Temas de FC

M.C. Gancedo García, M.C. Hernández Gancedo, J. Peñarrocha Terés

Centro de Salud Infanta Mercedes. Hospital Universitario La Paz. Madrid

 

Resumen

Objetivo: divulgar entre los pediatras los factores de riesgo asociados a los tumores renales malignos.

El más común es el nefroblastoma o tumor de Wilms, que se asocia con anomalías en dos loci: 11p13 (WT1) y 11p15 (WT2 o BWS), este último ligado también al síndrome de Beckwith-Wiedemann. Otros dos genes que parecen estar implicados son WT3 y WT4; además, dos anomalías específicas (adquisición 1q y deleción 22) se han correlacionado de manera independiente con un peor pronóstico en tumor de Wilms.

Otras neoplasias tales como el nefroblastoma quístico parcialmente diferenciado, el nefroma mesoblástico congénito, los tumores raboides, el sarcoma de células claras, el tumor renal osificante o los carcinomas de células renales son mucho menos frecuentes en niños.

 

Pediatr Integral 2012; XVI(7): 525-532


Tumores renales

 

Nefroblastoma (tumor de Wilms)

Los nefroblastomas son derivados del blastema renal embrionario.

Es el tumor renal maligno más frecuente en niños y ocupa el 5º lugar en frecuencia entre los tumores malignos de la infancia, tras leucemias, linfomas, tumores cerebrales y neuroblastomas. En muchos casos se identifican nidos de tejido inmaduro: nefroblastomatosis, acompañando a esta neoplasia. Afecta a 1 por 8-10.000 niños. Es el tipo de cáncer renal más común y representa alrededor del 6 por ciento de los cánceres infantiles.

Afortunadamente, el cáncer es poco frecuente en los niños y adolescentes, aunque la incidencia general de cáncer de la niñez ha estado aumentando lentamente desde 1975(1).

Es una enfermedad curable en la mayoría de los niños afectados.

Desde los años 80, la tasa de supervivencia a 5 años ha permanecido constante alrededor del 90%(2).

Este resultado favorable se produce a pesar de las reducciones en la duración de la terapia, la dosis de radiación y la extensión de los campos irradiados(3).

Es un tumor predominantemente de la infancia, el 90% de los casos se producen antes de los 6 años de edad; inusual en los primeros 6 meses de vida, se presenta esporádicamente en adultos, en la mayoría de los casos, el tumor se detecta hacia el tercer año de vida.

No tiene predilección por sexos y su distribución mundial es más o menos homogénea. Son más frecuentes en afroamericanos y menos frecuentes en asiáticos. La India y Sudeste Asiático tienen unas incidencias anuales de 2-4 casos/106. Las poblaciones pediátricas blancas de Europa, Norteamérica y Oceanía presentan valores medios que oscilan entre 6-9 casos/106 año. Las tasas más elevadas corresponden a las poblaciones negras de EE.UU. (en Estados Unidos, el tumor de Wilms se diagnostica en aproximadamente 500 niños anualmente) y a diversos países africanos, como Nigeria, Zimbabwe y Uganda, con cifras entre 9 y 13,7 casos/106/año. En el Reino Unido, la incidencia entre la población asiática es inferior a la de la población blanca autóctona. Todos estos resultados sugieren que los factores genéticos influyen más que los medioambientales.

No es habitual que el tumor de Wilms se transmita por herencia. El porcentaje de casos en los que un pariente se haya visto afectado no alcanza el 2 por ciento. El tumor de Wilms (hereditario o esporádico) parece resultar de cambios en uno o más de varios genes. Algunas mutaciones específicas de línea germinal en uno de estos genes (gen-1 del tumor de Wilms o WT1) localizado en el brazo corto del cromosoma 11 (banda 11p13), no solamente están asociadas con el tumor de Wilms, sino que también causa una variedad de alteraciones genitourinarias tales como: criptorquidia e hipospadias, así como el síndrome poco común conocido como Denys-Drash. Un gen que causa aniridia (PAX-6) está situado cerca del gen WT1 en el cromosoma 11p13, y las eliminaciones que abarcan los genes WT1 pueden explicar la asociación entre la aniridia y el tumor de Wilms.

El síndrome de Denys-Drash cursa con seudohermafroditismo masculino, insuficiencia renal de inicio precoz por esclerosis mesangial y un riesgo elevado de tumor de Wilms.

Los pacientes con aniridia o hemihipertrofia es recomendable evaluarlos cada 3 meses hasta la edad de 6 años.

Síndrome de Beckwith-Wiedemann. Este síndrome se caracteriza por: macroglosia, hemihipertrofia, visceromegalias, hepatoblastoma y carcinoma suprarrenal.

Parece haber un segundo gen del tumor de Wilms en el locus del gen de Beckwith-Wiedemann o cerca de él en el cromosoma 11p15. Los niños con el síndrome de Beckwith-Wiedemann corren un riesgo mayor de desarrollar el tumor de Wilms. Aproximadamente, un quinto de los pacientes con el síndrome Beckwith-Wiedemann, que desarrollan el tumor de Wilms, presentan enfermedad bilateral, en el momento del diagnóstico.

Síndrome de WAGR(4). El acrónimo WAGR está conformado por las iniciales de las cuatro enfermedades presentes en el síndrome de WAGR: tumor de Wilms, aniridia, malformaciones genitourinarias y retraso mental.

Su causa es la pérdida o desactivación de un gen supresor de tumores denominado WT1, que se encuentra en el cromosoma 11. Generalmente, los genes supresores de tumores suprimen el crecimiento tumoral controlando el crecimiento celular. Cuando estos genes sufren alteraciones, ya no pueden llevar a cabo su tarea adecuadamente, lo cual puede dar lugar a la formación de tumores.

Síntomas más frecuentes del tumor de Wilms

Los síntomas pueden incluir: masa visible y palpable en el abdomen(5) o en flanco, frecuentemente es la madre la que lo palpa al bañar al niño, anorexia, astenia, vómitos, hinchazón abdominal, hematuria macroscópica, dolor abdominal, fiebre e hipertensión (secundaria a isquemia renal producida por compresión de la arteria renal, pudiendo llegar a producir insuficiencia cardiaca).

La tríada clásica de: hematuria, dolor en flanco y masa palpable del adulto, no tiene por qué presentarse en el niño.

Diagnóstico

Debe sospecharse ante cualquier niño pequeño al que se le palpe una masa abdominal.

Una hematuria macroscópica en un 25% de los casos sugiere un posible tumor renal.

El primer diagnóstico diferencial ha de establecerse con el neuroblastoma; la ecografía nos puede indicar que la masa está dentro del riñón.

La tomografía computarizada también nos mostrará si la masa es intrarrenal, si hay masas múltiples, la extensión del tumor y la afectación de grandes vasos, así como la afectación o no del otro riñón.

En los estudios de TC sin contraste, el tumor de Wilms típico se presenta en forma de masas no homogéneas con zonas de baja densidad que indican necrosis.

En el caso de sospechar metástasis hepáticas, ha de realizarse una TC abdominal.

La radiografía de tórax ha de realizarse puesto que es frecuente que al diagnóstico nos encontremos con metástasis pulmonares.

La evaluación de médula ósea y del hueso las haremos dependiendo de la histología y del dolor óseo.

Metástasis

El tumor puede alcanzar un gran tamaño y puede metastatizar hacia otros tejidos del cuerpo. El lugar más común hacia donde se puede propagar la enfermedad son los ganglios linfáticos, pulmones, hígado, riñón contralateral, cerebro o huesos. Aproximadamente, el 5 por ciento de los niños con tumor de Wilms tiene los dos pulmones afectados.

Diagnóstico diferencial

Descartado el neuroblastoma, el diagnóstico diferencial ha de establecerse con los quistes renales, la hidronefrosis, el carcinoma de células renales, el linfoma, el sarcoma y el nefroma mesoblástico.

Tratamiento del tumor de Wilms

En función de:

• Estadio.

• La edad, estado general e historial médico.

• La tolerancia a determinados fármacos.

• Sus expectativas para la evolución de la enfermedad.

El tratamiento puede incluir (solo o en combinación):

• Cirugía (para extirpar en forma parcial o total el riñón afectado y cualquier estructura afectada). El tratamiento urgente de los tumores unilaterales es la extirpación del riñón afectado y ello incluso en el caso de que ya existan metástasis pulmonares; durante la intervención debe explorarse el riñón contralateral y el hígado, así como los ganglios retroperitoneales y la vena renal.

• Biopsia del tumor (si el tumor no se puede extirpar porque es demasiado grande o afecta a las estructuras circundantes, se necesita también una biopsia para el diagnóstico y la determinación de la etapa de la enfermedad).

• Quimioterapia (para reducir lo que queda del tumor o para tratar las metástasis o la recurrencia de la enfermedad).

• Radiación (también para reducir lo que queda del tumor o para tratar las metástasis o la recurrencia de la enfermedad).

• Generalmente, no se recomienda tratamiento preoperatorio en pacientes con neoplasia unilateral, pero sí lo está en enfermos con tumores bilaterales.

• Fármacos para controlar el dolor, la hipertensión, las náuseas y las infecciones.

• Seguimiento médico continuo para determinar la respuesta al tratamiento, detectar la recurrencia de la enfermedad, evaluar el funcionamiento del otro riñón y controlar los efectos secundarios del tratamiento.

• Terapia biológica. La terapia biológica es un tratamiento que utiliza el sistema inmunitario del paciente para combatir el cáncer. Se utilizan sustancias elaboradas por el cuerpo o en un laboratorio para reforzar, dirigir o restaurar las defensas naturales contra el cáncer. Este tipo de tratamiento también se llama bioterapia o inmunoterapia.

• Quimioterapia de dosis alta con trasplante de células madre. El tratamiento con quimioterapia con trasplante de células madre es un método para administrar dosis altas de quimioterapia y reemplazar las células que fueron destruidas por el tratamiento de cáncer reinyectadas, crecen (y restauran) las células sanguíneas del cuerpo.

Tumor de Wilms inoperable

En todos los tumores no operables se administra quimioterapia, el diagnóstico se suele realizar mediante biopsia percutánea.

La elección de la quimioterapia depende de criterios histológicos: para los estadios uno y dos: vincrisina, dactinomicina y doxorrubicina; y para los estadios III y IV: vincrisina, dactinomicina, doxorrubicina y ciclofosfamida.

Con estos tratamientos se consigue reducir el tumor en la mayoría de los casos, haciéndolo operable.

Tumor de Wilms bilateral

La quimioterapia es la misma que se utiliza en los inoperables, su objetivo es que se puedan operar. El tipo de cirugía vendrá determinada por la respuesta a la quimioterapia y por el tipo de tumor. En ocasiones, se utiliza radioterapia preoperatoria.

Pronóstico(6)

A principios del siglo XX, la mortalidad sobrepasaba el 90%; hoy, un siglo después, la supervivencia a los 5 años está próxima al 90%.

El pronóstico del nefroblastoma es bueno en estadios iniciales, sin anaplasia y edad menor de 2 años; en la actualidad, hay esquemas de quimioterapia que han demostrado muy buenos resultados y altos porcentajes de curación.

En el tumor de Wilms inoperable, con quimioterapia, cirugía y radioterapia, las supervivencias pueden estar por encima del 50%.

Con tratamiento multidisciplinar en el bilateral consigue tasas de supervivencia entre el 60-85%.

Factores de mal pronóstico

Gran tamaño de la masa tumoral; edad mayor de 2 años.

El pronóstico empeora en los tumores grandes, de más de 500 g, cuando la anaplasia es difusa el pronóstico es peor que en la focal; aunque, en ocasiones, pequeños focos presentan resistencia a la quimioterapia.

Estadio alto, estando la mayoría de los epiteliales en estadio I y la mayoría de los blastemales en estadio III o IV. Presencia de pseudocápsula inflamatoria, invasión del seno renal o de vasos intrarrenales.

Hallazgos macroscópicos: son lesiones únicas y unilaterales en la mayoría de casos, usualmente tienen gran tamaño: >5 cm o >500 g; son masas sólidas, bien circunscritas, a veces con una pseudocápsula; tienen consistencia blanda, friable, de color marrón o crema, con áreas de necrosis y de hemorragias que pueden producir cavidades quísticas. En algunos casos, hay septos intratumorales que le dan un aspecto lobulado. La lesión suele comprimir el resto del riñón y podemos ver extensión a la grasa perirrenal y/o del hilio. En algunos casos, la lesión protruye a cavidades pielocaliciales. El tumor es bilateral en <5% de casos y puede ser multicéntrico.

Hallazgos microscópicos: es una neoplasia con gran variabilidad histológica, pero hay tres componentes básicos que se encuentran en variable proporción: blastemal, epitelial y mesenquimal.

La mayoría de nefroblastomas muestran los tres componentes; si hay uno de ellos que forma más del 66% del tumor lo designamos de acuerdo con este componente.

Componente blastemal: compuesto por células indiferenciadas, pequeñas, redondas y azules con núcleos hipercromáticos, cromatina burda, nucléolos poco notorios o no visibles y escaso citoplasma; se disponen en láminas sólidas, cordones, nidos o adoptando un patrón basaloide. Presentan actividad mitótica prominente.

Cuando el blastema es el componente predominante, debe establecerse el diagnóstico diferencial con un sarcoma de Swing/PMST intrarrenal.

Componente epitelial: estructuras tubulares y glomerulares con aspecto primitivo (embrionario), a veces con formaciones papilares y rosetas. Podemos ver, en algunos casos, diferenciación escamosa, endocrina o neural.

El estroma muestra células fusiformes mesenquimatosas.

Componente mesenquimal: tiene aspecto fibroblástico, fibromixoide, mixoide o, menos comúnmente, se observa diferenciación al músculo esquelético, músculo liso, hueso, cartílago, tejido adiposo o tejido neuroglial.

Algunos casos son bifásicos y, ocasionalmente, monofásicos. En raras ocasiones encontramos diferenciación difusa al músculo esquelético (nefroblastoma rabdomiomatoso fetal) o combinaciones de elementos epiteliales y estromales maduros (nefroblastoma teratoide).

Inmunohistoquímica

La utilidad es más bien poca.

Están empezando a utilizarse anticuerpos de generación reciente como el dirigido contra la proteína WT1.

Histología

Uno de los signos más importantes de diagnosticar bajo el punto de vista microscópico en el tumor de Wilms es la anaplasia.

Se define la anaplasia como: la presencia de figuras mitósicas anormales junto o con núcleos hipercromáticos de un diámetro al menos tres veces mayor que el de núcleos de células.

La anaplasia está asociada con mayor resistencia a la quimioterapia y no es un marcador de agresividad tumoral. Anteriormente, se llamaba anaplasia focal a los tumores con <10% de campos microscópicos conteniendo características anaplásicas.

La inmunohistoquímica (IHQ) generalmente no aporta datos adicionales en el estudio de nefroblastomas. El componente blastemal es positivo para vimentina pero no suele mostrar marcadores que indiquen alguna diferenciación. El componente mesenquimal puede ser positivo para algunos marcadores de acuerdo al componente, p. ej., marcadores musculares si se diferencia al músculo.

Por microscopía electrónica, el tumor recuerda el metanefros en desarrollo, con uniones celulares bien desarrolladas, microvellosidades y una capa de material grueso que rodea las células.

Biología molecular

Hoy por hoy, el cariotipo rutinario no aporta información de utilidad práctica que enriquezca el informe del patólogo.

Clasificación clínico-patológica

El Grupo Nacional de Estudio sobre el Tumor de Wilms ha creado un sistema de clasificación clinicopatológico según el cual, la etapa clínica la determina el cirujano pediatra en la sala de operaciones y la confirma el patólogo. La clasificación se basa en el grado de extensión macroscópica y microscópica del tumor y es la misma para tumores con características histológicas favorables o desfavorables. Por lo tanto, los pacientes deberán ser caracterizados utilizando ambos criterios (por ejemplo, etapa II, con histología favorable, o etapa II, histología desfavorable).

Estadificación de los tumores renales pediátricos (National Wilms Tumor Study Group)

Estadio I

El tumor de Wilms en etapa I está definido como un tumor limitado al riñón y completamente extirpable.

La superficie de la cápsula renal está intacta y el tumor no se rompe ni antes de la escisión ni durante la misma. Los vasos del seno renal no están infiltrados y no hay tumor residual más allá de los márgenes de resección. Puede haber invasión pequeña de los tejidos blandos del seno renal, pero los márgenes de resección mediales deben estar libres de tumor.

En el estadio I, el tumor se puede extraer completamente durante la cirugía y se presentan todas las situaciones siguientes:

• Se encontró el cáncer solamente en el riñón y el tumor no se diseminó a los vasos sanguíneos del riñón.

• No se abrió la capa exterior del riñón.

• No se abrió el tumor.

• No se realizó una biopsia del riñón.

• No se encontraron células cancerosas en los bordes del área donde se extirpó el tumor.

Estadio II

El tumor de Wilms en etapa II se define como un tumor que se extiende más allá del riñón pero que se extirpa completamente.

Extensión regional del tumor; infiltración vascular; biopsia del tumor o siembra local del tumor limitada al flanco. Ausencia de tumor residual evidente más allá de los márgenes de escisión. Se diagnostica este estadio en cualquiera de las siguientes situaciones: a) el tumor penetra la cápsula renal o compromete vasos del seno renal, pero, con márgenes quirúrgicos negativos para compromiso tumoral; b) invasión vascular fuera del parénquima renal; c) caída del tejido tumoral en el flanco durante la cirugía (pero no contaminación peritoneal; y d) se hizo biopsia previa del tumor.

Estadio III

El tumor de Wilms en etapa III se define como un tumor residual que está limitado al abdomen, sin diseminación hematógena.

Incluye casos con cualquiera de las siguientes características: a) tumor residual en abdomen; b) tumor en ganglios linfáticos abdominales; c) contaminación peritoneal difusa por crecimiento tumoral directo, implantes o derrame durante el acto quirúrgico; y d) márgenes quirúrgicos positivos.

Estadio IV

El tumor de Wilms en etapa IV se define como la presencia de metástasis hematógena (incluyendo órganos intra-abdominales) o a ganglios linfáticos extra-abdominales (o más allá de la región de drenaje del riñón).

Existen depósitos metastásicos más allá de la etapa III, por ejemplo, al pulmón, el hígado, los huesos, el cerebro o a una combinación de estos sitios o afuera del abdomen y pelvis.

Estadio V

El tumor de Wilms en etapa V se define como complicación renal bilateral en el momento del diagnóstico inicial, se encuentran células cancerosas en ambos riñones.

En los pacientes comprometidos de forma bilateral, se deberá intentar clasificar cada lado según los criterios anteriores en base al grado de la enfermedad antes de la biopsia. La supervivencia a 4 años es del 94% para aquellos pacientes cuya lesión más avanzada estaba en etapa I o II; y del 76% para aquellos cuya lesión más avanzada estaba en etapa III.

Anaplasia etapa I-IV (histología no favorable)

Los niños con tumores anaplásicos en etapa I tienen un pronóstico excelente. En su manejo puede emplearse el mismo régimen que se les da a los pacientes en etapa I de histología favorable. Los niños con anaplasia difusa en etapa II hasta la etapa IV, sin embargo, representan un grupo de mayor riesgo(4). Estos tumores son mucho más resistentes a la quimioterapia que, tradicionalmente, se administra a niños con tumor de Wilms (con histología favorable).

Diagnóstico diferencial: incluye una gran cantidad de lesiones neoplásicas de células pequeñas que semejan mucho el componente blastemal o aun epitelial: nefroblastomas, tumor neuroectodérmico primitivo (PNET), tumor de células pequeñas redondas, tumor desmoplasico intraabdominal, linfoma, sarcoma de células claras y, algunas veces, carcinoma de células renales. En el diagnóstico diferencial es muy importante la localización y la presentación clínica. Las metástasis pulmonares sugieren un nefroblastoma más que un neuroblastoma; los nefroblastomas pocas veces metastatizan a hueso, al contrario que el sarcoma de células claras. La IHQ es muy útil en el diagnóstico de neuroblastomas, tumor desmoplásico intraabdominal de células pequeñas y redondas, y linfomas.

Algunos síndromes paraneoplásicos raros se asocian al tumor de Wilms, el tumor puede producir hipocalcemia secundaria y eritropoyetina, que determina policitemia.

Nefroblastoma quístico parcialmente diferenciado

Son lesiones que, según algunos autores, podrían evolucionar de nefroblastoma o de restos nefrogénicos, aunque hay controversia respecto a su histogénesis. Se le suele relacionar también con nefroma quístico (quiste multilocular). Hay dos picos de edad en la que se presentan: niños menores de dos años y adultos de edad media o mayores; en los primeros, hay predominancia masculina, y en los segundos, femenina. Muchos casos son asintomáticos, pero pueden presentarse como masa o hematuria.

Son lesiones benignas pero pueden recurrir si no son completamente resecados.

Son, usualmente, unilaterales y solitarios, miden 5-10 cm en promedio y macroscópicamente son bien circunscritos, multiquísticos y sin hemorragia o necrosis. Las cavidades son de tamaño variable y están separadas por septos fibrosos, sin masas o nódulos expansivos (si es así debe plantearse la presencia de un nefroblastoma o de un carcinoma (en adultos).

Hallazgos microscópicos: las cavidades quísticas están revestidas por epitelio cúbico simple que puede estar aplanado por compresión, su citoplasma es esosinofílico y sus núcleos no muestran atipia. Los septos están formados por tejido fibroso y contienen nidos de blastema, sin formar masas sólidas expansivas (sería entonces un nefroblastoma). La diferenciación con el nefroma quístico está en que éste no contiene nidos de blastema.

En algunos casos, podemos ver células claras en las cavidades, pero no debe haber nódulos en los septos. Ocasionalmente, hay elementos heterólogos (músculo y grasa, principalmente).

Nefroma mesoblástico congénito

También se le ha llamado hamartoma leiomiomatoso. Es una neoplasia renal congénita, usualmente detectada antes de los 12 meses de edad, aunque se han descrito casos en adultos(7), la edad promedio es de dos meses. Se suelen presentar como masas intraabdominales y, ocasionalmente, se relacionan con polihidramnios, durante el embarazo, hipertensión, hematuria y parto prematuro.

Es un tumor que produce renina.

Las lesiones suelen curarse con la resección quirúrgica y no necesitan radio o quimioterapia. En pocos casos se han descrito metástasis a distancia, y hasta en el 7% hay recurrencia local que puede producir invasión al retroperitoneo e incluso metástasis a distancia (cerebro o pulmón) y complicaciones que pueden ser mortales. No hay criterios histológicos que se correlacionen consistentemente con el pronóstico y, al parecer, la edad (menor de 3 meses) y una adecuada resección quirúrgica completa, son los mejores indicadores pronósticos. En general, se comporta como un tumor renal benigno.

Macroscópicamente, son masas sólidas, marrones grisáceas, amarillas o con aspecto arremolinado, que recuerda los leiomiomas uterinos. Los límites pueden ser infiltrativos o nítidos. En algunos casos, hay hemorragia y necrosis. La mayoría están ubicados cerca del hilio y pueden comprimirlo; en algunos casos, el tumor sobrepasa más allá de la cápsula renal.

Hallazgos microscópicos: la característica principal es la proliferación de células fusiformes con un grado de celularidad variable. Estas células tienen características del mesénquima secundario que, en contraste con el mesénquima primitivo, no tienen la capacidad de formar elementos epiteliales. Las células en proliferación tienen características de miofibroblastos, fibroblastos o de músculo liso. La neoplasia puede rodear túbulos y glomérulos y, en algunos casos, podemos encontrar cartílago y hematopoyesis extramedular. La cantidad de mitosis es variable pero suele aumentar con el aumento en el grado de celularidad.

Hay un patrón clásico con baja celularidad y conteo mitótico que recuerda las fibromatosis (30%). Otro patrón es el descrito como variante celular (50%), en él la celularidad y número de mitosis es mayor; otros dos subtipos: de células gruesas y cortas con células más grandes, núcleo vesicular y nucléolo prominente, se suelen acompañar por áreas con células más fusiformes; y el subtipo de “células azules”: células más pequeñas, densamente agrupadas y con poco citoplasma. Estos subtipos no tienen implicaciones clínicas o de comportamiento biológico. Pueden combinarse los patrones clásico y celular (20%).

La mayoría de las características microscópicas con valor pronóstico en otros tumores, en el nefroma mesoblástico congénito carecen de significado.

Por IHQ, las células son positivas para vimentina, actina y desmina; la CK suele ser negativa en las células neoplásicas y resaltan los componentes epiteliales atrapados en el tumor.

Citogenética: no hay alteraciones en el cromosoma 11 descritos en el Wilms; se describen polisomías en los cromosomas 8, 11, 17 y 20. Recientemente, se ha encontrado en estos tumores la translocación t(12;15) (p13;q25) que resulta en la fusión: ETV6-NTRK3, la misma alteración que se detecta en fibrosarcomas infantiles, sugiriendo que pueden tratarse de una misma neoplasia.

Diagnóstico diferencial: nefroblastoma: no hay blastema y no presenta diferenciación heteróloga. Con el sarcoma de células claras: puede ser un diagnóstico diferencial difícil; en el nefroma mesoblástico la celularidad puede ser más alta con superposición de núcleos, células más fusiformes y citoplasma menos claro; la positividad para desmina y actina es propia del nefroma mesoblástico.

Tumor raboide(8,9)

El tumor rabdoide es el más maligno de todas las neoplasias renales pediátricas, son extensamente metastatizantes y suelen causar la muerte en los primeros 12 meses después del diagnóstico.

Los tumores rabdoides (TR) del riñón son neoplasias raras y clínicamente muy agresivas. La mayoría se presentan en el primer año de vida. Alrededor del 90% de casos ocurren antes de los 2 años de edad y son muy inusuales después de los 4 años, aunque puede verse desde la etapa neonatal hasta los 8 años de edad, con una edad promedio de 11 meses. Son algo más frecuentes en hombres (1,5:1), manifestándose generalmente con hematuria o lesiones intracraneales primarias o metastásicas de forma sincrónica o metacrónica. Histológicamente, se caracteriza por células con nucléolos eosinofílicos e inclusiones intracitoplasmáticas filamentosas, diferenciándose del TW por colecciones subcapsulares, lóbulos tumorales separados por áreas de necrosis y calcificaciones lineales. Es la neoplasia renal con peor pronóstico, siendo muy agresivo con potencial de metástasis temprana a hígado, cerebro, linfáticos y hueso.

Generalmente, al momento del diagnóstico, el estadio clínico es avanzado. Una edad de presentación muy temprana así como un estadio clínico avanzado son considerados factores de mal pronóstico. Usualmente, se manifiestan con una masa abdominal palpable, frecuentemente acompañada de hipercalcemia. Los pulmones son el sitio donde con mayor frecuencia metastizan. En algunos pacientes pueden también presentarse con un tumor primario del SNC, meduloblastomas, PNET o astrocitomas.

Poco frecuente con histogénesis desconocida; corresponde a menos del 2% de tumores renales de la infancia.

Se describe también un tipo de tumor, llamado de igual manera, en sitios extrarrenales (tejidos blandos) pero con un rango de edad de presentación mucho más amplio. Es relativamente frecuente encontrar áreas con aspecto rabdoide en carcinomas renales (hasta en el 5%), se asocia a tumores grado 3 y 4 de Fuhrman, estadio avanzado y se relacionan con peor pronóstico y alta mortalidad; en estos casos no se trata de un tipo de tumor, sino de un aspecto morfológico de diferentes carcinomas; debemos plantearnos esta posibilidad en casos de tumores con aspecto rabdoide y edad mayor de 5 años.

Hallazgos macroscópicos: estos tumores son blandos, carnosos, grisáceos o con tono amarillo, usualmente grandes, no encapsulados, con lesiones satélite, hemorragia y necrosis. Generalmente, invaden la pelvis renal y la comprimen; se ubican en la porción media del órgano.

Hallazgos microscópicos: hay un crecimiento sólido de una población de células grandes, monótonas, con núcleos grandes y excéntricos, con nucléolos prominentes y citoplasma eosinofílico abundante que contiene una típica inclusión hialina grande que desplaza el núcleo; estas inclusiones no las vemos en todas las células, pero son prominentes y fáciles de encontrar. Esta neoplasia está compuesta de células con inclusiones fibrilares eosinófilas. Con el patrón clásico pueden combinarse otros patrones: epitelioide, vascular, fusiforme, pseudopapilar, esclerosante, linfomatoide y quístico.

Diagnóstico diferencial: el principal problema diagnóstico se plantea con otros tumores que pueden presentar características rabdoides y que incluyen: nefroblastoma, carcinoma de células renales, nefroma mesoblástico, carcinoma urotelial, carcinoma medular renal y rabdomiosarcoma; un amplio muestreo de estos tumores mostrará el aspecto característico de cada uno. Es muy importante también correlacionar con la edad y tener presente que el tumor rabdoide se presenta en menores de 5 años y lo diagnosticamos luego de estudiar múltiples cortes del tumor.

Carcinoma de células renales (CRs)

Es un tumor de presentación rara durante el primer decenio de la vida. Su forma de debutar suele ser con dolor abdominal y hematuria; la clínica es muy parecida a la de los adultos con carcinomas de células renales.

El pronóstico en aquellos enfermos con enfermedad residual tras la intervención es sombrío, no obstante, la curación de este tipo de tumor es posible.

Es importante la sospecha en niños mayores de 5 años en los que se detecten masas renales.

Se ha identificado un grupo de CRs en niños que muestra translocaciones cromosómicas que involucran un punto de rompimiento específico en Xp11.2. Se ha demostrado que esta región cromosómica alberga el gen TFE3, que codifica un factor de transcripción. Las translocaciones resultan en un gen de fusión en el que TFE3 se combina con promotores de otros genes, lo que probablemente representa un evento de transformación oncogénica en estos tumores, los cuales son algunas veces llamados “carcinomas con translocación Xp11” (Xp11-translocation carcinomas).

Los dos tipos más importantes que caracterizan a este grupo de CRs son t(X;1), y t(X;17). Estas dos translocaciones originan dos transcriptos de fusión diferentes: PRCC-TFE3, y ASPL-TFE3, respectivamente. Otras anomalías cromosómicas que afectan a la región Xp11.2 incluyen t(X;1) (p11.2;p34), e inv(X) (p11.2;q12), ambas relacionadas con CRs papilares que muestran fusión de TFE3 con variantes de empalme (splicing variants) de los genes PSF y NonO(p54nrb). Las semejanzas clinicopatológicas que se observan entre los dos grupos mayores de tumores que comparten las mismas alteraciones citogenéticas hacen que estos grupos se sitúen como entidades especiales dentro del espectro de CRs de niños.

Además de las translocaciones Xp11.2, Argani y cols.(10) han descrito la translocación t(6;11) (p21;q12) en otros CRs con fusión de los genes a (11q12) y TFEB (6p21). El fenotipo de tumores con esta alteración tiene características típicas (esta anormalidad provoca la expresión anómala de TFEB(9)). Es interesante mencionar que tanto TFE3 como TFEB pertenecen a la misma familia de factores de transcripción.

Las alteraciones citogenéticas relacionadas a CRs pueden ser detectadas por medio del cariotipo convencional, FISH y RT-PCR. A través de inmunohistoquímica, puede detectarse la expresión nuclear tanto de TFE3 como de TFEB en tumores que tienen translocaciones Xp11.2 y 6;11, respectivamente, permitiendo estudios utilizando tejido incluido en parafina (Argani 2003 y 2005)(10,11).

Tumor renal osificante de la infancia(11,12)

Es un tumor muy raro con solo algunos ejemplos informados en la literatura mundial. Se presentan como masas calcificadas en el sistema pielocalicial con bordes mal definidos en la médula renal.

Microscópicamente, está formado por áreas poco celulares con células de núcleos pequeños redondos u ovales y citoplasma pálido, que se encuentran inmersas en una matriz de hueso denso. Hay muy pocas o ninguna mitosis detectable. No hay osteoclastos ni tejido cartilaginoso.

Es una lesión benigna sin informes de recurrencia o metástasis.

El tratamiento es la resección quirúrgica.

Sarcoma de células claras(13)

También llamado “tumor renal de la infancia metastatizante a hueso”.

Es una neoplasia poco frecuente que tiene tendencia a metastatizar a huesos; además, puede haber metástasis a ganglios linfáticos, cerebro, pulmón, hígado y tejidos blandos. Su histogénesis es desconocida; podrían diferenciarse hacia mesénquima nefrogénico primitivo. Corresponde al 4-5% de neoplasias renales pediátricas.

Se suelen presentar entre los 1 y 3 años de edad, son muy raros antes de los 6 meses y no se describen casos en adultos. Hay predominancia en el sexo masculino. No hay predominancia de alguna raza, no se asocian con enfermedades genéticas y no parece haber casos familiares.

Es muy metastatizante y de mal pronóstico.

El tratamiento incluye cirugía y quimioterapia; su tratamiento es diferente al del nefroblastoma, ya que son resistentes a esta quimioterapia. En muchos casos, hay recurrencias tardías, después de varios años.

Diagnóstico diferencial: con nefroblastoma: no se evidencia blastema ni componentes mesenquimales heterólogos en el sarcoma de células claras. Con el tumor rabdoide: no hay, en el sarcoma de células claras, los núcleos prominentes y el citoplasma abundante del tumor rabdoide; en ocasiones, pueden presentar áreas parecidas a las del tumor rabdoide pero, en general, habrá áreas más características del sarcoma de células claras. Las variantes morfológicas pueden llevar a plantearse otras opciones en el diagnóstico diferencial, en estos casos un muestreo generoso del tumor revelará áreas más típicas con células de citoplasma pálido, apariencia homogénea y tendencia a englobar estructuras del parénquima renal.

Tumor de células yuxtaglomerulares

También conocido como reninoma(14).

Es un tumor poco habitual, se localiza en las células del aparato yuxtaglomerular y por el exceso en la produción de renina se asocia con hipertensión. Se puede presentar en adolescentes y, con una frecuencia mayor, lo hace en mujeres. Las lesiones son benignas y la presencia de recurrencias o de metástasis es muy rara.

La positividad por IHQ y la producción de renina no es exclusiva de los reninomas, puesto que cualquier tumor que comprima la arteria renal puede producir un aumento de renina.

Otros tumores pueden presentar esta característica: carcinomas de células renales, nefroblastomas, adenocarcinomas pancreáticos, hepatoblastomas, carcinomas de pulmón y otros. Además, cualquier tumor que comprima la arteria renal puede llevar a un incremento en la producción de renina.

Bibliografía

Los asteriscos reflejan el interés del artículo a juicio del autor.

1.*** Smith MA, Seibel NL, Altekruse SF, et al. Outcomes for children and adolescents with cancer: challenges for the twenty-first century. J Clin Oncol. 2010; 28(15): 2625-34.

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14.*** Abbi RK, McVicar M, Teichberg S, Fish L, Kahn E. Pathologic characterization of a renin-secreting juxtaglomerular cell tumor in a child and review of the pediatric literature. Pediatr Pathol. 1993; 13(4): 443-51.

Otros artículos de especial interés

– Clasificación histológica de tumores renales (OMS). En: Eble JN, et al., eds. WHO Classification of Tumours. Pathology and Genetics of Tumours of the Urinary System and Male Genital Organs. Lyon: IARC Press; 2004.

Las neoplasias más frecuentes son de origen epitelial y se clasifican en benignas y malignas. Por ser las más frecuentes en el diagnóstico anatomopatológico, empezaremos con las neoplasias epiteliales malignas: carcinomas, luego las epiteliales benignas, las estromales o con componente mixto y, finalmente, las neoplasias pediátricas, que constituyen un grupo aparte por sus características morfológicas que recuerdan tejido nefrogénico y por su presentación clínica.

– Morán E, Rogel R, Soto A, Ruiz-Cerdá J, Budía A, Salon JV, et al. ¿Es factible una nueva clasificación del grado de Fuhrman en el tumor renal de células claras? Actas Esp Urol. 2012. doi:10.1016/j.acuro.2011.11.006.

 

Caso clínico

Mujer de 23 años, primigesta, sin ningún antecedente de interés, en la semana 35+1 de gestación se realizó una ecografía rutinaria de control. El embarazo había cursado dentro de la normalidad.

En la biometría realizada destacaba una circunferencia abdominal fetal (CAF) de 366, por encima del percentil 95, el resto de la biometría fetal fue normal; se identificó una masa hiperecogénica, de 61×56×74 mm, localizada en la fosa renal izqda.

El riñón derecho y ambas glándulas adrenales eran normales.

El índice de líquido amniótico (ILA) medido en los 4 cuadrantes era de 27 mm, por lo que el diagnóstico fue de polihidramnios.

El estudio ecográfico morfológico del resto de la anatomía fetal fue normal.

Con los datos anteriores se sospechó como causa del cuadro un nefroma mesoblástico congénito, complicado con un polihidramnios.

Se realizaron controles ecográficos seriados cada 2 semanas y se vio un aumento de tamaño de la masa de 63×59×77 mm, y del ILA a 38.

En la cuarta semana del diagnóstico, la masa alcanzaba 64×61×79 mm y el ILA era de 49; en ese momento presentaba 39 semanas de gestación.

Se programó para cesárea, naciendo una niña. En la exploración física, se palpaba una masa muy dura y móvil localizada en el flanco izqdo. La ecografía abdominal mostraba una masa de 72×51 mm, dependiente del riñón izquierdo.

El neonato presentó desde el segundo día del nacimiento hipertensión arterial, que precisó perfusión continua de hidralazina y captopril.

Posteriormente, se realizó la intervención quirúrgica, practicándose una nefrouretectomía izqda., sin complicaciones. El estudio histológico de la masa confirmó el diagnóstico de nefroma mesoblástico.

El postoperatorio presentó una evolución clínica favorable; las tensiones arteriales se estabilizaron sin tratamiento médico.

 

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