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PEDIATRÍA INTEGRAL - Revista de formación continuada dirigida al pediatra y profesionales interesados de otras especialidades médicas

PEDIATRÍA INTEGRAL Nº5 – JUL-AGO 2020

Cristóbal Toral: un mundo en la maleta

J. Fleta Zaragozano
Representación del niño

en la pintura española


J. Fleta Zaragozano

Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria. Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad de Zaragoza

Pediatr Integral 2020; XXIV (5): 295.e1 – 295.e4


Cristóbal Toral: un mundo en la maleta

A Toral le obsesiona el dolor del mundo, la migración y las heridas que produce, los muertos mediterráneos, las maletas y las mujeres desnudas que intentan huir. Sabe que nada es estático, que nada permanece, que somos rabiosamente nómadas. Es un periodista artístico que bebe de la fuente más caliente, la vida, sin abstracciones; pintor realista de proyección internacional, multitud de veces premiado y condecorado.

Vida, obra y estilo

Cristóbal Toral Ruiz nace en 1940 en Torre-Alháquime (Cádiz). A los pocos días de su nacimiento, su familia se instala en Antequera y allí transcurrió toda su infancia y adolescencia. Asiste a las clases de la Escuela de Artes y Oficios de esta ciudad y, posteriormente, ingresa en la Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla. En 1962, se traslada a Madrid para continuar su formación en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Al año siguiente, se le concede la Medalla de Oro en la Exposición de Paisajistas Pensionados del Paular. En 1964 finaliza sus estudios, obtiene por su extraordinario expediente académico el Premio Nacional Fin de Carrera y una beca del Ministerio de Educación y Ciencia. Es nombrado profesor auxiliar en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid e imparte clases durante tres años en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.

Durante 1965 y 1966, obtiene varios premios de pintura y celebra su primera exposición individual, viaja a París y en 1967 abandona la enseñanza en la Escuela de Bellas Artes para dedicarse por entero a la pintura. Un año después pinta el retrato de Gerardo Diego y, posteriormente, obtiene una beca de la Fundación Juan March para ampliar sus estudios sobre ilustración y pintura en España y otra, de la misma Fundación, para continuar su formación en Estados Unidos, estableciendo su residencia en Nueva York.

En la década de los 70, recibe el Gran Premio “Blanco y Negro” y participa en cuantas exposiciones colectivas se celebran en Estados Unidos sobre el arte contemporáneo español. Le conceden el premio de pintura de la Fundación Rodríguez Acosta de Granada, pinta un retrato al doctor Severo Ochoa y expone en la Galería Staempfli de Nueva York.

Es seleccionado para participar en la exposición “Realismo Fantástico en España”, que recorre varias ciudades europeas y participa, representando a España, en la XIII Bienal de Sao Paulo y en la XXIII Bienal Internacional de Fiorino, en Florencia, donde obtiene la medalla de oro. El Ayuntamiento de Antequera le nombra Hijo Predilecto y da su nombre a una sala del Museo municipal y a una de las plazas de la localidad. Ediciones Rayuela publica la primera monografía del artista, escrita por Manuel Conde.

Desde 1980 a 1990, realiza su primera exposición individual en París y participa en otras exposiciones en Colonia, Hamburgo, Ohio y Nueva York. La editorial Espasa-Calpe publica una monografía sobre el artista escrita por Castillo Puche. A su vez, sigue exponiendo en diversas salas de ciudades de nuestro país y Ranx-Xerox le invita a exponer en su pabellón de la Expo 92, donde construye una gran escultura.

El Gobierno andaluz le concede la Medalla de Oro de Andalucía, es designado Académico de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla y de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes. Participa en exposiciones itinerantes en varios museos de América: Caracas, Bogotá, México, La Paz, Lima, Santiago de Chile y Buenos Aires, entre otros. Se le concede el premio “Sánchez Cotán” y el Gobierno de Venezuela le concede la Orden de Francisco Fajardo.

De 2000 a 2010, el Ministerio de Asuntos Exteriores le incluye en el Programa “Arte Español para el Exterior”, realizando una exposición itinerante en el Museo Marino Marini de Florencia, en la Academia Serbia de las Ciencias y las Artes de Belgrado y en el Instituto Internacional de Diseño de Budapest. Ilustra, para la editorial italiana Franco Maria Ricci, el Libro de los sueños de Jorge Luis Borges y por encargo del Ministerio de Fomento realiza un mural y una escultura de grandes dimensiones para la estación del AVE en Antequera. Recibe el Premio de Cultura, en su modalidad Artes Plásticas, de la Comunidad de Madrid y participa en un ciclo de conferencias sobre Arte contemporáneo en la Universidad de Dartmouth (Estados Unidos).

Posteriormente, el Museo Hood de Dartmouth adquiere una de sus obras para su colección y realiza la exposición retrospectiva “La huella de un recorrido” en el Palacio de Sástago de Zaragoza. Junto a Antonio López imparte el “Taller Creart”, organizado por la Unión Europea en Valladolid y un ciclo de talleres de pintura en la Universidad de Dartmouth. Realiza un grabado para la serie homenaje a Los Disparates de Francisco de Goya por encargo del Ayuntamiento de Fuendetodos (Zaragoza) y tiene lugar una exposición de su obra gráfica en dicha localidad.

En síntesis, este pintor cultiva las serigrafías, ensamblajes, obras en papel y esculturas, pero destaca por sus retratos y pinturas realistas al óleo. Sus cuadros representan casi de manera obsesiva maletas, cajas y bolsas en paisajes desolados, lúgubres y tenebrosos, formas de un realismo mágico muy particular. Así es como define el autor su propia obra: …soy un pintor figurativo dentro de la figuración contemporánea, vanguardista. Soy un pintor que mira con el mismo interés la pintura clásica de los grandes maestros (como Velázquez, Rembrandt, Goya) que la pintura de los grandes maestros de la modernidad, como Picasso, o Rothko, o Bacon. Sus obras se encuentran en los mejores museos del mundo y ha representado a España, con gran éxito, en diversas muestras internacionales.

Los niños que aparececen en su obra

Toral no es un pintor de niños, aunque los representa excepcionalmente y con adultos, como complemento a las escenas en donde aparecen maletas y paisajes urbanos, oscuros y desolados.

La Familia de Carlos IV, de Goya, supone la culminación de todos los retratos del pintor de Fuendetodos. Esta obra es una de las más importantes y emblemáticas de la pintura española de todos los tiempos. Se trata de un óleo sobre lienzo, pintado en Aranjuez de 1800 a 1801, mide 280 por 336 cm y es una de las joyas del Museo del Prado. Todas las figuras están envueltas en una especie de niebla dorada que la pone en relación con Las Meninas. Lo que más interesa al pintor es captar la personalidad de los retratados, fundamentalmente de la reina, verdadera protagonista de la composición, y la del rey, con su carácter abúlico y ausente.

La obra es un documento humano sin parangón. Estilísticamente destaca la pincelada suelta empleada por Goya; desde una distancia prudencial parece que ha detallado todas y cada una de las condecoraciones, pero al acercarse se aprecian claramente las manchas. Goya, a diferencia de Velázquez en Las Meninas, ha renunciado a los juegos de perspectiva, pero gracias a la luz y al color consigue dar variedad a los volúmenes y ayuda a diferenciar los distintos planos en profundidad. En ella aparecen cinco niños y adolescentes.

En la obra d´après La Familia de Carlos IV, de Toral, también aparecen los cinco niños y adolescentes de ambos sexos, que son, de izquierda a derecha los siguientes.

– El Infante don Carlos María Isidro de 12 años, muerto en 1855, hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma. Aparece detrás del que será Fernando VII. Naturalmente no tiene los colores cálidos con los que Goya representó en su original.

– El príncipe de Asturias, futuro Fernando VII de 16 años, primogénito de los reyes. Aparece como un apuesto adolescente. Toral le ha provisto de gafas de sol y lleva en su mano derecha una maleta y un bolso. Las dos figuras miran directamente al espectador.

– La Infanta doña María Isabel, de 11 años, que casó con Francisco I de Dos Sicilias en 1802. Es la hija menor de los reyes y aparece bajo la capa de la reina María Luisa. Mira hacia su derecha.

– El infantito don Francisco de Paula, que debía casar con Luisa Carlota de Borbón, muerto en 1865. Aparece en un capazo que portan el rey y la reina. El niño, por lo tanto, es un lactante de varios meses de edad. Goya, sin embargo, lo representa más mayor, con seis años de edad y va de la mano de los reyes. Es una diferencia significativa entre el cuadro de Goya y el de Toral.

– Don Carlos Luis, de varios meses de edad, hijo de don Luis, príncipe de Parma y doña María Luisa Josefina, de 18 años. El pequeño está en brazos de su madre.

Como en la obra de Goya, los personajes de Toral hacen ostentación de los uniformes y trajes de la realeza, bandas, medallas, condecoraciones y otros adornos, pero a los reyes, el artista los ha provisto de cazadoras o abrigos y al príncipe de Asturias le ha puesto gafas de sol. Goya, que aparece en la parte izquierda pintando su cuadro, introduce los personajes en una gran habitación con luz abundante y fondos en los que se ven dos grandes lienzos, y en el suelo de la estancia no hay nada. Toral, sin embargo, ha creado para el ambiente un fondo oscuro y tenebroso, sin ningún tipo de detalle. La luz se introduce por una reja imaginaria que llena la habitación de una penumbra intensa.

A los pies de la reina hay una maleta vieja, obsesión de Toral, y dos bolsas, una de ellas, con su etiqueta. A la derecha del cuadro y en el suelo aparecen una bolsa y una capaceta que parece contener pañales y ropas para el pequeño Carlos Luis. Si bien se observan licencias personales en cada una de las figuras, hay que reconocer que Toral ha definido la anatomía de los personajes, incluyendo a los niños y adolescentes, con gran fidelidad respecto a los rasgos que Goya otorgó a cada uno de ellos. Esto se observa muy bien en las caras de ambos reyes. Data de 1975, es un óleo sobre lienzo de 235 por 287 cm y pertenece a la colección del artista (Fig. 1).

Figura 1. La familia de Carlos IV.

En Los emigrantes, se muestra la espera triste de una partida que va a emigrar posiblemente al extranjero; fenómeno muy común en la España de los años 50 y 60. Aparece un niño que ocupa precisamente el centro de esta obra.

En un largo banco callejero aparecen sentadas seis personas mayores, entre ellas dos mujeres. La figura de la izquierda es un hombre de mediana edad con gorra, viste ropa humilde y adopta una actitud pensativa. El segundo, algo mayor que el anterior, mira a su derecha y lleva las piernas cruzadas; llama la atención sus grandes orejas. La siguiente figura es una mujer que lleva a un niño en brazos; muestra tristeza evidente ante un viaje incierto. La siguiente figura es la de un hombre más joven, también con mirada triste y cazadora de cuero. Más a la derecha aparece otra mujer de cierta edad, con pelo cano y gafas, brazos cruzados y ropa negra y, al final, un hombre, ya mayor, que mira hacia arriba con las manos cruzadas.

El niño, de sexo indeterminado, aunque por la indumentaria puede ser un niño, puede tener unos 16-18 meses, aproximadamente. Está sentado en el regazo de su madre, se sostiene perfectamente sentado y mira al pintor, con una mirada triste, como si conociese que su madre y su padre iban a partir y ausentarse unos meses o más tiempo. Tiene el pelo corto y rubio con un poco de flequillo. Lleva ropa sencilla que consiste en un jersey de dibujos geométricos y pantalón largo.

Como no puede ser de otra manera aparecen en la composición cinco maletas de distintos tipos, con sus etiquetas y una de ellas atada con cuerdas. Entre ellas hay tres bolsas y dos cajas. En dos de las bolsas hay una botella y otros alimentos. Como fenómeno común se aprecia una pesadumbre y tristeza en todos los personajes, así como un fondo oscuro y tenebrista que envuelve todo el espacio. Como anécdota, parece que se aproxima una figura muy mal definida en el fondo del cuadro, a la derecha. Se trata de un óleo sobre lienzo de 250 por 292 cm realizado en 1975. Pertenece a la colección Bankinter de Madrid (Fig. 2).

Figura 2. Los emigrantes.

En Maternidad podemos apreciar, de nuevo, los detalles del llamado realismo mágico en pintura, del cual Toral es uno de los exponentes más significativos en el panorama pictórico de nuestro país. El tema central es otra vez, para Toral, el abandono, la miseria, los viajes inacabados, la espera y la tragedia humana en la sociedad moderna. En ella el pintor emplea su característico colorido con abundantes tonos ocres, y sus motivos, maletas y bultos.

En esta composición solo aparecen dos personas: una mujer sentada en el suelo y su hijo tomando el pecho. La mujer mira celosamente a su hijo que no debe tener más de un año de edad. La madre está sentada sobre el suelo, descalza, lleva un vestido de verano y se le ve un tirante del mismo sobre el hombro derecho. Lleva el pelo extendido sobre su cara, por lo que no pueden apreciarse sus características faciales. El niño lleva el pelo corto y sus detalles anatómicos parecen normales. Aunque se trata de un lactante, el pintor lo ha representado con una longitud corporal correspondiente a un niño mayor, dada la longitud que se observa entre la cabeza y los pies, que están al desnudo.

En un primer plano aparecen siete maletas, una bolsa y sobre el conjunto, una caja de madera. Las maletas son de distintos tipos, formas y colores, y están debidamente ordenadas. En el segundo plano y junto a las figuras representadas aparecen infinidad de maletas, cajas y bolsas; así es cómo ve el pintor el paisaje que mejor acompaña al drama que posiblemente tiene esta mujer. Luz frontal y fondos oscuros, de noche y de penumbra, que no permiten ver el marco en el que asientan sus personajes, al igual que otras obras de Toral. Se trata, en fin, de un juego complejo de luces y sombras. Es un óleo sobre lienzo, de 43 por 47 cm, realizado en 1983. Pertenece a una colección particular de Düsseldorf (Alemania) (Fig. 3).

Figura 3. Maternidad.

La Gran Avenida muestra algo parecido a sus obras anteriores: abundantes similitudes y, a la vez, sensibles diferencias. La obra cabe dividirla en dos grandes planos. En el primer plano aparece el caos y el desorden, dada la gran cantidad de maletas, bolsas, cajas y muebles de diversos tipos: frigorífico, estanterías, mesas, sillas, mesillas, armarios, una radio, un sofá y juguetes, entre otros. Se observa, además, un cuadro del corazón de Jesús. Junto a este desorden en las cosas, aparece otro desorden en cadáveres: diez de personas mayores de ambos sexos y el de un niño. Todos ellos muestran sangre en su cuerpo, lo que aporta un estado dramático a la situación. La anatomía de los personajes puede considerarse normal.

Hay que resaltar que Toral ha situado este caos en medio del suelo de la avenida de una gran ciudad en una composición estática. Puede ser el tributo que habrá que pagar al progreso y a la civilización. El niño aparece en la parte izquierda de la imagen, está, como los demás, en el suelo, puede tener un año aproximadamente dado su tamaño; lleva una camiseta azul y pañal.

Al fondo puede verse perfectamente la ancha avenida de cuatro carriles y grandes aceras con árboles. Hay varios edificios de diferentes alturas con ventanas, todas ellas cerradas, incluso se ve la torre de una iglesia. No hay coches: lo que hay es, otra vez, un conjunto de personas en la calzada que yacen muertas. A diferencia de otras de sus obras de estas características, pueden verse los celajes de colores claros, grises y anaranjados. Los colores empleados son fríos preferentemente: blancos, grises, azules y marrones. Es un óleo sobre lienzo de 300 por 425 cm. Se trata de una obra inacabada, pintada en 1994 y pertenece a la colección del artista (Fig. 4).

Figura 4. La Gran Avenida.

Toral nos muestra en la obra Composición con fotografía una de sus creaciones típicas con maletas junto a un cuadro de una fotografía que representa a un hombre con cuatro niños. En este caso se representan nueve maletas apiladas y seis cajas de madera, de distintos tipos, tamaño y color.

En la fotografía que hay delante de las maletas aparecen un hombre mayor, tres niñas y un niño, posiblemente vinculados a la familia del pintor. La persona mayor está sentada sobre un sillón de madera y ocupa el centro de la fotografía, lleva barba y traje oscuro, con corbata. La niña mayor, de unos cinco años, está sentada a la derecha en una silla al lado de su presunto padre, lleva melena, con un brazo que sostiene su barbilla y una pierna doblada sobre el asiento. Como todas las demás figuras, mira al artista.

La segunda niña, algo más pequeña, está sentada sobre las piernas de su padre y lleva un vestido corto y melena parecida a la de la niña mayor. La tercera niña está de pie, pero apoya su mano derecha sobre la rodilla de su padre. Finalmente, el niño, aparece a la izquierda de la composición, está sentado sobre un taburete y va vestido de marinero, con traje blanco y gran lazo azul. Posiblemente, los cuatro niños son hermanos, por su parecido. El dibujo de la fotografía es en blanco y negro y está enmarcado en madera de color marrón ya deteriorada por el paso del tiempo.

El autor ha iluminado el ambiente y ha dotado de colores muy diversos a la composición, mezclando colores fríos y cálidos. La luz se recibe desde la izquierda y da la sensación que no es un ambiente nocturno ni de oscuridad, ni está presente el drama de la huida, como gusta al artista habitualmente. Se trata de una acuarela sobre papel de 49 por 57 cm realizada en 2008. Pertenece a la colección del artista (Fig. 5).

Figura 5. Composición con fotografía.

La composición La espera representa a un grupo de tres personas. Están de pie sobre la acera, posiblemente esperando un taxi. Aparece en medio de un paisaje urbano desolado y nocturno. Un hombre sostiene a una niña en sus brazos, a su lado una mujer, supuestamente su esposa. El caballero lleva un sombrero de ala ancha y viste de traje. La mujer lleva un vestido corto con escote y una prenda en su mano derecha. No podía faltar la maleta. La niña puede tener aproximadamente dos años de edad, lleva un abrigo y, como sus padres, mira hacia la izquierda del cuadro. Las facciones anatómicas de la niña y las de los padres son normales.

Los fondos son oscuros como corresponde a una noche a primeras horas, solo iluminada por la luz tímida de cinco farolas. Puede adivinarse la existencia de una farola a la izquierda del cuadro que permite ver con claridad a la familia y a las sombras que produce. Todo ello nos muestra el excelente dominio de la perspectiva. También se puede observar la luz tenue emitida por algunas ventanas de los edificios. No hay otras personas, ni coches en la calzada. Otra vez la soledad, las sombras, la noche y la maleta. Se trata de un óleo sobre lienzo de 57 por 70 cm realizado entre 2011 y 2013. Pertenece a la colección del artista (Fig. 6).

Figura 6. La espera.

Bibliografía

– Cristóbal Toral. Wikipedia. Consultado el 28 de octubre de 2019. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Crist%C3%B3bal_Toral.

– Cristóbal Toral. Biografía. Consultado el 28 de octubre de 2019. Disponible en: http://www.cristobaltoral.es/spa/biografia.html.

– Cristóbal Toral. Óleos. Consultado el 28 de octubre de 2019. Disponible en: http://www.cristobaltoral.es/spa/oleos.html.

– Cruz J. ¿Qué hay en las maletas de Cristóbal Toral? El País Semanal, 11 de mayo de 2018. Disponible en: https://elpais.com/elpais/2018/05/04/eps/1525433718_754057.html.

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