia individual (citas periódicas en consulta joven trabajando el empoderamiento personal, tratamiento con metilfenidato) y grupal (grupo de autoayuda, taller de desarrollo personal y habilidades sociales). Construcción de red de apoyo y promoción de conducta prosocial (integración en proyecto de participación comunitaria de adolescentes del centro de salud). Orientaciones psicoeducativas y de apoyo a los aprendizajes al adolescente, padres y a profesores. Desarrollo en el centro educativo de un plan de mejora de la convivencia y de respuesta al acoso escolar.

Evolución

Mejora constatada y persistente en adaptación escolar, estado emocional (“más tranquilo y centrado, ya no me pongo tan nervioso”), rendimiento académico, competencias sociales y de afrontamiento de conflictos. En seguimiento hasta la actualidad en consulta joven del centro de salud. Tiene ya 15 años.

 

 
 

 

 

 

 

Entrevista clínica al adolescente

Regreso a las bases

 

L. Rodríguez Molinero

Doctor en Medicina. Pediatra acreditado en Medicina del Adolescente. Centro de Salud Casa del Barco. Valladolid

 

Pediatr Integral 2013; XVII(2): 128-132


Entrevista clínica al adolescente

 

“El engorroso proceso actual de formación suele convertir a jóvenes inteligentes y creativos, impulsados por el deseo de ayudar al prójimo, en personas frías y aisladas, que han perdido la mayoría de sus ideales originales sobre la práctica de la medicina… produciendo doctores con cualidades diametralmente opuestas a aquellas en las que ostensiblemente creen”.

T. J. Iberti

American Medical Education: Has It Created a Frankenstein?

Am J Med. 1985; 78: 179-81.

La relación médico-paciente. Generalidades

Atender adolescentes es una práctica muy gratificante que facilita el crecimiento personal y ayuda a los más jóvenes a entender la vida.

Ser médico y tratar a adolescentes es un trabajo muy agradable y que gratifica mucho a los profesionales que lo han escogido. Ser médico es una actitud en la vida, y un compromiso con la sociedad a través de la profesión. Es difícil definir al médico que decide atender a adolescentes. De la misma manera que hay tantas formas de vivir la adolescencia como adolescentes, los profesionales de la medicina dedicados a la adolescencia ejercemos la profesión de maneras muy diferentes. A todos nos caracteriza el querer ayudar a los pacientes. Esta relación de ayuda tiene una parte técnica y otra humanista. Pocas veces en el ejercicio de la medicina estas dos vertientes están tan ligadas como en el trato con los adolescentes y sus problemas de salud(1).

La idea “ser médico” es la idea de la comprensión del hombre enfermo. “Ser enfermo” no es lo mismo que “estar enfermo”. Hipócrates consideraba el primer concepto, es decir, consideraba que el hombre es un ser total; de manera que, toda su integridad se altera cuando una parte está dañada. Galeno, en cambio, opinaba que el cuerpo y el alma son dos partes separadas(2). La visión galénica facilitó el análisis del ser humano como conjunto de órganos, células, moléculas, separando lo físico de lo psíquico. Se ha pasado del concepto “ser un enfermo” (Hipócrates) al de “tener una enfermedad”(Galeno) determinado por el médico, que con su diagnóstico pone una etiqueta a un proceso morboso.

Actualmente, se entiende que todo proceso morboso afecta tanto a lo corporal como a lo mental. Cualquier proceso tiene un componente físico y otro psíquico. El efecto placebo es responsable del 30-40% del éxito de un tratamiento. Este efecto está basado en el aspecto psíquico o espiritual de la persona (relación chamánica)(3).

J. Alexander estudió las habilidades de un conjunto de psicólogos de éxito y encontró que éstas eran de dos tipos: unas llamadas de relación (empatía) y otras estructurales o de conocimiento (aprendizajes técnicos). Concluyó que la relación médico-paciente empezaba por habilidades de relación, luego estructurales y finalmente terminaba con habilidades de relación. Del total, las habilidades de relación constituían el 60% del éxito. Levi Strauss estudió esta relación y llegó a la conclusión de que se basaba en la creencia. Es ésta una condición básica para que se produzcan cambios en el sujeto: “el curandero no lo es porque cura, sino que cura porque es curandero”. La relación chamánica se refuerza con los rituales: el encuentro personal, la entrevista, la exploración física (el contacto corporal) y las pruebas complementarias.

La relación médico-paciente (RMP), a pesar del avance técnico, tendrá siempre una importancia definitiva en la curación de los pacientes. En esta relación es donde se contempla el componente emocional del ser humano menesteroso, en situación de necesidad o enfermo(2). Mientras no se atiendan las emociones de los pacientes, la relación médico-paciente estará incompleta.

El paciente acude al médico cargado de expectativas, de juicios, creencias, y culpas que producen un efecto que llamamos “transferencia”. El significado de la palabra “médico”/”doctor” etimológicamente es “el que cura, enseña, conoce y sabe”. El efecto que produce en el médico la relación con el paciente se llama “contratransferencia”. Desde siempre han existido dos actitudes extremas entre los médicos: la del médico “activista”, que pretende a toda costa buscar e intervenir en la enfermedad a base de usar todos los métodos diagnósticos, y la del médico que exagera el aspecto compasivo, invadiendo la vida del paciente. Llamamos contexto al ambiente físico, social y cultural en que se desarrolla la relación. Tanto en la práctica pública como en la privada, se han descrito dos contextos: uno extenso y otro reducido. El primero se refiere a la sala de espera, el sistema de citación, el tiempo de espera, la movilidad de los profesionales, el sistema de información y la existencia de otros profesionales con los que se trabaja. El contexto reducido se refiere al lugar de la propia consulta: el espacio, la camilla, la decoración, el tiempo dedicado, la entrada y salida de gente, la asistencia de la enfermera.

La historia clínica (HC) es un documento de apoyo a la entrevista. A través de ella establecemos una relación humana-profesional tan profunda como cada uno quiera. En la HC se descubren los problemas y las necesidades de salud de los pacientes, y se ponen a prueba los conocimientos y las habilidades clínicas, éticas y jurídicas del médico.

Todos los datos que se conocen a lo largo de la entrevista clínica (EC) se recogen en la HC. Los datos pueden ser administrativos, de filiación, datos de la familia y sociales, genograma familiar o un listado de otras consultas anteriores. Con la HC sabemos dónde vive, trabaja, nivel de estudios, tipo de familia, número de hijos o de hermanos, problemas familiares previos, datos de la infancia (parto, prematuridad, desarrollo psicomotor, estado vacunal…). Es un documento privado y protegido por ley. Si no se garantiza el secreto de los datos, será difícil que logremos la confidencialidad de los pacientes. Estos datos sirven para recordar y facilitar el seguimiento de los problemas sin tener que repetirlos, además de ser un instrumento importante para docencia e investigación. Y cuando se trabaja en equipo, el paciente será atendido por otros profesionales que deben estar al corriente de sus problemas gracias a la HC. Ésta exige una uniformidad de criterios y una disciplina a la hora de organizar los datos. Puede ser escrita o digital. La calidad de la HC está relacionada directamente con la presión asistencial, por lo que se pueden ir rellenando datos en sucesivas entrevistas, aunque la experiencia demuestra que los datos que no se recogen en la primera visita quedarán sin recoger.

La entrevista del médico con el adolescente (EMA) se enmarca dentro de una relación de ayuda (RA) definida como un encuentro personal entre alguien que pide ayuda y alguien que está dispuesto a darla, con el fin de modificar algunos aspectos de su modo de pensar, sentir y actuar, en un marco social adecuado(4).

La persona que pide ayuda sufre o se siente desmoralizada, suele pensar que el origen de su sufrimiento está fuera de su control. Cree que puede superar todo con la colaboración del que le ayuda (aunque sabe que él también ha de participar); se siente ambivalente y confuso ante el que le ayuda y está inserto en un contexto que tanto le puede ayudar como dificultar su camino. Y quiere modificar ciertos aspectos de su pensar, sentir y actuar.

La entrevista clínica con el adolescente

Los adolescentes son pacientes que, cuando se sienten atendidos, son muy gratificantes y estimulantes para el médico.

Todos los datos obtenidos en la entrevista con el adolescente se anotan en el documento de la HC y nos recordarán en las sucesivas entrevistas detalles importantes de la evolución y situaciones anteriores: forma de vestir, lenguaje, sentimientos, emociones, deseos, expectativas, resultados de análisis… La verbalización de las quejas o síntomas a lo largo de la EC forman parte del proceso relacional-terapéutico. Algunos datos son emocionalmente neutros pero otros serán privados, incluso secretos, con alto contenido afectivo, y no se revelarán mientras no se hayan garantizado algunos requisitos que den confidencialidad al encuentro. Aquí es donde la entrevista tiene todo su valor, por la importancia que el adolescente da a sus confidencias, siendo muchas veces clave en la comprensión de sus quejas. La entrevista se convierte en un conjunto de actitudes y técnicas fruto de un aprendizaje autocrítico, de modo que el buen entrevistador no “nace” sino que se “hace”(5).

Siguiendo la definición del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), entrevistar es tener una conversación con una o varias personas con un fin determinado. La entrevista se basa en la comunicación, que el DRAE en su 3ª acepción define como “Transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor”. En todos los manuales de comunicación clínica, se citan como cualidades básicas para un buen entrevistador clínico: empatía, calidez, respeto, concreción y asertividad.

Se denomina empatía a la capacidad de comprender los sentimientos de los pacientes y, además, hacérselo ver. Se describen varios niveles de empatía. El nivel máximo es comprender los sentimientos y emociones y expresar su comprensión mediante lenguaje verbal o gestual. El grado menor es aquel en que el médico, además de no comprender los sentimientos y emociones del paciente, los rechaza explícitamente. La calidez de la relación clínica es la manifestación no verbal de proximidad. Una mirada amable, cierta proximidad física, una postura relajada y atenta, la voz suave, el saludo de mano o una palmadita…

Es importante manifestar al paciente lo que nos importa él, y el respeto, interés y compromiso que sentimos ante el problema que nos cuenta, independientemente de sus creencias, su nivel social o sus valores. Debemos comunicarle que comprendemos su lenguaje y devolverle una interpretación, de forma que produzca en el paciente la sensación que sentirse comprendido. Para ello habrá que recurrir a preguntas y formulaciones del tipo ”quiere Ud. decir”, “me parece entender que…”, “dígame si le entiendo bien…”.

También debemos expresar los deberes y derechos de un profesional de forma respetuosa y asertiva, considerando al mismo tiempo los deberes y derechos del paciente.

Todo esto exige un mínimo de seguridad personal y profesional. La seguridad profesional implica, en ocasiones, plantear la duda a la hora de interpretar los problemas de los pacientes, llegando en ocasiones a expresarla abiertamente de forma sincera y honesta. Expresiones como “no es fácil interpretar tal o cual prueba diagnóstica…”, “sería prudente volver a repetir la exploración pasado un tiempo…”, “algunas veces estas situaciones no suelen ser graves…”. La falta de asertividad en la entrevista tiene varias consecuencias: transmite poca confianza, devalúa las propias ideas, provoca rechazo a la propia entrevista, suele producir baja autoestima y genera altas dosis de ansiedad.

El médico que es asertivo asume y reconoce que puede cometer errores, que no es posible quedar bien con todos los pacientes, que aunque es el que tiene la autoridad en la consulta, a veces tiene que derivar a pacientes y contar con la ayuda de otros compañeros, lo que no le desprestigia ni le quita méritos, que es justo que se le reconozcan.

Principios sobre comunicación humana

La comunicación humana es una ciencia que nos ayuda a entender a los demás y a entendernos a nosotros mismos.

Desde el nacimiento estamos aprendiendo cómo satisfacer las necesidades básicas a través del tacto, la vista y el olfato. Posteriormente, vamos perfeccionando el lenguaje verbal o gestual. Serán nuestros cuidadores a través del afecto quienes irán enseñándonos qué debemos hacer para que se nos comprenda mejor. La vida es un proceso continuo de aprendizajes sociales y relacionales.

El psicólogo Abraham Maslow (1908-1970) expresó los diferentes niveles de necesidades de las personas, desde las más fisiológicas (comer, beber) hasta las más elaboradas o complejas (estéticas, trascendentales). Para este autor, es la comunicación la que nos permite satisfacer estas necesidades.

La comunicación es la acción por la cual un individuo establece con otro un contacto que le permite transmitir una información. En la comunicación intervienen diversos elementos, que se describen en la tabla I.

 

 
 

 

La comunicación eficaz entre dos personas se produce cuando el receptor interpreta el mensaje en el sentido que pretende el emisor. Es la comunicación ideal. La comunicación entre médicos y adolescentes puede ser buena o mala en función de los axiomas de Watzlawick(6). Los fracasos en la comunicación se describen en la tabla III y los éxitos, en la tabla IV. (Véanse enlaces de vídeo http://vimeo.com/37983123, http://vimeo.com/40888040 y http://vimeo.com/37989281.

 

 
 

 

Técnicas de comunicación eficaz

Todos conocemos, y podríamos citar en teoría, cuáles son los principios básicos para lograr una correcta comunicación. Pero, aunque parecen sencillos y evidentes, frecuentemente nos olvidamos de ellos. Algunas estrategias que podemos emplear:

1. La escucha activa es el esfuerzo por entender al que habla. Oír no es lo mismo que escuchar. Es una disposición psicológica a comprender lo mejor posible al adolescente y manifestarle esa comprensión de lo que quiere decir. No es fácil. Algunos elementos lo impiden: la distracción, las interrupciones al que habla, los juicios, subestimar los sentimientos (“…no te preocupes”), ofrecer ayuda prematuramente… la escucha activa exige algunas actitudes(7):

Mostrar empatía. Escuchar activamente las emociones de los demás es tratar de “meternos en su piel” y entender sus motivos y sentimientos y hacerle ver que “nos hacemos cargo”. No se trata de mostrar alegría, ni de ser simpáticos, sino simplemente, de ponernos en su lugar. Sin embargo, eso no significa aceptar ni estar de acuerdo con la posición del otro. Para demostrar esa actitud, usaremos frases como: “Entiendo lo que sientes”, “Noto que…”.

Parafrasear. Verificar con las propias palabras lo que parece que el emisor acaba de decir. Es muy importante en el proceso de escucha, ya que ayuda a comprender lo que el otro está diciendo y permite comprobar si realmente se está entendiendo lo que dice, y no malinterpretándolo. Un ejemplo de parafrasear puede ser: “entonces, según veo, lo que pasaba era que…”, “¿Quieres decir que te sentiste…?”

Emitir palabras de refuerzo o cumplidos. Pueden definirse como afirmaciones que suponen un halago para la otra persona o refuerzan su discurso, al transmitir que uno aprueba, está de acuerdo o comprende lo que acaba de decir. Algunos ejemplos serían: “esto es muy divertido”, “me encanta hablar contigo”. Otro tipo de frases menos directas sirven también para transmitir el interés por la conversación: “bien”, “umm” o “¡estupendo!”.

Resumir. Mediante esta habilidad informamos a la otra persona de nuestro grado de comprensión o de la necesidad de mayor aclaración. Expresiones de resumen serían: “si no te he entendido mal…”, “O sea, que lo que me estás diciendo es…”, “a ver si te he entendido bien…”, “¿es esto lo que quieres decir…?”, “¿estoy en lo cierto?”.

2. Algunos aspectos que mejoran la comunicación:

Cuando se habla de otras personas, comentar lo que hace, no lo que es, sin calificativos. Las etiquetas no ayudan a que la persona cambie, sino que refuerzan sus defensas. Hablar de lo que es una persona sería: “te has vuelto a olvidar de sacar la basura. Eres un desastre”; mientras que hablar de lo que hace sería: “te has vuelto a olvidar de sacar la basura. Últimamente te olvidas mucho de las cosas”.

Discutir los temas de uno en uno, no utilizar una situación para reprochar otras cosas. Por ejemplo, cuando llegan las notas y son bajas, aprovechar la ocasión para recordar que vuelve tarde a casa, es un vago y no es cariñoso.

Expresar las emociones negativas en vez de ir acumulándolas, dando lugar a una saturación emocional y terminar en una conducta explosiva.

No hablar del pasado. Rememorar antiguas situaciones, o sacar a relucir los “trapos sucios” del pasado, no sólo no aporta nada provechoso, sino que despierta malos sentimientos. El pasado sólo debe sacarse a colación constructivamente, para utilizarlo de modelo cuando ha sido bueno e intentamos volver a poner en marcha conductas positivas quizá algo olvidadas. Pero como es evidente que el pasado no puede cambiarse, hay que dirigir las energías al presente y al futuro.

Ser específico, concreto, preciso, es una de las normas principales de la comunicación. Cuando se es inespecífico, rara vez se moviliza nada. Si, por ejemplo, una chica puede quejarse del poco caso que en su casa se le hace y se expresa así: “no me hacéis caso”, “me siento sola”, “siempre estáis ocupados”, aunque tal formulación exprese un sentimiento, si no hace una propuesta específica, probablemente las cosas no cambiarán. Sería apropiado añadir algo más. Por ejemplo: “desde ahora vamos a procurar cenar todos los días juntos y hablar de lo que ha pasado a todos durante el día. ¿Qué os parece?” O “¿qué os parece si nos comprometemos a dejar todo lo que tenemos entre manos a las 9 de la noche, y así podremos cenar juntos y charlar?”.

Evitar las generalizaciones. Los términos “siempre” y “nunca” raras veces son ciertos y tienden a formar etiquetas. Es diferente decir: “Juan, últimamente te veo algo ausente” que “Siempre estás en las nubes”. Para ser justos y honestos, para llegar a acuerdos, para producir cambios, resultan más efectivas expresiones del tipo: “la mayoría de las veces”, “en ocasiones”, “algunas veces”, “frecuentemente”. Son formas de expresión que permiten al otro sentirse correctamente valorado.

Ser breve. Repetir varias veces lo mismo con distintas palabras, o alargar excesivamente el planteamiento, no es agradable para quien escucha. Produce la sensación de ser tratado como alguien de pocas luces, o como un niño. En todo caso, se corre el peligro de ser evitado por pesado cuando empiece a hablar.

Cuidar la comunicación no verbal, que debe ser acorde con la verbal. Mantener el contacto visual; saber transmitir afecto (mediante el tono de voz, la expresión facial…).

Saber buscar el momento y el lugar adecuados para hacer comentarios o preguntar algunas cosas son parte del éxito del encuentro.

Para ser prácticos

La entrevista es la herramienta clínica más importante en la RMP, y se usa para investigar los problemas de salud de los adolescentes. Hay varias preguntas clave: ¿cuál es el problema?, ¿quiénes son los que reconocen el problema? ¿Cómo afronta el problema el adolescente? y ¿cómo reacciona la familia, la escuela o la sociedad ante ese problema?

Durante la entrevista hay que considerar varios factores: la edad y el desarrollo del adolescente; la familia que le acompaña (o no); sus problemas de salud, sus quejas, sus vivencias, su autonomía; la confidencialidad, el tiempo y la legislación.

Los profesionales que atendemos a adolescentes debemos haber resuelto nuestra propia adolescencia (es decir, ser psicológicamente adultos, autónomos e independientes), debemos utilizar un lenguaje asequible para el muchacho, y debemos reconocer nuestro papel parental sustitutivo(5) (ya que muchos de los problemas del adolescente vienen de la ausencia de una figura parental funcional). Finalmente, debemos ser neutrales. Es una característica básica que nos permite asistir al encuentro con el adolescente sin prejuicios ni planteamientos morales.

Se recomienda identificarse como profesional, saber de qué forma le gusta al paciente-adolescente que se le llame; saber escuchar, procurar registrar las impresiones más relevantes, garantizar el secreto y confidencialidad y procurar un ambiente de calidez que facilite la entrevista.

Hay muchos tipos de pacientes: comunicativos, silenciosos, emocionales-llorosos y agresivos-oposicionistas. Cada caso exige actitudes distintas, pero siempre teniendo en cuenta lo dicho anteriormente: hay que facilitar el diálogo, no juzgar, manifestar simpatía y dejar la posibilidad de nuevos encuentros, en los que puedan cambiar la actitud.

En nuestro modelo asistencial público, el tiempo del que disponemos es escaso. Nosotros trabajamos por la mañana, cuando los chicos suelen estar en los lugares de enseñanza. Nuestras consultas son masivas, mientras que ellos necesitan tiempo. Al final, hay que buscar tiempos largos y a horas de disponibilidad. Las tardes, y sobre todo al final.

El tiempo del médico hay que considerarlo. Los adolescentes nos demandan demasiado. Ellos son exigentes y nosotros, limitados. ¿Cómo resolverlo? Motivar al adolescente es un problema de tiempo y seducción. No es fácil.

La autonomía del adolescente es una consideración básica en la relación del médico con él. El individuo es dueño de sus actos y decisiones. Ello implica ausencia de coacción, procurarle opciones reales de decisión e información suficiente y necesaria.

El secreto médico es un derecho de las personas, relacionado con su dignidad y recogido en las leyes. Por tanto, el secreto profesional es un deber, y quebrantarlo nos enfrentaría con la Justicia.

Bibliografía

1. Silber TJ. Perfil del médico que atiende a adolescentes. En: Hidalgo Vicario MI, Redondo Romero AM, Castellano Barca G, eds. Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. 2ª edición. Madrid: Ergon; 2012.

2. Laín Entralgo P. La Relación Médico Enfermo. Madrid: Alianza Editorial.

3. Lévi-Strauss C. books.google.es/books?isbn=8437061148 p 194

4. Madrid J. Los procesos de la relación de ayuda. Bilbao: Ed Desclée de Brouwer; 2005. p. 57.

5. Castellano G, Hidalgo I. Entrevista clínica del adolescente. En: Hidalgo Vicario MI, Redondo Romero AM, Castellano Barca G, eds. Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. 2ª edición. Madrid: Ergon; 2012. p. 11.

6. Watzlawick P. Teoría de la Comunicación Humana. Herder; 1981.

7. La escucha eficaz: la clave de la comunicación. books.google.es/books?isbn=8496743047 Jim Dugger – 2006 – education p96

8. Borrell y Carrió F. Manual de Entrevista Clínica. Barcelona: Doyma; 1989.

9. Borrell y Carrió F. La Entrevista Clínica. Manual de estrategias. Práctica. Barcelona: SEMFYC Ediciones; 2004.

10. Madrid Soriano J. Los procesos de la relación de ayuda. Biblioteca de Psicología; 2005.

 

Imagen en Pediatría Clínica. Haz tu diagnóstico

El Rincón del Residente

E.M. Rincón López, S. Salas García, P. Solano Galán

Residentes de Pediatría. Hospital Universitario y Politécnico la Fe. Valencia

 


El Rincón del Residente es una apuesta arriesgada de Pediatría Integral. No hemos querido hacer una sección por residentes para residentes. Yendo más allá, hemos querido hacer una sección por residentes para todo aquel que pueda estar interesado. Tiene la intención de ser un espacio para publicaciones hechas por residentes sobre casos clínicos, imágenes y revisión bibliográfica.
¡Envíanos tu caso! Normas de publicación en www.sepeap.org

Pediatr Integral 2013; XVII(2): 133-137


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Caso clínico

Mujer de 11 años de edad que, tras un episodio febril de 2 días de evolución compatible con faringoamigdalitis vírica, presenta una lesión nodular en vulva que progresa en los siguientes 5 días a una úlcera profunda, dolorosa, con áreas recubiertas por membrana necrótica (Fig. 1). La paciente no refiere relaciones sexuales, traumatismos genitales, ni enfermedades sistémicas. Ausencia de menarquia. No presenta úlceras ni aftas en otras localizaciones, siendo el resto de exploración normal. Las exploraciones complementarias para descartar etiología infecciosa o enfermedades sistémicas fueron negativas o no concluyentes.

 

Figura 1.

 

A Hombros de Gigantes

El Rincón del Residente

 
D. Gómez Andrés

MIR. Hospital Universitario La Paz.
Trastornos del Desarrollo y Maduración Neurológica. IdiPaz-UAM

 

Las revisiones de pediatría que te pueden interesar publicadas en las revistas internacionales más importantes.

 


A Hombros de Gigantes

 

Pediatría general y extrahospitalaria

★★★★★Adolescent STIs for primary care providers. Curr Opin Pediatr. 2012; 24: 647-55. PMID: 22954956

Aunque desde la perspectiva norteamericana, es una buena llamada de alerta respecto al manejo ambulatorio y en Atención Primaria de enfermedades como la infección por Chlamydia, la gonorrea, la sífilis, la infección por HPV o el VIH.

★★★★★Developmental dysplasia of the hip: controversias and current concepts. J Paediatr Child Health. 2012; 48: 963-73. PMID: 23126391

Interesante artículo donde se detallan conceptos importantes sobre la displasia del desarrollo de la cadera. Ofrece un abordaje muy completo de este trastorno para cualquier pediatra.

Alergología

★★★★★Fish and shellfish allergy in children: review of a persistent food allergy. Pediatr Allergy Immunol. 2012; 23: 608-15. PMID: 22554093

Excelente revisión sobre la alergia al pescado y al marisco. Tras comentar la epidemiología de estas alergias, los autores explican las propiedades de las parvalbúmina del pescado y las tropomiosinas del marisco como alérgenos principales detrás de esta patología. Después explican las razones para la reactividad cruzada entre los diferentes pescados, los diferentes mariscos y los pescados y los mariscos. Señalan la importancia del Anisakis, sulfitos y otras sustancias tóxicas como síndromes relacionados con la ingesta de productos del mar y que a veces son confundidas con alérgicas. También analizan los distintos test diagnósticos a realizar y discuten las distintas opciones terapéuticas.

★★★★Managing food allergy in childhood. Curr Opin Pediatr. 2012; 24: 615-20. PMID: 22935752

Las alergias alimentarias tienen una prevalencia creciente y además, las ingestas accidentales de estos alimentos se han mantenido estables dentro de los pacientes con alergia. El manejo adecuado de estos trastornos pasa por un diagnóstico adecuado en el que la historia clínica juega un papel esencial, pero a ella se están añadiendo nuevas modalidades de diagnóstico entre las que destacan la valoración de IgE específicas para epítopo. Respecto al tratamiento, los autores presentan los avances en inmunoterapia oral que han permitido paliar en parte los problemas relacionados con estas alergias.

Digestivo

★★★★★Childhood constipation. BMJ. 2012; 345: e7309. PMID: 23150472

Valiosa revisión donde se estudia de manera amplia el problema. Clave para residentes y muy interesante para los demás pediatras.

★★★The use of biologic agents in pediatric inflammatory bowel disease. Curr Opin Pediatr. 2012; 24: 609-14. PMID: 22828183

El avance de las terapias biológicas en enfermedades como la enfermedad inflamatoria intestinal es cada vez más importante. Las estrategias terapéuticas han cambiado en esta enfermedad desde un abordaje “de menos a más” a uno “de más a menos” donde el infliximab, el adalimumab y otros juegan un papel creciente. Los principales riesgos de estas nuevas terapias también son discutidos. El indudable riesgo de infecciones puede ser manejado adecuadamente si se usan protocolos de cribado adecuado. Por otro lado, el riesgo de trastornos linfoproliferativos parece más limitado a las situaciones en las que se usan concomitantemente inmunosupresores.

Endocrinología

★★★★★Pediatric osteoporosis: where are we now? J Pediatr. 2012; 161(6): 983-90. PMID: 22974578

Las mejoras en la supervivencia de los niños crónicamente enfermos y la exposición de los mismos a tratamientos tóxicos para el hueso han provocado un aumento de la frecuencia de osteoporosis. Este artículo revisa la fisiología normal de la mineralización ósea, la interpretación de las fracturas como osteoporóticas en la infancia, las técnicas de medición de densidad ósea, las distintas causas de osteoporosis en la infancia y los abordajes terapéuticos con calcio, vitamina D, ejercicio, teriparatide y bifosfonatos.

★★★Klinefelter’s syndrome. BMJ. 2012; 345: e7558. PMID: 23207502

Interesante revisión donde se realiza un repaso sencillo del síndrome de Klinefelter, una patología importante que se escapa del diagnóstico en la edad pediátrica.

Genética

★★★★★Clinical application of whole exome sequencing: not (yet) ready for primetime. Curr Opin Pediatr. 2012; 24: 663-4

Como dice el propio artículo: estamos al borde del precipicio de una revolución en la medicina. En dos caras, los autores de esta editorial nos exponen las características del inicio de esta revolución. La secuenciación masiva de todo el exoma (la parte del genoma que se traduce a proteína) nos permitirá tener una información genética prácticamente completa de cada paciente con la misma facilidad que obtenemos cualquier prueba complementaria en la actualidad.

Infectología

★★★★Infections and autoimmunity. Pediatr Infect Dis J. 2012; 31(12): 1295-7. PMID: 23188099

Corta y directa revisión sobre el papel de las infecciones en el desarrollo de patología autoinmune. Tras repasar los mecanismos de autoinmunidad que se pueden desencadenar tras una infección, se describe la clara asociación con las infecciones y los mecanismos detrás de patologías como la fiebre reumática, la glomerulonefritis postestreptocócica, las polirradiculopatías inmunomediadas y la trombocitopenia autoinmune de la infancia. Termina comentando el probable papel de infecciones en el desencadenamiento clínico de la diabetes tipo 1, la enfermedad celíaca, la tiroiditis de Hashimoto, la artritis reumatoide y la queratitis estromal.

Nefrología

★★★★Long-term clinical consequences of urinary tract infections during childhood: a review. Acta Pediatr. 2012; 101: 1018-31. PMID: 22784016

Revisión sistemática sobre las consecuencias a largo plazo de las infecciones de orina. Los autores concluyen que la relación entre ITU y complicaciones crónicas es muy baja en los niños con función renal normal y riñones morfológicamente normales. Es la hipertensión donde la asociación es más clara aunque sigue siendo muy baja.

★★★★Dyalisis disequilibrium syndrome. Pediatr Nephrol. 2012; 27: 2205-11. PMID: 22710692

Excelente revisión sobre el síndrome del desequilibrio. Se aborda su diagnóstico y se valoran desde la patogenia los diferentes métodos para prevenirlo y tratarlo.

Neonatología

★★★★★Risk assessment in neonatal early onset sepsis. Semin Perinatol. 2012; 36: 408-15. PMID: 23177799

Decidir a qué neonato se somete a pruebas complementarias y en cuál se inicia un tratamiento antibiótico se basa en la selección de los mismos en base generalmente a factores de riesgo ya que los datos clínicos parecen de poca utilidad y las pruebas de laboratorio son difíciles de interpretar. Los autores revisan la utilidad de estos factores detallando el efecto de cada uno de ellos: edad gestacional, fiebre materna, corioamnionitis, duración de la rotura de membranas, colonización materna por S. agalactiae, factores demográficos maternos, hijo previo con sepsis por S. agalactiae… Ante esto, se han generado una serie de recomendaciones (las principales desde el CDC) y se han investigado aproximaciones multivariantes para decidir la extracción de analítica en este grupo de pacientes (pendientes de validar en nuestro medio).

★★★★★Lumbar puncture in the neonate: challenges in decision making and interpretation. Semin Perinatol. 2012; 36: 445-53. PMID: 23177804

Seleccionar a los pacientes de menos de 1 mes a los que se realiza una punción lumbar es complicado por la ausencia de datos suficientes y por los cambios epidemiológicos que invalidan o hacen insuficientes los estudios previos. Tanto en la sepsis precoz como tardía, no existe un criterio válido. Por otro lado, existe un problema importante a la hora de interpretar los resultados de LCR: la ausencia de datos de normalidad adecuados, los problemas vinculados con las punciones traumáticas o el efecto del uso de antibióticos antes de la punción lumbar o de otras infecciones sobre el LCR. Los autores revisan cómo interpretar los datos y cómo ser cauteloso respecto a estos otros factores que interfieren sobre los valores de LCR.

★★★★★Mechanisms and management of retinopathy of prematurity. N Engl J Med. 2012; 367: 2515-26. PMID: 23268666

Interesante revisión sobre las bases moleculares de la retinopatía de la prematuridad. Los autores presentan los distintos modelos y comentan sus limitaciones. Luego, estudian el papel de la hipoxia y de otros factores estresantes en la activación de las señales de hipoxia que acaban en la activación de STAT3 y la producción de VEGF. También hablan de la estrecha relación con factores nutricionales destacando el papel de IGF-1, ghrelina, los omega 3, vitaminas antioxidantes o la desnutrición proteica. Finalmente, relacionan todas estas bases moleculares con aplicaciones clínicas tanto en el diagnóstico como el tratamiento de esta enfermedad.

★★★★★How to ventilate term babies. Early Hum Dev. 2012; 88: 921-3. PMID: 23041220.

Magnífico resumen de la ventilación del paciente a término. Tras hacer un repaso crítico de las diferencias ventilatorias del neonato a término con los pretérminos, los autores comentan las distintas modalidades ventilatorias con los distintos estudios que las avalan.

★★★Closeness and separation in neonatal intensive care. Acta Paediatr. 2012; 101: 1032-7. PMID: 22812674

Revisión que nos acerca al impacto sobre la salud física, el neurodesarrollo y las patologías neuropsiquiátricas de la cercanía física y emocional entre el prematuro y sus padres en las unidades de cuidado intensivo neonatal.

Neumología

★★★★★Frontiers in pulmonary hypertension in infants and children with bronchopulmonary dysplasia. Pediatr Pulmonol. 2012; 47: 1042-53. PMID: 22777709.

Completa revisión sobre la hipertensión pulmonar en el creciente grupo de niños con displasia broncopulmonar. Los autores analizan la epidemiología del trastorno y estudian la cada vez mejor conocida fisiopatología de la hipertensión pulmonar para acabar discutiendo sobre el diagnóstico de la misma.

Neurología

★★★★★Epilepsies in infancy. Arch Dis Child. 2012; 97: 985-92. PMID: 22962318.

Excelente artículo dedicado a explicar 5 preguntas claves ante cualquier episodio paroxístico: 1) ¿es una epilepsia?; 2) ¿qué tipo de crisis ocurren?; 3) ¿es un síndrome epiléptico concreto? (combinación clínica, edad típica de diagnóstico o EEG típico); 4) ¿qué pruebas complementarias necesitamos para determinar la causa de estos episodios?; y 5) ¿cuál va a ser el pronóstico?

★★★★★Treatment of pediatric migraine in the emergency room. Pediatr Neurol. 2012; 47: 233-41. PMID: 22964436

Tras revisar la epidemiología de la migraña en las urgencias y el tratamiento que se realiza actualmente en las mismas, los autores desglosan cada uno de los distintos abordajes estudiados en el tratamiento de este tipo de cefalea. Destacan así el uso del ambiente tranquilo y de medidas que tranquilicen al paciente y a la familia sobre la benignidad del diagnóstico. Recomiendan la hidratación abundante ya que evita efectos adversos de fármacos y existe un porcentaje de pacientes que acuden deshidratados. Insisten en evitar los opiodes que no mejoran el dolor en estos pacientes. Continúan presentando un abanico de fármacos que sí tienen cierta utilidad terapéutica como los agonistas dopaminérgicos (metoclopramida, clorpromacina,…), AINE (paracetamol, ibuprofeno, ketorolaco IV, naproxeno, diclofenaco IM), triptanes (orales o por otras vías), la combinación AINE-triptán o valproico en perfusión. Especialmente interesante es la tabla 1 del artículo donde se resume la evidencia disponible para cada fármaco estudiado en ensayos clínicos. Terminan destacando la importancia del manejo del paciente al alta donde debe existir una posibilidad de nueva consulta, al menos un tratamiento de rescate, indicaciones para manejar los vómitos e incluso, si persiste el dolor, un tratamiento pautado con AINE.

★★★★★Infantile and acquired nystagmus in childhood. Eur J Paediatr Neurol. 2012; 16: 567-72. PMID: 22459007

Completísimo artículo respecto a los movimientos oculares anormales. Aporta materiales muy interesantes en formato de tabla.

★★★★Periventricular hemorrhage: a problem still today. Early Hum Dev. 2012; 88: 965-9. PMID: 23058297

Buen resumen sobre la hemorragia periventircular y la hidrocefalia posthemorrágica.

Obesidad

★★★Is there a link between infection due to adenovirus 36 and childhood obesity? Pediatr Infect Dis J. 2012; 31(12): 1184-6. PMID: 23069797

Curiosa relación. Tras repasar estudios experimentales en animales donde se señalan virus asociados con obesidad mediante lesiones hipotalámicas, alteraciones tiroideas o hepáticas o estrés oxidativo, los autores nos presentan al adenovirus 36 que se replica en el tejido adiposo. Estudios observacionales señalan una probable relación aunque limitada por problemas metodológicos en estos estudios.

Medicina de la adolescencia: Su importancia en la sociedad actual

Editorial

M.I. Hidalgo Vicario

Directora Ejecutiva de Pediatría Integral

 


«La adolescencia es una fase adaptativa del desarrollo del ser humano, la época en que se estructura el proyecto de vida de la persona; presenta unos problemas y necesidades de salud especiales y tiene derecho a encontrar un profesional sanitario preparado y competente. Invertir en esta época es garantizar el futuro de todos»

 


Medicina de la adolescencia: Su importancia en la sociedad actual

La adolescencia es un periodo de intensos cambios físicos, psicológicos, emocionales y sociales, que se inicia con la aparición de los caracteres sexuales secundarios, es decir, la pubertad, y finaliza alrededor de la 2ª década de la vida, cuando se completa el crecimiento físico y la maduración psicosocial. Su duración es imprecisa, habiendo aumentando en los últimos tiempos debido al comienzo más precoz de la pubertad y a la prolongación del periodo de formación escolar y profesional.

Durante esta época de la vida se completa el crecimiento y desarrollo físico, y se alcanzan los objetivos psicosociales necesarios en la evolución del adolescente a la edad adulta: 1) adquirir una independencia respecto a los padres; 2) tomar conciencia de la imagen corporal y aceptación del cuerpo; 3) relación con los amigos y adopción de estilos de vida; y 4) establecer una identidad sexual, vocacional, moral y del yo. La adolescencia es el periodo más sano de la vida desde el punto de vista orgánico, pero es un periodo muy problemático y de alto riesgo; la mayoría de sus problemas de salud son consecuencia de comportamientos y hábitos que se inician en esta edad, con consecuencias potencialmente graves para su vida actual y futura: lesiones, accidentes, violencia, delincuencia, consumo de tabaco, alcohol, drogas, conductas sexuales de riesgo que conducen a embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual, problemas de salud mental, del aprendizaje y familiares, entre otros. La mayoría de estas conductas son prevenibles; por ello, es importante la actuación responsable de los profesionales sanitarios.

Diversos estudios demuestran que las conductas de riesgo han ido aumentando entre los adolescentes debido al rápido cambio socio-cultural, a la falta de coordinación entre los sistemas educativos y el mundo del trabajo, a la desestabilización de la familia como institución y a la “conducta exploratoria” propia del adolescente.

Debido a la complejidad de los problemas, la atención debe ser multi e interdisciplinar, aunque sea en un profesional en el que el joven deposite su confianza, que coordine su atención. Aunque la adolescencia es el ámbito de interés de muchos pediatras, es preciso contar también con otros profesionales: psiquiatras, psicólogos, ginecólogos, endocrinólogos y sociólogos, entre otros.

Situación actual y atención de los adolescentes

El número de adolescentes en España entre los 10 y 21 años según el Instituto Nacional de Estadística a fecha de octubre 2012 era de 5.286.706 (11,5% de la población total).

Morbilidad

Los problemas de los adolescentes son consecuencia de su desarrollo psicológico y social (conductas de riesgo), de su desarrollo biológico (escoliosis, acné, dismenorrea), enfermedades infecciosas, patologías del adulto que pueden ser detectadas de forma asintomática durante esta etapa (hipertensión, hiperlipemia, obesidad, diabetes) y enfermedades crónicas por las cuales hace años se fallecía antes de llegar a la adolescencia (enfermedades crónicas, cánceres, cardiopatías congénitas).

La Encuesta ESTUDES 2010, sobre el uso de drogas en nuestro país, confirma que el consumo de alcohol, tabaco y cannabis ha disminuido, aunque sigue siendo elevado entre los 14-18 años. El 75% habían probado el alcohol alguna vez y el 63% en el último mes. El 40% habían fumado tabaco alguna vez. El 33% habían probado el cannabis alguna vez y el 17,2% en el último mes. En 2011, la tasa de interrupción voluntaria del embarazo en adolescentes menores de 19 años por mil mujeres fue de 14,09. El 9% de los escolares y adolescentes en España sufren obesidad y el 33% sobrepeso. El acoso escolar afecta al 10-12% de los alumnos. Los problemas de salud mental o del comportamiento afectan al 10-20%. Uno de cada 3 jóvenes no acaba la enseñanza secundaria y a la edad de 15 años tenemos la tasa más alta de repetidores de toda la UE.

Mortalidad

Los accidentes y actos violentos constituyen la principal causa de muerte, seguidos de los tumores y enfermedades del aparato circulatorio. El 60% de los accidentes de tráfico suceden en el fin de semana y en gran proporción están relacionados con el alcohol. En los últimos 50 años ha disminuido la mortalidad en todas las franjas de edades, excepto en la adolescencia.

A pesar de que los problemas socio-sanitarios de los jóvenes son muy importantes, su atención no está adecuadamente organizada en nuestro país.

Hasta hace pocos años, el adolescente ha sido el “gran ausente” en la cartera de servicios de los centros de Atención Primaria. Los médicos y gestores eran conscientes de la necesidad de realizar revisiones periódicas a los niños hasta los catorce años, y luego existía un completo vacío, en una época de grandes riesgos. En los últimos años, sí está incluido y hay una mayor concienciación, pero faltan profesionales con formación reglada y experiencia para que la atención se realice de forma adecuada y coordinada.

Actualmente, a nivel general, los niños a partir de los 14-16 años, según las diferentes CC.AA., son atendidos en Atención Primaria por médicos de familia y, en los hospitales, en los Servicios de Medicina Interna o en las diferentes especialidades. Se ofrece una asistencia aislada según las diferentes disciplinas. También existen centros puntuales dedicados a diferentes aspectos de la salud del joven: centros para drogas, para problemas relacionados con la sexualidad, para problemas psiquiátricos, áreas de juventud… pero lo realmente necesario es ofrecer una atención integral a su salud, como ya se ha comentado.

A pesar de que sus problemas son complejos, apenas acuden a consultar porque hay notables barreras para que el adolescente, por iniciativa propia, se relacione con el médico: unas burocráticas, pues, para acudir a la consulta, hay que citarse e identificarse y muchas veces desconoce quién es su médico o qué centro le corresponde; y otras relacionales, por la escasa confianza para contar sus problemas a los facultativos, o por creer que es capaz de controlar todas las situaciones y tener poco sentido del peligro. Pero, a la vez, falta tiempo y en ocasiones preparación de los profesionales para enfocar adecuadamente los conflictos; y, lo más frecuente, el ritmo de las consultas no está adaptado a unas necesidades muy específicas de diálogo con jóvenes de estas edades.

Todo ello obliga a cambiar ciertos esquemas de relación muy arraigados, ya sean rígidos o convencionales, por otro tipo de práctica asistencial, por ejemplo: asegurarle siempre la confidencialidad en sus consultas, estar dispuesto a pactar compromisos pero a la vez exigirle su cumplimiento y prestarle apoyo ante sus dudas, habilitar consultorios en escuelas, institutos, universidades, furgonetas móviles; es decir, acudir adonde se encuentran los adolescentes. A diferencia del adulto que busca a su médico, aquí el médico tiene que buscar o atraer al joven. Para facilitar la relación médico-paciente-padres, el profesional debe conocer las características de la adolescencia y sentirse cómodo con el joven; se tendrán en cuenta, además de la confidencialidad, la privacidad, hablar a solas con el joven en alguna parte de la entrevista. Igualmente empatía, hacer de abogado y consejero, nunca de juez; tranquilizar; realizar educación para la salud con “guías anticipadas” y contar con la familia, educadores y otros recursos comunitarios.

Tampoco hay un programa docente integral sobre la adolescencia, ni en los estudios de pregrado ni en los de postgrado, ni en nuestro sistema MIR. No se contempla la adolescencia como grupo especial, como se contemplan la infancia, la madre gestante o el anciano.

Es preciso estructurar y coordinar la atención a esta edad mediante programas preventivos, asistenciales y planes de acción adecuados a sus necesidades, contando con los propios adolescentes y la formación adecuada de los profesionales. De esta forma, se favorecerá una mejor salud de la futura población adulta, disminuyendo una carga económica evitable a los sistemas de salud en el futuro. Esta vinculación entre salud y economía nos permite reconocer a la niñez, adolescencia y juventud como etapas cruciales para intervenir en la salud de las personas (Organización Panamericana de la Salud, OPS, 2010).

Edad pediátrica

Respecto a los límites de la edad pediátrica, el límite inferior está claramente establecido en el momento del nacimiento o, para algunos, en el momento de la concepción, pero para el límite superior no está tan preciso. Hace más de 30 años, cuando la natalidad en España era muy elevada y el número de pediatras era escaso, se puso el tope de atención en los 7 años de edad. Posteriormente, fue subiendo la edad hasta los 10 años y actualmente a los 14 años, aunque, desde los 10 años, los padres pueden elegir pediatra o médico general para sus hijos; además, esta cifra varía según las diferentes CC.AA.; así, en Cataluña se llega a los 15 años y en Cantabria hasta los 16. En diferentes hospitales de nuestro país se mantiene hasta los 18-20 años, sobre todo en la atención a los pacientes crónicos, así como en la medicina privada.

Según la Convención de Derechos Humanos de 1990: “Es niño todo sujeto hasta los 18 años de edad”. La OMS considera adolescencia de 10-19 años y juventud entre los 19 y 25 años. La AAP (American Academy of Pediatrics), ya en 1972 y en 1988, recomendaba seguir a los pacientes hasta el final de su maduración los 21 años, distinguiendo 3 etapas: adolescencia inicial, media y tardía. La SAHM (Sociedad Americana de Salud y Medicina de la Adolescencia) la sitúa igualmente entre los 10-21 años.

La Pediatría es una especialidad médica ligada como ninguna otra al crecimiento físico, psíquico y social; resulta obvio decir que el crecimiento no ha concluido a los 14 años. El pediatra está acostumbrado a tratar a individuos en constante crecimiento y desarrollo, a realizar prevención y educación para la salud, tiene amplios conocimientos médicos y conoce al paciente desde el nacimiento, con el que establece una relación de confianza que va cambiando con la edad; por todo ello, parece apropiado, que el pediatra continúe la atención hasta los 18 años de edad. No se entiende que la edad pediátrica termine a los catorce, dejando al adolescente desprotegido hasta llegar a la edad adulta. Así sucede en EE.UU., Sudamérica y en muchos países de nuestro entorno. Para todo ello, no se requeriría aumentar los recursos sanitarios actuales, sólo racionalizar y organizar la asistencia actual ya que no se corresponde la demanda sanitaria pediátrica con la morbilidad.

En Atención Primaria sería deseable que el adolescente, a partir de los 14 ó 15 años, pudiera elegir, libremente, si sigue siendo atendido por el pediatra o por el médico de familia y realizar el proceso de transición de forma progresiva. Esto, por supuesto, implica un compromiso de los pediatras con esta edad y requerirá una mayor formación en determinadas disciplinas que igualmente son necesarias para la atención integral de la salud en las diferentes etapas de la vida.

En definitiva, la adolescencia es una fase adaptativa del desarrollo del ser humano, la época en que se estructura el proyecto de vida de la persona; presenta unas necesidades especiales y tiene derecho a encontrar a un profesional sanitario preparado y competente para prevenir, ayudar y resolver sus problemas de salud. Invertir en esta época es garantizar el futuro de todos, como indica el Programa de Acción Mundial para Jóvenes de Naciones Unidas.

Violencia en la adolescencia

Temas de FC

C. Imaz Roncero*, K.G. Gonzáles Gallegos**, M.S. Geijo Uribe*, M.B.N. Higuera González***, I. Sánchez Lorenzo*

*Psiquiatra. Sección de Psiquiatría Infanto-Juvenil del Servicio de Psiquiatría. Hospital Clínico Universitario de Valladolid. España. **Psiquiatra. Hospital Militar, Bolivia. ***Pediatra. Clínica García Morato. Valladolid

 

Resumen

Las conductas violentas se presentan en el ser humano en formas y manifestaciones diversas. Es preciso reconocerlas para entender mejor los factores relacionados con su presencia. Desde el punto de vista clínico, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), el trastorno negativista desafiante (TND) y el propio trastorno de conducta son patologías que aumentan el riesgo de presentar conductas agresivas en la adolescencia. En algunos casos dichas conductas son hechos delictivos, pero no todos los que realizan delitos presentan el rasgo de insensibilidad emocional ni son psicópatas. Además, las conductas agresivas predicen una peor salud, tanto física como mental. Por otra parte, la violencia del menor hacia sus ascendientes es un problema emergente sobre el que es preciso comprender e intervenir. Los programas de entrenamiento de padres o con familias son los tratamientos que han demostrado mayor eficacia. Es importante establecer criterios o líneas de actuación para el manejo de los problemas conductuales desde la Pediatría de Atención Primaria y específicamente sobre los problemas de violencia intrafamiliar, siendo éste un espacio privilegiado donde sospechar y detectar precozmente dichas conductas.

 

Abstract

Violent behaviors are shown in humans in diverse forms and expressions that must be acknowledged to better understand the factors associated with these behaviors. From a clinical perspective Disorder attention deficit hyperactivity disorder (ADHD), Oppositional Defiant Disorder (ODD) and conduct disorder itself are conditions that increase the risk of aggressive behavior in adolescence. In some cases such behaviors are criminal acts but they do not all crimes have the callous-unemotional traits or are psychopathic personalities. Furthermore the aggressive behaviors predict worse physical and mental health. Moreover, of the child violence toward their ascendants is an emerging issue on which we need to understand and act. Training programs for parents or families are the treatments that have proven more effective. It is important to establish criteria or courses of action for the management of behavioral problems from the Primary Care Pediatrics and specifically on the problems of domestic violence, and this is a privileged space where suspicion and early detection of such behavior.

 

Palabras clave: Violencia; Agresión; Adolescente; Psicopatología; Trastorno conducta infancia.

Key words: Violence; Aggression; Adolescent; Psychopathology; Child Behavior Disorders.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(2): 101-108


Violencia en la adolescencia

 

Introducción

Problemas conceptuales: definición de agresividad y violencia. Subtipos

Un joven puede ser violento, al igual que un huracán; pero sólo los animales, los primates y los seres humanos pueden ser agresivos. La agresividad, por tanto, es una cualidad asociada a los seres vivos que no conlleva, necesariamente, destrucción o violencia, siendo ésta, para algunos autores, imprescindible para la supervivencia de los seres vivos. Así, en circunstancias de relaciones de convivencia, la agresividad es, más bien, un mecanismo de defensa.

La Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (CIE versión 10, OMS) subdivide en: agresiones socializadas (holgazanear, coger dinero a escondidas, el consumo de alcohol y/o drogas, las estafas, etc.) y no socializadas (peleas, la intimidación, las alteraciones y/o explosiones).

Dado que estamos hablando de violencia en el contexto de la adolescencia, se utilizará, indistintamente, violencia o agresividad; ya que, como se comentaba previamente, la violencia producida, en este caso por un adolescente, se equipara a la agresividad.

Hay muchas formas de clasificar la agresividad y se describen subtipos que nos permiten profundizar sobre dichas manifestaciones, tales como: abierta-encubierta, reactiva-proactiva, instrumental-hostil, ofensiva-defensiva, relacional-indirecta.

Según Loeber y Hay (1994), existen diversas vías en el desarrollo de conductas violentas y antisociales: abierta, encubierta y la que se produce cuando se provoca un conflicto con la autoridad. Desde la formas más leves, pero mucho más frecuentes, a las formas más graves, pero de menor prevalencia. Siendo también la edad de inicio un factor diferencial en las conductas agresivas (Figs. 1 y 2).

 

Figura 1. Vías para el desarrollo de conductas violentas y antisociales. Loeber y Hay (1994).

 
 

Figura 2. Subtipos de agresión abierta vs encubierta.

 

Definición de psicopatía y conducta delictiva

La psicopatía en niños y adolescentes es un concepto que se evita por el riesgo de etiquetar a poblaciones en desarrollo, aunque numerosas investigaciones demuestran que este trastorno se inicia en la infancia(1,2), procurando en estos casos hablar más de rasgos psicopáticos que de psicopatía(3). El temor al contenido peyorativo del término ha conducido a que el concepto de psicopatía no se utilice en las clasificaciones internacionales de enfermedad mental.

Las características de personalidad del psicópata son: manipulación, falta de empatía, frialdad emocional, mentiras… Se identifica con frecuencia el término de psicópata con el de delincuente; si bien, no todos los delincuentes son psicópatas y no todos los psicópatas están reconocidos e identificados socialmente como tal.

El delito como quebrantamiento de la ley o como acción u omisión voluntaria o imprudente penada por la ley supone una gran amplitud de conductas, que van desde el consumo de alcohol o porros, las descargas de música o de vídeos en el ordenador, comportamientos ampliamente extendidos en poblaciones adolescentes y no adolescentes, a otras de mayor gravedad y menos consentidas socialmente.

No debemos hablar en la infancia de psicopatía, sino de rasgos psicopáticos.

Retos

Desde hace unos años ha sido muy evidente el incremento de menores que agreden a sus ascendientes, siendo una realidad social que nos coge desprevenidos y sin criterios o marcos de actuación sociales y sanitarios preparados o adaptados para atender este tipo de demanda.

Por otra parte, la mal llamada epidemia de diagnósticos de TDAH, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, de la que se habla de forma descalificatoria, tiene una base real. Así, tanto para quien diagnostica sin criterio como para quien sigue siendo reticente al diagnóstico, produce inevitablemente un inadecuado manejo y, por tanto, un empeoramiento evolutivo de una patología que se relaciona con el inicio y el mantenimiento de problemas conductuales en la adolescencia.

Además, el TDAH no tratado se relaciona con un incremento en los problemas de abuso de sustancias, factor reconocido con el empeoramiento de los problemas conductuales y de reincidencia en las conductas delictivas.

Debemos reconocer una nueva realidad social emergente: menores que agreden a sus ascendientes.

Sensibilidad especial merece el TDAH que, si no se diagnostica o no se trata bien, incrementa los problemas de abuso de sustancias y conductas delictivas, con la agresividad y violencia que éstas conllevan.

Epidemiología

Según el Primer informe sobre Jurisdicción de Menores titulado: Análisis de las conductas antisociales y delictivas de los jóvenes en España, realizado en el 2008 por el Centro de Investigación en Criminología de la Universidad de Castilla-La Mancha, se intenta dar respuesta, en un primer término, a qué tipo de conductas antisociales son las que están practicando los menores en España; qué perfil sociodemográfico es el más proclive a cada una de ellas; cuál es la edad de inicio; ambientes más propicios; con quién se realiza cada tipo de conducta.

Dicho estudio parte de cuestionarios homologados internacionalmente, criticando los estudios basados en denuncias porque pueden llegar a perderse hasta un 90% de delitos cometidos con esta metodología. Hay muchos delitos que no se denuncian, ya sea porque la víctima no es consciente de serlo o porque no considera que vaya a encontrar respuesta a su demanda o por cualquier otra razón.

Este estudio establece que el porcentaje de jóvenes que realizan algún acto antisocial o delictivo alguna vez en su vida en España es del 98,8% y baja a un 72,4% cuando se limita a su presencia en el último año. El uso ilegal del ordenador y el consumo de alcohol son las conductas más frecuentes. Conductas más preocupantes, como la participación alguna vez en una pelea, ya “sólo” es de un 22,1% si se refiere a si alguna vez ha participado y de un 8,1% cuando esta conduta se ha producido en el último año. El resto de conductas violentas y contra la propiedad no superan un 5% de prevalencia.

Esto quiere decir que los jóvenes de hoy, ¿son más antisociales y agresivos que hace años?

En la Memoria de la Fiscalía General del Estado del año 2011 se señala que, en estos últimos años, existe una disminución objetiva de los delitos cometidos por menores. Sin embargo, algunos especialistas señalan como un problema emergente los delitos de malos tratos de los menores contra sus ascendientes(4).

Existe una disminución objetiva en los últimos años de los delitos cometidos por menores, aunque es emergente la realización de estos contra sus ascendientes.

Etiopatogenia y psicopatología asociada a las conductas violentas

El estudio de las bases neurofisiológicas de la conducta violenta es tremendamente compleja, ya que, como hemos señalado, la conducta violenta tiene no sólo muchas manifestaciones, sino también mucha complejidad de factores o manifestaciones, por lo que no podemos relacionar unas bases neurobiológicas comunes a todas ellas.

Por ello se buscan algunos rasgos presentes en las conductas violentas, como los que se encuentran en los sujetos con rasgos psicopáticos, con el rasgo de insensibilidad emocional o callous-unemotional traits, que se ha relacionado con una respuesta reducida de la amígdala, encontrándose también respuestas alteradas en otras zonas cerebrales, como en el córtex prefrontal ventromedial o el córtex orbitofrontal, pero también se ha asociado a alteraciones hormonales, como los bajos niveles de cortisol.

La agresividad en los trastornos mentales según (DSM-IV) puede ser un síntoma propio del trastorno, como ocurre en: trastorno de conducta o disocial, trastorno negativista desafiante, T. explosivo intermitente, T. de personalidad disocial, T. de personalidad “límite”. O puede ser un síntoma asociado en los siguientes cuadros: T. déficit de atención con hiperactividad, trastorno por abuso de substancias, trastorno del humor (bipolar, depresión), T. ansiedad (TEPT, TEA, fobia, TOC), trastorno psicótico, trastorno autista, retraso mental o problemas orgánicos cerebrales, como epilepsia u otros.

En el modelo de Lahey y cols., la etiopatogenia de la conducta violenta o antisocial tiene variables ambientales con factores de riesgo que se pueden ver en la figura 3.

Aunque los estilos educativos y modelos familiares están ampliamente recogidos en el modelo etiopatogénico anterior, hay otros aspectos de la familia, como las prácticas de manejo y variables contextuales que tienen relación con las conductas violentas de los hijos, destacando los modelos educativos inconsistentes o incongruentes parentales (véase Fig. 4).

No existen bases neurobiológicas comunes a la conducta violenta. Subrayar la importancia de los estilos educativos en su etiopatogenia.

 

Figura 4. Relación entre las prácticas de manejo familiar, variables contextuales y conductas antisociales en los chicos. Patterson, 1982.

 

Aspectos clínicos

El pediatra de Atención Primaria, acostumbrado a curar, va a tratar con premura y posiblemente con éxito, los problemas físicos generados por los comportamientos violentos.

Pero, además, no debe olvidar que detrás de una conducta agresiva o violenta, hay unos factores etiopatogénicos que debe investigar, entender y, si no tratar, al menos orientar, para su abordaje posterior.

Tendrá que ayudar a los padres que, desbordados por el comportamiento de sus hijos, demandarán orientación y, aunque sin formación ni recursos, deberán tener criterios de respuesta.

Y, como médicos, debemos abordar específicamente los problemas externalizantes: disociales, el negativismo desafiante y el TDAH como los más frecuentemente relacionados.

El trastorno de conducta o disocial

Las conductas agresivas en los primeros años de la escuela han sido descritas como un buen predictor de delincuencia en la adolescencia(5). Y, en estudios de seguimiento, han mostrado que los problemas conductuales en la infancia media son fuertemente predictores de problemas conductuales en la adolescencia(6). Detectar y atender estas situaciones en la infancia es una responsabilidad también del pediatra.

 

Figura 3. Tendencia antisocial, tendencia a desarrollarla y diferencias individuales en las conductas antisociales resultantes (Lahey, Waldman y McBurnett, 1999).

 

La presencia de un trastorno de conducta tiene una relación importantísima con las conductas agresivas, ya que dichas conductas forman parte de la definición del trastorno, siendo un síntoma o manifestación del mismo y son utilizados en los criterios diagnósticos; así, en la clasificación de la Asociación Americana de Psiquiatría DSM-IV, 7 de los 15 posibles criterios implican conductas agresivas a otros y, según CIE-10, 7 de los 23.

Aunque la mayoría de los casos diagnosticados de trastorno de conducta no progresan a trastorno antisocial en la adultez, es mucho más frecuente la evolución (llega a ser el 25-40% de los casos).

Trastorno negativista desafiante (TND)

El trastorno negativista desafiante (TND) se presenta con cierta frecuencia en los niños y jóvenes, en muchas ocasiones de forma comórbida y precediendo los trastornos de conducta, el abuso de sustancias y graves conductas delictivas(7).

Hay procesos a la edad de 2-5 años en que es típico y normal la presencia de conductas oposicionistas, que con el incremento de edad van disminuyendo en frecuencia al igual que sucede con las conductas agresivas, peleas propias de los primeros años de la vida.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y la conducta violenta

Pese a la mejora en el diagnóstico y tratamiento del TDAH, se sigue observando un bajo nivel de diagnóstico como de tratamiento de esta patología. Y esto pese al incremento descrito en algunos casos exponenciales en el consumo de metilfenidato(8).

Si realizáramos un cálculo de consumo de los diferentes tratamientos farmacológicos del TDAH (metilfenidato y atomoxetina) y con el dato de dosis diaria definida para las diferentes presentaciones, no llegaría al 2% de los niños y adolescentes en tratamiento, cuando en los estudios de prevalencia de TDAH se habla entre un 5 y un 7% de casos en edad escolar(9).

Pero, además de este dato revelador y objetivo, existe la convicción de que los tratamientos del TDAH, que por una parte se han generalizado también se han banalizado, perdiéndose el control y seguimiento precisos. La realidad de padres y/o adolescentes que retiran o inician tratamientos sin control por causas diversas, tales como: el periodo vacacional, las salidas de los fines de semana, la presencia de exámenes, etc., aumenta; y alguna de ellas sin justificación clínica alguna. Pero también casos en los que un niño y/o adolescente toma tratamiento durante años sin que nadie hable con el paciente con la única justificación de que alguien se lo recetó en su momento(10).

El problema de tratar o no tratar el TDAH también tiene consecuencias a medio-largo plazo, existiendo estudios de seguimiento de TDAH tratados frente a los no tratados, con un aumento de prevalencia de consumo de alcohol, marihuana y cocaína en el grupo de sin tratamiento(11). Y el reconocimiento temprano y el tratamiento, en combinación con la terapia de comportamiento a largo plazo y/o tratamiento médico continuo y a largo plazo, pueden reducir el riesgo de trastorno por uso de sustancias en los pacientes con TDAH(12,13).

El TDAH presenta una alta relación con el trastorno por estrés postraumático y otros trastornos externalizantes, como el trastorno oposicionista desafiante y el trastorno de conducta. El TDAH también se está describiendo con mayor frecuencia en jóvenes detenidos.

El pediatra abordará los problemas físicos generados por la conducta violenta, investigará los factores etiopatogénicos, descartará problemas frecuentemente asociados a la conducta agresiva o violenta, como son el TDAH, los trastornos de conducta o disociales, el trastorno negativista desafiante.

La conducta antisocial predice una mala salud

Es preciso considerar que las conductas violentas de los niños tienen efectos perniciosos sobre su futuro; ya que, la conducta infantil predice la futura, como ya se ha comentado previamente, especialmente en los varones, pero también influye en unos peores logros académicos y laborales, unas pobres relaciones interpersonales y habilidades sociales, una peor salud mental (como mayor frecuencia de los intentos autolíticos) y un peor nivel de salud física, más embarazos en la mujer y más muertes prematuras. Dichos problemas se agudizan en los individuos con persistencia de conducta antisocial. Por ello están siendo desarrolladas estrategias de salud específicas para adolescentes.

La conducta antisocial predice tanto mala salud física como mental.

La agresión intrafamiliar hacia los ascendientes

De las escasas definiciones del fenómeno propuestas hasta la fecha, una de las más citadas es la que define la violencia ascendente como: cualquier acto que realiza el menor con la intención de controlar a los padres y/o causarles daño psicológico, físico o financiero en ausencia de remordimiento o culpabilidad(14).

Entre las causas de la violencia de adolescentes contra sus progenitores se encuentran las siguientes: una sociedad permisiva que educa a los niños en sus derechos, pero no en sus deberes, donde ha calado de forma equívoca el lema “no poner límites” y “dejar hacer”, abortando una correcta maduración; así como el hecho de que hay padres que, no sólo no se hacen respetar, sino que menoscaban la autoridad de los maestros, de la policía o de otros ciudadanos cuando en defensa de la convivencia reprenden a sus descendientes.

Algunos autores(15) diferencian también distintos tipos de maltratos de los hijos hacia sus padres, destacando las conductas tiránicas, la utilización de los padres o el desapego.

Medidas de intervención-programa de intervención con los menores

Cuando la conducta agresiva está presente y acuden a consulta con esta demanda, ¿qué podemos hacer?

El marco de intervención (véase Fig. 5), incluye la familia, los servicios de salud, los centros educativos y los servicios sociales(16), siendo la intervención multimodal en diferentes entornos y ambientes con una base cognitivo-conductual la recomendada.

 

Figura 5. Marco general de intervención de los problemas de conducta en la infancia-adolescencia.

 

En una revisión metaanalítica sobre programas de entrenamiento a los padres llevada a cabo por el National Institute for Health and Clinical Excellence (NICE, 2005), se corrobora la eficacia del entrenamiento a padres con hijos que muestran problemas de conducta, en la medida en que este entrenamiento mejora el comportamiento de los hijos y una mejora en la salud mental de sus madres (que son quienes mayoritariamente participan en el estudio), aunque, ciertamente, este impacto es modesto. No se encuentran diferencias significativas entre el tratamiento individual o grupal con padres y tampoco existen diferencias entre el tratamiento exclusivo con padres o con padres e hijos.

Por otra parte, el fenómeno de los malos tratos de los menores hacia sus ascendientes es un problema que se fragua a fuego lento. En unas primeras fases son las pautas de manejo a través de intervenciones familiares las que pueden tener una eficacia preventiva indiscutible. Dichas intervenciones deben ser abordadas desde los servicios sociales e instituciones de protección de menores, y evitar las posteriores actuaciones –siempre más traumáticas– desde el sistema de Justicia Juvenil. Pero un espacio privilegiado de atención es la consulta de Atención Primaria, especialmente pediátricas, donde las familias acuden desde el nacimiento y donde ya se ponen de manifiesto estilos relacionales y problemas de manejo. Las intervenciones precoces y la intervención psicosocial en familias desfavorecidas debiera ser, por tanto, una prioridad. Por desgracia, en ocasiones, la primera noticia de estos problemas, para el pediatra y/o servicios sanitarios, se da tarde; cuando los padres, desbordados, acuden solicitando orientación, se plantean la posibilidad de denunciar a sus hijos o cuando los problemas legales ya están presentes.

Es preciso ayudar a los padres que estén en esta situación. Y es preciso conocer que la exención de responsabilidad penal en España está establecida en 14 años, por lo que antes de esa edad sólo pueden intervenir los sistemas de protección y de intervención social(17).

 

 

Es necesario conocer y coordinarse con los sistemas de intervención social de cada zona(18), especialmente los servicios de protección de menores aunque se hallan desbordados con un incremento de las adopciones internacionales, puedan estar excesivamente burocratizados, y no ofrezcan siempre alternativas.

El marco de intervención incluye la familia, los servicios de salud, los centros educativos y los servicios sociales.

La intervención en la agresión intrafamiliar ascendente

Las líneas de actuación y/o intervención propuestos por diferentes autores(14) se resumen en los siguientes puntos:

• La violencia no es aceptable. Y hay que insistir en que la violencia no debe ser banalizada o etiquetada como la ira o “mal carácter” o justificada porque “él es así” o porque tiene un problema. Las sanciones legales son herramientas poderosas para ayudar a las personas a tomar una posición contra la violencia. La denuncia, por tanto, es una herramienta.

• Hay que apostar por un entorno de seguridad en el hogar. Es necesario generar la expectativa de que las familias pueden superar la violencia en sus vidas pero siendo preferible romper o distanciar la relación a que el fin de la convivencia venga dado por la violencia ejercida. En los casos graves, el internamiento temporal o emancipación del menor puede ser útil.

• Hay que apoyar la patria potestad y restablecer la jerarquía adecuada en la familia. En las familias de adolescentes agresivos, los padres se sienten impotentes. Es necesario generar en los padres más confianza en su propia capacidad y no “patologizar” el funcionamiento familiar y reparar las relaciones.

• Hay que contener los conflictos. Los conflictos a menudo se reducen cuando está presente un tercero neutral. Así, con la participación de una tercera persona, el conflicto entre dos partes puede enmarcarse dentro de límites aceptables. Se puede plantear la aportación de una persona no violenta, un familiar cercano o una figura de referencia para todos, en las discusiones para que ejerza de mediador.

• Hay que ayudar a la gente a identificar cuándo el problema está ausente, y ver la parte sana, y a descubrir y apoyar la competencia trabajando los puntos fuertes y los recursos de las familias. En las familias con miembros violentos, todos ellos tienden a sentirse impotentes e incompetentes. Por este motivo, el trabajo del terapeuta será también el tratar de aportar competencia a los miembros de la familia. No es conveniente centrarse únicamente en el/los problema/s del adolescente.

• Se deben fomentar los espacios de diálogo y de discusión sobre las formas en que los miembros de la familia podrían ayudar a restaurar la confianza en sí mismos, pero también los padres deben ampliar y estrechar la comunicación con las personas que forman parte de la vida del menor.

• Los padres deben admitir el abuso y hablar de ello trabajando con respeto y de manera transparente. El terapeuta deberá ayudar al menor a que reconozca sus conductas agresivas y debe ayudar a las personas a asumir la responsabilidad de la violencia que se ha generado.

• Una vez que la crisis inicial ha sido controlada, los padres necesitan tiempo, espacio y apoyo para hacer frente a los efectos del abuso. En ocasiones, encuentran mejora centrándose menos en el adolescente y volviendo a conectar con los aspectos más positivos de su vida. Pero un alta prematura en la intervención puede favorecer una recaída.

Reflexiones finales y conclusiones

• Las conductas violentas y agresivas tienen diferentes manifestaciones y se puede clasificar en varios subtipos y provocar unas consecuencias negativas en la salud física y mental.

• Las conductas delictivas tienen unos factores predisponentes y favorecedores: personales y ambientales. El concepto de delito es social y se puede presentar en cualquier persona, describiéndose tres vías para su desarrollo: abierta, encubierta y conflicto con la autoridad.

• Las conductas violentas son un síntoma propio de algunos cuadros psicopatológicos o un síntoma asociado. La sospecha y detección de dichos cuadros, así como de los posibles factores de riesgo asociados a la conducta violenta en los jóvenes, debe ser una de los objetivos a abordar en los programas de prevención del pediatra.

• Abordar el TDAH y el TND siguiendo los protocolos de atención y realizando la intervención es una buena forma de prevenir los problemas de conducta posteriores.

• La violencia de los menores hacia sus ascendientes es un problema que se fragua desde la infancia y es preciso comprender los mecanismos de actuación y las pautas de manejo. Un adecuado manejo de contingencias desde los primeros años de la vida también favorecerá su prevención.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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2. Gao Y, Glenn AL, Schug RA, Yang Y, Raine A. The Neurobiology of Psychopathy: A Neurodevelopmental Perspective. Can J Psychiatry. 2009; 54(12):813-23.

3.*** Halty L, Martínez A, Requena C, Santos JM, Ortiz T. Psicopatía en niños y adolescentes: modelos, teorías y últimas investigaciones. Rev Neurol. 2011; 52(Supl 1): S19-27.

4. Fierro Gómez A. Menores maltratadores: causas, remedios y justicia penal. Diario la Ley. Año XXXIII, nº 7836, de 12-IV-2012.

5. McGurie J. Reducing personal violence: Risk factors and effective interventions. In. Hodgins S, Viding E, Plodowski A. The neurobiological basis of violence: Science and rehabilitation. New York: Oxford University Press; 2009.

6. Loeber R, Stouthamer-Loeber M. Prediction. In Quay C. Handbook of juvenile delinquency. New York: John Wiley & Sons; 1987.

7.** AACAP Practice Parameter for the Assessment and Treatment of Children and Adolescents With Oppositional Defiant Disorder. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry. 2007; 46(1): 126Y141.

8. Knellwolf AL, et al. Prevalence and patterns of methylphenidate use in French children and adolescents. Eur J Clin Pharmacol. 2008; 64: 311-7.

9. Rodríguez Molinero L, López Villalobos JA, Garrido Redondo M, Sacristán Martín AM, Martínez Rivera MT, Ruiz Sanz F. Estudio psicométrico-clínico de prevalencia y comorbilidad del trastorno por déficit de atención con hiperactividad en Castilla y León (España). Rev Pediatr Aten Primaria. 2009; 11: 251-70.

10.** Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en Niños y Adolescentes. Fundació Sant Joan de Déu, coordinador. Guía de Práctica Clínica sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en Niños y Adolescentes. Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Agència d´Informació, Avaluació i Qualitat (AIAQS) de Cataluña; 2010. Guías de Práctica Clínica en el SNS: AATRM Nº 2007/18.

11. Kollins SH. ADHD, substance use disorders, and psychostimulant treatment: current literature and treatment guidelines. J Atten Disord. 2008; 12: 115.

12. Grahan J, et al. European guidelines on managing adverse effects of medication for ADHD. Eur Child Adolesc Psychiatry. 2011; 20: 17-37.

13. Elkins IJ, McGue M, Iacono WG. Prospective Effects of Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder, Conduct Disorder, and Sex on Adolescent Substance Use and Abuse. Arch Gen Psychiatry. 2007; 64(10): 1145-52.

14.*** Gesteira C, González-Álvarez M, Fernández-Arias I, García-Vera MP. Programa de adolescentes que agreden a sus padres (PAP): una propuesta específica para el tratamiento de problemas de conducta en el ámbito familiar. Psicopatología Clínica Legal y Forense. 2009; 9: 99-147.

15. Garrido Genovés V. Los hijos tiranos. El síndrome del emperador. Barcelona: Ed. Ariel; 2005.

16.** García Romera A, et al. Trastorno de conducta. Una guía de intervención en la escuela. Gobierno de Aragón.

17.** Informes, estudios y documentos del Defensor del Pueblo. Centros de protección de menores con trastornos de conducta y en situación de dificultad social (2009).

18.*** De Paúl Ochotorena J. La intervención psicosocial de Protección infantil en España: Evolución y perspectivas. Papeles del Psicólogo. 2009; 30(1): 4-12.

Bibliografía recomendada

– Halty L, Martínez A, Requena C, Santos JM, Ortiz T. Psicopatía en niños y adolescentes: modelos, teorías y últimas investigaciones. Rev Neurol. 2011; 52(Supl 1): S19-27.

Se da una revisión en español al concepto de psicopatía en la infancia y las bases neurobiológicas.

– AACAP Practice Parameter for the Assessment and Treatment of Children and Adolescents With Oppositional Defiant Disorder. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry. 2007; 46(1): 126Y141.

Los parámetros prácticos en los cuadros de oposicionismo desafiante son una referencia sobre el diagnóstico, abordaje y tratamiento.

– Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en Niños y Adolescentes. Fundació Sant Joan de Déu, coordinador. Guía de Práctica Clínica sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en Niños y Adolescentes. Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Agència d´Informació, Avaluació i Qualitat (AIAQS) de Cataluña; 2010. Guías de Práctica Clínica en el SNS: AATRM Nº 2007/18.

La guías clínicas son herramientas de trabajo fundamental y la guía de TDAH española recoge pautas asistenciales de referencia en nuestros medio.

– Gesteira C, González-Álvarez M, Fernández-Arias I, García-Vera MP. Programa de adolescentes que agreden a sus padres (PAP.): una propuesta específica para el tratamiento de problemas de conducta en el ámbito familiar. Psicopatología Clínica Legal y Forense. 2009; 9: 99-147.

Interesante revisión que ofrece guías de referencia para el manejo y/o tratamiento de estos problemas de conducta.

– García Romera A. Trastorno de conducta. Una guía de intervención en la escuela. Gobierno de Aragón.

La intervención en los trastornos de conducta en la escuela precisa de abordajes multimodales y la existencia de una guía de referencia nos orienta sobre la línea a seguir. En este caso en el entorno escolar.

– Informes, estudios y documentos del Defensor del Pueblo. Centros de protección de menores con trastornos de conducta y en situación de dificultad social (2009).

Los informes del Defensor del Pueblo son habitualmente presentados en los medios de comunicación de forma sesgada. Por ello, es bueno ir a la fuente.

– De Paúl Ochotorena J. La intervención psicosocial e Protección infantil en España: Evolución y perspectivas. Papeles del Psicólogo. 2009; 30(1): 4-12.

Describe la asistencia social actualmente en España sobre la asistencia sociológica. Establece diversos planes de intervención en función de la edad.

 

Caso clínico

Paciente que se atiende por primera vez en Centro de cumplimiento de medidas judiciales para menores aunque el paciente tiene al ingreso 18 años de edad, es natural de España y, para el paciente, el cuadro clínico actual se inicia hacia los 14 años, refiriendo discusión y peleas con los padres, no obedece normas de convivencia familiar y se han producido agresiones verbales y físicas hacia sus padres.

A los 16 años ya tuvo que cumplir una Medida Judicial de Convivencia en Grupo Educativo en Centro de menores, por un periodo de 13 meses pero, al volver a casa, el paciente sigue con su misma conducta. A raíz de otro episodio de agresión, el juzgado acuerda, como medida cautelar, el internamiento en el Centro de Menores Infractores de Zambrana, ingresando con una medida de 6 meses.

Tiene antecedentes de haber sido un niño hiperactivo, inquieto, con dificultades en la concentración, por lo que recuerda que consultó con psicólogo y psiquiatra, quienes le diagnosticaron TDAH y le pautaron metilfenidato en la infancia; no recuerda dosis y reconoce que fue pocas veces a consulta y que tomó tratamiento hasta los 11 años, edad en la que lo suspende el propio paciente por sentirse mejor y no necesitarlo, desde su punto de vista, porque ya no era tan movido. Y, aunque retira el tratamiento, no relaciona un empeoramiento en su conducta ni un empeoramiento en sus rendimientos académicos, aunque objetivamente se produce hasta el punto de que, cuando pasa a la Enseñanza Secundaria Obligatoria, repite 1º y 2º de la ESO y comienza con el absentismo escolar. Posteriormente inicia varios Programas de Capacitación e Iniciación Profesional (PCPI), de informática y de cocina, pero no acaba ninguno y actualmente no realizaba ninguna actividad académica ni laboral.

A los 14 años inicia el consumo de tabaco (de hasta 1 paquete día, aunque luego lo disminuyó a 8 ó 10 cigarrillos/día), de alcohol a los 15 años (que refiere tomar sólo en fiestas sin llegar a la embriaguez) y de cannabis a los 17 años, realizando un consumo de entre 4 a 5 porros al día pero, según manifiesta, fue por un corto espacio de tiempo, unos 2 meses, porque no le gustó.

No destacan antecedentes personales (embarazo, prenatales, perinatales ni del desarrollo) salvo alergia al polen y a las gramíneas. Tampoco antecedentes familiares de interés, sin problemas psicociales ni antecedentes de enfermedades mentales, siendo el único dato de interés ser el resultado de un embarazo tardío, aunque deseado, siendo el único chico y el menor de 3 hermanos, con hermanas con 10 y 14 años más que él.

En la exploración inicial está consciente, colaborador, con un discurso coherente, con pensamiento centrado en sus deseos de cambio, que pone en relación con el ingreso en centro de internamiento cerrado. Sin embargo, rechaza la atención psiquiátrica y se muestra sorprendido porque él no está loco y no necesita ayuda. Rechaza la posibilidad de que pueda seguir con síntomas de TDAH porque ya no es tan movido como cuando era pequeño.

 

El adolescente y su entorno

Temas de FC

G. Castellano Barca

Pediatra. Consulta Joven. Torrelavega-Cantabria

 

Resumen

Vivimos en una sociedad tecnológica, industrial, en la era informática y de la comunicación en la que priman el interés mercantil y la escasa transmisión de valores éticos, morales y humanísticos. Teniendo en cuenta que en la adolescencia son características la rebeldía y la escasa percepción del riesgo, la familia se enfrenta a serias preocupaciones ante la conducta de algunos adolescentes que hacen un uso inadecuado de su tiempo libre o caen en conductas de riesgo respecto a sustancias tóxicas, accidentes o aspectos de la sexualidad. La relación entre los jóvenes es fundamental para la socialización y desarrollo normal, aunque se ha modificado por el uso de las nuevas tecnologías, apreciándose además cierto aumento de la violencia.

La familia es la entidad idónea para transmitir factores protectores en colaboración con los docentes y deberá ejercer una autoridad afectiva, compartida y responsable.

 

Abstract

We live in a technological and industrial society, in the computer and communication era in which the commercial interest and limited transmission of ethical, moral and humanistic values come first. Considering that rebelliousness and limited perception of risk are characteristic in adolescence, the family is faced with serious concerns regarding the behavior of some adolescents who make inadequate use of their free time, or are at risk of behaviors regarding toxic substances, accidents or aspects of sexuality. The relation between the young persons is fundamental for socialization and normal development although this has been modified due to the use of the new technologies. Some increase in violence is also seen. The family is the best entity to transmit protective factors in collaboration with the teachers and should exert an affective, shared and responsible authority.

 

Palabras clave: Familia; Riesgo; Sociedad; Educación; Adolescente.

Key words: Family; Risk; Society; Education; Adolescent.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(2): 109-116


El adolescente y su entorno

 

La sociedad

La sociedad actual ofrece al adolescente contenidos materialistas por encima de la transmisión de valores éticos, morales y humanísticos, lo que puede influir negativamente en su formación.

Siguiendo los criterios de la OMS, podemos calificar como adolescentes a los sujetos de 12 a 18 años de edad, reservando el calificativo de juventud para los que están entre 18 y 25 años, a partir de los cuales se les considera adultos, aunque la pre-adolescencia de 10 a 12 años está cobrando importancia ya que hay una aceleración creciente en estas etapas en las que se practican conductas reservadas antes a edades posteriores. Se podría aplicar el término de “adultescentes” para aquellos que permanecen en casa de los padres hasta más allá de los treinta años.

En la sociedad postmoderna en la que vivimos, el desarrollo y la inteligencia mercantil han sustituido al progreso en su sentido más amplio, haciendo valer el “tanto tienes, tanto vales”, el “tener antes que el ser”, y la llamada que escuchan nuestros niños y adolescentes hacia la tecnología es imperiosa, cultivándose poco el humanismo. Palabras como abnegación y sacrificio están perdiendo su significado al no ser contempladas como una posibilidad a ejercitar y a nuestros adolescentes les llega el mensaje de lo fácil, de lo inmediato, el futuro es hoy. Por otra parte, dejemos constancia de que los adolescentes y jóvenes son la mayor fuerza contemporánea existente en el mundo.

La importancia ambiental en etapas infanto-juveniles cobra extraordinaria importancia; en el siglo XVIII, se trataba de imponer la razón por encima de todo, los sentimientos regían los comportamientos en el siglo XIX. Y, a finales del siglo XX y en los años que llevamos del XXI, aparece una discordancia entre corazón, cabeza y cultura, cada uno por su lado, iniciándose un camino que multiplicará la frustración y las depresiones, creando una situación que es percibida y trasladada a nuestros adolescentes. Los estudios indican que, hasta un 20% de menores de 14 años, padecen ansiedad, depresión, alteraciones del carácter o TDAH. En la mente de todos están los trastornos del comportamiento alimentario y las modas sociales relacionadas con ellos.

Por otra parte, se están produciendo situaciones impensables hace unas décadas; así, en nuestra sociedad, la adolescencia y juventud se prolongan por razones de estudio o de dificultad para encontrar trabajo, manteniéndose durante mucho tiempo en una pseudo-adolescencia proclive a crear hábitos y actitudes de ocio inadecuadas al no haberse producido el despegue de la familia y la asunción de nuevos papeles en la vida; hay madurez cronológica pero no psico-social, lo contrario sucede en sociedades no desarrolladas en las que los adolescentes han de trabajar antes de lo deseable para contribuir, en lo posible, al sustento de la familia. Añadamos además que es conveniente que, al llegar a cierta edad, los padres tengan “libertad” y no estén sometidos al cuidado continuo de los hijos.

Algunos jóvenes se rebelan ante una sociedad fría y tecnológica a ultranza que incita a un consumismo carente de sentido en muchas ocasiones, y todo ello en el marco de unas metrópolis deshumanizadas y superpobladas, rodeadas de múltiples núcleos periféricos donde la abundancia tecnológica se mezcla con la indiferencia a partes iguales y donde los centros comerciales se convierten en el punto de encuentro familiar, sustituyendo las plazas y paseos de pueblos y ciudades. Rojas Marcos aborda el problema del urbanismo agresivo en “La ciudad y sus desafíos”, donde la patología del estrés induce a los jóvenes a refugiarse en sus amigos, en sus pares, buscando la cohesión y afectividad que los adultos no les proporcionamos y desembocando, en ocasiones, en comportamientos violentos contra ese mismo medio que, en su opinión, no les protege de forma adecuada, o cayendo en conductas de riesgo ante la falta de consistencia de factores protectores.

Es justo decir también que en esta sociedad industrial y de la información en que vivimos hay enormes posibilidades intelectuales y formativas para aquellos adolescentes y jóvenes que sean capaces de sustraerse a las llamadas de lo fácil, de lo inmediato y de la diversión por encima de todo, lo cual hay que reconocer que es tarea complicada cuando se tienen entre 12 y 20 años de edad.

Por otra parte, los adolescentes tienen un peso específico evidente en la sociedad actual que trata de salvaguardar sus derechos, un ejemplo, entre otros, es la posibilidad de que el menor maduro puede acceder a su historia clínica, como se recoge desde 2004 en las disposiciones de alguna comunidad autónoma. Aunque este hecho tenga algunas limitaciones, resulta evidente el progreso alcanzado. En 2011 se proclamó la Declaración de Catanzazo (Italia) “Humanismo y Juventud”, promovida por adolescentólogos de diversos países, en la que se recogen diversas cuestiones esenciales.

Además, las circunstancias socio-familiares condicionan la vida de niños y adolescentes, como reflejó la Encuesta de Infancia realizada por la Fundación SM, la Universidad Pontificia Comillas-ICAI-ICADE y el Movimiento Júnior sobre 15.000 niños en todo el país con dos cuestionarios, uno para los niños de 6 a 11 años y otro para los de 14 años. Los datos recogidos indican que el 27% de los niños se sienten solos al llegar a casa tras la jornada escolar, recurriendo a la televisión, ordenador, videojuegos y teléfono móvil. El estudio revela que los niños que viven en pueblos son más felices que los de la ciudad, siendo significativo el número de niños de 6 a 11 años que disponen de teléfono móvil. En 2012, UNICEF publicó un informe sobre el bienestar de los niños en 20 países diferentes según el cual España ocupa el número doce en términos de riqueza material y el número dos en términos de calidad de vida para los pequeños, según refiere David Mathieson. Según los expertos, hay un 10-20% en riesgo social de aislamiento, donde uno de cada cinco tiene un comportamiento cada vez más pasivo, y en una sociedad hipercomunicada en la que en 2012 hay 5.000 millones de teléfonos móviles.

A todo lo anterior añadamos algo que está en el entorno, el nuevo papel de las chicas adolescentes en lo referente a la sexualidad, ellas deciden y, como afirma Feliz López: “las chicas han dejado de ser el control sexual de los chicos diciendo siempre no”. Antes, muchos de ellos se iniciaban en el sexo a través de la prostitución, algo que actualmente no sucede. El 43% de los chicos y el 53% de las chicas manifiestan que los dos toman la iniciativa y la decisión.

Finalmente, llamamos la atención sobre la adaptación del adolescente a situaciones familiares, como el divorcio y nuevas parejas de sus padres, familias homosexuales o monoparentales. J.A. Marina(1) indica que, en España, en 2005, el 20,5% de nacimientos correspondían a madres solteras y en EE.UU. el 60% de los matrimonios se habían separado.

Algunos datos

El estudio “Health Behaviour in School Aged Children”(2), publicado en 2012, que se realiza hace 30 años en varios países europeos, basa su informe en encuestas realizadas a 11.200 chicos de 11 a 18 años. Creemos que es necesario conocer algunos datos para una mejor comprensión del entorno adolescente.El resumen es el siguiente:

Se emborrachan por primera vez a los 13,8 años, el 43% lo han hecho al menos una vez, y el 14% consumen alcohol todas las semanas; el preservativo es el medio anticonceptivo más usado, el 34,6% ha tenido relaciones sexuales coitales, cifra que llega al 55% a los 18 años (49,7% en ellas), la precocidad es mayor en niveles sociales bajos. El 26,9% de las chicas han tomado píldora post-coital. Recordamos que cuatro de cada diez españolas de entre 15 y 50 años no utilizan ningún método anticonceptivo y que, en la edad de 15 a 19 años, el 33% practican el coitus interruptus, al que muchos consideran eficaz y seguro. Un 1,5% han estado embarazadas con peores resultados en estratos sociales más bajos. El 71% han probado el cannabis en los últimos 12 meses.

La Fundación Alicia, que estudia la alimentación, y Kraft Fodds Foundation hicieron un registro alimentario durante 7 días a 2.156 alumnos de 14 y 15 años de toda España, observando que el 98% consumen menos frutas y verduras por debajo de lo recomendado, el 23% no consumen nunca legumbres y el consumo de lácteos y pescado es bajo.

Valoran su vida con un 34,6 sobre 50, o un 7,86 sobre 10, bajando la puntuación a medida que van teniendo más años.

El ocio y el riesgo

El uso del tiempo libre en la adolescencia puede plantear problemas, en ocasiones graves, evitables en gran parte con una educación infantil adecuada.

Se da por hecho que la adolescencia es la edad del pleno disfrute, y que ni los estudios ni el trabajo han de impedirlo. Gran error, ya que pueden y deben ser compatibles ambas cosas y, como afirma el ensayista y pensador José A. Marina: “los jóvenes se han instalado en un sentimiento de impotencia confortable, mostrando un comportamiento en el que dan por sentado que no van a cambiar sus vidas ni la sociedad, lo cual tampoco les importa mucho”. En los últimos tiempos, el ocio se ha convertido para muchos en el eje central de su tiempo, se ha pasado de la centralidad del trabajo a la centralidad del ocio.

Llamamos la atención sobre los planes de ocio nocturnos, PON(3), que van dirigidos a sujetos de 15 a 30 años de edad y que promueven entidades oficiales en recintos deportivos generalmente. Debiera revisarse la utilidad de estas actividades y valorar si realmente evitan problemas de consumo de sustancias toxicas, sexuales o disminuyen la violencia. Creemos que la educación preventiva debe iniciarse a los 9-10 años.

Es paradójico que haya que entretener a nuestros jóvenes, que son los que más medios han tenido a lo largo de la historia de la humanidad para disfrutar de un ocio sano. Pensamos que parte de esos recursos debieran emplearse en promover conductas y hábitos saludables desde los 9-10 años de edad, iniciando una verdadera prevención. El sociólogo Altarriba publicó un trabajo amparado por la Fundación Alcohol y Sociedad titulado: “¿Por qué beben? Adolescentes y alcohol: claves para comprender a tus hijos”. En ese estudio, realizado durante cuatro años, se ha seguido a 23.000 adolescentes de 12 a 18 años, obteniendo muchos datos de los cuales sólo enumeramos algunos: casi un 90% de los menores españoles confirman que en sus casas se bebe alcohol habitualmente, la mitad de los adolescentes que beben se emborrachan 5 veces al año y un 7% lo hacen casi todas las semanas. Un 33% lo hacen entre 5 y 30 veces al año; mientras que, un 8% admiten emborracharse entre 30 y 50 veces. El 47% de los adolescentes aseguran que sus padres saben que consumen alcohol. Sobran los comentarios.

La práctica del botellón se ha generalizado como una actividad normal del ocio argumentando que el consumo de alcohol es más barato al aire libre donde se reúnen los jóvenes en espacios “propios”, lo que les separa y diferencia del espacio de los adultos. Además, la nocturnidad es atrayente para los jóvenes porque es algo” prohibido”. Admitiendo la conveniencia de las relaciones juveniles y la amistad, también hay que ser conscientes de que ese consumo genera intoxicaciones etílicas agudas, violencia y tráfico de drogas ilegales al amparo de la noche. Comas Arnau dice: “que estas pautas son más frecuentes en aquellos países de Europa en los que la tasa juvenil de paro y el retraso emancipatorio son mas alarmantes”.

El adolescente no ama el riesgo, está inmerso en él porque los mecanismos neurofisiológicos que permiten discernir lo que conviene o no conviene, lo que puede generar problemas o no, depende de la maduración de esos mecanismos que están localizados en el área pre-frontal y que no están desarrollados hasta los 20-23 años de edad. Esto explica muchos comportamientos.

Otros factores sociales

Será muy difícil que se produzcan cambios en la sociedad mercantilista en que vivimos y sólo la familia, en colaboración con los docentes y, en menor grado, con los sanitarios, podrán canalizar adecuadamente los impulsos, la vitalidad, la creatividad y el estudio y el trabajo de las generaciones que nos reemplazarán en pocos años. Por otra parte, los cambios sociales que antes se producían cada 10-15-20 años, ahora se producen cada 5-10 años; por lo que, no hay tiempo para su asimilación y adaptación a las nuevas condiciones y estilo de vida que generan. Esta sociedad es hedonista y consumista y, en ella, se prima la eterna juventud, que se logra en parte por la cirugía estética, para olvidarnos de la soledad, la ancianidad y la muerte. Paradójicamente, no nos ocupamos de forma adecuada de los verdaderamente jóvenes(4).

Es obligado hacer alusión al control que los responsables han de ejercer sobre los medios de comunicación. La televisión interesa menos a los adolescentes jóvenes y más a los niños. Debe controlarse la degradación de sus contenidos y la incitación a un estilo de vida y consumo no recomendables que son percibidos como “lo normal”. Los programas son vistos entre dos y tres horas al día por niños y adolescentes que contemplan 10.000 anuncios y 10.000 a 12.000 asesinatos o actos violentos por año.

Es necesario llamar la atención sobre las nuevas tecnologías y sus aplicaciones. España ocupa el puesto 23 entre 66 países por su competitividad tecnológica. Los videojuegos son usados por el 80-90% de adolescentes pero también por los adultos y generan, en la actualidad, más dinero que la música y el cine y han transcendido del mero componente recreativo al social por el tipo de juegos que ofrece. Admitiendo que hay factores positivos en ellos, ha de regularse su uso por parte de las familias.

Tres de cada cuatro internautas acceden a las redes sociales en 2012, el 81% de los jóvenes de entre 11 y 20 años tienen perfil propio en ellas, siendo preocupante que el 77% sean visibles y no preserven la confidencialidad, con un 70% de familias que no controlan la actividad informática.

Los Blogs, Foros y Chats son anónimos, lo que implica riesgos; no ocurre eso con Messenger, donde los intervinientes están identificados. El 43,6% de los jóvenes facilitan en los chats su teléfono y el 30%, su dirección postal. Además de la posible adicción a Internet, recordemos que el 12% de los delitos informáticos corresponden a pornografía infanto-juvenil y que, lamentablemente, España es el segundo país del mundo en ese consumo.

Es oportuno recordar que la ciberdelincuencia aumenta, estimándose que uno de cada cinco consumidores que se conecta a Internet ha sufrido algún tipo de ataque informático, bien en forma de robo de identidad o de apropiación de datos. Un 44% de adolescentes se han visto acosados sexualmente en la red(5) y un 21% se han citado con desconocidos. Creemos que las familias han de ser conscientes de los potenciales peligros que sus hijos pueden encontrar en Internet y admitiendo, por supuesto, las grandes posibilidades que ofrece. Lasalle afirma: “en realidad la sociedad se encuentra ante un formidable cambio de modelo en el que todos deben asumir responsabilidad. Ya se contabilizan más de 100.000 empresas dedicadas a los contenidos culturales digitales apoyados en las nuevas tecnologías y capaces de generar un 3,7% del Producto Interior Bruto español”.

Terminamos este apartado con un recuerdo a los adolescentes discapacitados, de quienes la sociedad debe ocuparse, teniendo en cuenta lo que afirma Castillo Arenal: “La discapacidad: hacia una visión creativa de las limitaciones humanas”.

La familia

La familia es la unidad básica de salud y debe educar con normas y límites, ejerciendo una autoridad afectiva, compartida y responsable. Es la entidad idónea como transmisora de factores protectores.

La familia es la unidad básica de salud y la única entidad que, a lo largo de la historia de la humanidad, ha resistido los avatares antropológicos, culturales, religiosos, económicos y políticos, preservando al sujeto dentro de la sociedad. Ya lo decía Rousseau (1712-1778): “La más antigua de todas las sociedades y la única natural es la familia”. Es el valor básico para el 98,9% de los españoles según la Encuesta Europea de Valores 2000 y otras realizadas en adolescentes. La madurez de la familia posibilita lo que denominamos desarrollo psico-social, entendiendo por tal el proceso de diferenciación progresiva del sistema nervioso central que permite la adquisición del lenguaje, y de capacidades cognoscitivas y sociales que facultan al sujeto para vivir con normalidad en el seno de la familia y de la sociedad. Tras esa fase, el adolescente se convertirá en adulto, libre y útil a sí mismo y a los demás.

Nuevas familias

La familia clásica de corte tradicional, judeocristiano, en la que convivían abuelos, hijos y nietos, ha dado paso a otras, parejas de hecho (mixtas u homosexuales), parejas de derecho, familia nuclear (mono o biparental), familia polinuclear, familia sin abuelos, familias agregadas, temporales o reconstituidas. La familia convencional mononuclear biparental supone ya, en muchos países, el 50% del total. En las definiciones actuales no se consideran los aspectos jurídicos, religiosos o sociológicos, respetando otros conceptos, ya que se entiende por familia al Grupo de personas que viven en el mismo hogar, que se cuidan mutuamente y dan orientación y guía a sus miembros dependientes. Estas nuevas familias están luchando para conseguir la equiparación y el reconocimiento social.

Es evidente que, en ocasiones, la dispersión familiar y la separación de los padres afectan a los adolescentes, ya que se impide que reciban los factores protectores adecuados, bien porque se actúa con sobreprotección para congraciarse con los hijos de la nueva pareja, o se produce el rechazo o hay situaciones ambivalentes que estallan posteriormente en alteraciones de conducta y comportamiento.

Normas

Los niños y los adolescentes precisan unas normas y unos límites en su proceso educativo y en la convivencia diaria, que si se han establecido correctamente se aceptarán, con las lógicas reticencias en la juventud, pero que al menos serán un freno y pondrán límites no al saludable estallido vital y emocional de los adolescentes, sino al desorden y al riesgo. Se debe educar con amor y con humor, ejerciendo una autoridad afectiva, compartida y responsable, no confundiendo autoridad con autoritarismo. La autoridad está unida a legitimidad, dignidad, calidad y experiencia personal de quien la ejerce.

La familia no hará dejación de funciones, como ocurre actualmente en un alto porcentaje de casos basándose en el temor a que el hijo se frustre, ya que la vida realmente es una frustración casi continua y ese papel debe aprenderse y asumirse. Tampoco es válido el argumento por el cual al hijo no le faltará lo que le faltó al padre o a la madre, ni tampoco se puede compensar la escasez de tiempo dedicado a los hijos con regalos de todo tipo. Por otra parte, interesa más la calidad del tiempo dedicado que la cantidad.

Es ilustrativo lo que sucedió en China con la llamada generación Tiananmen, los estudiantes de entre 15 y 24 años de edad de las zonas prósperas son conocidos como los pequeños emperadores o los pequeños tiranos, son hijos únicos por la política estatal, mimados por unos padres más permisivos que los occidentales, y que acceden a todo tipo de objetos materiales, ya que sus progenitores vivieron en la penuria y no quieren que sus hijos vivan como lo hicieron ellos. Tengamos en cuenta que aprender a vivir supone un esfuerzo y no se debe ahorrar a nuestras generaciones jóvenes ese esfuerzo que les enseñará a vivir y a valorar ciertas situaciones.

En España, el 40% de los padres de adolescentes prefieren no mezclarse en los problemas para no enfrentarse a los hijos, siendo los más frecuentes los relacionados con el dinero, horarios de vuelta a casa, estudios y la colaboración en las tareas domésticas. Se dice que nuestros niños pasan mucho tiempo en colegio y guardería desde muy pequeños, trasladando el hogar a un segundo plano, los niños sufren la soledad y la actividad laboral de sus padres y, al llegar a la pubertad, ya no es posible controlar la rebeldía propia de esa edad cuando antes no hubo normas ni límites.

Ejemplo familiar

El impacto modélico de los padres es decisivo para el adolescente y no se puede pretender que los adolescentes dejen de hacer algo que ven en sus padres o hermanos mayores. Su conducta podría resumirse así:

• Padres comunicadores.

• Padres no consumidores de sustancias tóxicas.

• Tolerantes y dialogantes.

• Que dedican tiempo a sus hijos.

• Que les acompañan y escuchan.

• Amantes de la paz y de la convivencia.

• Inductores del esfuerzo y del trabajo bien hecho.

• Que gestionan adecuadamente sus emociones.

• Que no tienen miedo al fracaso.

• Que se cuidan mutuamente.

Recordemos que si hay algo que hiere a los adolescentes es la “inconsistencia de los adultos”, de la que habla el antropólogo y educador Salazar(6) entendiendo por tal la discordancia entre lo que se predica y lo que se hace. Paulino Castells la llama la”doble moral de los adultos” en su obra Psicología de la familia(7). Así, el adolescente llega a los 10-18 años con una imagen personal y de su familia que es el fruto de la afectividad y de la comunicación que los padres le transmitieron a través de la inter-relación familiar y que le condicionará para bien o para mal.

La familia y la escuela

Los padres han de ser colaboradores de los docentes(8), implicándose más de lo que lo hacen habitualmente y si en las edades infantiles es necesario, lo es aún más entre 10 y 20 años. Es una queja frecuente que los padres acuden al colegio más para protestar por las calificaciones deficientes que para intentar encontrar las causas y poner remedio.

En el estudio: “Hijos y padres: comunicación y conflictos”, realizado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción entrevistando a 1.000 jóvenes y a sus padres, estos manifiestan que en el 40% de los casos no saben cómo manejar los conflictos y creen en el 59% de los casos que les ayudaría a resolverlos si los profesores les educaran mejor.

Es posible que la confusión de los padres provenga de moverse en un pasado familiar y escolar idílico, y la situación actual que no se parece a aquella. La unión de padres y docentes facilitará una Educación para la Salud eficiente en la que están incluidas la Educación para la Paz y la Convivencia, Educación para la Igualdad de Sexos, Educación Vial, Educación Ambiental y Educación para la Salud. Lamentablemente, esta última no está lo suficientemente desarrollada ni reconocida como se merece. En todo caso, es necesario un compromiso educativo para bien de todos.

El trastorno oposicional

El trastorno oposicional desafiante es un cuadro relativamente severo del problema del comportamiento que ocurre sobre todo en la adolescencia temprana y que desconcierta a los padres. A diferencia de los”comportamientos normales” de la edad, que pueden durar días o pocas semanas e influirse por el ambiente, en este caso el problema dura al menos seis meses, reactivándose dos o tres veces por semana en forma de riñas, actitud beligerante, convivencia difícil y enfados explosivos, optando por perder antes que ceder. En ocasiones, se asocia al consumo de alcohol o marihuana. Los padres deben conocer este trastorno para poder comprenderlo, asumirlo y manejarlo de la mejor forma posible.

Decálogo

El Departamento de policía de Washington publicó el siguiente decálogo dirigido a los padres:

1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que le pida, así crecerá convencido de que el mundo le pertenece.

2. No le dé ninguna educación espiritual, espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3. Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto le animará a hacer más cosas graciosas.

4. No le regañe nunca ni le diga está mal algo de lo que hace, podría crearle complejo de culpabilidad.

5. Recoja todo lo que él deja tirado, libros, zapatos, juguetes, hágaselo todo, así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos, cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados pero que su mente se llene de basura.

7. Discuta y riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así no se sorprenderá ni le dolerá demasiado el día en que la familia quede destrozada para siempre.

8. Déle todo el dinero que quiera gastar, no vaya a sospechar que para disponer de dinero es necesario trabajar.

9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres, el sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores, vecinos, etc., piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarle.

Las afirmaciones anteriores se comentan por sí solas y es evidente que una familia sensata no debe caer en esa práctica educativa. Recordemos las palabras de Mario Capecchi, genetista molecular y premio Nobel de Medicina 2007: “La gratificación es algo que lleva mucho tiempo, esfuerzo y dedicación”.

Los amigos

Los amigos son una parte muy importante en el desarrollo psico-social de los adolescentes y jóvenes. Debe controlarse su relación y actividades para detectar desviaciones peligrosas.

Dejemos constancia de entrada de las numerosas cualidades de los adolescentes y jóvenes que son injustamente calificados por algunos sectores de opinión como “secundarios” y encajados en estereotipos que no siempre son reales, lo cual no debe ocultar la preocupación que generan ciertas conductas relacionadas con el ocio, la sexualidad, el consumo de drogas legales e ilegales, la violencia y la actitud ante la vida.

En cada generación, se dice que los jóvenes actuales son peores que los anteriores, y se dice del adolescente y del joven que no tiene valores, que no respeta las normas elementales de cortesía y educación, que es egoísta, poco trabajador, que consume sustancias tóxicas y hace un mal uso del tiempo libre. Es posible que en algunos aspectos de los citados se haya producido un desfase, pero, en líneas generales, se puede afirmar que la: “juventud de hoy es la misma de siempre pero en otras circunstancias diferentes, en otro mundo que también será diferente en el futuro”.

En la adolescencia y juventud el papel de los amigos es fundamental en el desarrollo evolutivo, hasta el punto de que pueden considerarse como su “segunda familia”. En el complejo proceso de integración social, el papel que desempeña el grupo, la pandilla, es decisivo, para bien o para mal, y la importancia que tiene es de tal dimensión que, ante un adolescente que no tiene amigos, debemos buscar los motivos ya que puede ser el origen de alteraciones mentales, psicológicas o inadaptación social.

Desde que los niños tienen 8 años perciben que en su mundo hay una trinidad en torno a la cual se van a mover: televisión, ordenador y videojuegos, elementos en principio beneficiosos si no se convierten en el centro exclusivo de su vida. Al llegar la pubertad se añade otro elemento, la sexualidad, que va a ser un condicionante de enorme importancia en la adolescencia. El manejo de esos cuatro factores forma parte de la llamada “adaptación evolutiva”.

Violencia de grupo

En ese grupo de amigos, lamentablemente, en ocasiones se produce la violencia o la exclusión hacia alguno de ellos, generalmente hacia el más moderado, tímido, débil o que tiene alguna particularidad física, al que se aparta del circulo habitual, e incluso se le extorsiona practicando acoso (bullying). A la hora de encontrar un motivo que justificara la razón de una mayor o menor agresividad, recordemos que, en un estudio hecho en Montreal en mil jóvenes de bajo estrato social, se halló como factor más frecuente en los agresores el tener una madre adolescente y sin estudios. Otros trabajos relacionan la violencia con desestructuración familiar y/o bajos ingresos económicos.

Dans Olweus prueba en Suecia y Noruega que un 60% de adultos convictos por algún crimen habían pertenecido a esas pandillas, habían sido “bullies”, frente a un 23% de los encarcelados por la misma razón y que no habían tenido relación con esos grupos.

Trastornos disociales

Los trastornos disociales se caracterizan por una forma persistente y reiterada de comportamiento agresivo, perturbador y antisocial. Se trata de algo más que de las travesuras o rebeldía del adolescente o del joven, es una forma de “maldad “que puede llegar a la delincuencia. En la mayor parte de las ocasiones, la integración en pandillas problemáticas contribuye a aumentar el problema.

Indicadores de posible delincuencia:

• No estudia ni trabaja.

• No va a la escuela.

• Es cruel y no le importa hacer daño físico.

• Es frío en la relación familiar.

• Hace pequeños robos de objetos de casa.

• Es egoísta.

• Tiene pocos amigos.

• Poco respetuoso.

• Tiene brotes de ira.

• Antecedentes de peleas y riñas.

• Fugas del hogar.

Existe un porcentaje notable de padres que enseñan a los hijos a comprar pero no les enseñan normas, cuando es evidente que la falta de implicación y autoridad de los padres(9) puede crear un delincuente. Hay que reseñar que las transgresiones de las normas, actos delictivos o vandálicos, se producen entre 16-17 años pero, al llegar a los 30 años, el 95% de los jóvenes que presentaban esa conducta la abandonan, como afirma Cristina Rechea, psicóloga y experta en criminología.

Por otra parte, va ganando adeptos la teoría según la cual el adolescente que comete faltas repetidas debe “pagar por ellas”, lo cual no tiene como objeto el castigo sino el efecto educativo, disuasorio, la erradicación del ”todo vale” y la creación en lo posible de una conciencia recta.

Los sanitarios

En las paginas anteriores se abordaron los diferentes elementos que el adolescente tiene en su entorno, pero no podemos dejar de mencionar a Callabed, Gaona y Muñoz que recogen en su libro: “Ser adolescente no es fácil” cómo la adolescencia en cuanto a vida distinta de las demás no existió hasta finales del siglo XVIII. Han pasado muchos años en los cuales el adolescente estaba en un terreno de nadie, no era atendido por el pediatra y tampoco llegaba al médico de familia, y hasta hace poco los sanitarios no han tenido clara la importancia de prestar una atención especial a los adolescentes y jóvenes que, por sus peculiaridades psico-físico-sociales, necesitan una atención diferente para una edad diferente, en la que no se pueden olvidar los problemas orgánicos y alguno emergente y de gran importancia, como el sobrepeso y la obesidad. Los sanitarios están capacitados para atender a los adolescentes, deben influir en su estilo de vida(10) interesándose por la Adolescentología, impulsando consultas específicas en Atención Primaria y en los hospitales y llevando sus conocimientos a la escuela, único lugar donde convergen padres, alumnos y educadores.

En nuestra opinión, se necesita un rearme ético y humanístico que conduzca a la sociedad por otros caminos, lo cual repercutiría sin duda en una adolescencia mejor formada para lograr la inclusión social futura y la asunción del relevo generacional.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1.** Marina JA. Brújula para educadores. El entorno familiar. Pediatr Integral. 2012; XVI(5): 414-7.

2.*** Estudio “Health Behaviour in School Aged Children (HBSC-2101)”. Web Ministerio de Sanidad de España; 2012.

3.** Castellano Barca G. Módulo: Ocio y tiempo libre de nuestros hijos. Escuela de Familias. Fundación PROFORPA. Curso a distancia; 2011.

4.** Castellano Barca G. Reflexiones sobre la educación integral en niños y adolescentes. A tu Salud. Revista de Educación para la Salud declarada de interés científico sanitario por la UNESCO. Edita Alezeia. 2012; 77. p. 20-5.

5.*** Castells P. El adolescente y los medios de comunicación. Redes sociales. Internet. En: Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. Madrid: Ergon; 2012. p. 83-9.

6.*** Salazar Rojas D. La familia todavía hoy. Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. Madrid: Ergon; 2012. p. 49-58.

7.*** Castells. P. Psicología de la familia. Ediciones CEAC; 2008.

8.*** Carbonell JL, Castellano G. Escuela de familias. Módulo: La familia en la sociedad. Fundación Proforpa. Curso a distancia. 2011.

9.** Ballenato Prieto G. Educar sin gritar. Editorial La Esfera de los libros; 2007.

10.** Roldán C. El estilo de vida y su influencia en la salud del adolescente y del joven. En: Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. Madrid: Ergon; 2012. p 97-104.

Bibliografía recomendada

– Estudio “Health Behaviour in School Aged Children (HBSC-2101)”. Web Ministerio de Sanidad de España; 2012.

Este estudio es una referencia acreditada y obligada para conocer la situación actual de la adolescencia en Europa y en España.

– Castells P. El adolescente y los medios de comunicación. Redes sociales. Internet. En: Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. Madrid: Ergon; 2012. p. 83-9.

El autor es un experto en esta materia de la que ha publicado numerosos trabajos que serán muy útiles a los profesionales interesados en este tema.

– Salazar Rojas D. La familia todavía hoy. Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. Madrid: Ergon; 2012. p. 49-58.

El responsable de este capítulo es antropólogo y profesor de salud pública, lo que le permite abordar los problemas de la convivencia y comunicación desde esa doble vertiente. Hace un repaso exhaustivo describiendo los mecanismos comunicativos íntimos en la familia.

– Castells. P. Psicología de la familia. Ediciones CEAC; 2008.

Paulino Castells es un gran comunicador y un prolífico autor que a lo largo de su obra se ocupa especialmente de la familia y los hijos. En este libro, se revisan todos los condicionantes y problemas ofreciendo conclusiones terapéuticas.

– Carbonell JL, Castellano G. Escuela de familias. Módulo: La familia en la sociedad. Fundación Proforpa. Curso a distancia. 2011.

Se abordan los retos y dificultades de la familia relacionados con la educación en su amplio sentido. Ameno y práctico al tiempo.

 

Caso clínico

Varón de 16 años, hijo único que desde hace un año tiene mal rendimiento escolar, ha cambiado de amigos, en varias ocasiones ha llegado ebrio a casa, hay mala relación con los padres que no saben cómo afrontar el problema ya que el hijo no quiere ser atendido por nadie.

 

 

 

My NCBI. Parte II

El Rincón del Residente

 
D. Gómez Andrés

MIR. Hospital Universitario La Paz. Trastornos del Desarrollo y Maduración Neurológica. IdiPaz-UAM

 

Esta nueva sección pretende dar a conocer aquellas tecnologías nuevas para la difícil (o imposible) tarea de enfrentarse a un ordenador para obtener información útil (es decir, de alta calidad, actualizada y completa pero no excesiva).

 


My NCBI. Parte II

 

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El aprendizaje de la creatividad

Brújula para Educadores

 


Consultorio abierto
Envíe su consulta a: J.A. Marina.
E-mail: jamarina@telefonica.net

 

J.A. Marina

Catedrático de Filosofía. Director de la Universidad de Padres (UP)

 
Pediatr Integral 2013; XVII(2): 138-142


El aprendizaje de la creatividad

¿Por qué este asunto es relevante?

Parece que el tema de la creatividad es secundario, casi podríamos decir lujoso, en comparación con otros problemas educativos. Sin embargo, lo tratamos aquí no sólo por la atención que recibe en todos los ámbitos, sino también porque al analizar la creatividad aparecen dimensiones interesantes del proceso educativo. Se repiten continuamente palabras como “innovación”, “invención”, “reinvención”, emprendimiento”, o frases como “la imaginación al poder”. Ken Robinson ha dedicado varios de sus libros, y conseguido el título de Sir, por haber insistido en la enseñanza de la creatividad, y haber denunciado que la “escuela mata la creatividad” (Robinson, 2012a, 2012b). El primer capítulo del libro dirigido por Ronald A. Beghetto y James C. Kaufman, Nurturing Creativity in the Classroom, se titula “Cómo anular el pensamiento creativo en el aula” (Beghetto y Kaufman, 2010). Robert J. Sternberg, uno de los más reputados expertos en el funcionamiento de la inteligencia, también denuncia que en las escuelas se favorece más el pensamiento inerte que el pensamiento creativo (Sternberg, 1997). “La creatividad –dice– es un hábito. El problema es que en la escuela a veces se considera un mal hábito” (Stenberg, 2006). Howard Gardner, el propulsor de la teoría de las inteligencias múltiples, premio Príncipe de Asturias, afirma que las cinco mentes del futuro son: la mente disciplinada, la mente sintética, la mente creativa, la mente respetuosa y la mente ética (Gardner, 2012). Teresa Amabile ha llamado “dilema educativo” a esta tensión entre la enseñanza de hábitos cognitivos y la de hábitos creativos (Amabile, 1983, 1989, 1996, 2011). Además, la responsabilidad de educar la creatividad no sólo se encomienda a la escuela, sino a la familia, por lo que se acerca todavía más a nuestro ámbito de actuación.

Es cierto que, según los estudios de Simonton, el 60% de las personalidades más influyentes del siglo XX eran fracasados escolares, lo que debe ser motivo de reflexión para el docente. Albert, Stephen Hawking, Craig Vender, Larry Ellison, fundador de Oracle, Bill Gates, Steven Jobs, fueron malos estudiantes. A lo largo de la historia, los casos se repiten. Evariste Galois, padre del álgebra moderno, fue rechazado dos veces en l’ École Polytchnique de París por su incapacidad para superar los exámenes de ingreso. Charles Darwin era, según sus maestros, “un chico que se encuentra por debajo de los estándares comunes de inteligencia”. La madre de Thomas Edison tuvo que sacarle de la escuela por desesperación, para educarle en casa.

Como este tema se presta a vaguedades y confusiones, necesitamos precisar los conceptos. Cuando estamos hablando de creatividad no estamos hablando de actividades artísticas, sino de una manera de enfrentarse con la vida, sus oportunidades y sus problemas. En los años sesenta apareció en Estados Unidos la llamada “escuela humanista” de psicología que, en gran parte, ha sido el antecedente de la Psicología positiva actual. Sus máximos representantes fueron Abraham Maslow, Carl Rogers y Erich Fromm. Todos ellos relacionaban la creatividad con la salud y con la autorrealización (Maslow, 1994, 1998). Erich Fromm fue el más explícito. Consideraba que el individuo normal posee dentro de sí la tendencia a desarrollarse, crecer y crear, y la parálisis de esta tendencia constituye el síntoma de una enfermedad mental. Por eso recomendaba una “orientación productiva de la personalidad”, una actitud fundamental, un modo de relacionarse en todos los campos de la experiencia humana. Incluye las respuestas mentales, emocionales y sensoriales hacia otros, hacia uno mismo y hacia las cosas. Productividad es la capacidad del hombre para emplear sus fuerzas y desarrollar sus potencialidades congénitas. Significa que se experimenta a sí mismo como la personificación de sus poderes y como su “actor”; que se siente uno con sus facultades y al mismo tiempo que éstas no están enmascaradas y enajenadas de él. Según Fromm, el mundo exterior puede ser experimentado de dos maneras: reproductivamente y generativamente. En este caso, recrea ese material por medio de la actividad espontánea de los propios poderes mentales y emocionales (Fromm, 1986). Esta afirmación vuelve a relacionar la creatividad negativamente con la escuela; ya que, ésta, como ha señalado Bourdieu, tiene un afán “reproductivo”, de transmisión y conservación de los valores de una sociedad (Bourdieu y Passeron, 1979).

Productividad y creatividad

La mención que hace Erich Fromm de la “personalidad productiva” nos permite central el tema de la creatividad en sus límites esenciales. Una cosa es la productividad mental, –que se opone a la inercia, la pasividad, la lentitud, la dificultad de expresar– y otra cosa es la creatividad, cuyo opuesto es la rutina, la incapacidad para enfrentarse a problemas nuevos o para resolver de forma nueva los problemas antiguos. No podemos educar la creatividad si no educamos primero la productividad básica.

Mel Levine ha estudiado lo que denomina “niños con baja productividad”. “Aprenden pero no producen. En la mayoría de los casos pueden leer mucho mejor de lo que escriben y no tienen problemas para interpretar la información; sin embargo, por alguna razón, no pueden aplicar lo que aprenden de una manera productiva. La dificultad para escribir es, de lejos, la señal más reveladora de una producción deficiente durante la infancia y la adolescencia”. Ha identificado ocho déficit de productividad mental: producción motriz ineficaz, memoria insuficiente, control débil de la producción, distracción social, poca energía mental, desorganización y pobreza de expresión lingüística (Levine, 2004). Mencionaré a título de ejemplo algunos casos. Cualquier actividad motora es una secuencia de siete eslabones que desembocan en una actividad muscular eficaz: 1) establecer un objetivo motor concreto (planificar); 2) reunir y evaluar (procesar) la información procedente del exterior para que guíe la acción motriz; 3) usar la lógica motriz (un tipo de inteligencia muscular); 4) acceder a los procedimientos almacenados (memoria motriz) y aplicarlos; 5) activar los músculos adecuados en el orden correcto, con la velocidad y la resistencia suficiente para realizar la actividad (ejecución motriz); y 7) aprender de la experiencia motriz. El fallo en uno de estos eslabones produce una falta de productividad motora. En otros casos, los niños pueden “olvidarse de recordar”, pueden tener dificultades para recuperar la información de la memoria a largo plazo. Conservan la información, pero les resulta muy difícil recuperarla. Otros niños tienen dificultades para movilizar y mantener un flujo de energía mental. Suelen tener dificultades con la atención, y su memoria de trabajo era también pequeña. Ahora conocemos bien la importancia que esta memoria, que permite activar los datos necesarios para la realización de una meta, tiene en el comportamiento inteligente, e investigaciones como las del grupo de Baumeister se están centrando sobre el fenómeno difícil de precisar de la “energía mental” (Baumeister y Tierney, 2011). La energía mental básica –la capacidad, por ejemplo, de resistir a la tentación– está relacionada con el metabolismo de la glucosa. Es evidente el interés que tiene este asunto para comprender la educación y el comportamiento humano en general. La capacidad de producir “trabajo mental” no es igual en todas las personas. Esto supone diferencias en la capacidad de atención, de concentración en una tarea, de realizar tareas complejas, de mantener el esfuerzo mental. Es llamativa la poca atención que se ha prestado en pedagogía a la ergonomía cognitiva (Sperandio, 1984). La ergonomía cognitiva surgió al estudiar el trabajo de los controladores aéreos. En 1982 se celebro en Ámsterdam, bajo el impulso de Thomas Green y Gerrit Van der Veer, la primera Conferencia Europea de ergonomía cognitiva. Parece evidente que para comprobar la capacidad de trabajo de un cerebro, hay que poder medir primero la carga de trabajo que está realizando. La mayor parte de los estudios que se han hecho sobre la “carga mental” proceden del campo laboral. Mulder define la carga mental en función del número de etapas de un proceso requeridas para realizar correctamente una tarea, y más particularmente en función del tiempo necesario para que el sujeto elabore en su memoria la respuesta a la información. En el Laboratorio de Economía y Sociología del Trabajo del CNRS francés, se evalúa la carga mental en función de cuatro indicadores: apremio de tiempo, complejidad o rapidez de la respuesta (número de elecciones), atención y minuciosidad, (Skipper, 1986). Desde el punto de vista neurológico, se está investigando mucho sobre los “potenciadores cerebrales”, que fundamentalmente son estimulantes y que aumentan la cantidad disponible de energía en un momento dado. Es bien sabido que cuando el sistema simpático entra en acción, se produce una redistribución de las prioridades del organismo. Se ponen en acción los sistemas de emergencia. Se bloquean las funciones de mantenimiento y de reproducción y se activan las de ataque y supervivencia. El riego sanguíneo alimenta los músculos y el cerebro, los órganos de la acción inteligente. Entre los “potenciadores del cerebro” se encuentran el metilfenidato y el modafinilo, que parecen mejorar las funciones ejecutivas (Greely, 2008, Seok Lee y Silva, 2009).

Pero el asunto se complica porque al parecer hay otros agentes activadores no fisiológicos, sino psicológicos: las emociones y la motivación. El miedo activa, y también el entusiasmo. Estos son temas de abrumadora complejidad que estamos empezando a comprender. Todos están relacionados con los sistema ejecutivos, por lo que no es de extrañar el interés creciente que estos suscitan (Marina, 2011a, 2011b, 2012a, 2012b). Al reconocer la importancia de estas funciones, estamos comenzando a elaborar didácticas apropiadas. Gagné ha estudiado las estrategias para favorecer la activación, entendida como la orientación de la atención y la movilización de recursos para la acción que se quiere realizar. Resultan útiles las pedagogías por proyectos y el ejercicio físico ayuda también a regular su nivel de activación (Gagné, Leblanc y Rousseau, 2009). Daniel J. Siegel ha aplicado técnicas de concentración para mejorar estas capacidades. La dificultad de activación puede ser fásica (provocada por una determinada tarea) o tónica (control general de los niveles de activación). Los estudios de neuroimagen apoyan la idea de que las regiones frontal y parietal, esencialmente en el hemisferio derecho, son fundamentales para mantener este aspecto sostenido de la alerta. La corteza prefrontal dorsolateral derecha parece funcionar como un monitor de rendimiento o de los niveles de activación. Y los regula como una forma de atención ejecutiva. “Desde una perspectiva evolutiva, el periodo comprendido entre los 3 y los 7 años es, al parecer, fundamentalmente importante para la adquisición de las funciones atencionales ejecutivas. Sería el momento oportuno para enseñar las habilidades de mindfulness, de concentración. Pero también puede ayudar a los adolescentes. El entrenamiento en procesos atencionales puede mejorar la atención ejecutiva” (Siegel, 2012).

Nuestra educación no fomenta la productividad mental. Fomenta demasiado la memoria y descuida el momento expresivo. Un caso llamativo de este enfoque es el modo de considerar la lectura. Es una actividad receptiva. Importante, sin duda. Pero desde el punto de vista educativo, la lectura debe servir para producir pensamientos, para relacionarse mejor, para actuar. Puede darse una pereza expresiva, como puede darse una pereza también peligrosa en buscar cosas en la memoria (Marina y De La Valgoma, 2008). De lo dicho se desprende que, antes de emprender una educación para la creatividad, hay que conseguir educar la productividad básica.

El nivel de la creatividad

Para precisar este nuevo nivel debemos comenzar definiendo algunos conceptos:

“Crear” es producir intencionadamente novedades valiosas. No basta con que sean originales, sino que han de tener alguna cualidad apreciable: la eficacia, la belleza, la gracia, la utilidad. Lo que concede valor a la creatividad es el valor del proyecto que se va a resolver creativamente.

Si “crear” es un acto, “creatividad” es una capacidad, una competencia. Es el hábito de crear. La actividad creadora no consiste en imaginar, sino en inventar, que es un término mucha más amplio que nos sirve para designar el encuentro o la producción de cosas nuevas. La imaginación es la encargada de inventar imágenes.

Esta capacidad es imprescindible para la vida diaria porque continuamente nos enfrentamos con problemas y deseamos realizar proyectos. En ambos casos puede ser imprescindible hacerlo creativamente.

El prefijo que comparten estas dos palabras –problema y proyecto– nos indican su parentesco. En ambos casos hay un dinamismo hacia delante. Proyecto es la meta que lanzo al futuro, para desde allí seducirme e incitarme a la acción. Problema es lo que me impide el paso. La creatividad está relacionada con ambos. Cuando elaboro un proyecto, planteo un problema: ¿cómo podré realizarlo? Todos hemos hecho muchos proyectos en nuestra vida –fundar una familia, tener hijos, ser médico, triunfar en mi profesión– y todos estamos embarcados en un proyecto inevitable: queremos ser felices. La dificultad estriba en cómo conseguirlo. Los expertos nos dicen que hay dos modos de resolver problemas. Hay problemas que se resuelven algorítmicamente y hay problemas que se resuelven heurísticamente.

Algoritmo se deriva del nombre de un matemático persa Al-Juarismi. Significa un procedimiento rigurosamente establecido para realizar una cosa. Técnicamente, es un conjunto finito de reglas o procedimientos para resolver un problema. Las instrucciones para poner en marcha un electrodoméstico son un algoritmo. Los programas de ordenador son algoritmos: hacen que la máquina realice una serie de operaciones.

Heurística es una palabra más complicada. Procede de la misma palabra que ¡Eureka!, ¡lo encontré! Son procedimientos informales, azarosos, inventivos, para encontrar una solución. Se aplican a los problemas que más nos interesan o angustian, y constituyen la esencia de la creatividad. Resulta fundamental adquirir las competencias para resolver ambos tipos de problemas, por eso el interés por la creatividad va mucho más allá que la creatividad artística. Entendida como la capacidad para resolver problemas heurísticos es fundamental para el éxito vital. Y también para el laboral. La consultora McKinsey ha señalado que el 30% del crecimiento producido en los países desarrollados procede de trabajos algorítmicos, mientras que el 70% procede de trabajos heurísticos.

A la personalidad creativa le corresponden algunas cualidades esenciales: actividad frente a pasividad, expresividad frente a mutismo, innovación frente a repetición, descubrimiento de posibilidades frente al síndrome de impotencia adquirida, apertura frente a cerrazón, autonomía frente a dependencia. Al centrarse en estos aspectos, la creatividad se acerca al buen uso de la inteligencia, y la educación del talento a la que esta sección aspira tiene que ocuparse de ella.

En este punto es donde el modelo de inteligencia que estamos exponiendo en esta serie de artículos resulta más iluminador. Se basa en la distinción entre dos niveles operativos: el generador (computacional, el sistema 1 de Kahneman) y el ejecutivo (sistema 2) (Kahneman 2012, Marina 2012c). El primero capta información, la elabora y la guarda mediante una serie de operaciones de las que no somos conscientes. Una parte de esa información pasa a estado consciente. Esto constituye el momento expresivo. Sabemos que es una operación de síntesis. Steven Mithen considera que la mente ha ido evolucionando desde una inteligencia modular, a una inteligencia general no especializada y, por último, a una inteligencia fluida (Mithen, 1996). Este gran paso coincide con la aparición del lenguaje –que hace posible un nuevo tipo de metarrepresentacion–, y con la aparición de la conciencia. Es en esencia el argumento que Paul Rozin desarrolló en 1976 para la evolución de la inteligencia avanzada. El rasgo esencial es su noción de accesibilidad: la posibilidad de “llevar a la conciencia” el conocimiento ya presente en la mente humana, pero ubicado en la “inconsciencia cognitiva” (Rozin, 1976). Schachter, en 1989, decía que la conciencia tendría que ser considerada como “una base de datos global que integra el output de los procesos modulares” y continúa diciendo que “tal mecanismo integrador es fundamental en todo sistema modular donde módulos separados e independientes manejan paralelamente el procesamiento y las representaciones de distintos tipos de información”.

A partir de esa información, en estado consciente comienza el trabajo de la inteligencia ejecutiva, ubicada en los lóbulos frontales, que se encarga de evaluar las ocurrencias producidas por la inteligencia generadora (Marina, 2012c). Así pues, la educación de la creatividad consiste en fomentar la construcción de una inteligencia generadora creativa y de una inteligencia ejecutiva creativa. Estos son, en la actualidad, campos muy activos de investigación (Marina, 2013).

La educación de la inteligencia generadora

Muchos autores han admitido la existencia de mecanismos generadores en nuestro cerebro, que actúan bajo el nivel de la conciencia, en lo que se ha denominado inconsciente cognitivo, inconsciente afectivo e inconsciente motor. Jerome Bruner, en su autobiografía, habla de un generador de hipótesis. Chomsky hablaba de estructuras generativas en el lenguaje. Salkovski, en un reciente libro sobre obsesiones considera que las intrusiones cognitivas –queridas o no queridas– reflejan las actuales preocupaciones de una persona que brotan desde un idea generator en el cerebro. Este sistema generador depende de la memoria y está formado por “esquemas” que asimilan información y la producen. Ahora sabemos que parte de esos esquemas son innatos y parte adquiridos. De esta manera, la educación de la creatividad se convierte en la formación de una memoria creadora.

Esta memoria tiene dos grandes dominios: contenidos y procedimientos. Los contenidos se organizan en redes de memoria que pueden tener gran densidad de conexiones y cuyos contenidos pueden estar organizados y codificados de manera que favorezcan más o menos los enlaces entre nodos. Un ejemplo claro de lo que digo es la estructura de la memoria lingüística. Los tratados de gramática separan la semántica (el léxico), de la sintaxis (la organización de las frases). Pero cualquiera que haya tenido que aprender un segundo idioma conoce la dificultad de pasar del conocimiento léxico a la producción del habla. Por eso, se tiende a reproducir el modo como los niños aprenden: captan totalidades lingüísticas, frase enteras, palabras dentro de frases y, poco a poco, van desglosando las palabras y aplicándolas a otros contextos.

La segunda red es operativa. Una inteligencia bien entrenada realiza con facilidad las operaciones mentales necesarias para transformar la información y adecuarla a las tareas, para realizarlas algorítmica o heurísticamente.

¿Se puede realmente educar el inconsciente? Se puede mediante la adquisición de hábitos. La relación de los hábitos con el inconsciente es doble. Por una parte, los hábitos se aprenden por repetición. Un jugador de tenis adquiere la pericia repitiendo muchas veces un movimiento. Esa repetición va configurando sus “esquemas musculares”; es decir, permanecen en la memoria, pero integrados en sistemas más amplios y sin posibilidad de recuperarlos aisladamente. No guardamos memoria de cada uno de los tanteos y repeticiones que hemos hecho hasta dominar una habilidad. En la pericia de un cirujano para operar está contenido todo su entrenamiento, pero de un modo ya indiscernible. En segundo lugar, porque el hábito nos permite realizar muchas operaciones de manera automática, lo que aumenta nuestra capacidad de acción. Un violinista que estuviera pensando en cómo mueve sus dedos, sería incapaz de tocar. La automatización de comportamientos complejos es uno de los grandes recursos de nuestra inteligencia. Como señaló el gran filósofo y matemático Whitehead, “la civilización avanza en proporción al número de operaciones que la gente puede hacer sin pensar en ellas”.

Los hábitos fueron siempre el objetivo de la educación. Para Aristóteles constituían el carácter, la segunda naturaleza. Podían ser buenos (virtudes) o malos (vicios). Se adquieren por entrenamiento. Las investigaciones de Larry Squire han mostrado que el cerebro tiende a formar hábitos para ahorrar esfuerzos. Al observar cómo una rata aprendía a encontrar un cebo en un laberinto, comprobó que al principio los ganglios basales trabajaban mucho y luego, cuando la rata conocía la trayectoria, su actividad disminuía. Si dejamos que utilice sus mecanismos, el cerebro intentará convertir casi todas las rutinas en un hábito, porque así ahorra energía. La capacidad de adquirir hábitos complejos se mantiene incluso en personas que sufren grandes daños en su memoria. También sabemos que los mecanismos subconscientes del hábito influyen en infinidad de decisiones que parecen ser fruto de un pensamiento bien razonado pero que, en realidad, están bajo la influencia de impulsos que la mayoría de nosotros apenas conocemos o comprendemos (Duhigg, 2012).

Todo lo dicho vale también para el sistema emocional. LeDoux y Damasio se han esforzado en probar que el sistema inconsciente causa los sentimientos (como el miedo) antes de que sepamos que estamos en peligro. Jacoby había proporcionado pruebas de que los procesos conscientes e inconscientes son independientes. El sistema del miedo, por ejemplo, puede acceder a la conciencia, pero opera independientemente de ella, haciendo del miedo un prototipo del sistema emocional inconsciente (Jacoby, Yonellina, Jennings, 1997). Öhman ha demostrado que la respuesta de miedo no requiere de la conciencia. Reclutó a un grupo de estudiantes con miedo a las serpientes, otro con miedo a las arañas y otro que no tenía miedo ni a unas ni a otras que actuaba como grupo de control. Se les mostraron imágenes de serpientes, arañas, flores, hongos, a una velocidad que no permitía a los sujetos percibirlas. Sin embargo, la conductancia de la piel de los sujetos miedosos se elevaba al presentar el imperceptible objeto de su miedo (Öhman, 1999).

La educación de la inteligencia ejecutiva creadora

El aprendizaje de la creatividad implica la posibilidad de cambiar la fuente de las ocurrencias, es decir, el origen no consciente de nuestras experiencias conscientes (Marina, 2012a). Ahora ya sabemos que eso se hace mediante el aprendizaje de hábitos, que automatizan (es decir, permiten una ejecución no consciente) operaciones muy complejas. La inteligencia ejecutiva interviene en la creatividad evaluando las ocurrencias de la inteligencia generadora, manteniendo los proyectos, dirigiendo las actividades de búsqueda y de transformación de las informaciones y, sobre todo, organizando la memoria de trabajo. Quiero llamar la atención sobre este asunto que está generando una gran cantidad de investigaciones. Working Memory es la memoria activada para realizar una tarea, y la cantidad de información que se puede manejar simultáneamente. De su capacidad depende la capacidad de comprender, relacionar conscientemente, combinar informaciones diversas (Süb, 2002, Markman, 2012). En los programas educativos de la UP estamos experimentando con la posibilidad de ampliar la capacidad de la memoria de trabajo. Las expectativas son magníficas.

Bibliografía

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Dr. del Pozo, médico ilustre, pediatra ejemplar

Noticias

 
Venancio Martínez Suárez

Oviedo (Asturias)

 


 


Dr. del Pozo, médico ilustre, pediatra ejemplar

Sr. Director.:

Como pediatra quiero felicitar al Colegio de Médicos de Sevilla por su decisión de nombrar como “Médico ilustre” al Dr. D. José del Pozo Machuca. El Dr. del Pozo, al que conozco y trato desde hace años, atesora unas virtudes humanas y profesionales que le hacen justamente acreedor de la distinción que se le ha otorgado. Su ya larga trayectoria profesional, su dedicación y entrega al quehacer médico en general y a la pediatría en particular son y serán siempre un ejemplo para todos sus colegas. Este nombramiento es una merecida recompensa para él y una satisfacción para su familia y amigos, entre los que muchos pediatras españoles nos encontramos. Don José es un hombre generoso, cordial y risueño, trabajador concienzudo y defensor insobornable de los intereses de los niños. Suficiente todo para que desde la distancia nos sumemos al homenaje que tendrá lugar en la sede colegial de ese querida ciudad el próximo día 13 de marzo.

Venancio Martínez Suárez

Oviedo (Asturias)

 

 

 

Un mapa del mundo afectivo: el viaje de la violencia al buen trato

Crítica de libros

Carlos Marina

Pediatra y Médico Puericultor del Estado

 


Crítica de libros

Un mapa del mundo afectivo: el viaje de la violencia al buen trato

Pepa Horno Goicoechea

Boira Editorial; 2012

Profundamente impresionados por la reciente matanza de más de 20 niños y varias profesoras en un colegio norteamericano, por un desequilibrado y fuertemente armado joven, llega a nuestras manos este nuevo libro de la psicóloga, especialista en protección infantil, Pepa Horno, con atractivo e impactante título, que llama inmediatamente nuestra atención.

¿Qué se propone tan inquieta y conocida autora? Un ambicioso objetivo: aportar luz, sobre todo a familias y educadores, sobre ese “mapa del mundo afectivo” que, precisamente a través de la educación recibida, tanto en el hogar como en el centro educativo, estamos configurando involuntariamente de tal modo que acaba conduciendo, en muchos casos, a la violencia en la vida de niños y adolescentes.

Acompañamos a Pepa Horno en un viaje inolvidable que nos ayudará y orientará a transitar de la violencia al buen trato a lo largo del trascendente capítulo vital infantojuvenil que nos ocupa. ¿Qué juicios, criterios y formas de mirar el mundo estamos transmitiendo a nuestros niños? Gran parte de la responsabilidad de padres y educadores en este “fenómeno multicausal” que representa la violencia estructural en la que vivimos y a la que nos hemos resignado, recae en erróneas actitudes educativas generadas en los dos escenarios básicos en la vida del niño: el hogar y la escuela.

Convencida nuestra autora de que “un proyecto educativo bien enfocado en cuanto a contenidos, principios, valores y metodologías es un factor de protección integral para toda la comunidad educativa frente a la violencia”, nos propone, capítulo tras capítulo, sus mejores ideas y sugerencias para cargar nuestro equipaje con la más adecuada mercancía educativa en este tan peculiar viaje conducente hacia la prevención de la violencia y favorecer el buen trato de niños y adolescentes.

Insiste la autora en la importancia imprescindible de lograr una adecuada formación de todos los agentes educativos implicados, con los padres y educadores siempre en primer término, sin olvidar a los abuelos y cualesquiera otros profesionales vinculados en la formación y cuidado del niño o adolescente; aquí vemos papel del pediatra.

La identificación de la violencia, tanto la sufrida como la ejercida por el propio niño en sus relaciones familiares y escolares, ha de ser parte consciente del proceso educativo.

“Educar es construir esperanza”: inolvidable afirmación de nuestra ya admirada autora, quien recomienda también el evitar caer en la trampa de encerrar al niño en una burbuja protectora que lo aisle a salvo de cualquier experiencia dolorosa. Hay que salir de la burbuja, manteniendo una actitud de apertura, ilusión y alegría como papel fundamental del educador en la familia y en la escuela.

“Educar es guiar” desde muy cerca al niño o adolescente, reconociendo nuestras propias experiencias, vivencias y necesidades. El educador se hará real, palpable y próximo al educando.

No habrá que olvidar “promover modos afectivos y positivos de relacionarse”, clave de la prevención del maltrato y de la promoción del buen trato; todo ello aplicable al niño o niña a cualquier edad y no sólo como posible víctima sino como posible agresor.

Terminamos recomendando la atenta lectura de libro tan profundo y nos unimos con entusiasmo a Pepa Horno cuando afirma: “Educar es un arte y un privilegio. Una responsabilidad y un riesgo. Una aventura fascinante y agotadora.”

Libro escrito con amor y cultivado esmero. Al terminar la última página nos sentimos transformados y conscientes de la importancia de nuestro papel como pediatras y educadores infanto-juveniles.

Desarrollo del adolescente: aspectos físicos, psicológicos y sociales

Temas de FC

J.L. Iglesias Diz

Doctor en Medicina. Pediatra. Acreditado en Medicina de la Adolescencia. Ex Facultativo Especialista de Área de Pediatría del CHUS (Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela). Ex Profesor Asociado de Pediatría. USC (Universidad de Santiago de Compostela)

 

Resumen

La adolescencia es el periodo de tiempo que trascurre entre el comienzo de la pubertad y el final del crecimiento. Mientras la pubertad es un periodo de cambios biológicos, la adolescencia se trata de una construcción social de los países desarrollados. Los cambios ocurren en un corto periodo de tiempo y afectan a los aspectos bio-psico-sociales. Los cambios observados dependen de tres ejes hormonales: el hipotálamo-hipófisis-gonadal, el hipotálamo-hipófisis-adrenal y el eje ligado a la hormona de crecimiento. En la adolescencia los hitos del desarrollo psicosocial incluyen: la consecución de la independencia de los padres, la relación con sus pares, el incremento de la importancia de la imagen corporal y el desarrollo de la propia identidad como individuo. Aunque la adolescencia ha sido tradicionalmente definida como una etapa turbulenta e inestable, la mayoría de los adolescentes se desarrollan sin dificultades.

 

Abstract

Adolescence is the period that begins with the onset of puberty and finishes at the conclusion of growth. While the puberty is a physiologic change, adolescence is favored by the lifestyle of developed countries. Changes happen in a short period of time and involve physical, psychological and social events. The observed changes depend on three hormonal axes: hypothalamic-pituitary- gonadal axis, hypothalamic-pituitary-adrenal axis and growth hormone axis. In the adolescence, psycho-social task include: achieve independence from parents, peers relationship, increase the importance of body image and identity development. Although adolescence has historically been defined as a period of extreme instability, many teenagers survive without difficulties.

 

Palabras clave: Adolescencia; Pubertad; Desarrollo bio-psico-social.

Key words: Adolescence; Puberty; Bio-psycho-social development.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(2): 88-93


Desarrollo del adolescente: aspectos físicos, psicológicos y sociales

 

Introducción

La adolescencia es un periodo en el que se van a producir intensos cambios físicos y psicosociales que comienza con la aparición de los primeros signos de la pubertad y termina cuando cesa el crecimiento.

Todo este periodo ocurre, en general, en la 2ª década de la vida. Mientras la pubertad es un acontecimiento fisiológico del ser humano y de los mamíferos, la adolescencia es un concepto socio-cultural. El 60% de las sociedades preindustriales no tienen un término para definir la adolescencia. También se sabe que los problemas “de la adolescencia” en estas sociedades ocurren cuando comienzan a aparecer en ellas influencias de la sociedad occidental(1).

La adolescencia es, en realidad, un periodo de aprendizaje que se prolonga en el tiempo para la adquisición de los cada vez más complejos conocimientos y estrategias para afrontar la edad adulta y es una creación de la modernidad, de la sociedad industrializada que ha generado esa posibilidad de educación prolongada, hecho que siglos atrás no ocurría. La indudable importancia de este “adiestramiento” tiene un problema y es que la educación adolescente ocurre lejos del mundo de los adultos, no comparten con ellos sus experiencias, no existe una relación de maestro-aprendiz; los adolescentes viven un mundo de adolescentes separado del mundo de los adultos y esta separación genera conflictos. A pesar de todo, la mayoría de los adolescentes tienen en este periodo un comportamiento normal, es una etapa de gran riqueza emocional, con aumento de la fantasía y creatividad, se vive el momento de máximo esplendor físico y psicológico: mayor fuerza, agilidad, rapidez, memoria y capacidad cognitiva, lo que permite que la mayoría puedan transitar por esta etapa, indudablemente compleja, como una de las más importantes y felices de su vida(2).

La pubertad. Desarrollo sexual y crecimiento pondo-estatural

La adolescencia emerge con la aparición de los primeros signos de la transformación puberal. Desde el comienzo de este periodo van a ocurrir cambios hormonales que generan el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, con la acentuación del dimorfismo sexual, crecimiento en longitud, cambios en la composición corporal y una transformación gradual en el desarrollo psicosocial. Todos estos cambios tienen una cronología que no coincide en todos los individuos y es más tardía en los hombres que en las mujeres.

Cambios hormonales: el eje hipotálamo-hipófisis-gonadal

La adrenarquia precede a la activación del eje hipotálamo-hipófisis-gonadal y es independiente de él.

Adrenarquia

Entre los 6 y 8 años se produce la adrenarquia, que precede a la aparición de la activación del eje hipotálamo-hipófisis-gonadal y es independiente de él. Hay un aumento de las hormonas secretadas en la capa reticular de la corteza suprarrenal, la dehidroepindrosterona (DHEA), la dehidroepiandrosterona sulfato (DHEAS) y la androstendiona. Estas hormonas actúan como precursoras de potentes hormonas, como la testosterona y la dehidrotestosterona. Las manifestaciones físicas dependientes de esta secreción hormonal se van a traducir en crecimiento del vello axilar y púbico, desarrollo de olor corporal e incremento de la secreción sebácea. En las chicas también son responsables de una pequeña aceleración del crecimiento prepuberal y aceleración de la edad ósea(3,4).

Existen mecanismos de retroalimentación que persisten durante toda la vida, pero es el cambio de la sensibilidad de las distintas zonas del eje lo que comporta estas diferencias en la niñez, adolescencia y en el adulto. Los esteroides sexuales inhiben la producción de GnRH, FSH y LH (retroalimentación de asa larga), la LH y FSH inhiben, a su vez, la producción de la GnRH (retroalimentación de asa corta) y al fin la GnRH actúa negativamente sobre su propia producción (retroalimentación de asa ultracorta).

¿Qué ocurre durante la pubertad? Por mecanismos no bien conocidos se produce:

• Una reducción de la sensibilidad del hipotálamo e hipófisis a la retroalimentación negativa de los esteroides sexuales, testosterona y estradiol, con lo que las gonadotropinas FSH y LH comienzan a aumentar y esto se produce por una supuesta maduración del SNC y parece depender de las influencias neuronales excitatorias (glutamato) y de la disminución de las influencias neuronales inhibidoras (ácido gamma-amino-butírico). En la actualidad, se proponen además otros potenciales reguladores que pueden estar implicados en el despertar del sistema.

• GPR54/KiSS-1: una G-proteína derivada del gen KiSS-1.

• Conexiones astrogliales-neuronales: células gliales neuroendocrinas que pueden influenciar a neuronas para la producción de LHRH de una manera autocrina/paracrina usando prostaglandinas E (PGE2)(4).

• El aumento de la secreción pulsátil de FSH y LH conduce al aumento de la secreción de las hormonas sexuales. En la mujer, la FSH aumenta la producción de estradiol y estimula los folículos primarios, generando la maduración del óvulo y la aparición de la ovulación. La LH u hormona luteinizante estimula las células de la teca ovárica para la producción de andrógenos y del cuerpo lúteo para la producción de progesterona. En el hombre, la FSH estimula la gametogénesis y la LH estimula las células de Leyding para la producción de testosterona (Tabla I).

 

 

Desarrollo sexual secundario (Figs. 1-3)

Los caracteres sexuales secundarios son la manifestación del desarrollo y maduración sexual de los adolescentes. De su exploración concluimos el grado de maduración y su correspondencia con la edad cronológica.

 

Figura 1. Pubarquia femenina.

 

 

Figura 2. Telarquia.

 

 

Figura 3. Pubarquia masculina.

 

El desarrollo del vello pubiano y crecimiento de los testículos, pene y desarrollo de las mamas son los hechos más destacados de los cambios en la morfología corporal de los adolescentes: una preparación para el futuro reproductor. Gracias a Tanner tenemos hoy un método objetivo para evaluar el estado de desarrollo de su maduración sexual. Estos estadios son los siguientes(5):

Varones. Tamaño testicular y pene:

• Estadio genital (G1). Teste de <4 ml, pene infantil.

• (G2). Testes de 4-6 ml, escroto enrojecido, pene sin cambios.

• (G3). Testes de 6-12 ml, escroto gran aumento, pene aumento de longitud.

• (G4). Testes 12-20 ml, escroto más aumentado y tono más oscuro.

• (G5). Testes >20 ml, escroto y pene adultos.

Mujeres. Estadio mamario:

• (M1). Mama prepuberal; no hay tejido glandular.

• (M2). Botón mamario, pequeña cantidad de tejido glandular.

• (M3). Mama más saliente se extiende por debajo de la areola.

• (M4). Mama mayor y más elevada. Areola y pezón se proyectan sobre el contorno de la mama.

• (M5). Mama adulta (tamaño variable). Areola y mama en el mismo plano; pezón sobresale.

Hombres y mujeres:

• Vello púbico (VP1), no existe.

• (VP2). Pequeña cantidad de vello fino y largo, levemente pigmentado en base de escroto y pene (varones) y labios mayores (mujeres).

• (VP3). Vello más espeso y grueso y más rizado.

• (VP4). Vello rizado parecido al adulto sin extenderse a cara interna de los muslos.

• (VP5). Tipo adulto, extendiéndose a cara interna de los muslos (Figs. 1-3).

En el varón el comienzo del desarrollo sexual es entre los 9,5 y 13,5 años (media: 11,6 años). El aumento del tamaño de los testes es el primer signo físico de su comienzo en el 98%. La eyaculación ocurre en general en el estadio IMS 3. El tiempo promedio para completar la pubertad es de 3 años.

En las chicas el botón mamario es el primer signo de comienzo puberal y puede acontecer entre los 9 y 13 años (media de 11,2 años). La menarquia ocurre en el estadio IMS 3 ó 4 y está relacionada con la edad de la menarquia de la madre y las condiciones socioeconómicas. La edad de la menarquia tiende a descender en todos los países cuando las condiciones socioeconómicas son buenas. Influyen escasamente el clima y la raza. La media de edad de la menarquia está alrededor de los 12,4 años(3,6).

También hay cambios a nivel de ovario y tamaño del útero.

Crecimiento y composición corporal

El eje GHRH-GH es responsable de la aceleración del crecimiento longitudinal en la pubertad (estirón). Otras hormonas influyen en la talla, velocidad de crecimiento y mineralización ósea.

Fisiología del crecimiento

El crecimiento implica una correlación entre la actividad endocrinológica y el sistema óseo. La GH, tiroxina, insulina y corticoides influyen en el aumento de la talla y la velocidad de crecimiento. Otras hormonas, como la paratohormona, 1,25 dehidrocolecalciferol y calcitonina influyen en la mineralización ósea. La GH es la hormona clave en el crecimiento longitudinal; está secretada bajo la influencia del factor de liberación GHRH y la somatostatina. Las somatomedinas o factores de crecimiento de tipo insulínico son estimuladas por la GH y actúan sobre el crecimiento óseo. La maduración ósea parece depender de las hormonas tiroideas, los andrógenos adrenales y esteroides gonadales sexuales. Cuando comienza la pubertad, tanto la GH como los esteroides sexuales participan en la puesta en marcha del estirón puberal.

Crecimiento en altura

Durante el estirón puberal se produce un aumento de talla que representa alrededor del 25% de la talla adulta. El estirón dura entre 2 y 2,5 años y varía de unos individuos a otros, La velocidad de crecimiento puede variar entre 5 a 11 cm en chicas y 6 a 13 cm en chicos. El comienzo del estirón puberal en las chicas precede en aproximadamente 2 años a los varones, siendo el pico a los 12 años en los chicas y a los 14 en los muchachos. Alrededor de los 14 años las mujeres son más altas por término medio que sus compañeros varones pero, como también se detiene antes su crecimiento, los varones alcanzan una mayor altura final. Durante este tiempo las chicas crecen entre 20 a 23 cm y los chicos de 24 a 27 cm(3).

Crecimiento ponderal

El aumento ponderal viene a representar el 50% del peso ideal adulto. La máxima velocidad ponderal varía entre 4,6 a 10,6 kg en chicas y 5,5 a 13,2 kg en chicos. La mayor masa muscular de los varones hace que sean más pesados con relación a las mujeres a igual volumen.

Otros cambios

Aumento del tejido graso en las mujeres, con una mayor proporción que en los varones y mayor desarrollo muscular en los hombres. La pelvis femenina se remodela y aumenta en anchura; mientras que, en el varón aumenta el diámetro biacromial, configurando el dimorfismo sexual característico de los dos sexos. La masa ósea cambia al unísono con los tejidos blandos. La edad ósea es un índice de maduración fisiológico que nos permite estudiar la capacidad de crecimiento de un individuo con una RX de mano.

Cambios psicosociales (Tablas II-IV)

 

 
 

 
 

 

Las trasformaciones físicas tienen un correlato en la esfera psico-social, comprendiendo cuatro aspectos: la lucha dependencia-independencia, la importancia de la imagen corporal, la relación con sus pares y el desarrollo de la propia identidad.

 

Figura 4. Correlaciones de eventos puberales en mujeres y hombres.

 

El cerebro adolescente

Los estudios de imagen cerebral desde los 5 hasta los 20 años revelan un adelgazamiento progresivo de la substancia gris que progresa desde las regiones posteriores del cerebro hacia la región frontal, estas regiones que maduran más tardíamente están asociadas con funciones de alto nivel, como la planificación, el razonamiento y el control de impulsos(7).

Muchos de los problemas relacionados con determinadas conductas de riesgo en la adolescencia podrían estar en relación con esta tardía maduración de determinadas funciones cerebrales. Sin embargo, el adolescente de 12 a 14 años generalmente ha sustituido el pensamiento concreto por una mayor capacidad de abstracción que lo va capacitando cognitiva, ética y conductualmente para saber distinguir con claridad los riesgos que puede correr al tomar algunas decisiones arriesgadas, otra cuestión es que el deseo y la posibilidad de experimentar supere a la prudencia. Con todo, el adolescente más joven, por esa restricción del pensamiento abstracto complejo, tiende a tener dificultades para evaluar riesgos a largo plazo para la salud (hipertensión, colesterol en la dieta, etc.)(8).

En el desarrollo psicosocial valoraremos cuatro aspectos de crucial importancia: la lucha dependencia-independencia en el seno familiar, preocupación por el aspecto corporal, integración en el grupo de amigos y el desarrollo de la identidad(9):

1. La lucha independencia-dependencia: en la primera adolescencia (12 a 14 años), la relación con los padres se hace más difícil, existe mayor recelo y confrontación; el humor es variable y existe un “vacío” emocional. En la adolescencia media (15 a 17 años) estos conflictos llegan a su apogeo para ir declinando posteriormente, con una creciente mayor integración, mayor independencia y madurez, con una vuelta a los valores de la familia en una especie de “regreso al hogar” (18 a 21 años).

2. Preocupación por el aspecto corporal: los cambios físicos y psicológicos que acompañan la aparición de la pubertad generan una gran preocupación en los adolescentes, sobre todo en los primeros años, con extrañamiento y rechazo del propio cuerpo, inseguridad respecto a su atractivo, al mismo tiempo que crece el interés por la sexualidad. En la adolescencia media, se produce una mejor aceptación del cuerpo pero sigue preocupándoles mucho la apariencia externa. Las relaciones sexuales son más frecuentes. Entre los 18 y 21 años el aspecto externo tiene ya una menor importancia, con mayor aceptación de la propia corporalidad.

3. Integración en el grupo de amigos: vital para el desarrollo de aptitudes sociales. La amistad es lo más importante y desplaza el apego que se sentía hasta entonces por los padres. Las relaciones son fuertemente emocionales y aparecen las relaciones con el sexo opuesto. En la adolescencia media, estas relaciones son intensas, surgen las pandillas, los clubs, el deporte; se decantan los gustos por la música, salir con los amigos, se adoptan signos comunes de identidad (piercing, tatuajes, moda, conductas de riesgo), luego (18 a 21 años) la relación con los amigos se vuelve más débil, centrándose en pocas personas y/o en relaciones más o menos estables de pareja.

4. Desarrollo de la identidad: en la primera adolescencia hay una visión utópica del mundo, con objetivos irreales, un pobre control de los impulsos y dudas. Sienten la necesidad de una mayor intimidad y rechazan la intervención de los padres en sus asuntos. Posteriormente, aparece una mayor empatía, creatividad y un progreso cognitivo con un pensamiento abstracto más acentuado y, aunque la vocación se vuelve más realista, se sienten “omnipotentes” y asumen, en ocasiones, como ya dijimos, conductas de riesgo. Entre los 18 y 21 años los adolescentes suelen ser más realistas, racionales y comprometidos, con objetivos vocacionales prácticos, consolidándose sus valores morales, religiosos y sexuales así como comportamientos próximos a los del adulto maduro(9).

Conclusiones

La adolescencia es un periodo de múltiples cambios, las trasformaciones físicas y la aparición de un mayor sentido de la realidad hace de esta etapa un periodo crítico. La contradicción de querer ser adulto pero sin dejar de ser niño sigue alimentando la idea de una época convulsa, y lo es en muchos casos, pero de ese examen, con la ayuda de los padres y del mejor conocimiento de su desarrollo y sus problemas por parte de los profesionales que los tratamos, el adolescente madura y se convierte, en la mayoría de los casos, en un adulto competente.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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2. Casas Rivero J, Ceñal González Fierro MJ, Del Rosal Rabes T, Jurado Palomo J, De la Serna Blázquez. Conceptos esenciales de la adolescencia. Criterios cronológicos, físico-funcionales, psicológicos y sociales. Medicina. 2006; 9(61): 3931-7.

3. Ceñal González-Fierro MJ. Patrones normales de crecimiento y desarrollo físico. La Pubertad. En: Medicina de la Adolescencia. Atención Integral. 2ª ed. Madrid: Ergon; 2012. p. 35-42.

4.** Neistein LS. Adolescent Health Care: A Practical Guide. 5ª Edition. Philadelphia: Lippincott Williams and Wilkins; 2009.

5.** Tanner JM. Growth at Adolescence. 2nd.ed. Charles C. Thomas, Springfield; 1962.

6. Iglesias Diz JL. Estudio de la Menarquia y Secular Trend en Galicia. Tesis Doctoral. Universidad de Santiago de Compostela (USC); 1994.

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8. Gutgesell ME, Payme N. Cuestiones relativas al desarrollo psicológico del adolescente del siglo XXI. Pediatrics in Review. 2004; 25(3): 79-85.

9. Radick M, Sherer S, Neistein LS. Psychosocial Development in Normal Adolescents. En: Neistein LS, ed. Adolescent Health Care: A Practical Guide. 5ª edition. Philadelphia: Lippincott Williams and Wilkins; 2009.

Bibliografía recomendada

– Neistein LS. Adolescent Health Care: A Practical Guide. 5ª edición. Philadelphia: Lippincott Williams and Wilkins; 2009.

El libro de Neistein reúne en sus páginas las bases de los conocimientos necesarios para afrontar la atención de adolescentes. La historia clínica, el desarrollo normal, la prevención, la patología “adolescente” típica y una somera pero precisa atención a los temas centrales de la patología en todos los ámbitos lo hacen un libro fundamental para el pediatra/médico de familia que trate adolescentes. Esta última edición no ha sido traducida al castellano.

– Tanner JM. Growth at Adolescence. 2nd.ed. Charles C. Thomas, Springfield; 1962.

Un clásico estudio del desarrollo del adolescente. Tanner nos enseñó a medir, pesar y valorar el desarrollo adolescente a través de uno de los esquemas más repetidos en los libros de medicina y en la práctica clínica: los estadios del desarrollo sexual.

 

Caso clínico

Adolescente mujer de 14 años que acude a consulta por iniciativa de los padres por presentar en los últimos 6 meses cansancio, mal humor y crecientes disputas en casa con sus padres. El comportamiento en el instituto no es problemático. En el verano dio un “estirón”. Tiene dolor abdominal esporádicamente. No tuvo menarquia. Su madre la tuvo a los 14 años.

En la exploración, tiene buen estado general, bien nutrida y con talla y peso en percentil 50. Presenta una telarquia grado 4 y pubarquia grado 3.

 

Problemas de salud en la adolescencia

Temas de FC

M.A. Salmerón Ruiz, J. Casas Rivero

Unidad de Medicina del Adolescente. Hospital Universitario Infantil La Paz. Madrid

 

Resumen

Durante la adolescencia, el individuo se desarrolla en todos los aspectos: físico, psicológico, social y emocional. La adolescencia es cuando el sujeto experimenta los mejores índices de salud y vitalidad que le permitirán llevar a cabo las tareas necesarias para alcanzar una vida adulta plena. Sin embargo, esta capacidad vital se halla afectada en un número creciente de jóvenes, debido a múltiples problemas. En España, el adolescente es el gran olvidado en el sistema sanitario, la Medicina del Adolescente está poco desarrollada y no se realiza de forma adecuada la transición del cuidado al modelo adulto. La patología del adolescente es muy variada y requiere un entrenamiento específico del pediatra para realizar una adecuada atención.

 

Abstract

During adolescence, the individual is developing in all of the physical, psychological, social and emotional aspects. Adolescence is when the subject has the best health and vitality indexes that will make it possible to perform the necessary tasks to reach a full adult life. However, this vital capacity is affected in a growing number of young people because of multiple problems. In Spain, the adolescent is often forgotten in the health care system, Adolescent Medicine is underdeveloped and the transition from care to the adult model is not adequately performed. The pathology of the adolescent vary greater and require specific training by the pediatrician to perform adequate care.

 

Palabras clave: Adolescencia; Salud.

Key words: Adolescence; Health.

 

Pediatr Integral 2013; XVII(2): 94-100


Problemas de salud en la adolescencia

 

Introducción y definiciones

Durante la adolescencia se desarrolla el individuo en todos los aspectos físicos, psicológicos, emocionales y sociales; además, en esta época, los jóvenes se encuentran expuestos a muchos riesgos y adoptan hábitos y conductas de salud que se extenderán a la edad adulta.

La adolescencia es la edad que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta la edad adulta.

Se suele esquematizar la adolescencia en tres etapas que pueden solaparse entre sí:

• Adolescencia temprana: abarca aproximadamente desde los 10 u 11 años hasta los 14 y se caracteriza, fundamentalmente, por los cambios puberales.

• Adolescencia media: entre los 15 y los 17 años, caracterizada sobre todo por los conflictos familiares debido a la importancia que adquiere el grupo.

• Adolescencia tardía: desde los 18 a los 21 años, caracterizada por la reaceptación de los valores paternos y por asumir las tareas y responsabilidades de la madurez(1).

La etapa de la adolescencia tiene una importancia vital, porque es cuando se produce la estructuración de la personalidad del individuo, a través de intensos cambios en diferentes niveles: físico, psicológico, emocional y social. Es cuando el sujeto experimenta los mejores índices de salud y vitalidad que le permitirán llevar a cabo las tareas necesarias para alcanzar una vida adulta plena. Sin embargo, esta capacidad vital se halla afectada en un número creciente de jóvenes debido a problemas como: la violencia física, el abandono, el suicidio, el abuso de substancias psicoactivas, las infecciones sexualmente transmisibles, los trastornos mentales, los problemas escolares, los trastornos de la conducta alimentaria y el embarazo precoz, entre otros(1-3). En el caso del adolescente con patología crónica, el reto es aún mayor, al tener que convivir con su enfermedad mientras se hace adulto, presentando problemas específicos como el incumplimiento terapéutico, que provoca descompensación grave de su enfermedad o riesgo de teratogenia en el caso de un embarazo no deseado.

Además, en la adolescencia, los intensos cambios vividos y la búsqueda de la identidad contribuyen a que muchas veces el joven se vea perdido entre una multitud de estímulos internos y externos, entre varias y nuevas alternativas por las que tiene que optar, necesitando ayuda de los adultos. No obstante, muy a menudo sus mensajes y demandas de ayuda, comprensión y orientación, vienen enmascaradas por una conducta agresiva o de introversión, o incluso otras de diferente índole, que despiertan respuestas en su entorno también hostiles, como de desatención. Esta dificultad de comunicación entre adultos y jóvenes también puede verse reflejada en la atención médica prestada a los adolescentes, que a su vez provoca que las principales causas de mortalidad y morbilidad en esa etapa que son, en su mayoría, potencialmente prevenibles, pasen a no recibir la asistencia debida(3,4).

En mayo de 1999, en el X Congreso de la SEMA (Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia), conjuntamente con la ALAPE (Asociación Latino Americana de Pediatría), se generó la declaración de Santiago de Compostela, en la que estas Sociedades Científicas se ofrecieron a colaborar en el desarrollo y proyectos relacionados con la adolescencia y la juventud. El primer punto de esta declaración asume como suyo el criterio de la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la OPS (Organización Panamericana de Salud), que define la adolescencia como la segunda década de la vida (de 10 a 19 años). Durante este periodo, el individuo adquiere la capacidad de reproducirse, pasa de los patrones psicológicos de la infancia a los de la edad adulta y consolida su independencia económica. Estos criterios deben aplicarse de forma flexible, pues hay evidencias del comienzo puberal antes de esta edad y de problemas madurativos que no se resuelven antes de los 20. El décimo punto considera prioritaria la asignación de más recursos humanos y de infraestructuras en la pediatría hospitalaria y extrahospitalaria para la atención del adolescente(5).

La American Academy of Pediatrics se pronunció en 1988 recomendando que el pediatra debería de continuar supervisando y atendiendo las necesidades de salud de sus pacientes hasta el final de su maduración, habitualmente alrededor de los 21 años, y distinguía 3 etapas: adolescencia inicial, media y tardía(5).

La Medicina de la Adolescencia se define como la especialidad pediátrica encargada de la prevención, diagnóstico y tratamiento de los problemas médicos, psicológicos, emocionales y sociales acontecidos en la edad adolescente, comprendida entre los 10 y los 21 años; es decir, la transición de la infancia a la vida adulta. Por otro lado, se encarga de la investigación, divulgación y buena práctica del cuidado de la salud del adolescente.

Datos demográficos de los adolescentes en España

La situación demográfica en España es muy similar a las de otros países con igual desarrollo económico.

El número de adolescentes. En España la población adolescente entre 10 y 21 años según el Instituto Nacional de Estadística a fecha de octubre de 2012 era de 5.286.706 (11,5% de la población total). La población adolescente va disminuyendo lenta y progresivamente desde el año 1988(6).

Mortalidad. En el año 2011 fallecieron en nuestro país 732 jóvenes entre los 10 y 19 años (227 entre 10 y 14 años y 505 entre 15 y 19 años), lo que representaba el 0,3% de la mortalidad de la población total. Los accidentes y actos violentos constituyen la principal causa de muerte; van seguidos por los tumores, neoplasias, enfermedades del aparato circulatorio, del respiratorio y del sistema nervioso(7).

Atención sanitaria a los adolescentes

La Medicina del Adolescente en España está poco desarrollada, provocando que en muchos casos la atención al adolescente sea deficitaria y el paciente se pierda en el sistema.

La realidad de la Medicina del Adolescente (MA) en España es que la mayoría de los adolescentes son atendidos por una variedad de especialistas, excelentes, sin duda, pero que, en ocasiones, tan sólo se ciñen al campo propio de su especialidad, sin considerar el conjunto del paciente y sus múltiples facetas como ser humano; es decir, no hay una atención a su salud integral. Por otro lado, las estrategias preventivas están centradas en las edades extremas de la vida y en la salud materno-infantil, olvidando la adolescencia, que es una de las edades con mayores factores de riesgo y con unas causas de mortalidad que, en su mayoría, son potencialmente evitables.

En Atención Primaria, las consultas suelen estar masificadas, pudiendo dedicar un tiempo muy limitado a cada paciente. El médico de familia tiene a su cargo el cuidado del paciente crónico y pluripatológico de edad avanzada y el pediatra en la mayoría de las comunidades autónomas sólo atiende al paciente hasta los 14 años de edad.

Además de lo anteriormente dicho, la mayoría de los pediatras rechazan la atención a los adolescentes, pues no se sienten seguros y capacitados para manejar temas como los trastornos del comportamiento alimentario, psicosociales, relativos a la sexualidad o al abuso de sustancias. Si a la falta de conocimientos se añade la falta de tiempo para dedicarse a ellos, y la dificultad de manejar la intimidad y confidencialidad de los temas entre el paciente, sus padres y el médico, es fácil comprender el porqué estos pacientes no son queridos en casi ninguna práctica médica.

Por otro lado, la formación que se da sobre adolescencia, tanto en la Facultad de Medicina como a los residentes de Pediatría en España es muy limitada, a pesar de que está recogido como objetivo en el programa de Pediatría y sus Áreas Específicas del Ministerio de Sanidad. En el caso de los médicos de familia, la formación es muy reducida, de hecho no consta como objetivo en el programa de formación publicado por la Comisión Nacional de la Especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria.

Esto ayuda a perpetuar el problema actual, ya que, al no haber suficientes facultativos formados en MA, se dispone de menos profesionales y la atención a este colectivo es cada vez más deficitaria. Los residentes de Pediatría que han tenido contacto con la MA se sienten más seguros y capaces de atender, al menos, algunos temas básicos de salud de este grupo de edad.

En España, en 1985, se fundó la Unidad de Medicina del Adolescente en el Hospital Universitario Infantil del Niño Jesús que, en la actualidad, sigue su desarrollo, sobre todo con el crecimiento de la Psiquiatría Infantil y la Unidad de Trastornos del Comportamiento Alimentario (TCA). En 1987 se inició en el Hospital de Móstoles la atención específica a adolescentes dentro del Servicio de Pediatría, como un área más de la atención. En el año 2000, se estructuró la Unidad de Medicina del Adolescente del Hospital Universitario Gregorio Marañón, centrada en psiquiatría. En el año 2007, se inició una consulta monográfica de adolescentes en el Hospital Universitario La Paz, que ha ido creciendo y siendo actualmente una Unidad de Adolescentes atendida por dos pediatras. En la actualidad existen escasos servicios que atiendan a adolescentes en diferentes hospitales de nuestro país.

En España, los Centros Joven se dedican, fundamentalmente, a la atención en salud reproductiva, tanto en la prevención como en el diagnóstico precoz de infecciones de trasmisión sexual y el embarazo.

Los pediatras de Atención Primaria atienden la adolescencia temprana hasta los 14 años, siendo un pilar fundamental al tener una buena relación de confianza establecida con los jóvenes desde la infancia. En algunas comunidades autónomas, como la Comunidad de Madrid, se puede atender a los adolescentes hasta los 16 años a petición del paciente o del pediatra.

Existen una serie de barreras que limitan el acceso del adolescente a los servicios sanitarios(1):

• Burocratización del sistema. Para acudir a la consulta hay que citarse, identificarse y, a veces, contar a varias personas el problema antes de llegar al médico, y esto les provoca vergüenza.

• Falta de una adecuada atención por parte del profesional: falta de tiempo, de capacidad de escucha, de interés, de conocimientos, etc.

• El adolescente no sabe dónde acudir. No tiene o no sabe quién es su médico y tiene falta de confianza (asocia pediatra con infancia y médico general con confidente de sus padres). Por esto, es importante ganarse su confianza en las consultas previas.

• El adolescente niega o infravalora sus problemas. Durante su desarrollo psicológico, con su pensamiento de omnipotencia e inmortalidad piensa que: “a él no le va a pasar”, y por ello se suele retrasar en consultar sus problemas.

• El joven no conoce los recursos sanitarios y, además, existe falta de coordinación entre estos. Existen distintos centros para gente joven que van dirigidos a temas específicos y concretos (drogas, infecciones sexuales, anticoncepción…), pero no están dirigidos a las necesidades reales de salud integral ni hay una verdadera coordinación entre ellos.

• El adolescente necesita una atención multi e interdisciplinar, donde participen diferentes profesionales para poder atender a la complejidad de sus problemas, aunque sea en un profesional en concreto en quien deposite su confianza, el cual debe encargarse de coordinar su atención.

Los problemas de salud del adolescente

La obtención de datos globales es compleja y en España existen datos parciales.

Actualmente, no existen datos rigurosos acerca de los problemas de salud de los adolescentes a nivel mundial; la OMS, en su documento: “Orientaciones estratégicas para mejorar la salud y el desarrollo de los niños y los adolescentes”, hace especial énfasis en la dificultad de obtener datos veraces para cuantificar los comportamientos y los problemas de los adolescentes relacionados con la salud, y para identificar los principales riesgos y los factores protectores, al ser dicha información inadecuada e insuficiente en la mayoría de los países.

Para corregirlo, la OMS trabaja en la identificación de indicadores específicos para la edad, con el fin de estandarizar la obtención de información acerca del estado de salud del adolescente, elaborar evidencias epidemiológicas sobre las necesidades sanitarias y reunir evidencias sobre intervenciones eficaces.

A pesar de los escasos datos, la OMS afirma que existen dos áreas fundamentales que requieren especial atención en la salud del adolescente por el impacto que tiene sobre el paciente, su familia y la sociedad: la salud mental, especialmente la depresión y el suicidio; y la salud sexual y reproductiva.

En España existen datos acerca de los factores de riesgo y causas de mortalidad en los adolescentes, pero la información es muy escasa acerca de los motivos de consulta reales de los adolescentes(8).

En 1995, McFarlene describe los problemas de salud más prevalentes en la adolescencia(5):

• Causa de mortalidad: accidentes, neoplasias y enfermedades del sistema nervioso.

• Motivos de ingreso hospitalario: en chicas el aborto y el parto y, en chicos, los traumatismos.

• Patología “menor” prevalente: tos, catarro de vías altas, fiebre, enfermedades dermatológicas y asma.

• Motivos de consulta más prevalentes en Atención Primaria: enfermedades respiratorias, infecciones, parasitosis, alteraciones neurológicas y problemas dermatológicos.

• Problemas “mayores” a largo plazo: tabaquismo, consumo de drogas y alcohol, actividad sexual precoz y alteraciones psicopatológicas.

Prevención y conductas de riesgo en el adolescente

No existen programas preventivos en España específicos para adolescentes a partir de los 14 años. El principal factor de riesgo es la obesidad y el sedentarismo, seguido de los accidentes, consumo de alcohol y consumo de tabaco y de hachís.

En general, los adolescentes son sanos y no tienen percepción de que sus conductas de riesgo lo son, por lo que no acuden a los servicios sanitarios salvo que los necesiten verdaderamente; por ello, cualquier consulta debe ser aprovechada al máximo y, aunque inicialmente se atienda su demanda, debe ser aprovechada como consulta preventiva.

En la promoción y prevención de la salud del adolescente se debe incluir, según la OMS(8):

• Promoción de un desarrollo y modo de vida saludables, incluidos una alimentación adecuada, ejercicio regular, una buena higiene bucodental, higiene del sueño y la postergación de la iniciación sexual.

• Prevención de los comportamientos de riesgo para la salud, incluidos el consumo de tabaco, alcohol y otras sustancias, y las prácticas sexuales de riesgo.

• Acceso a servicios de salud apropiados y diseñados para los adolescentes relativos a la salud sexual y reproductiva: planificación familiar, prevención de embarazos no deseados y nacimientos, la prevención y atención de las ITS y el VIH.

• Prevención de carencias nutricionales, sobrepeso y obesidad.

• Prevención de los traumatismos.

• Prevención de los problemas de salud mental.

• Fomento de la capacidad de los adultos, inclusive dentro de la familia, para establecer relaciones afectuosas y responsables con los adolescentes.

• Promoción de entornos escolares sanos que faciliten el bienestar físico y psicosocial de los adolescentes.

• Oportunidades para establecer relaciones sanas con la familia.

• Oportunidades para participar de forma activa en actividades sociales en la comunidad.

• Oportunidades para proseguir la educación o formación vocacional en entornos (docentes) sanos.

• Protección contra las prácticas culturales nocivas, incluidas la mutilación genital femenina y el matrimonio antes de la madurez social y biológica.

• Prevención y protección específica para las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) y nuevas tecnologías.

En la Comunidad de Madrid, publicado en el Boletín epidemiológico de junio de 2012, el 40,9% de las chicas y el 8,9% de los chicos no realizan al menos 3 días a la semana actividades físicas vigorosas. El consumo de alimentos mantiene un patrón con bajo consumo de fruta y verduras y exceso de productos cárnicos, bollería y chucherías saladas: un 55,6% no consume al menos dos raciones de fruta al día y un 37,6% no consume al menos una de verdura; el 66,7% consumen dos o más raciones diarias de cárnicos, y el 20,5% dos o más raciones de galletas o productos de bollería. El índice de masa corporal, estimado con los datos de peso y talla aportados por los propios jóvenes muestra que un 19,0% de los chicos y el 10,3% de las chicas tienen sobrepeso u obesidad.

El 9,8% fuman diariamente, siendo, por primera vez desde los primeros datos registrados por el SIVFRENT-J en 1996, muy similar en chicas (9,9%) y chicos (9,6%). La proporción de bebedores de riesgo en función de la cantidad de alcohol ingerida es un 5,3%. Este consumo se realiza principalmente en fines de semana, lo que da lugar a ingestas excesivas agudas: el 30,8% ha realizado algún consumo excesivo en una misma ocasión en los últimos 30 días (patrón binge drinking) y el 19,5% afirma que se ha emborrachado durante este periodo.

La droga de comercio ilegal de uso más frecuente es el hachís, con un 16% de consumidores en los últimos 12 meses. El 20,1% refieren que le han ofrecido drogas en los últimos 12 meses y el 8,4% en los últimos 30 días.

El 31,1% de los jóvenes han tenido relaciones sexuales con penetración, de los cuales un 13,1% no han utilizado durante la última relación métodos de prevención del embarazo eficaces.

Un 16,8% han tenido algún accidente en los últimos 12 meses, siendo casi tres veces más frecuente en chicos (24,7%) que en chicas (8,6%). La utilización del casco en moto continúa siendo baja, ya que el 42,6% de los jóvenes que utilizan este vehículo no emplea siempre esta protección.

Las tendencias entre 1996 y 2011 muestran un importante avance en algunos de los indicadores estudiados, siendo especialmente reseñable por su magnitud la disminución del consumo de tabaco (sobre todo en las chicas) y de drogas de comercio ilegal, así como el incremento de las prácticas preventivas de seguridad vial. También hay que destacar, aunque en menor medida, el consumo de alcohol, ya que, si bien ha disminuido la cantidad de consumo, los cambios han sido menores en los indicadores relacionados con las ingestas agudas de riesgo. Por el contrario, se observa un incremento sistemático del sobrepeso y obesidad que afecta a hombres y a mujeres(9).

La patología aguda del adolescente

Las patologías agudas del adolescente varían según el nivel de atención: Atención Primaria, Centro Joven o ingresos hospitalarios.

La patología aguda del adolescente es muy diversa (véase Tabla I) y en la mayoría de los casos son las causas que hacen que acudan a una consulta médica.

 

 

Los datos de los motivos de consulta de los adolescentes por patología aguda son escasos tanto en Atención Primaria como en urgencias hospitalarias, consultas de especialistas o motivos de ingreso. La obtención de estos datos es compleja debido a:

• La “agenda oculta” del adolescente: la diferencia del motivo de consulta por el que dice el adolescente consultar y el motivo real por el que consultan. Pueden venir por un problema y realmente les preocupa otro.

• Elevado índice de patología psicosomática que dificulta enormemente el diagnóstico, siendo la historia clínica la herramienta fundamental.

• Las diferencias según el tipo de centro en el que consultan: en el Centro Joven la mayoría de las consultas están relacionadas con la sexualidad y el embarazo no deseado.

En un estudio reciente sobre los motivos de consulta de los jóvenes en un centro de salud se obtuvo, por orden de mayor a menor frecuencia: infecciones ORL (45,3%), problemas de piel (24%), traumatismos (15,3%), alergias (7,6%) y GEA (7,6%). La consulta por temas de sexualidad, drogas o problemas personales era muy baja(10).

Las causas más frecuentes de ingreso hospitalario en adolescentes de 15 a 24 años son, en hombres, en orden de mayor a menor frecuencia: lesiones y envenenamientos (18,1%), problemas del aparato digestivo (17,2%), aparato locomotor y tejido conectivo (15,1%) y afecciones del aparato respiratorio (11,6%). En mujeres: complicaciones del embarazo, parto y puerperio (50,6%), aparato digestivo (10,2%), aparato respiratorio (5,5%) y lesiones y envenenamientos (3,5%)(11).

Respecto a las Interrupciones Voluntarias del Embarazo (IVE), en 2011 se registró en la Comunidad de Madrid una tasa de 14,09 por mil, en mujeres en edad fértil; ligeramente superior a la observada en 2010. Este leve ascenso se produce a expensas de la tasa de mujeres nacidas en España, ya que la tasa en foráneas apenas se modificó(12).

Sigue siendo alto el porcentaje de IVE en extranjeras (59,2%) y, aunque la tendencia de los últimos años, ligeramente descendente, parece consolidarse, la magnitud del porcentaje exige el esfuerzo de intervención específica hacia esta población. Sin perder de vista que, pese a ser mucho menor, la tasa aumenta paulatinamente en las españolas(12).

La patología crónica del adolescente y la transición a la vida adulta

El paciente crónico, al llegar a la adolescencia, tiene un alto riesgo de complicaciones potencialmente graves de su enfermedad por factores de riesgo específicos; el periodo más crítico es la trasferencia del cuidado a la vida adulta.

El adolescente con patología crónica

Con el avance de los nuevos tratamientos de los pacientes con enfermedades crónicas, tales como la fibrosis quística (FQ) o las cardiopatías congénitas, cada vez más niños y adolescentes sobreviven y llegan a la vida adulta. Hace 70 años, los pacientes con FQ tenían una esperanza de vida de cinco años y actualmente es superior a los 30 años de edad. El aumento de la supervivencia ha provocado nuevas morbilidades y problemas psicosociales con repercusiones en la vida adulta. La prevalencia de niños afectados por enfermedades crónicas varía, pero se calcula que está entre el 10 y el 20%(13,14).

La labor del pediatra en el paciente crónico va más allá del tratamiento de la enfermedad o sus complicaciones, es, además, cuidar y acompañar durante la adolescencia para que el paciente llegue a la vida adulta con la mejor calidad de vida posible, con el menor número de complicaciones y minimizar el sufrimiento que supone la ruptura del modelo pediátrico al modelo adulto.

El adolescente con patología crónica es un paciente de alto riesgo que presenta morbilidades específicas:

• Negación de la enfermedad.

• Incumplimiento terapéutico total o parcial.

• Riesgo de efectos secundarios severos de la medicación por consumo de alcohol o drogas de abuso.

• Imposibilidad de trasplante por presencia de factores de riesgo que contraindican el trasplante.

• Riesgo aumentado de pérdida de órgano.

• Riesgo de teratogenia en caso de embarazo.

• Riesgo mayor de acoso escolar o exclusión escolar o social.

• Riesgo mayor de depresión.

• Riesgo aumentado de fracaso escolar o dificultades para integración en la sociedad y en la vida laboral.

• Riesgo de contagio a otros en caso de padecer una ITS como el VHB o VIH.

• Problemas de adaptación al modelo sanitario del adulto.

• Problemas para establecer relaciones afectivas o sexuales sanas, muy llamativo en pacientes con repercusiones físicas de su enfermedad o en pacientes con ETS, por el miedo a contagiar a otros.

Todo lo anterior puede provocar complicaciones graves que pueden determinar una peor calidad de vida al llegar a la adultez o incluso una muerte prematura. Aparte de la repercusión en la salud del paciente, no hay que olvidar el coste económico y social del tratamiento de complicaciones que son potencialmente evitables. Todo ello explica la importancia que tiene el cuidado del “paciente adolescente con problemas crónicos de salud”.

La transición del cuidado al modelo adulto

La atención óptima de la salud se alcanza cuando cada persona recibe, a lo largo de toda su vida, el cuidado médico apropiado. Un elemento clave es la continuidad de ese cuidado en los diferentes estadios del desarrollo y, en particular, al pasar a la medicina del adulto(13).

Este concepto se aplica a todos los individuos, tanto sanos como con enfermedades crónicas. El objetivo de una transición planificada del cuidado de la salud es maximizar el buen funcionamiento y el bienestar de los jóvenes con requerimientos especiales de salud o sin ellos(13).

Las características de la atención médica que se da al niño y al adulto son muy diferentes, al ser modelos completamente distintos (Tabla II)(14). Por ello, es necesario realizar una transición de un modelo pediátrico a un modelo adulto lo más cuidada e individualizada posible.

 

 

Los principios de programas de transición son:

La transición es un proceso, no un evento(15). La transición debe ser gradual, pues implica un proceso organizado en el tiempo para la detección de factores de riesgo específicos, de recursos educacionales, médicos y de atención de los servicios de adultos.

El proceso de transición debe comenzar el día del diagnóstico(16). Plantear la transición desde el inicio de la atención, permite reafirmar las capacidades del niño o del adolescente y no los déficits, pensar como si fuera un futuro adulto con poder de decisión y responsabilidades, lo cual implica un proceso de preparación. Se deberán adaptar a cada situación en particular, para elegir el momento y la forma adecuada de iniciar la preparación.

El adolescente y su familia deben estar involucrados en la decisión de la transición(13). Esta planificación debe adaptarse de manera flexible a los tiempos que requiera cada paciente, para ir logrando el desarrollo de su capacidad de autonomía en distintas áreas de su vida.

Los médicos pediatras y la familia deben prepararse para “dejar ir al adolescente”(13). Es menester saber reconocer cuándo el paciente-niño ya es capaz de su autocuidado, favorecer su crecimiento y facilitar la transición.

Es esencial la coordinación entre los servicios y entre los profesionales de la salud(13). La coordinación de los servicios tratantes (pediátricos y de adultos) es esencial para que el paciente aprenda a desempeñarse de una manera independiente como adulto en la sociedad.

Lo ideal es el acompañamiento del paciente durante la adolescencia por un médico con conocimientos específicos en Medicina del Adolescente para abordar la patología específica de esta edad y que pueda coordinarse con el resto del equipo médico.

Etapas de la transición(13,17)

La transición es un proceso dinámico con tres etapas diferenciadas:

• Etapa inicial: la marca el momento en que se toma la decisión de empezar a prepararse para la transición.

• Etapa intermedia: el paciente, su familia y su médico ya están preparados para iniciar este proceso.

• Etapa final: ocurre cuando el adolescente o adulto joven, no solamente es “transferido” a un servicio de adultos, sino cuando participa activamente de su cuidado y de la toma de decisiones, siempre de acuerdo con las capacidades potenciales de cada paciente.

En el informe de la Academia Estadounidense de Pediatría sobre este tema (Health care transition), se diseñó un algoritmo conformado por varias etapas para lograr materializar una transición adecuada(17).

Las áreas de transición son varias, involucran no solo la atención médica, sino la esfera de la escuela y el trabajo, y de la díada dependencia-autonomía. Por eso, es muy importante evaluar las capacidades psicosociales de cada paciente, trabajar en ellas durante la etapa de preparación y, en el caso de adolescentes con discapacidad mental, trabajar junto al familiar o tutor que lo acompañará en este proceso. Respecto al área de la atención médica, la meta durante la transición es asegurar el cuidado médico de alta calidad, apropiado para cada etapa del desarrollo y su continuación, de forma ininterrumpida, mientras el individuo va transitando de la adolescencia hacia la adultez.

La realidad muestra que, en muchos casos, la calidad de la atención médica de los pacientes con enfermedades crónicas declina una vez que pasan a los servicios de adultos, se pierde el seguimiento y también aumenta el número de ingresos.

Resultados de programas implementados

En los países donde ya se han implementado los programas de transición, existe la necesidad de realizar una evaluación de los resultados. Uno de los objetivos es evaluar la satisfacción de los jóvenes con la atención recibida durante el período de transición. En un estudio realizado en el Reino Unido, en un grupo de jóvenes con artritis idiopática juvenil, se observó que la calidad de atención, percibida por ellos y sus padres, fue peor de la que hubiesen deseado(18). No obstante, cuando se evaluó el impacto de programas coordinados y se midió la calidad de vida relacionada con la salud como indicador, se observó que muchos adolescentes mejoraban su calidad de vida. Los factores predictivos de esta “mejor calidad de vida” estaban directamente relacionados con pautas de autonomía y autosuficiencia (manejo de la medicación, consultas médicas sin acompañantes, etc.) y no con la edad cronológica ni el grado de actividad de la enfermedad(19).

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Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

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11. Díez-Gañán L. Morbilidad hospitalaria, Comunidad de Madrid, 2008. Boletín epidemiológico de la Comunidad de Madrid. 2009; 15(10): 26-7.

12. Díez-Gañán L. Interrupciones voluntarias del embarazo notificadas en la Comunidad de Madrid en 2011. Boletín epidemiológico de la Comunidad de Madrid. 2012; 18(5): 38.

13.* De Cunto CL. Transición en la atención médica, de la pediatría a la medicina del adulto. Arch Argent Pediatr. 2012; 110(4): 341-7.

14. Turkel S, Pao M. Late Consequences of Pediatric Chronic Illness. Psychiatr Clin North Am. 2007; 30(4): 819-35.

15. White P. Destination known: planning the transition of youth with special health care needs to adult health care. Adolescent Health. 2009; 21(3): 1-8.

16. White P. Transition: a future promise for children and adolescents with special health care needs and disabilities. Rheum Dis Clin North Am. 2002; 28(3): 687-703.

17.* American Academy of Pediatrics, American Academy of Family Physicians and American College of Physicians, Transitions Clinical Report Authoring Group. Clinical report-Supporting the health care transition from adolescence to adulthood in the medical home. Pediatrics. 2011; 128(1): 182-200.

18. Shaw KL, Southwood TR, McDonagh JE. Young people´s satisfaction of transitional care in adolescent rheumatology in the UK. Child Care Health Dev. 2006; 33(4): 368-79.

19. McDonagh JE, Southwood TR, Shaw KL. The impact of a coordinated transitional care programme on adolescents with juvenile idiopathic arthritis. Rheumatology. 2007; 46: 161-8.

Bibliografía recomendada

– American Academy of Pediatrics, American Academy of Family Physicians and American College of Physicians, Transitions Clinical Report Authoring Group. Clinical report-Supporting the health care transition from adolescence to adulthood in the medical home. Pediatrics. 2011; 128(1): 182-200.

Protocolo de planificación y organización de un programa de transición, explicando minuciosamente las peculiaridades de cada unas de las etapas.

 

Caso clínico

Varón de 17 años de edad remitido a la consulta de adolescentes por su médico de familia por coeficiente intelectual límite, retraso psicomotor y trastorno por déficit y atención e hiperactividad (TDAH), insomnio de conciliación y rituales obsesivos. Ha sido derivado previamente a Psiquiatría y Neurología de adultos sin conseguir un manejo adecuado y ha sido retirado el metilfenidato, con gran aumento de la impulsividad. En el último año llora con frecuencia cuando llega del colegio y no quiere salir a la calle.

Antecedentes personales: anoxia perinatal. Diagnosticado a los 9 años de TDAH en seguimiento en la consulta de Neurología Infantil hasta los 14 años. Antecedentes familiares sin interés.

 

Portada 2013 01

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Vacuna frente a papilomavirus: La historia se repite…

Editorial

 
J. Marès Bermúdez

Pediatra de Atención Primaria. Institut Pediàtric Marès-Riera. Blanes (Girona). Ex-coordinador del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría

 


«Las vacunas frente a papilomavirus son eficaces y seguras, con un adecuado balance beneficio/riesgo.»

 


Vacuna frente a papilomavirus: La historia se repite…

No se imaginaba Edwar Jenner cuando en 1796 presentó en la Royal Society of London sus trabajos, que mostraban como la inoculación del contenido de pústulas de viruela vacuna ofrecía protección frente a la viruela humana, que su descubrimiento cambiaría la historia de nuestra especie. Tampoco que su genial ocurrencia, que tan beneficiosa ha resultado para la salud humana, generaría la mayor oposición que ningún otro descubrimiento con nivel de impacto similar ha presentado en toda la historia de la humanidad. En 1853, la vacuna frente a la viruela del Dr. Jenner se instauró como obligatoria en el Reino Unido y posteriormente en EE.UU., y fue a partir de ahí cuando aparecieron los principales movimientos opositores a la vacunación. Sus fundamentos fueron, en aquel entonces, básicamente dos: las creencias religiosas y el papel del Estado como impulsor de la obligatoriedad de la vacunación. Llegaron a calar tanto estos movimientos en la población que en Leicester, en 1885, se produjo una masiva manifestación de rechazo a la vacunación en la que participaron más de 100.000 personas, y también años más tarde en Boston, en 1901, una violenta revuelta popular(1). En 1980, se suspendió definitivamente la vacunación frente a la viruela en el mundo, pero no por la insistencia de los opositores, sino por haberse conseguido, por primera vez en la historia de la humanidad y gracias a la vacuna, erradicar una enfermedad tan devastadora. Gracias a la vacuna de la viruela se han evitado cada año en el mundo, los cerca de 5 millones de muertes que la enfermedad ocasionaba y una cantidad innumerable de personas con secuelas permanentes. A pesar de que la vacuna de la viruela podía producir algún caso de miopericarditis (1 de cada 10.000 vacunados), el beneficio obtenido en la salud de la población es incuestionable(1).

El descubrimiento de Jenner marcó el camino para el desarrollo del resto de vacunas, hoy ampliamente utilizadas, dirigidas a un gran número de enfermedades prevalentes, potencialmente graves e inevitables a día de hoy con otras estrategias. Y también paralelamente, igual que su predecesora, el desarrollo de las vacunas actuales ha ido acompañado de la aparición de movimientos opositores, ahora mucho más variopintos en sus argumentos, mucho más organizados y con un poder de difusión, gracias a las tecnologías actuales, ilimitado(3).

Fue también en Inglaterra y Gales, en la década de los años 70 del siglo pasado, 20 años tras la introducción de la vacuna frente a la tos ferina que consiguió reducir en más del 90% el número de casos, secuelas y muertes por esta enfermedad, cuando grupos opositores preocupados por los efectos adversos de la vacuna consiguieron influir suficientemente en la población como para condicionar una reducción de las tasas de vacunación. Paralelamente se produjo una reemergencia de la enfermedad, con sus conocidas y fatales consecuencias en la población infantil, lo que hizo recobrar la memoria a la población y la confianza en la vacuna, recuperándose de nuevo la cobertura vacunal(1,3). En la década de los 90 fue el mercurio contenido en las vacunas el caballo de batalla de los movimientos opositores, atribuyéndole efectos adversos de tipo neurológico. Ante la plausibilidad biológica de que esto pudiera ser cierto, el Instituto de Medicina de EE.UU. (IOM) lideró una extensa investigación para dilucidarlo y preventivamente, la Food and Drug Administration (FDA) y la Agencia Europea del Medicamento (EMA), recomendaron eliminar las sales mercuriales (tiomersal) de las vacunas, no utilizándose este elemento en las vacunas sistemáticas infantiles desde 2002. No obstante, con las investigaciones del IOM finalizadas en 2004 y en diversas revisiones amplias que han utilizado test estandarizados para la evaluación del desarrollo psicomotor, en niños con exposición a tiomersal en las vacunas en el primer año de vida, se ha podido corroborar la ausencia de tal asociación(4,5). En 1998, el Dr. Wakefield y cols. publicaron en Lancet un estudio de casos y controles que sugirió la posibilidad de asociación entre la vacuna triple vírica y el autismo(6), convirtiéndose éste en el líder científico de un gran número de opositores a dicha vacunación, mayoritariamente asociaciones de afectados por esta desgraciada enfermedad. En ninguna de las múltiples revisiones realizadas, se ha podido corroborar tal asociación. Investigaciones posteriores han permitido comprobar la falsedad de la investigación de Wakefield, sus errores metodológicos, la manipulación consciente de los datos y sus imperdonables conflictos de intereses. Por primera vez en la historia, la prestigiosa revista Lancet publicó en 2010 un editorial en que se retractaba del artículo de Wakefield advirtiendo que jamás debiera haberse publicado(7). En el Reino Unido, el Colegio de Médicos expulsó a Wakefield como miembro, no permitiéndole ejercer la profesión de médico en el país.

En España estamos viviendo ahora un nuevo movimiento específicamente dirigido contra la vacuna frente a papilomavirus (VPH). Y no deja de ser curioso que uno de sus líderes mediáticos combine varios de los elementos de la larga historia del rechazo a las vacunas que lo hacen realmente convincente al profano y al profesional no experto. La convicción religiosa del bien y del mal, el rechazo a la recomendación de las administraciones públicas y del personal sanitario a la vacunación, y una combinación de dos aspectos que causan impacto: la idea de la confabulación con los intereses económicos de la industria farmacéutica, y la personal interpretación de la documentación médica con un lenguaje científico, con medias verdades, inexactitudes y sutiles deducciones, que su titulación académica le permite. A diferencia de Wakefield, no ha realizado ninguna publicación científica reconocida sobre el tema, aunque en su discurso hace referencia reiteradamente a sus investigaciones, que no son sino deducciones personales.

La infección producida por los genotipos oncogénicos del VPH es causa imprescindible para producir lesiones neoplásicas de las que el cáncer de cérvix es su principal expresión, lesión que es la segunda causa de cáncer en la mujer joven (<45 años), después del cáncer de mama(8,9). A pesar del cribado ginecológico, en España la tasa actual de cáncer de cérvix es de 7 por 100.000 mujeres año (oscila entre 3-12/100.000/año según zonas geográficas), representando unos 2000 casos y unas 800 muertes anuales(10). Ya que la incidencia del cáncer de cérvix actual está relacionada con las conductas sexuales de las mujeres 20-30 años atrás, los cambios que se han producido en estas conductas (precocidad en el inicio de relaciones, mayor número de parejas sexuales a lo largo de la vida, etc.) permiten hacer una estimación de un incremento anual del 1% en la tasa de este tipo de lesiones en nuestro país(11). Además se ha comprobado la relación del VPH con otras neoplasias de las regiones anogenital y orofaríngea, tanto en el hombre como en la mujer, de las que también se estima un incremento en los próximos años(9-11). Las vacunas disponibles frente a VPH han demostrado ampliamente su elevada eficacia (>95%) para prevenir las lesiones preneoplásicas de cuello uterino de alto grado (CIN2/3) inducidas por los dos genotipos más prevalentes (VPH16 y VPH18), paso previo necesario para el desarrollo en meses o años del cáncer de cérvix(12,13). Estos dos genotipos representan el 74% de los causantes de cáncer de cérvix en España, y gracias a la protección cruzada que se está comprobando para otros genotipos, la cobertura de las vacunas podría ser aún superior(10,14). Además de los estudios de seguridad realizados en los ensayos clínicos previos a su autorización, el seguimiento post-comercialización con más de 14 millones de dosis distribuidas con la vacuna bivalente y más de 60 millones con la vacuna tetravalente, evaluados mediante la combinación de sistemas de declaración espontánea con sistemas de declaración y seguimiento activos, realizados por agencias sanitarias gubernamentales y no gubernamentales, centros académicos universitarios independientes, sociedades científicas y organizaciones sin ánimo de lucro específicamente vinculadas a la promoción de la vacunación en países en desarrollo, todos ellos reconocidos por la Organización Mundial de la Salud(15), han podido corroborar la seguridad de estas vacunas y su adecuado balance beneficio/riesgo. No se ha constatado un incremento de enfermedades crónicas de nueva aparición, ni de enfermedades autoinmunes, ni de enfermedades neurológicas, ni de la mortalidad asociados a esta vacunación. Los efectos adversos más comunes son debidos a la reactogenicidad local y al dolor muscular generalizado, en general leves y bien tolerados, observándose paralelamente un incremento en la frecuencia de síncopes vasovagales, especialmente en adolescentes, relacionados con el acto de la vacunación(4,10,15).

Como también ocurrió con la vacuna de la viruela, pueden producirse, con éstas y con cualquier vacuna, acontecimientos adversos raros e infrecuentes relacionados temporalmente con la vacunación, en los que no pueda descartarse una relación causal o incluso pueda confirmarse. No hay actualmente ninguna estrategia sanitaria en la que la evaluación continuada y las garantías de seguridad exigidas, sean de un nivel tan exhaustivo, como el realizado con las vacunas. La razón es obvia, dado que la vacunación es una estrategia preventiva, que se administra a personas sanas, mayoritariamente niños y jóvenes, con el objetivo de evitar que estos enfermen(2,4,16).

Las vacunas son uno de los logros más coste-efectivos como herramientas de salud pública, y ninguna otra medida aparte de la potabilización del agua, ha salvado y salva tantas vidas ni mejora tan sensiblemente la salud global de la población(1,3).

Los movimientos de rechazo a la vacunación nacieron con la primera vacuna, han acompañado al desarrollo de todas las vacunas y, por diversas, viejas y nuevas razones, no desaparecerán ni se silenciarán. Como ven, que la historia se repite no es un tópico.

Bibliografía

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